Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandom: Top Gun (Movies, Thunderheart (1992)
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Capítulo 2: Secreto absoluto
Resumen:
Sam y Jake descubren, cada uno por su lado, singularidades en su familia. Por desgracia llegan a conclusiones contradictorias.
Este capítulo contiene lenguaje ofensivo sobre problemas de salud mental y menciones de transfobia internalizada.
Sábado 2 de agosto de 2008
Cuando Pete abre los ojos, Sarah está despierta, sentada contra el cabecero de la cama. Se asusta, porque cuando Ice y él están en casa, su esposa se relaja y duerme como piedra. Le gusta eso: verla sin las líneas de tensión que le provocan la familia y el trabajo. Suele despertarla con su boca y Sarah gime de placer, empieza a empujar las caderas en busca de más contacto antes de recuperar por completo la consciencia.
Nada de eso ocurrirá hoy, porque Sarah está despierta. Mav se incorpora lentamente y le toca la rodilla para atraer su atención. Ella lo mira con ojos que mezclan asombro y orgullo.
Sacude el hombro de Tom que, como soldado de carrera, se despierta de una.
-Sarah, cariño, ¿qué pasa? -pregunta el rubio.
-Samantha sabe -dice ella muy bajito, y sonríe tímida.
Los hombres intercambian miradas desconcertadas.
-¿Qué sabe Sam? -trata de precisar Pete, aunque por la actitud de Sarah no debe ser nada malo.
-Sabe lo nuestro. Que estamos -mueve una mano para señalar a los dos hombres y a ella misma- juntos.
¡Oh! Eso.
-¿No está molesta? -Pete no tiene idea de qué se considera “en onda” o “romántico” en estos días, pero está bastante seguro de que la poliandria no es muy popular en California.
-¿Cómo lo supo? -es lo que pregunta Ice, que ya piensa en el control de daños: lo que sea que les puso en evidencia debe ser corregido de inmediato.
-No, no está molesta. Al menos ayer estaba ¿feliz? Dice que se dio cuenta por sí misma, después de leer una novela. La verdad, fue una conversación muy extraña.
-¿Una novela? -se extraña Tom. Hasta donde sabe, su hija no es una lectora voraz. Cumple con las tareas escolares y punto. ¿Qué tipo de novelas mandan a leer en su escuela?
-¿Nos cuentas qué pasó? -propone Pete.
-Fue ayer, después de comprar las cosas para el colegio. Entramos a un restaurante de comida fusión. Nada demasiado aventurero. Después de luchar para acomodar las bolsas debajo de la mesa, miramos el menú y ordenamos. El camarero nos advirtió que estaban en horario pico y podrían tardar un poco, pero que tenían rellenos gratis de jugo de fruta.
Yo me saqué los zapatos y estiré los dedos de los pies. ¡Qué alivio! No te rías, Mav, a ver qué habrías sentido tú después de tres horas caminando por ese centro comercial.
Dejé vagar los ojos por el comedor y me detuve en una mesa redonda, grande. Estaba ocupada por una familia, o al menos lo parecían. Cinco personas adultas y, no sé, ¿siete u ocho infantes? No eran… Lucían incongruentes. Quiero decir… Sus ropas y zapatos eran de alta calidad, pero eran personas de distintos colores de piel. Eso es inusual en las zonas ricas de San Diego, ustedes lo saben. No parecían sentirse fuera de lugar en absoluto. Estaban esperando su comida, como nosotras, y habían improvisado un juego con pajitas y servilletas para su prole. ¡Sus risas eran tan refrescantes! Eso sí, noté que al otro lado del salón una pareja blanca mayor les lanzaba miradas de desagrado. Creo que les molestaba el ruido que hacían sus peques.
Supongo que me quedé embelesada, porque la voz de Sam me sorprendió.
-¿Recordando?
-¿Eh? -la miré sin comprender.
Ella señaló con la barbilla a la mesa grande.
-Que si te hacen recordar cuando éramos peques.
-Supongo que si… -volví a mirar a la pareja blanca con sus expresiones de vinagre- aunque ustedes hacían aún más ruido.
Ella siguió mis ojos y asintió.
-Viejos nazis -dijo con una mueca de desagrado.
-¡Sam!
Escondió su risa al dar un sorbo a su jugo. Cuando se dio cuenta de que estaba seria, me miró desafiante.
-No nos van a oír, iná. Además, esa gente debería quedarse en casa si no quieren ver familias interraciales. La segregación se acabó.
-No es eso, nena. Nazi es una palabra muy grave, no se debe soltar así, a la ligera.
Eso pareció sorprenderla.
-No lo había pensado. Vale. Son una pareja racista ¿satisfecha?
Le sonreí y asentí. Me gusta cuando podemos entendernos así, con claridad.
Volvimos a mirar la mesa redonda, porque les llegó la comida y empezaron a servir a sus peques. Tenían buenos modales. Si, me recordaban a cuando salíamos en banda. Ese período después de la muerte de Carole, cuando cada sonrisa de Bradley era un triunfo y tus visitas desde Maryland eran una fiesta. Creo que fueron nuestros años más felices.
-Creo que son exactamente como nuestra familia -dijo Sam con expresión tierna.
-¿Qué quieres decir?
-Que están, tú sabes… -hizo un movimiento oscilante con el dedo índice apuntando hacia arriba. No entendía absolutamente nada. Negué con la cabeza.
-¿Están qué?
Abrió los ojos con expresión incrédula.
-¡Juntos! Que no son dos parejas y una persona soltera sino una célula poli. -bajó la voz- Como Icepá, Mavpá y tú.
Me asusté de verdad. Miré alrededor con miedo.
-¡Sam! ¿De dónde sacas esas cosas?
Me salvó la llegada de la comida. Mientras nos servían, Sam tenía una expresión de enfado y confusión que me rompía el alma. Yo no sabía qué hacer. No quería mentirle, pero ¡estábamos en un restaurante en medio de San Diego! Ella retomó el tema en cuanto se fue el camarero.
-¿Me vas a decir que no es cierto?
-Somos una familia militar, Sam -le respondí con sonrisa forzada, pero ya se sabe que en la adolescencia no se captan muchas indirectas.
-No lo has negado -insistió.
Decidí escudarme en los buenos modales, así que me metí un buen bocado de comida en la boca y mastiqué muy despacio, tratando de poner en orden mis ideas. Ella también empezó a comer, pero me miraba significativamente. Estaba claro que no iba a dejar el asunto. Bueno, hay una cantidad limitada de tiempo para masticar un bocado de carne tierna y arroz con especias. Decidí pasar a la ofensiva.
-Repito mi pregunta, señorita. ¿De dónde sacaste semejante idea?
Entrecerró los ojos, como estudiándome. Suspiró.
-Leímos una novela en la clase de ciencia ficción que tomé como opcional de inglés: “Mujer al borde del tiempo”, de Marge Piercy. Mientras leía, pero sobre todo en las discusiones de la clase, me di cuenta de que yo he crecido en una de esas familias que Piercy dice existirán en el siglo XXII. No hay matrimonios. Las familias están formadas por triadas que comparten la responsabilidad de criar a sus infantes hasta la pubertad. Las tres personas son “madre” sin importar su género.
Se metió un bocado en la boca y empezó a masticar con expresión pensativa. Yo me di cuenta de que tenía el tenedor en el aire y me apresuré a llenarme la boca también. Seguía sin saber qué contestarle. Tragó, tomó agua y siguió hablando.
-¿Sabes? Una de las cosas que más me atrajo fue que en ese futuro tienen un aparato que permite desarrollar bebés fuera del útero, se llama “brooder”. Así las mujeres ya no tenemos que sufrir los riesgos del embarazo. Todo el mundo en ese futuro es como Bradley y Jake. No nacieron de ti, pero tu eres su mamá ¿no?
-Si, soy su mamá -confirmé bajito.
Seguimos comiendo. El silencio entre ambas era tenso, desagradable. Yo quería preguntarle tantas cosas, pero no tenía valor para discutir aquello en un lugar público.
-Mira -le dije cuando ya estaba por terminar su plato principal-, vamos a pedir el postre para llevar y hablamos en el auto. ¿Te parece?
Ella asintió. Llamé para pedir la cuenta, recogimos nuestras cosas, nos fuimos.
Ya detrás del timón me sentí más segura. Sabía que no habría oídos indiscretos en medio del tráfico infernal de esta ciudad.
-Sam, lo que hiciste fue irresponsable. Ya tienes diecisiete años y sabes bien lo que es la DADT. ¡Con eso no se juega! Tu padre es vicealmirante de la Marina, podría ir a la cárcel si alguien repite lo que dijiste en ese restaurante.
-No dije que fuera homosexual -se defendió.
-¡No! Dijiste que estaba en una relación simultánea conmigo y otro hombre. Homosexual, bisexual, polisexual… ¡Gran diferencia haría para el tribunal militar!
-¡Pero es hermoso! Es admirable lo que Icepá, Mavpá y tu han hecho, la felicidad que nos han dado. ¿Por qué le tiene que importar a un tribunal a quién ama mi padre?
Nos detuvimos en un semáforo y aproveché para mirarla de frente. Le sonreí con tristeza.
-Yo tampoco creo que sea justo, cariño, pero este es el mundo en el que vivimos.
Ella hizo un puchero.
-¿Sabes de qué más me di cuenta durante ese curso? Nunca fui consciente de cuánto se esforzaron como ustedes tres por compartir todas las obligaciones, por educarnos sin que las diferencias de género se convirtieran en diferencias de poder. Supongo que cuando vi a esa familia sentí envidia. Son queers y lo muestran con orgullo. Ustedes están en el armario. El DoD les obliga a estar en el armario.
-Lo hicimos para darles una vida mejor. -suspiré- También porque ellos dos son aviadores absolutamente adictos a la adrenalina. Ice y Mav simplemente no podrían ser felices lejos de los jets, cariño.
-Oh, créeme mami, me doy cuenta. Además es hereditario. Los varones de esta familia están arrebatados por los jets.
Ya estábamos llegando a la casa y me di cuenta de que debía evitar que todo el asunto se saliera de control.
-Escucha, Sam, cariño. Tu sabes que no se debe sacar a nadie del armario a la fuerza, ¿verdad?
Ella se puso seria y tiesa de repente, pero asintió.
-Si.
-¿Entonces entiendes que compartir tu descubrimiento de que Icepá, Mavpá y yo estamos enamorados sería como sacarnos del armario?
Me miró con sorpresa y miedo. No quise dejarla desarrollar ningún argumento trasnochado.
-Cómo tus padres y yo manejamos nuestra relación, es una cuestión privada. No solo por el peligro de la DADT, sino porque la mayoría de las personas no entiende el amor fuera de la monogamia. Me siento muy orgullosa de que seas tan inteligente, pero no puedes decirle esto a nadie.
-Ni siquiera…
-¡A nadie! Ni a tus hermanos, ni a tus tíos. No lo vas a escribir en tu diario. No lo vas a discutir con tu papá o Pete, a menos que ellos inicien la conversación en un lugar privado. No importa qué pase. No importa qué oigas decir de frente o a tus espaldas. Tu padre y yo somos una pareja, Pete es el mejor amigo de tu padre. Somos tres personas heterosexuales y monógamas. Eso es todo lo que hay. Eso es todo lo que habrá. Eso es todo lo que sabes.
Llegamos a la casa y entramos al parqueo.
-No es justo -se quejó con un puchero.
-No, no lo es. A tu edad, ya deberías saber que el mundo rara vez es justo.
Apagué el motor y le extendí mi mano.
-¿Tenemos un trato?
Ella me miró a los ojos. No sé qué esperaba encontrar, pero lo que sea que vio la convenció de aceptar los términos.
-Trato -dijo con voz derrotada y me estrechó la mano.
-¿Y qué pasó después? -inquiere Ice.
-Nada. Bajamos las compras, hablamos de cualquier cosa durante la cena. Ella se fue a dormir.
Pete recoge las piernas, entrelaza las manos por delante y apoya la barbilla en sus rodillas.
-Entonces hay… ¿libros sobre personas como nosotros? -dice con asombro.
-Libros de ciencia ficción -rectifica Tom.
-Pero libros serios, que se enseñan en las escuelas -insiste.
Tom resopla. No sabe cuánto tiempo estarán esos títulos en el currículo si esto se riega. Pero no va a destruir la alegría de su esposo con un cálculo tan pesimista.
-Quiero leerlo -dice Mav con expresión decidida.
-Yo también -asiente Sarah.
Lo miran, expectantes. Tom alza las manos, en gesto derrotado.
-¡Está bien! Vamos a leer el libro. -resopla- Vaya manera de entrar a la mediana edad: fundar un club de lectura con mis cónyuges. Pero discretamente ¿eh?
-Podemos simplemente hacer dos copias encubiertas del ejemplar de Sam -propone su esposa.
Hace años, para poder satisfacer sus ansias de lectura sin poner en peligro sus carreras, montaron un pequeño taller de copia y encuadernamiento en el sótano, junto al taller de fotografía de Sarah. Sacan las páginas del libro que desean y las encuadernan dentro de una cubierta inane, coherente con sus respectivas imágenes públicas.
-Tengo que darme una vuelta por el aeropuerto para traer algo nuevo -planea Mav, y mira a Ice. -¿Qué journal militar usarás tú?
-Demasiado peligroso para usar un journal como cubierta -niega el rubio. -Mejor un tomo de actas del comité de apropiaciones. -pone cara presumida- Nada es demasiado árido para el vicealmirante Kazansky, el hombre de hielo.
-Cuánta seriedad -la voz de Sarah es soñadora. -¿Eso es un reto, señor Iceman?
Él la mira a través de sus largas pestañas.
-No sé de qué habla, señora Kazansky, pero le informo, una sola persona no puede derretirme.
-¡Oh! -Mav gatea hasta ponerse a sus espaldas- Pero ella no está sola -le susurra al oído mientras sus uñas le arañan con suavidad el torso- Esto es una operación conjunta.
Sarah mete una mano por dentro del pantalón del pijama. Sus dedos se deslizan hacia la vulva de Tom con la seguridad que da la práctica. Él jadea.
-No me rendiré fácilmente.
-¿Quién dijo que queremos algo fácil? -ronronea ella.
Esa tarde, Pete se da cuenta de que Jake sigue con expresión concentrada y humor huraño. Parece que sigue enfadado por el asunto del hangar. Eso es algo que su hijo heredó y aprendió de Ice: la capacidad para el rencor. La diferencia está en que su esposo se toma el trabajo de estudiar los hechos antes de decidir qué siente y actuar en consecuencia. Jake es todavía un adolescente lleno de inseguridades que nublan su percepción de la realidad.
Se lleva a su esposo al despacho con una excusa y echa cerrojo con el corazón trepidante.
-Creo que debemos decirle -anuncia todavía apoyado en la puerta.
Tom se queda quieto. Está de pie, con una mano apoyada en la mesa de trabajo. Sabe perfectamente a quién se refiere Pete y qué deben decir.
-Es muy…
Mav se gira con ojos brillantes de furia.
-Bradley tenía la misma edad cuando lo supo.
-Bradley lo descubrió -corrige Tom, con calma forzada. -Porque tú querías besuquearte en la cocina.
Pete hace un gesto para quitarle importancia a ese detalle.
-Bradley lo sabe, Sam lo sabe, es justo que Jake lo sepa también.
Tom aprieta los labios. No se siente cómodo con la idea de salir del armario, aunque sólo sea parcialmente. Pero tiene la suficiente capacidad autocrítica para darse cuenta de que es miedo. Algo irracional que se puede, ¡debe!, controlar a través de la lógica.
-Supongo que es mejor que salga de casa con ese conocimiento, para que sepa ser discreto en la USNA -admite con renuencia.
Pete se acerca y le pone las manos en los hombros para reconfortarlo.
-Hay que mantenerlo simple, ¿ok? La misma historia que hemos dicho siempre: nos peleamos a principios de 1990. En julio estábamos en New York, pero no nos vimos. Tú encontraste a Sarah, y aunque no la amabas decidiste hacerte cargo de Sam. Yo encontré a Rachel, aunque tampoco era amor. Ella no estaba hecha para la maternidad y tuvo suficiente valor para admitirlo. Tu y yo nos reconciliamos en el verano de 1991.
Tom debe admitir que es una buena historia, sobre todo porque es mayormente verdad. Solo hay algunas omisiones y ajustes cronológicos. Pero no puede hacer callar la vocecita que le recuerda la obsesión de Jake por su madre biológica. Se obliga a dar voz a su miedo.
-¿No crees que me culpe por lo de Rachel?
-¿Por qué iba a pensar eso? Lo que Rachel hizo o dejó de hacer no tiene nada que ver contigo. Estabas en Chicago.
Como siempre, Ice se da cuenta de que sus temores se evaporan al conjuro de la sonrisa de Maverick. Su esposo tiene un poder tremendo sobre él. Es una suerte que no lo use mucho.
-Esta bien. ¿Esta noche?
-Si, después de lavar los platos subiremos al solarium.
-Bien, los esperaré allí.
Ice pasa distraído el resto de la tarde, concentrado en los escenarios posibles de esa noche. Por eso no nota el cambio en su hijo. Si hubiera prestado más atención a Jake, se habría dado cuenta durante la cena de que su hijo no está molesto, sino meditabundo. Porque entre pelear con su padre por un regalo extravagante el viernes por la tarde y sentarse a cenar con su familia el sábado por la noche, muchas cosas cambiaron en la vida de Jake Mitchell.
El viernes en la noche, en su cama. Jake decidió que si su padre cree en las promesas de Ice sobre camaradería masculina, él no debe dudarlo. Después de todo, es cierto que su papá se está quedando solo. No ha tenido pareja desde que enterraron a mamá Carole hace diez años. Probablemente abandonó la esperanza de encontrar una mujer que aceptara sus manías y horarios impredecibles. Eso complica cualquier relación: una vida que depende de las decisiones estratégicas de Washington sobre tu utilidad en los más diversos puntos del planeta.
También… Jake supone que Mavpá tampoco buscó mucho por él. Su descenso al abismo, justo cuando la familia apenas se recuperaba del luto por mamá Carole, debe haberle dejado poco tiempo para pensar en su vida sentimental. ¿Qué tiempo iba a tener para buscar novia, si lidiaba con un hijo jodido de la cabeza? ¿Qué mujer iba a aceptar a un aviador semirretirado con un hijo enfermo?
Pero iná y Icepá no los abandonaron. De hecho, Sarah y Tom Kazansky han sido la roca en la que Pete y Jake Mitchell siempre pudieron sostenerse.
Sabe que Ice y su padre compraron esta casa tan grande para que Carole y Sarah pudieran apoyarse mutuamente mientras ellos dos cumplían con sus deberes.
Después, cuando tenía cuatro años y se enteró de que Carole no era… No, eso no está bien. La doctora Poole le habló del poder de las palabras. Tiene que formularlo de un modo justo: cuando supo que era el hijo adoptivo de Carole. Fueron meses terribles, pero nadie llamó a su padre para que regresara de Yugoslavia a lidiar con su mocoso llorón. Carole, y luego Icepá, pasaron las noches en vela a su lado. Él lloraba y Icepá lo acunaba. Ese periodo es nebuloso en la mente de Jake, porque era muy pequeño y sufrió mucho. Así que no tiene la seguridad de cuánto recuerda y cuánto son reconstrucciones imaginarias, memorias falsas, a partir de lo que su familia le ha dicho, pero hay algo que sabe que es un recuerdo verdadero.
Un recuerdo suyo y de Ice.
Una noche, con la luz apagada, Icepá lo dejó dormir contra su pecho. Literalmente. Jake solo usaba pañales esos días porque entre meadas y vómitos no podía mantener ninguna ropa limpia. El hombre lo puso contra su torso desnudo y los envolvió en una manta suavecita. Era como estar en un capullo. Jake recuerda la piel áspera, como cubierta de cicatrices, y el latido acelerado de su corazón, que se fue ralentizando mientras Ice le cantaba una canción de cuna en lakota. Pegó la frente al duro esternón, inspiró hondo, y se relajó.
Es uno de sus recuerdos más hermosos, compuesto solo de olores, texturas y sonidos.
Esa noche soñó con una voz ronca que le pedía perdón y le prometió que un día volvería.
La doctora Poole le ayudó a racionalizar la parte onírica: había tocado fondo y su cerebro desesperado fabricó una visita de Rachel.
Respecto a que Icepá nunca lo menciona, bueno, la verdad es que es bastante inapropiado ¿no? Un hombre adulto que duerme con un niño en situación vulnerable. Ambos semidesnudos. Si, Icepá debía estar muy desesperado por hacerlo dormir.
Pero trauma con su madre y contactos inapropiados aparte, el punto es que Sarah y Ice no lo corrieron aún cuando afectaba a su bebé recién nacido.
Es un hombre contradictorio, el señor Kazansky: tan frío y calculador de puertas para fuera. Jake ha visto a muchos oficiales temblar cuando les clava sus ojos azul grisáceos, como el mar de tormenta. Pero para Jake siempre ha sido un padre -si, un padre- tierno, paciente, comprensivo.
Pronto, Mavpá solo tendrá a sus amistades para mantenerse a flote.
Iceman está muy ocupado con su carrera. Bradley igual. Ahora se van Sam y él. En cuatro años se irá Sean. Eso significa que en unos años solo Sarah estará de modo permanente en la casa.
Si, decidió con amargura mientras miraba la foto de Rachel en la mesa de noche. Su padre es adulto, y tiene que confiar en que conoce de veras a Icepá.
En la mañana del sábado, Jake decide que debe hacer algo productivo: como prepararse para la mudanza a la USNA. Se le ocurre que podría llevarse un par de fotos para decorar. Si, un par de fotos hechas por su iná Sarah.
Ligero de espíritu sube al desván, decidido a otear entre los cientos de fotos acumuladas desde los años setenta. Porque ahí también están las fotos que sus padres hicieron en sus viajes por el mundo. Incluso las viejas polaroid que hacía Goose, el padre de Bradley. Jake ya no recuerda cuándo fue la última vez que subió al desván. ¿Hace cinco o seis años? La única que sube a veces es iná, a poner más caja de fotos.
Todo está cubierto de una fina capa de polvo.
Bueno, ahora que está aquí, respirando ácaros y otras mierdas, ¿cómo va a encontrar lo que necesita? Porque este archivo no tiene catálogo. Las cajas están ordenadas en armarios a lo largo de la pared con la fecha escrita al frente y, a veces, una nota por detrás con el lugar u otra referencia vaga.
Una entrada llama su atención: enero a marzo de 1991.
Deben ser imágenes de Chicago. Podría ser interesante.
Saca la caja y se sienta en el suelo. Pero en lugar del lago Michigan o los trenes elevados de la ciudad del viento, encuentra paisajes de planicies semidesérticas y casas destartaladas.
¿Qué es esto?
También hay fotografías de artefactos humanos.
Quince fotos de sombrero de ala ancha, desde varios ángulos y con diferentes grados de iluminación. Todas numeradas en serie como “Ley y Orden”.
Un TV viejo, con la pantalla en estática.
Ropas extendidas con cuidado sobre el suelo arenoso, con huecos que parecen ¿disparos?
Camionetas y autos. Ninguno parece nuevo.
Luego encuentra retratos. Todos de personas con rasgos indígenas.
Un anciano de pelo largo peinado en dos trenzas. Sentado, mirando al cielo, cada foto con la luz del sol proyectando sombras diferentes. “Abuelo Samuel. Luces” dicen por el reverso.
Mujeres sonrientes cargadas de bolsas caminando por una calle de tierra.
Un hombre de mediana edad sin piernas, en silla de ruedas. Hace el saludo militar con orgullo.
Un grupo de infantes delante de un edificio destartalado. Esa es la primera imagen que le da una pista de dónde están los personajes. Hay un cartel que anuncia “Escuela Elemental. Territorio Sioux”.
¿Territorio sioux? ¿Febrero a marzo de 1991?
No… no puede ser…
Sigue sacando imágenes de la caja. Al fin, por supuesto, aparece Pete Mitchell.
No se parece al padre que conoce. Para empezar, es mucho más joven. Pero lo que lo distingue es que está quieto. No en el sentido de imagen fija, sino en el sentido de que su cuerpo parece en reposo. Su Mavpá es un hombre siempre activo, desbordante de energía, pero ninguna de estas fotos parece atraparlo en medio de algún movimiento. Lo otro es que no mira a la cámara. Su interés siempre está en un punto fuera del cuadro, algo que le da felicidad.
¿Qué mira su padre?
La respuesta llega varias fotos después, cuando por fin aparece acompañado. La otra persona le abraza, tiene la cabeza apoyada en su hombro. El pelo rubio y ligeramente ondulado le cae hacia delante. Su rostro es invisible. Pero Jake no necesita verle la cara para saber quién es. Las manos de su padre y ella están unidas sobre un vientre redondo, de unos ocho meses de embarazo.
-Mamá…
Con manos temblorosas, sigue explorando la caja.
Pete y Rachel en un sofá.
Pete y Rachel comiendo.
Pete y Rachel caminando por la llanura.
Pete y Rachel con las manos entrelazadas, descansando sobre el vientre donde crece su hijo.
Es hermoso y terrible. Ver tanta intimidad y seguir en la ignorancia, porque el rostro de su madre siempre es invisible. No puede ser casual. La condición para hacer estas fotos fue mantener oculta su identidad.
¿Será verdad que su madre es una espía? ¿O una persona famosa?
“Rachel se tuvo que ir.” La explicación nunca ha cambiado. Su padre nunca pretendió que fuera voluntario o placentero.
Tampoco le dijo que estaba enamorado de Rachel. Porque la expresión de su padre no deja lugar a dudas. Es una mirada de adoración y deseo absolutos. Los sentimientos de Pete Mitchell están expuestos como si la cámara hubiera abierto su pecho en canal y tocado su corazón. Es un amor tierno y fiero.
¿Por qué no se lo dijo? Se pregunta con amargura.
¿Por qué hacer parecer su relación una aventura, y su nacimiento un accidente?
Tendrá que preguntárselo, porque este descubrimiento cambia toda su vida. No podía amar así a una desconocida, ¿verdad? Su papá si sabe quién es Rachel, tal vez incluso… ¿Esa casa destartalada será de su familia? Ese anciano, ¿es su abuelo? Alguna de esas mujeres ¿es su tía o su prima?
Intuye que un mundo de posibilidades está casi en la punta de sus dedos.
Su móvil suena. Es un mensaje de Sean. “Almuerzo” Siempre conciso, su hermano.
Se mete una de las fotos de sus padres en el bolsillo y empieza a devolver el resto a la caja. Las agarra en bulto, trata de encajarlas en vertical en la caja, para dejarlas tal y como las encontró, pero en su premura pierde el control y se le va todo de lado.
-¡Mierda! -resopla- Calma, Jake, despacito y buena letra.
Vuelve a empezar. Esta vez agarra una cantidad manejable. Las mantiene en vertical con una mano y sigue agregando fotos con la otra, poco a poco. Sonríe satisfecho cuando levanta la última. Lee la nota manuscrita de modo automático. “Mis dos amores. Abril 2 de 1991.”
Es la letra de su padre.
Lentamente, Jake voltea la foto.
Es un torso desnudo. Pecho plano. Hacia abajo se ve el inicio de un vientre distendido, como si hubiera estado lleno y su contenido se hubiera vaciado rápidamente. El pecho está casi totalmente cubierto por un tatuaje complicado, que parece representar… -tuerce los ojos, tratando de dar sentido a las líneas- ¿un conejo asesino? Podría ser. No está seguro porque la parte central del tatuaje está oculta por el cuerpo de un bebé.
Jake se tapa la boca con el antebrazo y contiene un sollozo. ¡Esta es su primera foto!
De acuerdo con la fecha, tenía acaso un día de nacido. ¡Se ve tan pequeño!
Bebé Jake parece dormido. Está sobre su vientre, con la cara vuelta hacia el hombro izquierdo. Tiene los ojos cerrados, la boca entreabierta y manitas cerradas en forma de puños.
Con un dedo torpe, delinea el perfil del torso donde yace.
Como si tuviera cuatro años otra vez, Jake siente que la sensación de añoranza lo abruma. Hay un vendaval de emociones en su interior.
Alegría.
Sorpresa.
Curiosidad.
Nostalgia.
Tristeza.
Rabia.
Las palabras de su padre resuenan en su memoria. “No puedes imaginar lo que le costó dejarte, pero tenía que hacerlo.” Fuerzas externas cortaron esa relación, es evidente. Su padre y él fueron robados de tanto, tanto amor. Alguien obligó a Rachel a irse y su padre decidió que era mejor fingir que no había pasado nada. Pero eso no es cierto. Estas fotos son evidencia de que él no nació de un encuentro casual. “Un día, cuando seas grande, entenderás por qué Rachel no puede estar aquí.” Es hora de que su padre cumpla su promesa.
El móvil lo saca de sus reflexiones. Esta vez es Sam: “¿Dónde estás? Almuerzo YA”
Jake se limpia la cara con las manos y calma su respiración entrecortada con dificultad. Mete su foto en un bolsillo también. Pone por fin la caja en su lugar y deja el desván. Corre a lavarse y baja haciendo aspavientos acerca de “interrumpir un momento privado”. Mientras almuerzan, observa con cuidado a su padre. ¿Quién pudo obligarlo a renunciar a Rachel? Esta noche, decide. Esta noche hablarán, porque su padre se marcha el lunes a Noruega.
Tiene miedo de decir algo inadecuado, así que responde con monosílabos a las preguntas que le hacen directamente y escapa lo más pronto que puede a su habitación. No le importa si creen que está huraño. No se da cuenta de las miradas preocupadas que intercambian Pete y Tom.
A la hora de la cena, Ice no sabe ninguna de estas cosas. Confunde la expresión concentrada de Jake y las miradas inquisitivas que lanza a Mav con remanentes del enfado del día anterior. No sabe que su hijo ha regresado a una vieja obsesión: la identidad de Rachel y la naturaleza de su relación con su padre.
Por eso camina a ciegas hacia el abismo.
Esta vez, terminan de lavar los platos y luego tratan de tener una conversación.
-Quiero hablar contigo -dice Jake.
-Queremos hablar contigo -anuncia Pete.
Se miran sorprendidos.
-¿Queremos?
Pete carraspea.
-Si, Ice y yo. Creo que la discusión de anoche sobre el hangar indica problemas de comunicación y pensé que debíamos hablar contigo sobre nuestra familia en general, ahora que eres casi adulto.
Jake entrecierra los ojos.
-¿Ensayaste eso?
-Varias veces -y un ligero sonrojo colorea las mejillas de Mav. -No es fácil para mí… No me educaron para ser abierto con mis sentimientos, Jake. -suspira- Ice nos espera en el solarium.
-Okay.
Suben la escalera con pasos ligeros.
A Jake le gusta el solarium. Es un espacio donde suelen reunirse para pasar tiempo de sobremesa. Tiene algo de cada integrante de la familia. Si hay un lugar para interrogar a su padre sobre su relación con Rachel, es en este invernadero lleno de bellos recuerdos. Ice les espera en un sofá de dos plazas. Pete va derecho a sentarse a su lado. Su hijo ocupa un sofá más largo al frente.
-Aquí estamos -anuncia Mav, y se pasa las manos por las rodillas, claramente nervioso.
-¿De qué querían hablarme?
-De la familia, claro.
-De nosotros -rectifica Ice.
El joven los mira, intrigado.
-¿En qué quedamos?
-Ayer dijiste que mi idea de ir al desierto con Ice sonaba gay y que Sarah nunca lo permitiría.
-Errr, si, bueno. No mi mejor momento, Mavpá. Soné como un imbécil, y lo siento. La amistad que ustedes tienen es larga y sólida, no tengo derecho a cuestionarla.
-No, no, tienes razón -le corta Pete. -Es muy plan muy gay.
-¡Papá!
-Lo que quiero decir es que Ice y yo si tenemos una relación larga y sólida, pero no de amistad.
-¿Perdón? -los mira confundido.
Ice ve los labios temblorosos de su esposo y se da cuenta de que tiene que intervenir. Mav no ha salido del armario con nadie en más de treinta años -lo de Bradley no cuenta- y está claro que ya no recuerda cómo. Entrelaza sus dedos con los de Mav y mira a su hijo con decisión.
-Tu padre y yo estamos juntos, Jake. Somos pareja.
El chico abre la boca, la cierra de nuevo. Los mira de arriba a abajo.
-¡Oh! ¿Felicidades?
-Gracias.
Pero de repente Jake los mira con sospecha.
-No me están diciendo esto para que les ayude a mentirle a iná ¿cierto?
-¡Claro que no! -se apresura a tranquilizarlo Ice. -Sarah sabe de nuestra relación.
-Somos muy buenos amigos, Sarah y yo.
-¿Entonces por qué me lo dicen?
-Porque eres casi adulto, y creo que debemos ser honestos contigo, hijo. Ayer me dijiste que estaría solo en ese hangar. Me doy cuenta de que estabas preocupado por mi. Quiero que sepas que no, no estoy solo. Ice ha sido mi compañero por muchos años.
Jake sonríe. Se siente bien cuando te tratan como adulto. Ni siquiera se siente amargado por demorar un poco su propia investigación. Sacar a colación a Rachel ahora sería un gesto absolutamente carente de tacto. Su padre le revela, muy ufano, que tiene novio y él… “mi mami, mi mami”. ¡Va a sonar como un mocoso obsesionado! ¿Novio? Qué va, eso de novio suena adolescente. Mejor pareja, como dijo Icepá. Si, lo razonable es esperar a mañana y buscar una excusa para hablar a solas con su padre.
-¿Y cuánto tiempo llevan juntos? -pregunta por llenar el vacío.
-En noviembre cumpliremos veinte años juntos -informa ufano Pete, sacando el pecho.
Jake abre mucho los ojos. ¡Tiene que haber oído mal!
-¿Veinte años? -repite entre dientes.
-Si.
-¿Entonces a quién le pusiste los cuernos, a Ice o a Rachel?
Pete boquea, totalmente descolocado por el tono de la pregunta.
-Nadie engañó a nadie -interviene Ice con voz firme. -Tu padre y yo tuvimos una breve ruptura entre 1990 y 1991. Sam y tú fueron un resultado inesperado, pero bienvenido, de una semana muy intensa en New York en julio de 1990. Ambos estábamos tratando de probar que podíamos ser heterosexuales.
-Vaya si trabajé duro en eso -asiente Pete. Ice lo hace callar de un codazo y continúa.
-Sarah y yo logramos seguir siendo amigos, aún después que nos dimos cuenta de que no podríamos ser pareja. Tenemos un matrimonio de conveniencia, pero ella es libre de dejarme si alguna vez se enamora de otra persona.
¿Sarah es libre? ¡Por favor! Nada más hay que ver cómo sigue con los ojos a Ice cada vez que está en la habitación. Su iná está enganchada como una lombriz en un garfio y hará lo que sea por este hombre que no la ama. Que no la merece.
Jake clava sus ojos verdes y furiosos en Maverick.
-¿Y yo?
El hombre se encoge de hombros.
-Yo no la amaba, ella no estaba hecha para la maternidad. Decidimos que era mejor para todas las partes involucradas que siguiéramos por caminos separados. No es que no te quisiera, Jake, es que Rachel no podía renunciar a su vida para ser madre. ¿Entiendes?
Si, Jake entiende que le están mintiendo. Su mente trabaja a cientos de kilómetros por segundo, uniendo recuerdos, comentarios casuales, notas de álbumes familiares. El rompecabezas de la extraña relación entre Ice y su padre empieza a tomar forma.
No es una imagen agradable.
-Así que ninguno de los dos sabía que el otro iba a ser padre -se obliga a decir de modo casual.
-No. Yo estaba aquí, en San Diego, cuando Sarah me contactó para decirme que estaba embarazada en septiembre de 1990. Volé a Chicago para ayudarla.
-Y yo estaba en la primera invasión a Iraq. Rachel hizo que el FBI me localizara y llevara a la reserva en marzo, justo para tu nacimiento.
-¿Y después volviste con Ice? -pregunta con rabia contenida.
-Si -responde Pete con fervor. -Me di cuenta de que era el amor de mi vida. Le escribí contándole lo que había pasado y…
Un momento ¿qué?
-¿¡Le escribiste!?
-Postales cifradas, un viejo truco queer -interviene Ice.
Mav retoma el hilo de la conversación.
-El caso es que Ice y yo decidimos que nuestros respectivos capítulos heterosexuales habían sido solo experimentos fallidos. Por eso contamos nuestro tiempo juntos desde noviembre de 1988, porque fue cuando empezamos nuestra relación.
Jake siente que el estómago se le revuelve de asco. Están hablando de su vida. De las vidas de su padre, Sarah, Sam, hasta las de Carole y Bradley. Todo es una red de mentiras monstruosa. Donde el beneficiado siempre ha sido Tom “Iceman” Kazansky.
-¡Qué romántico!
El tono sarcástico sorprende a los dos hombres. Pero el joven no les da tiempo a decir nada.
-Dime una cosa, Iceman. Si no sabías nada de Rachel y mi padre, ¿por qué fue tu amigo Slider quien organizó la mudanza de la familia Bradshaw y el montaje de mi habitación?
La reacción de Ice es sútil, pero Jake lo conoce muy bien. Nota cómo sus pupilas se contraen.
-Slider también es mi amigo -responde Mav en su lugar.
-Claro, amigo por transición ¿no? Era el RIO de tu amante.
-No hables así, Jake. Lo haces sonar como algo sucio.
Pero el muchacho no se dejará desviar por un mero juego de palabras.
-¿Por qué la dejaste?
-¿Dejarla?
-Tu amabas a Rachel. Era tu oportunidad de tener una vida plena, papá. ¿Por qué la dejaste y regresaste con él?
-Creo que aquí hay un malentendido -Ice intenta usar su tono de voz más razonable, pero Jake no se dejará engañar con buenos modales.
-¡Cállate! No sé cómo te enteraste de su romance. No sé cómo lo obligaste a regresar a tu red de mentiras. No me interesa.
-¿De qué hablas, hijo? Yo no amaba a Rachel. Nunca…
-¿Nunca esperaste que encontrase esto?
Saca del bolsillo la foto y la sostiene en el aire. En la imagen, Pete y Rachel están sentados en el suelo de la llanura. Sus manos entrelazadas descansan sobre el vientre abultado.
-¿De dónde…? -Mav tiene los ojos húmedos.
-¡Esas fotos nunca debieron existir! -Ice hace ademán de tomarla, pero Jake aparta la mano y la guarda de nuevo.
-No tienes derecho -le espeta. -¡No es tu vida de lo que estamos hablando!
Pete llora con el rostro entre las manos. Jake se pone de rodillas delante de su padre. Le aparta con suavidad las manos de la cara.
-Papá, dime la verdad. ¿Era amor?
-Mav, no -advierte Ice.
Maverick cierra los ojos y se muerde los labios. Asiente.
-El amor más puro -se gira hacia Ice con ojos brillantes de lágrimas. -El más puro -repite.
-No lo mires. Él no importa. Dime la verdad, por favor, papá.
Tom ha tenido suficiente de este absurdo. Se levanta y habla con su mejor tono de oficial.
-Esta conversación ha terminado. ¡Vámonos, Pete!
Jake se pone de pie y se le enfrenta.
-¡No! Tu eres el que sobra en esta conversación. No eres más que un manipulador y un chantajista. Sino fuera por el daño que haría al resto de la familia, te denunciaría al almirantazgo.
Iceman le sonríe con crueldad.
-Así es, Jake. No puedes hacer nada. Así que deberías considerar otra técnica de negociación. Ya que tengo las claves de tu felicidad.
-Tu no tienes nada que yo quiera. Me robaste de los brazos de mi madre para poder jugar a las casitas en esta parodia de sueño suburbano y aumentar tu prestigio. No eres más que un monstruo.
-Paren, por favor. -gime Mav desde el sofá- No soporto verlos decirse cosas tan horribles.
Jake está a su lado enseguida. Le toma la cara para hacerlo mirarle de frente.
-Papá, sólo dime quién era. Te lo suplico. Dijiste que era amor, dame esa oportunidad a mi también. Déjame encontrar a mi madre. Déjame amarla.
-Ice, por favor -gime Mav. -Jake solo quiere la verdad.
Jake no puede ocultar su sorpresa. ¿Qué poder tiene Kazansky sobre su padre? La voz del hombre al que hasta hoy consideró su segundo padre es fría, calculadora.
-¿Así que quieres la verdad?
Vuelve a mirarlo. Siente cómo sus ojos le traspasan el alma. De repente comprende a todos los oficiales que temblaron bajo esa mirada. Pero su voz no tiembla cuando responde.
-Tengo derecho a la verdad.
-Eres un niño, Jake. No puedes manejar la verdad.
Jake comprende en ese instante que todo esto es inútil. Iceman tiene a su padre en un puño, y él no tiene fuerzas para abrir sus dedos y ayudarlo a escapar. Pero hay algo en lo que se equivoca: ya no es un niño.
-¿Sabe qué, vicealmirante Kazansky? No tengo que aguantar esta mierda. Me voy.
En dos zancadas está en la puerta del solarium, la abre y sale al pasillo. Pete va a correr tras él, pero Tom lo atrapa y le impide salir. Lo siente temblar entre sus brazos.
-No, déjalo. Está muy enfadado y no te escuchará.
Se quedan quietos. Hasta que el sonido de pasos en la galería en dirección a la escalera rompen de nuevo la tranquilidad de la casa.
-¡Se va de verdad! -comprende Pete.
Se lanzan a correr escaleras abajo ellos también. Se encuentran al chico metiendo un morral y una mochila en el asiento trasero del Honda de Sarah. Jake no lo ha planeado, solo da la casualidad que su madre lo dejó fuera del garaje.
-Jake.
Se detiene con la mano en el tirador de la puerta. Suspira. Se vuelve a verlos.
Su padre está apoyado en la baranda del portal, con la cara pálida y las mejillas húmedas. Un poco más atrás, Iceman tiene los brazos a los lados del cuerpo y las manos en puños. Su rostro es una máscara vacía donde solo los ojos azules brillan como afiebrados.
-No vuelvas a acercarte si no es para decirme qué pasó con Rachel.
No les da tiempo a decir nada más. No quiere arriesgarse a oír sus cantos de sirena. Se mete en el carro, enciende el motor y sale a toda velocidad, evitando por poco la verja.
Ice ve el auto alejarse por la calle. Baja los ojos, su esposo parece muy pequeño, encogido como está en el suelo del portal. Su espalda ha dejado de moverse, señal de que controló el llanto.
-Mav…
-¡Cállate! -la palabra se siente como un latigazo.
Tom da un paso atrás, asustado. Pete se yergue con dificultad y se limpia la cara con el dorso de la mano.
-¿Te das cuenta de lo que hiciste, Kazansky? -oh, cómo duele la distancia que impone el apellido- Pusiste tu maldito secreto por encima de nuestro hijo.
-No está listo -la voz le tiembla, pero sabe lo que vio, sabe lo que podría desencadenar Jake- No puede manejar la verdad -repite.
Sabe que suena vacío y cobarde, pero es la verdad. No lo hizo por protegerse a sí mismo, sino por Jake. Es un niño, y no se confían secretos de seguridad nacional a los niños. El peso de saber quién es, en realidad, el famoso Tom “Iceman” Kazansky, sería demasiado para sus hombros. Jake tiene un futuro luminoso por delante y él no puede lastrarlo con el peso del miedo. Sabe que pagará por ello, pero, como siempre, su bebé lo vale.
Pete “Maverick” Mitchell gira lentamente. Sus ojos verdes reflejan incredulidad, dolor, pero sobre todo desprecio.
-Cobarde -le escupe.
Una parte remota de la mente de Ice registra que, aún en medio de la desesperación más absoluta, Pete no consideró revelar el secreto. Le suplicó que lo hiciera, pero no cedió a la tentación de hacerlo él mismo. Cree que es un cobarde, si, pero también un hombre que tiene derecho a controlar cómo y cuándo sale del armario.
Tom adelanta una mano. Tal vez si logra recordarle todo lo que comparten… Pete siempre creyó en él. ¿No? Le dijo que su destino era ser almirante, cambiar la Marina para mejor. Que enfrentarían lo que fuera hombro con hombro. Le dijo que no era su culpa tener este cuerpo defectuoso. Pero Mav retrocede con cara de asco. Luego hace algo complicado con los labios, como si masticara un limón podrido.
-Necesito estar solo -da un rodeo significativo para alcanzar la puerta de la casa.
Tom sabe que se ha ido a “su” habitación, el antiguo dormitorio de Carole que mantuvieron por pura formalidad durante una década. Lo más probable es que Sarah vaya a consolarlo.
¡Ah! Con que esta es una de sus penitencias. Lo merece, claro.
La gente cree que Mitchell es el tonto sacrificado de esta familia, pero ese es uno de tantos malentendidos. Pete es impulsivo y generoso, si, pero no acepta culpas que no le corresponden. Por eso tiene fama de contestón y un largo historial de comportamientos que bordean el límite de la insubordinación. En cambio, Tom está consciente de que todo lo que tiene, cada minuto de felicidad y cada triunfo, fue robado. Nació en el cuerpo equivocado y aún así decidió seguir con su sueño. Nunca, ni en los momentos de éxtasis más intenso entre los brazos de sus cónyuges, Tom “Iceman” Kazansky ha creído que merece nada de lo que tiene.
Es suyo porque lo ha ganado.
Es suyo porque se aplica cada día a un juego de táctica y estrategia contra el mundo.
Es suyo, pero no le corresponde.
Después de veinte años de felicidad tiene que pagar el costo del oasis suburbano donde jugó a las casitas. Aquí está la cuenta: su hijo lo odia. Jake cree que lo separó de su madre y que su relación con Pete no es consensual.
Puede vivir con eso, si significa que Jake saldrá al mundo y se convertirá en el mejor aviador de su generación. La clave estará en mantenerlo enfocado: que lo odie solo a él. Que crea que Mav y Sarah son sus víctimas.
Si es lo suficientemente parecido a Pete, esa rabia eventualmente se convertirá en lástima y se acercará de nuevo, para tratar de salvarlos.
Si resulta ser que Jake tira para Tom en ese aspecto… ¡Ah! El rencor es un combustible de larga duración. Mira qué lejos llegó él de puro rencor contra el coronel Levoi.
Eso no importa ahora. Es hora de pagar y está listo. Ha estado esperando esta catástrofe desde aquella mañana hermosa de abril, cuando subió con su hijo a los cielos y se dio cuenta de su talento. Ninguna buena acción queda sin castigo, dicen. Él tiene suficientes buenas y malas acciones a su haber para dar jaquecas a San Pedro y Lucifer.
El cielo está despejado. No hay luna. Las lámparas de la calle apenas hacen retroceder la oscuridad. Vagamente, Tom desea que llueva. En las historias de ficción, siempre llueve cuando un personaje está al borde del abismo: el clima como metáfora de su desesperación interna ¿no? Mejor que no. Manejar en la lluvia es peligroso y Jake está fuera de sí. Menos mal que va saliendo de San Diego. Irá a China Lake, con Sundown, o a Moapa, con Wolfe y Hollywood. Depende de cuán calmado esté para cuando llegue a los alrededores de Hesperia. ¿Recordará doblar hacia el norte para tomar la I-15? Si las dos horas hasta allá no han apagado su rabia, seguirá de largo y ya no parará hasta Nevada. Probablemente las luces de Las Vegas lo harán comprender lo lejos que está.
¿Cuándo volverá a verlo?
Cierra los ojos y se esfuerza por recordar la última vez que su hijo le dedicó una expresión amable. Mientras comían. Si. Hubo un momento en que Sean dijo algo sobre la piscina y compartieron una mirada cómplice. Fueron solo unos segundos. Enseguida Jake recordó que debía estar molesto y sus ojos verdes se endurecieron.
No hay brisa en la opresiva noche de verano en San Diego. Nada que ayude a secar las lágrimas que se deslizan por sus mejillas. Mira a su alrededor. Un libro abandonado en el sofá de la galería, los ruidos apagados de la calle suburbana, las huellas en el césped del acelerón que dio Jake al salir. Lo mundano del escenario es casi ofensivo.
Siempre supo que esto que había construido con Pete, Carole y Sarah era frágil, tan frágil que podía destruirlo la voz de un niño que pregunta “¿Dónde está mi mamá?” una y otra vez.
Por días.
Por años.
Por décadas.
Hasta que el techo de vidrio se rompió y cayó sobre él como una lluvia lacerante.
¿Cuándo volverá a sentir algo parecido a la felicidad?
No lo sabe.
(En un par de años, cuando la derogación de la DADT de un giro a su relación con Maverick)
Y aunque vuelva a ser feliz, Tom Kazansky recordará esto el resto de su vida: la noche de sábado en que todo se fue a la mierda.
NOTA
"Woman on the Edge of Time" (La mujer al borde del tiempo) es una novela de 1976 de la escritora estadounidense Marge Piercy. Se considera un clásico de la ciencia ficción especulativa utópica, así como un clásico feminista. Piercy se inspira en varias inspiraciones para escribir esta novela, como los estudios utópicos, la tecnociencia, la socialización y las fantasías femeninas. Una de las principales inspiraciones de Piercy para sus novelas utópicas es La República de Platón. Está disponible en Amazon.
ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html
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