Capítulo 2: Resistencia
Sumario:
-Tus papás te quieren, Jake -le responde Brig- Te quieren tal y como eres, no como otras familias que…
Jake recuerda de golpe por qué su novio no está a su lado, consolándolo, defendiéndolo de las asquerosas obligaciones de la reproducción biológica.
-¿Qué quería tu hermano?
-Lo mismo que mi padre hace veinte años -responde Brig con tono venenoso
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Parte 6 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Suits (US TV 2011)
Relaciones: Brigham "Harvard" Lennox/Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Rick "Hollywood" Neven/Leonard "Wolfman" Wolfe
Personajes: Brigham "Harvard" Lennox, Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky, Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Leonard "Wolfman" Wolfe, Rick "Hollywood" Neven, Ray Levoi, Harvey Specter, Mike Ross, Personajes Infantiles Originales, Personajes Originales
Etiquetas adicionales: poliamor, transfobia, incesto, relación secreta, Personaje trans masculino, Abuso infantil implícito/referenciado, Personaje asexual, Sarah Kazansky es la hermana de Tom "Iceman" Kazansky, Jake "Hangman" Seresin es el hijo biológico de Iceman, Jake "Hangman" Seresin Needs a Hug, Drama familiar, Tom "Iceman" Kazansky vive, sexo telefónico, Homofobia Implícita/Referenciada, Adopción
ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/tengo-derecho-esto-las-mentiras-que-nos.html
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Resistencia
Lunes 30 de marzo de 2020
Lo despierta el sonido persistente de su teléfono. No abre los ojos, pegajosos de sueño y lágrimas, sino que gruñe mientras mueve la cadera para sacarse el aparato del bolsillo del pantalón. Está lo suficientemente lúcido como para recordar que debe mirar quién es antes de rechazar la llamada.
El nombre en la pantalla lo hace cambiar de idea.
-¿Si?
-Hola cariño.
El tono agotado de Brig lo inquieta y le obliga a desperezarse. Se mueve un poco para sentarse contra la cabecera de la cama con las piernas encogidas contra el torso.
-¿Qué es lo que…? -repara en su voz ronca y se detiene.
Pero ha sido suficiente. Brig siempre está atento a Jake y hoy, además, está desesperado por hablar de cualquier cosa que no sea su familia.
-¿Qué te pasó? -demanda inquieto.
-Nada, es solo alergia. -un bufido incrédulo le responde desde en Salt Lake City- Bueno, que mi hermana… -siente que el llanto se apresura a sus ojos de nuevo- Tu sabes que ella y Elia quieren tener un bebé. Entonces, Sam me pidió… -la voz se le quiebra, toma aire, ¡puede hacer esto!- Ser el donante de esperma -dice al fin con un gemido.
-Ah -responde Brig.
-Si.
-¿Y qué le dijiste?
-No pude… Solo le dije que no podía y salí huyendo. Me encerré en el cuarto y me dormí. Han pasado -mira el reloj en su mesa de noche- tres horas. Es un milagro que iná no haya subido a buscarme.
-¿Te dormiste? -lo presiona Brig.
-Antes lloré un poco.
Brig gruñe.
-Vale, si, lloré mucho. Es que… -ahora es Jake quien bufa, frustrado- Ahora no voy a poder esperar al momento oportuno. ¡Sam me va a sacar del armario! No puedo evitar pensar que mi papá…
-Tus papás te quieren, Jake -le responde Brig- Te quieren tal y como eres, no como otras familias que…
Jake recuerda de golpe por qué su novio no está a su lado, consolándolo, defendiéndolo de las asquerosas obligaciones de la reproducción biológica.
-¿Qué quería tu hermano?
-Lo mismo que mi padre hace veinte años -responde Brig con tono venenoso.
Eso hace reaccionar a Jake porque… Durante su niñez y adolescencia Brig fue un enigma. No podía entender que su familia lo hubiera mandado a vivir con Leonard y Rick y él, simplemente, aceptara. Que incluso pareciera feliz de cambiar a sus hermanos y hermanas por los aviones. Con el paso del tiempo, su novio le explicó un poco de la relación con su primera familia, de la distancia creciente en valores y expectativas en cada visita anual, de los silencios incómodos a fuerza del empeño común en no discutir temas en los que sabían que nunca se pondrían de acuerdo.
Antes, Jake sentía un odio discreto, algo así como un rencor latente contra el clan Lennox. ¿Cómo habían podido renunciar a este hombre maravilloso? Pero no era suficiente para actuar. Después de todo, Brig tenía a Wolf y Hollywood, que se convirtieron en sus verdaderos padres y, sobre todo, lo tenía a él. Jake es un hombre egoísta, lo sabe. Aún antes de darse cuenta de que estaba enamorado de Brig atesoraba su presencia y atención. Estaba feliz de no compartirlo con Christian, Joseph, Johanna, Wilford, Lorenza, sus cónyuges y la retahíla de parientes.
Eso acaba de cambiar, porque si Christian Lennox llamó a su hermano con una petición similar a la que hiciera Donald Lennox hace veinte años…
Se baja de la cama decidido.
-Puedo estar allá en seis horas.
-¿Qué…? -Brig pasa del desconcierto a la comprensión en un segundo- ¡No!
-Es evidente que necesitas ayuda.
-Y tengo a Leonard aquí para eso. No vengas, Jake, de verdad, -de repente Brig se siente muy, muy cansado- solo vas a empeorar las cosas. Todo el mundo aquí sigue pretendiendo que soy solo el hermano soltero obsesionado con los aviones.
-¿Y eso te parece bien? -reclama Jake, ofendido.
-¡Por supuesto que no! Pero no voy a convencer a mi familia de nada. En cambio, si rompo el pacto de silencio, no podrán dármela, ¿entiendes? Tendrán que hacer lo que hacen las buenas familias mormonas y disciplinarla. No haré sufrir a una niña inocente solo por defender un principio.
-Oh. -de repente Jake se siente como un idiota. Se sienta en la cama de nuevo -¿Cómo se llama?
-Dunia, se llama Dunia y tiene siete años.
¿Cómo era Sean a los siete años? Jake recuerda que le gustaba bailar karaoke y repetir todo lo que decía Bradley.
-Por lo menos ya sabe ir al baño sola -dice para aligerar el ambiente.
-Ajá -repone Brig sin demasiado entusiasmo.
-Tu no… tu no quieres hacerlo, ¿verdad?
No han hablado de adoptar. Ambos están ocupados con sus carreras. Pero a Jake se le ocurre que acaso Brig no dijo nada porque no le interesaba ser padre.
-Jake, es mi sobrina. Odio a Christian y Constanza con toda mi alma ahora mismo, y pasará mucho tiempo antes de que pueda pensar en sus estúpidas caras sin querer golpear algo, pero no puedo dejarla, ¿entiendes? Es solo que tu y yo… Me siento como si hubiera tenido una aventura y de repente me llega una llamada de Servicios Sociales. ¡Felicidades, eres papá! No tengo derecho a… ¡Tú nunca dijiste nada! Entiendo que no te interese…
-¡Contigo sí! -le interrumpe- Contigo si -repite-, pero tu no dijiste nada y yo no dije nada porque temía ser tan mal padre como mi padre. Que en realidad no fue un mal padre, sino un buen padre en malas circunstancias, pero yo no lo sabía en ese momento. Hace menos de seis meses que recuperé a mi familia y no había tenido tiempo de decírtelo. -se calla, porque comprende que divaga. Hace una pausa y vuelve a hablar con voz firme y clara- Sí quiero ser padre contigo, Brigham Lennox.
La risa de Brig es ligera, sincera, intensa.
-Yo también quiero ser padre contigo, Jakob Mitchell-Kazansky.
-Muy bien. -suspira aliviado Jake- Entonces… ¡oh!
-¿Qué?
-Sam va a enfadarse mucho cuando se de cuenta de que yo voy a darle la primera nieta a la familia.
-¿Solo Sam? -de repente Brig se siente cauteloso.
-¿Bromeas? Iná va a flipar de alegría. Tu sabes que varias veces habló de mudarnos al antiguo cuarto de mamá Carole y usar este para la nueva generación. Esta es su oportunidad. Esperará a que lleguen para poder personalizar la habitación, pero tendrá un frenesí de compras para preparar el terreno. Eso la distraerá de… -recuerda por qué está escondido en su habitación-, de lo otro -concluye con tono derrotado.
-No hables de ti mismo como si tuvieras una enfermedad, por favor, Jake. Sam no tiene derecho a exigirte nada. Si lo que quiere es un bebé con lazos consanguíneos, tú no eres el único varón biológico de esa familia. Sean o tu padre pueden hacerlo.
-No, ella dijo…
Jake arruga la frente, trata de recordar el argumento de su cekpápi.
-Dijo que quieren que su bebé tenga la mayor cantidad de genes nativos. Por eso usarán un óvulo de Elia y pensó en mí porque soy el más joven de los dos varones biológicos de la familia Seresin.
-Eso no tiene sentido. -refuta Brig- Tu eres solo un cuarto lakota y no eres el varón biológico Seresin más joven, es Sean.
Jake se muerde el labio inferior, reflexivo. Es cierto. Iná Sarah es cien por ciento lakota. Sean sería una mejor fuente de material genético que él. ¿Por qué entonces…? Una idea desagradable toma forma lentamente. ¡Oh! Pero no vale la pena decirle a Brig, que tiene el plato lleno con su devota familia mormona.
-Tienes razón -confirma, pero no logra controlar su voz por completo.
-Jake -Brig dice su nombre mitad como ruego, mitad como advertencia.
-¿Qué? -repone fingiendo inocencia.
-Conozco ese tono. Mira -suspira Brig-, estoy muy lejos para frenarte, pero recuerda que es tu hermana, ¿si? Lo que sea que intenta hacer, cree que lo hace por tu bien y el de la familia.
Jake no puede contener una risa burlona.
-¡Por favor! Está usando a su novia y su bebé neonato para sacarme del armario. Eso es bajo.
-Si, lo es. Pero caer más bajo que ella no te dará ninguna satisfacción. Incluso puede dañar al resto de la familia. Piensa en lo que está en juego, ¿si? Esperaste once años para regresar a casa.
Jake hace un sonido renuente, pero acaba asintiendo. Recuerda que su novio no puede verlo.
-De acuerdo, solo la verdad.
-Así está mejor.
-Claro, si la verdad la ofende, no será culpa mía. Además, veremos qué piensan iná y los papás de esa verdad.
-¡Jake!
Lo corta cambiando bruscamente de tema.
-Respecto a Dunia. Necesitas asesoría legal. Puedo llamar a tío Chipper.
-Tu no eres el único hijo del Escuadrón 86, cariño. Mi señor hermano -su voz se vuelve amarga sin transición- ya tenía listos los documentos, pero Leonard llamó a su bufete, lo conectaron con su firma asociada en Utah y nos pasarán una linda factura por revisar todo con lupa durante la noche. Mañana por la mañana nos darán su evaluación.
-¡Oh! Mi hábil amado -Jake se esfuerza porque la sonrisa se le note en la voz. -Podría besarte ahora mismo.
-¿De veras?
Brig se deja caer en la cama de su habitación de hotel, feliz de que la conversación tome este giro. Algo que descubrieron de la relación de Jake con el sexo es que, si bien siente una repugnancia innegable por el intercambio de fluidos, hablar sobre las acciones de la intimidad le parece aceptable, y si está de humor, hasta divertido. Jake no siente excitación física, en cambio, la evidencia del poder que puede ejercer sobre los sentidos de Brig le da una satisfacción absoluta. Así que tienen las conversaciones telefónicas más eróticas, con Jake aplicando su aproximación clínica a la sexualidad en beneficio de Brig, que puede imaginar que Jake le hace, realmente, todas las cosas que describe.
-¿Dónde?
-Mmm, ¿en el cuello? -propone su novio, con falsa inocencia.
-¿Y si te pido un besito un poco más abajo?
-¿Cómo en el esternón?
-Más a la derecha.
-Imposible. Mis dedos están en ese pezón, ¿puedes sentirlos?
-Un momento…
Brig deja el teléfono en la cama, se levanta para sacarse la ropa, aparta la sobrecama y se vuelve a acostar. Pone el aparato en altavoz junto a su cabeza. Se humedece las puntas de los dedos índice y pulgar derecho y se aprieta ligeramente el pezón.
-Si, puedo.
-Muy bien. Así que mis labios están en tu esternón y una mano en tu pectoral derecho -Brig obedece y deja de apretar el pezón para acariciar toda el área- Con la otra mano, te acaricio el costado. Despacio, las puntas de mis dedos suben de tu cintura a tu axila, cruzan hacia adelante, contornean el hombro y bajan de nuevo.
-Ajá.
-¡Alto! -Brig no puede contener un sonido de frustración- Solo hasta la línea de la cintura. Ahora me muevo hacia tu pectoral izquierdo, la palma sobre el pezón y los dedos hacen un poco de presión, suficiente para que las uñas se te marquen en la piel. -Brig sisea por el relámpago de dolor- Mi otra mano trepa por la línea de tu cintura, hasta el ombligo. Dejo caer una gota de saliva ahí y mi lengua te la extiende por cada pliegue. -Brig se apresura a mojarse el dedo índice y presiona muy suavemente- ¿Estás duro?
-Tanto.
-Bien. -aprueba Jake, ufano, satisfecho del control que ejerce sobre su cuerpo, aunque los separen miles de kilómetros- Ahora mis manos bajan de la parte trasera de tu espalda hacia tus nalgas, te aprietan. ¿Estás apretando?
-Si, si.
-Ahora suelta y sigue hacia abajo, hasta el inicio de los muslos. Flexiona las piernas, separa los pies.
Brig siente como el aire frío de la habitación le da en el perineo, haciendo que los vellos de sus nalgas y entrepierna se ericen. Jadea. Desde el teléfono, llega un gruñido de aprobación.
-Los dedos alrededor de la base del pene. No aprietes mucho. Mójate el otro dedo índice y traza movimientos circulares alrededor del ano.
-Jake…
-Ahora masajea tu pene con un movimiento ascendente lento. ¿Ya llegaste arriba?
-Si.
-Pasa el pulgar por el glande, extiende el líquido preseminal alrededor. Baja de nuevo. Despacio -susurra-, sin apuro.
-Por favor…
-Métete el dedo -ordena de repente, imperioso, y Brig obedece inmediatamente.
Aunque es solo un dedo, la velocidad a la que fuerza su carne a abrirse le produce un latigazo de dolor que le arranca un gemido de los labios y aumenta su excitación.
-Ahora, quiero que subas y bajes a lo largo de tu pene al mismo tiempo que te metes y sacas ese dedo del culo. ¿Puedes?
Brig no está seguro. Su polla late de modo doloroso y cualquier tarea de coordinación le parece un desafío superlativo. Pero es una orden de Jake y los resultados siempre son tan satisfactorios.
-Puedo -es la última palabra que alcanza a articular.
Luego son solo los sonidos de su carne y su garganta. No se contiene. Está solo en su habitación y sabe que a Jake le gusta escuchar. Es muy satisfactorio, afirma, darse cuenta de que puede llevar a su novio al clímax sin tener que estar delante y ver la suciedad asociada al sexo. Esa bestia ansiosa de sangre que duerme dentro de su novio se relame con el poder. Brig nunca imaginó que tuviera dentro de sí algo de sumiso, pero ciertamente le gustan este tipo de mandatos. Acaso cuando Jake ascienda (porque no le cabe duda de que será almirante, como su papá) estos juegos dejen de interesarle, pero por ahora su vida sexual con su novio asexual goza de muy buena salud.
Se corre con un estertor. Los chorritos de semen caliente le mojan el vientre y se escurren lentamente por las líneas de sus músculos abdominales hacia la cama. Jake ríe en San Diego.
-¿Hiciste un desastre?
-Si -alarga la sílaba, flotando aún en el placer del orgasmo.
-Muy bien teniente Lennox -lo felicita-, es usted un oficial muy -su registro de voz baja una octava- obediente. Dulces sueños.
-Gracias. Hasta mañana.
La llamada se desconecta, Brig se limpia un poco con su camiseta, se da la vuelta y se duerme.
En San Diego, Jake siente una intensa necesidad de lavarse las manos. No se resiste, entiende el deseo como una prueba de su cercanía espiritual con Brig.
Mira todo con atención en el baño, catalogando mentalmente los ajustes necesarios para Dunia. Incluso la perspectiva del apresurado cambio de habitación y las compras para acomodar a su futura hija no lo amilanan. Su iná de verdad estará súper feliz y, como bonus, desplazará a Sam como hijo favorito, al menos por unos meses. Hasta que Elia ocupe ese lugar, con justicia, pues será ella la que haga el trabajo duro. Baja a comer con una sonrisa en los labios.
Su novio siempre le hace los regalos más dulces.
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