Parte 1 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandoms: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)
Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Walter Crow Horse/Ray Levoi
Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Carole Bradshaw, Sarah Kazansky, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Ron "Slider" Kerner, Ray Levoi, Walter Crow Horse, Grandpa Samuel Reaches, Original Child Character(s)
Etiquetas adicionales:
Personaje Trans Masculino, Embarazo no Planificado, Relación Secreta, Poliamor, Tom "Iceman" Kazansky Vive
Sumario:
Llegó una tarde de agosto a Pine Ridge en el bus que entra semanalmente a la reserva. Le habían dicho que si podías probar tu sangre india el consejo tribal estaba en la obligación de darte asentamiento. En cuanto dijo que era Sarah Seresin, hija de Sean Seresin, todo el mundo se volteó a verla. Una hora después, se presentó un hombre alto, de cabello rubio largo peinado en dos trenzas y ojos azules. “Soy Ray Seresin” dijo. Ray no podía esperar a llevarla a su casa en Allen, donde incluso había fotos de varias generaciones de su familia.
ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-1-la-culpa.html
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Capítulo 4: 1991, abril
Es domingo y el último día de marzo. A partir de mañana, los bebés pueden llegar en cualquier momento, así que Ray y Mav se apresuran a armar las cunas y los armarios, mientras Walter comprueba que la nueva bañera tiene bien seguras las tuberías y que el baño tiene lo necesario para los dos partos que se aproximan. En la sala, Sarah y el abuelo Sam se esfuerzan por distraer a Tom, que quisiera estar dirigiéndoles, pero debe tener los pies en alto y relajarse para no adelantar el nacimiento.
-¿Tu hermano siempre fue así de controlador? -se queja a su pesar Pete.
Ama a Tom, de verdad, pero la inactividad forzada del octavo mes lo ha puesto insoportable.
Ray hace una mueca incómoda mientras prueba el mecanismo de la barrera deslizante de la cuna.
-Nos separamos hace más de diez años, Pete. No sé si lo conozco, solo tengo recuerdos. De niños, si, él trataba de estar en control todo el tiempo. ¿Supongo que ser piloto en la marina de guerra solo exacerbó ese rasgo?
-¡Oh! Como no te lo imaginas. Todo el que conoce al capitán Kazansky sabe que llegará a almirante. ¿Sabes? Corre el rumor de que es realidad es el hijo de algún peso pesado de Washington y lo están preparando para ser el miembro más joven del Estado Mayor o algo así de glorioso.
-¿De veras? -Ray hace un gesto y entre ambos mueven el armario del bebé a la posición acordada. -¿Y cómo explican su apellido sin abolengo?
-Las versiones divergen sobre si es un hijo bastardo o si lo obligan a usar otro apellido para evitar favoritismos. Hay apuestas en marcha sobre cómo o cuándo será la “Gran revelación”.
El otro suelta un gruñido incrédulo.
-¿Qué te voy a decir? -se disculpa el piloto- En la marina somos muchos hombres, muy pocas mujeres y mucho tiempo de espera. El chisme y las apuestas son ocupaciones populares.
Ray suelta una carcajada divertida.
-Ninguna de las visiones que tuve del futuro de mi hermano me prepararon para un escenario tan ridículo. Creo que esto ya está completo. ¿Qué crees tu?
Pete recorre la habitación con la mirada. Movieron la cama hacia el centro. A la izquierda están la cuna y la mesa cambiadora. A la derecha un viejo armario con las pocas posesiones de Tom y Pete y otro nuevo, de color beige, para las cosas del bebé. Encima de la cama, en cajas cuidadosamente etiquetadas, están las mantas, sábanas, ropitas, pañales y juguetes. Algunas cosas las compró en Rapid City, pero la mayoría son donaciones de la comunidad, que recircula estos recursos de modo constante.
-Si, nuestra parte está terminada.
Salen al recibidor y Pete no puede irse derecho a Tom para darle un beso breve en los labios. Su pareja se sonroja un poco, pero no hace ningún ruido de desaprobación, y lo considera una victoria. Estas semanas en la reserva es todo lo que tendrán para ser abiertos respecto a su relación, y quiere acumular tantos buenos recuerdos como sea posible.
Ray hace un ruidito burlón, su gemelo le saca la lengua y este responde con falsa seriedad.
-Muy maduro capitán, eres todo un ejemplo para nuestra hermanita.
-¡A mí me dejas fuera de esto! -exige Sarah, aunque es difícil entenderla con la boca llena de galletas y jalea.
-No sé cómo el abuelo Sam se las arregló para convencernos de que eres wakíŋyaŋ čhaŋté reencarnado, el gobierno te deja ir por ahí volando aviones y hay gente que pone su vida en las manos de esta chica -dice Walter mientras sale del baño-. Ustedes tres deberían estar en “Night Court”.
-No tienes idea de nada, Walter Crow Horse, de nada -interviene el abuelo Sam sin apartar sus ojos del televisor. -Sus vidas en “Night Court” ¡qué idea tonta! Ray, Tom y Sarah solo pueden ser personajes de “Dallas”.
La sala desciende al caos mientras cada integrante de la familia defiende su serie de TV favorita y explica cómo encajarían. Pete solo se abraza a Tom y ríe.
¿Será esto la felicidad?
Ya en la noche, cenan un asado de conejo agridulce preparado por Walter. El peso de la charla lo llevan Sarah y Sam, que intercambian sobre métodos de curación tradicionales sioux y sus equivalentes entre la población blanca. Pete, Walter y los gemelos los dejan en sus reflexiones, intercalando apenas una palabra para que parezca que pueden seguirles.
Es bueno que Sarah esté dispuesta a discutir sobre medicina. Significa que esta sanando del horror que vivió. Ella sigue de buen humor cuando Pete va a su habitación en la noche para ayudarla con la rutina de acostarse. Le pone crema humectante en la piel estriada, le da un masaje en las piernas ligeramente hinchadas y le acomoda las almohadas para que el peso del vientre no afecte su respiración. Finalmente, cuando ella ya está debajo de la manta y relajada, Pete se decide a preguntarle.
-¿Pensaste en nuestra oferta?
Sarah evita sus ojos cuando responde.
-Si.
-¿Y entonces?
-No puedo evitar sentir que me meto entre ustedes dos -admite ella.
Pete suspira.
-Sarah, fuera de la reserva Pine Ridge, tu hermano y yo no somos nada más que amigos. Lo que es peor, no podemos ser nada más que amigos. Si alguna duda cae sobre nosotros, nos darán un ticket azul y ¡adiós! Si pones a Tomas Kazansky como padre en el certificado de nacimiento de tu bebé, eso no es ninguna amenaza a nuestra relación. En cambio, es una gran protección para ustedes. Necesitarás un padre respetable para sacarte de encima a Servicios Sociales. Ray me ha dicho que ni siquiera aquí estás a salvo de sus políticas de “ayuda” a madres solteras indias.
La mención de Servicios Sociales la hace tensar los hombros y endurecer el rostro.
-Puedo cuidarme sola. Me las arreglé por quince años allá fuera ¿no?
-Puedes, pero no tienes que hacerlo. Has encontrado a tu familia, Sarah, deja que cuidemos de ti.
Ella cierra los ojos, apenas puede contener las lágrimas. Pete siente unos deseos intensos de abrazarla y cubrirla de besos, pero se contiene. Después de lo que pasó, Sarah no aprecia ese tipo de gestos.
-¿Puedo tocarte?
Después que ella asiente, Pete mete la mano debajo de la manta y le presiona con ternura el hombro. Acerca su cara despacio, dándole tiempo a rechazarlo. Le besa la mejilla y luego le sigue hablando al oído.
-Tu nunca vas a romper nada entre Tom y yo. Te queremos entre nosotros, para cuidarte y protegerte, porque te queremos.
-Ustedes no pueden quererme -interrumpe ella-, apenas me conocen.
La calla con otro beso.
-Venimos de hogares rotos, Tom, tú y yo. Aprendimos a calibrar rápido a la gente, en eso nos iba la vida. ¿No es cierto?
A su pesar, Sarah asiente. Ella también creció entre hogares de acogida después que sus padres murieron en un tiroteo que la policía declaró “accidental” en menos de veinticuatro horas. Tenía cinco años. Aunque dijo su nombre y su nación, Servicios Sociales no intentó contactar a las autoridades tribales. Le dijeron que no había nadie dispuesto a recibirla y ya. Alcanzó la sede de la tribu Sioux Oglala quince años después, y, sin saberlo, con una nueva vida dentro suyo.
Llegó una tarde de agosto a Pine Ridge en el bus que entra semanalmente a la reserva. Le habían dicho que si podías probar tu sangre india el consejo tribal estaba en la obligación de darte asentamiento. Además, ella no era inútil: sino enfermera y comadrona certificada. Contaba con eso para abrirse paso. Sin embargo, no encontró desprecio, desconfianza o amabilidad forzada. En cuanto dijo que era Sarah Seresin, hija de Sean Seresin, todo el mundo se volteó a verla. Apareció un funcionario que la sacó de la sala general y la llevó a despecho con sillones tan cómodos que creyó se dormiría ahí mismo. Le pidieron sus documentos y que explicara su situación, pero también le ofrecieron agua y preguntaron si había almorzado.
Una hora después, mientras masticaba el sándwich más sabroso de su vida, llegó la sorpresa mayor, en forma de un hombre alto, de cabello rubio largo peinado en dos trenzas y ojos azules. “Soy Ray Seresin” dijo. Así supo que los gemelos Saul y Sean Seresin eran descendientes de una antigua y respetada familia sioux que se había creído perdida cuando ambos hermanos murieron lejos de la reserva. Ray era su primo de acuerdo con la ley, hijo de su tío, pero su medio hermano en términos genéticos y a los ojos de la tribu, hijo del gemelo idéntico de su padre.
Eran tecnicismos. Ray no podía esperar a llevarla a su casa en Allen, donde incluso había fotos de varias generaciones de su familia.
Así que si, Sarah aprendió rápido en la vida a calibrar a la gente. Sabe que lo que Tom y Pete sienten por ella no es lástima, ni obligación familiar. El problema es ella.
-Yo no sé si alguna vez podré… -se muerde los labios, molesta consigo misma. -Si podré pagarles.
Pete le acaricia el pelo y la mira a los ojos.
-A la familia no se le paga Sarah, no funciona así. Estamos aquí para ti. Tom y yo solo queremos tener la seguridad de que Servicios Sociales no pueda hacerte nada. Vas a vivir aquí, con dos hombres gays, uno de los cuales tiene “visiones” y dejó el FBI en circunstancias turbias. ¿Sabes cuánto tiempo necesitara servicios sociales para venir a “salvar” a tu bebé de un ambiente familiar poco sano?
Ella va a decir algo más, pero una contracción le corta el aliento y las palabras. Agarra desesperada el brazo de Pete y gime.
-¿Crees que es de verdad o simulacro? -le pregunta cuando la contracción termina y ella afloja su agarre.
-Creo que es de verdad, pero vamos a esperar, ¿si? No quiero despertar a nadie por gusto.
Él asiente, sus ojos se desenfocan y ella sabe que está repasando el plan de preparación de parto que diseñaron entre el ginecobstetra de la clínica en Pine Ridge, el abuelo Sam y ella misma. Va a decir algo más, pero siente entre sus piernas un goteo de algo más denso que orina.
-Ayúdame a levantarme, se me ha roto la fuente.
Cinco horas después, Sarah está sentada en la bañera, con agua tibia hasta el esternón y soporta las frecuentes contracciones estrujando las manos de Ray y Walter alternativamente.
-No volveré a tener sexo. ¡Nunca! -grita rabiosa.
Walter le dedica una mirada incrédula.
-Si tuviera un dólar por cada mujer que me ha dicho eso, podríamos comprar de vuelta la mitad de la tierra que nos robaron los blancos.
-¿Has asistido a muchos partos? -Sarah aceptará cualquier tema de conversación que la distraiga.
-En la reserva un policía tiene que hacer de todo, desde localizar vacas hasta ayudar a parir. Respecto a lo otro, puedes tener sexo sin penetración o meterte a lesbiana.
Ella le lanza agua molesta.
-Nadie se mete a lesbiana. ¿Acaso tú te metiste a gay?
Pero Walter no pierde su aplomo.
-Nací en esta reserva. En la escuela del gobierno me lavaban la boca con jabón por hablar lakota, pero nunca olvidé quién era. Regresé y el abuelo Sam me enseñó que esa obsesión con la orientación sexual es parte de la cultura blanca. Somos sioux, estamos haciendo una familia sioux ahora mismo. Olvídate de…
No termina la frase, porque otra contracción golpea a Sarah y ella le clava las uñas en el brazo.
-Diablos mujer, llévame a la cama antes de arañarme así.
Ella sonríe a través del dolor.
-Mi hermano se pondrá celoso.
-Na, ¿no has oído? Tu hermano Ray es un místico al que reverencia el Consejo de Ancianos. Está muy ocupado guiando a la tribu como para pensar en los placeres del cuerpo.
Ray resopla.
-Claro, porque estoy muy ocupado pensando en tu cuerpo, policía multioficios. Me parece recordar que anoche mi…
-Muy bien, muy bien -interrumpe Sarah- no tienen que ser tan explícitos. Estoy en pleno trabajo de parto, necesito distracciones, no pesadillas.
El abuelo Sam entra a comprobar su dilatación y declara que ya puede empezar a pujar. Después de eso, el proceso es relativamente rápido. Acordaron que Ray recibiría al bebé, y se inclina para tomar la cabeza que se asoma mientras el abuelo Sam lo guía. Sarah siente que después de cinco meses al fin puede respirar con facilidad, al tiempo que le ponen algo pequeño y pegajoso en el pecho.
-Hola Sammy -susurra entre los últimos pujos para expulsar la placenta.
-¿Sammy? -interroga Ray mientras maniobra para cortar el cordón umbilical.
-Si -sonríe ella, cansada y satisfecha-. Alguien traiga a Tom y Pete, por favor.
Walter se levanta y va a buscarlos. Mientras, el abuelo Sam tira del tapón de la bañera y, en cuanto el agua baja lo suficiente, Ray la cubre con una toalla gigante decorada con la bandera de la tribu.
Al fin, todos están a su alrededor. Ella retira un poco la toalla para que puedan ver al bebé, que ya se le enganchó al pecho.
-Les presento a Samantha Raina Kazansky, descendiente de wakíŋyaŋ čhaŋté, quien dio la vida en Wounded Knee, nueva adición a la tribu Sioux Oglala.
Alrededor, la familia sonríe. Todos reconocen los homenajes en los nombres y el apellido elegido: Sam, como en abuelo Samuel, Raina, como su tío Ray, y Kazansky, para mantener a Tom conectado y darle la oportunidad de cuidarles sin que la marina se interese mucho en el asunto. Además, tener a un hombre trans cerca le ha demostrado las virtudes de los nombres de género neutro.
La burbuja de felicidad se rompe cuando Tom gruñe y se sacude. Pete le sostiene y mira al resto del grupo con una sonrisa forzada.
-Creo que debemos apurarnos en limpiar la bañera, hay otra adición a la tribu a punto de llegar.
Sammy nació al amanecer del primero de abril de 1991. Su primer día en el mundo fue calmo: durmió y dejó a su madre dormir con interrupciones intermitentes para alimentarse. Walter hizo guardia junto a la joven madre y cantó viejas nanas en lakota para su sobrina recién nacida.
Mientras, Tom gritó y maldijo a mucha gente durante diez horas. A toda la familia Mitchell, por el maldito súper-esperma de Pete. A Carole por no convencerle de abortar en septiembre. A su hermano por no tirarlo “involuntariamente” de una pendiente cuando llegó a la reserva en noviembre. Hasta al abuelo Sam, por no apurar todo el asunto. Su hermano y su pareja se ponen rojos varias veces, el abuelo Sam, en cambio, está acostumbrado a las diatribas asociadas con el trabajo de parto y deja que todo le resbale.
-Ya está saliendo -dice al fin el impávido anciano, y guía a Mav, como antes guiara a Ray, sobre qué hacer en el momento culminante.
La catarata de improperios se detuvo en cuando Pete le puso al bebé sobre el pecho de Tom. El rubio parpadeó varias veces, desorientado por el súbito cambio en su cuerpo. El recién nacido movió un poco la cabeza, lanzó un vagido débil y al no encontrar de dónde fijarse empezó a resbalar hacia el agua turbia que aún contenía la bañera. Fue solo unos milímetros, Tom reaccionó al instante y lo acunó con suavidad.
-Es…
Levantó los ojos para mirar a Pete, sonrió tentativo.
-Si -dijo Pete también atónito- es perfecto.
-¿Y cómo se va a llamar el bebé perfecto? -preguntó el abuelo Sam en tono burlón.
-Jacob -dijo bajito Tom, le besó la cabeza cubierta de lanugo oscuro y repitió con un poco más de fuerza-, Jacob Raymond Mitchell, descendiente de wakíŋyaŋ čhaŋté, quien dio la vida en Wounded Knee, nueva adición a la tribu Sioux Oglala.
En los días siguientes se construyen una nueva rutina que no previene las malas noches, pero al menos impide que choquen entre si mientras cuidan a Sam y Jake. Sam está en el cuarto de Sarah, donde hay un intercomunicador conectado a la habitación de Ray y Walter. Cuando la pequeña despierta y su madre empieza a alimentarla, uno de los dos le lleva comida y bebida. Jake está con sus padres, pero cuando despierta es Pete quien se levanta a ver si necesita un cambio de pañal o que su tía lo amamante. Tom siempre se queda en la cama, silencioso, mirando con ojos arrasados de lágrimas como poco a poco su hijo lo olvida.
De día, los policías salen a su trabajo, Sarah hace los quehaceres de la casa, Pete cuida los bebés y Tom entrena. La excusa para su licencia sin pago fue un problema personal. Las circunstancias descritas en su solicitud eran lo suficientemente vagas como para el nacimiento de Sarah caiga dentro de lo posible, pero le quedan menos de tres semanas para reportarse en la base naval de Norfolk y tiene que eliminar la todo trazo de su gestación.
Así están una mañana, Mav se mece en la sala con Sam y Jake sobre su pecho, distrae sus ojos con el torso sudoroso de Ice mientras hace abdominales y escucha a medias la radio que tiene puesta Sarah en la cocina. Las promesas de Tommy Page de que será amante, amigo y todo lo que desee y necesite suenan agridulces, pero no tiene oportunidad de darle vueltas al asunto, pues una voz alegre y algo burlona irrumpe en la sala.
-Diablos Kazansky, solo una semana después de parir y ya luces mejor que yo. ¿No puedes dejar de dar envidia?
Pete se gira, sorprendido. ¡William “Cougar” Cortell está en medio de la sala! Walter está a su lado, y lo mira con esa mezcla de incredulidad y exasperación que dedica a la mayoría de las personas blancas. Tom no responde al comentario, sino que termina su ejercicio de extensión, agarra una toalla para secarse el sudor de la frente y se acerca a su antiguo compañero de academia con paso lento, calculador. Se le queda mirando por unos segundos antes de hablar.
-Cuida ese lenguaje, Bill, hay infantes aquí.
Pero Bill hace un gesto desinteresado.
-Soy padre, sé bien cuándo empiezan a repetir cosas. Todavía estamos a salvo. ¿Cómo te va Mitchell? -se mueve con clara intensión de ver de cerca a Sam y Jake, pero Tom da un paso al lado y le impide avanzar.
La espalda del rubio se tensa y sus ojos se endurecen. De pronto ya no es Tom, el hombre tierno, curioso de la cultura sioux e incómodo con su peso de los últimos meses. Walter, Pete y el mismo Bill notan cómo se transforma en Iceman nada más al ponerse la toalla en el cuello y cruzarse de brazos.
-No.
-¿Cómo? Vamos hombre, no vine desde Chicago para que me trates como un mensajero.
-No te puedes acercar antes de lavarte, apenas tienen una semana.
La expresión de asombro de Bill sería cómica, sino fuera porque Tom ciertamente puso demasiada agresividad en la demanda. Pete se ve en la extraña posición de ser quien calme los ánimos.
-Cougar lo olvidó en medio de la emoción, Tom. No hay problema. Walter, ¿puedes llevarlo a lavarse las manos?
-Si, seguro. Seguro incluso tienes una camisa o camiseta de recambio en el maletín, ¿no? -pregunta a Bill mientras lo conduce al baño de la casa.
-Si, si, tengo un cambio de ropa.
Cuando la puerta del baño se cierra, Walter se gira hacia su cuñado.
-¿Me puedes decir qué diablos fue eso? ¡Casi le arrancas la cabeza a tu amigo!
En un instante la pose se deshace y la actitud que hace de Iceman un hombre temido y admirado desaparece para dejar solo a Tom, que suspira como si hubiera salido de un trance.
-No lo se. No he visto a Cougar en dos, casi tres años. Solo nos comunicábamos por cartas o teléfono. Lo vi y… fue como estar allá fuera de nuevo. -se gira hacia Pete con expresión avergonzada- De verdad solo me preocupaba que contaminase a Sam y Jake, pero no se hacerlo de otra manera.
Pete asiente. Se gira hacia Sarah, que ha contemplado todo el intercambio desde el dintel de la cocina, encogida y silenciosa.
-¿Les llevas a tu cuarto? Pronto será hora de que se alimenten.
Ella acepta la oportunidad de esconderse, claramente intimidada por la repentina agresividad de Tom. Walter la acompaña, y se lleva también a Bill, que ya sale del baño con el pelo húmedo y una camiseta limpia.
Pete toma a Tom de la mano y se lo lleva al dormitorio. Se sienta en la cama, apoyado en el cabezal, y Tom se acomoda automáticamente entre sus piernas. Pete apoya la barbilla en el hombro de su pareja, lo estrecha entre sus brazos y suspira. No hablan por un rato, Kazansky simplemente se deja abrazar y apoya la espalda en el pecho de su amante.
-Tengo miedo -admite al fin el rubio.
-Yo también, ese miedo viene con ser padres. Tendremos que aprender a vivir con él.
Tom resopla, incrédulo.
-¿Desde cuándo eres la parte emocionalmente madura de esta pareja?
-No lo soy, pero… recuerdo a Nick cuando nació Bradley.
Pete se queda callado de nuevo. Han pasado cinco años y aún le cuesta hablar de Nick. Era su hermano, y sabe que nunca tendrá eso de nuevo con otra persona. Pero debe compartir esto.
-Cuando Bradley nació, a Nick le dieron dos semanas de permiso. Imagínate, no había visto a Carole desde que tenía cuatro meses de embarazo y de repente se encontró con un bebé. Regresó cambiado. Intentaba estar ahí para mí, ser mi RIO, pero solo lo lograba en el aire. En cuanto se apagaba el motor su cabeza regresaba a Texas, a Carole y Brad. Todo lo que creí que nos unía, la pasión por la velocidad, el disfrute del peligro, el placer de la competencia y el riesgo dejaron de importarle. Después de un tiempo pasó, simplemente. Poco a poco encontró el equilibrio entre el peligro concreto de ser piloto de la marina de guerra y su preocupación por Bradley.
-¿A dónde quieres llegar?
Pete lo estrecha un poco más, le habla al oído, muy suavemente. Tienen que resolver esto ahora, o sospecha que Tom podría en verdad arrancarle la cabeza a alguien cuando deje la reserva.
-A que esto lleva tiempo Tom, y tu no lo controlas. Acepta que tu cuerpo y tu mente necesitan tiempo para superar el embarazo. Tuviste a Jake dentro de ti, ahora está fuera. Lo planeaste todo para que te olvide, pero tu no lo vas a olvidar. Si pretendes que no pasa nada vas a colapsar ahí a fuera y lo perderemos todo.
-Sabes que me quedan dos semanas para reportarme en Norfolk.
-No digo que dejes de entrenar, solo quiero que admitas los cambios emocionales que trae ser padre. Porque -duda, pero al fin se decide a preguntarlo- todavía quieres ser el padre de Jake ¿no?
-¿Qué clase de pregunta es esa Mitchell? No hice todo esto -y abre los brazos señalando vagamente la habitación, pero en realidad se refiere a la trama de mentiras y medias verdades que les permitió llegar aquí- para abandonar a mi hijo en cuanto las cosas se ponen un poco duras.
-Está bien, está bien. Tenía que preguntar. Apenas habrá recompensas para ti, que hiciste la parte más difícil -y le acaricia el vientre con suavidad-. Eso duele, la mera idea duele. Tienes… quiero decir, podrías decidir que es demasiado duro ser padre en la sombra.
Pero Tom le responde con una sonrisa socarrona.
-¡Oh! Amor, eres tan inocente. Tú serás el padre, responsable de tareas escolares, disciplina, castigos. Yo seré el tío suave, que trae regalos exóticos y le escuchará quejarse de su papi que no entiende las angustias del amor a los quince.
-¡Ajá! Así que esta parte la planeaste. -le besa el cuello- ¡Cuánta maldad!
-Claro, soy Iceman, el que no comete errores. -Tom se gira para atrapar el rostro de Pete y besarlo. -Esta es mi venganza por preñarme.
-Bueno -murmura Pete junto a sus labios mientras le desliza las manos a lo largo de las caderas-, aceptaré mi castigo con resignación.
Un par de horas después, cuando salen de su cuarto en busca de almuerzo, se encuentran a Cougar acunando a Sam y Jake mientras Walter y Sarah estudian unos documentos en la mesa del comedor.
-¿Ya te calmaron Kazansky? -pregunta con tono socarrón Bill.
Tom gruñe.
-Perdí el control por un momento. ¿Me disculpas?
Pero el otro se encoge de hombros.
-A cada cual le da diferente la tristeza postparto. La segunda vez, mi esposa decidió que el color de los tomates era perturbador. ¡Tomates! -los bebés se agitan un poco en sus brazos y Bill cambia de tono- ¿Qué crees bebé Sam? ¿Te gustará la pizza? ¡Oh! Si, Jake serás el niño más lindo y el mejor piloto de la historia, con los genes de estos dos locos. -vuelve a dirigirse a Tom- La cosa es que te entiendo, ahora eres otro Iceman.
-Gracias.
-Ve a chequear y completar los formularios. Tengo que regresar mañana temprano.
Se pasan la noche revisando los documentos que Bill trajo para "documentar" la estancia de Tom en Chicago desde Acción de Gracias con Sarah, ayudándola durante el embarazo y parto. Incluso ha traído el expediente médico y la cuenta de una pequeña clínica donde se supone que nació Samantha, con lo cual pueden hacer la inscripción de nacimiento y solicitar el número de seguridad social.
Al día siguiente, Bill prepara su camioneta para las trece horas de viaje hasta Chicago. Se despide de cada persona y deja para último a Pete. Aprovecha el abrazo para susurrarle apurado y amenazador.
-Te lo advierto Mitchell, si le rompes el corazón, no me importará deberte la vida. Te amarraré a un tren de aterrizaje, que ser piloto comercial también tiene sus ventajas.
-Entendido teniente Cougar.
CAPÍTULO 5: 1993, Fin de semana del Día de los Caídos: http://palabraspulsares.blogspot.com/2023/08/la-culpa-es-del-conejito-5.html
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