¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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30 enero, 2008

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 38

¿YA SOMOS TRES? EN MARCHA

“La entristecida rama
de los albaricoques
no tiembla más de frío,
pues sonríe de flores.”
Li Taipo


Elladan dejó caer la brazada de leña en el rincón junto a la estufa y suspiró satisfecho. Las señales eran claras fuera: la primavera se acercaba y, con ella, su regreso a casa, a Imladris.

Al pensar en su hogar, no pudo evitar cierto desasosiego. Ahora él era el Señor y, aunque dudaba que alguien tratara de impugnar sus derechos, se le hacía muy cuesta arriba seguir mintiendo, permanecer sin hijos solo porque… El gemelo cortó esa línea de pensamiento con un resoplido molesto. Sabía hasta dónde tensar las leyes y nombrar heredero de Imladris a un bastardo de Ellohir era imposible. Además, de que no podría condenar a su propio hijo a semejante destino ¿o si? ¡Por Elbereth que no sabía!

Estaba en el punto muerto de siempre.

El quería, no, necesitaba salir de las sombras, darle a su esposo todos los derechos, honores y comodidades, solo así estaría seguro de que el nuevo fruto de su amor no sería malogrado. Ellohir no resistiría perder otro bebé. No estaba seguro de que él mismo pudiera enfrentar una quinta pérdida. Lleno de impotencia, Elladan descargó su puño contra la pared.

–¿Estás loco?Elladan se volvió, sorprendido por el reclamo. ¿Cuánto tiempo llevaba Ellohir observándolo? No pudo preguntar, su gemelo ya estaba revisando los nudillos lesionados.
–Eres bruto como un orco –rezongó al comprobar que la piel se había levantado en algunas partes.
–Yo también te quiero –repuso Elladan bajito.

Ellohir levantó los ojos, asombrado por la respuesta. ¿Qué ocurría? Su pareja no solía ser tan clara en sus expresiones de amor sin estar absolutamente seguro de quién y dónde escuchaba –mil quinientos años de sigilo tienen su afecto. Frunció el seño, tratando de rehacer la línea de pensamiento del otro. Usualmente, lo único que ponía a Elladan tan expresivo era…

Ellohir dejó caer la mano herida y caminó hacia la ventana del salón. Ahora era él quien deseaba golpear las paredes, gritar su rabia, su odio por su propia naturaleza traidora.

–Creí que lo había disimulado bien –dijo bajito, sin volverse y al instante comprendió lo fútil del intento: dos personas no viven juntas por quince siglos sin llegar a conocerse.
–Sabía que no querías hablar de ello –explicó Elladan. –Pero no puedo dejar de sentir que…
–¡Ni se te ocurra! –le cortó el menor girándose de prisa. –No me gusta que pienses semejantes cosas, menos aún que las digas.
El mayor asintió. Aunque el asunto le inquietaba, su esposo tenía razón en que la sala de Bolson Cerrado no era el mejor lugar para discutirlo.
–Ya casi es primavera –dijo para pasar a un tema más frívolo, pero Ellohir le dedicó una mirada todavía preocupada.–¿Haz pensado que en cualquier momento nos hacen abuelos? –le preguntó, dejando claro que sus pensamientos seguían senderos similares, pero que tendía a alcanzar el extremo de las cosas.
Elladan se le quedó mirando, sin respuesta. No, no había pensado en eso. Todo el asunto de Auril había tenido un desarrollo tan breve y violento que jamás se detuvo en el detalle de que…
–Los abuelos más guapos de la Tierra Media –repuso mecánicamente, por no quedarse sin defensa.
–Pero abuelos –insistió el menor y no había humor en sus palabras. Evidentemente, ninguno de los dos podía hacerse a la idea, y de nuevo fue Ellohir quien puso en claro todo lo que le perturbaba del asunto. –Abuelos de los hijos de Legolas.

Elladan arrugó la frente, incómodo a su vez. Él también recordaba el compromiso que propusiera Halladad en el verano de 1 603, durante un período especialmente tenso con Thranduil. Lor Elrond estaba muy entusiasmado con la idea, pero el mismo Rey de Mirkwood se había ocupado de desautorizar a su heredero. Los tres jóvenes involucrados estaban más que satisfechos de que el proyecto nunca hubiera llegado a oídos del rubio príncipe. No solo porque a ellos les pareciera mal que intentaran casar a Legolas sin su conocimiento o autorización, sino porque, siendo honestos, el pequeño sinda era quien más profundo espacio tenía en el corazón de ambos hasta la llegada de Estel, pero nunca de una manera sensual. Y ahora Legolas era parte de la familia, aunque no de la manera que Elrond ni los gemelos desearan o imaginaran, definitivamente, el clan tenía cierta tendencia a salirse de la línea.

–Somos prisioneros de Vairë –concluyó.
–¿Y te molesta el modo en que tejió su red?

Los gemelos se giraron, sorprendidos por la dureza de la pregunta. Legolas estaba recostado en la puerta que daba a la galería central del agujero hobbit, los brazos cruzados sobre el pecho. Sus ojos reflejaban decisión, dureza, la fuerza que recuperaba a pasos agigantados desde su ruidosa reconciliación con Estel. Pero no era tranquilizador ver esa fuerza enfocada sobre ellos dos.

–Para nada –repuso al fin Elladan, optando por la parquedad ante la beligerante actitud del rubio.
Legolas se acercó y les miró alternativamente, luego habló despacio, como quien teme equivocar las palabras.
–Aquella tarde, cuando llegaron a Rohan con los dunedain, creí que todo estaría bien, pero cuando descubrieron lo que ocurría entre Estel y yo, inmediatamente sentí como vuestras miradas se endurecían. Estoy consciente de que nos vigilaban cuando vagábamos solos y no volvimos a tener una charla civilizada hasta el regreso a Mirkwood. Se que mucho ha pasado desde entonces, pero necesito saber ¿por qué?
Los elróndidas intercambiaron una mirada que era mitad duda, mitad vergüenza, pero el valor se impuso, al fin y al cabo, los tres eran amigos. Ellohir se acercó a Legolas y le sonrió con afecto.
–Debes perdonarnos, Hojita, actuamos como un par de viejos cascarrabias entonces. Solo vimos que Estel faltaba a su compromiso, a la palabra dada ante la familia. Inmediatamente pensamos en el honor, no en el amor, y te culpamos.
–¿Creyeron que yo le había seducido? –pregunta incrédulo Legolas y Elladan asiente.
A unos metros de él, su pareja tiene los brazos cruzados y mira la estufa, avergonzado.
–No fue hasta que nuestro padre habló con nosotros de vuestro matrimonio que comprendimos que había bastante más que lujuria entre los dos, que Estel actuaba tal y como lo habíamos enseñado.–
¡Pero hemos sido amigos desde hace más de mil años! –les reclamó el sinda. –Podrían haberme preguntado, reclamado. Todo era preferible al muro de silencio que levantaron a nuestro alrededor. Estel y yo nos sentimos tan sorprendidos y decepcionados. Con ustedes contamos desde el principio, fue un golpe duro para él, ¿saben?
Elladan suspiró, estaba realmente avergonzado de aquella actuación, pero Legolas era ya adulto, por edad y sufrimiento, sabría comprender.
–¡Oh! Dejemos de dar vueltas –dijo interrumpiendo la disculpa de su pareja. –Mira Legolas, la verdad es que estábamos celosos.
–¿Celosos?
–Si, celosos de que nos quitaras a nuestro niño. Cuando surgió su compromiso con Arwen nos costó trabajo aceptarlo, pero transamos al cabo porque nunca hubo demasiada pasión entre ellos y nosotros…

Elladan se detuvo, era la primera vez que decía todo esto en voz alta, y no estaba seguro de poder decirlo de nuevo. Durante los días en Lindon, había comprendido que su actitud no difería mucho de la del mismo Elrond años atrás, no estaba seguro de qué le avergonzaba más, haber repetido los errores de la familia o haber sido vencido por su hijo. Tomo una profunda inspiración antes de continuar.

–Nosotros razonábamos de una manera tan posesiva que preferíamos verlo casado con alguien a quien realmente no amaba mientras no se alejara. Entonces descubrimos su romance. Era demasiado, después de todo, Estel es nuestro único hijo y una relación contigo era peligrosa ¿entiendes?

Legolas asintió de manera mecánica, demasiado asombrado para decir palabra. Entendía, si, entendía muy bien la fiera defensa de lo que sus amigos consideraban una extensión de si mismos, carne de su carne, sangre de su sangre. Desde su secuestro ya no le sorprendía descubrir el lado oscuro de las personas.

–Sin embargo, fueron a cazar elfos por mí –señaló. Los gemelos no pudieron dejar de sonreír ante el hecho.
Ellohir volvió a tomar la palabra.
–Y eso es lo que nos gustaría que le contaras a nuestros nietos. Que rectificamos.
–De acuerdo –aceptó el rubio con una gran sonrisa, feliz de tener a sus amigos definitivamente de vuelta.
–¿Amigos? –trató de concluir Ellohir.
–Amigos –asintió Legolas. –No puedo estar enemistado con tan lindos abuelitos –agregó y corrió por su vida con una gran carcajada.

La primavera colmó con creces las más locas esperanzas de Sam. En su propio jardín los árboles comenzaron a brotar y a crecer como si el tiempo mismo tuviese prisa y quisiera vivir veinte años en uno. En el Campo de la Fiesta despuntó un hermoso retoño: tenía la corteza plateada y hojas largas y, aseguró Elladan, se cubriría de flores doradas en abril: era en verdad un mallorn, y la admiración de todos los vecinos.

Pero con el impetuoso crecimiento del árbol dorado, llegó también la hora de las despedidas. La guerra había terminado, y su paso había dejado largas cicatrices en la tierra y las personas –bien lo sabían los hobbits. Frodo, Sam, Merry y Pippin estaban conscientes de que Aragorn y Legolas debían regresar al sur, donde muchos años de reconstrucción les esperaban. Sin embargo, los amigos no estaban melancólicos esta vez, porque ahora todos gozaban de salud y, al menos en la Comarca, la cosecha sería buena.

Una mañana fresca de marzo, con el sol reflejándose en los charcos de la última nieve, los gemelos, Aragorn, Legolas y Geniev enjaezaron sus monturas y abrazaron muy fuerte a sus amigos y a los niños de Rosita. No hubo demasiadas palabras, porque un montón de vecinos se habían reunido para despedir al Rey. Y es que la que la idea de un soberano que abriera nuevos caminos y promoviera el comercio de yerba de pipa estaba entusiasmando de veras a los hobbits, al punto de que el Thain ya preparaba un nuevo calendario de fiestas (banquetes) en su honor.
Aragorn miró despacio a Frodo, buscando palabras para agradecer todo lo hecho por Legolas y por él en las últimas semanas, sentía que la estancia en aquel bello agujero hobbit era más valiosa que toda la Guerra del Anillo. Al fin dijo.

–Y bien, entrañable amigo, el árbol crece mejor en la tierra de sus antepasados; pero siempre serás bienvenido en todos los países del Oeste. Y aunque en las antiguas gestas de los grandes tu pueblo haya conquistado poca fama, de ahora en adelante tendrá más renombre que muchos vastos reinos hoy desaparecidos –y quitándose un anillo con una gema blanca que llevaba en el dedo del centro, lo puso en la palma de Frodo. –Cuando temas por los tuyos, manda este objeto en señal de ayuda y nada me detendrá para ayudarte.

Frodo asintió, agradecido, y se guardó el anillo en un bolsillo del chaleco con parsimonia. Luego los cinco jinetes tomaron el camino de Bree y trotaron hacia sus hogares.

TBC...

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