27 de agosto de 2023

LA CULPA ES DEL CONEJITO 12

 Parte 1 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandoms:  Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)

Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Walter Crow Horse/Ray Levoi

Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Carole Bradshaw, Sarah Kazansky, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Ron "Slider" Kerner, Ray Levoi, Walter Crow Horse, Grandpa Samuel Reaches, Personajes Infantiles Originales

Etiquetas adicionales:
Personaje Trans Masculino, Embarazo no Planificado, Relación Secreta, Poliamor, Tom "Iceman" Kazansky Vive

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-1-la-culpa.html

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Capítulo 12: 2000

Sumario:
El origen de dos de los mejores pilotos de la Marina norteamericana en la primera mitad del siglo XXI.
Jake “Hangman” Seresin, conocido por su vuelo agresivo, su mente estratégica, su falta de paciencia con la injusticia, y su desinterés en trabajar en equipo o tener relaciones humanas duraderas -excepto Javier “Coyote” Machado y Bradley “Rooster” Bradshaw.
Bradley “Rooster” Bradshaw, conocido por su paciencia en el aire, su puntería impecable, su insoportable buen humor en las mañanas, su capacidad como mediador, y su obsesión por cuidar de Jake “Hangman” Seresin. ¿Por qué el hijo del famoso Nick “Goose” Bradshaw no fue directamente a Annapolis?

Lunes 21 de febrero de 2000

-La doctora lo verá ahora, señor Mitchell.

-Gracias Stacey -le dice con sonrisa de seductor profesional.

Pero ella no se sonroja, sino que le dedica una mirada penetrante mientras activa el control para abrir la puerta de la consulta. Pete suspira y se dirige a la oficina sin decir nada más. Es comprensible que esta joven pueda reconocer lo falso de su seguridad, a saber con cuántas familias fingiendo normalidad lidia cada día.

La consulta de Urwen Poole tiene una hábil mezcla de colores ocres y azules que la hace cálida y tranquilizadora. La mujer no se levanta de su buró, pero lo está mirando cuando el entra y hace un gesto para que se acerque mientras sonríe.

-Señor Mitchell, bienvenido.

Él se fuerza a sonreír también.

-Buenos días, doctora Poole. 

-Siéntese, por favor.

El hombre deja su chubasquero en la percha junto a la puerta y va hacia una de las sillas frente al buró.

-¿Cómo van las cosas por casa?

-Bien, bien. Los ejercicios han funcionado y Jake duerme mejor.

-¿Cómo es “mejor”?

Pete hace un gesto de incomodidad.

-Ahora las pesadillas son solo dos veces a la semana.

Ella asiente, comprueba algo en sus notas y vuelve a mirarlo.

-Una mejora significativa para tres meses. Felicidades.

Pete aprieta los labios, contrariado. No quiere mejoras, quiere soluciones. Ella reconoce su expresión y hace un ruido contrariado.

-Le dije que llevaría tiempo, señor Mitchell.

-He armado motos en menos tiempo del que lleva Jake viéndola.

La doctora Poole le dedica la misma expresión penetrante que le diera su secretaria. ¿Les enseñarán esa mirada en la escuela de sicología?

-Ocho años, señor Mitchell, ocho años de trauma sin tratamiento es lo que tiene Jake. Y usted espera que se arregle en seis meses. Les advertí que debían moderar sus expectativas.

Pete respira despacio, como le enseñaron aquí en una de las primeras sesiones.

-Lo se, lo se… ¿al menos tiene un diagnóstico? Me dijo que viniera solo por eso, ¿no?

-Si, tengo un diagnóstico, pero no le va a gustar.

Él se levanta y va hacia la ventana. Llueve. La lluvia es inusual en San Diego, pero están en febrero, el mes más lluvioso de la ciudad. Las gotas golpean con fuerza como si cientos de manos invisibles tamborilean contra los cristales. Contempla la trayectoria de algunas gotas al tiempo que repite los ejercicios de respiración. Cuando cree haber recuperado la calma, regresa a su asiento.

La doctora no parece haberse inmutado, solo escribe con calma y levanta la cara cuando Pete habla de nuevo.

-Dígame.

-Le aclaro que preferiría no darle un diagnóstico, pero entiendo que usted, la señora y el señor Kazansky, necesitan algún tipo de orientación concreta para seguir adelante. Con el desarrollo de internet -hace una mueca de incomodidad- mucha gente se lanza a buscar información en cuanto sus doctores les dan un término. Le advierto, puede ser peligroso.

Pete asiente, en eso están completamente de acuerdo. Sarah llega cada día con una historia nueva de personas embarazadas con las ideas más disparatadas, como dejar de tomar leche o evitar vacunar a sus bebés, porque las leyeron en algún blog. Cuando Ice visita, también habla con creciente inquietud del uso de la desinformación para desestabilizar comunidades o países enteros, y de la web oscura como lugar de encuentro de criminales comunes y terroristas. Ciberguerra, le llaman, y se habla de crear un nuevo centro en la Oficina de Inteligencia Naval dedicado exclusivamente al tema.

-Vivo con una profesional de la salud, doctora Poole, no se preocupe por eso.

-Jake presenta síntomas extremos de “trauma por adopción”.

-¿Trauma por adopción? -repite Pete, incrédulo.

La mujer asiente en silencio. Él apoya los codos en las rodillas, baja la cabeza y oculta la cara entre sus manos. El pelo -que no se corta desde que es técnicamente civil, hace casi dos años- le cae por los lados como una cortina.

De nuevo apela a los ejercicios de respiración, no puede, ¡no puede perder el control ahora!

-Está bien, señor Mitchell.

La voz suena muy cercana. Levanta la cabeza y ve a Urwen frente a él. Le ofrece una caja de pañuelos de papel.

-Déjelo salir. Este es precisamente el lugar para dejarlo salir.

Toma un par de pañuelos y se limpia las lágrimas. Sabe lo que la doctora está pensando: que es un oficial heterosexual, reprimido y probablemente homofóbico, incapaz de procesar sus sentimientos sin alcohol y/o violencia. No importa lo que le dijera en la extensa entrevista inicial, ni lo que le cuente Jake en sus consultas. Poole lo trata como si fuera un abusador en potencia a punto de estallar a cada momento.

A Pete le cuesta procesar sus sentimientos, sí, pero renunció a hacerlo con alcohol después que despertó por tercera vez en una cama desconocida, acompañado por personas desconocidas. Desde que entró a la academia solo bebe socialmente, para representar el rol de oficial sofisticado y pagado de sí mismo que se espera del hijo de Duke Mitchell. No podía permitirse perder el control y mirar demasiado a la persona equivocada.

Tampoco la culpa, para el ojo entrenado de la terapeuta, la duplicidad constante de su vida debe ser evidente. El problema es que no puede decirle a Urwen Poole que lo que oculta no es violencia, sino amor. Después de todo, no está seguro de cuánto del privilegio profesional – paciente cubre al padre del paciente. Sí sabe que regresará a la Marina, y no dejará cabos sueltos que puedan llevar a una investigación DADT. Es un lujo que no se puede dar.

Se conforma con darle una mirada exasperada a la mujer, toma otro par de pañuelos y se sopla la nariz.

Ella decide no regresar al buró, sino ocupar la silla frente a Pete.

-¿Es algo que hice? -pregunta cuando se siente capaza de hablar sin que le tiemble la voz. 

-Si, es algo que usted hizo, pero no voluntariamente, así que no se culpe.

Pete piensa un poco. ¿Cuál de sus muchos errores llevaría a Jake a sentirse “adoptado”? El recuento de Ice de cómo reaccionó Jake a la llegada de Sean regresa a su memoria. Pero a Urwen Poole no le gusta perder el tiempo.

-Cuando lo separó de su madre biológica. Ahí empezó el trauma. Se que ustedes no notaron nada diferente en Jake mientras era un bebé, pero el problema estaba latente. El modo en que supo que Carole Bradshaw no era su madre no provocó el trauma, sino que lo hizo aflorar.

Pete hace una mueca. Se ha preguntado mil veces si fueron sus propias las historias de abandono infantil las que les hicieron ignorar el posible daño que le harían a Jake.

-Pero ¿cómo puede sentir trauma por algo que no recuerda?

-Señor Mitchell, hay evidencia de que, antes de nacer, los fetos escuchan la música en el exterior y reaccionan a ella, algunos experimentos indican que incluso pueden entender el tono de las conversaciones. También se sabe que recuerdan el ritmo cardiaco de las madres y se calman al escucharlo.

-Si, eso si lo notamos. Le costaba mucho calmarse en la primera semana, pero al oír su voz… -se calla, y mira con ojos culpables a Pole. Ella asiente.

-Ustedes lo vieron, pero no pudieron reconocerlo. Muy poca gente es consciente del efecto que tiene la separación violenta entre madre y recién nacido. El hecho es que Jake experimentó un trauma y el evento que me contaron en febrero del noventa y cinco.

-Cuando nación Sean.

-Si. Él no debía descubrir que no era hijo biológico de Carole, ustedes debieron decírselo. Revelarle a un niño cualquier singularidad de su identidad debe ser algo planificado, de modo que reciba el apoyo de sus figuras más importantes, en este caso usted y su esposa. Que se enterase por un comentario casual de Bradley y luego el señor Kazansky tuviera que explicarle las cosas fue -hace una mueca de incomodidad- desafortunado.

Pete contiene las ganas de reírse. En realidad, Tom era la persona más indicada, pero ni Jake ni la doctora pueden saberlo.

-La muerte de Carole fue la gota que desbordó la copa del trauma en Jake.

-Pero eso no encaja -se pasa la lengua por los labios, trata de ordenar sus ideas. -¿Usted dice que tiene trauma por adopción porque perdió a su madre?

-No, dije que tiene síntomas extremos que coindicen con ese tipo de proceso. El sí perdió a su madre biológica y fue adoptado por Carole, a la que reconocía como madre, digamos original, hasta que supo que ella lo había adoptado. Me dijo que en febrero del noventa y cinco tuvo un episodio de regresión violento.

-Si. Llanto, inseguridad, ansiedad ante la separación física, mojar la cama. Tardó unos cuatro meses en recuperarse.

Ella niega.

-Jake nunca se recuperó, solo aprendió a disimular.

-¿¡Cómo!?

-Es un mecanismo de defensa básico. Te das cuenta de que tu conducta incomoda a las personas que tienen autoridad sobre ti y tratas de corregirla. Era un niño de cuatro años, no entendía mucho más allá del hecho de que su mundo estaba roto y los mayores a su alrededor perturbados. Me dijo que Brad, su hijo mayor, se tornó violento en cierto punto ¿no?

Pete asiente.

-El señor Kazansky hizo algo muy perspicaz con la ceremonia de adopción entre Carole, Brad y Jake: le devolvió a su hijo una percepción de control sobre su vida y lo convenció de que estaba en esa familia por amor. El problema ha sido la muerte de su esposa. De nuevo, algo sobre lo que ustedes no tenían control. Ese fue el punto de inflexión para Jake.

-¿Tenía que haberme dado cuenta entonces? ¿Buscar ayuda sicológica de manera inmediata?

-Toda la familia estaba de luto, señor Mitchell. Es inútil discutir ahora si hubo señales o no. Su hijo es buen actor, como usted.

Pete suelta una risa amarga.

-No quería que usara ese rasgo tan temprano en la vida.

-Lo que queremos y lo que obtenemos a menudo son cosas diferentes -repone ella. -Solo le pido que entienda: su hijo ha experimentado tres pérdidas de figuras maternas en ocho años de vida. A la mayoría de las personas le cuesta recuperarse cuando pierden una. Usted afirma que no podía controlar la partida de Rachel, y ciertamente no podía controlar el cáncer de Carole. 

-¡Un momento! ¿Yo afirmo?

-Bueno, debe admitir que lo que ha revelado sobre la madre de su hijo es increíblemente vago. Ni siquiera un apellido. Es razonable pensar que tiene más información, ¿no?

Pete se hecha hacia atrás en la silla, desconfiado. Por un instante piensa que Jake ha reclutado a su terapeuta para interrogarlo, pero desecha la idea por absurda.

-Tengo un montón de información, doctora, pero es clasificada.

-Eso no le sirve a Jake.

-Tampoco creo que un padre muerto le sirva de mucho -la mujer abre mucho los ojos, claramente sorprendida. Pete no habla de si mismo, sino de Ice, pero ella no tiene que saber la diferencia.

-Soy militar, he vivido en bases militares desde los veinte años. La mitad de las cosas que he hecho para nuestro gobierno serán desclasificadas en 2050. ¿Dónde cree que conocí a Rachel?

Se levanta y camina a la ventana. Sigue lloviendo y la gente corre por las aceras. La lluvia es inusual en San Diego, así que muy poca gente anda con sombrillas. Usan sus chaquetas para protegerse. Entrelaza las manos a su espalda y vuelve a hablar sin girarse hacia el interior de la consulta.

-Se lo dije a Jake y se lo repito a usted: no fue una separación voluntaria, pero Rachel tenía que marcharse a la semana. Fue todo el tiempo que pudimos conseguir. Lamento profundamente que mis errores dañaran a mi hijo, pero protegeré esa identidad con mi vida.

Escucha a la Poole moverse, supone que ha regresado a su lugar detrás del buró. ¿Cuánto de lo que ha dicho, y dejado entre dicho, la sorprenderá? Después de todo están en San Diego, una ciudad cuya identidad es casi inseparable de la presencia de la Marina, su personal y sus secretos.

Eligieron a Urwen Poole después de una cuidadosa búsqueda de cuatro meses porque se especializa en familias no tradicionales y pasó el control de seguridad de inteligencia militar. Sospecha que “familias no tradicionales” es código para “dispuesta a darle terapia a las amantes e hijos bastardos de los altos oficiales”, pero no le importa. Poole nunca ha dicho una palabra sobre su singular arreglo doméstico con el matrimonio Kazansky. Se lo agradece.

-Señor Mitchell -le llama ella por fin, y Pete se da cuenta de que se había perdido en sus reflexiones. Regresa a sentarse.

-Quiero que repasemos los síntomas del trastorno de Jake, y luego le daré algunas recomendaciones sobre cómo aliviarlos. Partamos del presupuesto de que su hijo sufrió por la partida de Rachel, el descubrimiento de la adopción de Carole y la pérdida de su madre adoptiva. Al final, todas esas experiencias producen síndrome de abandono. No tiene que ser voluntario o malintencionado, no puedo hablar de los motivos de Rachel, pero segura estoy de que Carole Bradshaw no quería morir de cáncer. Es lo que es a nivel sicológico.

Jake llevará consigo, siempre, una pérdida ambigua respecto a Rachel, la madre que conoció en su experiencia prenatal, pero cuyo vínculo tuvieron que romper. Personas adultas que fueron adoptadas al nacer o a los pocos meses, han descrito la pérdida ambigua como un sentimiento de angustia y confusión respecto a personas que están físicamente ausentes, pero psicológicamente presentes en su vida. Jake pensará a menudo en Rachel, se preguntará si está viva, si la volverá a ver y si piensa en él.

Al mismo tiempo, es difícil que se deshaga de la duda sobre si ella lo rechazó, si eligió dejarlo atrás. Esto ya afecta su autoestima, se siente inseguro de su posición en la familia y por eso se lanza ayudar a Sam y Sean, quiere que ustedes lo consideren valioso. Fuera del espacio familiar, intentará enmascarar esa baja autoestima con agresividad y resistencia a la autoridad, como mecanismos para mantener el control.

A medida que crezca, deberán estar al tanto de su vida social y romántica. Las personas con síndrome de abandono temen que todas las relaciones personales son temporales o interesadas. Quienes no obtienen algo a cambio, les van a abandonar. Eso puede llevar por dos caminos. Uno es intentar, subconscientemente, prevenir una nueva pérdida al mantener distancia emocional y evitar compromisos con otras personas. Si establece amistades o romances, es posible que intente abandonar estas relaciones cuando perciba que están madurando, para evitar que lo abandonen primero. El otro camino…

-Ya se cuál es el otro camino -Pete sabe muy bien lo que es dejarse usar por miedo al abandono. Algunas noches él también tiene pesadillas, sobre qué habría pasado si no lo llegan a aceptar en el ROTC. Su hijo es vulnerable a relaciones abusivas porque él y Tom… Traga en seco.

-¿Qué más?

Ella levanta las cejas. Debe estar leyéndolo como un libro abierto, pero no le importa.

-Percepción de que su identidad está incompleta, eso es lo que alimenta su indagación constante sobre Rachel. Quiere respuestas a preguntas que lo ayudarían a formar su identidad. Si tiene parientes en algún sitio, y si se parece a su familia de origen en apariencia o en otras características.

Él no puede contener una risa histérica. ¡Jake vive con su familia consanguínea!

A menudo se pregunta cómo nadie se da cuenta con solo con ver una foto de la familia. Tom y Sarah se parecen mucho, la forma de sus caras y labios son idénticas. Es el color de sus cabellos y ojos lo que les distingue. Sam, Jake y Sean tienen la barbilla Seresin -un rasgo que comparten con Ray, Tom, Sarah y la mitad de sus parientes hasta cinco generaciones atrás, de acuerdo con las fotos amarillentas que sobreviven de la casita en Allen-, pero la niña tiene cabello y ojos oscuros, mientras que los chicos heredaron los ojos verdes de Pete y el cabello rubio de Tom -en el caso de Sean, no tienen idea de qué feliz accidente genético lo provocó.

-Hay otro rasgo de Jake que no se si atribuir al síndrome de abandono o a la genética. Su hijo es un adicto a la adrenalina.

-¡Al fin algo bueno!

-¡Señor Mitchel!

El se encoge de hombros.

-Con eso se cómo lidiar, doctora. Jake será piloto de la Marina, tendrá todos los subidones de adrenalina que quiera y hasta le pagarán. Espero que me diga qué hacer con lo otro.

Ella suspira, mira sus notas de nuevo y se masajea el puente de la nariz.

-Usted… ¿no tratará de negociar?

-¿Perdón? -la mira sin comprender.

-Cuando me trajo a Jake, hace seis meses, usted esperaba que yo lo hiciera olvidar a Rachel y todo ese drama. ¿No? Ahora le digo que nunca la olvidará y ¿lo acepta?

Pete levanta una ceja, interrogante. 

-¿Quiere que me ponga en contacto con mis sentimientos o algo así? Ya me dijo que esto no tiene arreglo. Mis únicos sentimientos son “¡Oh, joder, la cagamos en grande! Prometí cuidar a nuestro bebé y como me olvidé de decirle que Carole era su madrastra, ahora Jake es vulnerable a relaciones abusivas y tendré que poner micrófonos en la casa de todas sus amistades.”

Además, si es agresivo y tiene problemas con la autoridad ahora, no quiero ni pensar en lo que pasará cuando por fin le diga la verdadera identidad de Rachel. Pero eso será dentro de doce o trece años, es un problema para el futuro. No hay nada que negociar, doctora, mi hijo tiene síntomas extremos de “trauma por adopción”, así como mi compañera durante quince años murió de cáncer y la gravedad tira hacia abajo. Dígame, ¿qué sentido tiene negociar con una enfermedad?

Ella lo mira intensamente a los ojos, al fin asiente.

-De acuerdo. Como usted dijo, no puede arreglarlo, solo ofrecerle técnicas para aminorar el impacto del trauma en su vida futura. Tendremos que seguir las sesiones, y cuando cumpla doce años le recomendaré otra consulta especializada en adolescentes. ¿Está de acuerdo?

Pete asiente, no se le ocurriría sacar a Jake de la terapia cuando entra a la edad más peligrosa.

-Lo que tiene que hacer, señor Mitchell, es cultivar la confianza de su hijo. Tanto la confianza en si mismo, lo que le devolverá poco a poco la autoestima, como la confianza en su familia, lo que reducirá sus dificultades de socialización fuera del hogar. -señala a unas carpetas coloridas en el lado derecho de su buró- Estos son “Libros de vida”, uno para cada integrante de su familia. Van a rellenarlos en colectivo, incorpórelo a la rutina de cada semana. Usted, Tom y Sarah Kazansky son huérfanos ¿no?

-Si.

-Quiero que compartan eso con Jake. Solo hasta donde estén cómodos, claro. El objetivo es que Jake, al ver que no es el único al que le faltan fragmentos de su historia familiar, calme su ansiedad sobre la posibilidad de ser inadecuado. Ustedes perdieron a sus padres, pero son personas exitosas. Sobre todo, encontraron otras personas que les aman incondicionalmente. No hay razón para que él no lo logre. ¿Me sigue?

Esa noche, entre los brazos de Sarah, Pete se pregunta si habrá un final feliz para su familia. Recuerda la profecía de Ray Seresin: “Mis visiones rara vez muestran felicidad, Tommy. Solo sé que aceptar el plan de Maverick es el mejor de los malos escenarios que se te ofrecen. Porque un hombre trans no llega a ser almirante de la Marina de Guerra de los Estados Unidos solo con talento y bondad.”

¿Acaso sacrificó a sus hijos para garantizar el éxito profesional de su esposo?

 

Sábado 21 de octubre de 2000

-Icepá, estás en casa -ya no lo dice con el chillido pícaro de hace dos años, ahora su voz es baja y la alegría es contenida, vacilante. La emoción de Jake solo se ve en sus verdes ojos, brillantes de lágrimas no derramadas.

Tom quiere golpearse la cabeza contra la pared. Jake ha mejorado tras casi un año de terapia, pero sus inseguridades aún son evidentes en momentos como este. El niño teme que la distancia erosione el amor de Ice, así que sus recibimientos ya no son estruendosos. Es inútil hablar de esto, hay que actuar. El hombre deja la maleta en el suelo, abraza a su hijo, lo levanta en el aire y le da vueltas. Jake suelta un chillido de felicidad y deja de lado todo intento de parecer digno y distanciado.

-¿Qué haces Icepá? -pregunta entre risas.

-Te castigo con un abrazo de oso -y ruge, para luego meterle la nariz por el cuello y las mejillas. -¿Qué manera es esa de recibir a Icepá después de estar lejos tanto tiempo?

-¡Lo siento! -dice el niño entre carcajadas- ¡Lo siento!

-Si te suelto, ¿me recibirás como corresponde? -y le besa las mejillas.

-Si, lo haré. Bájame Icepá.

-Bueno -lo deja en el suelo y recupera su maleta. -Empecemos de nuevo.

Jake regresa al interior de la casa, se detiene en mitad del recibidor, da media vuelta, sale corriendo y chilla.

-¡Llegó Icepá! -y se lanza contra él con las manos prestas a hacerle cosquillas.

Iceman se deja caer, se contorsiona con las carcajadas en el piso del portal y disfruta el momento. No tendrá muchas más oportunidades como esta, y lo sabe. Aún si Jake no cargara con sus traumas, está creciendo. Cuando tenga once o doce años ya no querrá tirarse a hacerle cosquillas a su viejo en el piso. Tom aún recuerda el día en que Brad apenas le dio un abrazo apresurado antes correr al patio de la escuela a reunirse con sus amistades. Se le rompió un poco el corazón. Por lo menos aún tiene cuatro años más con Sean.

-¿Icepá? -la voz tensa de Jake le hace notar que se ha perdido en sus pensamientos.

Le sonríe desde el suelo, y los ojos verdes de su hijo vuelven a brillar.

-No pasa nada, mi niño. Es solo que me asombra lo grande que estás. Anda, ayúdame a levantarme.

Por fin entra en la casa.

Como sospechaba, Bradley está sentado en el sofá de la sala con el Nintendo 64 entre las manos. Apenas dice “Hola Icepá” y sigue moviendo los dedos a velocidad frenética. Algo estalla en la pantalla. Tom se inclina para hablarle al oído a Jake.

-¿A qué juega tu hermano?

-Zelda -dice el niño con tono despectivo. -Está enganchado con ese tonto de Link y el cuento de salvar una luna o algo así.

-¿Sigue sin gustarte?

Ice sabe que ha sido fuente de tensión en la casa. Brad y Sam prefieren las aventuras, como “Leyenda de Zelda” o “Metal Gear”. A Jake y Sean solo parecen interesarles los simuladores de carreras como “Superbike”, “Excitebike” o “Ridge Racer” y, por supuesto, la serie Jane de simuladores de vuelo. Mav no puede contener su orgullo cada vez que el asunto sale a colación.

Su hijo solo arruga la nariz.

-No es real -dice con desprecio.

Ice se calla el detalle de que los F/A-18 Superhornet volaron por primera vez en 1995, más de setenta años después del fin de la Guerra Civil Rusa, así que la campaña propuesta en “Jane's F/A-18” tampoco es muy real. Mejor llevar el asunto a terreno seguro.

-¿Me cuentas cómo les va con el “US Navy Fighters 97” mientras desempaco?

A Jake le brillan los ojos de alegría y empieza a chacharear sobre parámetros de misiones, opciones de aviones y estadísticas de vuelo en lo que suben las escaleras.

Durante la cena, Brad le cuenta, muy emocionado, que ya recibió su número de candidato a la Academia Naval de Annapolis y obligó a su padre a llevarlo a una reunión informativa organizada por la oficina del representante Bob Filner.

Tom suelta un gruñido al oír el nombre. Filner es demócrata. Los rumores en DC le atribuyen un persistente interés en la ayuda a los veteranos y los muslos femeninos. En ninguno de los dos temas acepta un no.

Al otro lado de la mesa, Mav tiene su expresión de “y aún no sabes lo mejor”. Ice solo tiene un momento para controlar su expresión antes de que Bradley suelte la bomba.

-Icepá, quiero que revises mi aplicación -explica Brad muy entusiasmado. -Tu si fuiste a Annapolis, igual que mi padre. No como Mavpá, que tuvo que ir al programa AVROC -y hay una entonación despectiva absolutamente inesperada.

Se escucha un simulacro de arcada.

-¡Sam! -regaña Sarah.

-No ha parado de hablar de eso en un mes -se justifica la niña. -Lo juro Icepá, le habría comprado el pasaje para que fuera a verte a Maryland, pero vender limonada no da para tanto. Además -mira acusadora a su hermano mayor-, es feo que de repente Mavpá no sea lo suficientemente bueno para ti. ¡Mavpá es el mejor piloto!

Pete escupe agua, sorprendido. Nunca antes escaló tanto la cosa. Sean estalla en carcajadas y agarra su vaso, con claras intensiones de escupir agua también, pero Jake -siempre alerta- se lo impide.

Bradley mira a su hermana con la cara roja.

-La Academia Naval es la mejor universidad pública del país -le dice incrédulo.

Ella lo mira como si hubiera dicho un absurdo.

-Pues si no aceptaron a Mavpá cuando aplicó, no debe ser tan buen colegio -y le saca la lengua para recalcar su punto.

-¡No sabes de qué hablas! ¡Eres una niña!

-¡Bradley Bradshaw-Mitchell! -reclama Sarah.

-¡Me refería a su edad, iná!

En medio de todo, Ice nota cómo Jake trata de hacerse invisible. Aunque probablemente sueña con aplicar a Annapolis también, el niño tiene los labios apretados en una línea fina y el rostro cuidadosamente vacío de expresión. Se concentra en darle de comer a Sean, que ha olvidado su plato disfrutando la pelea.

Pete también lo nota, hace una mueca de contrariedad y se apresura a cortar en seco.

-¡Se acabó! Hay una nueva regla en la casa: no se discutirán aplicaciones de colegio a la hora de la comida. Si tanto te interesa el asunto, Brad, mañana, en lugar de agarrarte al Nintendo, ve con Ice al despacho para que hablen.

Esa noche, durante la rutina de prepararse para dormir, Sarah expresa su opinión.

-No debería ir a la Academia Naval tan joven, y ustedes dos lo saben.

-Cariño… -trata de aplacarla Ice acariciándole el hombro.

Ella la de una palmada y lo obliga a apartarse.

-No trates de desviarme con ternuras. Brad tiene que extender sus propias alas, y no logrará eso en una escuela donde será “el hijo de” cualquiera de ustedes tres. Sobre todo, necesita conocer el mundo civil y cómo vive la gente sin la DADT.

-Tiene razón -le dice Mav con expresión agotada mientras se mete debajo de las mantas.

-¿Y por qué no se lo dicen ustedes dos? –después del manotazo de Sarah, el rubio fue a sentarse en una esquina de la cama. Ahora cruza los brazos sobre el pecho y tuerce los labios. -Quieren que haga de “papa malo” porque no estoy en casa todos los días.

El rostro de Sarah pasa del enfado a la burla.

-Ay, mi pobre esposo sufre porque su cama en Maryland está vacía y fría -canturrea.

El tono ligero no le hace gracia al hombre.

-Para ti es fácil, tienes a Mav o a Tommy -como nombraron al dildo que les regalaran Ray y Walter- disponibles para satisfacerte. Yo solo tengo mi mano. ¿Es mucho pedir un poco de amor la primera noche? Ya tuve una pelea familiar en el comedor.

Ella suspira y le extiende una mano.

-Es justo. Ven acá, anda. Quiero dormir entre mis dos hombres.

Hacen eso, dormir. Simplemente sentir el aroma y escuchar los sonidos de sus cónyuges hace que Tom descanse mejor que en su estéril apartamento en Suitland, Maryland.

Después del desayuno de domingo, Ice pasa un rato en el despacho con Jake, trabajando en su “Libro de vida”. Como no está en casa con frecuencia, el suyo es el más atrasado de los cuadernos de la familia.

Habitualmente, viene a casa el último fin de semana del mes, si no hay ninguna crisis. Jake y Tom hacen una sección en cada visita. Ice decidió responder a casi todas las preguntas de su pasado con honestidad. Excepto sus padres: dijo en su entrevista de reclutamiento que habían muerto y, al menos en su corazón, es verdad. Sus fotos de infancia tampoco están disponibles. Para rellenar esos espacios pidió ayuda a Ray. Como son gemelos, técnicamente no es trampa ¿verdad?

Disfruta mucho esas sesiones con su hijo, aunque duela un poco descubrir cuántas páginas debe dejar vacías en la sección de primera infancia. Ese dolor se compensa al ver cómo Jake comprende lo mucho que tiene, comparado con Sarah, Pete y Tom.

Una hora de trabajo es mucho para un niño de nueve años. Alrededor de las diez, Ice manda a Jake al patio, para que intente romper su propio récord en la pista de obstáculos. El hombre se dirige a la sala, donde Brad está ajeno al mundo con los ojos en la pantalla, audífonos puestos, y el Nintendo 64 entre las manos.

Le toca el hombro suavemente, el adolescente se sacude y suelta un grito estrangulado.

-¡Me asustaste!

-Estabas totalmente desconectado de tu entorno. Eso no es bueno.

Brad hace una mueca.

-Estoy en casa -y la confianza desnuda que revela la respuesta hace sonreír a Ice.

-¿Quieres hablar de tu aplicación?

Entusiasmado, Brad pone el juego en pausa y corre a su cuarto en busca de los documentos. Ice va hasta la cocina, donde Pete está con Sarah en un rol que se ajusta a sus talentos culinarios: lavaplatos.

-Voy a hablar con Brad de la Academia. ¿Vienes Mav?

Su esposo asiente. Su expresión mientras se quita los guantes de goma y el delantal es meditativa. Regresan juntos al despacho.

-No sé por qué no me escucha -dice Mav de repente. -Algo estoy haciendo mal.

Ice le pone una mano en el hombro.

-Es un adolescente, está en su naturaleza ser testarudo.

Brad entra al despacho sonriente y cargando una abultada carpeta. Al ver a Pete sentado en un rincón, su rostro se endurece. Mira a Tom con expresión traicionada.

-¿Esto es una encerrona?

-No. Es una conversación sobre tu futuro. Entra y cierra la puerta, por favor.

El adolescente lo piensa un poco, pero al fin asiente, empuja la puerta con el pie y pasa cerrojo con un codo antes de avanzar y dejar su abultado expediente en el buró del estudio. Luego retrocede un poco.

Tom le indica una butaca, luego va a sentarse en el buró y revisa los materiales. Están cuidadosamente identificados. Todo escrito en computadora, sin errores ortográficos o de redacción notables. En su carta de intención, Brad menciona su conexión familiar a la Marina, pero insiste en sus propias motivaciones ideológicas y vocacionales. Interesante: menciona sus excelentes resultados en videojuegos como ejemplo de familiaridad con el campo.

-¿Creí que no te gustaba “US Navy Fighters 97”?

El chico resopla.

-Lo que pasa es que Jake y Sean no saben jugar en equipo. Solo puedo jugar cuando iná se los lleva a la reserva.

Mav abre la boca para defenderlos, pero Ice lo hace callar de una mirada. Sigue leyendo.

Cuando termina, devuelve los materiales a la carpeta. Lo piensa un poco, sale de detrás del buró y se sienta en una butaca frente a su hijo.

-Mav, ven acá -y extiende una mano.

El moreno sale de su rincón y se acerca confundido. Cuando toma su mano, Ice tira de él y lo hace sentarse en sus muslos. Siente como todo el cuerpo de su esposo se tensa, pero le impide irse al pasarle un brazo por la cintura.

Frente a ellos, Bradley se endereza en su asiento, sorprendido. Incluso hecha una mirada temerosa a la ventana.

Ice acaricia la mejilla de Mav con la mano libre, hace que le mire a los ojos.

-Todo está bien -susurra. -Tranquilo.

Mueve la mano hacia la nuca de su pareja y lo acerca. La respiración de Pete se entrecorta y sus pupilas de dilatan de pánico cuando se da cuenta de que Tom pretende besarlo.

-No -gime, con años de condicionamiento a flor de piel.

-Si -repone Ice, que controla su miedo por la decisión de proteger a Bradley de algo que ni siquiera conoce. -Ven.

Sus labios se tocan. Como es usual, después que empiezan Pete se relaja entre los brazos de su esposo y responde con entusiasmo.

Un carraspeo rompe la burbuja.

Mav se aparta violentamente. Solo el agarre de Ice impide que caiga al piso. Enrojece y oculta la cara en la base del cuello de su esposo, mientras lucha por controlar su respiración. Tom le masajea la espalda.

Frente a ellos, Bradley está hundido en su propio asiento, tenso como un alambre. Sus ojos se mueven desesperadamente por toda la habitación, evitando a sus padres.

-Llevamos casi doce años juntos, pero mostrarme afecto delante de una sola persona puede provocar un ataque de pánico en tu papá. ¿Crees que es sano?

Bradley se mira las manos.

-No -dice bajito, sin levantar los ojos.

Ice asiente.

-Tenía tu edad cuando entré a Annapolis, Pete tenía diecinueve cuando por fin lo aceptaron en el programa AVROC. Ambos estábamos solos en el mundo, la Marina nos ofrecía refugio. Ese refugio vino con un costo del que nadie nos advirtió: hemos pasado más de la mitad de nuestras vidas en el armario. No fue por patriotismo, Bradley, sino porque no tuvimos otra opción. Eso ha dejado una huella profunda en nuestras vidas.

El chico gruñe.

-Se que será duro. ¿Okay? Pero eres igual que papá, crees que no soy capaz.

-Por supuesto que no, hijo. No se trata de que capacidad, sino de opciones. Queremos que explores tus opciones antes de comprometerte a pasar diez años ocultando una parte fundamental de ti mismo.

-¡Pero soy un Bradshaw! -el chico se levanta y empieza a dar zancadas por el despacho. -¡Soy el hijo adoptivo de Pete “Maverick” Mitchell! ¿Qué otra cosa podría ser, sino piloto o RIO para la Marina?

-Eso tienes que averiguarlo por ti mismo.

El muchacho se gira a ver a su padre, que por fin se ha calmado lo suficiente como para intervenir la conversación. Sus mejillas aún tienen manchas rosadas, y no se ha limpiado las lágrimas, pero se yergue orgulloso en el regazo de su pareja.

-Queremos que apliques a universidades civiles porque tienes que salir de esta casa, Brad, pero no para cumplir con lo que crees que demanda tu apellido, sino para ser feliz.

-No sabemos mucho de ese tipo de aplicaciones -admite Ice-, pero seguro tu asesora puede ayudarte.

-O mis colegas de Lockheed Martin.

Bradley los mira un poco más, sus ojos se detienen en las manos entrelazadas de Tom y Pete. Los conoce de toda la vida, pero es la segunda vez que los ve hacer algo tan simple.

-De acuerdo. He oído que la Universidad de Virginia tiene un buen programa de ingeniería.

-¡Magnífico! Slider es comandante de Norfolk ahora, podrá pagarte la fianza cuando te metas en problemas.

-¡Papá!

-¡Maverick!

-¿Qué?

 CAPÍTULO 13: 2001, abril: https://palabraspulsares.blogspot.com/2023/09/la-culpa-es-del-conejito-13.html

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