28 de agosto de 2023

CINCO VECES MAS UNA 1

 Cinco veces que el pasado regresó a fastidiarles y una vez que les dio felicidad


Fandoms:
Top Gun (Movies), Law & Order: SVU

Relaciones:
Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell

Personajes:
Sarah Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Elliot Stabler, Olivia Benson, John Munch, Donald Cragen, Monique Jeffries, Brian Cassidy, Bradley "Rooster" Bradshaw

Etiquetas adicionales:
Crossover, 5+1 Things 

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-3-cinco.html

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Capítulo 1: Cuando atraparon al agresor de Sarah 

Sumario:
Marzo 2000. Mientras investigan los crímenes de un marinero, el equipo de SVU duda si la relación entre Tom y Sarah Kazansky es realmente consensual

Sede del Escuadrón de Víctimas Especiales, martes 21 de marzo de 2000

Están frente al mural con las pitas y evidencias conectadas por cintas que conducen a un nombre: Troy Manning, teniente de la Marina, asignado al USS Enterprise en los últimos diez años como técnico de artillería. Cragen luce optimista, pero cauteloso.  

-¿Entonces lo tenemos todo para pasar el caso a fiscalía?

Stabler asiente.

-No hay ADN, pero si cámaras de seguridad, testimonios de dos víctimas en New York, otras tres…

-Cinco -lo corrige Benson.

-Otras cinco víctimas de diferentes ciudades dispuestas a dar testimonio -continua él-, la coincidencia entre los ataques y la presencia del USS Enterprise en el área, y las drogas de acceso restringido que tenía en su posesión.

-Pero aún no sabemos cómo obtuvo las drogas -lamenta el capitán.

-No -admite Benson. -Sospechamos que alguien de la Marina, pero no tenemos jurisdicción ahí.

-Y no nos abrirán las puertas -advierte Munch sin levantar los ojos del expediente que estudia. -De hecho, es extraño que no estén ya aquí, reclamando jurisdicción militar.

-Ah -Cragen hace una mueca despectiva. -Seguro la policía militar no quiere ensuciarse las manos. Nos dejan al pervertido, pero no podemos estudiar sus contactos en la Marina y acusar a sus cómplices. Porque Manning no pudo hacerlo todo esto solo -señala el patrón de movimientos que reconstruyó el equipo de SVU en la última semana.

-Hablando de sus cómplices -interviene Munch-, he estado pensando en lo que dijo de hizo “lo que debía hacer”. ¿No les suena como una frase de culto? ¿Cómo que sigue los pasos de alguien?

Cragen lo mira con una ceja levantada.

-¿Sugieres que es un imitador?

-O que es un discípulo -asiente Munch. -Después de todo la estructura militar es ideal para reclutar gente dispuesta a la obedecer las instrucciones más locas, o repugnantes.

Stabler y Cragen, ambos veteranos, se miran incómodos, pero esta vez no pueden rechazar la idea de su colega de modo automático.

-Sigue -le alienta el capitán.

-Me pregunto si podemos llegar a sus cómplices mirando hacia atrás en el tiempo, en lugar de tratando de ganarle al equipo legal de la Marina para acceder al círculo social actual de Manning.

-No es mala idea -opina Benson con expresión reflexiva. -Capitán, si hay alguna posibilidad de encontrar a otro asaltante, o al menos a otras víctimas…

Cragen asiente.

-¡Muy bien! Jeffries, acabamos de encontrarte algo que hacer hasta que sane ese tobillo: peina los archivos de los últimos diez años en busca de casos similares. Ya conocemos el patrón, así que debería ser fácil recuperar los reportes.

Ella asiente y se mueve en la silla giratoria hacia su estación de trabajo.

-Cassidy.

El joven detective levanta la cabeza, ansioso por recibir una tarea.

-Lo tuyo es evitar que Jeffries se las arregle para hacer de esto una tarea física. Se que los archivos están digitalizados a partir de 1995, pero tu deberás traerle las cajas de los años noventa al noventa y cuatro. ¿De acuerdo?

 

Archivos de la Policía de New York, viernes 24 de marzo de 2000

-Esta es la última caja -informa Cassidy mientras la acomoda junto a la mesa donde Jeffries estudia papeles amarillentos. -Crímenes sexuales sin resolver, enero y febrero de 1990. ¿Necesitas algo más? ¿Café? ¿Agua?

-Un bate, para golpear las bolas de los oficiales que procesaron estos casos -responde Monique sin levantar los ojos.

Cassidy suelta una carcajada, pero ignora el comentario. Todo el equipo se ha sentido así alguna vez, al interactuar con oficiales de otras ramas, cuya sensibilidad hacia la violencia sexual es inexistente. Empieza a tomar su chaqueta cuando un ruido de la mesa lo detiene.

Monique tiene una carpeta abierta en la mano derecha y la izquierda en la mesa, con el dedo índice marcando una fecha en un formulario. Sus ojos se mueven desesperadamente entre un documento y otro.

-¿Encontraste algo?

-Creo que si… -luego estalla- ¡Malditos hijos de puta!

 

Sede del Escuadrón de Víctimas Especiales, viernes 24 de marzo de 2000

Están de nuevo alrededor de la pizarra con las fotos, notas y conexiones. Jeffries y Cassidy han agregado toda una nueva sección, con casos que sospechan se deben a Manning o sus cómplices en los años 1990, 1994 y 1997.

-El único del que estoy completamente segura es el de julio de 1990 -explica Monique. -La descripción de la víctima es idéntica al de los ocho casos que tenemos confirmados. Después de beber algo inocuo sintió que estaba fuera de su cuerpo, como en trance. Su atacante estaba frente a ella, pero no podía distinguir su rostro, solo recuerda que era rubio y tenía uniforme blanco de la marina.  

-Y ella encaja en el patrón -agrega Brian. -Sarah Seresin era una joven de claro biotipo indígena, de veinte años recién cumplidos. Estaba celebrando con sus amigas la graduación del curso de enfermería y comadronaje. 

-¿El USS Enterprise estaba en New York en esos días? -inquiere Cragen.

-No, en New Jersey, para reparaciones.

-Lo suficientemente cerca -asiente el capitán. -¿Qué sabemos de la víctima?

-Que los oficiales que le tomaron declaración se rieron de ella -responde Jeffries con rabia. -¡Mire esto! Le preguntaron si había comido algún hongo de su tribu. No hay ningún seguimiento, no hay kit de asalto sexual. ¡Nada!

Stabler gruñe y cierra los puños. Luego se fuerza a respirar muy despacio para calmarse.

-¿Pero dónde está ahora? -insiste Cragen.

-No lo sabemos señor -admite Brian.

-Muy bien -suspira el capitán. -Ya es tarde y tenemos otros casos. Munch, quiero que empieces a buscarla el lunes. Fue a algún sitio, con suerte está viva y quiere ayudar a poner a ese monstruo tras las rejas.

 

Sede del Escuadrón de Víctimas Especiales, lunes 27 de marzo de 2000

-Jum.

Olivia deja en la mesa el formulario que estaba llenando y mira a Munch. Tras más de seis meses trabajando con el hombre, sabe bastante de sus ruidos. Este gruñido significa “veo algo que no me gusta”.

-¿Encontraste a Sarah Seresin?

-Creo que si -asiente él sin despegar los ojos de la pantalla de su computadora. -Pero no se si pueda hablarnos del caso.

-¿Está muerta?

-No, goza de buena salud. Vive en San Diego desde 1994 -pero el tono de Munch no es tranquilizador. -Tardé en encontrarla porque se casó y cambió de apellido, ahora es Sarah Kazansky. El problema es que tiene una hija de nueve años… 

Olivia hace un rápido cálculo mental y hace una mueca contrariada. ¡Diablos! Munch no ha terminado.

-… cuya acta de nacimiento lista a Tom Kazansky como padre de su hija.

-Eso es extraño -admite.

La detective se levanta y va hacia la mesa de Munch.

-¿Tal vez tenían una relación previa y él decidió apoyarla?

Munch hace un movimiento negativo con la cabeza y aprieta los labios.

-Tom Kazansky es piloto de la Marina. En 1990 estaba asignado al USS Enterprise y pasó la semana del ocho al catorce de julio en New York. Nueve meses después está en Chicago, para el nacimiento de la bebé de Sarah. ¿No te parece sospechoso?

-¡Vamos a ver a Cragen!

 

Sede del Escuadrón de Víctimas Especiales, miércoles 29 de marzo de 2000

Elliot ve al oficial avanzar a través de las mesas del precinto y se le erizaron los pelos de la nuca. En sus años como marine aprendió a reconocer rápidamente a los asistentes, y este es un chico de afiche, con su uniforme blanco bien planchadito y la gorra brillante. Se levanta sin pensarlo y le interrumpe el paso.

-¿Puedo ayudarlo? -dice sin pizca de simpatía.

El otro no se inmuta por su agresividad.

-Teniente Jeremy Novak, de Operaciones de la Marina -responde sonriente. -Detective Stabler, ¿no? Supimos que su escuadrón andaba preguntando sobre una familia nuestra.

Elliot hace una mueca. Si, el escuadrón ha estado preguntando, porque la historia de Sarah Seresin, ahora Kazansky, simplemente no encaja. Cragen siguió los canales oficiales con poca esperanza de obtener el expediente de Kazansky y hacer referencia cruzadas con los ataques de Manning. Elliot llamó algunos de sus viejos contactos en la Marina para saber sobre su meteórica carrera. Sabe que Munch hizo lo mismo a través de su red de conspiranoicos y espías verdaderos. Sin embargo, no esperaba una respuesta tan frontal de la institución.

-Si vienes aquí a intimidarnos…

-¿Stabler? -el tono de Cragen es tanto una pregunta como una advertencia.

La sonrisa del tenientico se hace mayor aún -¿cómo es eso posible?- mientras rodea al detective y se dirige a la puerta de la oficina del capitán.

-Capitán Cragen -dice con la mano extendida. -Soy el teniente Jeremy Novak, de Operaciones de la Marina. Estoy aquí por el interés de su escuadrón en Tom Kazansky y su esposa.

Pero Elliot no se deja ignorar tan fácilmente, sigue a Novak y entra sin ser invitado a la oficina de Cragen. Su jefe le dedica una mirada exasperada, pero no le ordena marcharse.

-Siéntese, Novak -el oficial le obedece y se pone la gorra sobre el centro de los muslos con precisión matemática.

-Gracias.

Stabler ocupa la otra silla frente al buró del capitán.

-¿Qué puedo hacer por usted?

-Puede decirme qué le lleva a indagar sobre la familia del contralmirante Kazansky. Creíamos que ustedes ya se habían llevado su miembro de la Marina de este año y se volverían contra el Ejército o la Fuerza Aérea.

A pesar de la dureza de su voz, Novak sonríe como un muñeco Kent. Pero Cragen no se deja intimidar.

-El caso del teniente Manning sigue abierto, queremos cubrir todas las bases.

Novak entrecierra los ojos.

-Me parece extraño que, para cubrir todas las bases, empiecen a rastrear a un aviador condecorado que apenas se cruzó con él, y no el círculo más cercano del acusado.

-Vamos a donde la investigación nos lleve -repone Cragen con sonrisa hipócrita.

-La investigación no les llevará muy lejos, si choca con los intereses de seguridad nacional.

Stabler no puede contener su sorpresa.

-¿¡Qué!?

El teniente se gira a mirarlo directamente. Su rostro se ha convertido en una máscara despectiva.

-La Marina solo puede tener ciento sesenta contralmirantes. No se regala el rango, y cuidamos bien a esos oficiales y sus familias. Kazansky pasó los más estrictos controles internos y externos antes de ser confirmado. Sí, tiene esqueletos en el armario, pero no es cómplice de Manning -se gira hacia el capitán. -Considere esto una visita de cortesía -se levanta y empieza a ponerse la gorra. -¿Algo más en lo que pueda ayudarles?

-Ya que lo menciona -el capitán lo detiene con un gesto-, creemos que Sarah Kazansky puede tener información pertinente sobre el caso.

Novak pestañea un par de veces y mira a Cragen con una mezcla de incredulidad y admiración. Finalmente suspira y es la primera vez que habla como si cumpliera órdenes que no le agradan.

-Llegará mañana en la tarde a pasar el fin de semana en la ciudad. Está dispuesta a hablarles, extraoficialmente -hace énfasis en la palabra-, el viernes en la mañana. Hotel “The Mark”. Llega con sus hijos, así que sean discretos.

 

Hotel “The Mark”, esquina de E 77th St y Madison Ave, viernes 31 de marzo de 2000

-¿Habías estado aquí antes? -pregunta Olivia mientras suben en el elevador.

Elliot mueve los hombros con incomodidad y sacude la cabeza.

-Muy por encima de mi presupuesto, y del presupuesto de un contralmirante y su esposa profesora de una universidad pública.

Ella asiente y no dicen nada más hasta llegar a la puerta de la suite.

Les abre un adolescente alto y fornido, pero de rostro aún tierno. Debe tener quince o dieciséis años.

-¿Si?

-Somos los oficiales Benson y Stabler -empieza a decir ella mientras muestra su identificación.

Los ojos del chico pasan de vagamente aburridos a claramente fastidiados y no la deja terminar.

-¿En serio? -gruñe y se gira hacia el interior de la suite. -Papá, ¡la policía!

Un niño rubio de ocho o nueve años viene corriendo y se agarra a la cintura del chico. Le sigue con paso más reposado un hombre moreno, cuyo cabello le cae sobre los ojos verdes y bastante fornido. Viste un elegante traje de tres piezas color gris oscuro y corbata un tono más claro. El adolescente se queja con el tono de hartazgo que tan bien conoce Elliot de su propia hija.

-Por favor, papá ¿el año próximo podemos ir de vacaciones a algún lugar donde la policía no te esté buscando?

Los detectives intercambian miradas interrogantes.

-Brad -responde el hombre con calma-, no estamos de vacaciones y la policía no me está buscando.

Se gira hacia los detectives.

-Buenos días, ¿en qué podemos ayudarles?

-Somos los oficiales Benson y Stabler -repite Olivia-, de la Unidad de Víctimas Especiales -se ahorra la explicación de “crímenes sexuales”, no le parece pertinente con Brad y el otro niño delante. -Buscamos a Sarah Kazansky.

El hombre asiente y va a decir algo, pero la voz del niño se alza con claro desafío.

-Mi iná no hizo nada malo.

Elliot no conoce el término “iná”, pero es claro que Sarah es una persona querida para el pequeño. Se agacha para ponerse a su altura.

-Claro que no -le asegura. -Vinimos a pedirle ayuda.

El niño arruga el cejo y lo mira con intensidad por un momento antes de asentir.

-Está bien -y se hecha a un lado como si tuviera autoridad para darles paso.

Elliot apenas contiene la risa. Al levantarse, puede ver que también hay un brillo de diversión en los ojos de su compañera. Brad ha puesto una mano en el hombro del niño y lo aprieta contra si, en gesto protector, mientras les dedica una mirada desafiante. El hombre tiene una expresión más complicada, una mezcla de orgullo y melancolía que desaparece casi enseguida.

-Brad, lleva a les sensaku al cuarto, cierra la puerta y pon la TV -lo dice con tono suave, pero es claro que se trata de una orden.

Brad mira entre el hombre y los detectives, parece dudoso.

-¡Ahora! -y esta vez la voz tiene un filo de dureza innegable.

Brad toma al niño de la mano y empieza a caminar hacia el interior de la suite.

-Vamos, Jake, dejemos que hablen de cosas aburridas. Podemos ver los Transformers en mi cuarto.

-¡Sí! -el niño se suelta y hecha a correr. -¡Sam, Sean, podemos ver los Transformers!

El hombre les dedica una última mirada de ternura antes de volverse hacia los oficiales.

-Buenos días, mi nombre es Pete Mitchell.

-¡Joder! Tu eres Maverick -exclama Elliot, su admiración la hace dejar el profesionalismo de lado en un pestañazo.  

Mitchell se relaja, se nota que la reacción de Elliot le divierte.

-¿Y usted fue Marine, detective Stabler?

-Tormenta del Desierto -asiente-, tus vuelos a ras me salvaron el trasero más de una vez.

-Gracias por salvar la vida de mi compañero -interrumpe Olivia-, pero realmente queremos hablar con Sarah Kazansky.

Esto hace que los dos hombres vuelvan a ponerse serios.

-Por supuesto. Síganme.

Mitchell los guía a través del recibidor hacia una puerta que conduce a una sala más pequeña. La habitación está iluminada por amplios ventanales que dan a la avenida Madison, y amueblada con varios conjuntos de butacas y sofás de color rojo vino y mesas de café de color caoba. Hay una mujer sentada en un sofá de dos plazas con un servicio de café frente a ella. Se levanta en cuanto entran.

Sarah Kazansky es muy diferente de las fotos en el expediente de su ataque. Entonces estaba muy delgada, al punto que es difícil creer que ya tenía veinte años. Los moretones en su cara y cuello le daban un aire desahuciado, sus ojos tenían un brillo de miedo, como de animal acosado. Ahora es una mujer de rasgos redondeados y piel bronceada, con un traje sastre de color azul oscuro que contrasta bien con su cabello negro peinado en una trenza que le cae por encima del pecho izquierdo hasta por debajo del esternón.

-Señora Kazansky -se acerca Olivia. -Gracias por recibirnos. Soy la detective Benson, de la Unidad de Víctimas Especiales. Este es mi colega Stabler.

Sarah le dedica una sonrisa que no alcanza sus ojos y mira con desconfianza a Elliot.

-¿Nos sentamos? -Mitchell toma de la mano a la señora Kazansky y la hace bajar al sofá. Luego hace un gesto hacia el servicio en la mesa. -¿Café?

-Si, por favor -acepta Elliot, siempre falto de sueño.

Olivia decide que el olor es bastante tentador, ¿quién sabe cuándo volverá a tomar algo en un sitio de esta categoría? Asiente.

Para sorpresa de los detectives, es Mitchell quien les sirve. Sarah permanece sentada muy tiesa.

La dosis de cafeína hace que Stabler despierte de su fascinación por Mitchell y haga la pregunta obvia.

-Nos dijeron que la familia Kazansky venía de visita a la ciudad y la señora estaba dispuesta a hablarnos, pero ¿qué hace usted aquí, señor Mitchell?

-Pete es mi cuñado -habla por primera vez Sarah.

-¿Su cuñado? -Olivia no recuerda ninguna hermana en el perfil de Sarah Seresin.

-Ice y yo somos compañeros de vuelo, hermanos en la tierra. Mi esposa y Sarah decidieron que debíamos vivir juntos para criar a la prole -aclara el hombre sin levantar los ojos mientras se sirve su propia taza de café.

La detective aprieta los labios, incómoda. Hay algo ahí… la explicación es la verdad, pero no toda la verdad.

-¿Y su esposa? -supone que Sarah preferiría el apoyo de otra mujer en esta situación.

-Murió hace dos años, cáncer.

-Lo siento.

El asiente, hay algo de añoranza en sus ojos, pero -como en su ternura con el niño antes- desaparece rápido. Elliot decide regresar al tema principal.

-Señora Kazansky, usted presentó una denuncia por ataque sexual el 12 de julio de 1990. ¿Qué puede decirnos de eso?

-No. Primero díganme, ¿lo tienen?

-Tenemos en custodia a un sospechoso, si, pero tememos que tenga cómplices. Usted dijo que fue atacada después de interactuar con varios marineros. ¿Correcto?

Ella asiente. Su rostro se vuelve una máscara vacía y sus ojos miran a un punto indeterminado de la pared.

-Hacía calor, Central Park es lindo en esa época del año. La ciudad estaba inundada de jóvenes en uniformes blancos. Mis amigas y yo… salimos de la ceremonia de graduación directo a celebrar. Había sido duro ese año, pero creía que al fin… que al fin…

Se tapa la boca y contiene un sollozo. Mitchell deja su taza, le pone una mano en el muslo y le dice algo al oído. Ella respira profundamente y se calma. Elliot y Olivia intercambian miradas extrañadas: es un comportamiento muy íntimo para un cuñado, ¿no? Sarah Kazansky suspira y vuelve a hablar.

-Los encontramos cerca del zoológico. Me pareció curioso que todos fueran rubios. No que la Marina sea la institución más diversa, pero encontrar a cinco marineros rubios es inusual, ¿no?

-¿Marineros? -precisa Elliot.

Ella asiente.

-¿Está segura de que no eran Marines o Aviadores? Porque en su declaración original solo dice “uniformes blancos”.

-Han pasado diez años y me uní a una familia militar. Ahora puedo reconocer las diferencias en los uniformes.

-Muy bien, siga.

-Nos quedamos porque no estaban bebiendo alcohol, parecía seguro. Nos ofrecieron de su “jugo de frutas” y compramos perros calientes. Recuerdo que pensé que los precios del parque eran escandalosos, pero por un día… Era mi graduación ¿no? Después de un rato empecé a sentirme mal, así que decidí irme. Uno de ellos se ofreció a acompañarme hasta el metro. Fue en la boca del metro que me di cuenta de que había perdido mi tarjeta, y no tenía más dinero. Decidí ir a pie, él dijo que me acompañaría.

-¿Recuerda su nombre?

-Me dijo que se llamaba Ken, como el novio de Barbie -suelta una risa amarga. -Estoy segura de que los cinco nos dieron nombres falsos.

-¡¿Cómo?!

Sarah Kazansky mira a Olivia con cansancio. 

-Dijeron que se llamaban Ken, Alan, Matt, Storm y Doug. ¿Les suenan?

Elliot tiene tres hijas, claro que dos de esos nombres le suenan.

-Ken y Alan son juguetes, sí. Los otros tres… -mira a su compañera interrogante. 

-¡Oh! -los ojos de Olivia se iluminan al comprender. -El equipo del Mayor Matt Mason en la luna: el sargento Storm y el ingeniero Doug. ¡Es otra línea de juguetes de Mattel!

Sarah asiente y su mirada vuelve a perderse. La disociación parece ser su recurso para recordar el evento.

-Caminamos… desde el Parque hasta mi apartamento eran unos treinta minutos. Nunca me había costado la distancia, pero ese día llegué dando tumbos. Supongo que fue lo que sea que tenía el jugo. Sabía que no podría subir las escaleras sola, así que acepté que entrara conmigo al edificio, y luego al apartamento. Me tomó por el cuello y…

La voz se le raja y apoya la frente en el hombro de Mitchell.

-¿Tenemos que seguir? -demanda él. -Es lo mismo que dijo en la denuncia hace diez años.

-Cuando se rieron de mi -recuerda ella.

Elliot siente una rabia tremenda contra los oficiales que recibieron el reporte. La rabia es su acompañante frecuente en estos días, al menos ahora tiene destinatarios concretos. Pero la rabia no puede desviarlo.

-Usted dijo que no recordaba sus rostros.

Ella se separa de su cuñado.

-No. Es muy perturbador. Recordar sus voces, sus cortes de pelo, pero no sus caras. Todos mis recuerdos de ese día son de personas sin caras, como si se tratara de algún filme de horror. ¿Eso tiene que ver con la droga que me dieron?

-Eso creemos, si. Uno de los problemas con el caso es que no sabemos quién suministraba esa droga a nuestro sospechoso.

-Lo obtenía de la farmacia de a bordo, claro -afirma Mitchell.

-Podría ser.

Olivia no va a decirle que la Marina les impide revisar los datos de el personal asignado al barco y el inventario del USS Enterprise. Prefiere concentrarse en lo que sí puede documentar.

-Señora Kazansky, ¿conoció usted a Tom Kazansky antes o después del ataque?

Es automático, el nombre hace que Mitchell y Sarah se tensen. Ella se endereza y pasa sus ojos de Elliot a Olivia con extrañeza, como si tratara de resolver un acertijo.

-¡Oh! -dice de repente y se vuelve hacia su cuñado. -Ellos creen que fue Tom.

Mitchell hace una mueca de asco.

-Eso quiere decir que… -mira a los detectives y sonríe levemente. -El sospechoso, era un marinero de USS Enterprise, ¿no?

-No podemos… -empieza a decir Elliot.

-¡Por favor! Había dos barcos anclados en el área esa semana, el USS Saratoga aquí en la ciudad y el USS Enterprise en New Jersey. La única razón para preguntar por Tom es que ustedes creen que podría haber tenido contacto con el sospechoso.

-Está usted extrañamente familiarizado con los movimientos de la Marina en la ciudad esa semana, señor Mitchell -repone Olivia con tono acusador, pero el hombre no pierde el aplomo.

-Por supuesto, yo estaba en el USS Saratoga. Pasé un par de días en la ciudad, entre el 9 y el 11 de julio. De ahí fui a Iraq a salvar a su compañero de los obuses de Sadam Hussein.

-A veces bromeamos, Pete, Tom y yo, que nuestro destino era encontrarnos en New York esa semana, pero el azar lo impidió y, en lugar de uno de ellos dos, encontré a Ken.

Los detectives se miran confundidos.

-Si usted no coincidió con Tom Kazansky esa semana, ¿por qué aparece como padre de Samantha en la inscripción de nacimiento?

-Los sentimientos son complicados, pero los formularios de la Marina son simples, convencionales. Conocí a Tom en Chicago, en noviembre de 1990. Él tenía licencia médica y visitaba a su amigo William Cortell. La esposa de Cortell, Vivian, era voluntaria en un refugio de mujeres donde yo me estaba quedando y me invitó a la cena de Acción de Gracias. Yo tenía hambre, el embarazo da mucha hambre, así que acepté. Tom es un hombre tierno, comprensivo, generoso, paciente. Fue fácil enamorarme de él. Mi esposo también es un hombre calculador. ¿Tienen idea de lo que le haría a su imagen que tuviera una relación estable con una mujer deshonrada y aceptara como propio un bebé de padre desconocido? Así que inventamos que nos habíamos conocido en esa semana horrible.

-Por eso no se casaron hasta 1994 -comprende Olivia.

-Tom es muy bueno -repite ella. -Esperó a que yo estuviera lista.

 

Sede del Escuadrón de Víctimas Especiales, martes 3 de abril de 2000

Munch y Jeffries están discutiendo la mejor estrategia para interrogar al sospechoso que tienen en custodia cuando ven llegar al teniente de la marina, seguido por dos marineros que traen un montacargas ligero lleno de cajas de documentos.

-¿Puedo ayudarlo? -se adelanta Monique.

-Teniente Novak, de Operaciones de la Marina.

Munch y ella intercambian una mirada exasperada, Elliot les contó sobre las amenazas del tipo. Como en su visita anterior, Novak no se inmuta por las reacciones de los detectives.

-Les traigo un regalito, ¿está el capitán Cragen?

En consideración al tobillo aún resentido de su compañera, Munch va a tocar en la puerta de la oficina del capitán. Cragen sale de mal humor.

-¿Qué historia de seguridad nacional se trae ahora?

-Una de final feliz, espero -hace un gesto y los marineros llevan hasta el centro del área del escuadrón la carga de documentos. -Aquí tienen la lista de personal y los inventarios de la farmacia del USS Enterprise desde 1989 hasta el año pasado. La letra es pequeña, pero seguro el departamento de policía de New York puede proveerles lupas -luego extiende una tarjeta a Cragen. -Este es mi teléfono, cuando tenga sospechas de alguien concreto, me avisa. Estaremos felices de proveerles otro huésped para Rikers.

Los detectives miran incrédulos la gran cantidad de documentos. Llevan semanas pidiendo una fracción de esto y nunca recibieron respuesta.

-¿Cómo…?

Novak sonríe como un tiburón, todo dientes, ojos crueles.

-Es un regalito del contralmirante Kazansky.

 

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