Capítulo 1: Demandas
Jake se equivoca en muchas cosas en sus lúgubres reflexiones, por supuesto. Una de estas horribles falsedades podría ser desmentida si solo se hubiera decidido a usar el teléfono. Porque su novio no está demasiado ocupado al otro lado del país como para hablarle. De hecho, Brigham Lennox desea con toda su alma que una llamada o mensaje le den una excusa para escapar de la oficina por unos minutos, respirar un aire que no esté viciado por la tirante interacción en la que se encuentra.
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Parte 6 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Suits (US TV 2011)
Relaciones: Brigham "Harvard" Lennox/Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Rick "Hollywood" Neven/Leonard "Wolfman" Wolfe
Personajes: Brigham "Harvard" Lennox, Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky, Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Leonard "Wolfman" Wolfe, Rick "Hollywood" Neven, Ray Levoi, Harvey Specter, Mike Ross, Personajes Infantiles Originales, Personajes Originales
Etiquetas adicionales: poliamor, transfobia, incesto, relación secreta, Personaje trans masculino, Abuso infantil implícito/referenciado, Personaje asexual, Sarah Kazansky es la hermana de Tom "Iceman" Kazansky, Jake "Hangman" Seresin es el hijo biológico de Iceman, Jake "Hangman" Seresin Needs a Hug, Drama familiar, Tom "Iceman" Kazansky vive, sexo telefónico, Homofobia Implícita/Referenciada, Adopción
ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/tengo-derecho-esto-las-mentiras-que-nos.html
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Demandas
Lunes 30 de marzo de 2020
Jake dejó de oírla después de “donación de esperma”. Solo ve moverse los labios de su hermana, pero no puede oír nada. Un pitido agudo le suena dentro del cráneo, aislándolo en su pánico.
Esto es su culpa.
Es algo importante, complejo, no quería decírselo a una parte de la familia primero y a otra después, así que estaba esperando a la próxima ocasión en que todo el mundo estuviera bajo el mismo techo. Además, todo el mundo está tan ocupado.
Su papá prepara su retiro y toma medidas preventivas para proteger a la Marina en caso de que los republicanos ganen la Casa Blanca. Pasa mucho tiempo con otros almirantes y generales de los otros cuerpos del DoD. Mucha gente en el Pentágono está inquieta por la retórica anti diversidad y antiinmigrante del candidato republicano, por su ignorancia sobre el arte de la guerra y claro desdén hacia el personal en zonas de combate. Temen que los recortes de presupuesto que propone afecten las condiciones de vida de las familias militares y los servicios de veteranos, y que su ridícula xenofobia dificulte aún más el reclutamiento. Su papá, por supuesto, está especialmente preocupado por las personas trans que sirven, más vulnerables a los cambios de política.
Su padre fue puesto al frente del nuevo escuadrón de aviones de combate de la Marina, el VFA-111, Dagas. Un proyecto para operaciones especiales secretas. Tan secreto, que su base central no estará en NAS Lemoore ni en NAS Oceana, sino en MCAS Miramar. Maverick ha pasado estos meses enseñándoles a trabajar juntos sin la presión de la muerte a una semana de distancia y revisando expedientes para cubrir el hueco que les dejó la partida de Bradley. Así fue como Emily "Hawking" Shilling se sumó a sus filas. Ahora está enfrascado en una extraña batalla de memorandos y borradores de reglamentaciones con Ciclón, porque las Dagas son de Mitchell, pero la base Miramar es de Simpson. Nadie imaginaba que Maverick podía ser tan bueno en vuelos rasantes como en la guerra de trincheras burocrática.
Su hermano mayor está de regreso a MCAS Iwakuni, en Japón, para completar su temporada final como aviador con los VFA-102, Diamondbacks. El poco tiempo libre que tiene lo pasa en Perla Blanca, donde la noticia de que su majestad iba a casarse (¡por fin!), fue recibida con absoluta alegría por la población y un suspiro de alivio por la clase gobernante. Pero parece que incluso cuando tienes una cancillería entera para planear tu boda, debes participar en decisiones trascendentales, como el tipo de flores en las mesas y el color del humo de las ofrendas públicas.
Iná está igual de ocupada con la otra boda que se aproxima, la de sus padres. Esta, además, tiene el agregado de que debe ser mantenida en secreto. Su papá no quiere, con razón, que su vida personal opaque o interfiera con sus últimas acciones de reforma e innovación en la Marina. Mucho menos con su confirmación como Secretario de la Marina, si Elizabeth McCord es reelegida. Así que la feliz noticia de su futuro enlace con su primer esposo -el lenguaje realmente no ayuda para describir la singular estructura de esta familia- se mantiene dentro del estrecho círculo del Escuadrón del 86 y las Dagas. Samantha y Elia fueron reclutadas como asistentes.
Su cekpápi y su cuñada sumaron la boda a la miríada de tareas que demanda pertenecer al equipo médico de las reservas indígenas de la región de San Diego, donde sobran los problemas de salud crónicos, la depresión y los embarazos y suicidios adolescentes, pero faltan medicamentos, aparatos de diagnóstico y hasta ambulancias.
Por último, el subteniente Sean “Knife” Kazansky terminó Top Gun (fue el mejor de su clase, pero no pudo superar el récord de Jake) y regresó al USS Dwight D. Eisenhower, donde vuela en la que fuera la primera escuadra de su hermano mayor: el VFA-32, Espadachines. Claro, como Sean es hetero y el hijo legítimo del almirante, la pasa mucho mejor que Jake hace siete años.
Así que, aunque Jake tenía preparado su discurso desde hace meses, no le parecía urgente. Usó la apretada agenda de su familia como excusa (puede admitirlo para sí mismo, son excusas) para no decirle a su familia.
No importó… hasta ahora.
Sam no sabe nada de la tormenta interna de su hermano. Ha tomado su silencio como aquiescencia y ahora le enseña un panfleto impreso con tablas y una infografía de colores brillantes. Circula un par de líneas con su pluma.
¿De qué está hablando? Jake pestañea un par de veces, traga en seco y a pura voluntad sofoca el pitido dentro su cabeza para poder escuchar los sonidos que salen de la boca de su cekpápi.
-Entonces, como ves, para que Elia esté ya recuperada del parto para la boda de Icepá y Mavpá, es necesario que el bebé esté en camino entre junio y agosto de este año. ¿Cuándo puedes darte el saltico hasta Pine Ridge? Nos dijeron que con tres muestras debería ser suficiente. Eso es un día de trabajo para ti, ¿no?
Jake la mira, mira la hoja en su mano,
que ahora comprende es un panfleto informativo de los servicios de salud
sexual y reproductiva del Hospital de Pine Ridge.
La mera idea de lo que ella le pide le hace subir bilis a la boca. El
solario de la casa nunca antes le pareció claustrofóbico.
-No puedo.
¿Dónde está la puerta?
Ignora la expresión de sorpresa que se transforma en incomprensión, luego en curiosidad. Tiene que salir de aquí. Se levanta con movimientos torpes, pero rápidos. Para cuando Sam reacciona y lo llama, demandando explicaciones, él ya está en la puerta de su cuarto.
-¿Cómo que no puedes? ¡Eres un varón biológico! Eso no tiene sentido. ¿Qué es lo que pasa, Jake?
-No puedo -repite por encima del hombro.
Desesperado por escapar, le cierra la puerta en la cara, pasa el seguro, se deja caer en la cama.
No puede, sabe que no puede. Para Sam, como doctora, no es gran cosa. Probablemente para sus hermanos y su padre sea hasta algo elemental: depositar unos mililitros de semen en un pomito. Jake es el anormal al que la mera idea le da arcadas.
No se ha sentido tan inadecuado en años. Considera llamar a Brig, pero se contiene aún antes de sacar el móvil del bolsillo. Su novio tiene sus propios problemas ahora mismo, no es necesario recordarle que su relación es… digamos que atípica. Jake teme que molestarlo con esto, lleve a Brig a replantearse su relación. Después de todo, hay muchos rubios bonitos y sexualmente activos por el mundo. Algunos incluso son hijos legítimos.
Su mirada se posa en las numerosas fotos de la mesa de estudio, cuidadosamente alineadas para ser visibles desde la cama. Pasó casi once años sin más recordatorios de su familia que dos fotos, una de sus padres en la pradera, su papá con ocho meses de embarazo, la cara invisible por su ondeante cabellera rubia, la otra de él con menos de un día de nacido, dormido sobre el pecho tatuado. Fotos que mantenía cuidadosamente ocultas, pues Maverick es el segundo protagonista en la foto de la pradera, y su relación filial era un secreto, mientras que el pecho tatuado y lleno de cicatrices de Iceman (entonces creía que se llamaba Rachel) era tan singular que no quería arriesgar que alguien lo reconociera. En estos meses trató de compensar y ahora su cuarto, su teléfono y su taquilla en la base Miramar desbordan de imágenes. Su papá está en un número importante de ellas.
¿Entenderá o lo mirará con lástima? Peor aún, podría pensar que es su culpa, que todos sus sacrificios fueron en vano.
Su papá renunció a él para darle la oportunidad de una vida normal, piensa con amargura. Regresó al servicio activo sólo tres semanas después de parirlo. Permitió que el fantasma de Rachel Seresin lo atormentase en su propia casa. Aguantó que le dijera roba niños, que le escupiera en la cara todo su amor. Le vio convertirse en el mejor aviador de su generación sin poder felicitarlo. Supo de su sufrimiento a sabiendas de que su consuelo sería brutalmente rechazado. Esperó por Jake durante una década. Todo para que su primogénito tuviera la oportunidad de alcanzar esa normalidad que tanto deseaba y nunca podría alcanzar porque...
Porque la anormalidad está en su sangre.
¿Entenderá Iceman Kazansky?, se pregunta de nuevo.
No lo sabe. No importa lo que diga Brig, su familia es queer, si, pero también intensamente sexual. La asexualidad está absolutamente fuera de su universo imaginado.
El llanto llega como una mezcla de rabia e impotencia.
El sueño no es señal de alivio, sino de agotamiento.
Jake se equivoca en muchas cosas en sus lúgubres reflexiones, por supuesto. Una de estas horribles falsedades podría ser desmentida si solo se hubiera decidido a usar el teléfono. Porque su novio no está demasiado ocupado al otro lado del país como para hablarle. De hecho, Brigham Lennox desea con toda su alma que una llamada o mensaje le den una excusa para escapar de la oficina por unos minutos, respirar un aire que no esté viciado por la tirante interacción en la que se encuentra.
Pero no suena ningún teléfono, no entra nadie a decir que les necesitan para alguna emergencia. Brig sigue sentado en la misma silla incómoda en la que lleva una menos de una hora -aunque para él han sido, dos, tres, acaso cinco-, en la anodina oficina de su hermano mayor, en uno de los edificios más exclusivos de Salt Lake City. Sabía que la reunión no sería agradable, pero las miradas que les dedican Christian y Constanza, su esposa, a él y a su tío son francamente inesperadas. Miradas que oscilan entre la desaprobación y la esperanza.
Cuando lo mandaron a vivir a Nevada a los diez años porque estaba obsesionado con volar, ya Brig tenía poco en común con el resto de su familia. Regresaba en los veranos, primero por tres semanas, luego por dos. Las visitas se fueron acortando cada año. Para cuando estaba en el bachillerato, solo iba a Salt Lake City por cinco días a finales de julio, que se le hacían interminables. Su madre fue la única de la familia en Annapolis para la ceremonia de graduación de la Academia Naval, aunque Leonard había ofrecido conseguir entradas para todo el mundo e incluso ayudar con los gastos del viaje.
Nunca había estado en la oficina de su hermano. En sus visitas anuales a Utah, dormía siempre en el mismo cuarto de su infancia, ayudaba con la huerta, iba a la iglesia. Para el resto de los niños era como un animal exótico, y le hacían preguntas curiosas, contradictorias, sobre la vida entre gentiles. Con el paso de los años, esos niños que lo interrogaban en la iglesia se hicieron adultos -para los estándares de la comunidad- y ya no se rebajaban a preguntarle sobre el mundo exterior -aunque podía sentir sus miradas fascinadas en la espalda. La casa también se fue quedando vacía: se casaron sus hermanas y luego sus hermanos. Significativamente, nunca lo invitaron a las bodas. Sus padres organizaban una gran comida familiar durante cada visita. Ahí se ponía al día sobre cuñados, cuñadas, y la nueva generación de Lennox que crecía fiel a la fe de sus mayores.
Nunca supo si lo hacían para demostrarle lo bien que les iba sin su presencia disruptora, para tentarlo a regresar, o para usarlo como algún tipo de "hombre del saco" para sus sobrinos y sobrinas.
Su madre murió poco después de que él pasara la escuela de vuelo. Nadie se tomó el trabajo de considerar sus necesidades cuando organizaron el funeral. Tampoco dos años después, cuando su padre la siguió. Su hermano Christian se toma el rol de patriarca Lennox en serio, así que en lugar de invitarlo a incómodas visitas, le manda una postal por su cumpleaños y otra por navidad.
No se arrepiente. Tiene a Leonard y Rick, que se convirtieron en sus verdaderos padres, tiene a Jake, tiene a la familia Kazansky-Mitchell, tiene a las Dagas. Sin embargo, lo que tiene no le hace olvidar lo que perdió. Especialmente en días como hoy. Porque parece que hoy la ficción de que lo mandaron a Nevada porque quería volar se irá al carajo.
Hace una semana, su hermano llamó a Leonard para pedirle que ambos vinieran a Salt Lake City a la mayor brevedad posible. Cuando su padre adoptivo quiso saber el motivo, Christian dijo que había llegado la hora de que Brig ayudara a la familia. Un argumento tan vago como ominoso. Leonard, que no ha olvidado, aprovechó que ahora Brig es casi yerno (es el yerno, pero no lo sabe) de uno de los hombres más poderosos de la Marina para conseguirle cinco días de baja.
Aquí están, sentados en esta oficina decorada en beige y gris, con menos personalidad que una celda de la Base Naval de Guantánamo. Su hermano y cuñada llevan casi una hora explicándoles lo bien que les va en el negocio de bienes raíces y cómo pueden proveer todo lo necesario para sus seis hijos. Lo inusual es que también han hecho preguntas. No preguntas amables y superficiales, tipo ¿en qué país estabas? Sino concretas sobre su vida en la Marina, desde el salario, hasta la calidad de las aceras dentro de las bases militares donde ha vivido. Incluso le preguntaron a Leonard cómo está Rick. Su tío respondió, sin dejar que se le notara el asombro, que su esposo estaba bien, gracias, organizando una exposición en DC. Christian y Constanza apenas hicieron una mueca incómoda. Eso fue lo que acabó de encender las alarmas de Brig.
Nadie, nunca, ha mencionado la homosexualidad como razón de su tácita exclusión de la familia. Leonard Wolfe se había ido a la Marina y, simplemente, nunca regresó. Brigham Lennox fue enviado a Nevada porque quería volar. Esa es la versión a la que se aferraron sus padres hasta el día de su muerte, y nadie tuvo el mal gusto, ni en la familia, ni en la comunidad, de cuestionar esta verdad a medias que es, como todas las medias verdades, una mentira completa.
-¿Entonces estarás un tiempo en tierra, Jake? -trata de precisar su hermano con una sonrisa forzada.
-Pues, si. Más o menos. Es clasificado -Christian y Constanza asienten, muy serios-, pero la base de operaciones estará en una base en la costa del Pacífico, si.
-Y te quedarás ahí si eres disciplinado, si tienes buen desempeño -insiste su cuñada con una nota de ansiedad, porque parece que le cuesta creer que Brig puede ser disciplinado.
Brig no puede decirles que se quedará en California porque no hay modo de que Kazansky pierda de vista a Jake ahora que lo ha recuperado. Incluso sospecha que si el almirante se convierte en Secretario de la Marina, las Dagas serán prontamente transferidas a NAS Oceana. Nadie dirá nada, porque Maverick va a donde va Iceman y en el DoD, como en la familia Lennox, hay cosas de las que no se habla. Así que opta por la mitad de la verdad que es de público conocimiento.
-Me eligieron para ese escuadrón porque soy uno de los mejores. No fallaré.
-Excelente, excelente -asiente su hermano con algo que parece orgullo en la voz.
Christian consulta su reloj de muñeca y el rostro se le tensa. Mira a su esposa, que le devuelve una expresión amarga, pero decidida. Su hermano mayor carraspea, pero no abre la boca. Parece estar tratando de encontrar las palabras.
Leonard resopla y corta el silencio incómodo con tono exasperado.
-Acaba de decirnos de quién quieren librarse esta vez.
-¡Tío!
-¡Señor Wolfe!
-Al menos mi difunto cuñado tenía la excusa de que ustedes eran demasiadas bocas que alimentar y el hobbie de este -hace un gesto hacia Brig con la barbilla-, era caro. A ti te va bien, sobrino, aunque creo que podrías invertir en un decorador. Así que, ¡vamos! Al mal trago darle prisa.
Algo se rompe en ese momento. Christian se encoge un poco, pero su esposa saca el pecho y su apariencia dócil desaparece. Constanza está frustrada, molesta, pero no dejará que Leonard Wolfe la acorrale.
-Se trata de Dunia, la quinta. Tiene siete años y sigue diciendo… ¡cosas absurdas! No sabemos de dónde sacó esas ideas. Con las nuevas políticas que el Departamento de Educación impuso a los distritos escolares, la escuela se vio obligada a informar a Servicios Sociales. ¡Nos hicieron una inspección! -su voz sube varios decibeles, ultrajada.
Es evidente que a Constanza le molestó más la vergüenza de que le inspeccionaran la casa que la posibilidad de que alguien en su familia sea infeliz.
Su esposo le pone una mano en el brazo, tratando de calmarla, y habla al fin.
-Brigham, eres el único Lennox sin hijos y tienes una responsabilidad con la familia. ¿Cuándo puedes llevártela?
Brig pestañea, por un momento no puede procesar la idea. ¿Responsabilidad? ¿En serio ese es el argumento? ¿No dirá algo sobre solidaridad familiar? ¿O que Dunia no tiene el temple para ser una buena mormona? ¿Una línea sobre estilos de vida más liberales, aunque sea un argumento falso y pasado de moda? ¿Fue así veinte años atrás, entre su padre y Leonard? No podemos tener un niño homosexual porque somos mormones: llévatelo. Mira a su... su verdadero padre. Leonard tiene la cara impasible, los ojos entrecerrados y perdidos en el vasto cielo azul que se ve por la ventana de esta horrible oficina. Si, comprende, fue exactamente así.
A él le doraron la píldora. Le dijeron que iría a casa de tío Leonard a pasar el verano, que tenía aviones, tal y como él quería. Era un niño, por supuesto que lo creyó. Ahora sospecha que el cuento de que era una prueba fue el recurso que Leonard y Rick encontraron para ocultarle que su familia quería desecharlo como a un modelo defectuoso. Pasaron el verano convenciéndolo de que quedarse en Nevada sería la mejor decisión de su vida.
Lo fue.
También fue una decisión sin consecuencias reales, porque no tenía a dónde regresar.
No puedo, piensa. No puedo adoptar a una niña sin hablar con Jake.
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