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26 de agosto de 2023

ALGO MÁS GRANDE QUE YO 3

 Parte 2 de: Las mentiras que nos dijimos

Famdon: Top Gun (Movies)

Relaciones:
Bradley "Rooster" Bradshaw/Original Female Character(s)Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell

Personajes:
Ron "Slider" KernerBradley "Rooster" BradshawOriginal Female Character(s)Natasha "Phoenix" TraceRobert "Bob" FloydOriginal Male Character(s)

Etiquetas adicionales:
Identidad Secreta,  Angustia con Final Feliz, Relación Secret, DADT, Ataques del 11 de Septiembre  

Sumario:
A la Marina no le importan sus problemas personales. El seis de agosto es un día como otro cualquiera, y debe cumplir con su deber. Hoy es asistir a las fiestas nacionales de esta pequeña nación del Océano Índico. El Departamento de Estado y el Departamento de Defensa están de acuerdo: cuando el monarca pide uniformes entorchados para adornar sus celebraciones y demostrar que cuenta con el apoyo norteamericano, se los mandan. Bradley es uno de los pilotos estrellas de la marina. Así que aquí está, con uniforme de gala planchado y sus brillantes condecoraciones.

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-2-algo-mas.html

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Capítulo 3: 2015, agosto

Bradley sale a la cubierta principal y mira a la isla.

Siempre se siente un poco melancólico en estos días. Ni siquiera cuando estuvo en los Balcanes -¿de nuevo?, se quejó Mav cuando supo de esa misión- pudo olvidar que el seis de agosto es el aniversario de Azul. Sabe que es vergonzoso: tiene treinta años y una relación que tuvo a los diecisiete y duró seis semanas es la más significativa de su vida, pero no todo el mundo puede encontrar el amor y mantenerlo. Además, es aviador, su vida no está diseñada para las relaciones duraderas. O al menos eso se repite. Ni siquiera la revocación de la DADT hace cuatro años cambió mucho las cosas para Bradley, excepto -sonríe al recordarlo- que supo entonces que sus colegas de escuadrón llevaban meses encubriendo lo que creían un tórrido romance entre Jake y él. Eso sí fue de comedia.

En otro universo donde no hubieran crecido juntos, tal vez. Pero Jake Mitchell, que ahora va como Seresin solo para darle en la cabeza a su padre, es su hermanito y bastantes problemas le da así.

De todos modos, a la Marina no le importan sus problemas personales. El seis de agosto es un día como otro cualquiera, y debe cumplir con su deber. Hoy es asistir a las fiestas nacionales de Perla Blanca, pequeña nación del Océano Índico. Son una monarquía constitucional que administra bien sus reservas petroleras y permite a la flota usar sus aguas territoriales, así que por una vez el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa están de acuerdo: cuando el monarca pide uniformes entorchados para adornar sus celebraciones y demostrar que cuenta con el apoyo norteamericano, se los mandan.

Este año, el USS George H.W. Bush el barco más cercano, y Bradley es uno de los pilotos estrellas de la marina. Así que aquí está, con uniforme de gala planchado y sus brillantes condecoraciones.

-¿Listo para el show, Rooster?

Brad se aparta de la veranda. Natasha y Bob también se han puestos sus mejores galas -joder, lo rodean hermosas historias de amor-, con la diferencia de que sus expresiones son cínicas. Son demasiado jóvenes y aún no se reconcilian con esta parte del trabajo. Creen que todo es volar y perseguir gente mala. Se obliga a sonreír.

-Listo.

Una lancha del gobierno local viene a buscarles poco antes de la puesta del sol. Se acomodan en asientos dispuestos a lo largo de la cubierta, donde hay espacio de sobra para el Capitán Pollard, el Jefe de Comando Wallace, Natasha, Bob y Bradley. Como la lancha no tiene techo, pueden ver las multitudes en la playa y el puerto, bailando.

-¿Pensé que íbamos para el aniversario de la coronación del rey, señor? -pregunta Natasha.

-Esto no es Gran Bretaña, teniente. Aquí es una fiesta popular. La fiesta del azul, le llaman, porque es el color favorito de su majestad Abderramán ven Jotab.

En efecto, todo el mundo parece estar vestido de azul en la isla, desde las masas que bailan desenfrenadas hasta los policías que controlan el tráfico. Llegan al palacio después atravesar muy lentamente la ciudad en un auto descubierto. Bradley tiene la impresión de que fueron parte de la diversión, pues las personas les saludaban y se tiraban selfies con su transporte de fondo.

Les recibe un empleado uniformado en azul, que los conduce a un salón decorado en azul, donde mucha gente que parece importante lleva ropa muy elaborada de distintos tonos de azul. Mientras esperan a su majestad, se acercan a la mesa bufet, donde encuentran todo tipo de comestibles en formas fantásticas y, faltaría más, teñidos de azul.

-Esto empieza a ser tedioso -comenta Bob y se traga un canapé.

Bradley se encoge de hombros.

-Piensa en tu deber, Floyd -le recuerda Brad-, la Marina es algo más grande que tu. Además, por lo menos hay comida.

Natasha va a decir algo, pero una fanfarria de trompetas se adueña del salón. Todas las conversaciones se detienen y una voz anuncia.

-Ya llega su majestad divina y encarnación en este territorio de la voluntad celestial, malik Abderramán ven Jotab I.

El trío de pilotos deja apresuradamente sus bocaditos se limpian las manos y regresan junto al capitán Pollard y Wallace. Se paran firmas mirando hacia la puerta del salón, como el resto de las personas. La gran puerta doble se abre y entra un hombre de unos treinta años, que avanza despacio hacia el trono.

El rey viste un salwar kameez azul, con bordados tan densos que la tela es casi invisible. Tiene el pelo teñido de azul metálico y el rostro decorado con dibujos de plantas fantásticas en lápiz azul. Si la fortaleza de una monarquía depende de su aparente conexión con lo sobrenatural, Abderramán ven Jotab I hace un buen trabajo en la parte representacional: porque no parece un ser de este mundo.

A su paso, las profundas reverencias sucesivas generan una ola humana a lo largo del salón.

Cuando llega a la altura de la delegación norteamericana, el grupo hace el saludo marcial y Pollard, como capitán, se adelanta para hacer una reverencia leve. Solo sus doce años de entrenamiento militar le permiten a Bradley mantenerse quieto. Lo que quiere es salir corriendo hasta la costa, nadar al USS George H.W. Bush y esconderse en su cama hasta que todo acabe.

Abderramán ven Jotab I llega a su trono, da un par de palmadas y comienza la música.

-Tiene que ser una broma -murmura Natasha.

-No -ya Bob le tiende una mano- es “True Blue”. Tenemos un deber patrio, teniente.

En efecto, ya la corte baila con Madonna. Ella mira a su capitán, suplicante, pero Pollard no tiene piedad.

-Háganos sentir orgullo, Trace. Nosotros -señala a Wallace y Bradley- tenemos que completar el protocolo.

El trio se incorpora a la fila de visitantes que debe felicitar al monarca. La espera no es larga -después de todo se trata de un pequeño estado insular en el Océano Índico-, y pronto Bradley está delante del trono.

-Felicidades por un año más de gobierno, majestad -dice Pollard.

-Gracias capitán. ¿Quiénes son sus acompañantes?

-Le presento al Jefe de Comando del USS George H.W. Bush, Patrick Wallace, y al teniente Bradley Rooster, piloto de guerra.

-¡Ah! -la voz de Abderramán adquiere un tono condescendiente- El hijo del almirante Kazansky.

-Tengo méritos propios -profiere Bradley sin poder contenerse.

Wallace va a intervenir, pero el rey lo detiene con un gesto y mira fijamente a Bradley.

-Así que es usted un agente de su propio destino, ¿teniente?

Bradley siente todo su cuerpo aflojarse de repente. No está alucinando, es verdad. No le importa quiénes sean testigos de esto. Sonríe por primera vez en el día.

-No soy tan sofisticado como Doc Holiday, alteza, pero sí, he labrado mi propio destino.

-¿Le gusta la fiesta?

-Me gusta el azul -evade él. -Y el día seis de agosto fue, por supuesto, un excelente momento para vuestra coronación.

-Lo fue. Lástima que mi primo Reda no estuviera para compartir la felicidad de mi pueblo. -el rey se dirige de nuevo a Pollard. -Debo felicitarlo, capitán. En años anteriores, las delegaciones norteamericanas nunca trajeron bailarines como Natasha Trace y Robert Floyd. Ni conversadores tan ingeniosos como Bradshaw. Esto sí es un regalo.

Si el comentario sorprende o confunde a Pollard, no lo deja ver, solo inclina la cabeza en gesto de respeto.

-Gracias, majestad.

-Disfruten de la fiesta.

Se quedan por una hora, alternando entre comer canapés azules, bebes cocteles sin alcohol azules y bailar con Natasha. La banda sonora de la fiesta está compuesta de canciones con la palabra azul en el título. Reconocen piezas en inglés, español, francés y urdú. Es posible que también hubiera uno o dos éxitos de pop coreano que Natasha jura no conocer, pero tararea con sospechosa fluidez.

Por suerte no regresan a través de la ciudad, sino que los llevan al muelle privado del palacio real. Antes de partir, les entregan pequeñas bolsas de regalo personalizadas con souvenirs de la fiesta. Las bolsas son escaneadas en cuanto llegan al USS George H.W. Bush, pero no tienen nada electrónico, así que les permiten llevarlas a sus habitaciones.

Bradley abre su regalo en cuanto cierra la puerta. Encuentra una foto oficial de su majestad, el sweater con la inscripción USNavy que le prestara a Adib aquel once de septiembre y un sobre con un pasaje en primera clase a su nombre para un vuelo de Mumbai a Perla Blanca, sin fecha. En el sobre también hay una nota manuscrita -y reconoce la letra, por supuesto- “Quiero que traigas de vuelta esos zapatos. Son de colección.”

Bradley sonríe. Siente que un peso lo abandona, ahora que ya sabe cuál fue el destino de su Azul.  

Simplemente hay algo en su familia: las historias de amor son siempre extrañas.

FIN

Parte 3: CINCO VECES MÁS UNA http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-3-cinco.html

Parte 4: RAÍCES http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

ALGO MÁS GRANDE QUE YO 2

 Parte 2 de: Las mentiras que nos dijimos

Famdon: Top Gun (Movies)

Relaciones:
Bradley "Rooster" Bradshaw/Original Female Character(s)Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell

Personajes:
Ron "Slider" KernerBradley "Rooster" BradshawOriginal Female Character(s)Natasha "Phoenix" TraceRobert "Bob" FloydOriginal Male Character(s)

Etiquetas adicionales:
Identidad Secreta,  Angustia con Final Feliz, Relación Secret, DADT, Ataques del 11 de Septiembre  

Sumario:
Bradley despierta con calambre en el brazo derecho. Gruñe y trata de girarse, pero no puede. Abre los ojos y ve a Azul, que duerme en el asiento de copiloto con su brazo como almohada. Toma consciencia de lo incongruente de la imagen y mira alrededor. El parque está vacío, a unos metros, la carretera bulle con el tráfico matutino. Le sacude el hombro.
-Despierta -Azul le aparta la mano y sigue durmiendo. -Azul ¡despierta! ¡Nos dormimos en el parque! Tenemos que irnos.

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-2-algo-mas.html

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Capítulo 2: 2001, septiembre

Una noche de lunes van a una proyección de medianoche de “Tombstone”, con Kurt Rusell y Val Kilmer. A Brad se le saltan las lágrimas en la escena de la muerte de Doc Holiday. Azul trata de calmarlo, y él se descubre confesando que su madre murió de cáncer. Se siente íntimo.

Se duermen con el arrullo de los grillos.

Bradley despierta con calambre en el brazo derecho. Gruñe y trata de girarse, pero no puede. Abre los ojos y ve a Azul, que duerme en el asiento de copiloto con su brazo como almohada. Toma consciencia de lo incongruente de la imagen y mira alrededor. El parque está vacío, a unos metros, la carretera bulle con el tráfico matutino. Le sacude el hombro.

-Despierta -Azul le aparta la mano y sigue durmiendo. -Azul ¡despierta! ¡Nos dormimos en el parque! Tenemos que irnos.

Azul se levanta en un solo movimiento fluido y mira alrededor con ojos abiertos como platos. Traga en seco.

-¿Qué hora es? -pregunta con miedo.

Bradley mira su reloj en lo que enciende el auto.

-Las ocho de la mañana. -sale del parque y se dirige a la universidad maldiciendo el que no pueda acelerar por la cantidad de autos. -Tengo clase a las nueve, ¿y tu?

-Martes, martes… -Azul se quita la peluca y deja expuesto su cabello negro brillante, cortado en estilo militar. -Yo también tengo clase a las nueve, pero -se mira la ropa- no puedo llegar así. Tampoco puedo ir a mi dormitorio de día y en esto -su tono adquiere un claro registro de pánico- Me matan, B, me matan.

Empieza a llorar. Bradley le aprieta el hombro.

-Nadie va a morir, ¿ok? Nadie. Vienes a mi dormitorio, Travis tiene clase a las ocho, así que ya se fue.

-¿Travis?

-Mi compañero de cuarto.

-¿Qué voy a hacer en tu cuarto?

-Puedes llamar a alguna amistad para que te alcance otra ropa.

-No -niega Azul-, nadie puede entrar a mi cuarto. No va a funcionar.

-Entonces te pones algo mío. Cuando te pregunten dices que… ¡No se! Que te echaron café encima cuando caminabas a clase y el imbécil te ofreció una muda de ropa suya para que no andaras así por el campus.

-Si, si, eso puede funcionar. ¡Espera! No dobles por ahí -se encoge en el asiento. -Sigue recto.

Bradley obedece. En la puerta del edificio que evitaron ve a dos guardias de seguridad de aspecto malhumorado. Finalmente llegan a su residencia. Azul vuelve a ponerse la peluca y se hecha el pelo hacia adelante para disimular sus rasgos, alcanzan la puerta de servicio y corren por las escaleras.  

-Son las ocho treinta, podemos lograrlo -dice Bradley por encima del hombro en lo que busca alguna ropa que le quede pequeña. ¿Tal vez le puede dar el sweater de Mav? Lo trajo para sentirse cerca de su padre, pero esta es una situación de emergencia. Son más o menos de la misma altura, aunque Maverick es mucho más fornido.

Se gira con el sweater y un pantalón de gimnasia en las manos, y encuentra a Azul estudiando su mesa de noche.

-¿Es tu familia? -inquiere con asombro.

Su reacción es lógica, piensa Brad con amargura. Está mirando una foto que se hicieron especialmente para que tuviera a todo el clan consigo sin despertar sospechas. Tiene el estilo de los retratos formales de la marina, pero con más personas de lo habitual: Pete “Maverick” Mitchell y Tom “Iceman” Kazansky están vestidos de gala y con todas sus medallas, a sus lados Sarah, con Sean en los brazos, les cekpápi, y el mismo Bradley. No hay que saber mucho de rangos militares, esa acumulación de condecoraciones y estrellas impresiona.

-Si. Mi padre es capitán de aviación, y mi -casi dice até, pero se contiene- tío es contralmirante de nivel superior. Algo así como un general de dos estrellas de la marina. 

Azul se yergue y voltea a mirarlo como si lo viera por primera vez, sus ojos ya no son tiernos, sino calculadores. Bradley levanta una mano, conciliador.

-Azul, no tienes que decirme nada de ti, si no quieres. Entiendo que esto no es lo que tu querías de nuestra relación. Solo cámbiate de ropa, te dejaré en donde necesites y luego decides si quieres verme de nuevo.

Azul lo piensa un poco, pero asiente. Bradley le extiende la ropa y señala la puerta del baño.

-Date una ducha ¿si?, anda. El perfume que te pusiste anoche todavía se siente.

Con el sonido del agua de fondo, Brad saca algunas cosas de la nevera y arma un desayuno apresurado. Luego regresa a su armario. Cuando la puerta del baño se abre, ya está semidesnudo y tiene su ropa limpia en las manos.

-Come algo -ordena y entra corriendo a ducharse también.

A las ocho cincuenta están saliendo del dormitorio. Azul se ha puesto unas zapatillas de Travis. Bradley le dio una libreta y un par de plumas para que pueda tomar notas hasta que vaya por sus propias cosas. La peluca, ropa y zapatos de tacón de la noche anterior están en una bolsa cerrada y metida en lo más profundo del armario de Brad.

-¿Dónde te dejo? -pregunta el rubio en lo que enciende el auto.

-En Jefferson y Ruppel.

Brad hace unos cálculos mentales y asiente.

-Podemos estar ahí en cinco -pone reversa y empieza a salir del parqueo cuando aparecen cuatro autos negros y bloquean las dos bocacalles. -¿Qué diablos?

Azul los ve y se hunde en el asiento.

-Me encontraron, me encontraron -repite en pánico. -Me van a matar -dice con rabia. -Me van a matar -repite con dolor. -Me van a matar -lo vuelve a decir con voz vacía, resignada. Mira a Brad con expresión derrotada. -Solo quédate en el auto y no intervengas ¿si?

Va a abrir la puerta, pero Brad se lo impide.

-Nadie te va a matar, ya te lo dije. Cálmate. -el móvil de Bradley suena con un aviso de mensaje de texto. “Código azul” lee.

Al mismo tiempo, los autos se abren y un escuadrón de reclutas del batallón ROTC de la universidad se despliega por el parqueo. Sus armas no apuntan al auto, sino alrededor.

-Esos soldados vienen por mi -dice Bradley.

-En realidad venimos por los dos -le interrumpe un hombre con insignias de capitán del ejército que se ha detenido junto al auto. -Señor Bradshaw -se lleva dos dedos a la frente a modo de saludo, mira a Azul- Príncipe Adib, ¿qué le pasó a su celular?

Azul...

No.

Adib.

¿Príncipe?

El príncipe Adib mira al capitán con miedo, pero no es el mismo temor que cuando creía que venían específicamente por él. Como Bradley, comprende que hay algo mayor en marcha.

-Se quedó sin carga.

El capitán asiente.

-En ese caso se lo digo verbalmente: estamos en código azul. Salgan del auto, dejen todo objeto electrónico, y vengan con nosotros, por favor.

Normalmente, el viaje en auto de Charlottesville a la Base Naval de Norfolk son dos horas. Lo hacen en una hora con quince. Es suficiente tiempo para que Bradley medite sobre lo que esta situación revela sobre Azul -¡no!- sobre el príncipe Adib. Sabía que ocultaban elementos claves de su vida, pero ¿príncipe? Solamente él va a una fiesta y se enrolla con un integrante de la nobleza. Su até se reirá por días. Porque no hay modo de ocultarlo ahora: cómo y con quién lo encontraron será parte del informe para el contraalmirante Kazanky. No tiene idea de cuándo lo leerá, pues si el país está bajo ataque hay otras prioridades, pero lo leerá eventualmente. Por lo menos será un informe secreto, Sarah y les sunkaku no podrán enterarse.

Mira al asiento a su lado, donde Adib está sentado muy erguido y tieso. No le ha dirigido una palabra desde que abordaron el auto negro de ventanas polarizadas y Bradley sospecha que está calculando cómo manejar la comprometida situación en que los encontraron. Aún sin peluca ni tacones, pasó la noche fuera de su dormitorio -recuerda ahora a los guardias de seguridad- y lo encontraron en el auto de Brad, con ropas de Brad. Su familia se reiría de lo lindo con esta situación de comedia romántica, pero, a juzgar por los comentarios de Adib -de pronto esos “me van a matar” suenan menos exagerados-, la suya no verá nada gracioso en la situación.

Porque la DADT solo rige al Departamento de Defensa, pero eso no significa que el resto del mundo sea comprensivo y amigable.

Desde hace dos semanas Bradley trabaja como voluntario en un refugio para adolescentes queers sin hogar. Ha sido otro “curso acelerado” en las dinámicas más crueles del mundo civil. No puede creer que alguien bote de su casa a una persona de trece, catorce años por ser homosexual o trans, incluso por la sospecha de que lo sean. Les enseña defensa personal. Siente que es poco, pero en apenas dos o tres clases puede ver cómo se restablece la autoestima de sus estudiantes.

Vuelve a mirar a Adib y se pregunta si su formación como príncipe incluyó uso de armas, sus manos son muy delicadas, no hay modo de que… Bueno, Sarah no tiene callos y da unos puñetazos impresionantes. “La clave está en usar bastante crema humectante”, le explicó.

Pero eso no importa, recuerda con amargura, porque su relación con Azul ha terminado.

La base está en alerta de combate. Revisan sus identidades en tres controles de seguridad sucesivos antes de que los hagan bajar del auto y entrar a un edificio. Bradley ve llegar a otras personas con similares expresiones de inquietud. Reconoce a un par de estudiantes con quienes ha coincidido en conferencias o eventos en la universidad y… ¿¡Es esa la profesora de aeroespaciales!? ¿Cuántos “código azul” hay en la UVA? Ya en el interior, toman un elevador hacia el subnivel tres. Terminan en una sala de conferencias.

Está claro que prepararon el lugar con premura: en los bordes de la pizarra aún hay huellas de marcador azul. Las mesas fueron pegadas a la pared para hacer espacio en el centro. En una esquina hay un buffet con agua, café, pastas, bagels, paquetes desechables de queso crema y cátsup y cubiertos plásticos. No hay servilletas.

Bradley arde en deseos de saber qué provocó el código azul, pero no tiene su celular, que igual no funcionaría dentro de este bunker militar.

Solo sabe que son las 10:30 de la mañana del 11 de septiembre y, de alguna manera, Estados Unidos está bajo ataque.

¿Dónde están sus padres?

Mav se reportó para misión en el mar apenas lo dejó en la universidad. Salió de esta misma base Norfolk como jefe de escuadrón en el USS Enterprise y se dirigieron hacia el Golfo Pérsico.

Ice está en Wasington DC. Tenía una semana de reuniones sobre inteligencia militar -y por eso es que Brad y sus sunkaku son parte del plan “Código azul”- y le prometió que bajaría a Virginia para un almuerzo el sábado.

En ese momento toma consciencia del significado de Washington DC. El país esta bajo ataque y su até está en la capital. Claro que la Base Naval de San Diego también sería un blanco importante, pero… ¿Está Ice a salvo? Si hubiera sufrido daño, ¿se lo dirían? Legalmente él no es… La posibilidad real del hecho le quita el aire.

La voz de Azul lo saca de sus depresivas reflexiones.

No, se fuerza a rectificar mentalmente, mientras lo localiza con la mirada.

La voz del príncipe Adib lo saca de sus reflexiones. Puede reconocer su tono molesto e impaciente, aunque está casi al otro lado de la sala. Ve a Adib muy erguido, con las manos unidas en la espalda. Enfrenta a otro hombre, un poco mayor, tal vez de veintitantos años. Bradley se dirige a ellos sin pensarlo.

-Adib, socio, ¿qué fue? -al llegar a su lado, cruza los brazos sobre el pecho y mira con desdén al otro. -¿Este tipo te está dando la lata? Sabes que puedo pedirle a los soldados que lo lleven a una celda más fea, ¿verdad?

Está luchando por imitar la actitud condescendiente de Travis, y parece que funciona. El desconocido lo mira con sorpresa. Adib cambia su expresión beligerante por otra, entre agotada y divertida, como si estuviera acostumbrado a la arrogancia de Brad.

-No será necesario.

-No veo por qué se mete en un asunto familiar… -empieza a decir el hombre, pero Adib lo interrumpe.

-Te presento a Bradley Bradshaw, hijo adoptivo del contralmirante Tom Kazansky, Jefe de la Inteligencia de la Marina -el fulano cierra la boca y su actitud despectiva se evapora. -Brad, este es mi primo, el príncipe Reda. Como es mayor que yo, cree que tiene el deber de vigilarme mientras estamos en América.

Bradley sonríe, asiente de modo exagerado y continua en su papel de arrogante nacido en cuna de oro.

-¡Oh! Entiendo -le da una palmada en el hombro a Reda, si es tan fuerte que lo hace doblarse, bueno, Brad solo estaba siendo efusivo. -A mi también me pasa eso. Donde quiera que voy, hay un coronel de la policía militar preocupado. Siempre les digo “relájate, seré oficial de todas formas”. Pero a mi tío le preocupan las apariencias.

-Si, las apariencias -interviene Reda con el índice derecho alzado-, precisamente. No puedes desaparecerte una noche entera Adib.

-¿Desaparecer? -repite Brad con su mejor tono de incomprensión.

Adib pone los ojos en blanco.

-Mi primo quiere saber dónde estaba anoche. Cree que, a la luz de los acontecimientos actuales, yo debería tener una coartada sólida. Lo cual es ridículo, nuestra familia jamás se involucraría en un ataque a América, ¡somos aliados!

-¿Anoche? -Brad levanta una ceja y sonríe de nuevo. -¡Ah! Relájate Feda.

-Reda -le rectifica el otro.

-Eso mismo. Relájate primo Leda, Adib estaba conmigo. Soy como, la persona más confiable para establecer una coartada ¿no?

Reda lo mira de arriba abajo, claramente escéptico.

-¿Y qué hicieron ustedes toda la noche? Señor Bradshaw.

-¿No lo sabes? Adib acá es un haz del francés y me está ayudando con las tareas. -se inclina en actitud conspirativa y baja un poco la voz. -No se lo digas a nadie, pero mi francés es ho-rri-ble. No estamos en la misma clase, pero Adib se me acercó un día en la biblioteca y se brindó para ser mi tutor.

Bradley puede ver en los ojos de Reda cómo la desconfianza deja paso a la avaricia. Está seguro de que cualquier sospecha de comportamiento inadecuado ha desaparecido para dejar lugar a una ligera admiración. Sabe cuán interesada luce la oferta del príncipe Adib al hijo no demasiado despierto de un hombre que se pasea por las galerías del poder. Para reforzar el efecto, Adib agrega.

-Si, nos hemos hecho muy buenos amigos en estas semanas, ¿verdad Brad? -y le da unas palmadas en el hombro con mirada condescendiente, como si no pudiera creer lo inocente que es.

Bradley asiente con sonrisa idiota mientras la hiel le sube a la garganta. Qué fácil es mentir sobre lo que hicieron y sienten. Convertirlo todo en mezquindad. ¿Cómo pueden Ice y Mav mantener esta comedia cuando coinciden en público?

-Señor Bradshaw -le llama un soldado desde la puerta. -El vicealmirante quiere verlo.

-¡Ups! -hace un gesto como si la atención lo incomodara y divirtiese. -¿Qué les dije? Tratamiento VIP. Nos vemos pronto. Recuerda que tengo examen en una semana, socio.

En lo que camina hacia la oficina del jefe de la base, Bradley se pasa la mano por el rostro varias veces, tratando de dejar ir el asco que siente por si mismo. Apenas la puerta se cierra a sus espaldas, el vicealmirante Kerner se le acerca con rostro agotado.

-Pequeño Goose, qué alivio verte -lo abraza. -Ice estuvo a punto de enviar una fuerza expedicionaria a la UVA cuando no te encontraron en el edificio donde tenías clases.

-Me quedé dormido -explica Brad sin separarse de su tío. -¿Están…? Se que Ice llegó ayer a DC.

Slider se separa para mirarle a la cara.

-No te preocupes, estaba en el lado contrario del Pentágono cuando todo ocurrió. No tiene ni un rasguño, solo está muy, muy enfadado. 

-¿En el lado contrario del Pentágono? ¿Quieres decir que atacaron el Pentágono?

Kerner lo mira sorprendido.

-¿No sabes lo que pasó?

-No. Recibí el mensaje de “código azul” por mensaje de texto a las ocho cincuenta, apareció un capitán con un escuadrón de estudiantes ROTC más nerviosos que alguien con una cita con la princesa Leia y me trajeron para acá.

Su tío Slider se sienta en el borde de su mesa y alza una ceja.

-¿Te trajeron? ¿A ti solo?

Brad se siente enrojecer.

-Bueno, si, nos trajeron a un amigo y a mi. El punto es que nos metieron en esa sala sin ninguna explicación. ¡No sabemos qué está pasando!

La breve sonrisa desaparece del rostro de Kerner.

-Lo que está pasando… -suspira- Ahora mismo el Congreso y la Casa Blanca fueron evacuados y nos preparamos para enviar destructores con misiles armados a New York.

-¿Qué? Pero dijiste que había sido en el Pentágono. ¿O es una cosa preventiva?

-Espera, espera. Te cuento en orden.

Aunque está seguro de que le están dando la versión pública, los hechos lo sacuden hasta el fondo. Esto no puede pasar, repite una voz dentro suyo, simplemente el mundo no funciona así. ¿Verdad?

Slider nota que esta entrando el shock, se detiene, va hasta su mesa y regresa con un vaso que contienen un líquido ambarino.

-Bebe sobrino, hoy lo necesitas.

Brad le obedece. El ardor del wiski le hace toser, pero también reaccionar.

-¿Alguien se atribuyó los ataques?

-No. Aunque tiene todo el estilo de la Guerra Santa islámica, prefiero esperar a que el FBI y el Departamento de Justicia me digan a quién debo apuntarle.

El joven mira a su tío con curiosidad. Sabe que la unión entre Slider, Ice y Mav se cimentó durante el “Asunto Layton” -el evento secreto más conocido de la Marina-, y que regresaron después de derribar cuatro MiGs soviéticos. Derribar, le aclaró Mav un día, es una manera elegante de decir “matar personas” en el aire. Después hubo otras misiones, algunas oficiales, otras secretas. El caso es que ninguno de ellos habla de volar con el mismo tono que habla de combates aéreos.

-Dicho eso -Slider hace una mueca incómoda-, tiene el estilo de un ataque yihadista y tu ¿pasaste la noche con el príncipe Adib?

Brad se mira las manos, incómodo. ¿Pasó la noche con el príncipe? De verdad no lo cree. Puede reconocer los rasgos de Azul en el hombre que salió del baño de su habitación con el sweater de USNAY y pantalones deportivos color oliva, pero la actitud, los modales, los ojos tiernos de la persona que conoció por seis semanas se habían ido. Azul ha muerto y es su culpa.

¿Slider le interrogaría si Adib se llamara Arthur? Probablemente no, pero Brad ya sabe que la vida casi nunca es justa. No va a pelear por esto. No vale la pena luchar por una relación que ya no existe.

-Fuimos anoche a ver la función de medianoche de “Tombstone” en Emancipation Park. Nos dormimos en mi camión y despertamos hoy a las ocho.

-¿Desde cuándo se conocen?

-Seis semanas.

-¿Ha tratado de obtener información sobre ti o tu familia…?

-Adib no supo mi apellido hasta esta mañana -le corta Brad ya molesto, una cosa es responder preguntas de seguridad de rutina y otra dejar que manchen lo que tuvo con Azul. -Acordamos no revelar nada de nuestras familias. Lo que tuvimos era nuestro, solo nuestro tío Slider y ahora… -se siente las mejillas húmedas, no tiene idea de cuándo empezó a llorar.

Kerner le pone una mano en el hombro, tratando de confortarlo.

-No es el fin del mundo, Brad. Acabas de empezar la universidad, conocerás a otras personas.

-Lo se, pero nadie como Adib.

Como temía, Bradley le ve por última vez cuando los devuelven a la UVA. Adib sube a un auto con su primo, Bradley a otro con una estudiante de teatro que resulta ser sobrina del Fiscal General de los Estados Unidos. En medio de la islamofobia que desata la afirmación de que Al Qaeda y Osama Bin Laden fueron responsables de los ataques del once de septiembre, un número importante de los estudiantes musulmanes extranjeros abandonan el país.

Brad no tiene valor para deshacerse de la peluca, las ropas y los zapatos. Sabe que es lo racional, pero no puede dejarlo ir. Así que va a una amistad que estudia en el museo Fralin y le explica que quiere conservalos. Una semana después le devuelven un paquete transparente sellado, dentro no hay aire, sino nitrógeno, lo que mantendrá esos objetos en éxtasis hasta que decida abrirlo. Cuando regresa a San Diego para Acción de Gracias, le pide a Sarah que lo guarde en un lugar seguro. Ella, bendita sea su alma, no hace preguntas.

En la cena, Ice se queja en voz alta de la histeria y el prejuicio. Deja bien claro que no tolerará comentarios derogatorios en la casa, pues ya tiene bastante con el acoso a sus subordinados y la invasión de Afganistán, donde Maverick guía un escuadrón de suicidas por entre los desfiladeros del Cáucaso. “Tu padre me va a matar del corazón”, le dice muy serio a Jake. A lo que el niño responde con un abrazo y una respuesta absolutamente Mitchell “Mi padre siempre regresa a casa, no te preocupes”.

De vuelta a la UVA, Brad decide seguir el ejemplo de Ice y hacer algo. Se une a una red de apoyo y protección a estudiantes árabes y musulmanes. Entre las clases, hacer de escolta alrededor del campus y enseñar defensa personal en el refugio para adolescentes queer, está lo suficientemente agotado como para no pensar en Azul.

En el otoño de 2003, la guerra contra el terrorismo empieza a parecer eterna. Bradley Bradshaw concluye que, a pesar de la DADT, quiere ser aviador como sus padres, y se enrola en el programa AVROC. Pasa los veranos de 2004 y 2005 entre cuerpos sudorosos y bien torneados, pero controla sus deseos con la simple invocación de los labios de Azul. Después de estudiar ingeniería en UVA, los cursos de aerodinámica, motores de aviación y navegación aérea no son un reto tan difícil. Disfruta leer legislación militar, y pensar como manipularla.

Bradley recibe su carta, llama a Maverick para decirle que lo aceptaron en Pensacola, y no mira atrás.

CAPÍTULO 3: 2015, agosto: http://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/algo-mas-grande-que-yo-3.html

ALGO MÁS GRANDE QUE YO 1

 Parte 2 de: Las mentiras que nos dijimos

Famdon: Top Gun (Movies)

Relaciones:
Bradley "Rooster" Bradshaw/Original Female Character(s)Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell

Personajes:
Ron "Slider" KernerBradley "Rooster" BradshawOriginal Female Character(s)Natasha "Phoenix" TraceRobert "Bob" FloydOriginal Male Character(s)

Etiquetas adicionales:
Identidad Secreta,  Angustia con Final Feliz, Relación SecretA, DADT, Ataques del 11 de Septiembre  

Sumario:
    Bradley va a la Universidad de Virginia porque Ice y Mav quieren que se una a la marina con consentimiento informado de qué te pierdes por estar en el clóset.
    Allí tiene una aventura que marca el resto de su vida:
    -Espera, espera. Ni siquiera se tu nombre.
    -Eso es fácil, tú eres el Agente B y yo soy Azul.
    Acaricia su notable erección por encima de la tela del pantalón.
    -¿Quieres que use la boca en hablar contigo o en hacerlo contigo?
    -Pues…

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-2-algo-mas.html

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Capítulo 1: 2001, agosto 

 Bradley cierra la última gaveta y se deja caer en la cama, agotado y satisfecho.

-Socio, eres un puto sobre cumplidor -le dice Travis con voz asombrada.

Su compañero de cuarto está parado en la puerta con una caja de piza en las manos. Sus ojos van de la sección de Brad de la habitación -ropa guardada, librero organizado por orden alfabético y cama tendida- a su propia mitad, donde cajas de libros y ropas todavía ocupan la cama sin hacer.

Brad hace un ruidito satisfecho, pero no se levanta.

-Vengo de una familia militar -explica-, hago mi cama desde que tenía cinco años. ¿Eso tiene pepperoni?

Travis sonríe, termina de entrar y cierra la puerta con el pie. Pone la caja de piza en la mesita de café que comparten y se saca dos botellas de gaseosa de los bolsillos laterales del pantalón.

-La proteína es necesaria para el estudio ¿no?

-Como no sea el estudio del caos en espacios reducidos -Brad señala al otro lado de la habitación- no se a qué te refieres. Las clases empiezan en dos semanas.

-Amigo, la universidad es una experiencia integral -repone el otro mientras saca un triángulo de piza y trata de evitar que el queso le caiga en la camiseta. -No se limita a las clases. Llegamos temprano al campus para familiarizarnos con la comunidad. -da un mordisco y sigue hablando con la boca llena. -Por ejemplo -se saca varios panfletos de otro bolsillo y los extiende a Brad-, ¡fiestas de bienvenida y reclutamiento!

Bradley repasa los anuncios mientras mastica. Primero descarta las fiestas de fraternidades griegas.

Su papá le advirtió de los peligros de esas fraternidades, que describió con desdén como una mezcla explosiva de adolescentes desenfrenados y familias poderosas. Ice fue más directo y le habló de los crímenes en las sedes de fraternidades ricas, que las mismas universidades evitan investigar para no perder donaciones. Dejó claro que, si algo le pasaba a él, tendría todo el apoyo de la “Familia del 86” (que ahora incluye hasta un senador demócrata), pero le recomendó mantenerse a distancia.

De todos modos, Brad no vino a la Universidad de Virginia a unirse a un grupo donde tendría que obedecer órdenes y jerarquías. Para eso hubiera ido directo a Annapolis. Mav quiere que pruebe la vida civil, que es código para “la vida sin la sombra de la DADT sobre tu cabeza”. Aunque Brad desea con fervor servir a su país y honrar a su familia, admite que si, hay un mundo más allá del cuidado césped del club de golf de la Base Naval de San Diego del cual no sabe nada.

Iná Sarah lo resumió con una frase muy chula “Quieren que te unas a la marina con consentimiento informado de qué te pierdes por estar en el clóset”.

Aún después de eliminar a los griegos, en las dos semanas que faltan para que comiencen las clases hay programadas unas veinte fiestas de bienvenidas temáticas. Más que suficiente para “conocer a la comunidad”, como lo puso Travis.

Irá a la bienvenida a la ingeniería del futuro porque es lo que vino a estudiar.

También a la de videojuegos.

¿Fiesta de piscina? ¡Anotado!

¿Salva la tierra con un mojito? Nunca sintió mayor consciencia ecológica.

¿Saca tu alíen del clóset? Bradley se lee despacio la descripción del evento y pone el dedo sobre el pequeño arcoíris al pie de la página.

Levanta la mirada hacia su compañero: Travis está de espaldas, ocupado en sacar las cajas de su cama para poder extender una manta y acostarse. Muy despacio, Bradley dobla el anuncio y se lo guarda en un bolsillo de los pantalones. Mejor que Travis ni siquiera sepa.

Gracias a Will Smith y Tommy Lee Jones, puedes ir a una fiesta de temática alienígena solo con un traje negro y gafas. Bradley sabe que destaca entre la otra docena de “Hombres de Negro” que vio entrar mientras vigilaba la entrada -esperó quince minutos en el auto para confirmar que no era una trampa y que no había manifestantes por la decencia- porque tiene un par de Predator 2 sunglasses originales -toda la familia se las compró después de ver el filme-, a lo que suma la postura marcial que aprendió al crecer entre bases navales y eventos militares. En cuanto entra a la fiesta, nota un número significativo de participantes con claros deseos de que les “certifique” su estatus planetario.

Satisfecho con la impresión inicial, va al bar y estudia las ofertas. Los tragos no tienen mucha variedad, pero han sido renombrados con cierta imaginación para ajustarse al tema del evento.

-Dame un sable de luz de Luke Skywalker.

Paga, se da la vuelta para mirar la pista de baile apoyado en la barra y bebe despacio su soda de limón con un chorrito de ron blanco.

Con la excusa de sacar alienígenas del closet, esta fiesta es lo más LGBTQ que puede ser un evento que no se anuncia como LGBTQ, excepto por un discreto arcoíris en el pie de la página. Los disfraces muestran un desinterés absoluto por los roles de género tradicionales y usan mucha tela fosforescente. Aproximadamente la mitad de la audiencia parece ser hetero, pero Bradley no logra detectar ni una reacción incómoda frente a las parejas del mismo sexo se meten mano sin disimulo.

Al fondo hay una mesa que tiene por encima un gran arcoíris hecho de globos reunidos dentro de una maya de cuerdas plateadas. Es absolutamente escandaloso y perfectamente claro en su objetivo. Bradley empieza a caminar despacio hacia el extravagante puesto de información. Espera llevarse bien ocultos uno o dos panfletos de organizaciones LGBTQ locales.

A mitad de camino se detiene.

Está bailando con un grupo. Son siete, han coordinado sus disfraces: modelo similar en los siete colores del arcoíris. Todos los trajes son de color metálico, con torso rígido en forma cónica sin mangas ni tirantes, con faldas acampanadas y muy cortas. También usan pelucas de corte redondo del mismo color que la ropa, con antenas terminadas en pompones. Bradley solo tiene ojos para el cuerpo ligero, enfundado en azul metálico que le da la espalda.

Quedarse quieto en medio de un salón de baile es convertirse en un faro. En el grupo se dan cuenta de su presencia, le lanzan miradas curiosas. Como no se mueve, ni disimula su interés en una persona específica, empiezan a hablar entre si con risitas divertidas. Finalmente, Azul se vuelve hacia él con expresión decidida y ojos pícaros.

-¿Puedo ayudarle en algo, agente?

Son solo las ocho de la noche, pero se van sin mirar atrás.

Bradley apenas puede abrir la puerta trasera de la camioneta. Azul se le trepa encima como si él fuera un árbol y caen entre risas en el interior. Una idea logra abrirse paso a través de la nube de excitación que producen su olor y sus manos acariciándole el torso.

-La puerta está abierta -e intenta levantarse.

Azul gruñe y lo detiene con una mano inesperadamente fuerte en el pecho. Luego se arquea y cierra la puerta sin dejar de mirarlo. Su sonrisa enmarcada en labial azul le produce una excitación casi dolorosa.

-Dios, que hermosura -Bradley le pone las manos en la nuca para darle otro beso.

Tras explorar sus bocas por un rato, Azul empieza a besarle el cuello y lucha por aflojarle la corbata. Bradley se las arregla para sentarse, posición en la que puede sacarse la chaqueta, abrirse la camisa y los pantalones. Azul se sienta encima de sus muslos y se restriega contra su erección con un ritmo constante, avasallador. Bradley le mete una mano en la entrepierna. Reconoce la textura del satín forrado de encaje, y la humedad de la tela lo enorgullece, pero la pieza está muy ajustada y no logra colar los dedos. Decide tratar por atrás, para bajarle la pieza desde el trasero, Azul le da un manotazo.

-No.

-Pero quiero…

-Solo arriba -advierte Azul, y refuerza su instrucción al tomar las dos manos de Bradley y ponerlas en sus hombros.

-Ok, ok…

Trata de abrir la parte superior del vestido. Finalmente roza unos broches en la espalda y la pieza se abre. Es un corsé totalmente rígido que tira hacia el asiento delantero. Azul lleva un conjunto de encaje azul, empapado en sudor. El corte superior destaca sus pechos pequeños, de pezones oscuros.

Demasiado pequeños.

Un pánico repentino congela a Bradley.

-Espera, espera -aparta sus manos para poder pensar con claridad. -¿Qué edad tienes?

-¿Qué? - Azul lo mira sin comprender, luego sus ojos van del rostro atemorizado de Bradley a su propio pecho. -¡Oh! Si, son pequeñitos. ¿No te gustan?

-Lo que me gustaría es que me dijeras tu edad -insiste Bradley.

Ya se puede imaginar el rostro de Mav, Sarah y Ice si regresa a casa por tener sexo con una menor. Pensándolo mejor, no, no verá sus caras porque no podrá regresar a casa. ¡Nunca!

Azul hace un puchero.

-Diecisiete, cariño. Solo podían entrar estudiantes de la universidad, ¿recuerdas?

Si, Brad lo recuerda. De acuerdo. Respira hondo.

-Si no te gustan… -Azul hace un gesto para alcanzar su corsé.

-¡Me gustan! -se apresura a decir él- Me gustan mucho. Es solo que… bueno -sonríe incómodo por haber roto el ambiente-, no quiero meterme en problemas. Así que… solo quería comprobar que tienes la edad adecuada para este tipo de juegos.

-Pero qué caballero me encontré. -sonríe de nuevo, y aunque el azul es ya un manchón alrededor de su boca, Bradley se descubre hipnotizado por sus labios- Sin embargo, hoy soy yo quien va a cabalgar, Agente.

Azul le pone las manos sobre sus pequeños pechos, se apoya en los hombros de Bradley y renueva el movimiento de sus caderas contra su erección.

Un tiempo después, el orgasmo ha dejado a Bradley drenado. Azul es un peso reconfortante sobre su pecho, y le acaricia la espalda envuelta en encaje con dedos perezosos.

Un toque de nudillos en el cristal de la lo saca de su modorra. Trata de distinguir con la poca luz de la calle si se trata de la policía. No, es alguien del grupo que bailaba con los vestidos de colores metálicos. Baja la ventanilla.

-¿Si?

-Vinimos a recoger a Azul -dice Rojo con suavidad. Su sonrisa es algo extraña porque el color de los labios se le confunde con el bigote teñido.

Bradley asiente y le da unas palmadas a su amante.

-¡Ey! Es hora de que vayas a casa.

Azul se revuelve, gruñe, finalmente abre los ojos.

-¿Qué hora es? -pregunta con voz ronca.

-Las diez -responde Rojo antes de que Brad tenga tiempo de consultar su reloj.

Azul abre mucho los ojos y se apresura a recuperar su corsé. Se baja de los muslos de Bradley y empieza a ponérselo. Esa no es la hora, Brad sabe que no pasaron más de una hora en esto. Entiende que se trata de un código, pero no es extraño entre personas que ocultan su identidad, así que no dice nada. En lugar de eso, busca los tacones azul metálico en el piso del auto y se los pasa.

-Gracias -la voz ronca de Azul le parece extremadamente sexi.

Antes de que se vaya, Brad le pone una mano en el brazo.  

-¿Puedo darte mi número? -pide en un arranque de valor.

Rojo suelta una risita corta. Azul lo mira con sorpresa, pero saca un móvil pequeño de algún bolsillo oculto en el vestido y se lo pasa. Brad se apresura a entrar su contacto bajo el nombre Agente B y activa el botón de llamar. Espera a escuchar el tono de su propio teléfono antes de devolverle el aparato.

No le cuenta a Travis dónde estuvo.

Recibe un mensaje de texto cinco días después. Contiene una hora y una dirección postal. Bradley se vuelve loco buscando un mapa de Charlottesville. Acaba en un área de carga y descarga de mercancías. Azul le espera con la espalda apoyada en una cerca de alambres. Lleva su peluca azul metálica, pero esta vez viste de rosa, y es como un signo de neón en medio del gris plomo de los contenedores. Lleva blusa de tirantes y volantes, unos pantalones tan apretados que parece que nació con ellos, y botines.

Entra al asiento de copiloto y se inclina a besarlo sin decir palabra. Sus manos van directamente a la portañuela de los jeans de Brad.

-Espera, espera. Ni siquiera se tu nombre.

-Eso es fácil, tú eres el Agente B y yo soy Azul.

Acaricia su notable erección por encima de la tela del pantalón.

-¿Quieres que use la boca en hablar contigo o en hacerlo contigo?

-Pues…

Pero Azul no espera su respuesta, le abre el zíper y se engulle el pene de Bradley de un gesto.

-¡Oooooh! ¡Dios!

El orgasmo llega demasiado pronto. Azul se lo traga todo, se limpia la comisura de los labios con los bajos de la camiseta de Bradley y se va sin decir palabra. Se pierde entre los contenedores y luego Bradley escucha el motor de un auto que se aleja.

Se deja caer sobre el timón, derrotado. No fue así como imaginaba este encuentro.

Dos días después, Bradley decide pasar a la ofensiva: le manda un mensaje de texto con una hora y la dirección de un café discreto fuera del campus. Azul no aparece.

Al día siguiente recibe otra cita. Es cerca de un parque, pero son las ocho de la noche y ya no hay familias por allí. Cuando Azul se le sienta al lado, Bradley le pone un paquete en los muslos.

-No se qué prefieres, así que te traje hamburguesa clásica, sándwich de pollo y hamburguesa vegetariana. -señala al espacio entre los asientos- Ahí tienes agua y cola.

Abre su propio paquete y da una mordida.

Azul mira alternativamente a Bradley y al paquete en su regazo.

-¿Qué está pasando?

-Tenemos una cita -responde él con la boca llena.

-¿Una cita? -repite Azul lentamente.

-Si, tu sabes. Eso que la gente usa para conocerse y decidir si quiere tener sexo.

-Ya tuvimos sexo.

-Por eso sé que quiero tener una cita contigo -sonríe Brad.

Azul pestañea, la confusión es clara en su rostro. Finalmente suspira y abre su paquete.

-¿Trajiste sobres extra de cátsup?

Las cosas mejoran a partir de ese día.

No revelan sus nombres legales, ni la dirección de sus dormitorios, ni de dónde son exactamente. En cambio, hablan de cine, de libros, de lo que ven en las nubes, de eso que sientes cuando te quedas flotando en el mar por largo rato.

Tienen sexo aproximadamente en el 50% de las citas.

Azul nunca le deja tocar nada entre la cintura y las rodillas.

Las clases empiezan el lunes veinte de agosto, pero lo hacen funcionar.

Bradley le cuenta que creció al otro lado del país, estudiará ingeniería y ciencias políticas. Azul explica que eligió Virginia porque está lejos de su familia. Vino a estudiar economía y hará una segunda especialidad en lingüística.

Su relación transcurre casi íntegramente dentro de la camioneta. Compran comida para llevar, recorren las áreas verdes alrededor del campus o van a proyecciones de cine al aire libre.

CAPÍTULO 2: 2001, septiembre: http://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/algo-mas-grande-que-yo-2.html