11 de diciembre de 2023

RAÍCES 6

Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

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Capítulo 6: Un verdadero genio


Sumario:
Jake en la USNA, desde agosto de 2008 hasta diciembre de 2009


4 Procedimientos  

Durante los primeros cuatro meses, Jake se concentra en mantener su personaje, no destacar y no acercarse a la claque de nepo bebés.

No es difícil.

El programa de las primeras cuatro semanas de la USNA consiste en entrenamiento físico y ejercicios de construcción de confianza. El lunes, cuando empieza todo, les explican que este régimen de entrenamiento está diseñado para transformarles de civiles en guardiamarinas. Aunque sabía lo que pasaría y lleva entrenando más de un año, Jake se queja amargamente con Javier de que levantarse a las 5:30 am es tortura sancionada por el Departamento de Defensa.

Tanto correr, tirar de cuerdas, remar y gritar consignas deja poco tiempo para las preguntas personales. Callar es, por supuesto, más fácil que mentir. Así que Jake pronto gana fama de hombre de pocas palabras. Es uno de los cientos de novatos que no comenta las órdenes, no se queja de las demandas y, definitivamente, no conversa más de lo estrictamente necesario. Sabe que la gente confunde su silencio con competitividad y desconfianza, pero no le importa.

La claque de nepo bebés es fácil de distinguir y evitar. Siempre se juntan para comer y les agrupan para los ejercicios. Su rendimiento es sistemáticamente mediocre, pero los instructores no parecen muy interesados en ponerles presión.

-Es una casualidad, por supuesto -dice al tercer día Brig con tono cuidadosamente neutro mientras cenan.

-Por supuesto -asiente Jake mientras mira al extremo del comedor, donde los nepo bebés hacen un ruido de mil demonios.

Javier mira a Brig con curiosidad.

-¿No deberías estar con ellos?

-¿Yo? -el tono de Brig es de absoluto horror.

-Si, eres sobrino de Leonard “Wolf” Wolfe, técnicamente…

-Técnicamente él es una vergüenza. -y le da la versión PG- Mi tío dejó la Marina para dedicarse a los shows aéreos. Creéme, no me quieren allí, y a mí tampoco me interesa. -se mete un pedazo de pastel en la boca con fuerza.

Javier asiente y regresa a su comida. Tres días han bastado para que comprenda que la política interna de la Marina está tan marcada por los méritos como por la sangre. Además, los chismes…

-¡Por cierto! ¿Ya oyeron la nueva teoría sobre Mitchell Junior?

Jake bufa, está aburrido de las especulaciones sobre su paradero. Resulta ser que el club de fans de su padre estaba esperando su llegada a la USNA. Brig sonríe, al muy cabrón le parece graciosísimo, claro.

-No, cuenta, cuenta -pide sin terminar de tragar.

-Pues está en Wallace University, al frente del equipo de golf. Incluso hay evidencia -marca la palabra al levantar las manos y hacer un movimiento con sus dedos índice y medio como comillas-, una captura de pantalla de un post de facebook del equipo.

-¿Viste esa “evidencia”? -inquiere Brig.

-Pues si, me forzaron a verla. Es un rubio vestido con un ridículo chaleco a cuadros. La verdad, parece más un hijo del almirante Kazansky que del tal Mitchell.

Jake empieza a toser. Brig le da unas palmadas en la espalda mientras ríe.

-¿Podemos dejar el asunto? -dice al fin- No es más que otro nepo bebé. Personalmente, me alegro de que dejara su espacio para alguien que entró por sus propios méritos.

Javier asiente. Se ha dado cuenta de que su compañero de cuarto tiene algunos puntos sensibles, y uno de ellos son las familias militares. Sospecha que es una proyección del resentimiento hacia su padre ausente, pues su madre lo crió sin ayuda.  Igual no le interesa tanto el tema. Coincide con Jake es que se trata de un chisme ridículo. Donde quiera que esté, el chico tiene derecho a su privacidad.  

Como todo fuego que no recibe combustible, las especulaciones sobre el destino de Maverick II desaparecen para la segunda semana. Jake respira aliviado. Si hasta ahora ninguno de los nepo lo reconoció, ya no ocurrirá.

Después de las cuatro semanas de “aclimatamiento”, empiezan las clases. En ese sentido, USNA es como cualquier colegio: hay conferencias, tareas, trabajos de investigación, presentaciones orales. Al mismo tiempo, es diferente a cualquier otro colegio: las clases no sustituyen al entrenamiento físico, sino que se suman. El ritmo es brutal.

Para cuando llega noviembre, ya hay rumores de que algunas personas no regresarán del descanso de Acción de Gracias.

Es entonces que llega la primera prueba de su nueva identidad.

-¿A qué hora te vas mañana? -pregunta Javier casualmente mientras empaca una mochila mínima.

-A ninguna.

Javier se detiene y gira para mirarlo, extrañado.

-No tengo familia, Javi. -explica con calma Jake- Antes de venir para acá hice una venta de garage y cerré el contrato de mi apartamento en San Diego.

-Pero… -Javier tiene una familia grande y ruidosa. No se imagina ese tipo de soledad.

-Voy a estar bien. La escuela hará una cena temática el jueves y tengo mucho que leer del gran almirante Nimitz.

-Vale -dice al fin su compañero.

Con Brig la cosa no es tan fácil, claro.

-Ven conmigo. Te lo suplico.

-No.

-Jake, no puedes apartar a todo el mundo de tu vida solo porque estás enfadado con tu padre y…

-¡Cállate! -sisea el rubio y mira a los lados con miedo.

Están en un rincón de la biblioteca, pero no puede dejar nada al azar. Una sola palabra y todo su esfuerzo será en vano.  

-Por última vez. Acción de Gracias es una fiesta familiar. Tu y yo tenemos una relación cordial, pero no íntima. No es razonable que me invites. Además, la claque nepo sabe por qué Hollywood y Wolf dejaron la Marina. Si se enteran de que fui a tu casa, mi reputación, nuestra reputación, quedará destruida.

-Jake…

-Ni una palabra más, Brig.  

Son cuatro días extraños. Bancroft Hall está casi vacío, Jake no tiene mucho para ocuparse, así que por primera vez no puede escapar de la nostalgia. Acción de Gracias no es un día de fiesta para su familia. Como personas blancas, Carole, Kazansky y su padre crecieron celebrando la fecha sin preocupaciones. Para iná Sarah es diferente, porque ella es Sioux. Jake no tiene recuerdos de su vida antes de la mansión en University City, así que no sabe si en sus primeros años comió pavo y maíz.

Sus recuerdos de Acción de Gracias son muy diferentes a los que reflejan los medios y, comprende ahora, una clave de su identidad indígena. En segundo grado, él y su hermana se negaron a “disfrazarse de indios” para representar el supuesto evento de 1621. En cuarto grado, iná tuvo que ir a buscarlo a la escuela después de pelearse con un niño que le dijo “india malagradecida” a Sam. Tampoco hacían la cena tradicional, sino que viajan a la Reservación Barona, donde participan en un memorial por el Día Nacional de Luto Indígena. La única vez que faltaron fue en noviembre de 1997, cuando mamá Carole estaba en el hospital.

Si su padre o Ice estaban en San Diego, se les sumaban. Kazansky siempre parecía especialmente conmovido en esos días. Ahora se da cuenta de que tenía que ver con el hecho de celebrar su propia victoria, la seducción de Pete Mitchell.

Así que el 27 de noviembre de 2008, lejos de todo lo que conocía y obligado a fingir ser un blanco promedio de California, Jake se siente desnudo. Se encoge entre las sábanas y llora por lo que Tom “Iceman” Kazansky le ha quitado.

5 Normas

5.1 La política es cosa de los políticos

La victoria de Barack Obama pone de cabeza al mundo, así que la USNA también se sacude. Como compañero de cuarto de un latino afrodescendiente, Jake ve en primera fila el entusiasmo que la elección produce no solo en Javier, sino en casi todo el estudiantado “de color”. Al mismo tiempo, puede ver las miradas resentidas de quienes se sienten ofendidos por la audacia de Obama y sus seguidores.

La tensión aumenta significativamente después de Acción de Gracias. Pareciera que casi todo el mundo regresó de casa con opiniones más extremas y menos interés en escuchar. De nuevo está en una situación paradójica. Lo consideran una persona blanca, así que Javi es cauteloso en cómo expresa su alegría y nadie se ocupa de bajar la voz para hacer comentarios racistas cerca suyo. Eso termina el día que le pone el ojo morado a Paxon McCormick y terminan en el despacho del capitán Sam "Merlin" Wells.

-¿Entonces? ¿Cuál de los dos me dirá su cuento primero?

Jake aprieta los labios y mira al frente. Está relajado en su posición de espera con las manos a la espalda. Le duele la mandíbula, pero la respiración entrecortada del imbécil a su lado es pago suficiente.

-Este violó mi derecho a la libertad de expresión -afirma McCormick con su arrastre de palabras sureño.

-¿El guardiamarina Seresin? -le rectifica Merlín- No me diga. -y mira a Jake con curiosidad.

-Si señor. -afirma McCormick, que toma la expresión del capitán como apoyo- Yo estaba con unas amistades conversando cuando dije algo que no le gustó y me exigió que me callara. Le dije que tenía derecho a decir lo que quisiera. Me golpeó.

-¿Y qué fue lo que dijo usted, guardiamarina McCormick? -inquiere con voz suave el capitán.

-¿Lo que dije? -repite el estudiante sin poder ocultar su sorpresa- No, no lo recuerdo, señor. Algo de la última Indiana Jones y el personaje de Cate Blanchett.

Jake contiene las ganas de reír, observa la expresión cuidadosamente vacía de Merlín y comprende que este es su momento.

-El guardiamarina McCormick dijo que cuando Barack Obama tome el poder, las Irina Spalko se pasearán por nuestro país y el Departamento de Defensa no podrá hacer nada porque todos estaremos ocupados en cursos de inclusión y diversidad, señor. También dijo que este país no podía tener un presidente musulmán porque somos una nación cristiana, señor.

-¿Fue así, McCormick?

-Pues…

-Usted estudia en la USNA, McCormick, y mientras sea parte de nuestra comunidad, se comportará como corresponde. Somos una nación sin religión oficial, así que el señor Obama puede rezar a quien quiera. Eso no es asunto suyo, McCormick. Y ciertamente no lo descalifica para ocupar ningún puesto.

-Si señor.

-Respecto a los cursos de inclusión y diversidad, los estudios indican que quienes se oponen a eso suelen usar argumentos racistas y sexistas. ¿Es usted un racista, McCormick?

-¡No señor!

-¿Es usted un machista McCormick?

-¡No señor! -grita el pelirrojo.

-Me alegro. Porque esas actitudes son contrarias al espíritu de la Marina. Es evidente que todo esto fue un malentendido. Usted viene de una excelente familia sureña. Alabama, ¿no?

-Si, señor. Mi familia produce algodón desde el siglo XIX. Pilares de la comunidad.

-Bien, entonces se sentirá como en casa ayudando al Coro de Gospel por lo que le queda de año.

-¿Señor? -inquiere Paxon desorientado.

-Yo no creo en cursos de inclusión, McCormick. -explica Wells con una sonrisa de tiburón- Creo en la práctica. Como usted aún no se entera de que hay nada de bueno en presumir ser descendiente de propietarios de esclavos y habla tanto de los buenos viejos tiempos de la Confederación. Si, me enteré de eso. Pasará tiempo escuchando la música creada por la buena gente que gente como su familia esclavizó. ¡Vaya a reportarse con el señor Scott!

-¡Si señor!

Paxton huye. Jake y Merlín se quedan solos. El capitán se asegura de que la puerta esté cerrada y se vuelve hacia el joven con una sonrisa divertida.

-Habías tardado en aparecer por aquí -comenta en lo que camina hacia su mesa.

Wells no va a su silla giratoria, sino que se sienta encima de la mesa y cruza los brazos sobre el pecho.

-Siéntate, Jake.

-Capitán Wells…

-Vamos, corta el teatro, estamos solos.

El joven lo piensa un poco y decide que no vale la pena negarse. Se deja caer en una de las sillas frente a la mesa del capitán. Inmediatamente, Merlín se inclina para examinarle la cara. Cuando las yemas de sus dedos le rozan la mandíbula, Jake no puede contener un gemido.

-Tendrás un lindo morado mañana.

Se encoge de hombros.

-Con tal de que dejara de vomitar su mierda racista. Además, a partir de ahora no lo dirán donde pueda escucharles. Lo cuento como una victoria.

-Muy estratégico. -asiente el capitán- Por lo demás, ¿te gusta la USNA?

-Si -responde sin dudar, no hay razón para mentir sobre eso- La clase de historia naval es divertida.

Merlín alza una ceja, burlón.

-¿Divertida? Si tu lo dices. ¿Cómo te trata el frío? En California nunca baja tanto.

-Nos dicen eso todo el tiempo a quienes llegamos del Pacífico, pero Maryland todavía tiene que impresionarme. Sin nieve no se vale.  

Merlín sonríe, divertido.

-¿Elegiste ya tu licenciatura?

-Todavía. Estoy dudoso entre Ingeniería Mecánica y Ciencias Políticas.

-¡Ah! La curiosidad por saber cómo funcionan los aviones y cómo funciona el mundo, ¿no?

-Si -Jake se sorprende por la claridad con que lo desglosa su tío- Eso es.

-Bueno, puede que yo sea una parte parcial, pero… Puedes estudiar ingeniería ahora, para que sepas cómo funciona tu avión. Si luego quieres seguir subiendo la escalera del poder, te inscribes en la Escuela Naval de Posgrado. Igual, te recomiendo que aproveches y saques una especialidad en idiomas. -cambia de idioma sin pausar- ¿Cómo está tu lakota?

Jake abre los ojos, sorprendido. Tarda un poco en componer la respuesta en su mente.

-¿Desde cuándo…?

Los ojos azules de Merlín brillan pícaros.

-Sarah nos ha influido más de lo que ella misma sabe.

-Si, iná es una fuerza de la naturaleza.

-Hay otros hablantes de lakota en la USNA, ¿sabes? Puedes practicar.

-No se si…
-duda en usar las palabras- No sé si se sientan cómodos con un blanco.

Merlin se ríe, como si Jake hubiera dicho algo increíblemente inocente.

-Jake, ¿no tienes idea de lo que significa el apellido Seresin? -al ver la expresión desconcertada del chico, el capitán lo mira inquieto- Pero si sabes quién es Ray Seresin, ¿verdad? -ante el asentimiento del joven, algo de la tensión de su rostro desaparece y le da una palmada amigable en el hombro- No quiero saber cómo Pete se las arregló para emparentar con Ray Seresin, pero Maverick siempre ha sido… Si alguno de nosotros se cruzaría con la realeza, tenía que ser él.

¿Realeza? Un nuevo detalle del rompecabezas. Pero Jake no tiene tiempo para pensar sobre eso, el tono de Merlín le indica que su conversación está por concluir.

-Debo recordarle, guardiamarina Seresin, que los desacuerdos políticos no tienen cabida en la USNA. La política es cosa de Washington, nos corresponde implementarla, nada más. No decore el rostro de ningún otro estudiante nostálgico. ¿He sido claro?

-Si, señor.

-Bien -Wells se levanta, Jake lo imita- Aquí en USNA no tenemos preferencias por nadie, y ciertamente usted ha cometido una infracción, Seresin. Estaría muy decepcionado si se imaginó que saldría de esta con una palmada en la mano. Repórtese a la profesora Christy Stanlake, será su ayudante por lo que queda de año. A ver si la inmersión en la cultura de las Primeras Naciones le baja un poco los humos.

Jake abre mucho los ojos, sorprendido. ¿Le acaba de dar el tío Merlin una coartada para que se reúna con el resto del estudiantado indígena de la USNA?

-¿Qué me está mirando, Seresin? ¿Algo de su castigo no quedó claro? -el contraste entre la mirada jovial y la voz impaciente de Merlín no podría ser más extremo.

-No, señor. -se obliga a decir en tono humilde- Todo claro, señor. Permiso para retirarme, señor.

-Largo.

5.2 No tener ataduras innecesarias

En diciembre, Jake le comenta casualmente a Javier que tomará español como opcional en el periodo de primavera. Su compañero de cuarto suelta un gritico de triunfo y chocan puños.

Cuando se marcha para la pausa de fin de año, Javier le da un abrazo largo, intenso. Mientras regresa a su habitación por los desolados corredores de Bancroft Hall, piensa en lo que ha surgido entre ellos.

Es la primera vez que hace una amigo por su cuenta, sin la influencia o ayuda de Brad, Sam o Sean. Sin las -debe admitir- magnéticas personalidades de Sarah, Ice o su padre para hacerlo lucir atractivo. Javier y él se encontraron por azar, y podían no haber tenido nada en común. Tiembla de pensar en la perspectiva de pasar cuatro años compartiendo habitación con un McCormick o un Benjamin. Pero no, le asignaron a este tipo simpático, ocurrente, discreto y fiel.

Jake está seguro de que una de las razones por las que Javier no insiste en indagar sobre su vida en San Diego es su propio origen. Una familia latina negra de Texas sabe muy bien que los silencios pueden salvar vidas. Igual, nada es perfecto. No puede bajar la guardia porque viene de la jodida Fredericksburg. ¿Quién lo habría imaginado?

Todavía se eriza al evocar la rabia y el miedo que le produjo Chad Abbot el día que enterraron a su madre. “No es tu hermano. Viene conmigo a Texas y nunca volverás a verlo.” Recuerda cómo Kazansky lo consoló, le llamó čhiŋkší (hijo), se llamó a sí mismo até (padre). Sus dedos acariciándole el cráneo con la fuerza exacta para hacer que la tensión dejara su cuerpo y el llanto cesara. Sacude la cabeza. No puede permitirse pensar en Kazansky y sus mentiras.

En cambio, debe sopesar los pros y contras de visitar a la familia Machado en el verano. Está seguro de que Javier insistirá. Sería útil trabajar en Texas por un par de semanas, hacer algo diferente. El clima no será como el de California, pero ya que no puede regresar a casa…

Al llegar a su habitación, se encuentra a Brig junto a la puerta. Está apoyado en la pared , con los brazos cruzados sobre el pecho.

-¿Tú qué haces aquí?

-Mis tíos decidieron ir hasta el fondo con lo del nido vacío y pasarán el fin de año en un crucero por el Caribe. Me mandaron los regalos de fin de año por correo y llamarán el 31 de diciembre. ¿Puedo quedarme contigo?

Su voz es calmada, pero lo mira con ansias, como si temiera el rechazo de Jake.

El montaje para que pase las navidades acompañado es transparente, pero se da cuenta de que Brig quiere esto. El rubio se encoge de hombros y abre la puerta.

-Ven, entonces. No creo que a Javi le importe que duermas en su cama estos días.

Pasan tres semanas excelentes. La USNA ofrece cenas especiales el 24 y 31 de diciembre, para el puñado de estudiantes y docentes que se quedan, pero ellos prefieren salir a explorar Annapolis. Se pierden en los mercados de artesanos locales, prueban comida exótica. La nieve por fin llega el 27 de diciembre. Brig despeja la mesa que está frente a la ventana y la cubre con cojines y mantas. Se tienden a mirar la tormenta, Jake frente al cristal, Brig a su espalda, con un brazo por encima de su pecho. Esto es la paz, piensa vagamente: la respiración acompasada de una persona querida a tus espaldas, los remolinos de viento que sugieren figuras fantásticas al otro lado de la ventana, chocolate caliente en un termo al alcance de las manos. La rabia contra su padre y Kazansky, su misión para encontrar a Rachel Seresin, todo parece lejano y ridículo.

-Podría vivir así -murmura.

Siente que su compañero contiene la respiración y la sensación fugitiva de unos dedos sobre su cabello.

-¿Así? -pregunta Brig al fin.

-Si. La gente siempre habla de enamorarse, de tener sexo. -hace un ruido asqueado- No lo entiendo. Me siento perfectamente satisfecho con que me abraces sin ninguna otra razón que darme calor. ¿Tú no?

Jake está tan feliz que no repara en cuánto demora en llegar la respuesta, ni en lo temblor leve de la voz de Brig cuando por fin dice.

-Si, claro. Perfectamente satisfecho.

Jake sonríe y palmea la mano que se apoya sobre su pecho.

-Lo sabía. Eres un gran amigo. -suspira- Estaba equivocado cuando intenté dejarte atrás. Gracias por no dejarme solo.

A sus espaldas, Brig se muerde los labios y hace acopio de toda su fuerza de voluntad para no llorar. ¿Esto es todo lo que tendrá por el resto de su vida? Sus padres le dijeron que todavía es joven, que conocerá a otras personas, pero… ¿En qué tiempo conocerá a alguien si su vida está llena con Jake? Se obliga a repetir la mentira que le permite quedarse junto a este hombre maravilloso.

-Claro que soy tu amigo, Jake. Nunca lo dudes.  

El sábado 3 de enero, Brig recoge sus cosas y limpia cuidadosamente antes de regresar a su propia habitación.

El resto del curso transcurre sin demasiados sobresaltos. Después de pensar un poco en el consejo del tío Merlín, Jake decide que sacará una licenciatura en Ingeniería Mecánica y especialidad en Lengua y Culturas Españolas. Es lo suficientemente maduro en términos emocionales para darse cuenta de que su decisión no se debe sólo a consideraciones profesionales. La Ingeniería Mecánica lo mantiene cerca de Brig, estudiar español estrechará sus lazos con Javier. Por supuesto que no le dice eso a ninguno de los dos.

A Brig no se lo dice porque no es necesario. Durante este año en la USNA su relación se ha transformado. Hubo dos puntos de inflexión. Después de la pelea con McCormick, Brig empezó a acompañarlo a todas partes como un guardaespaldas. Solo lo dejaba si Javier estaba a la vista.

-Le clava los ojos a cualquiera que te mira mucho. -le comentó su compañero de cuarto una noche de enero, entre atemorizado y divertido- Es una mirada fría, calculadora, como si estuviera analizando las mejores formas de matarte. Como se sabe que es un nepo desde que Merlín lo saludó en el comedor, temen que pueda hacer que expulsen a quien te moleste.

Jake no sabe cómo sentirse como destinatario de algo tan fiero. No tiene idea de cómo luce esa mirada cruel que le atribuyen a Brig. Él solo conoce la mirada dulce y sonrisa tímida que le dedica desde que se conocieron el 4 de julio de 2001. Están en 2009, Jake ya no es pequeño, pero Lennox ha crecido mucho con el entrenamiento brutal de la USNA. Después pasaron las semanas de navidad juntos, Jake se dio cuenta de que no hay nada comparable a estar envuelto en esos brazos anchos y sentir el aliento cálido de Brig en la nuca. Desde ese día en que vieron la nieve caer acurrucados junto a la ventana, apenas necesitan palabras para entenderse.

En sus sueños, a menudo los imagina en variaciones de esa jornada. Puede ver la escena desde fuera de su cuerpo, como una foto o la escena de un filme casero. A veces están mirando la lluvia, otras la TV. Brig nunca mira la ventana o la pantalla, sino que sus ojos grandes y afectuosos se enfocan en Jake. Cada vez que despierta con el fantasma de los fuertes brazos de Brig alrededor de su torso, siente un gran alivio. Son sueños totalmente platónicos. Jamás sueña que se besan, se acarician o ¡horror de horrores! se desnudan. Lo que siente por su amigo de la infancia no es amor, así que él no es gay.

Javier y Brigham son sus amigos, y eso es suficiente. No es capaz de confiar en más de tres personas al mismo tiempo. Bradley, Brigham y Javier son suficientes. No necesita más.

Tres opciones para que un joven sin familia propia busque refugio.

Por ejemplo, su amistad con Brig explicará que vaya a Valle Moapa como empleado temporal de Fyrosity Vegas Skytravel, la empresa de Hollywood y Wolf. Ya Brig le advirtió que no aceptará una negativa para el verano y Jake reconoce, a su pesar, que necesita un descanso, ir a un sitio donde pueda dejar de lado el personaje de Seresin.

Para cuando termina su primer año en la USNA, Jake tiene un GPA de 3.5, una reputación de hombre de pocas palabras y puño poderoso.

6 Operaciones

6.1 Establecer credenciales de heterosexualidad

Durante su segundo año en la USNA, Jake está obligado a poner en pausa sus estudios de español porque los cursos de ingeniería ocupan los dos espacios de clases opcionales. Para no perder la práctica, se acostumbra a hablar en español con Javier. Que varios racistas conocidos se pongan rabiosos al escucharles es un bonus en su libro. Lo que no nota son las miradas interesadas de varias estudiantes.

-Encuentran tu acento sexi -le explica Brig con voz neutra un día de septiembre mientras almuerzan.

Jake lo mira con atención. Ese es el tono que usa su amigo cuando habla de algo que le fastidia, pero cree que es inapropiado admitirlo.

-¿Sexi? -pestañea confuso y baja la voz- ¿Cómo en “quiero ser tu novia”?

Javier hace una mueca.

-Mijo, lo haces sonar como enamoramiento de primaria. Y ellas no son de primaria.

Javier hace un movimiento sútil con la mandíbula y Jake mira en esa dirección discretamente. Si, un grupo de mujeres los mira con atención y una expresión de ¿hambre? Son atractivas, en ese modo específico de belleza musculosa y fiera característica de la población femenina de la USNA. Traga en seco y regresa a su comida.

Esto es un problema.

Jake sabe que una de sus verdaderas, y al parecer irremediables, limitaciones es el romance. Su terapeuta nunca pudo decirle si nació así o si es otra secuela de su traumática infancia, pero no logra imaginarse dentro de una relación de pareja. Esa mirada con la que su padre mira a Rachel en la foto de la pradera. Los gestos de intimidad casual entre Kazansky y Sarah. Las risas compartidas entre Hollywood y Wolf. La fuerza con que su padre y Kazansky entrelazaron sus dedos en aquella noche horrenda. Puede reconocer los patrones, pero sabe que no está cableado de ese modo. Como le dijo a Brig, acurrucarse con un amigo es todo lo que necesita.

Esto es un problema.

Se supone que la adolescencia es un período de líbido desaforado. Incluso en la USNA, con su ritmo de entrenamiento físico y clases, los romances empiezan a florecer a partir de segundo año. Su familia esperaba que rompiera muchos corazones aquí. Jake sabe que si no cumple con esas expectativas, le colgarán la etiqueta de gay. Eso matará su carrera aún antes de empezar.

Pasa un par de días dando vueltas al asunto. Ahora que sabe qué buscar, nota a las mujeres interesadas. Cómo lo siguen cuando creen que él no mira. Irónicamente, no las reconoce por sí mismas, sino porque Brig se pone tenso en cuanto aparecen. ¿Está celoso?

Con amargura, Jake también descubre un círculo de espectadores que apuestan porque falle. McCormick, que no solo es racista y mediocre, sino también rencoroso, está a la espera. Él o uno de sus acólitos siempre andan cerca, atentos a las interacciones de Jake con Javier, Brig y sus admiradoras. Son como tiburones patrullando el mar a la espera de un rastro de sangre.

Jake se da cuenta de que no podrá escapar de esto. En los códigos de la sexualidad militar, el desinterés es tan inaceptable como la homosexualidad. Si no “hace una movida” con una de ellas pronto, McCormick tendrá lo que necesita para destruirlo y… No se trata de darle en la cabeza a Kazansky o cumplir las condiciones para descubrir la identidad de Rachel. Se trata de él mismo, volar no es lo que quiere hacer, volar es lo que quiere ser.  

Con el corazón en un puño saca del fondo de su maleta el manual sobre sexo no penetrativo que le regaló Bradley cuando cumplió quince. Era una broma, por supuesto. Ahora su hermano mayor salvará su carrera. Lo pone en la mesa de estudio cinco días después de darse cuenta del “problema femenino”, aprovechando que Javier tiene práctica de coro.

Brig mira la cubierta y se queda muy tieso. Aprieta los labios hasta reducirlos a una línea fina. De repente exuda rabia y dolor.

-No me gusta ninguna de ellas, lo sabes. -anuncia sin rodeos, porque está seguro de que su amigo entiende lo que está pasando tan bien como él.

-Lo se -admite Brig entre dientes.

-Entonces sabes que tengo que hacerlo. Voy a leer el manual y tú vas a elegir a una. No me importa tu criterio. Solo dime dónde apuntar y haré el resto.

Brig exhala muy despacio. Supo que algo como esto pasaría desde que notó las miradas que repasaban a Jake como si fuera un pedazo de carne durante el curso de verano. Se aferra a lo positivo: Jake no lo ha traicionado, no fue a sus espaldas a intentar una relación que ambos saben está destinada al fracaso. Al incluirlo en la charada, demuestra que pone su relación por delante.

Brig sabe que Jake no lo ama, al menos en el sentido tradicional del término. Sin embargo, su relación es intensa y profunda, llena de intimidad y silencios cargados de significado. Honestamente, Brig olvida la mayor parte del tiempo que no son novios. Puede ocuparse de sus necesidades físicas en su propia habitación, sin molestarlo. No importa. Hoy, la vida le recuerda que, aunque no tienen una relación física, están sometidos a los mismos prejuicios que cualquier otra pareja queer en la comunidad militar.

-¿Cuánto tiempo quieres que dure? -pregunta mientras empieza a repasar mentalmente lo que sabe de las tres estudiantes claramente interesadas en Jake.

El rubio responde con una sonrisa cruel.

-He oído decir que solo los peores hombres te dejan colgada entre el 10 y el 13 de febrero.

Una semana después, Jake le pregunta a Victoria Nelson si pueden almorzar juntos. Brig eligió a Victoria porque su educación sentimental está basada en filmes de Disney y novelas de Robyn Carr, así que la debilidad por el romance y los hombres un poco bruscos está garantizada. Para ella, Jake Seresin, de San Diego California, es el cuerpo perfecto donde proyectar sus fantasías con la serie Virgin River. Es una de las claves para su enamoramiento. También es importante que Victoria sea blanca (no quieren poner a Javier entre dos fuegos cuando Jake la deje colgada), y la única de las tres interesadas sin familia militar. Con un almirante persiguiendo a la familia Mitchell por el honor manchado de su hija es suficiente.

Jake sigue los pasos del cortejo con el cuidado que pone en el resto de sus proyectos escolares. Es atento, pero no servil. Gracioso sin ser estridente. Cariñoso, pero no pegajoso. Actúa, en resumen, como un hombre sofisticado que respeta a las mujeres, pero que se mira en el espejo y comprende su poder. Es consciente de que no hace esto solo para Victoria y sus amigas. Mucha gente en la USNA contiene la respiración mientras Seresin corteja a su primera novia. Hay muchas miradas. Las envidiosas de quienes deseaban a Victoria o a él. Las rabiosas de McCormick y sus acólitos, que ya estaba comentando su extraño desinterés por las mujeres. Las curiosas de Merlín, que debe estar contándole todo al escuadrón del 86 -partida de viejos chismosos-.

Javier, al que mantienen ignorante del montaje, sirve de apoyo perfecto. Primero queda sorprendido y luego se pone un poco celoso por la presencia de la intrusa en su, hasta ahora, perfecta vida de machos.

-¿Creí que eras gay? ¿Que tenías algo estable y discreto con Brig? -le espeta cuando regresa de su primera cita con Victoria.

Jake se siente feliz de que su amigo fuera tan discreto todo este tiempo. Por suerte puede responder honestamente.

-No soy gay, Javi. -se encoge de hombros- Simplemente estaba muy ocupado con las clases y procesando -hace un gesto vago hacia el retrato de su madre en la mesa- tu sabes, perderlo todo.

Javier dice “Oh” con gesto contrito, como siempre que la condición de huérfano de Jake sale a flote. Jake aprovecha para meterse en el baño. Desde que besó a Victoria en los labios siente un deseo intenso de lavarse los dientes.

Brig también hace su papel: se pone torpe en presencia de Victoria y le dedica miradas desconfiadas. No “cede” hasta que ella lo acorrala para una conversación tete-a-tete sobre sus sentimientos por Jake y cómo no están compitiendo. Ella entiende que son amigos de infancia, pero Jake es un hombre ahora y tiene “nuevos intereses”. El gruñido que suelta es interpretado como asentimiento renuente -en realidad es de burla.

Para cuando llega Halloween, a nadie le sorprende que se pongan disfraces coordinados.

-No sé si aguante hasta febrero -admite Jake el lunes de la semana de Acción de Gracias.

Están en un aula vacía, casi a la hora de irse a dormir. Es una suerte que su novia estudie Historia y sus cursos electivos sean radicalmente distintos. Hoy ella está terminando un proyecto con su grupo y él puede descansar. Brig lo estrecha contra su pecho y Jake aspira con fuerza su olor a acero y azúcar. Estar entre los brazos de su amigo es tranquilizador.

No es un problema de personalidades, Victoria es amable, aunque un poco tradicional en sus ideas sobre las relaciones entre los géneros. Simplemente, Jake no puede lidiar con el nivel de contacto físico que demandan las relaciones de pareja convencionales. Besarse al saludarse. Besarse al despedirse. Besarse si uno de los dos hace o logra algo significativo.  ¿Para qué tantos besos? Ese intercambio constante de saliva solo le hace pensar en los peligros de una flora bacteriana ajena. Ahora lleva siempre consigo un cepillo de dientes y pasta dental. Se lava la boca seis, siete veces al día.

Las primeras dos semanas solo fue eso, pero para mediados de octubre ella empezó a arrastrarlo  a su habitación por lo menos dos veces a la semana para manosearse.

Jake no podía esperar para regresar a su cuarto y quitarse esas ropas.  

Después de Halloween aquello escaló y Victoria empezó a quitarse la parte superior de sus ropas.

Jake le siguió el juego. Halagó sus bellos ajustadores de encaje y puso sus manos sobre los pechos pequeños, duros por el régimen de ejercicios de la USNA. De acuerdo a sus lecturas, los masajes debían concentrarse en la parte central de los senos, poniendo especial atención a los pezones. El endurecimiento paulatino indicaría el avance en la excitación sexual de la persona.  Mientras seguía las indicaciones con una sonrisa incómoda, que Victoria creyó tímida, Jake se preguntaba por qué coño ninguna fuente daba una medida exacta para terminar el ejercicio. ¿Cuántos minutos? ¿Cuántos gemidos? ¿Qué grado de variación en el tono de la piel? ¡Algo!

Durante noviembre las sesiones de manoseos no han aumentado en frecuencia -gracias, alto estándar académico de la USNA-, pero sí en intensidad.

En la última semana Victoria empezó a sonreír -de acuerdo a los ejemplos audiovisuales, son sonrisas seductoras- al tiempo que llevaba las manos de su novio a su entrepierna. Jake se concentra en aplicar las instrucciones de su manual y hacerla llegar al orgasmo lo más rápido posible. Luego, cuando Victoria está toda relajada y somnolienta en su cama, él se comporta como un caballero y la deja tranquila.

Esas noches, casi corre a su cuarto y se lava las manos hasta que la piel se le pone roja. Javier cree que se está masturbando. Jake sabe que no puede desengañarlo.

¿Se supone que esto es un premio? ¿Cómo es un premio ensuciarse las manos de secreciones vaginales y restos de orina o heces fecales? ¿De verdad hay gente que pone sus labios ahí?

No podrá, sabe que no podrá contener el vómito si ella le pide semejante cosa.

Lo peor es que no parece que ella sea una ninfómana. O sea, nadie comenta que pasen demasiado tiempo a solas. Tampoco ha notado patrones de comportamiento adictivo. Pero si esto es lo normal, entonces, definitivamente, él no es normal.

Jake no quiere ser normal. Solo quiere estar a salvo en los brazos de Brig.

Ahora mismo, esas manos grandes y callosas se mueven arriba y abajo por su espalda mientras Brig los mueve en oscilaciones cortas, lentas. Es como si siguieran una música que solo Lennox puede oír, pero es perfecta.

-No va a pasar de ahí, te lo prometo. Solo mantente firme con el cuento de que hiciste un voto de pureza sexual hasta el matrimonio. Todo el mundo sabe que si hiciste ese voto, solo puedes llegar a segunda base.

Jake gruñe. No está muy seguro de que meter los dedos entre los labios vaginales de alguien no constituya tercera base, pero…

-Sus amigas creen que es adorable. -empieza a hablar en un tono agudo, impostado- ¡Oh! Eso es tan hermoso Jake. Oí que Miley Cyrus usa un anillo de castidad. Yo vi la foto de los Hermanos Jonas con anillos de promesa ¡Eres tan afortunada Vicky! Tu Jake se parece a Nick Jonas.

Brig suelta una carcajada.

-Eso, ríete de mi desgracia. Estoy atrapado en un episodio de Hannah Montana por culpa de Paxton McCormick. Me las va a pagar, te lo juro.

-Eso será después. Ahora solo debes concentrarte en pasar noviembre y diciembre. Mira, en enero tomaremos “Ética y razonamiento moral”. Podrías decirle que esas lecturas te hicieron comprender que lo que tienen no es suficiente y etc.

-¡No! Si hago eso quedo como un tipo bueno. Lo que necesito es dejarla colgada del modo más desconsiderado y cruel, para que me dejen tranquilo por lo menos hasta el próximo curso.

Brig suspira, derrotado.

-Vale. -mira su reloj- Casi es la hora de dormir.

Se  van a sus habitaciones por caminos separados.

Por suerte, la relación entre Jake y Victoria no está en el nivel de llevarlo a ver a la familia durante las fiestas. Así que ese miércoles él le da un besito -yikes- y la despide mientras ella se va manejando a Vermont. Tiene cuatro días libres y luego solo tendrá que soportarla tres semanas más hasta las vacaciones de Navidad.

No está muy seguro de cómo soportará las primeras cinco semanas del semestre de primavera. ¿Unirse a un círculo de estudio en alguna de sus clases electivas? ¿Sumarse a un club? ¿Hacerse tutor? ¡Ah! ¿Alguna vez alguien deseó más la llegada de San Valentín? Lo duda.

Jake no lo sabe, pero la excusa perfecta para dejar colgada a Victoria Nelson viene en camino. Debemos tener cuidado con lo que deseamos.

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