27 de agosto de 2023

LA CULPA ES DEL CONEJITO 10

 Parte 1 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandoms:  Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)

Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Walter Crow Horse/Ray Levoi

Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Carole Bradshaw, Sarah Kazansky, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Ron "Slider" Kerner, Ray Levoi, Walter Crow Horse, Grandpa Samuel Reaches, Personajes Infantiles Originales

Etiquetas adicionales:
Personaje Trans Masculino, Embarazo no Planificado, Relación Secreta, Poliamor, Tom "Iceman" Kazansky Vive



ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-1-la-culpa.html

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Capítulo 10: 1998, abril

Sumario:
Ya usó cinco de los seis meses de licencia sin sueldo a los que tenía derecho, pero no puede dejar a Bradley y Jake a la deriva. En la trama de mentiras que han tejido para sobrevivir, lo ven como su padre principal. Si se va ahora, cuando apenas se recuperan de la pérdida de Carole, el daño sicológico será irreparable. Además, Ice y Sarah quieren que pase más tiempo con Sean.

 

Lunes 11 de abril

Mav se pasa un dedo por el cuello, incómodo con la corbata. La última vez que usó el uniforme de gala de servicio fue en el funeral de Carole, hace más de un mes. Antes de eso… no recuerda. ¿Cuándo lo promovieron a comandante? Es posible. Tampoco recuerda cuándo accedió a esta reunión, la verdad. Solo sabe que anoche Sarah lo peló, y esta mañana Ice lo obligó a afeitarse, ponerse el uniforme y le dijo que lo esperaban en el cuartel general de la Marina en San Diego.

Supone que quieren hablar de su trabajo.

¿Qué va a responder?

Ya usó cinco de los seis meses de licencia sin sueldo a los que tenía derecho, pero no tiene la capacidad mental para volver a un puesto remoto. No puede dejar a Bradley y Jake a la deriva. En la trama de mentiras que han tejido para sobrevivir, lo ven como su padre principal. Si se va ahora, cuando apenas se recuperan de la pérdida de Carole, el daño sicológico será irreparable. Además, Ice y Sarah quieren que pase más tiempo con Sean. “Es importante que estés presente en sus primeros cinco años para forjar un lazo duradero”, le dijo Sarah en su voz más seria. Ice la apoya: “Ahora solo te asocia con la enfermedad de la mamá, Mav. Tienes que crear buenos recuerdos.”

Si, todo eso es cierto, pero -como le dijo Richard Abbot- Pete “Maverick” Mitchell no tiene mucho para negociar. Es un comandante de la fuerza aérea de la marina, talentoso, pero con un largo historial de insubordinación. Solo es bueno para volar en misiones peligrosas, como su padre antes que él. Ahora que Top Gun está en Fallon, ni siquiera puede considerar pedir de favor a Viper un puesto de instructor.

Después de las operaciones encubiertas en Bosnia, tuvo tres meses de descanso. En el otoño de 1996 lo ascendieron a comandante -oh, esa debió ser la vez anterior en que usó este uniforme- y lo asignaron al Golfo Pérsico, para mantener control sobre la zona de exclusión aérea del sur de Iraq tras la invasión del Kurdistán por las fuerzas de Sadam Hussein.

Al menos pasó esa Cena de Acción de Gracias en casa.

La vigilancia aérea es un trabajo ingrato y agotador. Cuando eres jefe de escuadrón, al estrés de la guardia se suma la responsabilidad por otras vidas. Cuando llevaba cumplidos diez de sus dieciocho meses de misión llegó el aviso de que Carole tenía cáncer. Fue la primera vez que pudo notar la fuerza que Ice ha acumulado en su camino de ascenso: en menos de una semana la documentación para su desmovilización temporal por causas familiares había sido completada, revisada y aprobada.

Ahora que debe regresar al servicio no imagina qué puesto le asignarán. ¿Y si renuncia?

Es un escenario que consideró dos veces antes: tras la muerte de Goose, en 1986 y cuando nació Jake, en 1991. En ambos casos Ice lo disuadió. Ahora… Pero ¿qué hará sino vuela? Por lo que cuenta Cougar, ser piloto comercial no es ni de lejos tan emocionante y encima se espera que pase tiempo siendo amable con clientes VIP.

Suspira y pasea los ojos por la sala de espera. La secretaria -una teniente pelirroja-, lo contempla con algo parecido a la lástima. En cuanto sus miradas su cruzan ella aparta los ojos. Claro, todo el mundo sabe que acaba de enviudar, se quedó con dos hijos y sin casa propia -solo el IRS sabe quiénes comparten la propiedad de la mansión de University City.

¿Cuánto más lo hará esperar el vicealmirante García?

Un ruido de pasos apresurados llama su atención. La puerta del corredor se abre y entran dos hombres de civil. El mayor tiene cincuenta y tantos años, tiene estatura media y frente amplia. Usa espejuelos de marco metálico, un traje de tres piezas que seguramente vale más que su salario mensual y carga un portafolios abultado. El segundo es mucho más joven, como de su edad, tiene cuerpo fornido y cara ancha, con líneas de expresión alrededor de los ojos, como si frunciera el ceño a menudo -por risa o por preocupación-. También lleva traje, aunque de factura más modesta, y trae una maleta de unos cincuenta por cincuenta centímetros.

En cuanto los ve, la secretaria toma el teléfono.

-Lamento tanto, tanto la demora, Cindy -dice el hombre mayor y agita una mano por encima de su cabeza. -Un accidente a la entrada del puente Coronado, ¿puedes creerlo? ¡Precisamente hoy!

-El vicealmirante García los espera, señor Coffman.

Mav abre los ojos al oír el nombre. ¿Coffman? ¿El director ejecutivo de Lockheed Martin? No puede procesar la sorpresa, porque el hombre se gira en su dirección.

-Discúlpeme usted también, comandante Mitchell -dice con rostro contrito. -Queríamos causarle una buena impresión, y pasa esto. Vamos, vamos, a García no se le debe hacer esperar.

A pesar de la confianza que exuda Coffman, Mav mira a la secretaria para confirmar. No se entra sin permiso oficial al despacho del comandante de la región suroeste de la Marina.

-Puede pasar, comandante Mitchell -confirma Cindy y ve en sus ojos que aprecia el gesto de respeto.

La oficina del vicealmirante García es del tamaño de su primer apartamento, Mav está seguro de ello. Al mismo tiempo es cálida, el comandante la ha personalizado. En cuanto entran, García se levanta y va hacia ellos con expresión afable.

-Señor Coffman, ya empezaba a preocuparme.

-Mis disculpas, vicealmirante. El paso en el puente Coronado estuvo cerrado por quince minutos a causa de un accidente. Y luego, claro, no se debe manejar a exceso de velocidad por una base militar.

García asiente y extiende la mano al otro hombre.

-Rezabek.

-Vicealmirante García.

Por último, el comandante mira a Mav. Para sorpresa del piloto, su expresión amable no desaparece, solo se tiñe de tristeza.

-Comandante Mitchell, lamento conocerle en estas circunstancias.

-Vicealmirante García, señor -entiende que el hombre le ofrece un pésame implícito, pero no sabe cómo responder.

El comandante nota su incertidumbre y le pone una mano en el hombro.

-Está bien, hijo. -gira hacia los otros dos hombres. -Vamos a sentarnos.

Pero no se dirige a su buró, sino a la mesa de conferencias que domina el lado izquierdo de la oficina, donde hay cuatro puestos preparados. Mav ve que uno tiene su nombre en un elegante identificador, le esperan varios documentos, un block para tomar notas y una pluma con el emblema de la marina. García se sienta en la cabecera, Coffman y Rezabek quedan frente a Mav. Rezabek pone la maleta en la mesa con cuidado.

-Como no estoy seguro de que se conozcan -anuncia García- voy a empezar por presentarles. Comandante Mitchell, ellos son Vance Coffman, director ejecutivo de Lockheed Martin, y Rick Rezabek, jefe de ingeniería de Lockheed Martin. Señores, les presento al comandante Pete “Maverick” Mitchell, aviador de la fuerza aérea de la marina. Tiene la Medalla Expedicionaria Naval por volar invertido encima de un MIG-28 en 1986, estoy seguro de que oyeron esa historia. A los veinticuatro años ganó la Estrella de Plata por salvar a otros pilotos en combate y la Medalla del Aire por derribar tres aviones enemigos, es el aviador norteamericano con mayor cantidad de aeronaves enemigas derribadas desde el final de la Segunda Guerra Mundial. También tiene la Medalla de Servicio del Suroeste de Asia por su desempeño en la Guerra del Golfo en 1990, y la Medalla de las Naciones Unidas por su trabajo en la Guerra de Yugoslavia en 1996.  

Solo los años de disimular quién es impiden que Mav se sonroje. Viper es el único superior que lo ha presentado con una luz tan positiva. Lo habitual es que sus condecoraciones sean enumeradas con asombro y desprecio. Sus comandantes nunca tardan mucho en preguntarle -retóricamente, claro- cómo ganó tantas medallas con esa manía que tiene de cuestionar la autoridad -el mal uso de la autoridad, en realidad, pero eso no les importa mucho- y su constante imprudencia en el aire. Pero no dice nada. Es evidente que García quiere presentarlo como un tesoro a la cúpula de la Lockheed Martin, y él no lo contradecirá. De todos modos, seguro Coffman ordenó su propia investigación y sabe por qué le dicen Maverick. No es un secreto.  

Solo asiente levemente.

-Mitchell -continua García. -Estás en una situación personal delicada: acabas de enviudar, y no tienes más familia. No puedes dejar a dos niños solos en casa.

El sí tiene familia, pero se obliga a asentir con gesto pesaroso y deja que el comandante siga.

-Al mismo tiempo, eres un piloto de la Marina, tu lugar es en el mar. La Marina se preocupa por sus pilotos y sus familias, un hombre que está preocupado por lo que dejó atrás no dará lo mejor de sí. Deja de ser un recurso, se convierte en un lastre, en un peligro para sí mismo y su equipo. No queremos prescindir de ti, pero los riesgos que demanda tu trabajo solo se pueden tomar cuando estás cien por ciento en el juego. ¿Entiendes?

Intenta sonreír, pero le sale una mueca amarga.

-Si comandante, entiendo.

-Bien, porque eres un piloto muy valioso, con un gran talento. No queremos perderte. El asunto de qué hacer contigo ha dado vueltas por el almirantazgo desde diciembre, cuando supimos que Carole no iba a lograrlo.

Esto si sorprende a Mav. ¿Desde el año pasado? Pero tiene sentido, por supuesto: el dolor no ha sido tanto como para desconectarle por completo del mundo y sabe que ahora mismo se gestan al menos diez conflictos internacionales que amenazan la seguridad norteamericana. Desde el fin de la Guerra Fría el mundo no ha hecho más que calentarse. Lo que no comprende es la presencia de Coffman y Rezabek en esta reunión.

-Te digo que “al asunto ha dado vueltas” porque en realidad ya había un plan, pero es un proyecto clasificado, así que tus superiores directos no sabían nada. Aquí es donde entran los señores Coffman y Rezabek.

García hace un gesto y Coffman toma la palabra.

-Imagino, comandante Mitchell, que está al tanto de la orden del Congreso de 1994 de crear el programa Joint Strike Fighter para reemplazar una amplia gama de aviones de combate.

Hace una pausa, Mav se da cuenta de que este hombre espera una respuesta.

-Si, si. Estoy al tanto.

-Bien, y sabe también que, el 16 de noviembre de 1996, el Departamento de Defensa otorgó dos contratos para desarrollar prototipos de los aviones propuestos, uno a la Boeing y otro a nuestra empresa, Lockheed Martin. Nos asignaron 750 millones de dólares para desarrollar los prototipos de demostración y la definición del concepto de sistema de armas preferido. Tenemos hasta el año 2000 para ir de esto –Rezabek abre su maleta con gesto dramático para revelar el modelo de avión elegante y ligero-, a un caza verdadero. Queremos que nos ayude en el proceso.

Pete pasa su mirada del modelo del Lockheed Martin X-35 -bellísimo-, a las caras de los tres hombres. ¿Cómo quieren que los ayude?

-Perdón señor Coffman, pero yo no soy ingeniero. No entiendo cómo podría ayudarle antes de que el avión sea un poco más grande.

García, Coffman y Rezabek ríen.

-Mitchell, tenemos ingenieros suficientes -interviene Rezabek. -Lo que no tenemos son pilotos capaces de volar un Tomcat encima de un MIG-28, o un Hornet por los desfiladeros de los Balcanes. Queremos que usted nos asesore sobre las necesidades de un avión de combate moderno, y que luego pruebe si nuestro X-35 está a la altura de sus sueños.

Mav se hecha hacia atrás enseguida y mira alarmado a García. ¿Esto es legal? Pero el vicealmirante le sonríe con tranquilidad, e inmediatamente mira a Coffman con expresión de “se lo dije”.

-Nos habían advertido que es usted un hombre extremadamente honesto, Mitchell -comenta el director de Lockheed Martin con tono algo defensivo. -Puedo asegurarle que esta reunión cuenta con todas las autorizaciones necesarias. Después de recibir los contratos, tuve un intercambio con los ejecutivos de la Boeing y llegamos a la misma conclusión: quien mejor sabe cómo debe ser un avión de combate, es un piloto de combate. De manera conjunta, pedimos al Departamento de Defensa que nos dejara reclutar un piloto, uno solo, para cada proyecto. El plan fue aprobado por los correspondientes comités del congreso en octubre de 1997.

-¿Octubre del año pasado? Eso fue hace seis meses. ¿Y ustedes todavía no tienen su piloto de prueba? Cualquiera querría ayudar a construir el avión de combate del siglo XXI.

-Si, si lo tenemos, es solo que tuvo una emergencia familiar justo cuando íbamos a contactarlo y decidimos esperar.

Pete pestañea, confuso. ¿Insinúa Coffman que lo quieren a él? ¿Lockheed Martin quiere llevarlo a Skunk Works?

-¿Vicealmirante García? -su voz oscila entre el entusiasmo y la duda.

-Si, Mitchell. Es cierto. La solicitud llegó a través del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes el mismo día que tu solicitud de licencia por emergencia familiar. Cuando les informamos que no estabas disponible, me dijeron que podían esperar.

-¿Podían esperar? -repite Mav y gira sus ojos interrogantes hacia los representantes de la empresa.

-Por supuesto -sonríe Rezabek. -La mayor parte del trabajo ahora es ingenieril: modelar piezas, hacer pruebas de resistencia, discutir el tamaño óptimo del tanque de combustible. Esperamos tener la primera versión de la cabina para este verano.

-Entonces, lo que le proponemos es que no regrese al combate activo cuando termine su licencia ahora en abril -resume Coffman. -El acuerdo con el programa Joint Strike Fighter es que usted pase a la reserva por tiempo indefinido y acepte nuestro contrato como asesor para el desarrollo del avión de demostración conceptual Lockheed Martin X-35. Una vez que termine el concurso, en la primavera de 2001, podrá reincorporarse a la fuerza aérea de la marina, sin afectación a su rango. Además, la compensación económica no es despreciable.

Pete hace un gesto hacia el modelo del X-35 y Rezabek lo desliza a través de la mesa hacia sus manos. Al menos a escala, tiene una elegancia innegable, el perfil que cualquiera esperaría en un avión de combate moderno, de alto rendimiento y de gran capacidad.

Acaricia las alas con suavidad y sopesa la situación. Tiene que quedarse en San Diego, y esta es una gran oportunidad. La velocidad a la que regresó en noviembre tenía la marca de Ice, y eso lo hizo sentir mal. En cambio, la oferta de Lockheed Martin no es un regalo de su esposo, sino un reconocimiento a su talento y méritos. No hay vergüenza en aceptarlo ¿verdad?

Esto es bueno para él, pero también para la familia. Skunk Works está en Palmdale, a tres horas de San Diego, pero el trabajo de piloto de prueba no demandará su presencia todos los días. Puede quedarse en casa con Sarah a cuidar de Brad, jake, Sam y Sean. Ice tendrá toda la libertad de ir a donde demande su carrera. En la primavera de 2001 Bradley ya estará terminando el bachillerato, casi listo para irse de casa. Les cekpápi tendrán diez años y Sean seis, Sarah podrá manejarlos por su cuenta, si lo mandan a un puesto remoto antes de que Ice pueda regresar a San Diego.

De verdad quisiera llamar por teléfono a casa (sabe que Ice tiene libre el día de hoy), pero su condición de viudo cancela tal posibilidad. Y aunque Carole estuviera viva, el X-35 es un proyecto clasificado, tampoco tendría derecho a discutirlo con ella. Solo hay que ver el grosor del “Acuerdo de Confidencialidad” que tiene delante, el primero de varios documentos que seguramente esperan firme hoy mismo, para poder avanzar a través de las flemáticas burocracias del Departamento de Defensa y el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes.

-¿Cuándo empezamos?

Dos horas después, cuando cruza el puente Coronado de regreso a San Diego, Pete se da cuenta de que se siente mejor de lo que se ha sentido en años: ligero y tranquilo. Se debe al contrato de la Lockheed Martin, que le permitirá estar tres años en casa. Desde que engendraron a Sean ha vivido exiliado de su propio hogar para evitar las sospechas de la Marina. Ahora será civil. Aun trabajando en un proyecto clasificado del Departamento de Defensa, los grados de libertad que se abren ante él son -comparativamente- muy amplios.

Llega a la casa, parquea y sube al piso principal sin dejar de sonreír.

-Llegó Mavpá -chilla Jake como de costumbre y tres infantes se lanzan a abrazarle.

Ice se acerca más despacio y observa con una sonrisa leve cómo Pete finge que Jake, Sam y Sean pueden vencerlo en el combate de cosquillas.

-Es la hora de comer -interrumpe al fin-, a lavarse las manos. Y tú, Mitchell, sube a quitarte el uniforme, no queremos que se manche con salsa de tomate.

Mav se levanta presto y hace el saludo militar. Otras tres manitos lo imitan.

-Si, capitán Kazansky, señor -dicen cuatro voces a coro.

Ice niega con la cabeza y suelta un gruñido exasperado, pero sonríe.

-Brad, ven a ocuparte de estas manos, por favor.

Brad llega desde el comedor, dice un apresurado “Hola papá” y guía a sus sunkaku hacia el baño entre los dos despachos. Tom empuja suavemente a Mav hacia el piso superior.

Ice tiene que haber notado el cambio que la nueva perspectiva laboral provocó en Mav, porque apenas cierran la puerta del dormitorio, empuja a su esposo contra la pared y lo besa con fuerza. Pete siente la excitación estallarle en el centro del pecho y responde con entusiasmo. Es la primera vez en lo que va de año que reacciona tan rápido a cualquier intento de contacto sexual.

Desde diciembre, Pete estuvo tan hundido en el dolor por la pérdida de Carole, que su relación se volvió completamente platónica. Claro que deseaba la cercanía de sus cónyuges, el consuelo y apoyo implícito que le ofrecían a través del contacto físico, pero su impotencia ante la lenta agonía de Carole hizo retroceder el deseo sexual a un rincón apartado de su mente. Nada parecía poder sacarlo de ese estado semanas después del funeral.

La situación hizo crisis el 20 de marzo en la noche, cuando después de una cena bastante elaborada -no hay cenas románticas en una casa con un adolescente y tres infantes llenos de energía-, un baño largo y mandar a Sarah a la otra habitación, Tom besó a Pete con pasión desbordada y este solo lo miró confundido. Luego se dio cuenta de que estaban solos, sus ojos se detuvieron en el calendario y saltaron al rostro sonrosado de su esposo.

-¡Oh! -dijo con tono de alarma. -Si, claro.

Pete se sentó en la cama y comenzó a desnudarse mecánicamente. No notó cómo el rostro de Ice pasaba de la sorpresa al dolor, del dolor a la tristeza, de la tristeza a la comprensión. Se sentó a su lado y le tomó las manos antes de que pudiera sacarse los pantalones de la pajama.

-No tenemos que hacerlo si no quieres.

Pero Mav se soltó y siguió adelante.

-Es nuestro aniversario de bodas. Todo el mundo lo hace en el aniversario ¿no? Puedo cumplir.

-¿Cumplir? -Mav está tan ocupado buscando alguna chispa de excitación en su interior que no percibe el tono de sorpresa y amargura de su pareja. Lo mira exasperado.

-Bueno, ¿puedes decidirte? Primero me besas todo ansioso y dos minutos después ya no quieres.

-Quiero que hagamos algo que nos de felicidad a los dos, Mav.

-¿Entonces vamos a hacerlo? ¡Perfecto! -termina de desnudarse y se mete debajo de las sábanas. -Solo dame algo de tiempo para despertar al Gran Pete ¿sí? O mejor aún -extiende una mano hacia Ice y la guiña un ojo-, puedes usar esa boca tuya tan linda.

La invitación tiene casi el tono de seducción perfecto. Casi. Pero Tom estudia a Pete desde hace doce años. Primero lo estudió como contrincante, luego como amigo, finalmente como amante. Ahora mismo la voz y el gesto son perfectos, pero la tensión de los ojos lo traiciona: Maverick tiene miedo. Se siente en falta porque no recordó que era su aniversario de bodas y teme la reacción de Ice.

Es comprensible: acaba de perder a su hermana -Ice nunca sabrá todo lo que pasaron esos tres antes de Top Gun- y los traumas que le dejaron años de abandono y maltrato afloran.

La clave está en que Mav no oculta su miedo con distancia -podría haber dicho que le dolía la cabeza- o violencia -podría haber inventado una excusa para pelear-, sino que está dispuesto a usar su cuerpo para prevenir otra pérdida, inconsciente de lo que el gesto revela sobre su educación sentimental. No se sorprende al concluir -otra vez- que mataría sin remordimientos a quien, o quienes, abusaron sexualmente del niño que fue su esposo.

Pero eso es una reflexión para otro momento. Ahora lo importante es salir de este atolladero sin dañar más su relación. Corre un par de escenarios mentales y se decide por uno que, si juega bien sus cartas, podría incluso darles placer.

Se pasa la punta de la lengua por lo labios y mira a Mav con auténtico deseo, aunque el otro está tan hundido en su miedo que no puede apreciarlo.

-Estoy pensando en otra cosa. Vamos a podemos ponerle algo de novedad a la noche. Después de todo es nuestro aniversario, ¿no?

La sonrisa de Mav se opaca por un instante -tan breve que Ice no lo había notado si no lo hubiera estado esperando-, pero asiente.

-Claro. ¿Qué tienes en mente?

-Pues…

Ice se inclina para abrir la última gaveta de su mesa de noche y saca una caja forrada de terciopelo rojo. La pone en la cama, entre ambos, e invita a su esposo a abrirla con un gesto.

-El degenerado de Walter me mandó esto por mi cumpleaños en diciembre.

Mav levanta la tapa y descubre un dildo incorporado a un arnés pélvico. El falo ha sido creado con clara vocación realista: la silicona es color entre rosa y beige, casi el tono exacto de la piel de Tom, la superficie es irregular, con líneas gruesas que simulan vasos sanguíneos a flor de piel y trazos leves, como vellos púbicos, incluso el glande es ligeramente asimétrico y -cuando Mav levanta el extremo con la punta del dedo- ve una hendidura que imita la abertura de la uretra.

-Wow…

La curiosidad ante el regalo ha hecho que Pete se relaje un poco.

-Hay una nota -Ice la saca del costado de la caja y se la extiende.

-Copia exacta del original -lee en voz alta Mav. -Para que tengas todo lo que te corresponde como gemelo Seresin. -mira asombrado a Tom- No puede ser… ¿Esto es una réplica del pene de Ray? ¡Oh! -las mejillas de Pete enrojecen y sus pupilas se dilatan.

Con manos temblorosas saca el artefacto y empuja el estuche al suelo. Tira la gaveta de la mesa de noche con violencia y empieza a revolver el contenido.

-¿Dónde está el lubricante? ¡Joder! -se da cuenta de que Ice lo mira divertido, sentado en la cama, con los brazos cruzados sobre el pecho y su cara se transforma en una extraña máscara donde pugnan el deseo y la vergüenza. -¿Qué haces ahí sin moverte? ¡Quítate la ropa! ¡Ponte el arnés Ice!

-No se -responde el rubio burlón-, estoy cansado.

-Es nuestro aniversario de bodas -repone Mav entre dientes, se nota que quiere gritar y no se atreve. -Todo el mundo lo hace en su aniversario y tu tienes un pene nuevecito. ¿Qué más?

Ice sonríe orgulloso, le gusta que Mav le pida que lo coja, pero su cara ufana es demasiado para el otro. En un segundo la expresión de deseo se transforma en miedo.

-¿Quieres que suplique? ¿Quieres que me lo meta yo solo mientras miras? ¿Quieres cogerme la boca? Haré lo que sea Ice, es nuestro aniversario ¿si? Por favor.

-¡Ey, ey, ey! -lo interrumpe Tom y le toma la cara entre las manos, le limpia las lágrimas con los pulgares, le da un beso suave en los labios- Nada de suplicar, nada de humillaciones. Nunca hemos hecho nada así y no vamos a empezar ahora. Solamente me quedé detenido porque te ves muy lindo cuando te excitas, Pete Mitchell, y hace meses que no disfrutaba de esa visión.

-¿Seguro? -la voz de Mav aún tiene una nota de temor.

-Seguro. Llevo días deseando cogerte despacio, hacerte olvidar todo el dolor. Al fin estás de humor y, sí, mi velocidad de reacción fue baja. Discúlpame. Anda, ayúdame a ponerme esa cosa -y guía las manos de su esposo hacia la cintura de su pantalón de dormir.

Usaron el regalo de Walter muy bien esa noche.

Los siguientes días no fueron perfectos, pero si mejores.

Hoy, con la excelente oferta de trabajo que recibió, Mav siente que se puede comer el mundo, o por lo menos a su esposo.

Ice deja de restregarlo contra la pared y se separa un poco.  

-¿Aceptaste?

Pete sonríe, claro que lo sabía. Seguro que fue Tom quien fijo la fecha de la entrevista, porque de veras que no recuerda haber hablado con la teniente Cindy en su vida.

-¿Sabes de qué se trata?

-No los detalles. Solo que es algo clasificado para lo que necesitan desmovilizarte, así que tiene que ser alguna empresa contratista del Departamento de Defensa, y que te podrás quedar en casa.

-Quieren que sea asesor técnico y piloto de prueba para la demostración conceptual del Lockheed Martin X-35 en Skunk Works.

-Mav, ¡eso es maravilloso! Las demostraciones están previstas para la primavera de 2001. ¡Estarás tres años en casa!

Vuelve a besarlo.

-Si. ¿Quién diría que tantos reportes por vuelo imprudente nos darían esto? Así que ¿quién es el mejor piloto?

Tom se aparta con expresión divertida.

-No lo heches a perder Maverick.

Luego camina hacia el gavetero, saca una camiseta y un pantalón deportivo y los pone en la cama.

-Anda, quítate el uniforme, tus hijos, Sarah y Sam nos esperan para comer.

-¡Oh! -dice Pete mientras empieza a sacarse la corbata. -¿Mis hijos? ¿Qué pasó?

Tom se sienta en la cama y suspira.

-Se han hecho adictos a esa pista del demonio que construiste en el patio. Es muy temprano para que manejen Mav, ¡te lo dije!

Pete se ríe de la angustia de su esposo mientras termina de sacarse los pantalones.

El microcircuito de carreras de cuatrimotos eléctricas fue el proyecto con que ocupó marzo. Lo montó para la fiesta de cumpleaños de les cekpápi y fue un éxito. Toda el aula de Sam y Jake olvidó las golosinas y los globos para aprender a manejar a lo largo de una pista con obstáculos que ocupa un tercio del gran patio de la casa. Mav reclutó a Brad, Denise y Nathan como asistentes, y es un testimonio de su capacidad como maestro y líder que pudiera enseñar a manejar a una veintena de infantes de siete años solo con la ayuda de un trío de adolescentes y la señora Stone -la maestra Jake y Sam.

Aunque solo están en segundo grado, les cekpápi ascendieron a la cúpula de popularidad de su escuela. Los dos fines de semana que han pasado desde la fiesta tuvieron el patio lleno de infantes de todos los grados de la escuela, ansiosos por sentir la a adrenalina de manejar un vehículo automotor a velocidades de hasta 8 kilómetros por hora.

-Creí que las reglas estaban claras: no se puede jugar con el cuatrimoto antes de hacer las tareas.

Ice resopla.

-Como si se tratara de eso. Atrapé a Brad y Jake tratando de desmontar uno. Habían dejado a Sean de guardia para que avisara si alguien se acercaba al garaje. Cuando los confronté, Brad tuvo el valor de decirme que era para un proyecto escolar. ¿Son o no tus hijos?

Mav estalla en carcajadas mientras lucha por pasar la cabeza a través del hueco de la camiseta.

-No -dice y extiende una mano hacia Tom. -Son nuestros hijos: a mi no se me habría ocurrido poner vigilancia. Esa es tu frialdad Kazansky. Anda, vamos a comer.

CAPÍTULO 11: 1999: https://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/la-culpa-es-del-conejito-11.html 

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