17 de julio de 2025

Tengo derecho a esto 10

Capítulo 10: Reacciones 2 

Sumario:

-No pueden revertir su renuncia, pero si pueden dar problemas. Es procedimiento que se contacte a los padres biológicos, les van a informar que California les da derecho a impugnar la adopción. No quiero arriesgarme a que esto se alargue, o peor, se filtre.
Tiffany suelta un bufido incrédulo.
-Estoy con nuestra rubia en esta, Sah -opina Dustin-. ¿Acaso los Lennox te parecieron inocentes palomitas?
-No.
-No -repite él-. Son un par de cabroncetes que se deshicieron de su hijo porque no se ajustaba al rol que le asignaron en su familia perfecta. Son quienes más interés tienen en que esto se resuelva rápido y en silencio.

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Parte 6 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Suits (US TV 2011)

Relaciones: Brigham "Harvard" Lennox/Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Rick "Hollywood" Neven/Leonard "Wolfman" Wolfe

Personajes: Brigham "Harvard" Lennox, Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky, Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Leonard "Wolfman" Wolfe, Rick "Hollywood" Neven, Ray Levoi, Harvey Specter, Mike Ross, Personajes Infantiles Originales, Personajes Originales

Etiquetas adicionales: poliamor, transfobia, incesto, relación secreta, Personaje trans masculino, Abuso infantil implícito/referenciado, Personaje asexual, Sarah Kazansky es la hermana de Tom "Iceman" Kazansky, Jake "Hangman" Seresin es el hijo biológico de Iceman, Jake "Hangman" Seresin Needs a Hug, Drama familiar, Tom "Iceman" Kazansky vive, sexo telefónico, Homofobia Implícita/Referenciada, Adopción

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/tengo-derecho-esto-las-mentiras-que-nos.html

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Lunes 6 de abril de 2020

 

Oficinas de Black Lane Law, Los Ángeles

 

Tiffany da dos toques formales en la puerta para anunciar su presencia. Sahara levanta brevemente los ojos, hace un gesto con la mano para que entre y vuelve a teclear en la computadora. Su rostro tiene esa arruga particular en la barbilla que se le forma cuando está contrariada. 

La visitante se sienta en uno de los cómodos asientos, cruza una pierna por encima de la otra, se acomoda el largo cabello rubio que hoy lleva suelto. 

-Por tu cara, veo que ya leíste el memo. 

Sahara asiente, responde sin dejar de teclear. 

-Cuando nos dieron el caso creí que era un regalo. Esto es coser y cantar, pensé. Ir a ver a los clientes será como unas vacaciones. Tu sabes, bajar por la costa, pasear por la orilla del mar en San Diego, incluso ir al Seaworld. ¡Debí saber que todo se jodería! 

Tiffany sonríe, un poco triste. Las horas en el negocio de la representación legal son locas y enmascarar el descanso como trabajo es habitual. Si, cuando vio que les habían asignado el caso ella también pensó que era la manera que tenían Black y Lane de premiarles. Sería casi como antes, cuando compartían aquella caja de zapatos en Chinatown gracias a la generosidad de la familia Zhao y se escapaban a mirar el mar, porque era todo lo que podían pagar con sus salarios de asistentes. Han pasado cinco años, Dustin, Sahara y ella son estrellas en ascenso en el siempre tórrido mundo de las disputas familiares entre celebridades. Ahora tienen dinero para ir de vacaciones de verdad, pero nunca hay tiempo. 

-Mírale el lado positivo -apoya los codos en los brazos del asiento y une las yemas de los dedos-, esta vez se trata de unir una familia, no separarla con el menor derramamiento de sangre posible. 

Sahara tuerce la mitad de la boca hacia arriba, en un gesto de aceptación renuente. Suena el teléfono, ella conecta la llamada por el altoparlante. 

-Hola colegas.

Dustin suena jovial, pero de fondo hay gritos. 

-¿De dónde llamas? -inquiere Tiffany. 

-La sesión de mediación que les dije. Mi cliente y su ex están -suena un estruendo de madera rota-, expresando físicamente sus sentimientos. 

Las dos mujeres cruzan una mirada intrigada. 

-¿Puedes elaborar eso?

-No es tan complicado, abogada Twaines -responde su amigo, burlón-. Estamos en una sesión de terapia de destrucción. Mi cliente, su ex, la terapeuta asignada por el tribunal, su representante legal, y yo. Rentamos una habitación para canalizar la rabia, con la ayuda de la terapeuta van rompiendo cosas por turno mientras listan todos los rencores que se guardan. 

Sahara mira interrogante a Tiffany, ella asiente, aunque un poco dudosa. Siempre ha sido una mujer más intelectual que física, pero Dustin está en un divorcio entre dos fisiculturistas que dan entrenamiento físico personalizado a gente rica y crearon una marca de alimentos sanos. Tiene sentido que… Se escucha otro estruendo. 

-¿Pero tienes que estar ahí? -pregunta sin disimular su angustia. 

-¡Oh! Definitivamente. Mi cliente y su ex exigieron que sus equipos legales estuvieran presentes, para tener testigos ya que no pueden filmarlo. -bufa- De tanto hacer reels en Instagram han perdido el sentido de la privacidad. Tuvimos que llenar un montón de papeles, por el seguro. Pero el casco me queda chulo. ¿Qué? ¡Uh! 

-¿Qué pasa? -demanda Tiffany cuando el silencio se extiende por casi un minuto. 

-Se están besando. La terapeuta luce muy satisfecha, parece que sabía lo que iba a pasar. Bueno, es su trabajo, no el mío. 

La voz de Dustin cambia de tono y volumen, como si hubiera alejado el teléfono para hablar con alguien en la sala.

-¿Crees que…? ¿No? Pero… Vale, vale. Oye, tengo que salir, otro caso. Gracias. 

Ruido de pasos, una puerta que se abre y cierra. 

-Las actualizo: se están besando, pero la terapeuta dice que igual se van a divorciar. Entonces, el caso de la adopción Lennox, tremendo giro, ¿no?

-Y que lo digas -confirma Sahara.

-Mírale el lado bueno, hermana, vamos a unir a una familia. Usualmente ayudamos a dividirlas. 

Sahara le da una mirada exasperada a Tiffany, que se encoge de hombros en un silencioso “Te lo dije”. 

-Así que -la rubia trata de encarrilar la reunión-, estrategia. ¿Vamos a completar la adopción primero, y luego pedimos el cambio legal de género, o intentamos una simultánea? 

-Estamos en California y esa familia tiene plata, solo con esos factores yo iría por la simultánea. Pero… 

Dustin completa la idea de Sahara sin problemas.

-... pero temes que al unir ambos procedimientos nos arriesgamos a que la familia biológica del niño se entere y den problemas. 

-No pueden -les recuerda Tiffany-. Ya firmaron la renuncia a sus derechos parentales y se presentó el martes pasado en el tribunal correspondiente. En lo que respecta al estado de Utah, eso es firme como la piedra. Todo lo que queda corre por California. ¿Creen que vendrán hasta acá a apelar la legitimidad de los AD 926, AD 880 y AD 924 que firmaron en una habitación llena de abogados? ¿Cuando fueron ellos mismos quienes iniciaron el proceso? ¿Qué le van a decir a la corte? “Ya no queremos que lo adopten porque es trans y preferimos mandarlo a un campamento de reeducación”. ¡Por favor! 

Sahara mueve la cabeza en gesto de negación. 

-No pueden revertir su renuncia, pero si pueden dar problemas. Es procedimiento que se contacte a los padres biológicos, les van a informar que California les da derecho a impugnar la adopción. No quiero arriesgarme a que esto se alargue, o peor, se filtre. 

Tiffany suelta un bufido incrédulo. 

-Estoy con nuestra rubia en esta, Sah -opina Dustin-. ¿Acaso los Lennox te parecieron inocentes palomitas? 

-No.

-No -repite él-. Son un par de cabroncetes que se deshicieron de su hijo porque no se ajustaba al rol que le asignaron en su familia perfecta. Son quienes más interés tienen en que esto se resuelva rápido y en silencio. 

-Apuesto a que ya saben que es trans -apostilla Tiffany. 

Sahara tuerce los labios, repugnada por la idea. Lo peor es que es lo más lógico. 

-Vale, vamos a trabajar para que la espera de este niño para ser reconocido legalmente sea lo más breve posible. Haremos una simultánea. 

Tiffany lanza el puño al aire, victoriosa.

-Si nos apuramos, podemos presentar los primeros documentos para la hora de almuerzo -dice-. Debemos priorizar los papeles para la escuela. 

-Ya que te entusiasma tanto, que tu equipo se encargue del resto del papeleo para el cambio de género. 

-Encantada, Sah. 

-¡Ah! -da un par de golpecitos con el dedo índice en su agenda- Debemos preguntarles si quieren que redactemos un acuerdo de contacto entre hermanos postadopción. Por lo que nos dijo Bingham Lennox de las fotos que le dió el mayor a escondidas, puede que esos niños quieran. 

-Son menores, aunque quieran lo veo difícil, dada la posición de los padres biológicos -opina la rubia.

-Si, pero eso es algo que van a preguntarles en las entrevistas de evaluación y en la primera audiencia de revisión del tribunal de familia. Tienen que tener una respuesta, será evidencia de que, aunque fue repentino, se toman el bienestar integral de Pete en serio. 

-Creo que podemos proponer resolver esa exigencia con un plan de dos partes: Ofreceremos redactar un acuerdo de contacto entre hermanos postadopción estándar, que Martin y Shines trataría de completar en Salt Lake City. Si Christian y Constanza Lennox no permiten el contacto postadopción entre Pete y el resto de su prole. 

-Que es lo que va a pasar -gruñe Sahara. 

-Por supuesto, pero la corte querrá evidencias -continúa Dustin-. Así que cuando llegue el formulario oficial de la negativa, pedimos a la corte que registre y selle un memorándum de intención de contacto entre hermanos postadopción. 

Tiffany da pataditas en el piso. 

-Me gusta, me gusta. 

-A ti te gusta todo lo que implique darle en la cara a los padres controladores. 

-Dime algo que no me dijera ya mi terapeuta, querida. 

-¿Puedo seguir? -se queja Dustin.

Aunque Sahara tiene una idea bastante clara de a dónde va su amigo, dice. 

-Por supuesto, abogado. Tiene usted la palabra. 

-Gracias. Como decía, un memorándum de intención. Jacob Mitchell-Seresin y Brigham Lennox se comprometerán a mantener a Pete informado del desarrollo de sus hermanos y hermanas, siempre que su terapeuta confirme que no le hará daño. También a usar diversos medios para que ellos y ellas sepan de Pete al menos dos veces al año, hasta que Abraham Lennox cumpla los dieciocho y pueda decidir contactar a su hermano por sí mismo. Incluso ofreceremos producir evidencia de estas acciones cuando la  Agencia de Adopciones del Condado de San Diego haga su chequeo el año próximo. 

-Te encanta la mierda de espías, Dustin -Sahara no puede ocultar la diversión en su tono de voz.  

El decide que no vale la pena honras la pulla con una respuesta. Así que simplemente cierra la reunión.  

-Bueno, ahora que estamos en la misma página, tengo que volver a mi fisiculturista rabiosa. Las veo en una hora en la oficina. ¡Ah!, y no te preocupes por la Agencia de Adopciones del Condado de San Diego, Sah querida. Puse a uno de mis internos a investigar. Sea quien sea que nos asignen, sabremos hasta quién le vende tomates.



Miércoles 8 de abril de 2020 

University City, San Diego

 

Jake parquea frente a la casa, baja del auto y da la vuelta para sacar a Pete de su asiento. En cuanto toca el suelo, el niño corre hacia la puerta. Jake y Brig cruzan miradas divertidas. Pete se detiene a quitarse los zapatos en el recibidor, pero mira hacia el interior de la casa, ansioso por compartir sus aventuras. 

-Iná, Mavpá -grita-, ¿dónde están?  

-En la cocina -responde Maverick. 

Pete pone los zapatos en su lugar con dedos torpes por la premura y corre de nuevo. El abuelo da la vuelta al mostrador de la cocina para alejarse del fogón. Se agacha y abre los brazos. Pete se lanza contra él y solo el entrenamiento de años impide que el empujón desbalancee a Maverick. 

-Mavpá, mavpá, ¡no vas a creerlo! -anuncia emocionado. 

Maverick ríe mientras se levanta con el niño en brazos y lo acomoda en una de las banquetas.  

-A ver, cuéntame. 

-Primero saluda, Pete -advierte Brig, que llega con paso más reposado a la cocina, seguido de Jake. 

El niño hace un puchero y baja los ojos, repentinamente avergonzado. 

-Buenas tardes, abuelo Maverick -dice tenso.

Jake tuerce los labios, frustrado. ¿Por qué reacciona con tanta fuerza a un pequeño comentario? Mira interrogante a Brig, que hace un gesto tranquilizador. Si, es verdad, deben tener paciencia. Pete lleva menos de una semana con la familia. 

Maverick, como de costumbre, lo resuelve con acción. 

-Buenas tardes, Pete. ¿La pasaste bien con tu papá y tu papi? Cuéntame, por favor. 

El niño levanta los ojos, alegre de nuevo, pero mira primero a su papá. 

-Adelante -lo anima Brig-, cuéntale. 

Pete se gira hacia su abuelo.

-¡Ya tengo escuela nueva!

Maverick finge sorpresa perfectamente. 

-¿De verdad? 

-¡Si! Mi escuela nueva se llama Maria Curie. Maria Curie fue una señora poli, polu… -se gira hacia Jake. 

-Polaca cariño, polaca -le apunta su papi, sonriente. 

-Si, eso, una señora polaca que hacía ciencia. Gracias a ella nació Spiderman, que no es tan genial como Blue Beetle, pero está bien. 

-Por supuesto -ya Maverick aprendió que pocas cosas son mejores que Blue Beetle. -¿Y te gustó la escuela?

Pete asiente de modo exagerado, desbordante de entusiasmo. 

-Si, es muy bonita. Tiene un patio grande y es solo para niños y niñas pequeños, porque es una escuela elemental. La directora se llama señora Duren, y mi maestra se llama señora Monastero. Vi la clase por una ventana, ¡no usan uniforme! Y tienen un programa de arte después de clase. Y mi papá dijo que puedo unirme para aprender a hacer historietas. Y… -se detiene en seco, arruga la nariz- … y tengo que ir a hacer pipi. 

Jake lo toma por debajo de las axilas y lo baja al suelo. 

-Entonces vamos a subir a tu cuarto. Ya de paso te bañas antes de comer, ¿si? 

Pete asiente y se va con su papi al piso de arriba por la escalera de la cocina. Brig los ve irse, embelesado. Maverick regresa al fogón, pero mirando con el rabillo del ojo a su yerno. 

-¿Así que las gestiones fueron bien?

Brig sacude la cabeza, como si despertara de un sueño. Se sienta en la banqueta que dejó su hijo y asiente. 

-Si, los documentos estaban todos bien y las instrucciones del equipo legal dieron en el clavo. No hubo problemas ni en la clínica, ni en el distrito escolar, ni en la escuela. 

-¿Por fin estará en el aula de la niña de Coyote? 

-Si. 

-Entonces tienen que decirle. 

Brig hace una mueca de incomodidad. Maverick suspira, deja la cuchara de madera sobre el fogón y lo mira de frente. 

-Se que quieres mantenerlo entre la familia, que sientes que así lo proteges, pero no podemos posponerlo más. Pete necesita integrarse a un grupo social más amplio. No solo porque será bueno que ya conozca a alguien en la escuela. Recuerda que pronto vendrán las entrevistas de Servicios Sociales. Tenemos que decirle a la escuadra para mantener el control de la narrativa. 

-Hablas como si fueras un ejecutivo de relaciones públicas. 

Maverick ignora el tono entre plañidero y acusador. 

-He tenido que ser muchas cosas a lo largo de mi vida, Brig. ¿Acaso crees que esta casa y estos secretos se mantuvieron en pie solos? Y si, no todo salió bien, pero sobrevivimos. Ahora podemos hacerlo mejor. Necesitan el apoyo de las Dagas, no solo de Simpson. Así que mientras más rápido sepan de Pete, más rápido sabremos en quiénes confiar y quienes -hace una pausa breve, dice la siguiente palabra con entonación definitivamente amenazadora- necesitarán recibir nuevas asignaciones. 

Brig lo mira dividido entre la admiración y el miedo. La condición de abuelo ha hecho que Maverick perdiera los pocos frenos que tenía. Está listo para virar la Marina al revés con tal de proteger a Pete. ¿Aunque también podría ser que nunca estuvo lo suficientemente cerca como para notarlo? Podría ser. Después de todo, los conoció de niño, pero la ruptura entre Jake y su familia significa que Brig se perdió de verlos con ojos de adulto. 

Decide que no vale la pena ponderar el pasado. 

-De acuerdo. Haremos la barbacoa habitual de los sábados para la escuadra. 

Su suegro asiente. 

-Les diré mañana. 

-¿Y cuándo regresa Ice? 

Maverick hace una mueca de desagrado. 

-Tiene que ir a DC primero, a hacerle carantoñas a varios políticos que quieren hacer no sé qué mierda en Japón. Hará escala acá a la vuelta. Así que la semana que viene.

Brig asiente. Se imagina que la visita de Ice a DC no solo será por asuntos de la Flota del Pacífico. Ya lo de su divorcio con Sarah se debe haber filtrado y él también tiene que controlar la narrativa. El cuento con el que irán confirmará las peores opiniones de Leonard y Rick sobre Kazansky, pero no puede hacer nada al respecto. Si por fin su suegro es elegido como Secretario de la Marina, se mudarán a Virginia, pero eso será el año que viene. Tiene asuntos más urgentes. Como aprender a leer cuentos para dormir y prepararse para la investigación de la Agencia de Adopciones del Condado de San Diego. Su equipo legal les mandó un dossier bastante grueso, con instrucciones sobre cómo responder las preguntas, recursos de la zona para Pete y el perfil del trabajador social que les asignaron: Steve Torrens. 

Tamborilea con los dedos sobre la meseta. 

-¿No crees que debemos invitar a Sam y Elia antes que a la escuadra? -pregunta cauteloso.

Su suegro aprieta los labios, contrariado, pero no dice que no inmediatamente, así que lo considera una victoria. Después de unos segundos, Pete gruñe y regresa al fogón.

-Si, tienes razón -dice sin mirarlo, mientras aprieta la cuchara de madera con un poco más de fuerza de la necesaria. -Vamos a pedirles que el viernes vengan del trabajo para acá y se queden hasta el domingo. 

-Pete, yo lamento que… 

-No tienes nada por lo que disculparte, Harvard -lo corta. -Mis fallas con mi prole son cosa mía. -ríe, pero es un sonido forzado, amargo- Acostúmbrate a la idea de que no importa cuánto te esfuerces, la vas a cagar. Muy poca gente tiene la suerte de Rick y Leonard. 



Viernes 10 de abril de 2020 

Alojamientos de la Marina, MCAS Miramar

 

Natasha y Bob justo acomodan los cojines del sofá cuando la laptop anuncia la llamada. Ella acepta. 

-Hola Rooster. 

Su amigo sonríe. A su espalda ve una pared con decoración anodina, seguramente un hotel cerca de la base. No sabe por qué, pero les dijo que saldría de MCAS Iwakuni para hablarles. Por eso están hablando ahora, pues la diferencia de hora significa que ya es sábado en la mañana en Japón. 

-Hola parejita. 

-¿Todo bien en Japón?

-Tan bien como se podría esperar. No hemos tenido problemas con el clima. La verdad, tengo más trabajo con la planeación de la boda que con mi escuadra. 

Esto les provoca expresiones burlonas. 

-¡Ay! ¿Oyes eso, Bob? Bradley se queja de que se va a casar con un rey. ¡Pobrecito! 

-Si, si. Ya me imagino cómo lucha con el presupuesto y dónde conseguir un local para la fecha que eligieron. 

Bradshaw hace un puchero, levemente ofendido. 

-No sé ni para qué tengo amistades como ustedes. Nadie comprende que este es un momento importante de mi vida y quiero mantener algo de control sobre lo que ocurrirá. 

Ella tuerce los ojos. 

-Mantén el control con tus caderas, casanova. Y enfócate en tener algo que hacer después que te cases. No tienes temperamento para ser adorno de harén. O sea, ¿se dice harén? 

-No se cómo iba a ser un harén si seremos solo yo y su prima, la esposa que le encasquetaron para asegurar la descendencia. Que tiene tanto interés en mí como yo en ella, por cierto. 

-Siempre podrán acompañarse para ir al Grand Prix de Mónaco o a la semana de la moda de París mientras su majestad gobierna -propone Bob. 

-No puedo creer que digas eso con la cara seria -admite Natasha. 

Él se encoge de hombros y sonríe de lado. 

-Lorne Michaels no sabe lo que perdió. 

Esto logra arrancarle una carcajada breve a Bradley. 

-Entonces, ¿cómo está la noche por allá? 

Bob le da una mirada breve a su novia y luego mira a la pantalla. 

-Maverick nos tiene corriendo tantas simulaciones que nuestra idea de una buena noche se ha vuelto llegar a casa, ducharnos, comer y dormir.

Natasha asiente, le pasa un brazo por encima de los hombros a su WSO, y agrega. 

-Creímos que la semana pasada sin Brig había sido difícil, ¡ja! Esta semana tampoco estaba Jake, y ahora sí que anda como loco. Está rediseñando todas nuestras maniobras. Lo peor es que, sea lo que sea, Simpson también está en la combinación. 

Al ver la cara de su amigo en la pantalla, sonriente, pero no sorprendida, Natasha se da cuenta.  

-Y por eso es que llamaste ¿no? Tú sabes qué pasa. 

-Mañana, en la barbacoa en la casa de University City. 

La pareja hace gestos de asentimiento simultáneos. Les alegró mucho la invitación de Maverick ayer. Lo tomaron como una señal de que, lo que sea que le apura, no es de vida o muerte. Su capitán no es del tipo de hacer fiesta cuando hay nubes de tormenta en el horizonte. 

-La barbacoa es para hacer un anuncio. Creí que era mejor ponerles sobre aviso, no quiero que pierdan los papeles en público. 

Phoenix y Bob intercambian una mirada intrigada, pero regresan su atención a Bradley de inmediato. 

-Bueno -lo apremia ella-, ¿qué es? 

-Ustedes saben que Brig tuvo que irse a Utah de corre corre. -la pareja asiente- Bueno, no puedo entrar en especificidades, tampoco creo que haga falta. El caso es que regresó con la custodia de su sobrino de siete años. Jake y él están en los trámites de adoptarlo. Se llama Pete, y después de que el papeleo se complete será Pete Mitchell-Lennox. 

Natasha se queda mirando la pantalla, a la espera. En cualquier momento Bradley levantará la manos con los dedos extendidos, abrirá mucho los ojos, y gritará “Ja ja ja. ¿Inocentes! ¿Cómo pudieron creérselo?” Pero no. Su amigo sigue con la cara seria, mirándola con algo de inquietud. 

-¡Espera! ¿Es en serio? 

Su cara pasa de la inquietud al fastidio en un instante. 

-¿Crees que puedo hacer bromas con algo así? 

Natasha abre la boca, pero siente la mano de Bob en su muslo y la cierra antes de decir algo indebido. Bradley fue adoptado, recuerda, para él este asunto no se puede tomar a la ligera. Levanta las manos en señal de rendición. 

-No, no, para nada. Es solo que… 

-Es solo que es muy repentino todo -interviene Bob. 

Ella asiente con fuerza y le da una mirada de agradecimiento. Ser pareja de Bob, en el avión y en la cama, es lo mejor que le pudo haber pasado. Consciente de que ella aún puede meter la pata, él continúa la conversación. 

-¿Entonces van a casarse? Sacarían a uno de los dos de la escuadra. 

-No. Van a caminar por el borde de la navaja en esto: mientras no se casen no hay razón oficial para separarlos. Ya las Dagas probaron su valía, ¿no? El DoD tampoco tiene interés en arreglar lo que no está roto. Lo único que Ciclón quiere es que a partir de ahora todas las misiones se planeen con solo uno de ellos en el aire. 

-Eso es razonable -apoya Phoenix. 

Bradley le sonríe de nuevo, algo como miedo vuelve a teñir sus ojos. 

-Nat, yo quisiera estar ahí para Jake, pero no puedo. Necesito que tú… 

Ella alza una ceja, escéptica. 

-Vamos, Brad, dijiste que tiene siete años, ya sabe ir al baño solo, ¿no? Jake solo tendrá que aprender a vivir sin ir al Hard Deck cuando le dé la gana para ganar cada maldita vez en los dardos. ¿Cómo esperas que lo consuele por eso, exactamente? 

Su amigo cierra los ojos, se talla el puente de la nariz y suspira. Bob chasquea los labios, reprobador. 

Los mira alternativamente, confundida. 

-¿Qué? ¿Qué?

-Nat, amor, ¿alguna vez oíste a Brig hablar de su familia en Utah? 

Ella arruga la frente. 

-¿No? -responde dudosa.

Bob asiente. 

-No. Porque siempre dice que creció en Arizona, con sus padres adoptivos. Sin embargo, de repente su familia biológica lo llama y regresa con un niño. Está claro que algo malo pasó en Utah. El pequeño Pete debe estar traumatizado por la pérdida. 

-¡Oh! 

Se gira hacia la pantalla, contrita. 

-Discúlpame, Brad, no pensé… -alza las manos, frustrada- Es Handman, ¿ok? Ahora estamos en el mismo equipo y ya no es un cabrón con la escuadra, pero sigue siendo el mismo tipo despiadado con el resto del mundo. Lo hubieras visto hace tres fines de semana en el Hard Deck, cuando una marine trató de flirtear con Brig. La hizo llorar con dos oraciones.

Bradley suelta una risita corta, divertida. 

-Si, Jake es territorial. Lo lleva en la sangre -los labios se le curvan para darle a su rostro una expresión ladina. 

Como alguien que sabe más que los demás, piensa Natasha. Pero no dice nada, porque Maverick les invitó a su casa, la casa que comparte con el almirante Kazansky, pero eso no significa que conocen todos sus secretos. En cambio dice. 

-Vale, en serio. No tengo experiencia con niños traumatizados, pero sé escuchar. ¡No porque sea una chica! -le advierte antes de que él pueda repetir el viejo chiste sobre su naturaleza femenina- Sé escuchar porque tengo un montón de hermanas. 

Enseguida su mente va a sus sobrinos y sobrinas y las estrategias que usa para mantener su estatus de tía cool. 

-¿Debemos llevarle algún regalo? 

-No, porque harás quedar mal al resto de la escuadra. Pero, ¿tu camiseta de la Mujer Maravilla está limpia? 

Ella se le queda mirando, sin saber qué responder. ¿Cómo va a saber qué camiseta tiene limpia así de repente? 

-Si -interviene su maravilloso Bob-, está limpia. 

Bradley asiente. 

-Llévala puesta. Luego deja que Bob sea nerd con Pete y serás simpática por relación transitiva. 

-¡Ey! -protesta el WSO. 

Ella lo hace callar con un dedo en los labios. 

-Eres un nerd, nené. El nerd más ardiente de la Marina de los Estados Unidos.  

Bob saca la punta de la lengua entre los labios y le toca el dedo. El húmedo contacto provoca un temblor en todo su cuerpo. 

-Y esa es mi señal. ¡Hasta pronto! 

-Si, hasta pronto Rooster -responde ella distraída. 

Apenas oye el sonido de la videollamada que se desconecta, enfocada como está en la sensación de su dedo entrando y saliendo de la boca de Bob. 

Es él quien cierra la laptop y la aparta, quien propone, con voz ronca por la excitación, pero aún razonable. 

-¿Vamos arriba? 

 

Sábado 11 de abril de 2020 

University City, San Diego 

 

Coyote es el primero en llegar, casi a las once. Él y María Celeste trataron de posponerlo tanto como fue posible, pero sus hijas están arrebatadas con la casa de la familia Kazanstky-Mitchell. Específicamente con su patio con barras para colgarse o trepar y su espectacular cuarto de videojuegos. Hoy a las ocho de la mañana ya estaban vestidas y peinadas -a su manera, claro-, con el anuncio de que habían hecho sus tareas y tendido sus camas, así que, por favor, “¿Cuándo nos vamos a casa del tío Jake?” 

Jackie y Celeste, como cualquier par de niñas de siete años, pueden ser increíblemente persistentes. Así que a las diez Javier cedió a sus ruegos y llamó a Jake para saber si estaba bien llegar un poco antes de la hora de la invitación, o sea, ya, porque estas niñas me van a matar con sus caras de tragedia. Para su sorpresa, su amigo pareció encantado por la idea. Así que aquí están, con una fuente de ensalada de papas y dos niñas que vibran de emoción en el asiento trasero. 

Menos mal que los cinturones de sus asientos tienen una configuración de  seguridad que impide abrirlos hasta que el motor del auto está apagado. Aún así, ellas se las arreglan para salir antes que Javier y su esposa y corren hacia la puerta principal. Como no alcanzan al timbre, aporrean la madera. 

-¡Tío Jake! 

-¡Señor Maverick!

-¡Señora Sarah!

-¡Tío Brig!

Llaman con sus voces agudas y alegres. 

María Celeste le da una mirada divertida a su esposo en lo que avanza con paso reposado. Por lo menos las niñas sienten suficiente respeto por Kazansky como para no incluirlo en sus gritos. No importa lo que diga su amigo Jake, el almirante les sigue pareciendo demasiado taciturno como para tomarse confianzas con él.

-¿Quién es?

-Somos nosotras, señora Kazansky. -responde Jackie- Vinimos a jugar. 

La puerta se abre al fin, y Sarah Kazansky se agacha para mirarlas de frente. 

-¿Vinieron a jugar?

-Si. -repite Celeste- Mi papá llamó por teléfono al tío Jake y él dijo que podíamos jugar en el patio. ¿Podemos?

Ella las mira, sonriente, y sube sus ojos brevemente hacia María Celeste y Javier. La madre hace un movimiento mínimo de asentimiento, sólo entonces Sarah responde. 

-Claro que pueden pasar. Cuidado al bajar al patio.

Las niñas apenas le prestan atención. Ella se levanta, hace un gesto de invitación a la pareja. 

-¿Eso es ensalada de papas? 

-Si. 

-Excelente. No tienes idea de cómo le gusta tu receta a Elia. 

Caminan hacia el fondo de la casa. En la cocina encuentran a Sam y su novia, picando tomates y col para la ensalada.

-Buenos días. ¿Llegamos muy temprano? 

 -Para nada. -responde Sam sin dejar de cortar- Mientras más mejor.

Pero el comentario no se siente jovial, sino sarcástico. Javier y su esposa intercambian una mirada intrigada. 

-Elia, Maria Celeste trajo la ensalada de papas que tanto te gusta. 

-¡Genial! -ella deja el cuchillo y se acerca para tomar el contenedor. -¡Trajiste para un batallón! Seguro sobra y nos podemos llevar a casa un pote. -se detiene junto a su novia en el camino a la nevera de la terraza- ¿No sería genial, Sam?

Samantha Kazansky levanta la cara, tiene los labios apretados en una línea y los ojos duros, traga en seco y dice al fin, renuente. 

-Si, sería genial. -hace una pausa, mira dudosa a la pareja Machado y agrega- Muchas gracias, María Celeste, realmente nos gusta tu ensalada. 

-Gracias, Sam a mi también me gusta tu… 

-¡No! No hace falta. Sé cuáles son mis fortalezas y la cocina no es una de ellas. 

María Celeste no dice nada, porque es verdad. 

Elia corta el incómodo silencio que sigue al regresar con una botella de cerveza y otra de sidra de manzana. 

-¿Quién manejará de regreso? 

Ella le gana a su esposo por un segundo. Se da un trago de cerveza y suspira satisfecha. 

-Él, por supuesto. -anuncia. 

La mirada de Javier va de la botella de sidra a su mujer, como si todavía no lograse comprender qué pasó. 

-Demoraste mucho en disparar, Coyote. 

El comentario burlón de Brig va acompañado por una palmada en el hombro. 

-Mira quién habla -repone mientras se gira, pero el resto se le queda en los labios. 

Brig tiene apoyado en la cadera a un niño rubio que lo mira de reojo, con la mitad de la cara pegada al ancho pecho de su compañero de escuadra. Harvard le sonríe, pero la tensión de su postura es evidente. Jake aparece detrás de su novio.  

-¡Ey! Javi, María Celeste. ¿Las niñas están en el patio?  

-Si, claro. -responde él automáticamente. 

¿Quién es este niño? Sus ojos grises y el color del pelo le recuerdan a… pero no puede ser, ¿verdad? Él es un hombre extremadamente calculador, no cometería un desliz así. Además, tiene a su esposa, a Maverick y a la Flota del Pacífico, ¿en qué tiempo? Aunque explicaría la tensión de Samantha Kazansky. Mira a su amigo, ansioso. 

-Pete -está diciendo Jake-, quiero que conozcas a Javier y María Celeste Machado. Javier es aviador, como tu papá y como yo. 

Eso atrae la atención del chico lo suficiente como para que se enderece y les mire de frente. Pestañea varias veces, expresión curiosa y cauta. 

-¿Tu vuelas aviones? 

-Si. 

-¿Tu vuelas aviones? 

María Celeste suelta una risa divertida.

-Mejor, yo los construyo -responde orgullosa. 

Los ojos de Pete brillan, admirados. 

-Wow. -sacude las piernas un par de veces para que Brig lo ponga en el suelo y va hacia ella, ignorando totalmente a Coyote- ¿Me puedes enseñar?

María Celeste ríe de nuevo, toma al niño de la mano y, después de cruzar una breve mirada con Sarah, camina con él hacia la terraza. Sam y Elia parecen contentas, Sarah orgullosa, Brig y Jake sorprendidos y divertidos. 

Es la primera vez que Javier se ve desplazado en nivel de fascinación por su esposa. Observa la cháchara de Pete y María Celeste con algo parecido al pánico. ¿Qué puede decir? Nada que no lo ponga en peligro de dormir en el sofá por un par de días. Así que mejor se ocupa del chisme. Se acerca a Brig.

-¿Así que tu hijo? -interpela bajito.

-Si, es mi sobrino biológico y acabamos de adoptarlo. 

-¿Acabamos…? 

-No creerás que lo dejaría ser padre soltero, ¿verdad? -se mete Jake y sonríe, orgulloso. 

-¿Y se llama Pete? 

Harvard se encoge de hombros.

-Venía con ese nombre, que ahora se llame Pete Mitchell es pura casualidad. 

Javier abre mucho los ojos. ¿Pete Mitchell? Un Pete Mitchell rubio y de ojos grises. Ya puede imaginar el terremoto, los chismes, las apuestas, las teorías de la conspiración. 

-Por cierto -sigue Jake-, estará en el aula de tus hijas a partir del lunes. 

Quiere darse una palmada en la cara. ¿Por qué no agarró la cerveza? 

Pete es un niño de siete años, así que su foco en la mecánica de los aviones no dura mucho. María Celeste lo lleva a donde juegan sus gemelas, hace las introducciones de rigor y se retira. Deja que armen su propia diversión corriendo y chillando entre las barras de juegos. 

El resto de la jornada transcurre bien, aunque con más de una sorpresa. 

Maverick llega cargado de burritos, casi al mismo tiempo que Natasha y Bob. Phoenix eligió hoy una camiseta con la Mujer Maravilla. Le queda como una segunda piel. Cuando llegan Fitch y García, la mirada del segundo se demora unos segundos más de lo apropiado en el torso de su compañera. 

-¡Ojos acá arriba, marinero! -le reclama Nat, a lo que Fanboy responde con una sonrisa avergonzada.

-No es lo que parece. -ella alza una ceja burlona, se escuchan varias risas incrédulas. -¡No, de verdad! Esa es la Mujer Maravilla de la continuidad The New 52, no tenía idea de que tenías interés en las camisetas coleccionables, Phoenix. 

Ella se mira, ligeramente confundida. Se vuelve hacia Bob. 

-Nunca me dijiste… 

Él se encoge de hombros y trata de ocultar su incomodidad con una expresión de desinterés. 

-No es tan importante. Solo la compré porque pensé que te quedaría bien, tu… -se sonroja un poco- Tu te pareces a Diana Prince. 

-¿De verdad?

Todas las miradas se vuelven hacia Pete, que apareció de repente entre el grupo de adultos. 

-¿De verdad qué? -pregunta Natasha, tratando de ganar tiempo. 

-¿De verdad eres como la Mujer Maravilla? -le mira las manos y las caderas- ¿Dónde está tu lazo de la verdad? 

-Pues… 

-¡Oh! Definitivamente tiene un lazo de la verdad, solo que está oculto -afirma Jake, con ojos burlones al tiempo que alza a su hijo y lo sienta sobre sus muslos-. Ocurre que Phoenix te mira fijo, muy fijo. De repente, te entran temblores en las rodillas, te suena la barriga, te suda la frente, tratas de mantener la boca cerrada hasta que… ¡ya! -Pete da un pequeño brinco, pero no despega los ojos de su papi- Tienes que confesar lo que sea que hiciste.

El niño sonríe y voltea hacia ella de nuevo. 

-¿Y tienes un avión invisible? 

-Pues técnicamente si. -interviene Maverick- Natasha vuela un F-18 que puede volar tan alto y tan rápido que no se ve con ojos humanos. Además, tiene tecnología de enmascaramiento de última generación. Es invisible a los radares. 

Ahora la mirada de Pete es de arrobamiento. De repente arruga la frente, y abre mucho los ojos. Se inclina hacia Jake y le habla pegado al oído, con la mano tapándole la boca, pero olvida bajar el volumen, así que todo el grupo oye cuando le secretea. 

-¿Papi?

-¿Si?

-¿Y si usa el lazo conmigo? -y a Natasha se le rompe el corazón al reconocer el miedo. 

¿Qué puede ocultar un niño de siete años? ¿Qué secretos imagina tremendos y teme que le obliguen a traicionar? 

-Oye, oye, Pete, escucha. Tu sabes que con un gran poder viene una gran responsabilidad, ¿no? 

Por encima de la cabeza del pequeño ve que Fanboy, Bob y Coyote se escandalizan. Si, ella sabe que eso es de Spiderman y hay un abismo entre DC y Marvel, pero están en una situación desesperada, ¿no? 

Pete la mira, claramente dividido entre la admiración y la cautela. 

-Si. 

-Entonces sabes que yo nunca, nunca, te obligaría a revelar un secreto sin una buena razón. Además, la Liga de la Justicia solo se interesa por los secretos que afectan la seguridad del planeta. Respetan mucho la vida personal de cada cual. 

-Verdad -confirma el niño muy serio. 

-Oye, corazón -se mete Sam-, ¿quieres comerte un burrito con tus nuevas amigas? 

Antes de responder, Pete mira a Brig, como pidiendo permiso. Las Dagas no se pierden la repentina expresión de tristeza de la familia Kazansky-Mitchell ante el gesto. 

-Tu tía tuvo una idea excelente, esos burritos son muy ricos. Anda -lo baja de las piernas de Jake-, ve a buscar a Jackie y Celeste. 

-Si -apoya Javier-, que si se les pasa la hora de almorzar luego se ponen de mal humor. 

Mientras la chamacada está en la mesa de la cocina comiendo burritos y ensalada, Maverick pone en marcha el asador para la carne de la tarde. Al rato llegan Hawking, Halo y Omaha. Después de abrir los ojos como platos al enterarse de la repentina paternidad de sus compañeros de escuadra, se apresuran a felicitarles. 

Nadie puede dejar de notar que es diferente para Emily "Hawking" Shilling. No se lo toman en cuenta porque después de todo ella no estuvo en la Misión y saben que aún encuentra algo confuso el estilo de dirección de su capitán, que ha convertido las Dagas en una extensión de su familia. Ella es más mesurada en su reacción y durante el resto de la tarde sigue dándole miradas confundidas a Jake y Brig. Emily había oído los rumores de su intensa codependencia, claro, pero verles así, en este ambiente doméstico, todavía es desconcertante. 

Los últimos en sumarse son Fritz, su esposa Diane, su bebé Faith y Yale, que se resiste a comprar un auto propio porque, total, vive al lado de su WSO. Sus reacciones también son testimonio de que se han acostumbrado al tipo especial de caos que implica estar bajo las órdenes de Maverick Mitchell. Los dos hombres abren un poco los ojos, sacuden las cabezas y se apresuran a presentarse con Pete. 

Diane Avalon, en cambio, mira del portabebé donde su hija de casi un año sacude una maruga a Pete Mitchell-Lennox, parado muy derecho frente a ella con la mano extendida. Su rostro muestra las marcas del agotamiento crónico usual en los primeros dos años de maternidad. Crecida en el mismo pueblo de Kentucky que su esposo, Diane estaba más apurada que él por escapar con la ayuda de la Marina. Ha seguido a Billy por casi ocho años, nunca se quejó de la vida nómada, de las desapariciones por misiones secretas, de la incertidumbre. Pero eso ha cambiado después de la Misión y con la creación del escuadrón  VFA-111, Dagas. Ha forjado un lazo con Callie Bassett, Natasha Trace, María Celeste Machado, Sam y Sarah Kazansky. Hasta con la rara de Emily Shilling. Sabe que no es como ellas, sofisticadas mujeres de mundo, pero ellas la aceptaron sin tratar de cambiarla o menospreciarla. No quiere perder esta familia dispareja. 

-¿Así que vienes de Utah? -pregunta mientras estrecha su manita. 

-Si, señora Avalon.

-Diane está bien, Pete. 

-Si, señora Diane. 

-Tienes muy buenos modales, eso es bueno. Ahora somos familia, porque mi esposo vuela con tus padres. ¿Entiendes? 

Los ojos grises de Pete van del rostro de Dianne al portabebé. Aprieta los labios, serio. 

-Si, entiendo. 

Ella solo asiente, severa a pesar de la felicidad que le aletea en el pecho. Su Faith necesitará un hermano mayor, y parece que el rapaz que Brig y Jake se sacaron de la manga está, al menos, dispuesto a intentarlo. 

-Bien. -le sonríe. Es una sonrisa pequeña, pero se le extiende a los ojos. El niño le devuelve una sonrisa tímida. 

-Ahora ve a jugar, o no tendrás apetito cuando tu abuelo tenga listo el asado. 

Ese es el tipo de orden que no hay que repetirle a alguien de siete años, normalmente. Pero Pete mira por encima de su hombro, a Jake. 

-Ve, hijo -autoriza el hombre. 

Solo entonces el chico corre de vuelta a lo que sea que tienen en marcha las gemelas de Machado. Diane se vuelve hacia Seresin. 

-Gracias. 

Ella se encoge de hombros.

-No es nada. -baja los ojos hacia su bebé- Tengo que cambiarle el pañal. 

Y como ya está familiarizada con la casa se va hacia el baño al lado del despacho. 

Pasa la tarde estudiando al niño y la pareja de padres de estreno. ¿Qué pasó con la familia biológica de Brig? Ha oído historias de horror de Utah y los mormones desde que era niña, pero las contaban sus parientes conservadores y machistas, así que nunca ha estado segura de cuánto era verdad y cuánto mito. No importa, Diane percibe algo en Pete que no puede definir, pero hace que quiera abrazarlo y ocultarlo del mundo. Por lo que ve, el resto de su familia trata de contener ese mismo impulso. 

“A ese le gusta desafiar a la muerte”, le dijo una esposa en la base anterior, cuando comentó lo único que sabía de la Misión, que el instructor era el infame Maverick. No fue hasta que vino a San Diego en diciembre que se dio cuenta de que Kazansky y Mitchell -siempre son los dos, no debe olvidarlo- también les gusta coleccionar almas perdidas. 

-¿Un trago? 

María Celeste Machado está frente a ella con dos botellas de cerveza. 

Lo piensa un poco, acaso demasiado, porque Callie le da un codazo en el costado. 

-Ya dejaste de dar el pecho, ¿no? ¿Cuál es el problema? 

-Verdad -extiende la mano. 

María Celeste le da su bebida y arrastra una silla para sentarse frente al sofá donde Diane, Callie y Natasha disfrutan de la sombra y el hermoso escenario de hombres sudorosos alrededor de la parrilla de carne. 

-¡Eh! Ahí no, que me tapas la vista -exige Phoenix. 

María Celeste suelta una risa corta, pero mueve su asiento hasta quedar en ángulo recto con uno de los costados del sofá. 

-¿Mejor? 

-Perfecto -asiente la piloto y vuelve a mirar embelesada hacia la barbacoa. 

-Así que… ¿Pete? -pregunta bajito Machado. 

-Juro que cuando creo que todo está tomando forma, esta familia me tira una curva -suspira Callie. 

-Al menos ya no tenemos que temer que Brig deje a Jake por un rubio menos desagradable -opina Natasha.

María Celeste tuerce los ojos. Ella conoce a Jake desde hace mucho, sabe de su ternura. La persistencia de Natasha en caracterizarlo como un insufrible es… 

-Tan repetitiva. ¿No estabas trabajando en eso en tu terapia? 

Natasha, siempre madura, le saca la lengua. 

-Chicas, por favor. -Diane realmente se siente extraña siendo la voz de la razón- Es un niño muy tierno y educado. Si queremos que esto de las Dagas funcione, los niños son importantes. 

-Suenas como un personaje de La Firma -se queja Callie, porque ella es tan nerd como Bob y Mickey García, pero solo lo deja ver entre otras mujeres. 

Diane toma un trago, se encoge de hombros y responde. 

-No quiero mudarme y volver al ritual de conocer esposas militares. Son generalmente mujeres de vistas estrechas y muy dadas al chisme. 

-Ya, porque nosotras no somos dadas al chisme. 

-¿Qué dice, señora Machado? -sonríe Natasha- Nosotras solo comentamos de modo minucioso las interacciones sociales de la comunidad. 

-Por ejemplo, el hecho de que Amelia Benjamin está saliendo con el mayor de los nietos de Simpson -dice una voz masculina.

El hombre se inclina por encima del espaldar del sofá para ofrecerles una fuente de carne picada en pedacitos menudos, tomates y aceitunas. Callie se apresura a tomarla y ponerla en la mesita baja frente a ellas. 

Natasha gira la cabeza para ver a Jake, que sonríe socarrón. 

-¿Entonces tu eres la esposa? -espeta. 

El rubio hace un puchero, mira brevemente a Brig, que está ayudando a Pete a comer, regresa sus ojos a las cuatro mujeres. 

-Puedo ser lo que yo quiera, Phoenix. Tengo derecho a eso. 

FIN

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