Capítulo 17: Ojos bien cerrados
Resumen:
Javier lo mira intrigado. Se da cuenta de que hay algo más que Jake esperaba que comprendiera sin palabras. ¿Se supone que la clave está en las fotos? Vuelve a mirarlas antes de seguir a su amigo a través de la cocina, y no ve nada del otro mundo: una familia poco convencional, pero ¿acaso existen las familias convencionales fuera de la ficción?
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Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Madam Secretary
ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html
University City, San Diego, jueves 12 de
noviembre de 2019
Siguen a
través de la cocina y salen a una terraza amplia de madera que Bradley, Jake y
Sam Sam, Jake cruzan sin detenerse para bajar al patio. Como dijo Sarah, hay
una heladera justo a la derecha de la puerta trasera. Phoenix, Payback y Omaha
dejan sus aportes de cerveza ahí. Eso sirve de excusa a toda la escuadra para
quedarse con las manos apoyadas en la veranda, y contemplar con admiración el
masivo patio de la residencia Kazansky-Mitchell.
El
perímetro está rodeado de altos árboles frutales y arbustos de follaje perenne
que los aíslan de miradas indiscretas. Casi al fondo hay un asador encendido,
de donde llega el delicioso olor de la carne hecha al carbón. En el centro hay
una mesa larga, cubierta con fuentes de comida de diverso estilo y origen:
guacamole, tortillas, tostadas, ensalada de papas, arroz, macarrones con queso,
pico de gallo, cuadritos de queso y otras cosas en porciones pequeñas. También
varias jarras de bebidas de distintos colores, de agua y un par de botellas de
vino tinto. A cada extremo de la mesa hay una pila de platos, cubiertos y
servilletas.
El resto del
patio está ocupado por seis sofás orientados hacia la mesa del buffet. Son
amplios, en cada uno caben cómodamente unas cinco o seis personas. Delante de
cada sofá hay pequeñas mesas ratonas para poner alimentos y bebidas.
Hay una
docena de personas entre la parrilla y los sofás, conocen a algunas.
Rooster fue
a sentarse junto a Sarah Kazansky. Ella extiende un brazo para pegarlo a su
costado sin dejar de conversar con una pareja. El grupo no conoce a Cougar y su
esposa Vivian, pero los ojos entrenados de Natasha si se dan cuenta de que son
gente rica por la calidad de sus ropas.
Samantha
Kazansky sigue hasta la parrilla, donde Sean y una mujer menuda de rasgos
indígenas asan carne y salchichas. Al ver la familiaridad con que pone los
brazos alrededor de la cintura y apoya la barbilla en el hombro de la
desconocida, Yale siente que se le rompe un poquito el corazón.
Jake se dirige
a otro sofá, donde el almirante Kazansky y el capitán Mitchell conversan con otra
figura legendaria de la Marina: el comandante “Merlin” Wells, y una mujer que
debe ser su pareja, por la manera en que se entrelazan sus manos. Para sorpresa
de sus colegas, Jake no se sienta en el extremo, junto a su padre. Sin decir
palabra, Maverick y Iceman hacen espacio entre ellos, Jake se sienta, el
almirante gira la cabeza para mirarlo con expresión de ternura y le dice algo
que la escuadra no alcanza a oír, pero hace hincharse de orgullo al rubio.
-¿Ese es…?
-Si.
-¿Hangman
acaba de…?
-Si.
-No sé si
pueda sobrevivir a esto.
-Necesito
una cerveza.
-Yo algo
más fuerte.
Si,
definitivamente necesitan alcohol para lidiar con esto porque… ¿A qué los
invitó el capitán? Nunca imaginaron estar en una situación como esta, así que la
frase “un sueño hecho realidad” tampoco aplica.
Mitchell se
gira a ver cómo su escuadra se incorpora a la reunión. Para su sorpresa y
preocupación, los ve congelados en la veranda de la terraza.
-Creo que
les freímos el cerebro, Ice.
El
almirante no necesita girar la cabeza para saber de qué habla su esposo.
-Ocúpate de
eso, -aprieta un poco más a Jake contra su torso. -Después de todo son “tus”
aviadores.
Merlín
suelta un sonido burlón y Madelaine -su segunda esposa- una risita corta. Es
verdad: Pete no se ha cansado de ponderar los méritos de su escuadra en la
media hora que llevan hablando.
Iceman
retoma su conversación con la pareja mientras pasa el brazo por encima de los
hombros de su hijo, y empieza a masajearle el cráneo. Jake apoya la cabeza en
el hombro de su papá y entrecierra los ojos, disfrutando de la caricia.
Maverick suelta un ruidito contrariado, pero se levanta y camina con paso
decidido hacia la escalera de la terraza.
A los ojos
de sus Dagas, Maverick luce tan heroico en esos vaqueros desgastados y la camiseta
blanca donde se le marcan los abdominales (de manera absolutamente inaceptable
para un hombre de casi sesenta años), como de uniforme completo. ¡Joder!,
piensa Payback, quiero llegar a su edad con la mitad de ese estilo.
-Así que ya
están aquí.
-Gracias
por invitarnos, capitán.
Pete
asiente y le sonríe a Bob.
-La verdad
es que no fue idea mía. Habitualmente no celebramos Acción de Gracias, -el
grupo alza las cejas de sorpresa como una sola persona. -Sarah es de origen
siuox, la madre de Jake también lo era. Para los pueblos indígenas, no hay nada
que celebrar sobre la llegada del Mayflower. Pero Ice, -señala hacia el sofá, donde
el comandante del Pacífico tiene a Jake entre sus brazos-, dijo que quería
conocerles en persona. Pensamos que sería una buena oportunidad. De paso
invitamos a algunas amistades. Por favor, no se queden ahí, bajen y ocupen
alguno de los sofás. ¿Phoenix, Bob?
La pareja
se pone firme enseguida.
-¿Si,
señor?
-Solo Mav,
por favor. Wolfman y Hollywood quieren hablar con ustedes acerca de la pirueta
que hicieron el primer día de entrenamiento.
Natasha y
Bob intercambian miradas de asombro. ¿Wolfman y Hollywood? ¿Los legendarios
aviadores que ahora son legendarias estrellas de los espectáculos de acrobacias
aéreas?
-¿Con
nosotros? -grazna nervioso él.
-Si. Todavía
no llegan. Fueron a buscar no sé qué tipo de tacos en un lugar súper específico
de San Diego, -se encoge de hombros. -Por eso les aviso. Coman ahora, porque
cuando esos dos los agarren no les van a dar descanso a preguntas.
Piloto y
SWO bajan los escalones como quien va a una misión sagrada.
Pete se
vuelve hacia el resto del grupo con expresión algo avergonzada.
-Espero que
ver a Sean a cargo de la parrilla no les inquiete demasiado. Prometo que sabe
lo que hace. Su único talento no es hacer escenas dramáticas en funerales.
-¡Tío Mav! -interrumpe
una voz femenina a espaldas del grupo- Nunca aprenderás cómo romper el hielo
con delicadeza.
Cuando se
giran, ven a un hombre afroamericano de cabello blanco. Su mano izquierda se
apoya en un bastón y tiene la otra en el hombro de una mujer de veintitantos
años.
-Hola -dice
ella- Soy Elsa Williams, este es mi padre, Marcus.
-Vicealmirante
Williams, ¡señor! -responden a coro y saludan.
Maverick
apenas puede contener la risa. Elsa tuerce los ojos. Marcus, se aparta del
hombro de su hija un momento para hacer un saludo informal.
-Sundown
está bien por hoy, tenientes, -clava sus ojos vivaces en María Celeste. -Mav,
¿es ella?
-Si, te
presento a la ingeniera María Celeste Machado.
Marcus le
tiende la mano, sonriente.
-Hace
tiempo que quería conocerla, señora. Veo que todavía hay espacio. ¿Nos haría el
favor de sentarse con mi hija y conmigo?
Javier y María
Celeste no pueden ocultar el asombro, pero siguen a Williams mientras este baja
con mucha lentitud los escalones y se dirige al sofá más cercano.
-Uh, ese no
da puntada sin hilo -comenta Maverick.
Mira al
resto del grupo con expresión divertida.
-Siéntanse
libres de comer y conversar.
Y regresa a
sentarse junto a Jake.
Yale tiene
las manos metidas en los bolsillos traseros del pantalón. Mira al patio con
expresión insegura. Samantha Kazansky está ahí, tan lejos y tan cerca al mismo
tiempo…
Al fin, la
voz de Billy lo saca de sus grises reflexiones.
-¿Guacamole
y whisky? -propone.
-Si, por
favor -ruega Halo.
Los seis bajan
en tropel hacia la mesa del buffet.
Después de
servirse generosas porciones de todo tipo de entremeses. ¿Quién dijo que no se
puede comer dumpling con salsa roja? Se van a uno de los dos sofás todavía vacíos.
Yale pone mucho cuidado en aparentar que se sienta en el extremo más cercano a
ella por pura casualidad. Solo le interesa el extremo del sofá porque él es de
Florida y así está más cerca de la única fuente de calor del patio: la parrilla.
Sean
Kazansky les ignora, pero su hermana es mucho más amable y se aparta de la
mujer menuda para mirarles de frente.
-¿Ya
conoces a la escuadra de Bradley y Jake, misún?
Él gruñe y
se encoge de hombros. Ella tuerce los ojos, exasperada.
-Tenientes
Fitch, García, Vikander, Bassett, Avalone y Lee, les presento a mi hermano, el
subteniente Sean Kazansky, -toma de la mano a la mujer para que deje la
parrilla un momento, mira fijamente a Yale. -Esta es mi novia, Elia Eagle Bear.
Logan se
lleva el vaso de wiski a los labios y cierra los ojos. Se siente expuesto, como
si tuviera una herida abierta y alguien la tocara con un algodón empapado en
alcohol. Solo ha coincidido con ella dos veces, ¿acaso es tan patéticamente
obvio?
Mientras el
resto del grupo intenta ser menos conspicuo comiendo sus entremeses con los
mejores modales, Fanboy aprovecha la amabilidad para hacer charla.
-¿Señorita
Kazansky?
El
apelativo hace que Elia suelte una carcajada breve.
-Sam, por
favor.
-Sam, si,
claro. ¿Usted no está en la Marina?
-Uf, ¡no!
Con mis tres hermanos es suficiente. Yo tiré para el otro lado de la familia.
Mamá Carole era enfermera, y mi iná es comadrona. Así que estudié medicina en
la universidad de San Diego.
-¿Iná?
-Significa
madre en lakota, -explica Elia. -La señora Sarah es ciudadana oglagla.
-Ah, sí. El
capitán nos dijo algo de eso -asiente Billy-, que ustedes no celebran Acción de
Gracias porque la esposa del almirante Kazansky y la mamá de Jake son de origen
indígena.
-Para
evitar confusiones, mientras crecíamos nos acostumbramos a llamar a Carole
Bradshaw, mamá, y a mi madre, iná, -explica Sam.
-¿Y cómo
llamaban al almirante Kazansky y al capitán Mitchell? -se interesa Payback.
Su WSO le
da una mirada de agradecimiento. Moría por preguntarlo, pero no quiere parecer
demasiado interesado.
-¡Oh! Icepá
y Mavpá, claro.
Payback
asiente con sonrisa forzada. ¿Claro? No, para nada. Ingenioso si, claro no, en
absoluto.
Igual, hay
una ausencia significativa en el patio.
-¿Saben dónde
está Brig? -pregunta Halo.
-Icepá lo
mandó a buscar a un par de invitados al aeropuerto, -responde Sean Kazansky sin
dejar de dar vueltas a unas salchichas.
Omaha
aprovecha que el muchacho habló por fin para intentar tirarle de la lengua.
-¿Es verdad
que ustedes vuelan desde que eran niños?
-Mi primera
vez fue en uno de los Cessna 152 de Wolfman y Hollywood, en Nevada, cuando
cumplí diez -confirma el menor de los Kazansky. -Igual que Jake y Sam. También teníamos
un simulador de vuelos, el “US Navy Fighters 97”. Brad, Jake y yo nos
olvidábamos hasta de comer en las misiones de “Jane's F/A-18”.
-Oh, si,
recuerdo ese -los ojos de Halo se vuelven soñadores. Junto a ella, Omaha
asiente enfáticamente.
Se embarcan
en una accidentada discusión sobre videojuegos de fantasía versus simuladores
de situaciones “realistas”.
-Grand
Theft Auto es…
-Una
descarada glorificación del crimen, -interrumpe Brig con tono risueño mientras
se acerca seguido de cuatro personas más que van a sentarse al último sofá
vacío, al otro lado de la parrilla.
Pero el
grupo solo presta atención a su compañero recién llegado. Sean se aparta de la
parrilla y abraza a su cuñado con expresión burlona.
-Vamos,
admite que lo que te molesta es no poder ganarme, -se gira hacia la escuadra. -¿No
lo saben? Nunca ha podido ganarme una partida, ni cuando yo era niño.
-Te gano
donde importa, navajita rubia, -repone Brig afectuoso.
Sean arruga
la nariz ante la degradación de su apodo de aviador.
-Pura
envidia, profe sin cátedra.
-Niños,
modales -les detiene una voz profunda con tono divertido.
Payback,
Fanboy, Yale, Fritz, Omaha y Halo enderezan las espaldas de modo involuntario.
Conocen esa voz, pues en distintos momentos de su vida pasaron por la gran base
de Norfolk. Intercambian miradas inquietas. ¿También el vicealmirante Kerner?
Se giran lentamente y ven que sí, el famoso Slider les contempla desde su
impresionante altura. Una mujer de cabello castaño rojizo está parada a su lado
y les sonríe con suavidad. Apoya una mano en la espalda del vicealmirante con
la familiaridad que implica una intimidad de larga data.
-Hola.
Ustedes son los pollitos de Mitchell, ¿no?
-Si,
vicealmirante Kerner -responden en coro mal organizado.
La reacción
provoca risas divertidas de todo el patio.
-Descansen,
tenientes, -responde el gigante mientras sus ojos brillan divertidos. -Esperaba
más desafío de la escuadra de Maverick.
-Rick, -su
acompañante dice su nombre de un modo que es regaño suave y recordatorio a la
vez.
-Cierto,
cierto. Me olvidé. Tenientes, les presento a mi esposa Suzanne -la mujer hace
un leve gesto de asentimiento con la cabeza-, y al senador Charles Piper. Un demócrata,
pero es de los buenos.
Piper
tuerce los ojos, pero no parece realmente ofendido.
-Un gusto
conocerles al fin, tenientes, -dice con una sonrisa que no le llega a los ojos.
-Somos amigos de Maverick y Ice, así que esperamos hemos oído mucho de ustedes.
-Lo que son
es unos tacaños, cogiendo a Brig de chofer -bufa Sean. -¿No podían alquilar un
auto en el aeropuerto como todo el mundo?
Sam mira a
Halo alzando las cejas como si dijera “¿ves con lo que tengo que lidiar?” y
corta por lo sano.
-Sean,
llévale salchichas al tío Sundown, -ordena con voz suave, pero que no acepta
réplica.
Aunque refunfuña,
el más joven de los Kazansky toma el plato y se dirige al sofá donde Sundown
conversa animadamente con el matrimonio Machado bajo la mirada vigilante de
Elsa.
Sam se
vuelve hacia la escuadra.
-Deben
disculparlo, todavía se está acostumbrando a la idea de que Jake está de
vuelta. Creo que se siente un poco… territorial.
Fanboy
arriesga una mirada rápida al sofá de Iceman y Maverick. Si. Hangman sigue entre
ellos dos con expresión relajada, la cabeza apoyada en el hombro del almirante.
Kazansky está hablando de algo que hace reír a la señora Wells mientras le
acaricia la nuca con movimientos lánguidos, como si mimase a un gato gigante.
-Si, se
entiende -dice despacio y se da un trago de cerveza para evitar soltar algo
inapropiado.
En realidad,
siente que todo su mundo se ha puesto patas arriba con esta familia, pero está
seguro de que el regreso de Jake a esta casa es solo la punta de un iceberg.
Si le
hubieran preguntado ayer cuál era su teoría favorita sobre el origen de Jacob “Hangman”
Seresin, Mickey habría respondido sin dudar que apostaba a bastardo de Kazansky.
Su admiración por Mitchell le ha llevado a buscar registros de su carrera.
Buscar fotos de Maverick significa encontrar fotos de Iceman. Le pareció
curioso que el Kazansky de hace veinte años tuviera más parecido físico con
Jake que con su propio hijo, Sean. Pero no le dijo a nadie, ni siquiera a su
piloto. No se echa a andar semejantes rumores sobre uno de los hombres más
poderosos de la Marina. No quiere acabar llevando cargas al ártico, muchas
gracias.
Ahora,
llegan aquí y les dicen, con inesperada honestidad, que Hangman es el
misterioso Jake Mitchell. Es cierto que
Jake tiene los ojos y la nariz de Maverick, y su tendencia a desafiar la
autoridad, pero por lo demás…
Mickey levanta
la mirada de su plato y se encuentra con la cara seria de Harvard. Sus ojos
verde oscuro, como musgo, parecen querer atravesarlo. Recuerda de pronto todo
lo que especuló sobre Maverick y su prole durante el entrenamiento para la
Misión. Recuerda que Brig ha estado junto a Jake desde el principio, en la
USNA.
-Todo esto
te debe parecer hilarante, ¿no? Estuviste oyendo a todo el mundo preguntarse
dónde estaba Jake Mitchell por años.
Debe
haberlo dicho con un poco más de fuerza de lo debido, porque el resto del grupo
se calla y Payback le pone una mano en el muslo.
Brig niega
con suavidad.
-Para nada.
Parece que
va a decir algo más, pero en lugar de eso se vuelve hacia Sam.
-¿Me das
unas salchichas? Quiero ir a sentarme con mis padres.
Elia asiente
en silencio y le sirve.
Brig camina
hacia el otro lado del patio, donde los recién llegados Hollywood y Wolfman interrogan
a Phoenix y Bob. Se sienta en el extremo del sofá, junto a Leonard y le pasa el
plato de salchichas. El hombre lo toma sin dejar de prestar atención a Natasha,
que explica cómo casi escaparon de Maverick el primer día de entrenamiento. Brig
se deja llevar por la voz expresiva de su compañera y sonríe al comprender que
la parte de su excepcional desempaño se debía a puro pánico.
-… y
entonces pensé, suavecito, Nat, que si no, coges candela antes de que se arme
de verdad la fiesta, y hice así -mueve los brazos como si diera un tirón brusco
al timón.
-Y casi
vomito -intercala Bob.
-Y escucho
por la radio que Maverick dice “Buena movida, Phoenix. Me gusta tu estilo.” Y
por poco me desmayo.
-¡Ah!
-exclama Maverick desde el otro lado de la mesa- Ya sabía yo que vi ese avión
oscilar un poquito.
-Deja que
la muchacha haga su cuento en paz, enano.
Pete suelta
un gruñido despectivo, se vuelve hacia Slider con ojos burlones.
-Al menos
yo quepo en los asientos de avión.
Slider
sonríe ante la respuesta. Después de tantos años, las reuniones de la Escuadra
del 86 no están completas sin un duelo verbal entre ambos. Pero esta semana ha
estado tan cargada de emociones que no tenía la seguridad de que Maverick
estuviera de humor para ello.
-Al menos
yo puedo pagar asientos de avión con espacio para las piernas.
-¡Oh!
¿Tienes que pagar tus pasajes de avión? ¿Cougar ya no te quiere?
-Se llama
integridad, Maverick. Claro que tu no la necesitas porque solo piensas en cómo
volar más rápido.
-Al menos
yo no he olvidado cómo volar.
-Lo
recuerdo perfectamente. Tengo mi licencia actualizada.
-¿De veras?
Tengo un simulador allá dentro que…
-Nadie va a
jugar video juegos en mi barbacoa -interrumpe como un látigo Sarah Kazansky.
Ambos
hombres la miran sorprendidos, pero sin mínima intensión de desafiarla.
El primero
en reaccionar es el capitán.
-Por
supuesto, querida. Slider y yo solo… -mira alarmado a su amigo.
-Nos
dejamos llevar -completa el otro con voz más humilde que la de un guardiamarina
frente a un almirante.
Ella emite
un ruidito de asentimiento y da por terminado el asunto.
-Uh. -Halo
mira a Omaha- ¿Alguna teoría de la conspiración para esto?
El piloto
niega con la cabeza, demasiado estupefacto para hablar.
Aprovechando
que sus compañeros están reiniciando sus cerebros tras ver a la leyenda de la
aviación y al mítico puño de acero de Norfolk ser controlados como par de
párvulos por Sarah Kazansky, Fritz se levanta y camina hasta el extremo más
alejado del sofá que ocupan Slider, Suzanne y el senador. Apoya una mano en el
brazo del mueble, se agacha para mirar de frente a sus ocupantes y dice.
-Hola. Solo
quería decir que admiro mucho tu trabajo.
Milo separa
la cabeza del hombro de Charles y se yergue un poco para mirarlo de frente. Sus
ojos marrones son cautelosos. Fritz nota cómo el senador estrecha el agarre
alrededor de su cintura y se pregunta, vagamente, si cruzó alguna línea
imaginaria al dirigirse directamente a Ventimiglia. Después de todo, el
vicealmirante Kerner no lo presentó.
Billy no
los culpa por intentar evitar que se fijaran en él: ha sido un año difícil para
el actor. El éxito de “This is Us” es innegable, pero su vida personal ha hecho
más titulares aún. Tampoco es poca cosa: divorciarse de Alexis Bledel tras
quince años para irse a vivir con un senador demócrata veinte años mayor.
Milo
Ventimiglia ya no es el chico hermoso y ligeramente peligroso del que se
enamoró Rory Gilmore, ni el enfermero Peter Petrelli, siempre asombrado por el
mundo de los mutantes. Ni siquiera el enérgico y razonable LT Connor
"Stone" Portland de “Top Gun”, alter ego ficticio de su pareja actual.
Bajo el débil sol del invierno son evidentes las arrugas de expresión en la frente,
las patas de gallina y las ojeras leves. Parece una versión agotada y
melancólica de Jack Pearson.
-Gracias,
teniente Avalone, -dice al fin Milo con una sonrisa torcida. -Yo también admiro
el suyo.
Billy mueve
la cabeza de un lado a otro con una sonrisa leve.
-Na, lo que
yo hago es complicado, pero preciso. Lo que usted hace, en cambio… usted se
convierte cada vez en otra persona. Ese mafioso horrible que hizo en “Wild
Card”, eso fue tremendo señor Ventimiglia.
-¡Ah!
Conque fuiste uno de los diez que vio ese filme -la voz es seca, pero sus ojos
brillan divertidos.
-Mi familia
es de un pueblo en el culo de Kentucky, vamos a ver lo que sea que pongan en el
cine local, mientras tenga disparos -explica con una sonrisa.
-Entonces
supongo que no están viendo “This is Us”.
-Ellos no,
yo sí. -ante la mirada incrédula del actor, añade- ¿No le dijo el señor Piper?
En la Marina amamos las series semanales, nos da algo de que hablar.
-Chico -le
interrumpe Kerner con tono severo-, no puedes revelar todos nuestros secretos,
aún no se casan.
-Demasiado
tarde, Slider. -admite el senador con voz perfectamente contrita- Le he dicho
todo.
-¿¡Todo!? -se
eleva una voz frenética desde el otro lado del patio.
Milo mira
desafiante a Wells.
-Si, me lo
dijo todo. Incluso -hace una pausa dramática- eso.
Maverick
mira asustado a su esposo.
-Ice -gime.
Pero el
almirante no se deja intimidar.
-Pruébalo
-le espeta al actor.
Milo alza
una ceja, se hecha hacia delante y dice en voz clara.
-El filme
favorito de Wolfman es “Solo en casa”.
-¡Mentira!
-grita Leonard, pero su hijo empieza a reír con tal fuerza que se cae al suelo.
Yale frunce
los labios y se clava las uñas de la mano izquierda en la palma en un
desesperado intento por contener su propia risa mientras extiende la derecha
para señalar a su compañero de escuadrón en el suelo.
-Creo que
esa es toda la confirmación que necesitábamos, señor.
-Vamos
cariño, cálmate. -Rick le pone una mano en el hombro a su esposo entre risas-
Sabías que algún día saldría a la luz, ¿no?
Wolfman se
derrumba en el sofá, derrotado.
-Necesito
un trago. Tu, Fritz -lo mira sonriente-, ya que empezaste todo esto suspirando
por Milo, reparte ese famoso wiski tuyo, ¿eh?
-Enseguida,
señor.
En lo que
Yale y Fritz sirven los tragos del famoso licor, Javier deja a su esposa en su
entusiasmada charla con Sundown acerca de motores y eficiencia y se dirige a
otro sofá.
-Oye, Jake
-dice algo tenso.
El rubio gira
la cabeza para mirarlo sin separarse de Kazansky.
-¿Qué hay,
Javi?
-¿Podrías enseñarme
dónde está el baño?
Su amigo
hace un ruidito mitad burla y mitad incredulidad. Bueno, sí, la excusa es
pobre, pero tampoco es como si tuviera mucho para trabajar. Igual, se felicita
a si mismo porque no se encoge bajo la breve mirada que le dedica Kazansky. El
almirante parece más divertido que ofendido, pero Javier no puede olvidar el
poder que tiene ese hombre. Los ojos azul grisáceos regresan casi de inmediato a
Jake, interrogantes.
Jake siente
cómo el cuerpo junto a él se tensa. Aunque sabían que esto era inevitable, su
papá no puede dejar de preocuparse. Le da una mirada tranquilizadora y se
separa lentamente de su abrazo.
-Seguro
-dice y se levanta.
Al llegar a
la puerta de la cocina, Jake toma dos botellas de cervezas de la hielera
mientras mira significativamente a su amigo. Javier suspira y asiente. Él
tampoco esperaba que creyeran su excusa. Entran, pero Jake decide que es mejor seguir
hasta la sala, para tener la seguridad de que no los oirán desde el patio.
Después de todo, esto es solo para Javier. Se detiene junto a un sofá, apoya la
cadera en el espaldar mientras le tiende una de las cerveza a su amigo.
-Bueno,
¿quieres hacer el interrogatorio de pie o sentado?
Coyote
aprieta los labios y mira dudoso los muebles a su alrededor. Está claro que
esto no es un espacio decorado para funciones sociales, sino un salón familiar,
cálido, auténtico.
-Si, vamos
a sentarnos -acepta.
Jake toma una
butaca ancha, Javier el centro de un sofá de tres plazas frente a él. Dejan las
bebidas en una mesa baja al lado.
-Entonces… -Javi
vuelve a mirar alrededor, aún incrédulo- ¿creciste aquí?
-Si. Nos
mudamos poco antes de que cumpliera tres años. Antes vivíamos en la base
Miramar, pero no tengo muchos recuerdos de eso.
-¿Eras
feliz? ¿Con… -no puede evitar que su voz tiemble un poco- Kazansky?
Jake suelta
una risa corta, ligera.
-Mucho. Es
el mejor papá del mundo. -se detiene, entrecierra los ojos con gesto
concentrado, como si buscara una respuesta mejor- Bueno, tal vez no el mejor
-admite-, pero hizo lo mejor que pudo. Sin dudas es uno de los padres más
sacrificados que conozco.
-Disculpa,
estoy confundido Jake. ¿No me dijiste que Mitchell es tu padre?
-Ambos lo
son. -él alza una ceja, interrogante, su amigo suspira y explica- Son aviadores
de la Marina, Javi, y cuando yo era niño Icepá, quiero decir, Kazansky, estaba
en combate activo también. Así que no ninguno de los dos estaba mucho tiempo en
casa. Mamá Carole y iná Sarah decidieron vivir juntas para poder apoyarse. Así
que teníamos como ¿figuras paternas rotativas? Un tiempo Icepá, un tiempo
Mavpá. Era inusual, pero funcionaba -hace una mueca, como si recordara algo
desagradable-… más o menos.
-¿Más o
menos?
-Era feliz
aquí, pero ¿allá fuera?, no siempre. Una vez, en un evento en la Base Naval de
San Diego, oí a alguien llamarme el caso de caridad de Kazansky. Porque yo era
el mocoso de Mitchell, traía los problemas en la sangre, ¿no? Supongo que
alguna gente asumía que Icepá estaba tratando de salvarme de mi padre y de mi
mismo.
-Pero
entonces, ¿por qué te fuiste? ¿Por qué todo ese… teatro de usar el nombre de tu
madre?
-Lo que te
dije, que esta familia estaba llena de secretos. Eso es verdad. Acceso
controlado a la internet, revisiones en busca de micrófonos una vez al mes,
verificación de antecedentes de las familias de nuestras amistades de la
escuela, entrenamientos sobre qué hacer en caso de secuestro. -suelta una risa
amarga- De niño creía que era, simplemente, así era como vivía todo el mundo.
-su voz se vuelve meditabunda- Considerando que crecimos entre la elite del
Departamento de Defensa, es posible que muchas de las familias con las que nos
relacionábamos vivieran así también. No lo sé.
-Pero todo
eso no explica…
Jake niega
con la cabeza mientras toma un trago para refrescarse la garganta. Sigue con su
historia.
-Espera,
que todavía no llego al verdadero secreto, o a los secretos. El primero era,
como ya te dije, la orientación sexual de mi padre. Yo crecí con la DADT, no
era algo que se discutiera en la mesa de la comida, pero los ecos de los casos
nos llegaban. No se trataba de homofobia… explícita. Hollywood y Wolfman
siempre fueron cercanos, y nadie de la familia habría permitido un comentario
inadecuado respecto a ellos. -Javier contiene las ganas de morderse los labios
al comprender que su amigo llama tíos al famoso Escuadrón del 86- Pero tú sabes
que los niños arman sus propias cadenas deductivas. Estaba convencido de que
éramos una familia militar respetuosa de la ley y por tanto debíamos ser
heterosexuales ¿entiendes?
-Oh, y
entonces descubriste que tu padre…
-Ajá.
-… pero si
tú también…
-En esa
época estaba en un armario más profundo que Narnia, Javi. Tu me viste en la
academia, con la facilidad que te dije que no era gay.
-Verdad.
-Así que le
tuvimos una bronca monumental en el despecho de Kazansky, y todo mi
resentimiento de años estalló como una bomba. Como muchos hijos de padres
separados, creía que mi madre ausente sería mejor que el padre que tenía, pero
Mavpá nunca quiso decirme quién era ella. Le dije que no se acercara más sino
era para decirme le identidad de Rachel Seresin, y nos quedamos en ese limbo
monstruoso al que arrastré al resto de la familia.
-¿Y al fin
te dijo?
La
expresión de Jake se torna melancólica.
-Cuando me
di cuenta de que estábamos en una misión suicida comprendí que, en realidad, no
me importaba. Al mismo tiempo, mi padre me suplicó regresar a casa a cambio de
la verdad. Kazansky usó su poder para desclasificar el expediente de mi madre.
-¿Desclasificar?
-repite Javier sorprendido.
-Si.
Resulta ser que Rachel era agente de la CIA, mierda clasificada hasta no se
sabe cuándo. Murió en una operación secreta. ¿Cómo le explicas eso a un niño?
-se encoge de hombros y mira hacia la pared llena de fotografías- Yo no sabría
cómo. No me extraña que mi padre no supiera.
-Wow -es
todo lo que puede decir Machado tras el relato de su amigo.
Para
disimular su estupefacción agarra la cerveza y se levanta para volver a ver las
fotos. Hay una historia ahí. Una historia de amor y de sombras que se remonta a
1994, o más atrás.
Se da
cuenta de que no le asombra tanto ver al capitán, Bradley y Jake en actitudes
informales. Lo que le sigue pareciendo bizarro es ver a Kazanky tan distante de
su estricta imagen marcial. En una foto viste shorts, toma una mano al pequeño
Sean, Maverick tiene la otra mano del niño; en otra está tirado en la arena
mientras abraza a su esposa con Jake y Sam -de diez u once años- a cada lado;
en una tercera sonríe a la cámara, sus ojos ocultos tras gafas oscuras,
mientras alza por sobre su cabeza una pelota de fútbol que Bradley y Maverick
tratan de alcanzar. Casi al inicio de la pared hay una que le llama
especialmente la atención porque es muy convencional, pero también íntima: el
primer cumpleaños de Sean Kazansky. El niño es muy pequeño, así que está
sentado sobre el regazo de su madre, frente a una mesa con un gracioso pastel
en forma de avión y una sola vela ancha en el centro. A la derecha tiene a Jake
y Brad, a la izquierda a Sam y su padre. Su amigo y la hija de Kazansky tienen
las mejillas hinchadas, seguro les dieron la tarea de soplar la vela en lugar
del bebé. Brad sonríe de oreja a oreja y el futuro almirante tiene una
expresión entre agotada feliz.
Javier
inspira hondo y se gira hacia Jake.
-Entonces,
¿el novio secreto de Maverick también es de la Marina?
Jake
asiente con una sonrisa mínima.
-Por
supuesto.
-Así en
realidad nos invitaron para que él nos conociera.
-Si.
Jake
termina su cerveza, la deja a un lado, apoya los codos en las rodillas,
entrelaza los dedos de las manos y apoya la barbilla en ellos. Mira a Javier
con expresión calculadora.
-¿Qué pasa?
Pero Jake
niega con la cabeza y se pone de pie.
-No
importa. Vamos a regresar, o tío Sundown habrá convencido a tu mujer de unirse
algún proyecto de I&D de la Marina y solo llegarás para opinar sobre el
color de la casa que les asignarán.
Javier lo
mira intrigado. Se da cuenta de que hay algo más que Jake esperaba que
comprendiera sin palabras. ¿Se supone que la clave está en las fotos? Vuelve a
mirarlas antes de seguir a su amigo a través de la cocina, y no ve nada del
otro mundo: una familia poco convencional, pero ¿acaso existen las familias
convencionales fuera de la ficción?
Al llegar
al patio, María Celeste está muy entusiasmada con Sundown. Javier le da un
apretón afectuoso en el hombro a su esposa y decide ir en busca de carne.
El ambiente
está relajado en los dos sofás que flanquean la parrilla. Fritz y Milo
Ventimiglia se las arreglaron para entablar una conversación ligera sobre
cultura pop en la que las Dagas no temen participar. No presionan al actor
sobre detalles de su industria, simplemente intercambian sobre preferencias de
cine y televisión, sobre los títulos que les formaron. El hecho de que tres de
las personas que comparten sus memorias tengan casi veinte años más solo
enriquece la experiencia.
-Oye, Javi.
¿Viste Bahía peligro allá en Texas?
El resopla
y tuerce los ojos.
-Ah, porque
entre las montañas de Kentucky tienen más civilización que en las afueras de
San Antonio. -se sienta en el suelo con las piernas cruzadas y levanta su
cerveza- ¡Claro que vi Bahía peligro!
-Debe ser
la serie de extranjera con más retransmisiones en la TV americana -especula
Halo.
-Podría ser
-la apoya Omaha.
Payback
abre la boca para decir algo más, pero un chillido desde otro de los sofás lo
detiene. Todas las miradas se dirigen al sofá donde Vivian Cortell y Sarah
Kazansky se abrazan y sonríen como niñas felices y pícaras. Cougar mira
interrogante a Ice, quien hace un gesto mínimo de asentimiento. El moreno
sonríe con algo de melancolía.
Elsa
Williams, Madelaine Williams y Suzanne Kerner casi corren al sofá con
expresiones sorprendidas. Se inclinan sobre Sarah Kazansky, y empiezan una
conversación en susurros, interrumpida por puntuales chillidos de entusiasmo,
que el resto del patio observa con creciente inquietud.
Natasha se
inclina hacia delante para poder dirigirse directamente a Brig.
-¿Tienes
idea de lo que pasa ahí?
Su
compañero de escuadra le devuelve una mirada calculadora, pero no responde,
sino que -para aumentar la intriga de Natasha- se gira hacia Rooster.
-¿Bradley?
El otro
cruza una mirada rápida con Maverick y le sonríe divertido a su amiga.
-¿Te gustan
las bodas, Nat?
-Pues…
-ella no sabe muy bien qué responder ante la inesperada respuesta- Como a todo
el mundo, supongo.
-Marca tu
agenda. Mi padre -hace un gesto con la mano hacia Maverick- se casa por fin.
Iná Sarah y Sam van a planear la boda.
-¿Disculpa?
-Vivian Cortell levanta la cabeza con expresión amenazante.
Bradley se
encoge en su puesto.
-Quiero
decir -se apresura a corregir con una sonrisa estrangulada-, todas ellas van a
planear la boda.
-Y será
genial -asegura Elsa Williams con expresión soñadora. -Ya puedo ver los
titulares.
-Pero la
idea es…
Sarah
Kazansky hace callar a su (futuro) exesposo con una sola mirada.
-Ya te dije
-declara Sarah con voz de acero-, que la familia Benjamin no nos ganará en
esto.
Las otras
cuatro mujeres asienten con fuerza.
La mayoría
de los hombres presentes se encogen en sus asientos en solidaridad con Tom.
Menos Pete, claro. Pete está disfrutando a plenitud todo este asunto de planear
una nueva salida del armario más escandalosa aún que la que tuvo con “Top Gun”.
-Así que
dedícate a tu trabajo, cariño, que nosotras nos ocuparemos de la boda.
Ice y Sarah
se miran a los ojos por unos segundos, pero al fin él aparta la mirada y
asiente. Ella sonríe victoriosa y se levanta con gesto altivo.
-Vengan,
quiero mostrarles algunas ideas en las que estuve trabajando con Sam.
Las cinco
mujeres se van a la casa bajo las miradas atemorizada de Ice, divertida de Pete
y su prole, inquieta del resto de la Escuadra del 86 y completamente confundida
de las Dagas.
-¿Tu no
vas? -se atreve a preguntar Yale a Sam.
-Nah. Ahora
viene el festival de la nostalgia. Que si cuando yo me casé en los ochenta esto.
Que si cuando yo me divorcié en los noventa lo otro. Que si llevo veinte años
con esta idea para los arreglos florales. Lo mío es la tecnología del siglo
XXI: el sitio web, las invitaciones, esas cosas.
Elia
resopla burlona. Su novia alza una ceja.
-¿Qué?
-Que tu
también llevas pila de años imaginando esa boda, no te hagas.
Sam se
encoge de hombros.
-No tanto
como ellas. -cambia abruptamente de tema y actitud- ¿Una hamburguesa, teniente
Lee? -pregunta con párpados bajos y una cadera ladeada.
Él traga en
seco. Mira con miedo a Elia, pero la novia parece encontrar divertida la
provocación.
-Seguro -y
adelanta su plato.
Al otro
lado del patio, Javier vio todo el intercambio con creciente confusión.
Que Sarah
Kazansky y las otras mujeres del Escuadrón del 86 quieran planear la boda de
Maverick no le extraña. Después de todo, se conocen desde hace unos treinta
años. Lo que le parece incongruente es que el almirante Kazansky tratara de intervenir
en esos planes. Si a Maverick, que es el interesado, no le interesa frenar a
estas mujeres en su competencia con el clan Benjamin, ¿por qué lo haría Iceman?
No es como si la boda lo involucrase directamente.
¿Verdad?
A menos
que…
¡Oh!
Mira a
María Celeste. La expresión de pánico de su esposa le indica que ella ha
llegado a la misma conclusión.
Busca con
los ojos al resto de las Dagas.
Al otro
lado del patio, Omaha tiene el rostro ligeramente verde y Fanboy le dice algo a
su piloto en susurros. La cara de Payback pasa de la incredulidad al desdén y
busca confirmar su criterio señalando al sofá que ocupan Kazansky y Mitchell.
Javier también
gira su atención hacia allí, con la desesperada esperanza de que todo esto sea
un equívoco.
Sabe (no
tiene que chequear a su alrededor, puede sentirlo) que su esposa, Phoenix, Bob,
Fanboy, Yale, Fritz, Omaha y Halo hacen lo mismo: buscan una evidencia material
de que sus deducciones sean erróneas. Jake se ha levantado para tomar algo de
la mesa. Iceman se inclina hacia Maverick con una sonrisa leve y usa sus dedos para
acomodarle un mechón de pelo.
El gesto es
casual, íntimo, inequívoco.
La falta de
reacción del resto del Escuadrón del 86 es el último clavo en el ataúd de su
cordura.
Javier
Machado cierra los ojos, traga en seco y busca la mano de su esposa a tientas.
María
Celeste tiene la respiración entrecortada y la risita socarrona de Sundown es
como un taladro en su cabeza.
Escucha de
lejos la voz de su capitán.
-Creo que
esta vez si los rompimos, Ice.
Y la
respuesta del vicealmirante Kerner.
-Na, una
ronda de wiski y estarán como si nada. Si quieres, Yale, te cuento de cuando
los encontré…
-¡Una ronda
de wiski, por favor! -lo corta Natasha.
FIN
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