Cinco veces que el pasado regresó a fastidiarles y una vez que les dio felicidad
Capítulo 6:
Cuando Mike T. Barnow le pidió (otra vez) a Elizabeth McCord que fuera razonable
Sumario
En
2018, Sarah envió una solicitud de perdón presidencial póstumo para
Duke Mitchell. En marzo de 2020, el expediente llega a la mesa de la
presidenta Elizabeth McCord.
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Parte 3 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandoms: Top Gun (Movies), Madam Secretary
Relaciones:
Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Elizabeth McCord/Henry McCord
Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell,
Sarah Kazansky, Elizabeth McCord, Henry McCord, Jay Whitman, Mike Barnow, Ellen Hill, Olivia Mason, Gordon Becker, Ephraim Ware, Hugh Haymond, Hank Nolan
Etiquetas adicionales: Crossover, 5+1 Things
Washington DC, marzo de 2020
Elizabeth observa a Henry, sopesando si debe mencionar el tema o no. Después de todo, no pasan tantas noches juntos como quisieran y deberían priorizar… otros aspectos de su vida. Al mismo tiempo, tiene ganas de compartir esto con su esposo. Para empezar, no está relacionado con la campaña electoral, que parece monopolizar todas sus conversaciones. Además, no es estrictamente legal, hay un indudable nudo ético al centro del asunto, en el cual su perspectiva podría ayudarla.
-Oye, Henry, ¿conoces a un piloto de la Marina llamado Mitchell? Parece que es famoso. -dice con tono casual mientras levanta las mantas de su lado de la cama.
Él levanta la mirada del tocador donde está dejando sus cosas. Sus ojos brillan como si anticipara algo divertido.
-¿Maverick? -suelta una risa corta- ¿A quién enfadó esta vez?
Ella arruga la frente, un poco sorprendida. Sabe de Pete Mitchell por su participación en la misión para desactivar la planta de enriquecimiento de uranio en Sajá-Yakutia en noviembre pasado, y por la película, claro, pero no era consciente de que provocara tanta simpatía en su esposo.
-No. -aclara- Me refiero a su padre, Duke Mitchell.
El rostro de Henry cambia de inmediato.
-Oh, ese Mitchell. -camina hacia la cama y empieza a levantar las mantas de su lado- Si, lo conozco. Era… -suspira y mueve los hombros, claramente incómodo- Es un cuento de miedo que usa el Almirantazgo, Duke Mitchell, el traidor, y su hijo, Pete Mitchell, el loco.
-¿Entonces es verdad que su hijo cargó con un estigma?
Henry la mira de frente, curioso.
-Si, es cierto. El rumor es que le negaron la entrada a la Academia Naval, aunque tenía un expediente perfecto, así que tuvo que ir a la universidad y abrirse paso a través del NROTC. Después… -hace un gesto vago con las manos- Los altos mandos nunca estaban satisfechos con él, su palabra no tenía el mismo peso, esas cosas. ¿Por qué lo mencionas?
Ella deja caer el expediente en el centro de la cama. Fue una lectura difícil, pero ciertamente ha tenido materiales más pesados para dormir desde que se mudaron a DC.
-Porque me ha llegado una petición para darle un Perdón Presidencial póstumo a Duke Mitchell.
Él observa la carpeta con curiosidad por un instante, luego vuelve a mirar a su esposa.
-Ese no es un expediente del a Oficina de Justicia Naval.
-No. Es un expediente de la NSA.
Él alza una ceja.
-Estoy oficialmente intrigado. Primero, no me imagino a Maverick haciendo todo ese papeleo. No es que no le importe su padre, es que no creo que confíe lo suficiente en el almirantazgo como para esperar un juicio justo. Segundo, ¿la NSA? Creí que los perdones presidenciales eran cosa del Departamento de Justicia o de la fiscalía militar.
-Tienes razón -confirma Elizabeth mientras se mete en la cama-, no fue el capitán Mitchell quien inicio la solicitud, sino Sarah Kazansky.
Henry asiente.
-Ah, eso sí tiene sentido.
Se mete en la cama, pero no se acuesta. Se sienta con la espalda apoyada en el cabecero y observa la carpeta, entre curioso e incómodo. Ella se gira un poco para poder mirarlo de frente.
-Conozco esa cara.
-¿Qué cara?
Ella chasquea los labios.
-Henry. Esa cara de que piensas que hay algo más profundo.
Él tuerce los ojos, pero no lo niega. Es suficiente confirmación para Elizabeth.
-Vamos, ¿qué es lo que no me estás diciendo?
Henry frunce los labios, incómodo. Nunca ha sido hombre de chismes y no va a empezar ahora, pero hace años que sabe que “amistad” no es la palabra adecuada para describir la relación entre el matrimonio Kazansky y Pete Mitchell.
Cuando lo conoció, durante la operación Tormenta del Desierto, Maverick ya era una figura legendaria. El rescate del SS Layton era una operación de la que se hablaba en el gremio de pilotos de guerra como de los relatos de grandes héroes del pasado. El más fascinante de sus personajes era Mitchell, por supuesto, con su apellido maldito, su actitud desafiante y su imagen de modelo de revista.
En 1993 le presentaron a otro protagonista del evento. Tom “Iceman” Kazansky era entonces comandante, y su novia Sarah una jovencita llena de energía. Bueno, en realidad ella era ya una celebridad en si misma: la Marina es bastante conservadora, y esa enfermera indígena -los comentarios reales fueron mucho menos delicados- se negaba a casare con el padre de su hija. Kazansky y él estaban ahí como parte del séquito de sus respectivos oficiales, público dócil para la ceremonia de nombramiento del contralmirante Tolkan. Henry recuerda con extraña claridad ese momento porque dos ideas contradictorias emergieron al observar las interacciones de la pareja. La primera, que ella parecía mucho más enamorada que él. La segunda, que Iceman estaba extrañamente desinteresado al hablar de Maverick, como si deseara minimizar la importancia de la relación entre ambos, y que eso enfadaba a Sarah. Le pareció extraño.
En su experiencia, las novias civiles no comprendían muy bien la hermandad que produce el combate y solían albergar celos mejor o peor disimulados por los colegas de sus parejas. Que Sarah no aprobara la actitud de Kazansky, una evidente jugada política para distanciarse del problemático aviador, era admirable. Pocas personas son tan coherentes en su sentido de la justicia. También concluyó que era dudoso que su relación durase. Kazansky quería ascender y tenía talento para lograrlo, todo el mundo lo sabía. Pero no podía imaginar a Sarah Seresin como la esposa obediente que correspondía a un oficial de alto rango de la Marina.
Se equivocó en casi todo. Kazansky estaba, si no locamente enamorado, al menos lo suficientemente interesado en Sarah como para casarse. Ella cumplió algunas de las expectativas y le dio otro bebé, esta vez un varón, menos de un año después de la boda. ¿Respecto a distanciarse de Mitchell? ¡Por favor! Kazansky tiene dos apodos: “Iceman el terrible” y “el ángel guardián de Maverick”.
Así que, no, no le extraña que Sarah Kazansky quiera hacer esto por Mitchell. La cosa es que… De cierto modo, el Departamento de Defensa se puede dividir en dos tipos de personas, lo que insisten en que Kazansky cuida de Mitchell en honor a su hermandad profesional, y quienes saben que Maverick es el amor de la vida de Iceman. Henry se encuentra en el segundo grupo, y lo que siempre le ha confundido es la relación entre Sarah Kazansky y Pete Mitchell. Sarah no le parece el tipo de mujer que se prestaría a cubrir la homosexualidad de su esposo por décadas. Al mismo tiempo… Eso es lo que ha hecho, ¿no?
No, es más complicado. Hay entre los tres una familiaridad, una confianza evidente.
Por ejemplo, en el funeral de Metcalf hace unos meses. Fue un evento político, y Kazansky lo exprimió al máximo, intercambiando saludos, haciendo charla social, fortaleciendo alianzas. La expectativa era que Sarah estuviera colgada de su brazo, sobria, dolida, pero no abrumada por las circunstancias. No fue así. El almirante trabajó durante la recepción, pero acompañado por el Vicealmirante Kerner, primero, y su hijo menor después. La señora Kazansky estaba cuidando de Maverick, evidentemente destrozado por la muerte de lo más cercano que tuvo a un padre.
Si, era un gesto sensible y considerado, pero políticamente torpe. Dejaba en evidencia las “verdaderas” prioridades del almirante. ¿Quiere tanto Sarah Kazansky al amante de su esposo como para poner en peligro su imagen? Henry es lo suficientemente maduro para comprender que una parte de su incomodidad tiene que ver con las convenciones de la monogamia. Sarah y Pete actúan con una confianza y falta de competitividad inusual, que incomoda por contraste. No cree tener la capacidad de compartir a Elizabeth con nadie más.
Pero ¿cómo le explica todo eso a su esposa sin empañar su juicio?
-Mira, Kazansky y Mitchell han sido uña y carne desde que se salvaron la vida en 1986, y claro que Sarah Kazansky tiene más razones para confiar en el sistema que Mitchell. Eso es todo.
-No, no lo es.
Henry resopla, frustrado.
-Bess, tienes que tomar una decisión basada en tus propios criterios y los consejos de... ¿Quién tiene que asesorarte en esto?
-La Fiscalía Militar, la Oficina de Perdones del Departamento de Justicia y la Oficina Legal de la Casa Blanca.
Él no puede evitar alzar las cejas. ¿Mike Barnow no ha dado su opinión en esto? Es solo cuestión de tiempo, seguro.
-Si, bueno, no quiero influirte.
Ella cruza los brazos sobre el pecho.
-Duke Mitchell murió el 5 de noviembre de 1965. No creo que lo conocieras, así no puedes influir en mi opinión sobre él. Al menos nada que sea relevante para lo que nos ocupa. Ya me confirmaste que su hijo fue chivo expiatorio de las supuestas culpas de su padre. ¿Qué más hay en esa historia?
Henry cierra los ojos por un momento, inclina la cabeza, vuelve a mirarla.
-Mitchell tiene un hijo biológico.
Ella asiente. La carta de solicitud lo menciona. Jake Mitchell prefirió cortar lazos con su padre e ir a la Academia con el apellido de su madre a lidiar con la leyenda maldita de su padre y su abuelo.
-Lo que seguro la carta no menciona, y dudo que los informes de justicia considerasen digno de incluir, son los rumores sobre ese chico. Nadie conoce a su madre, porque supuestamente fue una aventura de Mitchell un fin de semana en New York. Imaginarás que, en 1991, sorprendió muchísimo que él se quedara con la custodia completa de su hijo y pidiera un puesto en tierra firme para cuidar de él.
Ella asiente. Si, es inusual que un hombre haga tanto, incluso cuando la madre muere.
-En lo que muchas personas si se fijaron fue en que, primero, cuando Maverick regresó a servir en el mar, el matrimonio Kazansky empezó a cuidar a tiempo completo a Jake y, segundo, que el niño se parecía más a Iceman que a Maverick.
-¿Estás insinuando qué…?
-Te estoy diciendo lo que se comentaba. Creo que el rumor surgió por el prejuicio con que se veía cualquier cosa relacionada con Mitchell. Había quienes solo querían ver un patrón lineal: era un Mitchell, estaba destinado a la traición o la locura, como su abuelo o su padre. Kazansky trataba de salvarlo, era su proyecto de caridad. -no puede evitar la mueca de desagrado al repetir el argumento- Pero imaginar a Maverick cubriendo las espaldas de su hermano de armas Kazansky al asumir la paternidad de su bastardo. ¡Ah! Ese es el tipo de giro melodramático que mucha gente prefiere. Por supuesto, que el chico desapareciera justo después de terminar el bachillerato no hizo más que alimentar las teorías.
-Vaya… -ella guarda silencio por unos segundos, mientras procesa la información- Tenía razón. -palpa la carpeta aún entre ellos- Eso no influye en mi opinión sobre el caso de Duke Mitchell.
-Me alegro. -asiente él- ¿Ahora me vas a decir por qué la NSA te envió un reporte sobre Duke Mitchell?
-Porque la CIA se opone al perdón presidencial.
-¿Perdón?
Ella le da una sonrisa avergonzada. Le pasa a menudo, cuando debe reconocer los errores de una agencia a la que sigue atada sentimentalmente.
-Alegan que generaría escrutinio sobre eventos que es mejor dejar en el pasado.
-O sea, que técnicamente lo que sea que pasó con Duke Mitchell es público, pero nadie se ha fijado hasta ahora y harán todo lo posible por mantenerlo así.
Ella asiente con la cabeza y tuerce los labios, en señal de desagrado.
-Los documentos sobre las circunstancias de su muerte fueron desclasificados en 2018. Se trata de la operación “Barrel Roll”, que la CIA implementó con apoyo de la Fuerza Aérea y la Marina.
-Recuerdo algo de eso -asiente él, y arruga la frente mientras trata de recordar- Algo de los monstruosos bombardeos en Laos, ¿no?
-Si, entre 1964 y 1973 lanzaron 260 millones de bombas para destruir las rutas de abastecimiento de Vietnam del Norte a través de Laos. Costó mucho, mucho dinero, y 118 vidas: 113 de la Fuerza Aérea, cuatro de la Marina y una del Cuerpo de Marines. Es asombroso que Sarah Kazansky navegara los miles de reportes para completar esta solicitud menos de tres meses después de la desclasificación.
Pero Henry está más interesado en otra cosa.
-¿Entonces, Duke Mitchell no abandonó su puesto para irse a vivir con una amante en Hanoi?
Ahora es ella la que alza las cejas, asombrada.
-¿Esa era la explicación del almirantazgo?
-Pues si… te dije que era un cuento para asustar reclutas, ¿no? Tiene todos los componentes: pasión descontrolada, mujer fatal y, no podía faltar, su gotica de racismo.
Elizabeth resopla, sin ocultar su desagrado.
-¿Y Pete Mitchell decidió unirse a la Marina?
-Creo que quería probar que había honor en su familia. -Henry se encoge de hombros- Limpiar el apellido con sangre, por así decirlo.
-Si de sangre se trata, ha derramado suficiente para limpiar varias reputaciones. -admite ella, aunque su tono es dubitativo- Es uno de los oficiales más condecorados de su generación.
Ahora es Henry el que se da cuenta de que su esposa no le está diciendo todo.
-¿Pero…?
Ella lo mira, dudosa. Considera con cuidado lo que está a punto de decir.
-Pero nuestras relaciones con Vietnam van bien. Si firmo este perdón presidencial, traigo de vuelta todo el desastre de la operación “Barrel Roll”, y no solo daré munición a quienes prefieren el resentimiento aquí. La resistencia a la presidenta Ngọc Thịnh dentro del Partido Comunista de Vietnam es real.
-Puro sexismo -bufa Henry.
-Si. Es mujer y nació en Vietnam del Sur, para muchos conservadores ni siquiera debió llegar a vicepresidenta. -admite, tan fastidiada como su esposo- El hecho es que cualquier debate sobre la guerra de Vietnam es utilizado por sus enemigos para recordar el pasado de su familia.
-Elizabeth… -Henry alza las manos, en gesto escandalizado- ¡No puedes estar considerando negarle esto a la familia Mitchell en nombre de la geopolítica! Llevan más de cincuenta años pagando por el fracaso de la CIA.
Ella se muerde los labios y lo mira, insegura.
-¡Dáselo! -es lo primero que le dice Mike a la mañana siguiente con gesto fastidiado- Ni siquiera sé por qué pediste una reunión para discutir el asunto, pero vale. Salí a correr una hora antes. -le apunta con el índice con gesto acusador- ¡Las cosas que hago por ti, Elizabeth! Para llegar primero a la oficina y decírtelo a solas. Este es mi consejo: Dale el perdón presidencial a Duke Mitchell.
Elizabeth parpadea varias veces, algo descolocada ante la parrafada beligerante con que la reciben en su propia oficina. Todavía tiene la mano derecha en el pomo de la puerta de la Oficina Oval y aprieta varias carpetas contra su pecho con el brazo izquierdo.
-Realmente creo que salí perdiendo con esta nueva configuración -suspira.
Mira por encima del hombro hacia la mesa de Blake, pero su secretario se encoge de hombros y le da una sonrisa forzada. A su pesar, lo comprende, ¿quién puede detener a Mike Barnow? Termina de entrar, cierra la puerta y avanza hacia su mesa.
-Al menos en el Departamento de Estado me esperaban en la puerta del elevador en el séptimo piso y yo tenía el tiempo en el elevador para mí.
-Me parece hermosísimo que terminando tu primer mandato tengas reminiscencias nostálgicas de tu tiempo como secretaria de Estado. -responde él, burlón- Me aseguraré de que alguien te pregunte eso en uno de los eventos de campaña. Ahora a lo importante. Quiero ahorrarte tiempo, y ahorrárselo a todas las personas a las que citaste para discutir sobre Duke Mitchell. No hay nada que discutir.
Ella deja caer las carpetas en la mesa.
-No voy a dar un perdón presidencial tan polémico sin consultar a todas las partes, Mike.
-¿Polémico? ¿Polémico? ¿Leíste el mismo informe que yo? Sarah Kazansky escribió una conmovedora carta exponiendo la larga lista de microagresiones, desplantes y miserias con que la Marina ha llenado los años de servicio de Pete Mitchell, lo que llevó a su hijo a abandonar hogar y apellido paterno para evitar que su carrera muriese antes de empezar. La petición de Sarah Kazansky está apoyada por tres cartas que aseguran que Duke Mitchell fue derribado en combate después de enfrentarse heroicamente a cazas MiG y salva la vida del resto de su escuadrón. Pero fueron obligados a guardar silencio por la Marina y la CIA. ¿Quiénes son los tres valientes garantes del carácter del aviador? ¿Teóricos de la conspiración? No. ¿Ex agentes de inteligencia resentidos? No. Sarah Kazansky se las arregló para conseguir el testimonio de tres oficiales que estaban a bordo del USS Oriskany, testigos directos con historiales intachables. El difunto contraalmirante Mike Metcalf, y el capitán Harlan P. Chapman, aviadores asignados al portaviones que aseguran le deben la vida a Mitchell y, para ponerle la guinda al pastel, el mismísimo vicealmirante Bartholomew J. Connolly III, capitán del USS Oriskany entre abril y diciembre de 1965.
Elizabeth se deja caer en la silla presidencial y echa la cabeza hacia atrás. Sabe todo eso. Mike sabe que lo sabe, pero no se detiene.
-Sarah Kazansky apoya su testimonio y el de los tres muy condecorados oficiales con documentos desclasificados de la CIA que rebelan cómo, no solo fallaron espectacularmente en impedir el uso de Laos como territorio de tránsito para las fuerzas comunistas de Vietnam del Norte. Sino que lo hicieron gastando millones de dólares en bombas que todavía afectan a su población civil y también perdieron más de cien vidas norteamericanas.
-¿Por qué mencionas una y otra vez su nombre completo? -lo corta ella y se yergue de la silla, curiosa.
-¡Ah! ¿Te diste cuenta? -sonríe Mike divertido y orgulloso- Porque lo más importante aquí es quién pide el perdón. Si alguna consideración política merece esta petición, no es por la endeble excusa de Ware y Haymond de que el gobierno de Vietnam se va a tambalear. Es tu carrera política la que se verá afectada. Son tus planes para la segunda presidencia lo que está en juego. ¿Quieres a Kazansky como secretario de la Marina? Pues dale el perdón presidencial a Duke Mitchell, y puedes ascender a Pete Mitchell a vicealmirante, para terminar de dorarle la píldora.
-¿En serio crees que Kazansky rechazaría la oferta de Secretario de la Marina si le negamos eso a su amigo?
Mike alza las cejas y le da una mirada de conmiseración.
-¿Amigos? ¿Eso es lo que crees que son?
Ella abre la boca y la vuelve a cerrar. Repasa con cuidado su conversación con Henry anoche y comprende por fin qué era lo que él no se atrevió a decir, pero insinuó constantemente.
-¿Desde cuándo?
Barnow se encoge de hombros.
-Las estimaciones varían, pero lo más probable es que en la primera mitad de los noventa. Hay dos hechos comprobados: Kazansky y Mitchell compraron una mansión juntos -hace gestos de comillas con los dedos-, para que sus esposas pudieran apoyarse mutuamente -resopla, burlón-, en 1994. Y celebraron la derogación de la DADT en Hawái en octubre de 2011 para -vuelve a hacer comillas con los dedos- acompañar al hijastro de Mitchell, Bradley Bradshaw, en uno de los bares gay más emblemáticos de Oahu, “El Gemido”. También está, por supuesto, la espectacular salida del armario de Mitchell, Hollywood mediante, con la ganadora al Oscar a Mejor Película del Año “Top Gun”. Oficialmente no hay nada más. Eso sí, Kazansky tiene dos apodos: Iceman y “el ángel guardián de Maverick”.
-¿Y sus esposas…?
-Ese es algo para lo que nadie tiene una buena explicación y a lo que se agarran, por supuesto, los que siguen en negación sobre la posibilidad de un almirante homosexual. Mitchell se casó en 1994 con Carole Bradshaw, viuda de su mejor amigo. De acuerdo con mis fuentes, siempre hubo consenso en que era un matrimonio de conveniencia. No -se apresura a aclarar ante la expresión displicente de Elizabeth-, no para proteger a Mitchell de habladurías sobre sus preferencias sexuales, sino para garantizar el estatus de ella y su hijo dentro de la comunidad militar. El apellido de soltera de Carole Bradshaw era -hace una pausa dramática- Abbot.
-¿Cómo el representante de Texas?
Mike asiente.
-Era su hermana. ¿Arriesgarías tú que la custodia de tu hijo homosexual pase a alguien como Richard Abbot?
Elizabeth se estremece solo con la sugerencia. Abbot es un resumen de todo lo que encuentra repulsivo de la mítica “América profunda”. Su plataforma tiene cuatro bases: xenofobia racista, machismo recalcitrante, defender el gasto militar y bajar impuestos a los ricos. No, no le dejaría el cuidado de nadie, sin importar su orientación sexual o edad. Al mismo tiempo, su admiración por Mitchell aumenta. Leyó sobre el accidente que le costó la vida a Nick “Goose” Bradshaw y puede entender que se sintiera culpable, pero ¿casarse con la viuda para proteger a su hijo? Es un nivel de compromiso inusual.
-Muy bien -asiente-, aceptemos que a Carole Bardshaw nunca le importó la orientación sexual de Mitchell. Queda Sarah Kazansky. De repente esta solicitud me parece… -frunce los labios, insegura de qué palabra usar.
-¿Ilógica? ¿Inesperada? ¿Contraria a sus intereses? -enumera Mike mientras oscila en su asiento.
Hace una mueca de incomodidad. Elizabeth conoce esa expresión: a Mike Barnow no le gusta no saber.
-Por tu expresión, deduzco que la relación entre el almirante Kazansky y su esposa parece -de nuevo duda con el término- ¿legítima?
Mike asiente con un movimiento duro, renuente.
-¿Conoces ese reto en que miras al pasado y tratas de reconocer las pistas de lo que ocurre en el presente?
-Claro -como agente de la CIA, profesora y funcionaria gubernamental tuvo que hacer eso muchas veces.
-Pues este es uno de los casos en los que no hay pistas.
Ella enarca las cejas, confundida. ¿No hay pistas? Es Washington DC, siempre hay algo, ¿no? Aunque… si Kazansky ha ocultado su relación con Mitchell por más de veinte años es muy bueno. Cada vez le gusta más para Secretario de la Marina, ¿tal vez incluso Secretario de Defensa? No, con esos rumores a su alrededor, sería llevar las cosas demasiado lejos.
-Debes entender. -explica Mike- Todo sobre el romance de Iceman y Maverick es poco más que una teoría de la conspiración inspirada por “Top Gun”. Hay solo dos hechos concretos, que se pueden explicar de otras maneras, con argumentos perfectamente heterosexuales. El elemento disonante es Sarah Kazansky, que le dio dos hijos, uno de ellos antes de que se casaran. Que todavía en 2008 le escribía cartas de amor. Que ha sido vista con chupones en el cuello después de pasar la noche con su esposo en fecha tan reciente como 2015. ¿Creo que Kazansky y Mitchell son amantes? Si. ¿Puedo explicar cuál es el papel de la señora Kazansky? Solo se me ocurre que el almirante es un semental y ella este… -Mike tuerce los ojos, claramente incómodo- agradece que Mitchell asuma parte de las demandas físicas de su relación. De todos modos -y ahora su voz recupera el aplomo-, no sería un buen asesor si no te dijera que este perdón es la clave para mantenerte en las buenas gracias del almirante Kazansky, al que quieres para el gabinete de tu segundo mandato, pero que no te debe nada.
Elizabeth asiente, pensativa. Al imperativo moral invocado por Henry se suma ahora la ventaja política personal. ¿Puede tomar esta decisión solo con esos criterios? El argumento de Ephraim Ware, y Hugh Haymond, no es una excusa endeble, no importa lo que diga Mike, no importa cuánto le moleste a ella el trasfondo sexista y regionalista de las tensiones actuales en el gobierno vietnamita.
Adelanta la mano para preguntarle algo más a Barnow, pero Blake aparece en la puerta.
-Señora presidenta, ya están aquí para darle su actualización de seguridad diaria. Y tiene una reunión a las 8:30.
Mike se levanta enseguida.
-Voy a buscar azúcares para justificar el odio de mi exesposa. Nos vemos en media hora para oírte ser toda presidencial sobre cómo hay que hacer lo correcto, como cuando liberaste a Erica James mientras Conrad estaba incomunicado en el Air Force 1 -le guiña un ojo, cómplice.
El reporte de seguridad no tarda media hora, sino cuarenta y cinco minutos. Hay algo gestándose en Venezuela, pero no logran saber exactamente qué. China aún no logra controlar el extraño brote de neumonía que empezó en diciembre pasado en Wuhan. Aunque el gobierno ha logrado evitar que los contagios se extiendan más allá de la provincia de Hubei, hay creciente evidencia de que lo hace violando abiertamente los derechos humanos de su población. Lo peor es que la delegación del CDC admite que no hay otra manera de detener el virus SARS-CoV-2.
Es un prólogo amargo para la incómoda discusión que le espera.
Mientras recorre los pasillos de la Casa Blanca, Elizabeth se felicita otra vez por haberle pedido a Blake que dejara la Universidad de Virginia y la acompañara en su aventura como Secretaria de Estado. Su asistente programó la reunión sobre el Perdón Presidencial en la Sala del Gabinete para poder acomodar alrededor de la larga mesa a todas las partes involucradas. Lo agradece. Caminar de la Oficina Oval a la Sala del Gabinete le da unos instantes para centrarse de nuevo en la familia Mitchell y lo mucho que le debe el gobierno norteamericano.
Elizabeth se sienta, como de costumbre, en el centro de la mesa y de espaldas a las ventanas (prefiere evitarse la tentación de intentar distinguir el jardín cuando las discusiones se ponen tediosas, después de todo es la presidenta). Jay Whitman, su jefe de gabinete, está a su derecha, y la abogada de la Casa Blanca, Olivia Mason, a su izquierda. Mike está al lado de Olivia, pero apartado de la mesa. Finge desinterés mirando al techo, codos apoyados en los brazos de su asiento, y manos conectadas por las puntas de sus dedos extendidos.
Al otro lado de la mesa, los bandos están claramente definidos. El fiscal general Nolan está frente a la presidenta, expresión calma y gestos relajados. Solo la frecuencia con que agarra y suelta la pluma revela su tensión. La representación del departamento de defensa decidió sentarse a su izquierda: La almirante Ellen Hill parece francamente incómoda, el secretario de la Marina James E. McPherson y Gordon Becker, el confiable secretario de Defensa que heredó de Conrad, están muy tiesos, pero sus ojos están bien abiertos y atentos, como si se encontrasen en batalla. Claramente conscientes de que se encuentran en territorio hostil, Ephraim Ware, director de Inteligencia Nacional y Hugh Haymond, director de la CIA, dejaron un asiento entre Nolan y ellos.
-Ante todo -comienza Elizabeth-, quiero agradecerles a los representantes de defensa e inteligencia el tiempo que se han tomado en este asunto. Estudié sus recomendaciones y les aseguro que comprendo sus respectivas posiciones en el asunto Mitchell. Por eso les pedí venir. La decisión es mía, sí, pero afectará a varias ramas de nuestro gobierno. Cuando es posible, me gusta trabajar desde el consenso. Así que me gustaría empezar con las recomendaciones de la fiscalía y la oficina legal de la Casa Blanca.
Esta parte es breve y concreta: Nolan y Mason están de acuerdo en este caso y sus exposiciones se complementan casi perfectamente.
El fiscal general les recuerda que el Departamento de Justicia tiene la política general de no aceptar solicitudes de indultos póstumos porque el tiempo de los funcionarios que participan en el proceso de clemencia se aprovecha mejor en las solicitudes de indulto y conmutación de penas de personas vivas. Además de que en delitos muy viejos las técnicas modernas de investigación son inútiles. Sin embargo, la solicitud de Sarah Kazansky no avanzó por ahí, sino a través de la Oficina de Justicia Naval y que fue la misma estructura de la Marina la que consideró el reclamo meritorio de llegar a la lista de perdones de este año. Fiscalía coincide con la Oficina de Justicia Naval en que hubo una injusticia, y que el hecho está ampliamente documentado a través de documentos desclasificados del mismo gobierno. Razones por las cuales su oficina no ve ninguna razón para oponerse a que se conceda el perdón.
Ahora que sabe Mike la puso sobre aviso, Elizabeth reconoce una leve tensión entre varias personas cuando se menciona el apellido del comandante de la Flota del Pacífico. Interesante.
Olivia Mason se refiere a la otra parte de la política general contra perdones póstumos: que la rehabilitación es imposible. Sin embargo, desde su punto de vista la clave de esta solicitud es la carga que ha llevado la familia Mitchell desde 1965. El estigma con que cargó Pete Mitchell es innegable, lo cual también está documentado en el expediente con testimonios y extractos de documentos de la Marina. Entre las evidencias más escandalosas están versiones sucesivas del syllabus de Historia Naval de la USNA, donde por décadas se ha presentado el “Asunto Mitchell” como ejemplo de los riesgos de fraternización en territorio enemigo. El impacto más evidente y doloroso es, por supuesto, es que su único hijo decidiera adoptar el apellido de su madre, Seresin, y cortar toda relación con la familia.
Elizabeth recuerda las difíciles situaciones en que se ha visto su prole por el trabajo de Henry y ella. Alison y Jason la han pasado mal, si, pero nunca… ¿o tal vez si?
¿Habrán pensado alguna vez en renunciar a su familia a cambio de un poco de paz? ¿Para que les juzgaran por sus propios méritos?
¡Pobre muchacho!
Olivia termina de hablar y Mike resopla.
-Bueno, eso es todo, ¿no? Podemos dejar a la presidenta firmar en la línea de puntos y seguir adelante.
-Un momento, señor Barnow -lo detiene Ephraim Ware- El asunto si merece un debate. -se gira hacia Elizabeth- Señora presidenta, como explica el reporte de la CIA, las ramificaciones de traer esto a la luz podrían ser… incómodas.
-¡Incómodas! -bufa Ellen, claramente ultrajada- Ustedes hicieron de un hombre honorable un traidor, condenaron a su familia al escarnio público en medio de la Guerra Fría y ahora dicen “incómodas”. ¡Por favor!
-No fuimos solo nosotros -le corta Haymond, con toda la dignidad que puede- La Fuerza Aérea estuvo de acuerdo en denegar cualquier participación de los Estados Unidos en Laos.
-Buenos son esos -gruñe Gordon.
Por su expresión, es evidente que ya planea ordenar una investigación exhaustiva de quiénes decidieron qué.
-Señora presidenta, -Ellen no intenta ocultar que esto la conmueve profundamente- los documentos fueron desclasificados, la verdad está ahí, para cualquiera que quiera buscarla. Un perdón póstumo para Duke Mitchell demostraría, sin lugar a dudas, que esta administración apoya a sus combatientes, sin detenerse en -lanza una mirada venenosa hacia Ware y Haymond- consideraciones políticas.
Elizabeth le da un leve asentimiento de cabeza a la almirante y fija sus ojos en el secretario de la Marina, que hoy luce inusualmente sombrío.
-¿Cuál es su posición, McPherson?
-Señora presidenta, toda mi carrera he trabajado para la justicia militar. Pete “Maverick” Mitchell ha dado trabajo al personal de JAG … -mueve la cabeza de un lado a otro- más veces de las que quiero recordar. Era un oficial pendenciero con una desagradable habilidad para caminar la fina línea entre valor e insubordinación. O al menos así lo considerábamos. Porque Mitchell era sinónimo de problema. Yo… No voy a negar que yo también veía al fantasma de Duke Mitchell. Lo que hicimos. -se frota la cara con las manos- Esas veinte bajas que nunca se reconocieron, esas familias, por Dios. Pero Maverick persistió. Sabía que tenía talento y le ha dado todo a este país. No creo que el perdón presidencial lo compense, he defendido a víctimas de acoso y se… Pero al menos podremos cerrar el capítulo. Señora presidenta, por favor.
-¿Qué crees, Jay?
Su asesor político la mira sin disimular su sorpresa. Luego pasa los ojos por el resto de la mesa y, prueba de lo mucho que ha madurado, no se encoge ante ninguna de las miradas que recibe de vuelta.
-Por lo que entiendo, nadie en esta mesa niega la pertinencia del perdón presidencial a Duke Mitchell. -Ellen no puede evitar una sonrisa satisfecha-. También me parece que la advertencia de la CIA sobre la inestabilidad en Vietnam tiene mérito, pero no es algo que no podamos manejar. Se trata solo de comunicación. Podemos simplemente organizar algún evento relacionado con nuestros acuerdos económicos con Hanoi, hacer que la prensa de allá se concentre en otra cosa. Incluso creo que podíamos haber sido proactivos en esto, considerando que las encuestas indican que el público ve a esta administración poco comprometida con sus militares. Creo que fue un error no tomar control de la narrativa cuando se desclasificaron los documentos. Si los perdones hubieran sido iniciativa de la administración, nadie podría haber negado era justo y nos ponía en el lado correcto de la historia, algo complicado cuando hablamos de Vietnam. En cambio, ahora nos arriesgamos a que luzca como que la esposa del Comandante de la Flota del Pacífico forzó su mano, señora presidenta.
Ante la mención oblicua a Kazansky, Hill, McPherson y Becker se ponen muy tiesos. Cosa curiosa: también Haymond. Elizabeth guarda ese detalle para después y responde a Jay.
-Si no podemos evitar esa narrativa, que me parece un poco descabellada, no me importa -mueve la manos, con los dedos extendidos, por encima de la mesa- Sarah Kazansky marcó todas las X y puso todos los puntos sobre las ies. Tengo la seguridad de que, precisamente por ser la esposa del almirante, la Oficina de Justicia Naval revisó el expediente con lupa para asegurar que todo cumplía los más altos estándares. Así que nuestro único problema es la oposición interna a la presidenta Ngọc Thịnh. Dígame, Haymond, ¿cree que será suficiente con darle otra cosa que cubrir a la prensa vietnamita o tenemos que buscar un paquete adicional de incentivos?
Su pregunta genera miradas de franco asombro de los tres militares.
-Señora presidenta… -exhala Ellen, con voz incrédula.
Ella le da una mirada decidida.
-Usted misma lo dijo, almirante Hill, esta administración debe demostrar que está con sus combatientes. Y tienes razón Jay, en que debimos ser proactivos, pero todavía no es tarde. -se gira hacia Olivia- Quiero que investiguemos el estatus legal de las otras bajas de la operación Barrel Roll. Si logramos emitir todos los perdones simultáneamente, nadie tendrá razón para creer que Kazansky me obligó a hacer nada. ¿Verdad?
Mira de refilón a Mike. Como esperaba, tiene la cara de éxtasis que le producen las jugadas políticas atrevidas que incluyen un gota de decencia.
San Diego, 3 de julio de 2020
La habitación huele a sexo y felicidad.
Este año, Ice se las arregló para que le asignaran la supervisión del escuadrón Ángeles Azules durante sus maniobras por el día de la independencia en San Diego. Una misión completamente ceremonial, por supuesto. Los Ángeles Azules no necesitan del almirante, pero las cámaras si.
Pete no se quejará de que la Marina juegue a las relaciones públicas con su esposo, si eso significa que está en casa para su cumpleaños.
La prole anda por ahí, en sus vidas adultas, vendrán mañana. Hoy tiene la casa y han aprovechado.
-Tendremos que desinfectar la cocina -la voz de Ice es más bien una vibración, porque tiene los labios pegados en la espalda de su esposo.
-Mañana -responde Pete amodorrado.
Mueve un poco la cabeza, pues quiere chupar un poquito más un pezón de Sarah, pero ella se sale de la cama.
-¡Ey! -que queja, sorprendido por el vacío repentino entre sus brazos.
Ice se yergue levemente, apoyando los codos en la cama, y la ve sacar algo de una de las gavetas del tocador.
-¿Mitawin? -inquiere.
Sarah se gira hacia ellos, tiene un sobre de formato legal entre las manos y una sonrisa orgullosa.
-Querido, tu regalo de cumpleaños para nuestro esposo fue exquisito, pero creo que esta vez te superé.
Regresa a la cama, se sienta, y le tiende el sobre a Pete.
-Feliz cumpleaños, Mitchell.
Ambos la miran sorprendidos. Sarah no suele usar ese apellido. Sabe que Pete tiene una relación complicada con su legado familiar. No importa que Viper le dijera que su padre no fue un traidor, porque nadie más lo sabe, ni lo sabrá jamás.
Pete mira intrigado el sobre, a su esposa y al sobre de nuevo.
-Vamos -le urge ella, sonriente-, ábrelo, Mitchell.
Él alza una ceja, extrañado por la insistencia en usar el apellido, pero obedece. Ice se mueve para apoyar la espalda contra el cabecero de la cama y poder mirar por encima de su hombro. Pete abre el sobre y extrae una hoja de papel duro, el tipo de sucedáneo moderno del pergamino que se usa para imprimir documentos oficiales. “Concesión Ejecutiva de Clemencia” dice en la primera línea, y en la parte inferior izquierda brilla el sello del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. No puede ser… ¿o si?
-¡Oh, Sarah! -la voz de Ice es baja y reverente, como quien es testigo de un milagro.
Entonces es cierto.
Pete traga en seco y se obliga a leer el documento completo.
Concesión Ejecutiva de Clemencia
Elizabeth A. McCord
Presidenta de los Estados Unidos de América
A TODOS A QUIENES LLEGUE LA PRESENTE, SALUDO:
Sea conocido que este día, yo, Elizabeth A. McCord, Presidenta de los Estados Unidos de América, de conformidad con mis poderes bajo el artículo II, sección 2, cláusula 1, de la Constitución, he concedido a
Duke Mitchell
UN INDULTO TOTAL E INCONDICIONAL
CONSIDERANDO QUE el Tribunal de Militar de los Estados Unidos para el Distrito Norte de Vietnam encontró al teniente Mitchell culpable de Deserción de acuerdo con el artículo 85, Sección 885, Título 10, del Código General Militar de los Estados Unidos, por lo que fue sentenciado a muerte el 14 de diciembre de 1965.
CONSIDERANDO QUE el Departamento de Defensa y el Departamento de Justicia han recomendado clemencia ejecutiva para el teniente Mitchell.
POR LA PRESENTE, DESIGNO, ordeno y faculto a la Oficina de Perdones Presidenciales, como mi representante, para que firme una concesión de clemencia a la persona nombrada en el presente documento.
EN TESTIMONIO DE LO CUAL, firmo el presente documento con mi nombre y hago que se coloque el sello del Departamento de Justicia.
Hecho en la Ciudad de Washington,
Distrito de Columbia,
29 de junio de 2020.
Tiene suficiente mesura como para apartarlo. No quiere que se moje con sus lágrimas y no hay modo de que…
Sarah toma el documento de entre sus dedos temblorosos, lo pone en la mesa de noche, sube a la cama.
-Mi papá -gime, incrédulo-. ¿Conseguiste un perdón para mi papá?
-Los documentos de la operación de la CIA se desclasificaron en 2018 -explica ella-. Hice la solicitud lo más rápido que pude. No te dije nada porque no quería darte falsas esperanzas.
Pete se dobla sobre sí mismo y emite unos sollozos ahogados, adoloridos, que le sacuden el pecho y hacen temblar las venas del cuello.
-Está bien, amor, está bien -lo arrulla Tom al tiempo que le pasa los brazos por el torso para pegarlo a su pecho ancho-, déjalo salir.
-Mi papá no me abandonó -barbota de repente con voz aguda, casi infantil.
Sarah le pone las manos en los hombros.
-Claro que no -y la voz no le tiembla, aunque tiene los ojos húmedos-. Tu papá era un buen hombre, Pete. Un héroe. Y ahora todo el mundo lo sabe.
-Gra… Gracias, amor.
-No -niega ella suavemente-. Gracias a ti, Pete. Por tu amor. Por el amor de Tom. Por los hijos que me diste -le da un beso suave en los labios.
Ice le besa la nuca.
-Tu lo mereces, Pete.
El moreno vuelve a sacudirse por un gañido ronco, agónico. Levanta una mano hacia la mejilla de su esposa, le acaricia los labios con el pulgar. Su otra mano busca la mano de Ice sobre su pecho y entrelazan los dedos.
-Ustedes son mi cumpleaños perfecto.
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NOTAS DOCUMENTALES:
How to Get a Presidential Pardon,
https://www.wikihow.life/Get-a-Presidential-Pardon
https://www.justice.gov/media/953646/dl?inline
List of US aircraft losses to missiles during the Vietnam War,
https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_US_aircraft_losses_to_missiles_during_the_Vietnam_War
McDonnell Douglas F-4 Phantom II,
https://en.wikipedia.org/wiki/McDonnell_Douglas_F-4_Phantom_II
Operation Barrel Roll,
https://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Barrel_Roll
Presidential Pardon After Completion of Sentence, Policies, Military pardons,
https://www.justice.gov/pardon/apply-pardon
Roblin, Sebastien. “Revealed: 50 Years Ago, a Top-Secret U.S. Base Was Overrun By Elite Vietnamese Commandos”,
https://nationalinterest.org/blog/the-buzz/revealed-40-years-ago-top-secret-us-base-was-overrun-by-24993
Tillman, Barrett. “Vietnam: The Yankee Station View”,
https://www.usni.org/magazines/proceedings/2021/september/vietnam-yankee-station-view
USS Oriskany,
https://en.wikipedia.org/wiki/USS_Oriskany
VMFA-212,
https://en.wikipedia.org/wiki/VMFA-212
Yankee Station,
https://en.wikipedia.org/wiki/Yankee_Station
ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-3-cinco.html

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