28 de agosto de 2024

Felices juntos 09

San Diego, 20 de junio de 2016: Brindamos por vuestra felicidad


Resumen:

Discursos en la boda de Jake Seresin, Bradley Bradshaw y Pete Mitchell.
1 Javier “Coyote” Machado
2 Natasha “Phoenix” Trace
3 Henry Neven-Wolfe

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Fandom: Top Gun (Movies)

Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw/Pete "Maverick" Mitchell/Jake "Hangman" Seresin, Tom "Iceman" Kazansky/Ron "Slider" Kerner/Sarah Kazansky, Leonard "Wolfman" Wolfe/Rick "Hollywood" Neven

Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw, Javy "Coyote" Machado, Natasha "Phoenix" Trace, Leonard "Wolfman" Wolfe, Rick "Hollywood" Neven, Personajes originales

Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega, depresión, sexismo, DADT, Homofobia, Derogación de DADT

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html


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1 Javier “Coyote” Machado

 


-Es un gusto estar aquí, en este lindo salón, celebrando la boda de mi mejor amigo, mi hermano de otro útero, Jake Seresin. ¡Ya era hora! Quiero decir, todos saben que has estado poniéndole ojitos de carnero a Bradley desde que notaste su… talento en Corpus Christi hace ya ocho años. No vale la pena hablar de eso. En cambio, tu historia con Maverick…

En la mesa principal del salón, a Jake se le empieza a poner rojo el cuello.

-Déjenme contarles. Todo empezó una tarde durante nuestro segundo año en la Academia Naval. Estaba en mi habitación, texteando con mis futuras esposas, cuando Jake entra con tremenda con paso decidido, me mira con ojos muy abiertos, abre los brazos y dice.

-Creo que no soy gay.

Solté el teléfono y me abalancé a la puerta, asustado. Abrí muy despacio. No había nadie en el corredor. Cerré con mucho cuidado y dije en voz alta.

-Claro que no eres gay, Jake. No seas ridículo.

Hice una de esas risas falsas, ustedes saben, como cuando el pastor hace un mal chiste a mitad del sermón. Si, esa misma Omaha, muchas gracias. Ya sabemos que no debemos ir a tu iglesia. Volviendo a esa noche en la Academia. Mesenté a su lado para poder hablarle bajito y recordarle la importancia de la discreción, a menos que quisiera que lo DADT-aran más rápido que lo que se ensucia un comedor escolar cuando lo noté: apestaba a alcohol.

-¿Has estado bebiendo?

Se encogió de hombros y se sentó en la cama.

-Un poquito. Es que estoy tan feliz, Javy. Me he enamorado de un omega.

-Ajá. -no podía contener mi escepticismo.

Jake era tan, pero tan gay en esos días. Gay de escuchar a Britney Spears, Cher y Michael Bolton para estudiar. -El salón estalla en carcajadas- Gay de que sus películas favoritas eran “Interview with the Vampire”, “Brokeback Mountain”, “The producers”, “Alphas Prefer Them Blondes” y el original francés de “The Bird Cage”. -Jake se cubre la cara con las manos y Pete le pone una mano en el hombro afectuoso, con una sonrisita burlona en los labios- Gay de poder discutir por horas sobre el simbolismo oculto en los filmes de las hermanas Wachowski.  

-Verdad, verdad -confirma María José mientras sus hombros se convulsionan de la risa.

-¿Ven? Mis esposas no me dejarán mentir. Yo tengo una familia grande, claro que tengo parientes homosexuales, pero nunca había compartido habitación con un alfa gay. Créanme, nunca, nunca he tenido tanto miedo de decir algo equivocado sobre los pectorales de Brad Pitt. Así que no podía creerlo. Pero, me dije, cosas más raras se han visto, por ejemplo, las nuevas pelis de “Star Wars”.

-A ver, Casanova. ¿Quién es ese omega que te ha hecho regresar al buen camino?

Me mira con ojos soñadores y se saca de la bolsa de mensajero que llevaba al hombro el número de otoño de 2006 de “Marine Times”. En la portada, a todo color y sonriente… ¿Recuerdan quién estaba en esa portada?

Ahora es Pete quien siente sus mejillas arder y se concentra en el patrón del mantel de su mesa. De repente Patrick, el esposo beta de Merlín, suelta un gemido que se convierte en risotada.

-Y alguien lo recordó. Si, era el comandante Pete Maverick Mitchell en la cubierta de la revista ese mes, fresquecito de ayudar a rescatar a la princesa Meghan de las garras del talibán. -se gira hacia la mesa principal- Debo admitir, cuñado, que te veías muy bien. Pero este discurso no es para comentar tu increíble atractivo, es para avergonzar a mi hermano. Como iba diciendo, Jake está en el séptimo cielo, se deja caer en la cama mientras yo trato de procesar aquello. Porque…  Bueno, no me parecía razonable que un alfa de casi veinte años desarrollara un enamoramiento por una celebridad como si tuviera catorce, por muy heroico que fuera Pete. Traté de razonar.

-Está totalmente fuera de tu liga.

-No, no. Ahí dice que tenemos muchas cosas en común. -tenía esa cara de convencimiento total que solo pone la gente borracha- Como que somos pilotos y nos gustan las motocicletas. Esa es mi entrada.

-También dice que es amigo de Tom Iceman Kazansky -porque yo también había leído el artículo, para qué negarlo.

-Si. ¿Y qué?

-¿Cómo que y qué? Eso es código para una de dos cosas, tonto, amante o hermano juramentado. En cualquiera de los dos casos, Kazansky mandará tu culo a la Antártida si miras a Maverick por más de cinco segundos. Eso en el escenario remoto en que cruces tu camino porque…

Pero no pude seguir explicándole todo lo que estaba mal con su enamoramiento porque se había dormido. Ustedes saben que los borrachos se duermen así, de repente. Así que Jake estaba durmiendo la mona y yo preocupado. A la mañana siguiente no recordaba nada. Pensé que eso sería todo, que lo olvidaría. Pero dos años después, estamos en la escuela de vuelo de Corpus Christi y Jake le pone los ojos encima a Bradley Bradshaw. Su cara era un poema. Pensé, diablos, tal vez habría sido mejor que le hiciera un altar a Maverick y le escribiera cartas con corazoncitos pintados.  El resto, como sabemos, es historia. Resulta que Jake es un suertudo que le hizo ojitos a Rooster y a Maverick, y vivió para contar el cuento. ¿Bradley?

-¿Si? -responde el alfa.

-Si le rompes el corazón a mi hermano, te mato.

-¿Maverick?

-¿Si?

-Si mi hermano te hace sufrir, me avisas. Somos de Texas, sabemos cómo deshacernos de un cuerpo.

-¡Javi! -se queja Jake entre hipidos de risa- Se supone que eres mi hermano.

-¡Cállate Jake! Te casaste con una leyenda, asume las consecuencias. Cuida bien a ese omega, es lo mejor que te va a pasar en la vida. -se gira hacia el salón- Así que alzo mi copa por ellos en el primer brindis de la noche. Celebremos a Jake Seresin, Bradley Bradshaw y Pete Mitchell, porque su unión sea larga, próspera y fértil. ¡Salud!

 

2 Natasha “Phoenix” Trace

 


Voy a ser breve, porque las palabras nunca se me han dado bien.

Bradley y yo somos amigos desde la escuela de vuelo en Corpus Christi. Él era un alfa grande, musculoso y refunfuñón. Yo era una omega pequeña, fibrosa y bocazas. Una pareja hecha en el cielo. Nuestras interacciones consistían mayormente en señalar nuestros errores en forma de pullas, competir en el aire y comer mucha, mucha comida basura viendo filmes protagonizados por Tom Cruise. -hace una pausa y señala con el pulgar a Pete- Ahora entiendo por qué. -el público ríe- Esa relación un poco complicada hizo creer a otras personas que podían…. No voy a decir seducirnos, porque la verdad todo era muy desagradable, pero algo así como atraparnos. Así que de repente Bradley me defendía de alfas atrevidos y yo a él de omegas buscando ascender en la Marina mientras trabajaban en posición horizontal. ¿Entienden lo que les digo? Sobra decir que ni él ni yo estábamos interesados, pero eran los tiempos del DADT. Explicarlo no era una opción. Así que decidimos empezar a tomarnos de las manos mientras nos ofendíamos, para que la gente creyera que éramos una pareja un poco tóxica en busca de un beta. Era la cobertura ideal, porque ya nos peleábamos y nos conocíamos tan bien como una pareja vieja y malhumorada, ¿no, Rooster?

El aludido asiente con expresión divertida.

-Claro que hubo una persona a la que nunca engañamos, Jake Seresin. En cuanto Jake y Brad cruzaron miradas en Corpus Christi, supe que su sombra nos seguiría hasta el fin del mundo. Tendrían que haber visto cuánto y cómo hablaba Brad de Jake. Sus comentarios en clase, cómo hablaba con el equipo de mecánica, su modo de subir al avión y hasta su modo de comer. Todo era material para que Rooster se quejara. No paró cuando nos mandaron a distintos escuadrones. Brad seguía los chismes y estaba al día de los progresos de Hangman. Era interminable. Era obsesivo. Era insoportable. Lo juro, Brad, lo más cerca que estuviste de morir no fue durante nuestra misión en noviembre pasado, sino ese fin de semana de marzo de 2010, cuando supimos que Jake había derribado un avión enemigo. ¡No paraba de hablar!

Me fastidiaba por dos razones.

La primera. Me di cuenta pronto de que su tan cacareada preocupación por las maldades de Hangman no era más que tensión sexual. Pero Jake es un alfa, estábamos atados de pies y manos. Rooster, lo que me hiciste rayaba el sadismo. Te aprovechaste de mi silencio obligatorio para usarme como audiencia cautiva de tus sublimadas fantasías sexuales. ¡Me debes una disculpa!

La segunda. Sabemos que Jake Seresin es un cabrón, y cada vez que coincidíamos actuaba como tal. Paseándose despacito delante nuestro, hablando bajito al oído de Coyote, sus miradas siempre un segundo más largas de lo normal, sus ojos verdes apenas un poquito más intensos cuando pasaban por encima de Brad. Lo provocabas, lo sé.

Debo admitir, Jake, también encontraba gracioso que, aunque eres un tipo famoso por su desdén hacia el resto de las personas, tu siempre estabas consciente de la presencia de Brad. Cuando entrábamos a cualquier lugar donde estuvieras, lo notabas. No importa si estabas conversando con otra persona, si había música, si estabas de espaldas. La espalda se te enderezaba un poquito, tu cuello se estiraba. Bradley Bradshaw era el sol de Jake Seresin, el girasol más presumido de la Marina de los Estados Unidos.

La noche del 20 de septiembre de 2011 se hizo oficial la derogación del DADT. Estábamos en Roma. Casualmente, tu también. En cuanto te vi entrar al bar con Machado y otros dos marines me dije, “Al fin, diablos. Brad se sacará esa espina.” Ilusa que soy.

Rooster y Hangman, por separado eran una espina en mi costado. ¿Después de esa noche que pasaron juntos? Eran un jodido dolor de culo más fuerte que si te golpearan con un misil. Ahora las diatribas alternaban poesía sobre los atributos de Jake y quejas infinitas sobre su distancia emocional. Cualquier insinuación de que podía, ¿no sé?, ¿hablar de sus sentimientos con el maldito alfa? Eran rechazadas con una mezcla de pánico y sonrojos dignos de alguien con la madurez emocional de trece años. Al menos a partir de ese momento tuve a Coyote para compartir el sufrimiento. Lloré en su hombro por la estupidez de mi mejor amigo. El lloró en mi hombro por la imbecilidad del suyo.

Así llegamos a noviembre pasado, cuando nos convocaron a North Island para una misión muy muy secreta, de la que todo el mundo en este salón sabe, pero de la que no podemos hablar. De todas maneras, la misión no es lo importante, sino el instructor de la misión. Nada más Maverick nos pasó por al lado, la cara de Rooster cambió. Me quedé extrañada, porque era la expresión y actitud que hasta entonces solo le había provocado Hangman. Unas filas por delante, noté que a Seresin se le había caído su eterno escarbadientes de madera de la boca y observaba sin recato alguno en trasero del capitán. ¿Cuándo volaron por primera vez contra Maverick? ¡Nunca los había visto tan fuera de sí!

Al mismo tiempo, como espectadora interesada me asombró el nivel de empecinamiento al que puede llevar la negación. Toda la escuadra podía ver lo bien que se complementaban, en tierra y aire. Encajan perfectamente el uno con el otro y eran demasiado tontos para darse cuenta. Habría sido romántico sino fuera porque nos estábamos jugando la vida y nadie tenía necesidad de dramas adicionales. Así que lo admito, cuando se abrazaron en la cubierta del USS Roosevelt solté un suspiro de alivio porque estaban vivos, pero también porque vi cómo se rompían los muros internos de mi amigo.

Esa dureza, esa oscuridad que te había acompañado, Bradley, desde que nos cruzamos en Corpus Christi y te impedía aceptar todo lo que Jake podía darte cedió al fin. Le debo a Maverick y Hangman que te abrieran el pecho y pusieran tu corazón al sol. Por eso estaré en deuda con ustedes dos toda mi vida.

Este es el segundo brindis de la noche. Celebremos a Bradley Bradshaw, Pete Mitchell y Jake Seresin, que nunca os falte el fuego, que nunca dudéis de vuestros cónyuges, que el miedo nunca empañe vuestros ojos. ¡Salud!

 

3 Henry Neven-Wolfe

 


-Quiero compartir con ustedes dos historias, una protagonizada por Pete y Bradley, la otra con Bradley y Jake. Aunque este es el tercer discurso, quiero aclarar que no coordine qué diría con Javier Machado o Natasha Trace. Es solo que estos tres son… ¿Cómo dijiste Phoenix?

-¿Un dolor de culo más fuerte que si te golpearan con un misil?

Henry contiene a duras penas la risa.

-No, lo otro.

-Ah. ¿Que encajan perfectamente el uno con el otro y eran demasiado tontos para darse cuenta?

-Si, eso mismo. Bueno, la primera historia.

Henry se muerde el labio inferior y le da una mirada tímida a Maverick. Luego respira hondo y se gira hacia el salón con expresión decidida.

A finales de mayo de 1993, Grant, mi hijo mayor, tenía dos años, y Dinah tres meses de nacida. Rick y Leonard habían pasado dos semanas conmigo después del parto y habían regresado a sus puestos en… algún lugar. -le clava los ojos a su beta- ¡No me digas dónde, Wolf! Eso no es lo importante. Lo importante es que yo estaba solo. Para los más jóvenes, esto fue antes de los teléfonos móviles, así que mis esposos me llamaban cada dos semanas, cuando les correspondía en la rotación del barco. Ice, Slider y Mav estaban juntos en otro barco, así que Pete hablaba con Carole cuando ellos llamaban a San Diego y usaba sus turnos de teléfono para llamarme a mí. Un día a fines de mayo entra la llamada de Pete y me pregunta, ustedes saben, lo usual.

-¿Cómo va todo?

Estaba sentado en la cama, teníamos un espejo justo a la derecha, levanté los ojos y me vi. Tenía ojeras, los labios cuarteados, mi pelo era un desastre, la barriga del embarazo aún no desaparecía y caí en cuenta de que no me había duchado en tres días. Algo se rompió dentro de mi y no pude seguir mintiendo como había estado mintiéndole a mis esposos y a mi amigo por meses. Empecé a sollozar.

-¿Henry? -insistió Pete.

-Esto es horrible. -admití al fin- Ya no puedo más. Estoy solo en esta casa nueva. Es un barrio tan elegante que solo puedes ver a tus vecinos con telescopio, así que no puedo pedir ayuda a nadie. Y no puedo contratar una niñera porque tenemos la hipoteca de la casa. Y yo sé, yo sé que le dije a Rick y Leo que podía hacerlo, pero creo que no puedo Pete. Estos niños nunca se duermen al mismo tiempo, Dinah siempre está colgada de mi, Grant está celoso. Lloran sin parar. No puedo llamar a mi mami porque está ocupada con mi padre que se está muriendo de cáncer. No puedo llamar a Sarah porque su bebé tiene un año. No puedo más Pete.

No se cuántas cosas vomité en esa llamada. No pueden haber sido muchas, porque la Marina solo permitía llamadas de hasta siete minutos. No lo sé. Pete no me interrumpió. No trató de razonar conmigo. No trató de darme soluciones desde el otro lado del mundo. Solo escuchó. Cuando sonó el pitido de advertencia de que iban a cortar la llamada me dijo.

-Aguanta un poquito más, Henry. Sé que puedes aguantar un poquito más.

Me tragué los mocos, me limpié las lágrimas con el dorso de la mano y respondí.

-Si, claro que puedo aguantar un poquito más.

La llamada terminó. Honestamente, no le di mucha importancia. Pensé que aguanta un poquito más se refería a soportar otra semana. Poner un pie delante del otro. Somos omegas, estamos hechos para proteger y sufrir.

Cinco días después tocan a mi puerta a las ocho de la mañana. Fui a abrir maldiciendo, con Dinah en los brazos y Grant tambaleándose detrás de mí. Porque quién coño podía ser si no tenía programada ninguna entrega. Grant amplió mucho su vocabulario en esos meses. ¡Espero que te sirviera cuando entraste a la Academia, cariño! Abro la puerta y me encuentro a Pete Maverick Mitchell, sonriente, con una mochila a la espalda, el pequeño Bradley Bradshaw agarrado de una mano y una maleta en la otra.

-¿Qué…? ¿Qué haces aquí?

Me sonrió con esa sonrisa suya que ilumina un estadio.

-Traje a Bradley a conocer a sus primos.

-¡Vinimos a pasar el verano contigo, tío Henry! -anunció Bradley muy entusiasmado.

Henry se gira hacia la mesa principal con los ojos arrasados de lágrimas.

-¿Recuerdas ese verano en Austin, Brad?

El alfa asiente, perplejo, y mira de reojo a su esposo, que sigue con los ojos clavados en el mantel y una expresión como avergonzada. Si, recuerda ese verano. Fue, sin duda, uno de los mejores veranos de su vida.

Tenía nueve años. Pete apareció en la casa el mismo día que terminaba sus clases. Era un niño, no supo qué argumento usó Mav con Carole, solo que durante la cena recibió una invitación a pasar el verano en la nueva casa de su tío Henry -un omega casi tan lindo como Pete- y sus primos. Le pareció la mejor de las aventuras y al día siguiente estaban en un avión hacia Austin. Cuando llegó, se dio cuenta de que se suponía que hiciera de niñero de Grant y le pareció aun mejor. ¡Podía probarle a Maverick que sabía ser padre!

No tenía idea de que… La voz de Henry lo devuelve al presente.

Así que Pete y Bradley llegaron y, como si fuera un juego, me salvaron la vida. No es una metáfora, ni una hipérbole. Nunca te he dicho esto antes, Mav, pero estaba así -levanta la mano izquierda con el índice y pulgar extendidos, menos de tres centímetros de separación entre los dedos-, así de convertirme en otro número en la lista de omegas que, ¿cómo decían en aquellos años? No tenían el aguante para lidiar con sus bebés y elegían la salida fácil. Como si la depresión postparto y el suicidio fueran nuestra culpa. Como si el aislamiento al que nos sometía la sociedad fuera nuestra elección.

La sala está en silencio. Muchas personas, mayormente omega y betas, asienten con seriedad. Varias tratan de disimular las lágrimas o sofocan sus sollozos con servilletas.

-No hablamos de la verdadera razón entonces, ni después. Honestamente, nadie en nuestra familia tenía las palabras. No sabíamos nada de salud mental, o desigualdad estructural de los géneros. Solo lo vivíamos. Tú no pensaste, hiciste. Como siempre. Al año siguiente, cuando nació el segundo bebé de Tom, Ron y Sarah, de casualidad te sancionaron y tuviste que pasar tres meses en tierra. Tres años después, cuando nació Nessy, la segunda de Merlín, Erik y Jacob, te las arreglaste para ser algo del asistente del no se qué en la Academia y quedarte con ellos. Podía ver el patrón, podía ver que por una década sacrificaste el avance de tu carrera militar por los omegas de este clan, pero fui… No lo sé, ¿demasiado cobarde?, para decirle a Víper en su cara que no bastaba con que pudiéramos comer en la mesa con nuestros esposos y hablar sin pedir permiso. Que estar atascado en el grado de teniente comandante no era culpa suya, sino de él. Así que me queda esto, Pete, contarle a toda la gente que se ha reunido a celebrarte lo maravilloso, lo valiente y generoso que has sido toda tu vida.

Pete está llorando en silencio. Jake y Bradley lo abrazan y apoyan sus cabezas en los hombros del omega con idénticas sonrisas orgullosas. Henry resopla y cambia su postura.

-Y ese fue el verano de 1993. Saltamos veinte años en el tiempo. Es junio de 2013 y Bradley trae a casa a Jake Seresin -hace una pausa dramática-, su amigo.

Se escuchan varias risas sarcásticas por el salón.

-No mentiré, Jake me encantó desde la primera vez que lo vi. Es apuesto, es ingenioso, sabe improvisar. Ese domingo supe que no solo compartíamos el acento de Texas, también el amor por la buena carne a la barbacoa, el chili con carne y los kolaches. Es bueno con los niños y, algo que mencionó casualmente, un apasionado de las motos. Por mis esposos sabía que es igual de loco que Maverick cuando pilotea un avión. Jum, pensé, este es el alfa que estaba buscando. Porque, lo admito, en algunas cosas soy un omega chapado a la antigua. Le debo la vida a Pete, lo menos que podía hacer es conseguirle un buen esposo. Jake es el alfa, me dije. Sobre todo, podrá seguirle el ritmo a Pete porque es más joven. Sabemos que Pete es -hace una pausa- muy energético.

Pete tose, nuevamente avergonzado. Sus esposos asienten entre risas.

-Sácales el jugo, Mav -grita alguien.

-Me sentía muy orgulloso de mi análisis y se lo dije a Rick y Leonard mientras tomábamos un vinito en la cocina esa noche. ¿No sería genial que Pete y Jake coincidieran en alguno de los tantos eventos que tiene la Marina? ¿Verdad que serían buena pareja? Y luego… Me callé porque estaban intercambiando miradas. Ustedes saben, esas miradas mitad conmiseración mitad asombro, cuanto te das cuenta de que una persona del grupo no se ha enterado del chisme que ya todo el mundo conoce. Finalmente, Rick suspira y dice.

-Cariño, Jake es gay.

-¡Oh! -fue todo lo que atiné a decir.

Volví a analizar nuestras interacciones durante ese fin de semana y me sentí un poquito estafado, pero me mantuve positivo. Así que dije.

-¿Es por eso que Brad lo trajo a casa? ¿No tiene muchas amistades dentro de la Marina porque saben que es gay? ¡Brad es un muchacho tan dulce! De verdad que ese niño salió bueno y valiente.  

La sala estalla en carcajadas otra vez. Jake y Brad intercambian miradas de asombro y diversión.

-Me callé porque mis esposos estaban de nuevo con las miradas. Rick le decía a Leo con los ojos, díselo. Leo respondía, no, se lo dices tu. Así como tres o cuatro vueltas. Era como ver un partido de tenis, lo juro. Finalmente, Leo toma aire y me suelta la segunda bomba.

-Henry, Bradley es gay.

Casi me caigo de la silla.

-¿¡Qué!? ¿Cómo que Brad es gay? -se que tenía cara de idiota, pero es que eso era demasiado- ¿Desde cuándo?

Ahí ya Rick empezó a mirarme con un poquito de desconfianza.

-Desde que nació, supongo.

-Henry -me dijo Leo muy suavecito-, tú sabes que eso es de nacimiento, ¿verdad?

Bradley era gay. Bradley lo había dicho a la familia que era gay y yo ¿me había perdido el memo? Entonces me di cuenta.

-¿Bradley y Jake son novios? -pregunté muy despacio.

Mis esposos intercambiaron miradas de pánico y se encogieron, ellos también se habían dado cuenta.

-¡¿Bradley trajo por primera vez un novio a casa y le dimos macarrones con queso?!

Tenía ganas de golpear la frente contra la mesa. ¡Qué afrenta! Por la Trinidad. Jake -Henry se gira a mirar a su nuevo sobrino, su cara seria y labios tensos un contraste absoluto con las risotadas que llenan la sala-, te juro que no fue mi culpa y esos dos -extiende el brazo para señalar a sus esposos- durmieron en el sofá una semana, por torpes.

El omega espera a que se calmen un poco las risas antes de volver a hablar.

-Igual, ustedes tres no necesitaban a un omega metiche. Estaban destinados el uno para el otro y ni todo el poder de la Marina pudo mantenerles aparte. Por favor, familiares y amistades, de pie. Hagamos el tercer brindis de esta noche, para sellar este triángulo inusual, pero perfecto en sí mismo. Celebremos a Pete Mitchell, Jake Seresin y Bradley Bradshaw, que nunca os falte el fuego, que nunca dudéis de vuestros cónyuges, que el miedo nunca empañe vuestros ojos, que vuestra unión sea larga, próspera y fértil. ¡Salud!

-¡Salud! -ruge la sala.

 

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