8 de junio de 2025

Tengo derecho a esto 9

 Capítulo 9: Revelaciones 

Sumario:

-Buenos días, Dagas -exclama con ojos brillantes, algo maniáticos. -Les tengo unos ejercicios divertidísimos para hoy.
El capitán (futuro contraalmirante, se rumorea) ignora tanto los gemidos de miedo como las exclamaciones de celebración y va a poner las gráficas de sus nuevas maniobras en la pantalla.
En el fondo del aula, Emily se inclina hacia el hombro de Callie.
-¿Seguro que el COMPACFLT está en Hawaii?
-¡Oh, si! Su cara de bien follado es otra. Está contento, pero es por alguna otra cosa.

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Parte 6 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Suits (US TV 2011)

Relaciones: Brigham "Harvard" Lennox/Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Rick "Hollywood" Neven/Leonard "Wolfman" Wolfe

Personajes: Brigham "Harvard" Lennox, Jake "Hangman" Seresin, Sarah Kazansky, Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Leonard "Wolfman" Wolfe, Rick "Hollywood" Neven, Ray Levoi, Harvey Specter, Mike Ross, Personajes Infantiles Originales, Personajes Originales

Etiquetas adicionales: poliamor, transfobia, incesto, relación secreta, Personaje trans masculino, Abuso infantil implícito/referenciado, Personaje asexual, Sarah Kazansky es la hermana de Tom "Iceman" Kazansky, Jake "Hangman" Seresin es el hijo biológico de Iceman, Jake "Hangman" Seresin Needs a Hug, Drama familiar, Tom "Iceman" Kazansky vive, sexo telefónico, Homofobia Implícita/Referenciada, Adopción

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/tengo-derecho-esto-las-mentiras-que-nos.html

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Sábado 4 de abril de 2020

 

Residencia del Comandante de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos

Honolulu, Hawaii

 

Hablan un rato más sobre los cambios necesarios al plan que hicieron para incorporar a Pete a la vida en San Diego. La escuela, por ejemplo, tendrá que esperar un poco, hasta que el papeleo refleje su verdadero nombre. Además, necesitarán buscar una consulta de pediatría especializada y, probablemente, ayuda psicológica. Es bueno que tengan una larga relación con la comunidad médica de la ciudad a través de Sarah y Sam.

-Es mejor decirle a tu hermana lo más pronto posible -advierte Sarah. -Ya está dolida por tu negativa a donar esperma para su bebé.

-Iná… -empieza Jake, en tono apologético.

-No -lo corta ella-, no tienes que darme ninguna explicación. Así como Sam no tenía derecho a reclamarte y menos a tratar de presionarte a través de Pete y de mi. Ustedes son adultos, prefiero que lo arreglen por su cuenta, pero estoy disponible para mediar. ¿Vale?

Jake suspira. Es Brig el que responde.

-Por supuesto, hablarán.

Tom puede ver imaginar la mirada algo exasperada de su hijo y el mohín que curva sus labios ligeramente por el lado derecho, señal de que fue vencido, no convencido.

-Muy bien -acepta ella.

Pronto se están despidiendo. Tom apenas ha participado. Tiene la cabeza en el regazo de Sarah y concentra toda su energía en mantenerse en silencio. Cree que podrá terminar esta conversación sin ser descubierto, hasta que Jake dice.

-Papá, ¿puedo hablar contigo… a solas?

Sarah baja los ojos hacia él, interrogante. Sabe que, si hace el más mínimo movimiento de negación, ella se interpondrá, pero… ¿quiere su protección? No pudo ser el padre que quería para Jake, tampoco pudo ser el padre que debía. Al final fue, como la mayoría de la gente, el padre que pudo… una mierda.

Sabe, con la certeza que sabía que su hijo sería el mejor aviador de su generación, que nunca dejará de estar en deuda por todo el sufrimiento que le causó. No importa que Jake insista en que hizo lo mejor que pudo. Ni que Pete, Ray, Sarah, Walter, Slider, Bill, Bradley, Sam, Sean, Brig, en fin, todas las personas que saben su secreto, repitan variaciones de la misma idea. Tom sabe que el día en que todo se fue a la mierda podía haber sido menos cruel. Que mil veces antes podía haber sido menos estricto. Que podía, con su poder, hacer que le trajeran a Jake en cualquier punto de su carrera y decirle la verdad. No lo hizo por cobarde. Porque temía a un nuevo rechazo más de lo que temía al dolor de vivir lejos de su hijo por años sin fin.

Así que no, en realidad no tiene opción cuando Jake le pide hablar a solas.

Le da una mirada dolida a Sarah, pero se sienta en el sofá.

-Si, por supuesto.

Toma el teléfono, desconecta el altoparlante, se lo lleva al oído, se levanta y camina hacia el dormitorio. Puede escuchar el rumor vago de personas moviéndose al otro lado de la línea. Supone que Pete y Brig están saliendo del despacho. Cierra la puerta antes de volver a hablar.

-Dime, hijo.

-Papá, ¿estás bien?

-Si, claro. ¿Por qué no iba a…?

-Por favor, no hagas eso. Entiendo que esto sea difícil para ti. Si no quieres tener a Pete cerca…

-¡No!

La palabra se le escapa. No hay autocontrol alguno en su tono. Se da cuenta de que suena desesperado, casi suplicante. Aprovecha el silencio estupefacto al otro lado para hablar.

-No, por favor. Si mi silencio… Yo solo… Sarah es la que sabe de escuelas, pediatras, seguros médicos, esas cosas. Por eso la dejé hablar. -sabe que suena a excusa, así que cruza la línea a viejo patético sin reservas- Por favor, no se vayan de la casa, Jake. No te vayas -el “de nuevo” queda flotando en el éter, como una nube de tormenta.

Se muerde los labios, temeroso.

-Papá -responde al fin Jake muy suavecito-, papá. ¡Ay! ¿Cómo voy a convencerte? Solo me iré si tú me lo pides. Yo quiero estar a tu lado. Estoy loco porque acabes de retirarte, para que al menos estés más tiempo en San Diego. Pero tampoco quiero herirte. No importa qué diga Mavpá, si tener a un niño trans cerca te abre viejas heridas…

¡Ah! Su esposo lo conoce bien, si, pero su hijo tiene buenas razones para desconfiar cuando alguien hace afirmaciones en nombre de otras personas. Suspira, aliviado, un malentendido por exceso de precaución. Eso es bueno, ¿no?

-Lo más probable es que, de hecho, me las abra y me las sane al fin. Tuve una niñez solitaria, Jake. Ray era el único sabía mi secreto. Tengo casi sesenta años y menos de una docena de personas vivas saben quién soy. Tuve que abandonarte…

-Por milésima vez -lo interrumpe Jake-, ¡tú no me abandonaste! Me dejaste con mi padre y Carole. Y regresaste, ¿no?

Tom bufa, frustrado. ¿Por qué es Jake tan generoso? Él no lo merece. Pero es mejor mantenerse en el tema.

-Mira, al final no importa. Sé que la cosa ha mejorado desde mis tiempos, pero no tanto. Si puedo ayudar a que un solo niño trans sea feliz desde el principio… Por supuesto que quiero ser abuelo de Pete. Verlo crecer de cerca, ayudarles. No creo que sea muy diferente a cualquier otro niño hasta que alcance la pubertad, y no es un juego, Jake, creéme. Yo estaré ahí para ti, y para tu hijo.

-Está bien -asiente Jake con voz alegre, claramente aliviada. -Bueno, ha sido un día largo. Hasta luego, papá.

-Hasta pronto, hijo.

La llamada se desconecta.

Tom se queda mirando la pantalla. Siente que las lágrimas resbalan por sus mejillas, pero no es tristeza. Una mezcla compleja de sentimientos burbujea en su interior: orgullo, expectación, culpabilidad, inseguridad. Pero la emoción más fuerte es el optimismo. Puede hacer esto. Pueden.

Esta contemplación interior cuasi meditativa dura tanto que Sarah decide entrar al dormitorio, preocupada.

Se sienta a su lado en el borde de la cama, pone su mano izquierda sobre la derecha de su esposo.

-Ey, ¿todo bien?

Automáticamente, Tom gira la mano para poder entrelazar sus dedos con los de Sarah. La mira sonriente, sin tomarse el trabajo de limpiarse las lágrimas, sabe que ella podrá leer su felicidad en sus ojos.

-Si, todo bien -se inclina a besarla en los labios.

Apenas son las cinco de la tarde en Honolulu, pero ambos están emocionalmente agotados.

-¿Una siesta? -propone él.

Ella asiente.

 

Lunes 6 de abril de 2020

 

Temprano por la mañana. Salón de trabajo de la escuadra VFA-111, Dagas

MCAS Miramar, California

 

Llegan en pares o por grupos, pero con deseos, como de costumbre. La semana pasada, Maverick utilizó la ausencia de Lennox para hacerles practicar formaciones imperfectas. En caso de que alguno de los aviones quede fuera de combate, tienen que seguir adelante y no precisamente con improvisación. El reto era serio, pero después de dos o tres baches -cuando Hangman está tenso suele cogerla con Omaha, Yale aún no confía por completo en Hawking- lograron completar los simulacros por encima del ochenta y cinco por ciento de eficiencia.

Igual, se suponía que Harvard regresaría hoy -ya se sabe, es el único que le tira bien de las riendas a Jake-, así que nadie oculta su sorpresa cuando Seresin llega solo. Casi todas las miradas se giran hacia Javier, que suspira y se acerca a su amigo. Jake está ocupado sacando su libreta de notas y plumas de la bolsa. No luce tenso, cosa que tranquiliza e intriga a Coyote a partes iguales.

-Eh, ¿todo bien?

-Si, todo bien Javi. ¿Cómo fue tu fin de semana?

-Pues, normal, tu sabes, llevamos a las nenas al cumpleaños de una niña del aula. Cháchara social. -se encoge de hombros- La verdad es que no nos enteramos de la mitad de los chismes del barrio porque pasamos mucho tiempo en la base.

Jake asiente, serio.

-Es complicado eso, ¿no?

-¿Qué cosa?

-Pues seguir la vida social de tus hijas.

Javier alza las cejas, sorprendido. Jake nunca ha hecho un comentario así. Es un buen amigo, lo escucha cuando se queja o presume, sabe que si necesitara un niñero de emergencia puede llamarlo, pero nunca antes dió una opinión sobre el trabajo diario de ser padre.

-Si, es complicado -admite-. La verdad, María Celeste está más al día, después de todo son -hace una mueca incómoda, porque sabe que suena sexista- cosas de chicas. Eso sí, les he dejado claro que si hay líos con varones, soy el especialista.

Jake asiente, sus ojos verdes extrañamente serios. Javier recuerda por qué se le acercó y pasa al ataque.

-Oye, ¿y Brig no ha regresado de Utah? ¿Pasó algo con su familia?

-Pasaron un montón de cosas, amigo, pero ahora mismo no te puedo contar. Pidió otras dos semanas.

Coyote siente que se le erizan los pelos de la nuca. ¿Jake sin Brig por dos semanas más? Las Dagas son una buena escuadra, pero… Su amigo reconoce el pánico en sus ojos y suelta una carcajada breve, divertida.

-Pero no te asustes. Brig está aquí en San Diego, regresó el sábado. Es solo que el asunto con su familia dejó cola. ¡Cuánto papeleo! Va de un lado para otro entre oficinas, entrevistas, pila de cosas. Pero todo está bien, ¿si?

No, no está bien. Jake parece demasiado feliz con la perspectiva de estar en la base, mientras su novio lidia con la burocracia civil. Además, no le ha dicho por qué tiene que lidiar con la burocracia. Pero Javier no tiene tiempo para más, pues llega Maverick.

-Buenos días, Dagas -exclama con ojos brillantes, algo maniáticos. -Les tengo unos ejercicios divertidísimos para hoy. 

El capitán (futuro contraalmirante, se rumorea) ignora tanto los gemidos de miedo como las exclamaciones de celebración y va a poner las gráficas de sus nuevas maniobras en la pantalla.

En el fondo del aula, Emily se inclina hacia el hombro de Callie.

-¿Seguro que el COMPACFLT está en Hawaii?

-¡Oh, si! Su cara de bien follado es otra. Está contento, pero es por alguna otra cosa.

-¿Tal vez es que por fin le llegó su día a Cain? -especula la rubia sin disimular su rencor.

Halo la mira, curiosa.

Poca gente quiere al contralmirante Cain, pero no hay una persona queer de la Marina que no lo odie. Ya le decían Martillo antes del DADT, pero Cain demostró una especial habilidad para convertir en clavo a cualquiera que oliese remotamente a homo o bisexual. Donde quiera que iba, florecían las investigaciones. ¡Y vaya si iba de un sitio a otro! El estado de pánico en que ponía a la gente era contraproducente, así que en el almirantazgo se lo pasaban como papa caliente. Hay quienes le atribuyen casi el veinte por ciento de las bajas por DADT a procesos abiertos bajo su comando.

¿Emily perdió a alguien en una de esas investigaciones de mierda?

No importa: el capitán está explicando la parte que les corresponde a Omaha y ella. Se inclina hacia adelante y empieza a tomar notas.

 

Media mañana. Aeropuerto Internacional de San Diego

 

Sarah cruza la última puerta de seguridad, mira a un lado y al otro, expectante. ¡Ahí están! Se les acerca con paso rápido, sonriente.

-Buenos días, Brig.

-Buenos días, Sarah -responde el piloto, jovial.

Ella mira más arriba, al niño que la observa encaramado en los hombros de yerno, la barbilla apoyada en su coronilla y la expresión entre temerosa y anhelante. No puede evitar el asombro al ver sus ojos gris invierno. En efecto, son muy parecidos a los de Tom.

-Buenos días Pete -saluda y levanta la mano.

El pequeño mira los dedos extendidos por un momento, pero al fin extiende su manita.

-Buenos días. ¿Es verdad que tu eres mi abuela?

-Si. Sarah Kazansky, encantada de ser tu abuela.

Pete frunce las cejas y los labios, confundido.

-Tu no eres blanca -arguye al fin.

-¡Pete! -Brig le da una palmada en el pie y mira a su suegra todo avergonzado. -Discúlpanos…

Pero ella hace un movimiento negativo con la cabeza sin dejar de sonreír. ¡Ah! La juventud.

-No, no soy blanca, Pete. Eres un niño muy inteligente y observador. Soy del pueblo lakota, mi gente estaba aquí antes de que llegaran los barcos europeos. Mi esposo, Tomas Kazansky, era hermano de la mamá de Jake, tu otro papá.

Pete asiente.

-La señora Rachel, ¿no? -cuando Sarah asiente, él le explica muy serio- Ella era la mamá de mi papi Jake, pero murió y el abuelo Pete se casó con la señora Carole.

Brig mira a su hijo orgulloso. Ayer, cuando se sentaron en el sofá de la sala con un álbum de fotos a explicarle al niño la historia de la familia, temían que esa sucesión de muertes (falsas y reales) y matrimonios superpuestos lo confundiera. No fue así. Pete aceptó todo sin cuestionamientos y con entusiasmo. Crecer en una comunidad donde son usuales las familias extendidas, los hogares multigeneracionales y, por desgracia, los hombres con numerosos matrimonios a lo largo de su vida, lo preparó para esto.

-En las fotos no lucías india. -explica el niño, claramente ignorante de su pobre elección de palabras.

Brig hace una mueca incómoda, tienen que trabajar en el lenguaje racista y ableista que aprendió Pete estos años, y en sus ideas extremadamente rígidas de los roles de género. Sarah le da una mirada tranquilizadora, ella tiene la piel dura y al menos esta vez sabe que no hay maldad. El niño lo confirma al concluir.

-Eres más bonita en persona.

-Muchas gracias, cariño. Tú me puedes llamar abuela Sarah, o iná, como hacen tu papi y mis otros hijos.

-¿Iná?

-Significa mamá en lakota, la lengua de mi pueblo.

Pete palmotea y se inclina para tratar de mirar a su padre a la cara.

-¿Oíste eso papá? Voy a hablar lakota.

Brig le aprieta los muslos, temeroso de que se resbale de sus hombros.

-Si, oí cariño, oí. Bueno, ¿vamos a casa?

 

Media tarde. Despacho del vicealmirante Beau "Ciclón" Simpson

MCAS Miramar, California

 

-Debo admitir, Seresin, que esto no me lo esperaba.

Simpson está sentado en su buró, un expediente abierto, ojos saltando entre las dos personas a las que llamó para tratar de comprender y resolver este embrollo.

Jake permanece firme, con la máscara de calma falsamente inofensiva que aprendió de iná. Por supuesto, Simpson sabe que él no es inofensivo, pero ha comprobado que esa carita de zonzo relaja a la gente.

-Acabo de recibir una solicitud de dos semanas de licencia de paternidad del teniente Lennox, porque adoptó un niño, un niño cuyo nombre completo es Pete Leonard Mitchell-Lennox. ¿No se supone que Lennox es su pareja, Seresin?

-Lo es, señor.

-¿Entonces por qué ese niño lleva el apellido del capitán? ¿Esto es algún tipo de homenaje? 

-El niño lleva mi primer apellido, vicealmirante. Mi nombre completo es Jacob Raymond Mitchell, Seresin era el apellido de mi madre.

La cara de Ciclón se deforma en una mezcla realmente bizarra de consternación, frustración, desesperación y repugnancia. Se gira hacia la tercera persona en su oficina: Maverick, quien, aunque encuentra súper divertido todo esto, se esfuerza por mantener una sonrisa discreta. No quiere parecer demasiado orgulloso. De todos modos, Ciclón lo mira acusador.

-¿Kazansky…?

Pete abre mucho los ojos y Simpson se muerde los labios, como si no pudiera creer el desliz que acaba de cometer.

¿Cómo pudo…? No se considera un hombre homofóbico, está hablando con Seresin de su relación con Lennox ¿no? Pero eso es diferente. Iceman es un hombre casado, ¡demonios! Sarah Kazansky no es un mueble, no es un adorno para colgar del brazo. Es una mujer talentosa que merece respeto. Su manera de mostrarle respeto es ignorar al escandaloso amante del almirante, pero esta situación es… Vuelve a mirar a Hangman, trata de encontrar algún rasgo compartido con Maverick. ¿Su hijo? ¿Este es el Mitchell desaparecido? Su mente regresa a la Misión, organizada por Kazansky, planeada y completada por Mitchell. Maverick le dijo, ¿no? Le dijo que tenía una relación difícil con alguno de los aviadores, pero él lo ignoró. Asumió que se trataba de Rooster, de algún drama familiar relacionado con el misterioso desvío del chico hacia la Universidad de Virginia. Su error, por supuesto, no se puede asumir nada con Mitchell, ¡maldición!

Respira hondo y trata de recuperar el control de la situación.

-¿No te parece que ya habías presionando los límites lo suficiente, Mitchell? Prácticas de entrenamiento poco ortodoxas, barbacoas en tu casa, relaciones de pareja al interior del escuadrón, el mayor índice de personas LGBTQ en cualquier unidad del DoD. ¿Y ahora resulta que eres padre y suegro de dos de tus aviadores? Las Dagas son una investigación de Pro Pública a punto de hacerse viral en twitter.

-Señor, esto no es mi culpa. -y por primera vez en mucho tiempo lo dice sinceramente.

Si alguien tiene alguna culpa aquí, es esa familia mormona de mierda, piensa Pete. 

Simpson se masajea el puente de la nariz, tratando en balde de frenar la jaqueca. Kazansky le debe tantas, tantas botellas de vino. 

-Voy a asumir, por el bien de mi sanidad y del departamento de Recursos Humanos de la Marina, que ustedes dos llenaron todo el papeleo correspondiente.

-Lo hicimos, por supuesto -se apresura a confirmar Hangman -La primera vez que serví bajo las órdenes del Capitán Mitchell fue en noviembre pasado -Ciclón tiene la certeza de que ahí puede ver la mano de Iceman- y creo que demostré…

Lo detiene con un gesto.

-Sé perfectamente lo que ustedes demostraron -responde con los dientes apretados.

Solo pensar en estar en una situación similar con su hijo le da retortijones de estómago. Maverick no es una persona, es un jodido sociópata.

Acciones, necesita acciones. Dar órdenes que confirmen que tiene la situación bajo control.

-Seresin, tiene dos semanas de licencia de paternidad, a partir de mañana. No quiero ver ni su pelo por aquí hasta que usted y Lennox terminen los trámites correspondientes a la adopción.

Casi puede ver la onda de choque que esta noticia tendrá en la comunidad militar. ¿Será aviador también? No tiene los genes, pero tendrá el ejemplo. Después de todo, Seresin no tiene genes de Kazansky, pero se parecen mucho, ¡demasiado! Si no se lo hubiera dicho, habría seguido inclinado a creer que era en verdad un bastardo del almirante. Si sigue el negocio de la familia, el hijo de Seresin y Lennox será, técnicamente, el cuarto Mitchell en unirse a la Marina. Por favor, que el retiro le llegue antes que ese chiquillo suba a la cabina de un jet.

Dirige su atención a la fuente de todo esto.

-Capitán Mitchell, a partir de ahora Seresin y Lennox no pueden ir en misiones juntos. Tiene cinco días para presentarme un plan de entrenamiento y asignaciones de combate que tome esto en cuenta.

Maverick ni pestañea.

-Si señor.

-Pueden retirarse.

Apenas han salido por la puerta, Ciclón llama a su secretaria.

-Necesito quince minutos, Claire -y cuelga antes de que ella pueda responder.

Saca la botella de whisky de la gaveta y se da un buen trago.

Kazansky es un monstruo, piensa vagamente. Obligar a su amante a entrenar a sus dos hijos para una misión suicida. No en balde Maverick se resistió con uñas y dientes cuando intentó desplazarlo. No, eso no es justo. Mitchell habría actuado igual con cualquier escuadra, siempre ha sido un testarudo insubordinado que no acepta la muerte. Por eso no sospechó nunca que la Misión fuera más que un juego de guerra para él. Visto de ese modo, fue un ejemplo de profesionalismo. No le gustan los métodos del capitán, pero Ciclón jamás ha detectado favoritismo en el manejo de las Dagas.

Arruga la frente cuando se da cuenta de algo más: sus nietas se han hecho amiguitas de las hijas de Machado, así que se van juntar con el crío de Seresin y Lennox. ¿En cuántos eventos infantiles estará obligado a sonreírle al puñetero Mitchell? ¿Cumpleaños? ¿Pijamadas? ¿Por qué tenían que estacionar a las Dagas en Miramar?

 

Martes 7 de abril de 2020

 

Media mañana

 

Jake se detiene con el puño a unos milímetros de la puerta, inseguro. Sabe que iná tiene razón, por eso está delante de la puerta de su hermana. Al mismo tiempo, no tiene ganas de enfrentarse a Sam, por eso duda. Puede imaginarlo: su cekpápi pondrá la llegada de Pete a la familia en la lista de la competencia imaginaria que mantiene con Jake. No quiere que esto siga adelante, pero no sabe cómo detenerlo, porque en realidad no se trata de él, sino de Sam. Su hermana necesita terapia.

Al fin, deja escapar el aire muy despacio y da tres golpes cortos en la puerta.

Primero escucha los pasos, largos y algo lentos, se abre la puerta. Elia lleva una camiseta desgastada, pantalones super cortos con corazoncitos verdes, y la trenza medio deshecha. Su cuñada lo mira de arriba abajo, exasperada, pero no sorprendida.

-¡Hasta que apareciste! -se vuelve y camina hacia el interior del apartamento.

No mira hacia atrás, segura de que Jake la seguirá.

Así es. Él entra, cierra, se quita los zapatos y va a la cocina, donde ya Elia ha puesto la tetera eléctrica y está bajando una caja de galletas del armario. Jake ocupa una de las cuatro banquetas alrededor del mostrador que hace de mesa y apoya los codos en la superficie de madera contrachapada.

-¿Cómo fue la guardia?

Elia pone las galletas y un bol con sobre de infusiones en el centro de la mesa.

-Bien, solo dos accidentes de auto. -se va al estante donde se acumulan las tazas de distintos estilos y colores que corresponden a las visitas- ¿Azul?

-Si.

Elia toma una azul cielo con el aza en forma de trompa de elefante. Sirve el agua caliente y la deja frente a Jake. Él elige uno de los sobres que aseguran no tener cafeína. Ella agrega dos cucharadas colmadas de café instantáneo a su propia taza de agua caliente. Solo entonces ocupa la banqueta al otro lado de la mesa.

-Entonces, ¿qué quieres?

-Necesito -le rectifica automáticamente-. Necesito hablar con ustedes dos, pero primero contigo.

Ella alza las cejas, burlona y desconfiada. Tiene razón, por supuesto. En estos años de ausencia, Jake no solo perdió tiempo con su familia. Sam y Elia llevan casi nueve años juntas, pero hace poco más de cinco meses que Jake y ella se estrecharon las manos por primera vez. No tienen una relación lo suficientemente sólida como para que su cuñada confíe en sus intenciones.

-No sé qué te traes, pero no me voy a meter. Es tu hermana.

-Es tu mujer, y la futura madre de tu hijo -riposta Jake.

Elia bufa, sopla su café, toma un sorbo. Jake no espera, sabe que tiene poco tiempo.

-No te voy a preguntar su versión del asunto, pero te daré la mía: no estoy disponible. No tengo estrés post-traumático, ni problemas genéticos y mi novio no me manipula. Simplemente no lo haré. Pueden hablar con Sean o Dennys, me da lo mismo.

Ella niega con la cabeza.

-Quiere que sea nieto de tu padre -pero su tono de voz no le deja saber si la idea le parece idiota o genial.

Jake piensa que, probablemente, sea lo primero. Elia cree que Sam quiere un nieto biológico de Maverick, lo que sería un gesto tierno: estrechar los lazos con el tercer miembro de la célula poliamorosa que la crió. Pero precisamente porque cree que es Maverick, su empecinamiento también debe parecerle ilógico.

-Lo que Sam quiere es anotarse puntos con su padre.

Elia levanta la mirada por primera vez, sus ojos oscuros son fáciles de leer para Jake. Está molesta, pero sobre todo cansada. Claro, ella viene de una familia lakota tradicional. Hambre, alcoholismo, violencia física, discriminación, miedo a las autoridades, esos eran sus problemas mientras crecía. Es posible que este drama de clase media le parezca minúsculo y ridículo.

-¿Cuándo me vas a decir algo nuevo?

Jake se concentra en su propio té para ganar tiempo, lo endulza, lo sopla, toma un sorbito.

-Solo quería decírtelo en persona: me niego a ser el donante de esperma de tu hijo por mis propias razones, no porque me interese sabotear a Sam. Por favor, Elia, tienes que creerme, esta competencia por el afecto de Icepá solo existe en su mente. Mi regreso no… Él nunca la trató diferente, nunca la va a tratar diferente. Somos cuatro, siempre ha sido así.

-Pero ustedes son cekpápi, Jake. Las dinámicas de gemelos son más complicadas. Además, no me negarás que Iceman está un poco trastornado por tu regreso.

-No, no lo voy a negar. Para él fue difícil, yo lo culpé de todo, la familia sabía que no regresaba por él. Cuando una pataleta dura una década, deja huellas.

Elia asiente, pero sus labios no han perdido la dureza. Mira su reloj de pulsera.

-Va a regresar en cualquier momento -le advierte.

Ahora es Jake quien hace un movimiento de asentimiento con la cabeza. Si, su hermana regresará pronto de su carrera diaria -hábito que aprendió de Mavpá-. Esperó verla salir antes de subir las escaleras, para poder hablar con Elia sin interrupciones. Cuenta con la relajación que le provoca el ejercicio para que Sam sea un poco más receptiva.

-Solo necesito que las dos me escuchen.

Elia le da otra larga mirada, calculadora y aún algo desconfiada, pero no le dice que se vaya, así que Jake lo tomará como una victoria.

Antes de que pueda terminar su bebida siente las llaves en la puerta.

-¿Cariño? -grita desde la puerta.

-En la cocina -responde Elia en el mismo tono.

Sam llega sudorosa y alegre, sacándose los audífonos.

-Supieras lo que vi en el parque…

La sonrisa se le borra de los labios y los ojos al ver a su hermano sentado en la mesa de la cocina. Se envara toda y se pega a Elia de modo instintivo.

-¿A qué viniste?

-Buenos días, cekpápi -responde Jake con una calma que no siente.

Sam bufa, despectiva, él sigue adelante.

-Vine a darles una actualización sobre la adopción.

Elia alza las cejas, interrogante. Sam es más vocal:

-Podías llamar, o mejor aún, mandar un texto. No tengo ganas de…

-Tengo un hijo.

Sam pestañea un par de veces, gira a mirar a Elia, que no oculta su confusión, se vuelve hacia a su hermano.

-Dijiste que era una niña. Iná se volvió loca comprando conjuntos de Wonder Woman, Black Canary y Vixen.

-Devolvimos esas ropas. Resulta que el problema de la familia Lennox es que Dunia no es una niña, sino un niño.

No dice nada más, prefiere seguir con las explicaciones después que ambas unan los puntos. Las reacciones no podrían ser más dispares: Elia dice “Oh” y su expresión pasa de la sorpresa a la inquietud. Sam abre mucho los ojos, la estupefacción deja paso al enojo en segundos.

-¡Puta madre! ¡Claro que tenías que…! ¿No puedes dejar nada para los demás?

-¡Sam! -le reprocha Elia.

-No es mi culpa -arguye al mismo tiempo Jake.

Ella hace un gesto de rechazo con la mano, da un paso atrás, se frota el rostro.

-Claro que no es culpa tuya -repone sarcástica-, pero estás contento, ¿verdad?

-¿¡Contento!? -Jake se levanta, incrédulo- ¿Te oyes a ti misma? ¡Necesitas ayuda!

-Como si la terapia te hubiera ayudado a ti.

-La terapia me ayudó, fueron las mentiras de nuestros padres las que me jodieron.

-No sé de qué están hablando ustedes dos ahora mismo, pero no me gusta a dónde va. Sam, de verdad, ¿cómo puedes decir algo tan cruel?

-Tu no entiendes… -responde ella con voz desesperada.

-No. No tengo que entender que tus celos te cieguen ante una situación tan delicada. Jake, el niño… -se retuerce las manos, nerviosa- La familia de Lennox le hizo…

-No, no. No le tocaron un pelo. -Elia exhala, aliviada- Pero el abandono lo ha golpeado duro, la verdad. Al parecer fueron claros en que lo sacaban de la familia porque no sabía ser niña.

-Por supuesto -Elia vuelve a mirar a su pareja- Sam, esto es demasiado. No puedes extender tu pendencia con Jake a un niño inocente.

-¿Pero qué clase de monstruo creen que soy? ¡Claro que no la voy a coger con el niño! Ayudé a montar su cuarto, ¿no? Pero tu -extiende el brazo, señala con el índice a su hermano-, ¡tu! ¿¡Por qué tienes que ser jodidamente perfecto!? Déjame algo.

-Sam, nunca fui perfecto, y lo sabes. ¿No te das cuenta de que quien avergonzó a esta familia fui yo? Yo renegué de mi nombre. Yo me fui. Literalmente tuve que ver a Brig casi morir para salir del armario. Yo soy el que tiene que pagarles once años de ausencia. Por favor, solo olvídate de mi, ten tu bebé con Elia y sé feliz.

Sam le da una sonrisa amargada y culpable.

-Lo haces sonar fácil.

-Lo es.

-No, no lo es. ¿No te das cuenta? -Sam alza los brazos y sacude las manos, frustrada- Todas esas veces que nos peleamos con el mundo entero porque decían que tú eras el proyecto de caridad de Kazansky, en la escuela, en las reuniones sociales, en los eventos de la Marina. -suelta una risa amarga- Pues resulta que el mundo estaba equivocado. Todo ese tiempo yo, -se golpea el pecho manchado de sudor con el índice- ¡yo!, era el proyecto de caridad. Icepá te eligió a ti. Se jugó la vida por ti. ¡Conmigo tuvo que cargar para fingir ser hombre!

Sam no intenta limpiarse las lágrimas. Solo se mira las palmas de las manos, que abre y cierra convulsivamente.

Tantas verdades aquel día. Que es lo mismo que decir tantas mentiras reveladas. Las mentiras que les dijeron, se dijeron, y dijeron. Una familia armada con amor y mentiras. ¿Qué haces cuando descubres que toda tu vida no es más que un cuento? ¿Un melodrama barato de Hollywood?

Ella sabía de la relación entre iná y sus dos padres, por supuesto, estaba orgullosa de ser la única en el secreto. Pero esa mañana… Comprender que no era su hija, que era un imposible…

Alguna vez fantaseó con ser hija biológica de Mavpá, con ser quien les unía. Después de todo tenía ese empuje, esa manía de ir de frente contra las cosas. ¿No? Era consciente de que su personalidad exasperaba y divertía a partes iguales a la mayoría de la gente, excepto a iná. En cierto momento racionalizó que, si era en verdad hija de Pete, su madre tenía todas las razones del mundo para disimularlo. ¡Habría sido una catástrofe! Mira, se le cumplió el deseo, no es hija biológica del estratega, sino de un tipo que, en efecto, iba por el mundo cogiendo lo que quería -metafórica y literalmente.

Levanta los ojos. Jake y Elia la miran como si no la conocieran. Sam no les culpa, ella misma siente que no se conoce a sí misma ya. No soporta sus expresiones de ¿decepción?, ¿lástima?, así que da media vuelta y corre al baño.

-¡Oh, no! -Jake alcanza a meter el hombro antes de que pueda cerrar la puerta. Elia empuja detrás y ambos logran colarse.

Ella retrocede y acaba sentada en el borde de la bañera.

Su hermano se sienta a su derecha, le pasa el brazo por encima de los hombros. Su novia se sienta a la izquierda, la enlaza por la cintura.

-Icepá no cargó contigo, Sam -es lo primero que dice él.

Ella gruñe su incredulidad.

-De verdad -insiste-, Mavpá fue el de la idea, aún antes de que nacieras. La gente no se da cuenta, pero Mavpá también es un gran estratega. Sabía que iná y Icepá serían una gran pareja antes de que ellos mismos se dieran cuenta. Me dijo -hace una pausa, porque quiere decirle la verdad, pero no están solos, así que tiene que ser cauto con las palabras-, me dijo que Icepá necesitaba un bebé al cual malcriar para que no sintiera celos de mi.

-Lo haces sonar como si yo hubiera sido un animal de apoyo emocional.

Jake apoya la cabeza en su hombro. Siente su risa contenida como una vibración.

-Los bebés son como animalitos, ¿no?

Ella le da un codazo sin mucha fuerza.

-En fin, que él no cargó contigo, más bien fuiste tú quien cargó con él. Lo mantuviste a flote.

-Yo era un bebé.

-Mayor es tu mérito entonces -insiste él.

-Sam, amor, no importa cómo Kazansky se convirtió en tu padre. El hecho es que lo es. No sé cómo era antes de que este se fuera a jugar a los avioncitos…

-¡Ey!

Elia ignora la interjección ultrajada de su cuñado, aprieta un poquito el agarre en la cintura de Sam.

-... pero yo lo he visto desde fuera, y te aseguro, es tu padre al cien por ciento.

Sam la mira, sus cejas se arquean en gesto de sorpresa.

-Oh, Dios del cielo. ¿Qué te dijo Icepá? ¿Te amenazó?

-Na. Las amenazas son cosas imaginarias. Tu padre solo me explicó detalladamente qué pasaría si te rompía el corazón o, peor, si dejaba que nuestra relación se volviera desigual. Me dijo que no quería gente débil en la familia y si yo no podía estar a tu altura, mejor regresaba a lo que sea que tenía con el flojo de Dennys. -al ver las expresiones horrorizadas de los gemelos, se apresura a aclarar- Con el que nunca tuve nada, por supuesto. Dennys es…. o sea… Nos conocemos desde que estábamos en pañales.

Sam la mira, culpable y avergonzada. Se gira hacia su hermano.

-¿Ves? Tenía miedo de que se me saliera lo que heredé de Troy Manning.

-¿Qué? ¡No! -niega escandalizado Jake.

-Si, claro que sí. Soy hija de un violador en serie y él quería saber si Elia sería capaz de tirarme de las riendas cuando… -un sollozo le impide continuar.

-No, Sam, cariño, ¡no! -Elia le toma la barbilla con la punta de los dedos, la obliga a mirarla. -Kazansky no estaba hablando de ti, sino de mi.

-¿De ti?

-Sam, ¿nunca te has parado a pensar en la abismal diferencia de clase entre nosotras?

-Pues…

-Sam, cuando me fui al Oglala College, ¿sabes qué compré?

Sam se queda desorientada por la pregunta. Trata de recordar qué compró ella misma antes de irse al colegio. Es lindo el recuerdo: ir con iná a buscar ropas nuevas, acordes al clima de Dakota. Jake andaba en lo mismo, pero un poco diferente, porque la Academia Naval tiene uniformes y eso.

-Pues… ¿ropa, zapatos?

Elia suspira.

-Ropa interior, cariño. Lo único que podía permitirme comprar eran calzones y sostenes nuevos. Todo lo demás lo heredé de parientes muertos o era ropa que ya no le servía a otras vecinas. ¡Ah! Y mis primos y primas reunieron dinero para comprarme una gorra con el escudo de la tribu.

Sam conoce esa gorra. Elia la llevaba puesta en su primera cita. Es su posesión más preciada. Recuerda pensar, cuando decidió que Elia era más que una buena compañera de estudios, que sería mucho más atractiva si dejara de usar esos trapos pasados de moda. Después decidió que era mejor así, porque nadie más se había dado cuenta de lo maravillosa que era Elia debajo de esas ropas horribles. Mimarla, comprarle ropas lindas y llevarla a lugares hermosos fue una parte importante de su cortejo. Quería darle lo mejor, porque no merecía otra cosa.

-Tu no… -Elia le acaricia la mejilla con la yema de los dedos, sonríe un poquito triste- Tu no te diste cuenta, pero medio campus creía que estaba contigo por tu dinero. Cuando vinimos a estudiar a San Diego, también. Después de todo, ¿cuántas estudiantes de medicina con beca viven en una mansión?

-¡Eso es ridículo! -protesta Sam- ¿Por qué íbamos a gastar dinero en un apartamento si la casa de mi familia estaba disponible? Tu no… No es así. ¿¡Icepá creyó que estabas conmigo por el dinero!?

Elia sonríe, orgullosa y divertida por lo ofendida que está Sam.

-No, claro que no. Tu padre sabe calibrar a la gente. Lo que temía era que yo no fuera capaz de, ¿cómo te digo? Tenía miedo de que un día yo me dejara llevar por todos los regalos y dejara de ser tu pareja para convertirme en tu mascota. Es fácil acomodarse, ¿sabes?

Sam asiente despacio.

-Eso tiene sentido, supongo.

-Por si te sirve de consuelo, a Brig no le dieron una, sino cinco charlas de “si le rompes el corazón te mato”. Y de gente con el poder para hacerlo real.

-¿Cinco? -Elia piensa que debe pasar más tiempo con ese piloto. Después de todo, no hay mucha más gente disponible para comentar las excepcionalidades de la familia Kazansky-Mitchell.

-Si, iná, Slider, Bradley, Viper y Mavpá. Ahora que lo pienso, ¿el único que habló contigo fue Icepá?

-Bueno, no. Fue memorable, no el único. Tu madre, por supuesto. Tu hermano Sean, eso me dio más risa que preocupación. Linda Metcalf me llevó de compras la primera vez que vine acá, ¿recuerdas? Habló mucho de lo difícil que puede ser unirse a una familia militar de alto rango y acabó comprándome ya ni sé cuántas cosas, desde cremas para la cara hasta medias de nylon. Pero la más extraña fue la de Walter Crow Horse. Era el jefe de la policía tribal de la reserva.

Elia, perdida en el recuerdo, no nota cómo los cekpápi se tensan al oír el nombre.

-Fue extraña porque tu y yo todavía no… O sea, tú me gustabas y estaba bastante segura de que yo te gustaba, pero estábamos en la fase de miradas intensas y risas bobas. No había hablado de eso con nadie, ni siquiera con Dennys. Un fin de semana que estaba de regreso en Allen, fui al cementerio a meditar junto a la tumba del abuelo Samuel, el jefe Walter me encontró allí.

-¿Tan complicado es besar que tienes que pedirle ayuda a un muerto? -dijo mientras se sentaba a mi lado.

Bufé. Me fastidiaba su presencia porque tenía diecinueve años y creía que lo que sentía era único en el universo. Pero era el jefe Walter Crow Horse, esposo de Ray Seresin, wakíŋyaŋ čhaŋté, decirle que quería estar sola habría sido irrespetuoso.

-No -respondí al fin.

-No. Besar no es complicado, complicado es lo que vendrá después.

¿Después? No entendía, después del beso, si te besaba, habría más besos, ¿no?

-Su familia es complicada -aclaró, y yo pensé que era verdad.

Ya me habías hablado de la huída de Jake, de que tu papá era un hombre importante de la Marina, y que querías estudiar medicina para mantenerte a cierta distancia de su sombra. ¿Era eso lo que me hacía dudar? No tu, sino tu familia. De repente sentí vergüenza de mi misma.

-Oh, cariño -dice Sam bajito, conmovida.

Elia sigue con la historia.

-¿Y usted qué sabe? -le espeté molesta.

-Ray ve muchas cosas todo el tiempo, incluso las que no quiere ver.

Sentí que se me erizaba el pelo de la nuca. ¿Tu, una despreocupada chica blanca, estabas en las visiones de nuestro wakíŋyaŋ čhaŋté?

-Si tuŋwéya Ray no quiere que yo…

-Si Ray siquiera insinúa algo así, patearé su místico trasero por toda la planicie. -me cortó, claramente molesto- Si tu crees que vendría aquí a decirte eso, tenemos un serio problema.

-No, no, jefe. Es solo que… Mire, si, ella no sabe nada de mi vida. No se si pueda entender esto -moví un brazo alrededor tratando de abarcar el cementerio, pero también más allá, el pueblo, la llanura, la reserva, la muerte de mi tía, las memorias y el rencor. [ver nota al final]

-La vida en Oglala College es como un sueño para las dos. ¿No? -asentí, me miró a los ojos- Bueno -comentó con tono derrotado-, Ray tenía razón.

-No entiendo, jefe.

-Esa es la cosa cuando wakíŋyaŋ čhaŋté reencarna y viene a vivir a tu pueblo, niña, dejas de entender muchas cosas. Pero las cosas no dejan de ser ciertas porque no las entiendas.

Asentí, por supuesto. Aquello sonaba profundo, inquietante, pero, sobre todo, terriblemente lógico. Jake aprieta los labios para que no se le escape el gemido de la garganta. Si, es así mismo. Su vida es testimonio del absurdo que los gemelos Ray y Tom pueden conjurar en el mundo. Elia casi termina su historia.

-Esa relación, no importa en qué dirección vaya, las definirá a las dos. Los hombres alrededor de ella son como perros, ¿sabes cómo lidiar con los perros?

-Te plantas firme, muestras los dientes, ignoras sus ladridos, miras de frente al alfa.

-Bien. Eso está bien.

Empezó a levantarse, pero le agarré la muñeca. Sus ojos fueron de mi mano a mi cara. Había incredulidad en sus pupilas, pero también algo de diversión. Yo misma no podía creer lo que había hecho, pero después de hablar de visiones, de las muertes que unían a su familia y la mía, ese comentario sobre perros era tan anticlimático que no podía dejarlo ir. ¿Entienden? Tragué en seco, me obligué a hablar.

-¿Nada más… jefe?

Soltó una risa burlona.

-¡Ah! Tú tampoco puedes resistir la tentación del oráculo.

Me sentí avergonzada, débil. ¿Acaso no era capaz de tomar mis propias decisiones? Los ojos de Walter se volvieron tristes, resignados, parecía sentir pena por mi. Entonces dijo…

Cierra la boca y tuerce el cuello para mirar a Jake. Sus ojos oscuros recorren los rasgos con atención, buscando… Elia se levanta del borde de la bañera y se para frente a la pareja, da un paso atrás, tratando de verles en conjunto. Jake y Sam se dan cuenta de a dónde va su mente. Él baja la cabeza y se cubre la cara con las manos, suspira resignado. Ella pone expresión de pánico, levanta las manos en gesto de conciliación.

-No es…

Pero su novia la ignora, repite despacio el mensaje, asombrada e incapaz de dudar porque la evidencia está aquí, frente a ella.

-Un hombre le negará el único escape posible y tendrá que mirar la oscuridad en su interior. Para cuando ocurra, tú habrás cruzado esa oscuridad sin darte cuenta, serás su guía. Ese es el mensaje de Ray Seresin, wakíŋyaŋ čhaŋté, para ti, Elia Eagle Bear. Claro, podrías evitar todo eso si no jodes a Seresin, pero ya veo que es demasiado tarde. 

Hace una pausa, mira por encima de sus cabezas al pedacito de cielo visible por la ventana del baño y contiene las ganas de darle puñetazos a la pared azulejada. Sabía que Jake era sobrino de Ray Seresin. ¿Cómo ignorarlo? Su visita a Pine Ridge en el verano de 2008 creó todo tipo de especulaciones. Su prima Mary no se callaba sobre lo apuesto que era. Sobre cómo no perdió tiempo tratando de emparejarlo con Elia o con Dennys -porque la obsesión particular de Mary era traer más bebés sioux al mundo. Creyó que ese era el Seresin que tenía que mantener a distancia. Nunca se le ocurrió que su tierna Samantha, esa muchacha voluntariosa y dulcemente ignorante de la maldad del mundo… Que ella también…

-¿Así que eres una Seresin?

Pero Sam la mira con los ojos entornados y la frente fruncida, ignora su pregunta para hacer evidente su confusión ante las implicaciones de la profecía.

-¿Así que no te importa que mi verdadero padre sea un monstruo?

Otra vez eso.

-Una eyaculación no hace un padre, Sam -su mente regresa brevemente a la reserva-, creeme. Tu verdadero padre es Thomas Kazansky. Ahora dime.

-Mi madre… -ella se detiene, la mira avergonzada, se pega al costado de su hermano y se encoge como una gatica mojada- ... Mi madre es medio hermana de Ray Seresin.

No puede ser. Doña Sarah es sioux, si, pero dijo que no conocía a su familia, que la habían separado de sus padres biológicos y había crecido en el sistema de hogares de acogida, víctima del racismo y el abandono. Dijo… Si, bueno, dijo. ¡Ah! Las mentiras que se dijeron.

-¿Por qué… ?

-Para apoyar la carrera de su esposo, por supuesto -Elia no sabe si el rencor en el tono de Jake está dirigido a Kazansky o al gobierno-. Ray Seresin es un enemigo del Estado, la CIA trató de matarlo no se sabe cuántas veces, claro que no querían ninguna asociación con el malvado indio terrorista.

Si, eso tiene sentido. Asiente en silencio. Sam la sigue mirando con duda, con algo como una tímida esperanza. Elia se arrodilla y le pone las manos en las rodillas.

-Sam, amor, ¿todo esto de que Jake donara el esperma es porque tu no quieres…? ¿Tu no quieres usar tus óvulos?

-La mitad de mis genes vino de él.

Jake gruñe, Elia le da una mirada de reconvención y vuelve a enfocarse en su pareja.

-Y la otra mitad de tu madre. Más que todo, será nuestra responsabilidad, como sus madres, darle las herramientas para ser buena persona.

-¿Cómo puedes confiar en que…?

-Yo no confío, Sam, yo sé. Tu eres la que tiene que confiar en mí, por favor.

-Pero te mentí…

-Si, bueno, todo el mundo ha mentido por aquí. Yo…  Yo te dije que me gustaba la trilogía precuela de Star Wars.

-¿¡Tú qué!?

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Nota: 

La tía asesinada de Elia Eagle Bear es Maggie Eagle Bear.
En el filme Thunderheart (1992), Maggie Eagle Bear es activista política y maestra indígena pacífica. Ella fue asesinada por mercenarios indígenas al servicio del gobierno de los Estados Unidos mientras investigaba un plan gubernamental para extraer uranio en la reserva de Pine Ridge, el cual contaminaba el suministro de agua de la comunidad. Ray Levoi y Walter Crow Horse encuentran su cuerpo en la meseta del Ciervo Rojo.

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/tengo-derecho-esto-las-mentiras-que-nos.html

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