5 de septiembre de 2023

LA CULPA ES DEL CONEJITO 13

 Parte 1 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandoms:  Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)

Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky, Sarah Kazansky/Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Walter Crow Horse/Ray Levoi

Personajes:
Tom "Iceman" Kazansky, Pete "Maverick" Mitchell, Carole Bradshaw, Sarah Kazansky, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Ron "Slider" Kerner, Ray Levoi, Walter Crow Horse, Grandpa Samuel Reaches, Personajes Infantiles Originales

Etiquetas adicionales:
Personaje Trans Masculino, Embarazo no Planificado, Relación Secreta, Poliamor, Tom "Iceman" Kazansky Vive

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-1-la-culpa.html

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Capítulo 13: 2001, Abril 

Sumario:
Es el décimo cumpleaños de Sam y Jake. Van a un viaje por carretera, conocen a un par de hombres muy curiosos y ¡vuelan!
¡Qué genialidad de viaje!
Este primero de abril de 2001 es un recuerdo brillante que Ice podrá evocar cuanto todo se vaya inevitablemente a la mierda.

Jake

Jake está tendido en la cama, con los ojos fijos en el techo. A su derecha, Sam hace un ruido entre sueños, se agita. Jake le acaricia la espalda y ella se calma. Las respiraciones de Brad y Sean llegan entremezcladas desde la otra cama de la habitación. Sabe que su hermano mayor tiene un brazo protector tendido sobre su hermanito. Sean tardó en dormirse anoche, excitado por el largo viaje y las nuevas experiencias. Lloraba contra el sueño. Fueron necesarios el conejito rosa y dos cuentos para que por fin se dejara caer.

Los ruidos de la habitación son inusuales y lo despertaron. Jake está acostumbrado a dormir solo. Sabe que tenía una habitación propia en la casa de la base Miramar, aunque no recuerda mucho de esa época. En la casa de University City también duerme solo. Solo comparte espacio para dormir cuando van de vacaciones, así que la experiencia no es completamente nueva, pero tampoco usual.

Se pregunta vagamente si iná y Mavpá durmieron en cuartos así cuando estaban en hogares de temporales. Aunque Icepá también es huérfano, al menos tenía familiares que lo acogieron. Iná y Mavpá no. Fueron de un hogar a otro hasta cumplir dieciocho, cuando les echaron a la calle. A iná no la adoptaron porque no era blanca, y aunque nadie quería niñas indias, Servicios Sociales no quería devolverla a la nación sioux. Jake no está seguro de las razones para hacer algo tan absurdo, pero su iná le explicó que es un tipo especial de racismo.

Jake sabe que el racismo es malo.

Mavpá no está muy seguro de por qué no lo adoptaron -tenía los ojos muy tristes cuando se lo dijo-, pero imagina que fue porque era demasiado mayor y rebelde.

Jake tampoco entiende esas razones, le han enseñado en la escuela que rebelarse contra la injusticia es un valor americano.

El caso es que es muy extraño compartir habitación. Jake sabe que en unos años tendrá que hacerlo cada día, porque será piloto. Los dormitorios universitarios son compartidos. Esa parte será igual si va a Annapolis o a una universidad civil -como hará Brad- y luego al programa AVROC. Así que no va a quejarse. Se quedará quieto hasta que vengan a anunciar el desayuno.

Jake gira hacia el lado exterior de la cama, extiende el brazo y acaricia con la punta de los dedos la superficie pulida del casco, que descansa debajo de la cama con el resto de su traje de motociclista.

Sonríe con el recuerdo.

Creyó que este año sería como el anterior: una fiesta cumpleaños en la escuela y cena especial en casa. No fue así. Para empezar, Icepá no regresó a San Diego para su cumpleaños. Siempre, desde que viven en University City, Icepá ha estado en sus cumpleaños. Jake sintió miedo de que Icepá les hubiera olvidado al fin por su trabajo súper importante en Maryland, o, peor, que los terroristas hubieran atacado y lo llamaran a combatir. Icepá podría morir si va al combate, como la pasó al abuelo Duke Mitchell.

Mientras iban de regreso a la casa después de la fiesta, Jake decidió que no podía llorar, tendría que ser fuerte para apoyar a su iná y sus sensaku si cualquiera de las dos cosas pasaba. Menos mal que no dijo nada, porque al final ninguna de las dos cosas resultó cierta. Al llegar a casa, iná y Mavpá les dijeron era que debían empacar, porque se iban de viaje el fin de semana. Pero no era un viaje en avión, como cuando fueron a Hawái y a New York, sino por carretera.

Ayer sábado, Mavpá lo despertó muy temprano y le reveló que sería un viaje como ningún otro.

-¿Te gustaría ir en la moto conmigo? -preguntó Mavpá sentado en el borde de la cama y con lo ojos brillantes de picardía.

Jake creyó que el corazón se le paraba. Abrió mucho los ojos y fue a gritar “si” con todas sus fuerzas, pero recordó…

-¿Iná dio permiso? -preguntó con miedo.

No quiere que Mavpá se meta en problemas con iná Sarah y ella los eche de la casa. ¿A dónde irían Mavpá y él? Tampoco puede imaginar que lo separen de sus sensaku, ya bastante malo es que Brad se irá en el otoño a la universidad.

Pero Mavpá lo miró con orgullo, como cuando hace algo especialmente inteligente, y sonrió.

-Si, dio permiso. Bradley irá en la Kawasaki Ninja y yo en la Vulcan Nomad, si quieres, viajas conmigo. Cuando te canses, pasas al SUV con iná, Sam y Sean.

Tranquilo por esa parte, Jake se lanzó a los brazos de su padre.

-Si, si, si.

Jake ha estado deseando viajar en la Kawasaki desde siempre. Su padre nunca se ve más fuerte que encima de la moto. Cuando sea grande él también tendrá una, se ha prometido. Cada vez que le pide dar una vuelta en la moto, Mavpá ríe, dice que aún es muy pequeño. Icepá no se ríe, sino que mira a Mavpá con fastidio y se queja de que Jake heredó el amor por “artefactos mortales de todo tipo”.  Es verdad, a Jake le gusta la velocidad.

La cuatrimoto eléctrica fue una revelación. Aún recuerda la sensación de poder y satisfacción que lo recorrió cuando venció el circuito que Mavpá construyó en el patio para su cumpleaños de 1998. Pensó que nada podía compararse, ni el chocolate, ni subirse a los hombros de Icepá. Sam perdió el interés rápidamente, pero Brad, Sean y él siguieron compitiendo entre si y estudiando cómo usarlas mejor, hasta julio del año siguiente.

Era sábado. Los tres bajaron al garaje para sacar sus cuatrimotos al patio, y encontraron que dos habían desaparecido, solo quedaba la de Sean. En su lugar, había una motocicleta ligera de color azul con un cartel que decía “Bradley Bradshaw” y un triciclo eléctrico rojo con otro cartel que decía “Jake Mitchell”. ¿Creía que los cuatrimotos eran geniales? ¡El triciclo era lo máximo! Después que superaron un examen de conducción organizado por Icepá, recibieron permiso para salir por el barrio, si iban con Bradley. Nunca iban muy lejos, porque la autonomía de los motores eléctricos era de solo tres horas, pero ¡cómo adoraba Jake bajar por las colinas de San Diego a toda velocidad con sus hermanos!

Lo único no tan bueno era que Sam no se unía a ellos. Sam no heredó el amor de Icepá por los aviones y las cosas que van rápido. Parece que no irán juntos a la escuela de aviación, y eso lo pone un poco triste, pero solo un poco. Sam quiere curar personas, como iná Sarah y mamá Carole, y eso está muy bien. Con tres pilotos en la familia es suficiente.

El caso es que Jake anda en su triciclo, y sabe que cuando tenga quince Mavpá lo dejará usar la moto ligera de Brad, pero para eso faltan cinco años, o sea, muchísimo tiempo. No iba a rechazar la oportunidad de viajar en la Nomad de ninguna manera.

El viaje resultó ser muy, muy largo. Salieron a las ocho de la mañana de casa. Primero hacia el norte, siguiendo el océano. Cuando casi llegaban al sur de Los Ángeles doblaron hacia el oeste, para cruzar las montañas y salir al desierto.

A eso de la una, pararon a almorzar en un auténtico restaurant de carretera, con camiones y motos parqueadas fuera, y personas de mala catadura sentadas dentro.

Al entrar, un hombre muy fornido y de barba, vestido de negro, miró de arriba a abajo a Jake y le dedicó una sonrisa. Luego llamó la atención de otros hombres vestidos de cuero a su alrededor.

-Miren eso, un joven motorista -dijo.

Jake se dio cuenta de que era un reconocimiento a su traje protector: guantes, chaqueta y pantalones de cuero, botas hasta la rodilla reforzadas de metal, pañuelo atado a la cabeza. Sacó el pecho muy orgulloso.

-¿Manejas esa Kawasaki Nomad? -le preguntó el barbudo.

Jake se dio cuenta de que debía ser un chiste, porque una persona de diez años no puede manejar una moto de adultos, pero en lugar de soltar el predecible “No, voy con mi papá”, alzó la ceja derecha y curvó levemente hacia arriba el mismo lado de la boca, imitando la expresión de superioridad de Icepá cuando ponía en su lugar a los oficiales en la Base de San Diego y dijo.

-Soy muy importante para conducir, amigo. A mi me llevan.

Todo el restaurante estalló en carcajadas. Más tarde, la camarera les dijo que los señores de la mesa tres -que resultaron ser los hombres de cuero con pinta peligrosa- pagaban los postres.

¡Qué genialidad de viaje!

Llegaron a Valle Moapa cuando ya se ponía el sol. Se detuvieron en las afueras del pueblo, frente a una casa pequeña pintada de azul. Pero eso no importaba, porque Icepá estaba esperándoles en los escalones de la entrada.

Solo su estricto entrenamiento impidió que Jake se lanzara al suelo en cuanto frenó la moto. Tan pronto Mavpá lo bajó de la Nomad, Jake se lanzó a los brazos de su até.

-Icepá, viniste.

Sintió como el pecho que lo acunaba vibraba con una risa profunda, dulce.

-Claro que vine. ¿Cómo me iba a perder los diez años de mis nenes?

-Oye, Jake -se quejó su hermana-, yo también quiero que me cargue Icepá.

Se bajó rápido, porque no quiere que Sam crea que le quiere robar el papá ni nada de eso. Pero alcanzó a ver un destello de tristeza en los ojos azules de até, y sintió un calorcito en el pecho al comprender que no era el único que quería que el abrazo durase mucho más.

A veces, Jake piensa que el abrazo perfecto es uno en que Mavpá y Icepá están a cada lado suyo. Jake duerme tranquilo entre ellos. Nada puede alcanzarlo ahí.

No se atreve a decírselo a su terapeuta.

Después, se les acercaron dos hombres mayores, altos y rubios. Uno llevaba sombrero, pero su cabello largo, como una melena, se salía por los lados, y sus brazos estaban abultados de músculos. El otro vestía de modo muy elegante, y tenía el pelo corto peinado hacia arriba. Fue el turno de Brad de brincar de alegría.

-¡Tío Wolfman! ¡Tío Hollywood! -corrió a abrazarlos.

Los hombres lo envolvieron y sus sonrisas se volvieron un poco melancólicas, como cuando Mavpá habla de mamá Carole o de Nick, el primer papá de Brad. 

-Pequeño Goose -dijo el del sombrero. -Has crecido. -¿Listo para volar del nido?

Brad dijo algo bajito que no pudo escuchar, y los hombres le dieron palmadas en la espalda. Luego el más elegante se fijó en Jake y se acercó.

-¿Y quién eres tu? -preguntó sonriendo.

Por la manera en que sus ojos iban de él a el resto de su familia, Jake supo que ese hombre conocía la respuesta.

-Jake Mitchell -extendió la mano, y decidió agregar-, futuro aviador de la Marina de los Estados Unidos.

El hombre soltó una carcajada y estrechó su mano.

-Mucho gusto, soy Rick Neven, solía volar con tus papás. Puedes llamarme Hollywood. Ese -señaló al otro hombre, que les estaba mirando sin dejar de abrazar a Brad- es mi compañero Leonard Wolfe.

Wolfe se acercó con una sola zancada y extendió su mano a Jake.

-Puedes llamarme Wolfman.

-¿Tú también eras aviador?

-Si. Estudiamos juntos en Top Gun, la clase del ochenta y seis.

Luego se apartó un poco y alzó la voz, dirigiéndose a todo el grupo.

-Familia Kazansky-Mitchell, es un gusto darles la bienvenida al Fyrosity Vegas Skytravel -hizo un gesto de invitación hacia la casa. -Esperamos que el hospedaje les satisfaga.

Durante la cena, Jake por fin supo el objetivo de este viaje hasta el corazón de Nevada: ¡Jake y Sam volarán por primera vez en su cumpleaños! Como voló Bradley cuando tenía diez años.

Wolfman y Hollywood son los dueños de Fyrosity Vegas Skytravel, una empresa de aviación. Enseñan a pilotos civiles, hacen viajes cortos privados y excursiones de paracaidismo. Jake no puede imaginarse un empleo mejor después de dejar la Marina.

Bueno, no. Mavpá es piloto de prueba de aviones experimentales, eso es genial. Así que tener una escuela de aviación es lo segundo mejor después de dejar la Marina.

A la hora de dormir todo fue un poco complicado. La casa de Wolfman y Hollywood solo tiene tres habitaciones. Ellos comparten la principal, el segundo cuarto tiene una sola cama y el último dos. Así que Icepá, iná y Mavpá tuvieron que irse a dormir juntos y él terminó durmiendo con tres personas más.

A Jake le pareció un poco extraño que dos hombres mayores compartieran cuarto, aún si viven en medio del desierto y pueden aparecer coyotes.

-Brad, ¿por qué Wolfman y Hollywood duermen juntos? -preguntó mientras se ponía la pajama.

Su hermano apretó los labios y lo miró con intensidad. Luego pasó la vista a un punto indeterminado de la pared, sacudió la cabeza y resopló.

-Porque son novios, Jake.

-¿Novios? -repitió él confundido. -No puede ser.

Esa respuesta pareció enfadar a su hermano.

-¿Y por qué no?, si se puede saber -lo dijo bajito para no despertar a Sean, pero le brillaban los ojos de furia.

-Porque son mayores, como de la edad de Mavpá y Icepá. La gente mayor no tiene novio, la gente mayor se casa. Tu tienes edad para tener novio, ellos no.

Sam soltó una risa pícara a sus espaldas y hizo sonidos de besos. Brad se quedó con la boca abierta, como si la lógica de Jake lo hubiera tomado desprevenido. A veces Brad es un poco lento. Pero volvió a asumir su actitud de hermano mayor sabelotodo rápido.

-Estás equivocado, las personas pueden tener novios o novias a cualquier edad -y miró rápidamente a Sam-, después de los catorce años.

Su hermana soltó un bufido y murmuró “Eres un aguafiestas”. Jake no dijo nada más. Icepá pasó a comprobar que todo el mundo se había puesto las pajamas y apagó la luz.

Jake no sabe cuánto tiempo durmió, pero ya fue suficiente. Sin embargo, el cielo aún está oscuro y no hay ruidos en la casa. No quiere molestar a nadie, así que se quedará debajo de las mantas hasta que alguien más se levante. Seguro será Brad, que siempre despierta antes que salga el sol. Sus padres ya lo llaman el Gallo.

 

Tom

Abre los ojos lentamente. La penumbra del amanecer se cuela por la cortina, pero aún es temprano, y quiere disfrutar la calma. Sarah y Mav lo abrazan por cada lado, sus olores y sonidos son como magia contra su profundo agotamiento. El inicio de 2001 ha sido brutal en la Oficina de Inteligencia Naval con la toma de posesión de Bush junior, la colisión del submarino USS Greeneville con el buque escuela japonés, el arresto de Robert Hanssen, el deterioro de los Balcanes -otra vez- y… eso. 

Mueve un poco la mano y acaricia los omóplatos de Mav. Su trabajo con Lockheed Martin terminará este mes: el X-35 parece ser un sueño, aunque el X-32 de la Boeing tampoco estuvo mal. El hecho es que los vuelos de prueba ya acabaron. La Joint Strike Fighter se tomará seis meses para decidir a quién otorgan el contrato, pero eso ya no será cosa de pilotos. Pete planea presentar la documentación para regresar a filas en julio, de modo que pueda llevar a Brad a la universidad en agosto, antes de embarcarse. Su esposo está obsesionado con cumplir tantos rituales familiares como pueda en su rol de padre.

De acuerdo con la cuidadosa planeación con que evitan coincidir demasiado en tiempo y espacio, Tom debía regresar a casa durante el verano. El plan era que lo nombrasen comandante de la Base Naval de San Diego, la Base Aeronaval de North Island, o, en el peor de los casos, el Centro de Investigación de Armamento Naval en China Lake. China Lake está a cinco horas de la casa, pero podría bajar los fines de semana. Tendría seis semanas con su Mav antes de que se embarcara.

Aún no les ha dicho a sus cónyuges que no podrá. No podía rechazar el ascenso, por supuesto, pero ¿no podía el contralmirante Wilkes morir al final del verano, cuando ya Ice estuviera de vuelta en la costa del Pacífico? No, se tuvo que estrellar contra un poste eléctrico en medio de la lluvia y la niebla del pasado jueves.

NCIS afirma que fue un accidente, y la Marina está apurada por llenar el hueco en el corazón de su red de inteligencia. Resulta que era único contralmirante disponible. Incluso le dijeron que era excelente que llevara ya casi tres años de práctica en la Oficina de Inteligencia Naval. Tom se tragó las ganas de mandar muy lejos al secretario de la Marina en funciones, sonrió y dijo “Será un honor señor Pirie.” Al menos negoció para que sea temporal.

Bush debería confirmar a su secretario de Marina antes de que termine la primavera, así que el tortuoso proceso de reasignar o confirmar cargos en el almirantazgo ocurrirá durante el verano. Tom insistió en que quiere regresar a dirigir una base para “pulir” sus habilidades, porque es muy joven, y para evitar el divorcio, porque su mujer también es joven y tiene -incluso se las arregló para sonrojarse- necesidades.

La verdad es que Tom no se pasó cuatro años durmiendo menos de cinco horas diarias para sacar el título de Máster en Análisis de Sistemas de la Escuela Naval de Posgrado en la modalidad de distancia para convertirse en analista de inteligencia. En Maryland hacen un gran trabajo, pero se suponía que fuera un escalón en su avance, no un fin en si mismo. Quiere regresar a dirigir personas. Por suerte, muchos comparten la incomodidad ante el hecho de que alguien de menos de cincuenta años esté al frente de la Oficina de Inteligencia Naval y pueda, técnicamente, hablar donde lo pueda oír el presidente.

Ya están buscando a otro infeliz que esté dispuesto a controlar esa casa de locura paranoide. Personalmente, Ice cree que solo una mujer podría hacerlo. La misma mierda machista que las fuerza a usar juegos mentales, las prepara para pastorear analistas de inteligencia.

Enreda sus dedos en la larga melena de Sarah y suspira. No quiere dejarla sola con Jake, Sam y Sean, pero todo indica que no regresará a casa hasta octubre, si no ocurre ninguna crisis. Además, como comandante de la institución no podrá desaparecer cada cuatro semanas, como podía mientras fue solo un glorificado escritor de escenarios de combate en el Departamento de Análisis Naval.  

Eso es lo que más le duele: sus visitas a casa son lo que lo mantienen cuerdo. Extraña tanto a sus nenes… Tiene la impresión de que primeros diez años de la vida de Jake se le han ido entre las manos.

Siente un ruido de pasos en el corredor y sonríe, Wolman sigue siendo un madrugador. Hora de levantarse.

 

Leonard

Ya va a empezar a batir los huevos cuando recuerda que serán nueve bocas en el desayuno de hoy. Regresa al refrigerador para sacar más de todo. Alguien llega a la cocina. Sabe que no es Rick porque no escucha el acostumbrado “Ey, bebé”. De todos modos, se sombra un poco cuando gira y se encuentra a Mav apoyado en la encimera, con una marca de almohada en la mejilla izquierda y pestañeando molesto por la luz.

-Veo que algunas cosas no cambian.

Mav le gruñe.

-¿Quieres café?

Mav asiente, Leonard señala con la mano hacia la cafetera al otro lado de la cocina, que apenas acaba de colar, y regresa a mezclar ingredientes.

Trata de concentrarse, pero el sonido del piloto cuando toma el primer trago es absolutamente pornográfico.

-Suave vaquero, hay niños cerca -bromea.

-Tenemos quince minutos, por lo menos, confía en mi -Pete regresa a sentarse cerca con la taza entre las manos. -No tienes idea de lo difícil que es sacarlos de la cama. Menos a Brad, ese es como un gallo.

Wolfman asiente. Enciende el horno y una hornilla. Baja una sartén de su gancho y la pone al fuego. Empieza a acomodar rebanadas de pan en una bandeja. 

-¿Entonces por qué no estás allá arriba ayudando?

Pete se pasa la mano por la cara y niega con un suspiro.

-Muchas manos en un plato forman arrebato. Ice los extraña, quiere aprovechar cada minuto con ellos, y Sarah es la única que entiende a Sam a esta hora.

-¿Cosas de mujeres? -pregunta en lo que derrama un poco de aceite en la sartén.

-Algo así -se inclina sobre el bol donde espera la mezcla de huevos y queso. -¿Le pusiste pimienta a esto?

Wolfman levanta una ceja, extrañado.

-Rick es de Texas, Mav. Tienes suerte de que no le ponga chile al agua.

-No están acostumbrados -explica el otro. -La comida en casa es mayormente kosher o indígena tradicional.

La alarma del horno indica que alcanzó la temperatura deseada, así que Leonard mete la bandeja con rebanadas de pan. Enseguida deja caer los huevos batidos en la sartén y empieza a revolver la mezcla, para que el queso no se pegue a los bordes. 

-¿Me dices dónde están las cosas? -pide Mav a sus espaldas.

Responde sin dejar de vigilar los huevos.

-En la nevera hay leche y yogurt. Las tazas están en el primer nivel de la alacena, puerta izquierda, y los platos en la derecha, los cubiertos en la gaveta roja.  

Siente el ruido a sus espaldas, pero no se da cuenta de lo eficiente que es Mav hasta que una pila de platos aparece a su izquierda, listos para que sirva las porciones de huevos revueltos. Llena el primero, y va a quejarse de que no tiene manos para apartarlo, cuando alguien lo retira.

-¿Uh?

Leonard se gira y descubre que hay una fila a lo largo de la pared de la cocina. Brad le está entregando el plato a su hermano Jake, que camina muy serio hacia la encimera, donde Mav tiene control del kétchup y la mostaza. Después que le aliñan los huevos, el niño va donde Ice, que le entrega una cuchara y una servilleta de papel. Por último, se detiene donde Sarah, que le entrega una taza con… debe ser yogurt, porque ve sobresalir el mango de otra cuchara. Jake se va hacia la sala, pone plato y taza en la mesa del café y se sienta en el piso.

-¿Tío Wolf…?

La voz de Brad lo saca de su estupor. El muchacho lo mira, luego mira significativamente a la sartén con humeantes huevos con queso.

-¡Enseguida!

Sirve el segundo plato y ve, sin salir de su asombro, cómo el adolescente se lo da a su hermana Sam y ella también recorre la línea de servicio muy disciplinada.

¿Cómo armó Mav esto tan rápido?

Una cosa es escuchar a Iceman cantando loas al amor de su vida y cómo ser padre de familia lo ha hecho madurar, otra muy distinta verlo. El Maverick que conoció en Top Gun, era un tipo arrogante, que odiaba madrugar con toda su alma y podía armar caos en un metro cuadrado. Había oído decir que el almirantazgo lo dejó fijo con Goose después de pasarse RIOs como si fueran camisas. Que era Bradshaw quien lo obligaba a actuar como persona.

Bradley toma el plato que corresponde a Sean, acompaña a su hermano menor a lo largo de las tres estaciones de servicio, lo sienta a la mesa y corre de vuelta a la cocina. Ya Leonard tiene listo su plato.

Después de Top Gun, los asignaron al USS Saratoga, Rick y él, Merlín como RIO de Mav, pero la relación no era tan estrecha. La mayor parte de los días, Maverick simplemente se sentaba solo mirando al vacío. Era capaz de ser civil con el resto del escuadrón, nunca mostró interés en ser amable con sus oficiales. También es cierto que el hombre estaba procesando la pérdida de Bradshaw, su hermano para todos los efectos. Wolfman no sabe si él mismo habría tenido la fuerza mental para ser amable con nadie.

Ice se acerca con guantes aislantes en las manos.

-¿Me dejas sacar el pan?

¡Diablos! Se le había olvidado la bandeja en el horno. Claro, casi siempre son dos, y la tostadora basta. Wolfman apaga y se hace a un lado. Ice saca la bandeja y se va a la mesa de la sala a repartir rebanadas con una pinza.

De regreso, pone la bandeja en la encimera. Cuando se acerca a Mav solo le sonríe. Leonard está francamente asombrado del control que muestran en sus interacciones. También tienen práctica ¿no? Más de diez años.

Todo el mundo notó que, durante la Tormenta del Desierto, Mav era un poco más sociable. Las buenas cogidas que le daba Ice ayudaban a su salud mental, aunque ellos no lo sabían. Igual, aquello no duró mucho: Mav fue llamado de vuelta sorpresivamente en marzo de 1991 y él se dio cuenta de que lo que sentía por Rick no era “amistad”. Se dieron un año para decidir si era serio y en la primavera de 1992 empezaron a hacer planes para el futuro.

A diferencia de Mav, Ice y otras personas queer en la comunidad de defensa, Rick y él no tienen un pelo de masoquistas: nunca consideraron quedarse en la Marina.

Cuando Mav regresó al servicio activo, en 1994, ellos estaban en Colombia, en la Guerra contra las Drogas. Aunque su foco estaba en salirse con todos los beneficios antes de que les hicieran un proceso DADT, les llegaron los rumores: Mav estaba más loco que antes. No, no era así, Mitchell era el mismo loco, pero con dos nuevos rasgos en la larga lista de características que lo hacían el piloto más odiado y amado de la Marina: calma perfecta frente a las diatribas más intensas de sus oficiales y preocupación imbatible por el bienestar de su escuadrón.

A Mitchell ya no le saltaban las venas de la frente cuando le hablaban de su herencia maldita, su falta de disciplina o su estilo de vuelo suicida. No respondía, ni siquiera movía la mandíbula como quien contiene la lengua. Solo miraba a la distancia, dejando que las palabras le resbalaran como lluvia. Cuando el oficial a cargo estaba ya agotado, exponía punto por punto por qué sus acciones en el aire eran la mejor manera de cumplir las órdenes y proteger la integridad de su escuadrón. Nunca esperaba que le reconocieran el mérito, solo preguntaba “¿Puedo retirarme?” y se iba.

Esa capacidad estratégica aplicada al bienestar de tus aviadores, literalmente en el aire, no es frecuente. ¡De repente había pilotos que querían volar bajo las órdenes de Maverick!

Sarah viene por su desayuno. Tiene los ojos brillantes y alegres, el pelo dividido al medio y recogido en dos trenzas largas. Su figura voluptuosa y piel morena la hacen parecer una de esas indias guerreras de las películas. ¡Qué bella es la esposa de Kazansky!

Ayer, mientras alimentaban, bañaban y ponían a dormir a la prole -cuatro, a Wolfman todavía le da vueltas la cabeza solo con la idea-, pudo entrever a ese otro Mav que solo conocía por los chismorreos de la Marina y las anécdotas de Ice. Pero anoche Ice dirigía la orquesta, porque Mav y Sarah estaba agotados tras ocho horas en la carretera. Esta mañana es diferente, Mav y Wolfman estaban solos en la cocina, él se dio la vuelta solo un momento y… ¡servicio listo! 

En lo que le sirve los huevos a Mav, por fin se abre la puerta del patio y su pareja regresa de su carrera matutina.

-Hola, bebé -dice Rick.

Normalmente, su pareja se le pegaría a la espalda y le agarraría las caderas. Él diría “Estás sucio” con enfado fingido y Rick respondería “No, huelo a macho” alargando la última O con acento afectado. Porque su sobrenombre es Hollywood. Hoy Rick se quita los zapatos lentamente y va a lavarse las manos. Wolfman sirve las dos últimas porciones y lleva sus platos a la encimera, donde las aliña. Hollywood se le acerca por detrás, con pasos tentativos, pero no hace nada más que rozarle el brazo y agarra su comida.

Van a la sala, donde les han dejado dos butacas.

Se sientan a comer con los platos en las rodillas, pero el silencio repentino en la habitación es incómodo. Leonard mira a Rick, que le hace un gesto de incomprensión. Ambos miran hacia sus invitados. Los tres infantes han dejado de comer y les contemplan con expresiones curiosas.

-¿Qué? -dice Rick al fin, un poco a la defensiva.

Hay un intercambio de miradas entre Jake, Sam y Sean. Al fin el pequeño Mav endurece el rostro y se decide a hablar.

-Brad dice que ustedes son novios -dice con tono escéptico.

Brad gruñe y se da una palmada en la cara, avergonzado.

Mav escupe su comida y empieza a toser.

Ice le da unos golpes en la espalda con expresión tormentosa.

Sarah suelta una carcajada.

-Si, ¿y qué? -le responde Rick.

Sus ojos verdes brillan de rabia contenida, pero el chico -hijo de Mav tenía que ser- no se amedrenta.

-Que son muy viejos para ser novios, y viven juntos. ¿No deberían casarse?

Sam y Sean asienten con fuerza. Como si fuera lo más obvio del mundo.

Comprensiblemente, su pareja se queda sin respuesta. Están acostumbrados a que su relación sea confrontada o educadamente ignorada, pero nunca les preguntaron por qué no dan “el gran paso”.

¿Qué pueden decirles? Tienen diez y seis años, por el amor de Dios, es muy temprano para hablarles de tradiciones legales, batallas judiciales, amenaza lavanda, o el peso de DADT en sus vidas. Ice les dijo que Bradley está dolorosamente consciente de esto último y aún así quiere enlistarse, pero eso es otro asunto.

Wolfman opta por la única de las razones reales que no es trágica.

-Porque no hemos decidido en qué orden poner nuestros apellidos cuando nos casemos.

Tres pares de ojos infantiles se abren con asombro.

-¡Oh! -dice Sean.

Jake y Sam tienen un diálogo a base de miradas y leves expresiones faciales -de verdad que actúan como gemelos, es perturbador-, al final del cual el niño regresa a su comida. Ahora es ella la que los observa con expresión calculadora. 

-Fui niña de las flores en tres bodas ya -les informa. -Recibí muy buenos comentarios sobre mi trabajo.

Wolfman vuelve a mirar a Hollywood, su pareja parece tan sorprendido como él. ¿La hija de Kazansky está… presentando su aplicación para un rol de su boda futura? ¡Oh! Definitivamente es la hija de Iceman.

-Lo tendremos en cuenta, cuando empecemos a planear la ceremonia -dice al fin Rick.

Eso parece satisfacerla. Sam deja de mirarlos y se dedica a su desayuno.

 

Rick

Escapó rápido de ese bizarro desayuno. La excusa fue que quería ducharse, pero en realidad el interrogatorio de Jake y la oferta de Sam lo han dejado descentrado.

Cierra el agua y empieza a secarse.

Ice les había contado que la fluidez en los roles dentro de la casa y la interacción constante con la comunidad sioux habían prevenido que sus cuatro nenes -Brad ya tiene diecisiete, pero es su nene, claro- tuvieran ideas muy rígidas sobre sexualidad y sentimientos. Pero una cosa es oírlo, otra experimentarlo.

Se mira en el espejo: nadie diría que tiene cuarenta y dos. Hace ejercicio constantemente, cuida su dieta, se pone protector solar antes de salir de casa. Sin embargo, esta mañana le han dicho que es demasiado viejo para tener novio en su propia casa.

¡Habrase visto!

Se nota que es el retoño de Maverick.

Hollywood está a mitad de su afeitado cuando siente a su pareja entrar al cuarto. Poco después, ve a través del espejo que la puerta del baño se abre y Wolfman se apoya en el marco con los brazos cruzados encima del pecho. Tiene una sonrisa discreta y ojos brillantes.

-¿Ya terminaron?

-Si, Mav se quedó lavando los platos, Ice y Sarah arrearon a sus cuatro demonios para que se laven los dientes y terminen de vestirse.

Rick asiente, enjuaga la máquina de afeitar y la golpea contra el borde del lavamanos. Levanta la mirada para seguir afeitándose, y se da cuenta de que Wolfman sigue en la misma posición.

-¿Y tú qué me miras?

-Te imagino de esmoquin blanco. Creo que haría buen contraste con tu piel bronceada.

-¿Y por qué usaría yo un esmoquin blanco? -él sabe que no soporta los trajes de pingüino.

Su lobo alza las cejas con expresión divertida.

-¿No es obvio? Para que Samantha Kazansky pueda ser la niña de las flores en nuestra boda, señor Neven-Wolfe. ¿O será Wolfe-Neven? ¡Oh! Es una decisión taaan complicada -y estalla en carcajadas.

Hollywood contiene las ganas de lanzare contra él y empujarlo a la cama. Eso siempre termina de la misma manera y hoy no tienen tiempo. Se limita a resoplar y, con gran esfuerzo de voluntad, termina de afeitarse. Guarda sus implementos con parsimonia.

-Lávate los dientes y deja de imaginarme. Tenemos trabajo -y le da un beso rápido antes de ir a vestirse.

Veinte minutos después, se reparten entre su camioneta y la que trajeron desde San Diego y recorren las dos millas hasta el hangar de Fyrosity Vegas Skytravel. Cuando abre la puerta y el sol revela las elegantes narices de sus dos Cessna 152 biplaza y el Beechcraft Baron para cinco pasajeros, los sonidos de admiración y asombro de la chiquillada lo hacen sonreír.

No importa de dónde sean, siempre reaccionan de modo similar al estar a pocos metros de un avión, aunque se trate de modelos ligeros como este.

Sarah empieza a ponerles sus trajes de vuelo a Sam y Jake en lo que Ice, Maverick, Wolfman y él sacan dos aparatos al exterior y hacen los chequeos pre-vuelo. Es fácil, casi como regresar a Top Gun. No importa cuán fiera fuera la competencia, comprobar el estado de los aviones es un momento de camaradería sagrado. Cuando ya todo está listo, regresan a donde les espera el resto de la familia.

-Bueno, hoy cumplen diez años, y el regalo que les hemos preparado es la oportunidad de volar por primera vez. ¿Quieren hacerlo?

Es una pregunta retórica, pero de todos modos les cekpáku saltan y gritan “Si. ¡Si!” con toda la fuerza de sus pulmones.

-Muy bien, Sam, tu vas primero porque naciste antes. Quiero que vueles con Mav.

Hollywood mira a Wolfman, interrogante. Su novio le devuelve una expresión de incomprensión. Sam hace un puchero.

-¿Por qué?

Ice se agacha para estar a su altura con sonrisa conspirativa.

-¿Crees que el avión regrese entero si Jake y Mav van juntos?

-¡Ey! -exclama Mav ofendido.

Pero la niña abre mucho los ojos y asiente. 

-Tienes razón, Icepá, claro. Vamos a volar, Mavpá -y le tiende la mano a Mitchell, decidida y feliz.

En lo que Wolfman ayuda a Maverick a asegurar a la niña en el asiento de copiloto, Hollywood observa al resto de la familia.

Bradley lo mira todo con atención. Debe estar tomando notas mentales. Aunque el chico ha volado en varias ocasiones desde que cumplió diez, no es cosa de todos los días estar en un hangar en medio del desierto con aviones a disposición. Por el brillo en sus ojos, Wolfman sospecha que la universidad no lo va a desviar, solo será un retraso de cuatro años en su camino al cielo. Ese es piloto.

Sarah no parece inquieta por su hija. Eso es inusual en su experiencia: las personas que no saben de aviación generalmente se ponen nerviosas, hacen preguntas sobre seguridad, se abrazan a quienes volarán como si fueran a la guerra. Es evidente que confía en Maverick.

Aunque su mirada está en el avión que ya se prepara a despegar, la mujer mantiene las manos firmes en los hombros de su hijo menor. Con razón: Sean apenas se puede estar quieto de la emoción. Por lo que le han contado, es tan adicto a la velocidad como sus otros dos hermanos. Es claro que quiere salir a volar también, pero las reglas de la familia son estrictas: los pies en el suelo hasta los diez años.

A su lado, Jake está apoyado en el torso de Ice, también mira con ojos brillantes las maniobras de despegue. Su cuerpo está muy quieto, pero no tenso. A Wolfman le asombra darse cuenta de que no hay pizca de envidia en su expresión. El niño está perfectamente conforme con dejar que su padre lleve a Sam a la experiencia más intensa de su corta vida y, por su parte, compartir su primer vuelo con Iceman. Es un testimonio a lo estrecho del lazo que ha forjado Kazansky con su ¿hijastro?

Rick no está seguro de cuáles son los términos correctos para describir esa dinámica familiar. Por lo que ha visto, Carole, Iceman, Maverick y Sarah educaron a su prole para reconocer la misma autoridad en cualquiera de las dos parejas, y que sus lazos de hermandad pasan por encima de la sangre y los apellidos. Es un trabajo admirable, que revela un compromiso absoluto por impedir que unos días de locura temporal en julio de 1990 los separasen. Así que no, Jake no es el hijastro de Kazansky, así como Sam no es la hijastra de Maverick. Son padres y punto.

De cuatro.

En eso, Rick está de acuerdo con Wolfman: cuatro son demasiados.

Pero a Kazansky no se lo parece, está claro. Porque Brad, Sam y Jake fueron “adquisiciones involuntarias”, pero Sean fue planeado.

De verdad que Ice es un jodido semental. Dentro y fuera de la cama.

Un semental que parece tener más interés en su hijo con Maverick que su hija con Sarah, comprende Hollywood con sorpresa al mirar con atención a su excompañero. Iceman no mira al Cessna en el cielo -como el resto de la familia-, sino las reacciones de Jake. Rick arruga la frente, extrañado. Jake no se da cuenta, sigue con ojos ávidos las maniobras de Maverick en el aire -cautelosas, considerando quién está al timón-. Ice tiene una mano en el hombro del niño, posada sin estrechar, como si no quisiera molestarlo. La otra está cerrada en un puño. Sus labios son una línea muy fina y apretada. En su rostro hay felicidad, si, pero está empañada por algo como ¿añoranza?

Hay algo más. Es la primera vez que se da cuenta cuánto se parecen Ice y Jake. El niño tiene los ojos y la nariz de Maverick, pero la frente, los pómulos, los labios y el mentón son de Ice. Sus cabellos tienen casi el mismo tono de rubio. Solo Maverick, con su extraordinaria suerte, podría encontrar en dos días a una mujer idéntica a su amante -examante en ese momento-, seducirla y embarazarla.

¿Qué siente Ice al ver a esa mujer anónima que casi le quita a Mitchell, en el niño que cría como suyo?

¿Qué sentiría él mismo? Rick siente cómo la bilis le sube a la garganta solo con la idea de su lobo por ahí, en los brazos de una cualquiera. 

Aunque también está Sarah. Maverick no fue el único en encontrar “consuelo” rápido esa semana. Ice y sus amantes han hecho lo mejor de una situación imposible.

¡Ice y sus amantes! Casi suena a título de telenovela. ¿Quién lo esperaría del correcto Kazansky, frío, calculador, obsesionado por las regulaciones? Probablemente por eso nadie sospecha, porque al contralmirante Tom Kazansky, tan correcto y discreto, no encaja en el tipo.

¡Ah! De las aguas mansas protégenos, Dios.

Pero eso todavía no explica que a Ice le interese más Jake que Sam, ¿no? Aunque tal vez se trata de que Jake, como Brad y Sean, ya es vocal sobre su vocación de piloto, Sam no.

La niña salió a su madre: quiere estudiar medicina. Lo cual está muy bien, suficientes problemas habrá con un Mitchell en Annapolis. En ocho años, cuando el mocoso de Mav tenga edad para ir a la Academia, probablemente Ice ya sea Vicealmirante. ¿Una Kazansky con un Mitchel como guardaespaldas / cómplice / encubridor? ¡La escuela no resistiría!

Ya Mav inicia la maniobra de aterrizaje.

Se detiene justo en la línea marcada y Sam abre su puerta con una sonrisa que podría iluminar una ciudad.

- Iná, volé. ¡Es genial! -corre hacia su familia y se abraza a Jake. -Lo vas a disfrutar tanto, es como, como… -le faltan palabras, pero la sonrisa no desaparece. -Olvídalo, no es como nada Jake.

-¿Entonces vendrás a Annapolis conmigo? -pregunta ilusionado.

Ella niega con la cabeza, vuelve a mirar cómo Mav conduce el Cessna de vuelta al hangar.

-No. Yo no podría hacer esto todos los días -suspira. -Es demasiado -le da un empujoncito suave. -Anda, ve a volar hermano. ¡Es lo mejor del mundo!

 

El padre secreto de Jake

Su hijo lo toma de la mano y tira con desesperación. La excelente experiencia de Sam se suma a su natural entusiasmo ante la perspectiva de volar.

Se deja llevar.

Suben al Cessna, Hollywood comprueba sus arneses de seguridad y hacen el segundo chequeo de seguridad pre-vuelo.

-Esto es muy importante -explica a su hijo. -Es responsabilidad del piloto apoyarse en el equipo de mantenimiento para comprobar el estado técnico del avión. En el aire, tu vida depende del aparato. ¿Entiendes?

Jake asiente con ojos brillantes. Sigue sus movimientos encima de la consola y los imita en su lado.

Sonríe satisfecho y comienzan la maniobra de despegue. Jake mueve la cabeza de un lado a otro, tratando de ver a través el frente y laterales de la cabina, donde el mundo pasa cada vez más rápido hacia atrás.

-Ya casi, mira al frente -le advierte cuando el velocímetro indica 80 Km/h.

Alcanzan los 100 Km/h casi inmediatamente y Ice levanta la nariz del avión.

Gracias al excelente clima, el buen estado del Cessna y las horas de práctica de Ice, la transición es suave. Lo único violento son los chillidos de su hijo.

-¡Estamos volando Icepá! ¡Estamos en el aire! Mira, allá abajo está el pueblo. Esto es mejor, mil veces mejor que una moto. ¡Icepá, ser piloto es lo mejor del mundo!

Jake agita los brazos, hecha la cabeza hacia atrás y aúlla, literalmente a aúlla porque las emociones lo desbordan.

Ice ríe, relajado como no se ha sentido en años. Entre sus manos, el timón le transmite el ronroneo del Cessna. A su lado, su hijo feliz, sin reservas ni temores por solo unos minutos. Afuera, los amplios cielos de Nevada en un día claro de abril. Es, por mucho, el mejor cumpleaños que ha pasado con su hijo. No tiene que fingir más de lo estrictamente necesario -está habituado a disimular con Mav- y Jake no está pensando en Rachel. Hoy, con su cantidad de nuevas experiencias y emociones, su pequeño no tiene capacidad mental para extrañar a su madre imaginaria. Este es un evento que los une, libre del fantasma de su identidad pasada.

Jake vive su primer vuelo -marca vital en cualquier piloto- como debe ser, en la compañía de su gestante. Se lo pidió a Mav cuando planeaban este regalo, y su esposo accedió con una sonrisa en los ojos. Acaso sea un poco egoísta, pero si, Ice cree que después de una década merece pasar quince minutos a solas con su hijo. Ha sacrificado tanto por este niño.

Fue Ice quien supo primero de su existencia.

Fue Ice quien decidió enfrentar todo el poder de la Marina para verlo nacer.

Fue Ice quien tejió la red de mentiras que les permitió legalizar su existencia y ponerlo bajo el cuidado de Maverick.

Fue Ice quien lo dejó atrás con solo tres semanas de nacido para garantizar su seguridad.

Fue Ice quien soportó el teatro de que se lo presentaran tres años después.

Es Ice quien aguanta verse suplantado por el espejismo de Rachel Levoi cada día, y saber que es cómplice silente del sufrimiento que eso provoca en su hijo.

Por eso, Ice merece ser quien vuele por primera vez con Jake.

Hace un par de acrobacias discretas. Jake sigue tan excitado que podría saltar, si el arnés y el limitado espacio de la cabina no se lo impidieran.

-Bueno, ahora vamos a la segunda parte del regalo -anuncia Ice. -¿Quieres pilotear?

El niño lo mira con ojos grandes como platos, y sus manos van al timón de entrenamiento antes de que pueda articular palabra.

-Claro, claro que si Icepá.

-Muy bien. Toma el timón con las dos manos. Voy a mover un poco la nariz y sentirás el cambio. ¿De acuerdo? No trates de resistirlo, solo quiero que notes cómo es.

Jake asiente. Toda su burbujeante alegría sustituida por atención.

Ice hace oscilar el avión, y Jake suelta un jadeo. Sus ojos van del timón a su padre con alegría y algo más, algo nuevo que llena a Ice de placer y orgullo: decisión.

-¿Puedo hacerlo yo?

-Por supuesto -activa el circuito que permite pilotear con el timón de entrenamiento. -Muy despacio, quiero que tires hacia arriba. Esto es clave, hijo, despacio, o el fuselaje se dañará. Voy a contar hasta tres, respiras hondo, y tiras.

Jake asiente. Reajusta las manos para ponerlas en el timón como lo hace su padre y se queda quieto, a la espera.

-Uno -Ice comprueba que las manos de Jake están firmes-, dos -retira su mano derecha-, tres -retira la izquierda mucho más despacio-. El control del avión es tuyo.

Jake no gira la cabeza, no habla. Solo asiente y mantiene la mirada firme en el frente del aparato.

-Ahora, respira hondo y… levanta.

El Cessna se sacude por el cambio repentino, pero es mucho menos violento de lo que Ice esperaba.

-Muy bien, eres un natural, hijo. Ahora mantenlo estable.

-Icepá -dice Jake con un hilo de voz.

-¿Si?

-¿Estoy…? ¿De verdad estoy piloteando un avión?

-Si, Jake, de verdad estás piloteando un Cessna 152 a los diez años de edad. Tu eres un piloto de pura sangre.

Jake emite un sonido gutural, mitad risa y mitad sollozo, pero -porque es el hijo de Iceman y Maverick- el timón no tiembla en su mano.

Ice le indica unos cuantos movimientos más. Jake va ganando seguridad en sus acciones. Por supuesto, no tiene mucha idea de hacia dónde se mueven hasta que ve la pista de aterrizaje.

-¿Ya vamos a regresar?

-Si, llevamos más de quince minutos acá arriba.

Ice está preparado para que Jake demande más tiempo en el aire, pero su hijo se pasa la lengua por los labios y asiente.

-De acuerdo.

-Bueno, entonces prepárate para la maniobra de aterrizaje.

Esta vez el niño no se puede contener y gira a verlo.

-¿¡Qué!? -el avión se sacude.

-¡Ojos al frente, piloto!

-Perdón, perdón.

-Si te digo que puedes aterrizar, es porque puedes hacerlo. ¿De acuerdo?

Jake traga en seco.

-Si -musita, y luego dice más fuerte-. Si Icepá.

-Bien. Y si no puedes hacerlo, no importa. Significa que debes seguir aprendiendo. ¿De acuerdo?

-Si Icepá.

-Comencemos: empuja el timón lentamente…

Ice lo lleva por los pasos sin premura. No le preocupa si es necesario que den dos vueltas antes de tocar el suelo, hay suficiente gasolina aún. Además, tiene los ojos clavados en el altímetro y las manos listas para recuperar el control del avión si hiciera falta.

Jake no lo decepciona, tiene la vocación por el riesgo de su padre y la calma en el aire de su gestante. Tocan tierra duro, pero sin dañar el aparato.

Cuando al fin se detienen, el niño se zafa el arnés, pero no se abre la puerta, sino que gira hacia su copiloto. Ice tiene un momento para ver la cara arrasada de lágrimas antes de que lo abrace con fuerza.

-Gracias Icepá. Muchas gracias.

Ice le levanta la cara.

-Límpiate esas lágrimas, o asustarás a tu iná Sarah.

Jake asiente, se limpia la cara con los bajos de su camiseta y abre la puerta del avión. Maverick está listo para tomarlo en brazos. Sarah, Sam, Sean, Wolfman y Hollywood lo reciben con aplausos y silbidos.

Ice cierra la puerta y maniobra para llevar el Cessna hacia el hangar. 

Este primero de abril de 2001 es un recuerdo brillante que podrá evocar cuanto todo se vaya inevitablemente a la mierda.

 

La autora

Regresan a San Diego al día siguiente, antes del amanecer.

Maverick es un jodido emisario de Príapo esa noche.

Mientras cabalga a su esposo, con Tommy clavado en su culo, Pete balbucea frases lujuriosas acerca de lo excitante que es verlo volar, y lo duro que lo pone cuando se pone en modo ordeno y mando. Luego de correrse y quedarse unos diez minutos tendido en el pecho de Ice, Pete se gira hacia Sarah con las pupilas dilatadas de deseo. Le pone una mano en las caderas.

-¿Puedo?

Ella, que nunca puede decirle que no -¿quién puede decirle que no a Pete “Maverick” Mitchell?- asiente, sonrojada. Pete le levanta el camisón y hunde la cabeza entre sus piernas. Ice observa fascinado cómo su esposa empieza a gemir, primero bajito, luego cada vez más fuerte. Mav levanta la cara, tiene los labios brillantes de jugos vaginales.

-Quiero oírte -ordena y vuelve a pegarle la boca en el coño.

Sarah agarra una mano de Ice y se la pone en el pecho.

-Por favor -suplica entre gruñidos.

No hay que sentir atracción por una mujer para entender eso. Ice será gay, pero también es un buen esposo. Se pone a horcajadas sobre ella, acaba de sacarle el camisón y le masajea los senos con fuerza. Los pezones de Sarah se endurecen enseguida. Entre Pete en su coño y Tom en sus pechos, el orgasmo no tarda, pero cuando ella se arquea, ya a punto de correrse, Mav para.

Con una velocidad y fuerza inesperadas, el moreno tira de su esposo, para dejar su ingle frente a la entrepierna de Sarah. Luego empuja sus caderas hacia delante. Ice no se ha quitado el arnés con su pene artificial, y entra en ella casi sin darse cuenta.

Sarah jadea, tan sorprendida como Ice, pero satisfecha.

-Si, si, oh, Dios, si. ¡Muévete!

De nuevo, esto Ice sabe cómo hacerlo. La tarea se hace más fácil porque Mav lo penetra por detrás y empieza a marcar el ritmo. ¿Cómo Pete se las arregló para tener otra erección en menos de quince minutos? Tom no tiene capacidad intelectual para eso. Su esposo lo enviste en un ángulo excelente, estrechando su vagina justo lo necesario para hacerlo sentir lleno. Los movimientos se reflejan en sus asaltos a Sarah. El roce de Tommy contra su clítoris es constante, irresistible.

Sarah le agarra la cabeza y lo hace bajar para besarlo con fuerza. La siente convulsionar entre sus brazos.  

-Ice, ¿ya? -pregunta Mav.

-Un poco más -pide él.

Maverick gruñe y aumenta la velocidad. Sus movimientos se hacen más enérgicos, pero menos controlados. Finalmente, el abusado clítoris de Ice lanza un relámpago a lo largo de su cuerpo. Una de sus reacciones reflejas es contraer los músculos vaginales, y eso acaba de lanzar a Pete sobre el abismo. Puede sentir el semen derramarse en su interior, cálido, suave.

Por un instante, Ice quisiera vivir en otro mundo donde su embarazo no es una amenaza directa a sus carreras. Todavía son jóvenes, ¿podrían tener otro bebé? Pero es solo un sueño, se hizo una histerectomía hace ocho años para evitar sorpresas.

Con los últimos restos de energía se separa de Sarah, se quita el arnés, la acomoda entre sus brazos. Mav los cubre y se pega a su espalda.

El martes, mientras preparan el desayuno, Bradely revisa la correspondencia acumulada de cuatro días. Hay un sobre con el membrete de la Universidad de Virginia dirigido al Sr. Bradley Bradshaw. El joven se lo extiende a Sarah con manos temblorosas.

-No puedo, no puedo -balbucea.

Decidida, ella rasga la envoltura y despliega la carta. Empieza a leer enseguida. 

-Estimado Sr. Bradshaw, es un placer informarle que…

Los chillidos de felicidad espantan a los perros de toda la cuadra.

CAPÍTULO 14: 2001, julio: https://palabraspulsares.blogspot.com/2023/09/la-culpa-es-del-conejito-14.html

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