Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)
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Capítulo 1: Cielo color vainilla
Resumen:
Sam y Jake cumplen diecisiete años. Se preparan para dejar la
mansión de San Diego y comenzar sus vidas independientes. Un pequeño
error de Tom Kazansky amenaza con destruir todo lo que construyó con
Pete y Sarah.
Este capítulo contiene lenguaje homofóbico.
Martes 1 de abril de 2008
Celebran el cumpleaños diecisiete de Sam y Jake en casa, pero Sarah insiste en algo elegante, así que piden de un restaurante nuevo, especializado en comida de mar. Gracias a maniobras cuidadosas y mucha planeación, Tom, Pete y Bradley están en casa esa semana. La familia completa se reúne por primera vez después en más de dos años.
-No entiendo por qué tanto alboroto con Sam y Jake. Icepá no vino a mi cumple en enero -se queja con un puchero Sean, el hermano menor, mientras pone los cubiertos en la mesa.
-Tu cumpliste trece, enano -se burla Bradley, el mayor. -Seguro Icepá está feliz de no oír tus quejas constantes ahora que está en Arabia.
Los ojos verdes de Sean brillan de furia, y le saca la lengua.
-¡Eh! Nada de peleas -advierte Sarah mientras llega con una fuente de masas de cangrejo. -Sean, sabes bien que este cumpleaños es importante porque Sam y Jake se irán a la universidad en el otoño.
-Míralo de esta manera -interviene Sam burlona mientras pone la ensalada en la mesa-: dentro de unos meses serás el único niño en casa y tendrás a iná Sarah para ti solo.
Sean pone cara de horror repentino. La idea de tener la atención completa de su madre durante los próximos cuatro años, hasta que él mismo vaya a la USNA, le parece abrumadora.
-¡Ah! Qué no daría yo por tener a Sarah para mi solo -Tom Kazansky envuelve la cintura de su esposa por detrás y apoya la barbilla en su hombro, con sonrisa pícara.
El rostro de Sean pasa del miedo al asco.
-¡Arg, Icepá! Me darás pesadillas. ¿No puedes ser más discreto? Creí que teníamos una regla sobre muestras públicas de afecto en la planta baja de la casa.
Pero Sarah se apoya en el torso de su esposo, le acaricia la mejilla con una mano y sonríe a su hijo menor con expresión socarrona.
-Yo también lo creía, hasta que te sorprendí con Sandy la semana pasada.
Sean se pone rojo. Sam, Jake y Bradley estallan en carcajadas.
-¿A qué se debe tanta alegría? -pregunta Maverick.
Tiene las manos ocupadas con una fuente de sopa cremosa de anchoas que pone en la mesa con mucho cuidado.
-Nuestro Sean ha resultado ser un casanova -explica Tom a su compañero. -Sarah lo pescó la semana pasada besándose con una niña de la escuela en el sofá de la sala. ¿A quién habrá salido?
Mitchell tose para disimular su incomodidad ante la pregunta. Sean es su hijo biológico, pero eso es un secreto, además de que no es relevante para esto. Si, él fue precoz en el sexo, pero no se trató de algo espontáneo o placentero. No está seguro de cuánto saben -o creen que saben- sus cónyuges sobre su problemática adolescencia, pero está seguro de que las circunstancias de Sean no son las suyas.
-No lo se -dice al fin. -¿Qué hacías tú a los trece, Ice?
El rubio arruga la frente, pensativo. Cuando tenía trece lo forzaron a tomar clases extra de piano y cocina, además del círculo juvenil de lectura bíblica. Su madre juraba y perjuraba que esas habilidades compensarían sus modales masculinos y aún podría conseguir esposo. Algún joven militar que no estaría mucho tiempo en casa y dejaría pasar sus “defectos”. Además, su horario de vida fue manipulado para intentar separarlo de su hermano Ray. Claro que no puede decirle nada de eso a su prole: Brad, Sam, Jake y Sean creen que él es un hombre cisgénero, perfectamente promedio. Al final, como casi siempre, usa a su hermano.
-Era cátcher del equipo de béisbol de la escuela. No tenía tiempo para besos.
Porque hacía tareas ajenas a cambio de coartadas para escaparse a los entrenamientos de beisbol y se enamoró del pitcher del equipo, que nunca le dedicó una mirada.
-¿Y tú, iná Sarah, qué hacías a los trece años? -pregunta Brad mientras pone las servilletas en la mesa.
Ella detiene sus ojos en las piezas de tela, decoradas con motivos marinos. La cara se le pone gris.
-Era sirvienta en una casa de Milwaukee -dice mientras se aparta de su esposo rápidamente y se va a la cocina.
Jake le lanza una mirada de rabia a su hermano mayor, que se encoge de hombros con ojos confundidos. Las infancias de sus tres guardianes no fueron felices, lo saben, pero habitualmente no provocan reacciones tan violentas.
-No es culpa de Bradley, Jake -interviene Tom antes de que el lado protector de su hijo le haga decir o hacer algo que arruine aún más el ambiente. -Vayan sentándose -dice antes de seguir a su esposa.
La encuentra encorvada sobre el fregadero, los hombros se le sacuden de los sollozos contenidos.
-Sarah -dice en voz suave, para que sepa que no está sola.
Como no lo rechaza, se atreve a acercarse. Se para a su lado.
-¿Puedo?
Ella asiente, y él cubre una de las manos pequeñas de su esposa con la suya, grande y callosa.
-¿Qué pasó?
Ella respira hondo, se limpia las lágrimas con el dorso de la mano.
-Fueron las servilletas, ¿puedes creerlo? En esa casa… no me dejaban usar servilletas de papel porque era un gasto extra. Así que me hice una servilleta de tela con una blusa vieja que la señora había tirado. Le hice remates decorativos por el borde y todo… Estaba tan orgullosa. Pero un día la señora entró a la cocina mientras yo comía, reconoció la tela y me acusó de ladrona. Me devolvieron a la semana siguiente a Servicios Sociales, con una nota sobre “robos oportunistas” en el expediente y sin mi servilleta.
Vuelve a llorar. Tom la hace apartarse del fregadero para poder envolverla entre sus brazos.
Desea viajar en el tiempo y regresar a consolarla.
Desea ser un señor del crimen y vengarse.
Desea tantas cosas.
Ama a esta mujer de un modo que creyó imposible -siempre se consideró estrictamente homosexual- y aunque no hubiera componentes eróticos en su relación, han sido compañeros por dieciocho años, han criado a cuatro personas hombro con hombro.
-Está bien, amor -le susurra al oído. -Ya no pueden alcanzarte. Eres libre ahora. Se acabó.
-No quiero arruinar el cumple de Sam y Jake -dice ella entre hipidos. Su voz sale deformada porque sigue pegada al pecho de Tom.
-No arruinas nada, cariño. Saben que esta familia es un drama constante. Estoy seguro de que Sean agradece ahora mismo tu colapso.
Ella no se separa, pero suelta un gruñido incrédulo.
-¿Ajá?
-Ya nadie se acuerda de que hablamos de su romance con Sandy. ¿Cómo fue que te dijo?
Ella sonríe a su pesar.
-Dijo que no podía imaginar el daño que le había hecho a la raíz pura de su amor secreto. ¡Hay que ser ridículo!
Él la separa un poco para poder mirarla a los ojos. Así, tan cerca, se asombra de nuevo de que nadie se de cuenta de que comparten un padre y probablemente más familiares, porque la madre de Sarah también era de la tribu.
-Hay que tener trece años y una infancia feliz, como la que le dimos. ¡Vamos, señora Kazansky! -le limpia la humedad de las mejillas con los pulgares. -Sus lágrimas son impropias de la esposa de un alto oficial de la Marina y -baja la voz, sonríe pícaro- y de la esposa del piloto más loco del departamento de defensa.
Ella le sigue la broma.
-¿Creí que mi comandante era el mejor piloto?
Ice hace un puchero para fingir sentirse ofendido.
-No arruines el momento.
Sarah sonríe por fin, una sonrisa genuina.
-Llévame a comer, vicealmirante Kazansky.
En el comedor se separan para ir a sus asientos: Sarah en la cabecera, con Sam a su izquierda y Sean a su derecha. Tom se sienta entre Sean y Jake. Así queda frente a su esposo, que está entre Sam y Brad. Se toman de las manos para la oración.
-Como es el cumpleaños de les sensaku, les corresponde decir la oración -anuncia Pete.
La familia cierra los ojos e inclina las cabezas.
-Damos gracias por los alimentos que tenemos, por el amor que hemos recibido y por la salud de la que gozamos -entona Sam.
-Damos gracias por la libertad que tenemos, somos la espada, somos el escudo y nos honra este deber -le sigue Jake.
Antes de la respuesta colectiva, Ice agrega algo más.
-Y hoy, especialmente, damos gracias por la presencia de Samantha y Jacob en esta familia, alegrías de nuestros corazones.
-Amén -responden a coro.
Logran terminar la cena sin que nadie más tenga recuerdos desagradables y sin mencionar la campaña presidencial.
Lunes 7 de abril de 2008
Una semana después, Jake y Sam llegan de la escuela antes que el resto de la familia y encuentran en el correo sobres con el membrete oficial de la Academia Naval de los Estados Unidos y el Colegio Oglala Lakota.
-¿Y si rechazaron mi aplicación?
Su hermana lo mira incrédula.
-¡Eres hijo y nieto de aviadores, Jake!
-Soy nieto de un supuesto traidor, y el hijo del aviador más problemático de la Marina.
-Al que siguen llamando para todas las misiones secretas que aparecen -el tono de Sam no deja dudas sobre lo que opina de semejante hipocresía. La joven suspira y mira su propio sobre. -En cambio yo…
-¿Qué?
-Que el Colegio Oglala Lakota prefiere a estudiantes de pura ascendencia indígena. Yo soy casi blanca ¿no? Y tengo la capacidad financiera para ir a otro sitio. Yo se que es justo que les den preferencia a las aplicaciones de familias con escasos recursos, pero… quiero tanto, tanto, recuperar mi herencia. Siento que se lo debo a iná.
Jake asiente. No sabe muy bien por qué Rachel y su padre decidieron que naciera en la reserva, pero él también siente que su condición de ciudadano oglala es más una etiqueta que una realidad. Desde que entraron al bachillerato, dejaron de ir a las reuniones de fin de semana de la comunidad sioux de San Diego para pasar tiempo con sus amistades. Con la falta de práctica, su dominio del lakota ha disminuido. Sean tiene conversaciones enteras en lakota con Icepá por teléfono que apenas pueden seguir.
Intercambian miradas nerviosas.
-Tengo una idea: yo abriré tu carta de la USNA y tu, la mía del Colegio Oglala ¿sí?
-Vale.
Están tan felices con sus aceptaciones que deciden llamar a esa misma hora a Icepá, en Bahréin, Bradley, en New Jersey, y a Mavpá en Noruega. ¡Al diablo las diferencias de hora! Cuando Sarah llega, se encuentra a su prole tan emocionada que no puede más que montarles en el auto para ir a comer pizza.
Viernes 4 de julio de 2008
Este año, ni Icepá ni Mavpá pueden estar para la barbacoa del Día de la Independencia, pero al menos Bradley se ha escapado de Lakehurst. Los tíos Wolfe y Hollywood llegaron desde Nevada con su sobrino Brigham, que también fue aceptado en la USNA. Además, Viper y su esposa Linda deciden que no quieren irse hasta New York a ver a sus hijos, así que se les unen.
El patio está lleno.
Cae la tarde.
Entre el ruido de las conversaciones -esta vez no hay manera de evitar la campaña presidencial- y la música -bastante conservadora para no alterar al matrimonio Metcalf-, Jake se descubre de repente sentado solo en el fondo del patio, mientras mira al resto de la familia. En seis semanas dejará todo atrás, y quiere grabar estas imágenes domésticas -casi idílicas- en la memoria, para que lo acompañen en lo que imagina será un año duro.
Ya fue difícil cantarle “Feliz cumpleaños” a su padre por videoconferencia ayer. Sabe que Mavpá querría llevarlo personalmente a la USNA, como llevó a Brad a la Universidad de Virginia hace siete años, pero está entrenando aviadores en escandinavia. Tan al norte, hay que aprovechar los meses de verano al máximo. Por lo menos tuvieron el cumpleaños.
-¿Puedo acompañarte?
Desde su posición en el suelo, Brigham Lennox le parece muy alto, y su sonrisa es avasalladora. La luz rojiza del crepúsculo resalta el tono dorado de su piel. Las sombras destacan sus pómulos anchos y su barbilla cuadrada. Jake aparta esos pensamientos, se fuerza a mirar los vasos de limonada.
-Si uno de esos es para mi.
El moreno asiente y se sienta con las piernas cruzadas a su lado.
-Parece mentira que ya nos toque, ¿verdad?
-¿Recuerdas tu primer 4 de julio aquí? Fue el verano antes de que Bradley se fuera a la universidad.
-¡Cómo olvidarlo! Nunca había visto el mar. Nunca había visto una familia como la de ustedes. Sean era de este tamaño y seguía a mi tío por todos lados haciendo el ruido de avión. Señor novio aviador, le decía.
Jake ríe al recordar la imagen.
-Es que esa visita a Valle Moapa fue impresionante. ¿Lo vas a extrañar?
-¿El pueblo? ¡Nah! Voy a extrañar a mis tíos y los aviones.
-Urg, tendrás que vivir sin grasa de avión bajo las uñas por lo menos hasta Acción de Gracias. ¡Qué tortura!
-Igual seguro estaré ocupado -lo mira burlón. -Eres un Mitchell, así que tendré que sacarte de problemas.
-Te recuerdo, que la última vez fue un Mitchell quien salvó a tu tío.
-Lo se. Mi madre y mis hermanos rezan por tu padre todos los días ¿sabes? Dan gracias por sus acciones contra los ateos comunistas y piden al Señor que lo proteja.
Jake no sabe qué responder. Cada vez que Brig menciona a su madre de modo tan casual siente que algo le salta dentro. Siempre ha esquivado el tema, pero hoy es una de las últimas veces que se verán antes de ir a la USNA y tiene que sacarse la duda.
-¿Tú no…? ¿No estás molesto con ella?
Ahora son los grandes ojos marrones de Brig los que parecen confundidos.
-¿Molesto? ¿Por qué?
-Pues, porque te separó del resto de tu familia.
-Por favor, Jake, suenas como un predicador de esos de la TV diciendo que la Agenda Gay esto, y la Agenda Anticristiana lo otro. Mi madre es contadora, mi padre es dentista. ¿Qué iban a hacer con un niño que quería volar aviones desde que tenía tres años? Fui el tercero de seis. Tu no sabes lo que es competir por la atención en una familia así. En cambio, tío Leonard me dió un cuarto para mí solo.
-Pero, ¿no extrañabas? Tenías diez años y de repente estabas solo en el desierto de Nevada con un tío al que nunca habías visto.
-¿Extrañar qué, exactamente? -Brig chasquea los labios. -¿Sabes por qué me llamo Brigham, Jake?
-No.
-Por Brigham Young, el segundo presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Somos Christian, Joseph, Brigham, Johanna, Wilford y Lorenza. Nos nombraron en honor a nuestro señor y los cinco primeros presidentes de la iglesia mormona. Mi padre tenía treinta años cuando se casó, mi madre dieciséis. Tenía la edad de Sam cuando tuvo a mi hermano mayor -y hace una pausa, para que la idea cale.
Jake busca a su hermana en el patio. Está sentada al lado de Linda Metcalf, gesticula exageradamente mientras le explica algo. Ambas sonríen. La mera idea de que un viejo de treinta años, como algún maestro de la escuela o uno de los asistentes de Icepá, la toque…
-¿Al menos estaban enamorados?
De repente se siente avergonzado de presumir nada sobre las relaciones de Leonard Wolfe, aviador gay, con su hermana Mary Lennox, devota mormona y su sobrino Brigham Lennox, futuro estudiante de la USNA.
Brig da un trago a su limonada y niega con la cabeza.
-No lo sé. Allá las cosas son diferentes. El amor es diferente. Creía que mi padre era un tipo súper porque dejó a su esposa terminar una carrera y ganar su propio dinero. Ahora pienso que era eso o ir a la bancarrota. Seis bocas que alimentar se dice fácil, pero… -suspira. -La cosa es que mi madre es una buena mormona, y cree que la homosexualidad está mal, pero también que no puedes dejar a la familia a la deriva. Mi tío Wolfe no dejó de ser su hermano porque se fuera a vivir en pecado con otro hombre. Por la misma lógica, si yo había heredado de Leonard el deseo de volar, era justo que le aliviara la carga y me recibiera. Así que mi madre no se deshizo de mi, Jake, sino que me dio la oportunidad de alcanzar mi verdadero potencial.
El rubio da otro trago a su limonada y mira al piso, con los labios apretados. Brig aún puede ver la duda en los ojos de su amigo. Le pone una mano en el hombro.
-¿Me vas a decir qué te pasa?
-Mi madre me dejó cuando tenía menos de un mes de nacido -el otro asiente, conoce la historia de modo vago. -Cuando te conocí aquel 4 de julio, me dijeron que estabas pasando el verano en Moapa. Nunca pensé que… que dejarías a tu familia atrás para quedarte a vivir con ellos de modo permanente. La idea de dejar a mis hermanos es… -sacude la cabeza. -¿Cómo pudiste?
-¡Ah! No te voy a decir que fue fácil. Mi mundo tenía un orden, era represivo y cerrado, pero era todo lo que conocía. De repente no había oraciones antes de cada comida, podía ver TV y oír radio sin restricciones, me llevaron a la biblioteca del pueblo y me dejaron elegir qué leer. ¡Estaba asustado de tanta libertad! Pero Leonard y Rick hablaban conmigo todo el tiempo. Querían ser mis padres. Por primera vez en la vida sentí que yo era la prioridad de alguien. Por eso decidí quedarme en Nevada.
Y se calla. No puede decirle que también se quedó por la promesa de que visitarían de nuevo la casa grande de San Diego donde vivía el niño más lindo del mundo. Sabe que Jake es hetero y eso está bien. Pasar sus primeros diez años en una casa con otros cinco hermanos donde nunca alcanzaba el dinero le enseñó que no siempre puedes tener lo que quieres. Al menos en la USNA estarán juntos y podrá vetar a cualquier candidata a futura señora Mitchell.
Serán como Iceman y Maverick, porque Jake, lo sabe, está destinado a la grandeza.
La voz chillona de Sean los saca de sus reflexiones.
-¡Ya va a empezar! ¡Ya va a empezar! -grita el niño señalando el cielo mientras da saltos.
Roza con su hombro el hombro del rubio.
-Vamos a ver los fuegos artificiales.
Viernes 1 de agosto de 2008
-No es lo que quisiera, pero es lo mejor que pude conseguir -se disculpa por enésima vez Maverick con su hijo.
Jake solo sonríe. Su padre le ha regalado una chaqueta de aviador de cuero, forrada de algodón suave de color marrón idéntico a la piel exterior. Se mira de un lado y de otro frente al espejo grande del baño. Feliz.
-Es perfecta, Mavpá.
-Es ideal para el clima de Maryland -afirma Iceman desde la puerta. -Vas a romper corazones, hijo.
Jake sonríe tímidamente. Icepá sigue haciendo bromas sobre sus futuras aventuras sexuales en la USNA. Parece que Mavpá era un casanova en la universidad. Otra cosa en la que no se parecen.
Tuvo tres charlas sobre sexo a los trece años: una en la escuela, árida y solo para varones. Otra en casa, donde Sarah llevó la voz cantante como enfermera, con ejercicios prácticos de cómo ponerse preservativos. La última con su terapeuta, centrada en la idea de consentimiento y cómo detectar banderas rojas en las relaciones de pareja.
Todo eso lo dejó exhausto y un poquito asqueado.
Para rematar, Bradley le regaló un libro sobre sexo no penetrativo cuando cumplió quince. ¡Con muchas imágenes y gráficos!
Sam y Sean lo encontraron hilarante. Jake decidió estudiarlo como cualquier manual técnico.
Por lo que entiende de las interacciones sociales, el sexo es la segunda mejor fuente de distracción, después del alcohol. Además, a veces ayuda a encender socialmente. Pero no quiere distracciones en la USNA, y espera no tener que usar su cuerpo para avanzar en la Marina.
¿Por qué tendría sexo entonces?
Pero no dice nada de eso a su familia. Se supone que los varones tengan una líbido desaforada a los diecisiete, no va a darles más razones para preocuparse.
-Por cierto, yo también tengo un regalo atrasado que entregar -informa Ice y le tiende un sobre de manila a Maverick. -Feliz cumpleaños.
Jake se acerca, curioso. El sobre tiene una dedicatoria en la elegante letra cursiva de Ice, “Algo nuevo que hacer, ahora que tus polluelos vuelan del nido”, seguido de las firmas del matrimonio Kazansky.
Pete lo abre con dedos temblorosos. Sospecha de qué se trata. Han hablado de esto un par de veces, de prepararse con tiempo. Saca los documentos y sonríe. Tiene tremendas ganas de besar a su esposo, y el muy cabrón lo mira con ojos ufanos. Ice disfruta de ponerlo al límite. Probar su resistencia. Son apenas las dos de la tarde y con suerte se irán a la cama a las diez de la noche. Aunque acaso puedan tener un rapidito antes de la cena ¿no?
-¿Qué es? -inquiere Jake.
-Documentos de propiedad -se obliga a decir con voz calmada. -Ice y Sarah me han regalado un hangar.
-Está hacia el norte, cerca de Skunk Works, en medio del desierto -detalla Kazansky.
Mitchell traga es seco. ¿Es imaginación suya, o Tom casi ronroneó ese último detalle? ¡No puede tener una erección mientras su hijo está ahí mismo! Pero imaginar que están a solas, sin nadie en varios kilómetros a la redonda…
-No entiendo -Jake los mira con ojos entrecerrados y la frente fruncida.
-Me han regalado un proyecto, hijo. Algo que hacer ahora que ustedes volaron del nido.
-Oh -el chico todavía no parece muy convencido. -Está bien -y se va a su cuarto.
Ice lo ve irse con algo de inquietud. ¿Tal vez darle el regalo delante de Jake no fue buena idea? Pero no tiene tiempo para ponderar el asunto: Pete va a la puerta de “su” cuarto a guardar los documentos. Antes de entrar, le da una mirada ardiente. Se apresura hacia su propia habitación.
¡Aún no visitan el hangar y ya le está dando beneficios! ¡La mejor inversión del mundo!
A la hora de la cena, Jake todavía está taciturno. La conversación recae sobre todo en Sarah y Sam, que se fueron a comprar todo el nuevo guardarropas que necesitará la niña en Dakota del Sur. Sean también comparte cosas de su campamento de verano. Pete, concentrado en los logros de su hijo menor, no nota que Jake apenas participa. Ice si lo nota. Su hijo les mira a Sarah y a él con intensidad, como si fueran partes de un acertijo que quiere descifrar.
Ha visto esa expresión antes, y nunca trajo nada bueno.
¿Será hoy cuando su burbuja por fin estalle?
La evidencia definitiva de que algo anda mal llega cuando el chico dice.
-Te ayudo a lavar los platos, Mavpá.
Sam alza las cejas, asombrada. Es su turno, y su sensaku odia lavar platos. Pero Samantha Kazansky es una persona pragmática. Si su hermano quiere hacer un turno extra en la cocina para pasar más tiempo con Mavpá, ¿por qué impedírselo?
Sube a lavarse los dientes y ordenar sus compras.
En la cocina, Pete prepara el jabón, se pone el delantal y los guantes. Jake hace lo mismo. Comienzan por los vasos: él enjabona, su hijo enjuaga. No les cuesta encontrar un ritmo estable. Espera que los cuchillos estén en el escurridor antes de comenzar la conversación.
-¿Me dirás que pasa?
El chico tuerce los labios, renuente.
-Solo tengo cuatro días de permiso, hijo. No sé cuándo volveré a casa, ni si coincidiré contigo antes del próximo verano.
-¿Volverás? A casa, digo.
-Claro que volveré a casa. ¿A dónde más?
-Podrías ir a tu nuevo hangar.
Pete alza las cejas en gesto de asombro.
-¿Al hangar? Ahora mismo no se si tiene agua corriente. ¿Por qué iría allí en lugar de regresar a casa?
-Porque eso es lo que quieren Ice y Sarah, ¿no? Que te vayas por fin.
El hombre pone con cuidado el plato en el fondo del fregadero, temeroso de dejarlo caer por el repentino temblor de sus manos. ¿Cómo puede un gesto tan dulce como el de Ice ser tan malinterpretado? Hace los ejercicios de respiración que aprendió hace nueve años con la doctora Poole.
-Hijo, Ice y Sarah no quieren que me vaya a ningún lado. Te lo prometo.
Agarra el plato y se lo pasa a Jake que lo enjuaga con gestos bruscos.
-Ajá. Y por eso te regalan una propiedad a cuatro horas de aquí, justo antes de que tu segundo hijo se vaya a la universidad. ¡Vamos papá! Sé que estás acostumbrado a justificarles, pero esto es demasiado.
-No los estoy justificando -insiste. -Esta casa se está quedando vacía, Jake. Dentro de cuatro años Sean se irá a la USNA, y ninguna reconstrucción de motos o desarrollo de línea de obstáculos para ejercicios en el patio podrá entretenerme. Tu me conoces, siempre necesito algo nuevo que hacer. Ice y yo somos aviadores, lo único que nos interesa, además de ustedes, son los aviones. Ahora, dime, ¿dónde se guardan los aviones?
El chico hace una pausa.
-¿En los hangares?
-Exacto.
-¿Dices que te compraron un hangar para que Ice y tú vayan a jugar a los mecánicos en su tiempo libre?
-Si.
Jake estalla en carcajadas.
-Eso es ridículo. Primero falta el avión. Segundo, Ice quiere ser almirante, no irá a ensuciarse de grasa contigo cuando podría estar haciendo relaciones para ascender. Tercero, y es lo más importante: eso suena tan, pero tan gay que Sarah, por mucho que confíe en ustedes dos, no iba a permitirlo, por principio.
-No creí que te importara tanto lo que parece o no gay.
El tono frío de su padre hace que Jake se ponga serio enseguida.
-No, no, espera. Yo no… No soy un homofóbico, ¿okay? Pero somos una familia militar y la DADT rige nuestras vidas. Una cosa es que vivamos aquí por la generosidad de Icepá y Sarah…
-¡Qué no vivimos aquí por caridad! -le interrumpe exasperado. -Esta es nuestra casa. Somos una familia. ¿Por qué te es tan difícil aceptarlo?
-Uh, no sé -responde Jake sarcástico. -Quizás porque no tengo madre. Mi terapeuta dice que tengo “problemas de abandono” porque tú me separaste de ella cuando era un recién nacido.
-Allá vamos, todo regresa a Rachel.
-No, esta vez tú hiciste que mencionara a Rachel. Yo solo digo que la mera idea de Ice y tu pasando tiempo solos en medio del desierto es súper gay. Tan gay, papá, que el glorioso vicealmirante Kazansy, conocido por su carácter frío y calculador, nunca lo haría. Porque tiene planes, grandes planes para sí mismo y su familia. -se quita los guantes de goma con gestos bruscos- Así que desengáñate, papá. En ese hangar estarás tu solo.
Pete no se vuelve. Por el sonido de los pasos apresurados en la galería y la escalera, Sabe que su hijo subió al segundo piso, probablemente a su cuarto. Sigue limpiando la cocina despacio. Quiere darse tiempo para recuperar la calma. No puede subir y amargarle la noche a Ice y Sarah.
-Eso podría haber salido mejor.
El estruendo de la cazuela contra el fondo de acero del fregadero es el eco perfecto para su corazón desbocado.
-¡Oh, Dios! -se gira hacia su esposo, apoyado en el marco de la entrada a la escalera que lleva al solarium. -¿Desde cuándo estás ahí?
Ice se encoge de hombros y entra a la cocina.
-Nuestro hijo cree que soy Stan Kowalsky y tu Blanche DuBois. Solo que en lugar de un pasaje de bus, te compré un edificio.
-Más o menos.
-Tiene razón.
-¿En qué?
-En que suena súper gay que vayamos solos al desierto. Más aún después de esa película… la de los vaqueros donde actúa el muchacho de “Diez cosas que odio de ti”.
-¿"Brokeback Mountain"?
-Esa misma. Él le decía a la esposa que iban a pescar, ¿recuerdas?
-Si, recuerdo.
La cocina está completamente limpia. Maverick ya no tiene excusas para evitar mirar a su esposo de frente. Se gira, apoya la espalda en el fregadero y cruza los brazos sobre el pecho.
-¿Entonces tiene razón? ¿Me mandarás solo al desierto para ganarte un par de estrellas?
-¡No seas ridículo! -repone Tom con tono ofendido. -Nos llevaremos a Sarah, como corresponde.
-¡Oh! -Pete se permite una sonrisa mínima. -Eres un cerdo machista, Kazansky, ¿traerás a tu mujer para que nos cocine?
-Bueno, ciertamente no puedo esperar que tu cocines, donde sea que vayamos. Anda -le tiende una mano-, vámonos a dormir.
Mav entrelaza sus dedos y apoya la cabeza en el hombro de su esposo.
-Llévame a la cama, vicealmirante Kazansky.
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