18 de mayo de 2025

Tengo derecho a esto 8

Capítulo 8: Reacciones 1 

Sumario:

Te criamos con honestidad, Brig. Éramos quienes éramos. En cambio esos niños… crecer entre tantas mentiras. ¡No quiero eso para Pete! Ya viste lo frágil que es.
-Iceman está en Hawaii la mayor parte del tiempo -argumenta Brig, y se salta el detalle de que les acompaña en la cena casi todas las noches, por videoconferencia- Además, no creo que Mav le permita…
-¿Mitchell? ¿Esperas que ese te defienda de Iceman? Es su títere, siempre lo ha sido. Lo mira y el resto del mundo desaparece. Puedo imaginarlo: dirá que Pete es muy pequeño y no sabe lo que quiere, que esas cosas son pasajeras y no se deben alentar. Mil mierdas dirá antes de aceptar un niño trans en su casa tradicional, en su familia -casi escupe la palabra- respetable.

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Parte 6 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Suits (US TV 2011)

Relaciones: Brigham "Harvard" Lennox/Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Rick "Hollywood" Neven/Leonard "Wolfman" Wolfe

Personajes: Brigham "Harvard" Lennox, Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky, Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Leonard "Wolfman" Wolfe, Rick "Hollywood" Neven, Ray Levoi, Harvey Specter, Mike Ross, Personajes Infantiles Originales, Personajes Originales

Etiquetas adicionales: poliamor, transfobia, incesto, relación secreta, Personaje trans masculino, Abuso infantil implícito/referenciado, Personaje asexual, Sarah Kazansky es la hermana de Tom "Iceman" Kazansky, Jake "Hangman" Seresin es el hijo biológico de Iceman, Jake "Hangman" Seresin Needs a Hug, Drama familiar, Tom "Iceman" Kazansky vive, sexo telefónico, Homofobia Implícita/Referenciada, Adopción

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/tengo-derecho-esto-las-mentiras-que-nos.html

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Viernes 3 de abril de 2020

 

Moapa Valley 


Aprieta con la mano izquierda el pendiente del escarabajo azul. Tiene los muslos pegados al pecho y el brazo derecho alrededor de las piernas. No les mira mientras habla, tiene los ojos clavados en el suelo delante del butacón. 

-Mi nombre es Pete. Mi familia que ya no me quiere me llama Dunia, y lo odio. La maestra también me llama Dunia en la escuela, y lo odio. No le podía decir mi nombre verdadero a Zack, pero le dije que me llamara Dun Dun y dijo que era cool. Nadie más quería jugar conmigo en la escuela. Decían que yo estaba loco por pedir que me dijeran Dun Dun en lugar de Dunia, que es un nombre muy bonito. 

“Dunia es el nombre de alguien que no existe. Tal vez… -suspira- ¿Tal vez yo tuve una gemela que iba a llamar Dunia y se murió? No sé. Pero yo no soy Dunia. Yo lo sé. Yo sé que mi papá que ya no me quiere y mi mamá que ya no me quiere saben que yo no soy Dunia. Lo sabían y de todos modos me siguieron llamando Dunia, y estaban molestos porque yo no podía ser Dunia. Yo no sabía que me iban a dejar de querer porque no era Dunia. No tenía idea… 

Suelta un sollozo y pestañea varias veces, para contener las lágrimas. 

-Supe que mi nombre era Pete por mi papá que ya no me quiere. Oramos antes de las comidas, siempre. Mencionamos a las personas de la familia que están y las que no están, también a quienes son importantes. Una de esas personas es alguien llamado Pete. Siempre ha sido así. Mi hermano Abraham dijo que siempre ha sido así. 

Levanta brevemente los ojos del suelo y mira interrogante a Brig. 

-Si, claro. Mi mamá, tu abuela Mary, nos instruyó en orar siempre por el bienestar de Pete Mitchell, porque hace tiempo salvó la vida de tu abuelo Leonard. 

Ahora el niño mira a Wolf, asombrado. 

-Así fue -confirma.

-¡Oh! En mi casa -se detiene, se muerde los labios, rectifica- En la casa donde ya no me quieren, mis hermanos y yo no sabíamos eso. Solo que había que orar por Pete, para que el señor lo proteja. Pero a papá no le gusta hacerlo. Cada vez que llega esa parte de la oración pone mala cara, como si hubiera mordido un pedazo de cáscara de limón por error. Ponía mala cara y me miraba. Un día le pregunté a Abraham por qué y me dijo que no sabía, que antes era… no sé… ¿normal? La cara seria que debes tener al orar. Pero cuando yo tenía como tres años y medio de repente papá empezó a poner mala cara en ese momento de la oración. 

Brig y su padre intercambian miradas de mutua comprensión: “Top Gun” se estrenó en la primavera de 2016, cuando el niño tenía poco más de tres años. Es posible que muchas personas de la comunidad mormona no conectaran a Leonard con el personaje Louis "Coyote" White. Que otras sí se dieran cuenta -la prensa mencionó hasta el cansancio que la película estaba basada en su novela-, pero tuvieran la delicadeza de callarse. En cambio, para Christian era imposible ignorar el hecho. Peor aún, debe haberse dado cuenta de que llevaba toda su vida -desde 1987-, rezando porque el Señor protegiera al homosexual que -al menos de acuerdo al filme- había convencido a su tío de aceptar sus sentimientos por su piloto y llevar una vida de pecado. 

-Eso no tenía nada que ver contigo, corazón -trata de explicarle Leonard.

-Si, si tiene que ver conmigo -repone fervoroso Pete-. Mi papá que ya no me quiere y mi mamá que ya no me quiere me iban a poner Pete, pero en el hospital les dijeron que yo era una niña y me pusieron Dunia. Pero cuando yo era chiquito, muy chiquito, antes de ir a la escuela me di cuenta de que no era Dunia y aunque no le dije a nadie estoy seguro de que mi papá que ya no me quiere… 

-¡No lo llames más así! -le interrumpe Brig. 

No soporta oír a su niño repitiendo una y otra vez que las dos personas en el mundo que debían haberlo apoyado en todo no lo quieren. 

Pete lo mira, temeroso y confundido. 

-¿Cómo debo llamarlos? 

Debería llamarles “mis padres de mierda”, porque eso es lo que son, pero Brig se muerde la lengua y respira hondo antes de responder. 

-Señor y señora Lennox, ¿vale? Ya no son tus padres, sino el señor y la señora Lennox. 

El niño asiente y retoma su historia.  

-Estoy seguro de que el señor Lennox se dio cuenta de que yo no era Dunia antes de que yo me diera cuenta. Y se molestó, porque si yo no era Dunia, entonces era Pete, pero estaba deforme y se sabe que el Señor manda hijos deformes como castigo. -de nuevo, Brig se muerde la lengua ante el cruel ableismo, el niño no sabe, solo repite- Por eso empezó a estar molesto en esa parte de la oración. Yo lo sé. Yo traté de ser Dunia, de verdad, pero soy Pete. ¿Por qué no me quiere si soy su hijo?

Brig se acerca, le pone una mano en el hombro muy suavemente. Se felicita cuando Pete no se encoge ni contrae el rostro. En cambio lo mira con ansiedad, como si Brig pudiera arreglarlo todo. Pobrecito. 

-No lo sé, cariño. No sé por qué el señor y la señora Lennox no te quieren. Pero te diré esto: yo si te quiero. Tu abuelo Leonard te quiere. La familia que te espera en San Diego te quiere. 

-Pero… -Pete se muerde los labios, dubitativo- ¿Me quieren aunque yo soy… tu sabes… anormal? 

-¿Anormal? 

-Si, me faltan partes. Yo vi que Zack tenía una cosa rara para hacer pipi, como una manguerita. Y después me fijé, los otros niños del aula tienen eso. Yo soy el que no tiene manguerita. Por eso los médicos pensaron que era una niña. ¿No? ¿Mi manguerita va a crecer después? 

Sus ojos van de Leonard a Brig, brillantes y temerosos. 

Por suerte, esta pregunta el joven padre sí sabe cómo responderla: su suegro es la respuesta. 

-Ser niño o niña no se define por la forma en que haces pipi, Pete. Tu lo sabes aquí -le toca la sien-, y eso es suficiente. 

Debe decirlo con suficiente aplomo, porque Pete lo piensa por unos segundos, y finalmente asiente, claramente aliviado. 

-Si, mmm… ¿papá? 

En medio de la satisfacción que da oír el término, a Brig se le ocurre que tendrán que arreglar alguna convención para diferenciar entre Jake y él. 

-Bueno, ya está bien de hablar de cosas feas. -interrumpe Leonard y le da una sonrisa jovial a su nieto- Sube a tu cuarto, ¿si? Tienes que empacar tu ropa nueva, que mañana vas a montar en avión y después -levanta los brazos en exagerado gesto de asombro-, verás el mar. 

La mención del mar genera tal excitación en Pete que, efectivamente, la cara se le ilumina y parece olvidar toda su angustia existencial anterior. Se baja del butacón y corre escaleras arriba. 

-Bueno -comenta el abuelo cuando ya está seguro de que el niño no puede escucharles-, si a Ice no le da un infarto con esto, vivirá hasta los ciento cincuenta. Un niño trans. ¡Si que la hicimos buena! 

Brig mira a su padre, luego a las escaleras por donde se perdió su flamante hijo. 

-No sé por qué estás tan preocupado por su reacción. Ice es bisexual, su hija también, seguro que supo que Bradley y Jake eran gays antes que ellos mismos, y nunca dijo ni pío. 

Leonard le da una mirada conmiserativa. 

-Si, todo un progresista -responde sarcástico-, que no planea salir del armario hasta después de ser Secretario de la Marina.

Se va hacia la cocina con pasos largos, Brig lo sigue. 

-¿Por qué dices eso? Que Kazansky… 

Pero Leonard lo interrumpe. 

-La DADT se derogó hace más de ocho años, ¡ocho años! Pero él mantuvo su comedia de familia tradicional aún después de que sus hijos se fueran a la universidad y ese matrimonio de pacotilla dejara de tener sentido. ¿Sabes por qué? Pura ambición política. Ice siempre quiso ascender y sabía que si no tenía la imagen de macho perfecto no lo lograría. Pete lleva toda la vida siendo su sucio secreto para que pudiera satisfacer sus ambiciones. Ahora lo sacará a la luz y también será para ayudar a sus ambiciones. El Secretario de la Marina de la presidenta McCord es gay, ¡cuánta diversidad! 

-Creí que Kazansky era tu amigo. 

-Es mi amigo, y es un hipócrita de marca mayor. No me importaba hasta ahora, porque no puso a nadie de mi familia en peligro. 

No es así, quiere decirle Brig, no lo sabes todo. Pero solamente se le queda mirando, dolido.

-Ah -Leonard suelta una risa amarga-, ¿con que a ti también te hechizó con sus palabras sobre el honor de servir a la nación, la cautela y el realismo político? ¿Cambiar a la Marina y el sistema desde dentro? ¡Una mierda! -saca de uno de los estantes superiores una botella de whisky, de otro dos vasos- Debí ponerlo todo en la novela, cómo se comían con los ojos en los pasillos, cómo Ice jugaba con la pluma y Maverick se relamía los labios, cómo cada discusión era una insinuación. -sirve dosis generosas en cada vaso, Brig nota que la mano le tiembla de la rabia- Había que ser ciego para no verlo. ¿Crees que el Layton es el secreto peor guardado del Pentágono? ¡Ja! Medio Departamento de Defensa sabe de ellos y trabaja dobles turnos para encubrirlos. -se toma su whisky- Rick me convenció de que no valía la pena, que íbamos a destruir otras vidas por gusto. Y era verdad. -mira interrogante a su hijo, cuando este niega con la cabeza, se encoge de hombros y se empina el segundo vaso también- Te criamos con honestidad, Brig. Éramos quienes éramos. En cambio esos niños… crecer entre tantas mentiras. ¡No quiero eso para Pete! Ya viste lo frágil que es. 

-Iceman está en Hawaii la mayor parte del tiempo -argumenta Brig, y se salta el detalle de que les acompaña en la cena casi todas las noches, por videoconferencia- Además, no creo que Mav le permita… 

-¿Mitchell? ¿Esperas que ese te defienda de Iceman? Es su títere, siempre lo ha sido. Lo mira y el resto del mundo desaparece. Puedo imaginarlo: dirá que Pete es muy pequeño y no sabe lo que quiere, que esas cosas son pasajeras y no se deben alentar. Mil mierdas dirá antes de aceptar un niño trans en su casa tradicional, en su familia -casi escupe la palabra- respetable. 

Va a servirse de nuevo, pero Brig le arrebata la botella. 

-Papá, ¡para! Sé que estás asustado ¿si? Pero confía en mí y en Jake. Nadie va a negar la identidad de Pete. ¿Te olvidas de que mi novio le plantó cara a Iceman cuando tenía apenas dieciocho? Parece suavecito, pero es una fiera cuando hace falta. 

Leonard mueve la cabeza, sopesando el argumento. 

-Verdad que ese chico es duro. Tan duro como Kazansky. -resopla, se mira las manos, así que no ve la expresión culpable de su hijo- Vale. Te llevas a Pete a San Diego, pero si tengo la más mínima sospecha de que Iceman quiere forzarlo a ser algo que no quiere… 

-¿Por qué no vienen para el cuatro de julio?

-¿Uh? 

-Digo que Rick y tú planifiquen una visita a San Diego por el día de la independencia, y podrán comprobar el bienestar del niño. 

Leonard lo piensa un poco. 

-De acuerdo. ¡Pero no te creas que te libraste de mi! ¡Voy a estar llamando a mi nieto! 

-No esperaba menos de ti. 

 

Sábado 4 de abril de 2020 

 

Aeropuerto Internacional de San Diego

 

Jake no se esfuerza por disimular el nerviosismo. A su alrededor, la gente pasa de un lado a otro sin prestarle atención. No hay nada más común que una persona impaciente en un aeropuerto. Hace casi veinte minutos que aterrizó el vuelo desde Las Vegas, así que no se explica por qué Brig y Dunia aún no salen. 

Su teléfono vibra. Es un mensaje de iná en el chat de la familia anunciando que ya despega. Acordaron que era mejor vaciar un poco la casa, para que Dunia se aclimate tranquila. Así que iná se fue a Hawaii con Icepá, regresará el martes -sus estudiantes están súper felices por las clases asincrónicas. Sam tiene prohibido aparecer en la casa de la familia por lo menos por dos semanas, eso es mitad por la estrategia de introducir a la familia despacio y mitad castigo por el desastre de ayer en la tarde. Bradley y Sean, aunque arden en deseos de conocer a su nueva sobrina, no podrán regresar a San Diego hasta el verano. Así que este fin solo estarán Jake, Brig y Mavpá para introducir a Dunia a su nuevo entorno. Su padre está en la casa ahora, preparando el almuerzo. 

Ah, ¡ahí vienen! El uniforme de su novio destaca entre la multitud. Lleva una mochila a la espalda, tira de una maleta con la mano izquierda y con la derecha guía a… Pestañea un par de veces. No esperaba un vestido a media pierna y mangas largas, pero ciertamente esa camiseta azul con un sol en el centro y pantalones cortos, adornados con bolsillos externos, son una elección de vestuario inesperado para una niña que hasta hace tres días vivía con una familia mormona conservadora. Además, ese corte de pelo… Brig le dijo que se había cortado las trenzas con las tijeras de carne y tuvo que llevarla a Cuting Edge para que Sarah le diera forma al desastre. La solución es bonita, si, pero decididamente poco femenina. ¿Por qué Brig no le avisó? Iná ha gastado no sabe ni cuánto en productos para el cabello.  

No tiene tiempo para más, Brig lo ve y acelera el paso. La sonrisa fácil que le dedicara a Dunia es sustituida por otra más formal. No entiende por qué, pero le duele. Igual trata de ignorarlo y le abre los brazos.

-Al fin -le da un beso leve en la mejilla antes de apartarse. 

-Si, hubo un problema técnico durante el desembarco. Nada grave. 

Jake lo mira extrañado, en los ojos de Brig hay algo, como avergonzado, como si estuviera a punto de hacer algo que no le gusta. Dunia lo mira con miedo mal disimulado. ¿Ella no sabe quién es Jake? ¿Es eso?

-¿Me vas a presentar? 

-Si, si, claro. -le pone la mano en el hombro y mira hacia abajo- Este es Jake Mitchell-Seresein, mi pareja. 

Dunia enarca las cejas. 

-¿Ustedes son como el abuelo Leonard y el abuelo Rick?

-Si. 

Dunia lo mira de arriba a abajo, algo de su aprehensión desaparece. 

-Mucho gusto.

Jake se agacha para quedar a su altura. 

-Mucho gusto en conocerte, estoy encantado con la perspectiva de que seas mi…

-Jake -lo corta Brig-, te presento a nuestro hijo: Pete Mitchell-Lennox. 

¡Oh! Jake trata de encajar esta información en lo que ha visto hasta ahora: vestuario, cabello y, sobre todo, postura. Notó algo definitivamente inusual en su andar, un cuidado en los pasos que atribuyó a la recién adquirida libertad de cambiar faldas por shorts. Era eso, si, pero también algo más profundo.

No en balde el niño tenía esa ansiedad al conocerlo. No debe estar acostumbrado a que lo presenten con su identidad verdadera. 

No le cuesta sonreír. 

-Buenos días, Pete. ¿Tuviste buen viaje?

El niño le clava sus ojos grises, tratando de determinar si Jake es sincero. Al cabo exhala lentamente. 

-Si, gracias. ¿Tu…? -se pasa la lengua por el labio superior- ¿Tu también vas a ser mi papá?  

Jake asiente, no de la manera breve y leve que suele, sino de modo marcado, deliberadamente amplio en beneficio de pequeño.

-Si, aunque tendremos que acordar cómo nos vas a llamar a cada uno, o será algo confuso. 

Pete frunce la frente ante la idea, sorprendido. ¡Es adorable!

-Pero no hay que preocuparse de eso ahora, ¿si? Vamos a buscar el auto. 

Mientras Brig ajusta las correas del asiento especial de Pete, Jake manda un mensaje de texto y reza porque su padre tenga cerca el móvil. 

Yo: ¡ASAP! Saca todas las cosas DE NIÑA del cuarto nuevo. 

Por suerte la respuesta llega menos de un minuto después.

Mavpá: :O Seguro. ¿Qué ETA tengo? 

Jake mira hacia el asiento de atrás, donde Brig responde divertido a la emocionada cháchara de Pete sobre su visión del Océano Pacífico desde el aire. Habitualmente, el viaje del aeropuerto a University City tarda unos veinticinco minutos, pero ya sabe del desvío perfecto para darle más tiempo a los ajustes en la casa.  

Yo: 1 hora. 

Sus dedos se mueven inseguros sobre el teclado. Duda sobre si poner sobreaviso a su padre respecto a la identidad verdadera de Pete. ¿Por qué Brig no les dijo nada anoche, cuando ajustaban los últimos detalles? Al final, decide confiar en él. Que sea una sorpresa para Mavpá, como fue para Jake. Así que pone su teléfono en el espacio entre los dos asientos, y enciende el motor. 

Al salir del aeropuerto, no toma los carriles centrales de la I-5 N, sino que se mantiene en la derecha. Cuando se incorpora a la I-8 W y sigue la curva hacia la izquierda, hacia el mar, su novio alza una ceja, interrogante. Jake lo ignora y mira a su hijo a través del retrovisor. 

-Brig me dijo que nunca habías visto el mar, Pete -dice en voz alta.

-Bueno, lo vi hace un ratico, desde el avión. 

Le da una sonrisa cómplice.  

-¡Ah! Pero eso no se vale. Así que vamos a ver el mar antes de llegar a la casa, ¿qué te parece? 

-¿De verdad? -hay en su voz una incredulidad que le rompe el alma. 

Jake dobla a la derecha de nuevo, se incorpora a Mission Bay Drive. 

-De verdad, mira -y señala hacia la izquierda.

La grandeza del pacífico se abre, como un guiño azul desde Dog Beach. 

-Wooooow. 

Pete se estira todo lo que puede hacia la ventana, y palmotea, emocionado. 

Jake siente la mano cálida de Brig en su muslo. Aunque el fastidio por la emboscada del aeropuerto permanece, decide que no debe ser rencoroso. Alguna buena razón tuvo su pareja, solo debe esperar a que estén solos. Así que le sonríe, orondo. 

Alcanzan Mission Beach y siguen a lo largo de Mission Boulevard hacia el norte, sin perder de vista el mar por casi treinta minutos. Cuando doblan a la derecha en la esquina de La Jolla Boulevard y Pearl, para dirigirse al interior, Pete trata de darse vuelta en su asiento, para ver el mar a través del cristal trasero. Suelta un chillido sorprendido cuando el azul reaparece en La Jolla Bay. Suspira, agotado, cuando, a la altura de Mount Soledad Memorial Park, se da cuenta de que definitivamente no habrá más visiones de agua infinita. 

Jake comparte una sonrisa cómplice con su novio. 

-No te preocupes, volveremos -le promete Brig. 

-Tendremos que inscribirte en clases de natación -reflexiona Jake en voz alta-. Aunque eso será después que te acostumbres a la escuela, claro. 

Pero la sugerencia no parece alegrar al niño. Frunce el ceño, la cautela del aeropuerto regresa. 

-¿No cuesta mucho dinero? 

¿Dinero? ¿Por qué debería un niño de siete años de una familia de clase alta preguntar semejante cosa? A él mismo, con todos sus traumas de infancia, nunca se le ocurrió que no hubiera suficiente dinero para algo. Lo que temía era que el matrimonio Kazansky no quisiera gastar su dinero en él, que era diferente -y totalmente falso, por supuesto. Jake mira de reojo a Brig, para saber qué estrategia seguir, pero su pareja tiene labios apretados y ojos nublados. Un recuerdo emerge: “Seis bocas que alimentar se dice fácil, pero…”, “Tu no sabes lo que es competir por la atención en una familia así”. Durante su infancia, la casa estaba siempre llena con el ruido de cuatro infantes… y un mínimo de tres personas adultas siempre a cargo, más las ayudas de Viper y su esposa, las amigas de iná y mamá, el escuadrón del 86… Infancias muy diferentes, sin duda. 

Decide tomar el control, porque está claro que su novio se ha perdido en algún recuerdo amargo. 

-Escucha Pete, ahora Brig y yo somos tus papás. Si te ofrecemos algo, es que ya calculamos cuánto dinero cuesta y podemos pagarlo. ¿Entiendes? 

Él asiente, muy serio. 

-Si señor. 

Entonces recuerda de cómo no pedía cosas para no ser una carga, porque creía que si era discreto y útil lo querrían más. 

-Otra regla: si quieres algo, se lo dices a Brig, o a mi, o a otra persona mayor de la familia. Si puede ser, te lo daremos, sino, trataremos de explicarte por qué no. Es a las personas mayores a las que nos toca preocuparnos por el dinero, no a ti. 

Se detienen con la luz roja en el semáforo de Governor y Radcliffe. Jake enciende el indicador y vuelve a mirar a los ojos grises a través del retrovisor. 

-¿Entendiste? -insiste. 

Pete se muerde el labio inferior, claramente dividido entre su educación previa y este nuevo orden de cosas. Por suerte Brig reacciona. Se gira en el asiento para mirar de frente a su hijo, le pone una mano en la rodilla. 

-Es necesario que nos digas lo que quieres siempre, Pete -confirma. 

Aunque la angustia no abandona sus rasgos, el niño asiente justo cuando la luz cambia y vuelven a moverse.

-Si señor. 

Los dos hombres intercambian miradas ligeramente incómodas, pero Brig se las arregla para hacer un comentario optimista. 

-Pequeñas victorias, cariño. 

 

University City

 

Pete siente el móvil vibrar en su bolsillo trasero justo cuando termina de esconder el último paquete de servilletas perfumadas con la imagen de la Mujer Maravilla en su cuarto. 

BB3: Estamos aquí. 

Yo: emoji de pulgar hacia arriba. 

Regresa al cuarto de su nieta para asegurarse de que no hay evidencias de la purga acelerada. La habitación se ve un poco vacía sin todos los accesorios y juguetes de color rosa, lila, con temas de flores o corazoncitos, o imágenes de personajes femeninos de DC.  Pero Dunia no lo va a notar, porque no vio la versión anterior. Además, las dos casas de muñecas, una la mansión Wayne, la otra el Palacio de la Justicia, ocupan mucho espacio -esas las dejó porque no cree que la guarida de Batman y el lugar de trabajo de la Liga de la Justicia sean inherentemente femeninos. Menos mal que pueden devolverlo todo, o casi todo. Lo que no, podrán regalarlo. Dunia tendrá cumpleaños y pijamadas y esas cosas. 

Una de las almohadas lo hace dudar. Los unicornios son unisex, ¿verdad? Si, hay una vieja película en que el muchacho puede tocar a los unicornios y la cosa se jode cuando la chica los toca. Es un sólido argumento a favor de que los unicornios también son cosa de niños. [nota]

No hay nada más que hacer. Así que baja las escaleras sonriente, aunque un poco nervioso.

Siente las voces de Jake y Brig en el fondo de la planta baja, en contrapunteo con aguda, seguro están preparando una merienda a la nena. Menos mal que había platos temáticos de Escarabajo Azul, o Sarah habría comprado los de Mujer Maravilla, que es en realidad el único personaje femenino de DC que conocían hasta hace cuatro días. 

-Buenas por acá -dice al doblar la esquina y entrar en el área de la cocina. 

Jake saca la cabeza de detrás de la puerta del refrigerador. Brig, está sentado en la meseta. Pete los ignora totalmente: todo su foco en su nieta, que luce adorable con ese corte de pelo a la greña, camiseta azul con un sol al que unas gotas de jalea de fresa le han pintado unos ojos temporales. ¡Qué ojazos grises! Se parece cantidad a Tom. 

Pero Dunia deja caer la cucharita con que devoraba algo que parece jalea con yogurt (que le sirvieron en una de las tazas infantiles del Escarabajo Azul) y le mira con una expresión rara, mezcla de sorpresa y aprehensión. 

-¡Mavpá! 

Su hijo se apresura a cruzar la cocina para llegar a su lado. 

-¿Terminaste de arreglar el salidero en el baño? 

Por un momento, cuando está de espaldas a la niña, su rostro adquiere una actitud suplicante, pero cuando se gira su rostro tiene de nuevo una expresión amable, relajada. 

-Si, claro hijo. -confirma, satisfecho de su eficiencia- El salidero fue completamente reparado. Ningún, esteeee, resto de contenido indeseado. Tu cuarto está listo que... 

Pero Jake le pasa el brazo por encima de los hombros, y empieza a hablar por encima, cortándolo. 

-Este es mi padre, Pete Mitchell, tú puedes llamarlo abuelo, o Mavpá. 

Dunia abre mucho la boca y los ojos, de la aprehensión desaparece, está muy, pero muy asombrada. ¿Por qué?  

-Mavpá, te presento a nuestro hijo -Pete gira a mirarlo, confundido, Jake sigue adelante-, Pete Mitchell-Lennox. 

Maverick mira fijamente a Jake, perplejo. Los ojos verdes de su hijo son calmos, pero puede notar la aprehensión en el fondo, latente. Comprende que esto es una prueba, y le duele. ¿Qué les hizo pensar a Jake y Brig que no querría a un nieto trans? Se da cuenta de que ha permanecido quieto y callado demasiado tiempo, así que se sienta en una de las banquetas, justo frente al niño. 

-¿Esto es una broma? 

Lo ve encogerse, pobrecito. Al mismo tiempo, Brig se levanta, manos apretadas y rostro turbulento. 

-Oye Mitchell… -oh, bien, ya tiene el circuito de papá activado. Pero no lo deja terminar. 

-Le pregunté a él, Brig -señala con el índice al niño-. Tu hijo tiene siete, ¿no? Puede hablar solito. 

Enseguida su nieto se endereza en el asiento y saca el pecho. Como sabía que haría. Maverick cruza los brazos sobre el pecho y repite la pregunta mirándolo a la cara. 

-¿Esto es una broma? 

Los ojos grises le dejan ver el miedo que siente, pero (y eso es lo importante) se las arregla para responder sin que le tiemble la voz. 

-No señor. Soy un niño y me llamo Pete. 

Alza una ceja de modo exagerado. 

-¿Como yo? 

-Si señor. 

Aunque el “señor” le hace querer rechinar los dientes, mantiene la cara amable, un poco incrédula. Hace un show de mirar al niño fijamente por unos segundos más. Para su sorpresa, su nieto no aparta los ojos. Definitivamente esa es la sangre de Leonard y Brig: jodidos perros guardianes que ni giran la cabeza cuando pasas por la acera, pero no ceden una pulgada en su terreno. Más los ojos de Thomas Kazansky. ¡Ah! Ya puede imaginar las teorías de la conspiración. 

Extiende la mano por encima de la mesa. 

-Entonces era tu destino venir a ser parte de esta familia. 

Pete le estrecha la mano, bueno, más bien deja que Maverick envuelva su manito entre sus dedos grandes y callosos. Sonríe, conmovido. 

-Eso sí -le advierte-, nada de señor, soy el abuelo Pete o Mavpá. ¿De acuerdo? 

Esa noche Pete se duerme entre sus sábanas del Escarabajo Azul, vestido con un pijama del Escarabajo Azul, abrazado a un peluche en forma de escarabajo de color azul -no es de DC, sino de una tienda que vende peluches en forma de animales de todo tipo-. Antes, habló largo y tendido con Zack por videoconferencia sobre su “absolutamente cool” Palacio de la Justicia con figuras de acción de DC y su “absolutamente cool” bañadera con muñecos de Aquaman, Aquaduck, Mera y Escarabajo Azul para jugar y su “absolutamente cool” juego de platos, vasos y cubiertos con personajes de DC. San Diego, su nueva casa y su nueva familia son “lo mejor de lo mejor” y Zack tiene que venir para que puedan jugar juntos a la Liga de la Justicia vs Malvados Contaminadores del Desierto, ocasión en que las acciones son dirigidas por Jaime Reyes, que es de Texas. 

Su entusiasmo relajó muchísimo a Malik y Kate McKinnon. Incluso cedieron a las súplicas de su hijo y dijeron que tratarán de ir a San Diego por unos días en el verano. 

Brig lo ve sonreír en sueños desde el dintel de la puerta y sonríe a su vez. 

No se mueve al sentir los pasos a su espalda. Cuando el brazo le rodea la cintura, se echa un poco hacia atrás y apoya la cabeza en el hombro de su novio. 

-Tenemos que hablar -dice al fin Jake, bajito. 

Brig asiente, pero no dice nada. Solo se gira dentro del abrazo y bajan las escaleras así, pegados. 

Su suegro los espera en el despacho, con tres vasos y una botella de tequila en el centro de la mesa. Aún cuando los tres están sentados con sus bebidas, Pete en una butaca, la pareja en el sofá, Brig no dice nada. Prefiere esperar a que le pregunten para tener una idea de cómo está el ambiente. 

Después de mirarlo largo y tendido, Mitchell deja su vaso en la mesa, se masajea la base de la nariz y habla. 

-¿Vas a explicar la emboscada, Harvard? Porque todas las razones que se me ocurren son bastante ofensivas, considerando la confianza que te hemos demostrado.

Quiere decir la confianza que Iceman y Jake tuvieron en él. Por primera vez se pregunta qué opinó Maverick sobre dejarle saber el secreto de Kazansky.  

-No se trataba de ustedes, sino de Pete. Lo hice por él. 

Su novio se aparta y lo mira incrédulo. 

-Ayer por la tarde al fin nos dijo que es un niño. Creí que todo estaba bien, y planeaba hablar ustedes en la llamada de la noche, pero… -no puede evitar que la irritación que estuvo controlando todo el día se le salga ahora- Antes de dormir me preguntó si no sería mejor que se quedara en Moapa con mi padre, donde no molestaría. Le dije que no, por supuesto, que yo vivía en San Diego y que ustedes lo estaban esperando. “Pero esperan a Dunia,” me dijo. “No me van a querer a mi.” Cuando le dije que lo querrían igual no me creyó, “Van a decir que me quieren, pero no me van a querer de verdad. El abuelo Leonard me quiere así, mejor me quedo con él.” Su tono resignado me partía el alma, se los juro. Está tan acostumbrado al rechazo que prefería quedarse con la primera persona que le mostraba respeto. Me di cuenta de que nada lo iba a convencer excepto ver sus reacciones en tiempo real. Le dije que no les avisaría. “Les diremos cuando te vean por primera vez,” le propuse, “y así verás que no tienen ningún problema con que seas un niño.” Nunca dudé de ustedes, pero no vi otra manera de hacer que confiara en ustedes y, por extensión, en el resto de la familia. -busca la mano de Jake en el sofá y respira un poco mejor cuando su novio le permite entrelazar sus dedos, mira a Maverick con expresión contrita- Por favor, tienen que creerme. 

Su suegro no lo está mirando. Tiene los ojos clavados en la pared detrás del sofá. 

-¿Y qué le pareció la idea a Wolf? -pregunta entre dientes.

¡Ah! Siente que el peso regresa a sus hombros. 

-Él está… preocupado -admite- Específicamente teme que Iceman… 

La mirada de horror de Jake le duele en el alma, pero la cara deformada por la rabia mal contenida de Mitchell le da verdadero miedo.

-Por favor, comprendan, él no sabe, ¿si? Mucha gente gay no es solidaria con las personas trans. Es su nieto, aún si yo no lo hubiera adoptado, es uno de los nietos de su hermana. Sabe lo que Pete está pasando y quiere protegerlo. Pero Leonard Wolfe no es hombre de esconderse y no entiende lo que ustedes han vivido. Sabe que Iceman es el centro de esta familia, no la razón. Lo ve desde afuera. Ve una relación oculta por treinta años, ve un matrimonio lavanda, ve ambiciones políticas. No tiene razones para confiar en que el calculador almirante Kazansky aceptará semejante bomba de relaciones públicas. 

Maverick se levanta de un tirón y va hasta una de las ventanas. Apoya las manos en el marco y baja la cabeza, hasta pegar la barbilla al esternón. Su respiración trabajosa llena el despacho. Jake va a su lado, le pone una mano en el hombro, tentativo. Cuando su padre no lo rechaza, se inclina para pasarle el brazo por encima de los hombros y apoyar la cabeza en el hueco de su cuello. 

-Mavpá -dice muy suave, casi suplicante. 

-Nosotros nunca… 

-Lo sé, lo sé -le asegura su hijo en tono tranquilizador, como quien calma a un animal asustado. 

Brig comprende que Maverick no está molesto con él, ni siquiera con la familia Lennox, sino con el puto universo. Así que va a la ventana y se para al otro lado de su suegro. No lo abraza, pero dice claramente. 

-Yo lo sé, Maverick, y sé que no es suficiente, pero lo sé. 

Al fin, el hombre exhala lentamente y asiente. Se saca el teléfono móvil del bolsillo, lo desbloquea y llama al primer número de marcado rápido. 

-Hey amor -saluda la voz de Kazansky.

-Hola Pete -dice enseguida Sarah. 

Ríen juntos, relajados, y eso es suficiente para que el rostro de Michell se afloje. 

-¿Estás solo? -el tono claramente lascivo del almirante lanza a Brig a otra espiral de pánico. 

¡No quiere saber qué hacen esos tres en la intimidad! Mira a Jake asustado. Por suerte su novio comparte la repulsión ante tal perspectiva y corta en seco el asunto.

-Hola papá, estamos en el despacho. 

-¡Oh! -suelta Sarah, claramente sorprendida. 

Se oyen algunos ruidos y luego regresa la voz de Kazansky, reposada, seria. 

-Hola hijo, hola Pete. ¿Está Brig con ustedes? 

-Si, aquí estoy. Buenas tardes señor y señora Kazansky. 

Sarah suelta una risita incómoda. 

-Buenas tardes, Brig. ¿Llaman para decirnos cómo se instaló Dunia? ¿Le gustó la habitación?

-Respecto a eso -interviene Pete- tengo malas noticias y buenas noticias. 

-¿Malas noticias? 

-Si, Sarah, cariño, me temo que tendremos que devolver una buena cantidad de ropa y juguetes que no son de su gusto. 

-¡Oh! -pero la mujer no suena contrariada, solo un poco sorprendida- Vale.  

-¿Esas son las buenas o las malas noticias? -inquiere Kazansky, siempre atento a los detalles. 

Jake abre la boca para responder, pero su padre lo detiene con un gesto y vuelve a hablar.

-Pues depende. Tom, amor, ¿recuerdas a qué edad supiste? -dice el verbo final con una entonación especial. 

Brig y Jake intercambian miradas de escepticismo, pero el código funciona. En lugar de señalar el cambio de tema, al otro lado de la línea hay primero silencio, luego un gemido de sorpresa. 

-Once, tenía once años -dice al fin el almirante, con voz temblorosa.

-Pues este tiene siete y ya -vuelve a usar la entonación especial- sabe. Además, tiene los ojos grises. 

Hay otro silencio. En realidad no es silencio, Brig cree que escucha algo como sollozos, pero no dice nada. Cuando vuelve a hablar, Kazansky suena anhelante, un poco tímido.

-¿Cómo se llama entonces? 

Ahora Maverick no puede contener su diversión y orgullo. 

-Juro que no tuve nada que ver, pero se llama Pete. 

Sarah estalla en carcajadas.

-¿Es una broma? 

-No papá -interviene por fin Jake-, de verdad que se llama Pete, así que será Pete Mitchell.

-Y le gusta volar, señor Kazansky -agrega Brig-, también tiene sangre de aviador. 

Sarah suelta un chillido excitado y grita. 

-¡Voy a cambiar los pasajes! ¡Regreso el lunes!  

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Nota: 

Leyenda es una película fantástica de 1985 dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Tom Cruise, Mia Sara y Tim Curry, no tuvo un éxito muy notable en su estreno, aunque actualmente se la considera un título de culto. Fue candidata a un premio Óscar (mejor maquillaje).
La joven y hermosa princesa Lili (Mia Sara) se reúne en el bosque con el joven Jack (Tom Cruise) quien, para darle una sorpresa, la lleva a ver los unicornios. Lili entona una melódica canción que los atrae hacia ella. El duende malvado Blix aprovecha cuando Lili toca a uno de los unicornios para lanzarle un dardo envenenado. 

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