23 de octubre de 2023

CINCO VECES MAS UNA 4

Cinco veces que el pasado regresó a fastidiarles y una vez que les dio felicidad 

Parte 3 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandoms:
Top Gun (Movies), Hawaii Five-0 (2010)

Relaciones:
Tom "Iceman" Kazansky/Pete "Maverick" Mitchell, Steve McGarrett/Danny "Danno" Williams

Personajes:
Pete "Maverick" Mitchell, Tom "Iceman" Kazansky, Steve McGarrett, Danny "Danno" Williams, Chin Ho Kelly, Lori Weston

Etiquetas adicionales:
Crossover, 5+1 Things

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-3-cinco.html


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Capítulo 4: Cuando Steve McGarrett vio una vieja foto de Pete Mitchell 

Sumario:
Octubre de 2011. Mientras investigan el asesinato de Koi Kahale, el equipo de Hawái Cinco Cero descubre los archivos del primer viaje de Pete Mitchell a Honolulu, en 1976.

 

 “exuda una inocencia que es parte de su encanto.
Tal vez parte de su éxito es que cuando la gente lo ve en la pantalla,
en una fantasía, les gustaría corromper esa inocencia.”
Martin Scorsese sobre Tom Cruise

Martes 4 de octubre de 2011, 2 am, Bar “El Gemido”, Honolulu, Isla O´ahu

Bajó del camión y se acercó al bar con paso decidido. Saludó con la mano a un par de policías que cuidaban el perímetro y pasó por debajo de la cinta amarilla. En cuanto lo reconocieron, los periodistas empezaron a gritar preguntas. No giró la cabeza en su dirección, había aprendido pronto que podían tomar hasta sus expresiones faciales como “revelaciones” y ahora mismo su rostro solo reflejaba enfado por el sueño interrumpido.

Entró por la puerta abierta de par en par, observó con satisfacción que ya la policía había despejado el área y solo quedaba personal del bar, a juzgar por sus camisetas de rosa neón con “Gime” impreso en negro y pantalones súper apretados. Eran siete, les habían sentado en unas mesas y tenían caras de aburrimiento mientras un par de oficiales, con cara de sueño interrupto, les hacían la primera entrevista. Encima del bar había un maletín de recopilación de evidencias y Charlie Fong espolvoreaba la superficie para recuperar huellas. Al fondo del salón vio al sargento Lukela conversando en voz baja con otra policía de uniforme, se dirigió hacia allí.

-¡Ah!, McGarrett -saludó Duke- ya me extrañaba que el gobernador nos dejara esto.

Steve levantó las manos en gesto de paz. Mal empezaba la cosa si hasta Lukela creía que era mala idea la intervención de Cinco Cero.

-No tengo idea de nada, Duke. La secretaria de Denning me despertó hace media hora y dijo que trajera al equipo acá. Chin y la oficial Weston están en camino. ¿Me dices que pasó aquí?

El sargento Lukela intercambió una mirada preocupada con la oficial -Mako, decía su placa-. Ella resopló y dijo “Jodidos haoles” por lo bajo. No se suponía que McGarrett lo escuchara, así que él fue amable y no se dio por enterado.

-Este bar pertenecía a Koi Kahale.

¡Oh! Eso encendió sus alarmas enseguida.

-Okay. Por lo que recuerdo de ese tipo, no suele dejar ir nada por las buenas.

Luke asintió. En su mirada había una clara satisfacción por la rápida respuesta del comandante.

-Dije pertenecía porque está muerto -señaló con el pulgar a la galería a su espalda. -Lo ejecutaron en su despacho. Creemos que alrededor de la media noche. Su administrador fue a llevarle una factura, se lo encontró con tres tiros. Llamó a la policía. Llamamos a crimen organizado. Su jefe decidió llamar al gobernador. Denning te llamó a ti.

Steve asiente, puede ver cómo quitarle el caso a crimen organizado para entregarlo a la fuerza especial -los perros de ataque, les dicen por ahí- puede incomodar al departamento. Al mismo tiempo, después de los casos de corrupción que han sacudido a Hawái con el asesinato de Meka Hanamoa y la gobernadora Jameson, comprende que Denning quiera detectives sin vínculos con el bajo mundo de Hawái para este caso de alto perfil.

Hawái Cinco Cero es la única parte de la fuerza policial del estado que puede garantizarlo. 

Suspira.

-No es mi culpa, Duke.

-Lo sé, muchacho. ¿Quieres ver la escena?

Steve abre la boca para responder, pero escucha unos pasos conocidos a su espalda y se vuelve. Chin y Lori acaban de entrar al bar. Él lleva una bandeja con cuatro tazas de café en las manos. Ella solo trae su propio café, del que bebe mientras lo sigue con pasos torpes.

-Buenos días -dice Chin, afable.

Adelanta la bandeja de cafés.

-Tu latte, Duke, su mocha, oficial Mako. -se gira hacia el bar- ¡Charlie! Te traje un latte a ti también.

Steve adelanta la mano para tomar la cuarta taza, pero Chin aparta la bandeja.

-¿Qué crees que haces?

-¿No es para mí?

Chin lo mira sorprendido.

-¡Claro que no! Es para hacer la paz con el detective Gleason, a quien el gobernador le quitó el caso. ¿Está allá dentro? -le pregunta a Duke.

-Si.

Chin va a entrar a la galería, pero Steve lo detiene.

-¡Un momento! ¿Traes café para todo el equipo de la policía, pero no para mí?

-Tu ganas más que yo, McGarrett -responde Chin un poco impaciente. -Estoy tratando de mejorar las relaciones interdepartamentales, y ¿te pones celoso?

-Solo digo que yo también me desperté de madrugada y soy parte del equipo.

-No puedo creer esto -gruñe Chin. -¿Dónde está Danny?

Steve levanta las cejas, asombrado por el cambio.

-Está en casa.

Duke, Chin, Lori y Mako lo miran fijamente. Hasta Charlie detiene su trabajo en la barra y se gira hacia él. Se da cuenta de lo que dijo y rectifica.

-En su casa, digo. Grace está con él porque su madre tenía una fiesta o algo y pensé que al menos podía darle el despertar a su hija y llevarla a la escuela. ¿Qué tiene que ver?

Mako mira incrédula a Duke. El viejo sargento mira al cielo.

-Danny es quien compra tu café, McGarrett.

El comandante los mira sorprendido.

-¿De verdad?

-Tremendos perros de ataque -murmura Mako, de nuevo no lo suficientemente bajo.

Steve abre la boca, esta vez no puede ignorar el comentario, pero Chin lo toma por el brazo.

-Vamos a ver la escena y preguntarle al detective Gleason lo que sabe. Quédate aquí con Charlie, Lori.

La rubia solo gruñe y bebe otro trago de café.

 

Martes 3 de octubre, 8:30 am, Cuartel general de Hawaii 5-O, Honolulu, Isla O´ahu

-Bueno -comenta Lori mientras Chin prepara su presentación del caso-, por lo que aprendí anoche, esto es como el final de una era.

-Así es -confirma Chin.

Danny los mira incrédulo desde el otro de la mesa de conferencias.

-¿Qué es esto? ¿Otra tradición hawaiana de la que nadie me habló? ¿Guardamos luto por los chulos que lavan dinero en bares?

-¡Danny! -Chin lo mira sorprendido.

-Koi Kahale era mucho más que eso -dice Steve mientras se acerca.

Le pone delante una taza de café a Danny, mira significativamente a sus colegas y saca el pecho, orgulloso.

-¡Oh! ¿Voy a morir? ¿De eso se trata?

-¿Eh? ¿Por qué dices eso?

-Me trajiste café. ¡Nunca me traes café, McGarrett! Este es el tipo de gesto que tu consideras demasiado humano y amable para tu dura identidad militar. Ahora dime, ¿qué pasa?

Steve mira desesperado a Lori y Chin. Ella no puede ocultar su diversión. Él tiene algo como lástima en la mirada.

-McGarrett sabe que lo que viene te va a molestar, Danny.

El rubio se gira hacia Ho Kelly. Su escandaloso y falso asombro trocado por inquietud.

-Estoy escuchando.

El detective asiente y empieza su presentación.

-Koi Kahale, nacido en Molokai en 1942, conocido en el mundo criminal de Hawái desde finales de la década de 1950. Empezó proveyendo a los soldados estacionados de todo lo que el ejército o la marina no les querían dar: drogas, sexo o películas francesas. Luego se extendió al turismo. Tenía una red de bares, cabarets y, más recientemente, discotecas, que usaba para lavar su dinero. Mantuvo siempre una relación de tensa convivencia con las bandas locales y la mafia japonesa. Varias generaciones de oficiales de la policía de Hawái, la DEA, la Administración Federal de Aviación, y el FBI, trataron de detenerlo en repetidas ocasiones, pero nunca pudieron probar los cargos.

-Estaba bien conectado -asiente Williams. Eso explica por qué Denning nos quiere en el caso. Todavía no veo nada especial en su perfil. -toma un trago de su café- ¡Oh! Esto está realmente bueno, Steve. ¡Exactamente como me gusta! Gracias, bebé.

Steve asiente, pero no le sonríe.

Lori hace una mueca y sigue con la presentación.

-Por lo que aprendí esta madrugada, la teoría más aceptada para explicar por qué nadie quiso apoderarse del negocio de Kahale, es que explotaba un sector muy específico del mercado: prostitución de menores de edad. A poca gente le gusta la idea, pero da mucho, mucho dinero. Así que simplemente pagaba a las familias criminales para asegurar que no intervinieran. Es, además, un material de chantaje ideal, lo que le garantizaba protección de las fuerzas del orden.

Danny siente que el rastro de café en su boca se vuelve ceniza. Traga en seco.

-¡Oh! -es todo lo que dice.

Sus ojos pasan, nerviosos y asqueados, por el rostro de la pantalla. La cara no revela nada de su depravación interna. Cincuenta años destruyendo infancias y nadie... ¿Habrá visitado Nabokov alguno de los locales de Koi Kahale? La idea es ridícula, pero está oscilando entre el pánico y la rabia, claro que le asaltan ideas ridículas.

-Danny -Steve lo pone una mano en el hombro, la textura de sus dedos callosos a través de la delgada tela de la camisa lo calma un poco-, ¿necesitas un momento?

-No -sacude la cabeza y mira a Chin. -Sigue.

-La ejecución de anoche fue un trabajo profesional: los dos vigilantes que Kahale tenía en la puerta de la oficina fueron sedados con dardos y la víctima recibió tres disparos, dos en el pecho, el tercero en la frente con un arma corta, con silenciador. La hora estimada de la muerte está entre las 11:30 y la media noche.

-¿Ya tenemos los archivos de las cámaras de seguridad en “El Gemido”? -pregunta Danny.

-Me acaban de llegar -informa Steve-, pero solo cubren las zonas públicas y el perímetro exterior. El corredor de la oficina es el mismo que el del baño, solo hay una cámara a la entrada, pero por el ángulo no se puede saber quién entró al baño y quién siguió hacia la oficina.

-Ese gigantesco punto ciego no puede ser casual -opina Danny.

-Por supuesto -coincide Chin-, había que garantizar la privacidad a quienes venían al “otro” negocio.

-Okay, okay -el rubio respira hondo. -Entonces, ¿de quién sospechamos ahora mismo?

Steve se encoge de hombros.

-Tras casi medio siglo de operaciones en un negocio como ese, la pregunta es quién no lo quería muerto, excepto algunos de sus empleados y clientes -reflexiona el comandante. -Podría ser que las familias decidieron limpiar casa, por miedo a la agresiva política de moralización de Denning. Podría ser alguien de su red de chantaje que decidió terminar el arreglo. ¡Diablos! Podría ser incluso una de sus antiguas víctimas.

Danny se gira hacia Lori.

-¿Puedes hacer algo de tu magia de perfiles criminales para apuntarnos en una dirección específica?

Ella niega, sin dejar de mirar las fotos de la escena del crimen en la pantalla.

-No hay suficiente, Danny. Fue un trabajo meticuloso y limpio, sin daños colaterales, pero eso encaja en el perfil de un asesino a sueldo y de una persona con trastorno obsesivo compulsivo.

-En el campo de las evidencias materiales -interviene Chin-, el equipo de Charlie levantó muchos juegos de huellas en el bar y las están cruzando con las de la oficina de Kahale, pero eso sería circunstancial, en el mejor de los casos. Además, con un trabajo de esta calidad, es improbable que quien lo ejecutó dejara rastros anoche.

Miran a McGarrett en busca de orientación. El comandante suspira.

-Les tengo un trabajito divertido: revisar videos de vigilancia -entrega a cada cual una memoria USB. -Estos son los archivos de las cámaras de seguridad del bar en la noche del asesinato. Trataremos de identificar a todas las personas que entran y salen del pasillo que lleva a la oficina de Kahale durante la ventana que nos dieron. Nos reunimos de nuevo cuando alguien encuentre algo interesante en las imágenes, o hasta que Charlie y Max manden alguna actualización.

 

10:30 am, Cuartel general de Hawaii 5-O

-¿Qué tenemos de nuevo? -pregunta Danny mientras se restriega los ojos.

-Charlie mandó una actualización sobre las huellas digitales en el bar y tenemos un sospechoso -informa Chin, mientras manipula la mesa digital. -Les presento a Peter Mitchell -y con un gesto pasa a la pantalla la foto de registro militar de un hombre de mandíbula ancha, cabello negro y ojos verdes.

McGarrett hace un ruido de sorpresa. Se trata de un oficial de la Marina, capitán, según detalla el perfil básico que acompaña la foto.

-¿Y por qué es el capitán Mitchell nuestro sospechoso?

En cuanto hace la pregunta, Danny lo mira, curioso. En el tono de Steve hay algo, como si temiera la respuesta que dará Chin.

-Las huellas de Mitchell ya estaban en la base de datos de la Policía de Hawái. Ha sido multado por exceso de velocidad y conducción irresponsable las cuatro veces que ha visitado la isla en los últimos diez años.

-Bueno, es un piloto de la Marina, no me imagino que ir a menos de cien por hora lo satisfaga, siquiera para ir a comprar el pan -comenta Danny.

A su lado, McGarrett asiente en silencio, pero su postura es tensa.

-Eso no es importante en este caso. Lo importante es que sus huellas estaban en un registro mucho más viejo: fue una de las cien personas capturadas en una redada en el bar “El Gemido” en 1976. Uno de los tantos, e infructuosos, intentos de acusar de algo sólido a Koi Kahale.

MacGarrett masajea su entrecejo y se muerde los labios. Está claro que no le gusta a dónde va esto.

-Espera, espera -interrumpe Lori. -Su ficha dice que Mitchell nació en 1962, así que tenía catorce años. ¿Qué hacía…? -y se detiene, porque ha conectado los puntos en su mente. -¡Oh!

-Si -suspira con una sonrisa amarga Chin y pone una nueva imagen en la pantalla. -Esta es, probablemente, la primera ficha policial de Pete Mitchell.

La foto es en blanco y negro, y el rostro aún no pierde la redondez característica de la infancia, pero su barbilla y nariz son idénticas a su foto de adulto. Los ojos son pendencieros, como si retara al policía que tomó la foto a decirle algo sobre la situación en la que se encuentra.

-Pero esos registros deberían estar sellados -Danny no puede contener la sensación de que son cómplices de algún tipo de voyeurismo archivístico. -Él era un menor de edad, una víctima. ¿Por qué estamos viendo esto?

-Por la filtración Kato -susurra McGarrett.

-¡Oh! -Danny siente que sus pesadillas acaban de adquirir otro elemento más. Mira a Chin -¿Ustedes también?

El hawaiano asiente. Ahora es Lori la que les mira desorientada.

-¿Qué es la filtración Kato?

Danny y Chin intercambian miradas incómodas. Nunca es agradable reconocer los fallos del sistema policial. Aunque Lori es su colega ahora, es, en última instancia, una agente del Departamento de Seguridad Nacional. Si no supo del escándalo Kato en su momento, es porque no le correspondía. McGarrett los saca de su miseria al tomar la palabra.

-En 2001, el gobierno federal al fin dio dinero a todos los cuerpos de policía del país para digitalizar sus archivos sellados relativos a crímenes juveniles anteriores a la era de las computadoras. El objetivo era construir una base de datos que permitiera un mejor reconocimiento de los patrones de tráfico y explotación de menores a nivel local, estatal y nacional. El problema es que, como de costumbre, no invirtieron mucho en la seguridad. Cinco años después, cuando ya se había subido mucho material, un hacker, o grupo de hackers, entró a las intranets de varios departamentos de policía para robar específicamente esos datos. Todo lo que el FBI logró determinar fue la firma digital: Kato. Yo lo supe por mi padre, se quejó de que había advertido sobre la falta de seguridad de la intranet del departamento. Supongo, por la reacción de Danny, que la ciudad de New Jersey fue otra de las víctimas.

-Si -asiente el rubio. -Pero eso no explica que las huellas de Mitchell nos conecten con un caso de 1976. Si está sellado, debe permanecer sellado para la policía, aunque lo robaran.

Chin extiende los brazos en gesto de derrota.

-Porque el estado de Hawái, en su infinita sabiduría, creyó que la mejor manera de lidiar con la temida ola de chantajes era incorporar esos archivos en la base de datos de la policía con un marcador especial: solo aparecen cuando se relacionan directamente con el caso en cuestión. Fíjate que Mitchell ha sido registrado cuatro veces antes por la policía de tráfico y esto nunca salió a la luz.

Danny no oculta su incredulidad. Puede ver, por la expresión de Lori, que a ella tampoco le gusta la solución.

-Eso es revictimizar -afirma ella. -No se puede presuponer que, porque una persona fue víctima de un crimen sexual antes de cumplir los dieciocho años, es automáticamente sospechosa de lo que sea que le ocurre a su victimario treinta o cuarenta años después.

-No, -admite incómodo Chin- pero en este caso ha sido útil.

-¿Cómo? -espeta ella sin ocultar su escepticismo.

-Porque de acuerdo con los registros de su tarjeta de crédito, Mitchell nunca había estado en ese bar en sus cuatro visitas anteriores. ¿Por qué regresó a “El Gemido” ahora?

-Eso podría no tener nada que ver con Kahale -interviene McGarrett.

El resto del equipo lo mira extrañado. Él les devuelve una expresión sorprendida.

-Mitchell es un oficial de la Marina, “El Gemido” es un bar gay -extiende los brazos. -¿Debo decir más?

-¡Oh! -recuerda Lori. -La derogación de la DADT el mes pasado.

-Exacto.

-De todos modos creo que sería bueno comprobar la coartada de Mitchell -opina Chin.

-De acuerdo. Mándame los datos de su hotel al teléfono -accede el comandante. -Vamos, Danny.

 

Martes 3 de octubre, 11:30 am, Hilton Hawaiian Village, Honolulu, Isla O´ahu

Tocan a la puerta de la suite que ocupa Mitchell.

-¿Quién es? -pregunta una voz masculina.

-Hawái Cinco Cero, policía.

Les abre un hombre rubio y sonriente. Tiene altura similar a la de McGarrett, bigote onda retro y dos cicatrices pequeñas en la mejilla izquierda. Viste una horrible camisa hawaiana y pantalones de algodón color beige. Los mira de arriba a abajo y la sonrisa se le borra del rostro. Se vuelve hacia el interior de la suite.

-¡Papá! El par de estripers que me encargaste no son mi tipo.

Steve y Danny se miran asombrados. Antes de que puedan intervenir, aparece Mitchell, vestido con una camiseta blanca, jeans ajustados y una camisa de mangas largas de cuadros.

-No encargue ningún estriper, Brad -dice con expresión de asco. -Te quiero, pero no me interesa ayudarte a vaciar las tuberías. Ya eres adulto.

-Somos policías de verdad -interviene Danny, que definitivamente no quiere ver cómo termina este pequeño malentendido familiar. Muestra su insignia. -Somos los detectives Williams y McGarrett. Queremos hablar con usted, señor Mitchell.

Brad hace un gesto de exasperación.

-¿Otra vez? -se vuelve hacia su padre. -Quisiera que una vez, solo una vez, terminemos las vacaciones en Hawái sin que vengan a quejarse de cómo conduces.

Mitchell le sonríe a su hijo.

-No sería tu padre, entonces. Sabes que siento la necesidad…

-Si, claro, la necesidad por la velocidad -le interrumpe el joven con tono cansado.

-Y como no te interesa saber qué sensor de velocidad tiré al suelo esta vez, me iré con los detectives a su oficina -los mira con repentina autoridad- ¿verdad?

Danny pestañea, un poco desorientado. Definitivamente han perdido el control de esta conversación, si es que alguna vez lo tuvieron. ¿Mitchell les estaba esperando?

-Si, exactamente -apoya McGarrett sonriente. -No es nada grave, puro trámite. 

Pero ahora el joven los mira con sospecha.

-¿De qué departamento dijeron que eran?

La sonrisa del comandante se tensa un poco.

-Hawái Cinco Cero.

-No te preocupes, Brad -le corta Mitchell. -Regresaré en un rato. Tu diviértete con uno de los pepinos que hay en la cocina de la suite.

-¡Papá!

El capitán aprovecha que su hijo está todo sonrojado y mira a los dos detectives con tremendo bochorno para salir al pasillo y cerrar la puerta tras de sí.

-Solo quiero dejar claro que estas cosas solo pasan contigo -profiere Danny en cuanto se sientan en el auto.

-¿Conmigo? -se asombra Steve mientras maniobra para salir del parqueo del hotel.

-Cuando voy a entrevistar gente con Chin o Lori, nunca nadie cree que somos stripers, ni trabajadores sexuales de ningún tipo, McGarrett.

-Oye Danny, no es mi culpa que la gente proyecte cosas extrañas al verme, ¿okay?

-No, no es mi culpa, dice. Pero no deja de nadar todos los días en la madrugada para mantenerse como un maldito modelo de ropa interior.

-¿Estás diciendo que soy bonito, Danny?

-Debo admitir que la vida de retiro te sienta, McGarrett -opina Mitchell desde el asiento trasero con tono divertido. -Menos de dos años y ya te casaste.

-¿¡Ustedes se conocen!?

El comandante mira al capitán con expresión enfadada a través del retrovisor.

-No estoy retirado, sino en las reservas.

Mitchell hace un gesto con la mano como quien quita importancia a la distinción.

-¡Steve! Te hice una pregunta. ¿De dónde lo conoces?

-De San Diego -admite con tono culpable. -Estuve estacionado en la Base Naval de San Diego y coincidimos ahí.

-Es una comunidad pequeña, la Marina -explica Mitchell y se gira hacia la ventanilla del auto.

Danny se siente traicionado. Al mismo tiempo, no está seguro de por qué, pero que Steve no desmintiera que están “casados” le hace sentir algo raro en el estómago. Es la primera vez que lo deja pasar sin más.

No hablan durante el resto del viaje.

 

Mediodía, Cuartel general de Hawaii 5-O, Honolulu, Isla O´ahu

Antes de llegar, Steve envía a Lori y Chin en diversas misiones fuera del cuartel. Al llegar, lleva a Mitchell a su oficina, cierra la puerta y despliega las persianas verticales. Williams ve con sorpresa la atención que pone en la privacidad del sospechoso, pero no dice nada, solo se sienta a su lado, tras el buró. Su colega le da una mirada incómoda, carraspea y comienza la entrevista en tono inusualmente formal.

-Capitán Mitchell, queremos entrevistarlo en relación con la muerte de Koi Kahale. El señor Kahale fue asesinado hoy, entre la medianoche y la una de la mañana, en su oficina dentro del bar “El Gemido”.

-Ajá -dice Mitchell mientras se mira las manos.

-¿Sabe usted algo de ese bar o de ese hombre?

-Las margaritas son muy buenas. Espero que eso cambie con la nueva gerencia.

Danny bufa, pues comprende que la relación entre McGarrett y Mitchell impide que su colega sea tan agresivo como de costumbre. ¿Es capitán un grado superior a comandante en la Marina? No lo sabe, pero está claro que Steve no se siente capaz de acosar a este hombre hasta que confiese. Decide intervenir.

-Usted nos estaba esperando, Mitchell. ¿Puede explicar por qué?

-Vi la historia de la muerte de Kahale en las noticias locales esta mañana. Yo estuve en ese bar anoche -se encoge de hombros-, siempre estoy en la lista de sospechosos habituales -concluye con amargura.

-¿Pero conocía el bar de antes? ¿Sabía que era propiedad de Kahale? -insiste el rubio.

Mitchell mira a Williams con ojos entrecerrados, como si tratara de comprenderlo.

-Claro que conocía el bar. Uno no olvida la barra donde perdió la virginidad -dice sin entonación. McGarrett hace un sonido estrangulado, mitad resoplo sorprendido y mitad gruñido ultrajado. Williams abre mucho los ojos y, perturbado por la calma con que Mitchell habla de su propia violación, desvía la mirada hacia la pared.

-Aunque el olor es diferente, ya no se puede fumar en el salón. Y no sabía que aún pertenecía al viejo Koi, no.

-¿A qué hora se fue del bar? -pregunta Williams cuando logra recuperar la compostura.

-Poco después de las once, creo. No estoy seguro de eso porque, como le dije, las margaritas son muy buenas.

-¿Regresó al Hilton Hawaiian Village con su hijo?

-¡No! -el capitán parece casi asqueado por la idea. -Bradley había encontrado compañía para la noche. Nos separamos.

-¿Entonces usted fue a…? -Danny hace un movimiento giratorio con la mano, como tirando de un hilo de pescar.

-Fui al mar -concluye Mitchell mientras juguetea con un anillo de color gris acero en su mano derecha. -Los recuerdos me hicieron sentir mal, así que caminé a la costa. Estuve meditando ahí, con la ayuda de una botella de vodka. Desperté al amanecer y regresé al hotel.

Los detectives intercambian miradas preocupadas.

-¿Estás diciendo que no tienes coartada para la hora del asesinato?

Mitchell mira a McGarrett como si fuera una persona lenta de entendimiento.

-No necesito coartada porque no lo maté, comandante. Busque una prueba de pólvora o ADN o algo de eso.

-No tenemos… -el timbre de su celular interrumpe a Steve.

En la pantalla aparece la fotografía de Catherine. Extrañado, hace un gesto para disculparse con los otros dos hombres, se gira hacia la pared, y responde.

-¿Qué fue lo que hiciste? -el grito es tan alto que tiene que apartar el aparato de su oreja.

-Cate, ¿qué pasa?

-¿Por qué está Maverick en el cuartel de Hawái Cinco Cero, Steve?

-¿Cómo…? -pero lo piensa mejor, se levanta y sale de la oficina. -¿Cómo sabes eso?

-Porque me ordenaron triangular su teléfono.

-Eso no tiene sentido. Solo está aquí para responder unas preguntas. Se irá en cualquier momento -aunque mientras lo dice se da cuenta de que no será así.

Maverick no tiene coartada, pero sí motivo, y el entrenamiento para realizar una operación como la que le costó la vida a Koi Kahale. Es un sospechoso viable con los recursos para irse de Hawái, tienen que retenerlo.

-Mira, no sé qué te hizo creer que era buena idea llevarte a Maverick Mitchell de su hotel, pero hace quince minutos llegó la orden de localizarlo. Al fin pude escapar de la sala de procesamiento, y me encerré en el baño para decirte.

Él consulta su reloj.

-¿Quince minutos? Hace cuarenta que fuimos a recogerlo, eso significa que las alarmas sonaron a los veinte minutos de que saliera con nosotros. Voluntariamente, debo añadir. ¿Quién…?

-¿Quién mandó a localizar a Maverick con toda la capacidad de la Marina en cuanto desapareció? -lo interrumpe ella, sarcástica. -¿En serio tienes que preguntarme eso?

-¡Oh!

-Si, muy elocuente, marinero. Espero que tengas algo mejor que decirle a Kazansky.

Ahora sí que empieza a sentir pánico.

-¿Está en Hawái?

-Claro que está en Hawái. Kazansky está a cargo del Comando Central y Mitchell está en San Diego tras la desactivación de la Segunda Flota ¿Por qué otra razón estaría Mitchell aquí, sino para encontrarse con él?

-Pues…

-Me tengo que ir -le interrumpe ella de nuevo. -Ya llevo demasiado tiempo en el baño.

Cuelga.

McGarrett regresa a su oficina, donde Danny ríe por algo que le está diciendo Maverick. Levanta los ojos hacia él con expresión divertida.

-¿Así que “Perro Lindo”? Nunca imaginé que pudieras tener un apodo tan tierno, Steve.

-Vamos, ¿no te dan ganas de acariciarlo cada vez que lo ves? ¿Cómo fue que lo llamaste? -Mitchell se pone el índice contra los labios mientras finge que se esfuerza en recordar- ¡Ah! Si, modelo de ropa interior. Déjame decirte, estoy de acuerdo.

-Muy gracioso, Maverick. Usando información militar para poner a Danny de tu parte. Y no deberías hablar así.

-¿Por qué no? El presidente Obama me ha liberado -levanta los brazos por encima de su cabeza. -Casi podría votar demócrata de lo feliz que me siento. 

Steve hace una mueca de incomodidad y regresa a su asiento.

-La derogación de la DADT no significa el fin de la homofobia en las fuerzas armadas.

-No, pero por primera vez en mi vida puedo dormir sin el temor de perder mi trabajo por ser quien soy.

-Hablando de ser quien eres. Esa botella de vodka que dices te acompañó anoche, ¿estará en la playa? Podemos localizarla y probar que…

El capitán hace un gesto de negación.

-La tiré al agua.

-¡Mav, tienes que ayudarme aquí! Sin coartada y sin evidencia de que estabas en otro sitio estoy obligado a detenerte.

Los ojos verdes reflejan tristeza y los labios se tuercen en una sonrisa cansada. No deja de jugar con su anillo.

-Estuve solo en la playa toda la noche, lo siento.

A Danny se le ocurre que toda esta discusión es ridícula. Este hombre pasó treinta años en el armario dentro de la Marina, pero una sola noche en el bar equivocado destruirá su carrera. Abre la boca para decir que podrían inventar algo, tal vez dejar que se quede a dormir en una de las oficinas hasta que resuelvan el caso, pero el sonido de un tropel de pasos fuera hace que cambie su foco.

-¿Qué pasa ahí fuera?

Antes de que llegue a la puerta de la oficina, esta se abre y entra un hombre alto, rubio, su rostro ancho tiene una expresión turbulenta. Lleva el uniforme blanco de la Marina y tres estrellas plateadas en las charreteras.

McGarrett y Mitchell se levantan enseguida.

-¡Vicealmirante Kazansky!

-¡Ice! ¿Qué haces aquí?

Kazansky mira de arriba abajo a Mitchell.

-Bradley me llamó, por supuesto.

Luego se gira hacia McGarrett. Sus ojos se endurecen.

-Tienes valor, perro, pero no mucho juicio.

Solo la consciencia de que ese es el apodo de Steve en la Marina, impide que Danny salte ante el epíteto. De todos modos interviene. 

-Disculpen. No que verles en este concurso de miradas macho versus machísimo no es divertido y todo eso, pero, el infeliz civil aquí quisiera saber qué le da derecho a irrumpir en nuestra oficina señor…

-Vicealmirante -le rectifica Steve.

-Si, eso mismo, ¿qué lo trae por acá Vicealmirante Kazansky?

-Buscando a mi compañero.

Hay algo en la manera en que dice “compañero” que confunde a Williams. La entonación es un poco más profunda que el resto de la frase. Nota, por el rabillo del ojo, que Steve se tensa más aún. Supone que, como los apodos, es una clave de la Marina, pero esta indica peligro.

-Si, eso es comprensible, pero el señor, ¡perdón!, el capitán Mitchell, no ha podido darnos una coartada para el periodo entre las once treinta de la noche y la una de la madrugada. Sin eso, no podemos dejarlo ir. Es persona de interés en un caso de asesinato, ¿entiende?

Kazansky mira curioso a Mitchell.

-¿Qué les dijiste?

-Que me fui a la playa con una botella de vodka -responde el moreno mientras juguetea con su anillo y mira al suelo.

-¿De veras? -Kazansky hace un gesto de negación con la cabeza y pone una mano en el hombro del capitán. Mitchell levanta los ojos con expresión retadora.

-De veras.

Kazansky le sonríe, pero es un gesto triste. Inspira profundamente y se vuelve hacia McGarrett y Williams.

-Deben disculpar a Pete, las repetidas eyecciones le han causado problemas con la memoria. Obviamente, les habló de alguna otra noche hace muchos años. Ayer, cuando salimos de “El Gemido” -Mitchell gime al escuchar el “salimos”-, Bradley se fue al hotel con un acompañante y nosotros…

-Ice, no -el tono de Maverick es una plegaria. Kazansky lo ignora.

-... nos marchamos a la casa que la Marina me asignó durante mi visita. Bebimos un poco más y nos fuimos a dormir.

Danny pestañea, inseguro de lo que puede deducir de esa afirmación. Un hombre puede ir a dormir a casa de su amigo, claro. Pero el modo en que Kazansky dijo “compañero” y el empeño de Mitchell en excluir al vicealmirante de su testimonio sugieren otra cosa. 

-Eso está muy bien. Sin embargo…

-Danny -ahora es McGarrett el que trata de frenar a su compañero, pero Williams lo ignora, tiene que llegar hasta el final.

-Sin embargo -repite-, Mitchell pudo marcharse después de que usted se durmiera.

Algo violento sacude a Kazansky. Sus pupilas se contraen y el azul de sus iris casi hace desaparecer el negro de los ojos. Es tan breve que Danny no lo habría notado de no haber estado muy atento a todas las reacciones del oficial. El vicealmirante pestañea y sus ojos vuelven a estar serenos. Sonríe, y es como un depredador que enseña los dientes.

-Seré más claro, detective Daniel Williams -el uso de su nombre completo hace reaccionar a McGarrett, que se pone al lado de su compañero en actitud defensiva. -Pete Mitchell y yo dormimos juntos anoche. Además, la casa tiene asignado un equipo de seguridad de la Marina. Puede entrevistarles, darán testimonio de que entramos a las once y cuarenta y cinco de la noche, y nadie salió hasta esta mañana.

-¡Oh!

-Ahora, si nos disculpan. Solo tengo tres días más de descanso.

Kazansky pasa su brazo por encima de los hombros de Mitchell y lo hace girar para salir de la oficina. Steve reacciona cuando ya agarra el tirador de la puerta.

-Señor -ambos lo miran por encima del hombro. -Felicidades.

Kazansky resuma orgullo. Mitchell sonríe con timidez.

-Gracias -dice el capitán.

Una semana después, no hay progresos con el caso y Cinco Cero tiene que dedicar sus esfuerzos a la triste historia de Blake Spencer. Después de eso, por fin recuperan a Kono, pero ni siquiera con una persona más en el equipo logran avanzar en el caso. El trabajo fue casi perfecto y nadie lamenta la muerte de Koi Kahale lo suficiente como para proveer pistas.

Mientras, la familia Noshimuri se apodera de las propiedades de Kahale, pero de un modo que sorprende a muchos -no a Kono-. Adam, a quien el viejo Hiro Noshimuri está entrenando como heredero, establece un pequeño programa de rehabilitación para las víctimas, con ayuda psicológica y recursos para reubicarse fuera de Hawái, si así lo desean. Los lugartenientes de Kahale aparecen muertos por todo el archipiélago de modo especialmente sangriento durante todo octubre. Incluso los que huyen de Hawái al darse cuenta de que los están cazando. La policía trata de probar que las ejecuciones son obra de Michael Noshimuri, el brutal hijo menor de Hiro, pero no hay suficientes pruebas y, por una vez, el chico parece estar haciendo verdadero servicio social.

 

Lunes 31 de octubre, 4:30 pm, Cuartel general de Hawaii 5-O, Honolulu, Isla Oahu

Danny termina de ordenar los materiales del caso Kahale. El gobernador ha dado la orden de cerrar la investigación y declarar el asunto “caso frío”. Debe cerrar la carpeta y mandarla a archivos. Relee con atención los documentos, pues la manera en que encontraron a su único sospechoso le sigue pareciendo altamente cuestionable. Lo menos que puede hacer es asegurarse de que la privacidad de Mitchell esté protegida en los archivos que controla Cinco Cero.

Al volver sobre sus notas, recuerda un detalle que, en su momento le pareció extraño, pero nunca confirmó. Decidido, va a la oficina de McGarrett.

-Oye, Steve, respecto al caso Kahale.

-¿Si? -responde el comandante sin apartar la mirada de la pantalla de su computadora.

-Kazansky nunca nos preguntó por qué habíamos ido a buscar a Mitchell. Le dije que era persona de interés en una investigación de asesinato y ni siquiera preguntó quién había muerto. ¿No te parece extraño?

McGarret deja de teclear, se aparta de la mesa y mira a Danny con intensidad. El rubio conoce esa mirada. Steve está decidiendo cuánto de su vida en la Marina puede revelarle.

-¿Mitchell te dijo por qué le dicen Maverick?

-Si, porque vuela como un loco.

-A mí me pusieron Perro Lindo porque podía colarme en cualquier sitio con mis encantos, soy fiel y muerdo duro.

-No lo dudo, bebé.

-A Kazansky le dicen Iceman, porque lo planifica todo a la perfección y no comete errores. Es una de las mentes estratégicas más grandes de la segunda mitad del siglo XX. Él y Maverick han sido inseparables desde 1986, cuando se salvaron la vida mutuamente en el Océano Índico. Son una leyenda en la Marina. ¿Recuerdas que Cate me llamó a mitad de la entrevista? -Danny asiente– Fue para decirme que Kazansky había ordenado triangular la señal del celular de Mitchell. Así que cuando entró a este edificio ya había leído nuestros expedientes y sabía perfectamente qué investigábamos.

-Espera, ¿nuestros expedientes no están clasificados? ¡Somos la fuerza especial del gobernador!

McGarrett enarca las cejas.

-Kazansky fue director de Inteligencia Naval y está al frente del Comando Central de la Marina. Muy pocas bases de datos están cerradas para ese hombre.

-Vale -otras cosas le siguen molestando, pero sabe que es mejor no hablar de ello en este lugar. -Termino en cinco minutos y nos vamos, ¿si? Hay que recoger a Grace para el paseo de Halloween.

Ya en el auto, Danny trata de sacarse la espina final. 

-Steve, ¿no te parece extraño que Kazansky llevara a Mitchell precisamente a ese bar?

-Si, yo también pensé en eso. No me encajaba con lo que sé de Iceman. Pero luego me puse a pensar en la hora del crimen. Iceman y Maverick estaban bebiendo, probablemente brindando, por la libertad que les da la derogación de la DADT, justo cuando ejecutaban a Koi Kahale. Mientras más lo pienso, más me convenzo de que no fue una visita casual. Kazansky quería que Mitchell supiera que sabía de su visita a Hawái en 1976. Además, están los anillos.

-¿Los anillos?

-Maverick tenía un anillo con el que jugaba constantemente.

-Si.

-¿Qué recuerdas del anillo?

-Pues… era de color gris acero, tenía textura, como una filigrana muy fina, y era nuevo. El dedo no tenía decoloración a su alrededor.

-Muy bien. Ahora trata de recordar las manos de Kazansky.

El detective Williams cierra los ojos para concentrarse en el recuerdo. No se fijó mucho en las manos del vicealmirante, la verdad. Solo cuando le puso la mano en el hombro a Mitchell pudo ver que... Se gira hacia Steve, sorprendido.

-Su anillo era idéntico. ¡Oh! -comprende de repente- Por eso los felicitaste.

-Si. Creo que se comprometieron esa noche.

Danny no puede sino sentir escepticismo hacia la extraña alineación de eventos.

-¿El responsable principal del abuso sexual de Mitchell muere casualmente en la noche que su compañero de veinticinco años le propone matrimonio?

Steve lo mira de reojo, sin dejar de prestar atención al timón porque es la tarde de Halloween y hay mucha gente que empieza a celebrar temprano. Ninguno de los dos cree en coincidencias, es algo imposible cuando trabajas como investigador, ya sea en contraterrorismo o robo.

Están doblando en la calle de la mansión de los Edwards cuando Danny decide cerrar el asunto.

-Fue un regalo de compromiso endemoniadamente personalizado.

 

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