Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandom: Top Gun (Movies)
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Capítulo 3: Perdiéndolo todo
Resumen:
Jake recibe la ayuda de Brig y Bradley.
Iceman sufre en silencio.
Sam y Sean no saben qué pasa, pero todo parece ser culpa de su padre.
Maverick y Sarah tratan de armar una estrategia para recuperar a su esposo.
Domingo 3 de agosto
Valle Moapa, 5 am
Jake apaga el motor y mueve la cabeza, en un intento vano por desentumecerse el cuello y la espalda. Han sido seis horas brutales. Mira por la ventana la silueta del Motel Moapa y se felicita por haber recordado la ubicación. Es un edificio de una sola planta, largo, cuyas paredes de color claro destacan en la noche. Tiene ese aire de ligero peligro que transmiten muchos moteles de carretera. Se podría decir que es aterrador, pero pintoresco.
En el parqueo hay una variopinta colección de camiones, autos y motocicletas. Eso es bueno, significa que el Honda no llamará la atención. Toma la mochila, el morral, cierra el auto y se dirige con pasos lentos a su albergue de esta noche.
Como muchos moteles de carretera, Moapa incluye una pequeña tienda de abarrotes. Para ahorrar personal, la recepción está dentro de la tienda. Así que Jake tiene ya varios paquetes de comida ligera y un pack de higiene dental cuando llega ante el empleado.
-Una habitación sencilla.
El hombre lo mira de arriba a abajo, escéptico.
-Son setenta la noche, la salida es a las diez de la mañana.
Jake no tiene energías para ofenderse porque este desconocido cree que es un niño escapado de su casa. Deja caer los paquetes de papas, galletas, jugos, cepillo y pasta de dientes en el mostrador.
-Entonces dos noches -dice mientras saca de su billetera la identificación y la tarjeta de banco.
Solo tiene unos quinientos dólares a su nombre, pero sabe que si no duerme su viaje terminará pronto, y de modo sangriento. Cuando despierte hará cuentas.
La habitación está limpia, con muebles y decoración mínimos. El aire acondicionado es fuerte, pero lo deja encendido porque sabe que cuando amanezca el exterior se volverá un horno. Pone sus cosas en el suelo y va directo al baño. La alfombra de la ducha está manchada, pero la presión del agua es buena y el jabón tiene un aroma florido no demasiado intenso.
Conecta el cargador de su teléfono.
Come sentado en la mesa mínima, con cuidado, guarda los restos en el mini refrigerador y se lava los dientes antes de meterse en la cama.
A pesar del cansancio, le cuesta dormirse. El edredón es áspero, las sábanas huelen a fuerte detergente industrial, las paredes son de un color beige aséptico. Nada es como su habitación. La enormidad de lo que hizo lo golpea fuerte, ahora que la adrenalina desapareció de su sistema.
La habitación que ya no tiene.
En la casa que ya no tiene.
Donde vive la familia que ya no tiene.
Se enfrentó a Kazansky y ahora está por su cuenta.
Cuando estaba a la altura de Hesperia consideró dejar la I-95 y seguir hacia el norte, para dormir en China Lake, con Sundown. Lo detuvo la certeza de que el contraalmirante Williams llamaría de inmediato a su padre, o, ¡peor!, a Kazansky. Así que decidió seguir hasta Nevada, calculando que era menos probable que Neven y Wolfe lo devuelvan a University City. Después de todo, ya no están en la Marina.
Durante el viaje, Jake trató de sopesar sus opciones.
Sabe que no puede sobrevivir las dos semanas que faltan para entrar a la USNA solo con quinientos dólares y un auto que no está a su nombre. Necesita ayuda, pero no quiere hablar con nadie del maldito “Escuadrón del 86” porque no tiene idea de si están al tanto de las manipulaciones de Iceman, o son sus cómplices. Sabe que Sarah y su padre están atrapados en su red, pero más allá de eso…
¡Todos los adultos con los que creció han dejado de ser confiables!
Eso le deja a Brig, aquí en Nevada, y a Bradley, en New Jersey. La idea de que en pocas horas verá a Brigham le produce una calidez interna que no tiene energías para analizar.
Porque está dormido.
Residencia Kazansky-Mitchell, 9 am
Habitualmente, los desayunos de fin de semana siempre son informales. Durante el año escolar, sus habitantes pasan a deshora por la cocina a preparar, o recalentar, lo que sea que quieran, en el momento que decidan, hasta la cena del domingo. Sarah exige que el domingo cenen en hora y en grupo, para que la prole se vaya a la cama temprano y esté lista para la escuela al día siguiente. Durante el verano, esa única formalidad queda anulada.
Jake, Sam y Sean recibieron un curso acelerado en gestión doméstica este verano sin saberlo. Su iná les declaró responsables de su propia dieta y les dio un presupuesto. Si cocinaban para ella también, el costo de esa comida les sería reembolsado. Pero como Sarah sigue trabajando en el hospital, la mayoría del tiempo el trío está por su cuenta. Este fin de semana, con Tom y Pete de visita, se suponía que comerían en familia. En lugar de eso, tuvieron un almuerzo y cena de sábado con numerosos silencios incómodos, gritos en la noche y la estampida de Jake en el carro de su madre -con el termo favorito de Sarah a bordo-.
Nadie quiere salir de su habitación ese domingo, pero el hambre es una aflicción universal.
El primero en bajar es Sean. Se apura en calentar la leche mientras mira hacia el patio, inquieto. ¿Cuándo regresará Jake? Nunca lo había oído tan enfadado. Como está concentrado en el exterior, no nota la llegada de alguien más.
-Buenos días -le saluda Tom con voz ronca.
El chico se da vuelta rápidamente.
-Uh…
La alarma del microondas lo salva. Saca el bol con leche y le pone cereal con la espalda vuelta hacia el hombre. Decide irse a desayunar en la mesa del comedor para alejarse. Cuando su padre no intenta decirle nada, suspira aliviado. Igual, lo observa a hurtadillas mientras da vueltas por la cocina preparando su propio desayuno. Luce agotado, con la piel de la cara grisácea, bolsas debajo de los ojos y una lentitud en los movimientos que lo incomoda.
Por fin, su padre también se sienta en el comedor. Trae un plato de tostadas con mermelada y una taza de… Sean arruga la nariz ante el olor de la infusión ¿manzanilla? Icepá siempre toma café en las mañanas.
Tom se acerca la taza a la cara lentamente, absorbe el aroma medicinal de la infusión y toma un sorbo. Arruga la nariz, nunca le ha gustado la manzanilla, y toma un poco más. No lo disfruta, pero sabe que debe ingerir algo que calme su estómago antes de intentar comerse las tostadas. Se pasó la noche llorando y vomitando. Cada vez que se adormecía, tenía una pesadilla de la que despertaba con arcadas. Al final se dio por vencido, simplemente llevó una almohada y una manta y se tiró junto a la puerta del baño. Total, estaba solo en la cama.
Sam baja totalmente vestida. No les presta atención al pasar porque toda su atención está en su móvil.
-Ya no sé ni cuántos mensajes te he dejado. Esto no se hace hermano. Si quieres refrescar, está bien, lo de anoche fue intenso -mira brevemente a su padre y contrae la mandíbula-, pero no me puedes dejar así colgada. Llama, manda texto o mensaje. Solo quiero una prueba de vida. ¿Si?
Deja el móvil en la meseta, se sirve café, saca del refrigerador los ingredientes de una tortilla. Cuando está lista para encender la estufa, suena la alarma de nuevos mensajes y se abalanza hacia el aparato. Decepcionada, ve que es de su padre.
-¿Qué es esto?
Iceman se alegra de tener una razón para dejar de mordisquear la tostada, porque ya siente la náusea subirle de nuevo por la garganta.
-La prueba de vida.
Y se obliga a beber lo que queda de manzanilla.
Sam lo contempla incrédula, pero se da cuenta de que él no dirá nada más. La verdad es que su padre parece listo para caerse dormido contra la mesa. Solo lo ha visto así una vez, cuando era una niña de diez años. En octubre de 2001, Icepá regresó todo demacrado después que su visita de tres días a DC se alargase por un mes. Entonces, América estaba en peligro. ¿Significa esto que Jake no volverá pronto? La joven siente un escalofrío de miedo y abre el mensaje. Trae adjunta la imagen de un comprobante de transacción de la tarjeta de banco de Jake. La ubicación está oculta, pero puede leer la lista de compras y la hora… ¿cinco y quince de la mañana?
Eso significa que su hermano está a salvo. Probablemente durmiendo. Levanta la cara hacia Sean y le dedica una sonrisa mínima. Su hermano menor asiente y sigue devorando su cereal.
Sam deja el teléfono en la mesa para ocuparse de su estómago.
La última en bajar es Sarah, casi una hora después. Ella también tiene ojeras, pero al menos parece tan enérgica como siempre.
-Buenos días Sean -le revuelve el pelo rubio al pasar.
-Buenos días iná.
-Buenos días Sam -le pone una mano en el hombro.
-Buenos días iná.
La mujer sigue hacia la cocina sin decir nada más.
Iceman tampoco intenta decirle nada. Solo sigue masticando las tostadas con cara constipada, encogido en su lado de la mesa.
Sam lo mira con lástima. El viernes por la tarde a su madre le brillaban los ojos al hablar del amor que comparten y ahora… ¿Qué pasó anoche? ¿Acaso su hermano también descubrió el triángulo amoroso y no reaccionó bien? Recuerda lo que le dijo su iná “la mayoría de las personas no entiende el amor fuera de la monogamia”. ¿Será Jake una de esas personas? Pero no tiene sentido que mamá castigue a papá por eso ¿cierto?
Tiene que encontrar una oportunidad para hablarle a solas. Sus planes son interrumpidos por la voz de Sarah.
-Sam, quiero que lleves a Sean a pasear -anuncia su madre desde la cocina.
La chica abre la boca para decir que no quiere ser niñera, pero su hermano se le adelanta.
-¿Qué? -reacciona el chico con tono ofendido. -Iná, ¡tengo planes!
Su madre alza una ceja ante ese argumento. Toda la familia sabe que los planes de domingo de Sean son siempre los mismos: jugar “Call of Duty 4: Modern Warfare” con sus amistades de internet.
-Tus planes han sido cancelados -le responde Sarah con dureza. -Estoy segura de que la pasarás bien en donde sea que tu hermana te lleve -y mira a su hija con expresión retadora.
Sam es una persona pragmática. Puede ver que su madre también está tan trastornada como en septiembre de 2001. Además, si Jake llama, será mejor estar lejos de sus mayores. Levanta ambas manos en gesto conciliatorio.
-No he dicho nada.
Pero Sean no está satisfecho. Se vuelve furioso hacia su padre.
-¡Esto es tu culpa! -y sale a zancadas hacia las escaleras.
Tom se sacude ante la acusación, pero no dice nada. Se queda muy quieto, luchando contra las arcadas y el llanto. La voz de su hija le llega de lejos.
-¿Puedo tomar tu auto, Icepá?
-Seguro -se obliga a decir.
No es como si él usara mucho ese auto desde que está estacionado en Bahrein. Aunque es probable que Sarah decida apropiárselo, ahora que Jake se llevó el SUV. Se queda sumergido en un estado de leve somnolencia hasta que escucha la voz de su esposa.
-Tenemos que hablar.
Abre los ojos y la mira, sorprendido. Ella está sentada a su lado. Están solos en la larga mesa del comedor.
-Pueden oírnos -arguye, su voz es un graznido débil a causa del ácido estomacal y la falta de sueño.
-Ya se fueron -responde ella. -Vamos arriba, tenemos que hablar -repite.
¿Arriba? Pero eso significa… ¿Pete? La sola posibilidad de volver a estar bajo esa mirada despectiva es suficiente para que use la poca fuerza que le queda.
-No.
-Tom…
Sarah se pasa una mano por el pelo y se muerde los labios. No intenta tocarlo, y eso le rompe un poco más el corazón.
-Tom, no puedo arreglar esto yo sola. Vamos arriba y hablemos. Pete nos espera.
Pero Ice no se expondrá a más dolor de lo estrictamente necesario. Sabe de qué lado se pondrá Maverick. Mueve la cabeza de un lado a otro en negación.
-No puedo darle lo que quiere.
-Al menos dime qué pasó. En toda la noche no lo único que Pete dijo fueron balbuceos incoherentes.
¿Qué pasó? Él mismo no está seguro en este punto. Solo sabe que, de nuevo, su vida anterior y su vida presente chocaron como dos trenes que van a toda velocidad, pero por la misma línea y en direcciones opuestas. Lo horrible, lo escalofriante, es que Rachel está muerta para todos los efectos. Solo Jake mantiene su memoria viva. No importa cuánto lo ame, cuánto le de, para Jake Mitchell, Tom Kazansky nunca estará a la altura de Rachel Seresin. Creyó haberla matado, pero Jake la trajo de vuelta y no la deja morir. ¡Combate contra una versión zombi de sí mismo!
-Jake encontró fotos -le dice al fin. -Nos mostró una foto en que Pete y yo estamos sentados en la pradera. Su rostro, Sarah, su rostro. Miraba con tanto amor a Rachel.
-Pete jamás ha amado a Rachel -le interrumpe ella firme.
-¡Pues no dijo eso anoche! Jake preguntó si era amor lo que sentía en esa foto y él dijo que si. Así que arremetió con toda su fuerza, como siempre que aparece ese nombre. Me acusó de obligar a Pete a dejarla, de robarlo de los brazos de su madre.
-Y tu no pudiste decirle… -comprende ella.
-No está listo, Sarah.
-¿Cómo lo sabes? -ella le toma una mano con suavidad, la estrecha entre las suyas- Mira la sorpresa que nos dio Sam.
Tom le responde con una risa sarcástica.
-¿De veras? ¿Entonces por qué no te escuché hacer planes de decirle toda la verdad? ¿La dejarás ir sola a Rickers o vas a acompañarla? -Sarah se aparta rápidamente, los ojos abiertos como platos- ¡Ah! ¿Es distinto cuando se trata de tus secretos?
-No hagas eso -ruega ella.
-¿Qué?
-Apartarnos, aislarte.
¿Y qué otra cosa va a hacer? Ya lo han herido lo suficiente. No importa qué crean Hollywood y Wolf, no es un masoquista.
-Lo que yo haga ahora no importa. Jake quiere algo que no puedo darle, así que habrá que esperar a que se calme y lo piense mejor.
Una parte de él, la que se adaptó a estos años de felicidad, quiere quedarse y dejar que ella lo consuele. Por suerte Tom no ha perdido por completo el control de sus emociones. Sabía que todo esto era tiempo robado ¿no? Igual, sus ganas de llorar casi son incontenibles y quiere preservar la poca dignidad que le queda. Tiene que regresar a su habitación. Se levanta con dificultad y empieza a caminar hacia las escaleras apoyado en la pared. Sarah intenta levantarle el brazo para ayudarlo, pero la rechaza.
-Ve con él -sabe que su tono tuvo la entonación imperativa correcta cuando ella da un paso atrás. -Tom…
-Soy Iceman -la corta-, no tienes que preocuparte por mi.
Ella lo deja ir.
Valle Moapa, 11 am
Entra al restaurante fingiendo una calma que está lejos de sentir.
-Hola Brig -le saluda la mesera.
-Hola -le responde automáticamente mientras peina el pequeño salón.
Al fin lo ve, come metido en uno de los cubículos del fondo.
-¿Me llevas una malteada Alice?
-Seguro.
Se dirige sin más demora hacia Jake.
-¡Ey! -dice al sentarse frente a su amigo.
El rubio abre mucho los ojos al verlo, se apura en tragar.
-¡Brig! -toda la cara se le anima y los ojos verdes brillan alegres.
Brigham siente orgullo y melancolía al ver la reacción. Pero su alegría al ver a Jake no desplaza la preocupación.
-¿Qué haces aquí? Vi el carro de Sarah fuera. ¿Dónde está ella?
El rostro de Jake se apaga de nuevo.
-Me fui de casa anoche. Salí en el carro de iná en la confusión de la pelea. Estoy por mi cuenta ahora.
Brigham no grita, no sacude los brazos, no estalla de ninguna manera porque están en el restaurante del pueblo. Seguirá viniendo aquí por un buen tiempo. Sabe que sus tíos tienen una “salida romántica” mensual que consiste en venir aquí y comer pastel de melocotón. No puede llamar la atención, se repite a sí mismo mientras respira con dificultad y agarra el borde de la mesa tan fuerte que los dedos se le ponen pálidos.
-¿Qué te hicieron? -pregunta entre dientes.
Entonces Jake le sonríe con asombro, como si no pudiera creer que esté automáticamente de su lado y Brig vuelve a sentir esa mezcla de alegría y añoranza que siempre le producen sus interacciones con Jake. Sus tíos le han advertido que debe ser más discreto, no solo por lo que ese tipo de sentimientos podría significar para su carrera, también porque el objeto de sus afectos no se ha dado cuenta de milagro. Él no cree que sea un milagro, sino algo en Jake, que es muy inteligente para leer a las personas en casi todo, menos en lo que refiere a relaciones sexuales. Simplemente, Jake parece incapaz de reconocer las señales relativas a cortejos o sentimientos amorosos. Le dijo una vez que la obsesión social con el sexo lo confunde.
Nada de eso importa ahora. Jake lo mira con cariño. Como todo parece indicar que es lo máximo que obtendrá en su vida de este hombre, Brigham lo disfruta al máximo.
-Aquí tienes tu malteada, Brig.
-Gracias, Alice -responde distraído.
Espera a que la camarera se aleje para reanudar la conversación.
-Entonces ¿qué pasó? ¿A quién tengo que ir a romperle la cara?
Jake suspira y da una mordida a su sándwich. Es evidente que trata de ganar tiempo.
-Yo… Lo mismo de siempre, supongo: mi madre.
Brig aprieta los labios, incómodo. No entiende la fijación de Jake con su madre, sospecha que nadie a su alrededor lo hace. Al mismo tiempo, ¿quién es él para juzgar? Así que no dice nada, sino que espera por Jake.
-Ayer sábado encontré unas fotos en la casa, pruebas de que mi padre y Rachel estaban enamorados. Todos estos años me dijo que había sido algo casual, una aventura. Cuando lo confronté, admitió amarla. Le pedí que me dijera quien era, pero Kazansky no lo dejó.
-Espera, espera. ¿Dices que Iceman no le permitió a tu padre decirte nada de Rachel?
-Exactamente. Kazansky me dijo que él tenía las llaves, y que no me diría nada porque soy un niño, y no puedo manejar la verdad -y da una mordida feroz a su sándwich.
-Eso no tiene sentido.
Jake asiente mientras mastica y aparta la mirada. No quiere que Brig se de cuenta de que solo está contando la mitad de la historia. No importa cuánta rabia sienta, es consciente de lo que podría ocurrir si la relación entre su padre y Kazansky sale a la luz. No es solo que ambos podrían ir a la cárcel, es que las vidas de Sarah, Sam y Sean quedarían destrozadas. Incluso la carrera de Bradley estaría en peligro por asociación. En cuanto a él… será un paria en la USNA con este apellido, no puede ni imaginar cómo será su vida si a la fama de insubordinado de Maverick Mitchell se le suma la de maricón. ¡Oh! Qué bien ha jugado sus cartas el maldito Iceman.
Traga. Se encoge de hombros.
-Así que le dije “¿Sabe qué, vicealmirante Kazansky? No tengo que aguantar esta mierda. Me voy.” Agarré lo que pude y me monté en el primer auto que encontré al salir de casa, que era el Honda de iná. Luego manejé hasta aquí.
Sonríe con tristeza.
-Bueno, termina de comer y vamos para la casa.
-No.
Brig alza las cejas, asombrado.
-¿Cómo que no? Faltan dos semanas para que empiecen las clases, tienes que quedarte en algún sitio. ¿O es que vas a regresar a San Diego?
-Tampoco. Mira… me he dado cuenta de que confié en las personas equivocadas. Papá y Kazansky estuvieron mintiendo todos estos años sobre Rachel. Así que iré a la reserva yo mismo en busca de respuestas. Por lo menos puedo pedir mi certificado de nacimiento y sabré su nombre completo. Después iré a quedarme con Bradley en Lakehurst. Está a solo tres horas de Annapolis.
-De acuerdo, pero quédate en mi casa por lo menos esta noche. Wolf y Hollywood…
-Son amigos de toda la vida de Maverick y Kazansky -le corta Jake. -No sabemos cuánto saben de todo esto.
-¿Qué insinuas?
-No insinúo, digo. Digo que no podemos confiar en nadie del escuadrón del 86 en esto. Fueron testigos o cómplices de todo ese drama con mi padre y Rachel. Sé que Slider tuvo un rol activo. Sospecho que Cougar también. De los demás no sé. Pero todos están en la red de favores de Kazansky. Aunque Wolf y Hollywood dejaron la Marina, no sé de qué lado estarán, no se si me creerán. Por eso te llamé para vernos aquí y no manejé directo a tu casa.
Ahora es Brig quien toma un largo trago de su malteada para ocultar su incredulidad. Jake está montado en el tren de la paranoia y va a toda velocidad. Pero él no tiene argumentos para refutar su desconfianza, así que será inútil discutir. De pronto su ¿amado? es como esos fanáticos que lo confrontaban en la escuela para explicarle por qué sus tíos irían al infierno después de contagiarle la homosexualidad. Solo dejaron de acercarse después que hizo sangrar a dos y se hizo amigo del líder de la banda de mexicanos en las sesiones de castigo. Su tío le explicó que a veces solo puedes acompañar a la gente que quieres, porque no podrán sanar hasta que toquen fondo y vean, en su interior, que se equivocaron.
Jake no espera nada de él. Jake nunca espera bondad o apoyo de la gente, recuerda con amargura. Aún cuando Bradley lo reciba en Lakehurst, le corresponderá a Brigham cuidarlo en la USNA. No puede permitir que se aleje ahora, o lo perderá para siempre.
-De acuerdo. ¿Qué necesitas?
-¿Así? ¿Sin discutir?
-Te conozco, eres tozudo y desconfiado. Si creías que me dirías lo que pasó, yo me pondría a defender a mi familia, nos pelearíamos y podrías ignorarme en la USNA, me alegra decepcionarte. No sé cómo Kazansky controla a tu padre. No se si en verdad el resto del escuadrón del 86 es parte de alguna conspiración. No me importa. Yo estoy contigo, Jake. Nunca lo dudes. Porque soy tu amigo.
Casi dijo “te amo”, pero se contuvo, no es el momento ni el lugar.
Jake lo mira un poco más con su extraña expresión de incredulidad calculadora. Brig comprende que está reajustando sus planes, porque pensaba que esto era una despedida. Al fin, la expresión del rubio pasa de calculadora a derrotada.
-Necesito dinero -empieza a jugar con sus cubiertos para evitar los ojos de Brig. -Solo tenía quinientos dólares cuando me fui de casa anoche. Ya gasté ciento ochenta en el motel donde me quedo y unos cincuenta en comida y gasolina. Si me ayudas a revisar qué cosas podría vender de las que agarré…
Pero Brig no tiene estómago para semejante balbuceo deprimente.
-Llama a Bradley.
La idea parece sorprenderlo.
-¿A Bradley?
-Claro. Estoy seguro de que tu teléfono está reventando con mensajes de voz, textos y llamadas perdidas. Alguien de tu familia debe haberlo llamado a él también. ¿O pensabas aparecerte en su puerta y decir “sorpresa”?
-Pues…
-Cambio de planes. Terminas de comer, vamos a tu habitación en el motel y llamas a Bradley.
Jake sonríe con toda la cara por primera vez.
Residencia Kazansky-Mitchell, 11 am
Sarah entra en el cuarto con una bandeja de comida. No enciende la luz, sino que espera a que sus ojos se adapten a la penumbra y va hacia la mesa tocador para dejar su carga. Luego se acerca a la cama, se sienta en el borde y sacude suavemente a la figura oculta entre las mantas.
-Pete, vamos.
Él solo gruñe.
-Pete, tienes que comer. Te traje varias cosas, alguna te gustará.
-No tengo hambre.
-Tu cerebro está mandando señales distorsionadas por la tristeza. Confía en mí, soy una doctora.
-Eres una comadrona.
-Que entre otras cosas aconseja sobre dieta durante el embarazo y los primeros meses post-parto.
-No estoy embarazado.
-Tampoco sabes nada de problemas del apetito por trauma. Yo sí. Sal de ahí abajo -repite con voz firme al tiempo que tira de las mantas.
Pete gime al sentir el aire fresco de la habitación sobre su piel. Trata de taparse la cara con una almohada, pero Sarah la agarra también y empiezan a forcejear.
-¡No quiero!
-Que no te puedes quedar en la cama todo el día.
-¡Si puedo!
-Eres como un niño pequeño, Mitchell. Así no vamos a resolver nada.
-¿Qué haces aquí? Vete con tu esposo.
-Nuestro esposo -le rectifica ella- tampoco quiere hablarme. Pero al menos bajó a tomar manzanilla para no morir de deshidratación.
Eso hace reaccionar a Maverick. Se alza de rodillas en la cama y la mira inquieto.
-¿De qué hablas?
-Estuvo vomitando toda la noche. ¿No lo oíste? No, claro, estabas demasiado ocupado llorando y sintiendo pena por ti mismo para enterarte de nada.
-Mayor razón para que vayas con él.
-Ya intenté eso -ella chasquea los labios, enfadada. -Me apartó con su pose de hombre de hielo y me mandó a cuidarte.
Pete mira con inquietud la puerta del baño que conecta ambas habitaciones.
-Yo no necesito nada. Fue a él al que Jake le dijo…
La mención de su hijo y los horribles eventos de la noche anterior vuelven a provocarle un nudo en el pecho. Siente que se le cierra la garganta.
-Cálmate, cálmate Pete. Respira conmigo, ¿si? -Sarah se sienta en la cama a su lado, lleva una mano de Pete a su pecho, para que pueda sentir el ritmo de su respiración- Adentro, afuera, adentro, afuera. Eso es. Lo estás haciendo muy bien.
Pasan unos minutos agónicos, en que lo único que se oye es la respiración trabajosa de Pete. Cuando el ataque de pánico pasa, ella va hasta el tocador y regresa con la bandeja. La pone en la cama y le pone un vaso de jugo entre las manos.
-Bebe -ordena.
Esta vez, él obedece sin protestar. El líquido ligeramente ácido y dulce es fresco en su garganta y le hace tomar consciencia de su hambre. Empieza a comer sin necesidad de más insistencia.
Cuando se aparta de la bandeja, ella se sienta con la espalda apoyada en el cabezal, cruza los brazos sobre su pecho y lo mira seria.
-¿Ya podemos hablar?
Pete mira brevemente la puerta del baño, pero asiente.
-Dime qué pasó anoche.
-Le hablamos de nuestra relación, todo parecía ir bien. Entonces preguntó cuánto tiempo llevamos juntos. Le dije que desde 1988 y todo se fue por el caño. ¿Qué a quién le había puesto los cuernos, si a Ice o a Rachel? Cuando intentamos decirle de nuestra pausa se puso frenético. Sacó una foto. ¿De dónde sacó la maldita foto? Era una de las fotos que nos hiciste en la reserva. Me preguntó si era amor lo que sentía. Yo no pude mentir… Cuando Ice intentó cortar aquello, Jake se le enfrentó. Tienen la misma capacidad para ser hirientes. Le dijo manipulador, que lo había robado de los brazos de su madre, que era un monstruo.
-¿Y Tom?
-Tom enseguida se encerró en su coraza de hielo. Le dijo que era un niño que no podía manejar la verdad. Jake dijo que no tenía que aguantar esa mierda. Y se llevó tu auto. Yo… entonces… estaba fuera de mi al verlo irse.
-¿Qué le dijiste?
Pete baja la cara. Todo lo que pasó anoche fue horrible, pero lo que más le avergüenza es cómo se separó de Ice. Lo ha traicionado. No hay manera de que lo quiera de nuevo después de esto.
-Le dije cobarde -suspira- Le dije que era un cobarde por no ceder a las demandas de Jake.
Se atreve a mirarla a través de las pestañas. Espera que Sarah esté conteniendo su rabia a duras penas, pero solo parece triste.
-Si que le hemos hecho buena -dice ella mirando hacia la puerta del baño.
Confundido, Pete la mira directamente.
-¿Hemos?
-¿Quién hizo las fotos de Ice embarazado, Pete? ¿Quién tenía que mantenerlas seguras?
Maverick frunce los labios, desorientado. No se había puesto a pensar en eso. ¿De dónde salió esa foto? Recuerda la primera reacción de Ice al ver la imagen.
-Dijo que nunca deberían haber existido -susurra.
Sarah asiente.
-Y tiene razón. Lo forzamos. Él no se sentía cómodo con su cuerpo, pero tú querías un recuerdo y yo me sentía como una mierda, así que quería ver algo de belleza en ustedes. Por eso lo convencimos de que lo que sentía no era importante. Mira lo que nos trajo. Jake vio tu amor en esa maldita foto, porque, aceptémoslo, eras como Cary Elwes en The Princess Bride.
Maverick se da una palmada en la cara. La situación es cada vez peor. Se sienta al lado de ella.
-¿Tu crees que…?
-¿Que sabe que todo es culpa tuya y mía? Por supuesto.
-¿Entonces?
-Como yo lo veo tenemos dos problemas: Jake y Tom. Nuestro hijo sabe que Tom es la clave de todo, aunque imagina las razones equivocadas.
-¡Oh! Si. -Pete tuerce los ojos- Todo muy dramático. Algo de que Ice me chantajeó para que dejara a Rachel y regresara con él.
Sarah bufa.
-¡Adolescentes! Tom sabe que todo esto es nuestra culpa, porque lo manipulamos para hacer las fotos en 1991 y no las guardamos en lugar seguro. Nos va a castigar por eso. Y por hacer que Jake se fuera.
-Y lo mereceremos -admite él con una mueca.
Ella le da un codazo.
-Deja la fiesta de autocompasión, Mitchell. No podemos dejar que Ice se aísle. Tenemos que salvar esta familia.
-¿Cómo?
-¿No es evidente? Debemos hacerle recordar por qué se enamoró de ti y de mi, y rezar porque eso pese más que su dolor por la pérdida de Jake.
Apartamento de Bradley Bradshaw, New Jersey, 2:30 pm.
En cuanto ve el número en la pantalla, hace una gesto a Wilson y toma la llamada mientras camina hacia su cuarto.
-Jake, por Dios. ¡Al fin! ¿Estás bien? ¿Dónde estás?
Cierra la puerta de la habitación y va a sentarse en la cama.
-En Valle Moapa, con Brig.
Bradley hace algunos cálculos mentales. Sam le dijo que su hermano había dejado la casa un poco después de las diez de la noche. Hasta Moapa son seis horas por carretera.
-¿Dónde dormiste?
Reza porque no le diga que paró en una curva y descansó sobre el timón.
-En el motel del pueblo.
-Vale, vale -exhala, no puede ponerse histérico, el motel no es ideal, pero podría haber sido peor- ¿Ahora estás dónde Hollywood y Wolf? Eso está bien.
-No -le corta su hermano- Estoy en el motel y voy a dormir aquí.
-Acabas de decirme que estás con Brigham.
-Estoy aquí, sí -la voz de Lennox suena baja, como si estuviera lejos del teléfono.
-Está conmigo en el motel. Regresará a su casa cuando terminemos de organizar esto -explica Jake con voz seca.
Bradley se mesa los cabellos, confundido.
-Vamos a empezar por el principio. Sam me llamó ayer a la media noche histérica, diciendo que te habías ido en el auto de iná después de una bronca monumental con papá y con Ice.
-Si, me enfrenté a Kazansky y, bueno, después de eso ya no tenía más opción que irme.
-¿Te peleaste con Icepá? ¿Por qué?
-Porque resulta que, uno, papá estaba enamorado de Rachel, y, dos, es Kazansky quien no le deja decirme quién es ella.
Bradley trata de darle sentido a lo que acaba de oír, pero no se lo encuentra. Que Ice sepa quién es Rachel no le sorprende tanto. Después de todo, Rachel casi le quita a Pete. Un hombre como Iceman no dejaría de investigar a su rival. Pero que controle a su padre en un asunto tan personal. No. Hay algo que no encaja.
-Eso no tiene sentido -dice al fin.
-Lo mismo que dije yo -apostilla Brig.
-Pues es lo que hay -responde Jake con tono beligerante.
Puede imaginarlo con los ojos duros, el ceño fruncido y los labios reducidos a una fina línea. Jake no tiene idea de cuánto imita a Iceman.
-De acuerdo -dice conciliador.
No ganará nada alienándolo. Tiene que convencerlo de ir a un lugar seguro.
-¿Y por qué no quieres ir a casa de los tíos Wolf y Hollywood?
-Porque no se si llamarán a papá para que me lleve a casa.
Eso tiene sentido, debe admitirlo.
-Entonces ven para acá. Te compraré un ticket de avión. ¿Cuánto tiempo tardarás en manejar hasta Las Vegas? Alguien puede devolver el auto a San Diego después.
-No -le corta de nuevo Jake. -Tengo que ir a otro sitio antes.
-¿Otro sitio? ¡Jake! Tienes diecisiete años, no puedes cruzar América solo. Ven para acá y…
-¡Tengo que ir a la reserva, Bradley! Tengo que averiguar por mi mismo quién era Rachel, ya que papá y Kazansky nos han estado engañando todos estos años.
Se queda callado. Sorprendido de nuevo por la persistencia de su hermano. Tiene que negociar.
-¿Y después de eso vendrás en avión a New Jersey?
Jake demora en responder. Seguramente no quiere renunciar a la autonomía que le da el auto de iná, pero ambos conocen sus respectivos límites. No hay modo de que Bradley le permita a su hermano menor de edad manejar solo de Dakota del Sur a New Jersey. Tampoco puede reclutar a Brig como copiloto. Los tres saben que Wolf y Hollywood no dejarán que su sobrino se embarque en semejante aventura. En fin, que tiene la mano ganadora.
-Si -concede Jake con tono derrotado. -Después de eso volaré a New Jersey.
-Y me mandarás mensajes de texto cada dos horas mientras estés en la carretera.
-Cada tres.
-Vale, cada tres. -sonríe satisfecho- ¿Cómo quieres que te mande el dinero? ¿PayPal o Western Union?
-Es sábado -interviene Brig- Nuestro Western Union cerrará en dos horas.
¡Ah! Claro, Moapa es un pueblo pequeño.
-Voy saliendo ahora mismo.
-Espera. Mejor PayPal.
Bradley se detiene con la mano ya extendida hacia el pomo de la puerta de su habitación.
-¿Estás seguro?
Sabe que los dos están pensando lo mismo: Jake tendrá que transferir los fondos de PayPal a su cuenta bancaria para usarlos. Esas transacciones son visibles para papá y Iceman, porque su hermano es menor de edad. Ahora que lo piensa ¿no es eso extraño? Que sea Kazansky quien controle todas las finanzas de la familia.
Oye a Jake resoplar al otro lado de la línea.
-Si usas Western Union, tendré que andar con todo ese efectivo encima. No es seguro. -suena frustrado, pero decidido- No voy a arriesgar que me den un tiro en una gasolinera polvorienta solo por soberbia. Además, es Kazansky, sabe perfectamente a dónde voy.
Esa última frase asusta a Bradley. ¿Qué se propone Jake? Pero acalla esa inquietud. Ahora debe concentrarse en traerlo a sus brazos. Se dirige hacia su computadora.
-¿Crees que seiscientos alcancen? Quiero que duermas en un buen hotel mañana.
Lunes 4 de agosto
Residencia Kazansky-Mitchell, 9 am
Sarah entra a la habitación por la puerta del baño. Tom está arreglándose la corbata en el espejo.
-¿Ya se fue? -pregunta sin volverse.
Ella asiente en silencio, se apoya en la pared y lo mira con tristeza e incertidumbre.
En la vida que tuvieron hasta el sábado en la noche, él no tendría que preguntar semejante cosa. Habría despedido a Pete con un abrazo apretado y ardientes promesas de inventar alguna inspección para ir a verlo volar en Noruega.
En su nueva vida, la vida miserable que se abre ante él como una carretera desolada y gris, los dos andan por la casa de puntillas y mirando las esquinas como ladrones y se ignoran de modo torpe -porque en sus más de veinte años de conocerse jamás se ignoraron-. Así que en lugar de compartir el transporte a los cuarteles de la Marina, Mav pidió un taxi. Por eso Sarah, en lugar de abrazarlo y ayudarle con el uniforme, lo observa tratando de decidir cómo va a terminar su relación.
-Tom, ¿por lo menos sabes dónde está Jake?
Eso no era lo que esperaba, pero no muestra su sorpresa. Consulta su reloj de pulsera, hace algunos cálculos mentales.
-En la primera parte de su camino a Dakota del Sur. Dormirá en Denver, porque no soporta la idea de estar en Utah.
Ella lo mira estupefacta. Su esposo ve la expresión a través del espejo y siente una punzada en el corazón. ¿Por qué tiene que mencionar al niño, si lo que quiere es decirle que no regrese?
-¿Lo estás vigilando? -sus ojos se mueven desesperados por la habitación- ¿Mi auto tiene algún tipo de rastreador?
-No. ¿Cómo…? -se corta a mitad de la frase.
Después de este tormentoso fin de semana, toda su familia piensa lo peor de él. Lo harán por mucho tiempo. No hay nada que hacer al respecto. Simplemente debe seguir siendo él mismo, las aguas volverán a su nivel… o no. Eso no es importante. Tom hizo una promesa y planea cumplirla.
-Te casaste con uno de los mejores estrategas militares de los Estados Unidos, no necesito seguimiento electrónico para saber a dónde va mi hijo de diecisiete años -y hace énfasis en el “mi”.
Una cosa es mantener la calma y otra dejarles olvidar: él también ha perdido un hijo.
Ella se muerde los labios, dudosa, pero decide decir lo que piensa.
-Lo que pasó hace dos días…
-Treinta y cinco horas -le rectifica automáticamente.
-¿Eh?
-Que no han pasado dos días, sino treinta y cinco horas. Se fue a las diez de la noche del sábado.
De nuevo el rostro de Sarah expresa sorpresa, pero sobre todo confusión. Suspira y parece llegar a una decisión.
-Está bien. Lo haremos a tu manera. ¿Me dices por qué Jake va a Dakota del Sur?
Tom va hasta la silla donde descansa su maleta y empieza a chequear el contenido. Hace años que no hace la maleta solo. Desde que se mudaron a esta casa en 1994.
-Porque sabe que nació en la reserva Oglala y quiere respuestas. Va a solicitar una copia de su certificado de nacimiento en un desesperado intento por localizar a su madre biológica.
Eso la asusta. Sus ojos se encuentran brevemente, ella desvía la mirada y resopla. Tom puede seguir su línea de pensamiento: ¿por qué no tiene él miedo también?
-Estás demasiado tranquilo -su tono es casi acusador.
Tom siente un ligero mareo y decide sentarse en la cama. ¿Cuándo fue la última vez que comió? La cena del sábado, la última vez que su familia le dio una mirada amable. ¿Por qué Sarah lo mira expectante? Ah, si, a dónde va Jake, por qué él no es un mar de lágrimas.
-Estoy tranquilo porque no hay nada que temer. Mañana llegará a Pine Ridge, pedirá el documento, alguien avisará a Walter. Solo es cuestión de tiempo para que nuestro hermano hable con él -la escucha soltar un jadeo y le sonríe con crueldad.
No suelen hablar de la naturaleza incestuosa de su relación. Al principio, cuando solo fingían ser amantes, porque no era importante. Cuando a Pete se le ocurrió que debían casarse, ella argumentó que, como se conocieron de adultos, el parentesco nunca influiría en su relación. El tabú del incesto se aprende. Él está de acuerdo. Ser medio hermano de Sarah es un hecho casual en su vida. Si pesó en algo, fue en su fiera decisión de protegerla aún antes de que se enamoraran.
Pero hoy Tom Kazansky siente placer en mencionar las pequeñas singularidades familiares que sabe la incomodan. Total, en las últimas -mira brevemente el reloj- treinta y cinco horas con quince minutos pasó a ser el villano de la historia. Prefieren ignorar que él también fue herido. Además, Sarah está a punto de terminar su matrimonio. Así que se siente bien hacerla contener el aliento al recordarle que ella tampoco es inocente en la huida de Jake.
Fueron las fotos de Sarah las que desencadenaron el desastre: las fotos que Mav y ella se empeñaron en hacer, las fotos que no se tomó el trabajo de ocultar. Esas fotos nunca deberían haber existido. Documentan meses de horror, en los que apenas podía reconocerse en el espejo. Mav lo miraba con adoración y él no podía dejar de preguntarse a quién veía, ¿a Tom o a Rachel? Desde que se le empezó a notar la barriga estuvo luchando con la sensación de que su cuerpo lo traicionaba de la peor manera posible. Amó a su bebé desde que supo de su existencia, pero el proceso de traerlo al mundo… Sarah insistió en que estaba bello, glorioso, y ya no recuerda cuántas pendejadas más. Entre Pete y ella lo convencieron de posar, porque “esos recuerdos serán importantes cuando le cuentes la verdad”. ¡Mierda de argumento! Una prueba de ADN es lo único que hará falta.
-Nuestro hermano -repite mirándola fijo, y siente una cruel satisfacción al ver que ella se encoje un poco- le dirá un montón de medias verdades, que acabarán disuadiéndolo de seguir la investigación. Es probable que, en cambio, decida volver a estudiar lakota. Lo cual le vendrá bien. Pasará uno o dos días en Allen antes de dirigirse al este.
Se levanta despacio, para evitar otro mareo. Seguro ya de que no se irá de bruces contra el suelo, cierra la maleta, toma su maletín de trabajo y camina despacio hacia la puerta. Ella lo sigue.
-¿Al este?
Empiezan a bajar las escaleras.
-Bradley está en la Base Naval Lakehurts, en New Jersey. Se esconderá ahí para lamerse las heridas hasta que pueda ir a los dormitorios de la USNA.
-¿Pero entonces no va a volver? -la voz de Sarah es unos decibeles más aguda de lo habitual. Irrita a Tom más de lo que quiere admitir.
Decide ir en busca de café. No podrá llegar así a la oficina y tiene varias reuniones en agenda antes de embarcarse de vuelta a Bahrein. Sean y Sam están en el comedor, pero les ignoran. Deben haber escuchado la pregunta desesperada de su madre. Tom tampoco tiene energías para forzarles a nada.
Deja el portafolios en una de las sillas de la mesa, la maleta al lado y sigue hacia la cocina para servirse una taza de café. Cuando va a tomar la cafetera, se da cuenta de que está temblando. Para disimular, apoya ambas manos en la superficie de mármol y respira hondo.
-Jake no va a volver pronto, Sarah.
Ella se para al otro lado del mostrador, frente a él. Abre la boca para rebatir su afirmación. Tom la detiene con un gesto de negación.
-Ni para Acción de Gracias, ni para Navidad, ni para vacaciones de primavera. En lo de ser testarudo tiene a quién salir -ella asiente y se restriega las manos, frustrada.
Con Sam y Sean cerca no pueden ser explícitos, así que esa frase es lo más parecido a un reconocimiento de su propia responsabilidad por eso. Tanto Pete como él son hombres de férrea voluntad.
El temblor ha disminuido, se sirve y disfruta mientras el calor del café se extiende por su cuerpo. Por deliciosa que sea la bebida, es consciente de que no puede seguir mucho más tiempo así. ¿Será capaz de comer algo en la oficina? Podría decirle a su asistente que está mal del estómago y ordenar un caldo. Tal vez no vomite eso.
-No sabes una mierda -llega el comentario vitriólico de Sean desde el comedor.
No podía ser de otro modo, ¿verdad? Es la sangre Mitchell. Sean ha decidido que Tom es el culpable, pero es un niño aún, no puede callar como Pete o Sam, ni intentar mediar, como Sarah. Simplemente está incrédulo y herido por la intempestiva partida de su hermano. Así que muestra su desagrado en frases breves y afiladas -como su padre biológico. Esa incapacidad para callar ante lo que está mal es lo que ha metido a Maverick en tantos problemas a lo largo de su vida. Pero Tom es un adulto con larga experiencia en el manejo de hombres Mitchell. Simplemente no te metas en la zona de fuego cuando están enfurecidos. Así que no responde directamente.
-No irá a ningún sitio donde crea que puede encontrarse conmigo -explica para beneficio de toda la familia.
Por encima de la cabeza de Sarah ve a Sam y Sean intercambiar miradas asombradas y que en sus rostros aparecen sonrisas tímidas.
Toma otro trago de café. ¿Debe esperar a qué Sarah decida que no lo quiere para las navidades, o preserva algo de dignidad y ofrecer él mismo una excusa? Es muy pronto para eso. Está seguro de lo que hará Jake durante las próximas tres semanas, pero una vez que llegue a la USNA… Demasiados factores. Puede que su hijo decida que no quiere saber nada de la familia Kazansky.
Sus ojos se detienen en Sean, encorvado sobre su bol de cereal. ¿Tendrá el valor para herir así a su hermano menor? Jake es un adolescente enrabietado, recuerda con amargura. Es posible que no se de cuenta del efecto colateral que tendría su deseo de castigar a Pete y Tom. Después de todo, creyó por años que era un agregado, que debía justificar su presencia y pagar por el amor que le daban. Podría racionalizar que Sam y Sean no lo necesitan y cortar todo contacto.
Ese es el escenario último, de catástrofe. No dejará su mente ir allí sin evidencias concretas.
Deja la taza en el fregadero. ¿Puede lavarla? No, es mejor no arriesgarse a que los temblores regresen mientras sostiene un objeto frágil entre dedos resbaladizos de jabón.
Mira su reloj de muñeca: su auto llegará en cinco minutos. Regresa despacio a recoger su equipaje y se detiene brevemente junto a la mesa del comedor.
-Me voy -anuncia.
Sam y Sean pretenden no haberlo oído.
Sarah tiene los ojos húmedos, ella se da cuenta de lo que está diciendo. Aún así, se queda junto a la meseta de la cocina. No puede evitar sentirse un poco traicionado, pero acalla el sentimiento. Esta es su penitencia. Lo que sea, hará lo que sea por su familia. Decide que es mejor esperar en el portal.
Cuando ya está cerrando la puerta del auto, Sarah sale corriendo de la casa.
-Tom… -los labios le tiemblan. Lo abraza torpemente.
Él se llena del aroma de su pelo y le acaricia la nuca.
-No te preocupes por mi -le susurra. -Siempre supe que esto iba a terminar, que te darías cuenta de que yo...
-¡No digas estupideces! -se separa de él para mirarlo a los ojos- Te quiero de vuelta para Acción de Gracias. ¡Lo digo en serio! -y agrega en un susurro- Usa tus poderes para que Pete esté aquí. No puedes celebrar tus bodas de porcelana sin tu esposo, ¿verdad?
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