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2 de marzo de 2023

FRAGMENTOS DE UN SUEÑO 1

 Serie: Tierra Media Alterna
Parte: 4
Resumen: Serie de relatos independientes

De la ley y otros demonios


Este episodio refiere a la relación entre los gemelos de Rivendel, Elladan y Ellohir, con Amroth, un elfo avari. Para comprenderlo bien, sin leer "El Segundo Regreso del Rey" (parte 2 de esta serie), recomiendo leer (al menos) estos capítulos:

30 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/05/el-segundo-regreso-del-rey-30.html

32 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/08/el-segundo-regreso-del-rey-32.html

36 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/10/el-segundo-regreso-del-rey-35.html

37 http://palabraspulsares.blogspot.com/2007/10/el-segundo-regreso-del-rey-36.html

38 http://palabraspulsares.blogspot.com/2008/01/el-segundo-regreso-del-rey-37.html

41 http://palabraspulsares.blogspot.com/2008/03/el-segundo-regreso-del-rey-41.html

42 http://palabraspulsares.blogspot.com/2008/04/el-segundo-regreso-del-rey-42.html

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Imladris, Año 2 de la Cuarta Edad del Sol

-Elladan, ¿un pase?
El elfo moreno alza los ojos para enfrentarse a Glorfindel, que le ofrece una espada roma.
-¿No te agotan lo suficiente tus pacientes? -inquiere jovial al tiempo que se levanta para aceptar el reto.
El rubio niega suavemente, con expresión de leve nostalgia.
-Es otro tipo de cansancio. A ti tampoco te agota el despacho, al parecer.

El Señor asiente. Aunque bendice la paz que disfrutan desde hace poco, el tedio de las minucias legales le calienta la sangre lentamente. Es por eso que, cada dos o tres jornadas, viene al campo de entrenamiento y se esfuerza con el más reciente grupo de reclutas, ese con al cual la instrucción se enfoca en desarrollar la resistencia a partir del agotamiento extremo. Luego se sientan bajo los árboles, comparten la bota de vino, el pan, el linimiento para las magulladuras, las bromas.

Y el Soberano siente la cabeza más clara.

Alguna que otra vez, incluso, su esposo Ellohir o su prometido Amroth -así les considera en su mente y les llama en la intimidad- bajan también desde la Casa Grande y practican esgrima contra el Señor ante la muchachada, que grita, toma partido y comenta las técnicas y las trampas. A Elladan le gusta eso:

Ha crecido junto a su esposo. Enfrentarse a Ellohir es enfrentarse a si mismo, buscar grietas en la estilizada técnica que le mantuvo con vida por mil quinientos años. Adelantar una finta o resistir un revés de su gemelo provoca la misma tensión dulce de cuando hacen el amor o danzan: un juego de entregas y complicidad.

En cambio, Amroth es un misterio. Aunque recibió entrenamiento como Guardia del Reino del Bosqueverde -cuyas técnicas y rutinas son más o menos conocidas en todos los dominios de los eldars-, ahora que combate sin reglas y con una mano de menos, Amroth se hace escurridizo y cauto, dado a ataques laterales y estocadas de engaño en las que desvía la fuerza de su oponente. Elladan reconoce las huellas del viaje agónico desde el Mar de Rhun hasta el reino de Thranduil: su prometido combate sin estilo ni honor, como un niño que quiere sobrevivir y a fuerza aprendió a ocultar sus muchos miedos y sacar el máximo a las escasas fuerzas. Y es bueno (Elladan lo sabe porque en cada combate le cuesta más la victoria), bueno para combatir y para saber cuándo rendirse.

Con Amroth, cruzar espadas es como cortejar: un juego de seducción y descubrimientos.

-¿Listo?
La voz de Glorfindel le regresa de sus fantasías bélico-afectivas. Debe concentrarse, porque están solos y se ve que su maestro se quiere sacar el calor de la sangre.
-Listo.

Empiezan con amagos y ataques laterales. Elladan sabe que Glorfindel está midiendo fuerzas al tiempo que se calienta. Debe observar a su maestro ahora, ¿alguna vez llegó a derrotarlo? Pero el gemelo no puede pensar mucho en cómo desarmar al vencedor del balrog, pronto se ve apabullado por la andanada de golpes que le caen en caótica sucesión de arriba, por la derecha y la izquierda sin que pueda descifrar su orden. Así que retrocede dos pasos para equilibrarse.

El rubio sonríe con maldad y avanza. Elladan mantiene una defensa tan torpe que, por primera vez desde que se convirtiera en soldado de fortuna para el Ejército de Fornost, debe retroceder en la dirección que su maestro le impone.

-¿Ya fijaste la fecha?
Lo incongruente del tema descoloca al moreno y deja pasar un golpe.
-¡Maestro!
-Eso es por no pensar mientras combates.
Glorfindel vuelve al ataque discordante e insiste.
-¿Y bien?
Elladan toma aire entre parada y parada.
-Amroth quiere que sea entre el Día de la Victoria de Anar [Solsticio de Invierno, 21 de diciembre] y el Día de la Llegada de Yavanna [Equinoccio de Primavera, 21 de marzo]. Porque es de buen augurio casarse poco antes de las siembras.
-¿Su Señoría practicará rituales de fertilidad en los campos arados?

Elladan sabe que se ha sonrojado, y eso que el tono de Glorfindel es de burla evidente. Es que la sola mención de una fiesta como la del Fuego de Mayo que involucre a sus esposos le provoca sentimientos encontrados. Prefiere no contestar y su maestro vuelve a ser serio.

-¿Una boda blanca entonces, el río helado y un hoyo abierto por espada para derramar la sangre en el torrente?
El gemelo niega.
-Tiene que ser después del deshielo, o la familia no podrá estar presente.
Glorfindel asiente. Es razonable que los gemelos quieran compartir la ceremonia con quienes les apoyaron por tanto tiempo. Y, desde luego, invitar al Clan de Maedros es demostrar que Amroth les importa, que Feanor estaba equivocado con ellos.

Ahora Elladan inicia un ataque impetuoso, trata de que el rubio retroceda y acorralarlo. Glorfindel mantiene la sangre fría, pero apoya un pie en cierta zona de grava suelta y se desequilibra. El moreno cree llegada su oportunidad, levanta la espada para el golpe de gracia y sonríe.

Un arma se interpone a la de Elladan de la nada y la expresión de Glorfindel se torna socarrona. Avanza y marca dos veces a su contrincante con la ayuda de Erestor.

-¡Maestro! -se queja el discípulo ante la inesperada intervención.
-Eso es para que aprendas a mirar alrededor. ¿Qué? -se burla al notar que Elladan está indeciso sobre la continuación de la justa- ¿No puedes con dos viejitos?
El hijo mayor de Elrond gira y queda frente a la pareja.
-Listo.
Intercambian nuevas fintas antes de volver a hablar.
-Entonces, ¿una boda verde? -insiste Glorfindel.
Pero ahora Elladan tuerce el gesto: no le agrada hablar del asunto frente al Primer Consejero.
-Verde, si, y discreta. Solo para la familia.
-La boda de un soberano nunca es discreta -advierte Erestor entre dientes mientras intenta forzar la guardia por arriba.

Elladan traba el golpe y usa de apoyo de su segundo atacante para saltar, con lo que el golpe de Glorfindel destinado a su vientre solo corta el aire. Retrocede, recompone la guardia y ataca.

-Será discreta: una vieja costumbre de eldars, celebrada entre eldars, con testigos eldars -y en su tono hay desafío.
-Muy discretos tus testigos -repone Erestor-: los soberanos de tres reinos. Sabes que al reconocer la boda reconocerán la ley.
-¿Y? -es evidente que el gemelo no ve el sentido de la acusación.
-Que el Consejo aprobó reconocer el valor de la Ley Antigua dentro de los límites del valle, si alguien considera que pretendes extenderla, podríamos tener que discutirlo de nuevo.
Elladan endurece la mirada y devuelve un golpe con especial fuerza. ¿Qué vio Glorfindel en este elfo atravesado?
-¿Me amenazas, Consejero? -y pone especial énfasis en el cargo.
Erestor esquiva con gracia la finta y resopla.
-Es mi deber advertirte del sendero que tomas, mi Señor -y casi escupe el título.
-¿Advertirme de que ahora votarás en contra?
Pero el moreno no se deja provocar.
-Mi voto es secreto, pero te recuerdo que la Ley Antigua fue reconocida como base de tu enlace para no dejar al Valle sin soberanos. Eso es muy distinto a reinstaurar su valor en toda Arda. Habrá quienes no quieran llegar tan lejos.

Elladan se detiene a mitad del gesto y Erestor marca su vientre -con lo que gana el combate-, pero el gemelo no siente el dolor ni da importancia al hecho. ¿Esos perros del Consejo planean...?

-Yo... -se calla. Es que tiene un remolino en la cabeza y no soporta la idea de balbucear frente a Erestor.

¿Dónde están? Le han hecho adentrarse en el Parque, un bosque artificial lleno de trampas y caminos engañosos donde se entrena a la Guardia. No hay nadie cerca, lo sabe porque el tamaño de las sombras indica que es hora del almuerzo; lo siente porque ser cauto se ha hecho parte de su naturaleza. De hecho, están solos. ¿Por qué hablan de esto aquí y no en el despacho?

Glorfindel y Erestor no dicen nada, solo esperan mirándole a los ojos. Conoce esa mirada: esto es un examen. Elladan asiente, acepta el reto. Bien, si tuvieron esta charla larga y dolorosa –en el sentido literal del término– para jugar ahora a las miradas, significa que los hechos están a la vista, solo debe unir las piezas en su mente. De acuerdo, si, puede hacer eso. Paso a paso, como cuando Glorfindel les llevaba a buscar rastros por el bosque y debían construir una historia.

¿Dónde están? Le han hecho adentrarse en el Parque, no hay nadie cerca, porque quieren que esto sea solo para sus oídos, no para su esposo o su prometido. Hablaron de la boda, ¿cierto?, de la fecha, del ritual y de los invitados. Es de la boda, ¿pero no deben saberlo sus esposos? No, espera, el Consejo podría volver a reunirse si creyeran que sus pretensiones son muy grandes, porque aceptar una invitación es aceptar la ceremonia, y aceptar la ceremonia es aceptar la ley. Los invitados, el problema son los invitados. “Muy discretos tus testigos” dijo Erector “los soberanos de tres reinos.” Si, bueno, es el Señor del Valle, ¿quiénes van a ser sus parientes? Veamos: el Consejo resuma adoración por la abuela, Lady Galadriel podría decretar mañana mismo que cada elfo debe comer carne y aprobarían los diseños de una chiquera en menos de un día. No, el problema no es Bosque Dorado. ¿Halladad? Saben que está casado con la hermana de su prometido, y parte importante de su política interna es el regreso de muchas de las costumbres antiguas. Están revisando toda su legislación ahora mismo para expurgar las contaminaciones de tanto roce con mortales y enanos. Es probable que, a la larga, los sindar recuperen aún más leyes antiguas y pongan en un aprieto a los otros reinos élficos. No, Bosque Verde tampoco es el problema. Solo queda…

–¡Es mi hijo! –y la deducción se ve confirmada por la mirada culpable de Glorfindel y levemente incómoda de Erestor. –¿Están locos? No puedo casarme sin mi hijo.
–Ya no es un niño, Elladan –le recuerda el vencedor del balrog. –Hace décadas que dejó de ponerse cáscaras de papa sobre las orejas para fingirse un elfito.
–Es mi hijo –repite el Señor del Valle con fiereza. –Fue amamantado por Elrohir, le enseñé a andar y cabalgar…
Pero la voz del Primer Consejero le interrumpe.
–Nunca fue tu hijo ante la Ley, ni siquiera se asentó Estel como su nombre legal. Nos esforzamos mucho porque no olvidara su legado, porque aceptara ir a reclamar el derecho de su linaje de sangre. Es Aragorn, hijo de Arathorn, fue coronado rey Elessar Telcontar, el heredero verdadero y único de Isildur y soberano de los reinos gemelos de Gondor y Arnor. Es el Rey de los Hombres.

Elladan traga en seco. Sabe que los argumentos son válidos. Sabe, incluso, que los enemigos de Estel en Gondor podrían usar esta boda en su contra.

–Lo educaste para Rey, Elladan –le recuerda Glorfindel.
–Lo hice –admite con los dientes apretados.
–Y si es un buen Rey entenderá que no puede venir ausentarse de Gondor de nuevo, esta vez para celebrar un incesto.

Elladan mira a Erestor con rabia. Nadie como él para escoger las palabras más desagradables. Pero no responde, ¿qué va a decir? Da un par de pasos para alejarse de ellos y mira el cielo.

Es una mierda ser soberano, fue lo que pensó al comprender que amaba a su hermano. Uno no puede amar a su gemelo y detentar un señorío. Elrohir le hizo verlo de otra manera: solo al gobernar un señorío puedes ponerte por encima de la ley, incluso permitirte amar a tu hermano. Persistió por eso, porque tenía la esperanza de que las cosas serían mejores si alcanzaba su cuota de poder. Buscaron y obtuvieron poder en la corte de Fornost y en las comunidades nómadas del Reino Perdido, poder suficiente para que sus actos no fueran cuestionados, siempre que la discreción marcara sus acciones.

Ahora no se esconde, y es porque nadie le disputa el poder en el Valle. Esta es una parte del poder que por herencia le corresponde: ser Señor del Valle y rescribir la Ley. Es posible que llegue a gobernar Bosque Dorado, si los abuelos se aburren algún día de tal belleza, no lo sabe. Además, él o alguno de sus hijos serán la elección natural para ejercer la regencia de Arnor, pero esto solo es así porque Aragorn es Rey en el sur. Será regente porque Aragorn ha crecido para redimir a su estirpe, para ser Rey. No puede tenerle en su boda porque lo educó bien.

Los Valar aman la ironía.

Elladan vuelve a mirar a los dos elfos con rostro ya controlado, impasible. Ese es el tipo de expresión que se cultiva y aprecia entre los Primeros Nacidos, aunque él nunca ha comprendido bien para qué sirve, excepto para complicar las relaciones.

–Ha sido una práctica muy agradable, Primer Consejero, Sanador Mayor. Ahora, si me permiten, debo escribir una carta a mi hermana.

NOTAS:

Este relato se refiere a la reinstauración de la Ley de Matrimonio Adelfogámico que se menciona en los capítulos 38, 41 y 42 de “El segundo regreso del rey”. En antropología se llama adelfogamia a el matrimonio institucionalizado entre hermanos. Más al final del relato.

Anexos:

Incesto entre gemelos (trad de Wiki en inglés “Incest_between_twins”)

El incesto entre gemelos, también conocido como "twincest" (inglés), es una subclase de incesto entre hermanos e incluye relaciones heterosexuales y homosexuales. Aunque en la cultura moderna de Europa Occidental este comportamiento se considera tabú y es muy raro, el incesto entre gemelos es un elemento común en las mitologías indoeuropeas, de Indonesia y Oceanía, y hay algunas sociedades en las cuales la prohibición sobre el mismo está limitada o el fenómeno es parcialmente aceptado.

En la sociedad de Bali

En la cultura tradicional de Bali era común que dos gemelos de distinto sexo se casaran entre si, ya que se asumía que habían tenido sexo en el útero. La explicación antropológica usual de esta costumbre está basada en explicaciones de los conflictos entre descendencia y afinidad en la sociedad balinesa. El incesto entre gemelos era un elemento común en la mitología de Bali -numerosos mitos de la creación del sudeste asiático presentan en papel preponderante una pareja de gemelos o hermanos. En una de las historias más comunes, el hermano se casa con su hermana y ella concibe un hijo, pero al descubrir que son hermanos, son forzados a separarse. Como en muchas otras mitologías, las deidades de Bali frecuentemente se casan con sus hermanos sin ninguno de los problemas que enfrentan las parejas incestuosas humanas.

Incesto en el folclor (trad de Wiki en inglés http://en.wikipedia.org/wiki/Incest_in_folklore)

Islandia

En el folclor de Islandia un argumento común incluye un hermano y una hermana que conciben (ilegalmente) un bebé. Inmediatamente deben escapar de la justicia al irse a vivir a un valle remoto. Allí tienen varios hijos más. El varón tiene habilidades mágicas que usa para dirigir a los viajeros en dirección al valle o lejos del mismo, según decida. La pareja de hermanos siempre tiene una hija y cualquier cantidad de hijos. Eventualmente el padre permite que un joven (usualmente en busca de una oveja perdida) entre al valle y le pide que se case con la hija y de a él y su hermana-esposa un funeral civilizado tras su muerte.

Bretaña / Irlanda

En algunas versiones de la leyenda británica medieval del Rey Arturo, Arturo accidentalmente engendra un hijo con su media hermana Morgana en una noche de lujuria ciega, y, cuando oye en una profecía que traerá la destrucción de la Mesa Redonda, intenta matar al niño. El niño sobrevive y se llama Mordred, su último némesis.

Endogamia (trad de wiki en inglés “Incest”)

El incesto que resulta en descendencia es una forma de endogamia cercana (reproducción entre dos personas con ancestro común). La endogamia lleva a una mayor probabilidad de defectos congénitos porque incrementa la proporción de cigotos homocigóticos, en particular de alelos recesivos perjudiciales, que producen desordenes. Como tales alelos son raros en las poblaciones, es improbable que dos cónyuges sin parentesco sean ambos portadores heterocigóticos. Sin embargo, como los parientes cercanos comparten una gran parte de sus alelos, la probabilidad de que cualquier alelo recesivo perjudicial presente en el ancestro común sea heredado de ambos padres se incrementa dramáticamente con respecto a las parejas exogámicas. Contrario a la creencia común, la endogamia no altera por si misma la frecuencia de los alelos, sino que incrementa la proporción relativa entre homocigóticos y heterocigóticos. Sin embargo, como la mayor proporción de homocigóticos recesivos perjudiciales expone a los alelos a la selección natural, a la larga su frecuencia disminuye más rápido en la población endogámica. A corto plazo, la reproducción incestuosa debe producir aumento de los abortos espontáneos, muertes perinatales y descendencia con defectos de nacimiento. También puede haber otros efectos perjudiciales además de los causados por enfermedades recesivas, como el hecho de que un sistema inmune similar puede ser más vulnerable a enfermedades infecciosas.

Un estudio de 29 nacimientos resultantes de incestos entre hermanos o padre-hija encontró que 20 tenían anormalidades congénitas, incluyendo cuatro directamente atribuibles a alelos autosómicos recesivos.

15 de julio de 2014

EN BUSCA DE UN SUEÑO 42

–Cariño, ¿por qué no vas a buscar una bebida?

Igor sigue la mirada de Geniev, y comprende que Theodred espera para hablar con el príncipe. El joven asiente y se aparta.

 

Las personas le abren paso y hacen leves reverencias mientras sale de la pista de baile. Siente cómo la turbación le calienta la cara. Debe practicar su expresión facial, definitivamente.

 

Llega a la mesa de bebidas justo al mismo tiempo que su hermana y Jhon. También tiene que practicar su visión periférica.

 

–¿Qué quieres, amor? –pregunta solícito el novio.

–Vodka con naranja.

 

Igor les ignora, se concentra en reconocer los variados contenidos de las elaboradas jarras de cristal soplado. Igual siente la mirada de Ivana sobre su cuerpo: puro odio. No es difícil fingir que ella no es nadie, lleva años jugando ese juego en recepciones parecidas a esta, donde él iba con Boris, e Ivana con alguna de las hermanas de Jhon.

 

Finalmente descubre cuál es el jugo de manzana entre la docena de líquidos dispuestos y se sirve una copa. El gesto la hace explotar.

 

–¿Ya asimilaste todos los gustos de la corte? –comentó mientras revolvía su trago sin delicadeza.

–Estoy trabajando –dos palabras ¿se le estaban pegando las costumbres de la Mansión?

–¿Trabajando? –el tono es que dice la palabra resuma desprecio. –Tenías una invitación como hermano de la novia.

-Él no… -Ivana hace callar a Jhon de una mirada.

 

“Este nunca será Senescal” comprende Igor de golpe. Pero no tiene tiempo para pensar en las implicaciones, porque su hermana lo ataca en ruso.

 

–Marica de mierda, ¿por qué tenías que arruinar la felicidad de papaíto y mamaíta? Venir a exhibirte con el Zarevich, ¡bailar con él! ¿Cómo va a poder papaíto hablar a ese hombre si sabe que tú y él…?

–No pretendas que te interesa papá, él está bien versado en hipocresía –y responde en oestron sin perder la expresión neutra. – Estoy aquí como portador del Anillo de Rúmil, por derecho propio.

–Por abrirte de piernas –acusa Ivana.

–Siempre has querido que te imite –ella se pone pálida, él no le deja recomponerse. –Además, tú y la Senescal quieren que pague la boda, hay que interesarlo en alguna de las dos partes.

–Ese traje debía llevarlo el inútil de Boris, no convertirse en una vergüenza para mi familia –escupe Ivana.

 

¡Oh! Esta confesión tomó por sorpresa a Igor. ¿Ella sabía que Finduilas había ordenado a su sobrino coquetear con Geniev? ¿El inútil de Boris? Esa frase no era de Ivana, no, sino de la Senescal. Se lo habían explicado…

 

A esta deducción siguió otra. Igor comprendió qué veía Jhon en Ivana: el reflejo de su propia madre. ¡Ah! Qué delicia sicoanalítica: el infeliz se había sacado de la competencia por la Silla de los Senescales por buscar a una mujer demasiado parecida a Lady Finduilas. ¿Jhon el Edípico? Sonaba fatal, pero a Geniev le gustaría, estaba seguro.

 

Al mismo tiempo… “una vergüenza para mi familia”, dice. Ahora. Después de las burlas, los maltratos, las exigencias, de seis años de fingir que no existía. Ahora que estaban a un palmo del poder esperaban de él que ¿se comportarse? Debía reírse de semejante pretensión, pero solo sintió tristeza. “El inútil de Igor”, ¿así le llamaban en la casa? Se le ocurrió incluso que la Senescal esperaba que Boris y él se casaran para cerrar el “asunto ruso”. ¡Qué decepcionada debía sentirse la maldita vieja!

 

No podía dejarse llevar por la rabia, así que solo tomó un sorbo de su bebida y sonrió un poco, como si supiera algo de los planes de su amante.

 

–Sabe, señorita Ivana Sergueievich, creo que su Alteza Real Geniev Telcontar Trandulion tiene otros planes para el Príncipe Boris Vorondion.

 

Ella gruñó, un sonido bajo y vicioso que casi le hizo dar un paso atrás. Jhon le puso una mano en el hombro para contenerla. Ivana miró a su prometido, asintió, dio media vuelta y comenzó a bajar hacia la pista de baile.

 

–Honorable Igor –Jhon hizo una leve reverencia.

–Príncipe Jhon –Igor reciprocó el gesto.

 

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Silvia sabía que la conversación no era nada divertida. Por los retazos que entendía en el apresurado oestron de Igor y porque la expresión de Boris se había tornado hermética primero, luego molesta. Como ella, Boris no sabía ocultar sus sentimientos de modo automático. El gruñido final de Ivana le indicó que había perdido la confrontación, de algún modo, pero no renunció a su plan. La cara de su amigo le daba más razones.

 

Cuando la rusa pasó a su lado, ella agitó su abanico. Ivana se detuvo, su rostro aún estaba rosado por la confrontación con Igor, pero no había olvidado las reglas del buen  comportamiento.

 

–Honorable Silvia –hizo una reverencia profunda.

–Señorita Ivana Sergueievich, mis suegros, los señores del Condado de Tarannon, me pidieron le transmitiera la felicitación por sus logros –señaló con el abanico el salón–, y que extendiera a su familia una  cordial invitación a pasarse algunos días en la palacete de la familia, junto al río Lefnui.

Ivana lució convenientemente impresionada y agradecida.

–Eso es muy generoso de su parte. Nunca he sido presentada a su suegro y su suegra.

–No es necesario –sonrió Silvia. –Su hermano, Igor Sergueievich, ha pasado dos veranos con nosotros. El Clan Tarannon está convencido de que un muchacho tan bien educado debe proceder de una familia excelente.

Silvia no le quitó los ojos de encima, disfrutó a fondo el brevísimo instante en que la rabia fue visible en su rostro. Ivana se recompuso enseguida.

–Se lo diré a mis padres. ¿Me permite…?

Silvia asintió y cerró el abanico con un chasquido.

–Por supuesto.

 

Ivana se apartó. Silvia giró un poco, para retomar su charla con Boris y deslizó el tacón derecho por entre los pliegues del vestido de Ivana. La rubia avanzó un par de pasos antes de que la resistencia de su traje la detuviera. Haló la falda, Silvia, que esperaba eso, soltó su presa. Ivana avanzó de nuevo y Silvia volvió a bajar el zapato. Ahora Ivana no pudo evitar el traspié y tuvo que apoyarse en su novio.

 

Silvia ocultó la risa detrás del abanico y subió un par de escalones, al encuentro de Igor. Pero la hebilla de su zapato rozó de nuevo el vestido de Ivana. Esta vez las dos avanzaban con ímpetu, y las dos cayeron al suelo.

 

–¡Coño! –soltó la caribeña en español.

–¿Estas bien cariño? –Jhon se arrodilló junto a su prometida.

 

Ivana solo podía mirar a Silvia, que se había sentado en uno de los escalones con desenfado y zafaba la hebilla de su zapato mientras soltaba quejas y palabrotas en español.

 

–Ivana –la voz de Tatiana Borichina la devolvió a la realidad.

Levantó la cabeza, sus padres y los Yermilov estaban junto a ella. Sintió ganas de llorar.

–Lamento lo sucedido –el acento occidental de Alcar Tarannon de Lefnui era resaltado por su voz de bajo. –Mi esposa también lo lamenta –miró hacia Silvia–, mucho.

–¿Qué? –ella tenía el zapato en una mano y se masajeaba el tobillo. Miró a su esposo y tardó un segundo en comprender lo que le exigía –Claro, claro. No quería que te cayeras Ivana, es muy desagradable, sin dudas. Qué porquería de zapato –les mostró la hebilla deformada por el tirón. –Lo bueno es que no se te rompió el vestido –estudió por un momento sus pies y comenzó a sacarse el otro zapato.  –Creo que sigo la fiesta descalza, total, todo el mundo sabe aquí que soy bajita.

Alcar emitió un gruñido exasperado ante la falta de elegancia de su esposa y trató de cerrar el asunto.

–Señorita Ivana Sergueievich, ¿acepta usted nuestras disculpas?

Ivana miró de nuevo a Silvia, que ya se había levantado y buscaba dónde tirar los zapatos. Detrás de ella, Igor y Boris (mal) fingían completo desinterés en su desgracia.

–Acepto sus disculpas –musitó.

–Príncipe Jhon, ¿acepta usted nuestras disculpas? –porque Alcar era un caballero perfecto.

–Acepto sus disculpas –asintió.

 

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Bailaron en silencio algunos minutos. Inseguro sobre el modo de enfrentar el asunto, los ojos de Theodred buscaron a Eothain, que conversaba con el Ministro de Deportes y el embajador norteamericano. Cosa rara, Theoden no estaba a su lado.

 

–No se va a romper porque lo pierdas de vista –el tono burlón era claro en la voz de Geniev.

–Lo se –suspiró. –Es que los últimos días han sido duros.

–La paranoia es mala para el desempeño deportivo y sexual.

El rohirrim rio, un poco. Se relajó.

–¿Crees que otra boda real en menos de un año sea demasiado para el país?

Geniev dejó pasar un compás completo del vals antes de responder.

–¿Y él será capaz de aceptar sus obligaciones de esposo? –preguntó de vuelta.

 

A Theodred no le sorprendió de que Geniev supiera <i>todo</i> sobre Eothain. ¿Qué no sabía su primo Geniev? Si le sorprendió darse cuenta de que no había pensado en esa implicación del matrimonio: tener descendencia. Como esposo del heredero de Rohan, Eothain debería…, pero la experiencia de tener a Elenya había sido a todas luces traumática.

 

¡Por los Valar! El Ejército del Oeste llevaba ya quinientos años de trabajo en convencer al universo de que toda referencia sobre embarazos masculinos, aparatos voladores y artefactos de telecomunicaciones en el pasado de Arda eran solo mitología, metáfora y magia. Para su novio, aquel embarazo tenía que haber sido como despertar dentro de un libro de Midhiel o Abysm, y desde entonces su hija le mantenía con un pie en el mundo de lo absurdo.

 

–No lo se –admitió.

–Entonces dedícate al asunto de Adanost, que tu hermano también merece ser feliz.

–Pero…

–Nadie va tocar las puntas del cabello a tu prometido o a su hija, tranquilo. Después de todo, él es uno de los nuestros.

Esa afirmación tranquilizó al joven.

–Debes regresar a la casa de la familia –y supo que Geniev no lo sugería. –Vivir allí será bueno para Elenya y Eothain, hará más fácil la transición. Después de que él de su consentimiento, puedes mudarte a donde quieras.

 

Theodred hizo un leve asentimiento, para indicar que aceptaba las condiciones. Pero dudaba que, una vez que regresara a la casa familiar tuviera fuerzas para escapar de nuevo. Geniev le prometía algo que no podría usar. Típico de su primo.

 

Ambos voltearon por el grito de Silvia al caer al suelo y detuvieron el baile para ver el desarrollo de los acontecimientos.

 

–Silvia no debería fingirse tan tonta –se quejó el rohirrim. –Un día de estos la van a descubrir.

–Y Alcar no debería fingirse tan serio –ripostó Geniev. –Imita muy mal a su padre, a quien debo agradecer su ausencia en esta reunión. ¿Crees que Jhon podría conseguir algo mejor que ella?

Theodred no tenía dudas hacía mucho sobre ese particular.

–Tal vez, pero no lo merece –y se atrevió a ir un poco más allá, pues el permiso para su matrimonio lo había puesto excepcionalmente feliz. –Solo hay un candidato serio para la Silla de los Senescales en esta generación.

Geniev dejó de sonreír y asintió.

–Debe dejarme tratar un problema a la vez, su Majestad.

 

TBC…

20 de diciembre de 2007

EN BUSCA DE UN SUEÑO 17

¡Así no hay quien viva! (II)

“Una ciudad es un enigma, un juego de naipes,
una infinita acumulación de rumores,
de gente diversa que añora, ama, sufre,
sueña, implora, escapa, apuesta y lucha.”
“Amantes en La Catedral”, Jaime Gómez Triana 

4:30 p.m. 

El soldado asomó la cabeza entre las almenas con precaución, pero no fue capaz de evadir al francotirador que le marcaba desde hacía quince minutos. 

–¡Pum! –dijo Hirunatan. 

El cuerpo de Niggle calló desde la muralla sobre el pasto, sonó “Pggg” y permaneció quieto. Comprobar su puntería (una vez más) hizo sonreír a la guerrera, y a sus correligionarios. El capitán Malcom se volvió entonces hacia sus compañeros y, en pose heroica, les arengó antes del combate final. 

–¡Hermanos! El vigía de la torre fue eliminado, podemos atacar este flanco de la fortaleza y… –se quedó sin saber qué decir (la verdad es que, a él, eso de los discursos no se le daba mucho). Optó por sonreír con coquetería a la bella Hirunatan y, sacar la pistola plateada de su cinturón. –¡Adelante, mis valientes! 

La tropa le siguió, emocionada, y comenzó a golpear las paredes del castillo que protegía a los últimos orcos del mundo. Aunque desde arriba les lanzaban proyectiles de tempera, bolsas con agua y pañales usados (tener una hermanita pequeña es una ventaja táctica innegable), los valientes edains de Malcom se las estaban arreglando para desmontar los bloques de la pared y trepar la muralla. Al fin, mojado y con el cabello apelmazado de pintura naranja, Malcom ganó el parapeto de la muralla y se lanzó al patio, donde le esperaba el jefe de los orcos para el duelo final. 

–Capitán Malcom –le saludó el orco burlón–, es usted tan imprudente como esperaba. 

–Capitán Gorthol –repuso él–, es usted más pequeño de lo que cabría esperar. 

 Gorthol gruñó su molestia y se lanzó contra Malcom con la espada en alto. El joven edain resistió la envestida y devolvió los golpes con su bella espada de puño azul. Sin perder la elegancia, ni la sonrisa, ni el horrible color naranja de la cabeza, Malcom lanzó mandobles a diestra y siniestra, bloqueando los ataques del ruin, feo, sucio y rudo líder de los orcos. Poco a poco lo condujo a una esquina del patio y pronunció las palabras que tanto le gustaban a su amada Hirunatan: 

 –La luz se ha impuesto. ¡Ríndete! 

Los malvados ojos de Gorthol brillaron de rabia, pero dejó caer su espada.

–Me… 

Un grito desgarrado –inconfundiblemente real– cortó el parlamento del orco, y todo el combate en el patio de juegos. Malcom y Gorthol intercambiaron una mirada preocupada, el jefe edain soltó su espada de juguete y buscó por entre las torres al reportero, encaramado (como siempre) en el techo del castillo para tener buenos ángulos del combate que documentaba. 

 –¿Viste algo, Aina? El pelirrojo asintió, y señaló al extremo del patio, más allá del sicomoro. 

–Una niña se calló entre los tanques, jefe. Gorthol no perdió tiempo ante semejante información. 

–¡Niggle, Andreth, corran a ver qué pasó! –ambos chicos le obedecieron sin demora, y Malcom, por su parte, fue a la bodega donde todos ponían sus bolsas escolares para extraer un intercomunicador. –¿Mamá? Aunque estuviera al otro lado del edificio, la voz de la señora Galadwen tranquilizó a todos. 

–La puedo ver por una de las cámaras, hijo, no parece nada grave. 

–¡La hemos encontrado! –se oyó la voz de Niggle en el extremo del patio. –Pero no entiendo lo que dice… Según Andreth es inglés… está llorando jefe. 

–Mamá –y los morenos dedos de Malcom se apretaron alrededor del intercomunicador–, dice Niggle que está llorando. ¡¿Qué hacemos?! 

–¡Calma! Michael está en la lavandería, ve a buscarlo. Voy a llamar una ambulancia y tratar de averiguar de qué apartamento es la niña. ¿Comprendido? 

Gorthol, Malcom e Hirunatan intercambiaron una mirada de comprensión. El moreno sonrió, aliviado de tener un plan de acción claro. 

–Comprendido, cambio y fuera. 

4:50 p.m. 

Michael estaba terminando de poner la ropa limpia en el cesto cuando sintió los pasos breves y apresurados a su espalda. Curioso, se giró hacia la puerta, para ver al famoso Malcom, acercarse en plena carrera. 

–¿Doctor Michael? 

–Si, ¿que…? 

–Lo necesitamos en el patio de juegos –le interrumpió el chico, al tiempo que lo tomaba de la mano y tiraba de él. –Una niña se calló entre los tanques, está en el pasto y no para de llorar. Mi madre me dijo que viniera a buscarlo. 

Sin pensarlo, Michael siguió al mensajero en dirección al entresuelo. Seguro ya una ambulancia estaba en camino, pero la señora Galadwen, madre ella misma, deseaba cubrir todas las posibilidades y estaba de acuerdo. A esa hora en el patio de juegos del edificio los mayores tenían, si acaso, 13 años, por supuesto, era mejor que un adulto se hiciera cargo. 

Al doblar la última curva, calló en cuenta de que Malcom no había mencionado en nombre de la accidentada. 

–¿Quién es la herida? 

–No lo se, señor –respondió el chico con toda formalidad a pesar de que resoplaba por la larga carrera. Niggle y Andreth fueron los que la vieron de cerca, dijeron que lloraba y hablaba en inglés. Es todo lo que se, señor. 

Michael no respondió, pero aquello le asustó. ¿Había angloparlantes en el edificio? ¿Ella era de la familia que se mudaba o, simplemente, la niña estaba de visita? La idea de más extranjeros en su comunidad incomodaba ligeramente al joven estudiante, pero se dijo que, no importaba su idioma materno, ella ahora era un paciente. 

Al cruzar el umbral del patio de juegos, Malcom volvió a actuar como guía del adulto. Michael siguió al chico de pelo naranja entre el pasto y los árboles, hacia el fondo del amplio patio interior del edificio. Casi en el extremo, ya no había más que escombros, viejos objetos de origen inclasificable que los muchachos mayores usaban para construir sus fortalezas y laberintos. Los más pequeños sabían que era terreno vedado, para ellos estaban los toboganes y columpios del extremo sur. Definitivamente, la accidentada no podía vivir en el edificio. 

“Hasta ahora” acotó mentalmente el joven. “Es posible que se halla mudado hoy.” La idea volvió a agitar algo (¿miedo?) en su interior. Pero, gracias al entrenamiento que recibiera en la facultad, fingió perfecta seguridad. 

–¿Dónde se encuentra la paciente? 

 Hirunatan, que los esperaba con el rostro ceñudo, señaló con enfado unos metros más allá, junto a la pared, donde una rubiecita de siete u ocho años lloraba sentada en el pasto. Se apretaba el hombro con desesperación y Michael dedujo, por el brazo que colgaba flácido y el trozo de hueso que asomaba por debajo del codo, que estaba transida de dolor. 

–No nos deja acercarnos –informó con rabia la rubia. –Un centímetro más y grita como un orco el día que ardió el Anillo. Dice Andreth, que llama a su madre y nos ofende… Con palabras feas, doctor.

Michael hizo un gesto de desestimación con la mano. 

–No creo que sea relevante para el diagnóstico, Hirunatan, creo que lo han hecho muy bien –ante eso los dos niños sonrieron de oreja a oreja. –Intentaré acercarme. Michael se volvió hacia la pequeña y levantó las manos, con las palmas abiertas, en señal de paz y dio un paso hacia la herida. 

La reacción fue inmediata. 

Don´t came one step closer, you, faking fagot… My mom is a police officer, New York Police… My mom will came for my…don´t you dare to… 

It´s OK –articuló Michael lo más despacio que pudo. –I´m a doctor, I´m here to help you

Pero la niña lo miraba con horror. 

No! You’re lying. My mom will come. 

Your mother dons´t know you´re hurt, did she? Tell my where do you live and I will call your mother

Hubo un breve momento de silencio, la niña parecía estar considerando las palabras. 

No! My mom said I shouldn’t say anybody my address

But you live here, rigth? Because you can´t came to the playard if your a stranger

Yes –admitió dudosa la niña. 

See? –Michael se permitió sonreír, aunque por dentro ardía de rabia. –I live here too, they –señaló a la tropa unos metros más detrás de él– live here too, in this building. We are your neighbors. It´s you mother in some place inside this building

Un brillo de comprensión animó los ojos de la niña, pero no en el sentido que deseaba el médico. 

-My mom said I shouldn´t talk to strangers. You want information about me. Go away! 

Esto terminó con la poca paciencia de Michael. Mientras decidía internamente que la pediatría no era lo suyo, el joven se acercó, levantó a la niña en peso y, haciendo oídos sordos de su florido vocabulario –New York no había cambiado nada, evidentemente– se dirigió a la salida del área de juegos, seguido por Malcom 

–Supongo que eso es lo que llaman “cortar por lo sano” –comentó Gorthol en lo que se acercaba a Hirunatan, ya seguro de que ningún adulto le vería. Ella movió la cabeza de un lado a otro, insegura. Apenas había entendido la entrecortada conversación, pero esa niña ya le caía gorda. 

 Michael caminaba por el pasillo en busca del ascensor. Calculaba que el equipo de paramédicos debía estar llegando a las puertas del edificio, pero maldito si iba a esperar sentado a que ella se cansara de insultarle. Mantenerse en movimiento le daba la sensación de que hacía algo más que soportar las quejas de esta desagradable pequeña. 

¡Freeze! –el joven se detuvo en seco, había reconocido, junto al grito casi gutural, el sonido de una pistola al ser martillada. “Esto no puede estar pasando” pensó estúpidamente en lo que sentía su espalda empaparse de sudor frío.  

5:10 p.m. 

Galadwen vio con horror a través de la cámara de seguridad cómo la nueva inquilina encañonaba a Michael y su hijo Malcom a unos metros de la puerta del ascensor. 

–¡Por el Ojo! –maldijo, al tiempo que apretaba el botón de alarma del edificio.  

5:12 p.m. 

Boris casi fue atrapado por la cortina de hierro que descendía para sellar las puertas de cristal del edificio. Tras adentrarse en al hall, contempló con horror el eficiente despliegue de las fuerza de choque de la Guardia de la Ciudadela. 

–¿Qué ha pasado? –preguntó al aire, pero el eficiente Cintras, el portero, se les acercó enseguida. 

–Hay un problema de seguridad en el entresuelo –les explicó. –Por favor –señaló con una mano el lado derecho del hall–, siéntense allá hasta que los elevadores vuelvan a circular. 

Los dos amigos asintieron, conscientes de que el portero no les daría más detalles de lo que ocurría en el piso de arriba. Así que ambos fueron a sentarse en los sofás de la recepción, junto a dos obreros de mudanzas, un repartidor de pizza y el vecino yanqui del noveno piso, el señor Wiliams, que hablaba muy apurado por su carísimo celular. 

 5: 15 p.m. 

Anariel se acercó a la puerta del despacho con el corazón en un puño. No sabía qué la asustaba más: que Fred hubiera llegado antes de su reunión y casi pillara a Aralqua teñido, o que el edificio estuviera congelado hasta que la seguridad arreglara el “asunto” del entresuelo. 

–Tu padre está en la recepción –anunció sin demora, pero decidió que los chicos no necesitaban saber de las armas desplegadas ocho pisos más abajo. –Tardará en subir porque los elevadores están bloqueados, algo que ver con las mudanzas de la mañana –explicó con premura. –Creo que deberías… –y señaló con un dedo la flamante melena caoba. 

Aralqua se llevó una mano a la cabeza con repentino temor y asintió. Cuando la mujer los dejó solos de nuevo, se enfrentó a los ojos interrogantes de Aranwe. 

–Yo… –se calló, inseguro. Su amado parecía estar especialmente sensible hoy, pero tampoco podía huir al baño sin ninguna explicación. Gruñó internamente, ¿acaso no era un hombre? –Mi padre no sabe que no me gusta ser pelirrojo –explicó avergonzado. –Debo quitarme el tinte antes de que llegue. 

Miró por fin al frente, donde un par de ojos azules brillaban con, ¿agradecimiento? La sonrisa que le dedicaban casi lo hizo volar. 

–Entiendo –respondió Aranwe bajito, con su tono sedoso, andrógino. –Mejor vamos a quitarte eso. 

El pelirrojo abrió los ojos como platos ¿“Vamos” había dicho su amor? “¡No pienses en eso!” se ordenó a si mismo al tiempo que cerraba el libro de matemáticas con demasiada fuerza. Se dio cuenta de que no podía hablar, así que optó por asentir y caminar en busca del baño. Sentía los pasos de Arnwe tras él, y no pudo evitar sonreír. 

5:16 p.m.  

Michael sentía los latidos de su corazón muy altos, cada vez más altos desde que esa mujer le había detenido a punta de pistola. ¿Cuánto tiempo hacía? Ni idea, pero cada pulso de su corazón sonaba ahora en el pecho, en los oídos, en las sienes. Dolía, por la Virgen, como dolía. Al mismo tiempo, podía sentir, pegado a su cadera, el sollozo contenido de Malcom, y, a unos metros, los repetitivos reclamos de la rubia armada y peligrosa. 

Deseó dejarse llevar por la oscuridad, pero su entrenamiento se impuso, otra vez. ¿Cuánto más podría controlar el pánico que le trepaba por las piernas? No lo sabía, no quería saberlo. 

–La niña está herida… –repitió despacio, mirando de frente a la mujer con toda su voluntad en juego. 

I repeat: release the child and step back –le interrumpió ella. 

El joven resopló, la madre estaba resultando tan fastidiosa como la hija, e igual de ignorante en el idioma de su nuevo país. ¿Cómo podían mudarse sin saber una palabra de oestron? “Valla manera de conocer a la nueva vecina.” De nuevo miró a su alrededor, buscando un medio para hacerse entender o escapar, pero nada se le ocurría. Sus pensamientos, ya bastante confusos, fueron interrumpidos por el ruido de pasos apresurados en dirección a ellos. 

En menos de un minuto diez guardias de la ciudadela los habían rodeado, sus armas largas apuntaban claramente a la rubia. 

–¡Suelte el arma, señora Keith! Está rodeada. 

Ella los contempló incrédula, sin abandonar su pose ofensiva. 

What the fuck…? This man was trying to kidnap my baby. 

Hubo unos segundos de intercambio entre los guardias, hasta que otra voz se alzó. Hablaba un inglés correcto, aunque de acento duro. 

Mrs Keith, this man is a doctor, he was sent to give take care of your kid when she get injured in the playard. He is also a resident of this building. Please, kindly remove your gun and allow doctor Michael take her to the ambulance. 

Ella los estudió, dudosa, pero finalmente bajó el arma. De inmediato dos guardias se lanzaron a inmovilizarla contra la pared. Michael no tuvo tiempo de ver la pelea: con sus últimas fuerzas entregó la niña a los camilleros y se dejó caer de rodillas en el suelo. Apenas registró el llanto de alegría de Malcom al ser abrazado por su madre antes de ser engullido por la oscuridad. 

 5:20 p.m. 

Las cortinas de metal subieron con la misma celeridad con que habían caído, y la recepción del edificio volvió a parecer tranquila, casi bucólica. 

El equipo médico pasó primero, conduciendo una camilla que introdujeron en la ambulancia detenida en frente. Luego salieron del elevador dos guardias: conducían a una mujer rubia, que maldecía con florida amplitud en inglés. Por último apareció una silla de ruedas, donde yacía desmadejado el cuerpo de Michael. 

Al ver esto, Boris e Igor se acercaron y detuvieron al guardia que pretendía llevar al joven hacia una patrulla. 

–¿Está herido? –preguntó Boris con su mejor tono de dueño del mundo. 

El soldado no pareció reconocerlo, pero intuyó que, si ellos eran residentes del edificio, podían ser ricos y, hasta nobles. Se obligó a ser amable. 

–Fue amenazado por una madre alterada y perdió el conocimiento. Lo llevamos a la estación para tomarle declaraciones. 

Igor se arrodilló ante la silla y palmeó suavemente la mejilla sudorosa de Michael. El joven levantó el rostro, pero sus ojos permanecieron desenfocados. 

–¿Hubo armas de fuego? –insistió Boris, preocupado por el estado de su amigo. 

El soldado lo miró inseguro, pero un capitán que se acercaba no lo dejó contestar. 

–¿A qué viene la pregunta? –Lo conozco desde hace tiempo, tiene temple para todo, excepto para las armas de fuego. Creo que tendrán que llevarlo al hospital antes de interrogarlo. 

El capitán fue a decir algo más, por su expresión era algún equivalente educado de “Los civiles no deben meterse en los asuntos de la Guardia”, pero Michael decidió confirmar la advertencia de sus compañeros y vomitó de manera instintiva, sobre sus propias piernas. El tono de Boris se volvió perentorio. 

–Quiero una ambulancia para mi amigo, ¡ahora! –y reforzó la orden al agitar su identificación de banda negra ante el oficial, luego se volvió hacia Igor. –Llama a Glorfindel y dile que vamos en camino.  

TBC…