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29 de septiembre de 2024

Felices juntos 10

Capítulo 10. San Diego, 20 de junio de 2016: Felices juntos


Pete levanta la cara, le responde a Bradley con tono falsamente escandalizado y ojos juguetones.
-Teniente comandante Bradshaw, ¿pretende usted satisfacer su lujuria conmigo?
-Es Bradshaw-Mitchell, sepa usted y -levanta a Pete en sus brazos, el omega suelta un ligero chillido de sorpresa- no es lujuria, es amor.
Se aparta de la pared, gira, mira a su otro esposo por encima del hombro.
-¿Jake?

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Fandom: Top Gun (Movies)

Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw / Pete "Maverick" Mitchell / Jake "Hangman" Seresin

Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw

Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html

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Ahora

La única luz viene de la chimenea. No que necesiten calefacción en junio en California, pero La Hacienda es tan ridículamente lujosa que tienen un fuego holográfico y luces estratégicamente instaladas para simularlo.

La luz dorada tiñe los cuerpos de un halo fantasmal, etéreo.

Solo se escuchan sus jadeos y el sonido de piel contra piel.

Bradley está sentado con la espalda apoyada en el cabecero de la cama, respira con dificultad por el esfuerzo, gruñe. Sus manos están en las caderas de Pete, guían sus movimientos oscilantes mientras lo cabalga.

El omega tiene las manos apoyadas en los hombros de su esposo, los ojos vidriosos. Se muerde el labio superior y deja escapar gemidos agudos, mitad placer y mitad demanda. Tiene el torso cubierto de un sudor ligero, perfumado. Su olor característico a cuero y mar inunda toda la habitación. Tira la cabeza hacia atrás y disfruta intensamente el segundo par de manos que lo acarician.

Jake está de rodillas detrás del omega. Su erección es casi dolorosa mientras espera su turno. Sus manos vagan por el cuello, espalda y pecho de Pete. Sus ojos clavados en el otro alfa, dilatados por el deseo.

-Jake -Pete tira un brazo hacia atrás, dedos extendidos.

El rubio se apresura a estrechar la mano.

-Aquí estoy, amor.

Le besa entre los omóplatos. Lame el sudor agridulce de su excitación.

-Ven… Entra en mi…

-Después, amor -le promete- No queremos hacerte daño. -Cruza una mirada orgullosa con Bradley. Su omega está tan perdido en el placer que se ha olvidado de que no pueden penetrarlo al mismo tiempo, como si fueran un alfa y un beta.

-No, no… Ahora… Por detrás…

-¿Por detrás?

Jake no puede evitar sonar sorprendido y desconcertado. ¿Pete está hablando de sexo anal?  Eso es…

Jake no se considera un puritano, ni de lejos, pero el sexo anal con un omega es uno de los pocos tabúes que lo hace reaccionar. Las personas omegas no tienen próstata, por lo que no pueden sentir placer derivado de la penetración anal. El recto beta tiene próstata, glándulas lubricantes y un sistema muscular controlable de modo consciente. Está diseñado para el coito. El cuerpo omega es diferente. Solo la vagina está realmente hecha para ser penetrada. Pero por mucho tiempo el sexo anal fue el único método anticonceptivo natural disponible, así que la práctica tiene una relación intrincada con la violencia sexual dentro del matrimonio. Después de todo, mucha gente supone que ser omega implica estar siempre disponible para satisfacer los deseos sexuales de tus cónyuges.

Todavía hoy, en el léxico popular cada acto lleva un verbo diferente. No es lo mismo “estar” con un omega que “usar” un omega. A Jake jamás se le ocurriría proponerle tener sexo anal a Pete. Por la cara estupefacta de Bradley, su esposo piensa más o menos lo mismo.

-Pete, eso no…

-¡Eso si! -los corta- Es mi noche de bodas ¿no? -guía la mano de Jake hacia su trasero- Los quiero a los dos, como debe ser.

El alfa roza con la punta de los dedos el agujero y se sorprende al notar una protuberancia emergiendo del cuerpo del omega. Sorprendido, tantea con más atención.

-¡Trinidad bendita! ¿Cuándo te pusiste ese dildo, Pete?

El omega lo mira por encima del hombro con sorna.

-Antes de salir para la ceremonia. -ignora la interjección de asombro de Bradley- Quería estar bien preparado. -vuelve a mirar al alfa de ojos marrones- Brad, ¿no quieres sentir a nuestro esposo dentro de mi? -al mismo tiempo que hace un movimiento oscilante y contrae la vagina.

Abrumado por las sensaciones, Bradley es incapaz de articular palabra. Solo emite un sonido inarticulado, un gruñido que podría ser lo mismo afirmación que sometimiento.

-Jake -repite Pete-, por favor.

Antes

La noche en que le propusieron matrimonio a Pete, durmieron apilados en su cama. Estaban demasiado agotados por la discusión como para hacer otra cosa que abrazarse. En la mañana, los alfas despertaron para encontrar que Pete ya estaba de regreso de su habitual carrera matutina y salía del baño con una toalla anudada a la cintura y el rostro ceñudo.

-Ah, ya despertaron.

-Ey, hermoso. -cómo Jake podía tener voz seductora apenas despierto era uno de los más profundos misterios del universo- ¿Quieres quemar un poco más de calorías?

-No.

La seriedad de la respuesta hizo que los dos alfas intercambiaran miradas de temor. ¿Acaso no habían resuelto ya eso?

-Pete… -empezó a decir Bradley, pero el omega lo hizo callar con un gesto.

-Antes de seguir con -trazó una vaga elipse con su índice derecho entre la cama y él mismo- esto, tenemos que hablar seriamente.

-¿No fuimos lo suficientemente serios para ti anoche? -se quejó Jake sin disimular su irritación.

Pete se mordió los labios y asintió.

-Si, lo fueron. Así que les debo -se detuvo, respiró profundo, bajó los ojos-, les debo la verdad, no la versión de mí que circula públicamente. Si después aún quieren que yo… que nosotros duremos un poco más, estará bien. Ustedes son adultos, después de todo.

-Estás empezando a asustarme -admitió Bradley.

Pete no le respondió. Se sentó en el extremo de la cama, agarró el borde del cobertor con la punta de los dedos.

-Solo quédense ahí hasta el final, ¿si? -y empezó a hablar con los ojos clavados en la pared.

Lo que siguió no fue fácil. Jake sabía que la vida de Pete había sido dura antes de encontrar a su padre, pero no tenía idea de las horribles peripecias que podía contener la vida de un huérfano omega y bocón en los años sesenta y setenta. No que la Marina hubiera sido mucho más generosa con su amado, pero al menos había comidas regulares y cama segura. Bradley tenía cierta idea de los abusos y acosos que sufrió mientras se convertía en el mejor aviador de su generación -acaso del siglo XX-, pero esa mañana comprendió que había recibido siempre las versiones descafeinadas. Primero porque era un niño. Luego porque su resentimiento contra Pete lo excluyó del pequeño círculo que sabía la verdad.

A su lado, Jake empalideció y se encogió lentamente, como si cada bofetada, cada ofensa, cada decepción o traición, lo golpease físicamente. Su respiración se hizo ruidosa e irregular. Bradley le pasó un brazo por encima de los hombros y lo apretó contra su cuello al tiempo que se obligaba a emitir un aroma calmante. De nada serviría que a Jake le diera un frenesí. ¿Con quién iba a pelear? El truco funcionó a medias: Jake pudo controlar su respiración y se limitó a llorar en silencio. 

Al final, llegó la historia que habían intuido la noche anterior: una pareja que trató de forzarlo a mantener un embarazo no deseado, un aborto, casi una década de relaciones monógamas tras la traumática experiencia.

-Así que no sé si todavía soy fértil. -concluyó mientras se limpiaba las mejillas húmedas con las palmas de las manos- Estaba usando los anticonceptivos para sentirme seguro, pero en realidad… Así que no puedo prometerles…

Al fin volteó la cara hacia ellos. Sus ojos verdes teñidos de miedo y vergüenza. Porque creía, honestamente, que todo su sufrimiento lo haría menos valioso, menos deseable, menos digno.

Jake tomó una inspiración profunda y se separó de Bradley. Gateó por la cama esta quedar frente al omega, extendió una mano con la palma vuelta hacia arriba.

-¿Puedo? -le preguntó muy suavemente.

Pete lo contempló confundido, ojos yendo de la mano a su rostro.

-No entiendo…

-¡Por la Trinidad, Pete! -lo cortó Jake- Solo déjanos abrazarte. Déjanos ser tus alfas de una maldita vez.

Pero Pete todavía no se movió. Miró dubitativo a Bradley, quien solo sonrió a hizo un leve asentimiento con la cabeza. Solo entonces tomó la mano de Jake, que enseguida tiró y lo arrastró hacia el centro de la cama. Lo hicieron acostarse, se tendieron cada uno a un lado, armaron un capullo protector con almohadas y mantas, lo besaron hasta que sus labios estuvieron rojos y no pudo más que exudar feromonas olorosas a satisfacción y empezó a salirle un ronroneo satisfecho del centro del pecho.

-Hum, nunca pensé que me convertiría en este tipo de alfa -dijo Jake bajito, su tono a medio camino entre diversión y asombro.

-¿Qué tipo de alfa? -preguntó Pete con voz amodorrada.

-El que le pide matrimonio a su omega lo más rápido posible. Como en, cásate con nosotros en el próximo solsticio, Pete.

Bradley sintió la tensión repentina del cuerpo bajo sus dedos y sintió miedo. Ahora sí que se pasó, pensó. Nos echará de la casa y estará en un portaaviones al otro lado del mundo en menos de veinticuatro horas. Trató de buscar los ojos de Jake, pero su novio tenía la mirada clavada en Pete. Sus ojos verdes sinceros y expectantes.

-¿Bradley? -inquirió Pete sin moverse, buscando confirmación.

Quiso llorar, porque la voz de su omega era tan temerosa y al mismo tiempo tan esperanzada. Pero no podía dejarse arrastrar por el pasado ahora. Este era el momento, comprendió, el momento en que Hangman los arrastraba a ambos hacia el futuro. Se torció para poner la cabeza en el pecho de su amado. Los dedos de Pete se metieron enseguida entre su cabello, moviéndose de modo aleatorio. Al fin todo era perfecto. Así que no pudo hacer otra cosa que repetir lo dicho veinticuatro años antes, porque seguía siendo cierto.

-Quiero que seas mi esposo, Pete Mitchell.

La mano en su cráneo se detuvo en seco. El aroma del omega era una mezcla compleja de sentimientos. Bajo su mejilla, Bradley podía sentir lo mismo que Jake bajo la palma de su mano posada casualmente en la cintura de Pete: los músculos tensos, el pulso rápido. Su amante era un animal acorralado y listo a saltar. Al fin, Maverick exhaló muy lentamente.

-Es en serio. -y el tono meditabundo de la frase apenas murmurada les hizo comprender que no hablaba con ellos dos, sino consigo mismo. -No entiendo -admitió con voz más alta-, el mundo no funciona…

-El mundo puede irse a la mierda. -lo cortó Bradley- Has salvado al mundo, ¿cuántas veces ya? El puto mundo te la debe, Pete.

-Soy… -volvió a empezar.

-El omega más maravilloso del mundo. -le interrumpió Jake- Soy el mejor, y quiero lo mejor. -le delineó la mandíbula con el índice- Tu, Pete Mitchell, eres el mejor. Ni siquiera tus enemigos lo dudan. Déjanos ser tus alfas en brillante armadura.

Bradley soltó un bufido risueño. Dejó un beso húmedo en el vientre plano, bien delineado, del omega.

-Déjate amar, Pete, por favor. -rogó y le besó el esternón- No nos daremos por vencidos.

-Ustedes querrán una familia y yo…

-Ciento once mil quinientos ochenta y nueve -le cortó, porque ya sabía por dónde iba y Bradley habían hecho la tarea.

-¿Ciento once mil qué? -preguntó Pete, desorientado.

-Hay ciento once mil quinientos ochenta y nueve menores de edad disponibles para adopción en este país, más del cincuenta por ciento omegas. Jake y yo hemos hablado del asunto.

-Hay demasiados Seresin en este mundo -apostilló el otro alfa sin ocultar su desdén.

-Así que, si tu no quieres, o si no es seguro para ti, hay otras maneras -terminó Bradley.

-Me expulsaron del clan. -dijo al fin, con dolor- Bradley, eres el mayor, no puedes decir que te casarás con el omega que te clavó un puñal en la espalda. El clan ha avanzado, es importante ahora. Casarte conmigo pondría en peligro el legado de Viper y Ice. No lo van a permitir.

Eso si que hizo a Bradley tragar en seco. ¿En serio eso era lo que Pete creía del resto del clan? ¿Tanto lo había herido? ¿Cómo podría pagarle a este hombre maravilloso todo el dolor que su arrebato adolescente había causado?

Al otro lado de la cama, la expresión de “te lo dije” de Jake era inconfundible. Si, se lo había advertido, pero él siempre ha sido bastante bueno en ignorar las cosas que duelen. Imaginar que la expulsión de Pete no había sido gran cosa para el omega fue parte de su arsenal de justificaciones para seguir adelante todos estos años. Se convenció de que Pete simplemente era capaz de cuidar de si mismo. Además, Ice nunca dejó de protegerlo, ¡todo el mundo lo sabía!

Está claro que, en esto, como en muchas otras cosas, se equivocó. Irónico cómo creer que alguien es más fuerte de lo que es en realidad puede hacerles daño. Se apartó para poder mirarlo a los ojos.

-Pete, amor, claro que el clan te quiere de vuelta. Eres el mejor aviador del siglo XX, cualquier clan militar te querría en sus filas. Solo mi testarudez y tu dignidad se interpusieron en tu regreso. Espero que me perdones por lo que te hice, por quitarte a tu familia en venganza. Pero te juro, Pete, no hay escenario en que acepte asumir mi rol con el clan si ustedes no están a mi lado.

Pete los miró alternativamente, expresión desconcertada e incrédula. Abría y cerraba la boca sin poder articular ningún sonido. Se había quedado sin argumentos.

-Así que, Capitán Pete Maverick Mitchell, queremos casarnos contigo en el próximo solsticio de verano. Hablo por mí, y por mi amado Bradley, cuando te juro que nos harías los alfas más felices y afortunados del mundo. ¿Aceptas?

Pete frunció los labios, miró al techo, suspiró.

-Supongo que si me niego solo seguirán insistiendo.

Ahora

Jake mira a Pete, que le sostiene la mirada. Detuvo el movimiento de las caderas, simplemente está empalado en la barra de carne y espera. Mira a Bradley, totalmente ido entre las feromonas omega que saturan la atmósfera de la habitación y la profunda satisfacción que siempre le produce estar dentro de Pete.

-Supongo que si me niego solo seguirás insistiendo.

La aceptación le gana una sonrisa ladeada y un asentimiento de cabeza. Con dedos temblorosos palpa el objeto enterrado en el trasero del omega y busca un punto de agarre. La parte que sobresale es pequeña, por eso no limitó a Pete, que pasó cuatro horas con eso dentro, y ni Bradley ni Jake la notaron mientras lo desnudaban. Para compensar, la superficie es irregular, permite un agarre firme apenas con la punta de los dedos. Es una muestra más del agudo pensamiento estratégico de Maverick, que quería que Jake…

La idea lo golpea como un puñetazo: Pete lo ha hecho especialmente para él.

Durante estos meses su relación se ha estabilizado, con modos definidos de actuar en la calle, en el aire, en la casa, en la cama. Tiene un vínculo basado en el respeto mutuo, y Jake piensa que en eso no se diferencian mucho de otros millones de relaciones heterosexuales. Excepto en la cama. Son un omega y dos alfas, así que la cópula simultánea -que el cine ha romantizado, y presenta como algo inherentemente sencillo y natural, cuando está lejos de serlo sin causar dolor al omega- es algo físicamente imposible para ellos.

En la cama, Bradley y Jake toman turnos penetrando a Pete. Es menos intenso, pero sus sesiones amorosas duran bastante más del promedio. Cosa que satisface sobremanera al omega.

Si están los tres juntos, Jake siempre es el segundo dentro de Pete. No sabe muy bien por qué.

En realidad, si lo sabe, solo que ya no se toma el trabajo de pensar en ello.

Antes

Jake descubrió este un pequeño cine de arte en el centro de San Diego. El local ofrece comida elaborada por estudiantes de culinaria, para aumentar sus entradas. Es una experiencia inusual, comer nivel chef mientras ves un filme vintage.

Bradley conoce perfectamente las preferencias de Pete en cine y marcó de inmediato en agenda la proyección especial de “La firma”, un drama sobre la lucha por hacer lo correcto en medio de leyes mediocres. Esta será su primera cita de diciembre.

A Pete le encantaron el local, el filme y el menú. Se pasó la proyección alimentando con los dedos a los dos alfas. Un gesto atrevido para el espacio público, que hizo sonrojar a Hangman y henchir de orgullo a Rooster.

Más tarde, en el parqueo, se besaron recostados al capó del Bronco, como adolescentes. Durante todo el viaje de regreso estuvieron sonrientes, relajados por la mezcla perfecta de sus feromonas. Pete con cada mano en el muslo de uno de los alfas. Una conversación fácil sobre los méritos del filme y la calidad de la comida.

Maverick vive en una de esas casitas que el Departamento de Defensa hace en serie para su personal sin familia. Solo tiene espacio de parqueo para un auto, pero él ha empezado a dejar su moto al costado, para que la camioneta de Bradley o el auto de Jake no se tengan que quedar en la acera cuando vienen a visitarlo.

Bradley apaga el motor y se vuelve hacia el omega.

-Aquí estamos -lo mira con ojos encendidos de deseo.

Desde la tercera cita, sus salidas terminan con una buena sesión de besos. Se pasan hasta media hora acariciándose por encima de la ropa hasta que el omega los detiene -hay algo profundamente excitante en obedecer este tipo de órdenes, en probarle que son confiables- y se sale de la cabina. Bradley y Jake lo ven caminar hasta la puerta, borracho de lujuria, decir adiós con la mano y desaparecer dentro de su casa.

Pero hoy Pete no le pone la mano en la nuca para atraerlo hacia su rostro. Sino que se pasa la lengua por el labio superior y dice, titubeante.

-¿Ustedes querrían… entrar a tomarse un café?

Al otro lado de la cabina, Jake se tensa como un alambre. Le hace un gesto alentador a su novio. Pero Bradley duda. Tantos años de espera lo han hecho cauteloso.

-La cosa es, Pete, que es muy tarde. Si tomamos café ahora, no vamos a poder dormir.

La expresión del omega pasa de la inseguridad a la diversión.

-Ese es el plan Rooster, si estás dispuesto a bajarte de tu percha, claro.

Bradley no responde con palabras. Un gruñido victorioso le sale del centro del pecho y atrapa los labios de Pete en un beso posesivo mientras extiende una mano para alcanzar a Jake al otro lado de la cabina.

-Para -Pete pone las manos en sus hombros y lo aparta- Estoy muy viejo para hacerlo en el asiento de una camioneta.

-Tú no eres viejo. -refuta Bradley mientras abre con dedos torpes la puerta del Bronco y salta fuera- Tu eres vino bien añejado. -le tiende la mano para ayudarlo a bajar, un gesto absolutamente ceremonial que hace a Pete sonrojarse hasta las orejas.

Jake agarra la bolsa de viaje que mantienen siempre en la parte trasera de la cabina, toma las llaves que Brad olvidó en la consola, se baja, cierra y los alcanza en el portal. Pete mira con sorpresa el paquete entre sus manos.

-Un poco atrevido imaginar que necesitarían eso hoy, ¿no?

A lo que el alfa responde con expresión ufana.

-Cuando se corteja a un omega como tu, hay que estar preparado.

Y le suelta la bolsa a Bradley para agarrar a Pete por la cintura, pegarlo a su cuerpo, besarle el cuello y los labios. Se detiene cuando lo siente tensarse.

-Alguien puede vernos -musita como excusa el omega para escurrirse de entre sus brazos, sacar las llaves y abrir la puerta.

Dentro, Pete hace un gesto vago hacia la derecha.

-El baño de visitantes está allí. Los espero en el cuarto.

Los alfas están tan aturdidos por toda la situación que tardan un momento en comprender la sugerencia. ¿Baño? ¡Oh! Comieron en la calle, llevan rato sin orinar. Baño, claro. Lo último que quieren es que su primera noche con Pete se estropee por mal aliento o una micción involuntaria. Corren al baño. El espacio es pequeño, pero elegante. En el lavamanos hay dos cepillos de dientes con lacitos de regalo. Un cepillo es color avellana y tiene una etiqueta con un gallo. El segundo es verde y en la etiqueta hay una horca color amarillo neón.

No pueden evitar la risa.  

Se desnudan, hacen sus necesidades y lavan entre caricias y sonrisas. Cuando ya están a punto de salir, Jake no puede contenerse y toma entre sus dedos la erección de Bradley. El alfa la aparta la mano con fuerza.

-Es para Pete.

De repente la expresión de Bradley pasa de relajada a amenazante. Acorrala a Jake contra la pared, apoya las manos a ambos lados de su cabeza.

-No vamos a pelear delante de él, Seresin. -le dice con voz dura- Guárdate tu competitividad para las maniobras aéreas.

Jake alza las cejas, asombrado por la agresividad repentina.

-¿No debería ser él quien…?

-¡No! -hay un brillo desesperado en sus ojos marrones- Yo primero.

Jake no le responde porque comprende que su novio tiene la cordura colgando de un hilo. Lleva más de veinte años deseando a Pete. Aún hay días en que despierta entre sus brazos y le pregunta, incrédulo, si de verdad lo están cortejando o fue un sueño. Cualquiera con ojos para ver sabe que Bradley Bradshaw tiene una naturaleza inherentemente violenta, que su contención legendaria es una habilidad cuidosamente cultivada para permitirle actuar civilizadamente.

Pero esta noche Bradley no tiene la capacidad mental para ser cortés. No va a pelear con Jake, pero su percepción se ha cerrado ante la perspectiva de, por fin, tener a Pete Mitchell, el omega al que ama desde que tenía ocho años. Hoy el lado posesivo, casi feral, del alfa sale a flote. Jake sabe que su novio no lo ama menos por eso. Incluso podría argumentarse que esta brutal honestidad es una prueba de amor. Porque Bradley no quiere luchar contra Jake, solo quiere dejar claro el orden.

¿Puede aceptarlo?

Jake piensa que, de cierta manera, el asunto podría reducirse a quién llegó antes a la vida de quién. Pete llegó antes a la vida de Bradley. Evitan mencionarlo, pero el hecho es que el omega lo vio nacer. Rooster ya amaba a Maverick cuando llegó a los brazos de Hangman. Él no sabía quién era, pero si se dio cuenta de que Bradley estaba acompañado por una sombra, que había alguien contra quien comparaba cada uno de sus gestos. No le importó porque siempre parecía ganar esa competencia.

En retrospectiva, podía haber deducido la identidad del omega que tenía entre sus dedos el corazón de su amante. Pero le había prometido a Bradley, así que se esforzó en no pensarlo.

Jake ama a Pete, pero no carga con décadas de añoranza y dolor. Si, decide, dejará que Bradley le guíe en la conquista del cuerpo de Pete, como antes le guío en la conquista de su corazón.

Le pone una mano en la mejilla.

-Tu primero -asiente, y se adelanta a darle un beso corto en los labios.

La tensión desaparece de los hombros del alfa.

Pete los espera totalmente desnudo. Bradley casi salta sobre él. Marca a Pete con su sudor, su saliva y cuando por fin lo penetra permanece atento a las más mínimas reacciones del omega.

-¿Estás bien, cariño?

-¿Te gusta así?

-¿Esto está bien?

Habría sido la imagen perfecta para promover la monogamia -horror de horrores- si no fuera porque, al mismo tiempo que es atento y considerado con Pete, Bradley mantiene una constante alerta sobre su entorno, o sea, sobre Jake.

Con gruñidos y gestos, Bradley hizo que se sentara en el cabecero con las piernas cruzadas y le puso una almohada encima. Pete tiene la cabeza apoyada allí. De modo que Pete está respirando el aroma de Jake, rozando con sus dedos los muslos de Jake, exponiendo sus más mínimas expresiones en primer plano para Jake, pero no ha tocado su erección. Cuando Pete suelta un sonido especialmente positivo, cuando se sacude de placer, Bradley mira al otro alfa con una extraña mezcla de orgullo y desafío. ¿Ves cómo lo hago gozar? Parece decir.

Jake tarda un poco en comprender esta preocupación hasta que recuerda una de las confesiones de aquel fin de semana en Austin, “La Trinidad sabe que lo intenté. Después de todo, crecí en un clan militar. Sabía lo que se esperaba de mí.” ¡Oh! Claro. Bradley ha estado con omegas antes, pero sabe que Jake jamás sintió interés por el género opuesto antes de la Misión. Pete es su primer omega (si las cosas salen bien, será el único), así que su compañero quiere asegurarse de que está tomando notas.   

Bradley al fin se corre con un estertor y se apresura a salirse de Pete, dedos alrededor del condón. El omega hace un ruidito de protesta.

-¿Quieres más cariño? -ríe Bradley y le da un besito en el pecho sudoroso.

-Jake -el omega alza los brazos para agarrarle la cara- Por favor, no me dejes colgado.

-Tus deseos son órdenes -responde vehemente.

Bradley mantiene el control durante la segunda cópula. Le pone el condón a Jake, ayuda a Pete a sentarse a horcajadas sobre su erección, guía las manos del alfa hacia el lugar perfecto en la cintura donde puede ayudarle al omega a cabalgar sin quitarle el control. Ocurre naturalmente, no hay un enfrentamiento, es simplemente que Bradley sabe cómo satisfacer a un omega y quiere asegurarse de que Jake no la cague ahora.  

Nunca revisaron esos roles.

Cuando dejaron de usar preservativos, Jake se encontró disfrutando especialmente por el hecho de entrar en Pete después de Bradley. No solo era la suavidad que proporcionaba la lubricación extra de un canal donde ya el otro alfa había dejado su semilla. Era la idea. La idea de sumergirse tanto en Bradley como en Pete, de estar rodeado de ambos mientras envestía las caderas del omega y sentía las manos del alfa por todo su cuerpo.

Siempre pensó que era lo más cerca que estaría jamás de la cópula simultánea ideal.

Ahora

Esta noche, por única vez, Pete lo ofrece acercase al sueño, al ideal de la normalidad que la sociedad ha martillado en sus cabezas. Él mismo lo dijo, ¿no? Quiere una única cúpula “como debe ser”.

Decidido, Jake pone una mano en la parte baja de la espalda de Pete y lo empuja suavemente, haciendo que se incline sobre Bradley. Luego separa sus nalgas y tira muy despacio del consolador. Pete hace un ruido inarticulado y tensa los músculos, empujando el objeto fuera de si. Se sacude cuando el juguete empieza a moverse.

Bradley lo estrecha y le da un beso en la frente.

-Eres maravilloso -susurra y luego le da un beso para ahogar el sollozo que le provoca la salida definitiva del dildo.

Jake tira el objeto a un lado y observa, perplejo, cómo el ano de su esposo se queda ligeramente abierto y goteando. Se parece un poco al coño del omega hacia el final del celo -Pete es exigente en sus días habituales, durante el celo es simplemente insaciable-, cuando han copulado tantas veces que ya sus labios se quedan exangües, dejando ver la vagina de la que escurre semen y lubricante.

-Me estoy haciendo viejo aquí, Seresin.

¡Oh! Cuando dice su apellido es porque está definitivamente al límite. El alfa se mueve sobre sus rodillas para pegarse a sus esposos y guía su erección hacia el virgen canal.

Es…

-¡Oh! -exhalan al mismo tiempo Pete y Jake.

Un temblor sacude el torso del omega.

-¿Estás bien? -pregunta Bradley sin ocultar su inquietud. Claro que acepta en principio cualquier cosa que sus esposos imaginen, pero no dolor.

-Si… -jadea Pete- Es solo… inusual.

-¿Quieres que pare? ¿Quieres que me salga?

-¡No! Sigue.

Jake suelta un gruñido y sigue entrando lentamente en Pete. Cuando siente la presión inusual alrededor de todo su pene, apoya la barbilla en el hombro derecho de Pete, pone una mano en su pecho y la otra en el hombro de Bradley.

-¿Y ahora?

El omega tiene la respiración entrecortada y el sudor le empieza a correr por la frente. Su olor ha cambiado un poco, está definitivamente excitado, pero hay una insinuación de incomodidad.

-Ahora ustedes se mueven dentro de mi alternativamente y yo tengo la mejor cogida de mi vida. -indica con voz estrangulada- Al menos eso prometía el libro. -pero hay una leve vacilación en su tono.

-¡Uh! ¿Conque consultaste bibliografía? -Jake no puede evitar el tono burlón- ¿Qué clasificación tiene ese librito en el sistema de la biblioteca del congreso? ¿XXX dale duro?

Sus esposos no pueden contener la risa y eso alivia la tensión. El aroma de Pete se estabiliza. Bradley le da una mirada de aprobación.

-Bueno, teniente comandante Seresin, el vicealmirante Mitchell nos dio nuestras órdenes. Vamos allá.

-Es Mitchell-Bradshaw -aclara el omega con un chasquido de labios.

Es lo último coherente que dice en largo rato, porque Bradley se mueve y la presión adicional que genera el miembro de Jake es… El omega solo puede tirar la cabeza hacia atrás y aullar.

Antes

Jake insistió en que atendieran la preocupación de Pete sobre su fertilidad antes que todo.

Annia, la mayor de Ice, Slider y Sarah, es médico y les recomendó una clínica discreta en San Diego, especializada en salud reproductiva para uniones queer. Un lugar donde no harían preguntas sobre la configuración inusual de su relación. Porque hay mucha información seudocientífica y prejuicios dentro de la comunidad médica alrededor de las uniones no heterosexuales. Lo último que necesitaban era que les atendieran en un sitio donde juzgaran su matrimonio en lugar de darles toda la ayuda disponible.

Uno de los mitos más persistentes es que solo la unión alfa, beta, omega puede producir un embarazo natural. Falso. Desde mediados de los sesenta quedó científicamente comprobado que lo necesario para fertilizar un óvulo es semen de dos donantes diferentes, alfas o betas. La configuración química de cada plasma seminal debe ser lo suficientemente distinta como para provocar una serie de reacciones en cadena, así es como la naturaleza previene la reproducción incestuosa. Es la sustancia resultante de estas reacciones lo que abre la cubierta del óvulo fértil y permite la fecundación.

Los atendió una doctora beta muy amable. Les mandó una serie de análisis básicos, y escuchó con atención y sonrisa comprensiva sus preocupaciones sobre la edad de Pete y el uso de anticonceptivos químicos.

-Esas inyecciones no son un problema. -dijo- Están diseñadas para tener un ciclo de vida de veinticuatro a cuarenta y ocho horas, por eso se deben administrar diariamente. Tu sistema las procesará en menos de una semana, Pete. Respecto a tu edad. Por lo que me dices tus ciclos no han cambiado.

-No -confirmó el omega.

-Entonces no hay síntomas de climaterio. Las razones por las que la vida fértil de las personas es más larga, o más corta, aún son un misterio para la ciencia. Se especula que, además de los factores genéticos, el estilo de vida impacta. Tu eres un omega extremadamente sano, Pete. Tu cuerpo tiene índices de desempeño correspondientes a los de una persona menor de cuarenta años. Los exámenes de Jake y Bradley muestran conteos de esperma de buen nivel. Eso significa que, en principio, ustedes tres no necesitan ayuda externa para empezar un embarazo.

Pete tenía cada mano entrelazada con una de las manos de sus novios, y se la apretó convulsivamente.

-¿En serio? -preguntó con voz esperanzada.

-En serio. Eso no garantiza que te quedes embarazado en tu próximo celo, por supuesto. Dense tres ciclos de margen. Si para entonces no ha ocurrido nada, haremos investigaciones más específicas.

Tres ciclos son aproximadamente cuatro meses y medio. Solo han pasado diez semanas desde que dejaron de usar anticonceptivos, todo parece indicar que… Pero no hablan de eso porque Pete no habla de eso y han decidido, tácitamente, que, si él no inicia la conversación, ellos tampoco lo harán. Después de todo, podría ser solo estrés. Es innegable que las últimas diez semanas han sido frenéticas. Tenían que planear la boda - Penny los amenazó con muertes lentas y dolorosas sino hacían la fiesta en el Hard Deck-, aceptar sus promociones -Bradley y Jake a tenientes comandantes, Pete a contralmirante-, entrenar con las Dagas y renovar la vieja casa Bradshaw -es la primera vez que Bradley ve lo que puede hacer el dinero de la herencia Seresin.

La boda fue un éxito. En parte gracias al largo y convulso historial militar de Maverick, las lista de invitaciones se convirtió en una bizarra mezcla entre reunión familiar y evento de reencuentro para varias generaciones y ramas del Departamento de Defensa y la comunidad de inteligencia. A pesar de que solo anunciaron el evento con dos meses y medio de antelación, la gran mayoría de las personas confirmó asistencia.

El bar se desbordó. Después de las partes obligatorias de los discursos y el primer baile (“Can´t Help Falling in Love” por Elvis Presley, los clásicos son clásicos por algo), todo el mundo empezó a bailar y una parte de la celebración se extendió naturalmente a la playa.

No se quedaron hasta muy tarde. En cuanto Pete dio señales de estar agotado, se apresuraron a realizar el ritual del último baile (“All of Me”, porque debemos reconocer que no hay perfección, sino aceptación) y lanzar del ramo antes de irse. Sorpresivamente, el callado Bob dio un salto digno de Michael Jordan y lo agarró. Inmediatamente se giró hacia Natasha con gesto decidido y… digamos que esta boda no será recordada solo por la pasión de Mav, Rooster y Hangman.

Pete se duerme en el viaje de veinticinco minutos entre el bar y Rancho Valencia, donde pasarán su luna de miel. Ese fue el regalo de la Corona Británica, que nunca ha olvidado su rol en el rescate de la Princesa Meghan. Los precios del exclusivo resort dejaron sin aliento a Bradley. Jake, criado en la opulencia, solo puso cara melancólica. Pete se encogió de hombros y dijo algo sobre cosas que debes aceptar sin cuestionarte.

Mientras el omega respira suavemente con la cabeza apoyada en el pecho de Bradley, el alfa estira una mano para estrechar los dedos de Jake, afectuoso. Los dos alfas se miran, felices. Este es el inicio del resto de sus vidas.

El auto se detiene. Jake sacude suavemente el hombro del omega.

-Pete, amor, despierta.

Pete mueve un poco la cabeza, se aparta de Bradley, pestañea varias veces y se frota el rostro con las palmas de las manos para espantar la modorra.

-¿Ya llegamos?

-Si.

Jake sale del auto y le tiende una mano a su esposo para ayudarlo a salir. Bradley les sigue. Ve por primera vez el entorno y contiene el aliento.

Los postes de alumbrado público permiten ver un camino de tierra que se pierde entre los árboles y nada más. La ilusión de aislamiento es casi perfecta. Aunque Rancho Valencia no está muy lejos de la ciudad, la cuidadosa disposición de arboledas y caminos estrechos genera un entorno privado, perfecto para una escapada de fin de semana o una luna de miel.

Frente a ellos hay un muro con una puerta de acceso de madera elegantemente tallada. Del otro lado está la residencia donde se quedarán esta semana, La Hacienda. De acuerdo con la descripción de la web, es una magnífica casa de adobe estilo siglo XIX, pero con las comodidades del XXI. Los más de cuatrocientos metros contienen sala de estar, oficina, tres suites independientes, cada una con un baño privado de lujo, una cocina completa y bien surtida -para que no tengan que salir a nada-, piscina y yacusi. Todas las habitaciones tienen chimeneas de leña -meramente decorativas en junio-. A Bradley se le quedó grabado un detalle: “bañeras profundas”. Su imaginación vuela desbocada por esa sugerencia.

-¿Vamos? -dice y mueve la barbilla hacia la casona.

Pete toma de la mano a sus esposos y avanza con paso decidido hacia la entrada de La Hacienda.

Un caminito de lozas se abre a un patio rodeado de nomeolvides y galanes de noche, que mantienen perfumada el área. A la derecha una fuente emite un susurro leve, arrullador. Del otro lado está la puerta principal.

Ninguno de los tres presta atención a la elegante decoración de la casa. Se fijarán en los muebles de madera y detalles de diseño coloridos mañana, o acaso pasado mañana. El control que mantuvieron durante la ceremonia desaparece en cuanto la puerta se cierra a sus espaldas. Son una confusión de brazos y bocas. Son seis pies que se luchan por mantener el equilibrio contra la pared. No lo logran. Caen al suelo junto ahí mismo y evitan una contusión o moretón de puro milagro.

-¿Por dónde…?

-A la derecha, después de la cocina -responde Jake con un jadeo, mientras lucha por abrirle la camisa a Pete.

El omega se levanta de un salto. Sus ojos tienen un brillo entre divertido y calculador que lo hace aún más deseable. De repente suelta una risa pícara y sale corriendo. El aroma agridulce que deja atrás excita y confunde a sus esposos, así que tardan unos segundos en reaccionar, levantarse torpemente y echar a correr tras él.

Cuando llegan al dormitorio, ven sus bolsas, traídas por el servicio en la tarde, pero no a Mav.

Se miran, confundidos.

-¿Pete? -llama Bradley.

No hay respuesta. Vuelven a barrer la habitación con los ojos. Es grande, pero no hay muchos muebles. El espacio está dominado por una cama espaciosa, que serviría lo mismo para las diversas combinaciones del sexo que para acomodar un matrimonio y una pareja de nenes en una noche familiar.

-¿El baño?

Siguiendo la sugerencia de Jake, retroceden hacia el cuarto de baño, unos metros antes en la galería. El interior es lujoso, con un tocador de mármol gris pizarra cuyos bordes redondeados y altura no pueden ser casuales. La bañadera es una pieza gigantesca de mármol blanco, ancha y profunda, definitivamente decadente. Pero su esposo no está sumergido a medias en agua tibia y olorosa. Tampoco está en los otros dos espacios separados para ducha e inodoro.

Cuando ya los dos alfas empiezan a temer que algo horrible y confuso ha ocurrido, sienten el sonido de otro inodoro que se descarga.

¿Qué diablos?

Salen al pasillo. A la derecha hay otra puerta, su ornamentación es más discreta, pero tiene el mismo color verde de la entrada al baño principal. No se fijaron en ella al pasar porque está antes de la puerta del dormitorio. Seguramente es un tocador que corresponde a la cocina.

-¿Mav? -vuelve a llamar Bradley.

-Salgo en un momento -responde el omega, pero su voz suena tensa, entrecortada.

-¿Estás bien?

Un objeto de cristal cae al suelo con estrépito.

-Si, Jake, estoy bien. -y esta vez lo dice con tono duro, fastidiado- No soy una muñeca de porcelana.

Los esposos intercambian miradas de sorpresa y desconcierto. ¿A qué se debe el repentino cambio de humor? En el interior del tocador suena una alarma. Y luego…

-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

-Pete, por favor…

Bradley no llega a terminar la frase. La puerta se abre. Pete está despeinado, pálido, con ojos temerosos. Extiende una mano con la palma abierta hacia arriba. Sostiene un rectángulo blanco del ancho de un dedo y menos de diez centímetros de largo. Por el centro le corre una hendidura y en los extremos dice, en letra muy pequeña, “blanco – negativo” y “azul -positivo”. La hendidura está teñida de azul casi hasta la mitad.

-¿Eso es…? -jadea Jake.

-Si -confirma con voz llorosa.

-¿Amor…? -Bradley se apresura a abrazarlo, pega la cara de su esposo en el hueco de su cuello y trata de calmarlo con su esencia- Pete, no llores, corazón. Hay opciones si no quieres…

El omega le da un empujón que lo lanza contra la pared contraria.

-¿¡Cómo puedes decirme eso!?

-Vamos a calmarnos.

-¿Calmarnos? -Pete se vuelve hacia Jake con ojos brillantes de furia- ¿Ahora tu también me vas a decir que debo abortar?

Bradley suelta un gruñido, claramente ofendido por la implicación. Jake lucha por mantener el pánico a raya, pero esto se está saliendo de control rápidamente.

-Por supuesto que no te vamos a decir lo que debes o no hacer, Pete. -y se felicita porque su voz no tiembla- Somos tus esposos, te apoyaremos en cualquier decisión que tomes. -le da una mirada imperativa a Bradley- ¿Cierto?

-Por supuesto. Es solo que…

-¿Qué? -demanda Pete radiando disgusto.

-Que no has querido hablar de esto aunque notamos los síntomas desde hace semanas. Y ahora nos presentas la prueba de embarazo todo lloroso. Yo creí…

-Nosotros creímos -interviene Jake-, que habías cambiado de idea. No estás en absoluto obligado a gestar a nuestra prole, Pete. Es tu cuerpo, es tu decisión.  

-Oh -la expresión del omega pasa del enojo a la sorpresa en segundos. Se limpia las mejillas con el dorso de la mano- Supongo que… -suspira- Volví a saltar a conclusiones.

Bradley bufa.

-Brad -advierte Jake.

-¿Qué? ¿Tengo que soportar violencia física también? Pete, no puedes seguir asumiendo lo peor de nosotros. Esto es un matrimonio, no un elaborado complot para encarcelarte. Te amamos.

-Yo sé, yo sé que me aman. Ese es el problema.

-¿Perdón? -Jake está perdido ahora.

-Ustedes dos son jóvenes, son idealistas, creen que el amor es más fuerte que los prejuicios. Si yo quiero algo ustedes… salen a hacerlo sin pensar en el resto del mundo. No soporto ver cómo ponen en peligro sus carreras por mí. Sigo esperando el momento en que se darán cuenta de que mi coño no vale tanto.

-Ay, amor -gime Bradley y abre los brazos.

Pete lo detiene con un gesto.

-Tomé le prueba de embarazo porque pensé que sería un lindo regalo de bodas, pero mientras esperaba me puse a pensar que debo tener ya cuatro semanas. No habrá modo de ocultar que esto -señala vagamente su bajo vientre- empezó antes de que nos casáramos. -se abraza a si mismo, avergonzado.

-¿Y qué? Estamos en el siglo XXI, Pete. -la voz de Bradley refleja el cansancio de quien no entiende a qué se debe todo este espaviento- Toda la gente que nos importa sabe que estábamos viviendo juntos y que la boda fue una formalidad, una celebración.

Pero Jake contiene el aliento porque recuerda que hay un aspecto de sus vidas en que la fecha de concepción importa.

-¿Estabas pensando en mi herencia?

El omega hace un gesto de asentimiento mínimo.

-Lo siento de verdad, pero tengo la edad que tengo, Jake. No puedo prometerte que habrá una próxima vez.

-No Pete, ¡no! -se apresura a envolverlo entre sus brazos- Soy yo quien te debe una disculpa. No te lo conté porque quisiera…

-¿De qué están hablando ustedes dos?

-¿No recuerdas los términos del testamento, Bradley? Si tengo un hijo antes de los cuarenta años, la asignación de un millón de dólares anuales del conglomerado se extendería hasta que cumpla dieciocho años. Si no, me liquidarán mi parte de la herencia dentro de nueve años. Pero tiene que ser legítimo, o sea, concebido dentro del matrimonio. -besa la frente de su esposo- Yo no quiero ese dinero, Pete. No quiero que nuestra prole lleve el apellido Seresin o esté atada a mi familia. No les quiero cerca de ti ni de nuestros bebés.

-¿De verdad? -pregunta el omega con voz todavía ansiosa.

-De verdad, amor. Ya tengo más dinero del que vamos a necesitar el resto de nuestras vidas. Y mis hermanas no podrán revertir los cambios que les obligué a incorporar en la empresa. Crear una familia con ustedes dos, hacer avanzar el clan, ser el nuevo Maverick, eso es lo que quiero para mi futuro.

-El nuevo Maverick, ¿eh? -Pete no puede contener la sonrisa.

-Bueno, no nos casamos con él por su modestia -comenta Bradley mientras se suma al abrazo- Entonces, ¿es oficial? -y desliza una mano hacia el vientre del omega.

-Si. Vamos a tener uno o dos bebés en ocho meses.

-¿Dos? -Jake alza las cejas, asombrado. ¿Cómo puede Pete saber eso?

-Las probabilidades de embarazos múltiples aumentan un cincuenta por ciento si los dos espermas son del mismo género. Además, hay antecedentes de gemelos en mi familia.

-Entonces tenemos que celebrar doblemente.

Pete levanta la cara, le responde a Bradley con tono falsamente escandalizado y ojos juguetones.

-Teniente comandante Bradshaw, ¿pretende usted satisfacer su lujuria conmigo?

-Es Bradshaw-Mitchell, sepa usted y -levanta a Pete en sus brazos, el omega suelta un ligero chillido de sorpresa- no es lujuria, es amor.

Se aparta de la pared, gira, mira a su otro esposo por encima del hombro.

-¿Jake?

El alfa parpadea. ¿De verdad quiere hacer esta parte del ritual? Es absolutamente ridículo que el alfa cruce el dintel con su omega en brazos y el beta a sus espaldas. La heterosexualidad incluye las praxis más bizarras y retrógradas.

-Puedo caminar hasta la habitación nupcial perfectamente con mis propios pies.

Bradley tuerce los ojos.

-Y Pete también puede. Además, tienes una tonelada de dinero, no seré tu proveedor. Pero te has unido a nuestro clan. Tu fuiste quien hizo que hablara con Pete. Estamos aquí gracias a ti. Déjame darte esto. Déjame ser tu alfa en brillante armadura por unos minutos.

Jake ladea la cabeza, cuando lo pone así.

-Okey.

Se sube a la ancha espalda, cruza las piernas alrededor de su cintura para estabilizarse.

-Adelante, mi alfa, llévanos al lecho nupcial y celebremos… -las risas burlonas interrumpen su ridícula arenga- Vale, solo camina que quiero cogerme a mi esposo.

Ahora

Bradley y Jake nunca pensaron que podrían aplicar su capacidad de coordinación en la cama con Pete, pero aquí están. Entran y salen a compás de su esposo, la habitual sensación de la presión alrededor de sus miembros se multiplica esta vez al sentirse mutuamente a través del cuerpo que los acoge. Es casi abrumador, y deben recurrir a toda su voluntad para no derramarse en los primeros minutos. El omega se agita entre ambos, totalmente incoherente por el placer. Solo emite gañidos agudos, que tomarían como señal alarma si no fuera porque Pete tiene la mano derecha como una garra en el hombro de Bradley y el brazo izquierdo curvado hacia atrás, dedos extendidos y uñas clavadas en la espalda de Jake.

Es Pete quien se corre primero. Lo anuncia con un aullido especialmente intenso. Inmediatamente sus brazos caen laxos a los lados de su cuerpo y apoya la frente sobre un hombro de Bradley. Los alfas se miran y aumentan la velocidad de sus embestidas resoplando y gruñendo. Bradley se derrama en el coño del omega y sentir las contracciones de su miembro lanza a Jake al precipicio.

Poco a poco regresan a la realidad.

Jake se ocupa de Pete. El omega gimotea un poco cuando le limpia los restos de semen y lubricante del trasero, pero no parece haber sufrido ningún daño significativo. Bradley tira a un lado las sábanas manchadas y acondiciona la cama para dormir. Como de costumbre, se ponen a cada lado de Pete. El omega se mueve hasta quedar con la espalda pegada al pecho de Jake y la frente apoyada en el cuello de Bradley.

-Si -murmura, chasquea los labios y empieza a mover las manos-, es mío.

Sus esposos intercambian miradas confusas. ¿A qué se refiere?

Pete por fin encuentra lo que buscaba. Tira de una mano de cada esposo y las lleva a su vientre.

-Lo tengo, al fin. -anuncia con voz amodorrada- No lo voy a perder.

-¿Un bebé?

-No seas tonto, Brad. Tengo un triángulo perfecto.

FIN

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28 de agosto de 2024

Felices juntos 09

San Diego, 20 de junio de 2016: Brindamos por vuestra felicidad


Resumen:

Discursos en la boda de Jake Seresin, Bradley Bradshaw y Pete Mitchell.
1 Javier “Coyote” Machado
2 Natasha “Phoenix” Trace
3 Henry Neven-Wolfe

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Fandom: Top Gun (Movies)

Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw/Pete "Maverick" Mitchell/Jake "Hangman" Seresin, Tom "Iceman" Kazansky/Ron "Slider" Kerner/Sarah Kazansky, Leonard "Wolfman" Wolfe/Rick "Hollywood" Neven

Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Javy "Coyote" Machado, Natasha "Phoenix" Trace, Leonard "Wolfman" Wolfe, Rick "Hollywood" Neven, Personajes originales

Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega, depresión, sexismo, DADT, Homofobia, Derogación de DADT

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1 Javier “Coyote” Machado

 


-Es un gusto estar aquí, en este lindo salón, celebrando la boda de mi mejor amigo, mi hermano de otro útero, Jake Seresin. ¡Ya era hora! Quiero decir, todos saben que has estado poniéndole ojitos de carnero a Bradley desde que notaste su… talento en Corpus Christi hace ya ocho años. No vale la pena hablar de eso. En cambio, tu historia con Maverick…

En la mesa principal del salón, a Jake se le empieza a poner rojo el cuello.

-Déjenme contarles. Todo empezó una tarde durante nuestro segundo año en la Academia Naval. Estaba en mi habitación, texteando con mis futuras esposas, cuando Jake entra con tremenda con paso decidido, me mira con ojos muy abiertos, abre los brazos y dice.

-Creo que no soy gay.

Solté el teléfono y me abalancé a la puerta, asustado. Abrí muy despacio. No había nadie en el corredor. Cerré con mucho cuidado y dije en voz alta.

-Claro que no eres gay, Jake. No seas ridículo.

Hice una de esas risas falsas, ustedes saben, como cuando el pastor hace un mal chiste a mitad del sermón. Si, esa misma Omaha, muchas gracias. Ya sabemos que no debemos ir a tu iglesia. Volviendo a esa noche en la Academia. Mesenté a su lado para poder hablarle bajito y recordarle la importancia de la discreción, a menos que quisiera que lo DADT-aran más rápido que lo que se ensucia un comedor escolar cuando lo noté: apestaba a alcohol.

-¿Has estado bebiendo?

Se encogió de hombros y se sentó en la cama.

-Un poquito. Es que estoy tan feliz, Javy. Me he enamorado de un omega.

-Ajá. -no podía contener mi escepticismo.

Jake era tan, pero tan gay en esos días. Gay de escuchar a Britney Spears, Cher y Michael Bolton para estudiar. -El salón estalla en carcajadas- Gay de que sus películas favoritas eran “Interview with the Vampire”, “Brokeback Mountain”, “The producers”, “Alphas Prefer Them Blondes” y el original francés de “The Bird Cage”. -Jake se cubre la cara con las manos y Pete le pone una mano en el hombro afectuoso, con una sonrisita burlona en los labios- Gay de poder discutir por horas sobre el simbolismo oculto en los filmes de las hermanas Wachowski.  

-Verdad, verdad -confirma María José mientras sus hombros se convulsionan de la risa.

-¿Ven? Mis esposas no me dejarán mentir. Yo tengo una familia grande, claro que tengo parientes homosexuales, pero nunca había compartido habitación con un alfa gay. Créanme, nunca, nunca he tenido tanto miedo de decir algo equivocado sobre los pectorales de Brad Pitt. Así que no podía creerlo. Pero, me dije, cosas más raras se han visto, por ejemplo, las nuevas pelis de “Star Wars”.

-A ver, Casanova. ¿Quién es ese omega que te ha hecho regresar al buen camino?

Me mira con ojos soñadores y se saca de la bolsa de mensajero que llevaba al hombro el número de otoño de 2006 de “Marine Times”. En la portada, a todo color y sonriente… ¿Recuerdan quién estaba en esa portada?

Ahora es Pete quien siente sus mejillas arder y se concentra en el patrón del mantel de su mesa. De repente Patrick, el esposo beta de Merlín, suelta un gemido que se convierte en risotada.

-Y alguien lo recordó. Si, era el comandante Pete Maverick Mitchell en la cubierta de la revista ese mes, fresquecito de ayudar a rescatar a la princesa Meghan de las garras del talibán. -se gira hacia la mesa principal- Debo admitir, cuñado, que te veías muy bien. Pero este discurso no es para comentar tu increíble atractivo, es para avergonzar a mi hermano. Como iba diciendo, Jake está en el séptimo cielo, se deja caer en la cama mientras yo trato de procesar aquello. Porque…  Bueno, no me parecía razonable que un alfa de casi veinte años desarrollara un enamoramiento por una celebridad como si tuviera catorce, por muy heroico que fuera Pete. Traté de razonar.

-Está totalmente fuera de tu liga.

-No, no. Ahí dice que tenemos muchas cosas en común. -tenía esa cara de convencimiento total que solo pone la gente borracha- Como que somos pilotos y nos gustan las motocicletas. Esa es mi entrada.

-También dice que es amigo de Tom Iceman Kazansky -porque yo también había leído el artículo, para qué negarlo.

-Si. ¿Y qué?

-¿Cómo que y qué? Eso es código para una de dos cosas, tonto, amante o hermano juramentado. En cualquiera de los dos casos, Kazansky mandará tu culo a la Antártida si miras a Maverick por más de cinco segundos. Eso en el escenario remoto en que cruces tu camino porque…

Pero no pude seguir explicándole todo lo que estaba mal con su enamoramiento porque se había dormido. Ustedes saben que los borrachos se duermen así, de repente. Así que Jake estaba durmiendo la mona y yo preocupado. A la mañana siguiente no recordaba nada. Pensé que eso sería todo, que lo olvidaría. Pero dos años después, estamos en la escuela de vuelo de Corpus Christi y Jake le pone los ojos encima a Bradley Bradshaw. Su cara era un poema. Pensé, diablos, tal vez habría sido mejor que le hiciera un altar a Maverick y le escribiera cartas con corazoncitos pintados.  El resto, como sabemos, es historia. Resulta que Jake es un suertudo que le hizo ojitos a Rooster y a Maverick, y vivió para contar el cuento. ¿Bradley?

-¿Si? -responde el alfa.

-Si le rompes el corazón a mi hermano, te mato.

-¿Maverick?

-¿Si?

-Si mi hermano te hace sufrir, me avisas. Somos de Texas, sabemos cómo deshacernos de un cuerpo.

-¡Javi! -se queja Jake entre hipidos de risa- Se supone que eres mi hermano.

-¡Cállate Jake! Te casaste con una leyenda, asume las consecuencias. Cuida bien a ese omega, es lo mejor que te va a pasar en la vida. -se gira hacia el salón- Así que alzo mi copa por ellos en el primer brindis de la noche. Celebremos a Jake Seresin, Bradley Bradshaw y Pete Mitchell, porque su unión sea larga, próspera y fértil. ¡Salud!

 

2 Natasha “Phoenix” Trace

 


Voy a ser breve, porque las palabras nunca se me han dado bien.

Bradley y yo somos amigos desde la escuela de vuelo en Corpus Christi. Él era un alfa grande, musculoso y refunfuñón. Yo era una omega pequeña, fibrosa y bocazas. Una pareja hecha en el cielo. Nuestras interacciones consistían mayormente en señalar nuestros errores en forma de pullas, competir en el aire y comer mucha, mucha comida basura viendo filmes protagonizados por Tom Cruise. -hace una pausa y señala con el pulgar a Pete- Ahora entiendo por qué. -el público ríe- Esa relación un poco complicada hizo creer a otras personas que podían…. No voy a decir seducirnos, porque la verdad todo era muy desagradable, pero algo así como atraparnos. Así que de repente Bradley me defendía de alfas atrevidos y yo a él de omegas buscando ascender en la Marina mientras trabajaban en posición horizontal. ¿Entienden lo que les digo? Sobra decir que ni él ni yo estábamos interesados, pero eran los tiempos del DADT. Explicarlo no era una opción. Así que decidimos empezar a tomarnos de las manos mientras nos ofendíamos, para que la gente creyera que éramos una pareja un poco tóxica en busca de un beta. Era la cobertura ideal, porque ya nos peleábamos y nos conocíamos tan bien como una pareja vieja y malhumorada, ¿no, Rooster?

El aludido asiente con expresión divertida.

-Claro que hubo una persona a la que nunca engañamos, Jake Seresin. En cuanto Jake y Brad cruzaron miradas en Corpus Christi, supe que su sombra nos seguiría hasta el fin del mundo. Tendrían que haber visto cuánto y cómo hablaba Brad de Jake. Sus comentarios en clase, cómo hablaba con el equipo de mecánica, su modo de subir al avión y hasta su modo de comer. Todo era material para que Rooster se quejara. No paró cuando nos mandaron a distintos escuadrones. Brad seguía los chismes y estaba al día de los progresos de Hangman. Era interminable. Era obsesivo. Era insoportable. Lo juro, Brad, lo más cerca que estuviste de morir no fue durante nuestra misión en noviembre pasado, sino ese fin de semana de marzo de 2010, cuando supimos que Jake había derribado un avión enemigo. ¡No paraba de hablar!

Me fastidiaba por dos razones.

La primera. Me di cuenta pronto de que su tan cacareada preocupación por las maldades de Hangman no era más que tensión sexual. Pero Jake es un alfa, estábamos atados de pies y manos. Rooster, lo que me hiciste rayaba el sadismo. Te aprovechaste de mi silencio obligatorio para usarme como audiencia cautiva de tus sublimadas fantasías sexuales. ¡Me debes una disculpa!

La segunda. Sabemos que Jake Seresin es un cabrón, y cada vez que coincidíamos actuaba como tal. Paseándose despacito delante nuestro, hablando bajito al oído de Coyote, sus miradas siempre un segundo más largas de lo normal, sus ojos verdes apenas un poquito más intensos cuando pasaban por encima de Brad. Lo provocabas, lo sé.

Debo admitir, Jake, también encontraba gracioso que, aunque eres un tipo famoso por su desdén hacia el resto de las personas, tu siempre estabas consciente de la presencia de Brad. Cuando entrábamos a cualquier lugar donde estuvieras, lo notabas. No importa si estabas conversando con otra persona, si había música, si estabas de espaldas. La espalda se te enderezaba un poquito, tu cuello se estiraba. Bradley Bradshaw era el sol de Jake Seresin, el girasol más presumido de la Marina de los Estados Unidos.

La noche del 20 de septiembre de 2011 se hizo oficial la derogación del DADT. Estábamos en Roma. Casualmente, tu también. En cuanto te vi entrar al bar con Machado y otros dos marines me dije, “Al fin, diablos. Brad se sacará esa espina.” Ilusa que soy.

Rooster y Hangman, por separado eran una espina en mi costado. ¿Después de esa noche que pasaron juntos? Eran un jodido dolor de culo más fuerte que si te golpearan con un misil. Ahora las diatribas alternaban poesía sobre los atributos de Jake y quejas infinitas sobre su distancia emocional. Cualquier insinuación de que podía, ¿no sé?, ¿hablar de sus sentimientos con el maldito alfa? Eran rechazadas con una mezcla de pánico y sonrojos dignos de alguien con la madurez emocional de trece años. Al menos a partir de ese momento tuve a Coyote para compartir el sufrimiento. Lloré en su hombro por la estupidez de mi mejor amigo. El lloró en mi hombro por la imbecilidad del suyo.

Así llegamos a noviembre pasado, cuando nos convocaron a North Island para una misión muy muy secreta, de la que todo el mundo en este salón sabe, pero de la que no podemos hablar. De todas maneras, la misión no es lo importante, sino el instructor de la misión. Nada más Maverick nos pasó por al lado, la cara de Rooster cambió. Me quedé extrañada, porque era la expresión y actitud que hasta entonces solo le había provocado Hangman. Unas filas por delante, noté que a Seresin se le había caído su eterno escarbadientes de madera de la boca y observaba sin recato alguno en trasero del capitán. ¿Cuándo volaron por primera vez contra Maverick? ¡Nunca los había visto tan fuera de sí!

Al mismo tiempo, como espectadora interesada me asombró el nivel de empecinamiento al que puede llevar la negación. Toda la escuadra podía ver lo bien que se complementaban, en tierra y aire. Encajan perfectamente el uno con el otro y eran demasiado tontos para darse cuenta. Habría sido romántico sino fuera porque nos estábamos jugando la vida y nadie tenía necesidad de dramas adicionales. Así que lo admito, cuando se abrazaron en la cubierta del USS Roosevelt solté un suspiro de alivio porque estaban vivos, pero también porque vi cómo se rompían los muros internos de mi amigo.

Esa dureza, esa oscuridad que te había acompañado, Bradley, desde que nos cruzamos en Corpus Christi y te impedía aceptar todo lo que Jake podía darte cedió al fin. Le debo a Maverick y Hangman que te abrieran el pecho y pusieran tu corazón al sol. Por eso estaré en deuda con ustedes dos toda mi vida.

Este es el segundo brindis de la noche. Celebremos a Bradley Bradshaw, Pete Mitchell y Jake Seresin, que nunca os falte el fuego, que nunca dudéis de vuestros cónyuges, que el miedo nunca empañe vuestros ojos. ¡Salud!

 

3 Henry Neven-Wolfe

 


-Quiero compartir con ustedes dos historias, una protagonizada por Pete y Bradley, la otra con Bradley y Jake. Aunque este es el tercer discurso, quiero aclarar que no coordine qué diría con Javier Machado o Natasha Trace. Es solo que estos tres son… ¿Cómo dijiste Phoenix?

-¿Un dolor de culo más fuerte que si te golpearan con un misil?

Henry contiene a duras penas la risa.

-No, lo otro.

-Ah. ¿Que encajan perfectamente el uno con el otro y eran demasiado tontos para darse cuenta?

-Si, eso mismo. Bueno, la primera historia.

Henry se muerde el labio inferior y le da una mirada tímida a Maverick. Luego respira hondo y se gira hacia el salón con expresión decidida.

A finales de mayo de 1993, Grant, mi hijo mayor, tenía dos años, y Dinah tres meses de nacida. Rick y Leonard habían pasado dos semanas conmigo después del parto y habían regresado a sus puestos en… algún lugar. -le clava los ojos a su beta- ¡No me digas dónde, Wolf! Eso no es lo importante. Lo importante es que yo estaba solo. Para los más jóvenes, esto fue antes de los teléfonos móviles, así que mis esposos me llamaban cada dos semanas, cuando les correspondía en la rotación del barco. Ice, Slider y Mav estaban juntos en otro barco, así que Pete hablaba con Carole cuando ellos llamaban a San Diego y usaba sus turnos de teléfono para llamarme a mí. Un día a fines de mayo entra la llamada de Pete y me pregunta, ustedes saben, lo usual.

-¿Cómo va todo?

Estaba sentado en la cama, teníamos un espejo justo a la derecha, levanté los ojos y me vi. Tenía ojeras, los labios cuarteados, mi pelo era un desastre, la barriga del embarazo aún no desaparecía y caí en cuenta de que no me había duchado en tres días. Algo se rompió dentro de mi y no pude seguir mintiendo como había estado mintiéndole a mis esposos y a mi amigo por meses. Empecé a sollozar.

-¿Henry? -insistió Pete.

-Esto es horrible. -admití al fin- Ya no puedo más. Estoy solo en esta casa nueva. Es un barrio tan elegante que solo puedes ver a tus vecinos con telescopio, así que no puedo pedir ayuda a nadie. Y no puedo contratar una niñera porque tenemos la hipoteca de la casa. Y yo sé, yo sé que le dije a Rick y Leo que podía hacerlo, pero creo que no puedo Pete. Estos niños nunca se duermen al mismo tiempo, Dinah siempre está colgada de mi, Grant está celoso. Lloran sin parar. No puedo llamar a mi mami porque está ocupada con mi padre que se está muriendo de cáncer. No puedo llamar a Sarah porque su bebé tiene un año. No puedo más Pete.

No se cuántas cosas vomité en esa llamada. No pueden haber sido muchas, porque la Marina solo permitía llamadas de hasta siete minutos. No lo sé. Pete no me interrumpió. No trató de razonar conmigo. No trató de darme soluciones desde el otro lado del mundo. Solo escuchó. Cuando sonó el pitido de advertencia de que iban a cortar la llamada me dijo.

-Aguanta un poquito más, Henry. Sé que puedes aguantar un poquito más.

Me tragué los mocos, me limpié las lágrimas con el dorso de la mano y respondí.

-Si, claro que puedo aguantar un poquito más.

La llamada terminó. Honestamente, no le di mucha importancia. Pensé que aguanta un poquito más se refería a soportar otra semana. Poner un pie delante del otro. Somos omegas, estamos hechos para proteger y sufrir.

Cinco días después tocan a mi puerta a las ocho de la mañana. Fui a abrir maldiciendo, con Dinah en los brazos y Grant tambaleándose detrás de mí. Porque quién coño podía ser si no tenía programada ninguna entrega. Grant amplió mucho su vocabulario en esos meses. ¡Espero que te sirviera cuando entraste a la Academia, cariño! Abro la puerta y me encuentro a Pete Maverick Mitchell, sonriente, con una mochila a la espalda, el pequeño Bradley Bradshaw agarrado de una mano y una maleta en la otra.

-¿Qué…? ¿Qué haces aquí?

Me sonrió con esa sonrisa suya que ilumina un estadio.

-Traje a Bradley a conocer a sus primos.

-¡Vinimos a pasar el verano contigo, tío Henry! -anunció Bradley muy entusiasmado.

Henry se gira hacia la mesa principal con los ojos arrasados de lágrimas.

-¿Recuerdas ese verano en Austin, Brad?

El alfa asiente, perplejo, y mira de reojo a su esposo, que sigue con los ojos clavados en el mantel y una expresión como avergonzada. Si, recuerda ese verano. Fue, sin duda, uno de los mejores veranos de su vida.

Tenía nueve años. Pete apareció en la casa el mismo día que terminaba sus clases. Era un niño, no supo qué argumento usó Mav con Carole, solo que durante la cena recibió una invitación a pasar el verano en la nueva casa de su tío Henry -un omega casi tan lindo como Pete- y sus primos. Le pareció la mejor de las aventuras y al día siguiente estaban en un avión hacia Austin. Cuando llegó, se dio cuenta de que se suponía que hiciera de niñero de Grant y le pareció aun mejor. ¡Podía probarle a Maverick que sabía ser padre!

No tenía idea de que… La voz de Henry lo devuelve al presente.

Así que Pete y Bradley llegaron y, como si fuera un juego, me salvaron la vida. No es una metáfora, ni una hipérbole. Nunca te he dicho esto antes, Mav, pero estaba así -levanta la mano izquierda con el índice y pulgar extendidos, menos de tres centímetros de separación entre los dedos-, así de convertirme en otro número en la lista de omegas que, ¿cómo decían en aquellos años? No tenían el aguante para lidiar con sus bebés y elegían la salida fácil. Como si la depresión postparto y el suicidio fueran nuestra culpa. Como si el aislamiento al que nos sometía la sociedad fuera nuestra elección.

La sala está en silencio. Muchas personas, mayormente omega y betas, asienten con seriedad. Varias tratan de disimular las lágrimas o sofocan sus sollozos con servilletas.

-No hablamos de la verdadera razón entonces, ni después. Honestamente, nadie en nuestra familia tenía las palabras. No sabíamos nada de salud mental, o desigualdad estructural de los géneros. Solo lo vivíamos. Tú no pensaste, hiciste. Como siempre. Al año siguiente, cuando nació el segundo bebé de Tom, Ron y Sarah, de casualidad te sancionaron y tuviste que pasar tres meses en tierra. Tres años después, cuando nació Nessy, la segunda de Merlín, Erik y Jacob, te las arreglaste para ser algo del asistente del no se qué en la Academia y quedarte con ellos. Podía ver el patrón, podía ver que por una década sacrificaste el avance de tu carrera militar por los omegas de este clan, pero fui… No lo sé, ¿demasiado cobarde?, para decirle a Víper en su cara que no bastaba con que pudiéramos comer en la mesa con nuestros esposos y hablar sin pedir permiso. Que estar atascado en el grado de teniente comandante no era culpa suya, sino de él. Así que me queda esto, Pete, contarle a toda la gente que se ha reunido a celebrarte lo maravilloso, lo valiente y generoso que has sido toda tu vida.

Pete está llorando en silencio. Jake y Bradley lo abrazan y apoyan sus cabezas en los hombros del omega con idénticas sonrisas orgullosas. Henry resopla y cambia su postura.

-Y ese fue el verano de 1993. Saltamos veinte años en el tiempo. Es junio de 2013 y Bradley trae a casa a Jake Seresin -hace una pausa dramática-, su amigo.

Se escuchan varias risas sarcásticas por el salón.

-No mentiré, Jake me encantó desde la primera vez que lo vi. Es apuesto, es ingenioso, sabe improvisar. Ese domingo supe que no solo compartíamos el acento de Texas, también el amor por la buena carne a la barbacoa, el chili con carne y los kolaches. Es bueno con los niños y, algo que mencionó casualmente, un apasionado de las motos. Por mis esposos sabía que es igual de loco que Maverick cuando pilotea un avión. Jum, pensé, este es el alfa que estaba buscando. Porque, lo admito, en algunas cosas soy un omega chapado a la antigua. Le debo la vida a Pete, lo menos que podía hacer es conseguirle un buen esposo. Jake es el alfa, me dije. Sobre todo, podrá seguirle el ritmo a Pete porque es más joven. Sabemos que Pete es -hace una pausa- muy energético.

Pete tose, nuevamente avergonzado. Sus esposos asienten entre risas.

-Sácales el jugo, Mav -grita alguien.

-Me sentía muy orgulloso de mi análisis y se lo dije a Rick y Leonard mientras tomábamos un vinito en la cocina esa noche. ¿No sería genial que Pete y Jake coincidieran en alguno de los tantos eventos que tiene la Marina? ¿Verdad que serían buena pareja? Y luego… Me callé porque estaban intercambiando miradas. Ustedes saben, esas miradas mitad conmiseración mitad asombro, cuanto te das cuenta de que una persona del grupo no se ha enterado del chisme que ya todo el mundo conoce. Finalmente, Rick suspira y dice.

-Cariño, Jake es gay.

-¡Oh! -fue todo lo que atiné a decir.

Volví a analizar nuestras interacciones durante ese fin de semana y me sentí un poquito estafado, pero me mantuve positivo. Así que dije.

-¿Es por eso que Brad lo trajo a casa? ¿No tiene muchas amistades dentro de la Marina porque saben que es gay? ¡Brad es un muchacho tan dulce! De verdad que ese niño salió bueno y valiente.  

La sala estalla en carcajadas otra vez. Jake y Brad intercambian miradas de asombro y diversión.

-Me callé porque mis esposos estaban de nuevo con las miradas. Rick le decía a Leo con los ojos, díselo. Leo respondía, no, se lo dices tu. Así como tres o cuatro vueltas. Era como ver un partido de tenis, lo juro. Finalmente, Leo toma aire y me suelta la segunda bomba.

-Henry, Bradley es gay.

Casi me caigo de la silla.

-¿¡Qué!? ¿Cómo que Brad es gay? -se que tenía cara de idiota, pero es que eso era demasiado- ¿Desde cuándo?

Ahí ya Rick empezó a mirarme con un poquito de desconfianza.

-Desde que nació, supongo.

-Henry -me dijo Leo muy suavecito-, tú sabes que eso es de nacimiento, ¿verdad?

Bradley era gay. Bradley lo había dicho a la familia que era gay y yo ¿me había perdido el memo? Entonces me di cuenta.

-¿Bradley y Jake son novios? -pregunté muy despacio.

Mis esposos intercambiaron miradas de pánico y se encogieron, ellos también se habían dado cuenta.

-¡¿Bradley trajo por primera vez un novio a casa y le dimos macarrones con queso?!

Tenía ganas de golpear la frente contra la mesa. ¡Qué afrenta! Por la Trinidad. Jake -Henry se gira a mirar a su nuevo sobrino, su cara seria y labios tensos un contraste absoluto con las risotadas que llenan la sala-, te juro que no fue mi culpa y esos dos -extiende el brazo para señalar a sus esposos- durmieron en el sofá una semana, por torpes.

El omega espera a que se calmen un poco las risas antes de volver a hablar.

-Igual, ustedes tres no necesitaban a un omega metiche. Estaban destinados el uno para el otro y ni todo el poder de la Marina pudo mantenerles aparte. Por favor, familiares y amistades, de pie. Hagamos el tercer brindis de esta noche, para sellar este triángulo inusual, pero perfecto en sí mismo. Celebremos a Pete Mitchell, Jake Seresin y Bradley Bradshaw, que nunca os falte el fuego, que nunca dudéis de vuestros cónyuges, que el miedo nunca empañe vuestros ojos, que vuestra unión sea larga, próspera y fértil. ¡Salud!

-¡Salud! -ruge la sala.

 

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16 de agosto de 2024

Felices juntos 08

Landstuhl, 2006: Mi cuerpo, mi decisión (II)


Resumen:

-Dígales a sus superiores que pongan botas en el terreno y afinen la vigilancia aérea. Pete va a escapar de ese complejo en setenta y dos horas, más o menos.
-¿Escapar? ¡Eso es imposible! Está solo dentro de un campamento. Tiene que esperar a que inteligencia lo localice y…
-Coronel Mitsopolis -la corta Ice, que no tiene tiempo para escuchar sobre la incompatibilidad absoluta entre su amigo y la lógica-, el mensaje de ese video es claro: tres dedos extendidos y FN en morse, que significa “fin de mensaje”. No sé qué pasó. Si cambió algo en el lugar donde está, si cambió algo en él, pero el comandante Mitchell está decidido a escapar o morir en el intento.

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Fandom: Top Gun (Movies)

Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw/Pete "Maverick" Mitchell, Pete "Maverick" Mitchell/Personajes Masculinos Originales, Tom "Iceman" Kazansky/Ron "Slider" Kerner/Sarah Kazansky

Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Tom "Iceman" Kazansky

Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega, aborto, Embarazo forzado

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Iceman

Que lo llamaran a DC le indicó que había ocurrido un cambio. Esperaba que le dijeran que habían logrado reducir el áreade búsqueda a menos de doscientos kilómetros cuadrados y sesenta montañas con antigua actividad volcánica. Incluso que alguien de la vasta red de vigilancia global hubiera conseguido una pista, un chisme, un rumor en la red oscura.

La cara preocupada de la coronel Mitsopolis le indica que, sea lo que sea que pasó, no es bueno.

-El video de esta semana tiene algo inusual -anuncia Stickell sin esperar a comentarios inanes y gira la laptop en su dirección.

El escenario es el usual. Mav está sentado en una silla en el centro, con la cabeza caída hacia delante. El pelo largo, más largo de lo que jamás lo ha tenido en veinticinco años, le cae en mechones hacia adelante. Un poco atrás, de modo que no puedan verle la cara, hay cuatro guardias alfas. Uno de adelanta, le tira del pelo para obligarlo a mirar a la cámara y empieza a recitar una letanía sobre su captura, la superioridad de la lucha del califato, la degeneración moral de Occidente, que envía a sus omegas al combate en lugar de protegerlos…

La expresión de su amigo lo hace dejar de oír a su captor.

El rostro de Pete es una máscara inexpresiva, como si toda la vida y la pasión se le hubieran escapado. Tiene los párpados bajos, pero a los quince segundos empieza a levantarlos lentamente. Mira de frente a la cámara con placidez incongruente y luego empieza a sonreír. Pero el gesto no transmite nada positivo. Es, a falta de un vocabulario más sofisticado, una imitación casi perfecta de la sonrisa del Joker, e igual de perturbadora. A continuación, Mav empieza a rascarse la articulación entre el hombro y el torso de modo casual, solo con los dedos pulgar, índice y medio. Por último, pestañea un mensaje inquietante: corto, largo, corto, largo, corto.

¡Maldición, Pete!

-¿Cuándo llegó esto? -pregunta con tono frenético en lo que empieza a buscar su teléfono.

-Ayer en la tarde -informa Stickell.

Se vuelve hacia la coronel.

-¿A cuánto habían reducido la zona de búsqueda? -pregunta al tiempo que empieza a textear.

-Unos cien kilómetros cuadrados. Tenemos patrullas de la ISAF en el terreno y vigilancia satelital, pero sin la señal del transmisor de Mitchell es…

-Dígales a sus superiores que pongan botas en el terreno y afinen la vigilancia aérea. Pete va a escapar de ese complejo en setenta y dos horas, más o menos.

-¿Escapar? ¡Eso es imposible! Está solo dentro de un campamento. Tiene que esperar a que inteligencia lo localice y…

-Coronel Mitsopolis -la corta Ice, que no tiene tiempo para escuchar sobre la incompatibilidad absoluta entre su amigo y la lógica-, el mensaje de ese video es claro: tres dedos extendidos y FN en morse, que significa “fin de mensaje”. No sé qué pasó. Si cambió algo en el lugar donde está, si cambió algo en él, pero el comandante Mitchell está decidido a escapar o morir en el intento. Cybercom podrá detectar su señal en segundos en cuanto salga de la montaña, y tengo la sospecha de que también habrá muchas señales térmicas inusuales. Pueden tener las botas en tierra en menos de treinta minutos. Solo hagan su parte.

Ve que su mensaje no ha sido leído, hace una mueca, se levanta.

-¿Pero a dónde va? -reclama Mitsopolis ofendida por su brusquedad.

Se detiene, la mira sorprendido. Se da cuenta de que Max es una alfa inteligente, pero, como la mayoría de las personas, no tiene ni la menor idea de la capacidad de Maverick para salirse con la suya.

-A Alemania, por supuesto. Tengo que estar en el hospital Landstuhl cuando llegue el comandante Mitchell.

Maverick

Resulta ser que escapar de un complejo militar instalado dentro de una montaña es relativamente fácil, cuando alguien ha estado planeándolo por casi un año. La omega líder se llama Ilsa, y es en realidad una agente del MI-6. Lleva un año en esta montaña. Su misión era localizar y extraer a la omega de la celda de al lado. El asunto se complicó, por supuesto, cuando se puso sentimental y decidió llevarse a la docena de menores y cuatro omegas comunales que habitan el complejo.

Mav se encoge físicamente cuando escucha el eufemismo “omegas comunales”. ¡Qué asco de mundo! Ilsa le recuerda un poco a Ice, calculadora y decidida, pero sentimental y lista para usar su pensamiento estratégico en beneficio de personas necesitadas. Le gustaría seguir en contacto con ella cuando todo esto acabe. Duda que sus jefes se lo permitan.

Lo importante ahora es ejecutar el plan, que demanda dos personas con entrenamiento militar: una al frente, abriendose paso a tiros, otra en la retaguardia, para asegurar que el grupo se mantenga unido, cargar a la prisionera y disparar a sus perseguidores. Aunque Ilsa no espera que queden muchos vivos para perseguirlos. Será al amanecer, porque es imposible bajar de la montaña a la velocidad que necesitan en la oscuridad. Queremos escapar, Pete, no cometer suicidio colectivo. Además, justo al final de la noche es el cambio de guardia, significa que la mayoría del personal está dentro del complejo o cerca de las dos entradas. Morirán en el derrumbe, o estarán muy ocupados tratando de ayudar las víctimas.

Si. Derrumbe. El plan de Ilsa es provocar el colapso del complejo cavernario como distracción del escape y para causar el mayor daño posible a las fuerzas del Talibán. Por eso tiene que sacar al cuarteto de omegas y la docena de infantes. Ha pasado seis meses instalando pequeñas cargas de explosivos a lo largo de las galerías, que provocarán una reacción en cadena. El resto lo hará la gravedad. Claro que sobrevivirán las patrullas del perímetro, pero Ilsa cuenta con que logren bajar lo suficientemente rápido como para encontrar a las fuerzas de la ISAF antes de que los talibanes les alcancen. Saldrán por el lado opuesto de la montaña y con ventaja, tendrá que ser suficiente.

La última noche de su secuestro, Pete está súper nervioso, pero sabe que debe dormir. Necesitará toda su energía y es algo que le falla últimamente, por el parásito que Fox le plantó en el útero. Canta para si una canción de cuna como cien veces, y de pronto Ilsa le está sacudiendo el hombro. Abre los ojos, se pasa la mano libre por la cara para desperezarse. Mientras, Ilsa abre la manilla que o ata a la pared.

-Vamos -ordena.

Pete la sigue enseguida.

Muy despacio, abren la puerta de la segunda celda. El olor a sangre y orina lo golpea como un puño. La prisionera está en el fondo de la celda, pero no acostada en el nicho, sino sentada. No puede descansar de otra manera porque sus dos manos están encadenadas a la pared. Sus brazos están peligrosamente delgados, y cubiertos de heridas.

Abre un ojo, que los observa cauteloso a través de mechones de pelo sucio que le cubren el rostro.

-Es hora -dice Ilsa.

El ojo se mueve hacia Pete, no disimula su desconfianza.

-Viene con nosotros -explica Ilsa y eso parece ser suficiente, porque hace un gesto de asentimiento mínimo y Ilsa se acerca a liberarla de las cadenas. 

La prisionera levanta la cara hacia Pete con una sonrisa mínima, tímida, y él se queda sin aliento.

-¿Tu eres…?

-Ni una palabra -lo hace callar Ilsa.

¡Uh! Ahora entiende el interés del MI-6. Menos mal que su agente resultó ser una sentimental y no se conforma con salvar a la muchacha por la que suspira toda Europa y la mitad de Estados Unidos.

Una vez libre de las cadenas, ayudan a la chica a sentarse en el lecho de piedra. Ilsa saca un arnés y lo pasa alrededor de su torso y caderas. Luego se gira y agacha, de modo que su espalda y el torso de la joven quedan alineados.

-Esta parte te toca a ti, Pete.

Mav se apresura a cerrar y ajustar las correas por sobre el pecho y las caderas de Ilsa, de modo que la joven queda asegurada en su espalda. Esta parte es la que más complica el escape, pero no hay otro modo. Aun si no estuviera débil por las repetidas sesiones de tortura del último mes, sus pies están totalmente deformados. Esas heridas están cicatrizadas, así que no es cosa reciente.

Ilsa respira hondo y se levanta. Da un par de pasos a un lado y otro, ajustándose al cambio en su centro de gravedad.

-¿Estás bien ahí atrás?

Ella sonríe con una fiereza inesperada, aunque se nota que solo agarrar las correas para que los brazos no le cuelguen le cuesta.

-Libertad o muerte, hermana.

Salen a la sala. La puerta de salida ya está bloqueada con una barricada y van hacia la puerta verde que Ilsa siempre guardaba cuando conducían a Pete a las sesiones de video o a tomar sol. Resulta que da acceso al dormitorio infantil. Nunca ha visto a estas personas, solo escuchado sus voces. El cuarteto de omegas son dos mujeres y dos hombres. Llevan pantalones, camisas de mangas, pañuelos y velos, pero el brillo decidido en sus ojos oscuros es suficiente. Cada omega lleva una mochila a la espalda y un infante atado al pecho. El mayor parece tener unos cinco años, el más pequeño es un bebé. Ninguno de los otros ocho menores parece tener más de doce años.

Por supuesto, es la edad en la que la mayoría de las personas se presenta, comprende Mav de repente. Entre los talibanes, alfas y betas se incorporan de inmediato a la guerra y si resulta que eres omega…

La voz de Ilsa lo saca de sus tristes pensamientos.

-Tus botas -le dice y, en efecto, sostiene sus botas de reglamento.

-¡Wow! ¿Cómo? -pregunta en lo que se las calza a toda prisa.

-Dije que quería utilizarlas para hacer relicarios -explica uno de los omegas con ojos burlones.

-Gracias.

Se levanta ya calzado.

-Estoy listo.

Ilsa se ha puesto un par de pistolas en la cintura. Le pasa dos armas cortas y un cuchillo en una vaina para muslo. Pete se ata la hoja al muslo derecho, chequea las armas, se mete una en la cintura del pantalón y empuña la segunda. Ilsa mira fijamente a cada omega. Cada uno asiente. Sus ojos están húmedos, pero el brillo bélico es inconfundible. Por último, la agente del MI-6 se inclina un poco hacia la chiquillería. Estos rostros están descubiertos y puede leer desde miedo hasta exaltación.

-Les dije que había un mundo allá fuera, y vamos a descubrirlo -les dice con voz dulce.

Camina hacia el fondo de la alcoba, donde una cortina disimula otra puerta. La abre y revela la boca de un túnel débilmente iluminado, el túnel de evacuación que lleva a una explanada en el lado norte de la montaña.

-Este es el orden: Pete va delante. Lo sigue Zahir -uno de los omegas asiente-, luego Najia y Khan -dos gemelos se toman de las manos-, luego tu Shafaq -señala con el dedo a la omega con el bebé más pequeño-, después Rafeeq guiará a Azizullah -un niño de piel oscura y gesto decidido asiente y toma con fuerza la mano de otro de piel muy blanca y ojos desenfocados-, Mashal -el otro hombre omega-, detrás Nelofer y Nafas -dos niñas de unos diez años se toman de las manos-, Sahraa -señala a la que lleva al niño más pesado en el pecho-, seguida por Siddiq y Samira -el chico tiembla como una hoja, pero la niña se tira la trenza por encima del hombro con gesto decidido- y yo al final. Recuerden que el túnel es estrecho, no podemos empujarnos, pero hay que ir a prisa. Cada cual siempre con una mano en la persona delante suyo. Cuando lleguemos a la salida, Pete sale y Zahir -lo mira fijo-, te quedas detrás del último recodo y ahí aguantas a todo el mundo hasta que él te llame. ¿Está claro?

Algunas personas dicen “si”, otras solo asienten. Pete no nota duda en nadie. Ilsa debe ver lo mismo, porque saca una cajita de su pecho y les sonríe.

-Que empiece la fiesta.

Aprieta el botón en el centro de la cajita y menos de cinco segundos después escuchan la primera explosión.

Pete se mete al túnel sin decir una palabra.

Esta experiencia está entre las más largas y horribles de su vida. Las luces de emergencia no son muy intensas, el túnel tiene muchas curvas y una inclinación que dificulta mantener el equilibrio. Además, siente cómo la montaña se sacude a su alrededor. Cuando por fin ve el arco que indica la salida, calcula que han trotado unos quince minutos. No es un reto para él, pero no sabe qué tipo de entrenamiento de resistencia tiene el resto del grupo.

Siente que la mano en su hombro se contrae y mira a Zahir con lo que espera sea una expresión tranquilizadora. Lo que ve el omega es una máscara de ferocidad casi sicótica.

-Ahí va eso.

Sale al tramo final del túnel con la pistola por delante.

Ilsa eligió esta noche porque hay luna llena. Dos de los cuatro guardias son perfectamente visibles mientras recorre los últimos metros del túnel. El ruido de las explosiones no le permite escucharlos, pero la tensión en sus mandíbulas y cuellos le dice que discuten acaloradamente. Lógico. Deben estar tratando de decidir qué hacer. Lo útil de luchar contra soldados que usan turbantes bajo la luz de la luna es que sus cabezas se convierten en blancos perfectos. Así que Pete libera a Talibán uno y Talibán dos de sus disyuntivas al ponerle un plomo a cada uno en la cabeza.

Cuando sale a la explanada, los otros dos guardias han reaccionado y empiezan a disparar.

Suelta el arma, rompe caída, da una vuelta de carnero y rueda en dirección a Talibán tres. Se levanta detrás de él. Como esperaba, Talibán cuatro no reacciona lo suficientemente rápido y el final de la ráfaga da en el pecho de su compañero. Pete se agarra a las correas de municiones que le cruzan la espalda para mantenerlo erguido, usándolo de escudo. Saca el cuchillo y le corta la garganta.

Mientras Talibán tres se desangra y agita los brazos, Pete empieza a empujarlo hacia Talibán cuatro. Lanza el cuerpo ya inerte contra el último guardia, que horrorizado y confundido pierde el equilibrio por un instante. Es todo lo que necesita para rodearlo con un giro de bailarín, atontarlo con un golpe de la culata de su segunda pistola y rematarlo con un disparo a quemarropa en la cara.

Todo ha durado menos de dos minutos.

Esta resoplando en medio de la explanada, cuatro cuerpos a su alrededor. Pero la rabia no se abate. Ninguno de ellos es el alfa al que realmente quiere meterle un tiro. Sacude la cabeza, esto tendrá que bastar. Siente algo pegajoso en la mejilla. Debe ser sangre del Talibán cuatro. Se inclina hacia Talibán tres, le arranca el turbante de la cabeza y lo usa para limpiarse un poco la cara mientras regresa a la boca del túnel.

-Todo claro -le dice a Zahir.

Nadie se inmuta ante los sangrientos resultados de la breve escaramuza. De hecho, Najia y Khan se van a despojar a los cadáveres del armamento automáticamente. Les ayuda en silencio.  

La explanada es más estrecha que la de la entrada del lado sur, por donde lo trajeron. Apenas hay espacio para dos camionetas. Cuando terminan de colectar las armas, granadas y municiones, ve que Shafaq está ayudando a Ilsa a desatar a la prisionera y sentarla en el asiento del copiloto de una de las camionetas. Zahir y Mashal están acomodando al resto del grupo en la parte trasera. Sahraa está ocupada clavando un cuchillo del largo de un antebrazo en los neumáticos del segundo transporte.

Pete pone el botín en la camioneta, indica a los niños que suban y va donde Sahraa.

-Veamos si algo útil -dice despacio señalando la cama de la camioneta que ella acaba de inutilizar.

La omega asiente con fuerza y lo sigue. En la parte trasera hay una gruesa lona cubierta con algún tipo de resina impermeabilizante, algunas pieles y botellas de licor. Agarran las pieles, la lona y corren a subirse al otro transporte. Ilsa enciende el motor cuando las primeras luces del alba aparecen por detrás de la montaña y un sonido como de piedras que corren empieza a acercase.

-¡Dale! ¡Dale! -grita Shafaq golpeando el techo de la cabina.

Ilsa hace un giro violento y agarra el estrecho sendero que baja de la montaña a toda velocidad. Justo cuando cogen la primera curva empiezan a llover piedras.

-¿No dijo que las piedras caerían por la puerta sur? -pregunta Zahir.

-Soy soldado, no ingeniera de minas -grita Ilsa.

Nadie más habla. Los cinco adultos están muy ocupados tratando de que su carga de infantes no se golpee ni salga volando con el bamboleo de la camioneta que Ilsa lleva a una velocidad escalofriante. Ponen las pieles en el área más cercana a la cabina, apretujan a los infantes encima, los adultos se ponen de rodillas a su alrededor con los brazos entrelazados para mantener el equilibrio y se tiran la lona por encima de las cabezas.

Les siguen cayendo piedras, algunas pequeñas como uñas, otras grandes como pelotas de beisbol. Sus acompañantes tienen las espaldas cubiertas por mochilas, Pete siente los golpes en su espalda, brazos, muslos y piernas. Al menos no pueden cortarlo gracias a la gruesa tela embreada. Igual, solo aprietan los labios, gruñen y aguantan. Son omegas, como dice el viejo dicho, están hechos para proteger y sufrir.

El viaje cuesta abajo sigue, bajo la incesante metralla pétrea y sacudidas terribles por el mal estado de la carretera. Como planeó Ilsa, ninguna patrulla talibana les ha detenido o disparado. Llegan a terreno llano, pero Ilsa no aminora la velocidad. Aunque los baches aumentan, mantenerse dentro del transporte es un poco menos difícil. ¿Cuánta gasolina tienen? Pete reza porque Cybercom reporte la localización de su señal y alguna puñetera escuadra de la ISAF les encuentre pronto.

Entonces, de la nada, se detienen.

-¿Qué pasa? -gimotea Azizullah, que para colmo ve el mundo en perpetua neblina.

-Sss -lo acalla suavemente Zahir.

Pete oye entonces las voces, las órdenes frenéticas, las respuestas de Ilsa con tono cortante, frustrado. Aparta la lona de un tirón y se yergue con las manos en alto.

-¡No disparen! Soy el comandante Pete Mitchell, de la Marina de los Estados Unidos. Número de registro 540416, escuadrón VFA-33.

Los soldados que han rodeado el transporte y apuntaban nerviosos hacia la cabina se giran hacia él. Reconoce sus uniformes, son canadienses.

-¿Comandante Mitchell? -se adelanta un sargento pelirrojo- ¿Omega Pete Mitchell?

Hace una mueca, en el último mes le han llamado omega demasiadas veces.

-Si, soy yo. ¿Supongo que Cybercom les dijo que venía en camino?

-Algo así, pero no imaginamos que traería, esteeee, compañía -y mira asombrado al resto de la comitiva.

-Vivo para sorprender, sargento. -baja las manos despacio y, cuando el oficial no le reclama, salta a tierra- Ahora realmente tenemos que movernos, las fuerzas del talibán no tardarán en aparecer.

La mención de fuerzas enemigas hace reaccionar al sargento y su pelotón. 

-Soy el sargento Trudeau. -Pete alza una ceja, sorprendido- Sin ninguna relación con ese Trudeau. -aclara- El punto más cercano donde puede aterrizar un helicóptero está como a un kilómetro de aquí a través del bosque. ¿Pueden caminar?

Pete mira a Ilsa. Ella aprieta los labios, contrariada, pero asiente.

-Si, aunque tenemos a una persona a la que hay que llevar a cuestas y… -señala a la parte trasera de la camioneta, donde asoman ocho cabecitas curiosas.

-Ah, eso se resuelve rápido. ¡Escuadra Bravo! -ocho soldados se adelantan- Les toca un chama a cada uno. -los soldados se miran un poco confusos- ¡Vamos! -les increpa impaciente- Este es su momento para demostrar la superioridad de la democracia.

Otro soldado se acerca a la cabina y abre la puerta del copiloto lentamente.

-No se asuste, por favor, solo quiero ayudar.

Entonces ella levanta la cara. El hombre cae de rodillas.

-¿¡Princesa Meghan?!

Megan Mountbatten-Windsor-Markle, descendiente directa de Habibullah Khan, el último rey de Afganistán, y esposa omega de su alteza real el príncipe Harry de Windsor, también conocida como la Princesa del Pueblo -como llamaran antes a la Princesa Diana-, le da una sonrisa débil.

-Duquesa -rectifica.

Trudeau corre a comprobarlo. Luego mira con admiración rayana en la adoración a Ilsa.

-¿Tu hiciste esto?

Ella inclina la cabeza y hace un gesto con la mano hacia el costado de la camioneta, donde ya está todo el grupo de fugitivos.

-Lo hicimos.

-Duquesa Meghan -se adelanta otro soldado de rasgos asiáticos y casi dos metros de altura-, ¿me permite llevarla?

Ella lo mira, traga en seco, los ojos se le nublan y su olor se torna amargo de miedo. Los canadienses retroceden enseguida con las manos en alto.

-No hay problema, no hay problema. -dice el sargento con tono conciliador- Fue solo una idea.

Si, es posible que si este gigante cargara a Meghan el viaje sería significativamente más rápido, pero el horrible olor de su ansiedad ante la mera posibilidad de contacto con un alfa desconocido es suficiente para que abandonen la idea.

Así que Zahir, Shafaq, Mashal y Sahraa ayudan en el complicado proceso de sacar a Meghan de la cabina y atarla de nuevo a la espalda de Ilsa. Mientras, los soldados de la escuadra Bravo se presentan con los niños y los toman de la mano. El cabo de comunicaciones reporta que “tenemos el paquete y encontramos al pajarito”, pide un helicóptero de evacuación más escoltas. El resto del pelotón destruye sistemáticamente distintas partes del camión, para dejarlo lo más dañado posible sin prenderle fuego.

-Los incendios forestales son malos para todo el mundo -explica el sargento de pasada.

Se ponen en marcha. Después de que Azizullah tropieza por tercera vez con una rama, su soldado simplemente lo levanta y se lo acomoda sobre la cadera. El niño suelta una carcajada de asombro y felicidad. Llegan casi cuarenta minutos después a un claro amplio. Pueden ver los helicópteros acercándose desde el norte. Meghan le da unos golpecitos en el hombro a Ilsa y ella se arrodilla. La duquesa hace un gesto hacia los omegas y sus chicos.

-Vengan acá. -cuando la han rodeado, pone bajo control su respiración entrecortada y dice- Por vuestros servicios a la Corona, yo os nombro a ustedes omegas Sahraa, Shafaq, Mashal y Zahir, ayudantes de mi dormitorio real. Por vuestro valor ante el peligro, yo os nombre a ustedes, Azizullah, Khan, Najia, Nafas, Nelofer, Rafeeq, Samira y Siddiq pajes de la casa real británica al servicio de Nottingham Cottage.

-Señoría -susurra Ilsa en un tono que es mitad incredulidad y mitad agradecimiento.

-Ssss -la duquesa le da un par de golpecitos en el hombro-, déjame ejercer el poder real -tose- para -tose- tú sabes -tose, los párpados de le cierran- un poquito de justicia. -arruga la nariz, mira al sargento con ojos duros- Usted es testigo.

Todo el pelotón hinca una rodilla en tierra y se lleva el puño derecho al corazón. Esto es evidencia de que algunas cosas tradicionales deben mantenerse en el currículo de las escuelas públicas. Porque nuca sabes cuándo te encontrarás a una princesa perdida por dieciocho meses que empieza a repartir honores y deberás responder como corresponde, para no avergonzar a tu familia, tu pueblo y hasta tu nación.

-Somos testigos -confirma el sargento a nombre de su tropa.

Las personas a las que nombró la miran sin comprender muy bien qué ha pasado. El pelotón de canadienses, Ilsa y Pete sí que entienden lo que Meghan ha hecho. De un gesto les puso bajo la protección de la corona británica. No quedarán a la deriva una vez que lleguen a Kabul, sino que tendrán derecho a viajar con ella, apoyo material y ayuda para legalizar su residencia en Gran Bretaña. En una palabra, les ha salvado del peligro -terriblemente real- de que quedasen atascados en un campamento de refugiados y los talibanes les capturasen otra vez. 

El primer helicóptero toma tierra.

Iceman

Avanza con paso rápido, ceño fruncido y echando chispas por los ojos. Por una vez, se alegra de su fama de alfa indetenible cuando marcha hacia su objetivo, porque nadie en los pasillos del hospital intenta detenerlo, ni para preguntar dónde va, ni para saludarlo. No tiene tiempo para impertinentes tratando de anotar puntos políticos cuando lo único que debían hacer en este hospital de porquería, lo único, era mantener a Mav aislado.

Anoche, cuando llegó el transporte desde Kabul a la Base Ramstein, Ice estaba esperando con el corazón en la boca y los formularios en la mano. La mirada de asombro e incredulidad que le dio Pete al salir del avión le partió el alma.

-¿Qué haces aquí? -balbuceó mientras Ice lo abrazaba para comprobar que sí, que el revoltoso omega estaba en verdad de vuelta.

-¿Qué parece? -respondió seco, pero con ojos sonrientes- Eres mi compañero, ¿no?

-Si, pero…

Mav tragó en seco, volvió a mirarlo de arriba abajo, como si no pudiera creer que alguien estuviera esperándolo.

-Disculpe contraalmirante -intervino un beta con uniforme de médico militar-, pero debemos llevar al comandante Mitchell a Landstuhl. Sus heridas necesitan tratamiento.

-¿Heridas? Ayer por teléfono me dijiste que estabas bien. -le acusó- Que solo tendrían que desparasitarte y regresarías a San Diego.

-Eh, nada del otro mundo. -Pete se puso rojo y abrió la boca, seguro para inventar algo, pero el médico intervino.

-El comandante Mitchell recibió el impacto de un número indeterminado de piedras mientras huían de una avalancha de rocas. -se puso a explicarle a Ice al tiempo que miraba a su amigo con expresión reprobadora- Tiene numerosas laceraciones en la espalda, y las extremidades. Además, es necesario hacer MRI para ver cómo sanó su lado izquierdo de la caída en paracaídas hace un mes.

Por un momento, Ice consideró reclamarle a Pete por ocultarle todo eso, pero luego se dio cuenta de dónde estaban, de quiénes eran. Este oficial no miraba a su amigo como a una persona adulta responsable de sus decisiones médicas -para bien o para mal-, sino como a alguien subhumano, sin derecho a la autonomía sobre su cuerpo o privacidad. Porque Pete es un omega. En cuanto se encontró a un alfa que parecía tener algo de autoridad sobre Maverick, se puso a dar detalles de su estado de salud, en un hangar, para colmo.

Le dio al beta una de sus miradas de hielo.

-¿El comandante Mitchell le dio su consentimiento para revelar detalles de su expediente médico a alguien, capitán Ambrose?

El hombre pareció genuinamente sorprendido por la pregunta. Pestañeó varias veces antes de responder.

-No, pero contraalmirante Kazansky usted…

-Lo que yo converse con mi amigo, el comandante Mitchell, no le da derecho a usted ni a nadie más a violar su intimidad. Espero que esto no se repita, o tendremos que revisar el cumplimiento de los protocolos de seguridad del Centro Médico Regional Landstuhl.

El hombre reconoció la amenaza implícita, dio media vuelta y se marchó a ver que el resto del grupo subiera a los transportes.

-Wow. Estás en modo protector a full, ¿eh, Kazansky?

Se talló el puente de la nariz.

-Es tarde, Mav. -le tendió los formularios- Solo firma los papeles para hacerme tu proxi mientras estés ingresado en el Landstuhl, ¿si?

Pete le dio una sonrisa torcida, tierna y un poco exasperada, pero firmó sin siquiera leer.

-Perfecto, ahora nadie tiene derecho a saber de ti a menos que tu o yo demos permiso expreso.

Pete alzó una ceja, obviamente sorprendido de que Ice supiera que hay cierto alfa al que no querrá cerca. No entendió su sorpresa. Conoce bien a Mav, no soporta que la gente revolotee a su alrededor tratando de mimarlo, lo asfixia. Lo menos que puede hacer es mantener a Musgrave a raya. ¡Y eso que aún no sabe del anillo!

-Gracias, de verdad.

-Para eso somos amigos, ¿no?

Él asintió, algo distraído. Se frotó la cintura y eso le recodó que no estaban en una reunión social.

-Ve para el transporte, anda. No se permiten visitas hasta las nueve de la mañana, te veré entonces.

Que Maverick no protestara ante la perspectiva de ir a un hospital fue toda la evidencia que necesitaba para calibrar el agotamiento extremo de su compañero. Lo vio alejarse, favoreciendo la pierna derecha de modo muy sutil, y eso fue todo.

Cuando llegó a dormitorio que le han prestado en la Base Aérea Ramstein, había como mil correos y formularios relativos a la administración de la base de San Diego esperándolo. Gracias a la diferencia de hora pudo dejarlo estar por un rato más e irse a dormir. Esta mañana se despertó a las siete y empezó a trabajar. A las ocho cuarenta hizo una pausa para pensar la agenda del resto del día. Quedaban varios informes por leer y al menos tres llamadas importantes. Pete no tiene nada grave, y no le gusta tener gente cerca cuando está vulnerable. Decidió que era mejor terminar con el trabajo, para darle tiempo a que se pelease con su equipo médico, y luego apaciguarlo con un almuerzo. Era un buen plan. Que dependía de Pete. Debió saber que nada saldría como lo había previsto.

A las nueve y un minuto entró una llamada a su móvil de un número desconocido, con código de Alemania.

-Kazansky.

-Contraalmirante, le habla la enfermera Nordoff-Hall.

Se enderezó enseguida. Nyah Nordoff-Hall es una de las integrantes de la red de solidaridad omega dentro del DoD. El teniente Jack Harmon le dio su contacto cuando lo llevó al aeropuerto Dulles para tomar el vuelo a Berlín. Fue ella quien lo instruyó de qué formularios llenar para asegurar la privacidad de Pete.

-¿Algún cambio?

-Musgrave está en camino a la habitación del comandante Mitchell, señor. Convenció a un teniente en la recepción de que es el prometido del comandante y no estaba en la lista de acceso porque -atipla la voz para citar al alfa con tono despectivo- “Pete es un omega y, ya sabe, olvida firmar el papeleo correcto cuando se emociona”. 

-Voy para allá.

Entre la base Ramstein y el Centro Médico Regional Landstuhl hay quince minutos en auto. Cuando cruza la puerta principal del hospital, ya Nordoff-Hall le tiene listo un pase de visitante y le indica con términos precisos y breves cómo llegar a la habitación de Mav.

Por fin llega a la puerta. Se detiene para respirar y recuperar la calma. Abre muy despacio.

La pareja está tan metida en su discusión que ninguno de los dos nota su llegada. Se apresura a cerrar la puerta para que nadie escuche desde el pasillo. Pete está sentado en la cama, las sábanas lo cubren hasta la cadera y sus ojos destellan de rabia. Aunque mantiene un tono calmado, Ice nota cómo su mano izquierda estruja convulsivamente la manta.

John “Fox” Musgrave está parado a menos de un metro de la cama, pero mientras habla inclina el torso hacia Mav, invadiendo su espacio. Gesticula ampliamente con los brazos. Nota la cajita de terciopelo negro en forma de diamante en su mano derecha. La adelanta una y otra vez, lo que hace a Pete tratar de hundirse en las almohadas que tiene contra el respaldo de la cama.

-¿Cómo que no? -reclama con tono de niño enfadado- ¿Acaso pretendes esperar a que se te vea la panza?

¡Ah! Con que por eso John Musgrave compró un anillo y pensó que Maverick lo aceptaría. Qué tiempos tan interesantes le ha tocado vivir, omegas en combate activo y alfas que tratan de atrapar omegas con bebés. Maverick lo mira impasible, con los brazos cruzados sobre el pecho.

 -Pete, cariño -trata ahora con voz persuasiva-, soy un Musgrave, tengo que mantener ciertos estándares.

-Sigues con lo mismo -bufa Pete- No habrá boda, John. Tu y yo nunca hablamos de eso. Solo cogimos para relajarnos.

-¿Cogimos? ¡No seas prosaico! Owen vino desde DC para conocerte. ¡Pasamos tu celo juntos!

-¿Y crees que eso te da derechos especiales? Soy un aviador de combate, John, no puedo permitirme un embarazo no planificado.

-Vale, no planificado. Pero ya está aquí, no puedes…

-¿No puedo? ¿Cómo que no puedo? ¡Es mi cuerpo!

-Es mi hijo. -la voz de Musgrave pasa de plañidera a amenazante- Tu eres un omega que acaba de pasar una experiencia traumática. Ningún médico en su sano juicio aceptará que destruyas tu oportunidad de ser papi solo porque…

-¿Me estás amenazando? ¿Crees que puedes jugar la carta del omega histérico? ¡Métetelo en la cabeza! No eres mi alfa, John Musgrave, Owen Davian no es mi beta. Todo eso -señala a la caja con los anillos en la mano de su amante- no es más que el producto de tu mente. No tienes nada que decir respecto a mis decisiones médicas.

-Tú no…

Ice ha oído suficiente.

-Creo que es hora de que se vaya, comandante Musgrave -dice con tono terminante y proyectando todo el peso de su autoridad.

Ambos se giran a mirarlo sorprendidos. El rostro de Pete se ilumina con una sonrisa genuina. El alfa hace una mueca de irritación. Al ver el radical cambio de actitud de Pete, su rostro pasa de la rabia al disgusto.

-Así que los rumores eran ciertos.

No es la primera vez, está seguro de que no será la última, que los toman por amantes. Ice nunca se ha tomado el trabajo de desmentirlo. A Sarah, la única que podría darse por ofendida, le parece divertido.

-Perra -escupe Musgrave.

Pete solo le enseña los dientes.

-Una perra libre. Ya vete.

Musgrave gruñe, pero se va. Tom se asegura de cerrar la puerta por dentro antes de regresar a sentarse junto la cama de su amigo.

-Así que por eso decidiste que no podías esperar más.

Mav se deja caer en la cama y se cubre el rostro con la almohada. Ahora que están solos, toda su energía parece haberlo abandonado. Ice también se siente un poco perdido, después de despachar al enemigo concreto e inmediato. ¿Qué se supone que debe hacer?

-Mav, mira… Si quieres tenerlo. Tu sabes que no estarás solo, ¿verdad? -técnicamente no puede hacer esto, pero también sabe que Viper aceptará la más mierdera de las excusas para reintegrarlo al clan- Han pasado cinco años, Mav. Puedes regresar.

-No. No tienes que… -gime y sus hombros empiezan a temblar.

Comprende que está llorando.

-Si tengo, Mav. -le pone una mano en el hombro- Eres mi compañero. Somos tu familia.

Contrario a lo que esperaba, eso solo hace aumentar la intensidad de los sollozos. Por la Trinidad, puede lidiar con un aviador loco cualquier día de la semana, pero esto es un omega en plena caída libre emocional. Hace años que no deseaba tanto un cigarrillo.

-¿Quieres que llame a Sarah, o a Anna?

La respuesta es un chillido de terror.

-¡No! -aparta la almohada, lo mira con ojos desesperados- Por favor, Ice, no. No se lo digas a nadie. No podré soportar la vergüenza.

-Está bien, está bien -lo apacigua.

Aunque parece levemente aliviado, Pete no puede parar de llorar. Tom suspira, se pasa de la silla a la cama, se saca los zapatos, abre los brazos.

-Anda, ven aquí.

Pete se le pega al pecho como un cachorro desesperado. Ice mete la nariz entre el pelo de su amigo e inhala profundo. Lo ha extrañado tanto.

-De verdad puedes regresar.

-No, no puedo.

-Mav.

-Todo lo que toco muere, Ice. Es mejor que esté lejos de ustedes.

-¿De dónde sacas eso?

-No importa.

Frunce los labios y le acaricia la espalda. Pete suelta un quejido. ¡Diablos! Había olvidado sus heridas físicas.

-¿Estás…?

-Nada serio. Las luxaciones de hace un mes sanaron con reposo y solo tengo un montón de moretones por las rocas, pero nada desgarrado ni roto. Dentro de un rato vendrá una enfermera muy parecida a Nicole Kidman a ponerme pomadita en la espalda y más abajo también -trata de darle a su voz un tono lascivo, pero el efecto se pierde por sus ojos rojos y las lágrimas que le corren por las mejillas pálidas.

-¿Pero…? -¿cómo dice esto sin que parezca que quiere obligarlo a seguir con el embarazo?- ¿No tienes que esperar a estar recuperar fuerzas? ¿El procedimiento no pone en riesgo tu salud?

Pete se aparta y lo mira de frente.

-Aborto, Tom. Se llama aborto -enuncia con voz calma.

Aparta los ojos, avergonzado de su propia cobardía. Se siente frustrado. Se suponía que cuidaría de Pete. Creó la Jauría para él y, de todos modos, un alfa vino y le rompió el corazón otra vez. Su amigo le toma la barbilla entre los dedos y le gira la cabeza para que lo mire otra vez.

-Ey, mírame. Tom, no es tu culpa. Es mi cuerpo y mi decisión.

-¿Puedes decirme honestamente que si no te hubieran echado del clan tomarías la misma decisión?

Algo aparece y desaparece en un santiamén en el fondo de los ojos de Maverick, al mismo tiempo que su olor cambia del salitre y cuero habitual a algo amargo, casi pútrido. Ahora es el moreno el que aparta los ojos. Traga en seco.

-No es el alfa correcto -dice y aprieta los labios, obstinado.

¡Entonces es verdad! Pete, Pete, Pete. ¿Qué lógica retorcida le llevó a destruir algo tan bello? ¿Por qué tiene que ser siempre el mártir? Tanto hablar y hacer por la emancipación omega, pero cuando se trata de él mismo parece un personaje de Austen o Balzac. No quiere causarle más sufrimiento a su amigo, así que es hora de cambiar el foco de la conversación. Mueve la cabeza como un niño fastidiado.

-¿Al menos puedo destruirlo? -pide con tono petulante.

No tiene que decir su nombre. Sabe que Maverick comprende de quién está hablando y que le ofrece algo más que venganza, le ofrece control. Su regalo es poner la vida de Musgrave en sus manos.

-Dale lo peor ti, Kazansky. -asiente.

Un rato después llega una omega que, en verdad resulta tener un parecido extremo con Nicole Kidman. No es una enfermera, sino la ginecobstetra Claire Lewicki. Los análisis de sangre confirman que Pete tiene siete semanas de embarazo y pasan a discutir la logística del aborto por medicamentos. Tiene una carpeta con documentos para firmar y una lista de tareas que va marcando con mano segura. Ice admira el aplomo con que la doctora lo ignora. Poca gente ignora a un alfa cuando está sentado junto al omega que quiere terminar su gestación. Solo siente que tiene que intervenir cuando escucha la lista de los efecto secundarios.

-También puedes tener dolor de cabeza, escalofríos, o náuseas, puedes vomitar, tener fiebre y diarrea. Te asignaremos una enfermera que…

-No será necesario.

Ella lo mira con desconfianza, pero no hay gota de miedo en su actitud.

-¿Perdone? 

-Ice -advierte Pete.

-¿Qué? He sostenido tu cabeza encima del inodoro suficientes veces, Mitchell. Además, tengo tres hijos, ¿crees que la diarrea me asusta? No dejaré que hagas esto solo.

Mav lo vuelve a mirar con esa mezcla de asombro e incredulidad que le dio anoche. Se alegra, pero al mismo tiempo siente mucha rabia. Una persona tan buena, su Pete, pero tan herida.

Claire Lewicki le sonríe al tiempo que marca algo en su lista.

Logra contener el llanto hasta que llega a su habitación en la Base Aérea Ramstein.

Maverick

Después de una semana en el hospital, por fin le dan el alta médica y permiso para regresar a los Estados Unidos. Ice movió hilos: tendrá una semana de descanso antes de que la gente del Pentágono empiece sus interrogatorios. Después le corresponden tres meses de vacaciones y la evaluación sicológica de rutina. Claire le aseguró que el aborto quedará sellado aparte, que ningún loquero podrá sacarlo a colación para cuestionar su “estado mental”.

Vuelan juntos de vuelta a California.

Pete mira a su amigo, dormido en el asiento a su lado. Contrario a la mayoría de los pilotos, Ice no tiene problemas volando comercial. El ronroneo del motor lo arrulla y cae como un bebé. Sonríe. Se siente más cerca de Tom, ahora. Es difícil mantener la distancia sentimental después de que alguien te sostiene para que cagues en el inodoro y no en el piso. De nuevo Ice lo ha visto en su versión más repugnante y no se asqueó, no le dio la espalda. ¿Por qué? Quién lo sabe. Esta amistad es todo lo que tiene. Todo lo que tendrá. No cree merecerlo, pero no es tan idiota como para destruirla.

-¿Cuándo vienes a casa? -pregunta Ice en tono cauteloso cuando ya se acercan a la salida del aeropuerto.

Suspira, se rasca la nuca.

-No estoy seguro. -admite- Necesito un tiempo.

Un tiempo para recuperar el control de sus emociones, quiere decir. Irse a la casa de Tom, Ron y Sarah con su aroma de discreta felicidad, sería como poner sal en la herida. Un solo vistazo a esos tres chamas que le llaman tío y colapsará, lo sabe.

El alfa lo observa con intensidad, se inclina un poco y lo olisquea. Pete se sorprende al darse cuenta de que el gesto no lo asusta ni ofende. El olor está ahí, sutil pero real. Después un aborto, la mayoría de los omegas tienen celo postraumático y el suyo está a menos de veinticuatro horas.  Esa es otra razón para preferir irse al hotel / refugio de omegas en la zona histórica. Sabe que podría usar hacer un nido en la casita del jardín de Kazansky, pero quiere emborracharse con wiski y llorar la ausencia de Bradley sin miedo. Tiene derecho a sus secretos.

Finalmente, Ice lanza un suspiro resignado y asiente.

-Pero vendrás a almorzar antes de ir a DC -ordena.

-A sus órdenes, contraalmirante -y hasta choca los talones y hace el saludo militar.

Su amigo alza los ojos al cielo, como implorando paciencia.

-Anda, vamos a buscarte un taxi.

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NOTAS: 

ISAF:
La Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (en inglés: International Security Assistance Force, ISAF) fue una misión de seguridad multinacional en Afganistán que participó en la guerra (2001-2014) contra los grupos insurgentes del país.

Abreviaturas más usadas en telegrafía morse:
https://morsecw.com/abreviaturas.html

Los Duques de Sussex en este universo:
Alfa: Príncipe Harry Mountbatten-Windsor, Duque de Sussex. Hijo del príncipe Carlos (alfa), la princesa Camilla (beta) y la princesa Diana (omega).
Beta: Yvonne Mountbatten-Windsor-Davy, Duquesa de Sussex (plebeya originaria de una rica familia blanca de Zimbabue)
Omega: Meghan Mountbatten-Windsor-Markle, Duquesa de Sussex (nacida en Estados Unidos, descendiente de una rama de la familia real afgana que marchó al exilio en 1919 tras el asesinato de Habibullah Khan y la caída del emirato bajo el control colonial británico)

Nombres de los personajes afganos:
Tomados del artículo “Cinema of Afghanistan” https://en.wikipedia.org/wiki/Cinema_of_Afghanistan

Aborto con medicamentos
El medicamento de referencia en el aborto con medicamentos, la mifepristona, está registrado y disponible desde 1988. En Estados Unidos está aprobado su uso desde septiembre del 2000.
https://es.wikipedia.org/wiki/Aborto_con_medicamentos

Terminación del embarazo con medicamentos
https://medlineplus.gov/spanish/ency/patientinstructions/000835.htm

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html