Parte 1 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)
Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Walter Crow Horse/Ray Levoi
Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Carole Bradshaw, Sarah Kazansky, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Ron "Slider" Kerner, Ray Levoi, Walter Crow Horse, Grandpa Samuel Reaches, Original Child Character(s)
Etiquetas adicionales:
Personaje Trans Masculino, Embarazo no Planificado, Relación Secreta, Poliamor, Tom "Iceman" Kazansky Vive
Sumario:
1967: Tom y su padre
-Tengo pocos recuerdos felices de mi padre biológico, pero esto que te voy a contar me ayudó cuando el coronel me casi me hizo creer que nadie me querría por ser... Bueno, no voy a repetir las cosas que el coronel me dijo. Debía tener cinco o seis años, Creo que en ese momento lo supo, ¿sabes?
-¿Qué no eras un niña?
-Si.
1973: Ray y Tom
Estaba tirado en el piso, encogido y tratando de cubrirme la cara con los brazos. Igual, los golpes del cinto en mi espalda eran dolorosos. Traté de callar, se molestaba más aún cuando hacia ruido. Decía que un hombre de verdad aguanta los castigos en silencio.
-Cabrón -susurra Walter, y su aliento le hace cosquillas en la nuca.
-Si, era un cabrón. Estaba esperando otro latigazo, pero no vino. Tommy había saltado a cubrir mi cuerpo con el suyo. Era una de las pocas circunstancias en que veía su cuerpo de niña como una ventaja.
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Capítulo 3: Recuerdos 1967 y 1973
1967: Tom y su padre
Están acostados uno frente al otro bajo las mantas (la primavera es fría en las planicies de Dakota). Mav acaricia el vientre y Ice deja escapar un gruñido de alivio.
-Aún no nace y ya te hace más caso a ti.
Mav detiene el movimiento, pero Ice lo apremia con un gesto.
-No pares, si vuelve a patearme las entrañas será culpa tuya.
Mav no puede evitar reírse, pero le dura poco.
-Me pregunto si mi padre hizo esto alguna vez.
Lo duda. Ni siquiera tiene la certeza de que su padre estuviera presente durante sus meses de gestación. Después de todo, Duke Mitchell era un piloto de guerra. Mav recuerda sus muestras de cariño, sí, pero ya no está seguro de cuánto es real y cuánto su imaginación tratando de palear la soledad de la temprana orfandad.
-Hemos prometido no morir -le recuerda Ice, y él asiente.
Dijeron sus votos en una ceremonia oficiada por Sam Reaches, la persona de mayor edad de la reserva y responsable de la memoria de la comunidad. Ray, Walter y Sarah dieron testimonio. No tiene valor legal, pero es todo a lo que pueden aspirar. Mav hubiera querido hacerlo cerca del mar, con Carole como su testigo y Brad llevando los anillos. Se da cuenta de que su sueño es cursi e imposible, pero es un sueño, no tiene que ser realista.
Una de las promesas que hicieron fue estar presentes para apoyarse mutuamente y cuidar de su bebé, en la luz (como lo hará Mav) o desde la sombra (como tendrá que hacerlo Ice), pero siempre disponibles. Ambos son huérfanos, saben lo que es carecer de figuras estables y confiables mientras se crece. Ice ha planeado, Mav ejecutará la maniobra más seria de su vida, ser padre.
Igual, no puede evitar la melancolía: solo tendrá estos dos meses con Ice. Después del nacimiento deberán volver a separarse, fingir ser amigos y mentirle a su propia descendencia para no perder sus carreras por ser quienes son y amar a quienes aman.
Tom debe reconocer que se le está amargando el humor, porque de repente le acaricia la mejilla y empieza a hablar muy bajito.
-Tengo pocos recuerdos felices de mi padre biológico, pero esto que te voy a contar me ayudó cuando el coronel me casi me hizo creer que nadie me querría por ser... Bueno, no voy a repetir las cosas que el coronel me dijo. Debía tener cinco o seis años, estábamos en el parque y papá nos llamó para regresar a casa. Era uno de esos días en que Ray y yo nos la habíamos vestido de modo idéntico, y hasta acabamos con manchas similares en la ropa. Estábamos en extremos contrarios del parque. Primero papá dijo “Ray, ven”, pero yo enseguida levanté la cabeza. Estaba volteando hacia mí y corrí en su dirección antes de que dijera mi nombre en voz alta. Me molestaba muchísimo que dijeran ese nombre en lugares públicos. Llegamos al mismo tiempo a su lado, y se me quedó mirando. Creo que en ese momento lo supo, ¿sabes?
-¿Qué no eras un niña?
-Si. Me miró de arriba abajo y preguntó algo que en ese momento me pareció -se detiene tratando de buscar los adjetivos correctos-. Me pareció sorprendente y lógico al mismo tiempo: “Ya veo” dijo. “¿Entonces cómo debo llamarte?” “Ray” respondí enseguida. En esos años, creo que hasta que cumplí once, yo solo quería lo que Ray tenía, sus privilegios de niño. Pero papá se arrodilló delante de mí y me miró a los ojos muy serio. “No. Ray es tu hermano, tu eres tu. Tienes que elegir tu propio nombre”. Nunca más me llamó Rachel, sino waši.
1973: Ray y Tom
-Un momento miraba el cielo azul sobre una planicie semidesértica, el avión se alejaba y yo decía adiós. Al otro estaba tirado en el piso, encogido y tratando de cubrirme la cara con los brazos. Igual, los golpes del cinto en mi espalda eran dolorosos. Traté de callar, se molestaba aún más cuando hacia ruido. Decía que un hombre de verdad aguanta los castigos en silencio.
-Cabrón -susurra Walter, y su aliento le hace cosquillas en la nuca.
-Si, era un cabrón. Estaba esperando otro golpe, pero no vino. Tommy había saltado a cubrir mi cuerpo con el suyo. Era una de las pocas circunstancias en que veía su cuerpo de niña como una ventaja.
“¡No se atreva!” le gritó al coronel.
“¡Rachel!” la voz de mi madre me llegaba de lejos.
Todo el mundo decía que era admirable cómo su voz siempre era suave, pero después que se casó con el coronel no pude dejar de pensar que cobarde era el mejor adjetivo.
“¡No le faltes el respeto a tu padre! Seguro que disciplina a Ray con buena razón.” Disciplinarme, así lo llamaba.
“Mi padre está muerto” repuso mi hermano con voz firme “Usted no tiene derecho a golpear a Ray.”
“Llevas mi apellido” respondió el coronel incrédulo.
“Pero no su sangre. Si quiere haga otro bebé con mi mamá para poder usar su cinto”
-¿Dijo eso? -la voz de Walter refleja clara admiración.
-Si. Teníamos solo once años, pero sabíamos que para el coronel lo de hacer bebés era un punto sensible. No que supiéramos cómo… bueno, ni idea teníamos de la mecánica del asunto, pero comprendimos que el coronel se casó con mamá porque era estéril y quería hacernos pasar como suyos. Por esos cambiamos de apellido y nos obligaron a llamarle padre. Sentía vergüenza, y mi hermano explotaba esa vergüenza.
Tommy se irguió y me tiró de la mano. Me levanté, pero seguí con los hombros encogidos y los ojos clavados en el suelo. Desde entonces mi hermano era el valiente.
-Tu eres valiente mi wakíŋyaŋ čhaŋté (Thunderheart) -le asegura Walter y su brazo le estrecha la cintura.
Ray suspira.
-Ahora soy valiente, entonces… entonces solo era… no lo se. El hecho es que Tommy me sacaba de la mayoría de los problemas con su habilidad para planear y su capacidad para aprender secretos ajenos.
-Los espíritus lo estaban entrenando para cuando conociera a Maverick -propone Walter para aligerar el ambiente.
-Podría ser. Bueno, el caso es que me levanto, sentía la marca de su mano en mi mejilla.
“Vamos Ray, te pondré algo para que no noten nada en la escuela mañana.” y dejó la amenaza flotando en el aire mientras nos íbamos.
Ya en la habitación, me puso una toalla húmeda en la cara y llegó el momento que más temía.
“¿Qué fue lo que viste?” Leyó claro mi miedo, porque sus ojos se abrieron mucho, y la cara se le deformó en una mueca de pena. “Sabes que puedes decirme. No pensaré que… yo se que no estás loco.”
-¿Loco? ¿Eso te dijo?
-¿Qué otra cosa iba a pensar de mis visiones? En el ambiente donde crecimos las visiones eran mensajes divinos de la gente devota o síntomas de locura. No me consideraba un devoto, mamá nos arrastraba a la iglesia cada semana, pero era una obligación, la dosis de tortura semanal. En cambio, los flashes de luz, las secuencias de colores distorsionados, la presencia de personas conocidas. Me era fácil pensar que simplemente alucinaba y pronto perdería la cabeza, como mi padre. Porque tenía sangre india, sangre enferma. Tommy era quien racionalizaba mis visiones y les sacaba utilidad. Por eso me lo repetía todo el tiempo: que no estaba loco.
-Pero no querías compartirle esa visión específica -acota Walter con tono reflexivo.
Ray espera a que su amante conecte los puntos, después de todo es un excelente detective.
-¡Oh! -dice y lo aprieta un poco más contra su pecho- Fue la primera vez que le viste irse.
-Si. Nos vi corriendo, yo le tiraba de la mano y corría con todas mis fuerzas. Poco a poco Tommy levantó los pies del suelo y de pronto flotaba tras de mi, como una cometa. Su risa era intensa, libre. Lo lancé hacia delante y él salió volando, se alejaba. “Tommy, regresa” grité, pero él no miró atrás. Estaba cada vez más cerca del cielo y se había convertido en un pequeño avión. Yo miraba el cielo azul sobre una planicie semidesértica, el avión se alejaba y yo decía adiós.
-¿Qué creíste que significaba?
-Que tenía que ayudarle a ir al cielo. Que la única manera en que sería feliz sería si lo ayudaba a morirse.
Walter estrecha la mano de Ray y le besa la nuca. Es un beso suave, casto, un beso de apoyo.
-¿Se lo dijiste?
-¡Por supuesto que no! Por suerte Tommy entendía que a veces no podía explicar lo que veía, así que aceptó mi silencio.
Se quedan quietos por un rato. Ray trata de limpiar de su boca el sabor amargo del recuerdo. Walter trata de encajar esta nueva anécdota sobre la infancia de su pareja en el rompecabezas que es Ray Seresin, wakíŋyaŋ čhaŋté renacido.
-Hay algo que no entiendo. Si habías tenido visiones antes, por qué te asustaste tanto cuando el abuelo Sam habló de sus propias visiones, y cuando regresaron a ti.
-Precisamente porque sabía que eran verdaderas. Las visiones se detuvieron cuando Tommy escapó de casa. En la familia se hizo un pacto de silencio, como si yo hubiera sido hijo único. Me convencí de que esa parte de mi vida había terminado. Ahora podía ser normal, ser blanco -no puede evitar una risa amarga. -Por ocho años suprimí todo recuerdo de mi gemelo. Era demasiado doloroso. Cuando el abuelo Sam me dijo que me esperaba… Las visiones solo habían servido para separarme de la persona que más amaba en el mundo. Yo había llegado acá para investigar un asesinato. No podía ser nada bueno.
-Si, si, claro.
Ray se da cuenta de que Walter recuerda ahora cómo reaccionó en el auto cuando Ray le contó de verse como una de las víctimas de la Masacre de Wounded Knee, como si las visiones fueran un premio otorgado a alguien que no las merecía.
-Oye, no te culpes. No podías saber.
-No -admite Walter-, pero al menos podía ser considerado. Yo fui educado aquí, sabía que las visiones son un honor y una carga. Pero en ese momento solo sentí envidia.
-Creo que deberías compensarme -propone Ray.
-¿De veras? -responde Walter burlón. -¿Cómo?
Ray lleva le toma la mano, la lleva de su cintura a su entrepierna.
-Tengo algunas ideas.
CAPÍTULO 4: 1991, abril: http://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/la-culpa-es-del-conejito-4.html
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