14 de enero de 2024

RAÍCES 11

 Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Madam Secretary

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

------------------------------------------------------------------

Capítulo 11: Mátame otra vez

Resumen:

-Creo que no puedo hacer esto, Mavpá.

-¿La misión?

-¿Eh? -levanta la cara y lo mira sorprendido- No, no. Claro que no te dejaré ahora mismo. Quiero decir, que no seguiré volando después que regresemos.

-Vale.

-¿No estás decepcionado?

-¿De que tengas el suficiente valor para renunciar cuando aún eres joven? Siento envidia.

-¿Qué estás pensando, Mavpá? Conozco esa expresión y siempre acaba involucrando a la policía.

-Pues…

-¡Maverick!

Ambos se giran, Warlock está apoyado en el marco de la puerta del vestuario. A Pete le basta con la expresión impotente en sus ojos para comprender.

Ambos querían a ese viejo como a un padre.

 

Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Miramar, lunes 4 de noviembre de 2019

 

Después del torneo de fútbol en la playa, las prácticas mejoran significativamente entre el viernes y el domingo, y la escuadra llega con el ánimo arriba el lunes. El buen humor se les evapora en cuando llegan al salón de conferencias, que se ha convertido en sede de facto de la operación, y ven al vicealmirante Simpson y el contraalmirante Bates conversando con el capitán Mitchell con expresiones sombrías.

Ciclón espera a que todo el mundo esté sentado -este vez Yale y Fritz fueron los últimos en llegar- para dar la palabra a Warlock.

-Buenos días. Vinimos a darles una actualización de inteligencia. La planta que deben destruir estará operativa antes de lo esperado. De acuerdo con la nueva información, el uranio llegará a la planta en diez días. Para evitar contaminar el valle con radiación, la misión se ha adelantado una semana.

La clase reacciona al unísono, lo cual es una buena señal, en medio de las pésimas circunstancias. Intercambian miradas de asombro e inquietud.

-Señor, -se atreve a decir Coyote- hemos mejorado, pero nadie aquí ha logrado completar el vuelo hasta el objetivo.

Warlock asiente, pero su expresión no cambia.

-Sin embargo, se ha ordenado que sigan adelante. 

Mientras la clase asimila esto, Warlock le hace un gesto a Maverick.

-¿Capitán?

Maverick activa la pantalla y empieza a explicar.

-Nos queda una semana para centrarnos en la fase dos del plan, la más difícil. Deberán realizar un bombardeo rasante después de una caída pronunciada. El éxito de esta fase requiere nada menos que dos milagros consecutivos. Como saben, la planta descansa entre dos montañas. Después de recorrer el cañón con la altitud más baja posible, deben ascender siguiendo la montaña, se invertirán directamente en la pendiente para caer a la mayor velocidad posible. Su blanco es un punto de menos de tres metros de ancho.

-Alguien llame a una galaxia muy muy lejana, por favor -murmura Halo.

Omaha estrecha su mano en un vano intento por reconfortarla.

-En este punto -continúa el capitán- regresa la importancia del trabajo en equipo. La coordinación precisa de los cuatro aviones es esencial para tanto el éxito de la misión como su supervivencia. Inmediatamente después de la caída a lo largo de la pendiente, deben hacer blanco dos veces en el mismo punto.  El WSO del primer avión biplaza marcará el objetivo con su diana láser. El aviador líder lanza su bomba con la guía de ese láser. El impacto dejará expuesto el conducto de ventilación. Ese es el milagro número uno. No pueden demorarse, ya que el segundo par repetirá el procedimiento, pero esta bomba entrará a través de la brecha abierta por el líder y destruirá la instalación. Ese es el milagro número dos.

Jake adelanta el torso, pone los codos sobre las rodillas y apoya la barbilla en sus manos entrelazadas. Los ojos le brillan de excitación. Está francamente arrobado por la elegancia del plan. Ahora puede comprender la insistencia de su padre en la comunicación y la confianza al interior de la escuadra. Si. Hacer estas maniobras demanda el tipo de coordinación que él mismo tiene con Harvard, o que sabe logran Rooster y Phoenix.

En la pantalla, los aviones animados se arquean hacia arriba y ascienden la falda de la segunda montaña para salir del valle. 

-La salida es una subida brusca. Un vuelo breve, pero violento, hasta la cima del lado opuesto del valle.

Maverick hace una pausa. Cuando vuelve a hablar, la inflexión de su voz ha cambiado sutilmente. Solo Brad y Jake, que lo conocen desde niños, lo notan. Los hermanos intercambian una breve mirada de inquietud. ¿Qué viene ahora que finalmente su padre deja traslucir miedo?

-Al alcanzar la cima quedarán directamente en el área del radar enemigo, justo cuando van perdiendo toda su velocidad. Aquí es donde serán más vulnerables. En cuestión de segundos, los SAM enemigos dispararán. Esta... es la esquina de la muerte.

El capitán se vuelve hacia sus estudiantes con ojos abiertos, implorantes.

-La rapidez con la que puedan volver al cañón marcará la diferencia entre la vida y la muerte. Pueden hacer que los misiles se estrellen contra las paredes del cañón con un par de maniobras evasivas y luego mantenerse por debajo del radar. Este es el milagro número tres.

-Pero en una subida así, a esa velocidad, estaremos haciendo al menos ocho G. -objeta Omaha incrédulo.

Jake resopla, despectivo. Brig le da una mirada imperiosa y no suelta ninguno de los comentarios sarcásticos que tiene en la punta de la lengua.

-Nueve como mínimo. -asiente Maverick.

-El límite de tensión del fuselaje del F-18 es de 7,5 Gs. -argumenta Omaha ya un poco agresivo.

Al frente del aula, Ciclón enarca una ceja. A él tampoco le gusta el plan, pero le gustan menos aún los aviadores impertinentes.

Maverick responde sin darse por enterado de la falta de respeto implícita en la riposta de Neil.

-Ese es el límite aceptado. Créeme, puede aguantar un poco más.

Y les da una mirada significativa.

-Oh -dice Payback perplejo.

El grupo recuerda que la mitad de las misiones de Maverick están clasificadas. Comprenden que su capitán tiene experiencia personal en los límites reales del F-18.

-En conclusión: vuelo rasante, ascenso y caída rápida, dos bombas, ascenso de 9 Gs, maniobras evasivas contra SAMs, vuelo rasante y cena de comida deshidratada cuando regresen al portaaviones.

Mira directamente a Hangman.

-Tan rápido como si tu trasero dependiera de ello.

Jake se muerde el labio inferior. Mira a Maverick, la pantalla y de nuevo a su padre.

-¿Y si no vamos lo suficientemente rápido?

El capitán asiente, activa un elemento más en la pantalla y se gira para seguir explicando. Antes de que les de la espalda, Jake alcanza a ver una mínima sonrisa de orgullo.

-Si no logran alcanzar el objetivo a tiempo, es posible que tengan que lidiar con un problema aún mayor. Serán cuatro F-18s averiados contra aviones de combate de quinta generación.

El salón queda en silencio. La escuadra intercambia miradas de incredulidad y confusión.

-Señor… -dice al cabo Phoenix- ¿es esto siquiera posible?

Maverick ladea la cabeza, suspira. 

-Los milagros son la expresión concreta de lo imposible, teniente Trace. Esta misión demanda tres. Así que, al final, la respuesta a su pregunta dependerá de quién esté en la cabina. Ahora, vayan a volar.

Bradley se restriega la cara con las manos. De repente quiere un café de esos con que Azul lo despierta en Perla Blanca. No. Quiere cóctel de camarones. A la gente que va a morir les dan la cena que quieran, ¿verdad? ¡Están tan jodidos!

 

Desierto de California, área de entrenamiento secreto, martes 5 de noviembre de 2019.

 

La tarde cae sobre el desierto. Javier, Natasha y Bob recorren la ruta con amarga decisión, pero pocas esperanzas de cumplir el objetivo. Nadie ha logrado hacer blanco en los cinco simulacros que hicieron entre ayer y hoy. Quien más cerca estuvo del blanco fue Hangman, pero Seresin tuvo el buen tino de no presumir. Después de todo, como dejó en claro el capitán, fallar por medio metro es igual que fallar por tres metros. Aunque el fracaso colectivo es un triste consuelo, al menos previene que emerjan tensiones al interior de la escuadra. 

Pero no se descorazonan. Hay algo en Maverick, en el modo en que los mira -entre orgulloso y suplicante-, que les hace confiar en él y su disparatado plan de los tres milagros. Desde la mañana en la playa las Dagas -como han empezado a llamarles en la base- se han vuelto un verdadero escuadrón. Al menos ya logran llegar hasta el punto de bombardeo sin que los radares los detecten, ni hacerse papilla contra uno de los lados del cañón. Progreso es progreso, ¿no? Lo más importante es que no se quejan, sino que repiten el ejercicio una y otra vez.

Hasta hoy.

 

Hospital de la Base Aérea Miramar, California, martes 5 de noviembre de 2019.

 

Javier le da una sonrisa temblorosa a Jake, que estrecha su mano y lo mira como si fuera a desaparecer en cualquier momento. Aunque podría haber sido, ¿no?

-Creí que te perdía -suspira su amigo.

Él asiente, todavía se siente un poco confuso. Un minuto estaba decidido a todo, el siguiente el mundo empezó a ponerse borroso y gris.

-Maverick me…

Hangman asiente con fuerza. Su expresión entre adolorida y exaltada.

-Si, lo hizo.

-¿Puedes llamarlo? Quiero…

-No puede hablar con el capitán Mitchell aún, teniente Machado.

Ambos miran hacia la entrada de la habitación, el vicealmirante Simpson cierra la puerta y se acerca a la cama con expresión resuelta. Jake suelta la mano de su amigo. 

-Seresin, necesito hablar a solas con Machado.

Pero Javier no confía en Simpson, y, honestamente, tampoco confía en sí mismo después de lo que sea que ocurrió durante el simulacro.

-No. Jake es uno de mis contactos de emergencia. Lo que tenga que decirme, lo dice delante de él.

El vicealmirante mira a Hangman con desagrado. El teniente le devuelve una expresión calmada, pero firme.

-Muy bien. En vista de la incapacidad de la escuadra para cumplir con el plan de ataque del Capitán Mitchell, y de lo ocurrido con usted hoy, me siento en la obligación de preguntarle. En el curso del entrenamiento, ¿ha sentido que el Capitán Mitchell lo estaba forzando más allá de sus habilidades naturales?

Javier no tiene que pensar su respuesta.

-No señor.

Ciclón lo mira por un momento y vuelve a preguntar.

-¿Diría usted, teniente Machado, que los métodos de entrenamiento del capitán Mitchell no le dejan margen de error?

Jake y Javier cruzan una mirada consternada.

-No lo mire a él, Machado. Responda la pregunta. ¿Diría que el entrenamiento del capitán Mitchell no dejó margen de error?

El rostro de Coyote se vuelve una máscara vacía, pero sus ojos destellan de furia. A su lado, Jake acude a todo su aprendizaje de autocontrol para no saltarle encima al comandante. ¿Cómo se atreve este hombre a…? ¡Su padre es un genio! Un estratega perspicaz y compasivo que busca darles una oportunidad de sobrevivir y este… burócrata con un rollo de reglamentos metido en el culo pretende ¿usar al escuadrón para desautorizarlo? ¡Hay que tener cara!

-Sé lo que quiere que diga, señor. No voy a decirlo. -responde al fin Javier con voz calmada, deliberadamente lenta- Estábamos haciendo lo que exige la misión. El Capitán Mitchell no es responsable de lo que me pasó, y fue su rápida actuación lo que me salvó la vida. Se lo digo ahora y lo diré ante un tribunal militar, si fuera necesario. 

-Muy bien.

Simpson les da una última mirada de desaprobación antes de dejarles.

Fuera, Maverick espera su turno para ver a Coyote. Cuando el vicealmirante emerge de la habitación, hay una pausa larga e incómoda entre ambos.

Cyclone abre la boca, pero justo antes de que empiece a hablar.

-¡Vicealmirante!

Maverick y Ciclón se giran, Warlock y Hondo se acercan por la galería.

-Vicealmirante, -empieza a informar Bates en cuanto está junto a ellos- a petición de Hondo, acabo de supervisar una inspección en el avión del teniente Machado.

Ciclón no dice nada, solo hace un gesto imperioso con la mandíbula instándolo a continuar. 

-Falta de oxígeno, señor -informa Hondo. 

-¿Repita eso? -pide Ciclón perplejo.

-La máscara de oxígeno de Coyote tenía una válvula defectuosa y la presión del simulacro de ascenso hizo que se bloqueara el suministro de oxígeno. Se estaba asfixiando.

Ciclón mira a Maverick por otro momento y luego se aleja. Warlock lo sigue.

Maverick y Hondo se quedan solos en la galería, comparten una mirada de preocupación. De repente Maverick mira alrededor.

-¿Dónde está Bradley?

Bradley está sentado en un banco en el vestidor del escuadrón. Con manos temblorosas mira en su teléfono una serie de imágenes. La última foto de su familia completa, en 2008. Carole junto a Goose, cargando a un Bradley de tres años. Con Natasha, Bob y otras personas de su escuadra en el USS George H.W. Bush, en algún bar del mundo. Con Sam y Sean, en la graduación de la USNA de su hermano pequeño. La última, un selfie en que Azul duerme sobre su pecho.

Siente pasos acelerados en el pasillo y el ruido de la puerta al abrirse y cerrarse, pero no se gira. Reconoce la mano de Maverick en su hombro y no se asombra.

-Mantendrán a Coyote, Phoenix y Bob en el hospital durante la noche para observación, pero estarán bien.

Bradley asiente. No puede dejar de mirar el rostro relajado de Azul, con sus labios fruncidos como si diera un beso en sus sueños.

-Nunca he perdido a un compañero. Ni en ejercicios, ni en combate. Nunca.

-Has tenido suerte. Vuela lo suficiente y sucederá.

-¿Esto es lo que sentiste…? ¿Lo que sientes cuando recuerdas a Goose?

Maverick traga en seco, suspira.

-Supongo… Aprendes a… vivir con ello.

Bradley acaricia el perfil de Azul en la pantalla.

-Creo que no puedo hacer esto, Mavpá.

-¿La misión?

-¿Eh? -levanta la cara y lo mira sorprendido- No, no. Claro que no te dejaré ahora mismo. Quiero decir, que no seguiré volando después que regresemos. Quiero… -cierra el app de fotografías con expresión decidida- Quiero aprovechar el tiempo que me queda.

Maverick sonríe y le pasa un brazo por encima de los hombros.

-Vale.

-¿No estás decepcionado?

-¿De que tengas el suficiente valor para renunciar cuando aún eres joven? Siento envidia.

-Creo que… no es algo repentino ¿sabes? Simplemente no me atrevía a decirlo en voz alta. 

Su padre lo mira comprensivo.

-No estabas listo.

Rooster no entiende. Cruza los brazos sobre el pecho.

-¿Listo? Ahora que casi puedo volar como tú, es que me doy cuenta de que volar no es la verdadera razón de mi vida. ¿Cómo es eso estar listo?

-No, listo para olvidar el libro. Has llegado al punto en que confías en tus instintos. No pienses. Solo haz. Si piensas allí arriba, estás muerto. El detalle es que ese punto llega con una gran claridad sobre el resto de tu vida.

Bradley sonríe ante la ironía.

Maverick piensa que sería lindo que se fueran en grupo a Perla Blanca, a ver cómo lidia Azul con el clan al completo. La idea lo hace sonreír.

-¿Qué estás pensando, Mavpá? Conozco esa expresión y siempre acaba involucrando a la policía.

-Pues…

-¡Maverick!

Ambos se giran, Warlock está apoyado en el marco de la puerta del vestuario. A Pete le basta con la expresión impotente en sus ojos para comprender.

Ambos querían a ese viejo como a un padre.

 

Cementerio de la Base Miramar, viernes 8 de noviembre de 2019

 

No hay modo de ignorar las ojeras de Maverick el día del funeral. En los tres días que pasaron desde la muerte del contralmirante retirado Mike "Viper" Metcalf, el capitán se ha sumergido en su espiral de dolor absoluto. Trata de palearlo, mal, concentrándose en el entrenamiento de la escuadra. Cuando no está analizando el desempaño de sus estudiantes, se pierde entre las carreteras polvorientas con su moto. Ni las invitaciones a pasar el tiempo libre con las Dagas, ni los cada vez más desesperados mensajes de Sarah lo sacan de ahí. 

-¿Por qué le da tan fuerte? -le preguntó Javier a Jake ayer.

El rubio miró con frustración el rastro de polvo que dejaba la Kawasaki mientras su padre dejaba la base. 

-Viper voló con Duke Mitchell, mi abuelo. Como sus propios hijos se fueron a vivir a New York y Filadelfia, su esposa Linda y él decidieron adoptar a mi padre cuando se quedó a vivir en San Diego. Mientras crecía, Viper y Linda eran como mis abuelos.

-Oh. -Coyote asintió, eso de familias de elección era algo que podía entender fácilmente- ¿Entonces irás a la recepción?

Jake frunció el ceño. La escuadra entera recibió una invitación formal al entierro y la recepción que dará la familia Metcalf en el Hilton San Diego Bayfront. Es la costumbre: los oficiales llevan a su cohorte. Sabe que también estarán los estudiantes actuales de Top Gun, como signo de respeto. El problema es que ir a esa recepción implica coincidir, inevitablemente, con el clan Kazansky. ¿Está listo para eso?

Entonces sus ojos se posaron en Brig, sentado en el suelo del portal mientras hablaba por teléfono con sus padres. Todo el Escuadrón 86 vendrá para la ceremonia. Metcalf tocó muchas vidas, primero como aviador de combate, luego como comandante de Top Gun, al final de su vida como asesor de seguridad de la Casa Blanca. Sus funerales serán una reunión de primer orden en la comunidad militar, oportunidad para ver y ser visto. Como hijo de Hollywood y Wolfman, hay muchos ojos encima de Harvard. No puede dejarlo solo en un evento social de tal magnitud.

Esto no se trata solo de él y su feudo con el almirante Kazansky. 

-Si. -dice al fin- Iremos.

Ahora, el sol brillante no logra desplazar el frío ligero pero persistente del invierno californiano.

El retrato de Viper preside su funeral.

La foto es de hace al menos quince años, piensa casualmente Bradley. En los últimos años el abuelo Viper se encogió como una pasa, y el pelo se le hizo escaso. Apenas podía ver, así que aprendió a usar un lector electrónico para seguir leyendo documentos clasificados y despotricando contra las decisiones del gobierno.

Un soldado presenta la bandera plegada a Mónica Lewis, la hija mayor de Viper. Ella la recibe con expresión estoica. Está apoyada en su hermano Duke. Los cuatro hijos de Linda y Mike están muy apretados, como si se sostuvieran mutuamente. A su alrededor, cónyuges e infantes crean una muralla que parece aislarles del resto de las personas asistentes.

El cementerio está -como previera Jake- lleno de gente importante. Hay oficiales navales con sus uniformes azules, pero también de los Marines, la Fuerza Aérea y el Ejército. Cada general o almirante con su familia. El clan Kazansky está completo. Penny y Amelia Benjamin están, por una vez sin peleas, junto al resto de sus parientes.

También hay civiles: el secretario de guerra, el secretario de la Marina, la presidencia envió a Henry McCord -graduado de Top Gun a finales de los noventa-, el senador Chiper -por supuesto-, y -para disgusto de varias personas por muy diversas razones- el representante Richard Abbot.

Mónica estrecha la bandera contra su pecho y mira a Maverick, de pie al otro lado de la fosa, entre Sarah y Tom. Él asiente levemente, da un paso al frente y se dirige a las personas asistentes.

-Viper entendió lo que es ser un padre y un maestro. Lo entendía como variaciones de ser un compañero. Un compañero está dispuesto a defender tu vida con la suya, a permanecer contigo sin importar cuán imposibles sean las probabilidades. Más que nada, un compañero está ahí para llevarte más allá de tus límites, animarte a encontrar lo mejor de ti mismo. Mike “Viper” Metcalf era un compañero en su familia, con sus colegas, sus amistades, y estudiantes. Prestaba atención a su alrededor, era capaz de guardar silencio o dar consejo de la manera más oportuna. Cambió de algún modo la vida de todas las personas que tocó y la de miles que nunca supieron su nombre. Por eso, sé que nunca se irá del todo.

Al terminar el panegírico, Maverick pone sus alas en el ataúd, las clava de un puñetazo y saluda.

Se oye el retumbante crescendo de los jets y pasan sobre la multitud dejando un rastro azul.

Cuando termina la ceremonia, las personas se van lentamente hacia sus autos, o microbús en el caso de la escuadra de Top Gun que vino desde Fallon, para dirigirse a la recepción.

Sean Kazansky se despide de su escuadra y camina hacia su familia. Irán juntos al Hilton San Diego Bayfront en el SUV de Icepá. Se detiene en seco cuando reconoce a Jake Seresin. Su ex-hermano no lo ha visto, se aleja en dirección contraria del brazo de Brig Lennox. La cara de Sean pasa del dolor al ultraje en un segundo.

Sarah lo ve, y tira de la manga de Ice para llamarle la atención. Maverick y Ice siguen los ojos de su esposa y se dan cuenta de lo que se gesta: sus cuatro vástagos estarán bajo el mismo techo por primera vez en más de diez años.

La recepción del memorial de Viper pasará a la historia, seguro.

El viaje del cementerio a la recepción toma unos veinte minutos. Mientras maneja, Brig da miradas inquietas a su novio, sentado a su lado. Jake no ha reaccionado a la muerte de Viper, ni a ver a tanta gente conocida en el cementerio. Abre la boca, pero el rubio se le adelanta.

-Si me preguntas una vez más si estoy bien, Brig, te juro que comparto la foto de tu aventura con las hamburguesas en el chat del escuadrón. -advierte en tono cortante.

En el asiento trasero, Javier suelta una risita. Brig lo mira a través del retrovisor. Sus ojos imploran ayuda, pero Coyote solo se encoge de hombros y mira hacia fuera. Claro, Machado solo sabe, ¿qué? ¿Una tercera parte de la historia? Jake le dijo que es hijo de Maverick y se fue de casa a los diecisiete, molesto porque su padre no salía del armario -y eso es el colmo de la ironía, considerando sus noviazgos cuidadosamente coreografiados-.

Si fuera solo eso, Brig admitiría que tal vez su inquietud sea un poco exagerada. Pero no lo es. Javier cree que van a una recepción donde tendrá que sonreír a un montón de viejos con sus pechos cargados de medallas recordando las glorias de la Guerra Fría y ayudar a Jake a evitar a su padre. No sabe nada del resto de la familia.

Durante una década, el Escuadrón 86 ha cuidado de dividirse “casualmente” en las fiestas, de modo que Jake y Brig tuvieran dónde ir sin coincidir con Kazansky y Mitchell. Después del segundo año, se dieron cuenta de que Jake tampoco soportaba a Slider y Cougar. El sentimiento era mutuo.

Así que no se trata de una interacción incómoda y canapés.

Van camino a encontrarse con toda la familia, la familia con la que Jake cortó de un tajo hace once años sin más explicación que “Estoy molesto con Kazansky y mi padre. Me voy.” Ahora que es adulto, Brig imagina que Ice, Maverick y Sarah entendieron que su hijo necesitaba tiempo. Ciertamente, Sarah no parecía en absoluto resentida cuando fue a consolar a Jake después de lo de Maki. Pero Jake no solo rompió con adultos. Abandonó a su gemela y a un hermano pequeño que lo idolatraba. No miró atrás, convencido por su dolor y trauma de que lo olvidarían.

El colapso del jueves pasado le demostró que, al menos para Jake, esas heridas no han sanado. Durante el funeral, su novio solo tenía ojos para Samantha y Sarah. Está seguro de que casi todo el mundo confundió su expresión de añoranza con la tristeza moderada que se debe proyectar en el entierro de un virtual desconocido. Excepto que Viper no era un desconocido, y Jake debía haber estado junto a ellas. Incluso dejando que su padre se apoyara en su hombro.

La mayor incógnita es en qué se ha convertido ese dolor para Sam y Sean Kazansky. Bradley nunca habla de ellos, es una de las reglas tácitas de su relación. Sabe que Jake sigue discretamente sus logros a través de la red de chismes de la Marina -son la prole del terrible Kazansky, después de todo-, pero eso es todo.

Si. Brig cree tener buenas razones para temer la recepción del funeral de Mike “Viper” Metcalf.

Espera, con toda su alma, estar preocupado por gusto. Otra mirada de refilón al rostro cuidadosamente vacío de expresión de Jake lo convence de que no se equivoca.

En otro auto, el diálogo va en dirección bien distinta.

-Gracias, tía Penny -dice otra vez Patrick desde el asiento trasero- De verdad que no le daba tiempo a venir a recogerme al cementerio.

-Ah, no es nada. Planeaba ir a la recepción ¿no? -le asegura y se esfuerza en vigilar el tráfico en lugar de dejar vagar su mente.

Pero Amelia no tiene la obligación de llevarles a destino, así que se tuerce en el asiento de copiloto para ver bien a su primo.

-Entonces, ¿desde cuándo llevas el anillo? -pregunta con los ojos brillantes.

Patrick se sonroja y suelta una risa medio avergonzada, pero levanta la mano para que ella pueda estudiar la joya.

-Hace seis meses, en las cataratas del Niágara.

Ella suelta un chillido entusiasmado.

-Eso si es una propuesta de matrimonio, no como un tipo ahí que conozco.

-Amelia… -advierte Penny.

-¡Verdad! No hay que pensar en el perdedor de mi padre ahora. Tu anillo es lo máximo, primo Patrick.

El joven oficial asiente.

-Bueno, pero dime, ¿cuándo lo hacen oficial?

Sonríe ante la impaciencia de su prima pequeña.

-Queremos una boda de verano, pero antes del 4 de julio, para que nadie se desmaye. Vamos a visitar algunas locaciones mañana, ya que estamos aquí.

Los ojos de Amelia se tornan soñadores.

-Apuesto a que será genial. ¡Saldrás en el Navy News y todo!

-Por supuesto, -confirma arrogante- solo lo mejor para un Benjamin.

-¡Oh! -Penny le sonríe cómplice a través del retrovisor- Ahora si suenas como tu abuelo.

Mientras cierran en Bronco, Natasha mira alrededor del parqueo y se pasa las manos por el uniforme, tratando de alisar cualquier arruga mínima. Bob le toma las manos.

-Ya déjalo, Tasha. Estás perfecta.

Ella bufa, pero no insiste. Mira hacia Bradley, que lleva su uniforme de gala con la naturalidad de quien creció correteando por los jardines de la base Miramar y North Island.

-¿Cuánto tiempo tenemos que estar aquí? -pregunta ansiosa.

Su amigo le da una sonrisa amable. En cualquier otra circunstancia se sentiría un poco culpable, pero se nota que Bradley agradece la distracción. A él también le golpeó duro la muerte de Viper.

-Una hora, por lo menos. Lo ideal sería que aguantes hasta que se retire la persona de mayor jerarquía, que creo que es el COMPACFLT. No estoy seguro de quiénes vinieron de la Fuerza Aérea y el Ejército.

-¡Oh! Si, -Bob tiene los ojos un poco nublados de la emoción- el famoso Iceman.

Natasha le da una palmada en la espalda a su WSO.

-Quita esa cara, o la señora Kazansky se dará cuenta de que quieres quitarle el marido.

-¿Cómo? -inquiere Bradley divertido.

Floyd se sonroja todo.

-No es nada. Natasha dice que tengo un enamoramiento con Kazansky. No es nada, de verdad. -repite cuando ve la sonrisa del piloto- No es como si a él le importara lo que piensa un WSO cualquiera.

-Tu no eres un WSO cualquiera, mi amor -le contradice Natasha abrazándolo por la espalda.

Bob hace un ruido inarticulado y ella contiene las ganas de sacudirle el pelo. Así que se conforma con rozar sus mejillas antes de dejarlo ir.

Bradshaw los mira con una expresión extraña, mezcla de admiración y nostalgia. ¿Piensa en sus propios padres? ¿Piensa en su misteriosa amante? Finalmente, su amigo sacude la cabeza y ajusta su expresión a la seriedad formal que demanda el evento. Con un esfuerzo, ella y Bob lo imitan.

-Vamos allá.

 

Salón Aqua, Hilton San Diego Bayfront, viernes 8 de noviembre de 2019

 

Mientras Sarah lo guía hacia el lugar donde podrán sentarse y comerse sus sentimientos, Pete piensa que eligieron bien el local. El Sapphire West mide unos seiscientos metros cuadrados y tiene capacidad para casi setecientas personas. Aunque ya llegó casi todo el mundo (pararon en la casa para que Sam se cambiara los zapatos), no parece lleno. Hay varias mesas de bufet, y el aroma de comida vietnamita le llega con fuerza.

Era la favorita de Viper y Linda.

Tienen una mesa reservada cerca de la familia de Viper. Están lo suficientemente cerca que pueden intercambiar miradas cómplices, pero a suficiente distancia como para que quienes pasan a presentar sus respetos no sientan la obligación de hablarle también a él. Pete sabe que nunca ha sido bueno en los ruidos vacíos de la conversación casual. Hoy, además, está dolido.

-Fue un lindo discurso.

Levanta los ojos y ve a Duke Metcalf con dos vasos de algo que huele como te de jazmín. Le da una sonrisa débil.

-Gracias.

El otro se sienta a su lado sin pedir permiso. Pete lo mira interrogante.

-Sarah me encargó cuidarte en lo que trae la comida.

-Ah… -eso tiene sentido, estos días ha estado bastante brusco. -No es…  

-Me haces un favor -lo corta Duke-. Yo tampoco tengo ganas de… -hace un gesto vago hacia la mesa de la familia, donde Mónica y Michael, los mayores, hablan con un general.

-Si… Recuerdo cuando Carole, saludar gente y responder preguntas sobre el menú fue peor que enterrarla.

Duke gruñe, afirmativo.

Se quedan callados, bebiendo sus infusiones. Pete descubre que le gusta ese silencio. Conoció a la prole de Viper cuando ya eran todos jóvenes, Duke es el menor, cuatro años más joven que él. Tenía dieciocho cuando Pete se apareció en casa de Viper, a punto de dejar el programa de Top Gun. Si su padre no hubiera muerto, si se hubiera criado como un hijo de la Marina, esos cuatro habrían sido sus amigos de toda la vida. Suspira. Una vida que pudo ser. Un mundo que, si debe creer los desvaríos de Sean sobre matemáticas y comics, existe al mismo tiempo que este.

Sarah rompe la burbuja cuando le pone delante un plato con varias porciones pequeñas de platillos tradicionales.

-Aquí tienes, Pete.

Pestañea sorprendido. Se da cuenta de que se siente relajado por primera vez desde que supo de la muerte de Viper. Mira a Duke, quien le guiña un ojo, cómplice, antes de levantarse sin decir una palabra.

-Uh.

-¿Pasa algo? -pregunta Sarah.

-¿Crees que Duke tenga algo de magia?

Ella sigue con ojos especulativos al cuarto hijo de Viper, que ahora se inclina casualmente sobre su hermana mayor. La palidez de Mónica disminuye un poco. 

-Podría ser. Siempre me ha parecido curioso que se dedicara a la perfumería artesanal.

Pete deja vagar sus ojos por el salón. Ice está conversando con el secretario de la Marina. Brad acaba de entrar con Natasha y Bob. Payback y Fanboy tratan de usar los palillos para comer, soltando risitas nerviosas. Sam conversa con Sundown, ambos se han olvidado por completo de sus comidas. Como es usual, Sean está de guardia junto a su hermana, atemoriza con su ceño fruncido a cualquiera que la mira demasiado.

¿Es como siempre? Sean se propuso ocupar el rol que se imagina debería tomar Jake, pero en los últimos años se había vuelto como un juego. Después de todo Sarah es adulta y Sean comprendió -o les hizo creer que había comprendido- que imitar a Jake no lo traería de vuelta. Hoy la agresividad territorial está de vuelta y Sean no se esfuerza por disimularlo.

-Tu hijo está buscando pelea -le susurra a Sarah.

-Ah, ¿hoy es mi hijo? -repone ella sarcástica sin mirarlo.

Él se encoge de hombros y vuelve a concentrarse en su comida. Acaba de recordar que tendrán pelea. Aunque es probable que la familia Metcalf agradezca algo de drama, ¿qué es un funeral sin una buena pelea familiar, después de todo? Saber que estará en el centro de lo que se avecina no lo entusiasma.

Bradley ha estado haciendo la ronda social con Natasha y Bob. Puede notar que la pareja, sin experiencia en el juego social, pero consciente de su importancia, se lo agradece. Ahora traga de prisa un pedazo de pollo y pone una sonrisa falsa para el oficial que se le acerca.

-Teniente comandante Benjamin.

-Teniente Bradshaw. ¿Cómo van las cosas por el USS George H.W. Bush?

-Tu sabes, salideros de aceite, inodoros tupidos, detectar barcos chinos con iPhone falsos.

-Suena emocionante -responde Patrick con expresión aburrida. -¿Me presentas a tus acompañantes?

-Teniente Natasha “Phoenix” Trace, piloto de mi escuadra, y su WSO, teniente Robert Floyd.

-¿Y tu apodo?

-¿Bob? -responde el WSO con una sonrisa tímida.

Patrick le da una mirada displicente, pero hay algo como admiración cuando vuelve a enfocarse en Bradley.

-Debo admitir, Bradley, que no sabía que habías subido tanto en la cadena alimenticia. Te dejaron traer acompañantes. ¡Bien por ti!

-¿Disculpe? -interviene Natasha, insultada por la idea de que ella sea escolta de nadie- Estamos aquí por el capitán Mitchell.

-¿Mitchell? ¿Maverick?

-Si, somos parte de su escuadrón.

-¡Oh! -ahora los mira de arriba abajo con admiración- Conque Kazansky lo logró al fin. Felicidades.

Pero ese no es un tema de conversación que Bradley quiera dejar desarrollar. Así que decide desviar el foco.

-¿Y cómo van las cosas por Charleston? Patrick trabaja en el Comando de Entrenamiento de Energía Nuclear Naval -explica a sus amigos.

-Bien, tu sabes, calcula el ancho de una pared, mide la resistencia de un rollo de alambre. Aunque ahora mismo tengo planes más emocionantes -y levanta la mano de modo conspicuo con los dedos extendidos.

-¡Oh Dios bendito! -Natasha no puede contenerse y le agarra la mano- ¿Cuántos quilates suman esas piedras?

-Muchos -afirma un hombre con espejuelos de armadura dorada y voz de bajo que aparece al lado de Patrick-, pero nunca los suficientes para un Benjamin. ¿No? -concluye burlón.

Patrick le da una media sonrisa presumida.

-Correcto.

El hombre asiente.  

-¿Me vas a presentar?

-Teniente Trace, teniente Floyd, teniente Bradshaw, mi prometido, David Abbot.

-¿Abbot? -repite Natasha- ¿Como el representante de Texas que…?

-¿… que acaba de entrar al Comité de Servicios Armados?  -completa David- Si, aunque no creo que lo invitemos a la boda. -mira directamente a Bradley- Has crecido, Brad.

Rooster se le queda mirando asombrado. Natasha y Bob los miran alternativamente, sin comprender.

-Disculpa, -pregunta Bob- pero ¿conoces a Bradley?

-Somos primos. El apellido de soltera de mi madre era Abbot.

-¿Entonces tú también eres pariente de Richard Abbot? -Bob se ajusta las gafas nervioso.

-Es hermano de mi madre -admite con una mueca de desagrado-, pero sabe que es mejor no mencionarlo.

Siente la mirada inquisitiva de Natasha sobre él. Ella sabe que ahí hay una historia, pero comprende que no es el lugar ni el momento. Patrick también lo observa con atención. Él sabe que Maverick fue el segundo esposo de su madre, debe haber conectado los puntos ya. Decide cambiar de tema de nuevo.

-Oye, Patrick, ¿qué dijo el Almirante Benjamin cuando supo de tu compromiso?

-¿No te imaginas? -Patrick suelta un suspiro teatral- Se quejó de que David no le pidiera permiso primero. Encima, resulta que estaba esperando que le dijera que quería asentarme, porque tenía una lista de “solteros aceptables” para mí. Todos de familias militares o del senado. Claro.

Los tres pilotos ríen a carcajadas. Bradley logra contenerse a duras penas para aliviar una duda.

-¿Estaba yo en la lista?

-Por supuesto. -asiente David- Brigham Lennox y Sean Kazansky también. Qué competencia gané, ¿no? -y mira con ternura a su novio.

-Incluso Jacob Mitchell está en la lista. -añade Patrick.

-¿¡Estás de coña?! Todo el mundo sabe que tu abuelo odia a Maverick y nadie sabe dónde está su hijo. -exclama Natasha.

Benjamin solo se encoge de hombros y mira directamente a Rooster mientras dice.

-Mi abuelo sabe muchas cosas de mucha gente. Donde quiera que esté Mitchell III, es digno de un Benjamin.

Al otro lado del salón, Jake se pasa el dedo por el cuello de la camisa en el enésimo intento de aliviar su tensión sin desarreglarse el uniforme.

-¿No sientes calor? -le pregunta a Javier.

Su amigo lo mira claramente preocupado.

-Si quieres, salimos al balcón.

-Gracias.

El Sapphire West tiene una amplia terraza con asientos y mesas bajas. Desde allí se pueden ver los famosos muelles de mercancías de San Diego, hacia el sur el Puente Coronado, y al oeste, casi al frente, la Estación Naval North Island. Los símbolos del poder de la Marina sobre la ciudad para acompañar la despedida de Vider, qué bien.

A Jake no le importa nada de eso. Se apoya en la baranda y aspira hondo el aire oloroso a petróleo y humo de cigarros como si acabara de salir del fondo del mar.

-¿Mejor?

Le da una sonrisa desangelada a su amigo.

-Mejor -es lo más cerca que llegará a admitir que no está bien.

El problema es que hay demasiadas emociones arremolinadas en su interior, emociones que se desataron al ver a su familia. Está solo, es famoso por dejar atrás a quienes no pueden seguirle el ritmo. ¿De qué le sirve? Él debía estar ahí, como cuando enterraron a mamá Carole, pero se lo ha negado, por tozudo y soberbio. Sacude la cabeza, tratando de recuperar el control de su cuerpo. Esto no se trata de él, sino de Brig. Cuando termine con su familia y haga las rondas tiene que acompañarlo.

Iceman sigue a medias la conversación entre Gordon Becker y Ellen Hill sobre la más reciente locura de la presidenta. Jake y Machado regresarán del balcón en cualquier momento. Sam está conversando con Sundown, y por desgracia eligieron una mesa en línea directa con la puerta por la que entrarán. No puede intervenir, tampoco permitir que Mav lo haga. No solo por su salud mental y el respeto que le deben a la familia Metcalf. Sobre todo, debe evitar cualquier desliz de Mav porque Simpson está aquí, y el muy cabrón quiere sacar a su esposo de la misión.

Jake puede notar que Javier ya tiene frío, y la verdad es que han pasado bastante tiempo fuera.

-Vamos dentro, quiero comer algo antes de que Brig venga a encontrarse con nosotros.

-Buena idea. -asiente Coyote- Por cierto, ¿por qué se fue él solo a saludar a sus padres?

-Porque son amigos de mi padre -explica simplemente.

Javier aprieta los labios, pero lo piensa mejor y solo asiente en lugar de decir algo más.

Cuando han dado un par de pasos dentro del salón, Jake mira alrededor para decidir qué mesa de bufet le queda más cerca y sus ojos se cruzan con…

¡Oh!

Una cosa era verla de lejos en el cementerio y otra tenerla frente a frente. Sus grandes ojos oscuros siguen siendo como lagos nocturnos de agua tibia y acaricante. Por un instante el mundo desaparece. Solo son Samantha y él, hermanos en todo, excepto el útero de donde salieron.

-Cekpápi -exhala.

-¿Eh? -Jake no escucha a Coyote, pero su amigo tampoco necesita una respuesta.

Solo sigue la dirección de su mirada cargada de añoranza y reconoce a una de las mujeres más bellas y deseadas de la Marina de los Estados Unidos.

¡Joder! ¿Jake conoce a la hija de Kazansky? Y al parecer ella también lo conoce a él, a juzgar por la tristeza con que lo mira de vuelta. Tiene sentido, por supuesto, todo el mundo sabe que Mitchell y Kazansky son amigos. Pero es mejor no averiguar qué opina el Comandante de la Flota del Pacífico de Jake y sus decisiones personales.

Arrastra a Jake hacia una de las mesas con bebidas y le mete una soda entre las manos. Jake toma un trago en modo automático, pero no deja de mirarla.

-Torre de control a Hangman. -su amigo reacciona por fin y lo mira, sorprendido- Para ya, hombre. Medio salón se ha dado cuenta de que Samantha Kazansky y tu están bailando tango con los ojos.

-Es complicado -suspira el rubio.

-¿La conoces?

-Si. -el rostro de Jake se contrae, mientras él trata de poner bajo control sus emociones- O la conocía, ahora…

Vuelve a buscarla con la mirada, pero un cuerpo alto y musculoso se interpone en su campo visual.

-¿Cómo te atreves a posar tus sucios ojos en ella?

-Oye amigo, no sé cuál es tu problema, pero no estamos haciendo nada malo, ¿okay?

Lo mira de arriba abajo, con todo el desdén que solo media vida alimentando resentimiento puede conjurar.

-No soy su amigo, sino el subteniente Sean Kazansky -y hace una pausa, para que Javier tenga tiempo de comprender con quién habla. -Y no estoy hablando con usted, sino con -la boca se le deforma como si masticara un limón- este fisgón descarado.

-Sean, por favor…

-Para usted, soy el subteniente Kazansky, teniente Seresin.

-Si, si, claro. Lo siento. Yo no… No quiero causar problemas, te lo aseguro.

-Sin embargo, estás aquí.

Jake quiere que la tierra se lo trague. Aparta los ojos, avergonzado, y ve a Sam, que parece congelada al otro lado del salón. Sean se gira para seguir su mirada, y se mueve para bloquearlo.

-Ya deja de mirar a mi hermana. No tienes derecho.

-Kazansky, por favor, que estamos en público. -trata de mediar Javier- ¿Todavía le guardas rencor porque rompió con ella hace más de diez años? ¡Por favor!

El joven lo mira sorprendido.

-¿Eso es lo que te dijo, que eran novios?

-Pues… -Javier se da cuenta de que en realidad no sabe. Jake ha sido extremadamente vago sobre por qué dejó a su familia. Pero Sean no le da tiempo a inventar algo, se vuelve de nuevo hacia Jake.

-No puedes abrir la boca sin soltar una mentira, ¿eh? -sus ojos pasan del desprecio a la diversión morbosa- Ya viene tu perro guardián.

Eso hace reaccionar a Jake.

-No hables así de él.

-¿Oh? ¿Me vas a decir que lo amas? ¿Que lo que sientes esta vez es verdadero?

-Si es verdadero o no, no te corresponde a ti juzgarlo, Kazansky.

Brig pasa el brazo por la cintura de Jake en claro gesto posesivo.

-Lennox, -saluda. -Veo que sigues empeñado en reciclar basura.

-Y tu sigues empeñado en opinar sobre lo que no te importa.

Kazansky se encoge de hombros, han tenido esa conversación muchas veces en los últimos años.

-Todos saben que podrías conseguir algo mejor que él.

-¿Te estás ofreciendo?

-Al menos a mi no tendrías que mandarme a Texas cada vez que hay reuniones familiares.

Jake se encoge, avergonzado.

-Sean, te doy mi palabra de que…

Pero la dureza de los ojos verdes lo hace callar. No hay ni rastro de ternura en el rostro de su hermano menor, solo un desprecio profundo, visceral. Jake quiere llorar. 

-Diste tu palabra de estar siempre, pero te fuiste. Diste tu palabra de que no regresarías, pero aquí estás. En lo que a mi respecta, tú no tienes palabra, Seresin. Mi padre confió en ti, yo no cometeré el mismo error. Haznos un favor a todos y…

-Ya basta, Sean.

-Pero tío Slider…

-Estás dando un espectáculo en el funeral del abuelo Viper. ¿No te das cuenta de que es una conducta inapropiada?

-Él no debería estar aquí.

-Es el novio de Brig. -lo corta Kerner de modo terminante- Aceptamos a las parejas de nuestros familiares, sin importar quiénes sean.

Al joven Kazansky se le ponen rojas las mejillas y baja la cabeza. Hay una historia ahí, comprende Jake. Alguna metida de pata de su hermano de la que no sabe nada. ¿Qué importa? Kerner hizo callar a Sean, pero también lo hirió a él, y fue deliberado. Con una frase lo ha despojado de todo: no es hijo de Maverick, no es hermano de Bradley. Es un infeliz sin otra conexión a su antigua familia que su relación sentimental con Brig.

Aprieta el brazo de su novio convulsivamente.

-Tengo que irme de aquí.

-Por supuesto, -asiente Brig- enseguida…

-¡No! Tu te quedas. Eres un hijo del Escuadrón 86, este es tu lugar. Fui yo quien no debió haber venido. Pediré un Uber.

 

Oficina temporal del vicealmirante Beau "Cyclone" Simpson, Base Miramar, sábado 9 de noviembre de 2019

 

Maverick mira a Ciclón con desconfianza. ¿Para qué lo ha mandado a llamar cuando tienen que emplear cada minuto de los próximos dos días entrenando? La escuadra ya logra fallar por medio metro de manera consistente, casi están ahí.

-Sé que tú y Metcalf eran cercanos, Mitchell. Sólo puedo imaginar lo que debes estar sintiendo.

El capitán pestañea, desorientado. Simpson ya le dio el pésame ayer. Dos veces, de hecho.

-Gracias, señor.

-Debes cuidar tu salud. Tómate un tiempo. Lo que sea que necesites.

-Se lo agradezco, señor. Pero no hay tiempo. La misión está en…

Pero Ciclón hace un movimiento de desaprobación con la cabeza.

-Yo me haré cargo del entrenamiento a partir de ahora.

Maverick tiene que apelar a sus décadas de entrenamiento para mantenerse quieto.

-¿Señor…?

Ciclón tiene el descaro de sonreírle.

-Ambos sabemos que usted no quería este trabajo, Capitán.

Es cierto. No lo quería. No lo quiere. Eso no significa que les deje volar a su muerte.

-Señor, sólo hay una forma de volar esta misión.

Ciclón lo mira ahora con conmiseración.

-Nunca hay una sola manera de hacer las cosas, capitán. 

-No están listos…

-¡Era su trabajo tenerlos listos! -le interrumpe el vicealmirante.

-Tienen que creer que la misión se puede realizar.

-Si, y lo único que usted ha logrado enseñarles en dos semanas es que no se puede.

Maverick entrecierra los ojos, tratando de abstraerse de la sorpresa y la rabia, de comprender la jugada de Simpson.

-Señor… -intenta de nuevo.

-Usted se queda en tierra, capitán. Hasta que se recupere de la muerte de su mentor. Eso es todo.

 

Residencia Kazansky - Mitchell, University City, sábado 9 de noviembre de 2019

 

Sarah está en el porche cuando Maverick llega en la moto. La expresión de su esposo es turbulenta.

-Braley me llamó. Dice que ya no eres capitán del escuadrón. ¿Qué diablos ha pasado? 

Maverick la abraza fuerte, aspira su aroma a flores salvajes y papel.

-Vamos dentro, ¿si?

En la cocina, mientras toman té, él cuenta la extraña conversación con Simpson.

-¿Estás en tierra hasta que te recuperes de la muerte de Viper? ¿Qué clase de mierda es esa?

-La peor excusa para sacarme del medio que he oído en mi vida, la verdad. Ni siquiera el almirante Benjamin la aceptaría. Simpson nunca me quiso en la misión, creo que simplemente estuvo esperando hasta el límite.

-¿Qué vas a hacer?

-Antes de que lo digas, no voy a pedirle ayuda a Ice.

-Pero Mav… los niños.

-No Sarah. Eso es justamente lo que está esperando, que yo apele a los altos poderes. Se enfrentarán, el secretario de la Marina tendrá que mediar. Simpson me acusará de nepotismo, de intentar sabotear la Misión porque mis hijos están en el escuadrón. Solo quedan dos días y darán luz verde a su plan suicida porque funciona. Luego, si Ice intenta vengarse, revivirá los rumores sobre mi cercanía con él. Será un desastre.

Ella asiente, despacio. Sabe lo suficiente de política dentro de la Marina para reconocer lo plausible del escenario.

-Entonces tendrás que encontrar el camino de regreso por tu cuenta.

-¿Pero cómo? El cabrón me puso en baja temporal. Se acabó.

Sarah lo mira con furia.

-¡Nada de se acabó! Ice te puso ahí para que le dieras una oportunidad de sobrevivir a esa docena de aviadores. Aún si no tuviéramos dos hijos en juego, son tus pilotos. Si les pasa algo ahora, nunca te lo perdonarás.

Maverick asiente, sabe que ella tiene razón, pero aún no ve un camino.

-Déjame pensar, ¿si?

Ella sonríe un poco, temerosa, pero confiada.

-Encontrarás la manera, Pete. Sé que lo harás. 

 

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

 

No hay comentarios.: