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11 de mayo de 2024

RAÍCES 17 final

Capítulo 17: Ojos bien cerrados

Resumen:
Javier lo mira intrigado. Se da cuenta de que hay algo más que Jake esperaba que comprendiera sin palabras. ¿Se supone que la clave está en las fotos? Vuelve a mirarlas antes de seguir a su amigo a través de la cocina, y no ve nada del otro mundo: una familia poco convencional, pero ¿acaso existen las familias convencionales fuera de la ficción?

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Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Madam Secretary

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html


University City, San Diego, jueves 12 de noviembre de 2019

Siguen a través de la cocina y salen a una terraza amplia de madera que Bradley, Jake y Sam Sam, Jake cruzan sin detenerse para bajar al patio. Como dijo Sarah, hay una heladera justo a la derecha de la puerta trasera. Phoenix, Payback y Omaha dejan sus aportes de cerveza ahí. Eso sirve de excusa a toda la escuadra para quedarse con las manos apoyadas en la veranda, y contemplar con admiración el masivo patio de la residencia Kazansky-Mitchell.

El perímetro está rodeado de altos árboles frutales y arbustos de follaje perenne que los aíslan de miradas indiscretas. Casi al fondo hay un asador encendido, de donde llega el delicioso olor de la carne hecha al carbón. En el centro hay una mesa larga, cubierta con fuentes de comida de diverso estilo y origen: guacamole, tortillas, tostadas, ensalada de papas, arroz, macarrones con queso, pico de gallo, cuadritos de queso y otras cosas en porciones pequeñas. También varias jarras de bebidas de distintos colores, de agua y un par de botellas de vino tinto. A cada extremo de la mesa hay una pila de platos, cubiertos y servilletas.

El resto del patio está ocupado por seis sofás orientados hacia la mesa del buffet. Son amplios, en cada uno caben cómodamente unas cinco o seis personas. Delante de cada sofá hay pequeñas mesas ratonas para poner alimentos y bebidas.

Hay una docena de personas entre la parrilla y los sofás, conocen a algunas.

Rooster fue a sentarse junto a Sarah Kazansky. Ella extiende un brazo para pegarlo a su costado sin dejar de conversar con una pareja. El grupo no conoce a Cougar y su esposa Vivian, pero los ojos entrenados de Natasha si se dan cuenta de que son gente rica por la calidad de sus ropas.

Samantha Kazansky sigue hasta la parrilla, donde Sean y una mujer menuda de rasgos indígenas asan carne y salchichas. Al ver la familiaridad con que pone los brazos alrededor de la cintura y apoya la barbilla en el hombro de la desconocida, Yale siente que se le rompe un poquito el corazón.   

Jake se dirige a otro sofá, donde el almirante Kazansky y el capitán Mitchell conversan con otra figura legendaria de la Marina: el comandante “Merlin” Wells, y una mujer que debe ser su pareja, por la manera en que se entrelazan sus manos. Para sorpresa de sus colegas, Jake no se sienta en el extremo, junto a su padre. Sin decir palabra, Maverick y Iceman hacen espacio entre ellos, Jake se sienta, el almirante gira la cabeza para mirarlo con expresión de ternura y le dice algo que la escuadra no alcanza a oír, pero hace hincharse de orgullo al rubio.

-¿Ese es…?

-Si.

-¿Hangman acaba de…?

-Si.

-No sé si pueda sobrevivir a esto.

-Necesito una cerveza. 

-Yo algo más fuerte.  

Si, definitivamente necesitan alcohol para lidiar con esto porque… ¿A qué los invitó el capitán? Nunca imaginaron estar en una situación como esta, así que la frase “un sueño hecho realidad” tampoco aplica.

Mitchell se gira a ver cómo su escuadra se incorpora a la reunión. Para su sorpresa y preocupación, los ve congelados en la veranda de la terraza.

-Creo que les freímos el cerebro, Ice.

El almirante no necesita girar la cabeza para saber de qué habla su esposo.

-Ocúpate de eso, -aprieta un poco más a Jake contra su torso. -Después de todo son “tus” aviadores.

Merlín suelta un sonido burlón y Madelaine -su segunda esposa- una risita corta. Es verdad: Pete no se ha cansado de ponderar los méritos de su escuadra en la media hora que llevan hablando.

Iceman retoma su conversación con la pareja mientras pasa el brazo por encima de los hombros de su hijo, y empieza a masajearle el cráneo. Jake apoya la cabeza en el hombro de su papá y entrecierra los ojos, disfrutando de la caricia. Maverick suelta un ruidito contrariado, pero se levanta y camina con paso decidido hacia la escalera de la terraza.  

A los ojos de sus Dagas, Maverick luce tan heroico en esos vaqueros desgastados y la camiseta blanca donde se le marcan los abdominales (de manera absolutamente inaceptable para un hombre de casi sesenta años), como de uniforme completo. ¡Joder!, piensa Payback, quiero llegar a su edad con la mitad de ese estilo.

-Así que ya están aquí. 

-Gracias por invitarnos, capitán.

Pete asiente y le sonríe a Bob.

-La verdad es que no fue idea mía. Habitualmente no celebramos Acción de Gracias, -el grupo alza las cejas de sorpresa como una sola persona. -Sarah es de origen siuox, la madre de Jake también lo era. Para los pueblos indígenas, no hay nada que celebrar sobre la llegada del Mayflower. Pero Ice, -señala hacia el sofá, donde el comandante del Pacífico tiene a Jake entre sus brazos-, dijo que quería conocerles en persona. Pensamos que sería una buena oportunidad. De paso invitamos a algunas amistades. Por favor, no se queden ahí, bajen y ocupen alguno de los sofás. ¿Phoenix, Bob?

La pareja se pone firme enseguida.

-¿Si, señor?

-Solo Mav, por favor. Wolfman y Hollywood quieren hablar con ustedes acerca de la pirueta que hicieron el primer día de entrenamiento.

Natasha y Bob intercambian miradas de asombro. ¿Wolfman y Hollywood? ¿Los legendarios aviadores que ahora son legendarias estrellas de los espectáculos de acrobacias aéreas?

-¿Con nosotros? -grazna nervioso él.

-Si. Todavía no llegan. Fueron a buscar no sé qué tipo de tacos en un lugar súper específico de San Diego, -se encoge de hombros. -Por eso les aviso. Coman ahora, porque cuando esos dos los agarren no les van a dar descanso a preguntas.

Piloto y SWO bajan los escalones como quien va a una misión sagrada.

Pete se vuelve hacia el resto del grupo con expresión algo avergonzada.

-Espero que ver a Sean a cargo de la parrilla no les inquiete demasiado. Prometo que sabe lo que hace. Su único talento no es hacer escenas dramáticas en funerales.

-¡Tío Mav! -interrumpe una voz femenina a espaldas del grupo- Nunca aprenderás cómo romper el hielo con delicadeza.

Cuando se giran, ven a un hombre afroamericano de cabello blanco. Su mano izquierda se apoya en un bastón y tiene la otra en el hombro de una mujer de veintitantos años.

-Hola -dice ella- Soy Elsa Williams, este es mi padre, Marcus.

-Vicealmirante Williams, ¡señor! -responden a coro y saludan.

Maverick apenas puede contener la risa. Elsa tuerce los ojos. Marcus, se aparta del hombro de su hija un momento para hacer un saludo informal.

-Sundown está bien por hoy, tenientes, -clava sus ojos vivaces en María Celeste. -Mav, ¿es ella?

-Si, te presento a la ingeniera María Celeste Machado.

Marcus le tiende la mano, sonriente.

-Hace tiempo que quería conocerla, señora. Veo que todavía hay espacio. ¿Nos haría el favor de sentarse con mi hija y conmigo?  

Javier y María Celeste no pueden ocultar el asombro, pero siguen a Williams mientras este baja con mucha lentitud los escalones y se dirige al sofá más cercano.

-Uh, ese no da puntada sin hilo -comenta Maverick.

Mira al resto del grupo con expresión divertida. 

-Siéntanse libres de comer y conversar.

Y regresa a sentarse junto a Jake.

Yale tiene las manos metidas en los bolsillos traseros del pantalón. Mira al patio con expresión insegura. Samantha Kazansky está ahí, tan lejos y tan cerca al mismo tiempo…

Al fin, la voz de Billy lo saca de sus grises reflexiones.

-¿Guacamole y whisky? -propone.

-Si, por favor -ruega Halo.

Los seis bajan en tropel hacia la mesa del buffet.

Después de servirse generosas porciones de todo tipo de entremeses. ¿Quién dijo que no se puede comer dumpling con salsa roja? Se van a uno de los dos sofás todavía vacíos. Yale pone mucho cuidado en aparentar que se sienta en el extremo más cercano a ella por pura casualidad. Solo le interesa el extremo del sofá porque él es de Florida y así está más cerca de la única fuente de calor del patio: la parrilla.

Sean Kazansky les ignora, pero su hermana es mucho más amable y se aparta de la mujer menuda para mirarles de frente.

-¿Ya conoces a la escuadra de Bradley y Jake, misún?

Él gruñe y se encoge de hombros. Ella tuerce los ojos, exasperada.

-Tenientes Fitch, García, Vikander, Bassett, Avalone y Lee, les presento a mi hermano, el subteniente Sean Kazansky, -toma de la mano a la mujer para que deje la parrilla un momento, mira fijamente a Yale. -Esta es mi novia, Elia Eagle Bear.

Logan se lleva el vaso de wiski a los labios y cierra los ojos. Se siente expuesto, como si tuviera una herida abierta y alguien la tocara con un algodón empapado en alcohol. Solo ha coincidido con ella dos veces, ¿acaso es tan patéticamente obvio?

Mientras el resto del grupo intenta ser menos conspicuo comiendo sus entremeses con los mejores modales, Fanboy aprovecha la amabilidad para hacer charla.

-¿Señorita Kazansky?

El apelativo hace que Elia suelte una carcajada breve.

-Sam, por favor.

-Sam, si, claro. ¿Usted no está en la Marina?

-Uf, ¡no! Con mis tres hermanos es suficiente. Yo tiré para el otro lado de la familia. Mamá Carole era enfermera, y mi iná es comadrona. Así que estudié medicina en la universidad de San Diego.

-¿Iná?

-Significa madre en lakota, -explica Elia. -La señora Sarah es ciudadana oglagla.

-Ah, sí. El capitán nos dijo algo de eso -asiente Billy-, que ustedes no celebran Acción de Gracias porque la esposa del almirante Kazansky y la mamá de Jake son de origen indígena.

-Para evitar confusiones, mientras crecíamos nos acostumbramos a llamar a Carole Bradshaw, mamá, y a mi madre, iná, -explica Sam.

-¿Y cómo llamaban al almirante Kazansky y al capitán Mitchell? -se interesa Payback.

Su WSO le da una mirada de agradecimiento. Moría por preguntarlo, pero no quiere parecer demasiado interesado.

-¡Oh! Icepá y Mavpá, claro.

Payback asiente con sonrisa forzada. ¿Claro? No, para nada. Ingenioso si, claro no, en absoluto.

Igual, hay una ausencia significativa en el patio.

-¿Saben dónde está Brig? -pregunta Halo.

-Icepá lo mandó a buscar a un par de invitados al aeropuerto, -responde Sean Kazansky sin dejar de dar vueltas a unas salchichas.

Omaha aprovecha que el muchacho habló por fin para intentar tirarle de la lengua.

-¿Es verdad que ustedes vuelan desde que eran niños?

-Mi primera vez fue en uno de los Cessna 152 de Wolfman y Hollywood, en Nevada, cuando cumplí diez -confirma el menor de los Kazansky. -Igual que Jake y Sam. También teníamos un simulador de vuelos, el “US Navy Fighters 97”. Brad, Jake y yo nos olvidábamos hasta de comer en las misiones de “Jane's F/A-18”.

-Oh, si, recuerdo ese -los ojos de Halo se vuelven soñadores. Junto a ella, Omaha asiente enfáticamente.

Se embarcan en una accidentada discusión sobre videojuegos de fantasía versus simuladores de situaciones “realistas”.

-Grand Theft Auto es…

-Una descarada glorificación del crimen, -interrumpe Brig con tono risueño mientras se acerca seguido de cuatro personas más que van a sentarse al último sofá vacío, al otro lado de la parrilla.

Pero el grupo solo presta atención a su compañero recién llegado. Sean se aparta de la parrilla y abraza a su cuñado con expresión burlona.

-Vamos, admite que lo que te molesta es no poder ganarme, -se gira hacia la escuadra. -¿No lo saben? Nunca ha podido ganarme una partida, ni cuando yo era niño.

-Te gano donde importa, navajita rubia, -repone Brig afectuoso.

Sean arruga la nariz ante la degradación de su apodo de aviador.

-Pura envidia, profe sin cátedra.

-Niños, modales -les detiene una voz profunda con tono divertido.

Payback, Fanboy, Yale, Fritz, Omaha y Halo enderezan las espaldas de modo involuntario. Conocen esa voz, pues en distintos momentos de su vida pasaron por la gran base de Norfolk. Intercambian miradas inquietas. ¿También el vicealmirante Kerner? Se giran lentamente y ven que sí, el famoso Slider les contempla desde su impresionante altura. Una mujer de cabello castaño rojizo está parada a su lado y les sonríe con suavidad. Apoya una mano en la espalda del vicealmirante con la familiaridad que implica una intimidad de larga data.

-Hola. Ustedes son los pollitos de Mitchell, ¿no?

-Si, vicealmirante Kerner -responden en coro mal organizado.

La reacción provoca risas divertidas de todo el patio.

-Descansen, tenientes, -responde el gigante mientras sus ojos brillan divertidos. -Esperaba más desafío de la escuadra de Maverick.

-Rick, -su acompañante dice su nombre de un modo que es regaño suave y recordatorio a la vez.

-Cierto, cierto. Me olvidé. Tenientes, les presento a mi esposa Suzanne -la mujer hace un leve gesto de asentimiento con la cabeza-, y al senador Charles Piper. Un demócrata, pero es de los buenos.

Piper tuerce los ojos, pero no parece realmente ofendido.

-Un gusto conocerles al fin, tenientes, -dice con una sonrisa que no le llega a los ojos. -Somos amigos de Maverick y Ice, así que esperamos hemos oído mucho de ustedes.

-Lo que son es unos tacaños, cogiendo a Brig de chofer -bufa Sean. -¿No podían alquilar un auto en el aeropuerto como todo el mundo?

Sam mira a Halo alzando las cejas como si dijera “¿ves con lo que tengo que lidiar?” y corta por lo sano.

-Sean, llévale salchichas al tío Sundown, -ordena con voz suave, pero que no acepta réplica.

Aunque refunfuña, el más joven de los Kazansky toma el plato y se dirige al sofá donde Sundown conversa animadamente con el matrimonio Machado bajo la mirada vigilante de Elsa.

Sam se vuelve hacia la escuadra.

-Deben disculparlo, todavía se está acostumbrando a la idea de que Jake está de vuelta. Creo que se siente un poco… territorial.

Fanboy arriesga una mirada rápida al sofá de Iceman y Maverick. Si. Hangman sigue entre ellos dos con expresión relajada, la cabeza apoyada en el hombro del almirante. Kazansky está hablando de algo que hace reír a la señora Wells mientras le acaricia la nuca con movimientos lánguidos, como si mimase a un gato gigante.

-Si, se entiende -dice despacio y se da un trago de cerveza para evitar soltar algo inapropiado.

En realidad, siente que todo su mundo se ha puesto patas arriba con esta familia, pero está seguro de que el regreso de Jake a esta casa es solo la punta de un iceberg.

Si le hubieran preguntado ayer cuál era su teoría favorita sobre el origen de Jacob “Hangman” Seresin, Mickey habría respondido sin dudar que apostaba a bastardo de Kazansky. Su admiración por Mitchell le ha llevado a buscar registros de su carrera. Buscar fotos de Maverick significa encontrar fotos de Iceman. Le pareció curioso que el Kazansky de hace veinte años tuviera más parecido físico con Jake que con su propio hijo, Sean. Pero no le dijo a nadie, ni siquiera a su piloto. No se echa a andar semejantes rumores sobre uno de los hombres más poderosos de la Marina. No quiere acabar llevando cargas al ártico, muchas gracias.

Ahora, llegan aquí y les dicen, con inesperada honestidad, que Hangman es el misterioso Jake Mitchell.  Es cierto que Jake tiene los ojos y la nariz de Maverick, y su tendencia a desafiar la autoridad, pero por lo demás… 

Mickey levanta la mirada de su plato y se encuentra con la cara seria de Harvard. Sus ojos verde oscuro, como musgo, parecen querer atravesarlo. Recuerda de pronto todo lo que especuló sobre Maverick y su prole durante el entrenamiento para la Misión. Recuerda que Brig ha estado junto a Jake desde el principio, en la USNA.

-Todo esto te debe parecer hilarante, ¿no? Estuviste oyendo a todo el mundo preguntarse dónde estaba Jake Mitchell por años.

Debe haberlo dicho con un poco más de fuerza de lo debido, porque el resto del grupo se calla y Payback le pone una mano en el muslo.

Brig niega con suavidad.

-Para nada.

Parece que va a decir algo más, pero en lugar de eso se vuelve hacia Sam.

-¿Me das unas salchichas? Quiero ir a sentarme con mis padres.

Elia asiente en silencio y le sirve.

Brig camina hacia el otro lado del patio, donde los recién llegados Hollywood y Wolfman interrogan a Phoenix y Bob. Se sienta en el extremo del sofá, junto a Leonard y le pasa el plato de salchichas. El hombre lo toma sin dejar de prestar atención a Natasha, que explica cómo casi escaparon de Maverick el primer día de entrenamiento. Brig se deja llevar por la voz expresiva de su compañera y sonríe al comprender que la parte de su excepcional desempaño se debía a puro pánico.

-… y entonces pensé, suavecito, Nat, que si no, coges candela antes de que se arme de verdad la fiesta, y hice así -mueve los brazos como si diera un tirón brusco al timón.

-Y casi vomito -intercala Bob.

-Y escucho por la radio que Maverick dice “Buena movida, Phoenix. Me gusta tu estilo.” Y por poco me desmayo.

-¡Ah! -exclama Maverick desde el otro lado de la mesa- Ya sabía yo que vi ese avión oscilar un poquito.

-Deja que la muchacha haga su cuento en paz, enano.

Pete suelta un gruñido despectivo, se vuelve hacia Slider con ojos burlones.

-Al menos yo quepo en los asientos de avión.

Slider sonríe ante la respuesta. Después de tantos años, las reuniones de la Escuadra del 86 no están completas sin un duelo verbal entre ambos. Pero esta semana ha estado tan cargada de emociones que no tenía la seguridad de que Maverick estuviera de humor para ello.

-Al menos yo puedo pagar asientos de avión con espacio para las piernas.

-¡Oh! ¿Tienes que pagar tus pasajes de avión? ¿Cougar ya no te quiere?

-Se llama integridad, Maverick. Claro que tu no la necesitas porque solo piensas en cómo volar más rápido.

-Al menos yo no he olvidado cómo volar.

-Lo recuerdo perfectamente. Tengo mi licencia actualizada.

-¿De veras? Tengo un simulador allá dentro que…

-Nadie va a jugar video juegos en mi barbacoa -interrumpe como un látigo Sarah Kazansky.

Ambos hombres la miran sorprendidos, pero sin mínima intensión de desafiarla.

El primero en reaccionar es el capitán.

-Por supuesto, querida. Slider y yo solo… -mira alarmado a su amigo.

-Nos dejamos llevar -completa el otro con voz más humilde que la de un guardiamarina frente a un almirante.

Ella emite un ruidito de asentimiento y da por terminado el asunto.

-Uh. -Halo mira a Omaha- ¿Alguna teoría de la conspiración para esto?

El piloto niega con la cabeza, demasiado estupefacto para hablar.

Aprovechando que sus compañeros están reiniciando sus cerebros tras ver a la leyenda de la aviación y al mítico puño de acero de Norfolk ser controlados como par de párvulos por Sarah Kazansky, Fritz se levanta y camina hasta el extremo más alejado del sofá que ocupan Slider, Suzanne y el senador. Apoya una mano en el brazo del mueble, se agacha para mirar de frente a sus ocupantes y dice.

-Hola. Solo quería decir que admiro mucho tu trabajo.

Milo separa la cabeza del hombro de Charles y se yergue un poco para mirarlo de frente. Sus ojos marrones son cautelosos. Fritz nota cómo el senador estrecha el agarre alrededor de su cintura y se pregunta, vagamente, si cruzó alguna línea imaginaria al dirigirse directamente a Ventimiglia. Después de todo, el vicealmirante Kerner no lo presentó.

Billy no los culpa por intentar evitar que se fijaran en él: ha sido un año difícil para el actor. El éxito de “This is Us” es innegable, pero su vida personal ha hecho más titulares aún. Tampoco es poca cosa: divorciarse de Alexis Bledel tras quince años para irse a vivir con un senador demócrata veinte años mayor.

Milo Ventimiglia ya no es el chico hermoso y ligeramente peligroso del que se enamoró Rory Gilmore, ni el enfermero Peter Petrelli, siempre asombrado por el mundo de los mutantes. Ni siquiera el enérgico y razonable LT Connor "Stone" Portland de “Top Gun”, alter ego ficticio de su pareja actual. Bajo el débil sol del invierno son evidentes las arrugas de expresión en la frente, las patas de gallina y las ojeras leves. Parece una versión agotada y melancólica de Jack Pearson.

-Gracias, teniente Avalone, -dice al fin Milo con una sonrisa torcida. -Yo también admiro el suyo.

Billy mueve la cabeza de un lado a otro con una sonrisa leve.

-Na, lo que yo hago es complicado, pero preciso. Lo que usted hace, en cambio… usted se convierte cada vez en otra persona. Ese mafioso horrible que hizo en “Wild Card”, eso fue tremendo señor Ventimiglia.

-¡Ah! Conque fuiste uno de los diez que vio ese filme -la voz es seca, pero sus ojos brillan divertidos.

-Mi familia es de un pueblo en el culo de Kentucky, vamos a ver lo que sea que pongan en el cine local, mientras tenga disparos -explica con una sonrisa.

-Entonces supongo que no están viendo “This is Us”.

-Ellos no, yo sí. -ante la mirada incrédula del actor, añade- ¿No le dijo el señor Piper? En la Marina amamos las series semanales, nos da algo de que hablar.

-Chico -le interrumpe Kerner con tono severo-, no puedes revelar todos nuestros secretos, aún no se casan.

-Demasiado tarde, Slider. -admite el senador con voz perfectamente contrita- Le he dicho todo.

-¿¡Todo!? -se eleva una voz frenética desde el otro lado del patio.

Milo mira desafiante a Wells.

-Si, me lo dijo todo. Incluso -hace una pausa dramática- eso.

Maverick mira asustado a su esposo.

-Ice -gime.

Pero el almirante no se deja intimidar.

-Pruébalo -le espeta al actor.

Milo alza una ceja, se hecha hacia delante y dice en voz clara.

-El filme favorito de Wolfman es “Solo en casa”.

-¡Mentira! -grita Leonard, pero su hijo empieza a reír con tal fuerza que se cae al suelo.

Yale frunce los labios y se clava las uñas de la mano izquierda en la palma en un desesperado intento por contener su propia risa mientras extiende la derecha para señalar a su compañero de escuadrón en el suelo.

-Creo que esa es toda la confirmación que necesitábamos, señor.

-Vamos cariño, cálmate. -Rick le pone una mano en el hombro a su esposo entre risas- Sabías que algún día saldría a la luz, ¿no?

Wolfman se derrumba en el sofá, derrotado.

-Necesito un trago. Tu, Fritz -lo mira sonriente-, ya que empezaste todo esto suspirando por Milo, reparte ese famoso wiski tuyo, ¿eh?

-Enseguida, señor.

En lo que Yale y Fritz sirven los tragos del famoso licor, Javier deja a su esposa en su entusiasmada charla con Sundown acerca de motores y eficiencia y se dirige a otro sofá.

-Oye, Jake -dice algo tenso.

El rubio gira la cabeza para mirarlo sin separarse de Kazansky.

-¿Qué hay, Javi?

-¿Podrías enseñarme dónde está el baño?  

Su amigo hace un ruidito mitad burla y mitad incredulidad. Bueno, sí, la excusa es pobre, pero tampoco es como si tuviera mucho para trabajar. Igual, se felicita a si mismo porque no se encoge bajo la breve mirada que le dedica Kazansky. El almirante parece más divertido que ofendido, pero Javier no puede olvidar el poder que tiene ese hombre. Los ojos azul grisáceos regresan casi de inmediato a Jake, interrogantes.

Jake siente cómo el cuerpo junto a él se tensa. Aunque sabían que esto era inevitable, su papá no puede dejar de preocuparse. Le da una mirada tranquilizadora y se separa lentamente de su abrazo.

-Seguro -dice y se levanta.

Al llegar a la puerta de la cocina, Jake toma dos botellas de cervezas de la hielera mientras mira significativamente a su amigo. Javier suspira y asiente. Él tampoco esperaba que creyeran su excusa. Entran, pero Jake decide que es mejor seguir hasta la sala, para tener la seguridad de que no los oirán desde el patio. Después de todo, esto es solo para Javier. Se detiene junto a un sofá, apoya la cadera en el espaldar mientras le tiende una de las cerveza a su amigo.

-Bueno, ¿quieres hacer el interrogatorio de pie o sentado?

Coyote aprieta los labios y mira dudoso los muebles a su alrededor. Está claro que esto no es un espacio decorado para funciones sociales, sino un salón familiar, cálido, auténtico.

-Si, vamos a sentarnos -acepta.

Jake toma una butaca ancha, Javier el centro de un sofá de tres plazas frente a él. Dejan las bebidas en una mesa baja al lado.

-Entonces… -Javi vuelve a mirar alrededor, aún incrédulo- ¿creciste aquí?

-Si. Nos mudamos poco antes de que cumpliera tres años. Antes vivíamos en la base Miramar, pero no tengo muchos recuerdos de eso.  

-¿Eras feliz? ¿Con… -no puede evitar que su voz tiemble un poco- Kazansky?

Jake suelta una risa corta, ligera.

-Mucho. Es el mejor papá del mundo. -se detiene, entrecierra los ojos con gesto concentrado, como si buscara una respuesta mejor- Bueno, tal vez no el mejor -admite-, pero hizo lo mejor que pudo. Sin dudas es uno de los padres más sacrificados que conozco.

-Disculpa, estoy confundido Jake. ¿No me dijiste que Mitchell es tu padre?

-Ambos lo son. -él alza una ceja, interrogante, su amigo suspira y explica- Son aviadores de la Marina, Javi, y cuando yo era niño Icepá, quiero decir, Kazansky, estaba en combate activo también. Así que no ninguno de los dos estaba mucho tiempo en casa. Mamá Carole y iná Sarah decidieron vivir juntas para poder apoyarse. Así que teníamos como ¿figuras paternas rotativas? Un tiempo Icepá, un tiempo Mavpá. Era inusual, pero funcionaba -hace una mueca, como si recordara algo desagradable-… más o menos.

-¿Más o menos?

-Era feliz aquí, pero ¿allá fuera?, no siempre. Una vez, en un evento en la Base Naval de San Diego, oí a alguien llamarme el caso de caridad de Kazansky. Porque yo era el mocoso de Mitchell, traía los problemas en la sangre, ¿no? Supongo que alguna gente asumía que Icepá estaba tratando de salvarme de mi padre y de mi mismo.

-Pero entonces, ¿por qué te fuiste? ¿Por qué todo ese… teatro de usar el nombre de tu madre?

-Lo que te dije, que esta familia estaba llena de secretos. Eso es verdad. Acceso controlado a la internet, revisiones en busca de micrófonos una vez al mes, verificación de antecedentes de las familias de nuestras amistades de la escuela, entrenamientos sobre qué hacer en caso de secuestro. -suelta una risa amarga- De niño creía que era, simplemente, así era como vivía todo el mundo. -su voz se vuelve meditabunda- Considerando que crecimos entre la elite del Departamento de Defensa, es posible que muchas de las familias con las que nos relacionábamos vivieran así también. No lo sé.

-Pero todo eso no explica…

Jake niega con la cabeza mientras toma un trago para refrescarse la garganta. Sigue con su historia.

-Espera, que todavía no llego al verdadero secreto, o a los secretos. El primero era, como ya te dije, la orientación sexual de mi padre. Yo crecí con la DADT, no era algo que se discutiera en la mesa de la comida, pero los ecos de los casos nos llegaban. No se trataba de homofobia… explícita. Hollywood y Wolfman siempre fueron cercanos, y nadie de la familia habría permitido un comentario inadecuado respecto a ellos. -Javier contiene las ganas de morderse los labios al comprender que su amigo llama tíos al famoso Escuadrón del 86- Pero tú sabes que los niños arman sus propias cadenas deductivas. Estaba convencido de que éramos una familia militar respetuosa de la ley y por tanto debíamos ser heterosexuales ¿entiendes?

-Oh, y entonces descubriste que tu padre…

-Ajá.

-… pero si tú también…

-En esa época estaba en un armario más profundo que Narnia, Javi. Tu me viste en la academia, con la facilidad que te dije que no era gay.

-Verdad.

-Así que le tuvimos una bronca monumental en el despecho de Kazansky, y todo mi resentimiento de años estalló como una bomba. Como muchos hijos de padres separados, creía que mi madre ausente sería mejor que el padre que tenía, pero Mavpá nunca quiso decirme quién era ella. Le dije que no se acercara más sino era para decirme le identidad de Rachel Seresin, y nos quedamos en ese limbo monstruoso al que arrastré al resto de la familia.

-¿Y al fin te dijo?

La expresión de Jake se torna melancólica.

-Cuando me di cuenta de que estábamos en una misión suicida comprendí que, en realidad, no me importaba. Al mismo tiempo, mi padre me suplicó regresar a casa a cambio de la verdad. Kazansky usó su poder para desclasificar el expediente de mi madre.

-¿Desclasificar? -repite Javier sorprendido.

-Si. Resulta ser que Rachel era agente de la CIA, mierda clasificada hasta no se sabe cuándo. Murió en una operación secreta. ¿Cómo le explicas eso a un niño? -se encoge de hombros y mira hacia la pared llena de fotografías- Yo no sabría cómo. No me extraña que mi padre no supiera.

-Wow -es todo lo que puede decir Machado tras el relato de su amigo.

Para disimular su estupefacción agarra la cerveza y se levanta para volver a ver las fotos. Hay una historia ahí. Una historia de amor y de sombras que se remonta a 1994, o más atrás.

Se da cuenta de que no le asombra tanto ver al capitán, Bradley y Jake en actitudes informales. Lo que le sigue pareciendo bizarro es ver a Kazanky tan distante de su estricta imagen marcial. En una foto viste shorts, toma una mano al pequeño Sean, Maverick tiene la otra mano del niño; en otra está tirado en la arena mientras abraza a su esposa con Jake y Sam -de diez u once años- a cada lado; en una tercera sonríe a la cámara, sus ojos ocultos tras gafas oscuras, mientras alza por sobre su cabeza una pelota de fútbol que Bradley y Maverick tratan de alcanzar. Casi al inicio de la pared hay una que le llama especialmente la atención porque es muy convencional, pero también íntima: el primer cumpleaños de Sean Kazansky. El niño es muy pequeño, así que está sentado sobre el regazo de su madre, frente a una mesa con un gracioso pastel en forma de avión y una sola vela ancha en el centro. A la derecha tiene a Jake y Brad, a la izquierda a Sam y su padre. Su amigo y la hija de Kazansky tienen las mejillas hinchadas, seguro les dieron la tarea de soplar la vela en lugar del bebé. Brad sonríe de oreja a oreja y el futuro almirante tiene una expresión entre agotada feliz.

Javier inspira hondo y se gira hacia Jake.

-Entonces, ¿el novio secreto de Maverick también es de la Marina?

Jake asiente con una sonrisa mínima.

-Por supuesto.

-Así en realidad nos invitaron para que él nos conociera.

-Si.

Jake termina su cerveza, la deja a un lado, apoya los codos en las rodillas, entrelaza los dedos de las manos y apoya la barbilla en ellos. Mira a Javier con expresión calculadora.

-¿Qué pasa?  

Pero Jake niega con la cabeza y se pone de pie.

-No importa. Vamos a regresar, o tío Sundown habrá convencido a tu mujer de unirse algún proyecto de I&D de la Marina y solo llegarás para opinar sobre el color de la casa que les asignarán.

Javier lo mira intrigado. Se da cuenta de que hay algo más que Jake esperaba que comprendiera sin palabras. ¿Se supone que la clave está en las fotos? Vuelve a mirarlas antes de seguir a su amigo a través de la cocina, y no ve nada del otro mundo: una familia poco convencional, pero ¿acaso existen las familias convencionales fuera de la ficción?

Al llegar al patio, María Celeste está muy entusiasmada con Sundown. Javier le da un apretón afectuoso en el hombro a su esposa y decide ir en busca de carne.

El ambiente está relajado en los dos sofás que flanquean la parrilla. Fritz y Milo Ventimiglia se las arreglaron para entablar una conversación ligera sobre cultura pop en la que las Dagas no temen participar. No presionan al actor sobre detalles de su industria, simplemente intercambian sobre preferencias de cine y televisión, sobre los títulos que les formaron. El hecho de que tres de las personas que comparten sus memorias tengan casi veinte años más solo enriquece la experiencia.

-Oye, Javi. ¿Viste Bahía peligro allá en Texas?

El resopla y tuerce los ojos.

-Ah, porque entre las montañas de Kentucky tienen más civilización que en las afueras de San Antonio. -se sienta en el suelo con las piernas cruzadas y levanta su cerveza- ¡Claro que vi Bahía peligro!

-Debe ser la serie de extranjera con más retransmisiones en la TV americana -especula Halo.

-Podría ser -la apoya Omaha.

Payback abre la boca para decir algo más, pero un chillido desde otro de los sofás lo detiene. Todas las miradas se dirigen al sofá donde Vivian Cortell y Sarah Kazansky se abrazan y sonríen como niñas felices y pícaras. Cougar mira interrogante a Ice, quien hace un gesto mínimo de asentimiento. El moreno sonríe con algo de melancolía.

Elsa Williams, Madelaine Williams y Suzanne Kerner casi corren al sofá con expresiones sorprendidas. Se inclinan sobre Sarah Kazansky, y empiezan una conversación en susurros, interrumpida por puntuales chillidos de entusiasmo, que el resto del patio observa con creciente inquietud.

Natasha se inclina hacia delante para poder dirigirse directamente a Brig.

-¿Tienes idea de lo que pasa ahí?

Su compañero de escuadra le devuelve una mirada calculadora, pero no responde, sino que -para aumentar la intriga de Natasha- se gira hacia Rooster.

-¿Bradley?

El otro cruza una mirada rápida con Maverick y le sonríe divertido a su amiga.

-¿Te gustan las bodas, Nat?

-Pues… -ella no sabe muy bien qué responder ante la inesperada respuesta- Como a todo el mundo, supongo.

-Marca tu agenda. Mi padre -hace un gesto con la mano hacia Maverick- se casa por fin. Iná Sarah y Sam van a planear la boda.

-¿Disculpa? -Vivian Cortell levanta la cabeza con expresión amenazante.

Bradley se encoge en su puesto.

-Quiero decir -se apresura a corregir con una sonrisa estrangulada-, todas ellas van a planear la boda.

-Y será genial -asegura Elsa Williams con expresión soñadora. -Ya puedo ver los titulares.

-Pero la idea es…

Sarah Kazansky hace callar a su (futuro) exesposo con una sola mirada.

-Ya te dije -declara Sarah con voz de acero-, que la familia Benjamin no nos ganará en esto.

Las otras cuatro mujeres asienten con fuerza.

La mayoría de los hombres presentes se encogen en sus asientos en solidaridad con Tom. Menos Pete, claro. Pete está disfrutando a plenitud todo este asunto de planear una nueva salida del armario más escandalosa aún que la que tuvo con “Top Gun”.

-Así que dedícate a tu trabajo, cariño, que nosotras nos ocuparemos de la boda.

Ice y Sarah se miran a los ojos por unos segundos, pero al fin él aparta la mirada y asiente. Ella sonríe victoriosa y se levanta con gesto altivo.

-Vengan, quiero mostrarles algunas ideas en las que estuve trabajando con Sam.

Las cinco mujeres se van a la casa bajo las miradas atemorizada de Ice, divertida de Pete y su prole, inquieta del resto de la Escuadra del 86 y completamente confundida de las Dagas.

-¿Tu no vas? -se atreve a preguntar Yale a Sam.

-Nah. Ahora viene el festival de la nostalgia. Que si cuando yo me casé en los ochenta esto. Que si cuando yo me divorcié en los noventa lo otro. Que si llevo veinte años con esta idea para los arreglos florales. Lo mío es la tecnología del siglo XXI: el sitio web, las invitaciones, esas cosas.

Elia resopla burlona. Su novia alza una ceja.

-¿Qué?

-Que tu también llevas pila de años imaginando esa boda, no te hagas.

Sam se encoge de hombros.

-No tanto como ellas. -cambia abruptamente de tema y actitud- ¿Una hamburguesa, teniente Lee? -pregunta con párpados bajos y una cadera ladeada.

Él traga en seco. Mira con miedo a Elia, pero la novia parece encontrar divertida la provocación.

-Seguro -y adelanta su plato.

Al otro lado del patio, Javier vio todo el intercambio con creciente confusión.

Que Sarah Kazansky y las otras mujeres del Escuadrón del 86 quieran planear la boda de Maverick no le extraña. Después de todo, se conocen desde hace unos treinta años. Lo que le parece incongruente es que el almirante Kazansky tratara de intervenir en esos planes. Si a Maverick, que es el interesado, no le interesa frenar a estas mujeres en su competencia con el clan Benjamin, ¿por qué lo haría Iceman? No es como si la boda lo involucrase directamente.

¿Verdad?

A menos que…

¡Oh!

Mira a María Celeste. La expresión de pánico de su esposa le indica que ella ha llegado a la misma conclusión.

Busca con los ojos al resto de las Dagas.

Al otro lado del patio, Omaha tiene el rostro ligeramente verde y Fanboy le dice algo a su piloto en susurros. La cara de Payback pasa de la incredulidad al desdén y busca confirmar su criterio señalando al sofá que ocupan Kazansky y Mitchell.

Javier también gira su atención hacia allí, con la desesperada esperanza de que todo esto sea un equívoco.

Sabe (no tiene que chequear a su alrededor, puede sentirlo) que su esposa, Phoenix, Bob, Fanboy, Yale, Fritz, Omaha y Halo hacen lo mismo: buscan una evidencia material de que sus deducciones sean erróneas. Jake se ha levantado para tomar algo de la mesa. Iceman se inclina hacia Maverick con una sonrisa leve y usa sus dedos para acomodarle un mechón de pelo.

El gesto es casual, íntimo, inequívoco.

La falta de reacción del resto del Escuadrón del 86 es el último clavo en el ataúd de su cordura.

Javier Machado cierra los ojos, traga en seco y busca la mano de su esposa a tientas.

María Celeste tiene la respiración entrecortada y la risita socarrona de Sundown es como un taladro en su cabeza.

Escucha de lejos la voz de su capitán.

-Creo que esta vez si los rompimos, Ice.

Y la respuesta del vicealmirante Kerner.

-Na, una ronda de wiski y estarán como si nada. Si quieres, Yale, te cuento de cuando los encontré…

-¡Una ronda de wiski, por favor! -lo corta Natasha.  

FIN

 

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25 de marzo de 2024

RAICES 16

Capítulo 16: El valor de la sangre

Resumen:
-¡Por supuesto! Es solo que… -suspiró- Ha sido un día largo y… Mira, de verdad no quiero tener esta conversación por teléfono. ¿Podemos vernos el lunes?
-¿No mañana? -sonaba obviamente decepcionado.
No, decidió Jake. Necesito un poco más de tiempo para saber qué mentiras te diré.
Ice alcanza la carpeta que había dejado en la mesa.
-Se que Brig espera noticias. Eventualmente, también tendrás que decirles a otras personas. Ya viste lo bien que le fue a nuestra familia con el sonsonete de “es un secreto militar”. Aquí tienes a Rachel Seresin -le tiende la carpeta.

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Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Madam Secretary

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 University City, San Diego, domingo 17 de noviembre de 2019

 

-¿Puedo pasar? -pregunta al tiempo que da un par de toques con los nudillos en la puerta abierta. 

Jake se vuelve sorprendido. 

-¿Papá? 

Su expresión exuda ternura y sorpresa ante el apelativo. Luego parece darse cuenta de lo vulnerable que luce y aparta los ojos por un instante. Cuando vuelve a mirarlo, su cara está más controlada.  

-Te traje algo -y levanta una mano, donde sostiene una carpeta. 

-No… No tienes que traerme nada para venir a mi cuarto. Pasa, por favor. 

Mueve la silla de su escritorio para ponerla junto a la cama y hace un gesto de invitación. Se sienta en la cama. Kazansky entra despacio, sus ojos cuidadosamente fijos en el suelo, deja la carpeta en la mesa y ocupa el lugar que le ofreció su hijo. 

Jake cae en cuenta de algo. 

-¿Por qué dejaste de entrar aquí? 

El hombre lo mira sorprendido de nuevo. 

-No se… 

-Por favor, no mientas. -lo corta exasperado- Creo que después de las confesiones de ayer, puedes decirme todas las verdades que quedan, ¿no? Dejaste de entrar a este cuarto cuando yo tenía como cinco o seis años. Lo sé. Nunca antes le di muchas vueltas, pero ahora me doy cuenta de que es contradictorio: siempre buscabas excusas para estar cerca de mí, pero ese dintel -señala a su puerta- era como una pared de cristal. 

Su papá se muerde los labios, suspira, parece llegar a una conclusión. 

-Es por la foto de Rachel. -admite al fin con tono avergonzado- No soportaba verme así… travestido. 

¡Oh! Es precisamente lo que imaginó, pero no por las razones que creía: a su papá no le molestaba que hablase de Rachel porque fuera su rival de amores, sino porque era su pasado. ¿Cómo le dijo aquella muchacha que se llamaba eso? ¡Si! Deadnaming. Es un tipo de violencia específica contra las personas trans: usar el nombre de nacimiento y no el de su identidad verdadera. Claro que Jake no lo sabía, era un niño y actuaba de buena fe. Pero su insistencia en saber de su (supuesta) madre obligó al resto de la familia a seguirle el juego. Mamá Carole, iná Sarah, y su padre si sabían que mencionar a Rachel lo hería, pero tampoco podían hacer mucho. El joven mira a su alrededor. Siente la amargura como un golpe en el pecho. ¿Cuántos pequeños detalles más hirieron a su papá todos estos años? 

-Lo siento. 

-Está bien…

-¡No está bien! ¡Deja de decir que está bien! Eres la espina dorsal de esta familia y te hemos tratado como una mierda. 

-Era necesario. -se detiene, piensa un poco- Jake, tienes que entender que tu no eras el problema. Eras un niño. Brad, Sam, Sean, tu, ustedes no tienen la culpa. Tus madres y tu padre tampoco. Fui yo quien decidió emprender una carrera en una institución que negaba mi existencia. Si, me dolía que hablaras de Rachel como alguien real, pero es un sacrificio que estaba dispuesto a hacer por ti. -le toma una mano y se la estrecha con afecto- Eres mi hijo, Jake, es así como funciona. 

Jake abre la boca para decir algo más, pero lo piensa mejor y se calla. Después de todo es cierto: no llegarán a ningún lado si sólo rememoran todos los errores cometidos. 

-Vale -concede resignado-, pero tienes que prometer que no me dejarás pasar nada de ahora en lo adelante. Quiero que seas feliz, papá -concluye un poco ansioso. 

-Solo oírte decirme papá es una gran ayuda. Ahora, a lo que vine. ¿Ya hablaste con Brig?

Jake hace una mueca incómoda. 

-Ayer, si. Fue… complicado. 

Complicado es ponerlo suavecito. 

Después de llorar por un rato en su abrazo de reencuentro, padre e hijo se habían calmado lo suficiente como para que la familia pudiera seguir hablando de sus planes para el futuro. Les contaron de la oferta velada a Ice para ser Secretario de la Marina en el segundo mandato de la presidenta McCord. De los planes de divorcio, retiro y matrimonio. 

-Si -intervino Mav con expresión soñadora-, pasaré de ser amante a esposo trofeo. 

Sarah torció los ojos, burlona. 

-Ya, porque todos estos años estuviste aprovechándote de él mientras yo criaba a la prole y fregaba suelos, ¿no? 

-Si, así mismo. Fíjate que hasta me regaló un hangar en medio del desierto para… 

-¡No menciones tu vida sexual de nuevo, Mavpá! 

-En serio, ¿qué salió mal contigo hermanito? -se quejó Jake- Nunca he visto un hetero tan sensible. 

-Tengo una teoría. -propuso Bradley- Cuando murió mi mamá, tu tenías tres años. Después de eso, Icepá se fue a Maryland y Mavpá se quedó aquí. Ustedes dos -señala a Sarah y Pete- estaban fingiendo ser amigos, así que sus interacciones eran intencionalmente distantes. Creciste viendo a una pareja que no demostraba intimidad física, Sean, y te hiciste a la idea de que tus kuŋkákepi eran seres asexuales. Cualquier evidencia de lo contrario te hace un cortocircuito en el cerebro.  

Sean ladeo la cabeza y arrugó el ceño, pensativo. 

-Podría ser. -admitió al fin, se giró hacia Jake- ¿Me das el número de tu terapeuta? 

La familia estalló en carcajadas. 

Después de eso fue el turno de Bradley de anunciar que él también dejaría la Marina y le propondría matrimonio a Azul. Hubo una ronda de aplausos, felicitaciones y, por supuesto, variaciones de “ya era hora”.

-De amante secreto a Príncipe Consorte de Perla Blanca. -dijo Sam muy despacio con tono burlón y brazos en alto- Tu sí que vas a prosperar. 

Bradley le sacó la lengua. Ella lo ignoró para preguntar lo verdaderamente importante. 

-¿Crees que Megan y Harry vayan a la boda? 

Pero el hermano mayor solo se encogió de hombros. 

-Un matrimonio de Estado, el ochenta por ciento de la lista de invitados será decidida por la cancillería. 

-Pues les voy a decir algo que no va a decidir ni la cancillería de Perla Blanca, ni la Casa Blanca de Elizabeth McCord: Elia y yo queremos tener un bebé. 

Eso provocó otra ronda de felicitaciones. 

Al final, bajaron a cenar con los corazones ligeros, pero los cuerpos agotados. El sábado había sido una montaña rusa de emociones. 

Cuando regresó a su habitación, Jake se encontró con un único mensaje de su novio: “36 horas”. El tiempo que llevaba sin saber de él. Lo llamó de inmediato. Brig respondió al segundo timbrazo. 

-¿Estás bien? 

-Si, si. ¿Tu? 

-Preocupado por ti, nada más. -hizo una pequeña pausa- Y harto de estar en la base, la verdad. 

-¿No les dejan salir? 

Jake se inquietó de repente. ¿Habría pasado algo para lo que necesitaban de nuevo al escuadrón? 

-Tranquilo, amor. Es solo que no quiero ir a ningún lado sin ti. En cambio, tengo a Omaha y Halo tratando de consolarme -explicó sin ocultar su diversión. 

-¿Consolarte? -no debía ser nada malo si Brig se reía, pero sin dudas era extraño.

-Si, creen que me dejaste por Bradley, o por Mitchell. 

-¡Oh! Pues están equivocados. -ahora es Jake quien suelta una risita- ¿Creen que me llamo Hangman por gusto? Yo hago las cosas a lo grande. Te dejé por el almirante Kazansky y el capitán Mitchell.

Brig soltó un gritico de falso ultraje.

-¿De verdad? 

Pero no aguantó más de unos segundos antes de empezar a carcajearse. Era un sonido ligero, contagioso. Jake se lo podía imaginar dejándose caer en la cama y luego acomodarse contra el cabecero.  

-Así que te reconciliaste con ellos. 

-Si. 

-Y te dijeron la verdad sobre Rachel -porque Brig nunca pierde de vista sus intereses. 

-Me dijeron y es… 

Jake se detuvo en mitad de la frase porque no sabía qué decirle. No quería mentirle a su novio, pero tampoco podía traicionar la confianza de su papá. 

-Es complicado. -admitió con un suspiro- Más complicado de lo que esperaba, y definitivamente un asunto de seguridad nacional. 

-¿Entonces Rachel era agente del Mossad?

Brig no lo decía en serio, claro, aunque en las largas noches que escuchó a Jake especular sobre la identidad de Rachel imaginaron todo tipo de escenarios, desde arquitecta hasta reina de belleza. 

-No. -se alegró de poder decirle algo con certeza- Eso te puedo asegurar: ninguna agencia de inteligencia extranjera fue dañada durante la concepción de este aviador. 

-Menos mal. 

-Quiero decirte -le aseguró, temeroso de repente de que Brig desconfiara de su honestidad-, pero no puede ser por teléfono. 

-Está bien, amor. Lo importante es que estés seguro de que esta vez te dijeron la verdad. 

-Oh, si, fue la verdad. Es una historia tan bizarra que no podrían haberla inventado. 

Pero mientras lo decía se dio cuenta de que no podría decirle la verdad. Su papá nunca le dijo a Wolfe y Hollywood que era trans, así que él no podrá ahora… Se siente orgulloso de su padre y su papá, pero parece que nunca podrá presumir de ello fuera del estrecho marco de su familia. 

-¿Cuándo regresas a Miramar? -preguntó de repente Brig. 

Eso lo tomó por sorpresa. 

¿Regresar a la base? ¿A qué? Tiene un hogar en San Diego y la necesidad acuciante de ponerse al día con su familia. Sería mejor si Brig viniera a quedarse en University City durante las semanas de descanso, ¿no? La cama y el armario de su habitación son para dos personas. Pero no puede tomar esa decisión por su cuenta. 

-No lo sé. -admitió al fin, y decidió ir con la mitad de la verdad- Hace once años que no les abrazaba, Brig. 

Su novio notó la vacilación en su voz. 

-Jake, ¿de verdad estás bien? 

-¡Por supuesto! Es solo que… -suspiró- Ha sido un día largo y… Mira, de verdad no quiero tener esta conversación por teléfono. ¿Podemos vernos el lunes? 

-¿No mañana? -sonaba obviamente decepcionado. 

No, decidió Jake. Necesito un poco más de tiempo para saber qué mentiras te diré. ¡Oh! Conque esto es de lo que hablaba su papá. Ahora que sabe, está obligado a guardar el secreto. Está obligado a mentir. Tal vez cuando su papá deje de trabajar por completo, dentro de diez o quince años, pero ahora no, definitivamente no. 

-No. El lunes. 

-Vale. Pero al menos mándale un mensaje a Javier. Él también está inquieto. 

-De acuerdo, en cuanto terminemos de hablar. 

Colgó, mandó un mensaje a Javier “Estoy bien, reconciliación en marcha” y se dejó caer en la cama. La euforia que sentía se había evaporado. En su lugar, el peso de lo que acababa de aprender empezaba a asentarse sobre sus hombros. 

Durmió mal. Al despertar no recordaba el argumento de sus pesadillas, pero el sabor amargo del miedo estaba en su boca. Se las arregló para ir a desayunar fingiendo normalidad. Eran las siete de la mañana y en la cocina solo estaban los hombres de la familia. 

Todos condicionados a madrugar por la Marina. 

Fue lindo el desayuno, con sus papás sonriéndole y tocándole de modo afectuoso. Siempre fueron muy táctiles en su familia y extrañaba eso. 

Ahora su papá está en su habitación y lo mira fijamente con sus ojos azul grisáceos, como el mar de invierno. Le parece que puede ver a través de él, de todas sus dudas y preguntas pendientes. 

-Complicado. -Kazansky repite la última palabra de su hijo con tono comprensivo. Sus ojos se vuelven evocadores - Recuerdo mi primera cita con tu padre, no sabía si sabotearlo todo o darle una oportunidad. 

-¿Llegaron a primera base? 

-Claro que no. Fuimos a comer pizza y me dijo que tenía queso en la comisura de los labios. Trató de limpiármelo con el pulgar. 

Jake se cubre la cara de vergüenza ajena. 

-Pero qué cursi. 

-Más cursi fue mi reacción. Me eché hacia atrás, empecé a tartamudear. -sonríe, se nota que el recuerdo aún le divierte- Por suerte él es Maverick, siempre listo para improvisar. Sin cambiar de expresión me ofreció una servilleta y me invitó a la cena de Acción de Gracias una semana después. Ahí nos dimos el primer beso. 

Jake deja de reírse, porque de repente se da cuenta de a dónde quiere ir su papá. 

-¿Y cuándo le dijiste…? 

-Casi tres semanas después. Slider se dio cuenta de que estaba tratando de romper con Mav y bajó de Coronado a sacudirme. Me dijo que, por una vez, me arriesgara ser feliz. 

La mención de Kenner hace que Jake se ponga serio de nuevo. 

-Le debo una disculpa a Slider y a Cougar, ¿verdad? 

-Si. Slider también te debe una a ti -su tono es terminante-, eso que dijo en el funeral fue excesivo. Tu nunca has dejado de ser nuestro hijo, Jake, nunca dejarás de serlo.

-Tu tampoco dejaste de ser mi papá. Lo intenté -admite con voz arrepentida-, juro que lo intenté, pero tus genes son fuertes. Ver las cosas alrededor y empezar a ordenarlas en mi mente es simplemente instintivo. 

-También vuelas como Mav. 

-¿Me has visto volar? 

-He leído los reportes y visto grabaciones. -admite- Desde que te graduaste has sido muy codiciado, ¿lo sabes? El insufrible de Koehler no paraba de presumir. 

-¿Mi comandante en el USS Eisenhower? -Jake tiene un recuerdo distante del hombre. No recuerda haber hablado con él, aunque pasó más de un año en ese barco maldito. 

Ice asiente. 

-Se que no querías que me metiera en tu vida, Jake. Tenías buenas razones para ello, pero… Eres mi hijo. -de pronto luce avergonzado. 

-Papá… ¿qué hiciste? 

- Koehler quería separarte de Brig. No sé cómo planeaba hacerlo, pero me dijo que solo así terminarías de endurecerte. No podía permitirlo. Ustedes se aman. Me consolé pensando que, si ya me odiabas, no importaba que metiera las manos. 

-Entonces esas dos plazas en el VFA-151, Vigilantes… 

-Si. Gregory Huffman quedó en deuda conmigo. 

-¿En deuda contigo? -repite desconcertado- ¿Qué quieres decir? ¿No debería ser a la inversa? ¿Tú en deuda con él por recibirme?

-¡Claro que no! Todos te quieren, Jake. En recursos humanos casi tuvieron que apartar a los comandantes con un palo cuando decidían a qué escuadrón mandarte en el otoño de 2013. Dos años después las predicciones habían sido superadas. Pero elegí el USS Stennis porque Huffman no tiene paciencia con la discriminación de ningún tipo. 

-¿Y nadie sospechó que te interesaras en mí así, de la nada?

El rostro de su papá se torna taimado. 

-¿Puedo haber hecho creer que le estaba haciendo un favor a Wolfe? -dice con falsa inocencia- Mi interés era Brig, y tu, el agregado que usaba para hacer interesante la oferta.

Jake abre los ojos de sorpresa. Nunca se le habría ocurrido que Brig también es, técnicamente, un nepo-bebé. Pensar en su novio le recuerda la incómoda conversación que le espera. 

-Respecto a Brig. Se supone que nos veamos mañana. Vine directamente del barco para acá y está ansioso. 

-Es comprensible -asiente el padre- No te preocupes, tu iná cocina para batallones. 

-No entiendo. 

Kazansky mira a su hijo con inquietud. ¿Cruzó algún límite sin darse cuenta? 

-¿No acabas de decir que Brig vendrá mañana? 

-No. 

Traga en seco. 

-Vale. -trata de que la decepción no se le note mucho- Claro, no tienes ninguna obligación de traerlo. -se obliga a sonreír- Seguro que no te interesa tener sexo casi frente a la habitación de tus kuŋkákepi. Claro que puedes regresar a Miramar con tu novio, Jake. -pero no puede evitar demostrar cuánto lo necesita- ¿Por lo menos vendrás a cenar esta semana? 

-¡No! ¿De qué hablas? Claro que no quiero regresar a las residencias de Miramar, papá. ¿Quién en su sano juicio va a una base militar cuando tiene un hogar? 

Se miran incrédulos. Ice suspira y se masajea el puente de la nariz.

-Creo que me adelanté de nuevo, ¿no? 

-Si, mucho. -Jake le toma una mano- Me debes once años de abrazos, papá, no iré a ningún lado. Relájate, ¿si? 

-Trataré. 

-Respecto a Brig. Pensaba verlo en un café de San Diego. No sabía si podía traerlo. 

-¡Por supuesto que puedes traerlo! Ese muchacho te ama, es bienvenido. Cuando tu iná redecoró -hace un gesto que abarca la habitación-, lo hizo pensando en que vendrías con Brig. Sabemos que ustedes… ¡Mira! Todas las paredes son a prueba de sonido, ¿okay? Tu privacidad está garantizada. -nota un gesto de incomodidad en el rostro de su hijo y se apresura a agregar- Puedes traer a cualquier otra persona, también. 

Esa última aclaración no alegra a Jake. Todo el incómodo performance de apoyo de su papá solo le recuerda que él también debe sincerarse con su familia. Pero primero lo primero. 

-El problema es que no sé qué decirle. Brig sabe que vine para exigir la verdad sobre Rachel, y ahora… -deja caer la cabeza con gesto derrotado. 

-De eso venía a hablarte. -Ice alcanza la carpeta que había dejado en la mesa- Se que Brig espera noticias. Eventualmente, también tendrás que decirles a otras personas. Machado y Vikander tienen un gran interés en tu historia familiar, aunque por diferentes razones. No quiero forzarte a mentir, hijo, pero… 

-Nunca revelaré tu secreto -se apresura a asegurarle.

Ice asiente, sus ojos brillantes de confianza y cariño. 

-Lo sé, pero tienes que decir algo. Ya viste lo bien que le fue a nuestra familia con el sonsonete de “es un secreto militar”. Aquí tienes a Rachel Seresin -le tiende la carpeta. 

Jake la abre curioso. Solo contiene una hoja, parece el resumen de un expediente. En la esquina superior izquierda el sello de… ¿¡la CIA!? Si, de acuerdo con el título de la página, se trata del resumen del expediente de Rachel Sophia Levoi (alias Rachel Seresin), agente de la CIA muerta en el cumplimiento del deber. 

Nacimiento: 17 de marzo de 1960, Los Ángeles, California. 

Muerte: 11 de julio de 1997, París, Francia. 

Rasgos físicos más significativos: 1.72 metros de altura, ojos azules, cabello rubio

Reclutamiento: Fichada durante el último año de bachillerato. Invitada a una universidad financiada por la agencia en el verano de 1977. Contratada por la Agencia al graduarse en el verano de 1981. 

-¿De verdad la CIA mantiene un programa de reclutamiento a través de una universidad privada?

Tom se encoge de hombros. 

-No crearás que convencer a la gente de corretear por el mundo mintiendo es fácil. Tienen una reputación aún peor que la de los Marines. 

Jake bufa y sigue leyendo. 

Campos en los que destaca: disfraces, imitación de acentos, tiro con pistola. 

Familiares: 

Madre: Karin Kowalsky (1940-1989)

Padre: Samuel Seresin (1940-1967)

Hermano(s): 

1) Raymond Sean Levoi (17 de marzo de 1960). Universidad de Oregón (1981): Ciencias Políticas con especialidad en Criminología. Academia del FBI en Quantico (1982). Agente especializado en misiones encubiertas. Mantienen contacto mínimo desde 1977. Contactar en caso de emergencia.

Añadido 1987: El agente Levoi ha sido reclutado por agentes del Movimiento por los Derechos de los Aborígenes (ARM) y traicionado al gobierno de los Estados Unidos. NO CONTACTAR NUNCA. 

2) Thomas Seymour Kazansky (17 de marzo de 1960). Notas: Adopción cerrada al nacer a través de las Hermanas de la Caridad en el Centro Médico San Vicente de Los Ángeles. Ignora la existencia de Raymond y Rachel. 

Añadido 1987: Tom “Iceman” Kazansky es uno de los mejores aviadores de la Marina. Destaca por su respeto a las reglas. Se espera que progrese como oficial. Contactar en caso de emergencia. 

Hijo: Jacob Raymond [cubierto con tinta negra] (1 de abril de 1991). Notas: Custodia completa asignada al padre [cubierto con tinta negra]. NO CONTACTAR NUNCA. 

Instrucciones en caso de fallecimiento: incinerar, esparcir cenizas en el Océano Pacífico. 

El resto son párrafos que, supuestamente, resumen sus años de trabajo para la agencia. Hay más tinta negra que palabras. En realidad, no importa. 

Jake cierra la carpeta y la pone a un lado. 

-¿Quiero saber por qué las Hermanas de la Caridad gestionaban adopciones secretas? 

Ice hace un gesto de repugnancia. 

-Ya tienes suficientes pesadillas. 

Asiente. 

-¿Entonces eres mi tío? ¿Gemelo de mi madre? ¿No es un poco exagerado? -sonríe- Es casi de telenovela, papá.

Pero la mirada que le devuelve su padre es seria. 

-¿Ese rumor de que eres producto de un experimento del Pentágono?

-¿Si? 

-A mí no me lo hicieron como un chiste, sino como parte de un intento de chantaje. Me amenazaron con revelarle a Sarah que eras hijo mío y que Pete solo había firmado los papeles. 

Alza una mano para impedir que Jake hable. 

-No se lo dije a nadie, no era nada que no pudiera controlar, pero… ¿eres consciente de cuánto nos parecemos físicamente? 

-Pues… 

-Mucho. También te pareces bastante a Sean. Así que también quiero ponerle fin a esa posibilidad. Desmentimos el rumor al confirmar que somos familia. Fin. 

-Vale -acepta Jake con un asentimiento de cabeza. 

Después de todo, su papá lleva más de cuarenta años burlándose de los límites impuestos por la Marina y el Pentágono. Puede confiar en su criterio. 

-Respecto a Brig. Espera, déjame terminar de hablar o volveremos al equívoco de hace unos minutos. No es bueno tener secretos en una relación, envenenan el aire, hijo. Ustedes llevan mucho tiempo juntos -Jake siente que se sonroja. Depende de cómo lo cuentes, piensa-, y es una relación estable, sólida. Decide tu si le vas a decir la verdad -pone una mano sobre la carpeta- o toda la verdad. 

Jake abre mucho los ojos, sorprendido.

-Wolfman y Hollywood no lo saben.

-Y no planeo decirles -asiente Ice-, pero ellos son mis amigos. Brig ha sido tu compañero estos once años. Es diferente. Quiero reconstruir nuestra relación, Jake, pero no a costa de sabotear tu vida amorosa. Si quieres tener a alguien con quien presumir de que eres el hijo de los dos mejores pilotos de la Marina -le guiña un ojo-, no te lo voy a impedir. 

-Gracias. Creo que… Si. Voy a llamar a Brig para que venga ahora mismo. 

-Perfecto -Ice se pone de pie- Le diré a Sarah que tendremos a alguien más para el almuerzo. 

 

University City, San Diego, lunes 18 de noviembre de 2019

 

-Papá, padre, iná, hermana, hermanos. Creo que es momento de que yo también sea honesto con ustedes. Durante mucho tiempo he ocultado esta parte de mi y creo que tras la sinceridad y el valor del que nos dio ejemplo Icepá hace unos días, no puedo ser menos. Soy asexual. Eso significa que no siento atracción física por las personas, que en realidad el sexo me parece sucio y carente de sentido. Antes de que empiecen con las preguntas. Si, estoy en una relación con Brig. Soy asexual, no arromántico. No, eso no tiene nada que ver con que tuvieras que irte, papá, ni con mis otros traumas infantiles. Ser asexual es tan normal como ser bisexual, o trans, o hetero. Yo nací así. No necesito cambiar, ni curarme, ni encontrar una buena posición sexual. Deseo que me acepten así. No quiero que actúen diferente a mi alrededor ahora, excepto por una cosa. Realmente quiero que dejen de hacer bromas sobre mi vida sexual con Brig. Me hacen sentir muy incómodo. -se detiene para tomar aire y mira se atreve a mirar a su público- ¿Se entiende? 

Su novio lo mira desde la cama con el ceño fruncido. Jake, sentado muy derecho junto a su escritorio, contiene la respiración. 

-Suenas un poquito desesperado.

Jake exhala, se dobla un poco sobre sí mismo y se pasa las manos por el pelo en gesto de desesperación. 

-¿De verdad?

-Si. ¿Por qué hablas de que algo podría -hace el gesto de comillas con los dedos- causar tu asexualidad? Tu familia es como, la última de las familias que intentaría curarte de algo relacionado con preferencias sexuales, Jake. 

-Pero nadie más es… 

Brig se mueve hacia el borde de la cama y le toma una mano. 

-Y eso no importa. De hecho, no entiendo por qué quieres hacer toda esta pantomima de salir del armario. Estamos juntos, Jake, nos aceptan como pareja. Lo que hacemos o no hacemos en la cama no es asunto de nadie. ¿Qué importa si tu hermana…?

Jake le devuelve una mirada furiosa. 

-¿Crees que me resbala? ¿Que no me importa? Me importa y mucho. Quiero que mi hermana deje de hacer bromas sobre nuestra vida sexual. ¡Me repugnan! Pero es más que eso. Quiero recuperar a mi familia. Al menos en mi hogar, quiero ser visto y respetado por quien soy, no por quien se imaginan que soy. Cada vez que digo que la obsesión social con el sexo me resbala, me miran con incredulidad. Cuando niego sentir atracción por fulanos famosos, Sam dice que me hago el remilgado. Creen que te ignoré a propósito todos estos años. Y no se trata solo de los malentendidos, es de ser visto, Brig, de no mentir por omisión ni ser entallado para encajar en la idea que tienen de mi. ¡No quiero ser invisible! -se derrumba después de la diatriba, pone la cabeza entre las manos y concluye muy bajito- Mi sexualidad es parte de eso. 

Brig lo mira estupefacto. 

-No tenía idea de que te importara tanto.

Jake niega suavemente con la cabeza. Sus ojos vagan por la habitación, inseguros. 

-No me importaba hasta que… ¿tienes idea de lo que ha sido para mi papá? Vivir más de la mitad de su vida pretendiendo, incluso dentro de su casa. Dejarme llamarlo Rachel, monstruo, roba niños. Todo por mantener la ficción de que era cis. Puedo ver lo que eso lo ha herido, Brig, y no quiero eso para mi -lo mira a los ojos sin tratar de ocultar el miedo-, ni para ti. No quiero amargarme y herirte. Quiero un oasis, un remanso, un puerto seguro donde no tenga que pretender que mi amor por ti se mide en orgasmos o besos. 

-Okay. -asiente su novio- Ese si es un excelente discurso para salir del armario. 

-¿Eh?

-Nada de que eres normal. ¿Okay? Nada defensivo. Declaras que esa es tu identidad y quieres que la familia la reconozca y la respete. Punto. Si quieren aprender, que escriban asexualidad en Google. No tienes que justificarte, Jake. Ante nadie. 

 

Grupo de WhatsApp del escuadrón Dagas, martes 19 de noviembre de 2019

 

Fanboy: ¿Vieron su email? 🤩

Fritz: En serio García, tienes que calmarte. 

Fanboy: 😜 Tú estás casado, yo no. 

Fritz: Oye Fitch, contrólalo. 

Fritz: O te quedarás sin WSO por cargos de acoso sexual. 

Payback: 😒 

Payback: Al menos ustedes solo ven estos textos. 

Payback: Yo vivo con él. 

Halo: En serio García, eres muy viejo para tener un “despertar gay” o cualquier mierda de esas. 

Bob: La sexualidad es fluida, las personas pueden darse cuenta de la diversidad de sus sentimientos en cualquier momento de la vida. 

Halo: 🤦

Phoenix: No tengo idea de qué llevar. 

Fanboy: nsjfdvln sdlnscjkls 

Payback: Nat, no puedes soltar bombas así. 

Payback: Tiró su móvil al suelo y corrió a buscar la laptop para releer el email de Maverick en la pantalla grande. 

Fritz: ¿No dice que solo llevemos nuestras “maravillosas personalidades”?

Bob: Ya se lo dije, es nuestro CO y no tenemos que llevar nada. No me cree. 

Omaha: ¿Nadie va a mencionar el elefante en la habitación? 

Rooster: No lleves nada, Nat. 

Hangman: ¿Elefante? Creí que era una parrillada de Acción de Gracias. 

Halo: Neil está con otra de sus teorías. ¿Dónde andas, Seresin? 

Hangman: Ahora mismo, en San Francisco. 

Hangman: ¡Hay que celebrar que estamos vivos! 

Omaha: No es una teoría, es una posibilidad. 

Rooster: 👀

Payback: Oye, Seresin, ¿conoces la zona a dónde nos invitó el capitán? 

Hangman: Si. Buenas pendientes para tirarse en bicicleta. 😂

Rooster: 😒 

Rooster: y que lo digas

Bob: ¿Usabas casco y accesorios de seguridad?

Hangman: 😏

Hangman: Te cuento cuando nos veamos. 

Rooster: ¿Qué posibilidad cocinas ahora Omaha?

Rooster: = teoría de la conspiración

Omaha: ¿Creen que Maverick está casado? 

Fanboy: No está casado, no lleva anillo. 

Coyote: Nos dijo que tenía cuatro hijos. 

Yale: 🤣

Yale: La educación en Texas es realmente MALA. 

Yale: Machado no sabe que se pueden hacer bebés antes de la noche de bodas.  

Yale: 😜😜😜

Coyote:🖕[3 😱, 2 🔥]

Hangman: WOW. Calma Javi. [8 👍]

Harvard: No está casado, pero como si lo estuviera. Llevan más de 30 años juntos. 

Phoenix: Las ventajas de ser un nepo-bebé. 

Fanboy: 😭😭😭😭😭

Halo: ¿Es solo aquí o…?

Payback: Fue a esconderse al baño.

Harvard: 🙄 Estoy de acuerdo con Fritz, tienes que controlarlo. 

Bob: Las personas procesan la pérdida a su propio ritmo. Debemos respetar el luto de García.

Halo: 🤦

Yale: No creo que eso aplique a rupturas con novios imaginarios, Bob. 

Yale: En especial si el novio imaginario tiene 30 años más y es su CO. 

Phoenix: Todavía siento que debería llevar algo. Mi madre me educó bien. 

Hangman: Cerveza. 

Hangman: Corona. 

Omaha:  😮

Phoenix: Gracias, Hangman. 

Omaha: ¿Cómo sabes eso?

Hangman: Para llegar a oficial de alto rango hay que fijarse en los detalles.   

Hangman: 😎 

Rooster: ¿En serio? 

Rooster: [gif de una oveja que se convierte en lobo]

Phoenix: Oye nepo-bebé, ¿has estado en la casa de Maverick? 

Harvard: Si, claro. 

Fanboy: ¿Claro?

Harvard: 🥱

Harvard: ¿Top Gun? ¿Alguien?

Phoenix: 🙇

Phoenix: ¿Cómo es el panorama para parquear? 

Harvard: 🤔 

Harvard: Hay un parqueo cerca, en Governor Dr y Genesee Ave. 

Harvard: De ahí son diez minutos caminando a la casa.

Bob: Si habrá cerveza, debemos acordar conductores designados.

Halo: 👍

Halo: Propongo a Fanboy [8 👌]

Hangman: Eres mala 

Hangman: 😘 

Hangman: A favor.

Fanboy: ¿Et tu, Reuben?

Payback: 🤷 

Coyote: Puedo ser chofer designado. [7 👍]

Hangman: 😢

Hangman: Planeaba emborracharte para que cantaras. 

Coyote: 😅 

Coyote: Canta con María Celeste. 

Coyote: Ella no necesita valor alcohólico [5 🥳]

Bob: Soy abstemio. [9 👍]

Payback: ¿Quieres intercambiar WSO, Trace?

Bob: 😲

Fanboy: 😱

Hangman:  😆

Fanboy: 😡

Bob: 😨

Hangman: Por eso vuelo solo. El drama fuera de la cabina. 

Omaha: Seguro 🙄

Omaha: [gif de dos aviones en maniobra cobra] [2 🤐 1 🫣 3 😜]

Phoenix: No, gracias. 

Harvard: 😆 [Hangman 🤨 este mensaje]

Rooster: 😅

Phoenix: Hangman, aléjate de Rooster, le estás pegando tu cinismo. 

Harvard: 🤣😂

Hangman: Dejaré de responder un rato. 

Hangman: Voy a investigar cómo desaparecer un cuerpo en el desierto. [3 😬, 2 🔥, 1 💣]

Yale: Ups. 

Fritz: Lamento la demora en responder. 

Fritz: Estaba chequeando las reservas. 

Fritz: Llevaremos 3 botellas de whisky artesanal. [6 👏]

Fritz: Omaha, ¿tú no decías que Hangman había botado a Harvard?

 

Mirador H. Dana Bowers (Vista Point), San Francisco, martes 19 de noviembre de 2019

 

Jake le da un último apretón de manos a su novio y sale del auto con paso decidido. Atrás quedan la música de Elton John, que les acompañó en estas horas de viaje, y las bromas del grupo de whatsapp de la escuadra: la pasó en grande mandando mensajes desde su teléfono y el de Brig mientras su novio conducía. 

Ahora son solo él y sus errores. 

Aunque es tarde de martes, el mirador del Golden Gate desborda de turistas. Nadie le presta atención cuando se acerca a los dos hombres que fingen contemplar la estatua al marinero solitario. 

-Señor Cortell, Vicealmirante Kerner -saluda formal. 

Cougar suelta un gruñido exasperado. Slider le da una mirada de refilón claramente irritada. 

-¿Esperas que te llame Teniente Seresin? -le espeta.

Jake suspira ante el tono hostil y se arma de paciencia. Ya hizo el viaje de ocho horas, no regresará a casa sin resolver esto. 

-No lo sé. -admite- La última vez que nos vimos, usted ni siquiera usó mi nombre, era solo “el novio de Brig”. 

Ante la mención del funeral, el rostro de Kerner se suaviza. Sus rasgos reflejan algo de vergüenza.

-Si, no fue uno de mis mejores momentos. Yo también estaba mal ese día. 

-Todos estábamos como el infierno ese día. -interviene Cortell- Han pasado demasiadas cosas en muy poco tiempo. -ante la mirada confundida de Jake, hace un gesto con la mano como si apartara objetos invisibles- No te preocupes, te pondrás al día. Tienes un discurso preparado, ¿supongo? -dice con tono indiferente. 

Es la indiferencia de la frase lo que convence a Jake de que esto es importante, muy importante para ellos. 

-Si. Lo tengo. Pero antes me gustaría saber por qué me citaron aquí. 

Que quisieran verlo en terreno neutral no le extrañó. La locación si, porque ambos están invitados a la parrillada del jueves en casa, así que bajarán mañana a San Diego. Podría incluso imaginarlo como una movida de poder de Cortell, que ahora es un alto ejecutivo en United y vive acá. Pero Slider ni siquiera tendría que estar en la costa del Pacífico: desde hace dos años trabaja en DC. 

Los dos hombres intercambian una mirada. Jake puede reconocer un poco de melancolía cómplice en sus gestos. Este lugar tiene un significado especial para ellos, comprende. Al fin, Cougar empieza a hablar. 

-El primer barco al que asignaron a Tom, salía de esta bahía en el otoño de 1982. Cite a Slider aquí a través de una amiga común. 

-Me engañó con una puta -gruñe Kerner. 

Cortell se encoge de hombros.

-Tengo amistades en muchos lugares, es una de mis habilidades. Quería saber qué tipo de hombre era, si cuidaría bien a su piloto. Si no lo traicionaría. 

Mira con complicidad a Jake y el joven comprende a qué se refiere. No puede imaginar qué habría pasado con su papá si lo hubieran descubierto en los ochenta. ¿Cárcel? ¿Hospital? 

-Le dije que no se preocupara, que su noviecito regresaría sano y salvo de Japón. -dice Slider burlón. 

-¿Dijiste eso? -Jake está francamente horrorizado, voltea a mirar a Cortell- ¿Qué respondiste? 

-Como correspondía: le bajé un puñetazo en la mandíbula. Luego expliqué que quería a Tom como un hermano, y solo quería estar seguro de que él no trataría de meterse en sus pantalones. 

Slider suelta uno de sus habituales gruñidos despectivos. 

-Nunca he entendido esto de gustarse entre hombres, de verdad. Somos todos… -abre y cierra las manos, incapaz de verbalizarlo- Las mujeres son la cosa más bella del mundo. -luego agrega algo más en voz baja y meditabunda, como si fuera algo que le molesta desde siempre- Las lesbianas tienen una ventaja injusta. 

Cougar lo ignora y sigue su historia. 

-Después que regresaron del primer período en el mar, fue Slider quien me llamó y yo volé acá desde Chicago. Quería hablar de… bueno, de Ice. 

-Las únicas personas trans que conocía estaban en Castro Street -Kerner señala vagamente hacia la ciudad-, y Tom no se parecía en nada, en nada, a esa gente. Tom no era un payaso, ni un loco, era, es, un hombre como pocos. 

Jake hace una mueca de desagrado ante la comparación implícita, pero el vicealmirante se encoge de hombros. 

-Eran los ochenta. No me disculparé por mi lenguaje. Igual, Ice es un piloto como pocos, no iba a traicionarlo porque tenía un hueco en lugar de un palo entre las piernas. Nunca lo traicioné. 

Por la mirada que le da, Jake comprende que él fue la única razón por la que consideró hacerlo. ¿Qué puede haber significado para estos dos hombres verlo marcharse? ¿Cuán tentados estuvieron, en especial los primeros años, de darle una sacudida y decirle la verdad? No en balde eran tan agresivos. ¡La impotencia que debían sentir!  

-Así que este sitio quedó como nuestro lugar para hablar de Ice. -concluye Cougar- Parecía justo que todo terminara aquí. -y vuelve a clavar los ojos en la estatua. 

Esa es su señal, ¿no?

-Si, es justo. Tío Cougar, tío Slider, quiero disculparme con ustedes. Les juzgué mal. No. Eso no es justo. Les juzgué bien: ustedes fueron fieles a mi papá aún cuando actué como un tozudo insoportable. Yo no sabía apreciar lo que tenía y lo herí en el proceso. Les doy las gracias, también, por haber cuidado de él cuando yo no pude. Les prometo que, de ahora en adelante, estaré a su lado. Seré el hijo fiel que siempre mereció. 

-Y bien que lo merece. -asiente Cortell con las manos entrelazadas a la espalda y ladea un poco la cabeza para mirarlo con dureza- Ice solo merece lo mejor. 

Tiene la mandíbula tensa, los labios apretados y sus ojos… ¡Oh! Jake siente una pena muy grande por este hombre que ha amado a su papá tanto tiempo sin esperar nada a cambio, pero también admiración. 

La voz de Slider interrumpe sus reflexiones. 

-Lindo discurso. -su rostro sigue expresando la misma desaprobación de la última década- Pero prefiero las acciones, teniente Seresin. ¿Cómo planeas ser el hijo que merece? 

Esto es una prueba, por supuesto. Jake no puede predecir el futuro, solo pautar sus acciones. 

-Hemos acordado que seré su sobrino en público. No planeo escatimar mis muestras de afecto. Por lo demás: voy a escucharlo, voy a confiar en él, y voy a honrarlo donde quiera que vaya. 

Slider lo sigue mirando con intensidad, como si estuviera indeciso sobre creerle. 

-Ron… -en el tono de William Cortell hay algo resignado, casi triste. 

Finalmente, Kerner sacude la cabeza y resopla. 

-No vuelvas a herirlo, Jake. Él no lo soportaría -dice en tono demandante, casi agónico. 

Es la misma frase que usó su iná hace unos días, cuando regresó a casa. 

-Por supuesto. 

-Muy bien -admite renuente-, entonces supongo que estamos en paz. 

-Les veré en la casa el jueves -se despide Jake y echa a andar hacia su auto. 

Brig está sentado en el capó del auto, con los brazos cruzados sobre el pecho y se balancea suavemente al compás de algo en sus audífonos. Detiene la música con gestos rápidos al verlo acercarse y le abre los brazos. 

Jake se sumerge en el abrazo sin dudarlo. 

-¿Todo bien? 

Asiente en silencio sin despegar la cara del hueco en el cuello de su novio. 

-Vi lo que hiciste en el whatsapp del escuadrón. 

¡Ah! Bendito Brig y su increíble capacidad para distraerlo. 

-¿Si? -dice con falsa inocencia. 

-Creo que debemos darles alguna prueba de que no me enterraste en el desierto. O a Omaha le dará algo. 

-Vale. 

-Entonces, ¿Castro Street?

-De acuerdo. 

 

University City, San Diego, jueves 21 de noviembre de 2019


El parqueo del centro comercial que les orientó Harvard está bastante lleno, porque es Acción de Gracias y, claro, todo el mundo tiene compras de último minuto, pero encuentran tres espacios relativamente cercanos entre si. Rooster los espera apoyado en el tronco de un árbol raquítico que crece en la acera de Governor Dr. Es fácil reconocerlo: lleva una de sus habituales camisas hawaianas encima de una camiseta oscura y jeans. Sonríe al verles acercarse.

-Veo que no se perdieron -dice a modo de saludo.

-No -niega Natasha y lo abraza.

Va y pone un poquito más de la fuerza habitual en el estrechón, pero no ve a su amigo desde que se separaron en el muelle. A la mierda los buenos modales. 

-Bueno, vamos caminando. 

La zona cambia en cuanto cruzan el semáforo de Governor Dr y Genesee Ave y se adentran en la zona residencial que abre hacia el norte. Aquí solo hay casas. Como es feriado, las aceras están llenas de gente que va de un lado a otro, preparando sus cenas o reuniones familiares. 

Javier y Maria Celeste estudian con atención el barrio. Jake es hijo del capitán Maverick y van para su casa. ¿Significa eso que es aquí donde creció? La mayoría de la gente que ven es blanca, pero notan algunas familias latinas y negras. Eso sí, es una zona de dinero. 

Poco a poco, todo el grupo se da cuenta de eso y empiezan a intercambiar miradas inquietas. Este sitio parece estar muy por encima de las posibilidades de Maverick. 

-Así que… ¿hace tiempo que Maverick vive acá? -se atreve a preguntar Payback cuando ya llevan cinco minutos caminando.

Rooster suelta una risita divertida. 

-Nos mudamos en marzo del 94.  

-¡¿Nos?! -le mira asombrada Phoenix.  

-Ustedes de verdad que no prestaron atención al filme. -se queja Rooster, pero su voz es divertida- A ver, Fritz. 

-¿Si? 

-¿Qué dice el libro de Wolfe sobre la relación entre Maverick y mi padre?

-Pues… 

El moreno arruga la frente mientras fuerza la memoria. Se cambia la bolsa donde lleva las botellas de whisky de hombro y musita un par de cosas en voz muy baja. Levanta los ojos sorprendidos hacia Bradshaw. 

-Es tu padrino. 

Bradley asiente y sonríe levemente. 

Javier y su esposa intercambian miradas confundidas. 

Omaha le hace un gesto de “te lo dije” a Halo. Ella tuerce los ojos, su piloto dijo que eran ex-amantes, así que no acertó, ni de lejos. 

Phoenix abre mucho los ojos, insegura sobre si debe sentirse admirada por la discreción de su amigo, u ofendida por la falta de confianza. 

Bob frunce el ceño, tratando de encajar esto en lo que sabe de ambos. 

Fanboy quiere que se lo trague la tierra. ¡Las cosas que dijo sobre Maverick delante Bradshaw! Payback trata de consolarlo con unas palmadas en el hombro. 

Yale ni se inmuta. 

Bradley sigue hablando mientras pasan la última curva. 

-Después del simulacro 31 y la muerte de Goose -se da cuenta de que Bob lo mira raro, pero no lo llamará padre, no puede-, mi mamá decidió quedarse en San Diego. Maverick se sentía culpable, así que se mantuvo cerca. Unos años después nacieron sus propios hijos. -ignora deliberadamente los jadeos de sorpresa de Fanboy y Omaha- Así que eventualmente decidieron reunir los recursos de varias familias para comprar una casa donde cupieramos con comodidad. 

-Entonces, ¿creciste en una especie de comuna? -inquiere Yale. 

-No -responde rápidamente, aunque habría sido una posibilidad interesante-, solo en una familia muy especial. -se detiene, hace una reverencia, y abre la verja con una floritura- Pasen. 

Pero el grupo está congelado en la acera. Rooster les está invitando a pasar a la casa más grande de una calle llena de casas grandes. 

-Esto es una puta mansión -jadea Omaha. 

El hechizo se rompe cuando Sarah Kazansky aparece en el portal de la casa. Lleva un vestido largo y ancho, de color beige. Un delantal azul oscuro se lo ajusta al cuerpo. 

-¡Al fin llegaron! -les saluda con el brazo en alto- Suban, suban. 

La pareja Machado es la primera en avanzar por el jardín. Natasha se queda la última, le da una mirada inquisitiva a Bradley. 

-¿Qué es lo que no estás diciendo? 

Él siente la tentación, si, pero el modo en que Icepá lo planeó es mucho más divertido. 

-Te prometo que es bueno. 

Ella bufa, pero asiente y se dirige al portal. 

-Mucho gusto, María Celeste. Jake me ha hablado mucho de ti. 

Ella mantiene a duras penas su sonrisa formal. 

-Solo cosas buenas, espero. 

-Por supuesto. -Sarah se aparta del matrimonio Machado y levanta un poco la voz para dirigirse a todo el grupo - Habitualmente les diría que fueran directo al patio por el costado de la casa, pero como estamos en noviembre, organizamos un área para los abrigos y carteras en el comedor. Así que por favor, sigan a través de la sala y hacia la cocina. No se preocupen por los zapatos, pusimos una cubierta de silicona para proteger el suelo de madera. Tenientes Trace, Fitch y Vikander, pueden dejar sus generosas contribuciones de cerveza en la hielera que verán justo a la salida de la cocina, en la terraza trasera. Teniente Avalone, mi esposo está ansioso por probar el whisky de su familia, pero por favor, no lo deje excederse, ¿entendido? 

Fritz la mira con ojos desorbitados de sorpresa e indecisión. ¿A quién obedecer, al Comandante de la Flota del Pacífico, o a la esposa del Comandante? Pero Sarah no espera a que decida. Le da una sonrisa de tiburón y asiente. Para dejar en claro que, en realidad, nunca debió dudar sobre quién tiene mayor autoridad en el asunto. 

-Me alegra que nos entendamos, teniente. Bradley, ¿me faltó algo por decir?

Su hijo mayor se pone a su lado en dos zancadas y le sonríe, divertido. 

-No. Creo que lo cubriste todo. 

-Bien. Entonces, a su ritmo, sigan el camino de losas amarillas. 

Y se va hacia el fondo de la casa dando saltitos para seguir un sendero de horribles cuadrados de goma amarillo chillón dispuestos sobre el suelo de madera de la mansión. Tiene de medio metro de ancho, cruza el recibidor y luego sigue hacia la derecha, hasta perderse en una curva que debe llevar al comedor y la cocina de la casa. 

Bradley se queda con su escuadra, que va a un paso más sosegado porque el sendero de caucho sigue la pared de la sala y (tal como planearon) empiezan a detenerse para mirar las numerosas fotografías de la familia. A pesar del recibimiento, les sorprende mucho ver la foto de bodas del matrimonio de Kazansky junto a… 

-¿Esa es la esposa de Maverick? 

-¡Wow! El capitán ligó una modelo, ¿no? 

-Gracias, Payback. 

-¿Por nada? -le responde confundido a Rooster. 

-Esa es mi madre -aclara él- Kazansky y Sarah, Mav y mi madre, se casaron el mismo día. En la Base Miramar, de hecho. 

Omaha abre la boca para preguntar algo más, pero un chillido de Natasha lo interrumpe. 

-Bradley ¿jugabas béisbol? 

-Si, en la liga infantil. 

-¿Qué posición? -quiere saber enseguida Bob. 

-Segunda base.

El matrimonio Machado se adelanta, buscan a otra persona en las fotos y les parece que lo encontraron.  

-¿Este es Jake? -preguntan señalando a una foto en la la familia se abraza en el porche de la casa de Wolfe y Neven en la primavera de 2001. 

Bradley les mira sorprendido. Sus kuŋkákepi son fácilmente reconocibles. Él también, pues ya tenía diecisiete. Pero no esperaba que reconocieran a su misún ahí, con solo diez años. Javier y Maria Celeste lo miran con desconfianza y curiosidad. Igual sonríe. Ese fin de semana en Fyrosity Vegas Skytravel siempre será un buen recuerdo. 

-Ahí estoy con mis hermanos, los gemelos cumplían diez, el más pequeño tenía seis. Viajamos a Nevada porque su regalo de cumpleaños fue volar por primera vez.

Javier entrecierra los ojos, frustrado, porque eso no fue lo que preguntó. Tiene una conversación silente con Maria Celeste en lo que el resto del grupo se acerca a examinar la foto. 

-Es verdad que se parece mucho a Seresin.

-Si, pero tierno y sin arrogancia. 

-¿Volar por primera vez a los diez años? Wow, eso sí que es empezar temprano. 

-¿Por qué están Kazansky y su esposa ahí? 

-¿Dónde están los hijos de Kazansky?

-¿Esos tres son hijos de tu mamá también?

Bradley solo responde directamente a la última pregunta. 

-No, mi madre había muerto en el 98, de cáncer. Yo fui su único hijo biológico. 

Después ladea la cabeza y sonríe. 

-Pero para que comprendan la foto debo aclarar algo antes. Les dije que esta casa fue un proyecto colectivo. Sarah Kazansky y mi madre se dieron cuenta de que todo sería más fácil si se apoyaban mutuamente mientras Maverick y Iceman andaban volando por el mundo. Con la pensión de mi padre y sus cuatro salarios, era un proyecto factible. Así que crecí como hermano mayor de Samantha y Sean Kazansky. Son la niña y el niño más pequeño de esa foto. 

Fritz se da una palmada en la cara. Parece desesperado por un trago del whisky de su familia. 

-¿Eres como el sobrino de Iceman? -gime Natasha, que de nuevo está dividida entre sentirse traicionada y dolida o asombrada y feliz. 

-¿Y el otro niño? -insiste Coyote.  

Bradley dirige sus ojos a la cocina y hace un pequeño gesto con las cejas. Extiende un brazo. Jake respira hondo, se separa del mostrador y avanza hacia él. No mira al resto de la escuadra hasta que se siente seguro por el peso del brazo de su c‘iyé sobre sus hombros. 

-El otro niño soy yo, si. 

-Les presento a mi hermano, Jacob Raymond Mitchell. Después de una pataleta épica, decidió rechazar el legado familiar y ascender por sus propios méritos, usando el apellido de su madre. 

La escuadra los mira en silencio, estupefacta. Solo los sonidos del patio, que llegan apagados por la distancia y la pared, animan la escena. 

-Son ambos como el arquetipo de los nepo-bebés -musita Bob, mirando la casa, las fotos, al par de hermanos apoyados el uno en el otro con actitud casual. 

-Casi los obligué a discutir la vida sexual de sus padres -gime Fanboy un poco verde. 

-Si que le rompiste el corazón a Samantha Kazansky, ¿eh? -suspira Coyote. 

-Pero Maverick nunca… -es evidente que Yale está pensando en las semanas de entrenamiento, en la decisión inhumana de obligar a un padre a mandar a sus hijos a una misión potencialmente mortal. 

-¡Tenía razón! -Omaha alza un puño en señal de victoria- Este es el laboratorio y tu eres el resultado de ser educado por Maverick y Iceman. No es genético, pero está bastante cerca. 

Jake suelta una risita divertida, si él supiera. En cambio, Halo gruñe de rabia y le da una palmada en la cabeza. 

-¿Quieres cortar con tus teorías de la conspiración? Nuestros compañeros nos han compartido algo importante. Muestra respeto. -mira a Jake seria- Esta confesión significa que se reconciliaron o algo así. Entonces, ¿debemos empezar a llamarte Mitchell? 

Jake se siente sonrojar por la rápida generosidad de Halo. Hace un suave movimiento de negación con la cabeza. 

-Sería demasiado confuso ahora mismo. Jake está bien por el momento. Mi familia y yo… estamos -le da una mirada breve a Bradley- definiendo las cosas. Reconstruyendo puentes. 

Ella asiente, comprensiva. 

-Eso es duro, pero me alegro de que tuvieras la oportunidad. 

-Supongo que verle la cara a la muerte pone las cosas en perspectiva, ¿eh? -comprende Natasha.  

-Y que lo digas -confirma Bradley. 

Pero mientras escucha la respuesta de su amigo, ella se da cuenta de que no puede imaginarlo. Pensó que Maverick y Rooster habían caído, y el dolor fue paralizante. Eran solo su comandante y su amigo y no sabía qué hacer, cómo mirar adelante. ¿Qué habrán sentido ellos dos, pensando que habían perdido a su padre? Le dijo a Bradley que dejara a Maverick atrás, por amor del cielo.  Luego Hangman, impotente en la cubierta del Roosevelt mientras ella decía “Impacto en Daga Dos” con voz estrangulada. Natasha no recuerda cómo regresó al barco. Solo los reflejos condicionados de su entrenamiento le permitieron navegar como un zombie el absurdo en que se había convertido el mundo en solo un minuto. 

Eso sintió ella, la subalterna, la amiga. 

No en balde se la pasaron aislados durante el viaje de regreso. 

-Bueno, creo que ya pueden bajar al patio. 

-¡Un momento! -les detiene Bob- ¿Por qué dijiste que Jake y Samantha Kazansky eran gemelos? 

-Porque nacimos el mismo día, solo que a ochocientas millas de distancia -explica Sam, que está cruzando la sala hacia el grupo. 

Lleva, como su madre, un vestido largo y ancho de algodón crudo con bordados de motivos lakota en el cuello y las mangas. El pelo oscuro le cae en rizos suaves por encima del busto generoso. 

Yale se queda sin aliento al verla tan cerca. Exactamente como le pasó durante el funeral. 

Sam se mete entre Jake y Brad, pasa un brazo alrededor de cada uno. Mira a su c‘iyé. 

-¿Supongo que ya ocurrió la gran revelación?

-Ajá. 

Ella les da una mirada calculadora. 

-Solo para su información, tenemos un circuito cerrado de seguridad. Hay una cámara frente a ustedes. -mueve la cabeza hacia arriba, indicando vagamente uno de los tabiques del techo de la sala- Así que esta noche comeremos palomitas de maíz disfrutando de sus caras cuando se enteraron de todo. 

Su sonrisa se vuelve feroz, como la de su madre antes, cuando le advirtió a Fritz que más le valía controlar el acceso del almirante Kazansky a su famoso whisky. 

Yale siente que se le aflojan las rodillas. Definitivamente necesita del whisky de su WSO, porque está jodido. Recuerda las miradas asesinas de Sean “Knife” Kazansky a quienes miraban a su hermana en el funeral del comandante Metcalf. ¿Y ahora se le sumarán Rooster y Hangman? 

Sam toma a sus hermanos de la mano. 

-Vamos -y echa a andar hacia la puerta de la cocina. 

El grupo les sigue, sin cuestionar su autoridad. 

-¿Eso significa que no hay más sorpresas? -pregunta Maria Celeste con tono inseguro.

Hangman gira la cabeza hacia atrás para sonreírle y guiña un ojo con gesto divertido. 

-En esta familia nunca se sabe.

 

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