30 de diciembre de 2023

RAICES 9

Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html


-------------------------------------

Capítulo 9: Días de trueno

Sumario:
El escuadrón especial seleccionado entre los mejores expedientes de la última década de Top Gun se conoce y descubre que no son “lo mejor de lo mejor” después de todo. Hay una pieza de museo llamada Maverick que les desinfla el ego.


University City, martes 22 de octubre de 2019

Pete abre la puerta de su casa casi a las seis de la tarde. A sus espaldas, escucha alejarse el auto de Hondo. Avanza lentamente por el recibidor mientras aprieta los labios para no dejar escapar gemidos. Le duele todo el cuerpo, pero la satisfacción de haber salvado el proyecto Darkstar y joder a Cain hace que se sienta como un intercambio justo. Ahora solo tiene que llegar a su cama y…

-¿Dónde crees que vas?

Maverick se queda congelado a mitad del corredor. Gira lentamente para enfrentar a su esposa. Sarah tiene los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido. Sus labios apretados y ojos entrecerrados son el dibujo perfecto de enfado y frustración.

-Esteee -dice haciendo gala de su elocuencia. 

-Tenemos una regla estricta sobre zapatos dentro de la casa, Señor Mitchell. -oh, definitivamente está en problemas si lo llama por su apellido- ¿No te vas a descalzar? 

Él la mira con sorpresa. Ella aprieta los labios en gesto de desaprobación, como retándolo a mentirle. Duda unos segundos sobre si buscar una excusa, pero decide rendirse. Hay batallas que, simplemente, no puedes ganar.

-Si, vale, lo admito. No puedo doblarme para quitarme las botas. Me duele todo porque tuve que hacer una eyección de emergencia a una velocidad que no puedo negar ni confirmar me pone en la liga de Ethan Hunt. Por favor, Sarah, no me regañes, tenía buenas razones para hacerlo.

-Si, claro -repone ella sarcástica- Siempre encuentras buenas razones para ir más alto, más rápido y más lejos. No me puedes dejar viuda, Pete. ¡Te lo tengo prohibido!

-Y no quiero dejarte viuda, pero había… razones.

Pete suspira, derrotado. Esta es la parte que no le gusta del trabajo como piloto de prueba en proyectos experimentales. No puede decirle mucho a su esposa, ni siquiera a Ice. Por eso se ha estado quedando en el hangar estas últimas semanas. Al menos pueden hablar de las diferencias entre San Diego y el desierto, de cómo avanza la reconstrucción del P-51.

Ella resopla.

-Razones… -sacude la cabeza, mira hacia la pared y pregunta en tono resignado- ¿Mañana tendrás otra razón similar?

-No -la rapidez de su respuesta hace que ella lo mire asombrada- El proyecto terminó hoy. Logré la prueba de concepto. He sido reasignado.

Sarah pestañea confundida, el miedo se abre paso en sus ojos. Deja de lado su desaprobación y cruza el espacio entre ambos. No lo abraza, sabe que los hombros y el torso de Pete están especialmente sensibles después de una eyección, pero sí le pone una mano en la mejilla.

-¿Tan pronto? No quiero… No quiero que te vayas de nuevo.

Él inclina la cabeza para disfrutar de su caricia. La poca fuerza que reunió durante el viaje se le está acabando y necesita una nueva dosis de analgésicos.

-Vamos arriba, ¿si? Te contaré todo lo que pueda, pero necesito meterme en la bañera.

Ella asiente.

Más tarde, después de remojarse en agua tibia, dejarse untar linimento en las marcas que dejó el arnés del paracaídas, comer un caldo, y tomar más sedantes, se acurrucan en la cama.

-Viene algo grande -dice de pronto Sarah mirando al techo.

-¿Um? -Pete estaba medio amodorrado, pero el tono serio y un poco temeroso de ella lo pone en alerta.

-La semana pasada Ice estuvo aquí medio día, ¿recuerdas?

-Si, claro -y no logra ocultar la frustración que le trae el recuerdo.

Ice asumió como comandante de la Flota del Pacífico en mayo pasado. El cargo va acompañado de una residencia oficial, ¡en Honolulu! Aunque vuela cada vez que puede a San Diego, es difícil coordinar tres horarios que no tienen nada en común: COMPACFLT, profesora y comadrona, piloto de prueba en un proyecto clasificado. Así las cosas, llevan casi seis meses sin coincidir los tres. Tom hizo escala en San Diego el pasado martes mientras regresaba de DC a Honolulu, pero Mav tenía una simulación digital completa del vuelo. No podía salir del taller de Skunk Works.  Al menos se filmaron mientras hacían el amor. Vio el video el domingo cuando bajó a “tomar café” con ella.

-No me dijiste que pasara nada de particular.

Ella se muerde el labio inferior y lo mira con algo de miedo, quiere usar las palabras correctas para explicarle su inquietud sin llenarlo de pánico.

-Estaba tenso. No es extraño, lo sé. Ser COMPACFLT lo pone al frente de mucha mierda clasificada que no quiero ni imaginar, pero esta vez era diferente. Lo que sea que discutieron en la Casa Blanca lo afectó más de lo habitual. Cuando salí del baño, había sacado la foto de Jake de la gaveta y la acarició con el dedo. Su mirada no era la de añoranza habitual, parecía más bien esperanzado y temeroso.

Pete ya está completamente despierto. Deja escapar un quejido mientras se levanta despacio para sentarse contra el cabecero de la cama.

-¿Dices que Ice tenía miedo por Jake?

-Ujum. También dijo algo… en ese momento pensé que era uno de sus sarcasmos, pero ahora… Dijo que planear reuniones familiares era un lío tremendo en esta familia. Que solo la Casa Blanca podría lograrlo.

Pete contiene el aliento, porque ahora él también puede ver las señales: las órdenes para que se reportara en Miramar lo estaban esperando, esa parte no fue idea de Cain. Bradley ha sido llamado de regreso a mitad de sus vacaciones, llegará mañana a San Diego desde Perla Blanca. Brig apareció hoy en Valle Moapa de la nada. Si Ice está preocupado por Jake, es porque su segundo hijo también estará en ese llamado. No que pudiera ser de otra manera, desde el “Incidente de Mika” Harvard y Hangman son inseparables. ¿Qué tienen en común los tres? Top Gun. Específicamente, están entre los diez pilotos con mejores puntajes de la última década. ¡Uh! Deben dar gracias que Sean esté a mitad de su entrenamiento en Fallon. O habrían convocado a su pequeño también.

Se inclina para besar a Sarah en la cabeza. Ella exhala aire muy despacio y lo mira con ojos ansiosos.

-¿Crees que ya es tiempo?

Ambos saben a qué se refiere. Llevan once años confiando en el mensaje que Jake le envió a Pete antes de cortar con la familia “Hay algo que debo hacer antes de regresar.” Ice estaba tan furioso cuando se vieron en noviembre del 2008 que mandó a Sean con unos amigos, llamó a su hermano a la reserva (al diablo la cautela, se trata de su hijo) y gritó hasta quedarse ronco exigiendo los términos de la profecía. Ray Seresin no cedió.

-Jake hizo una pregunta -repitió el hombre con tono cansado-, sabes cómo funciona Tom. La respuesta era solo para él. El modo en que decidió seguir adelante es su responsabilidad.

-Es un niño, Ray. No puede…

Su hermano no lo dejó terminar la frase.

-¿Qué edad tenías tú cuando te fuiste de casa? ¿Qué edad tenía yo cuando me quedé solo, Tom?

Tom no dijo nada. Si, tenían diecisiete años cuando se separaron. Él logró asumir su nueva identidad y entrar a la USNA. Ray regresó a la tortura del coronel Levoi y sus exigencias. Eran un par de chiquillos desesperados que tomaron las decisiones más importantes de sus vidas a los diecisiete años, igual que su hijo ahora. Ice se encogió como si se le hubiera vaciado el cuerpo de repente. Se abrazó a sí mismo y dejó escapar un sollozo estrangulado. Pete le puso una mano en el hombro. Tom levantó la cara y lo miró con expresión derrotada. Cerró los ojos. Suspiró. 

-Al menos dime si regresará. -rogó y miró al teléfono como si pudiera transmitirle toda su angustia al hombre a cientos de kilómetros de distancia- No me hagas vivir con esa incertidumbre, Ray. Si lo he perdido, sólo dímelo. Aceptaré lo que digas. -aspiró profundamente- Juro que no trataré de cambiar nada. Solo dame el derecho a guardar luto si he perdido a mi hijo.

Hubo un largo silencio al otro lado de la línea. Podían sentir la respiración trabajosa de Ray, como si luchara contra sí mismo.

-¿Estás solo?

Pete perdió la poca calma que tenía.

-¡Por supuesto que no está solo! ¿Qué clase de monstruo crees que soy?

Un libro salió disparado del estante hacia su cabeza. 

-No me provoques Mitchell. ¿Sarah?

Ella se irguió en la silla donde había contemplado cómo su esposo se estrellaba contra la voluntad de Ray como una ola contra un malecón recién construido.

-Claro que estoy aquí. Es mi hijo también, ¿no?

Hubo otra pausa. Pete había visto a Ray profetizar durante su estancia en la reserva. También estuvo esa llamada en que le dijo que debía aceptar la propuesta de matrimonio de Carole. Nunca hasta ahora pensó en los términos del contrato, ¿qué pasa si te niegas a seguir el consejo? ¿Qué pasa si, como ahora, alguien exige la profecía que fue dada en confianza y secreto a otra persona? A los ojos de quién, o qué, le da ese poder a Ray, ¿es legítimo el reclamo que hacen?

-Volverá. -dijo al fin su cuñado con voz entrecortada.

Luego hubo un ruido, como si el auricular chocara contra alguna cosa.

-¿Ray? -inquirió Tom angustiado- ¿Estás ahí?

-Ray no puede hablar más. -la voz de Walter los tomó por sorpresa- Espero que lo que sea que le preguntaste valiera la pena.

-¿Qué pasó? -preguntó Sarah.

-Se ha desmayado. -y colgó.

Eso fue todo. Bueno, no todo. Hicieron una sustanciosa donación al fondo de reconstrucción de la reserva ese año. Cuando Sam recibió una invitación al club de poesía tradicional lakota durante su segundo año en el Oglala College, comprendieron que Walter les devolvía el gesto.

Han pasado once años, dos meses, dos semanas y cinco días desde que Jake se fue. Aprendieron a vivir con un asiento vacío en la mesa y noticias indirectas. Pero no se resignaron. “Hay algo que debo hacer antes de regresar” es una promesa. Jake es un hombre de palabra.

Pete corta sus reflexiones y trata de sonreírle a su esposa por encima de los dolores físicos y la angustia de su corazón.

-Creo que cualquier cosa que asuste a Tom “Iceman” Kazansky debe ser grande y peligrosa -le dice al fin-, pero recuerda que soy Maverick, mi trabajo es volar y producir milagros.

Ella le da un beso ligero en el pecho.

-Vamos a dormir. Mañana tienes que ir a Miramar y ser civil con Ciclón.

-¿No te digo? Me exigen milagros cada día.

Bradley llega al día siguiente, mientras desayunan.

-¿Iná? -llama desde el recibidor.

-¡En la cocina! -responde Sarah mientras le sirve un plato de huevos a Pete.

Su hijo mayor está casi irreconocible con una camiseta azul, pantalones de pienso crudo y un hermoso bronceado.

-¡Oh! Veo que las camisas hawaianas no son populares en Perla Blanca -comenta su padre a modo de saludo.

-Ja, ja, ja. Muy gracioso, Mavpá. ¿Cómo estás, iná? -se inclina para darle un beso en la mejilla.

-Estoy bien, čhiŋkší. ¿Vas a desayunar?

-No, comí en el avión, no te preocupes. -saca una caja de jugo de manzana del refrigerador- Solo quiero dormir unas horas antes de presentarme en la base, recibir la llave de mi apartamento y reunirme con el resto del grupo.

Maverick alza las cejas sorprendido.

-¿Ya se coordinaron?

-No hace falta -explica Bradley con un encogimiento de hombros- Todos en Miramar van al Hard Deck.

El hombre asiente y sigue con su desayuno.

-¿Y cómo fue tu vuelo de prueba ayer, Mavpá? -pregunta Bradley con su tono habitual de curiosidad y orgullo.

-Bien, bien. Sobrepasamos las expectativas, de hecho.

Bradley no nota la mirada de recriminación que Sarah le da a su padre.

-¡Wow! Tu trabajo es tan genial Mavpá. Bueno, -deja el vaso en el fregadero- me voy a dormir.

-¿Vienes a comer hoy, hijo? -le pregunta Sarah antes de que llegue a las escaleras.

-Mmm. La verdad no sé. Depende de la vibra del grupo. No se a quiénes llamaron para esta asignación especial. Te mando un texto, ¿si?

-Claro nené.

Cuando los pasos de Bradley se pierden, ella mira a Pete acusadora.

-No le dijiste que tú también estás en la misión.

-¿De qué serviría? Deja que el muchacho disfrute una noche con Jake y Brig.

Ella gruñe, pero lo deja estar.

Cuando Maverick ve la pantalla y escucha el objetivo decide que, definitivamente, hizo bien en dejar a Bradley ignorante por veinticuatro horas más. Las órdenes son claras: entrénales para que cumplan la misión. Si regresan, será considerado un bonus. También se da cuenta de lo que Ice quiere: no uno, sino tres milagros. Porque en eso son idénticos, ninguno de los dos está dispuesto a aceptar muertes sin darlo todo para prevenirlas.

Lo peor es ver la frialdad de Simpson. No sabe si ese desinterés por las vidas ajenas es algo con lo que el bastardo nació, le enseñaron en la escuela de oficiales o es algún bizarro mecanismo de compartimentación para poder dormir. No le importa. Pasa cada minuto de esa reunión conteniendo las ganas de saltar sobre la mesa y estrangularlo.

Probablemente Ice le advirtió que debía usar una mesa larga para la primera reunión.

Se despide lo más rápido que puede con la excusa de estudiar los expedientes y corre a esconderse en su oficina. Y esa es otra señal de los inusuales tiempos que viven, ¡le han dado una oficina!

No va más allá de organizar los aviones individuales y biplazas considerando posibles alineaciones para las dos escuadras. Comprende que él también necesita un día más antes de sumergirse de lleno en esta pesadilla.

Envía un texto enrabietado a su esposo, cierra la oficina, toma su moto y se dirige al Hard Deck. 

 

Bar Hard Deck, Playa del Negro (al norte de San Diego), miércoles 23 de octubre de 2019

 

Jake está jugando a los dardos en solitario cuando siente una mano posarse en su hombro.

-Debí imaginar que estarías aquí.

Se vuelve sonriente hacia Javier.

-¿Qué puedo decir? Soy el marcador de las zonas cool en cualquier sitio.

Lo abraza con fuerza.

-Todavía tienes el ego más alto que la estación espacial ¿eh?

Jake se encoge de hombros y lo conduce al bar para ordenar unas cervezas.

-¿Acaso es mi culpa ser el mejor?

Regresan a las banquetas junto a la mesa de billar con sus bebidas.

-¿Y Harvard? -inquiere Machado.

Sabe que Jake regresó del Incidente de Maki con una seria codependencia. La Marina, más interesada en explotar talento que en proteger la salud mental de sus miembros, lo ha dejado correr. Es extraño, incluso incómodo para algunas personas, ver una relación tan estrecha entre dos hombres. Javier lo sabe de primera mano: los invitó a pasar unas semanas en Fredericksburg el verano pasado y sus primos nunca superaron la confusión. ¿Seguro que no se acuestan?, le preguntaban una y otra vez.

-Debe estar al llegar. Paró en Nevada para ver a sus padres. No lo veo desde ayer.

-¡Mírate! -Javier le da una palmada suave en la espalda- Todo independiente y crecido. Estoy orgulloso de ti, hombre.

Jake le sonríe algo tímido, pero claramente ufano de haber logrado despegarse de Brigham por veinticuatro horas sin colapsar.

-¿Y María Celeste?

Javier se embarca en un accidentado recuento de los últimos logros de su esposa y sus dos hijas. Que son más inteligentes que Einstein y más lindas que Beyonce, según su muy objetiva opinión. Están inmersos en la charla y no notan la llegada de más uniformes hasta que están junto a ellos. Jake enseguida asume su actitud pública de bastardo presumido.

-Yo aquí pensando que éramos especiales, Coyote. Resulta que la invitación fue a cualquiera... Mantienes esos abdominales en forma ¿no, Phoenix?

Phoenix sonríe, molesta pero paciente. La acompañan otros dos tenientes, uno afroamericano y otro de rasgos latinos.

-Amigos, este es Jake “Bagman” Seresin.

Jake hace una mueca, la variación de su apodo que emergió después de lo de Maki no le gusta.

-Hangman -rectifica.

Ella se encoge de hombros.

-Lo que sea. -a sus acompañantes- Este es el único aviador en servicio activo con una muerte aire-aire confirmada.

Hangman alza una mano hacia su pecho, en gesto de falsa modestia.

-Eso sí -continúa Phoenix-, el otro está vivo, aunque en una pieza de museo de la Guerra de Corea.

La sonrisa de Hangman se desvanece. ¿Tenía que recordarle a su padre? Claro que ella no sabe, pero… Coyote nota su incomodidad. Sabe que Maverick es un punto sensible para su amigo, aunque nunca ha logrado averiguar por qué. 

-Guerra Fría -rectifica para intentar desviar la conversación.

La pareja de pilotos hace el típico gesto de desinterés de la juventud post once de septiembre.

-Mismo siglo. -dice el afroamericano.

-El siglo pasado. -apostilla el latino.

Jake y Javier intercambian una mirada de fastidio. ¿Cuándo se volvieron los mayores decepcionados por la ignorancia de las nuevas generaciones?

-Lo que sea. -suspira Coyote- ¿Nos presentas a tus amigos, Trace?

-Teniente Reuben "Payback" Fitch, y teniente Mickey "Fanboy" Garcia, su WSO. Este es Javier “Coyote” Machado.

-¿Y quién es él? -Coyote señala a un tipo con gafas sentado en la esquina.

-¿Yo? Soy Robert “Bob” Floyd.

-¿Cuándo entraste? -demanda Javier asombrado.

-He estado aquí todo el tiempo.

Jake sonríe, divertido. Bob no ha cambiado.

-El hombre es un piloto furtivo. Literalmente.

Pero Bob se ajusta las gafas con el dedo índice y niega suavemente.

-Soy el WSO de Phoenix, en realidad.

-Y todavía careces de sentido del humor. -suspira Jake.

Deja de prestarle atención porque su hermano está entrando por la puerta. Lleva una de sus horribles camisas hawaianas y jeans. Phoenix se le acerca con los brazos abiertos.

-¿Rooster? -exclama asombrada. -¿Así es como me entero de que estás en el país?

Hay dureza por debajo de la aparente jovialidad de su pregunta. Jake se asombra, ¿está Trace celosa? ¿No tenía algo estable con su WSO? Bradley le sonríe con miedo.

-¿Sorpresa?

Ella le suelta un puñetazo al plexo solar que lo hace doblarse. Se pone rojo por el esfuerzo en no emitir sonido alguno. Jake tiene que clavarse las uñas en las palmas de sus manos para contener las ganas de correr a ayudarlo. Se supone que la vida de Bradshaw no le interesa.

-Supongo que yo te sorprendí ahora. -dice ella con expresión cruel.

-Es bueno verte. -repone Rooster aún sin aire.

Ella parece satisfecha. Le sonríe de nuevo.

-Es bueno verte también.

Jake decide que ya es hora de intervenir. Se acerca y lo ayuda a erguirse.

-Típico, Bradshaw. ¿Eres incapaz de tener una relación normal?

Bradley mira a su hermano con diversión mal disimulada. Nota que Brig no está en el bar y comprende la significación del hecho.

-Te ves bien, Hangman.

-Estoy bien, Rooster. -sonríe sin ocultar su orgullo- Estoy muy bien.

Phoenix y Bob comparten una mirada exasperada. Por qué su compañero de escuadra soporta a ese pesado es uno de los grandes misterios de la vida.

-Entonces, ¿alguien sabe de qué va esta asignación especial?

Jake tiene sus propias ideas, ahora que ve a su hermano aquí y a su padre, que se ha sentado en el bar tratando de observarlos discretamente. Por supuesto que no compartirá sus sospechas.

-Una misión es una misión. -dice con tono presumido y toma un palo de billar- Eso no me inquieta. Lo que ustedes necesitan saber es ¿quién es el líder del equipo? -da vuelta a la mesa, toca una de las bolas, anota- Y cuántos de ustedes tienen lo necesario para seguirme.

Le guiña un ojo a Bradley, y su hermano, encantado, le sigue el juego. Han representado esta comedia varias veces desde que el éxito de Jake hizo que empezaran a coincidir en eventos de la Marina. Son dos de los oficiales más condecorados de su generación, así que tuvieron que inventarse una razón para que Kazansky no lo tomara bajo su ala, aunque fue TA de Bradshaw y Lennox le debe la vida. Lo más expedito fue fingir que su relación se había ido al diablo una vez que Seresin ascendió. Típico de Hangman ¿no? Descartar a la gente cuando ya no les son útiles.

-Hangman, el único lugar donde alguna vez llevarás a alguien es una tumba temprana.

Hangman camina hacia él, se mete deliberadamente en su espacio personal.

-Y cualquiera que te siga simplemente se va a quedar sin combustible. Pero ese eres tú, ¿no es así... Rooster? Te las das de duro encaramado en tu rama, esperando el momento adecuado. Si el momento nunca llega. ¡No es culpa tuya!

Bradley no tiene que fingir incomodidad ante ese comentario. Jake le ha dicho varias veces que lo suyo con Azul tiene que concretarse. Se enfrascan en un duelo de miradas. Inesperadamente, es Jake quien rompe el contacto primero.

-¡Harvard!

Bradley se contiene a duras penas de torcer los ojos. Siempre es así: cuando Brig entra, todo pasa a segundo plano para su hermano. Si, él tiene un problema con Azul, pero la profundidad del pozo de negación de Jake respecto a sus sentimientos por Harvard es… Era tierno en la USNA, ahora solo es frustrante. Un vistazo le revela que Coyote piensa más o menos lo mismo.

Natasha se le acerca.

-No ha cambiado. -dice con tono exasperado mientras ve a Jake abrazarse con Brig.

Rooster sabe que están viendo cosas totalmente distintas, pero asiente.

-No, por supuesto que no.

Hangman toma de la mano a Harvard, lo lleva a la vitrola a un lado del bar y lo invita a seleccionar una canción. Cuando comienza a sonar “Cocaine Blues” Johnny Cash, la energía del salón cambia. El grupo se olvida rápidamente de las confrontaciones anteriores y empiezan a moverse. Desde el otro lado del salón, Jake le guiña un ojo a Bradley mientras baila junto a Brig. Bradshaw pestañea asombrado. ¡Su hermano lo ha vuelto a hacer!

Es como un truco de magia, la verdad. Solo ha visto a otra persona controlar con tanta habilidad una sala, Iceman.

Pero hay alguien a quien no pudo hechizar. Natasha bufa a su lado.

-No lo soporto.

-Solo te ganó la copa de Top Gun, Nat.

-Tu no entiendes. No es que ganara la copa, es la manera en que trataba a todo el mundo como estorbos a su paso.

Rooster se encoge de hombros. No puede decirle que Jake estaba procesando la rabia de ver a su padre convertido en un héroe de acción e ícono queer gracias a Tom Holland y Tom Cruise. Pero la suerte está de su lado.

-Mira -señala con la cabeza hacia la puerta- una segunda oleada de aviadores.

Ella entrecierra los ojos, tratando de reconocerlos. Payback se les acerca, igualmente asombrado.

-Son Omaha, Halo, Yale... ¡Mierda! Ese es Fritz.

-Un quién es quién de la última década de Top Gun. -concluye Natasha 

-¿Qué clase de misión es esta? -se pregunta Payback con algo de inquietud.

Pero Phoenix niega con la cabeza.

-Esa no es la pregunta que deberías estar preguntando, Reuben. Este grupo reúne a los mejores entre los mejores. ¿A quién diablos van a traer para enseñarnos?

La mirada de Rooster se oscurece cuando se da cuenta de que conoce exactamente a dos personas capaces de enseñarle algo a este grupo. Uno de ellos no vuela desde hace veinte años, el otro…

Al otro lado del bar, Maverick se deleita con la visión de Jake. La última vez que lo vio tan de cerca fue en junio de 2012, en su graduación de la USNA.

La vibración de su teléfono lo obliga a dejar de mirarlo. Ice ha respondido:

Mav: Podrías haberme advertido.

Ice: No, no podía.

Ah, entonces Sarah tiene razón y esto es lo que puso mal a su esposo la semana pasada. Suspira.

-¿Tan malo es?

Mira sorprendido a Penny. Ella siempre ha sabido leerlo bien, desde la época en que él fingía ser un rompecorazones para disimular sus verdaderos gustos. Penny Benjamin tenía quince años y llevaba un carísimo vestido de gala cuando lo miró de arriba abajo y le dijo “De acuerdo, puedes fingir que quieres besarme si luego me das una vuelta en uno de los aviones”.

-Si -admite- Creo que he llegado al límite.

Ella suelta un gruñido de incredulidad.

-Lo dudo. ¿A quién cabreaste esta vez?

Mav decide decirle una parte de la verdad.

-Un Vicealmirante. Hablando de eso, ¿cómo está tu padre?

-Todavía enojado contigo. Jubilado. Me mudé para estar más cerca. Tengo que admitir, no esperaba verte en el bar de la Base Miramar. Has evitado este lugar como la plaga desde que…

No termina la idea, pero saben de qué habla. Si, no se acerca al bar extraoficial de la base Miramar desde 1986, cuando Top Gun y Goose.

-Estoy tan sorprendido como tú.

-Debes estar en un montón de problemas. De ninguna manera volverías aquí de buena gana. -la llaman desde el otro lado de la barra.

Cuando Penny regresa, no oculta su asombro al verlo aún meditabundo mientras pasa el dedo por el borde de su vaso.

-Vamos, Mav, lo solucionarás. 

-No, creo no. -dice él y vuelve a mirar su móvil, a ver si Ice textea algo más. ¿No merece al menos un emoji de abrazo por la bomba que le soltaron? 

-Vamos. Has estado diciendo eso durante treinta años. Te metes en problemas, Iceman hace una llamada, estás de vuelta en el aire.

-Precisamente, Penny, esta vez fue Kazansky quien me mandó para acá.

-¡Uf! Okay. Eso es grave. ¿Tiene que ver con la reunión de graduados de Top Gun alrededor de mi mesa de billar?

Él asiente con una sonrisa amarga. Pone el móvil boca abajo sobre la barra y decide hacer algo por el bienestar social.

-Penny, querida, ¿hay un modo de pagarle una ronda al valiente grupo de aviadores de modo anónimo?

-No hace falta que me lo pidas, acabas de ofrecerte.

-¿Qué?

Penny extiende un brazo y toca la campana junto al dispensador de cerveza. CLANG-CLANG-CLANG-CLANG. Todo el bar brama de felicidad. Enseguida un aviador le da una palmada en la espalda. Maverick se encoge cuando le toca los moretones de la eyección de ayer.

-Muchas gracias, amigo. Penny, un destornillador.

-¿Qué pasa, Penny?

Ella solo señala un cartel de "Reglas de la casa: Si le faltas el respeto a una dama, a la Marina, o poner tu celular en mi bar. Compras una ronda.” Vuelve a mirarla ansioso.

-¿Para todo el mundo?

-Me temo que las reglas son reglas. Estás de suerte que es temprano.

Jake aprovecha la oportunidad para acercarse.

-Penny querida.

-¿Si?

-Cuatro más a la cuenta del viejo -dice mientras señala a su padre y le da una mirada desafiante.

Maverick tiene que apartar la mirada porque no puede creer el descaro de su hijo. De nuevo actúa como un Mitchell, aunque en su mirada frontal hay algo de la crueldad de Ice, sin dudas.

Después que su hijo regresa a los brazos de Harvard, Maverick decide que es hora de irse. Está tomando analgésicos, así que no puede ahogar sus penas en alcohol. La otra opción es la bañera de la casa con los brazos de Sarah alrededor de su cintura.

-Ciérrame la cuenta, por favor -le tiende su tarjeta y empieza a ponerse su chaqueta. 

No llega a terminar cuando ella regresa.

-Transacción rechazada. Dice que sobrepasaste el uso del día.

Contempla la tarjeta con incredulidad.

-¿De verdad?

-Eso es lo que pasa después de que compras un P-51 sin avisarle a nadie -dice ella burlona-, le ponen límites de gastos diarios a tu tarjeta.

-¿Te traigo el efectivo mañana?

-Me temo -dice Penny mientras camina hacia la campana por segunda vez- que reglas, son reglas.

Agita el badajo dos veces y la multitud empieza a corear “Que lo tiren, que lo tiren, que lo tireeeeen”. ¡Oh! Cómo se nota que no tiene su uniforme, piensa Pete mientras tres de sus tenientes lo toman por los brazos y las piernas para tirarlo a la arena.

-Gracias por las cervezas, regresa cuando quieras -le dice uno de cabello oscuro y ojos azules, Vikander.

Desde el otro lado del bar, Hangman observa con satisfacción cómo Payback, Fanboy y Omaha sacan a su padre del bar. Él sabe la respuesta a la pregunta de Phoenix, aunque le haga sentir ácido en la boca. Quien único puede enseñarles algo nuevo es Pete “Maverick” Mitchell, y no puede ser coincidencia que él también esté aquí hoy. Su padre será el instructor, y si tres de sus competidores empiezan ofendiéndolo… bueno, ¿quién los manda a andar de ofrecidos por ahí?

Bradley llega a su casa tarde y un poco tomado. Toda sospecha del rol que su padre podría tener en esta operación queda descartada por la necesidad de dormir.

Al día siguiente, no le da importancia al hecho de que la moto no esté en el garage. Skunk Works está lejos. Tiene sentido que Mavpá madrugue.

 

Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Miramar, California, jueves 24 de octubre de 2019

 

Bradley se sienta al fondo del aula para evitar a Simpson. El desgraciado cree que puede parecerse a Icepá usando las reglas de la Marina y el DOD como barras de acero. ¡No lo soporta! Pero nota que su hermano está sentado en primera fila. A Jake no le gusta atraer la atención por gusto, algo se trae entre manos.

No presta mucha atención a la parte motivacional del discurso de Warlock hasta que dice “Esta misión requiere…” ¡Ah! Al fin algo concreto.

-... dos pilotos individuales en F-18 Echo y dos equipos de piloto y WSO en Foxtrot biplazas. La mitad de ustedes hará el corte, la otra mitad permanecerá en reserva... Uno de ustedes será nombrado Líder de la Misión.

Hangman le da una mirada encendida de ímpetu a Harvard. Esto es lo que ha estado esperando desde que dejó la USNA.

-Su instructor es un graduado de Top Gun con experiencia en el mundo real. Domina todos los aspectos de esta misión. Sus hazañas son legendarias y se le considera uno de los mejores pilotos que jamás haya producido este programa.

Jake niega con la cabeza. Un poco más y convertirá a su padre en Jesús reencarnado.

-Lo que él tiene para enseñarte puede muy bien significar la diferencia entre la vida y la muerte. Les presento al Capitán Pete Mitchell, apodo: Maverick.

Al escuchar el nombre, Bradley siente como una compleja mezcla de rabia y miedo se apodera de sus sentidos. ¿No podía advertirle ayer de que esto se gestaba? ¡Joder con la compartimentación!

Phoenix le lanza una mirada preocupada y se obliga a calmarse. 

Maverick sube al podio. Los pilotos que lo lanzaron a la arena lo reconocen inmediatamente y se encogen en sus asientos. Pero él no presta atención a Payback, Fanboy, ni Omaha. Solo mira a Hangman como diciendo "así es, por fin estamos juntos".

-Esta es la idea de Kazansky de una reunión familiar -le sisea Jake a Brig con los ojos soltando chispas.

-Buen día. -saluda el capitán- ¿Alguien me dice el límite de carga del F-18?

-7,5 G. -responde Harvard enseguida, y añade- Sección Cuarta, Capítulo Quinto.

Maverick asiente, la próxima pregunta la hace directamente a Fanboy.

-¿Velocidad máxima?

-Match 1.8, señor. -y para no ser menos que Harvard- Sección Dos, Capítulo Uno.

-Ahora todos -Maverick extiende los brazos como si dirigiera un coro- La velocidad máxima de ascenso de un F-18 es…

La clase responde en un coro desafinado.

-Cuarenta y cinco mil pies por minuto.

Hangman cierra los ojos, avergonzado de cómo su padre les hace bailar como monos amaestrados.

-Muy bien -dice Maverick con sonrisa burlona- Así que conocen el manual. ¿no? -lo tira a la basura con un gesto teatral- El enemigo también. Lo que el enemigo no conoce es a ustedes. Sus límites. Tengo la intención de encontrarlos. Probarlos. Llevarles más allá de lo que creen que son capaces de hacer. La capacidad para tomar las decisiones donde la diferencia entre vivir o morir es un segundo requiere una confianza absoluta en las habilidades propias. Ese instinto no se encuentra en ningún manual. No se pone por escrito en ningún informe de misiones. Así que hoy vamos a empezar con lo que cada persona en este grupo cree que sabe. -mira directamente a Jake- Muéstrame de qué estás hecho.

En la primera vuelta de maniobras aéreas van Rooster y el biplaza de Payback y Fanboy en equipo para intentar hacer blanco en Maverick. Jake apenas puede contener su molestia mientras escucha a su padre dar las instrucciones en la sala de preparación, con el resto del escuadrón.

-A ese hay que desinflarle el ego -susurra con rabia contenida mientras juguetea con un modelo de F-18 que decoraba la mesa de centro.

Coyote lo mira curioso.

-Es un poco pronto para odiar al comandante, ¿no?

Jake se muerde los labios. Se supone que lo único que sabe de Mitchell es lo que reveló “Top Gun”, así que cualquier comentario podría ser tomado como homofobia en este momento. Conoce a la mayoría de este grupo por interacciones directas o referencias, no tolerarán ese tipo de comportamiento. Mira hacia la mesa de futbolito. Brig está jugando con Natasha, tranquilo como siempre. Debe tomar inspiración de su actitud calmada. No es productivo dejarse llevar por la rabia que siente hacia su padre. Así, el muy desgraciado lo sacará del escuadrón fácilmente. Es algo que no se puede permitir.

Cuando vuelve a prestar atención a la conversación en la radio, casi no puede contener las ganas de intervenir. Quiere gritar, aunque el imbécil de Payback no puede oírle. ¡Este es uno de los momentos en que la manía de Rooster de “esperar” le pasa la cuenta al equipo! Su hermano sabe a quién se enfrentan, ¿por qué no paró al creído de Reuben? Un “por favor, seamos serios” y ya. No, claro, quiere dejar que Maverick los haga papilla a todos.

Intercambia una mirada de resignación con Harvard porque sabe que, aunque den lo mejor de si, estarán haciendo sus correspondientes doscientas planchas cuando termine el día. 

-Gastamos más tiempo en llegar al área del simulacro que en el ejercicio -comenta Fanboy mientras mira a Rooster hacer sus planchas por la ventana cuarenta minutos después.

-Debíamos ser nosotros dos allá abajo -reflexiona Payback con gesto sombrío y mira con un poco de miedo a Natasha, que también está observando la pista. Sabe que la amistad entre Rooster y Phoenix es de años, y ella es vengativa. Pero Natasha tiene una expresión más pensativa que molesta.

-Rooster decidió coger el tiro por ustedes. Ahora saben un poco más de quién es.

Abajo, Yale y Fritz van de ánimo festivo hacia su simulacro. Incluso se burlan de Rooster mientras Hondo cuenta sus planchas. ¿Por qué no hacerlo? Son más jóvenes y rápidos. ¡Podrán darle al viejo!

-¡Vamos, Harvard, súmate al selfie!

Renuente, pero a sabiendas de que no puede negarse sin convertirse en un paria, Brig se junta a la pareja de piloto y WSO en una foto con Rooster haciendo planchas en el fondo. 

Mitchell los despacha en menos de treinta minutos.

-¿Con que selfies con su compañero de escuadra? -se burla Hondo- ¡Veinte! A ver qué selfie se van a hacer ahora. ¡Veintiuno!

Jake sube en la tercera vuelta. En equipo con Phoenix y Bob. Mientras trata de ocultar sus nervios provocando al WSO, Jake se pregunta vagamente si su padre lo quiere en esta misión. Podría ser que… Conoce la reputación de su padre: misiones imposibles, de las que solo él regresa vivo. ¿Para qué necesita la Marina que Maverick le enseñe sus trucos a sus doce mejores? Algo que no puede hacer él solo. Algo potencialmente mortal.

Jake lleva once años sin hablarle, pero sabe que su padre lo ama. Que no lo pondría en peligro voluntariamente. Cualquier otro hombre en su posición trataría de sacarlos a Bradley y a él, incluso a Brig, lo más pronto posible. Pero esa es la cosa con Maverick Mitchell, solo es deshonesto respecto a Kazansky. En el resto de su vida es recto como una flecha. No usará ninguna excusa barata, no habrá favoritismo reverso. Como están las cosas, entonces, tienen un objetivo común: dejar a Brad y Brig en tierra. Pero se oponen en otro más importante aún: Jake tiene que ir en esta misión antes de regresar a casa. Tendrá que sabotear a Bradley.

La conclusión lo deja alelado por un instante y de repente el F-18 del capitán aparece entre sus naves.

-¡Oh! Mierda -mientras se aparta, Jake se recrimina por distraerse en especulaciones estratégicas.

Tiene que enfocarse en el momento.

-Saludos, aviadores. ¡A trabajar! -es todo el aviso que les de Maverick.

Después de escuchar cómo despachó a sus cuatro primeros oponentes, no se quedará a esperar. Se lanza en vertical con la esperanza de flaquearlo.

-Dejar a tu escolta. Hace mucho que no veía esa estrategia -comenta el capitán y los recuerdos lo asaltan.

-Hangman, ¡no me dejes!

-Tranquila, Phoenix. Solo mantenlo entretenido.

Ella hace una maniobra evasiva.

-Buena movida, Phoenix -reconoce Maverick. -Me gusta tu estilo.

Ella casi suelta un “Gracias señor”, pero recuerda que están en un simulacro de combate y probablemente quiere distraerla.

-¿Dónde está, Bob?

-En nuestras seis en punto -informa con tono desesperado su WSO.

Al mismo tiempo que el F-18 de Mitchell aparece detrás del biplaza de Natasha y Bob, otro avión surge entre las nubes.

-¡Así es como se entierra a un fósil! -anuncia Hangman.

Pero ahora Jake se da cuenta de que no puede disparar, aunque está detrás de Maverick, el capitán mantiene un movimiento oscilante muy leve. Se da cuenta de que no puede hacer blanco sin darle también a su compañera.

-¿En serio? -la burla en la voz de Maverick es evidente. -Es hora de darte una lección, Seresin. ¡Estás muerta Phoenix!

Pero Hangman no se deja conmover por haber perdido a su pareja.

-Vamos, capitán Mitchell -y no puede evitar la burla en su voz-, ¡sorpréndeme!

-¡Alcánzame si puedes, Seresin!

Después de un par de giros, que son en realidad rutina para Maverick, decide provocarlo un poco más. Quiere saber de primera mano cuánto de la calma de Ice puede desplegar en una situación verdaderamente estresante.

-Eres bueno, lo admito. Pero te falta algo… -y asciende hacia el sol.

Hangman muerde el anzuelo, lo sigue y se deslumbra.

-Phoenix, ¿estoy cerca?

-Estoy muerta, imbécil.

-Nos vemos en el más allá, Hangman.

Jake pone en horizontal su avión y mira hacia los lados, desconcertado. ¿Esta es una de las locuras que hacía el escuadrón del 86 y prohibió la Marina? El tono de captura lo hace pestañear, sorprendido. El F-18 de Maverick aparece en su cola.

-… te falta experiencia, hijo.

Se muerde los labios de rabia, porque el maldito le ha ganado en su propio juego y hasta tiene el descaro de llamarlo “hijo”. Puede hacerlo, por supuesto, nadie más que Rooster y Harvard saben la verdad. Para el resto del escuadrón es solo un apelativo condescendiente.

El escuadrón lo intenta una y otra vez. Siguen cayendo como moscas. Son lo mejor de la Marina. ¡Ay! ¿Alguien dijo desinflar egos?

Para la última vuelta, el capitán quiere acabar de bajarle los humos a los únicos que no derribó en la primera vuelta y al que mejor se le resistió. Así que ahí están. Desde su avión, Hangman mira con odio el biplaza de Payback y Fanboy. Siente en la espalda el impacto de la estúpida apuesta. Pero si de algo no se puede acusar a Reuben “Payback” Fitch es de ser discreto. En lugar de concentrarse en localizar al capitán, se pone a charlar.

-Oye, Hangman, ¿te puedo hacer una pregunta personal?

-¿Te vas a callar si te digo que no?

Reuben le sonríe burlón desde la seguridad de su cabina.

-¿Cuál es la historia entre Maverick y tú? Parece que te altera.

En la sala de espera, Rooster y Harvard intercambian miradas inquietas. 

-Eso no te incumbe.

-¿Dónde está el viejo? -se pregunta Fanboy, que no quiere hacer planchas.

-Estuve aquí todo el tiempo -anuncia el capitán desde debajo y, con un giro elegante, pasa por encima de Payback y Fanboy hasta quedar invertido sobre el F-18 de Seresin.

-¿Me ves ahora? ¿Crees que puedes terminar lo que empezaste?

Jake siente todo su cuerpo tenso como un alambre.

-¡Seguro! -responde con rabia.

En la base, Rooster sacude la cabeza, Mavpá está jugando con su hermano como si tirase de los hilos de una marioneta.

-¿Pero qué les pasa a estos dos? -se queja Fanboy mientras los dos aviones se alejan y los dejan fuera del ejercicio.

Mientras giran en su espiral de acero. Hangman empieza a resoplar.

-Tu nos trajiste aquí -le dice Maverick sin dejar de mirarlo a través de la cabina. -¿Cómo vamos a salir de esto?

-Puede abandonar cuando quiera, capitán -escupe Seresin.

-¿Qué tan bajo vas a llegar? -pregunta el otro arqueando las cejas.

-¡Puedo ser tan bajo como usted, señor! Y eso es mucho decir.

En la sala, Coyote se da una palmada en la cara. Teme que su amigo termine con un reporte por ofender a un oficial superior. Phoenix mira a Rooster, interrogante. De todo el grupo, solo él, Coyote y Harvard conocen a Hangman más allá del bravado y la crueldad casual. Pero su compañero hace una mueca amarga y aparta los ojos.

-El pasado es el pasado. Para ambos.

-¿Te gusta decirte eso por las noches antes de dormir?

-Disculpen -interviene Payback casi con miedo-, pero están llegando al límite inferior. ¡Se quedan sin espacio!

En la sala, Natasha mira con alarma a Bob. ¿Qué le pasa a Hangman? Todo el mundo sabe que es un frío bastardo.

-¿Así que tu estrategia es enterrarnos? 

La voz impersonal del sistema electrónico de navegación saca a Jake de su trance “Altitud. Altitud”. Mira sorprendido la consola del avión. ¿Qué está haciendo?

-¿Qué vas a hacer? -insiste Maverick.

Se da cuenta de que no sabe. Eso es lo que le pasa siempre con Kazansky y su padre, no puede ver más allá de la rabia. Aunque han pasado once años.

“Altitud. Altitud” repite la voz vagamente femenina del sistema electrónico.

Ninguno de los dos cede. Son excelentes pilotos, y mantienen la maniobra de espiral descendente en sincronía perfecta por varias decenas de metros más. El mensaje cambia a un desesperado “¡Sube! ¡Sube!” y en verdad parece que son los F-18 quienes ruegan que no los sacrifiquen en su drama familiar.

Se apartan simultáneamente y pasan a horizontal. Maverick resopla y descubre, asombrado, que está justo delante de Jake. Pero no puede pensar en eso. El esfuerzo de la maniobra sacó a flote los dolores apenas contenidos de la eyección del Darkstar. Se enfoca a controlar su respiración y encontrar fuerzas para que sus rodillas y espalda aguanten un poco más.

Detrás, Jake puede ver el F-18 en el área de fuego, pero está muy ocupado con su propio vendaval de emociones. ¿Cómo puede su padre manipularlo tan fácilmente? Ha hecho el ridículo delante de todo el escuadrón. Una década cultivando su imagen de bastardo calculador y eficiente se han ido por el caño en una tarde. ¿Para qué? ¿Para demostrar que sabe hacer una cobra con otro piloto? Debió pedir que lo excusaran de la misión en cuanto vio a su padre anoche. Nunca podrá competir contra él, nunca estará listo.

La voz en sus audífonos lo sorprende.

-Vamos, Hangman, lo tienes. ¡Desciende y dispara! -es Maverick ofreciéndose.

Mira al altímetro: si baja más se arriesga a una colisión real. La parte racional de su cerebro se impone al fin e impide que incline el timón. Comprende que, incluso si hace blanco ahora, su padre habrá ganado.

-¡Es demasiado bajo! -niega y asciende.

En su cabina, Pete se traga una maldición, ¿tiene que sacar a flote su lado Kazansky ahora? Pero esto es un entrenamiento de combate, ni siquiera el enemigo más caballeroso te da más segundos para la duda.

-Demasiado tarde, tuviste tu oportunidad -le advierte antes de girar, pasarle por encima a Jake, ubicarse en su cola y apretar el gatillo. -Se acabó.

-¡Maldición! -exclama Jake.

Para dejar en claro que no hay ningún tipo de favoritismos, Maverick espera a que regresen a la altura del biplaza de Payback y Fanboy antes de impartir la orden final.

-Ve a ver a Hondo para que registre tus planchas.

Tras alejarse de sus estudiantes, Pete por fin se permite quitarse la máscara de oxígeno. Intenta limpiarse el sudor de la frente con la mano enguantada. Eso estuvo cerca. Muy cerca.

No puede contener una sonrisa de orgullo.

-Okay… ¿Quién es este tipo y dónde está el cabrón de Hangman? -pregunta Phoenix en la sala.

Casi todo el escuadrón intercambia miradas incómodas y desorientadas. No tienen idea de qué le pasa entre Hangman y Maverick, pero esto es mierda a nivel extremo, incluso para su estándar. El intercambio visual entre Rooster y Harvard es diferente, es de resignación. Omaha lo nota. 

Un rato después, en la pista, Hangman hace sus planchas con un esfuerzo evidente. Hondo deja de contar.

-Es suficiente.

El otro no le hace caso e intenta hacer una más.

-Dije que es suficiente -repite el suboficial. - Descansa durante el fin de semana -y se marcha.

Jake se sienta con dificultad. Concentrado en controlar su respiración y contener las lágrimas de humillación que luchan por brotar desde que su padre lo derribó, no nota a Coyote hasta que lo tiene a su lado.

-¿Qué te pasa a ti? Ignorar el límite de altitud, insubordinación contra un oficial superior. Todo en el primer día. ¿Quieres que te expulsen de la Misión aún antes de comenzar?

-No te preocupes, Javi.

-Óyeme bien, Jake. Yo voy en esta misión, pero si haces que te expulsen, me dejarás volando con Rooster, y todo se irá a la mierda. Así que dime qué diablos está pasando entre el capitán banderita arcoíris y tú.

-Es mi padre -susurra Jake.

-¿Qué? ¿Quién?

El rubio levanta la cabeza y mira a su amigo a los ojos.

-Maverick, es mi padre.

-¿Tu padre? Creí que… -se deja caer al suelo a su lado- Creía que eras huérfano.

-Como si lo fuera -bufa Jake. -Me fui de casa al terminar el bachillerato. Le dije que era mejor que se muriera antes de cruzarse en mi camino. Se mantuvo a distancia por once años. Pero órdenes son órdenes.

-¿Por qué hiciste eso?

Pero Hangman no contesta, sino que mira a su alrededor. ¿Dónde están Rooster y Harvard con su infinita reserva de amabilidad? Necesita gritarle a alguien, y no será a Javier. Siente la intensidad de la mirada de Coyote y comprende que debe revelarle algo, aunque sea mínimo.

-Porque mi familia es una gran mierda. Parecíamos una postal de promoción de la Marina, felices y unidos, pero todo era mentira. Decidí que no quería ser parte de eso. Tú también viste la película, mi padre ha estado en el armario la mayor parte de su vida.

-Espera, espera, ¿eres un piloto de pura sangre? -Coyote no puede contener su asombro.

-Tercera generación de aviadores -asiente. -Estudiamos a Duke Mitchell en segundo año de la USNA, ¿recuerdas?

No se atreve a decir más. De repente se le ocurre que están en un lugar abierto y cualquiera podría estar oyéndolos entre los aviones.

-Ayúdame a llegar a las duchas, ¿si?

Se dirigen lentamente a las instalaciones del personal. Ninguno de los dos nota cómo Rooster y Maverick los vigilan de lejos. En el vestuario los espera Harvard, por supuesto. Al ver el estado en que se encuentra Jake, los amigos comparten una mirada de entendimiento y se sientan a esperar a la entrada de las duchas. Alertas por si Jake colapsa por agotamiento extremo.

En la sala de preparación, el teniente Vikander tiene un vago sentimiento de inquietud. Hay algo aquí, algo que podría ser importante. Omaha no ha llegado tan lejos ignorando sus instintos, así que empieza a estudiar con atención las fotos de quienes pasaron por Miramar. Al fin, encuentra el retrato de grupo de estudiantes del curso Top Gun del verano del 86. ¡Ajá!

-Oye Yale, mira esto.

Lee se acerca y se fija en la foto que señala Omaha. Abre los ojos, asombrado. La imagen es en blanco y negro, la definición de las figuras ya no es muy clara, pero la barbilla, la nariz y la expresión retadora en los ojos de Mitchell no han cambiado en treinta años.

-El hombre, la leyenda. ¡Ahí está!

-No, a su lado. ¿Lo reconoces?

-¿El almirante Kazansky? ¡Wow!

-¡No, Yale! Entre Maverick y Iceman. ¿No te parece familiar esa cara?

-¡Oh! ¿Qué tenemos aquí?

Los ojos azules de Omaha brillan divertidos.

-Si. Ese horrible bigote es inconfundible. Ahora lee los nombres.

-Teniente Pete “Maverick” Mitchell y su RIO, primer teniente Nick “Goose” Bradshaw. ¿Crees que Rooster sabía a quién nos enfrentábamos?

Omaha asiente.

-Y no dijo nada, el muy cabrón.

Pero Yale se encoge de hombros.

-Igual tuvo que hacer sus doscientas planchas. ¿Vamos a comer?

Mientras caminan y discuten a dónde ir -no que haya muchas opciones en el área- Omaha sigue dándole vueltas al asunto. Entonces recuerda, hace tres años, el revuelo con el estreno de “Top Gun”. Dentro de la Marina no fue difícil para nadie reconocer el recuento del “Evento Layton” y a sus verdaderos protagonistas. Vaya manera de salir del armario la de Mitchell, con un filme. Bradshaw es hijo del difunto Goose, pero entró a la escuela de aviación a través del programa AVROC, lo cual siempre le ha chocado. Más de una vez notó cómo contralmirantes y vicealmirantes saludaban a Rooster con afecto, como si lo conocieran de niño. Bradshaw tiene todos los rasgos de un mocoso de la Marina, excepto porque no fue a la USNA. ¿Por qué desperdiciar cuatro años en una universidad civil si tienes prioridad como heredero? Tampoco se le conoce novia. En cambio, todo el mundo sabe de su “estrecha” relación con Hangman cuando estuvo de profesor visitante en la USNA.

Hangman es un bastardo posesivo.

Rooster mira a Maverick como si el sol le saliera del culo.

Hangman odia al capitán sin razón aparente.

¿Qué hay entre ellos? 

Más importante aún, ¿cómo puede Omaha aprovecharlo? 


ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

No hay comentarios.: