26 de agosto de 2023

ALGO MÁS GRANDE QUE YO 2

 Parte 2 de: Las mentiras que nos dijimos

Famdon: Top Gun (Movies)

Relaciones:
Bradley "Rooster" Bradshaw/Original Female Character(s)Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell

Personajes:
Ron "Slider" KernerBradley "Rooster" BradshawOriginal Female Character(s)Natasha "Phoenix" TraceRobert "Bob" FloydOriginal Male Character(s)

Etiquetas adicionales:
Identidad Secreta,  Angustia con Final Feliz, Relación Secret, DADT, Ataques del 11 de Septiembre  

Sumario:
Bradley despierta con calambre en el brazo derecho. Gruñe y trata de girarse, pero no puede. Abre los ojos y ve a Azul, que duerme en el asiento de copiloto con su brazo como almohada. Toma consciencia de lo incongruente de la imagen y mira alrededor. El parque está vacío, a unos metros, la carretera bulle con el tráfico matutino. Le sacude el hombro.
-Despierta -Azul le aparta la mano y sigue durmiendo. -Azul ¡despierta! ¡Nos dormimos en el parque! Tenemos que irnos.

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-2-algo-mas.html

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Capítulo 2: 2001, septiembre

Una noche de lunes van a una proyección de medianoche de “Tombstone”, con Kurt Rusell y Val Kilmer. A Brad se le saltan las lágrimas en la escena de la muerte de Doc Holiday. Azul trata de calmarlo, y él se descubre confesando que su madre murió de cáncer. Se siente íntimo.

Se duermen con el arrullo de los grillos.

Bradley despierta con calambre en el brazo derecho. Gruñe y trata de girarse, pero no puede. Abre los ojos y ve a Azul, que duerme en el asiento de copiloto con su brazo como almohada. Toma consciencia de lo incongruente de la imagen y mira alrededor. El parque está vacío, a unos metros, la carretera bulle con el tráfico matutino. Le sacude el hombro.

-Despierta -Azul le aparta la mano y sigue durmiendo. -Azul ¡despierta! ¡Nos dormimos en el parque! Tenemos que irnos.

Azul se levanta en un solo movimiento fluido y mira alrededor con ojos abiertos como platos. Traga en seco.

-¿Qué hora es? -pregunta con miedo.

Bradley mira su reloj en lo que enciende el auto.

-Las ocho de la mañana. -sale del parque y se dirige a la universidad maldiciendo el que no pueda acelerar por la cantidad de autos. -Tengo clase a las nueve, ¿y tu?

-Martes, martes… -Azul se quita la peluca y deja expuesto su cabello negro brillante, cortado en estilo militar. -Yo también tengo clase a las nueve, pero -se mira la ropa- no puedo llegar así. Tampoco puedo ir a mi dormitorio de día y en esto -su tono adquiere un claro registro de pánico- Me matan, B, me matan.

Empieza a llorar. Bradley le aprieta el hombro.

-Nadie va a morir, ¿ok? Nadie. Vienes a mi dormitorio, Travis tiene clase a las ocho, así que ya se fue.

-¿Travis?

-Mi compañero de cuarto.

-¿Qué voy a hacer en tu cuarto?

-Puedes llamar a alguna amistad para que te alcance otra ropa.

-No -niega Azul-, nadie puede entrar a mi cuarto. No va a funcionar.

-Entonces te pones algo mío. Cuando te pregunten dices que… ¡No se! Que te echaron café encima cuando caminabas a clase y el imbécil te ofreció una muda de ropa suya para que no andaras así por el campus.

-Si, si, eso puede funcionar. ¡Espera! No dobles por ahí -se encoge en el asiento. -Sigue recto.

Bradley obedece. En la puerta del edificio que evitaron ve a dos guardias de seguridad de aspecto malhumorado. Finalmente llegan a su residencia. Azul vuelve a ponerse la peluca y se hecha el pelo hacia adelante para disimular sus rasgos, alcanzan la puerta de servicio y corren por las escaleras.  

-Son las ocho treinta, podemos lograrlo -dice Bradley por encima del hombro en lo que busca alguna ropa que le quede pequeña. ¿Tal vez le puede dar el sweater de Mav? Lo trajo para sentirse cerca de su padre, pero esta es una situación de emergencia. Son más o menos de la misma altura, aunque Maverick es mucho más fornido.

Se gira con el sweater y un pantalón de gimnasia en las manos, y encuentra a Azul estudiando su mesa de noche.

-¿Es tu familia? -inquiere con asombro.

Su reacción es lógica, piensa Brad con amargura. Está mirando una foto que se hicieron especialmente para que tuviera a todo el clan consigo sin despertar sospechas. Tiene el estilo de los retratos formales de la marina, pero con más personas de lo habitual: Pete “Maverick” Mitchell y Tom “Iceman” Kazansky están vestidos de gala y con todas sus medallas, a sus lados Sarah, con Sean en los brazos, les cekpápi, y el mismo Bradley. No hay que saber mucho de rangos militares, esa acumulación de condecoraciones y estrellas impresiona.

-Si. Mi padre es capitán de aviación, y mi -casi dice até, pero se contiene- tío es contralmirante de nivel superior. Algo así como un general de dos estrellas de la marina. 

Azul se yergue y voltea a mirarlo como si lo viera por primera vez, sus ojos ya no son tiernos, sino calculadores. Bradley levanta una mano, conciliador.

-Azul, no tienes que decirme nada de ti, si no quieres. Entiendo que esto no es lo que tu querías de nuestra relación. Solo cámbiate de ropa, te dejaré en donde necesites y luego decides si quieres verme de nuevo.

Azul lo piensa un poco, pero asiente. Bradley le extiende la ropa y señala la puerta del baño.

-Date una ducha ¿si?, anda. El perfume que te pusiste anoche todavía se siente.

Con el sonido del agua de fondo, Brad saca algunas cosas de la nevera y arma un desayuno apresurado. Luego regresa a su armario. Cuando la puerta del baño se abre, ya está semidesnudo y tiene su ropa limpia en las manos.

-Come algo -ordena y entra corriendo a ducharse también.

A las ocho cincuenta están saliendo del dormitorio. Azul se ha puesto unas zapatillas de Travis. Bradley le dio una libreta y un par de plumas para que pueda tomar notas hasta que vaya por sus propias cosas. La peluca, ropa y zapatos de tacón de la noche anterior están en una bolsa cerrada y metida en lo más profundo del armario de Brad.

-¿Dónde te dejo? -pregunta el rubio en lo que enciende el auto.

-En Jefferson y Ruppel.

Brad hace unos cálculos mentales y asiente.

-Podemos estar ahí en cinco -pone reversa y empieza a salir del parqueo cuando aparecen cuatro autos negros y bloquean las dos bocacalles. -¿Qué diablos?

Azul los ve y se hunde en el asiento.

-Me encontraron, me encontraron -repite en pánico. -Me van a matar -dice con rabia. -Me van a matar -repite con dolor. -Me van a matar -lo vuelve a decir con voz vacía, resignada. Mira a Brad con expresión derrotada. -Solo quédate en el auto y no intervengas ¿si?

Va a abrir la puerta, pero Brad se lo impide.

-Nadie te va a matar, ya te lo dije. Cálmate. -el móvil de Bradley suena con un aviso de mensaje de texto. “Código azul” lee.

Al mismo tiempo, los autos se abren y un escuadrón de reclutas del batallón ROTC de la universidad se despliega por el parqueo. Sus armas no apuntan al auto, sino alrededor.

-Esos soldados vienen por mi -dice Bradley.

-En realidad venimos por los dos -le interrumpe un hombre con insignias de capitán del ejército que se ha detenido junto al auto. -Señor Bradshaw -se lleva dos dedos a la frente a modo de saludo, mira a Azul- Príncipe Adib, ¿qué le pasó a su celular?

Azul...

No.

Adib.

¿Príncipe?

El príncipe Adib mira al capitán con miedo, pero no es el mismo temor que cuando creía que venían específicamente por él. Como Bradley, comprende que hay algo mayor en marcha.

-Se quedó sin carga.

El capitán asiente.

-En ese caso se lo digo verbalmente: estamos en código azul. Salgan del auto, dejen todo objeto electrónico, y vengan con nosotros, por favor.

Normalmente, el viaje en auto de Charlottesville a la Base Naval de Norfolk son dos horas. Lo hacen en una hora con quince. Es suficiente tiempo para que Bradley medite sobre lo que esta situación revela sobre Azul -¡no!- sobre el príncipe Adib. Sabía que ocultaban elementos claves de su vida, pero ¿príncipe? Solamente él va a una fiesta y se enrolla con un integrante de la nobleza. Su até se reirá por días. Porque no hay modo de ocultarlo ahora: cómo y con quién lo encontraron será parte del informe para el contraalmirante Kazanky. No tiene idea de cuándo lo leerá, pues si el país está bajo ataque hay otras prioridades, pero lo leerá eventualmente. Por lo menos será un informe secreto, Sarah y les sunkaku no podrán enterarse.

Mira al asiento a su lado, donde Adib está sentado muy erguido y tieso. No le ha dirigido una palabra desde que abordaron el auto negro de ventanas polarizadas y Bradley sospecha que está calculando cómo manejar la comprometida situación en que los encontraron. Aún sin peluca ni tacones, pasó la noche fuera de su dormitorio -recuerda ahora a los guardias de seguridad- y lo encontraron en el auto de Brad, con ropas de Brad. Su familia se reiría de lo lindo con esta situación de comedia romántica, pero, a juzgar por los comentarios de Adib -de pronto esos “me van a matar” suenan menos exagerados-, la suya no verá nada gracioso en la situación.

Porque la DADT solo rige al Departamento de Defensa, pero eso no significa que el resto del mundo sea comprensivo y amigable.

Desde hace dos semanas Bradley trabaja como voluntario en un refugio para adolescentes queers sin hogar. Ha sido otro “curso acelerado” en las dinámicas más crueles del mundo civil. No puede creer que alguien bote de su casa a una persona de trece, catorce años por ser homosexual o trans, incluso por la sospecha de que lo sean. Les enseña defensa personal. Siente que es poco, pero en apenas dos o tres clases puede ver cómo se restablece la autoestima de sus estudiantes.

Vuelve a mirar a Adib y se pregunta si su formación como príncipe incluyó uso de armas, sus manos son muy delicadas, no hay modo de que… Bueno, Sarah no tiene callos y da unos puñetazos impresionantes. “La clave está en usar bastante crema humectante”, le explicó.

Pero eso no importa, recuerda con amargura, porque su relación con Azul ha terminado.

La base está en alerta de combate. Revisan sus identidades en tres controles de seguridad sucesivos antes de que los hagan bajar del auto y entrar a un edificio. Bradley ve llegar a otras personas con similares expresiones de inquietud. Reconoce a un par de estudiantes con quienes ha coincidido en conferencias o eventos en la universidad y… ¿¡Es esa la profesora de aeroespaciales!? ¿Cuántos “código azul” hay en la UVA? Ya en el interior, toman un elevador hacia el subnivel tres. Terminan en una sala de conferencias.

Está claro que prepararon el lugar con premura: en los bordes de la pizarra aún hay huellas de marcador azul. Las mesas fueron pegadas a la pared para hacer espacio en el centro. En una esquina hay un buffet con agua, café, pastas, bagels, paquetes desechables de queso crema y cátsup y cubiertos plásticos. No hay servilletas.

Bradley arde en deseos de saber qué provocó el código azul, pero no tiene su celular, que igual no funcionaría dentro de este bunker militar.

Solo sabe que son las 10:30 de la mañana del 11 de septiembre y, de alguna manera, Estados Unidos está bajo ataque.

¿Dónde están sus padres?

Mav se reportó para misión en el mar apenas lo dejó en la universidad. Salió de esta misma base Norfolk como jefe de escuadrón en el USS Enterprise y se dirigieron hacia el Golfo Pérsico.

Ice está en Wasington DC. Tenía una semana de reuniones sobre inteligencia militar -y por eso es que Brad y sus sunkaku son parte del plan “Código azul”- y le prometió que bajaría a Virginia para un almuerzo el sábado.

En ese momento toma consciencia del significado de Washington DC. El país esta bajo ataque y su até está en la capital. Claro que la Base Naval de San Diego también sería un blanco importante, pero… ¿Está Ice a salvo? Si hubiera sufrido daño, ¿se lo dirían? Legalmente él no es… La posibilidad real del hecho le quita el aire.

La voz de Azul lo saca de sus depresivas reflexiones.

No, se fuerza a rectificar mentalmente, mientras lo localiza con la mirada.

La voz del príncipe Adib lo saca de sus reflexiones. Puede reconocer su tono molesto e impaciente, aunque está casi al otro lado de la sala. Ve a Adib muy erguido, con las manos unidas en la espalda. Enfrenta a otro hombre, un poco mayor, tal vez de veintitantos años. Bradley se dirige a ellos sin pensarlo.

-Adib, socio, ¿qué fue? -al llegar a su lado, cruza los brazos sobre el pecho y mira con desdén al otro. -¿Este tipo te está dando la lata? Sabes que puedo pedirle a los soldados que lo lleven a una celda más fea, ¿verdad?

Está luchando por imitar la actitud condescendiente de Travis, y parece que funciona. El desconocido lo mira con sorpresa. Adib cambia su expresión beligerante por otra, entre agotada y divertida, como si estuviera acostumbrado a la arrogancia de Brad.

-No será necesario.

-No veo por qué se mete en un asunto familiar… -empieza a decir el hombre, pero Adib lo interrumpe.

-Te presento a Bradley Bradshaw, hijo adoptivo del contralmirante Tom Kazansky, Jefe de la Inteligencia de la Marina -el fulano cierra la boca y su actitud despectiva se evapora. -Brad, este es mi primo, el príncipe Reda. Como es mayor que yo, cree que tiene el deber de vigilarme mientras estamos en América.

Bradley sonríe, asiente de modo exagerado y continua en su papel de arrogante nacido en cuna de oro.

-¡Oh! Entiendo -le da una palmada en el hombro a Reda, si es tan fuerte que lo hace doblarse, bueno, Brad solo estaba siendo efusivo. -A mi también me pasa eso. Donde quiera que voy, hay un coronel de la policía militar preocupado. Siempre les digo “relájate, seré oficial de todas formas”. Pero a mi tío le preocupan las apariencias.

-Si, las apariencias -interviene Reda con el índice derecho alzado-, precisamente. No puedes desaparecerte una noche entera Adib.

-¿Desaparecer? -repite Brad con su mejor tono de incomprensión.

Adib pone los ojos en blanco.

-Mi primo quiere saber dónde estaba anoche. Cree que, a la luz de los acontecimientos actuales, yo debería tener una coartada sólida. Lo cual es ridículo, nuestra familia jamás se involucraría en un ataque a América, ¡somos aliados!

-¿Anoche? -Brad levanta una ceja y sonríe de nuevo. -¡Ah! Relájate Feda.

-Reda -le rectifica el otro.

-Eso mismo. Relájate primo Leda, Adib estaba conmigo. Soy como, la persona más confiable para establecer una coartada ¿no?

Reda lo mira de arriba abajo, claramente escéptico.

-¿Y qué hicieron ustedes toda la noche? Señor Bradshaw.

-¿No lo sabes? Adib acá es un haz del francés y me está ayudando con las tareas. -se inclina en actitud conspirativa y baja un poco la voz. -No se lo digas a nadie, pero mi francés es ho-rri-ble. No estamos en la misma clase, pero Adib se me acercó un día en la biblioteca y se brindó para ser mi tutor.

Bradley puede ver en los ojos de Reda cómo la desconfianza deja paso a la avaricia. Está seguro de que cualquier sospecha de comportamiento inadecuado ha desaparecido para dejar lugar a una ligera admiración. Sabe cuán interesada luce la oferta del príncipe Adib al hijo no demasiado despierto de un hombre que se pasea por las galerías del poder. Para reforzar el efecto, Adib agrega.

-Si, nos hemos hecho muy buenos amigos en estas semanas, ¿verdad Brad? -y le da unas palmadas en el hombro con mirada condescendiente, como si no pudiera creer lo inocente que es.

Bradley asiente con sonrisa idiota mientras la hiel le sube a la garganta. Qué fácil es mentir sobre lo que hicieron y sienten. Convertirlo todo en mezquindad. ¿Cómo pueden Ice y Mav mantener esta comedia cuando coinciden en público?

-Señor Bradshaw -le llama un soldado desde la puerta. -El vicealmirante quiere verlo.

-¡Ups! -hace un gesto como si la atención lo incomodara y divirtiese. -¿Qué les dije? Tratamiento VIP. Nos vemos pronto. Recuerda que tengo examen en una semana, socio.

En lo que camina hacia la oficina del jefe de la base, Bradley se pasa la mano por el rostro varias veces, tratando de dejar ir el asco que siente por si mismo. Apenas la puerta se cierra a sus espaldas, el vicealmirante Kerner se le acerca con rostro agotado.

-Pequeño Goose, qué alivio verte -lo abraza. -Ice estuvo a punto de enviar una fuerza expedicionaria a la UVA cuando no te encontraron en el edificio donde tenías clases.

-Me quedé dormido -explica Brad sin separarse de su tío. -¿Están…? Se que Ice llegó ayer a DC.

Slider se separa para mirarle a la cara.

-No te preocupes, estaba en el lado contrario del Pentágono cuando todo ocurrió. No tiene ni un rasguño, solo está muy, muy enfadado. 

-¿En el lado contrario del Pentágono? ¿Quieres decir que atacaron el Pentágono?

Kerner lo mira sorprendido.

-¿No sabes lo que pasó?

-No. Recibí el mensaje de “código azul” por mensaje de texto a las ocho cincuenta, apareció un capitán con un escuadrón de estudiantes ROTC más nerviosos que alguien con una cita con la princesa Leia y me trajeron para acá.

Su tío Slider se sienta en el borde de su mesa y alza una ceja.

-¿Te trajeron? ¿A ti solo?

Brad se siente enrojecer.

-Bueno, si, nos trajeron a un amigo y a mi. El punto es que nos metieron en esa sala sin ninguna explicación. ¡No sabemos qué está pasando!

La breve sonrisa desaparece del rostro de Kerner.

-Lo que está pasando… -suspira- Ahora mismo el Congreso y la Casa Blanca fueron evacuados y nos preparamos para enviar destructores con misiles armados a New York.

-¿Qué? Pero dijiste que había sido en el Pentágono. ¿O es una cosa preventiva?

-Espera, espera. Te cuento en orden.

Aunque está seguro de que le están dando la versión pública, los hechos lo sacuden hasta el fondo. Esto no puede pasar, repite una voz dentro suyo, simplemente el mundo no funciona así. ¿Verdad?

Slider nota que esta entrando el shock, se detiene, va hasta su mesa y regresa con un vaso que contienen un líquido ambarino.

-Bebe sobrino, hoy lo necesitas.

Brad le obedece. El ardor del wiski le hace toser, pero también reaccionar.

-¿Alguien se atribuyó los ataques?

-No. Aunque tiene todo el estilo de la Guerra Santa islámica, prefiero esperar a que el FBI y el Departamento de Justicia me digan a quién debo apuntarle.

El joven mira a su tío con curiosidad. Sabe que la unión entre Slider, Ice y Mav se cimentó durante el “Asunto Layton” -el evento secreto más conocido de la Marina-, y que regresaron después de derribar cuatro MiGs soviéticos. Derribar, le aclaró Mav un día, es una manera elegante de decir “matar personas” en el aire. Después hubo otras misiones, algunas oficiales, otras secretas. El caso es que ninguno de ellos habla de volar con el mismo tono que habla de combates aéreos.

-Dicho eso -Slider hace una mueca incómoda-, tiene el estilo de un ataque yihadista y tu ¿pasaste la noche con el príncipe Adib?

Brad se mira las manos, incómodo. ¿Pasó la noche con el príncipe? De verdad no lo cree. Puede reconocer los rasgos de Azul en el hombre que salió del baño de su habitación con el sweater de USNAY y pantalones deportivos color oliva, pero la actitud, los modales, los ojos tiernos de la persona que conoció por seis semanas se habían ido. Azul ha muerto y es su culpa.

¿Slider le interrogaría si Adib se llamara Arthur? Probablemente no, pero Brad ya sabe que la vida casi nunca es justa. No va a pelear por esto. No vale la pena luchar por una relación que ya no existe.

-Fuimos anoche a ver la función de medianoche de “Tombstone” en Emancipation Park. Nos dormimos en mi camión y despertamos hoy a las ocho.

-¿Desde cuándo se conocen?

-Seis semanas.

-¿Ha tratado de obtener información sobre ti o tu familia…?

-Adib no supo mi apellido hasta esta mañana -le corta Brad ya molesto, una cosa es responder preguntas de seguridad de rutina y otra dejar que manchen lo que tuvo con Azul. -Acordamos no revelar nada de nuestras familias. Lo que tuvimos era nuestro, solo nuestro tío Slider y ahora… -se siente las mejillas húmedas, no tiene idea de cuándo empezó a llorar.

Kerner le pone una mano en el hombro, tratando de confortarlo.

-No es el fin del mundo, Brad. Acabas de empezar la universidad, conocerás a otras personas.

-Lo se, pero nadie como Adib.

Como temía, Bradley le ve por última vez cuando los devuelven a la UVA. Adib sube a un auto con su primo, Bradley a otro con una estudiante de teatro que resulta ser sobrina del Fiscal General de los Estados Unidos. En medio de la islamofobia que desata la afirmación de que Al Qaeda y Osama Bin Laden fueron responsables de los ataques del once de septiembre, un número importante de los estudiantes musulmanes extranjeros abandonan el país.

Brad no tiene valor para deshacerse de la peluca, las ropas y los zapatos. Sabe que es lo racional, pero no puede dejarlo ir. Así que va a una amistad que estudia en el museo Fralin y le explica que quiere conservalos. Una semana después le devuelven un paquete transparente sellado, dentro no hay aire, sino nitrógeno, lo que mantendrá esos objetos en éxtasis hasta que decida abrirlo. Cuando regresa a San Diego para Acción de Gracias, le pide a Sarah que lo guarde en un lugar seguro. Ella, bendita sea su alma, no hace preguntas.

En la cena, Ice se queja en voz alta de la histeria y el prejuicio. Deja bien claro que no tolerará comentarios derogatorios en la casa, pues ya tiene bastante con el acoso a sus subordinados y la invasión de Afganistán, donde Maverick guía un escuadrón de suicidas por entre los desfiladeros del Cáucaso. “Tu padre me va a matar del corazón”, le dice muy serio a Jake. A lo que el niño responde con un abrazo y una respuesta absolutamente Mitchell “Mi padre siempre regresa a casa, no te preocupes”.

De vuelta a la UVA, Brad decide seguir el ejemplo de Ice y hacer algo. Se une a una red de apoyo y protección a estudiantes árabes y musulmanes. Entre las clases, hacer de escolta alrededor del campus y enseñar defensa personal en el refugio para adolescentes queer, está lo suficientemente agotado como para no pensar en Azul.

En el otoño de 2003, la guerra contra el terrorismo empieza a parecer eterna. Bradley Bradshaw concluye que, a pesar de la DADT, quiere ser aviador como sus padres, y se enrola en el programa AVROC. Pasa los veranos de 2004 y 2005 entre cuerpos sudorosos y bien torneados, pero controla sus deseos con la simple invocación de los labios de Azul. Después de estudiar ingeniería en UVA, los cursos de aerodinámica, motores de aviación y navegación aérea no son un reto tan difícil. Disfruta leer legislación militar, y pensar como manipularla.

Bradley recibe su carta, llama a Maverick para decirle que lo aceptaron en Pensacola, y no mira atrás.

CAPÍTULO 3: 2015, agosto: http://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/algo-mas-grande-que-yo-3.html

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