Parte 1 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)
Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Walter Crow Horse/Ray Levoi
Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Carole Bradshaw, Sarah Kazansky, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Ron "Slider" Kerner, Ray Levoi, Walter Crow Horse, Grandpa Samuel Reaches, Personajes Infantiles Originales
Etiquetas adicionales:
Personaje Trans Masculino, Embarazo no Planificado, Relación Secreta, Poliamor, Tom "Iceman" Kazansky Vive
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Capítulo 8: 1998, febrero
Sumario:
Después de tres meses visitándola en el hospital, se habían
acostumbrado a la idea: creían que la mamá regresaría a casa cuando
estuviera mejor. A diferencia de Bradley, que pudo notar cómo su madre
se deterioraba, y empezar el luto, la muerte de Carole tomó por sorpresa
a Sean, Sam y Jake. Sean, como Brad con la muerte de Goose en 1986, no
entiende lo que ocurre y sigue preguntando cuándo regresa la mamá. Sam
se mete al cuarto de Carole a llorar. Jake, por su parte, transformó su
dolor en incredulidad.
Entierran a Carole junto a Goose, en el cementerio de la Basa Naval Miramar.
Es invierno aún, el cielo es gris, una brisa fría agita abrigos y vestidos, pero al menos no llueve, piensa Mav. Porque este día ya es horrible, no hace falta que Bradley tenga pesadillas con lluvia.
Mientras el pastor recita algo sobre el polvo y la resurrección, Mav atrecha el hombro de Bradley, trata de darle un confort que está lejos de sentir, pero es su deber ofrecer.
“Pensé que te enterraría a ti también en ese primer año, después de la muerte de Goose.” le dijo Carole en una de las visitas, cuando ya habían renunciado a los tratamientos y solo la drogaban para que estuviera cómoda “Ahora te toca enterrar a otro Bradshaw, lo siento Mav.”
¡Lo siento! Que cosa tan de Carole pedir disculpas mientras moría.
Pensar en otras personas era la especialidad de Carole. No es que se descuidara a sí misma o cediera a la voluntad ajena, es que cuidar era su misión en el mundo. Por eso se hizo enfermera, se casó con Goose, aceptó a Mav, crió a Bradley, se unió al Kaiser Permanente de San Diego, adoptó a Jake, organizó el sindicato de profesionales de enfermería y técnicas de la salud, y la red de cónyuges de militares. Carole marcó muchas vidas, solo con su voluntad de cuidar y dar a otras personas la oportunidad de ser recibir cuidado.
Quiere que Bradley recuerde eso al crecer: que su madre creía en dar con generosidad.
-… No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo.
El pastor calla y se vuelve hacia ellos. Mav toma la mano de Bradley. Su hijo lo mira con ojos enrojecidos de llanto.
-Estoy contigo -le dice con el movimiento de los labios y Brad hace un asentimiento leve.
Se levantan y toman puñados de tierra para echar en la fosa. Sarah guía a Jake para que tome tierra con las dos manos y también rinda su homenaje. Después, para disgusto de Mav, Richard Abbot se acerca y deja caer una rosa blanca -será hipócrita-. La parte final es soportar el desfile de personas que dan sus condolencias. Sabe que sus deseos son sinceros, pero, como con el funeral de Goose hace doce años, lo que quiere es esconder a Bradley.
Lo peor es que Sarah y Tom tienen que mantenerse aparte. Ella carga a Sean, que cumplió tres años hace tres semanas y solo sabe que hay mucha gente alrededor. Ice tiene a Sam en sus brazos, ella también ha llorado mucho en la última semana.
Hace siete días les dijeron a Sean, Sam y Jake que Carole se fue al cielo con Goose y no lo comprendieron.
Después de tres meses visitándola en el hospital, se habían acostumbrado a la idea: creían que la mamá regresaría a casa cuando estuviera mejor. A diferencia de Bradley, que pudo notar cómo su madre se deterioraba, y empezar el luto, la muerte de Carole tomó por sorpresa a Sean, Sam y Jake. Sean, como Brad con la muerte de Goose en 1986, no entiende lo que ocurre y sigue preguntando cuándo regresa la mamá. Sam se mete al cuarto de Carole a llorar. Jake, por su parte, transformó su dolor en incredulidad. Con ojos duros por la furia -los ojos de Ice- acusó a Mav de estar ocultando a su mamá, de haberla obligado a irse. “Brad y yo la vamos a encontrar, ¡ya lo verás!” dijo esa noche. “En el hospital saben que es nuestra mamá, nos dirán a dónde la llevaste.” Y llegó a preparar una mochila con ropas y merienda para escapar de la escuela al día siguiente. Solo que al día siguiente no había escuela -era sábado- y Jake estaba demasiado cansado por el llanto, demasiado abrumado por el dolor, para siquiera intentar su plan.
Solo aceptó la verdad cuando vio el cuerpo de Carole en la morgue el lunes siguiente. Llevarle allí causó gran espaviento entre el personal del hospital, pero Mav sabía con quién estaba tratando: Jake nació de Tom Kazansky, con ambos hay que traficar con hechos y evidencias.
Ahora, mientras dos de sus hijos están de pie, cada uno a un lado suyo, escuchando los pésames, Pete puede ver la influencia de Ice en ambos. Están erguidos, con rostros impasibles y las miradas puestas en un punto lejano. Son la imagen perfecta de la dignidad marcial que se espera de dos hijos de la Marina, y la distancia que proyectan también evita que las personas se detengan a decir demasiadas amabilidades vacías.
Mav sabe que su propio rostro tampoco invita a la cercanía. Acaba de enterrar a su compañera de casi quince años después de dos meses de lucha -hasta que les dijeron que el cáncer se había extendido tanto que era imposible detener la metástasis- y otro mes en que vivió en estados intermitentes de lucidez y delirio -porque suprimir los dolores de múltiples tumores demanda muchos, muchos opiáceos-. No se trata del trabajo físico -eran tres personas adultas para repartirse la responsabilidad del hogar y la prole-, sino de la odisea espiritual que ha sido verla irse poco a poco. Cuando Goose murió, a Mav casi lo mata la culpa. Ahora lo ahoga la impotencia. Si el dolor por la pérdida de su hermana parece desde fuera dolor por la pérdida de una amante… Bueno, está seguro de que nadie se atreverá a preguntarle cuál era la naturaleza concreta de su relación con Carole.
Excepto…
Puede ver a Richard Abbot en la periferia de su campo visual. Luce apropiadamente contrito: asiente cuando le dan pésames, estrecha las manos que se le ofrecen. Todo de acuerdo con el protocolo. Nadie sabe quién es, pero asumen que, si está parado junto a Bradley, debe ser parte de la familia de Carole, porque todo el mundo sabe que Mav no tiene ahora a nadie más que su fiel amigo Kazansky.
Mav mira unos metros más allá, donde Tom y Sarah les esperan. Ice tiene los ojos clavados en Richard como dagas de puro odio. No es para menos. El hombre primero no tenía tiempo para despedirse de su propia hermana -lo llamaron cuanto llegó el diagnóstico y después de Acción de Gracias, cuando supieron que no habría final feliz- y luego… Pete aún no está seguro de qué esperaba Richard Abbot al saber de la muerte de su hermana, pero esa llamada telefónica fue desagradable.
-Oficina de Richard Abbot, ¿en qué puedo ayudarle?
-Buenas, es Mav… soy Peter Mitchell, el esposo de Carole Abbot.
-Buenas tardes, señor Mitchell, ¿en qué puedo ayudarle? -repitió la secretaria en un tono profesional con una gota de alegría que probablemente ponía de buen humor a sus clientes.
Mav hizo un gesto de desagrado al comprender que Abbot no había dicho a su secretaria que su hermana podía morir en cualquier momento. Al otro lado de la mesa, donde estudiaba el menú para la recepción, Ice lo miró interrogante. Pete respiró hondo y se forzó a no maltratar a la mujer en el teléfono, que no tenía la culpa de su dolor, de la rabia de sus hijos y, mucho menos, de que su jefe fuera un cabrón. Solo que él tampoco está en el mejor de sus días -hace veinticuatro horas perdió a su hermana-, así que, con un gesto, mitad infantil y mitad miserable, activa el altoparlante.
-Necesito hablar con el señor Abbot.
-El señor Abbot está ocupado, si me da su mensaje, le aseguro que lo recibirá tan pronto como sea posible.
-No, tengo que hablar con el señor Abbot -insiste con los dientes apretados.
-Señor Mitchell -responde la secretaria con paciencia profesional-, el señor Abbot es un hombre muy ocupado. No puedo interrumpirlo por cualquier asunto personal…
-¡Carole ha muerto! ¿Le parece a usted un asunto personal lo suficientemente importante como para pasarme a su jefe?
-¡Oh! -dice la mujer, y en su voz hay sorpresa y un poco de pánico.
Pete está resoplando y se agarra al borde de la mesa con fuerza. Tom se levanta y sin decir palabra empieza a masajear los tensos hombros de su pareja. Mav se esfuerza en respirar y expulsar su ira. Ninguna cantidad de rabia traerá a Carole de vuelta y mucho menos hará a esa familia menos desagradable.
-Un momento -dice al fin la secretaria con voz débil-. Tengo que ponerlo en espera en lo que localizo al señor Abbot.
Una música genérica empieza a salir del altoparlante. Tom se inclina para besarle la comisura de los labios. No se arriesgará a hablar -la conexión puede restablecerse en cualquier momento-, pero este es su modo silente de prestarle apoyo. Un tiempo después -que Pete no se tomó el trabajo de medir, pero le parece insoportablemente largo- por fin escuchan la voz de Richard. Tom vuelve a sentarse a su lado.
-Saludos, Pete.
Mav casi quiere darse cabezazos contra la mesa ¿“Saludos”? ¿¡En serio!? Pero no está haciendo esto por él, así que resiste las ganas de colgar.
-Saludos, Richard. Llamo para decirte que Carole murió ayer viernes.
-Si -hace una pausa-. Susan me dijo. ¿Fue tranquilo?
Mav mira a Ice interrogante. ¿Qué diablos está preguntando? Ice asiente, y decide confiar en su criterio.
-Si. Al final solo le dieron analgésicos para aliviar el dolor.
-Eso es bueno -otra pausa-. ¿Cómo está el niño?
¿El niño? ¿Lo llama así porque no recuerda su nombre o por alguna otra razón? Brad tendrá catorce en junio, definitivamente no es un niño. Ice hace un gesto con la mano para aplacarlo y Pete evita de nuevo darle una respuesta cortante.
-Está triste, pero fueron tres meses de agonía -no, no le dejará olvidar que no vino a verla-, así que tuvo tiempo de hacerse a la idea.
-Bien, bien -Richard suena pensativo ahora. -Es importante aceptar las pérdidas y seguir adelante.
Ice y Mav sueltan gruñidos simultáneos de desagrado, ¿cuándo va a mostrar algo de sentimientos este hombre?
-Entonces, ¿cuándo es el funeral? Vamos a la mitad en los gastos, ¿no?
Ice abre mucho los ojos, y lo que sea que ve en la cara de Mav no es bueno, porque niega en silencio con expresión suplicante, pero esto es demasiado.
-Disculpa, ¿de qué diablos estás hablando? ¿Crees que llamo para pedirte dinero?
Richard tiene el valor de soltar una risa breve.
-Vamos, Mitchell, no tienes que jugar al héroe conmigo. Se que pusiste a mi hermana a vivir con la familia de otro oficial porque no podías ni pagarle una casa decente. Lamento que casarte con una Abbot no te trajera la prosperidad que esperabas. Ustedes -y no está claro si se refiere al gremio de la aviación o del ejército en general- ven el mundo muy simple, pero en mi familia sabemos cuidar lo que es nuestro. A Carole le gustaban los aviadores porque era una romántica, no le bastó con uno y… ¡En fin! No se debe hablar mal de los muertos.
Mav traga en seco y se esfuerza por respirar. Frente a él, Ice mira el teléfono con intensidad criminal. Debe estar preguntándose cuántos favores le costaría desaparecer ese cuerpo, calculando cuántos años retrasaría su ascenso en Marina. Sería satisfactorio, pero no productivo. Tiene que cortar esta conversación.
-No quiero tu dinero. El entierro será el viernes próximo, en el cementerio de la Base Naval Miramar, a las diez de la mañana. A las once tendremos una recepción en la casa de la familia Kazansky. Hasta entonces.
Y cuelga.
-Cómo una familia así produjo una mujer como Carole es incomprensible -comenta Ice.
Mav solo asiente y busca el siguiente número en la agenda. Aún tiene muchas llamadas que hacer.
Richard parece haber comprendido que solo lo llamaron por obligación, porque no volvió a llamar hasta ayer, jueves. Un telefonazo para decir que habían llegado a la ciudad, dejando caer que se quedaban en el Hilton de San Diego. Como si a alguien en casa le importase. Entendieron el plural en el cementerio, pues Abbot llegó acompañado de una mujer pelirroja y muy elegante, que debe ser su esposa Tracy, y de un adolescente corpulento de cabello rubio brillante, su hijo Chad.
Cuando termina el desfile de deudos, Pete y los niños están agotados. Vino mucha gente: colegas del hospital, representantes sindicales, oficiales de la marina. Uno de los grupos que más sorprendió a Mav fueron los adolescentes del equipo de beisbol de Bradley. La cara del chico se animó un poco al verlos, y sonrió claramente cuando Denise -la de estadísticas- pasó a dar su pésame.
-¿Ya, papá? -le pregunta Bradley cuando la última persona de la fila se separa de Richard.
-Si. Ve con tu equipo y diles que son bienvenidos en la recepción ¿OK? Te hará bien la compañía.
Bradley asiente y sale en un trote ligero hacia el grupo de adolescentes, que están parados un poco incómodos con el entrenador.
-Jake, ve donde Sarah y dile que enseguida les alcanzo.
El niño asiente y se dirige hacia Tom y Sarah. Desde la distancia, puede reconocer la expresión preocupada de Ice, pero debe hacer esto. Se vuelve hacia Richard y le tiende un papel.
-Aquí tienes las instrucciones para llegar a la recepción.
El hombre mira la hoja con asombro. Es una impresión electrónica que incluye la dirección postal y un mapa de cómo ir desde Miramar a University City. Ice hizo que uno de sus asistentes en la Base Naval de San Diego lo preparase.
-Gracias. Respecto al dinero…
-No me hables de dinero, por favor. Acabo de enterrar a mi esposa. El abogado de Carole está de viaje por otro caso, dijo que te llamaría si algo te concierne.
-De acuerdo, pero tenemos pasaje para el domingo temprano en la mañana, hay cosas que me gustaría aclarar de inmediato.
Pete resopla y trata de ganar tiempo arreglándose la bufanda. Al mal trago, mejor darle prisa.
-Muy bien. Cuando llegues, podemos ir al despacho y dejamos todo claro. Así puedes llevar a tu hijo al acuario de San Diego mañana.
Eso último parece asombrar a Richard, pero Mav no se queda a escuchar su respuesta. Hecha a andar hacia el auto donde lo espera su familia.
Al llegar a la casa, Mav corre a refugiarse en el baño de la cocina para recuperar energías. Normalmente iría directo a su dormitorio, donde el olor de sus amantes le ayudaría a aliviar la tensión, pero no puede darse el lujo ahora. Tendrán demasiadas personas extrañas durante la recepción, así que han cerrado con llaves las dos puertas de acceso al piso superior.
Orina -realmente lo necesita-, luego se lava las manos, la cara, y se queda apoyado en el lavamanos con la cabeza baja.
-Puedes hacer esto, puedes hacer esto -repite en voz baja como un mantra. -Solo hasta la noche.
Mav se endereza y estudia su imagen en el espejo.
-Vamos, eres Pete “Maverick” Mitchell -se arregla la corbata-, puedes hacer esto. Tus hijos te necesitan.
Eso le hace recordar que Richard llegará en cualquier momento. Con Chad, cuyas maneras de abusador se ven a kilómetros de distancia. No está seguro de si el chico se atreverá a hacer algo con tantas personas alrededor, pero no le interesa averiguarlo. Mientras más rápido despache a los Abbot, mejor será para Bradley.
Dos toques en la puerta lo sacan de sus meditaciones.
-Papá -reconoce la voz de Jake-, de verdad necesito ir.
Enseguida abre la puerta.
-Disculpa la demora, hijo. Pasa.
Pero el niño mira con incertidumbre alrededor: la cocina está llena con personal de la empresa de catering e invitados.
-¿Quieres que me quede vigilando la puerta? -ante el asentimiento entusiasta de Jake, Mav sonríe. -Muy bien, entra y yo me quedaré aquí. No olvides lavarte las manos ¿eh?
Cuando Jake sale del baño, su padre lo acompaña al patio, donde han establecido un área de juegos para evitar que la energía infantil dañe algo dentro. Como es viernes, no muchas personas trajeron a sus peques, pero hay una media docena trepando por la pista de obstáculos infantil. Sus risas y exclamaciones alegran el aire frío de la mañana. Son infantes y pocas cosas mantienen su atención por mucho tiempo, así que ya olvidaron la severidad del cementerio.
Casi al fondo del patio también están Bradley y su equipo de beisbol. Cuando Mav se acerca, descubre que se han sentado en semicírculo, y conversan en voz baja. Tienen una bandeja de comida y limonada -un detalle de Sarah, seguro- y su hijo mayor tiene a Sean en los brazos. Dormido.
-¿Todo bien por aquí?
La responde un coro desincronizado de “Si, señor Mitchell” y “Si, comandante Mitchell”, pues el equipo tiene miembros de familias civiles y militares.
-Muy bien. Jake, ¿vas a jugar con Sam? -la niña está trepando la torre del timonel con gritos de triunfo.
-No, me voy a quedar para darle cariño a Brad -dice su hijo muy serio.
Va a sentarse con las piernas cruzadas al lado de Brad y se abraza a él. No queda claro quién ofrece consuelo a quién, pero al adolescente no parece molestarle. Solo reacomoda a Sean para que Jake pueda apoyarse en su torso, le da un beso en la cabeza, hace un gesto de asentimiento a Mav y vuelve a conversar algo sobre estadísticas de beisbol con Denise.
Tranquilo por ese lado, Pete regresa a la casa. Como esperaba, se encuentra a Richard en el centro de la sala. Su traje y la carpeta entre sus manos lo convierten en una figura incongruente en este espacio, donde la mayoría lleva uniformes de la marina o el vestuario más relajado de quienes trabajan en la salud. Puede ver que Tracy conversa con un grupo de mujeres con martinis en la mano -ah, el alcohol une a la gente-, pero Chad no está a la vista. No le preocupa, Brad está bien acompañado en el patio.
Se dirige a su cuñado con paso decidido.
-Ven -le dice y sigue sin detenerse hacia el despacho al otro lado de la casa.
El despacho es nominalmente de Ice, y en efecto lo usa cuando debe estudiar en la noche, pero en realidad es un espacio familiar. Brad hace las tareas aquí desde que entró a la escuela media. Carole hizo varias reuniones organizativas del sindicato en esta habitación. Sarah lo ocupa cuando trabaja en transcribir las notas del Abuelo Sam Reaches, que incluyen historias tradicionales, recetas de cocina y sueños premonitorios. Revisaron cuidadosamente la habitación dos veces, para asegurarse de que no hubiera algún documento clasificado extraviado o algo revelador sobre su vida privada. Lo mismo hicieron con toda la planta baja.
Pete le indica a Richard un asiento, cierra la puerta y va a sentarse tras el buró de madera oscura que domina la habitación. Se recuesta en la silla acolchada, apoya los codos en los brazos del asiento y entrelaza los dedos.
-¿De qué quieres hablar?
-Debo admitir, Mitchell, que cuando supe que Carole compartía casa con la esposa de Kazansky no esperaba esto -y hace un gesto con el índice derecho hacia el techo. -Es una casa muy bonita.
-Muy grande y cara, quieres decir. Me alegra decepcionarte, Abbot. Pero eras tú el que tenía prisa, ¿no?
Richard asiente. Saca un documento de varias páginas de la carpeta y lo empuja hace Pete.
-Tengo prisa en llevarme al niño, sí. Mientras más rápido sea su regreso, más rápido olvidará todo esto -vuelve a hacer el gesto oscilante- y aceptará su lugar en la familia.
Pete ni siquiera mira el documento. Sabe qué es, en términos generales. Poco antes de morir, Carole se dio cuenta de que nadie de su familia consanguínea había viajado a San Diego para despedirse y le advirtió que ocurriría: que intentarían llevar se Brad a Texas. Él pensó que era una idea paranoide alimentada por las drogas. Contiene el impulso de mirar al techo.
-No -devuelve el documento con la punta del dedo. -Bradley es mi hijo y se quedará aquí, con su familia y su comunidad.
El rostro de Abbot pierde la expresión de fría calma que le caracterizó hasta ahora y se vuelve condescendiente.
-Ahórrate las frases sentimentales conmigo, Mitchell. No eres más que un padre ausente, con un trabajo de alto riesgo, un historial de insubordinación y un hijo sin madre conocida. Nadie te dará la custodia de un niño que ya perdió a sus dos padres biológicos, cuando en Texas le espera una familia amplia, respetable, y con la capacidad económica para garantizar su futuro.
Pete sonríe como un depredador.
-¿Te refieres a la familia que vio por última vez hace cinco años? ¿La que mantiene “contacto” -y hace signos de comillas con las manos- a través de postales de Navidad y cumpleaños? ¿La familia que no vino a ver a su madre mientras moría? ¿Que tampoco vino al entierro de su padre en 1986? Eso es rico. La familia Abbot se desentendió de Carole cuando se casó con Nick, tú lo sabes, yo lo sé, la Marina lo sabe. Ningún abogado que contrates, por muy caro que sea, podrá negar la evidencia acumulada de dieciocho años de abandono, apoyados por el testimonio de oficiales de la Marina, colegas de tu difunta hermana y, si fuera necesario, hasta maestros de Bradley.
Richard tampoco cede.
-Nadie te dará la custodia. ¿Prefieres que vaya a un hogar temporal? Claro, no me extrañaría que con tu historia personal de abandono creas que es mejor sabotear la única oportunidad del niño para tener una infancia normal.
Pete cierra los ojos y respira hondo para mantener la calma. Sabía que su infancia saldría a flote. Cada oficial que ha intentado provocarle en sus casi veinte años de carrera hizo una referencia a Duke Mitchell o los hogares de acogida. Abbot no es el primero, tampoco es el más cruel. Saca un documento de la gaveta derecha y lo empuja hacia el otro lado del buró.
-No habrá debate sobre la custodia, porque soy el padre legal de Bradley. Empezamos los trámites de adopción antes de casarnos, y los últimos documentos se completaron en el verano de 1994. Como Bradley ya tenía nueve años, el proceso incluyó entrevistas de trabajadores sociales y evaluaciones sicológicas. Fue nuestro regalo por su décimo cumpleaños: la promesa de que nunca volvería a Fredericksburg, Texas. Planeo mantener mi palabra.
Abbot mira incrédulo el acta de la corte de familia de San Diego que confirma la adopción legal de Bradley Bradshaw por Pete Mitchell, con todos los derechos y deberes que corresponden. Fechado el 15 de junio de 1994. Por su expresión, Pete confirma que su vigilancia sobre Carole no fue tan cercana, o no se habría perdido algo como esto.
Comprende que Richard operó todo este tiempo bajo la asunción de que Brad era una carga que Pete había aceptado a cambio de tener a Carole. En realidad, fue a la inversa: Carole propuso el matrimonio como una herramienta para proteger a su hijo del clan Abbot, y a Pete de la sospecha del DADT. Por eso no le bastó con casarse. Les arrastró a través del tortuoso proceso de las cortes y abogados para asegurar que, en su ausencia, su hijo permanecería en esta familia, la que construyeron.
-Puedes llevarte esa fotocopia, de souvenir.
El hombre asiente en silencio, guarda los dos documentos en su carpeta y se levanta. Cuando ya está en la puerta, Mav siente la tentación de decirle algo sarcástico para reafirmar su victoria, pero se contiene. Lo importante es que cumplió el deseo de su hermana y mantuvo a Bradley a salvo. Mientras más rápido termine este sórdido asunto, mejor.
Pero Chad Abbot no sabe que los planes de su padre han fracasado. Solo recuerda la humillación que sufrió hace casi cinco años, durante el fin de semana de la boda de la prima Priscila, y se regocija ante la perspectiva de tener a Bradley como hermano menor. Su padre dijo que será su deber enseñarle su lugar en la familia, y Chad ya imagina lo divertido que será domar a Bradley.
Le han indicado que vaya al patio. “Los niños están allí para que puedan jugar sin romper nada”, le dijeron. Se guardó el comentario de que ya no es un niño porque tiene quince años y obedeció.
El patio trasero es tan masivo como la casa. En el centro hay una pista de obstáculos infantil, por donde corretean media docena de mocosos. Más atrás hay otra pista de obstáculos, pero el tamaño y dificultad de los retos le permite deducir que está pensada para adultos. A los lados hay arbustos y árboles frutales, pelados por el clima invernal.
Ve a su primo casi en el fondo, sentado en el suelo. Tiene a un niño en sus brazos y otro apoyado en los muslos. Su padre le explicó que Mitchell se casó con su tía Carole para que cuidara de su hijo y luego, como no tenían dinero, encima tuvieron que ir a vivir en casa de otra familia como “ayuda doméstica”. Una situación totalmente vergonzosa e innecesaria para una Abbot, por supuesto. Es evidente que Bradley no tiene pisca de orgullo familiar y no le da pena actuar como el sirviente de la familia Kazansky incluso rodeado de otras personas.
Se dirige a él decidido. ¡Esto tiene que terminar ya! Porque Bradley Abbot no tendrá vergüenza de actuar como un marica, pero Chad no permitirá que esto continue. Es mejor dejar las cosas claras aún antes de que se monten el avión a Texas.
Bradley lo ve acercarse y suelta un gruñido. El grupo a su alrededor lo mira con curiosidad, pero Chad es especialista en ignorar lo que no lo afecta.
-¿Ya empacaste? -le interroga sin rodeos.
La expresión de Bradley pasa del fastidio a la confusión. A su lado, el mocoso de Mitchell se yergue y lo mira con desagrado.
-¿Quién es este? -pregunta un chico negro sentado al lado del mocoso Mitchell.
-Es mi primo Chad Abbot, nos conocimos cuando mi madre me llevó a Texas, a la boda de una prima. -su voz se vuelve burlona- Chocó contra un álamo cuando iba a abrazarme.
Un coro de risitas socarronas se extiende por el grupo, y comprende que Brad ha compartido la historia de la pelota con esta gente. Sacude los hombros. Algo así no volverá a repetirse, por supuesto. Brad logró que chocara con el álamo solo porque lo tomó por sorpresa, pero lleva cinco años siendo un niñero. Chad podrá controlarlo.
-La única vez que lograste engañarme, Bradley. Las cosas serán diferentes a partir de ahora.
-¿A partir de ahora? -repite su primo.
Es su turno de sonreír.
-¿No lo sabes? Ahora que tu mamá está muerta te vienes con nosotros a Texas. Mi padre y Mitchell están firmando los papeles.
Una serie de jadeos asombrados siguen a su afirmación. El rostro de Brad se ha vuelto duro y vacío de expresión, como estaba en el cementerio.
-¡Mentira! -chilla el mocoso Mitchell, y hace amago de lanzarse contra él, pero el chico negro lo agarra por la cintura- ¡No te puedes llevar a mi hermano!
-Silencio, Jake -el acero en la voz de Brad contrasta con la ternura con que le besa la frente. -No quieres despertar a Sean, ¿cierto?
Jake niega en silencio, pero se puede ver que tiembla de rabia y miedo. Muy bien, eso es lo que debe sentir ante un Abbot.
-De pie -dice Brad, y, para sorpresa de Chad, la docena de adolescentes a su alrededor obedece.
¡Vaya! Tal vez su primo no sea un caso perdido después de todo. Cuando se halla asegurado su obediencia, podría ser un buen segundo.
Bradley intercambia una mirada con el chico negro a su izquierda, y este estrecha su agarre de Jake Mitchell. Luego se gira hacia la chica a su derecha.
-¿Puedes sostener a Sean? -cuando ella asiente, le pasa al niño que tiene entre los brazos.
Solo entonces Bradley vuelve a mirar a Chad.
-¿Puedes explicarnos por qué crees que me iré a la jodida Fredericksburg contigo?
Pero Chad no se siente intimidado, sabe que tiene las de ganar a largo plazo. No importa lo que Brad crea tener aquí en California, cuando regresen a casa será suyo.
-Porque eres un Abbot, por supuesto. Tu madre ha muerto, así que debes regresar a Texas, con tu familia verdadera.
Escucha que alguien dice “Oh, Dios mío”, y otra voz pregunta “¿Este habla en serio?”, pero no voltea a ver quiénes fueron. A Chad solo le interesa la reacción de Bradley. Su primo tiene la mirada perdida y una pequeña sonrisa triste.
-¿Sabes? Mi madre me advirtió que esto pasaría, pero no quise creerle. No podía creer que el tío Richard fuera tan -se detiene, su expresión pasa de triste a despectiva-, tan idiota.
-¡Oye! Cuidado como hablas de Richard Abbot.
-Hablaré como me dé la gana -le interrumpe Brad-, porque tu padre no tiene honor y ciertamente no tiene poder sobre mí.
-Es tu tío, será tu padre de hecho en cuanto lleguemos a Texas.
-¡Tu padre no hizo servicio militar!
Chad escucha a su alrededor varios jadeos de horror. Por supuesto que en este pueblucho de la Marina pensar en el pellejo propio antes que en ir a luchar a guerras extranjeras suena como la última de las ofensas. Les ignora.
-Eso no importa. Lo que importa es que Mitchell ya no tiene que aguantarte, así que te devolverá a nosotros.
-¡Mi hermano no es una carga! Tu… tu… gordo -chilla de nuevo Jake.
-No es tu hermano -le escupe Chad, y ve con satisfacción cómo la cara del niño se pone roja de rabia. -Era tu hermanastro, pero eso terminó. Viene conmigo a Texas y nunca volverás a verlo.
Jake ruge y se agita, pero no puede soltarse del chico que lo retiene. El bebé despierta por el ruido y empieza a llorar. Chad se voltea cuando siente una pasos ligeros y apresurados en su dirección. Cae al suelo por el impulso de un pequeño tornado de cabello oscuro. La niña se le agarra al pecho con los muslos y empieza a darle golpes sorprendentemente fuertes en el cuello y la cara.
-¡Sam, no! -grita Brad.
Chad no espera. Con un empujón lanza a la niña al suelo, gira y se levanta. Regresa al suelo casi de inmediato, por un puñetazo de su primo.
-¿Qué diablos? ¡Ella me atacó!
-¡No te vas a llevar a mi hermano! -la niña no parece amedrentada y se levanta para volver a la carga.
-¡Nathan! -brama Brad y un pelirrojo la agarra en el aire. -Sam, Jake, tienen que calmarse. Lo que dice es mentira, no iré a ningún lado.
-Si irás, mi padre dijo…
-No me importa lo que dijo o cree tu padre -le interrumpe Brad. -No iré a la jodida Fredericksburg a ser tu saco de boxeo. Pete “Maverick” Mitchell me adoptó cuando tenía diez años, es un héroe de guerra, y quien intente destruir a nuestra familia tendrá que enfrentarse a toda la maldita Marina de los Estados Unidos.
-Ese lenguaje, Bradley -lo amonesta una voz de hombre.
Dos tercios de los chicos se ponen firmes y hacen el saludo militar.
-Capitán Kazansky, señor -dicen a coro.
Chad quiere torcer los ojos ante el patético espectáculo, pero se contiene. Sigue mirando a su primo. Kazansky aparece por su derecha y se dirige a tomar el bebé de los brazos de la noviecita de Bradley. Resulta ser el hombre alto, de cabello rubio oscuro y ojos azules que vio en el cementerio muy cerca de Pete Mitchell. Aunque está en su uniforme de gala, toma al chiquillo con la cara sucia de lágrimas y mocos y se lo pone en el pecho. La intensidad de los berridos de Sean disminuye enseguida. Kazansky se gira y parece sorprendido de que el grupo siga en posición de firmes. Parece divertirle.
-Descansen.
Es algún tipo de código, porque inmediatamente sueltan a Jake Mitchell y a la mocosa ¿Sam?, quienes corren a abrazarse a la cintura de Kazansky. El hombre los mira con ternura un momento. Cuando levanta la cara, esa ternura ha desaparecido. Mueve los ojos entre Bradley y Chad con claro desagrado. ¡Oh! Esto será bueno, que el capitán humille a su primo por no cumplir su rol de niñero será el final perfecto para su vida en California.
-¿Qué pasó aquí?
Chad y Bradley se miran retadores, ¿quién hablará primero? Por desgracia la pausa es aprovechada por Jake, que empieza a hablar entre hipidos.
-Dijo que Brad no es mi hermano. Dijo que no somos su familia. Dijo que se llevaría a Brad a Texas y nunca volvería a verlo -y empieza a llorar otra vez.
Kazansky le acaricia la cabeza, el contacto parece calmarlo.
-Está bien, Jake, čhiŋkší, no pasa nada. Tranquilo. ¿Si? Até está aquí.
Las palabras tienen una entonación suave, dulce. Chad está francamente sorprendido, porque el rostro de Kazansky está congestionado de rabia, pero su voz no lo revela. La voz vuelve a cambiar cuando se dirige él.
-¿Tiene algo que decir, señor Abbot? -el tono es duro, con una nota de hostilidad.
Chad saca el pecho y niega con la cabeza.
-Lamento haber despertado a su pequeño, capitán Kazansky -Brad hace un ruido despectivo, pero lo ignora.
El hombre lo mira de arriba abajo, a su hostilidad parece haberse agregado desprecio. Chad le mantiene la mirada.
-Su padre y Mitchell ya terminaron en el despacho. Es hora de que se vaya, señor Abbot.
Chad asiente y mira a Bradley, victorioso.
-Ya oíste. ¡Muévete!
-No. Se va usted, señor Abbot. Vuelva a aterrorizar niños en Fredericksburg, sospecho que es su único talento.
-Mi padre dijo…
-Puede que esto le sorprenda -le interrumpe Kazansky con tono condescendiente-, pero su padre no está por encima de la ley. Bradley se queda aquí, con su familia. -sonríe, pero sus ojos son duros, crueles- Así hacemos las cosas en la Marina.
CAPÍTULO 9: 1998, marzo: https://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/la-culpa-es-del-conejito-9.html
NOTAS:
Vocabulario
Lakota = Español
até = padre
čhiŋkší / čhíŋkš = hijo
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