Parte 1 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)
Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Walter Crow Horse/Ray Levoi
Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Carole Bradshaw, Sarah Kazansky, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Ron "Slider" Kerner, Ray Levoi, Walter Crow Horse, Grandpa Samuel Reaches, Personajes Infantiles Originales
Etiquetas adicionales:
Personaje Trans Masculino, Embarazo no Planificado, Relación Secreta, Poliamor, Tom "Iceman" Kazansky Vive
Sumario:
Después de todo, es bueno que Mav y Jake se quedaran en Miramar con Ice, su novia Sarah y su prima Sam, porque Frederickburg Texas ha resultado un lugar lleno de mujeres demasiado maquilladas, niñas tontas, hombres tiesos y niños pesados, que no saben que Batman es el mejor superhéroe, mucho mejor que ese patético Llanero Solitario del que hay posters en todos lados.
ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-1-la-culpa.html
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Capítulo 5: 1993, Fin de semana del Día de los Caídos
Viernes 21 de mayo
Carole revuelve de modo automático su té y sonríe a sus primas. Solo lleva dos horas en casa de su abuela y ya se comprende que esto fue un error, pero está atascada en Texas hasta el próximo lunes. Después de todo, nada menos que una catástrofe en California podría justificar que abandone la boda de su prima Priscila.
La unión de la más joven de las primas Abbott fue la excusa perfecta para reunir a todo el clan. Carole se ha encontrado con más tíos, tías, primos segundos, primas terceras y abuelas de lo que puede llevar registro. Tuvo que sonreírles, sin importar que sintiera simpatía, no les recordarse o (peor) les recordase y sintiera pura antipatía. Por suerte nadie espera que también recuerde los nombres de la nueva generación.
Ahora mismo, mientras toman té y se ponen al día, una partida de chiquillos rubios y pelirrojos lanza gritos desde el patio de la casa. Bueno, sus primas solo siguen las conversaciones que seguramente dejaron en pausa hace tres días, ella escucha, hace ruido donde corresponde y evita opinar. No tiene idea de qué haría si su marido gastara el dinero de la hipoteca de la casa en apuestas de caballos, o si los braceros mexicanos de la granja pidieran un aumento, o si la dueña del salón de belleza decidiera contratar una estilista asiática.
No puede creer que alguna vez deseara esta vida.
Ahora Angelina se queja de que en la escuela de su hija se discute limitar el uso del castigo corporal y Carole se pregunta ¿podría haberse convertido en una de ellas?
Se imagina que no, porque Nicholas Bradshaw no miró a Angelina aquel día en la cafetería de la Universidad A&M, donde ella estudiaba enfermería y él ingeniería a través del ROTC. Nick hizo un comentario sobre el libro de poesía que ella tenía debajo del Manual de Anatomía y la invitó al cine. Vieron “Interiores” de Woody Allen, se dieron cuenta de que tenían en común el origen rural y el deseo ferviente de escapar del legado de sus familias. Nunca miraron atrás.
Bueno, ahora está mirando atrás, o más bien a lo que podría haber sido, y se felicita por sus decisiones.
Mientras, en el patio, Bradley no cree haber cometido ningún error, y definitivamente se felicita por su decisión de aprender a pelear con Mav.
Detrás suyo está el único primo que le ha caído bien, David. La respiración de David es irregular y ruidosa, por el miedo. Brad no, Brad estará encantado de enseñarle una lección a su primo Chad, que con once años y una dieta que no parece incluir muchos vegetales pretende ser un duro. No lo es, por supuesto. Mav le enseñó que los tipos duros no provocan peleas.
David y Brad estaban sentados debajo del gran álamo del patio discutiendo qué película es mejor, si “Aladino” de Disney o “Batman Regresa” con Michael Keaton, cuando David calló de espaldas. El balón de fútbol americano con que el resto de sus primos habían estado jugando en el fango -Brad tiembla solo con la idea- le había dado justo en el centro del pecho. Brad simplemente habría devuelto la pelota y propuesto irse a otro sitio, preferiblemente dentro de la casa, cuando escuchó las risas a su espalda.
Sintió cómo el calor subía a sus mejillas, pero la voz de Mav se impuso: “No puedes dejar que sepan lo que planeas. Mantén la calma y espera que hagan el primer movimiento”.
Así que ayuda a David a levantarse y se da vuelta despacio, con la pelota entre las manos. Sus otros ocho primos están a unos cinco metros de distancia, en semicírculo, y ríen descaradamente. Al centro, con expresión orgullosa, el idiota de Chad.
-Dame la pelota, Bradshaw -ordena.
A Brad le parece de verdad ridículo que este gordo pretenda darle órdenes. ¿Qué ha hecho para merecer que lo obedezca? En las dos horas que llevan con la familia de mamá, solo lo ha visto maltratar niñas, gritar por comida y, ahora, atacar sin razón a otro primo.
-No.
La respuesta sorprende a todos: las risas se detienen y David suelta un gemido de miedo detrás suyo. Chad parpadea desorientado.
-¿Qué dijiste?
-Dije que no te daré la pelota, khukhúše (cerdo). ¿Nunca te han negado nada en la vida? -puede imaginar a Mav asintiendo porque aplica otra de sus lecciones. “Debes confundir a sus oponentes, las personas confundidas no piensan claramente.” También le advirtió que eso no funcionaría nunca con el tío Ice, pero Chad no está a la altura de Ice, que es un hombre pensativo y amable.
Chad no está pensando, punto. Su cara refleja una confusión absoluta.
-¿Cómo que no me darás la pelota? ¡Es mía! ¿Y qué es eso de “cucusí”? ¿Me dijiste algo feo en español?
Brad hace un ruidito burlón.
-Te dije khukhúše, en lakota. En cuanto a la pelota -se pasa el balón de una mano a otra-, ¿por qué no vienes a buscarla?
Ahora Chad está rojo de rabia. Brad supone que, con su tamaño y la tropa de primos a su servicio, no se ha cruzado con nadie capaz de plantarle cara en un largo tiempo. Usa la sonrisa falsa que le enseñó Mav y da un paso hacia atrás.
-¿O no la quieres?
Su primo emite un rugido rabioso y se lanza hacia delante. Brad lo espera, quieto, lamenta que Mav no esté para verle aplicar las otras dos lecciones: alerta espacial y uso de la fuerza del oponente.
Las lecciones comenzaron hace años, fue uno de los cambios en su vida desde que se convirtió en un hermano mayor.
Primero se mudaron a una casa nueva con la ayuda de un escuadrón de estudiantes de Top Gun comandados por Slider. Brad le preguntó a su mamá para qué necesitaban otra habitación, ella le sonrió y dijo que Mav les traería un regalo muy especial cuando regresara de su misión en el Saratoga.
-¿Un perrito? -preguntó Brad ilusionado.
Estaban almorzando con Slider, y los dos adultos rieron con su pregunta.
-No cariño, algo aún mejor.
-Pero es una sorpresa -intervino Slider-, así que tienes que esperar un poco más. ¿Puedes hacer eso Brad?
Él asintió, muy serio.
Mav lo esperaba a la salida de la escuela unos días después. Era lunes, lo recuerda porque salían de un examen de lectura. Brad se lanzó a correr, su padrino lo levantó y le dio vueltas en el aire.
-¡Cómo te extrañé bebé Goose! -dijo mientras le cubría la cara de besos.
-Mav, que ya no soy un bebé. ¡Tengo siete años!
-Claro, claro -pero de todos modos lo llevó en sus brazos al auto y Brad no protestó, porque había extrañado mucho a su padrino.
-Mamá dijo que me traerías un regalo especial -dijo en cuanto arrancó el auto.
-Si, nos espera en la casa. -su padrino lo miró a través del espejo retrovisor muy serio. -Es un regalo, pero también una gran responsabilidad.
Brad lo pensó un poco.
-¿Es un gatico?
Mav soltó una carcajada.
-¿De dónde sacas esa idea?
-Bueno, mamá dijo que no era un perrito y tenemos una habitación más en la casa nueva. Mary tiene un gato y dice que ocupa mucho espacio, que necesita su propio cuarto.
-Es un buen razonamiento, pequeño Goose, pero no. La sorpresa no es una mascota.
-Mav, que no me digas pequeño Goose. ¡Ya tengo siete años!
-Si, has crecido muy rápido.
Mav empezó a preguntarle de lo que había aprendido en la escuela desde que no se veían. Era mucho, porque se había marchado en junio del año anterior. En la casa, Brad descubrió el regalo entre los brazos de su madre. Se detuvo en el arco entre el recibidor y la sala, asombrado e inseguro sobre si podía acercarse. Mav lo tomó de la mano y llegaron junto a ella. Miró asombrado a su padrino.
-¿Un bebé? ¿Me trajiste un hermanito de regalo Mav?
-¿Quieres ser un hermano mayor, Bradley? Es una gran responsabilidad.
Supo que era serio porque Mav usó su nombre completo, pero él no dudó. ¡Mav lo necesitaba! Ahora sí sería su RIO, como había sido su papá Goose. Se puso firme e hizo el saludo militar.
-Subteniente Bradley Bradshaw reportándose para la misión de hermano mayor.
Mamá soltó una risa corta, pero Mav lo miró muy serio y le devolvió el saludo militar.
-Misión asignada, Subteniente Bradshaw. Le presento a Jacob Raymond Mitchell, bebé Jake tiene cuatro semanas de nacido.
Jake hizo un ruido mitad puchero mitad gemido y estiró las manitas, como si supiera que estaban hablando de él.
Han pasado dos años y Brad está feliz de que Mav ya no viaje por todo el mundo, sino que enseñe en Top Gun y esté en casa y hace todas las cosas que haría un papá. Casi todas las tardes Mav lo lleva al patio y entrenan juntos, para que Brad pueda ser un buen hermano mayor ante cualquier reto. Fue allí donde le enseñó la maniobra que está a punto de aplicar con Chad.
-La clave está en no moverte hasta el último momento, para que tu oponente no pueda cambiar de trayectoria -explicó Mav.
Primero practicaron con pelotas de playa a las que daban velocidad con una lanzadera. Luego con pelotas de básquet, de lo que sacó unos cuantos morados que enseñaba con orgullo en el patio de juegos. Por último, Brad aprendió a esquivar e incapacitar con el bebé Jake en los brazos.
-Recuerda que no se trata de pelear, sino de protegerte y proteger a Jake, Brad -insiste Mav.
Ahora Brad no tiene que proteger a Jake, solo debe poner a Chad en su lugar y lo dejarán tranquilo el resto de la visita. Después de todo, es bueno que Mav y Jake se quedaran en Miramar con Ice, su novia Sarah y su prima Sam, porque Frederickburg Texas ha resultado un lugar lleno de mujeres demasiado maquilladas, niñas tontas, hombres tiesos y niños pesados, que no saben que Batman es el mejor superhéroe, mucho mejor que ese patético Llanero Solitario del que hay posters en todos lados.
Así que Brad no se mueve cuando Chad arranca a correr con la cabeza hacia delante como un toro furioso. Solo pasa la pelota por última vez a su mano derecha y sonríe.
Chad está a tres metros.
“Espera”, susurra Mav.
Dos metros.
“Todavía.”
Un metro.
“Un poquito más.”
Medio metro.
“Casi.”
Veinte centímetros.
“¡Ahora!”
Brad salta a la derecha -debería ser un paso, pero Chad es muy gordo-. Su primo abre mucho los ojos, alcanza a decir “¿Uh?” y choca a toda velocidad con el ancho álamo del patio. Cae al suelo de rebote.
Brad remata la maniobra al clavarle la pelota en la barriga.
-Aquí tienes tu pelota -dice y se gira hacia el resto de sus primos. -Así hacemos las cosas en la marina de guerra.
Luego camina hacia la casa. Le dirá a su mamá que está cansado, a ver si se van al hotel y puede llamar por teléfono a casa.
Sábado 22 de mayo
Pete despierta despacio. Está envuelto en los brazos de Tom, y esa respiración a sus espaldas es el mejor sonido del mundo. El mundo debería ser solo esta cama. Pondrían a Jake entre los dos y nada más podría entrar a su universo. Suspira derrotado: su necesidad imperiosa de orinar prueba la inviabilidad de ese sueño. Empieza a levantarse, pero Ice aprieta su agarre aún entre sueños. Mav se gira y le da un beso en la comisura de los labios.
-Tengo que ir al baño, amor. Ya vuelvo.
Ice gruñe su desagrado, pero retira el brazo.
Cuando Pete regresa a la habitación, su novio sigue dormido, así que decide ir a investigar la causa del silencio en la casa. ¿Dónde están Sarah, Sam y Jake?
Encuentra la sala convertida en un amplio salón de juegos, donde Sam y Jake arman oscilantes estructuras con bloques de plástico suave. En la cocina, Sarah les tiene en su campo visual mientras amasa algo de olor excelente en una cazuela gigante.
-¡Mavpá! -saluda su hijo y señala una acumulación de piezas azules y rojas- ¡Casa!
Pete se agacha y les besa las frentes.
-Si bebé Jake, hiciste una casa muy linda. ¿Qué construyes tú, Sam?
-Pital -dice muy seria la nena.
-Todos lo edificios que le gustan ahora son hospitales -explica Sarah. -Supongo que es culpa de mi trabajo.
Pete asiente y les deja a su aire. Entra a la cocina, besa a Sarah y se sirve café.
-¿Para cuántas personas será eso? -pregunta señalando la masa que ahora Sarah moldea como cuadrados y pone en bandejas de hornear.
-No estoy segura -admite ella. -Tu sabes que todas las recetas del Abuelo Sam son para alimentar tropas. Pero quiero que comamos sin preocupación y quede para Carole y Bradley el lunes.
Pete asiente, es una buena idea. Pone un par de rebanadas de pan en la tostadora y saca la jalea del refrigerador.
-¿Quieres ir a la playa? -pregunta entre bocados. Le gusta la paz que tienen dentro de esta pequeña burbuja, pero Sarah está pálida, necesita tomar el sol.
Ella hace una mueca.
-Es fin de semana antes del Día de los Caídos, la playa debe estar repleta.
-Podemos ir a la caleta, ¿no Mav? -dice Tom desde la escalera.
Pete se queda sin palabras un momento. Tom Kazansky baja las escaleras de su casa un sábado en la mañana, descalzo, sin peinarse, con una camiseta vieja y shorts súper cortos. Si, esta es una visión divina.
Sale de su alelamiento con un codazo de Sarah.
-Cierra la boca, que se te cae la baba -dice burlona.
Pete va a decir algo, pero ahora Tom se inclina entre los niños: Jake y Sam sueltan chillidos alegres y trepan sobre él. Es el tipo de ensueño doméstico que nunca se atrevió a desear.
De nuevo Sarah corta la epifanía, ahora con el flash de su cámara fotográfica.
-¿Qué haces? -se horroriza Pete.
-Relájate Mav, no pasa nada. Tu amigo está jugando con su hija y tu hijo. No habrá nada incriminatorio en la foto.
Pete lo piensa un instante y asiente. El pánico retrocede con el argumento de Sarah.
-Disculpa.
Ella sonríe, baja la cámara y regresa a moldear pastas.
De todos modos, Mav no puede evitar mirar la cámara con inquietud. Es una precaución profundamente incorporada en sus vidas: nada de fotos espontáneas. Todos sus recuerdos familiares están cuidadosamente curados para representar la imagen más convencional posible.
Ice no dice nada, aunque por supuesto que sabe lo que ella hizo. Solo deja a los bebés en el suelo y se acerca para servirse su propio desayuno. Se sienta al lado de Mav y le pone una mano en el muslo de modo casual.
-Entonces -dice como si el pequeño momento de pánico no hubiera ocurrido- ¿vamos a la caleta después que termines de hornear?
En lo que terminan en la cocina, Sarah hace varias fotos más. Luego, precavida, pone un rollo nuevo a la cámara antes de que carguen el carro y salgan hacia la caleta. Como supusieron Ice y Mav, el sitio está vacío. La llaman caleta, pero es una playa de arena fina, solo que tan pequeña y remota que la carretera de acceso es poco más que un sendero de tierra.
-¿Cómo la descubrieron? -pregunta Sarah mientras usa su cámara para registrar el hermoso contraste entre la vegetación y la arena.
-Un día salimos en la moto al azar -le cuenta Mav mientras descarga las sillas plegables-. Salimos con la idea de avanzar hacia el norte y desviarnos cada vez que viéramos una salida más pequeña que la ruta en la que estábamos. Después de siete u ocho cambios por caminos cada vez más estrechos y descuidados acabamos aquí. Luego el reto fue encontrar una ruta directa.
-No -rectifica Ice que tiene cargados a los bebés-. El reto fue regresar a Miramar. Estábamos perdidos.
-¿Acaso dudas de mi sentido de la orientación Kazansky? ¡Soy un piloto!
-Precisamente, solo puedes orientarte en el aire. En tierra eres una amenaza, Maverick.
Pete le lanza un beso.
-Y me amas por eso.
Terminan de instalar sillas y sombrillas, se embadurnan de protector solar y Ice se va al mar con Jake y Sam. Mav y Sarah se quedan tumbados, disfrutando de la briza salobre.
-¿Entonces? ¿Cómo fue tu primer evento formal como “pareja de Ice”?
Sarah le da un golpecito amigable en el hombro.
-Eres un hombre malo, Pete Mitchell. Me hiciste creer que fingir ser su novia sería fácil.
-¿No fue fácil?
-No, no fue fácil evitar dormirme con esas conversaciones. Me mantuve alerta porque debía proteger la virtud de Tom, todas las esposas de nivel 07 para arriba se lo comían con los ojos. La esposa del comodoro Tolkan no dejaba de pedir detalles del evento Layton. ¡Por favor! Era la ceremonia de promoción de su marido. Lo dejé solo tres minutos, te juro que tres minutos nada más para buscar bebidas. Cuando regreso está rodeado de mujeres, Leyla Tolkan le acariciaba el antebrazo diciendo algo sobre lo suave que tenía la piel.
-¿Qué hiciste?
-Llegué, le pasé el brazo por la cintura a Ice, la miré a los ojos y dije. “Cariño, ¿crees que podamos irnos pronto? La niñera nos cobra doble después de las ocho.” Casi escupe su trago.
Pete se carcajea. Puede imaginar a la Leyla Tolkan y el resto de sus amigas con los rostros congestionados de rabia. Son una claque famosa en la marina porque disfrutan de acosar a los jóvenes oficiales solteros. Sin dudas la singularidad de Ice, sin anillo y con hija, les puso frente a sus propias incoherencias morales.
-¿Y nadie les dijo algo agradable?
-Si. El capitán Metcalf se interesó por nosotros con mucha amabilidad.
-¿Viper estaba ahí?
-Ajá. Le preguntó a Tom cómo era eso de tener una hija y no hacerse responsable, “hasta Maverick es capaz de hacer lo correcto en esos casos, Ice”, le espetó.
-Oh, no -Pete gira la mirada hacia la orilla, donde Tom juega con Jake y Sam ajeno a la charla. -Eso tiene que haberle dolido.
-Exacto, vi su mano tensarse alrededor del vaso, ¡pensé que lo iba a romper! Así que dije “Disculpe capitán, pero usted no tiene derecho a juzgar nuestra relación. Que Tom y yo no estemos casados no lo hace un mal padre, me hace a mí una mujer independiente.”
-¿Qué dijo Viper? -Mav no puede imaginar que un hombre de la generación del capitán Metcalf acepte que una mujer tenga una hija de un hombre decente y decida no casarse.
-Me miró con sorpresa y se echó a reír. Se giró hacia Ice y te juro que le brillaban los ojos “Así que encontraste una que te lleva con la rienda corta” dijo, “Muy bien, las mujeres así son difíciles de encontrar. Cuando decidan asentarse, recuerden que Top Gun es una buena comunidad para criar familias.”
Pete lanza un silbido.
-Es una invitación con impresión a relieve y corazoncitos pintados.
Ella asiente y suspira.
-Nunca pensé que perderme en mis propias mentiras fuera tan fácil.
-¿Qué quieres decir?
-Mira, hacemos esto para que Ice evite preguntas incómodas en eventos públicos, pero incluso cuando andamos por la calle me toma de la mano. No se limita a mandar dinero para Sam, también manda cartas y ella de verdad piensa que es su padre. Con Ice sé que no hay expectativas, que somos solo buenos amigos que se ayudan y… Me es fácil imaginar un futuro en que dejo el trabajo de comadrona itinerante y vivimos juntos. Yo se que está mal, pero, sí, eso. Tu novio es un perfecto caballero y me pierdo en la fantasía de ser su esposa.
Pete la mira con asombro. No puede imaginar el valor que tuvo que reunir Sarah para hacer esta confesión.
-¿Ensayaste lo que me acabas de decir?
Ella está mirando al mar, se muerde los labios y asiente.
Pete también mira al mar, pero su mente está un poco más lejos, en Washington y los recién terminados debates en el Comité de Servicios a las Fuerzas Armadas de la Cámara sobre la aceptación de homosexuales en el ejército. Está seguro de que esas transmisiones tuvieron los mayores índices de teleaudiencia en mucho tiempo dentro de la comunidad militar.
Sabe que la mayoría del personal en activo se adhiere al criterio que resume Viper en su discurso anual de bienvenida a Top Gun: “las políticas son cosas de los políticos, nos corresponde ejecutarlas y nada más”. Eso se traduce en ignorar los debates legislativos y las promesas de campaña, ser amables durante las visitas de representantes electos a bases, campos de entrenamientos o centros de investigación y, si llegas a tener tres o cuatro estrellas, tragar bilis y hacer lo posible por evitar puñaladas políticas.
Estos debates fueron algo diferente: no se trataban del presupuesto o de cómo tratar prisioneros de guerra, sino de la identidad de las personas dentro de las filas. Dentro de la vida militar, todo el mundo conoce a alguien de quien sabe, o sospecha, que no es estrictamente heterosexual. Hay redes de solidaridad y de chantaje que corren paralelas a través de la vasta comunidad del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, acceder a una y evitar caer en la otra demanda mucho cuidado, pero también suerte. El impacto de esas políticas de recursos humanos del Departamento de Defensa se extiende más allá de sus oficinas, a través de las familias que perderán sustento y honor con un ticket azul.
Pete y Tom llevan años en esa doble vida. Es agotador y frustrante, es… bueno, Jake crecerá creyendo que Ice es el mejor amigo de su padre por culpa de esas políticas, así que es horrible. Vio los debates en el Comité de Servicios a las Fuerzas Armadas de la Cámara con un nivel de cinismo que le sorprendió. No esperaba nada positivo del asunto, de hecho, siente que una nube oscura se cierne sobre sus cabezas.
Y luego están las ambiciones de Tom “Iceman” Kazansky.
Pete no tiene interés alguno en ascender mucho más en la cadena de mando, solo quiere volar rápido y hacer todo lo posible por traer de vuelta a quienes vuelen bajo sus órdenes. Tom, en cambio… Como le dijo a Ray hace unos años, todo el que lo conoce sabe que llegará a almirante. Así que, por amor, Pete hará lo que corresponde a una buena pareja militar -Goose se ríe de él en algún lugar del cielo, está seguro-, no será un obstáculo en los planes de ascenso de su novio y siempre que pueda moverá los mecanismos en su favor.
Mira a Sara a través de sus gafas oscuras. Ella espera enfado, celos, recriminaciones por sus sentimientos. Pete no encuentra ninguna de esas cosas en su interior. Es imposible no amar a Ice, y solo siente admiración por el valor que requiere confesar semejante cosa. Piensa, no por primera vez, que Sarah Seresin es un regalo inconmensurable.
-¿Qué se supone que haga ahora? -le pregunta al fin.
Ella se vuelve a mirarlo con expresión de asombro.
-¿No es obvio? Que convenzas a Ice de terminar este arreglo y alejarse de mí. Soy una amenaza para ustedes. Te lo dije hace dos años y aquí tienes la prueba. A ti te escuchará Mav.
-No, no haré eso -un plan empieza a formarse en su cabeza, pero no es momento de revelarlo.
Se levanta de un movimiento fluido.
-Ven, vamos a nadar. Necesitas relajarte Sarah.
Domingo 23 de mayo
La iglesia está bella, con decoraciones en blanco y melocotón que resaltan el ambiente primaveral. Lástima que no tenga aire acondicionado. Carole agita su abanico con cansancio y mira de reojo a Bradley, muy quieto a su lado.
Ayer fue un día incómodo. Llegaron a la iglesia para el ensayo a tiempo, y -de acuerdo con las instrucciones de Page, la organizadora- con ropas del mismo color que las que usarían en la boda. Ella de azul claro, Brad con traje negro y corbata del mismo tono. Luego se sentó donde le indicaron e hizo todo lo posible por ocultar su aburrimiento analizando con cuidado las decoraciones interiores del templo.
El problema fue con Bradley, que a los cinco minutos se había salido de la sección infantil -en las últimas bancas de la iglesia-, le dijo “Permiso” al primo Brendan con cara muy seria y se sentó junto a ella. La coordinadora paró a la novia y corrió hacia su banco.
-Disculpe señora…
-Bradshaw, Carole Bradshaw -le apuntó con tono frío, porque ya imaginaba lo que saldría de la boca de Page.
-Ajá. ¿Puedo llamarla Carole?
-No, no puede.
-De acuerdo. Mire señora Bradshaw, el niño no puede estar aquí.
-En el banco hay espacio y no molesta a nadie.
-Es un asunto de la visión en conjunto de la boda. Estamos filmando la ceremonia y el espacio que deja la diferencia de altura entre su hijo y los adultos a sus lados es poco estética. Por eso pusimos a todos los niños en la parte de atrás.
Carole miró de refilón a Bradley, que tenía los ojos bajos y los puños apretados. No sabía qué había pasado en el patio la tarde del viernes, pero no fue bueno, porque le comentó que era una suerte que Mav y Jake se quedaran en Miramar. Ahora, Brad prefería estar junto a ella que con el resto de los niños del clan Abbott. Carole sabe muy bien dónde están sus prioridades.
-Entiendo -Page sonrió aliviada y empezó a decir.
-Muy bien, niño, ven conmigo a… -pero Carole la interrumpió.
-Él no va a ningún lado -se giró hacia el otro lado del banco, donde diez parientes la miraban sin comprender. -Pásenme sus libros de himnos -dijo en su mejor voz de jefa de enfermeras de sala de emergencias.
Mientras los parientes pasaban de mano en mano los libros de himnos, Carole también sacó los libros correspondientes a los asientos de Bradley y ella de sus bastidores.
-De pie Bradley.
Carole acomodó los doce volúmenes en el banco y luego ayudó a su hijo a sentarse encima. Sus caras quedaron frente a frente. Su hijo sonrió aliviado, y ella se sintió orgullosa. Se volvió hacia Page.
-Anote ahí -señaló al clipboard de la coordinadora con el dedo- que mañana para la ceremonia de deben poner aquí una pieza de ocho pulgadas de altura. No queremos estropear las propiedades de la iglesia más de lo estrictamente necesario ¿verdad?
La coordinadora le dedicó una sonrisa estrangulada, asintió y se fue en busca de la novia.
-¡Empezamos desde arriba! ¿Música?
La cena del ensayo fue igual: Bradley se sentó a su lado, y se las arregló para impresionar a los otros adultos de la mesa por sus modales y cuidadosas opiniones sobre la superioridad de la leche con chocolate sobre el café con leche. Su presencia previno que emergieran temas como política o sexo. Mientras reían, Carole notó las miradas que le lanzaban a su hijo desde a mesa de los niños. Las de Chad, el insoportable hijo de su hermano Richard y Tracy Morgan, eran de puro odio, pero el resto de los varones tenía una extraña mezcla de temor y envidia en sus rostros. Las niñas, en cambio, miraban a Bradley con hambre, y eso fue lo que más la preocupó.
Al llegar al hotel trató de descubrir de nuevo qué había pasado el viernes en el patio, pero solo consiguió una frase críptica: “Apliqué una lección de Mav.” No la tranquilizó.
Ahora están en la iglesia de nuevo, Carole siente calor y fastidio. Mueve el abanico otra vez y mira a Bradley, tan serio a su lado. Creyó que su hijo se sentiría feliz al saber que tiene una familia grande en Texas, pero sigue con la expresión de fastidio y ansiedad que ha tenido desde que comprendió que Mav y Jake no podían subir al avión. Ella misma no sabe qué esperaba del reencuentro con su familia después de casi cinco años, pero no era esta sensación de que no tienen nada en común de que hablar.
Se escuchan las primeras notas de la marcha nupcial y se levantan para recibir a la novia. Mientras su prima avanza por la galería, Carole es capaz de olvidar su angustia: Priscila está hermosa con su traje color melocotón y su velo bordado de mariposas rojas y amarillas. Llega al altar, el pastor hace un breve discurso sobre amor, decencia, fidelidad, tradición, plan divino, y, finalmente les pide que reciten sus votos.
Carole los escucha y se da cuenta de que no siente nada. Todas estas personas, dos tercios de las cuales son sus familiares, ya no significan nada para ella. Su vida está en California, con Maverick, Jake, Iceman, Sarah y Sam. Slider, llama a la casa cada mes y siempre tiene una aventura divertida que contarle a Brad. ¿Cuándo fue la última vez que alguien de su familia la llamó por teléfono?
Una semana después del funeral de Goose, su hermano Richard llamó a preguntarle cuándo regresaría a Fredericksburg. Ella miró al sofá, donde Brad se había dormido al fin en los brazos de Pete y dijo que no sabía. Notó el desencanto al otro extremo de la línea como un soplo de aire frío. Richard y Nick no se caían muy bien, pero a ella no le importaba porque sabía que su hermano era, como toda la familia, pueblerino y aburrido. Se dio cuenta de que en Miramar había recuerdos horribles, pero también un espacio suyo, donde podía hacerse una vida sin la sombra del apellido Abbott.
Richard no volvió a llamar.
Su abuela le manda postales por navidad y el cumpleaños del niño.
La ceremonia se le hace infinita a Carole.
La fiesta es bonita. Sus primos la invitan a bailar, como corresponde. Ella da vueltas y ríe, pero le fastidia tener que vigilar que las manos no pasen al sur de su cintura. Cuando sale con Pete -tienen dos niños pequeños, salir es un eufemismo para referirse a las ceremonias de graduación de Top Gun- eso no pasa.
Al fin, cuando va a buscar más limonada a la mesa del buffet, alguien le hace la pregunta que ha esperado todo el fin de semana.
-Bueno, ¿y no te piensas casarte de nuevo? Tu historia con ese tal Mitchell parece seria.
Abre la boca para decir alguna vaguedad, pero Brad aparece todo sudoroso y se le abraza a la cintura. Automáticamente le pone una mano en el hombro y lo siente temblar. Tiene una visión repentina, si ella hubiera muerto, y no Nick, su hermano podría haber reclamado la custodia y ahora Bradley sería hermano de Chad. ¿Hermano, cómplice de sus abusos o víctima constante?
La nausea le sube de pronto a la boca.
-¿Carole? -pregunta el primo de turno, Chip, ¿o Ted?
No lo escucha porque de repente se da cuenta que su familia -la que ha construido con Pete y Tom- es extremadamente frágil. No puede seguir aquí, rodeada de esta gente que ya no conoce, pero tiene un poder real sobre Brad. Tiene que regresar a California. ¡Ya!
Se le ocurre que este viaje no fue un error. Sabía en su corazón que ya nunca podría regresar a Texas, pero tenía que comprobarlo, cortar amarras.
Mira su reloj haciendo cálculos mentales: llegar al hotel, recoger todo, manejar hasta una hora hasta San Antonio, buscar un hotel.
Deja el vaso de limonada sobre la mesa.
-Vámonos Brad.
No se despiden de nadie.
Lunes 24 de mayo
El timbre del teléfono es persistente, Pete estira la mano a ciegas en busca del auricular y responde sin abrir los ojos.
-Mitchell.
-Una mujer está volando hacia ti.
El tono urgente de Ray Seresin lo despeja como si se tratara de un chorro de agua fría. Pete se sienta en la cama, lo que despierta a Tom.
-¿Qué pasa?
-Es tu hermano -dice señalando el teléfono.
-Una mujer vuela hacia ti con una propuesta Mitchell -repite Ray. -Es una propuesta que no puedes rechazar.
-Tener un vidente en la familia no es tan divertido como lo hacen parecer en la ficción -se queja Mav y bosteza. -Buenos días para ti también, querido cuñado.
Ray gruñe. Hay ruido de voces y estruendos metálicos en el trasfondo de la llamada.
-Me metí en la tienda del pueblo para llamarte. Están construyendo, pero el teléfono público funciona.
-Okay. Esa mujer que vuela, ¿tienes idea de cuándo llegará?
-Hoy.
-Eso explica tu premura en llamar, de acuerdo.
-Ponme a Tom -ordena Ray, y Pete obedece.
Ice toma el auricular con un poco de miedo. Ray y él mantienen sus comunicaciones al mínimo para evitar preguntas incómodas, que podrían llevar a un interés inoportuno en Rachel Seresin.
-Te escucho.
-Mav te habló de algo anoche, algo que te molestó.
Tom siente que el corazón se le detiene. Es cierto que lo que Pete le dijo anoche fue desagradable, pero Ice no cree que sea algo por lo que deban terminar su relación. No le importa que Ray sepa de la falta de escrúpulos morales de su pareja a través de su extraña conexión con el universo. Pete y él pueden hablar sobre eso, crecer. No dejará a su pareja de siete años, al padre de su hijo, solo porque considera el sexo una herramienta legítima para ascender en la vida. Suspira.
-Si, anoche dijo cosas un poco… -¿cómo definir elegantemente su idea?- atrevidas. Pero debes entender, Ray, que…
-Acéptalo -le corta su hermano.
-Disculpa, ¿puedes repetir eso? Porque entendí…
-Dije acéptalo. Acepta su plan. Va a funcionar.
-¿Tienes idea de qué me propuso?
-No.
-Pero debo aceptarlo.
-Si.
Tom extiende una mano y toca el muslo de Pete. El calor de su carne le permite centrarse. Sabe que con la mitad de la conversación que puede oír, ya Mav comprendió de qué hablan.
-Y en esta visión que tuviste, ¿seremos felices o algo así?
Ray suelta una risa amarga.
-Mis visiones rara vez muestran felicidad, Tommy. Solo se que aceptar el plan de Maverick es el mejor de los malos escenarios que se te ofrecen. Porque un hombre trans no llega a ser almirante de la Marina de Guerra de los Estados Unidos solo con talento y bondad.
Si, piensa Tom, definitivamente el tipo de escenario donde necesitas una profecía para atreverte a… ¡No! Ni siquiera pensará la palabra hasta que sea estrictamente necesario.
-De acuerdo.
-Bien, debo irme. Estoy ayudando a Walter con una vaca perdida.
-¿No puedes usar tus poderes para localizarla?
-Lo intenté. No tengo idea de dónde está la vaca, pero ahora se que morirá dentro de cinco años, tres meses y dos días. De un infarto.
-¿Infarto?
-Esta es mi vida. Espero que la tuya sea mejor, hermano -y cuelga.
Tom se queda escuchando el tono de desconexión por unos segundos. Pete le quita el auricular de la mano y lo coloca en la horquilla del teléfono.
-Ice, ¿estás bien? -pregunta Mav.
El rubio se mesa los cabellos, traga en seco y asiente. No puede hablar de eso ahora.
-¿A qué hora llega el vuelo de Carole?
Pete no protesta por el brusco cambio de tema.
-A las once, -mira el reloj despertador junto al teléfono- son apenas las siete. ¿Podemos dormir un poco más?
Ice lo mira despacio: Mav solo lleva puesto boxers, y su pecho bien delineado tiene un tono dorado por la luz solar que se filtra a través de las ventanas. Sin permitirse pensar, se inclina y atrapa entre sus labios el pezón derecho de su pareja.
-¡Oh! -dice Mav, y enseguida se cubre la boca con una mano, porque no pueden arriesgarse a despertar a los niños.
¿No es esa una imagen hermosa? Tienen que hacer el amor en silencio para no despertar a Jake y Sam. Tom descubre que lo doméstico de su situación lo exita. A tientas busca la mano de Pete y la lleva a su entrepierna, ya húmeda. Dos dedos lo penetran enseguida, mientras el pulgar masajea su clítoris. Sigue chupando el pezón y toma el pene de Mav entre sus manos.
-Ice -gime Pete-, si, eso mismo.
Tom empieza a mover su mano libre, busca entre las sábanas con torpeza hasta que se da por vencido y separa la cara del pecho de su amante.
-¿Por qué paras? -se queja Pete.
Pero Tom ya encontró el dildo y se apresura a lubricarlo con sus fluidos vaginales, así que sobran las palabras.
-Si, si, vamos -le apura Mav mientras se recuesta y abre las piernas.
Lo penetra de una sola vez. Pete se muerde la muñeca para acallar su gemido, arquea el torso y un sudor frío se le empapa la frente. Tom cabalga uno de los duros muslos de Pete para perseguir su propio orgasmo mientras mueve el dildo al mismo ritmo. Pete deja de morderse, y atrae a Tom para besarlo.
Acaban juntos.
Pete se limpia el semen del vientre con una esquina de la sábana y gira un poco para mirarlo de frente.
-¿Mejor ahora?
-Si.
-Bien. Tratemos de dormir un poco más.
-Respecto a lo que me dijiste anoche… -pero Pete le pone un dedo en los labios para hacerlo callar.
-Después ¿si? Vamos a imaginar que tenemos una vida burguesa y convencional: que hacemos el amor mordiendo almohadas para no despertar a los niños, que llevarás a Jake a la guardería mañana y pelearemos por el color de la pared de la cocina. Dame eso, por favor.
Aún en la penumbra de la habitación, Tom nota que los ojos verdes de Mav están húmedos.
-Claro cariño, claro que te puedo dar eso. Todo lo que quieras te daré. La cocina será del color que prefieras. Lo prometo.
Vuelven a despertar a las nueve.
A las diez, Pete sale hacia el aeropuerto de San Diego para recibir a Carole y Bradley.
A las once y veinte, Pete está en la puerta de salida número cinco. Cuando Bradley y Carole lo ven, corren hacia él con a desesperación de dos personas que han pasado un fin de semana infernal. Bradley salta a los brazos de Mav y este le da una vuelta en el aire antes de ponerlo de nuevo en el suelo. Se gira hacia Carole, que se quedó un poco atrás, luchando con las maletas. Ella tiene una sonrisa que iluminaría un estadio, pero está tan enfocada en Pete que no presta mucha atención a su camino.
El pie derecho de Carole choca con una maleta, cuando pierde el equilibrio, trata de recuperarlo al adelantar la pierna izquierda y abrir los brazos, pero solo logra lanzarse hacia delante. Pete corre a atraparla, pero el impulso que trae Carole hace que caigan al suelo.
Ella ríe, divertida.
-Primera vez que tengo un aterrizaje forzoso.
-Primera vez que una mujer vuela hacia mi sin aviso -repone él y recuerda la llamada urgente de esa mañana.
-Oye, Pete.
-¿Si, Carole?
-Ya que estamos, ¿te quieres casar conmigo?
-Pues… -pestañea sorprendido.
-Por favor, Mav, quiero que seas mi papá, pero no la beses -interrumpe Bradley. -Los besos son repugnantes.
La pareja ríe, y la gente alrededor, que cree estar presenciando una propuesta poco ortodoxa, aplaude.
CAPÍTULO 6: 1994: http://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/la-culpa-es-del-conejito-6.html
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NOTA:
"No preguntes, no digas" (en inglés "Don't ask, don't tell", DADT) fue
la política oficial de los Estados Unidos sobre el servicio militar de
personas no heterosexuales, instituida durante la administración
Clinton. La política se emitió bajo la Directiva 1304.26 del
Departamento de Defensa el 21 de diciembre de 1993 y estuvo vigente
desde el 28 de febrero de 1994 hasta el 20 de septiembre de 2011.
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