24 de febrero de 2024

RAÍCES 14

Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Madam Secretary

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

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Capítulo 14: Al borde del mañana

Resumen: Jake Seresin (¿o Mitchell?) regresa a casa con su hermano y su padre.

 

USS Theodore Roosevelt, Mar de Ojotsk, martes 12 de noviembre de 2019

 

Después de los abrazos y sollozos desesperados en la cubierta del USS Roosevelt, el Vicealmirante Simpson vino a poner orden.

Mavpá trató de evitar el chequeo físico, pero el personal médico de la Marina no cree en rangos, ni cantidad de enemigos derribados. Menos mal. Cuando Jake se coló a verlo, su padre dormía con el torso desnudo y brillante por los ungüentos. Su piel era un hematoma casi continuo. Vio colgada al pie de la cama las notas del chequeo y se apresuró a agarrarlas. Resulta ser que esta era la segunda eyección de su padre en tres semanas y la anterior había ocurrido desde ¿cinco kilómetros de altura? Lo leyó varias veces porque… ¡No podía ser! ¿Qué mierdas andaba haciendo su padre? ¿Por qué Iceman permitía semejantes cosas?

Por supuesto, a los golpes de ese día se sumaban la reapertura de heridas subcutáneas del salto anterior que aún no sanaban. Pero no había costillas rotas, ni señales de sangramiento intracraneal u otros daños neurológicos. Así que Jake se acomodó en la silla al lado de la cama, tomó la mano de su padre y se dispuso a esperar.

Bradley lo encontró allí en la noche, cuando por fin terminó de informar a Simpson (y a Icepá por videoconferencia) los detalles más inanes de sus aventuras por territorio yakuto robando aviones.

-Hey -dijo bajito y le rozó el hombro.

No quería despertar a su padre.

Jake se enderezó en la silla y soltó un gemido.

-Hey -saludó de vuelta.

Giró un par de veces el cuello y los hombros para desentumecerse.

-Te traje comida -Bradley le tendió un paquete que resultó ser un sándwich de pollo no demasiado seco, con tomates no demasiado mustios.

Luego se sentó con cuidado en el extremo de la cama.

-¿Cómo está? -preguntó mirando a su padre con aprensión.

-Pasó una enfermera para chequear el suero y darle una segunda dosis de analgésicos. Dice que debe dormir sin problemas hasta mañana. Luego vino Simpson. Se le quedó mirando muy fijo, como si no supiera si debe estar feliz o molesto porque está vivo.

-Si, conozco esa mirada -asiente Bradley-. Es la mirada que le dan siempre en el Baile Anual de la Marina.

Jake torció los ojos. Por supuesto que su padre iría al Baile Anual de la Marina solo para enfadar a la plana mayor. ¡Ah! Las prerrogativas de ser amante del Comandante de la Flota del Pacífico.

-¿No te dijo nada por estar aquí?

-No. Solo dijo que era bueno que alguien lo estuviera vigilando. ¿Él sabe…?

-No lo sé, la verdad. Pero resulta que fue el Almirante Kazansky quien ordenó que despegaras. Jake no reacciona ante esta información, está muy cansado para fingir sorpresa. Bradley decide que no vale la pena preguntar. Después de todo, su padre muerto les ayudó a escapar de Sajá-Yakutia. No cree que resista si su hermano le dice que él también tuvo una experiencia de Expediente X.

-Así que debe estar imaginando que Iceman planea usarte en uno de sus juegos políticos. Después del funeral de abuelo Viper, todo el mundo sabe que está con Brig.

Jake asiente y da otra mordida a su sándwich. No le sabe a nada. Después de Maki la comida le sabía a ceniza, así que esto es una mejora. Supone. ¿Cuánto tardarán en regresar las pesadillas?

Bradley lo saca de sus reflexiones.

-Escucha… -lo mira inseguro- Cuando lleguemos a San Diego…

-Si, claro, claro. Yo sé que papá y tú necesitan tiempo con la familia. Me iré con Brig, no te preocupes. Me llamas cuando…

-¡Serás imbécil! -sisea su hermano, claramente molesto, pero sin alzar la voz para no despertar a su padre-. Iba a decir que cuando lleguemos a San Diego debes explicarle a Brig que no puede venir a casa con nosotros. Las cosas que tenemos que discutir… -vuelve a lucir apenado- Sé que ha cuidado de ti todos estos años, Jake, y de verdad que lo aprecio. Pero lo que sea que pasa con Rachel Seresin le ha puesto los pelos de punta a Iná, Icepá y Mavpá todos estos años. No creo que estén dispuestos a hablar con Brig ahí.

Jake pestañea sorprendido. Su hermano quiere… Es absurdo. Su padre casi murió. Seguramente es justo dejar que se recupere antes de obligarlo a hablar. Cuando Maki, él no soportaba perder a Brig de vista. Seguramente el COMPACFLT ya se inventó una excusa para tener vacaciones.

-Pero Kazansky…

-¡Y dale con Icepá! -bufa.

Bradley sabe que su hermano ha sufrido mucho, que la reconciliación es algo nuevo y aún no se acostumbra a la idea de que puede regresar a casa, pero tuvo un día largo. Demasiado largo. No puede evitar que algo de la frustración que siente se revele en su cara y voz.

-Hizo falta una misión suicida para hacerte entrar en razón, pero nuestros padres han esperado que toques a la puerta cada día desde que te fuiste. Iná limpia tu cuarto cada dos semanas. Se las arregló para tener tus medidas nuevas cada año y toda la ropa del armario te sirve. ¿Tienes idea de lo que ha sido verla donar diez armarios enteros de ropa y calzado sin usar? Icepá colgó en la pared de la casa fotos de todos los eventos importantes de tu carrera. Le pregunta a Brig qué lees para leerlo él también. Te están esperando, Jake. No les hagas sufrir más, por favor. Regresa conmigo a casa cuando desembarquemos, ¿si?

Lo pensó un poco. La verdad es que si, quería saber la verdad lo más pronto posible y, si tenía la oportunidad de quedarse a solas con Kazansky, preguntarle por su visita astral.

-De acuerdo -asintió-. Cuando lleguemos a San Diego iré con papá y contigo a casa.

 

University City, San Diego, viernes 15 de noviembre de 2019

 

Cuando Bradley apaga el motor del bronco, Jake se queda quieto en el asiento del copiloto, mirándose las manos. Este es el momento de la verdad.  Fue fácil olvidarse del resto del mundo durante los tres días que pasaron en el barco cuidando a su padre mientras regresaban a California. Ahora el bronco está parqueado junto a la casa de su infancia y Jake no puede…

-¿Ya llegamos?

Maverick tiene la voz pastosa de sueño. Lo retuvieron en el área médica del barco por cuarenta y ocho horas y está hasta las cejas de analgésicos. Normalmente habría reducido las dosis en casa, y lo compensaría con largas sesiones en la bañera viendo filmes de Val Kilmer. Pero en el USS Roosevelt no había bañeras ni una gran colección de cine, así que tuvo que tragarse las malditas píldoras y aceptar la somnolencia, la dificultad para concentrarse.

Recuerda que Brad y Jake lo ayudaron a subir a la parte trasera del bronco después de despedirse del resto de las Dagas. Se acurrucó entre los cojines y dejó que el ronroneo del motor lo arrullara. Ahora todo está quieto.

-Si, ya llegamos, Mavpá -responde su hijo mayor mientras abre la puerta de la camioneta.

Bradley le tiende un brazo para ayudarlo a salir. Sam aparece de la nada, le da un beso en la mejilla.

-Apóyate en mi, Mavpá -dice.

Con una persona a cada lado, no es tan difícil subir los escalones de la casa.

-Jake, coge los morrales -ordena Bradley por encima del hombro-.

-No hace falta.

Aprovechando que Maverick no puede verlos, Sean aparta con dureza a Jake y toma las bolsas de su hermano y su padre.

-¿Y tu qué haces aquí? -escupe.

Jake se paraliza de nuevo, desprevenido frente a la hostilidad de Sean. Es difícil reconciliar la imagen de este hombre con la del muchacho que dejó atrás. Su sunkaku solía mirarlo con admiración o complicidad. El subteniente Sean “Knife” Kazansky solo lo contempla con desprecio y hostilidad. Está seguro de que Bradley y su padre no contaron con esto.

Antes de que pueda abrir la boca para disculparse y desaparecer, un cuerpo se interpone entre ambos. Jake siente que el mundo desaparece en cuanto su iná lo abraza.

-¡Jake! ¡Volviste! ¡Mi čhiŋkší! ¡Al fin!

Ella se aparta para poder tomarle la cara entre las manos. Le besa las mejillas.

-Bradley me dijo que vendrías, por supuesto, pero tenía miedo de que cambiaras de idea. -su sonrisa vacila ante el silencio del hijo- No… no has cambiado de idea, ¿verdad?

Jake mira entre su iná y Sean. Dudoso. ¿Puede hacerlo?

-¡Oye cekpápi! -Sam está en el portal con los brazos cruzados sobre el pecho y expresión impaciente- ¿Hasta cuándo, chico? Acaba de subir que hace frío aquí afuera.

Bradley y su padre ya entraron en la casa. No debería irse ahora, ¿verdad? No sin despedirse. Solo que Sean aún le lanza dagas por los ojos por encima de la cabeza de su iná y… ¿desde cuándo son ellos dos más altos que Sarah?

Entonces lo ve. Iceman está medio oculto por una de las columnas del portal. Lleva un conjunto deportivo verde mar y gafas. No es posible ignorar sus ojos húmedos. Lo está mirando con una mezcla de júbilo y miedo francamente desgarradora. Nunca lo había visto así, tan vulnerable.

Recuerda lo que le dijeron Brig y Bradley, que cuando se fue el hombre dejó de dormir y de comer.

Recuerda la cara en el techo de su habitación en Valle Moapa.

Recuerda al espejismo en el USS Roosevelt.

Besa a su madre en la frente.

-Claro que no he cambiado de idea, iná -le asegura mientras se acomoda el morral en un hombro y la estrecha con el otro brazo-. Vamos, que mi cekpápi tiene razón, hace frío.

Sarah no lo deja ir mientras suben las escaleras.

A sus espaldas, escuchan cómo Sean masculla sobre premios inmerecidos, pero lo ignoran.

Su cuarto está, como dijera Bradley, listo para ser usado. Es un poco extraño, la verdad, ver sus trofeos de secundaria todavía brillantes. Pero junto a los mementos de su infancia y adolescencia están estos once años de su vida: la cama es nueva, más grande. Lo suficientemente grande para dos personas adultas. También afiches de sus filmes favoritos, nuevos títulos en el librero, incluso un par de figuras de acción de colección de DC -odia a Marvel desde que Tom Holland interpretó a su padre.

-Hicimos algunos cambios. Después que tu sunkaku… ¡Eso no importa! El caso es que ahora puedes ir al baño directamente, ¿ves? -abre una puerta apenas visible al fondo- Está intercalado entre tu cuarto y el de Sean. Bradley y Sam comparten otro baño. Es mejor así, nadie tiene que salir al pasillo en la noche.

Hay una historia ahí, se da cuenta. Algo agridulce y potencialmente embarazoso sobre Sean. Ha perdido más de una década de alegrías y ridiculeces. ¿Podrá ponerse al día alguna vez?

-En fin -suspira ella-, supongo que… ¿quieres almorzar? Aunque ya es tarde para eso. Mejor una merienda ligera, ¿si? ¿O prefieres ducharte y descansar un poco? 

Iná se muerde los labios y se retuerce las manos, nerviosa. No puede dejar de verlo con algo de ansiedad, como si temiera que en cualquier momento saldrá corriendo. Sabe que debe calmarla.

-Una ducha suena bien. Y luego… ¿Mavpá dormirá mucho?

-Oh, ¿Mav? Si, probablemente hasta mañana. Después de eyectar siempre necesita -hace un gesto vago con la mano-, tu sabes -se corta abruptamente, arruga la cara al darse cuenta de su error-. No, no sabes.

Es como si se rompiera una represa. Sarah se deja caer en la cama de Jake y empieza a llorar descontroladamente. En la periferia de su percepción siente que el colchón se hunde por otro cuerpo. No reacciona hasta que siente un brazo por encima de sus hombros, que la atrae hacia un torso fuerte.

-Está bien, iná, está bien. Déjalo ir.

-Quédate, por favor, Jake -ahora que están solos no le importa si suena como una suplicante-. No lo soportaríamos si te vas de nuevo. Él no lo soportaría -no puede ni imaginar qué pasará con Tom si esto sale mal.

-Claro que me quedaré iná. No tengas miedo. No llores más, por favor, ¿si?

Sarah se separa, se limpia las lágrimas con el dorso de la mano y levanta la cara para verlo de frente. 

-Promete.

-Prometo -y es la rapidez con que responde lo que la convence, más que la palabra-. La Marina me ha dado ocho semanas de descanso. -Jake le sonríe con ternura, es casi como tener a su pequeño de diecisiete de vuelta- Solo iré a donde tú quieras.

Se permite una sonrisa débil y asiente. Respira hondo.

-Muy bien. Entonces toma una ducha y baja cuando estés listo, ¿si? -saca un pañuelo de papel de la caja en la mesa de noche- Yo voy a bajar a preparar algo, porque Bradley siempre regresa con un hambre terrible. ¿Qué les dan de comer en esos barcos?

Jake abre la boca para responder, pero ella no le presta atención. Se da cuenta de que es algo recurrente, que tiene que ver con ser madre. Su iná sigue hablando.

-Tantos millones de presupuesto y ¿no pueden alimentar correctamente a mis niños? Se lo he dicho un millón de veces a Tom, pero responde que es Bradley. -bufa- ¡El nervio! Culpar a Bradley. Seguro tu también te das cuenta de que tienes mucha hambre después que descanses, mi amor.

Jake la ve salir y cerrar la puerta suavemente con una sonrisa boba.

Al otro lado del corredor, el almirante Kazansky ha perdido toda su famosa calma al ver el estado físico de su esposo. Todo el torso de Mav -pecho y espalda, incluso partes de su pelvis- tiene el color rojo cardenal de los hematomas en proceso de curación. No puede decir nada, porque ¿qué va a decir? “¿Debiste dejar que los SIM derribaran a nuestro hijo?” Es absurdo. Él habría hecho lo mismo. Lo que le duele es que nadie le informó de estas heridas o del plan de recuperación. Estos son los problemas de tener una relación secreta. De cierta manera, es como si nunca hubieran dejado atrás la DADT.

-¡Ey! -Pete le toma una mano muy suavemente- No pasa nada.

-Yo se.

Se pone a mirar cómo el agua caliente va llenando la bañera porque no sabe cómo mirar a su esposo sin que se le desborde el millón de sentimientos que se arremolinan en su interior.

-Solo… ¿vas aceptar la promoción ahora? No quiero… -se detiene, traga en seco, no puede jugar a las escondidas con esto- Ya no soporto la idea de que andes por ahí jugándote la vida. Es suficiente con los niños. Por favor, acepta la promoción. Tienes el Mustang, ¿no? Y si descubres que extrañas demasiado los F-18, podrás cambiar las reglas para seguir volándolos como instructor. Pero, por favor, Mav.

-Mmm -Mav toma muy despacio un pomo de espuma de baño y deja caer un poco en el agua.

El aroma a lavanda los rodea.

-Goose nos sacó de allí, ¿sabes? -Tom asiente, imaginó algo así cuando Ray le dijo que jugarían cabeza con la muerte- Y al final se hizo visible para Bradley. Así que… Ya tiene suficiente agua.

Tom cierra el grifo, ayuda a su esposo a terminar de desnudarse y entrar a la bañera. Pete gime varias veces durante la operación, pero deja escapar un suspiro de satisfacción cuando al fin está sumergido hasta el cuello en agua caliente. Pone una mano en el borde, que Tom enseguida estrecha.

-Mira, no se si después de escuchar la caja negra del Tomcat quieran hacerme contralmirante o darme baja por razones médicas. Lo mismo con Bradley.

-Lidiaremos con eso.

-Pero ya antes estaba pensándolo, ¿sabes? Tengo casi cincuenta y ocho y quiero… -¿qué quiere? No está seguro, pero si sabe lo que ya NO quiere más- Estoy cansado, Ice. Cansado de las miserias de gente como Cain, Benjamin, incluso Simpson. Cansado de mentir sobre mis sentimientos. Cansado de las miradas de pena que la gente me da cuando creen que no estoy mirando, “pobre Capitán Mitchell, viudo por veinte años”, “ese loco de Mitchell, es un misterio por qué Kazansky lo soporta”. Todo eso. Me prometiste una vez, hace mucho, que me mimarías y consentirías. Quiero…

-Quieres casarte -comprende Tom conmocionado.

Se cae en el suelo del baño de la sorpresa. Los ojos verdes de Pete están muy abiertos con pánico.

-¿Qué? ¡No! ¿Crees que estoy loco? ¡Por supuesto que no podemos casarnos! Sería el fin de tu carrera. -y su voz sube un par de octavas, de lo desesperado que está- No eres tú, soy yo. Quiero retirarme y dormir la mañana y… -lo mira interrogante, porque en realidad no tiene idea de qué haría si se retira- ¿Terminar de reconstruir el Mustang? ¿Ayudar a Penny en el bar?

Pero Tom resopla incrédulo. ¿Pete trabajando en el bar de Penny? ¡Ja! Su esposo está hecho para volar. Y el Mustang no lo va a contentar por mucho tiempo, dos o tres años máximo, calcula.

-Dos mil veintiuno.

Ahora Pete lo mira desconcertado.

-¿Dos mil veintiuno? -repite.

-Si, nos casaremos el 20 de marzo de 2021.

La expresión de su esposo pasa de la confusión a la diversión en un segundo.

-No.

-¿Cómo que no? Estamos comprometidos desde octubre de 2011. Ya dijiste que si.

-¡Porque marzo es un pésimo mes para casarse en esta ciudad, Ice! Hace frío, podría llover. Nos casaremos en junio, -sus ojos adquieren un brillo calculador-, después que la presidenta McCord te confirme como Secretario de la Marina.

-Mav, no sabes si…

-Vamos Ice, ¿por qué crees que Henry McCord te preguntó casualmente -y su tono destila sarcasmo- durante el funeral de Viper si ya pensabas retirarte? Ni siquiera el show entre Sean y Jake lo hizo cambiar de idea. Te quieren para el segundo período de la presidencia. Tendrían que estar locos para no quererte después de esta Misión.

Si, lo que hicieron con Sajá-Yakutia fue tremendo. No puede discutir eso. Se inclina a besarlo.

-Vale, nos casamos en junio. Pero, ¿aceptarás la promoción si te la ofrecen?

-Contralmirante Mitchell. -lo dice despacio, saboreando las palabras- Si, suena bien. ¿Dices que podré seguir volando?

-Podrás escribir las reglas, Mav.

-Mmm -ronronea-, lo voy a pensar. Mientras, ¿no tienes un matrimonio que disolver?

-¡Cierto!

Tom le da otro beso leve, se pone de pie, y corre hacia la planta baja.

-¡Sarah! -ella deja de cortar vegetales y lo mira sorprendida- ¿Dónde es que se descargan esos formularios de divorcio? Los firmaremos hoy mismo.

La sonrisa de su esposa es como el sol.

-¿De verdad?

-Si.

Ella suelta el cuchillo y corre a sus brazos. Tom la alza y dan un par de vueltas. Sienten una ligereza de adolescentes.

-¡Al fin! -Sarah lo besa con fuerza- ¡Al fin, Señor! ¡Creí que sería abuela antes de ver esto!

-¿Alguien me puede decir que está pasando?

Se giran hacia Sam, que los contempla confundida desde la mesa del comedor con una mazorca de maíz a medio pelar entre las manos. Sarah gira para quedar de frente a su hija sin salir del círculo de los brazos de Tom.

-Tu padre y yo nos vamos a divorciar.

La cara de perplejidad de Sam se hace más intensa. No se supone que las personas celebren su divorcio con entusiasmo compartido. Especialmente porque sabe que iná y Icepá se aman.

-¿Okay…?

-Y me voy a casar con Mav -completa Tom risueño y orgulloso.

Sam tarda unos segundos en procesar la información. Sabe que ellos mantuvieron su relación en secreto aún después de la derogación del DADT para proteger la carrera militar de Icepá. Es una de esas cosas mierderas con las que se resignó a vivir y ahora le cuesta un poco hacerse a la idea de que…

-¡Wow!

Se levanta para abrazarlos. Parece que esta Misión Súper Secreta y Estresante en que andaban Mavpá y sus hermanos realmente los sacudió, ¿eh?

-¿Por fin harás un hombre honesto de Mavpá? -pregunta sonriente a su padre.

Él asiente. Su mamá la mira, cómplice.

-¿Sabes lo que significa esto?

De repente la enormidad del hecho la golpea.

-¡Tenemos que planear una boda! -se gira hacia su padre- Dime que al menos tienen una fecha.

-Junio del veintiuno.

-¿Qué? ¡No! -mira a su mamá, que se sale del abrazo de su padre con similar expresión preocupada y se dirige al mostrador de la cocina.

-¿Qué pasa? -Ice mueve sus ojos de su esposa a su hija sin entender.

Sarah hace unos cálculos rápidos en el block de notas que tienen siempre ahí para dejar recados.

-Es muy poco tiempo.

-¿Poco tiempo? Son casi dieciocho meses Sarah.

-Y creo que Patrick Benjamin también quiere casarse aquí en junio. -recuerda Sam de repente- Lo oí en el funeral del abuelo Viper. 

Ahora Sarah pasa de la preocupación a la furia.

-¡El Almirante Benjamin no nos ganará en esto! ¿Qué crees, agosto?

-Pues… -pero ella hace un gesto imperioso a Ice para callarlo y mira expectante a su hija.

Sam se da un par de golpecitos en la barbilla.

-Podría ser… quiero decir. Las posibilidades de lluvia son las menores del año, y la temperatura solo es un poquito más alta que en junio.

-Maldito cambio climático -gruñe Sarah, que hace un par de notas más.

-Además, en agosto no hay fútbol, ni béisbol. ¡Uh! ¿Cuándo es la próxima elección de la alcaldía?

-Otoño de 2020 -responde Ice automáticamente.

Ambas mujeres lo miran sorprendidas, se habían olvidado de él.

-Está decidido -concluye Sarah- Te casas en agosto de 2021. Sube a decirle a Pete -ordena.

-¡Un momento! Es mi boda.

-Y nosotras vamos a planearla. -repone su esposa- Ahora se un buen chico y ve a cuidar de Mav, ¿si? Sam, cariño, ve a buscar tu laptop y empieza a buscar locales. Tu sabes lo que… -lo mira extrañada- ¿Qué haces ahí como un pasmarote? Mav podría dormirse y ahogarse en la bañera. ¡Sube!

Parte de ser un genio militar es reconocer cuáles batallas puedes ganar: el Almirante Tom “Iceman” Kazansky, Comandante de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos, da media vuelta y obedece las órdenes de su esposa.

Claro que todos los reencuentros son tan tiernos. Cuando Jake regresa a su habitación después de una larga y satisfactoria ducha, se encuentra a Sean sentado en su cama con los brazos cruzados sobre el pecho y expresión hostil.

-Todavía creo que no tienes nada que hacer aquí, pero… -se desinfla un poco- Bradley me dijo que debía hablar contigo.

Jake se sube a su cama, apoya la espalda en el cabecero y se pone una almohada en el regazo.

-¿De qué cree Brad que debemos hablar? Dejaste tu opinión clara en el funeral del abuelo Viper.

Sean tuerce los labios y mira al piso.

-Aparentemente, no es razonable que te guarde rencor sin oír tu parte de la historia. ¡Conste que tu nunca intentaste decirme qué pasó! -bufa- Así que aquí estoy. -pero se queda con el cuerpo tieso y la mirada fija en el afiche de “Hidden figures”.

Jake inspira profundamente.

-No tengo que contarte nada. -Sean se gira a mirarlo tan rápido que el cuello le traquea- Mis supuestas razones no justifican el daño que te hice, el daño que le hice a nuestra familia. Bradley te mandó para darme la oportunidad de pedirte disculpas. Discúlpame por abandonarte, Sean. Discúlpame por no ser el c‘iyé que necesitabas. Cuando papá me dijo que era pareja de Ice yo… Yo sentí que tu padre me lo había robado. No pude… No podía procesarlo. Kazansky me había robado a mi padre, mi oportunidad de ser feliz. Así que disfracé mi dolor y miedo con orgullo y testarudez. Después de un tiempo no sabía cómo regresar a casa, me daba miedo que ustedes no me quisieran de vuelta, así que nunca regresé. Estaba atrapado en un círculo vicioso del que ni Brad ni Brig pudieron sacarme.

-¿Robado? -repite Sean despacio.

La palabra le parece tan inusual, tan absurda, que lo obliga a prestar atención. Su plan no era ese. Su plan era dejar que el discurso de Jake le resbalase como lluvia y marcharse. Porque no había modo de que Jake pudiera justificar estos once años de dolor. ¿Verdad?

Arruga la frente, confundido.

-Pero… ¿Quieres decir que estabas enamorado de Mavpá?

La cara de espanto y asco de Jake es suficiente para que comprenda que hay un gran malentendido.

-¿Entonces?

Jake aprieta la almohada entre sus dedos y niega suavemente.

-En realidad no tiene sentido. Yo quería ser normal, estaba desesperado por la idea y descubrir que papá era bisexual me lanzó de cabeza al abismo. Tenía diecisiete años, así que necesitaba un culpable. Estaba convencido de que tu padre le impedía volver a casarse con una mujer y darme una mamá.

Sean sacude la cabeza, nada de lo que oye tiene sentido.

-Tu tienes una mamá. Mi mamá es tu mamá. -pero en cuanto lo dice lo asalta la duda- ¿O no?

Jake le da una sonrisa triste.

-¿Dentro de esta casa?, si. ¿En nuestros corazones?, definitivamente. ¿Pero allá fuera? -señala con la mano hacia la ventana- No. El resto del mundo nunca me dejó olvidar que yo era un Mitchell, Brad era un Bradshaw y ustedes dos eran Kazansky. Aunque papá, iná y Ice trataron de protegerme, estaba dolorosamente consciente de que el único de madre desconocida era yo. No trates de entenderlo, Sean. Simplemente, yo quería lo que tú tenías y, en mi mente, Iceman estaba en el camino.

-¡Eso es tan retorcido! -se rasca la nuca, confundido- ¿Creí que habías estado en terapia un montón de años? ¿Cómo tenías la cabeza tan jodida?

Jake lo mira con ojos culpables por un momento antes de apartar la vista y encogerse de hombros.

-Vi demasiados filmes de Disney.

Si, Sean recuerda que su hermano disfrutaba un poco demasiado cantar "Just Around the Riverbend" y "A Girl Worth Fighting For" en las tardes de karaoke. Era un niño, simplemente le gustaba que su c‘iyé Jake pasara tiempo con él. Ahora, puede darse cuenta de que los chicos de trece años generalmente prefieren juntarse con otras personas de su edad, no quedarse en casa con sus hermanos pequeños. También está claro que es una excusa.

-Está bien -asiente-, pero todavía no se por qué estás aquí. ¿Acaso pretendes regresar como si nada hubiera pasado?

Jake chasquea los labios.

-Cuando me fui eras un niño, Sean, ahora eres un hombre. Creo que la posibilidad de ignorar mi tiempo de ausencia es un barco que zarpó hace mucho, mucho tiempo.

Sean asiente, porque es verdad: no pueden volver el tiempo atrás, ni recuperar la confianza fácil de esos años. Jake había sido su ídolo, su apoyo, ahora… no son desconocidos, pero ciertamente tendrán que reconstruir su relación.

Empieza a hablar sin mirarle a la cara.

-Como dos semanas después de que te fuiste, todavía era agosto, pero antes de que Sam se fuera al Colegio Oglala, fuimos a la Reservación Barona con iná y no sabíamos cómo explicar tu ausencia a las amistades. Iná tuvo un ataque de llanto a mitad de la ceremonia de celebración de la cosecha. Sam tuvo que manejar de vuelta a casa. Ella te llamaba mientras lloraba y yo… Yo me sentía tan impotente y tan rabioso. Me preguntaba por qué te llamaba. ¿Acaso no era yo un buen hijo también? Mamá y los papás nunca explicaron… O sea, si explicaron, pero era una explicación de mierda: La identidad de Rachel es un secreto de seguridad nacional. Yo estaba como, ¿en serio? No en balde se fue pal carajo de aquí.

Jake suelta una risa amargada.

-¡Ah! No era yo el único.

Sean tiene que admitir que, en esa parte, siempre estuvo del lado de su hermano.

-No, no eras el único. Sam también. Ella tiene la teoría de que Rachel era un operativo de Al-Qaeda y está en Guantánamo u otra cárcel de esas que no existen. 

Jake suelta un silbido, claramente impresionado. 

-Por desgracia, sospecho que la realidad es mucho menos épica.

Sean alza una ceja, interrogante.

-En mi experiencia, la gente que oculta sus relaciones personales lo hace por causas banales, casi miserables: dinero, apariencias. Se que Rachel es ciudadana de la tribu Oglala y que su hermano es un hombre muy importante allí. Podría ser que todo esto se trate de racismo: ella está en algún lugar pasando por blanca, y ya.

Sean hace una mueca de desagrado ante la idea. Sabe que “pasar” es el objetivo de muchas personas de color enajenadas por el racismo, pero la idea de que la madre de su c‘iyé sea así le produce un rechazo casi visceral. También puede entender la amargura de su hermano: once años buscando y nada.

¡Mierda! Al final resulta que Bradley tenía razón.

-Entiendo que quieras saber quién es tu mamá, pero eso no significa que te perdone. Nos heriste profundamente, ¿entiendes? Esta familia casi se derrumba después de tu huída.

-Entiendo. -asiente Jake, y su mirada parece sincera- No creo que merezca tu perdón. Solo quiero que me des la oportunidad de ser tu hermano otra vez.

-Vale. -adelanta su mano derecha- Necesito ayuda para apartar a los impertinentes que miran demasiado a Sam en los eventos sociales.

Jake le estrecha la mano y Sean se sorprende al sentir callos en su palma. La última vez que hicieron esto… ¿alguna vez se estrecharon las manos? No le parece. Nunca fueron remisos con el contacto físico en su familia, pero no de ese modo. Estrechar la mano es algo formal, que se hace con extraños. Su hermano y él solían abrazarse, chocar puños cuando las cosa les salían bien, rozar cualquier parte de sus cuerpos cuando estaban cerca. Recuerda que Jake lo besaba en la cabeza cuando era niño.

Se da cuenta de que su hermano lo está mirando con un poco de miedo.

-¿Qué pasa?

-¿Puedo? -se pasa la lengua por los labios- ¿Puedo abrazarte?

¿Pueden?

-Todavía no. -se esfuerza en ignorar el hecho de que Jake apenas parece decepcionado- Mañana, después que sepamos quién es Rachel Seresin. Si todavía quieres quedarte.

-Ah -parece como si su hermano hubiera comprendido algo de repente- Si, claro, mañana.

Decide que ya fue suficiente sanación para un día y se levanta.

-¿Bajarás a cenar? La primera cena cuando regresamos de alguna misión, iná siempre hace un estofado denso, ligeramente salado, que te llena y te pone a dormir como un bebé. Mantiene las pesadillas a raya por uno o dos días.

Nota como la mención de pesadillas llama la atención de su hermano. Su expresión de incomodidad, porque estaba buscando una manera de excusarse que no sonara a desplante, cambia por otra de curioso deseo. Puede entenderlo: él no ha matado a nadie, pero sus propias misiones tiene un modo insidioso de colársele en sueños. Jake acaba de anotar su segunda muerte aérea, salvando la vida de Mavpá y Bradley. ¿Qué ve cuando cierra los ojos?

-Eso suena muy bien. -dice al fin Jake- Me visto y bajo.

-Bueno, voy a lavarme -dice a modo de despedida.

Se levanta para salir al corredor, pero recuerda que hay una vía más eficiente y se dirige a la puerta del baño.

Entra a su baño (excepto que ya no es solo su baño), orina, y mientras se lava las manos ve a través del espejo la nueva toalla colgada en el secador. No hay otra huella de la presencia de Jake. No es necesario. A partir de noviembre de 2008, iná decidió procesar su dolor a través de la negación. Jake regresaría, y la casa estaría lista.

Por once años, el espectro de Jake Mitchell le ha acechado en cada rincón de la casa. Como si de Peter Pan se tratase: el cuerpo salió volando tan rápido que dejó su sombra atrás. Solo que esta sombra no pudo seguir a su dueño. Porque iná, Icepá y Mavpá alimentaron y cuidaron esa sombra, convencidos de que su tercer hijo siempre estaba por llegar. Está acostumbrado a ver en la ducha un gel de baño, champú y acondicionador que no le pertenecen. Detrás del espejo hay un pomo extra de crema de afeitar y un cepillo de dientes en su sobre, con “BB3” escrito en sharpie.

En sus años de Academia y servicio, Sean escuchó cómo su hermano se convertía en Hangman y ya no quiso, ya no pudo, reconciliar la memoria de su c‘iyé con ese piloto arrogante y solitario. Así que pasó de buscar cualquier información, por mínima que fuera, a desear con toda su alma que su familia dejara, por favor, de hablar de Jake. 

Ve la toalla colgada y comprende que ya no se trata de una sombra, de la herida supurante de su iná. El BB3 ha regresado. La sombra salta de la pared, adquiere densidad, textura, le habla.

Le pide una segunda oportunidad.

¿Qué se supone que sienta ahora?

Nada.

Es mejor no sentir nada.

Después de todo, Jake solo vino porque Mavpá prometió revelarle la identidad de Rachel. Es posible que mañana se marche de nuevo.

Con un poco de suerte, esta vez se llevará su sombra consigo.

Cuando baja, Bradley está en la sala, conversa por videollamada con Azul.

-Dile que digo hola. -y sigue hacia la cocina, a ver en qué puede ayudar.

Pero su hermano pausa la charla, se levanta y le toca el brazo para detenerlo.

-¿Cómo fue?

Sean suelta un gruñido y mira de reojo hacia la cocina, incómodo. No quiere tener esta conversación donde su madre pueda interrumpir en cualquier momento.

-Es un trabajo en progreso -admite a regañadientes.

Bradley sonríe.

-Gracias.

-¿Gracias?

-Si, gracias. La familia no sanará si cada cual no pone de su parte.

–¡Lo que sea! -refunfuña- Te crees demasiadas cosas con eso de ser el hermano mayor. Ahora tengo que ir a ayudar a iná. 

Sospecha que su madre armará un banquete para celebrar el regreso del hijo pródigo.

Al final, la cena no es tan extravagante. Sarah no preparó nada de antemano, temerosa de que Jake se arrepintiera y se marchara a la Base Miramar con Brig. Además, Maverick no puede bajar, todavía está adolorido por sus heridas y desorientado por los medicamentos. No será hasta mañana que los efectos secundarios pasen y sea capaz de salir del cuarto.

De todos modos, la cena es un éxito: Tom y ella se sonríen continuamente de un extremo a otro de la mesa. Sam los mira con expresión orgullosa y feliz. Sus tres hijos los miran curiosos y un poco inquietos. Sean se olvida rápido de su resentimiento hacia Jake y este de su rencor contra Bradley. Comparten la intriga sobre qué tiene a la otra mitad de la mesa tan alegre y, sin pensarlo mucho, recuperan el ritmo: empiezan a comunicarse a través de movimientos de cejas, encogimientos de hombros y breves gestos faciales. Es hermoso de ver.

Pero no, no dirán nada. Lo justo será anunciarlo mañana, con Mav presente.

Sam da muestras de su aplomo y mantiene el curso de la conversación lejos de sus padres. Se enfoca en su cekpápi. Le cuenta de sí misma y le pregunta de modo casual por sus amistades y experiencias. Nunca demuestra que un nombre o filiación es nuevo para ella. Actúa, de hecho, como si solo llevaran unos meses sin verse y tuvieran que ponerse al día.

En lo que respecta a Samantha Kazansky, su hermano nunca se fue de casa.

-Ah, si -dice cuando Jake menciona sobre unas prácticas en el Mar de China- Sean estuvo allá justo antes de que le tocara Top Gun.

-Que no me tocaba -la interrumpe sin poder contener su fastidio-, me lo gané.

Sam tuerce los ojos.

-Que lo repitas no lo hace verdad. Si es una escuela de superación, todo el mundo debe ir.

-Ahí es donde te equivocas. -la corta Sean levantando su tenedor como un puntero- Es un centro de excelencia, lo que significa que solo asiste lo mejor de lo mejor de la Marina. Ayúdame aquí, Jake.

Su tercer hijo se queda atónito al verse interpelado de modo tan directo. Sean abre mucho los ojos al darse cuenta de lo que ha hecho. Por suerte, no hay mejor manera de hacer hablar al famoso Hangman que poner en duda su estatus en la élite de la aviación.

-Por supuesto que no todo el mundo va a Top Gun, o, como debemos llamarla ahora, NAWDC. Desde el principio la idea fue que entrenara a personal seleccionado por su talento para que asimilaran los conocimientos más avanzados que luego usarían en sus escuadrones. Recibir órdenes de reportarse en NAWDC es un reconocimiento especial.

-Ajá. -Sam alza una ceja, retadora- Me puedes explicar entonces por qué los cinco hombres de esta familia han ido ahí. ¡Es una imposibilidad estadística!

-¡Por supuesto que no! -el tono de Jake es displicente- Es que naciste en una familia muy especial, hermanita. Somos aviadores de pura sangre. Incluso Brad, que hizo un desvío por Virginia para conocer al amor de su vida. Entre los vivos y los muertos de esta casa sumamos casi un tercio de los mejores aviadores de la historia de la Marina. -se encoge de hombros con expresión socarrona- No tenían más remedio que reconocer nuestro talento.

Sean y Bradley asienten con fuerza. Sam parece no poder decidir entre estallar en carcajadas o tirarles un vaso de agua para bajarles los humos.

-No puedo creerlo, los tres son idénticos. -se gira hacia su padre- Esto es culpa tuya y de Mavpá -acusa señalándole con el índice.

Tom se finge ofendido.

-¿Por qué siempre que tus hermanos te ganan una discusión es culpa nuestra y no de tu madre?

-Porque todo ese chovinismo aeronáutico lo aprendieron de ustedes dos. Iná es comadrona y mamá Carole era enfermera, por supuesto que no puedes culparlas por -señala vagamente a sus tres hermanos- este trío de adictos a la adrenalina que podrían hacerle el amor a un jet.

-¡Un momento! -se queja Bradley.

-¿Adictos? -alza las cejas Jake.

-¿Hacerle el amor a un jet? -dice Sean.

-¡Oh! ¿No has visto cómo Mavpá habla de su P-51? Cualquiera diría que es una mujer de acero y no un montón de chatarra.

-¿Papá tiene un P-51? -pregunta Jake sorprendido. ¡Oh! Conque le dio uso al hangar.

Sean tuerce los ojos.

-Si te vas a quedar, te advierto que esa es la verdadera competencia, el tiempo y dinero que dedica a ese cacharro es absurdo. Hemos sido desplazados por un nuevo bebé.

-No es un cacharro y no lo quiere más que a ustedes. -interviene Tom.

Ahora es Sarah quien no puede contener un gruñido incrédulo.

-Mitawin, por favor. -dice desaprobador a su esposa- Si, Mav compró un Mustang P-51 para reconstruirlo. Le regalé el hangar, tenía que poner algo dentro, ¿no?

-Honestamente, Icepá, siempre creí que el hangar era como una casa de campo, un sitio apartado a donde ustedes irían para andar desnudos.

Sean mira asqueado a su hermano mayor.

-¡No hables de ellos dos teniendo sexo! Me vas a provocar impotencia del trauma.

-¡Eres hetero! ¿No se supone que a ustedes esas cosas no les afectan?

-¡Ey! -corta Sarah- En esta casa no avergonzamos a nadie por su orientación sexual o identidad de género.

-Gracias iná.

Ella le guiña un ojo.

-Solo dos heteros en esta casa, frente unido.

Sean asiente y vuelve a mirar a su hermana.

-Como íbamos diciendo, queda demostrado que el entrenamiento en la NAWDC hay que ganárselo.

Sam lo mira con los labios apretados y ojos divertidos.

-¿Sabes qué, súper aviador? Estoy harta de toda esta testosterona. Demuestra todo tu exquisito entrenamiento enseñándole a este -señala a Jake- cómo montar el lavaplatos. -deja la servilleta en la mesa y se levanta- Voy a ver a Milles Teller moviendo el culo en Footloose, para delicia de mi corazón bisexual.

Mientras se gira, le guiña un ojo cómplice a su padre, que le devuelve una sonrisa orgullosa. 

 

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