2 de marzo de 2023

FRAGMENTOS DE UN SUEÑO 1

 Serie: Tierra Media Alterna
Parte: 4
Resumen: Serie de relatos independientes

De la ley y otros demonios


Este episodio refiere a la relación entre los gemelos de Rivendel, Elladan y Ellohir, con Amroth, un elfo avari. Para comprenderlo bien, sin leer "El Segundo Regreso del Rey" (parte 2 de esta serie), recomiendo leer (al menos) estos capítulos:

30 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/05/el-segundo-regreso-del-rey-30.html

32 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/08/el-segundo-regreso-del-rey-32.html

36 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/10/el-segundo-regreso-del-rey-35.html

37 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/10/el-segundo-regreso-del-rey-36.html

38 http://palabraspulsares.blogspot.com/2008/01/el-segundo-regreso-del-rey-37.html

41 http://palabraspulsares.blogspot.com/2008/03/el-segundo-regreso-del-rey-41.html

42 http://palabraspulsares.blogspot.com/2008/04/el-segundo-regreso-del-rey-42.html

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Imladris, Año 2 de la Cuarta Edad del Sol

-Elladan, ¿un pase?
El elfo moreno alza los ojos para enfrentarse a Glorfindel, que le ofrece una espada roma.
-¿No te agotan lo suficiente tus pacientes? -inquiere jovial al tiempo que se levanta para aceptar el reto.
El rubio niega suavemente, con expresión de leve nostalgia.
-Es otro tipo de cansancio. A ti tampoco te agota el despacho, al parecer.

El Señor asiente. Aunque bendice la paz que disfrutan desde hace poco, el tedio de las minucias legales le calienta la sangre lentamente. Es por eso que, cada dos o tres jornadas, viene al campo de entrenamiento y se esfuerza con el más reciente grupo de reclutas, ese con al cual la instrucción se enfoca en desarrollar la resistencia a partir del agotamiento extremo. Luego se sientan bajo los árboles, comparten la bota de vino, el pan, el linimiento para las magulladuras, las bromas.

Y el Soberano siente la cabeza más clara.

Alguna que otra vez, incluso, su esposo Ellohir o su prometido Amroth -así les considera en su mente y les llama en la intimidad- bajan también desde la Casa Grande y practican esgrima contra el Señor ante la muchachada, que grita, toma partido y comenta las técnicas y las trampas. A Elladan le gusta eso:

Ha crecido junto a su esposo. Enfrentarse a Ellohir es enfrentarse a si mismo, buscar grietas en la estilizada técnica que le mantuvo con vida por mil quinientos años. Adelantar una finta o resistir un revés de su gemelo provoca la misma tensión dulce de cuando hacen el amor o danzan: un juego de entregas y complicidad.

En cambio, Amroth es un misterio. Aunque recibió entrenamiento como Guardia del Reino del Bosqueverde -cuyas técnicas y rutinas son más o menos conocidas en todos los dominios de los eldars-, ahora que combate sin reglas y con una mano de menos, Amroth se hace escurridizo y cauto, dado a ataques laterales y estocadas de engaño en las que desvía la fuerza de su oponente. Elladan reconoce las huellas del viaje agónico desde el Mar de Rhun hasta el reino de Thranduil: su prometido combate sin estilo ni honor, como un niño que quiere sobrevivir y a fuerza aprendió a ocultar sus muchos miedos y sacar el máximo a las escasas fuerzas. Y es bueno (Elladan lo sabe porque en cada combate le cuesta más la victoria), bueno para combatir y para saber cuándo rendirse.

Con Amroth, cruzar espadas es como cortejar: un juego de seducción y descubrimientos.

-¿Listo?
La voz de Glorfindel le regresa de sus fantasías bélico-afectivas. Debe concentrarse, porque están solos y se ve que su maestro se quiere sacar el calor de la sangre.
-Listo.

Empiezan con amagos y ataques laterales. Elladan sabe que Glorfindel está midiendo fuerzas al tiempo que se calienta. Debe observar a su maestro ahora, ¿alguna vez llegó a derrotarlo? Pero el gemelo no puede pensar mucho en cómo desarmar al vencedor del balrog, pronto se ve apabullado por la andanada de golpes que le caen en caótica sucesión de arriba, por la derecha y la izquierda sin que pueda descifrar su orden. Así que retrocede dos pasos para equilibrarse.

El rubio sonríe con maldad y avanza. Elladan mantiene una defensa tan torpe que, por primera vez desde que se convirtiera en soldado de fortuna para el Ejército de Fornost, debe retroceder en la dirección que su maestro le impone.

-¿Ya fijaste la fecha?
Lo incongruente del tema descoloca al moreno y deja pasar un golpe.
-¡Maestro!
-Eso es por no pensar mientras combates.
Glorfindel vuelve al ataque discordante e insiste.
-¿Y bien?
Elladan toma aire entre parada y parada.
-Amroth quiere que sea entre el Día de la Victoria de Anar [Solsticio de Invierno, 21 de diciembre] y el Día de la Llegada de Yavanna [Equinoccio de Primavera, 21 de marzo]. Porque es de buen augurio casarse poco antes de las siembras.
-¿Su Señoría practicará rituales de fertilidad en los campos arados?

Elladan sabe que se ha sonrojado, y eso que el tono de Glorfindel es de burla evidente. Es que la sola mención de una fiesta como la del Fuego de Mayo que involucre a sus esposos le provoca sentimientos encontrados. Prefiere no contestar y su maestro vuelve a ser serio.

-¿Una boda blanca entonces, el río helado y un hoyo abierto por espada para derramar la sangre en el torrente?
El gemelo niega.
-Tiene que ser después del deshielo, o la familia no podrá estar presente.
Glorfindel asiente. Es razonable que los gemelos quieran compartir la ceremonia con quienes les apoyaron por tanto tiempo. Y, desde luego, invitar al Clan de Maedros es demostrar que Amroth les importa, que Feanor estaba equivocado con ellos.

Ahora Elladan inicia un ataque impetuoso, trata de que el rubio retroceda y acorralarlo. Glorfindel mantiene la sangre fría, pero apoya un pie en cierta zona de grava suelta y se desequilibra. El moreno cree llegada su oportunidad, levanta la espada para el golpe de gracia y sonríe.

Un arma se interpone a la de Elladan de la nada y la expresión de Glorfindel se torna socarrona. Avanza y marca dos veces a su contrincante con la ayuda de Erestor.

-¡Maestro! -se queja el discípulo ante la inesperada intervención.
-Eso es para que aprendas a mirar alrededor. ¿Qué? -se burla al notar que Elladan está indeciso sobre la continuación de la justa- ¿No puedes con dos viejitos?
El hijo mayor de Elrond gira y queda frente a la pareja.
-Listo.
Intercambian nuevas fintas antes de volver a hablar.
-Entonces, ¿una boda verde? -insiste Glorfindel.
Pero ahora Elladan tuerce el gesto: no le agrada hablar del asunto frente al Primer Consejero.
-Verde, si, y discreta. Solo para la familia.
-La boda de un soberano nunca es discreta -advierte Erestor entre dientes mientras intenta forzar la guardia por arriba.

Elladan traba el golpe y usa de apoyo de su segundo atacante para saltar, con lo que el golpe de Glorfindel destinado a su vientre solo corta el aire. Retrocede, recompone la guardia y ataca.

-Será discreta: una vieja costumbre de eldars, celebrada entre eldars, con testigos eldars -y en su tono hay desafío.
-Muy discretos tus testigos -repone Erestor-: los soberanos de tres reinos. Sabes que al reconocer la boda reconocerán la ley.
-¿Y? -es evidente que el gemelo no ve el sentido de la acusación.
-Que el Consejo aprobó reconocer el valor de la Ley Antigua dentro de los límites del valle, si alguien considera que pretendes extenderla, podríamos tener que discutirlo de nuevo.
Elladan endurece la mirada y devuelve un golpe con especial fuerza. ¿Qué vio Glorfindel en este elfo atravesado?
-¿Me amenazas, Consejero? -y pone especial énfasis en el cargo.
Erestor esquiva con gracia la finta y resopla.
-Es mi deber advertirte del sendero que tomas, mi Señor -y casi escupe el título.
-¿Advertirme de que ahora votarás en contra?
Pero el moreno no se deja provocar.
-Mi voto es secreto, pero te recuerdo que la Ley Antigua fue reconocida como base de tu enlace para no dejar al Valle sin soberanos. Eso es muy distinto a reinstaurar su valor en toda Arda. Habrá quienes no quieran llegar tan lejos.

Elladan se detiene a mitad del gesto y Erestor marca su vientre -con lo que gana el combate-, pero el gemelo no siente el dolor ni da importancia al hecho. ¿Esos perros del Consejo planean...?

-Yo... -se calla. Es que tiene un remolino en la cabeza y no soporta la idea de balbucear frente a Erestor.

¿Dónde están? Le han hecho adentrarse en el Parque, un bosque artificial lleno de trampas y caminos engañosos donde se entrena a la Guardia. No hay nadie cerca, lo sabe porque el tamaño de las sombras indica que es hora del almuerzo; lo siente porque ser cauto se ha hecho parte de su naturaleza. De hecho, están solos. ¿Por qué hablan de esto aquí y no en el despacho?

Glorfindel y Erestor no dicen nada, solo esperan mirándole a los ojos. Conoce esa mirada: esto es un examen. Elladan asiente, acepta el reto. Bien, si tuvieron esta charla larga y dolorosa –en el sentido literal del término– para jugar ahora a las miradas, significa que los hechos están a la vista, solo debe unir las piezas en su mente. De acuerdo, si, puede hacer eso. Paso a paso, como cuando Glorfindel les llevaba a buscar rastros por el bosque y debían construir una historia.

¿Dónde están? Le han hecho adentrarse en el Parque, no hay nadie cerca, porque quieren que esto sea solo para sus oídos, no para su esposo o su prometido. Hablaron de la boda, ¿cierto?, de la fecha, del ritual y de los invitados. Es de la boda, ¿pero no deben saberlo sus esposos? No, espera, el Consejo podría volver a reunirse si creyeran que sus pretensiones son muy grandes, porque aceptar una invitación es aceptar la ceremonia, y aceptar la ceremonia es aceptar la ley. Los invitados, el problema son los invitados. “Muy discretos tus testigos” dijo Erector “los soberanos de tres reinos.” Si, bueno, es el Señor del Valle, ¿quiénes van a ser sus parientes? Veamos: el Consejo resuma adoración por la abuela, Lady Galadriel podría decretar mañana mismo que cada elfo debe comer carne y aprobarían los diseños de una chiquera en menos de un día. No, el problema no es Bosque Dorado. ¿Halladad? Saben que está casado con la hermana de su prometido, y parte importante de su política interna es el regreso de muchas de las costumbres antiguas. Están revisando toda su legislación ahora mismo para expurgar las contaminaciones de tanto roce con mortales y enanos. Es probable que, a la larga, los sindar recuperen aún más leyes antiguas y pongan en un aprieto a los otros reinos élficos. No, Bosque Verde tampoco es el problema. Solo queda…

–¡Es mi hijo! –y la deducción se ve confirmada por la mirada culpable de Glorfindel y levemente incómoda de Erestor. –¿Están locos? No puedo casarme sin mi hijo.
–Ya no es un niño, Elladan –le recuerda el vencedor del balrog. –Hace décadas que dejó de ponerse cáscaras de papa sobre las orejas para fingirse un elfito.
–Es mi hijo –repite el Señor del Valle con fiereza. –Fue amamantado por Elrohir, le enseñé a andar y cabalgar…
Pero la voz del Primer Consejero le interrumpe.
–Nunca fue tu hijo ante la Ley, ni siquiera se asentó Estel como su nombre legal. Nos esforzamos mucho porque no olvidara su legado, porque aceptara ir a reclamar el derecho de su linaje de sangre. Es Aragorn, hijo de Arathorn, fue coronado rey Elessar Telcontar, el heredero verdadero y único de Isildur y soberano de los reinos gemelos de Gondor y Arnor. Es el Rey de los Hombres.

Elladan traga en seco. Sabe que los argumentos son válidos. Sabe, incluso, que los enemigos de Estel en Gondor podrían usar esta boda en su contra.

–Lo educaste para Rey, Elladan –le recuerda Glorfindel.
–Lo hice –admite con los dientes apretados.
–Y si es un buen Rey entenderá que no puede venir ausentarse de Gondor de nuevo, esta vez para celebrar un incesto.

Elladan mira a Erestor con rabia. Nadie como él para escoger las palabras más desagradables. Pero no responde, ¿qué va a decir? Da un par de pasos para alejarse de ellos y mira el cielo.

Es una mierda ser soberano, fue lo que pensó al comprender que amaba a su hermano. Uno no puede amar a su gemelo y detentar un señorío. Elrohir le hizo verlo de otra manera: solo al gobernar un señorío puedes ponerte por encima de la ley, incluso permitirte amar a tu hermano. Persistió por eso, porque tenía la esperanza de que las cosas serían mejores si alcanzaba su cuota de poder. Buscaron y obtuvieron poder en la corte de Fornost y en las comunidades nómadas del Reino Perdido, poder suficiente para que sus actos no fueran cuestionados, siempre que la discreción marcara sus acciones.

Ahora no se esconde, y es porque nadie le disputa el poder en el Valle. Esta es una parte del poder que por herencia le corresponde: ser Señor del Valle y rescribir la Ley. Es posible que llegue a gobernar Bosque Dorado, si los abuelos se aburren algún día de tal belleza, no lo sabe. Además, él o alguno de sus hijos serán la elección natural para ejercer la regencia de Arnor, pero esto solo es así porque Aragorn es Rey en el sur. Será regente porque Aragorn ha crecido para redimir a su estirpe, para ser Rey. No puede tenerle en su boda porque lo educó bien.

Los Valar aman la ironía.

Elladan vuelve a mirar a los dos elfos con rostro ya controlado, impasible. Ese es el tipo de expresión que se cultiva y aprecia entre los Primeros Nacidos, aunque él nunca ha comprendido bien para qué sirve, excepto para complicar las relaciones.

–Ha sido una práctica muy agradable, Primer Consejero, Sanador Mayor. Ahora, si me permiten, debo escribir una carta a mi hermana.

NOTAS:

Este relato se refiere a la reinstauración de la Ley de Matrimonio Adelfogámico que se menciona en los capítulos 38, 41 y 42 de “El segundo regreso del rey”. En antropología se llama adelfogamia a el matrimonio institucionalizado entre hermanos. Más al final del relato.

Anexos:

Incesto entre gemelos (trad de Wiki en inglés “Incest_between_twins”)

El incesto entre gemelos, también conocido como "twincest" (inglés), es una subclase de incesto entre hermanos e incluye relaciones heterosexuales y homosexuales. Aunque en la cultura moderna de Europa Occidental este comportamiento se considera tabú y es muy raro, el incesto entre gemelos es un elemento común en las mitologías indoeuropeas, de Indonesia y Oceanía, y hay algunas sociedades en las cuales la prohibición sobre el mismo está limitada o el fenómeno es parcialmente aceptado.

En la sociedad de Bali

En la cultura tradicional de Bali era común que dos gemelos de distinto sexo se casaran entre si, ya que se asumía que habían tenido sexo en el útero. La explicación antropológica usual de esta costumbre está basada en explicaciones de los conflictos entre descendencia y afinidad en la sociedad balinesa. El incesto entre gemelos era un elemento común en la mitología de Bali -numerosos mitos de la creación del sudeste asiático presentan en papel preponderante una pareja de gemelos o hermanos. En una de las historias más comunes, el hermano se casa con su hermana y ella concibe un hijo, pero al descubrir que son hermanos, son forzados a separarse. Como en muchas otras mitologías, las deidades de Bali frecuentemente se casan con sus hermanos sin ninguno de los problemas que enfrentan las parejas incestuosas humanas.

Incesto en el folclor (trad de Wiki en inglés http://en.wikipedia.org/wiki/Incest_in_folklore)

Islandia

En el folclor de Islandia un argumento común incluye un hermano y una hermana que conciben (ilegalmente) un bebé. Inmediatamente deben escapar de la justicia al irse a vivir a un valle remoto. Allí tienen varios hijos más. El varón tiene habilidades mágicas que usa para dirigir a los viajeros en dirección al valle o lejos del mismo, según decida. La pareja de hermanos siempre tiene una hija y cualquier cantidad de hijos. Eventualmente el padre permite que un joven (usualmente en busca de una oveja perdida) entre al valle y le pide que se case con la hija y de a él y su hermana-esposa un funeral civilizado tras su muerte.

Bretaña / Irlanda

En algunas versiones de la leyenda británica medieval del Rey Arturo, Arturo accidentalmente engendra un hijo con su media hermana Morgana en una noche de lujuria ciega, y, cuando oye en una profecía que traerá la destrucción de la Mesa Redonda, intenta matar al niño. El niño sobrevive y se llama Mordred, su último némesis.

Endogamia (trad de wiki en inglés “Incest”)

El incesto que resulta en descendencia es una forma de endogamia cercana (reproducción entre dos personas con ancestro común). La endogamia lleva a una mayor probabilidad de defectos congénitos porque incrementa la proporción de cigotos homocigóticos, en particular de alelos recesivos perjudiciales, que producen desordenes. Como tales alelos son raros en las poblaciones, es improbable que dos cónyuges sin parentesco sean ambos portadores heterocigóticos. Sin embargo, como los parientes cercanos comparten una gran parte de sus alelos, la probabilidad de que cualquier alelo recesivo perjudicial presente en el ancestro común sea heredado de ambos padres se incrementa dramáticamente con respecto a las parejas exogámicas. Contrario a la creencia común, la endogamia no altera por si misma la frecuencia de los alelos, sino que incrementa la proporción relativa entre homocigóticos y heterocigóticos. Sin embargo, como la mayor proporción de homocigóticos recesivos perjudiciales expone a los alelos a la selección natural, a la larga su frecuencia disminuye más rápido en la población endogámica. A corto plazo, la reproducción incestuosa debe producir aumento de los abortos espontáneos, muertes perinatales y descendencia con defectos de nacimiento. También puede haber otros efectos perjudiciales además de los causados por enfermedades recesivas, como el hecho de que un sistema inmune similar puede ser más vulnerable a enfermedades infecciosas.

Un estudio de 29 nacimientos resultantes de incestos entre hermanos o padre-hija encontró que 20 tenían anormalidades congénitas, incluyendo cuatro directamente atribuibles a alelos autosómicos recesivos.

PARA QUÉ QUIERO MÁS Presentación


Este fanfic es un regalo de cumpleaños muuuy dilatado que escribí para Midhiel. Yo le pedí diera las líneas generales de la historia y contestó:

Fecha: Sun, 11 Dec 2005 19:53:14 -0800 (PST)
De: "Rocío Aria"
Asunto: Hola, aquí te mando mi pedido

Hola:
Je, je, lo estuve meditando el fin de semana y me encantaría un buen lemon entre Legolas y Elladan. Que Leggy sea el uke (El penetrado) y el gemelito el seme (El que penetra).. .
Que el lemon sea consentido, sin violación ni torturas y el resto te lo dejo a vos.
Muchísimas gracias por el regalo y lo voy a estar esperando.
Besitos agradecidos
Rocío

Así que la aventura de escribir ficción por encargo se dilató casi tres años (que vergüenza). De cualquier modo, la historia quedó así:

  1. Le trajo el temporal (http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/01/fanfic-para-que-quiero-ms-1.html)
  2. Ellos son dos por error (http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/04/para-que-quiero-ms-2.html)
  3. Me llevo el gusto del vino en la boca (http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/04/para-que-quiero-ms-3.html)
  4. Yo me duermo a la orilla de un abismo (http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/04/para-que-quiero-ms-4.html)
  5. No nos da risa el amor (http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/04/para-que-quiero-ms-5.html)
  6. Aceptemos nuestras derrotas (http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/04/para-que-quiero-ms-6.html)
  7. ¿Para qué quiero más? (http://palabraspulsares.blogspot.com/2009/02/para-que-quiero-mas-7-final.html)




SECRETOS DE FAMILIA 3 QUIENES

 

Capítulo 3 QUIÉNES

Retrocedieron por los corredores en penumbras hacia zonas más frecuentadas. Fred guiaba Harry sin palabras, lo conocía lo suficiente como para saber que el moreno deseaba reunirse con Lupin. Se detuvieron frente a una habitación individual en una zona preparada especialmente para los aurores sin heridas graves, pero que se encontraban agotados por la batalla. El lugar se distinguía por la ausencia de parientes con ojos expectantes clavados en las puertas, aquí había genuina paz, un lujo extraño dentro de un hospital. El pelirrojo abrió la puerta y se apartó para que Potter pasara. El joven le dio una mirada agradecida y ordenó en tono cansado.

–Dame diez minutos con Remus, por favor. Entretanto busca a Hermione, Tonks, Mundungus, Bill y Hestia, nos reuniremos aquí para discutir lo de Malfoy y ver qué política seguimos dentro del Ministerio. ¿Claro?
–Perfecto. –Fred fue a moverse en busca de los otros miembros de la Orden, pero Harry lo retuvo.
–Ten cuidado Fred. No comentes nada en los pasillos, esto es...
–No te preocupes amigo, yo inventé las orejas extensibles ¿recuerdas?
Weasley se alejó con paso rápido y Potter entró a la habitación.

El local estaba decorado con blanco y azules muy pálidos. Era pequeño, pero cálido y agradable. Tomas sintió que el corazón le daba un vuelco al ver tendido en la cama a Lupin. Tenía un brazo en cabestrillo, la túnica rasgada, el pelo castaño revuelto y los mismos ojos dulces de siempre. Al verlo así, ajeno y joven, deseó saltar a sus brazos y gritarle cuánto lo extrañaba. Bendijo al pensadero solo por esa visión, que le permitía conocer al último de los Merodeadores antes de que la soledad y el desgaste de las transformaciones mensuales lo mataran, cuando él contaba diez años. Tenía dulces recuerdos de Lupin, y atesoraba en su memoria las anécdotas que sus padres le narraban sobre el licántropo y su difícil amor por Severus Snape, el adusto profesor de pociones. Lleno de envidia, vio cómo su padre se derrumbaba en los cálidos y fuertes brazos del licántropo, sus lágrimas corriendo a raudales.

–¿Qué ocurre Harry? –pero el joven no dejaba de gemir– Lo de Draco no es tan grave.
–Remus, vengo de hablar con el sanador... es horrible, Remus... por Merlín, mi Draco.
–Cálmate, serán felices ahora. Ya todo acabó Harry.
–No acabó... no acabará nunca...
–¿Qué manera de pensar es esa? El tiempo sana todas las heridas.
–Él me lo dijo Remus, me lo dijo, y yo reí como un tonto. Eso es lo que soy, un estúpido Gryffindor.
–Harry –le obligó a levantar la cara y mirarlo a los ojos– Nada es irreparable, en especial con el amor que Malfoy y tu se tienen. Ahora te vas a calmar y me explicarás qué te puso en ese estado.

Harry suspiró y le contó a Remus todo. El rostro del licántropo se iba endureciendo ante la descripción de los abusos a que fuera sometido el rubio. Cuando acabó de hablar, se dejó caer sobre su pecho y se ovilló como un niño pequeño. Lupin estrechó sus brazos, intentando confortarlo.

–Hay algo más, ¿no? Al entrar dijiste que él te lo había dicho. ¿A qué te referías?
El menor dudó, se veía que le costaba seguir adelante.
–En la batalla, cuando me enfrenté a Voldemort, hubo un momento, cuando ya estaba en el suelo y sangrante, en que empezó a reír como loco. Decía cosas que me parecieron ilógicas en ese instante, pero... Dijo que yo no podía ganar, que su heredero acabaría la partida, que esto era solo una tregua. También dijo que Draco ya no me pertenecía. En ese momento me reí de él. Nada podrá separarme de Draco, contesté, él es un veela y soy su elegido, ni un imperius logrará borrarme de su corazón. El se revolvió en el suelo, su risa era estrepitosa, inhumana. Rió tan fuerte que se ahogó en su propia sangre, luego lo decapité y reduje a cenizas, como habíamos planeado. Me sentía ligero hasta que llegué ante esa puerta y el sanador me dijo... ¿Entiendes?
La respuesta fue queda, dolida.
–Entiendo.

Tomas pensó que, de poder caminar, habría caído sentado en ese mismo instante. Se apartó con un empujón de la cama donde ambos magos permanecían abrazados. Eso no podía ser, era una broma, alguien había manipulado el pensadero, estaba en una pesadilla de su padre. Todas esas descabelladas ideas se agolparon en su mente y fueron desechadas a igual velocidad. Respiró en busca de serenidad, su saliva tenía el sabor de la hiel. Deseó salir de allí, y casi rompe el hechizo, pero la voz de su padre le detuvo.

–Lo peor es saber que Draco lo quiere, que quiere a esa vida sin forma que late en su interior. Su magia está en mínimo por haber protegido a su bebé. No puedo dañarlo Remus. Aunque sea el hijo de Riddle, es hijo de Draco también. La maldita serpiente me ganó, me lo ha quitado.
–Nadie pierde nada que no está dispuesto a dejar ir. –afirmó con voz dura Lupin– ¿Vas a dejar que esto te separe de Draco? –le obligó a levantar la cabeza– ¿Es que ya no lo amas?
–Pero... –la voz del Gryffindor era casi un balbuceo– el niño... es el hijo de Riddle... no puedo criar al hijo Lord Voldemort, el Ministerio le quitará ese bebé a Draco, estoy seguro... y él se morirá de pena o perderá la razón.
–¡Casi me da vergüenza oírte! Es el hijo de Draco, de tu esposo ¿recuerdas? Dentro de unos minutos llegarán otros miembros de la Orden y debes decidir si te quedas con Draco, o si lo abandonarás a su suerte. Es ahora cuando te enfrentas con Voldemort en realidad Harry Potter. ¡Ahora!

Ambos hombres quedaron en silencio, sus miradas enfrentadas, el hombre lobo estaba erguido en el lecho, sus manos sujetaban al joven por los brazos. Potter parecía al borde de sus fuerzas, su rostro estaba gris y desencajado. Poco a poco, los ojos recuperaron el brillo asesino que vieran sus enemigos en el campo de batalla. Sus labios se curvaron en una sonrisa decidida.

–Lo amo, Remus. Ningún mago demoníaco nos va a separar.

Tomas soltó el aire que había estado reteniendo y sintió que alguien le tocaba el hombro. Para su horror, descubrió a Draco a su lado, su rostro lívido y sus ojos chispeantes. Solo una palabra salió de sus labios.

–¡Vámonos!

Lo tomó del brazo y la oscuridad se adueñó de sus sentidos.

El regreso fue tan violento que casi cae de su silla. Por instinto, lanzó sus manos adelante, tratando de alcanzar el borde de la mesa de estudios. Su equilibrio era precario y sintió que el ligero mueble no lo sostendría mucho más, un rápido vistazo le reveló que su silla estaba ladeada y por eso tendía a lanzarlo. Decidió dejarse caer y arreglar las cosas desde el suelo, tomó aire y aflojó los dedos, pero nunca tocó el piso.

Unas manos delgadas y fuertes le sostuvieron por la espalda y, con un gesto que denotaba gran fuerza muscular, lo alzaron varios centímetros. Libre de cargas, la silla recuperó su posición de equilibrio, y entonces lo pusieron sobre ella de nuevo. El chico intentó girar y enfrentar a su padre, pero Draco fue más ágil y hurtó el cuerpo yendo hacia el pensadero. Lo tomó y salió sin decir una palabra.

Tomas se quedó solo en la gran estancia llena de sus viejos amigos de papel, ahora ninguno de sus arcanos secretos podría confortarlo. La biblioteca nunca le pareció más hostil y ajena. Se dirigió a su habitación y saltó a la cama. Lloró hasta que el sueño y el cansancio se apiadaron de su alma.

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Harry Potter salió de la chimenea con un claro gesto de inquietud, a medias feliz por librarse de la insoportable recepción que el Ministerio preparara por sus cuarenta y dos años, a medias inquieto por la repentina llamada de su esposo. Draco le había solicitado desde el fuego para pedirle que regresara, alegó no se sentía bien y le era imposible asistir a la recepción. Amparado con tal demanda, había sido fácil decir un breve discurso y desaparecer. Sin embargo, estaba seguro de que algo grave esperaba en casa. Llevaba mucho tiempo a su lado y la sutil tensión en sus finos labios era más que elocuente para él. El rubio salió de la cocina al oírle y se detuvo a unos metros, extremadamente tenso. El ojiverde decidió aclarar las cosas pronto.

–¿Qué te ocurre?
–¿A mí? Nada. El problema es Tomas.
–¿Otra vez con eso? –se apartó de las llamas y dirigió sus pasos a la cocina– Hoy es mi cumpleaños, por favor, deja tus temores por un día.
Draco le dedicó una mirada fría y el hombre se tensó.
–No te burles, Harry. Soy un veela, pero no un juguete. Te llamé por una razón real, me encontré a Tomas en la biblioteca, mirando el pensadero. Creo, creo que lo sabe.

La luz se hizo de repente en el cerebro del hombre. Miró lleno de asombro a su pareja y se lanzó escaleras arriba, sentía tras sí los pasos del esposo. Por un instante deseó increparlo por no decirle antes, pero desistió, consciente de que su primera prioridad era Tomas. Alcanzó la puerta en pocos saltos, respiró hondo, y trató de hallar dentro en su interior calma para la conversación que le esperaba.

La habitación estaba silenciosa, Tomas estaba frente a la chimenea y giró al sentir la puerta abrirse. Harry alcanzó a reconocer sorpresa en su rostro, antes de que las emociones fueran escondidas en la máscara de fría impasibilidad que aprendiera de Draco. Notó que, de la parte trasera de la silla, colgaba una abultada mochila, así que puso un hechizo para que la puerta no se abriera si no era por su mano. Luego arrastró una silla hasta quedar cerca del muchacho.

–Buenas tardes.
–Buenas tardes –pareció que el chico deseaba decir algo más.
Señaló el equipaje en su espalda.
–¿Y esa bolsa?
–Me voy –pareció dudar antes de darle más información–. Me voy a Hogwarts.

El hombre negó lentamente y quedó a la espera. Tomas sintió que la dulzura de sus ojos era intoxicante. Se sentía tan culpable, tan arrepentido. Su voz tembló, pero halló fortaleza para usar las palabras que tenía planeadas.

–Por favor, señor Potter, déjeme ir.
–Hasta hace unas horas era, simplemente, papá.
Tomas bajó los ojos ante el leve reclamo.
–No puedo ahora que sé... –el hombre hizo un gesto de entendimiento.
–Draco me dijo que miraste el pensadero. ¿Puedo saber, qué viste exactamente?
Tomas tragó en seco, le costaba trabajo hablar de su reciente experiencia.
–Desde que sacudiste a Pravus por burlarse de mi papá, hasta tu conversación con Remus, cuando él te preguntó si dejarías a Draco.

Harry resopló de asombro. Si bien creía que, eventualmente, Tomas podría saber la verdad, ninguno de los posibles escenarios que imaginó incluía tantos detalles escabrosos.

–¿Y ahora quieres irte? –el chico asintió– ¿Te parece una solución?
–¿Hay alguna otra? –puso su mano pequeña y delgada sobre la grande del adulto– Yo no quiero que papá sufra viéndome cada día. Déjame ir, por favor.
–No Tomas. ¡Somos tu familia!
El chico negó con expresión decidida.
–Sé quién era Riddle, tengo varios compañeros cuyas familias desaparecieron bajo La Marca. Por su culpa, papá se quedó sin familia, tú te quedaste sin familia. ¿Cómo puedes pedirme que me quede?
El moreno atrapó la manita entre las suyas y acercó su cara a la del joven.
–Porque eres mi hijo.
–¡No! Soy hijo del hombre que mató a tus padres.
–Eres mi hijo –repitió en tono amenazante el adulto–, y mataré a quien se atreva a negarlo. –sus ojos adquirieron el mismo brillo bélico que Tomas viera en el pensadero, cuando la guerra y el dolor eran moneda corriente– Al principio, no, lo admito. En los primeros meses no pude tocarte ni mirarte demasiado, pero luego te colaste en mi corazón con tus manías para comer, tu curiosidad, tu inteligencia. Fueron horas viéndote dormir entre las mantitas: tu piel pálida, las piernas deformes y la respiración trabajosa. El odio que debía sentir luchando con el cariño que se me instalaba, sin entender de sangres o guerras. El amor no respeta ninguna de esas divisiones, aprendí mi lección dos veces, primero con Draco, luego contigo. Eres mi hijo Tomas, nadie cambiará eso.

El chico lo miró lleno de asombro, todos los argumentos que urdiera en sus horas de soledad se derrumbaban ante la confesión de aquel hombre tan poderoso y débil a un tiempo. Recordó que la infancia de Potter distaba mucho de haber sido feliz, para él la familia era el más caro sueño ¿y ahora le pagaba con el abandono? Intentó un último recurso.

–¿Y papá Draco? Dice que me parezco demasiado a Ya–Sabes-Quien.
El adulto lo miró con ojos cansados.
–Se llamaba Voldemort, y si, la verdad es que eres idéntico a él, cuando tenía tu edad. ¿Sabías que cometió su primer asesinato a los quince años? Pocos lo saben. Creo que ahora que comprendes sus temores, podrás ser paciente, ¿no? A Draco le perturbaba sobre todo la posibilidad de que lo supieras y lo odiaras de alguna forma por ello.
–¿Odiarlo? –se asombró profundamente ante tal idea– Pero... ¡él no tuvo la culpa!
–No y tú tampoco, sin embargo, planeabas abandonarnos.

Tomas quedó mudo ante tal análisis. Ambas posiciones eran igual de insostenibles, en efecto, pero él había estado tan seguro de que debía huir. Se sintió terriblemente triste por Draco, acosado por el miedo a ser descubierto durante diez y seis años.

–Entiendo –comentó–. Ahora que ya no teme descubrirse. ¿Estará mejor?
–Podemos trabajar en eso, los dos ¿no? Sería un excelente regalo de cumpleaños que me prometieras semejante ayuda.
–Pero, para no parecerme a Voldemort, tendré que saber cómo era. ¿Te molestaría...?
–No inventes trucos para hacerme hablar de tu padre, Tomas –las mejillas del chico se colorearon de vergüenza–. Hablando francamente, yo lo veía en las batallas o en las sesiones de tortura. El que sabe cómo era el día a día es Draco, pero nunca habla de esa época. Lograr algunos comentarios al respecto, puede ser tu próximo proyecto de espionaje –sonrió afectuoso y le acarició la mejilla, su voz se tornó evocadora–. Te pareces tanto a Draco.
–¿De veras? Yo siempre desee parecerme a ti: ser un héroe.
–Odio ser héroe, y lo sabes. A mi me parece que en eso eres todo un Malfoy, paciente, sutil, discreto y no te arriesgas si no hay ganancia asegurada.
Tomas rió ante semejante descripción de su carácter.
–Yo me he arriesgado sin estar seguro de nada –opinó una voz desde la puerta de la habitación.

Padre e hijo contemplaron con asombro a Draco Malfoy. El rubio estaba apoyado en el vano de la puerta con esa estudiada dejadez que parecía natural en él. Sin embargo, pocas personas le habían visto así: con el cabello revuelto, los ojos rojos, rodeados de sombras, las manos temblorosas, apretando el picaporte como si en ello le fuera la vida. Por su rostro agotado y las arrugas de su túnica, Harry dedujo que había escuchado toda la conversación sentado en el suelo, junto a la puerta. Draco intentaba recomponer su máscara de fría tranquilidad, pero la inquietud de cómo sería recibida su intervención era evidente. Ante la ausencia de respuestas, se atrevió a dar un paso hacia el interior, hablo con una voz ronca y extrañamente sensual.

–Ahora no recuerdo ningún riesgo así, pero estoy seguro de haberlo hecho –fingió meditar al respecto–, alguna vez.

Harry se le quedó mirando asombrado, Tomas rodó en su dirección lentamente. Al ver la distancia disminuir, Draco dejó escapar un ligero quejido y dio un paso atrás. Tomas se detuvo y volteó en demanda de ayuda. Harry se levantó y fue donde su esposo, deslizó un brazo alrededor de la cintura en dulce y férreo abrazo. Tomas volvió a moverse, y esta vez Draco no pudo retroceder. Su rostro se crispó un tanto, pero Potter le besó el cuello y murmuró palabras en su oído para confortarlo. Tomas se detuvo a medio metro de sus padres. Los esposos empezaron entonces a flexionar las piernas, hasta que sus rodillas tocaron el suelo y las tres cabezas quedaron a similar altura. La respiración de Draco era trabajosa, su cuello rígido indicaba a las claras todo el esfuerzo que le costaba permanecer tan cerca de su hijo. Tomas levantó una mano para acariciar los cabellos casi blancos.

–¡No! –la voz revelaba un miedo antiquísimo, pero Tomas no se detuvo y dejó las suaves yemas de sus dedos vagar por la suave cabellera de su padre.
–Es nuestro Tomas ¿ves? –susurró Harry.
Draco asintió, con un brillo de sorpresa en sus ojos grises.
–¿Todavía soy tu Tomas?
Sus miradas se encontraron. Por mucho que Draco se esforzó, no descubrió en esos ojos la furia y el odio que esperaba, en su lugar había ternura, inteligencia, respeto y, mucho temor al rechazo.
–Tomas –alcanzó a decir–, te extrañaba.
–¡Papá! –había tanta gratitud en esa palabra– Yo, yo también te extrañé.