Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)
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Capítulo 8: Hasta quedar sin aliento
Sumario:
Hay eventos familiares que parecen sencillos, pero llevan mucha planificación y detalles. La familia Kazansky-Mitchell-Seresin está formada por militares, así que a menudo sus eventos familiares son difíciles de planificar y ejecutar.
Ejemplo 1: Elegir un buen regalo de compromiso
En la casa de University City, la cena de Navidad del 2010 es especialmente emocional. Solo tres días antes, el miércoles 22 de diciembre, el Presidente Obama firmó la Ley de Derogación de la DADT. Considerando el año que tuvieron con el accidente de Bradley y la perspectiva de cambios radicales en su vida con el reajuste que se viene para el DoD, Ice tiró de los hilos con mucho cuidado para que Mav y él pudieran estar en casa. La familia está casi completa. Claro que se siente la ausencia de Jake, pero al menos este año Sam y Sean se consuelan interrogando a Bradley, que pasó un semestre con su hermano en la USNA.
Además, saben que Jake se fue a pasar estas semanas en Valle Moapa con Hollywood y Wolf. Es lo más cerca que lo han tenido en tres años. Ice está dispuesto a contar eso como una victoria.
La verdadera sorpresa llega a la hora de dormir. Mav está saliendo del baño con una toalla anudada a la cintura. Ice está en la cama, en camiseta y calzoncillos, recostado sobre un montón de almohadas para leer un poco antes de dormir. Sarah se sienta a su lado con ojos tiernos, le aparta las gafas para darle un beso.
-Feliz Navidad, cariño.
Tom la mira con afecto. Ella lleva un deshabillé azul cielo que marca sus curvas generosas, el pelo arreglado en dos gruesas trenzas -su peinado habitual para dormir- y entre las manos ¿un sobre de formato legal?
Su esposa sonríe y se lo ofrece.
-Tu regalo. -se gira hacia Mav- Más bien vuestro regalo.
Pete se acerca con curiosidad mientras Tom abre el sobre, intrigado. Dentro hay una gran cantidad de formularios. Iceman lee los encabezados y mira incrédulo a su esposa.
-¿Petición de divorcio?
-¿El qué? -Mav le arrebata los papeles y empieza a revisarlos.
Ice no comprende por qué Sarah luce tan tranquila y orgullosa de sí misma.
-Sarah, ¿qué diablos?
Ella los mira con ojos divertidos y estalla en carcajadas. Se ríe tan fuerte que se cae de espaldas en la cama apretándose el vientre con las manos.
-Le debo dinero a Slider, ¡diablos! -se queja entre hipidos.
-¿Esto es una broma atrasada por el Día de los Inocentes? -pregunta Mav desconcertado.
Al fin ella se calma lo suficiente como para articular más de tres palabras juntas.
-No es una broma, Mav, querido.-explica mientras se limpia las lágrimas de risa- Es un regalo. Sabíamos que la DADT moriría antes de las navidades, Chiper lo prometió. Su siguiente objetivo es derogar la DOMA, así que tenemos que estar con todos los papeles en orden para cuando ustedes dos se puedan casar. Slider me advirtió que no se darían cuenta. -le pone una mano en la mejilla a Ice- ¿Pensé que eras un gran estratega, amor?
Pero Tom no sonríe. Sino que la mira con expresión avergonzada.
-No puedo. -se gira hacia Mav- Perdóname.
Pero su esposo le sonríe comprensivo.
-Yo se. No pasa nada amor.
Ella mueve los ojos de uno a otro, confundida.
-¿No puedes qué?
-No puedo casarme con Mav. Destruiría mi carrera. Bueno, la suya primero, claro.
-Cain nos clavaría con una horqueta al casco de una fragata. Y después iría a por Bradley y Jake, por supuesto.
-Pero… -Sarah siente que la amargura le aprieta la garganta. -Si es la ley…
–Cuando la ley cambie, aún tardará en permear las actitudes del Almirantazgo y el Comité del Senado que confirma las promociones de alto rango. Si salgo del armario, jamás llegaré a almirante. Incluso podrían forzarme a un retiro temprano.
-No es justo. -mira a Mav furiosa- ¿Tu aceptas eso? ¿Ser un secreto para siempre?
Mav se encoge de hombros. Una sonrisa amarga aparece y desaparece de su rostro en un flashazo.
-Hace tiempo que elegí, Sarah. Siempre supe que Ice tenía ambiciones y decidí que haría lo que corresponde a una buena pareja militar: no estorbar sus planes de ascenso.
-Incluso si no tuviéramos esos obstáculos, no podría casarme. -interrumpe Tom- No sin Jake.
La mención de su hijo ausente hace que la rabia de Sarah se deshaga bajo una oleada de tristeza.
-Oh, querido.
Aparta los papeles de divorcio del regazo de Ice para abrazarlo. Él le besa el cabello y aspira su aroma a maderas y talco de bebé.
-¿Saben qué? Esto fue una pésima idea.
Sarah se separa de su esposo, toma los documentos y los tira a la basura con un gesto dramático.
-Pensándolo bien, -se trepa a la cama y empieza a gatear por sobre las piernas de Ice- no tengo ninguna razón para renunciar a las ventajas de ser la señora de Kazansky. -mira a su segundo esposo con una ceja arqueada y ojos provocadores- Oye, Mav, ¿quieres jugar a poner otro pichón de aviador en mi?
Aunque no pueden cambiar su estatus oficial, la idea de Sarah anida y echa raíz dentro de Ice. ¿Qué puede darle a su esposo para compensar el hecho de que, aún después de la derogación de la DADT, deben seguir en las sombras? De vuelta en Bahrein, leyendo sobre los legendarios Hassassins, se le ocurre que lo único que paga una vida es otra vida. Pete ha dado su vida por él, lo menos que puede ofrecerle es un sacrificio humano. Gracias a la filtración de Kato, Ice sabe qué vida tomar: Koi Kahale, el hombre que organizó la subasta de la virginidad de Pete en 1976. Satisfecho, empieza a hacer planes para pasar unos días en Hawaii en octubre.
En julio de 2011, Ice es invitado por la familia real de Bahrein a ver el estreno de “Capitán América: El primer vengador”. El romance entre Steve Rogers y Bucky Barnes lo conmueve hasta las lágrimas. También lo hace comprender que un regalo no vale por sí mismo, sino por su contexto. No quiere que Pete crea que Kahale murió por casualidad o que Ice tiene alguna idea trasnochada sobre venganzas tardías. No, su tierno Mav solo podrá apreciar la ofrenda si coincide con un punto de inflexión en la relación entre ambos.
Esa noche llama a Vivian Cortell para que le aconseje sobre anillos de compromiso.
*
Para saber lo que pasa con la visita a Hawaii leer “Cuando Steve
McGarrett vio una vieja foto de Pete Mitchell” https://palabraspulsares.blogspot.com/2023/10/cinco-veces-mas-una-4.html
Ejemplo 2: Tener una noche de Netflix acurrucados bajo una manta
La pregunta llega en la sala de taquillas, mientras se preparan para salir de patrulla.
-Oye, Hangman, fuiste asistente de Rooster en la USNA hace cinco años, ¿no?
Jake mira brevemente al piloto. Es uno de los que se incorporaron al escuadrón mientras él estaba en Top Gun. El parche sobre su pecho dice “Milken”, pero no recuerda su apodo. Bueno, no es su culpa. Llegó hace dos días y ha estado ocupado saciando su añoranza de Brig. Ya tendrá tiempo de aprender su apodo, si lo merece. Jake no dedica espacio en su cerebro a los pilotos mediocres.
-Ajá. -responde sin desviar la atención de su traje de vuelo.
Siente un poco de curiosidad sobre qué nueva y ridícula teoría circula por ahí sobre su hermano.
-¿Es verdad que es como el Soldado del Invierno? -Hangman gira la cabeza hacia el piloto, alza una ceja, interrogante, y el otro elabora su pregunta- Que su brazo izquierdo es una prótesis de alta tecnología que hasta le permite sentir la temperatura.
Tiene ganas de estallar en carcajadas, pero se conforma con hacer un puchero e intercambiar una mirada divertida con Brig, cuya taquilla está al otro lado del local. Se gira hacia Milken muy serio.
-¿De dónde sacas eso?
-Una amiga mía en el USS Bush dice que su mano izquierda tiene un rango de movilidad demasiado amplio y mucha fuerza.
Jake hace una mueca. Si, en eso el equipo de cirugía falló por exceso: la nueva muñeca de Brad le permite doblar la mano en todas direcciones, no solo hacia arriba o abajo. La fuerza de su brazo se debe a los materiales de nueva generación con que remendaron los huesos del hombro, el brazo y la mano. Claro que no le dirá eso a Milken.
Solo pone los ojos en blanco y responde por encima del hombro.
-Bradshaw nació así, hombre. Supongo que su brazo es un poco más fuerte por todos los tornillos que tiene.
-¿Supones?
Ahora mira de frente al impertinente.
-No se que escuchaste por ahí, Milken, pero mi trabajo en la USNA no incluyó dejarme abrazar por un profesor.
Nota el incómodo silencio que se ha hecho en el vestuario. Todas las miradas del escuadrón están encima suyo, pero no cede a la tentación de girar la cara. Mantiene sus ojos verdes y fríos clavados en Milken hasta que el tipo hace un movimiento de incomodidad con los hombros y aparta la mirada.
-Si, si, claro. Yo no quise decir… -traga en seco, agarra con torpeza su casco- ¡Te veo en el aire!
Después que sus pasos se pierden en el corredor, Jake se gira hacia el resto del escuadrón.
-¿Alguna otra pregunta?
Sabe lo que están pensando. Desde el estreno de “Top Gun”, toda persona que alguna vez se cruzó con el Escuadrón 86 tiene que apartar a los preguntones con un bastón. Es como el juego de seis grados de separación. El problema es que la Marina es una comunidad demasiado pequeña, nadie está a más de seis grados de separación de Iceman, Slider, Merlin, Sundown, Rooster o Maverick. El cambio ha sido especialmente notable con Merlín, que desde hace años trabaja en la USNA. De repente cada graduado recuerda una interacción con él.
No ha sido desagradable para todo el mundo. Los padres de Brig se han beneficiado con el aumento repentino de ventas de su libro. Tom Cruise los invitó al tour de promoción del filme por Europa. En Washington DC, el tío Chipper ha sacado toda la ventaja política posible, posando junto a Milo Ventimiglia, el actor que lo interpreta en el filme. Todo el mundo conoce a Milo, es el novio intelectual de Rory Gilmore o el mutante Peter Petrelli. Ayuda que sea de Massachusetts, y no hay historial de oposición previa a su senador. La popularidad de Chipper se ha multiplicado entre los hombres vinculados con las fuerzas armadas, las mujeres de mediana edad y votantes de 18 a 25 años.
Anoche, después de mucha insistencia, Brig le confesó que estas seis semanas han sido algo incómodas. Tras el estreno de “Top Gun”, una parte de la cobertura se enfocó en el autor de la novela, el detalle de que Harvard es el sobrino de Leonard "Wolfman" Wolfe regresó con fuerza. De repente, medio barco quería sentarse a su lado en el comedor. Aunque la mayoría de las interacciones eran inocuas, hubo un par de ofensas homofóbicas, así que el comandante de Los Vigilantes decidió contar por lo sano y montó un sistema de guardias para protegerlo. Es bueno saber que, incluso si no están juntos, alguien cuida las espaldas de Harvard.
Jake está dividido entre el enfado y el alivio por haberse ido a Top Gun justo antes del estreno del filme. Por un lado, hubiera querido estar en el USS John C. Stennis para lanzar dardos con sus ojos a quienes trataran de molestar a Brig. Incluso, ¿quién sabe?, podría haberle bajado un trompón a alguien y salir sin reprimenda si manejaba bien la situación. Realmente tiene ganas de golpear a alguien. Que lo mandaran a Fallon fue inesperadamente oportuno.
La espectacular salida del armario de Pete “Maverick” Mitchell es la comidilla principal de todo el Departamento de Defensa. Impacta mucho más que lo de Hollywood y Wolfman, que se retiraron hace veinte años. Mitchell está activo, es un aviador de combate y piloto de prueba condecorado. Como supuestamente no tiene parte en ese asunto, nadie se cortó en compartir sus especulaciones delante de Jake. De pronto las más mínimas interacciones con el famoso Maverick, sus comentarios casuales o preferencias intrascendentes eran suficiente para horas de discusión. Jake escuchaba todo aquello con creciente incomodidad. No tenía modo de expresar su frustración sin quedar como un hipócrita que no deseaba hablar de la vida personal de un superior o, ¡peor!, como un homofóbico.
Canalizó su furia en los estudios y el vuelo. Ganó la copa de Top Gun Primavera 2016 con diez puntos de ventaja del segundo lugar, el equipo de Phoenix y Bob. Sabe que Natasha hablará horrores de él en cuanto llegue a reunirse con Bradley en el USS Bush, pero no le importa.
Ha regresado justo cuando el debate amaina, porque hay un límite al tiempo de atención que una comunidad puede dedicar a un tema. También cuando está seguro de que no herirá a Brig, porque su propia furia disminuyó de intensidad. Las cuidadosas mentiras intercaladas en la mitología de “Top Gun” son solo otro eslabón en la cadena de agravios que su padre y Kazansky le han infligido.
Igual tiene ganas de golpear a alguien.
-No te emociones, Hangman. -le espeta el comandante con gesto exasperado- Aquí la única celebridad por derecho propio es Harvard, y ya se aburrieron de pedirle selfies.
Si él supiera… Pero Jake asiente y exhala con fuerza. La tensión en el vestuario disminuye y todo el mundo regresa a lo suyo. Jake no está muy seguro de qué hacer, toma su casco y e queda mirando el interior de su taquilla. Es un alivio cuando Brig le da un leve golpe en el hombro y caminan juntos hacia el hangar.
-Esta noche creo que es mejor que nos quedemos en el camarote -le dice.
-Si. -Jake sonríe sin dificultad ante la idea- ¿Noche de Netflix bajo la manta?
-Perfecto -y se va a comenzar el chequeo prevuelo de su propio avión.
La misión de hoy es de rutina. Patrullar una zona de montañas escarpadas en busca de señales de movimiento del Talibán o de refugiados que intentan cruzar las montañas hacia Pakistán.
Mientras cruzan el espacio aéreo de Pakistán, intercambian algunos chistes, pero al entrar en Afganistán, todo intercambio innecesario cesa. Los Talibanes tienen cohetes antiaéreos, buenos equipos de exploradores, y gusto insaciable por ejecutar militares estadounidenses en vivo por YouTube. Nadie quiere acabar así.
Jake sabe que no le tocará, pero no quiere perder a nadie de esa manera.
Cuando están terminando la ronda sin nada nuevo que reportar, llega la orden.
-Vigilantes -la voz de Meka suena sorprendida incluso a través de la estática-, recibimos orden de movernos hacia el oeste.
Jake aprieta los labios, pero no dice nada. Acaba de regresar con el trofeo y cualquier queja será interpretada como engreimiento. No hace falta, Conejo cumple con su apodo y da voz a la preocupación de todo el grupo.
-Jefe, tenemos ya doscientos kilómetros de vuelo.
-¿Acaso no sé contar, Bowell? -Meka suena fastidiado- Somos el escuadrón más cercano. Tenemos que cubrir Maki hasta que lleguen los Black Aces.
Jake siente que se le erizan los pelos de la nuca. Meka es un buen comandante, pero como muchos hombres no sabe manejar bien sus sentimientos. Cuando tiene miedo solo se enfada, porque cree que no debería sentir miedo. Esa respuesta, para Jake, es como una declaración jurada. Lo que sea que le informaron al comandante desde el USS John C. Stennis no es bueno.
-Formación de crucero -ordena Meka.
Jake se desliza hasta quedar junto a Brig mientras repasa los hechos: Maki es un distrito de forma triangular donde Pakistán separa a Irán y Afganistán como una cuña. Hay un punto en medio de las montañas donde las fronteras de los tres países se unen. Luce lindo en el mapa, pero es una pesadilla diplomática para Teherán y Karashi. Los Talibanes no se ocupan de eso, claro. Es un territorio elevado y árido, que apenas tiene población de ninguno de los tres países. Eso la hace espacio ideal para incursiones de todo tipo.
Jake hace una señal discreta con la mano. Brig asiente.
-Comandante -pregunta con voz relajada- ¿qué nos espera en Maki?
-Nada especial, Harvard. -pero Jake nota la corta pausa antes de que el comandante termine de dar la información- Solo un par de pilotos iraníes perdidos.
-Ah, eso -el alivio en la voz de Conejo es inconfundible.
No es la primera vez que las patrullas aéreas de Irán entran en territorio pakistaní por error. A la República Islámica tampoco le gustan los talibanes y los acosan siempre que pueden. Sobre las montañas es fácil cruzar al espacio aéreo ajeno. Claro, por principio, la Fuerza Aérea de Irán no se retira enseguida, sino que espera a ver quién responde. Si aparece un F-16 pakistaní, solo hacen piruetas de saludo y regresan a su lado de la línea. Si llegan los F-18 de Estados Unidos, habrá algunas maniobras de combate antes de que cada cual se vaya para su lado.
Al día siguiente la prensa estatal de Irán dice que tuvieron una escaramuza con los imperialistas y alguna otra frase de propaganda chovinista. Nada más que pose de ambos lados. Sin embargo…
Jake ha aprendido a confiar en su instinto. Después de conocer a Ray Seresin sabe que “la fuerza” no es solo un delirio del cerebro enmarihuanado de George Lucas. Es el uso sin reservas de ese instinto lo que explica sus índices de efectividad. Ahora mismo, el instinto le avisa que esta tarde no será como otras.
Solo quedan tres años del tiempo predicho por su tío. Él acaba de regresar de Top Gun, está, por así decirlo, en el pico de su capacidad.
Hace otra señal personal a Brig. Su amigo le devuelve el gesto, confirmando que recibió el mensaje.
No los ven hasta que el territorio pakistaní tiene unos cincuenta kilómetros de ancho. Cuando ascienden desde un desfiladero en formación perfecta, nadie puede contener el asombro.
-Jefe, eso no son dos aviones perdidos -gime Conejo.
Jake no se permite poner los ojos en blanco, no puede perder contacto visual, pero el gusto de Bowell por decir lo obvio es fastidioso. No, delante suyo no hay un par de viejos F-4 de reconocimiento, sino cinco elegantes Chengdu F-7, la versión china del MiG-21.
-Cállate, Conejo. Cinco F-7 frente a ocho F-18. Además, ya sabemos lo que va a pasar: al Ayatola necesita poner una nota sobre el valor de sus pilotos en la prensa.
Pero mientras Meka habla, Jake nota cómo uno de los iraníes se eleva por encima de su escuadra. Imita el desplazamiento, bloqueando toda posibilidad de que haga un descenso repentino por detrás del grupo.
-Quédate quieto Seresin -exige el comandante, pero Jake ya no le presta atención.
El piloto iraní se ha quitado la máscara de oxígeno y le deja ver su rostro: hay una inquietante expresión de dolor resignado. De repente lo sabe, este hombre vino a morir. Activa sus armas.
-¡Cuchillo en la boca! ¡Cuchillo en la boca! -es todo lo que tiene tiempo de decir antes de que el F-7 haga una pirueta para colarse entre Jake y el resto de su escuadrón.
-¡Oh, Dios! -chilla Conejo antes de lanzar una ráfaga y abrirse a la izquierda.
Jake gira hacia la derecha y busca altitud. A su alrededor los F-7 se mueven como pequeñas palomas asesinas. Son aviones viejos, de los sesenta, pero de maniobrabilidad innegable. Sin embargo, enseguida nota que no actúan según lo esperado. Son hábiles en esquivar a los F-18: Meka y él mismo han disparado varias veces sin hacer blanco. Por eso mismo la torpeza con que intentan derribar a los Vigilantes es casi ridícula, disparan antes de tiempo, se desvían al último minuto como si un viento mágico los agitara. Pero si no quieren un verdadero enfrentamiento, ¿por qué…?
-¡Está en mi cola! ¡No lo puedo perder!
El tono desesperado de Brig hace que Jake deje de preguntarse motivos. El piloto que vino a morir sigue a Brig y una furia ardiente lo engulle. Brig es bueno. Gira y se retuerce en el aire con lo que evita que el F-7 haga blanco. El piloto suicida también es bueno y no se rinde. No dispara, pero se mantiene en la cola. Jake es mejor que ambos. Da una voltereta y se pone detrás del F-7. Están tan alienados que si dispara, alguno de sus proyectiles irán al F-18 de su amigo.
-Brig, escúchame.
-¿Jake? ¡No puedo deshacerme de él!
-¡Cállate y escucha! Cuando cuente tres vas a romper a la derecha.
-Seresin, tienes a otro en tu cola -advierte el comandante.
Pero Jake tiene una ventaja por encima de todas las personas en este combate: sabe que sobrevivirá.
-No se preocupe, jefe. Lo voy a dejar colgado. Brig, ¿estás conmigo?
-Si. Siempre.
El tono del sistema de blanco del avión le avisa que el F-7 está en rango.
-Uno. -pone el dedo en el gatillo- Dos. -inspira y expira suavemente- ¡Tres!
El F-7 estalla en una bola de fuego de la que Brig escapa con un rompimiento violento.
-Harvard, ¿estás bien? -pregunta Meka sin preocuparse por ocultar su miedo.
-Si, no hay daños en el avión.
-¡Los iraníes se van! -anuncia Conejo.
Jake hace un movimiento lateral para poder ver cómo los cuatro aviones restantes se retiran. Uno de los F-7 se le empareja por unos segundos. El piloto se gira hacia él y se toca el frente del casco con la mano dos veces. Conoce esa señal, es una declaración de respeto.
¡Ah! Conque era un suicidio asistido. ¿Qué habrá hecho ese piloto para que lo forzaran a semejante acción? La voz del comandante lo trae de vuelta a asuntos más urgentes.
-Vigilantes, llevamos ya trescientos kilómetros. Formación de crucero hacia Ormara. Harvard, Hangman, al centro atrás. Ustedes serán los primeros en aterrizar. ¿Entendido?
Después de los “Si” y “Si, comandante”, el viaje transcurre en silencio. Todo el grupo está en shock por lo ocurrido. La necesidad de concentrarse en hacer rendir el combustible más allá de los límites conocidos es una excusa tan buena como cualquier otra para evitar pensar en lo que acaban de vivir.
Cuando por fin llegan al barco, Jake sale de su avión con piernas temblorosas y camina hacia el primer avión que tocó pista.
-Brig. -jadea y le estrecha el rostro entre las manos- ¿Estás bien?
El moreno sonríe. Está pálido. Huele a sudor y orina. Jake nunca ha amado más esos olores de vida.
-Si, estoy bien. Me salvaste Jake.
-Ajá. Si. Lo hice.
Deja ir su cara, pasa una mano a su hombro y se pone la otra en la cintura. Le da una sonrisa temblorosa. Inclina el torso hacia delante, vomita y se desmaya.
La siguiente semana es bastante confusa para Jake “Hangman” Seresin.
Entra y sale de la enfermería del barco.
Entra y sale de oficinas donde repite lo ocurrido.
Entre y sale de pesadillas donde revive lo ocurrido.
Entra y sale del comedor, donde todo le sabe a ceniza.
Entra y sale del baño para vomitar el poco rancho con sabor a ceniza que tragó antes.
Hay una cosa estable: Brig. Bueno, no exactamente. La presencia de Brig es estable, pero su rostro va cambiando: está cada vez más angustiado y gris. ¿Tal vez está cansado de Jake? Desde el “Incidente de Maki” -como lo llamaron los altos oficiales que les interrogaron hasta el cansancio- no quiere separarse de él. Jake teme que Brig desaparecerá si lo pierde de vista. Es un miedo que lo consume por completo y no deja espacio para algo tan superficial como la discreción. Lo sigue con los ojos cuando va a buscarles el rancho con sabor a ceniza en el comedor. Le toma la mano en público. Le pidió que durmieran juntos.
Debe ser embarazoso para Brig tener un compañero tan débil, incapaz de controlar sus instintos.
A Jake no le importa. Sabe que debería importarle, pero no logra sentir el más mínimo interés por el decoro que corresponde a un oficial de la Marina y las reglas de comportamiento que ello demanda. Total. Ahora es mucho más que un aviador, ¿no?
Es un asesino.
Como su padre.
Como Kazansky.
-Jake, cariño -le susurra Brig- Vamos, es hora.
Se levanta lentamente de la cama y avanza apoyándose en la pared. Brig tiene en una mano su morral personal y otro echado sobre el hombro. Extiende su brazo libre hacia Jake.
-Apóyate en mí.
Salen del camarote y caminan por los largos corredores en silencio. Cada vez que encuentran a alguien, les ceden el paso.
-¿Van a darme la baja?
Brig se detiene abruptamente y lo mira sorprendido.
-¿De dónde sacas esa idea?
-Recogiste nuestro camarote. Vamos hacia el Puesto de Mando. Las miradas de pena de todo el mundo. Sobre todo, mi debilidad. Ya no sirvo. Al final, Kazansky…
Brig lo calla con un dedo.
-Nada de eso. Vamos a recoger tus papeles de baja médica. Tienes estrés post traumático, nada de lo cual avergonzarse. Y la gente no te mira con pena, sino con admiración. Eres el primer aviador que derriba un avión enemigo desde 1986.
Jake suelta un gruñido y lucha contra la náusea. ¡No puede pensar en su padre ahora! Brig los pone en movimiento otra vez.
-Nos dejarán en la Base Naval de San Diego. Sarah nos espera allí. -el rubio hace un ruido de protesta- Fuiste tu quien la llamó.
-¿Lo hice?
-Si, la segunda noche. No habías querido hablar con Bradley, Javier, ni Sam, pero llamaste a tu madre.
-Porque soy débil.
-No, porque la quieres y sabes que ella te quiere.
¿Lo quiere? ¿Por qué lo querría? Jake le dio la espalda, la dejó atrás como al resto de su familia. Brig sigue hablando.
-Será como tu le pediste: una noche en San Diego. Solo ella. Después iremos a Valle Moapa. Mis padres están allí. Puedes hablar con ellos. Ellos… ellos sí entienden lo que te pasa, Jake. Yo meteré las manos en el motor de uno de los aviones y tú me mirarás desde el sofá del hangar. ¿No es buena idea?
-Te debo una noche de Netflix -recuerda de pronto Jake con extraña claridad.
-Si -Brig le da una sonrisa suave y algo melancólica- Tenemos tres meses de baja.
Con mucho esfuerzo, Jake logra sacar de su interior algo de sarcasmo.
-¿Netflix debajo de una manta? ¿O es demasiado pedestre para ti, Harvard?
-Es una cita, Hangman.
* Sobre el filme "Top Gun" en este universo: https://palabraspulsares.blogspot.com/2023/12/documentos-varios-2.html
Ejemplo 3: Organizar una reunión familiar
Sala de Situaciones de Crisis de la Casa Blanca, Washington DC, Martes 15 de octubre de 2019
Tom se sienta en la mesa, apoya los codos, se frota la cara con las manos y suelta un gruñido. A pesar del cansancio que comparten, su asistente permanece de pie a sus espaldas.
-Puedes sentarte.
Percy le desliza la carpeta por el lado izquierdo y ocupa su lugar pegado a la pared, junto al resto del personal de apoyo.
-Lo tienes bien entrenado -le felicita el Jefe del Estado Mayor Conjunto, mientras se sienta a su izquierda.
-Gracias, general Dunford -se obliga a decir, porque no hay que olvidar las jerarquías. Nunca.
El viejo marine lo mira con simpatía.
-¿Largo viaje?
-Salimos hace doce horas de Honolulu, eran las cuatro de la tarde. -Así que trabajé en el avión, porque no puedo dormir mientras vuelo.
-Ah, si, la sensación de falta de control en el aire es un coñazo en los vuelos nocturnos -comenta el general Ray, ex-piloto también, mientras se sienta a su derecha con un café.
Tom asiente.
-Así que mi cuerpo cree que son las seis de la mañana, y pasé toda la noche despierto. Pero tengo cincuenta y nueve años, no veintinueve -concluye con una sonrisa amarga.
-Ah, ¿estamos rememorando nuestra juventud? -inquiere Ellen Hill, que llega a sentarse al otro lado de la mesa con un termo de café y una abultada carpeta.
Tom mira con envidia la bebida de la Asesora de Seguridad Nacional.
-No recuerdo ya esa etapa de mi vida, Almirante Hill -responde Timothy con una sonrisa ladeada. Se gira hacia Tom. -¿Qué estaba de moda cuando íbamos a fiestas?
Tom le da una mirada sorprendida. Luego recuerda que es solo cuatro años mayor que Timothy Ray y probablemente lo ve como un contemporáneo. Pero está muy cansado, no tiene energía para recordar qué mentira corresponde a esa etapa de su vida. Lo salva la carcajada sarcástica del general Dunford.
-¿Iceman en una fiesta mientras estaba en la USNA? Vamos, general Ray, usted sabe que el almirante Kazansky es uno de nuestros más exitosos proyectos de genética, pero es un producto de los sesenta. Tuvieron que sacrificar algunas cosas.
-Esta buena esa, Joseph -ríe Ellen, apuntándole con su pluma. -Solo no lo digas en una fiesta de la Casa Blanca donde te pueda escuchar la prensa.
El viejo hace un gesto de cerrarse los labios con un zipper. Al mismo tiempo, Percy le pone una taza de café delante a Tom.
-¿Qué les dije? -el general indica al joven teniente, que ya regresa a su puesto. -Los selecciona, los entrena, y luego los manda al mundo para avergonzar al resto del personal de apoyo del DoD.
El Jefe del Estado Mayor da una mirada imperiosa a su propio asistente, que corre a buscarle un café.
Después del primer trago de cafeína, Ice siente que un calor celestial se extiende por su cuerpo. Su humor mejora de inmediato.
-Si, soy un clon excelente. Nunca intenté dejar el laboratorio y bajar al pueblo para mezclarme con la población local -le da una sonrisa torcida a Timothy. -Lamento no poder ser de utilidad, general Ray.
Ríen en voz baja, sin dar importancia a las miradas incómodas del resto de la sala. Están en la Sala de Situaciones de Crisis de la Casa Blanca, a donde nunca te citan por buenas razones. Más aún, son militares, saben que el tiempo de felicidad siempre es poco, así que deben aprovechar las pequeñas cosas.
-¡Comandante en la sala! -anuncia un guardia y todo el mundo se apresura a levantarse.
-Buenos días -saluda la presidenta, que llega con paso rápido seguida de su Jefe de Despacho.
Ephraim Ware, director de Inteligencia Nacional, toma la palabra en cuanto ella se acomoda.
-Señora presidenta, tenemos información segura de que la República de Sajá está desarrollando una instalación de enriquecimiento de uranio bastante singular en el corazón de Siberia. Creemos que estará operacional en cinco o seis semanas.
En la pantalla aparecen los planos de una instalación subterránea y fotos de su ubicación en un estrecho cañón entre las montañas.
-¿Esto es una broma? -profiere Tom antes de poder contenerse.
Todas las miradas se vuelven en su dirección. El director Ware alza una ceja, con expresión confundida.
-¿Disculpe?
Tom no se permite sonrojarse o pestañear. Este es uno de esos momentos en que prueba que es un hombre de hielo.
-Es una variación subterránea de la Estrella de la Muerte. ¿No lo ven? La estructura tiene forma de domo y hay una salida a la superficie de forma cilíndrica justo al final de un estrecho valle.
El Director lo mira asombrado. Dunford se permite una sonrisa mínima.
-Nuestro mejor clon -susurra y le da una palmada en el muslo por debajo de la mesa.
-Bueno ojo, almirante Kazansky -admite Ware y vuelve a dirigirse a la presidenta. -Precisamente es la estructura cilíndrica lo más inquietante. De acuerdo con el análisis de nuestros técnicos, esa es la salida para un misil nuclear. Esa planta no es solo para enriquecer uranio, lo que ya sería bastante problemático, sino que es una estación de producción y lanzamiento de armas nucleares.
Un temblor se extiende por la sala.
La República de Sajá-Yakutia ha sido un quebradero de cabeza para Rusia y Estados Unidos desde su secesión a pricipios del siglo XXI. Se formó cuandouna alianza teocrática nacionalista radical ganó las elecciones y tomó el control del entonces gobierno federal. Tardaron menos de un año en capitalizar los resentimientos históricos de la población con el gobierno central de Moscú. Es una de las regiones más despobladas y pobres del planeta, y la economía de sus ocho millones de habitantes depende mucho del tráfico de bienes y personas entre Siberia, Japón y Alaska. Para colmo, las autoridades de Yakutsk se quedaron con las cinco cabezas nucleares que tenía Moscú en esa zona -apuntando al Pacífico norteamericano- y no tardaron en aliarse con Irán y Corea del Norte para seguir desarrollando esos recursos.
-¿Qué propone hacer? -pregunta la presidenta.
-Debemos destruirla, por supuesto -interviene el director de la CIA.
-Le pregunté al director Ware -responde ella sin siquiera girar la cara.
Haymond se hunde en su asiento. Ephrain Ware ni se da por enterado.
-Es la opinión oficial del Comité de Amenazas Nucleares del DNI, el Buró Rusia de la CIA, la Oficina de Inteligencia Naval de la Marina, y la Decimosexta Fuerza Aérea, que debemos destruir esa instalación con un golpe aéreo quirúrgico. Esa es la razón por la que invitamos al general Ray, Comandante de Ataque Global de la Fuerza Aérea, y al almirante Kazansky, Comandante de la Flota del Pacífico.
Todas las caras se hacia ellos dos. Timothy y Tom intercambian miradas incómodas. Cada uno sabe lo que dirá el otro.
-Eso no está al alcance del Comando de Ataque Global -explica el general Ray. -Tendríamos que volar desde Alaska, lo cual es imposible en esta época del año, y sus radares detectarían a nuestros bombarderos a tiempo para poner en el aire su propia defensa.
Se gira hacia su colega de la Marina. Tom apenas lo ha escuchado, su mente está concentrada en las imágenes. Un plan se va formando en su cabeza. No puede ser… ¿verdad?
-¿Almirante Kazansky? -lo llama la presidenta.
-Disculpe. ¿Puedo acercarme a la pantalla?
Ella asiente. Él se pone de pie y camina hacia el extremo de la sala.
-¿Alguien puede poner un mapa de la zona entre la base y el océano Pacífico? -cuando la oficial a cargo sube la imagen, Tom traza algunos patrones con el dedo. Si pudieran… ¡Ah! Parece que Jake por fin volverá a casa… o no. Se gira hacia la sala.
-En teoría, podemos hacerlo. Con un escuadrón F-18 desde un portaaviones cerca del Mar de Ojotsk, un golpe de misiles previo y mucha suerte.
-Muy bien, ¿cuánto tiempo necesitaría para organizar la operación? -inquiere el Jefe de Despacho de la presidenta.
-Eso es más complicado, señor Whitman -admite Tom mientras regresa a su asiento. -Para empezar, no tenemos pilotos con el entrenamiento necesario.
-¿Cómo? -el Secretario de Defensa no trata de ocultar su desagrado, pero hace años que Ice no tiembla por el desagrado de sus superiores. Este es uno de esos momentos en que demuestra su capacidad como estratega.
-Hace quince años, habría llamado a Henry McCord y otra docena de pilotos. Sabrían qué hacer, solo necesitarían dos semanas para aprender a hacerlo en equipo. Hace treinta, el almirantazgo habría mandado a mi escuadrón y el senador Piper habría estado en el barco, como líder de un escuadrón de reserva. Pero en los últimos quince años, señora presidenta, los pilotos son entrenados para otro tipo de misiones, principalmente lanzamiento de bombas desde gran altura, vigilancia aérea y vuelo en condiciones climáticas hostiles. El movimiento encubierto a ras de tierra y el enfrentamiento en el aire es cosa de dinosaurios como el general Ray y yo. Tendremos que buscar a los mejores entre los mejores, y enseñarles una lengua muerta.
Ella se inclina sobre la mesa, apoya una mano con los dedos extendidos en su dirección.
-Entonces entiendo que necesitaría ¿qué? ¿cuatro o cinco semanas para prepararles?
-Creo que el director Haymond tendría algo que decir ahí.
La presidenta pestañea confundida, pero se gira hacia el director de la CIA. Hugh Haymond se recupera rápido de la sorpresa. No es usual que el famoso Iceman te tienda la mano. Sabe que deberá pagar ese favor pronto.
-El almirante se refiere al lado encubierto de la operación -explica. -No podemos reunir a una docena de aviadores y ponerlos a jugar juegos de guerra por un mes sin que los rusos o los iraníes se enteren. Tres semanas es lo máximo que podríamos mantener el secreto, estimo.
-Estoy de acuerdo -le apoya Ware.
-Pues no veo ningún problema -opina el Jefe de Despacho. -La instalación estará operativa en cinco semanas, según el estimado del DNI. Tiempo suficiente -y hace un gesto como para dar por terminada la discusión.
-Todavía no -lo detiene Tom. -Falta el plan de evacuación de la central nuclear.
-¿El plan de evacuación de la central nuclear? -repite el hombre, confundido. -¡La vamos a bombardear!
-No mandaré a mis aviadores a bombardear civiles inocentes, señor Whitman -responde Kazansky con tono terminante.
La presidenta se deja caer hacia atrás en su asiento, observa a Iceman con una mezcla de sorpresa y admiración.
-¿De qué habla este hombre? -demanda Whitman mirando alrededor de la sala. Varios integrantes del Consejo de Seguridad Nacional rehuyen su mirada, avergonzados. Finalmente, Gordon Decker se decide a hablar.
-Considerando lo aislado de la instalación y su naturaleza, hay una alta probabilidad de que todo el personal técnico fuera movido con sus familias a residencias en la zona. Se vuelven rehenes y motivadores. Se trata de energía nuclear, así que el gobierno tiene la seguridad de que nadie se tomará a la ligera la seguridad de la instalación.
Whitman aprieta convulsivamente su pluma.
-¿A qué tipo de familias nos estamos refiriendo?
-Sospechamos que Vasili Yakolev esté al frente del equipo de cálculo de lanzamientos -admite Ware con tono derrotado. -Su hija más pequeña tiene -se vira hacia su asistente- ¿ocho años?
La agente teclea furiosa en su tableta. Hace una mueca.
-Cumplirá nueve en una semana.
-No podemos proceder si las familias de los científicos están ahí. Tenemos que sacarlos antes de neutralizar la instalación -concluye la presidenta. -El almirante Kazansky no está dispuesto a ordenar el bombardeo de civiles. Yo no daré semejante orden a sabiendas. Ephrain, quiero un plan para sacar a todo el personal no esencial de la base por lo menos tres días antes del ataque. Si no es posible, prefiero ir a la ONU.
-Si, señora presidenta.
-Almirante Kazansky, envíe sus propuestas de personal para la misión al Secretario de la Marina lo más pronto posible, de modo que podamos dar luz verde a la asignación especial en cuanto el plan de evacuación sea viable.
-Si, señora presidenta.
-Muchas gracias por sus ideas -dice ella a modo de despedida.
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