Landstuhl, 2006: Mi cuerpo, mi decisión (II)
Resumen:
-Dígales a sus superiores que pongan botas en el terreno y afinen la vigilancia aérea. Pete va a escapar de ese complejo en setenta y dos horas, más o menos.
-¿Escapar? ¡Eso es imposible! Está solo dentro de un campamento. Tiene que esperar a que inteligencia lo localice y…
-Coronel Mitsopolis -la corta Ice, que no tiene tiempo para escuchar sobre la incompatibilidad absoluta entre su amigo y la lógica-, el mensaje de ese video es claro: tres dedos extendidos y FN en morse, que significa “fin de mensaje”. No sé qué pasó. Si cambió algo en el lugar donde está, si cambió algo en él, pero el comandante Mitchell está decidido a escapar o morir en el intento.
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Fandom: Top Gun (Movies)
Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw/Pete "Maverick" Mitchell, Pete "Maverick" Mitchell/Personajes Masculinos Originales, Tom "Iceman" Kazansky/Ron "Slider" Kerner/Sarah Kazansky
Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Tom "Iceman" Kazansky
Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega, aborto, Embarazo forzado
ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html
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Iceman
Que lo llamaran a DC le indicó que había ocurrido un cambio. Esperaba que le dijeran que habían logrado reducir el áreade búsqueda a menos de doscientos kilómetros cuadrados y sesenta montañas con antigua actividad volcánica. Incluso que alguien de la vasta red de vigilancia global hubiera conseguido una pista, un chisme, un rumor en la red oscura.
La cara preocupada de la coronel Mitsopolis le indica que, sea lo que sea que pasó, no es bueno.
-El video de esta semana tiene algo inusual -anuncia Stickell sin esperar a comentarios inanes y gira la laptop en su dirección.
El escenario es el usual. Mav está sentado en una silla en el centro, con la cabeza caída hacia delante. El pelo largo, más largo de lo que jamás lo ha tenido en veinticinco años, le cae en mechones hacia adelante. Un poco atrás, de modo que no puedan verle la cara, hay cuatro guardias alfas. Uno de adelanta, le tira del pelo para obligarlo a mirar a la cámara y empieza a recitar una letanía sobre su captura, la superioridad de la lucha del califato, la degeneración moral de Occidente, que envía a sus omegas al combate en lugar de protegerlos…
La expresión de su amigo lo hace dejar de oír a su captor.
El rostro de Pete es una máscara inexpresiva, como si toda la vida y la pasión se le hubieran escapado. Tiene los párpados bajos, pero a los quince segundos empieza a levantarlos lentamente. Mira de frente a la cámara con placidez incongruente y luego empieza a sonreír. Pero el gesto no transmite nada positivo. Es, a falta de un vocabulario más sofisticado, una imitación casi perfecta de la sonrisa del Joker, e igual de perturbadora. A continuación, Mav empieza a rascarse la articulación entre el hombro y el torso de modo casual, solo con los dedos pulgar, índice y medio. Por último, pestañea un mensaje inquietante: corto, largo, corto, largo, corto.
¡Maldición, Pete!
-¿Cuándo llegó esto? -pregunta con tono frenético en lo que empieza a buscar su teléfono.
-Ayer en la tarde -informa Stickell.
Se vuelve hacia la coronel.
-¿A cuánto habían reducido la zona de búsqueda? -pregunta al tiempo que empieza a textear.
-Unos cien kilómetros cuadrados. Tenemos patrullas de la ISAF en el terreno y vigilancia satelital, pero sin la señal del transmisor de Mitchell es…
-Dígales a sus superiores que pongan botas en el terreno y afinen la vigilancia aérea. Pete va a escapar de ese complejo en setenta y dos horas, más o menos.
-¿Escapar? ¡Eso es imposible! Está solo dentro de un campamento. Tiene que esperar a que inteligencia lo localice y…
-Coronel Mitsopolis -la corta Ice, que no tiene tiempo para escuchar sobre la incompatibilidad absoluta entre su amigo y la lógica-, el mensaje de ese video es claro: tres dedos extendidos y FN en morse, que significa “fin de mensaje”. No sé qué pasó. Si cambió algo en el lugar donde está, si cambió algo en él, pero el comandante Mitchell está decidido a escapar o morir en el intento. Cybercom podrá detectar su señal en segundos en cuanto salga de la montaña, y tengo la sospecha de que también habrá muchas señales térmicas inusuales. Pueden tener las botas en tierra en menos de treinta minutos. Solo hagan su parte.
Ve que su mensaje no ha sido leído, hace una mueca, se levanta.
-¿Pero a dónde va? -reclama Mitsopolis ofendida por su brusquedad.
Se detiene, la mira sorprendido. Se da cuenta de que Max es una alfa inteligente, pero, como la mayoría de las personas, no tiene ni la menor idea de la capacidad de Maverick para salirse con la suya.
-A Alemania, por supuesto. Tengo que estar en el hospital Landstuhl cuando llegue el comandante Mitchell.
Maverick
Resulta ser que escapar de un complejo militar instalado dentro de una montaña es relativamente fácil, cuando alguien ha estado planeándolo por casi un año. La omega líder se llama Ilsa, y es en realidad una agente del MI-6. Lleva un año en esta montaña. Su misión era localizar y extraer a la omega de la celda de al lado. El asunto se complicó, por supuesto, cuando se puso sentimental y decidió llevarse a la docena de menores y cuatro omegas comunales que habitan el complejo.
Mav se encoge físicamente cuando escucha el eufemismo “omegas comunales”. ¡Qué asco de mundo! Ilsa le recuerda un poco a Ice, calculadora y decidida, pero sentimental y lista para usar su pensamiento estratégico en beneficio de personas necesitadas. Le gustaría seguir en contacto con ella cuando todo esto acabe. Duda que sus jefes se lo permitan.
Lo importante ahora es ejecutar el plan, que demanda dos personas con entrenamiento militar: una al frente, abriendose paso a tiros, otra en la retaguardia, para asegurar que el grupo se mantenga unido, cargar a la prisionera y disparar a sus perseguidores. Aunque Ilsa no espera que queden muchos vivos para perseguirlos. Será al amanecer, porque es imposible bajar de la montaña a la velocidad que necesitan en la oscuridad. Queremos escapar, Pete, no cometer suicidio colectivo. Además, justo al final de la noche es el cambio de guardia, significa que la mayoría del personal está dentro del complejo o cerca de las dos entradas. Morirán en el derrumbe, o estarán muy ocupados tratando de ayudar las víctimas.
Si. Derrumbe. El plan de Ilsa es provocar el colapso del complejo cavernario como distracción del escape y para causar el mayor daño posible a las fuerzas del Talibán. Por eso tiene que sacar al cuarteto de omegas y la docena de infantes. Ha pasado seis meses instalando pequeñas cargas de explosivos a lo largo de las galerías, que provocarán una reacción en cadena. El resto lo hará la gravedad. Claro que sobrevivirán las patrullas del perímetro, pero Ilsa cuenta con que logren bajar lo suficientemente rápido como para encontrar a las fuerzas de la ISAF antes de que los talibanes les alcancen. Saldrán por el lado opuesto de la montaña y con ventaja, tendrá que ser suficiente.
La última noche de su secuestro, Pete está súper nervioso, pero sabe que debe dormir. Necesitará toda su energía y es algo que le falla últimamente, por el parásito que Fox le plantó en el útero. Canta para si una canción de cuna como cien veces, y de pronto Ilsa le está sacudiendo el hombro. Abre los ojos, se pasa la mano libre por la cara para desperezarse. Mientras, Ilsa abre la manilla que o ata a la pared.
-Vamos -ordena.
Pete la sigue enseguida.
Muy despacio, abren la puerta de la segunda celda. El olor a sangre y orina lo golpea como un puño. La prisionera está en el fondo de la celda, pero no acostada en el nicho, sino sentada. No puede descansar de otra manera porque sus dos manos están encadenadas a la pared. Sus brazos están peligrosamente delgados, y cubiertos de heridas.
Abre un ojo, que los observa cauteloso a través de mechones de pelo sucio que le cubren el rostro.
-Es hora -dice Ilsa.
El ojo se mueve hacia Pete, no disimula su desconfianza.
-Viene con nosotros -explica Ilsa y eso parece ser suficiente, porque hace un gesto de asentimiento mínimo y Ilsa se acerca a liberarla de las cadenas.
La prisionera levanta la cara hacia Pete con una sonrisa mínima, tímida, y él se queda sin aliento.
-¿Tu eres…?
-Ni una palabra -lo hace callar Ilsa.
¡Uh! Ahora entiende el interés del MI-6. Menos mal que su agente resultó ser una sentimental y no se conforma con salvar a la muchacha por la que suspira toda Europa y la mitad de Estados Unidos.
Una vez libre de las cadenas, ayudan a la chica a sentarse en el lecho de piedra. Ilsa saca un arnés y lo pasa alrededor de su torso y caderas. Luego se gira y agacha, de modo que su espalda y el torso de la joven quedan alineados.
-Esta parte te toca a ti, Pete.
Mav se apresura a cerrar y ajustar las correas por sobre el pecho y las caderas de Ilsa, de modo que la joven queda asegurada en su espalda. Esta parte es la que más complica el escape, pero no hay otro modo. Aun si no estuviera débil por las repetidas sesiones de tortura del último mes, sus pies están totalmente deformados. Esas heridas están cicatrizadas, así que no es cosa reciente.
Ilsa respira hondo y se levanta. Da un par de pasos a un lado y otro, ajustándose al cambio en su centro de gravedad.
-¿Estás bien ahí atrás?
Ella sonríe con una fiereza inesperada, aunque se nota que solo agarrar las correas para que los brazos no le cuelguen le cuesta.
-Libertad o muerte, hermana.
Salen a la sala. La puerta de salida ya está bloqueada con una barricada y van hacia la puerta verde que Ilsa siempre guardaba cuando conducían a Pete a las sesiones de video o a tomar sol. Resulta que da acceso al dormitorio infantil. Nunca ha visto a estas personas, solo escuchado sus voces. El cuarteto de omegas son dos mujeres y dos hombres. Llevan pantalones, camisas de mangas, pañuelos y velos, pero el brillo decidido en sus ojos oscuros es suficiente. Cada omega lleva una mochila a la espalda y un infante atado al pecho. El mayor parece tener unos cinco años, el más pequeño es un bebé. Ninguno de los otros ocho menores parece tener más de doce años.
Por supuesto, es la edad en la que la mayoría de las personas se presenta, comprende Mav de repente. Entre los talibanes, alfas y betas se incorporan de inmediato a la guerra y si resulta que eres omega…
La voz de Ilsa lo saca de sus tristes pensamientos.
-Tus botas -le dice y, en efecto, sostiene sus botas de reglamento.
-¡Wow! ¿Cómo? -pregunta en lo que se las calza a toda prisa.
-Dije que quería utilizarlas para hacer relicarios -explica uno de los omegas con ojos burlones.
-Gracias.
Se levanta ya calzado.
-Estoy listo.
Ilsa se ha puesto un par de pistolas en la cintura. Le pasa dos armas cortas y un cuchillo en una vaina para muslo. Pete se ata la hoja al muslo derecho, chequea las armas, se mete una en la cintura del pantalón y empuña la segunda. Ilsa mira fijamente a cada omega. Cada uno asiente. Sus ojos están húmedos, pero el brillo bélico es inconfundible. Por último, la agente del MI-6 se inclina un poco hacia la chiquillería. Estos rostros están descubiertos y puede leer desde miedo hasta exaltación.
-Les dije que había un mundo allá fuera, y vamos a descubrirlo -les dice con voz dulce.
Camina hacia el fondo de la alcoba, donde una cortina disimula otra puerta. La abre y revela la boca de un túnel débilmente iluminado, el túnel de evacuación que lleva a una explanada en el lado norte de la montaña.
-Este es el orden: Pete va delante. Lo sigue Zahir -uno de los omegas asiente-, luego Najia y Khan -dos gemelos se toman de las manos-, luego tu Shafaq -señala con el dedo a la omega con el bebé más pequeño-, después Rafeeq guiará a Azizullah -un niño de piel oscura y gesto decidido asiente y toma con fuerza la mano de otro de piel muy blanca y ojos desenfocados-, Mashal -el otro hombre omega-, detrás Nelofer y Nafas -dos niñas de unos diez años se toman de las manos-, Sahraa -señala a la que lleva al niño más pesado en el pecho-, seguida por Siddiq y Samira -el chico tiembla como una hoja, pero la niña se tira la trenza por encima del hombro con gesto decidido- y yo al final. Recuerden que el túnel es estrecho, no podemos empujarnos, pero hay que ir a prisa. Cada cual siempre con una mano en la persona delante suyo. Cuando lleguemos a la salida, Pete sale y Zahir -lo mira fijo-, te quedas detrás del último recodo y ahí aguantas a todo el mundo hasta que él te llame. ¿Está claro?
Algunas personas dicen “si”, otras solo asienten. Pete no nota duda en nadie. Ilsa debe ver lo mismo, porque saca una cajita de su pecho y les sonríe.
-Que empiece la fiesta.
Aprieta el botón en el centro de la cajita y menos de cinco segundos después escuchan la primera explosión.
Pete se mete al túnel sin decir una palabra.
Esta experiencia está entre las más largas y horribles de su vida. Las luces de emergencia no son muy intensas, el túnel tiene muchas curvas y una inclinación que dificulta mantener el equilibrio. Además, siente cómo la montaña se sacude a su alrededor. Cuando por fin ve el arco que indica la salida, calcula que han trotado unos quince minutos. No es un reto para él, pero no sabe qué tipo de entrenamiento de resistencia tiene el resto del grupo.
Siente que la mano en su hombro se contrae y mira a Zahir con lo que espera sea una expresión tranquilizadora. Lo que ve el omega es una máscara de ferocidad casi sicótica.
-Ahí va eso.
Sale al tramo final del túnel con la pistola por delante.
Ilsa eligió esta noche porque hay luna llena. Dos de los cuatro guardias son perfectamente visibles mientras recorre los últimos metros del túnel. El ruido de las explosiones no le permite escucharlos, pero la tensión en sus mandíbulas y cuellos le dice que discuten acaloradamente. Lógico. Deben estar tratando de decidir qué hacer. Lo útil de luchar contra soldados que usan turbantes bajo la luz de la luna es que sus cabezas se convierten en blancos perfectos. Así que Pete libera a Talibán uno y Talibán dos de sus disyuntivas al ponerle un plomo a cada uno en la cabeza.
Cuando sale a la explanada, los otros dos guardias han reaccionado y empiezan a disparar.
Suelta el arma, rompe caída, da una vuelta de carnero y rueda en dirección a Talibán tres. Se levanta detrás de él. Como esperaba, Talibán cuatro no reacciona lo suficientemente rápido y el final de la ráfaga da en el pecho de su compañero. Pete se agarra a las correas de municiones que le cruzan la espalda para mantenerlo erguido, usándolo de escudo. Saca el cuchillo y le corta la garganta.
Mientras Talibán tres se desangra y agita los brazos, Pete empieza a empujarlo hacia Talibán cuatro. Lanza el cuerpo ya inerte contra el último guardia, que horrorizado y confundido pierde el equilibrio por un instante. Es todo lo que necesita para rodearlo con un giro de bailarín, atontarlo con un golpe de la culata de su segunda pistola y rematarlo con un disparo a quemarropa en la cara.
Todo ha durado menos de dos minutos.
Esta resoplando en medio de la explanada, cuatro cuerpos a su alrededor. Pero la rabia no se abate. Ninguno de ellos es el alfa al que realmente quiere meterle un tiro. Sacude la cabeza, esto tendrá que bastar. Siente algo pegajoso en la mejilla. Debe ser sangre del Talibán cuatro. Se inclina hacia Talibán tres, le arranca el turbante de la cabeza y lo usa para limpiarse un poco la cara mientras regresa a la boca del túnel.
-Todo claro -le dice a Zahir.
Nadie se inmuta ante los sangrientos resultados de la breve escaramuza. De hecho, Najia y Khan se van a despojar a los cadáveres del armamento automáticamente. Les ayuda en silencio.
La explanada es más estrecha que la de la entrada del lado sur, por donde lo trajeron. Apenas hay espacio para dos camionetas. Cuando terminan de colectar las armas, granadas y municiones, ve que Shafaq está ayudando a Ilsa a desatar a la prisionera y sentarla en el asiento del copiloto de una de las camionetas. Zahir y Mashal están acomodando al resto del grupo en la parte trasera. Sahraa está ocupada clavando un cuchillo del largo de un antebrazo en los neumáticos del segundo transporte.
Pete pone el botín en la camioneta, indica a los niños que suban y va donde Sahraa.
-Veamos si algo útil -dice despacio señalando la cama de la camioneta que ella acaba de inutilizar.
La omega asiente con fuerza y lo sigue. En la parte trasera hay una gruesa lona cubierta con algún tipo de resina impermeabilizante, algunas pieles y botellas de licor. Agarran las pieles, la lona y corren a subirse al otro transporte. Ilsa enciende el motor cuando las primeras luces del alba aparecen por detrás de la montaña y un sonido como de piedras que corren empieza a acercase.
-¡Dale! ¡Dale! -grita Shafaq golpeando el techo de la cabina.
Ilsa hace un giro violento y agarra el estrecho sendero que baja de la montaña a toda velocidad. Justo cuando cogen la primera curva empiezan a llover piedras.
-¿No dijo que las piedras caerían por la puerta sur? -pregunta Zahir.
-Soy soldado, no ingeniera de minas -grita Ilsa.
Nadie más habla. Los cinco adultos están muy ocupados tratando de que su carga de infantes no se golpee ni salga volando con el bamboleo de la camioneta que Ilsa lleva a una velocidad escalofriante. Ponen las pieles en el área más cercana a la cabina, apretujan a los infantes encima, los adultos se ponen de rodillas a su alrededor con los brazos entrelazados para mantener el equilibrio y se tiran la lona por encima de las cabezas.
Les siguen cayendo piedras, algunas pequeñas como uñas, otras grandes como pelotas de beisbol. Sus acompañantes tienen las espaldas cubiertas por mochilas, Pete siente los golpes en su espalda, brazos, muslos y piernas. Al menos no pueden cortarlo gracias a la gruesa tela embreada. Igual, solo aprietan los labios, gruñen y aguantan. Son omegas, como dice el viejo dicho, están hechos para proteger y sufrir.
El viaje cuesta abajo sigue, bajo la incesante metralla pétrea y sacudidas terribles por el mal estado de la carretera. Como planeó Ilsa, ninguna patrulla talibana les ha detenido o disparado. Llegan a terreno llano, pero Ilsa no aminora la velocidad. Aunque los baches aumentan, mantenerse dentro del transporte es un poco menos difícil. ¿Cuánta gasolina tienen? Pete reza porque Cybercom reporte la localización de su señal y alguna puñetera escuadra de la ISAF les encuentre pronto.
Entonces, de la nada, se detienen.
-¿Qué pasa? -gimotea Azizullah, que para colmo ve el mundo en perpetua neblina.
-Sss -lo acalla suavemente Zahir.
Pete oye entonces las voces, las órdenes frenéticas, las respuestas de Ilsa con tono cortante, frustrado. Aparta la lona de un tirón y se yergue con las manos en alto.
-¡No disparen! Soy el comandante Pete Mitchell, de la Marina de los Estados Unidos. Número de registro 540416, escuadrón VFA-33.
Los soldados que han rodeado el transporte y apuntaban nerviosos hacia la cabina se giran hacia él. Reconoce sus uniformes, son canadienses.
-¿Comandante Mitchell? -se adelanta un sargento pelirrojo- ¿Omega Pete Mitchell?
Hace una mueca, en el último mes le han llamado omega demasiadas veces.
-Si, soy yo. ¿Supongo que Cybercom les dijo que venía en camino?
-Algo así, pero no imaginamos que traería, esteeee, compañía -y mira asombrado al resto de la comitiva.
-Vivo para sorprender, sargento. -baja las manos despacio y, cuando el oficial no le reclama, salta a tierra- Ahora realmente tenemos que movernos, las fuerzas del talibán no tardarán en aparecer.
La mención de fuerzas enemigas hace reaccionar al sargento y su pelotón.
-Soy el sargento Trudeau. -Pete alza una ceja, sorprendido- Sin ninguna relación con ese Trudeau. -aclara- El punto más cercano donde puede aterrizar un helicóptero está como a un kilómetro de aquí a través del bosque. ¿Pueden caminar?
Pete mira a Ilsa. Ella aprieta los labios, contrariada, pero asiente.
-Si, aunque tenemos a una persona a la que hay que llevar a cuestas y… -señala a la parte trasera de la camioneta, donde asoman ocho cabecitas curiosas.
-Ah, eso se resuelve rápido. ¡Escuadra Bravo! -ocho soldados se adelantan- Les toca un chama a cada uno. -los soldados se miran un poco confusos- ¡Vamos! -les increpa impaciente- Este es su momento para demostrar la superioridad de la democracia.
Otro soldado se acerca a la cabina y abre la puerta del copiloto lentamente.
-No se asuste, por favor, solo quiero ayudar.
Entonces ella levanta la cara. El hombre cae de rodillas.
-¿¡Princesa Meghan?!
Megan Mountbatten-Windsor-Markle, descendiente directa de Habibullah Khan, el último rey de Afganistán, y esposa omega de su alteza real el príncipe Harry de Windsor, también conocida como la Princesa del Pueblo -como llamaran antes a la Princesa Diana-, le da una sonrisa débil.
-Duquesa -rectifica.
Trudeau corre a comprobarlo. Luego mira con admiración rayana en la adoración a Ilsa.
-¿Tu hiciste esto?
Ella inclina la cabeza y hace un gesto con la mano hacia el costado de la camioneta, donde ya está todo el grupo de fugitivos.
-Lo hicimos.
-Duquesa Meghan -se adelanta otro soldado de rasgos asiáticos y casi dos metros de altura-, ¿me permite llevarla?
Ella lo mira, traga en seco, los ojos se le nublan y su olor se torna amargo de miedo. Los canadienses retroceden enseguida con las manos en alto.
-No hay problema, no hay problema. -dice el sargento con tono conciliador- Fue solo una idea.
Si, es posible que si este gigante cargara a Meghan el viaje sería significativamente más rápido, pero el horrible olor de su ansiedad ante la mera posibilidad de contacto con un alfa desconocido es suficiente para que abandonen la idea.
Así que Zahir, Shafaq, Mashal y Sahraa ayudan en el complicado proceso de sacar a Meghan de la cabina y atarla de nuevo a la espalda de Ilsa. Mientras, los soldados de la escuadra Bravo se presentan con los niños y los toman de la mano. El cabo de comunicaciones reporta que “tenemos el paquete y encontramos al pajarito”, pide un helicóptero de evacuación más escoltas. El resto del pelotón destruye sistemáticamente distintas partes del camión, para dejarlo lo más dañado posible sin prenderle fuego.
-Los incendios forestales son malos para todo el mundo -explica el sargento de pasada.
Se ponen en marcha. Después de que Azizullah tropieza por tercera vez con una rama, su soldado simplemente lo levanta y se lo acomoda sobre la cadera. El niño suelta una carcajada de asombro y felicidad. Llegan casi cuarenta minutos después a un claro amplio. Pueden ver los helicópteros acercándose desde el norte. Meghan le da unos golpecitos en el hombro a Ilsa y ella se arrodilla. La duquesa hace un gesto hacia los omegas y sus chicos.
-Vengan acá. -cuando la han rodeado, pone bajo control su respiración entrecortada y dice- Por vuestros servicios a la Corona, yo os nombro a ustedes omegas Sahraa, Shafaq, Mashal y Zahir, ayudantes de mi dormitorio real. Por vuestro valor ante el peligro, yo os nombre a ustedes, Azizullah, Khan, Najia, Nafas, Nelofer, Rafeeq, Samira y Siddiq pajes de la casa real británica al servicio de Nottingham Cottage.
-Señoría -susurra Ilsa en un tono que es mitad incredulidad y mitad agradecimiento.
-Ssss -la duquesa le da un par de golpecitos en el hombro-, déjame ejercer el poder real -tose- para -tose- tú sabes -tose, los párpados de le cierran- un poquito de justicia. -arruga la nariz, mira al sargento con ojos duros- Usted es testigo.
Todo el pelotón hinca una rodilla en tierra y se lleva el puño derecho al corazón. Esto es evidencia de que algunas cosas tradicionales deben mantenerse en el currículo de las escuelas públicas. Porque nuca sabes cuándo te encontrarás a una princesa perdida por dieciocho meses que empieza a repartir honores y deberás responder como corresponde, para no avergonzar a tu familia, tu pueblo y hasta tu nación.
-Somos testigos -confirma el sargento a nombre de su tropa.
Las personas a las que nombró la miran sin comprender muy bien qué ha pasado. El pelotón de canadienses, Ilsa y Pete sí que entienden lo que Meghan ha hecho. De un gesto les puso bajo la protección de la corona británica. No quedarán a la deriva una vez que lleguen a Kabul, sino que tendrán derecho a viajar con ella, apoyo material y ayuda para legalizar su residencia en Gran Bretaña. En una palabra, les ha salvado del peligro -terriblemente real- de que quedasen atascados en un campamento de refugiados y los talibanes les capturasen otra vez.
El primer helicóptero toma tierra.
Iceman
Avanza con paso rápido, ceño fruncido y echando chispas por los ojos. Por una vez, se alegra de su fama de alfa indetenible cuando marcha hacia su objetivo, porque nadie en los pasillos del hospital intenta detenerlo, ni para preguntar dónde va, ni para saludarlo. No tiene tiempo para impertinentes tratando de anotar puntos políticos cuando lo único que debían hacer en este hospital de porquería, lo único, era mantener a Mav aislado.
Anoche, cuando llegó el transporte desde Kabul a la Base Ramstein, Ice estaba esperando con el corazón en la boca y los formularios en la mano. La mirada de asombro e incredulidad que le dio Pete al salir del avión le partió el alma.
-¿Qué haces aquí? -balbuceó mientras Ice lo abrazaba para comprobar que sí, que el revoltoso omega estaba en verdad de vuelta.
-¿Qué parece? -respondió seco, pero con ojos sonrientes- Eres mi compañero, ¿no?
-Si, pero…
Mav tragó en seco, volvió a mirarlo de arriba abajo, como si no pudiera creer que alguien estuviera esperándolo.
-Disculpe contraalmirante -intervino un beta con uniforme de médico militar-, pero debemos llevar al comandante Mitchell a Landstuhl. Sus heridas necesitan tratamiento.
-¿Heridas? Ayer por teléfono me dijiste que estabas bien. -le acusó- Que solo tendrían que desparasitarte y regresarías a San Diego.
-Eh, nada del otro mundo. -Pete se puso rojo y abrió la boca, seguro para inventar algo, pero el médico intervino.
-El comandante Mitchell recibió el impacto de un número indeterminado de piedras mientras huían de una avalancha de rocas. -se puso a explicarle a Ice al tiempo que miraba a su amigo con expresión reprobadora- Tiene numerosas laceraciones en la espalda, y las extremidades. Además, es necesario hacer MRI para ver cómo sanó su lado izquierdo de la caída en paracaídas hace un mes.
Por un momento, Ice consideró reclamarle a Pete por ocultarle todo eso, pero luego se dio cuenta de dónde estaban, de quiénes eran. Este oficial no miraba a su amigo como a una persona adulta responsable de sus decisiones médicas -para bien o para mal-, sino como a alguien subhumano, sin derecho a la autonomía sobre su cuerpo o privacidad. Porque Pete es un omega. En cuanto se encontró a un alfa que parecía tener algo de autoridad sobre Maverick, se puso a dar detalles de su estado de salud, en un hangar, para colmo.
Le dio al beta una de sus miradas de hielo.
-¿El comandante Mitchell le dio su consentimiento para revelar detalles de su expediente médico a alguien, capitán Ambrose?
El hombre pareció genuinamente sorprendido por la pregunta. Pestañeó varias veces antes de responder.
-No, pero contraalmirante Kazansky usted…
-Lo que yo converse con mi amigo, el comandante Mitchell, no le da derecho a usted ni a nadie más a violar su intimidad. Espero que esto no se repita, o tendremos que revisar el cumplimiento de los protocolos de seguridad del Centro Médico Regional Landstuhl.
El hombre reconoció la amenaza implícita, dio media vuelta y se marchó a ver que el resto del grupo subiera a los transportes.
-Wow. Estás en modo protector a full, ¿eh, Kazansky?
Se talló el puente de la nariz.
-Es tarde, Mav. -le tendió los formularios- Solo firma los papeles para hacerme tu proxi mientras estés ingresado en el Landstuhl, ¿si?
Pete le dio una sonrisa torcida, tierna y un poco exasperada, pero firmó sin siquiera leer.
-Perfecto, ahora nadie tiene derecho a saber de ti a menos que tu o yo demos permiso expreso.
Pete alzó una ceja, obviamente sorprendido de que Ice supiera que hay cierto alfa al que no querrá cerca. No entendió su sorpresa. Conoce bien a Mav, no soporta que la gente revolotee a su alrededor tratando de mimarlo, lo asfixia. Lo menos que puede hacer es mantener a Musgrave a raya. ¡Y eso que aún no sabe del anillo!
-Gracias, de verdad.
-Para eso somos amigos, ¿no?
Él asintió, algo distraído. Se frotó la cintura y eso le recodó que no estaban en una reunión social.
-Ve para el transporte, anda. No se permiten visitas hasta las nueve de la mañana, te veré entonces.
Que Maverick no protestara ante la perspectiva de ir a un hospital fue toda la evidencia que necesitaba para calibrar el agotamiento extremo de su compañero. Lo vio alejarse, favoreciendo la pierna derecha de modo muy sutil, y eso fue todo.
Cuando llegó a dormitorio que le han prestado en la Base Aérea Ramstein, había como mil correos y formularios relativos a la administración de la base de San Diego esperándolo. Gracias a la diferencia de hora pudo dejarlo estar por un rato más e irse a dormir. Esta mañana se despertó a las siete y empezó a trabajar. A las ocho cuarenta hizo una pausa para pensar la agenda del resto del día. Quedaban varios informes por leer y al menos tres llamadas importantes. Pete no tiene nada grave, y no le gusta tener gente cerca cuando está vulnerable. Decidió que era mejor terminar con el trabajo, para darle tiempo a que se pelease con su equipo médico, y luego apaciguarlo con un almuerzo. Era un buen plan. Que dependía de Pete. Debió saber que nada saldría como lo había previsto.
A las nueve y un minuto entró una llamada a su móvil de un número desconocido, con código de Alemania.
-Kazansky.
-Contraalmirante, le habla la enfermera Nordoff-Hall.
Se enderezó enseguida. Nyah Nordoff-Hall es una de las integrantes de la red de solidaridad omega dentro del DoD. El teniente Jack Harmon le dio su contacto cuando lo llevó al aeropuerto Dulles para tomar el vuelo a Berlín. Fue ella quien lo instruyó de qué formularios llenar para asegurar la privacidad de Pete.
-¿Algún cambio?
-Musgrave está en camino a la habitación del comandante Mitchell, señor. Convenció a un teniente en la recepción de que es el prometido del comandante y no estaba en la lista de acceso porque -atipla la voz para citar al alfa con tono despectivo- “Pete es un omega y, ya sabe, olvida firmar el papeleo correcto cuando se emociona”.
-Voy para allá.
Entre la base Ramstein y el Centro Médico Regional Landstuhl hay quince minutos en auto. Cuando cruza la puerta principal del hospital, ya Nordoff-Hall le tiene listo un pase de visitante y le indica con términos precisos y breves cómo llegar a la habitación de Mav.
Por fin llega a la puerta. Se detiene para respirar y recuperar la calma. Abre muy despacio.
La pareja está tan metida en su discusión que ninguno de los dos nota su llegada. Se apresura a cerrar la puerta para que nadie escuche desde el pasillo. Pete está sentado en la cama, las sábanas lo cubren hasta la cadera y sus ojos destellan de rabia. Aunque mantiene un tono calmado, Ice nota cómo su mano izquierda estruja convulsivamente la manta.
John “Fox” Musgrave está parado a menos de un metro de la cama, pero mientras habla inclina el torso hacia Mav, invadiendo su espacio. Gesticula ampliamente con los brazos. Nota la cajita de terciopelo negro en forma de diamante en su mano derecha. La adelanta una y otra vez, lo que hace a Pete tratar de hundirse en las almohadas que tiene contra el respaldo de la cama.
-¿Cómo que no? -reclama con tono de niño enfadado- ¿Acaso pretendes esperar a que se te vea la panza?
¡Ah! Con que por eso John Musgrave compró un anillo y pensó que Maverick lo aceptaría. Qué tiempos tan interesantes le ha tocado vivir, omegas en combate activo y alfas que tratan de atrapar omegas con bebés. Maverick lo mira impasible, con los brazos cruzados sobre el pecho.
-Pete, cariño -trata ahora con voz persuasiva-, soy un Musgrave, tengo que mantener ciertos estándares.
-Sigues con lo mismo -bufa Pete- No habrá boda, John. Tu y yo nunca hablamos de eso. Solo cogimos para relajarnos.
-¿Cogimos? ¡No seas prosaico! Owen vino desde DC para conocerte. ¡Pasamos tu celo juntos!
-¿Y crees que eso te da derechos especiales? Soy un aviador de combate, John, no puedo permitirme un embarazo no planificado.
-Vale, no planificado. Pero ya está aquí, no puedes…
-¿No puedo? ¿Cómo que no puedo? ¡Es mi cuerpo!
-Es mi hijo. -la voz de Musgrave pasa de plañidera a amenazante- Tu eres un omega que acaba de pasar una experiencia traumática. Ningún médico en su sano juicio aceptará que destruyas tu oportunidad de ser papi solo porque…
-¿Me estás amenazando? ¿Crees que puedes jugar la carta del omega histérico? ¡Métetelo en la cabeza! No eres mi alfa, John Musgrave, Owen Davian no es mi beta. Todo eso -señala a la caja con los anillos en la mano de su amante- no es más que el producto de tu mente. No tienes nada que decir respecto a mis decisiones médicas.
-Tú no…
Ice ha oído suficiente.
-Creo que es hora de que se vaya, comandante Musgrave -dice con tono terminante y proyectando todo el peso de su autoridad.
Ambos se giran a mirarlo sorprendidos. El rostro de Pete se ilumina con una sonrisa genuina. El alfa hace una mueca de irritación. Al ver el radical cambio de actitud de Pete, su rostro pasa de la rabia al disgusto.
-Así que los rumores eran ciertos.
No es la primera vez, está seguro de que no será la última, que los toman por amantes. Ice nunca se ha tomado el trabajo de desmentirlo. A Sarah, la única que podría darse por ofendida, le parece divertido.
-Perra -escupe Musgrave.
Pete solo le enseña los dientes.
-Una perra libre. Ya vete.
Musgrave gruñe, pero se va. Tom se asegura de cerrar la puerta por dentro antes de regresar a sentarse junto la cama de su amigo.
-Así que por eso decidiste que no podías esperar más.
Mav se deja caer en la cama y se cubre el rostro con la almohada. Ahora que están solos, toda su energía parece haberlo abandonado. Ice también se siente un poco perdido, después de despachar al enemigo concreto e inmediato. ¿Qué se supone que debe hacer?
-Mav, mira… Si quieres tenerlo. Tu sabes que no estarás solo, ¿verdad? -técnicamente no puede hacer esto, pero también sabe que Viper aceptará la más mierdera de las excusas para reintegrarlo al clan- Han pasado cinco años, Mav. Puedes regresar.
-No. No tienes que… -gime y sus hombros empiezan a temblar.
Comprende que está llorando.
-Si tengo, Mav. -le pone una mano en el hombro- Eres mi compañero. Somos tu familia.
Contrario a lo que esperaba, eso solo hace aumentar la intensidad de los sollozos. Por la Trinidad, puede lidiar con un aviador loco cualquier día de la semana, pero esto es un omega en plena caída libre emocional. Hace años que no deseaba tanto un cigarrillo.
-¿Quieres que llame a Sarah, o a Anna?
La respuesta es un chillido de terror.
-¡No! -aparta la almohada, lo mira con ojos desesperados- Por favor, Ice, no. No se lo digas a nadie. No podré soportar la vergüenza.
-Está bien, está bien -lo apacigua.
Aunque parece levemente aliviado, Pete no puede parar de llorar. Tom suspira, se pasa de la silla a la cama, se saca los zapatos, abre los brazos.
-Anda, ven aquí.
Pete se le pega al pecho como un cachorro desesperado. Ice mete la nariz entre el pelo de su amigo e inhala profundo. Lo ha extrañado tanto.
-De verdad puedes regresar.
-No, no puedo.
-Mav.
-Todo lo que toco muere, Ice. Es mejor que esté lejos de ustedes.
-¿De dónde sacas eso?
-No importa.
Frunce los labios y le acaricia la espalda. Pete suelta un quejido. ¡Diablos! Había olvidado sus heridas físicas.
-¿Estás…?
-Nada serio. Las luxaciones de hace un mes sanaron con reposo y solo tengo un montón de moretones por las rocas, pero nada desgarrado ni roto. Dentro de un rato vendrá una enfermera muy parecida a Nicole Kidman a ponerme pomadita en la espalda y más abajo también -trata de darle a su voz un tono lascivo, pero el efecto se pierde por sus ojos rojos y las lágrimas que le corren por las mejillas pálidas.
-¿Pero…? -¿cómo dice esto sin que parezca que quiere obligarlo a seguir con el embarazo?- ¿No tienes que esperar a estar recuperar fuerzas? ¿El procedimiento no pone en riesgo tu salud?
Pete se aparta y lo mira de frente.
-Aborto, Tom. Se llama aborto -enuncia con voz calma.
Aparta los ojos, avergonzado de su propia cobardía. Se siente frustrado. Se suponía que cuidaría de Pete. Creó la Jauría para él y, de todos modos, un alfa vino y le rompió el corazón otra vez. Su amigo le toma la barbilla entre los dedos y le gira la cabeza para que lo mire otra vez.
-Ey, mírame. Tom, no es tu culpa. Es mi cuerpo y mi decisión.
-¿Puedes decirme honestamente que si no te hubieran echado del clan tomarías la misma decisión?
Algo aparece y desaparece en un santiamén en el fondo de los ojos de Maverick, al mismo tiempo que su olor cambia del salitre y cuero habitual a algo amargo, casi pútrido. Ahora es el moreno el que aparta los ojos. Traga en seco.
-No es el alfa correcto -dice y aprieta los labios, obstinado.
¡Entonces es verdad! Pete, Pete, Pete. ¿Qué lógica retorcida le llevó a destruir algo tan bello? ¿Por qué tiene que ser siempre el mártir? Tanto hablar y hacer por la emancipación omega, pero cuando se trata de él mismo parece un personaje de Austen o Balzac. No quiere causarle más sufrimiento a su amigo, así que es hora de cambiar el foco de la conversación. Mueve la cabeza como un niño fastidiado.
-¿Al menos puedo destruirlo? -pide con tono petulante.
No tiene que decir su nombre. Sabe que Maverick comprende de quién está hablando y que le ofrece algo más que venganza, le ofrece control. Su regalo es poner la vida de Musgrave en sus manos.
-Dale lo peor ti, Kazansky. -asiente.
Un rato después llega una omega que, en verdad resulta tener un parecido extremo con Nicole Kidman. No es una enfermera, sino la ginecobstetra Claire Lewicki. Los análisis de sangre confirman que Pete tiene siete semanas de embarazo y pasan a discutir la logística del aborto por medicamentos. Tiene una carpeta con documentos para firmar y una lista de tareas que va marcando con mano segura. Ice admira el aplomo con que la doctora lo ignora. Poca gente ignora a un alfa cuando está sentado junto al omega que quiere terminar su gestación. Solo siente que tiene que intervenir cuando escucha la lista de los efecto secundarios.
-También puedes tener dolor de cabeza, escalofríos, o náuseas, puedes vomitar, tener fiebre y diarrea. Te asignaremos una enfermera que…
-No será necesario.
Ella lo mira con desconfianza, pero no hay gota de miedo en su actitud.
-¿Perdone?
-Ice -advierte Pete.
-¿Qué? He sostenido tu cabeza encima del inodoro suficientes veces, Mitchell. Además, tengo tres hijos, ¿crees que la diarrea me asusta? No dejaré que hagas esto solo.
Mav lo vuelve a mirar con esa mezcla de asombro e incredulidad que le dio anoche. Se alegra, pero al mismo tiempo siente mucha rabia. Una persona tan buena, su Pete, pero tan herida.
Claire Lewicki le sonríe al tiempo que marca algo en su lista.
Logra contener el llanto hasta que llega a su habitación en la Base Aérea Ramstein.
Maverick
Después de una semana en el hospital, por fin le dan el alta médica y permiso para regresar a los Estados Unidos. Ice movió hilos: tendrá una semana de descanso antes de que la gente del Pentágono empiece sus interrogatorios. Después le corresponden tres meses de vacaciones y la evaluación sicológica de rutina. Claire le aseguró que el aborto quedará sellado aparte, que ningún loquero podrá sacarlo a colación para cuestionar su “estado mental”.
Vuelan juntos de vuelta a California.
Pete mira a su amigo, dormido en el asiento a su lado. Contrario a la mayoría de los pilotos, Ice no tiene problemas volando comercial. El ronroneo del motor lo arrulla y cae como un bebé. Sonríe. Se siente más cerca de Tom, ahora. Es difícil mantener la distancia sentimental después de que alguien te sostiene para que cagues en el inodoro y no en el piso. De nuevo Ice lo ha visto en su versión más repugnante y no se asqueó, no le dio la espalda. ¿Por qué? Quién lo sabe. Esta amistad es todo lo que tiene. Todo lo que tendrá. No cree merecerlo, pero no es tan idiota como para destruirla.
-¿Cuándo vienes a casa? -pregunta Ice en tono cauteloso cuando ya se acercan a la salida del aeropuerto.
Suspira, se rasca la nuca.
-No estoy seguro. -admite- Necesito un tiempo.
Un tiempo para recuperar el control de sus emociones, quiere decir. Irse a la casa de Tom, Ron y Sarah con su aroma de discreta felicidad, sería como poner sal en la herida. Un solo vistazo a esos tres chamas que le llaman tío y colapsará, lo sabe.
El alfa lo observa con intensidad, se inclina un poco y lo olisquea. Pete se sorprende al darse cuenta de que el gesto no lo asusta ni ofende. El olor está ahí, sutil pero real. Después un aborto, la mayoría de los omegas tienen celo postraumático y el suyo está a menos de veinticuatro horas. Esa es otra razón para preferir irse al hotel / refugio de omegas en la zona histórica. Sabe que podría usar hacer un nido en la casita del jardín de Kazansky, pero quiere emborracharse con wiski y llorar la ausencia de Bradley sin miedo. Tiene derecho a sus secretos.
Finalmente, Ice lanza un suspiro resignado y asiente.
-Pero vendrás a almorzar antes de ir a DC -ordena.
-A sus órdenes, contraalmirante -y hasta choca los talones y hace el saludo militar.
Su amigo alza los ojos al cielo, como implorando paciencia.
-Anda, vamos a buscarte un taxi.
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NOTAS:
ISAF:
La Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (en inglés: International Security Assistance Force, ISAF) fue una misión de seguridad multinacional en Afganistán que participó en la guerra (2001-2014) contra los grupos insurgentes del país.
Abreviaturas más usadas en telegrafía morse:
https://morsecw.com/abreviaturas.html
Los Duques de Sussex en este universo:
Alfa: Príncipe Harry Mountbatten-Windsor, Duque de Sussex. Hijo del príncipe Carlos (alfa), la princesa Camilla (beta) y la princesa Diana (omega).
Beta: Yvonne Mountbatten-Windsor-Davy, Duquesa de Sussex (plebeya originaria de una rica familia blanca de Zimbabue)
Omega: Meghan Mountbatten-Windsor-Markle, Duquesa de Sussex (nacida en Estados Unidos, descendiente de una rama de la familia real afgana que marchó al exilio en 1919 tras el asesinato de Habibullah Khan y la caída del emirato bajo el control colonial británico)
Nombres de los personajes afganos:
Tomados del artículo “Cinema of Afghanistan” https://en.wikipedia.org/wiki/Cinema_of_Afghanistan
Aborto con medicamentos
El medicamento de referencia en el aborto con medicamentos, la mifepristona, está registrado y disponible desde 1988. En Estados Unidos está aprobado su uso desde septiembre del 2000.
https://es.wikipedia.org/wiki/Aborto_con_medicamentos
Terminación del embarazo con medicamentos
https://medlineplus.gov/spanish/ency/patientinstructions/000835.htm
ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html

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