Parte 2 de: Las mentiras que nos dijimos
Famdon: Top Gun (Movies)
Relaciones:
Bradley "Rooster" Bradshaw/Original Female Character(s)Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell
Personajes:
Ron "Slider" KernerBradley "Rooster" BradshawOriginal Female Character(s)Natasha "Phoenix" TraceRobert "Bob" FloydOriginal Male Character(s)
Etiquetas adicionales:
Identidad Secreta, Angustia con Final Feliz, Relación Secret, DADT, Ataques del 11 de Septiembre
Sumario:
A la Marina no le importan sus problemas personales. El seis de agosto es un día como otro cualquiera, y debe cumplir con su deber. Hoy es asistir a las fiestas nacionales de esta pequeña nación del Océano Índico. El Departamento de Estado y el Departamento de Defensa están de acuerdo: cuando el monarca pide uniformes entorchados para adornar sus celebraciones y demostrar que cuenta con el apoyo norteamericano, se los mandan. Bradley es uno de los pilotos estrellas de la marina. Así que aquí está, con uniforme de gala planchado y sus brillantes condecoraciones.
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Capítulo 3: 2015, agosto
Bradley sale a la cubierta principal y mira a la isla.
Siempre se siente un poco melancólico en estos días. Ni siquiera cuando estuvo en los Balcanes -¿de nuevo?, se quejó Mav cuando supo de esa misión- pudo olvidar que el seis de agosto es el aniversario de Azul. Sabe que es vergonzoso: tiene treinta años y una relación que tuvo a los diecisiete y duró seis semanas es la más significativa de su vida, pero no todo el mundo puede encontrar el amor y mantenerlo. Además, es aviador, su vida no está diseñada para las relaciones duraderas. O al menos eso se repite. Ni siquiera la revocación de la DADT hace cuatro años cambió mucho las cosas para Bradley, excepto -sonríe al recordarlo- que supo entonces que sus colegas de escuadrón llevaban meses encubriendo lo que creían un tórrido romance entre Jake y él. Eso sí fue de comedia.
En otro universo donde no hubieran crecido juntos, tal vez. Pero Jake Mitchell, que ahora va como Seresin solo para darle en la cabeza a su padre, es su hermanito y bastantes problemas le da así.
De todos modos, a la Marina no le importan sus problemas personales. El seis de agosto es un día como otro cualquiera, y debe cumplir con su deber. Hoy es asistir a las fiestas nacionales de Perla Blanca, pequeña nación del Océano Índico. Son una monarquía constitucional que administra bien sus reservas petroleras y permite a la flota usar sus aguas territoriales, así que por una vez el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa están de acuerdo: cuando el monarca pide uniformes entorchados para adornar sus celebraciones y demostrar que cuenta con el apoyo norteamericano, se los mandan.
Este año, el USS George H.W. Bush el barco más cercano, y Bradley es uno de los pilotos estrellas de la marina. Así que aquí está, con uniforme de gala planchado y sus brillantes condecoraciones.
-¿Listo para el show, Rooster?
Brad se aparta de la veranda. Natasha y Bob también se han puestos sus mejores galas -joder, lo rodean hermosas historias de amor-, con la diferencia de que sus expresiones son cínicas. Son demasiado jóvenes y aún no se reconcilian con esta parte del trabajo. Creen que todo es volar y perseguir gente mala. Se obliga a sonreír.
-Listo.
Una lancha del gobierno local viene a buscarles poco antes de la puesta del sol. Se acomodan en asientos dispuestos a lo largo de la cubierta, donde hay espacio de sobra para el Capitán Pollard, el Jefe de Comando Wallace, Natasha, Bob y Bradley. Como la lancha no tiene techo, pueden ver las multitudes en la playa y el puerto, bailando.
-¿Pensé que íbamos para el aniversario de la coronación del rey, señor? -pregunta Natasha.
-Esto no es Gran Bretaña, teniente. Aquí es una fiesta popular. La fiesta del azul, le llaman, porque es el color favorito de su majestad Abderramán ven Jotab.
En efecto, todo el mundo parece estar vestido de azul en la isla, desde las masas que bailan desenfrenadas hasta los policías que controlan el tráfico. Llegan al palacio después atravesar muy lentamente la ciudad en un auto descubierto. Bradley tiene la impresión de que fueron parte de la diversión, pues las personas les saludaban y se tiraban selfies con su transporte de fondo.
Les recibe un empleado uniformado en azul, que los conduce a un salón decorado en azul, donde mucha gente que parece importante lleva ropa muy elaborada de distintos tonos de azul. Mientras esperan a su majestad, se acercan a la mesa bufet, donde encuentran todo tipo de comestibles en formas fantásticas y, faltaría más, teñidos de azul.
-Esto empieza a ser tedioso -comenta Bob y se traga un canapé.
Bradley se encoge de hombros.
-Piensa en tu deber, Floyd -le recuerda Brad-, la Marina es algo más grande que tu. Además, por lo menos hay comida.
Natasha va a decir algo, pero una fanfarria de trompetas se adueña del salón. Todas las conversaciones se detienen y una voz anuncia.
-Ya llega su majestad divina y encarnación en este territorio de la voluntad celestial, malik Abderramán ven Jotab I.
El trío de pilotos deja apresuradamente sus bocaditos se limpian las manos y regresan junto al capitán Pollard y Wallace. Se paran firmas mirando hacia la puerta del salón, como el resto de las personas. La gran puerta doble se abre y entra un hombre de unos treinta años, que avanza despacio hacia el trono.
El rey viste un salwar kameez azul, con bordados tan densos que la tela es casi invisible. Tiene el pelo teñido de azul metálico y el rostro decorado con dibujos de plantas fantásticas en lápiz azul. Si la fortaleza de una monarquía depende de su aparente conexión con lo sobrenatural, Abderramán ven Jotab I hace un buen trabajo en la parte representacional: porque no parece un ser de este mundo.
A su paso, las profundas reverencias sucesivas generan una ola humana a lo largo del salón.
Cuando llega a la altura de la delegación norteamericana, el grupo hace el saludo marcial y Pollard, como capitán, se adelanta para hacer una reverencia leve. Solo sus doce años de entrenamiento militar le permiten a Bradley mantenerse quieto. Lo que quiere es salir corriendo hasta la costa, nadar al USS George H.W. Bush y esconderse en su cama hasta que todo acabe.
Abderramán ven Jotab I llega a su trono, da un par de palmadas y comienza la música.
-Tiene que ser una broma -murmura Natasha.
-No -ya Bob le tiende una mano- es “True Blue”. Tenemos un deber patrio, teniente.
En efecto, ya la corte baila con Madonna. Ella mira a su capitán, suplicante, pero Pollard no tiene piedad.
-Háganos sentir orgullo, Trace. Nosotros -señala a Wallace y Bradley- tenemos que completar el protocolo.
El trio se incorpora a la fila de visitantes que debe felicitar al monarca. La espera no es larga -después de todo se trata de un pequeño estado insular en el Océano Índico-, y pronto Bradley está delante del trono.
-Felicidades por un año más de gobierno, majestad -dice Pollard.
-Gracias capitán. ¿Quiénes son sus acompañantes?
-Le presento al Jefe de Comando del USS George H.W. Bush, Patrick Wallace, y al teniente Bradley Rooster, piloto de guerra.
-¡Ah! -la voz de Abderramán adquiere un tono condescendiente- El hijo del almirante Kazansky.
-Tengo méritos propios -profiere Bradley sin poder contenerse.
Wallace va a intervenir, pero el rey lo detiene con un gesto y mira fijamente a Bradley.
-Así que es usted un agente de su propio destino, ¿teniente?
Bradley siente todo su cuerpo aflojarse de repente. No está alucinando, es verdad. No le importa quiénes sean testigos de esto. Sonríe por primera vez en el día.
-No soy tan sofisticado como Doc Holiday, alteza, pero sí, he labrado mi propio destino.
-¿Le gusta la fiesta?
-Me gusta el azul -evade él. -Y el día seis de agosto fue, por supuesto, un excelente momento para vuestra coronación.
-Lo fue. Lástima que mi primo Reda no estuviera para compartir la felicidad de mi pueblo. -el rey se dirige de nuevo a Pollard. -Debo felicitarlo, capitán. En años anteriores, las delegaciones norteamericanas nunca trajeron bailarines como Natasha Trace y Robert Floyd. Ni conversadores tan ingeniosos como Bradshaw. Esto sí es un regalo.
Si el comentario sorprende o confunde a Pollard, no lo deja ver, solo inclina la cabeza en gesto de respeto.
-Gracias, majestad.
-Disfruten de la fiesta.
Se quedan por una hora, alternando entre comer canapés azules, bebes cocteles sin alcohol azules y bailar con Natasha. La banda sonora de la fiesta está compuesta de canciones con la palabra azul en el título. Reconocen piezas en inglés, español, francés y urdú. Es posible que también hubiera uno o dos éxitos de pop coreano que Natasha jura no conocer, pero tararea con sospechosa fluidez.
Por suerte no regresan a través de la ciudad, sino que los llevan al muelle privado del palacio real. Antes de partir, les entregan pequeñas bolsas de regalo personalizadas con souvenirs de la fiesta. Las bolsas son escaneadas en cuanto llegan al USS George H.W. Bush, pero no tienen nada electrónico, así que les permiten llevarlas a sus habitaciones.
Bradley abre su regalo en cuanto cierra la puerta. Encuentra una foto oficial de su majestad, el sweater con la inscripción USNavy que le prestara a Adib aquel once de septiembre y un sobre con un pasaje en primera clase a su nombre para un vuelo de Mumbai a Perla Blanca, sin fecha. En el sobre también hay una nota manuscrita -y reconoce la letra, por supuesto- “Quiero que traigas de vuelta esos zapatos. Son de colección.”
Bradley sonríe. Siente que un peso lo abandona, ahora que ya sabe cuál fue el destino de su Azul.
Simplemente hay algo en su familia: las historias de amor son siempre extrañas.
FIN
Parte 3: CINCO VECES MÁS UNA http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-3-cinco.html
Parte 4: RAÍCES http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html
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