11 de mayo de 2024

RAÍCES 17 final

Capítulo 17: Ojos bien cerrados

Resumen:
Javier lo mira intrigado. Se da cuenta de que hay algo más que Jake esperaba que comprendiera sin palabras. ¿Se supone que la clave está en las fotos? Vuelve a mirarlas antes de seguir a su amigo a través de la cocina, y no ve nada del otro mundo: una familia poco convencional, pero ¿acaso existen las familias convencionales fuera de la ficción?

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Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Madam Secretary

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html


University City, San Diego, jueves 12 de noviembre de 2019

Siguen a través de la cocina y salen a una terraza amplia de madera que Bradley, Jake y Sam Sam, Jake cruzan sin detenerse para bajar al patio. Como dijo Sarah, hay una heladera justo a la derecha de la puerta trasera. Phoenix, Payback y Omaha dejan sus aportes de cerveza ahí. Eso sirve de excusa a toda la escuadra para quedarse con las manos apoyadas en la veranda, y contemplar con admiración el masivo patio de la residencia Kazansky-Mitchell.

El perímetro está rodeado de altos árboles frutales y arbustos de follaje perenne que los aíslan de miradas indiscretas. Casi al fondo hay un asador encendido, de donde llega el delicioso olor de la carne hecha al carbón. En el centro hay una mesa larga, cubierta con fuentes de comida de diverso estilo y origen: guacamole, tortillas, tostadas, ensalada de papas, arroz, macarrones con queso, pico de gallo, cuadritos de queso y otras cosas en porciones pequeñas. También varias jarras de bebidas de distintos colores, de agua y un par de botellas de vino tinto. A cada extremo de la mesa hay una pila de platos, cubiertos y servilletas.

El resto del patio está ocupado por seis sofás orientados hacia la mesa del buffet. Son amplios, en cada uno caben cómodamente unas cinco o seis personas. Delante de cada sofá hay pequeñas mesas ratonas para poner alimentos y bebidas.

Hay una docena de personas entre la parrilla y los sofás, conocen a algunas.

Rooster fue a sentarse junto a Sarah Kazansky. Ella extiende un brazo para pegarlo a su costado sin dejar de conversar con una pareja. El grupo no conoce a Cougar y su esposa Vivian, pero los ojos entrenados de Natasha si se dan cuenta de que son gente rica por la calidad de sus ropas.

Samantha Kazansky sigue hasta la parrilla, donde Sean y una mujer menuda de rasgos indígenas asan carne y salchichas. Al ver la familiaridad con que pone los brazos alrededor de la cintura y apoya la barbilla en el hombro de la desconocida, Yale siente que se le rompe un poquito el corazón.   

Jake se dirige a otro sofá, donde el almirante Kazansky y el capitán Mitchell conversan con otra figura legendaria de la Marina: el comandante “Merlin” Wells, y una mujer que debe ser su pareja, por la manera en que se entrelazan sus manos. Para sorpresa de sus colegas, Jake no se sienta en el extremo, junto a su padre. Sin decir palabra, Maverick y Iceman hacen espacio entre ellos, Jake se sienta, el almirante gira la cabeza para mirarlo con expresión de ternura y le dice algo que la escuadra no alcanza a oír, pero hace hincharse de orgullo al rubio.

-¿Ese es…?

-Si.

-¿Hangman acaba de…?

-Si.

-No sé si pueda sobrevivir a esto.

-Necesito una cerveza. 

-Yo algo más fuerte.  

Si, definitivamente necesitan alcohol para lidiar con esto porque… ¿A qué los invitó el capitán? Nunca imaginaron estar en una situación como esta, así que la frase “un sueño hecho realidad” tampoco aplica.

Mitchell se gira a ver cómo su escuadra se incorpora a la reunión. Para su sorpresa y preocupación, los ve congelados en la veranda de la terraza.

-Creo que les freímos el cerebro, Ice.

El almirante no necesita girar la cabeza para saber de qué habla su esposo.

-Ocúpate de eso, -aprieta un poco más a Jake contra su torso. -Después de todo son “tus” aviadores.

Merlín suelta un sonido burlón y Madelaine -su segunda esposa- una risita corta. Es verdad: Pete no se ha cansado de ponderar los méritos de su escuadra en la media hora que llevan hablando.

Iceman retoma su conversación con la pareja mientras pasa el brazo por encima de los hombros de su hijo, y empieza a masajearle el cráneo. Jake apoya la cabeza en el hombro de su papá y entrecierra los ojos, disfrutando de la caricia. Maverick suelta un ruidito contrariado, pero se levanta y camina con paso decidido hacia la escalera de la terraza.  

A los ojos de sus Dagas, Maverick luce tan heroico en esos vaqueros desgastados y la camiseta blanca donde se le marcan los abdominales (de manera absolutamente inaceptable para un hombre de casi sesenta años), como de uniforme completo. ¡Joder!, piensa Payback, quiero llegar a su edad con la mitad de ese estilo.

-Así que ya están aquí. 

-Gracias por invitarnos, capitán.

Pete asiente y le sonríe a Bob.

-La verdad es que no fue idea mía. Habitualmente no celebramos Acción de Gracias, -el grupo alza las cejas de sorpresa como una sola persona. -Sarah es de origen siuox, la madre de Jake también lo era. Para los pueblos indígenas, no hay nada que celebrar sobre la llegada del Mayflower. Pero Ice, -señala hacia el sofá, donde el comandante del Pacífico tiene a Jake entre sus brazos-, dijo que quería conocerles en persona. Pensamos que sería una buena oportunidad. De paso invitamos a algunas amistades. Por favor, no se queden ahí, bajen y ocupen alguno de los sofás. ¿Phoenix, Bob?

La pareja se pone firme enseguida.

-¿Si, señor?

-Solo Mav, por favor. Wolfman y Hollywood quieren hablar con ustedes acerca de la pirueta que hicieron el primer día de entrenamiento.

Natasha y Bob intercambian miradas de asombro. ¿Wolfman y Hollywood? ¿Los legendarios aviadores que ahora son legendarias estrellas de los espectáculos de acrobacias aéreas?

-¿Con nosotros? -grazna nervioso él.

-Si. Todavía no llegan. Fueron a buscar no sé qué tipo de tacos en un lugar súper específico de San Diego, -se encoge de hombros. -Por eso les aviso. Coman ahora, porque cuando esos dos los agarren no les van a dar descanso a preguntas.

Piloto y SWO bajan los escalones como quien va a una misión sagrada.

Pete se vuelve hacia el resto del grupo con expresión algo avergonzada.

-Espero que ver a Sean a cargo de la parrilla no les inquiete demasiado. Prometo que sabe lo que hace. Su único talento no es hacer escenas dramáticas en funerales.

-¡Tío Mav! -interrumpe una voz femenina a espaldas del grupo- Nunca aprenderás cómo romper el hielo con delicadeza.

Cuando se giran, ven a un hombre afroamericano de cabello blanco. Su mano izquierda se apoya en un bastón y tiene la otra en el hombro de una mujer de veintitantos años.

-Hola -dice ella- Soy Elsa Williams, este es mi padre, Marcus.

-Vicealmirante Williams, ¡señor! -responden a coro y saludan.

Maverick apenas puede contener la risa. Elsa tuerce los ojos. Marcus, se aparta del hombro de su hija un momento para hacer un saludo informal.

-Sundown está bien por hoy, tenientes, -clava sus ojos vivaces en María Celeste. -Mav, ¿es ella?

-Si, te presento a la ingeniera María Celeste Machado.

Marcus le tiende la mano, sonriente.

-Hace tiempo que quería conocerla, señora. Veo que todavía hay espacio. ¿Nos haría el favor de sentarse con mi hija y conmigo?  

Javier y María Celeste no pueden ocultar el asombro, pero siguen a Williams mientras este baja con mucha lentitud los escalones y se dirige al sofá más cercano.

-Uh, ese no da puntada sin hilo -comenta Maverick.

Mira al resto del grupo con expresión divertida. 

-Siéntanse libres de comer y conversar.

Y regresa a sentarse junto a Jake.

Yale tiene las manos metidas en los bolsillos traseros del pantalón. Mira al patio con expresión insegura. Samantha Kazansky está ahí, tan lejos y tan cerca al mismo tiempo…

Al fin, la voz de Billy lo saca de sus grises reflexiones.

-¿Guacamole y whisky? -propone.

-Si, por favor -ruega Halo.

Los seis bajan en tropel hacia la mesa del buffet.

Después de servirse generosas porciones de todo tipo de entremeses. ¿Quién dijo que no se puede comer dumpling con salsa roja? Se van a uno de los dos sofás todavía vacíos. Yale pone mucho cuidado en aparentar que se sienta en el extremo más cercano a ella por pura casualidad. Solo le interesa el extremo del sofá porque él es de Florida y así está más cerca de la única fuente de calor del patio: la parrilla.

Sean Kazansky les ignora, pero su hermana es mucho más amable y se aparta de la mujer menuda para mirarles de frente.

-¿Ya conoces a la escuadra de Bradley y Jake, misún?

Él gruñe y se encoge de hombros. Ella tuerce los ojos, exasperada.

-Tenientes Fitch, García, Vikander, Bassett, Avalone y Lee, les presento a mi hermano, el subteniente Sean Kazansky, -toma de la mano a la mujer para que deje la parrilla un momento, mira fijamente a Yale. -Esta es mi novia, Elia Eagle Bear.

Logan se lleva el vaso de wiski a los labios y cierra los ojos. Se siente expuesto, como si tuviera una herida abierta y alguien la tocara con un algodón empapado en alcohol. Solo ha coincidido con ella dos veces, ¿acaso es tan patéticamente obvio?

Mientras el resto del grupo intenta ser menos conspicuo comiendo sus entremeses con los mejores modales, Fanboy aprovecha la amabilidad para hacer charla.

-¿Señorita Kazansky?

El apelativo hace que Elia suelte una carcajada breve.

-Sam, por favor.

-Sam, si, claro. ¿Usted no está en la Marina?

-Uf, ¡no! Con mis tres hermanos es suficiente. Yo tiré para el otro lado de la familia. Mamá Carole era enfermera, y mi iná es comadrona. Así que estudié medicina en la universidad de San Diego.

-¿Iná?

-Significa madre en lakota, -explica Elia. -La señora Sarah es ciudadana oglagla.

-Ah, sí. El capitán nos dijo algo de eso -asiente Billy-, que ustedes no celebran Acción de Gracias porque la esposa del almirante Kazansky y la mamá de Jake son de origen indígena.

-Para evitar confusiones, mientras crecíamos nos acostumbramos a llamar a Carole Bradshaw, mamá, y a mi madre, iná, -explica Sam.

-¿Y cómo llamaban al almirante Kazansky y al capitán Mitchell? -se interesa Payback.

Su WSO le da una mirada de agradecimiento. Moría por preguntarlo, pero no quiere parecer demasiado interesado.

-¡Oh! Icepá y Mavpá, claro.

Payback asiente con sonrisa forzada. ¿Claro? No, para nada. Ingenioso si, claro no, en absoluto.

Igual, hay una ausencia significativa en el patio.

-¿Saben dónde está Brig? -pregunta Halo.

-Icepá lo mandó a buscar a un par de invitados al aeropuerto, -responde Sean Kazansky sin dejar de dar vueltas a unas salchichas.

Omaha aprovecha que el muchacho habló por fin para intentar tirarle de la lengua.

-¿Es verdad que ustedes vuelan desde que eran niños?

-Mi primera vez fue en uno de los Cessna 152 de Wolfman y Hollywood, en Nevada, cuando cumplí diez -confirma el menor de los Kazansky. -Igual que Jake y Sam. También teníamos un simulador de vuelos, el “US Navy Fighters 97”. Brad, Jake y yo nos olvidábamos hasta de comer en las misiones de “Jane's F/A-18”.

-Oh, si, recuerdo ese -los ojos de Halo se vuelven soñadores. Junto a ella, Omaha asiente enfáticamente.

Se embarcan en una accidentada discusión sobre videojuegos de fantasía versus simuladores de situaciones “realistas”.

-Grand Theft Auto es…

-Una descarada glorificación del crimen, -interrumpe Brig con tono risueño mientras se acerca seguido de cuatro personas más que van a sentarse al último sofá vacío, al otro lado de la parrilla.

Pero el grupo solo presta atención a su compañero recién llegado. Sean se aparta de la parrilla y abraza a su cuñado con expresión burlona.

-Vamos, admite que lo que te molesta es no poder ganarme, -se gira hacia la escuadra. -¿No lo saben? Nunca ha podido ganarme una partida, ni cuando yo era niño.

-Te gano donde importa, navajita rubia, -repone Brig afectuoso.

Sean arruga la nariz ante la degradación de su apodo de aviador.

-Pura envidia, profe sin cátedra.

-Niños, modales -les detiene una voz profunda con tono divertido.

Payback, Fanboy, Yale, Fritz, Omaha y Halo enderezan las espaldas de modo involuntario. Conocen esa voz, pues en distintos momentos de su vida pasaron por la gran base de Norfolk. Intercambian miradas inquietas. ¿También el vicealmirante Kerner? Se giran lentamente y ven que sí, el famoso Slider les contempla desde su impresionante altura. Una mujer de cabello castaño rojizo está parada a su lado y les sonríe con suavidad. Apoya una mano en la espalda del vicealmirante con la familiaridad que implica una intimidad de larga data.

-Hola. Ustedes son los pollitos de Mitchell, ¿no?

-Si, vicealmirante Kerner -responden en coro mal organizado.

La reacción provoca risas divertidas de todo el patio.

-Descansen, tenientes, -responde el gigante mientras sus ojos brillan divertidos. -Esperaba más desafío de la escuadra de Maverick.

-Rick, -su acompañante dice su nombre de un modo que es regaño suave y recordatorio a la vez.

-Cierto, cierto. Me olvidé. Tenientes, les presento a mi esposa Suzanne -la mujer hace un leve gesto de asentimiento con la cabeza-, y al senador Charles Piper. Un demócrata, pero es de los buenos.

Piper tuerce los ojos, pero no parece realmente ofendido.

-Un gusto conocerles al fin, tenientes, -dice con una sonrisa que no le llega a los ojos. -Somos amigos de Maverick y Ice, así que esperamos hemos oído mucho de ustedes.

-Lo que son es unos tacaños, cogiendo a Brig de chofer -bufa Sean. -¿No podían alquilar un auto en el aeropuerto como todo el mundo?

Sam mira a Halo alzando las cejas como si dijera “¿ves con lo que tengo que lidiar?” y corta por lo sano.

-Sean, llévale salchichas al tío Sundown, -ordena con voz suave, pero que no acepta réplica.

Aunque refunfuña, el más joven de los Kazansky toma el plato y se dirige al sofá donde Sundown conversa animadamente con el matrimonio Machado bajo la mirada vigilante de Elsa.

Sam se vuelve hacia la escuadra.

-Deben disculparlo, todavía se está acostumbrando a la idea de que Jake está de vuelta. Creo que se siente un poco… territorial.

Fanboy arriesga una mirada rápida al sofá de Iceman y Maverick. Si. Hangman sigue entre ellos dos con expresión relajada, la cabeza apoyada en el hombro del almirante. Kazansky está hablando de algo que hace reír a la señora Wells mientras le acaricia la nuca con movimientos lánguidos, como si mimase a un gato gigante.

-Si, se entiende -dice despacio y se da un trago de cerveza para evitar soltar algo inapropiado.

En realidad, siente que todo su mundo se ha puesto patas arriba con esta familia, pero está seguro de que el regreso de Jake a esta casa es solo la punta de un iceberg.

Si le hubieran preguntado ayer cuál era su teoría favorita sobre el origen de Jacob “Hangman” Seresin, Mickey habría respondido sin dudar que apostaba a bastardo de Kazansky. Su admiración por Mitchell le ha llevado a buscar registros de su carrera. Buscar fotos de Maverick significa encontrar fotos de Iceman. Le pareció curioso que el Kazansky de hace veinte años tuviera más parecido físico con Jake que con su propio hijo, Sean. Pero no le dijo a nadie, ni siquiera a su piloto. No se echa a andar semejantes rumores sobre uno de los hombres más poderosos de la Marina. No quiere acabar llevando cargas al ártico, muchas gracias.

Ahora, llegan aquí y les dicen, con inesperada honestidad, que Hangman es el misterioso Jake Mitchell.  Es cierto que Jake tiene los ojos y la nariz de Maverick, y su tendencia a desafiar la autoridad, pero por lo demás… 

Mickey levanta la mirada de su plato y se encuentra con la cara seria de Harvard. Sus ojos verde oscuro, como musgo, parecen querer atravesarlo. Recuerda de pronto todo lo que especuló sobre Maverick y su prole durante el entrenamiento para la Misión. Recuerda que Brig ha estado junto a Jake desde el principio, en la USNA.

-Todo esto te debe parecer hilarante, ¿no? Estuviste oyendo a todo el mundo preguntarse dónde estaba Jake Mitchell por años.

Debe haberlo dicho con un poco más de fuerza de lo debido, porque el resto del grupo se calla y Payback le pone una mano en el muslo.

Brig niega con suavidad.

-Para nada.

Parece que va a decir algo más, pero en lugar de eso se vuelve hacia Sam.

-¿Me das unas salchichas? Quiero ir a sentarme con mis padres.

Elia asiente en silencio y le sirve.

Brig camina hacia el otro lado del patio, donde los recién llegados Hollywood y Wolfman interrogan a Phoenix y Bob. Se sienta en el extremo del sofá, junto a Leonard y le pasa el plato de salchichas. El hombre lo toma sin dejar de prestar atención a Natasha, que explica cómo casi escaparon de Maverick el primer día de entrenamiento. Brig se deja llevar por la voz expresiva de su compañera y sonríe al comprender que la parte de su excepcional desempaño se debía a puro pánico.

-… y entonces pensé, suavecito, Nat, que si no, coges candela antes de que se arme de verdad la fiesta, y hice así -mueve los brazos como si diera un tirón brusco al timón.

-Y casi vomito -intercala Bob.

-Y escucho por la radio que Maverick dice “Buena movida, Phoenix. Me gusta tu estilo.” Y por poco me desmayo.

-¡Ah! -exclama Maverick desde el otro lado de la mesa- Ya sabía yo que vi ese avión oscilar un poquito.

-Deja que la muchacha haga su cuento en paz, enano.

Pete suelta un gruñido despectivo, se vuelve hacia Slider con ojos burlones.

-Al menos yo quepo en los asientos de avión.

Slider sonríe ante la respuesta. Después de tantos años, las reuniones de la Escuadra del 86 no están completas sin un duelo verbal entre ambos. Pero esta semana ha estado tan cargada de emociones que no tenía la seguridad de que Maverick estuviera de humor para ello.

-Al menos yo puedo pagar asientos de avión con espacio para las piernas.

-¡Oh! ¿Tienes que pagar tus pasajes de avión? ¿Cougar ya no te quiere?

-Se llama integridad, Maverick. Claro que tu no la necesitas porque solo piensas en cómo volar más rápido.

-Al menos yo no he olvidado cómo volar.

-Lo recuerdo perfectamente. Tengo mi licencia actualizada.

-¿De veras? Tengo un simulador allá dentro que…

-Nadie va a jugar video juegos en mi barbacoa -interrumpe como un látigo Sarah Kazansky.

Ambos hombres la miran sorprendidos, pero sin mínima intensión de desafiarla.

El primero en reaccionar es el capitán.

-Por supuesto, querida. Slider y yo solo… -mira alarmado a su amigo.

-Nos dejamos llevar -completa el otro con voz más humilde que la de un guardiamarina frente a un almirante.

Ella emite un ruidito de asentimiento y da por terminado el asunto.

-Uh. -Halo mira a Omaha- ¿Alguna teoría de la conspiración para esto?

El piloto niega con la cabeza, demasiado estupefacto para hablar.

Aprovechando que sus compañeros están reiniciando sus cerebros tras ver a la leyenda de la aviación y al mítico puño de acero de Norfolk ser controlados como par de párvulos por Sarah Kazansky, Fritz se levanta y camina hasta el extremo más alejado del sofá que ocupan Slider, Suzanne y el senador. Apoya una mano en el brazo del mueble, se agacha para mirar de frente a sus ocupantes y dice.

-Hola. Solo quería decir que admiro mucho tu trabajo.

Milo separa la cabeza del hombro de Charles y se yergue un poco para mirarlo de frente. Sus ojos marrones son cautelosos. Fritz nota cómo el senador estrecha el agarre alrededor de su cintura y se pregunta, vagamente, si cruzó alguna línea imaginaria al dirigirse directamente a Ventimiglia. Después de todo, el vicealmirante Kerner no lo presentó.

Billy no los culpa por intentar evitar que se fijaran en él: ha sido un año difícil para el actor. El éxito de “This is Us” es innegable, pero su vida personal ha hecho más titulares aún. Tampoco es poca cosa: divorciarse de Alexis Bledel tras quince años para irse a vivir con un senador demócrata veinte años mayor.

Milo Ventimiglia ya no es el chico hermoso y ligeramente peligroso del que se enamoró Rory Gilmore, ni el enfermero Peter Petrelli, siempre asombrado por el mundo de los mutantes. Ni siquiera el enérgico y razonable LT Connor "Stone" Portland de “Top Gun”, alter ego ficticio de su pareja actual. Bajo el débil sol del invierno son evidentes las arrugas de expresión en la frente, las patas de gallina y las ojeras leves. Parece una versión agotada y melancólica de Jack Pearson.

-Gracias, teniente Avalone, -dice al fin Milo con una sonrisa torcida. -Yo también admiro el suyo.

Billy mueve la cabeza de un lado a otro con una sonrisa leve.

-Na, lo que yo hago es complicado, pero preciso. Lo que usted hace, en cambio… usted se convierte cada vez en otra persona. Ese mafioso horrible que hizo en “Wild Card”, eso fue tremendo señor Ventimiglia.

-¡Ah! Conque fuiste uno de los diez que vio ese filme -la voz es seca, pero sus ojos brillan divertidos.

-Mi familia es de un pueblo en el culo de Kentucky, vamos a ver lo que sea que pongan en el cine local, mientras tenga disparos -explica con una sonrisa.

-Entonces supongo que no están viendo “This is Us”.

-Ellos no, yo sí. -ante la mirada incrédula del actor, añade- ¿No le dijo el señor Piper? En la Marina amamos las series semanales, nos da algo de que hablar.

-Chico -le interrumpe Kerner con tono severo-, no puedes revelar todos nuestros secretos, aún no se casan.

-Demasiado tarde, Slider. -admite el senador con voz perfectamente contrita- Le he dicho todo.

-¿¡Todo!? -se eleva una voz frenética desde el otro lado del patio.

Milo mira desafiante a Wells.

-Si, me lo dijo todo. Incluso -hace una pausa dramática- eso.

Maverick mira asustado a su esposo.

-Ice -gime.

Pero el almirante no se deja intimidar.

-Pruébalo -le espeta al actor.

Milo alza una ceja, se hecha hacia delante y dice en voz clara.

-El filme favorito de Wolfman es “Solo en casa”.

-¡Mentira! -grita Leonard, pero su hijo empieza a reír con tal fuerza que se cae al suelo.

Yale frunce los labios y se clava las uñas de la mano izquierda en la palma en un desesperado intento por contener su propia risa mientras extiende la derecha para señalar a su compañero de escuadrón en el suelo.

-Creo que esa es toda la confirmación que necesitábamos, señor.

-Vamos cariño, cálmate. -Rick le pone una mano en el hombro a su esposo entre risas- Sabías que algún día saldría a la luz, ¿no?

Wolfman se derrumba en el sofá, derrotado.

-Necesito un trago. Tu, Fritz -lo mira sonriente-, ya que empezaste todo esto suspirando por Milo, reparte ese famoso wiski tuyo, ¿eh?

-Enseguida, señor.

En lo que Yale y Fritz sirven los tragos del famoso licor, Javier deja a su esposa en su entusiasmada charla con Sundown acerca de motores y eficiencia y se dirige a otro sofá.

-Oye, Jake -dice algo tenso.

El rubio gira la cabeza para mirarlo sin separarse de Kazansky.

-¿Qué hay, Javi?

-¿Podrías enseñarme dónde está el baño?  

Su amigo hace un ruidito mitad burla y mitad incredulidad. Bueno, sí, la excusa es pobre, pero tampoco es como si tuviera mucho para trabajar. Igual, se felicita a si mismo porque no se encoge bajo la breve mirada que le dedica Kazansky. El almirante parece más divertido que ofendido, pero Javier no puede olvidar el poder que tiene ese hombre. Los ojos azul grisáceos regresan casi de inmediato a Jake, interrogantes.

Jake siente cómo el cuerpo junto a él se tensa. Aunque sabían que esto era inevitable, su papá no puede dejar de preocuparse. Le da una mirada tranquilizadora y se separa lentamente de su abrazo.

-Seguro -dice y se levanta.

Al llegar a la puerta de la cocina, Jake toma dos botellas de cervezas de la hielera mientras mira significativamente a su amigo. Javier suspira y asiente. Él tampoco esperaba que creyeran su excusa. Entran, pero Jake decide que es mejor seguir hasta la sala, para tener la seguridad de que no los oirán desde el patio. Después de todo, esto es solo para Javier. Se detiene junto a un sofá, apoya la cadera en el espaldar mientras le tiende una de las cerveza a su amigo.

-Bueno, ¿quieres hacer el interrogatorio de pie o sentado?

Coyote aprieta los labios y mira dudoso los muebles a su alrededor. Está claro que esto no es un espacio decorado para funciones sociales, sino un salón familiar, cálido, auténtico.

-Si, vamos a sentarnos -acepta.

Jake toma una butaca ancha, Javier el centro de un sofá de tres plazas frente a él. Dejan las bebidas en una mesa baja al lado.

-Entonces… -Javi vuelve a mirar alrededor, aún incrédulo- ¿creciste aquí?

-Si. Nos mudamos poco antes de que cumpliera tres años. Antes vivíamos en la base Miramar, pero no tengo muchos recuerdos de eso.  

-¿Eras feliz? ¿Con… -no puede evitar que su voz tiemble un poco- Kazansky?

Jake suelta una risa corta, ligera.

-Mucho. Es el mejor papá del mundo. -se detiene, entrecierra los ojos con gesto concentrado, como si buscara una respuesta mejor- Bueno, tal vez no el mejor -admite-, pero hizo lo mejor que pudo. Sin dudas es uno de los padres más sacrificados que conozco.

-Disculpa, estoy confundido Jake. ¿No me dijiste que Mitchell es tu padre?

-Ambos lo son. -él alza una ceja, interrogante, su amigo suspira y explica- Son aviadores de la Marina, Javi, y cuando yo era niño Icepá, quiero decir, Kazansky, estaba en combate activo también. Así que no ninguno de los dos estaba mucho tiempo en casa. Mamá Carole y iná Sarah decidieron vivir juntas para poder apoyarse. Así que teníamos como ¿figuras paternas rotativas? Un tiempo Icepá, un tiempo Mavpá. Era inusual, pero funcionaba -hace una mueca, como si recordara algo desagradable-… más o menos.

-¿Más o menos?

-Era feliz aquí, pero ¿allá fuera?, no siempre. Una vez, en un evento en la Base Naval de San Diego, oí a alguien llamarme el caso de caridad de Kazansky. Porque yo era el mocoso de Mitchell, traía los problemas en la sangre, ¿no? Supongo que alguna gente asumía que Icepá estaba tratando de salvarme de mi padre y de mi mismo.

-Pero entonces, ¿por qué te fuiste? ¿Por qué todo ese… teatro de usar el nombre de tu madre?

-Lo que te dije, que esta familia estaba llena de secretos. Eso es verdad. Acceso controlado a la internet, revisiones en busca de micrófonos una vez al mes, verificación de antecedentes de las familias de nuestras amistades de la escuela, entrenamientos sobre qué hacer en caso de secuestro. -suelta una risa amarga- De niño creía que era, simplemente, así era como vivía todo el mundo. -su voz se vuelve meditabunda- Considerando que crecimos entre la elite del Departamento de Defensa, es posible que muchas de las familias con las que nos relacionábamos vivieran así también. No lo sé.

-Pero todo eso no explica…

Jake niega con la cabeza mientras toma un trago para refrescarse la garganta. Sigue con su historia.

-Espera, que todavía no llego al verdadero secreto, o a los secretos. El primero era, como ya te dije, la orientación sexual de mi padre. Yo crecí con la DADT, no era algo que se discutiera en la mesa de la comida, pero los ecos de los casos nos llegaban. No se trataba de homofobia… explícita. Hollywood y Wolfman siempre fueron cercanos, y nadie de la familia habría permitido un comentario inadecuado respecto a ellos. -Javier contiene las ganas de morderse los labios al comprender que su amigo llama tíos al famoso Escuadrón del 86- Pero tú sabes que los niños arman sus propias cadenas deductivas. Estaba convencido de que éramos una familia militar respetuosa de la ley y por tanto debíamos ser heterosexuales ¿entiendes?

-Oh, y entonces descubriste que tu padre…

-Ajá.

-… pero si tú también…

-En esa época estaba en un armario más profundo que Narnia, Javi. Tu me viste en la academia, con la facilidad que te dije que no era gay.

-Verdad.

-Así que le tuvimos una bronca monumental en el despecho de Kazansky, y todo mi resentimiento de años estalló como una bomba. Como muchos hijos de padres separados, creía que mi madre ausente sería mejor que el padre que tenía, pero Mavpá nunca quiso decirme quién era ella. Le dije que no se acercara más sino era para decirme le identidad de Rachel Seresin, y nos quedamos en ese limbo monstruoso al que arrastré al resto de la familia.

-¿Y al fin te dijo?

La expresión de Jake se torna melancólica.

-Cuando me di cuenta de que estábamos en una misión suicida comprendí que, en realidad, no me importaba. Al mismo tiempo, mi padre me suplicó regresar a casa a cambio de la verdad. Kazansky usó su poder para desclasificar el expediente de mi madre.

-¿Desclasificar? -repite Javier sorprendido.

-Si. Resulta ser que Rachel era agente de la CIA, mierda clasificada hasta no se sabe cuándo. Murió en una operación secreta. ¿Cómo le explicas eso a un niño? -se encoge de hombros y mira hacia la pared llena de fotografías- Yo no sabría cómo. No me extraña que mi padre no supiera.

-Wow -es todo lo que puede decir Machado tras el relato de su amigo.

Para disimular su estupefacción agarra la cerveza y se levanta para volver a ver las fotos. Hay una historia ahí. Una historia de amor y de sombras que se remonta a 1994, o más atrás.

Se da cuenta de que no le asombra tanto ver al capitán, Bradley y Jake en actitudes informales. Lo que le sigue pareciendo bizarro es ver a Kazanky tan distante de su estricta imagen marcial. En una foto viste shorts, toma una mano al pequeño Sean, Maverick tiene la otra mano del niño; en otra está tirado en la arena mientras abraza a su esposa con Jake y Sam -de diez u once años- a cada lado; en una tercera sonríe a la cámara, sus ojos ocultos tras gafas oscuras, mientras alza por sobre su cabeza una pelota de fútbol que Bradley y Maverick tratan de alcanzar. Casi al inicio de la pared hay una que le llama especialmente la atención porque es muy convencional, pero también íntima: el primer cumpleaños de Sean Kazansky. El niño es muy pequeño, así que está sentado sobre el regazo de su madre, frente a una mesa con un gracioso pastel en forma de avión y una sola vela ancha en el centro. A la derecha tiene a Jake y Brad, a la izquierda a Sam y su padre. Su amigo y la hija de Kazansky tienen las mejillas hinchadas, seguro les dieron la tarea de soplar la vela en lugar del bebé. Brad sonríe de oreja a oreja y el futuro almirante tiene una expresión entre agotada feliz.

Javier inspira hondo y se gira hacia Jake.

-Entonces, ¿el novio secreto de Maverick también es de la Marina?

Jake asiente con una sonrisa mínima.

-Por supuesto.

-Así en realidad nos invitaron para que él nos conociera.

-Si.

Jake termina su cerveza, la deja a un lado, apoya los codos en las rodillas, entrelaza los dedos de las manos y apoya la barbilla en ellos. Mira a Javier con expresión calculadora.

-¿Qué pasa?  

Pero Jake niega con la cabeza y se pone de pie.

-No importa. Vamos a regresar, o tío Sundown habrá convencido a tu mujer de unirse algún proyecto de I&D de la Marina y solo llegarás para opinar sobre el color de la casa que les asignarán.

Javier lo mira intrigado. Se da cuenta de que hay algo más que Jake esperaba que comprendiera sin palabras. ¿Se supone que la clave está en las fotos? Vuelve a mirarlas antes de seguir a su amigo a través de la cocina, y no ve nada del otro mundo: una familia poco convencional, pero ¿acaso existen las familias convencionales fuera de la ficción?

Al llegar al patio, María Celeste está muy entusiasmada con Sundown. Javier le da un apretón afectuoso en el hombro a su esposa y decide ir en busca de carne.

El ambiente está relajado en los dos sofás que flanquean la parrilla. Fritz y Milo Ventimiglia se las arreglaron para entablar una conversación ligera sobre cultura pop en la que las Dagas no temen participar. No presionan al actor sobre detalles de su industria, simplemente intercambian sobre preferencias de cine y televisión, sobre los títulos que les formaron. El hecho de que tres de las personas que comparten sus memorias tengan casi veinte años más solo enriquece la experiencia.

-Oye, Javi. ¿Viste Bahía peligro allá en Texas?

El resopla y tuerce los ojos.

-Ah, porque entre las montañas de Kentucky tienen más civilización que en las afueras de San Antonio. -se sienta en el suelo con las piernas cruzadas y levanta su cerveza- ¡Claro que vi Bahía peligro!

-Debe ser la serie de extranjera con más retransmisiones en la TV americana -especula Halo.

-Podría ser -la apoya Omaha.

Payback abre la boca para decir algo más, pero un chillido desde otro de los sofás lo detiene. Todas las miradas se dirigen al sofá donde Vivian Cortell y Sarah Kazansky se abrazan y sonríen como niñas felices y pícaras. Cougar mira interrogante a Ice, quien hace un gesto mínimo de asentimiento. El moreno sonríe con algo de melancolía.

Elsa Williams, Madelaine Williams y Suzanne Kerner casi corren al sofá con expresiones sorprendidas. Se inclinan sobre Sarah Kazansky, y empiezan una conversación en susurros, interrumpida por puntuales chillidos de entusiasmo, que el resto del patio observa con creciente inquietud.

Natasha se inclina hacia delante para poder dirigirse directamente a Brig.

-¿Tienes idea de lo que pasa ahí?

Su compañero de escuadra le devuelve una mirada calculadora, pero no responde, sino que -para aumentar la intriga de Natasha- se gira hacia Rooster.

-¿Bradley?

El otro cruza una mirada rápida con Maverick y le sonríe divertido a su amiga.

-¿Te gustan las bodas, Nat?

-Pues… -ella no sabe muy bien qué responder ante la inesperada respuesta- Como a todo el mundo, supongo.

-Marca tu agenda. Mi padre -hace un gesto con la mano hacia Maverick- se casa por fin. Iná Sarah y Sam van a planear la boda.

-¿Disculpa? -Vivian Cortell levanta la cabeza con expresión amenazante.

Bradley se encoge en su puesto.

-Quiero decir -se apresura a corregir con una sonrisa estrangulada-, todas ellas van a planear la boda.

-Y será genial -asegura Elsa Williams con expresión soñadora. -Ya puedo ver los titulares.

-Pero la idea es…

Sarah Kazansky hace callar a su (futuro) exesposo con una sola mirada.

-Ya te dije -declara Sarah con voz de acero-, que la familia Benjamin no nos ganará en esto.

Las otras cuatro mujeres asienten con fuerza.

La mayoría de los hombres presentes se encogen en sus asientos en solidaridad con Tom. Menos Pete, claro. Pete está disfrutando a plenitud todo este asunto de planear una nueva salida del armario más escandalosa aún que la que tuvo con “Top Gun”.

-Así que dedícate a tu trabajo, cariño, que nosotras nos ocuparemos de la boda.

Ice y Sarah se miran a los ojos por unos segundos, pero al fin él aparta la mirada y asiente. Ella sonríe victoriosa y se levanta con gesto altivo.

-Vengan, quiero mostrarles algunas ideas en las que estuve trabajando con Sam.

Las cinco mujeres se van a la casa bajo las miradas atemorizada de Ice, divertida de Pete y su prole, inquieta del resto de la Escuadra del 86 y completamente confundida de las Dagas.

-¿Tu no vas? -se atreve a preguntar Yale a Sam.

-Nah. Ahora viene el festival de la nostalgia. Que si cuando yo me casé en los ochenta esto. Que si cuando yo me divorcié en los noventa lo otro. Que si llevo veinte años con esta idea para los arreglos florales. Lo mío es la tecnología del siglo XXI: el sitio web, las invitaciones, esas cosas.

Elia resopla burlona. Su novia alza una ceja.

-¿Qué?

-Que tu también llevas pila de años imaginando esa boda, no te hagas.

Sam se encoge de hombros.

-No tanto como ellas. -cambia abruptamente de tema y actitud- ¿Una hamburguesa, teniente Lee? -pregunta con párpados bajos y una cadera ladeada.

Él traga en seco. Mira con miedo a Elia, pero la novia parece encontrar divertida la provocación.

-Seguro -y adelanta su plato.

Al otro lado del patio, Javier vio todo el intercambio con creciente confusión.

Que Sarah Kazansky y las otras mujeres del Escuadrón del 86 quieran planear la boda de Maverick no le extraña. Después de todo, se conocen desde hace unos treinta años. Lo que le parece incongruente es que el almirante Kazansky tratara de intervenir en esos planes. Si a Maverick, que es el interesado, no le interesa frenar a estas mujeres en su competencia con el clan Benjamin, ¿por qué lo haría Iceman? No es como si la boda lo involucrase directamente.

¿Verdad?

A menos que…

¡Oh!

Mira a María Celeste. La expresión de pánico de su esposa le indica que ella ha llegado a la misma conclusión.

Busca con los ojos al resto de las Dagas.

Al otro lado del patio, Omaha tiene el rostro ligeramente verde y Fanboy le dice algo a su piloto en susurros. La cara de Payback pasa de la incredulidad al desdén y busca confirmar su criterio señalando al sofá que ocupan Kazansky y Mitchell.

Javier también gira su atención hacia allí, con la desesperada esperanza de que todo esto sea un equívoco.

Sabe (no tiene que chequear a su alrededor, puede sentirlo) que su esposa, Phoenix, Bob, Fanboy, Yale, Fritz, Omaha y Halo hacen lo mismo: buscan una evidencia material de que sus deducciones sean erróneas. Jake se ha levantado para tomar algo de la mesa. Iceman se inclina hacia Maverick con una sonrisa leve y usa sus dedos para acomodarle un mechón de pelo.

El gesto es casual, íntimo, inequívoco.

La falta de reacción del resto del Escuadrón del 86 es el último clavo en el ataúd de su cordura.

Javier Machado cierra los ojos, traga en seco y busca la mano de su esposa a tientas.

María Celeste tiene la respiración entrecortada y la risita socarrona de Sundown es como un taladro en su cabeza.

Escucha de lejos la voz de su capitán.

-Creo que esta vez si los rompimos, Ice.

Y la respuesta del vicealmirante Kerner.

-Na, una ronda de wiski y estarán como si nada. Si quieres, Yale, te cuento de cuando los encontré…

-¡Una ronda de wiski, por favor! -lo corta Natasha.  

FIN

 

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