Parte 2 de: Las mentiras que nos dijimos
Famdon: Top Gun (Movies)
Relaciones:
Bradley "Rooster" Bradshaw/Original Female Character(s)Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell
Personajes:
Ron "Slider" KernerBradley "Rooster" BradshawOriginal Female Character(s)Natasha "Phoenix" TraceRobert "Bob" FloydOriginal Male Character(s)
Etiquetas adicionales:
Identidad Secreta, Angustia con Final Feliz, Relación SecretA, DADT, Ataques del 11 de Septiembre
Sumario:
Bradley va a la Universidad de Virginia porque Ice y Mav quieren que se una a la marina con consentimiento informado de qué te pierdes por estar en el clóset.
Allí tiene una aventura que marca el resto de su vida:
-Espera, espera. Ni siquiera se tu nombre.
-Eso es fácil, tú eres el Agente B y yo soy Azul.
Acaricia su notable erección por encima de la tela del pantalón.
-¿Quieres que use la boca en hablar contigo o en hacerlo contigo?
-Pues…
ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-2-algo-mas.html
------------------------------
Capítulo 1: 2001, agosto
Bradley cierra la última gaveta y se deja caer en la cama, agotado y satisfecho.
-Socio, eres un puto sobre cumplidor -le dice Travis con voz asombrada.
Su compañero de cuarto está parado en la puerta con una caja de piza en las manos. Sus ojos van de la sección de Brad de la habitación -ropa guardada, librero organizado por orden alfabético y cama tendida- a su propia mitad, donde cajas de libros y ropas todavía ocupan la cama sin hacer.
Brad hace un ruidito satisfecho, pero no se levanta.
-Vengo de una familia militar -explica-, hago mi cama desde que tenía cinco años. ¿Eso tiene pepperoni?
Travis sonríe, termina de entrar y cierra la puerta con el pie. Pone la caja de piza en la mesita de café que comparten y se saca dos botellas de gaseosa de los bolsillos laterales del pantalón.
-La proteína es necesaria para el estudio ¿no?
-Como no sea el estudio del caos en espacios reducidos -Brad señala al otro lado de la habitación- no se a qué te refieres. Las clases empiezan en dos semanas.
-Amigo, la universidad es una experiencia integral -repone el otro mientras saca un triángulo de piza y trata de evitar que el queso le caiga en la camiseta. -No se limita a las clases. Llegamos temprano al campus para familiarizarnos con la comunidad. -da un mordisco y sigue hablando con la boca llena. -Por ejemplo -se saca varios panfletos de otro bolsillo y los extiende a Brad-, ¡fiestas de bienvenida y reclutamiento!
Bradley repasa los anuncios mientras mastica. Primero descarta las fiestas de fraternidades griegas.
Su papá le advirtió de los peligros de esas fraternidades, que describió con desdén como una mezcla explosiva de adolescentes desenfrenados y familias poderosas. Ice fue más directo y le habló de los crímenes en las sedes de fraternidades ricas, que las mismas universidades evitan investigar para no perder donaciones. Dejó claro que, si algo le pasaba a él, tendría todo el apoyo de la “Familia del 86” (que ahora incluye hasta un senador demócrata), pero le recomendó mantenerse a distancia.
De todos modos, Brad no vino a la Universidad de Virginia a unirse a un grupo donde tendría que obedecer órdenes y jerarquías. Para eso hubiera ido directo a Annapolis. Mav quiere que pruebe la vida civil, que es código para “la vida sin la sombra de la DADT sobre tu cabeza”. Aunque Brad desea con fervor servir a su país y honrar a su familia, admite que si, hay un mundo más allá del cuidado césped del club de golf de la Base Naval de San Diego del cual no sabe nada.
Iná Sarah lo resumió con una frase muy chula “Quieren que te unas a la marina con consentimiento informado de qué te pierdes por estar en el clóset”.
Aún después de eliminar a los griegos, en las dos semanas que faltan para que comiencen las clases hay programadas unas veinte fiestas de bienvenidas temáticas. Más que suficiente para “conocer a la comunidad”, como lo puso Travis.
Irá a la bienvenida a la ingeniería del futuro porque es lo que vino a estudiar.
También a la de videojuegos.
¿Fiesta de piscina? ¡Anotado!
¿Salva la tierra con un mojito? Nunca sintió mayor consciencia ecológica.
¿Saca tu alíen del clóset? Bradley se lee despacio la descripción del evento y pone el dedo sobre el pequeño arcoíris al pie de la página.
Levanta la mirada hacia su compañero: Travis está de espaldas, ocupado en sacar las cajas de su cama para poder extender una manta y acostarse. Muy despacio, Bradley dobla el anuncio y se lo guarda en un bolsillo de los pantalones. Mejor que Travis ni siquiera sepa.
Gracias a Will Smith y Tommy Lee Jones, puedes ir a una fiesta de temática alienígena solo con un traje negro y gafas. Bradley sabe que destaca entre la otra docena de “Hombres de Negro” que vio entrar mientras vigilaba la entrada -esperó quince minutos en el auto para confirmar que no era una trampa y que no había manifestantes por la decencia- porque tiene un par de Predator 2 sunglasses originales -toda la familia se las compró después de ver el filme-, a lo que suma la postura marcial que aprendió al crecer entre bases navales y eventos militares. En cuanto entra a la fiesta, nota un número significativo de participantes con claros deseos de que les “certifique” su estatus planetario.
Satisfecho con la impresión inicial, va al bar y estudia las ofertas. Los tragos no tienen mucha variedad, pero han sido renombrados con cierta imaginación para ajustarse al tema del evento.
-Dame un sable de luz de Luke Skywalker.
Paga, se da la vuelta para mirar la pista de baile apoyado en la barra y bebe despacio su soda de limón con un chorrito de ron blanco.
Con la excusa de sacar alienígenas del closet, esta fiesta es lo más LGBTQ que puede ser un evento que no se anuncia como LGBTQ, excepto por un discreto arcoíris en el pie de la página. Los disfraces muestran un desinterés absoluto por los roles de género tradicionales y usan mucha tela fosforescente. Aproximadamente la mitad de la audiencia parece ser hetero, pero Bradley no logra detectar ni una reacción incómoda frente a las parejas del mismo sexo se meten mano sin disimulo.
Al fondo hay una mesa que tiene por encima un gran arcoíris hecho de globos reunidos dentro de una maya de cuerdas plateadas. Es absolutamente escandaloso y perfectamente claro en su objetivo. Bradley empieza a caminar despacio hacia el extravagante puesto de información. Espera llevarse bien ocultos uno o dos panfletos de organizaciones LGBTQ locales.
A mitad de camino se detiene.
Está bailando con un grupo. Son siete, han coordinado sus disfraces: modelo similar en los siete colores del arcoíris. Todos los trajes son de color metálico, con torso rígido en forma cónica sin mangas ni tirantes, con faldas acampanadas y muy cortas. También usan pelucas de corte redondo del mismo color que la ropa, con antenas terminadas en pompones. Bradley solo tiene ojos para el cuerpo ligero, enfundado en azul metálico que le da la espalda.
Quedarse quieto en medio de un salón de baile es convertirse en un faro. En el grupo se dan cuenta de su presencia, le lanzan miradas curiosas. Como no se mueve, ni disimula su interés en una persona específica, empiezan a hablar entre si con risitas divertidas. Finalmente, Azul se vuelve hacia él con expresión decidida y ojos pícaros.
-¿Puedo ayudarle en algo, agente?
Son solo las ocho de la noche, pero se van sin mirar atrás.
Bradley apenas puede abrir la puerta trasera de la camioneta. Azul se le trepa encima como si él fuera un árbol y caen entre risas en el interior. Una idea logra abrirse paso a través de la nube de excitación que producen su olor y sus manos acariciándole el torso.
-La puerta está abierta -e intenta levantarse.
Azul gruñe y lo detiene con una mano inesperadamente fuerte en el pecho. Luego se arquea y cierra la puerta sin dejar de mirarlo. Su sonrisa enmarcada en labial azul le produce una excitación casi dolorosa.
-Dios, que hermosura -Bradley le pone las manos en la nuca para darle otro beso.
Tras explorar sus bocas por un rato, Azul empieza a besarle el cuello y lucha por aflojarle la corbata. Bradley se las arregla para sentarse, posición en la que puede sacarse la chaqueta, abrirse la camisa y los pantalones. Azul se sienta encima de sus muslos y se restriega contra su erección con un ritmo constante, avasallador. Bradley le mete una mano en la entrepierna. Reconoce la textura del satín forrado de encaje, y la humedad de la tela lo enorgullece, pero la pieza está muy ajustada y no logra colar los dedos. Decide tratar por atrás, para bajarle la pieza desde el trasero, Azul le da un manotazo.
-No.
-Pero quiero…
-Solo arriba -advierte Azul, y refuerza su instrucción al tomar las dos manos de Bradley y ponerlas en sus hombros.
-Ok, ok…
Trata de abrir la parte superior del vestido. Finalmente roza unos broches en la espalda y la pieza se abre. Es un corsé totalmente rígido que tira hacia el asiento delantero. Azul lleva un conjunto de encaje azul, empapado en sudor. El corte superior destaca sus pechos pequeños, de pezones oscuros.
Demasiado pequeños.
Un pánico repentino congela a Bradley.
-Espera, espera -aparta sus manos para poder pensar con claridad. -¿Qué edad tienes?
-¿Qué? - Azul lo mira sin comprender, luego sus ojos van del rostro atemorizado de Bradley a su propio pecho. -¡Oh! Si, son pequeñitos. ¿No te gustan?
-Lo que me gustaría es que me dijeras tu edad -insiste Bradley.
Ya se puede imaginar el rostro de Mav, Sarah y Ice si regresa a casa por tener sexo con una menor. Pensándolo mejor, no, no verá sus caras porque no podrá regresar a casa. ¡Nunca!
Azul hace un puchero.
-Diecisiete, cariño. Solo podían entrar estudiantes de la universidad, ¿recuerdas?
Si, Brad lo recuerda. De acuerdo. Respira hondo.
-Si no te gustan… -Azul hace un gesto para alcanzar su corsé.
-¡Me gustan! -se apresura a decir él- Me gustan mucho. Es solo que… bueno -sonríe incómodo por haber roto el ambiente-, no quiero meterme en problemas. Así que… solo quería comprobar que tienes la edad adecuada para este tipo de juegos.
-Pero qué caballero me encontré. -sonríe de nuevo, y aunque el azul es ya un manchón alrededor de su boca, Bradley se descubre hipnotizado por sus labios- Sin embargo, hoy soy yo quien va a cabalgar, Agente.
Azul le pone las manos sobre sus pequeños pechos, se apoya en los hombros de Bradley y renueva el movimiento de sus caderas contra su erección.
Un tiempo después, el orgasmo ha dejado a Bradley drenado. Azul es un peso reconfortante sobre su pecho, y le acaricia la espalda envuelta en encaje con dedos perezosos.
Un toque de nudillos en el cristal de la lo saca de su modorra. Trata de distinguir con la poca luz de la calle si se trata de la policía. No, es alguien del grupo que bailaba con los vestidos de colores metálicos. Baja la ventanilla.
-¿Si?
-Vinimos a recoger a Azul -dice Rojo con suavidad. Su sonrisa es algo extraña porque el color de los labios se le confunde con el bigote teñido.
Bradley asiente y le da unas palmadas a su amante.
-¡Ey! Es hora de que vayas a casa.
Azul se revuelve, gruñe, finalmente abre los ojos.
-¿Qué hora es? -pregunta con voz ronca.
-Las diez -responde Rojo antes de que Brad tenga tiempo de consultar su reloj.
Azul abre mucho los ojos y se apresura a recuperar su corsé. Se baja de los muslos de Bradley y empieza a ponérselo. Esa no es la hora, Brad sabe que no pasaron más de una hora en esto. Entiende que se trata de un código, pero no es extraño entre personas que ocultan su identidad, así que no dice nada. En lugar de eso, busca los tacones azul metálico en el piso del auto y se los pasa.
-Gracias -la voz ronca de Azul le parece extremadamente sexi.
Antes de que se vaya, Brad le pone una mano en el brazo.
-¿Puedo darte mi número? -pide en un arranque de valor.
Rojo suelta una risita corta. Azul lo mira con sorpresa, pero saca un móvil pequeño de algún bolsillo oculto en el vestido y se lo pasa. Brad se apresura a entrar su contacto bajo el nombre Agente B y activa el botón de llamar. Espera a escuchar el tono de su propio teléfono antes de devolverle el aparato.
No le cuenta a Travis dónde estuvo.
Recibe un mensaje de texto cinco días después. Contiene una hora y una dirección postal. Bradley se vuelve loco buscando un mapa de Charlottesville. Acaba en un área de carga y descarga de mercancías. Azul le espera con la espalda apoyada en una cerca de alambres. Lleva su peluca azul metálica, pero esta vez viste de rosa, y es como un signo de neón en medio del gris plomo de los contenedores. Lleva blusa de tirantes y volantes, unos pantalones tan apretados que parece que nació con ellos, y botines.
Entra al asiento de copiloto y se inclina a besarlo sin decir palabra. Sus manos van directamente a la portañuela de los jeans de Brad.
-Espera, espera. Ni siquiera se tu nombre.
-Eso es fácil, tú eres el Agente B y yo soy Azul.
Acaricia su notable erección por encima de la tela del pantalón.
-¿Quieres que use la boca en hablar contigo o en hacerlo contigo?
-Pues…
Pero Azul no espera su respuesta, le abre el zíper y se engulle el pene de Bradley de un gesto.
-¡Oooooh! ¡Dios!
El orgasmo llega demasiado pronto. Azul se lo traga todo, se limpia la comisura de los labios con los bajos de la camiseta de Bradley y se va sin decir palabra. Se pierde entre los contenedores y luego Bradley escucha el motor de un auto que se aleja.
Se deja caer sobre el timón, derrotado. No fue así como imaginaba este encuentro.
Dos días después, Bradley decide pasar a la ofensiva: le manda un mensaje de texto con una hora y la dirección de un café discreto fuera del campus. Azul no aparece.
Al día siguiente recibe otra cita. Es cerca de un parque, pero son las ocho de la noche y ya no hay familias por allí. Cuando Azul se le sienta al lado, Bradley le pone un paquete en los muslos.
-No se qué prefieres, así que te traje hamburguesa clásica, sándwich de pollo y hamburguesa vegetariana. -señala al espacio entre los asientos- Ahí tienes agua y cola.
Abre su propio paquete y da una mordida.
Azul mira alternativamente a Bradley y al paquete en su regazo.
-¿Qué está pasando?
-Tenemos una cita -responde él con la boca llena.
-¿Una cita? -repite Azul lentamente.
-Si, tu sabes. Eso que la gente usa para conocerse y decidir si quiere tener sexo.
-Ya tuvimos sexo.
-Por eso sé que quiero tener una cita contigo -sonríe Brad.
Azul pestañea, la confusión es clara en su rostro. Finalmente suspira y abre su paquete.
-¿Trajiste sobres extra de cátsup?
Las cosas mejoran a partir de ese día.
No revelan sus nombres legales, ni la dirección de sus dormitorios, ni de dónde son exactamente. En cambio, hablan de cine, de libros, de lo que ven en las nubes, de eso que sientes cuando te quedas flotando en el mar por largo rato.
Tienen sexo aproximadamente en el 50% de las citas.
Azul nunca le deja tocar nada entre la cintura y las rodillas.
Las clases empiezan el lunes veinte de agosto, pero lo hacen funcionar.
Bradley le cuenta que creció al otro lado del país, estudiará ingeniería y ciencias políticas. Azul explica que eligió Virginia porque está lejos de su familia. Vino a estudiar economía y hará una segunda especialidad en lingüística.
Su relación transcurre casi íntegramente dentro de la camioneta. Compran comida para llevar, recorren las áreas verdes alrededor del campus o van a proyecciones de cine al aire libre.
CAPÍTULO 2: 2001, septiembre: http://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/algo-mas-grande-que-yo-2.html
No hay comentarios.:
Publicar un comentario