Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos
Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992)
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Capítulo 10: Misión: Imposible
Resumen:
-¿Tu crees que podemos hacerlo? -pregunta Bradley con clara ansiedad.
-Sé que pueden. -responde sin dudar su padre- El problema no es cumplir la misión, Bradley, el problema es que regresen. Ice me puso aquí para darles al menos la oportunidad, pero la ventana es pequeña. Y cada día se estrecha más.
Su hijo asiente. Él también ha notado que gastan demasiado tiempo peleándose.
-Porque no somos un equipo. Estamos compitiendo en lugar de ayudarnos. ¿Cómo vas a resolverlo?
-No lo sé -admite Maverick.
-¿Saben? -interrumpe la voz ronca de Sarah- A jugar en equipo se aprende.
-Pues…
-Escucha a tu esposa, Maverick. Es profesora.
Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Miramar, California, lunes 28 de octubre de 2019
El lunes, la escuadra llega al salón de clase con una buena dosis de humildad. Los dolores de espalda por los cientos de planchas ya son cosa del pasado, pero el golpe a los egos del grupo durará. Maverick llegó antes a preparar la presentación, y ahora se ha ocultado entre dos archivadores para verles interactuar. Mientras les ve acomodarse, presta atención a las afinidades que revelan al elegir asientos.
Javier, Jake y Brig llegan conversando y se sientan a mitad del aula. Machado y Lennox saludan a varias personas mientras entran, pero Seresin ignora a todo el mundo. Como de costumbre, su atención estará en Lennox hasta que comience la sesión. Bradley entra con Natasha y Bob. Van a la primera fila sin pensarlo. Cuando el piloto de la infortunada apuesta, Reuben "Payback" Fitch, entra con su WSO, Jake le lanza una mirada envenenada. Tan intensa que Payback corta abruptamente su saludo a Coyote y se sientan en el lado opuesto del salón. Finalmente llegan las otras dos parejas de piloto y WSO: Logan "Yale" Lee y Billy "Fritz" Avalone tienen expresiones serias, van a sentarse en la segunda fila y sacan un cuaderno que ubican entre ambos. En contraste, Vikander está riendo por algo que le dice su WSO, la famosa "Halo" Bassett. Sin embargo, en cuanto ve a Bradley -cuya cabeza es visible desde el fondo del aula- algo calculador aparece en sus ojos. Mira alrededor y cuando su rostro refleja confusión, Maverick comprende que lo busca a él.
Es extraño, pero no puede ponderar el asunto. Es hora de comenzar.
-Buenos días escuadra -saluda mientras sale de su puesto de observación.
Fritz lanza un “Jesús” que hace reír a Yale, Payback y Fanboy. Coyote lo observa con sorpresa. Hangman tuerce los ojos y resopla. Rooster, acostumbrado a la manía de su padre de meterse en escondrijos, suelta una carcajada y es el único que se anima a contestar.
-Buenos días, capitán.
La reacción fastidia a Omaha. Sus sospechas de que Bradshaw conoce el estilo de Mitchell se confirman. Eso quiere decir que Rooter dejó que Payback abriera su gran bocota y los sirvió en bandeja de plata al viejo solo para congraciarse con él. Esto apesta a nepotismo… o algo más dramático, a juzgar por las dagas que lanza Hangman por los ojos hacia su instructor.
Después que les explica que prácticamente tienen que repetir la secuencia cumbre de “El despertar de la Fuerza”, pero esta vez contra 9 Gs, misiles tierra - aire y aviones de combate de quinta generación, Maverick les observa con cuidado. La mayor parte del grupo tiene expresiones que oscilan entre la incredulidad y el pánico. Bradley está un poco verde, seguro pensando que dejó los cálidos brazos de Azul por esta locura. Jake… Pete conoce esa sonrisa mínima y esos ojos entrecerrados: es la expresión concentrada de Iceman, calculando con fría exactitud cómo derribar a un enemigo, es también el júbilo animal que sentía él mismo hace años, cuando le daban un objetivo aparentemente imposible. ¿Esto es lo que han visto sus oficiales antes? Ya no le extrañan los rumores de ingeniería genética. La expresión de su hijo es francamente perturbadora.
-La primera fase del entrenamiento es aprender la ruta. Para el ejercicio de hoy, comenzaremos con calma. Volarán en pares, un F-18 individual y un F-18 biplaza, con una simulación de la ruta en sus sistemas de navegación. Techo máximo: trescientos pies. Tiempo para llegar al blanco: tres minutos. Buena suerte.
Dedican los siguientes tres días a eso. Maverick cambia las combinaciones todo el tiempo, tratando de descubrir quiénes encajan mejor. El problema es que no importa si van Hangman con Omaha y Halo, Coyote con Phoenix y Bob, Harvard con Payback y Fanboy, Rooster con Yale y Fritz. Siempre pasa más o menos igual: rompen el “cielo” virtual de 300 pies o chocan con uno de los lados del valle antes de llegar a la base de la montaña. Simplemente no pueden hacer maniobras tan precisas a 860 nudos. Bueno, hay uno que sí puede, solo que tiene un problema crónico para trabajar en equipo. Cuando Hangamn tiene que recorrer la ruta por tercera vez, ahora con Payback y Fanboy, a su poca paciencia se suma que aún no supera lo bocazas que fue Reuben el primer día. Cuando el piloto del biplaza no puede seguirle el ritmo y acaban rompiendo el “cielo”, Jake siente una ligera satisfacción.
Cada cuatro fracasos, se reúnen en la sala de conferencias y Maverick les obliga a analizar sus errores. Siempre empieza igual.
-¿Qué pasó? -esta vez, en la pantalla está la repetición del ejercicio con Jake, Reuben y Mickey.
Jake no deja de sonreír, satisfecho. Sabe que una fila más atrás Payback y Fanboy tratan de taladrar un hueco en su nuca de la rabia que sienten. ¡Para lo que le importa!
-Volé lo más rápido que pude. Como si mi trasero dependiera de ello.
-Y… -Maverick hace un gesto hacia la pantalla, donde el F-18 biplaza es interceptado por un cohete.
-Puso su misión en peligro y sus compañeros están muertos -completa Rooster.
Hangman se gira hacia él con expresión burlona.
-No podían seguir el ritmo. -se pasa la lengua por el labio superior- Casi nadie puede.
Se quedan mirándose hasta que Maverick se aclara la garganta. Rooster sacude la cabeza.
Omaha mira alrededor del aula, ¡¿nadie más se da cuenta de lo que está pasando?! Llevan tres días así: los tres dando vueltas, con sus miraditas intensas, sus frases que nunca significan lo que dicen, sino algo más que solo ellos comprenden. A veces, Neil siente que dio un paso a través del espejo. Ya no están en la Base Miramar preparando una Misión Secreta, sino que son extras involuntarios en este drama en que Maverick mira con ternura y orgullo a Rooster, Rooster le devuelve expresiones de devoción que provocan la rabia de Hangman. Maverick mira a Hangman todo culpable, y el teniente le lanza rayos de desdén y dolor. Rooster entonces trata de apaciguar a Hangman con expresión culpable y cansada.
¡Es nauseabundo!
Hasta donde ha visto, sólo Coyote y Harvard son conscientes del extraño triángulo, pero están firmemente del lado de Seresin y no planean intervenir.
Lo peor, es que Rooster parece querer distinguirse implementando otro plan de vuelo que incluye (¡cómo no!) ir a paso de tortuga para no estrellarse. Por supuesto, sus dos primeros intentos fracasan. Significativamente, Maverick no le prohíbe semejante ruptura del protocolo. A la tercera vez, lo emparejan con Omaha y Halo y los peores temores de Neil se hacen realidad.
-Estamos diez segundos por detrás del cronograma. -informa Halo. -Recomiendo incrementar a 920 nudos.
-Negativo -rechaza Bradshaw. -Mantén la velocidad Omaha.
-Rooster, llegaremos tarde -responde el piloto.
-Llegaremos vivos. Recuperaremos tiempo en la parte recta de la ruta.
-Estamos demasiado atrás -insiste Neil. -Tenemos que acelerar ahora.
-Te digo que vamos a mantener la velocidad actual. ¡Podemos hacerlo!
Claro que no pueden hacerlo. Cumplen la ruta en cuatro minutos.
De vuelta en la base, Omaha se revuelve en su asiento mientras discuten el desastre.
-¿Qué pasó? -la pregunta de Maverick empieza a parecer un estribillo.
Rooster no responde, simplemente lo mira desafiante.
-¿Por qué estás muerto? -insiste el capitán.
-Señor. Es el único que logró llegar al objetivo.
Neil quiere darse cabezazos contra la pared, claro que Phoenix saldría a defender a su amiguito.
-Un minuto tarde -le riposta Maverick. -Le dio tiempo al avión enemigo para derribarlo. Todavía está muerto y probablemente la pareja acompañante también.
-Eso no lo sabe -espeta Rooster.
-No estás volando lo suficientemente rápido -interviene Hangman con tono cansado. -El parámetro no es de tres minutos porque al hombre le guste el número. No tienes ni un segundo que perder.
Bradshaw lo ignora, solo mira al capitán.
-Llegamos al objetivo -repite testarudo, como si no entendiera por qué lo regañan.
-Y aviones enemigos superiores les interceptaron cuando salían de la montaña -contrapone Maverick.
-Entonces los enfrentamos.
-¿A un número indeterminado de aviones de combate de quinta generación? -pregunta Maverick incrédulo.
-Todavía tendríamos una oportunidad -asiente Bradshaw.
Neil no puede evitar resoplar. A su lado, Halo se hunde en su asiento. ¿Este tipo es kamikaze o qué? Ahora, Jake también lo mira extrañado. ¿Qué se trae Rooster?
-¿Con cuatro F-18? -repite el capitán, que tampoco puede creer lo que está oyendo.
-No es el avión, es el piloto -intenta explicar Rooster.
-¡Exactamente! -lo interrumpe su padre.
Pero en cuanto la palabra escapa de su boca, toda la cara se le contrae de miedo. Bradley lo mira asombrado y decepcionado. El escuadrón se ha quedado en silencio, las implicaciones de la respuesta del capitán son incómodas.
-Hay más de una forma de volar esta misión, señor -responde al fin Bradley.
Jake ladea la cabeza, confundido. No tiene sentido que Bradley quiera convertir esta misión imposible en una misión suicida. ¿Qué pasa? Hay algo que se le escapa. Pero Omaha no espera, ha visto su oportunidad de deshacerse de Rooster y la usará.
-¡No lo entiendes! -todas las miradas se vuelven hacia él- En esta misión, un hombre vuela como Maverick aquí o un hombre no regresa. Sin ofender, Phoenix.
La piloto lo mira con tanta incredulidad que no tiene espacio para la rabia. Es Bob quien responde.
-Sin embargo, de alguna manera siempre te las arreglas para ofender.
Omaha se encoge de hombros.
-Perdone mi hablar sencillo y anticuado. Al menos yo no soy tan tolerante como otros.
-Teniente…
Se da cuenta de que Maverick quiere que se calle, pero no le dará el gusto. ¡Se juega su vida y la de Halo en esto! Vuelve a mirar a Bradshaw con ojos burlones.
-Vamos al combate, hijo. A un nivel que ningún piloto vivo jamás ha visto, ni siquiera él. -señala con la mano al capitán- No es momento de tratar de impresionar a nadie.
Bradley se yergue en su asiento. El dolor de descubrir que su padre no lo quiere en la misión ha sido desplazado por las hirientes palabras de Omaha.
-¿Que se supone que significa eso? -dice con voz calmada.
Jake y Brig intercambian una mirada de inquietud. Conocen ese tono, Brad está a punto de estallar.
Omaha mira alrededor de la habitación, se asegura de que tiene la atención de todo el mundo antes de soltar la bomba.
-¿No puedo ser el único que sabe que Maverick voló con tu viejo? O que Maverick estaba volando con él cuando lo…
-¡Rooster!
Pero Bradley no oye nada. El mundo se ha teñido de rojo, como cada vez que alguien implica que su padre fue responsable de la muerte de Nick “Goose” Bradshaw. Salta y aprovecha su altura para agarrar el cuello de la camisa de Vikander y empujarlo hacia la pared.
-¡Hijo de puta!
Jake y Brig se lanzan hacia él, pero no pueden frenarlo. El resto del grupo tarda un poco más en reaccionar. En un instante el salón desciende al caos. Jake nota, confundido, que Omaha no se defiende. De hecho, parece casi divertido a pesar del chichón que seguro tendrá mañana en la parte de atrás de la cabeza. Al fin, entre Hangman, Harvard, Phoenix y Coyote, apartan a Bradley.
-¿Neil? -pregunta ansiosa Halo.
-Estoy bien, estoy bien. Está todo bien.
-Hemos terminado por hoy -anuncia Maverick con voz temblorosa.
Pero Omaha no le dejará tener la última palabra.
-Sabe que tengo la razón, él no está a la altura -y mira al capitán con lo que cree es suficiente complicidad como para que comprenda que sabe su sucio secreto.
-Dije que puede retirarse, teniente Vikander.
Deja que Halo tire de él hacia la puerta.
El resto del grupo les sigue. Al final solo quedan Bradley y Maverick en el salón.
-Respecto a lo que dije antes…
-No. -lo corta Bradley- Omaha es un cabrón, pero tiene razón.
-¿Razón? ¡Por favor! Está tratando de sacarte de la misión.
-Si, nunca nos hemos llevado bien. Pero es verdad que hacer la ruta en cuatro minutos no sirve. No quería admitirlo porque… ¡Ah! -se mesa los cabellos- ¿Es por esto que hay regulaciones sobre familiares en la misma cadena de comando?
El rostro de Pete se suaviza de inmediato. Se sienta en una de las butacas del auditorio y palmea el asiento a su lado.
-Anda, ven acá.
Bradley lo obedece.
-No. No los quiero a Jake y a ti aquí. La idea de mandarlos a esta misión me revuelve el estómago. Nadie debería mandar a sus hijos a la muerte. No es… no es natural. Pero somos aviadores, no hay nada natural en nuestras vidas. Ustedes son lo mejor de lo mejor, y no voy a negarte que Sarah, Ice y yo sentimos orgullo por ello. El problema es que este talento nuestro viene con un precio alto.
-¿Tu crees que podemos hacerlo? -pregunta Bradley con clara ansiedad.
-Sé que pueden. -responde sin dudar su padre- El problema no es cumplir la misión, Bradley, el problema es que regresen. Ice me puso aquí para darles al menos la oportunidad, pero la ventana es pequeña. Y cada día se estrecha más.
Su hijo asiente. Él también ha notado que gastan demasiado tiempo peleándose.
-Porque no somos un equipo. Estamos compitiendo en lugar de ayudarnos. ¿Cómo vas a resolverlo?
-No lo sé -admite Maverick.
Va a decir algo más, pero el aviso de mensaje de texto en su móvil lo interrumpe.
Ice: Llego a casa en 30 min.
¡Ah! Al fin algo bueno en el horizonte. Le pone una mano en el hombro a su hijo.
-Ve a descansar. Mañana será otro día. ¿Si?
Residencia Kazansky - Mitchell, University City, miércoles 30 de octubre de 2019
Todo el barrio está engalanado para Halloween. Ice lo ve de refilón mientras entra a la casa casi corriendo. No quiere que nadie lo salude o detenga. Ya dentro, se apoya en la puerta, escucha cómo su chofer se aleja y exhala aliviado. Cuatro días, cuatro maravillosos días de descanso que arrancó de las garras de la Marina.
Cuando abre los ojos, ve a Sarah frente a él, con una sonrisa tierna y arrugas en las comisuras de los ojos por su expresión de felicidad. Lleva solo una camisola de gasa sin teñir que le cubre hasta la mitad de los muslos. Puede ver perfectamente su figura a través de la tela.
-Estás en casa.
Tom asiente y camina hacia ella mientras empieza a abrirse la chaqueta del uniforme.
-¿Estamos solos?
Ella asiente y abre la boca para decir algo más, pero él la calla con un beso apasionado. El brazo derecho estrecha su cintura mientras le mete la mano izquierda entre las piernas.
-¡Oh! El almirante llegó con energías.
¿Energías? Si, es una manera de decirlo. La perspectiva de que al fin estarán los tres juntos lo ha tenido al borde de la combustión desde que confirmó los días de permiso. Cualquiera pensaría que ser COMPACFLT tiene muchas ventajas, pero no: montones de papeleo, mucho tiempo perdido negociando -entre sus oficiales, frente al DoD, entre el DoD y la Cámara- y muy poco tiempo para su familia. No se trata solo de que Sarah y Pete tuvieron que quedarse en San Diego. Con el ritmo que lleva la oficina, tampoco los vería mucho en Hawái, pero al menos llegaría a un hogar por las noches, no al mausoleo vacío de su residencia oficial.
Siente la puerta abrirse a sus espaldas y sonríe en el beso.
-¿Empezaron sin mi? -la voz juguetona de Maverick no deja dudas sobre lo que piensa de la imagen en el recibidor.
Sarah corta el beso. Está toda sonrojada y los ojos le brillan de deseo.
-Vamos arriba ¿si? -extiende una mano hacia Pete y empieza a remolcarlos a ambos- Ustedes dos tienen demasiada ropa encima.
Un par de horas después, Tom se siente plenamente saciado por primera vez en medio año. Hizo que Sarah y Pete se corrieran con sus manos y su boca un par de veces antes de ponerse el arnés. Ella disfrutó de lo lindo entre los dos, cabalgándolo mientras Mav la penetraba por detrás. Cuando su esposa se derrumbó, agotada, Tom hizo a Pete tenderse boca arriba para cogerlo despacio. Fue muy delicado con su esposo, que aún tiene los moretones de la eyección del Darkstar. Delicado, pero tenaz. No dejó de estimular su próstata hasta que se corrió por tercera vez.
-Borra esa expresión presumida, Kazansky -ordena con voz soñolienta su esposo.
-¿Por qué? -le acaricia la espalda cubierta de un sudor leve- Tengo razones para sentirme orgulloso. Seis razones, para ser exactos.
Pete gruñe.
-Si, eres todo un semental, amor.
Ajusta su postura a lo largo del costado izquierdo de Tom de modo que los moretones no se resientan.
-Ahora duérmete, ¿si? Mañana tengo que madrugar.
Pete extiende una mano para tocar a Sarah, que duerme al otro lado. Ella chasquea los labios y se gira un poco, hasta que tiene la cara bien apoyada en el pectoral de Ice. Es extraño, pero dice que le gusta la textura de la piel marcada por cicatrices. A Tom no le cuesta obedecer a Pete y dejarse llevar por la somnolencia. Le gusta estar así, tendido entre sus cónyuges. Los sonidos de sus respiraciones son el mejor somnífero del mundo.
Ambos despiertan bien temprano. A pesar de las actividades nocturnas sus cuerpos están acostumbrados al ritmo de la Marina. No se levantan, sino que hablan en susurros ocultos bajo las cobijas.
-Háblame del niño.
-Es lindo Ice, es perfecto. Alcanzó tu altura, pero tiene, bueno, ese aire indómito de la juventud, tu sabes. Cuando mira un problema se muerde el labio inferior, como tu. Verlo volar es una maravilla, es casi tan bueno como su papá.
Ice hace un ruidito burlón.
-¿Eso significa que es mejor que tu?
-No eches a perder el momento, Kazansky.
-¿Harvard lo está cuidando bien?
-Por supuesto, él sabe lo que tiene. No entiendo por qué siguen ocultando su relación, podrían haberle dicho a Bradley y Javier, por lo menos.
-Me imagino que teme las políticas contra fraternización de la Marina. Un secreto compartido deja de serlo fácilmente. Además, tendrían que explicar demasiadas cosas.
-Solo quisiera… Ayer el aula descendió en caos de nuevo. No logro que trabajen en equipo.
-Les han dicho toda la vida que son lo mejor de lo mejor, ¿por qué querrían ahora?
-¿Instinto de sobrevivencia? Saben los parámetros, saben que no pueden hacerlo por su cuenta, pero se siguen saboteando mutuamente. Si usaran toda esa energía en apoyarse habrían completado la ruta al menos una vez.
-¿Saben? -interrumpe la voz ronca de Sarah- A jugar en equipo se aprende.
-Pues…
-Escucha a tu esposa, Maverick. Es profesora.
Pete apoya un codo en la cama para levantarse un poco. Mira a Tom y Sarah con ojos brillantes.
-¿Quieren ir a una misión encubierta?
Bar Hard Deck, Playa del Negro (al norte de San Diego), jueves 31 de octubre de 2019
Cuando llegan a la playa, ya Mitchell y Coleman los esperan. Están a unos veinte metros del agua, junto a dos sillas de playa, y tienen un par de pelotas de fútbol en las manos.
-¡Quítense los zapatos y déjenlos en la terraza del bar! -les ordena Maverick usando las manos como altavoz.
Obedecen y avanzan descalzos por la arena.
-Buenos días escuadra. -saluda su instructor sonriente- Hoy nos enfocaremos en sus habilidades para trabajar en equipo. Vamos a jugar fútbol de combate.
-¿El qué? -pregunta Bob con expresión de miedo y se agarra las gafas.
Natasha le pasa un brazo por encima de los hombros automáticamente.
Mitchell lo mira por un instante y sonríe.
-Tu vas a llevar la notación de los dos equipos, Bob -dice, e incluso lo hace sonar como si le confiara una gran tarea- Hondo será el árbitro.
Lo que propone es tan diferente que se miran entre sí sin ocultar su asombro. Primer objetivo conseguido: desconcertales.
Echan suertes para dividirse. Maverick queda al frente del equipo azul y, a falta de criterio mejor, nombra a Rooster líder del rojo por ser el de mayor edad. Si disfruta un poco la mueca de Omaha, bueno, nadie tiene que saberlo.
Hondo suena su silbato. Los pases se cruzan en el aire. Bob grita la puntuación. Después de un par de jugadas en falso, el grupo se sincroniza. Esto no es como volar. Están tan cerca que pueden escuchar sus respiraciones, gritarse instrucciones o lanzar exclamaciones de admiración. Es fácil dejar de lado las tensiones cuando corren por la arena húmeda tratando de atrapar la pelota ajena o proteger la línea defensiva. Pronto, casi toda la escuadra olvida que se trata de un “ejercicio de combate”. El fútbol es algo que comparten y les remite a su infancia.
Sin aspavientos, Maverick cede la dirección de su equipo a Jake, que -como Ice- tiene una conciencia casi instintiva de su entorno y habilidad para usar las fortalezas específicas de cada integrante. Después de una anotación especialmente elegante, Seresin emite un aullido de felicidad, besa el balón y lo lanza hacia atrás. Harvard, Yale y Fritz, que lo siguen, se tiran al suelo como si los hubiera alcanzado la onda expansiva.
Natasha y Callie se tienen que apoyar la una en la otra para no caerse de la risa.
No todo es perfecto. Javier quedó en el equipo de Rooster y parece más interesado en lanzarse contra su instructor que en la puntuación. Lo empuja a la arena incluso cuando no tiene la pelota. En una de esas, lo toca en uno de los lados resentidos por la aventura del Darkstar y Maverick se va al suelo. Hangman mira a su padre tendido en la arena, se detiene y lo ayuda a levantarse. Es el primer contacto físico que comparten desde agosto de 2008. Maverick no puede evitar un breve sonido de sorpresa. Jake mira sus manos entrelazadas, como asustado de sí mismo, y corre hacia Brig.
Maverick, un poco adolorido, decide que ya fue suficiente y sale lentamente del área de juego.
-Bob, tu turno -ordena por encima del hombro.
El WSO levanta los ojos de su cuaderno.
-¿El qué? -pero no tiene tiempo para inventar una excusa. Hangman está sobre él, lo arrastra a la arena húmeda y le pone una pelota en las manos.
-Con tu vida, Robert -le advierte y se vuelve a ladrar instrucciones al resto del equipo.
Maverick camina hasta donde Penny finge contemplar el espectáculo en una silla de playa, con grandes gafas de sol y un vaso de limonada en las manos. Toma la camiseta que está tendida en la espalda de la silla vacía a su lado, se la pone, se sienta y deja escapar un gemido.
-El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos… -canturrea ella.
-Jajaja, eres una comediante nivel SNL, Penny.
Ella le pasa un vaso de limonada.
-Haz el favor de hidratarte. Puedo sentir la ansiedad de Ice y Sarah desde aquí.
Él se gira, como si quisiera hablarle al oído. En realidad mira hacia atrás. No puede verles, pero sabe que están ahí, detrás de las ventanas de cristal polarizado del bar. Hace un gesto con la mano y el móvil de Penny vibra casi inmediatamente.
-¡Uh! ¿El gran Iceman usa emojis?
Le muestra el mensaje “🧑🍼🏃🥹🥲🤩” Él frunce los labios.
-Dudo que sepa qué significan la mitad de esas figuritas.
-Son cinco -le rectifica ella risueña.
Pete abre la boca para decir algo más, pero una sombra cae sobre él al mismo tiempo que el rostro de su amiga se vacía de expresión. Se gira y descubre a Ciclón. Las gafas ocultan sus ojos, pero los labios revelan perplejidad y desagrado.
-¿Qué es esto?
Maverick se traga el deseo de mandarlo de vuelta a su estéril oficina. Sabe que si no juega el juego de respeto a la cadena de mando Simpson lo sacará de la Misión.
-Fútbol de combate, señor. Ofensiva y defensiva al mismo tiempo.
El vicealmirante asiente. Sabe que Maverick sabe lo que hace y también quiere cubrir sus bases.
-¿Y quién gana?
-Oh, dejaron de llevar la cuenta hace mucho tiempo.
El tono risueño de la respuesta hace más pronunciado el gesto de amargura del comandante de Miramar.
-Este destacamento tiene que entrenarse, Capitán. Cada minuto disponible cuenta.
-Sí, señor.
-¿Entonces por qué estoy viendo este espectáculo ridículo?
-Me pidió que formara un equipo, señor. Ahí está el equipo.
Justo en ese momento, la escuadra levanta a Bob y lo coloca en los hombros de Bradley.
-¡Bob! ¡Bob! ¡Bob! -corean mientras el WSO mira alrededor con expresión exultante y levanta el balón por sobre su cabeza.
Simpson resopla, y se quita las gafas para mirarlo directamente. El vicealmirante tiene una expresión de incredulidad y disgusto que Pete no sabe si va dirigida a él o a sus métodos. Francamente no le importa, pero le hace la cortesía de quitarse las gafas de sol también. Le devuelve una mirada de confianza reposada que ha perfeccionado tras décadas de lidiar con comandantes como él. Los ojos de Ciclón cambian por una fracción de segundo, traicionando el asombro que siente ante la seguridad del capitán.
-Mañana -dice como una amenaza, y se marcha.
-Creo que Simpson y mi padre se llevarían bien -comenta Penny y se lleva el vaso de limonada a los labios.
Pete no responde.
Al cabo de dos horas, por fin la escuadra se cansa. Se dirigen hacia su capitán.
-¿Ya no tienen ganas de lanzarse a las gargantas de sus colegas?
El grupo intercambia miradas asombradas. Si. La arena y las carreras con pelotas les han drenado la agresividad. Aún son un grupo extremadamente competitivo, pero han visto lo que pueden hacer cuando se mueven como un bloque, en lugar de tratar de empujarse mutuamente.
-Bien -asiente Maverick y da una palmada- El almuerzo estará en unos minutos -hace un gesto hacia el porche trasero del Hard Deck, donde Penny y dos empleadas sirven un buffet- Pero les recomiendo pasar por la ducha de agua dulce antes.
El grupo corre hacia las casetas. Hondo le guiña un ojo a Mitchell y les sigue a un paso más reposado.
En la terraza, pegan dos mesas para no tener que separarse. Al principio solo se oyen los pedidos de “pásame la ensalada” o “oye, no cojas todo el tamal”, pero después que terminan sus primeros platos, la segunda vuelta es más reposada y la conversación se anima.
-¿Conoce a Penny desde hace mucho, Capitán?
-Maverick, por favor, Payback. Si, hace tiempo. Un baile de la Marina en, ¿1980?
-Si. La ceremonia de promoción de algún viejo. Estaba loca porque alguno de los tenientes me sacara de allí.
-¿Qué dices? Solo tenías ojos para mí, Penny.
-Si, claro -ella mira al resto del grupo- Me prometió llevarme a volar en un F-14 si lo dejaba besarme.
-¡Oh! ¿Qué edad tenías? -inquiere con tono casual Halo.
-Tenía quince, teniente Bassett, y Maverick veintiuno -le responde en tono seco Penny-, pero eran otros tiempos. Yo era hija de un Almirante, otros tenientes querían algo más que un beso de mi. Así que Maverick y yo nos cubríamos mutuamente.
-¿Cubrían? -repite Payback.
Penny les da una mirada burlona.
-¡Ah! ¿Creen que las banderas arcoíris colgadas en el bar son de solidaridad?
Omaha se atraganta. Rooster baja la cabeza para ocultar una sonrisa divertida.
Hondo desvía la conversación al preguntarle a Yale y Fritz algo del último barco donde estuvieron estacionados. Piloto y WSO se lanzan a un recuento de cómo fue la aventura de instalar un nuevo sistema de armas con el manual en portugués.
-¿Portugués? -se horroriza Phoenix
-Es clasificado. -repone Fritz con expresión de “yo tampoco puedo creerlo”.
Después, hacen una ronda de anécdotas sobre sus respectivas carreras. No todas son de aviación. Las hay de interacciones hilarantes o bromas ingeniosas. Cuando llega el turno de Harvard y Hangman, el primero toma la palabra para cantar loas a la habilidad de su compañero, pero evita mencionar el “Incidente de Maki”. Al darse cuenta de su estrategia, Seresin deja ir la tensión de sus hombros y sonríe abiertamente.
-... y tuvo que comerse el pan de maíz con ketchup -concluye Lennox y le pasa el brazo por encima de los hombros a Jake.
La mitad de la mesa está doblada de la risa. La otra contempla incrédula a la pareja.
Bob mira a Hangman en busca de confirmación.
-¿De verdad…?
El rubio asiente muy serio.
-La peor combinación de sabores del mundo.
Amelia aparece en ese momento con dos jarras más de limonada.
-Gracias, cariño -le dice Maverick.
La niña le sonríe y lo abraza brevemente por detrás antes de regresar al interior del bar.
La escuadra se le queda mirando.
-¿Ella es…?
-Mi hija -explica Penny.
-Pero usted tiene un hijo, no ¿capitán? Recuerdo que cuando entré a la USNA había un grupito esperando a Mitchell III como si fuera una estrella de rock.
Rooster y Harvard miran a Coyote como si no pudieran creer su atrevimiento. Hangman cierra los ojos, avergonzado. El resto de la mesa tiene expresiones que van de la curiosidad a la incomodidad por lo personal de la pregunta.
Maverick no se inmuta.
-Te informaron mal, Machado, no tengo un hijo, tengo cuatro.
-¿Cuatro? -Javier mira asombrado a Jake, este aparta los ojos mientras se muerde los labios.
-¿Vuelan como usted? -se adelanta Fanboy con voz soñadora.
Jake le lanza una mirada envenenada, ese tipo tiene un enganche con su padre que…
-No, vuelan mejor que yo. -asegura el hombre con orgullo.
Phoenix se gira hacia Bradley y lo observa con atención. Algo peligroso brilla en sus ojos.
-¿Nadie de sus familias vuela? -Pete mira significativamente a Brig y este salta al ruedo.
De alguna manera, Brig hace que la historia de sus tíos Hollywood y Wolfman se mueva hacia la importancia de dar buen mantenimiento a los motores. Rooster lo toma de ahí y empieza a cantar poesía sobre su Bronco. Pronto toda la mesa se ha olvidado de la prole de Mitchell, arguyendo sobre carros clásicos, restauración de motores y la superioridad de la transmisión manual.
Cuando todos se han ido, Pete empieza a recoger, pero Amelia sale y lo empuja hacia el restaurante con esa extraña actitud de exasperación que tienen los adolescentes frente a los extraños problemas de los adultos.
-Esos dos llevan llorando toda la mañana. No se qué hizo Hangman, pero espero que lo hagas lavar platos hasta 2050.
-Lo tendré en cuenta.
Dentro, Sarah y Tom tienen las expresiones cansadas de quienes han llorado hasta el cansancio. Lo abrazan.
-Gracias, amor.
-Oye Ice, ¿quieres regresar en la moto conmigo?
Apartamento de Lennox y Seresin, Estación Miramar, jueves 31 de octubre de 2019
La pregunta llega de pronto cuando se está secando después de una larga ducha para sacarse la arena que les dejó el partido de fútbol.
-¿Quieres besuquearte?
Brig se gira despacio. La propuesta lo alegra, pero es inusual. Llevan menos de un año teniendo sexo, o lo más parecido a sexo que puede ofrecer un hombre asexual incapaz de tener erecciones. Para Brig es un tesoro. Hasta junio del año pasado planeaba pasar toda su vida masturbándose en el baño y aguantando las miradas de lástima de media humanidad. Eso cambió cuando vieron un contingente de militantes asexuales en la Marcha del Orgullo Queer de 2018.
Fue como una epifanía.
Encontraron un vocabulario que no describía a Jake como carente o defectuoso. Su pareja siempre ha luchado con lo que creía una singularidad extrema, algo que creía otra secuela de su traumática infancia. Descubrir que no está solo en su desinterés por el “intercambio de fluidos”, que es parte de una comunidad, ha sido maravilloso para su autoestima.
Brig no negará que se ha beneficiado con esto. Leer material educativo y participar en un par de foros privados permitió a Jake entender la diferencia entre orientación sexual y atracción sexual y (¡por fin Dios Bendito!) reconocer su homosexualidad. Cuando le confesó que estaba “como que enamorado de él” y quería “invitarlo a una cita” casi se cae de culo de la risa.
-Jake, cariño, si tu y yo estamos prácticamente casados.
Lo miró con sus ojos verdes muy abiertos, llenos de miedo y esperanza. Estaban en Nantucket para pasar Acción de Gracias en casa del tío Chipper. La casa de la familia Piper es grande -y un poco húmeda-, así que tenían una habitación solo para ellos dos. Jake estaba sentado en la cama, pero insistió en que Brig se sentara en la única silla del cuarto.
-Pero no está bien. Llevo meses esperando que me digas que no soportas más el modo en que te controlo. Que te salvara la vida no te obliga a nada, Brig. Lo que hice después de Maki estuvo mal, lo se. Quiero… Quiero que consideres libremente si lo que te puedo ofrecer es suficiente…
Pero Brig lo interrumpió. Una cosa era acompañar a Jake en su viaje de autodescubrimiento como persona asexual y otra dejarlo torturarse por ideas distorsionadas de su pasado.
-Jake, estoy enamorado de ti desde que tenía catorce años, probablemente desde antes.
-¿Qué?
-¿Recuerdas la primera navidad que pasamos juntos en la USNA?
-¿Si? -por supuesto que recuerda.
Fue la primera vez desde que dejara su hogar en que Jake no se sintió vacío o solitario. Brig estaba ahí, y por unos días no deseó nada fuera de su compañía y sus abrazos. La intimidad que compartieron marcó la pauta para sus interacciones hasta que el horror de Maki lo lanzó al abismo.
-El 27 de diciembre hubo una tormenta de nieve y dijiste…
-Dije que podría vivir así, entre tus brazos, que siempre estaría perfectamente satisfecho con que me abrazaras sin ninguna otra razón que darme calor… ¡Oh!
Lo miró con sorpresa repentina. Brig le devolvió una mirada de ternura divertida.
Jake se puso a estudiar con gran concentración el cobertor de la cama, profundamente avergonzado de cómo ignoró los sentimientos de su compañero por casi una década. Brig se pasó de la silla a la cama, le puso un dedo en el mentón y lo obligó a levantar la cara.
-Jake, escúchame, ¿si? Si alguien en esta relación ha sido víctima de manipulación eres tú. Nunca me ocultaste tu desinterés por el sexo, yo sabía qué implicaba tener una relación contigo. En cambio, yo nunca te dije mis sentimientos, solo aproveché la excusa de nuestra “amistad” para colarme en tu vida. Dejé que el resto del mundo asumiera que éramos pareja. Disfruté de lo que me ofrecías sin…
-¿No estabas celoso? -le interrumpió.
-¿Celoso?
-De Victoria, Maya y Hannah. ¡Oh, Dios! ¡Te hice escoger a dos de mis novias falsas!
-Claro que no estaba celoso. Tu lo dijiste, eran simulacros para establecer “credenciales de heterosexualidad”. Jake…
-¿Cómo has vivido todo este tiempo sin…? -hizo un gesto vago hacia su entrepierna.
Brig estalló en carcajadas.
-Vivimos juntos, pero no somos siameses, cariño. Hago como millones de personas: aprovecho el tiempo de la ducha.
Eso pareció sorprenderlo y asquearlo a partes iguales.
-¡¿Las personas se masturban en la ducha?! -luego abrió mucho los ojos cuando comprendió que…- ¿En las duchas del portaaviones?
-Eso es discusión para otro día. -le cortó- Lo importante es que te amo, Jake, tal y como eres. Y estoy muy feliz de que ahora que aprendiste de la asexualidad aún quieras…
Pero Jake “Hangman” Seresin no era hombre de lamentarse sobre el pasado.
-¡Cállate!
Lo tomó por el cuello del suéter para besarlo. No sintió nada muy especial al rozar sus labios, pero la expresión extática de Brig hizo valer el riesgo epidemiológico.
-Así que, creo que lo que corresponde es que lo hagamos oficial. ¿Quieres seguir siendo mi novio, Brigham Lennox?
Siguió un proceso maravilloso de negociación. Jake decidió que debía explorar hasta dónde podían llegar en actividades sexuales físicas. Hubo cosas que simplemente cambiaron de significado, como acurrucarse juntos bajo una manta y tomarse de la mano al caminar por la calle. Otras llegaron lentamente, como besarse o acostarse desnudos.
El sexo no es una cosa casual para Jake, y por eso mismo, el pedido de hoy es inusual. Están a mitad de un entrenamiento demandante y normalmente su novio -que es un cabrón competitivo- no quiere tener sexo si no puede concentrarse totalmente en el asunto.
-¿Y eso a qué viene?
-Noté cómo me mirabas en la playa.
-Te miraba como siempre -asegura mientras termina de secarse.
Deja la toalla en el mostrador y va a alcanzar sus boxers, pero Jake lo detiene al tomarle la mano.
-No -insiste con una sonrisa coqueta y se le acerca despacio- Me mirabas tanto que Payback y Fanboy se pusieron incómodos. Por no hablar del cabrón de Omaha.
-Podría ser… No hemos ido a la playa en, ¿dos años? No voy a disculparme por admirar el cuerpo de mi novio – y se recrea en la palabra, porque todavía no puede creer que puede decirlo en voz alta.
Jake alza una ceja, gira, da dos pasos en dirección a la puerta del baño sin dejar ir su mano, lo mira por encima del hombro.
-Mírate, todo posesivo y ufano. Cualquiera diría que tu novio es algo especial.
-¿Disculpa? -Brig lo sigue hacia el corredor, se le pega a la espalda, le pasa un brazo posesivo por la cintura y roza sus mejillas- Déjame decirte, mi novio es un aviador condecorado, es el graduado más joven de la historia de Top Gun y hace una taniga de infarto.
-Suena como que tu novio es un tesoro -dice Jake burlón mientras entran a la habitación.
Se deja caer en la cama y arrastra a Brig con él. Se queda muy quieto, disfrutando el peso sobre su espalda. Hace años que hacen esto, la diferencia es que desde hace unos meses empezaron a hacerlo desnudos.
Brig suspira, feliz, y acaricia el costado de Jake con las puntas de los dedos. Llega a la cintura, regresa arriba, hasta el hombro, para seguir por los brazos bien torneados. Apoya las manos en la cama y se yergue para besarle la nuca, los omóplatos, la columna. Jake dobla los brazos y los pone debajo de su cabeza, lo mira por encima del hombro con expresión anhelante y un poco tímida.
-Ven aquí.
Brig gira para caer en el colchón, al lado de Jake, y deja que el otro le ponga una mano en la nuca con la cual lo atrae. El primer beso en los labios es tentativo -Jake sigue un poco dudoso sobre los méritos del intercambio de saliva-, pero un ruidito apreciativo le indica que puede seguir adelante. Empieza a usar la lengua al mismo tiempo que deja vagar sus manos por el torso de Jake, acariciando sus pezones y jugando con el ombligo.
En respuesta, Jake quita la mano de su nuca y empieza a recorrer el cuerpo de Brig. Las yemas de los dedos trazan patrones aleatorios por su espalda, pecho y abdomen. Se detienen abruptamente en la cintura.
Brig abre los ojos sorprendido.
-Estás temblando. ¿Qué pasa?
Jake lo mira con intensidad por uno, dos, tres segundos. Luego la cara se le contrae de una y lágrimas gruesas empiezan a brotar de sus ojos.
-¿Jake?
Brig lo abraza, siente como el cuerpo ancho y musculoso tiembla entre sus brazos por la fuerza de los sollozos.
-¿Y si estoy equivocado?
-¿Equivocado? Calma cariño, tienes que calmarte. ¿Quieres agua?
-¡No! ¡No te vayas!
-Esta bien, no iré a ningún lado. Solo respira ¿si?
-He perdido once años, Brig, ¡once! Ya no conozco a mis hermanos, apenas puedo hablar con mi padre, ¿para qué? Ella no me quiere, nunca me quiso.
-¿Ella? -lo pregunta, pero tiene el desagradable presentimiento de que sabe a quién se refiere.
-Rachel -ah, tenía razón- Hice todo lo posible para hacerme visible, para hacerla sentir orgullosa. Ni un rumor, ni una señal. En cambio, mi padre proclama sin sonrojarse que tiene cuatro hijos. ¿Te das cuenta de lo que significa eso?
-¿Qué cuenta a Sam y Sean como si fueran suyos? -la verdad es que le parece extraño.
-¡No! Que me cuenta a mi.
-¡Claro que te cuenta! Eres su hijo.
Pero la respuesta solo hace que la intensidad del llanto aumente. Brig le masajea la espalda y deja que el ataque corra su curso natural. Unos quince minutos después, los sollozos han disminuido a hipidos. Se separa un poco y toma la cara de Jake entre sus manos. Le limpia los mocos y los surcos de lágrimas con el borde de la sábana y pregunta muy suavemente.
-Cariño, ¿qué pensaste que había pasado en la casa de San Diego durante todos estos años?
Jake lo mira con ojos aún húmedos que reflejan culpabilidad y confusión.
-Que aprenderían a vivir sin mí. Que me olvidarían.
-Son tu familia, Jake. ¿Cómo te van a olvidar? ¿Acaso les olvidaste tu? ¿Te parece que Bradley te olvidó? ¿Qué Sarah te olvidó? Dime la verdad. Todos estos años tratando de ser el mejor y ¿nunca te preguntaste cómo sería compartir esos triunfos con el resto de tu familia?
-Si, me lo pregunté. Pero siempre me dije que era una pregunta inútil. Fui yo quien les dio la espalda, ¿no? Sean era un niño cuando me fui, ya ha pasado casi la mitad de su vida sin mí. En cuanto a mi padre, estaba seguro de que Kazansky lo consolaría por la pérdida. -concluye con amargura.
Brig resopla, sorprendido de nuevo por la jodida percepción del mundo que tiene su novio. Sabe que se llama “Trauma por adopción” y que gracias a eso Jake es un gran actor que está obsesionado con la identidad de su madre biológica y en los días malos piensa que el mundo sería un lugar mejor sin él. Por suerte, esos días malos son pocos y espaciados. La mayor parte del tiempo, solo actúa como un cabrón para mantener la distancia emocional y se esfuerza en ser el mejor para enmascarar su baja autoestima.
Jake se lo explicó muy bajito una noche en Valle Moapa, en las navidades de 2010. Le habló también de los años de terapia. Se lo dijo con miedo, como si temiera que Brig se alejaría por eso. Aunque él lo sabía desde antes. No el nombre del problema, pero sí los síntomas. En agosto de 2008, dos días después de que Jake decidiera abjurar del apellido Mitchell, Sarah Kazansky apareció en la casa a leerle la cartilla. Le dijo en términos bastante claros que sabía de su enamoramiento y que si abusaba de Jake… “Miles de personas mueren cada año en accidentes de auto” comentó con sonrisa beatífica y ojos duros.
A Brig no le importa. Amó a Jake antes de saber todo eso. Ama a Jake después de una década de convivencia. Aprendió, a la mala, que la mejor forma de lidiar con sus inseguridades es confrontarlo con la verdad.
-Yo se que entre Kazansky y tu hay mala sangre, pero ese hombre te quiere.
Su novio hace un ruidito incrédulo.
-Kazansky casi se muere después que te fuiste, Jake.
-¡Por favor!
-No, de verdad. Sean creyó que se iban a divorciar de la bronca que se armó después que te fuiste. A los diez días, la secretaria de Kazansky llamó a Sarah. Sean y Sam escucharon por la extensión de la cocina. Era para decirle que ya estaba comiendo sólido. Que el cocinero de la Base Bahrein quería ponerle una dieta alta en calorías para compensar el peso que había perdido en esos días y necesitaba saber de sus preferencias para que no protestara. He tenido mil pequeños roces con tu familia en estos años, y siempre me preguntan por ti. Están hambrientos de ti. Te están esperando.
-Para vengarse.
-¡No! ¿Por qué dices eso?
-¡Porque les traicioné!
-¡Tu no traicionaste a nadie! Eras un chico asustado que tomó una decisión apresurada. Son tu familia, Jake. Te quieren tal y como eres.
Pero Jake se aparta con brusquedad de sus brazos, se levanta y empieza a dar vueltas por la habitación con las manos en la cabeza.
-Si me quisieran tal y como soy, me dirían la verdad.
Brig contiene a duras penas el gruñido de repulsión que nace en su pecho. El fantasma de Rachel siempre se interpone entre Jake y la felicidad.
-¿Qué verdad? -Jake se detiene y lo mira sorprendido- No, en serio, ¿qué verdad? ¿Qué esperas encontrar? Tu lo has dicho, son once años. Es bastante evidente que Rachel no puede o no quiere acercarse. Tal vez incluso está muerta. ¿Lo has pensado? Mientras tanto Sarah, que es tu madre y está viva, solo recibe una llamada cuando estás delirando y después vuelves a actuar como si no la conocieras. Había que ser ciego para no ver el dolor en sus ojos cuando la ignoraste en Filadelfia seis meses después.
El rostro de Jake vuelve a reflejar incertidumbre y miedo. Brig extiende un brazo hacia él.
-Ven aquí.
Su novio obedece y regresa a la cama. Brig los envuelve en varias mantas hasta construir un capullo cálido y suave. Tiene la espalda de Jake pegada a su pecho y la palma de una mano sobre su pecho.
-No esperaba que intentaras usar el sexo como distracción, ¿sabes?
-Es… así fue como entendí el sexo siempre. Es la segunda mejor fuente de distracción, después del alcohol. Pensaba que si me hacías sentir bien, me olvidaría de que mi padre… que yo…
Brig le da un beso suave en la nuca.
-Cariño, esta noche no vamos a resolver eso. Francamente, me incomoda hablar de tu padre mientras estamos desnudos. -eso arranca una risa breve de Jake- Pero hasta ahora el sexo ha sido algo puro entre nosotros, no cambies eso, por favor.
En un arranque de pasión tremendo, Jake gira dentro del capullo y besa a Brig en los labios.
-Vale. No más sexo para distraerme. Promesa.
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