16 de agosto de 2024

Felices juntos 07

Landstuhl, 2006: Mi cuerpo, mi decisión (I)


Resumen:
-¿Cuánto tardarán en recuperar el cuerpo?
Por favor, que no le diga que tendrán que enterrar un ataúd vacío. Sarah y Henry no lo soportarían. No quiere ni pensar lo que le haría a Viper.
-¿Recuperar? -por primera vez el capitán Oxley suena sorprendido- No, contralmirante, disculpe, no me expresé bien. El avión del comandante Mitchell fue alcanzado por fuego enemigo y tuvo que eyectar de su avión. Tuvo tiempo de comunicarse por radio con su escuadrón antes de ser capturado.
-¿¡Qué dice?!
Su grito despierta a Sarah y Ron. Él enciende la luz al otro lado de la cama. Ella se inclina por encima de las piernas del beta para acercarse a Tom.
-¿Qué pasa? -inquiere la omega.
La mira con un miedo que nunca esperó sentir de nuevo trepándole por las entrañas hacia la garganta.
-Es Mav. Está… -vuelve a enfocarse en el teléfono- ¿dice que los talibanes tienen a Maverick?

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Fandom: Top Gun (Movies)

Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw/Pete "Maverick" Mitchell, Pete "Maverick" Mitchell/Personajes Masculinos Originales, Tom "Iceman" Kazansky/Ron "Slider" Kerner/Sarah Kazansky

Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Tom "Iceman" Kazansky, Ron "Slider" Kerner, Sarah Kazansky

Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega, aborto, Embarazo forzado

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html

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Maverick

El ruido del motor despierta a Mav, pero no se mueve. Es algo que aprendió en sus días de hogares temporales, si no reconoces dónde despiertas, finge que sigues dormido. En sus años de borracheras, y malas decisiones sexuales motivadas por esas borracheras, ha refinado la técnica. Así que, aunque el lado izquierdo del cuerpo le duele como el diablo, mantiene la respiración regular y se esfuerza por escuchar el diálogo que ocurre por encima de su cabeza.

Cuatro voces conversan en pastú con algunos términos dari intercalados. Su conocimiento del idioma es básico, suficiente para pedir hablar del clima o pedir en un restaurante -si los talibanes permitieran restaurantes-, así que las sutilezas se le escapan, pero lo que entiende le llena de alivio: solo lograron derribar su avión.

Bien. Eso significa que su estrategia funcionó y el teniente Donelly condujo al resto de la escuadra de vuelta a la base. Puede imaginar en su mente el rostro ceñudo del alfa, ladrando instrucciones para cumplir la última orden del comandante. Joseph es moreno, nervudo, de rostro redondo y dedos callosos. Creció en una familia irlandesa de Alabama, pero se enamoró Shannon Christie, una omega obsesionada con la aeronáutica y la siguió, primero a la universidad, luego al ROTC, después a la escuela de vuelo. Joseph Donelly arreará a la escuadra de vuelta a la base y en cuanto aterrice gritará hasta quedarse ronco para conseguir una operación de rescate.

No sabe si los altos mandos lo autorizarán.

El camión se detiene, dos de los talibanes bajan y empiezan a tirarle de las piernas. Okay, hora de despertar. Aparenta reaccionar a los tirones, pero estar muy desorientado e ignorar el idioma. Repite “¿Dónde estoy?” varias veces, hasta que lo hacen callar de un bofetón. Solo entonces se deja cachear -aunque ya lo hicieron cuando lo capturaron, antes de dejarlo inconsciente de un culatazo- y lo conducen hacia la boca de un túnel en la pared de una montaña. Camina muy despacio, pues el dolor en todo el lado izquierdo de su cuerpo es real. Muy real.

No ha sido mucho tiempo, pero alcanzó a ver que llegaron a una explanada delante de la pared de una montaña. El saliente es lo suficientemente amplio para contener apenas quince o veinte edificaciones con toda la pinta de ser temporales. Eso significa que lo que sea que los talibanes tienen montado transcurre mayormente dentro de la montaña.

Malo, malo. No hay protección contra radares y cámaras como las paredes de roca generadas por la madre naturaleza. Los túneles son naturales, ¿acaso recuerdos de actividad volcánica inmemorial?, pero el suelo está aplanado, hay buena iluminación y no siente la pesadez del aire habitual en subterráneos mal ventilados. Significa que es una base construida hace tiempo, con recursos.

Después del bofetón en la explanada, no tiene prisa por saber cómo reaccionan los talibanes a prisioneros con ojos curiosos, así que mantiene la cara hacia el frente y los ojos bajos. La tortura llegará, no hay que acelerar eso. Que lleve los ojos bajos es consistente con su torpe andar. Nadie tiene que saber que está contando los pasos y buscando marcadores a nivel del suelo, como puntos de cruce de cables y tuberías -no es posible ocultar el cableado cuando trabajas sobre piedra natural- o aperturas a túneles secundarios.

Mientras se adentran cada vez más en la red de galerías, los soldados hablan entre sí. Nada revelador, por supuesto, pero entiende que planean dejar la primera movida al gobierno norteamericano: si lanzan una operación de búsqueda, sabrán que él es valioso y actuarán en consecuencia. Por primera vez en mucho tiempo, Mav piensa que ser omega le da una pequeña ventaja.

Al fin llegan a un pasillo diferente. La pared izquierda es piedra desnuda, a la derecha se suceden puertas metálicas, levemente oxidadas y con ventanucos cerrados por barrotes al nivel relativo de la altura de una persona adulta y puertas trampas a nivel del suelo. Apenas hay tres metros de separación entre las puertas, nota con el corazón pesado. Se detienen delante de la tercera celda, y uno de sus captores levanta el pesado pestillo del largo de un brazo de su gancho adosado a la pared.

La puerta se abre sin rechinar.

Dentro no hay nada: ni inodoro, ni cama, ni nicho para dormir. Es solo un espacio cúbico excavado en piedra oscura, apenas iluminado por un tímido bombillo en el centro del techo a más de dos metros de altura.

La puerta se cierra a sus espaldas.

Iceman

-Kazansky -dice al teléfono automáticamente.

A su lado, Ron se mueve un poco, pero no despierta. Sus cónyuges se han acostumbrado a las llamadas a cualquier hora.

-Contraalmirante, soy el capitán Oxley, líder del escuadrón VFA-33. Asignado al USS Reagan.

Ice se yergue en la cama, siente que una corriente de aire frío le toca la nuca y le baja por la espalda. Sabe perfectamente quién es Daniel "Ace" Oxley, porque estudió su expediente con mucho cuidado antes de empezar a mover los hilos para que le asignaran a Mav y otros tres jóvenes pilotos omegas en el recién creado escuadrón VFA-33, que sus integrantes nombraron La Jauría. No sabía hasta qué punto Ace era consciente de su rol, hasta ahora. Aún así, su voz no tiembla.

-Dígame, capitán.

-Quiero informarle que el comandante Mitchell fue derribado hace dos horas durante una misión de patrullaje en el sur de Afganistán.

Ice inspira profundo y deja salir el aire muy lentamente. Mira el reloj en la mesa de noche -4:30 am- y calcula automáticamente qué hora es en Kabul -once horas por delante de San Diego-: las 3:30 pm.

-¿Estaba en una patrulla matutina?

-Si. Los interceptaron con antiaéreos en un cañón donde nunca antes se había reportado actividad.

Ah, si Ice tuviera un dólar por cada vez que ha oído las palabras “nunca antes” en una oración relacionada con Pete Maverick Mitchell. Pero no es momento de reflexiones, sino de acción. Ron se está despertando y quiere poder decirle algo concreto.

-¿Cuánto tardarán en recuperar el cuerpo?

Por favor, que no le diga que tendrán que enterrar un ataúd vacío. Sarah y Henry no lo soportarían. No quiere ni pensar lo que le haría a Viper.

-¿Recuperar? -por primera vez el capitán Oxley suena sorprendido- No, contralmirante, disculpe, no me expresé bien. El avión del comandante Mitchell fue alcanzado por fuego enemigo y tuvo que eyectar de su avión. Tuvo tiempo de comunicarse por radio con su escuadrón antes de ser capturado.

-¿¡Qué dice?!

Su grito despierta a Sarah y Ron. Él enciende la luz al otro lado de la cama. Ella se inclina por encima de las piernas del beta para acercarse a Tom.

-¿Qué pasa? -inquiere la omega.

La mira con un miedo que nunca esperó sentir de nuevo trepándole por las entrañas hacia la garganta.

-Es Mav. Está… -vuelve a enfocarse en el teléfono- ¿dice que los talibanes tienen a Maverick?

Sarah suelta un gemido. Ron una palabrota. 

-Esa es la teoría con la que estamos trabajando, si. Se que usted no es nada -hace una pausa, dice la siguiente palabra con una entonación inconfundible- oficial del comandante Mitchell, pero pensé que querría saberlo.

Si, si, por supuesto. De nuevo Tom deja que las convenciones le permitan superar el horror con un mínimo de compostura.

-Gracias -se obliga a decir-, su amabilidad no será olvidada.

-Una última cosa. El comandante desarrolló una amistad con otro oficial en los últimos meses.

-¿Una amistad cercana?

-Muy cercana. -confirma Oxley- Su nombre es Musgrave, comandante John “Fox” Musgrave.

La línea se desconecta. Tom siente que el colchón ha desaparecido y está en caída libre.

-Joder Mav.

Maverick

La luz no se apaga.

Sabe más o menos qué hora es porque el hambre es un buen indicador del tiempo, pero no está seguro de cuánto le dure el sistema. Si empiezan a espaciar las comidas… No hay ventanas, y dentro de una montaña no hay diferencias de temperatura entre el día y la noche.

No tiene nada para marcar las paredes y la luz no se apaga.

Resulta que al fondo de la celda hay una pequeña depresión con un hueco en el centro. Es el único lugar donde puede hacer de sus necesidades y está justo en el centro del campo visual del ventanuco de vigilancia. Humillación potencial aparte, le preocupaba el olor y que ratas o algo peor trepase por ahí. Entonces sintió el murmullo. Por debajo de la celda corre una corriente de agua. Debe estar a un metro o metro y medio de profundidad. Lo suficientemente cerca como para que se lleve los desechos de los prisioneros. Lo suficientemente lejos como para que nadie pueda meter la mano y… ¿y qué? ¿Beber agua contaminada y suicidarse por diarrea? Suena improbable, pero le leyó “El conde de Montecristo” a Bradley como seis veces, sabe que la gente encarcelada hace las cosas más extravagantes para alcanzar la libertad.

Se obliga a dejar esa línea de pensamiento. Edmundo Dantés y él no tienen nada en común y, sobre todo, no puede permitirse pensar en Bradley.

Hasta el olor le cambia cuando piensa en él, se lo han dicho.

Por lo menos el silencio no es absoluto, porque el murmullo del agua siempre es dulce.

Una de las diferencias fundamentales con Dantés es que él es un omega. Sus captores no se dieron cuenta, pero su cuerpo debía procesar la dosis de bloqueador químico en un máximo de setenta y dos horas, entonces…

Hay abundante información sobre lo que los talibanes hacen con sus prisioneros alfa y betas. Les gusta hacer videos de decapitaciones de alfas. Lo consideran propaganda de primera calidad. A los betas los torturan de las maneras más creativas. Tiene algo que ver con que en esta región se cree que los betas son personas resistentes, sufridas. Quebrar la voluntad de un beta es un reto. Eso también es propaganda.

Hasta donde Mav sabe, no hay idea de qué harían los talibanes con un omega del ejército norteamericano. Desde que expulsaron a los soviéticos y se apoderaron del país -Viper siempre dijo que hacer tratos con fanáticos es mal negocio-, Afganistán ha sido territorio vedado para omegas extranjeros. Incluso otras naciones de mayoría musulmana instruyen a su ciudadanía sobre el peligro que corren las personas omegas en territorio talibán.

Desde que comenzó la guerra contra el terrorismo, el gobierno talibán ha logrado secuestrar a dos omegas de países occidentales: una monja francesa y un maestro noruego que trabajaban en las montañas de Pakistán. Sus países pagaron los rescates sin chistar. Nadie quiere salir en TV a explicar que dejaron a un pobre omega en manos de talibanes. Pero no eran personal de defensa. Sobre todo, no eran norteamericanos.

Maverick suspira y mueve un poco el torso, tratando de encontrar una posición menos incómoda. Se hizo una almohada con la chaqueta exterior y ha tratado de moverse lo menos posible. No solo por el dolor constante en su costado izquierdo, también para ahorrar energía y posponer lo más posible el momento en que el bloqueador químico termine el ciclo dentro de su organismo.

Al menos cree que no tiene nada roto. Podría estar equivocado.

Cuando tenía doce años lo tiraron de las escaleras un sábado. La beta a cargo del hogar de acogida le dijo que no llorase, que parir dolía más. Si no quería que los alfas lo empujaran, debía mantenerse fuera de su vista. El lunes sus problemas para respirar lo hicieron aterrizar en la enfermería de la escuela, resultó que tenía un par de costillas agrietadas.

Así que no sabe, pero espera no tener nada roto.

Le han dado comida cinco veces a través de la trampilla cuando por fin la puerta se abre. Así que debe ser temprano en la tarde de su tercer día. Está sentado con la espalda apoyada en la pared y se obliga a permanecer quieto. Un soldado le apunta con un AK-47 y mueve el cañón de arriba abajo, al tiempo que grita “de pie” con un acento atroz. Se levanta lentamente, sin ocultar su dolor.

Es mejor que subvaloren su capacidad de movimiento.  

Cuando ya está erguido. El soldado retrocede y hace movimientos con una mano para que se acerque. Mav cojea hacia la puerta, tenso como un alambre. ¿Ya será perceptible su verdadero olor? Pero la pareja que lo espera en el pasillo no reacciona.

Lo llevan por galerías aparentemente idénticas, por una ruta distinta a la que recorrieron la primera vez, pero puede distinguir las cajas de cables y otros marcadores discretos. Al fin llegan a una sala donde -tiene que pestañear varias veces- hay una ventana que da al exterior. Más que la luz, lo que lo emociona es sentir la frescura del aire. Esto no es atmósfera reciclada por motores. Casi toda la abertura está bloqueada por una gigantesca antena parabólica cuyos cables bajan por la pared y se extienden hasta una mesa con una computadora y una cámara que apunta hacia un escenario ya montado en el centro de la habitación.

¡Uh! Deben confiar mucho en su programa de encriptación para atreverse a transmitir en vivo. Qué inesperada y agradable sorpresa. 

El escenario no tiene nada sorprendente. Suelo y laterales blancos, la bandera del Emirato Islámico de Afganistán al fondo, una silla en el centro, donde lo conducen empujándolo con los cañones de sus AKs, porque él sigue con la cara ofuscada y ligeramente fastidiada de quien no entiende lo que se dice alrededor, aunque sabe que comprenderlo es vital.

Sabe que la gente de inteligencia analizará hasta el mínimo detalle de este video, así que asume una postura que hace evidente que sus extremidades izquierdas fueron dañadas en la caída. Alguien le tira del pelo para obligarlo a levantar la cara. La lucecita en la parte superior de la cámara pasa de azul a rojo y empieza la transmisión.

El alfa a su derecha empieza a hablar con tono rimbombante sobre el poder del talibán y la misión divina, etc. Se esfuerza por mantener la cara impasible y reaccionar solo cuando mencionan su nombre. Mira a la cámara y pestañea a intervalos cuidadosamente ensayados. Una sola vez, que no puede arriesgarse a que la beta manejando la cámara note algo raro.

La transmisión termina. Lo obligan a levantarse y comenzar el lento regreso a su celda. En una de las bifurcaciones pasan por debajo de un respiradero. Mav suspira suavecito, feliz por la corriente de aire que le acaricia brevemente la frente, las mejillas, el cuello. A sus espaldas, el guardia también inspira profundo. Pete siente como su respiración se convierte en un sonido inarticulado de sorpresa y ultraje, y baja la cabeza justo a tiempo para evitar el coscorrón. Por instinto se pega a la pared, se deja caer, dobla las piernas para cubrirse el torso y pone los brazos por encima de su cabeza. Por encima suyo hay gritos y carreras. Los dos guardias se paran delante suyo, de espaldas a él. Alguien le tira una manta por encima.

Joder, vaya momento para que el bloqueador dejara de funcionar.

Después de lo que calcula han sido entre cinco y diez minutos, alguien tira de la manta. Pestañea para acostumbrarse a la luz de nuevo y ve frente a si a una omega que le tiende la mano y repite “de pie, de pie” con -eso es interesante- mejor inglés que su carcelero. Lleva una burka morada y, cuando Pete al fin se levanta, abre la boca por la sorpresa de que es más alta y fornida que sus dos escoltas.

-Silencio -advierte ella.

Cierra la boca.

La omega le pone un pañuelo de tela oscura en la cara, a la altura de la nariz, que ata por detrás de su cabeza, y luego le pone la manta por encima de la cabeza y se la cierra por debajo de la barbilla.

-Vamos -ordena.

Se ponen en marcha muy lentamente hacia otra parte del complejo cavernario. El área de omegas está mucho más profunda en la montaña.

Mierda.

Iceman

Tardan cuatro días en llamarlo a Washington. En la casa están subiéndose por las paredes, pero saben que tienen que esperar a que la dirección de inteligencia de el primer paso. Después de todo, no son nada oficial de Pete. Eso no significa que estuvieran de quietos. Ice puso en alerta a Cougar y Merlín en DC y a Hollywood en Bahréin. También empezó a pasar calladamente el control de la base de San Diego a Slider.

Así que cuando llegó la llamada, estaba listo.  

Justo antes de abordar, recibe un mensaje de texto de Oxley “Musgrave anda suelto”. Ah, piensa mientras busca su asiento, conque tendré que gastar tiempo en recordarle que no me importa si su papi juega golf con el presidente.

En el Dulles le espera un oficial.

-Contraalmirante Kazansky, señor, soy el teniente Jack Harmon, señor.

Ice lo mira de arriba abajo, el teniente tiene cuerpo de pollito criado en pomo y ojos vivaces. El uniforme le queda muy, pero muy mal. Este fue reclutado de la universidad, deduce, porque con esos brazos es imposible que pasara por ningún entrenamiento militar.

Asiente.

-Buenas tardes, teniente.

-He sido encargado de llevarlo al Pentágono, señor.

Sin decir más, caminan hacia la salida. No es hasta que están en la autopista que Ice nota los rasgos de nerviosismo: Harmon cierra y extiende los dedos mientras maneja, sus ojos oscilan entre chequear el retrovisor y lanzarle miradas de refilón. Decide cortar por lo sano.

-¿Algún problema, teniente?

-¿Yo? No, para nada -dice con demasiada fuerza.

Parece darse cuenta de lo poco creíble de su respuesta y suelta una risa nerviosa.

-Usted… Usted es un héroe, contraalmirante. Yo… Nunca pensé que podría… Usted es el arquitecto de la Jauría. Lo que significó para nuestra…. -se pone rojo- ¡Quiero decir! Para la Marina.

Ah, conque de eso se trata. Ice suspira, aliviado y feliz. Prefiere, por mucho, ser reconocido por algo que construyó y no por las vidas que ha destruido.

-No lo hice solo.

-No. -asiente rápidamente Harmon- Por eso tenemos que rescatar al comandante Mitchell. Le digo ahora, que estamos a solas, puede contar conmigo y con… -duda un poco, vuelve a abrir y cerrar los dedos alrededor del timón- Con varios omegas y aliados en el Pentágono, la CIA y la Zona Verde de Kabul. Ese Musgrave no se saldrá con la suya.

Tom alza una ceja, interrogante.

-Regresó a DC ayer, pidió baja por estrés. -bufa despectivo- Anda diciendo que es el prometido del comandante Mitchell. Que se casarán antes de que le den alta del Hospital Regional de Landstuhl.

-Seguro. -repone Ice, sarcástico- ¿El cuento incluye mostrar un anillo con cara triste?

-Así mismo. Un rubí rodeado de diamantes. Una cosa fea y recargada.

Ice siente que deja de cargar un peso tremendo y sonríe. Hasta ahora tenía la duda… John “Fox” Musgrave no le parecía el tipo de alfa que le gusta a Pete, pero podría ser que… Después de todo, apenas hablan desde que lo mandó a Iraq hace cinco años al frente de la Jauría. Podría ser que, en verdad, Pete hubiera encontrado a alguien y que no les contara porque… ¿Por qué no tenía ninguna obligación? Después de todo, Viper lo echó del clan.

Pero es evidente que no. Si Musgrave no sabe ni qué anillo seleccionar para Pete, entonces es solo sexo. Eso está bien, claro. Maverick es adulto y tiene derecho a disfrutar de su cuerpo. Después de la muerte de Carole actuaba casi como un viudo, o como un omega que recibe cortejo -aparta esa idea de inmediato, por bizarra-. Eso fue uno de sus cambios más significativos después del desastre con Bradley.

Se iba a los bares de San Diego y regresaba apestando a alcohol barato y a sexo. Lo dejaron pasar porque sin dudas era mejor ese Maverick promiscuo que el Maverick casi catatónico que habían rescatado. Aunque tirarse desconocidos no parecía darle paz. A veces ni siquiera se atrevía a entrar a la casa al regresar de sus escapadas y trataba de quitarse el hedor con la manguera el patio. "Todas las cosas tienen su maduración", repetía Sarah, y se daba vuelta en la cama. Mientras Ice se quedaba en a ventana del cuarto, viendo a su amigo tiritar en el patio. Su esposa tenía razón, por supuesto. Un día, Pete decidió quedarse en casa a jugar con sus nenes en lugar de ir a buscar a algún alfa anónimo a un bar, y supieron que lo peor había pasado.

Al mismo tiempo, la existencia del anillo revela otra circunstancia preocupante. No importa cuánto dinero tengas, los anillos llevan tiempo. Musgrave tenía planeado proponerle matrimonio a Pete. ¿Por qué? ¿Qué llevaría al alfa a pensar que su amigo aceptaría, aunque la elección de la roca indica que nunca ha hablado con Pete de eso?

Le pasará esa investigación a Henry y su red de omegas.

Llegan al Pentágono y el teniente lo conduce por galerías y elevadores sin fin. Al fin le abre la puerta de una pequeña sala de conferencias donde hay una mesa con cuatro asientos y dos alfas. Uno es bajito y rechoncho, de piel oscura, ojos grandes y cejas delgadas. Ella es alta y delgada, de piel muy blanca, rostro alargado, pómulos delicados, ojos azul claro y marcadas líneas de expresión entre la nariz y los labios, como si riera mucho. Pero ahora sus labios delgados son una línea fina, sin rastro de diversión.

-Contraalmirante Kazansky -se adelanta el primero-, soy el capitán Luther Stickell, especialista en ciberguerra.

-Capitán.

-Yo soy la coronel Max Mitsopolis -la mano que estrecha es delgada, pero fuerte-, enlace entre la Marina y el Ejército en este caso.

El alza una ceja, interrogante.

-Siéntese, por favor. -ofrece Mitsopolis y se dirige a la mesa- ¿Podemos ofrecerle agua, café, otra bebida?

-No, estoy bien, gracias.

-Este es el expediente -informa Stickell y le pasa una carpeta con el sello “confidencial” en rojo.

Tom la abre y escanea el contenido superficialmente. No hay nada nuevo aquí: el perfil de Pete, el reporte de su patrulla, la transcripción de los frenéticos minutos mientras maniobraban para evadir los antiaéreos enemigos, su mensaje de haber llegado a tierra vivo, “aunque un poco magullado”.  Levanta la mirada hacia la coronel, que no disimula su expresión curiosa. Cierra el expediente con gestos deliberados y frunce los labios.

-¿Algo nuevo?

Mitsopolis chasquea los labios y suspira.

-Ayer llegaron dos videos -hace un gesto hacia el capitán.

Stickell gira hacia Tom una computadora y activa el primer video.

No por predecible -ya ha visto numerosos videos de estos en los cinco años de guerra-, la imagen deja de ser perturbadora. No se trata de una persona desconocida, sino de su amigo, su hermanito revoltoso. Pete luce bastante desmejorado, la verdad.

-¿Tiene el lado izquierdo del cuerpo lesionado?

-Eso parece -responde el capitán-. Sería consistente con su último mensaje.

Asiente automáticamente, porque está más interesado en el patrón que le parece notar en el movimiento de los ojos de Mav. Si lo que está entendiendo es correcto… Aprieta los labios, contrariado.

-¿Decodificaron el mensaje?

Stickell y Mitsopolis intercambian una mirada breve, pero no tan fugaz como para que él no la pueda reconocer: frustración. 

-Lo decodificamos, está usando el sistema morse original. Pero no comprendemos la referencia -admite con tono renuente la coronel.

Sus ojos azules de la coronel son inquisitivos, desafiantes, también hay un poco de escepticismo en sus facciones. Él tiene que controlar las ganas de reír. Lo llamaron a DC porque toda la Marina sabe que Iceman Kazansky es el manejador de Maverick, pero parece que el Ejército tiene dudas. No tiene tiempo para estos juegos.

-¿Supongo que tampoco pueden captar la señal de su transmisor subcutáneo?

-No. -confirma Stickell- Debía haberse activado hace trece horas.

¡Maldición! Eso lo corrobora. Tom se quita las gafas, se talla el puente de la nariz, se las vuelve a poner.

-El mensaje es “Yo Gollum” -sus dos acompañantes asienten-, es el nombre de un personaje de una poco conocida novela de fantasía británica. Significa que lo tienen prisionero dentro de una montaña.

-¡Oh! -dice el capitán.

La coronel solo aprieta aún más los labios y clava los ojos en un rincón de la oficina.

-Si -suspira Ice, que de repente se siente muy cansado-. ¿El segundo video?

-Si, si, por supuesto.

El capitán mueve rápido sus dedos sobre el teclado y le muestra la segunda transmisión.

Lo primero que sorprende a Tom es que se envió apenas dos horas después del primero. Mav no está. En cambio, el alfa que recitó todas las tonterías habituales en el primer mensaje ahora ocupa el centro de la pantalla. Parece iracundo: tiene las pupilas dilatadas, una vena la late en la frente y agita los brazos con fuerza. Tom no domina el pastú, pero no importa. No solo quien sea que preparó la copia tuvo la amabilidad de incorporar subtítulos, tampoco es difícil comprender que la diatriba se relaciona a que el líder talibán descubrió que Maverick es un omega.

Lo llama “perra”. Claro que no esperaba que dijera “omega”, pues el término llegó a Pakistán de la mano de los colonizadores ingleses, pero en el mundo musulmán la convención es “tercer género” o “gestantes”. Lo llama “perra” como si su único valor fuera su útero. Tiene que invocar la imagen de su padre, inmóvil para siempre en una caja de roble blanco, para evitar que la rabia se le desborde. Al final, el líder pide una suma a cambio de Pete. Tres veces lo que demandaba en el primer mensaje. Si no, asegura, él mismo lo domará. No trata de contener la risa cruel que la estúpida frase le provoca. Stickell y Mitsopolis lo miran desconcertados, pero no se toma el trabajo de explicarles. Ese hombre está muerto y no lo sabe.

-Empiecen las negociaciones, pero exijan prueba de vida del capitán Mitchell cada semana.

La coronel hace una mueca por su tono imperativo, pero él no le da tiempo a decir nada.

-Hagan que la gente de inteligencia invente una excusa para que reciba sol directamente. Incluyan eso entre las demandas.

-Contraalmirante, le recuerdo que el gobierno de los Estados Unidos no negocia con terroristas -dice al fin ella, exasperada.

-Y yo le recuerdo a usted que esos terroristas tienen al aviador norteamericano más condecorado de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, un ícono de los derechos omega. Pregúntele al Comité de Inteligencia del Senado quién saldrá en TV a explicar que abandonaron al comandante Pete Maverick Mitchell para que un talibán lo violara. Y si la CNN no les asusta, mencione a Jonathan Musgrave, que juega golf con el presidente y lo quiere de yerno.

El capitán Luther Stickell lo está mirando con abierta admiración. La coronel Max Mitsopolis, en cambio, lo observa con expresión intrigada. Ella si se da cuenta de que esa no es la jugada. Decide que lo importante es Pete, darle todo lo que pueda desde aquí, no su prestigio de estratega calculador. Sonríe.

-Él solo necesita tiempo para recuperarse, tenemos que darle ese tiempo. No tendremos que pagar el rescate -asegura con sonrisa cáustica.

Puede ver el momento en que las piezas hacen clic en la cabeza de Mitsopolis. Ella también sonríe. Sus dientes hacen pensar a Tom en una guillotina.

Maverick

El área para omegas del complejo está en lo profundo de la montaña, pero las celdas son más cómodas. A primera vista es igual que el sitio a dónde lo llevaron el primer día, un pasillo con cinco celdas, pero el interior es muy diferente. Estas celdas parecen haber sido pensadas para estadías de largo tiempo.

Atan a Pete a una cadena empotrada a la pared del fondo, la manilla está forrada por dentro con cuero suave, para prevenir llagas. La cadena permite llegar hasta la mitad de la celda, de modo que la puerta queda totalmente fuera de su alcance. En cambio, hay un lecho tallado en la pared del fondo con pieles y mantas tejidas. En un rincón está el hueco por donde llega el ya familiar rumor del arroyo que arrastra la mierda del complejo.

La luz no se apaga.

No importa, porque puede escuchar los sonidos del resto de omegas. Identifica a cinco personas adultas y numerosas voces infantiles, muchas más de los que debería haber en un campamento militar. Aquí el tiempo no se volverá una cosa incoherente y vacía.

Quien trae la comida siempre es la misma omega que lo recogió en el pasillo. No habla, tiene el rostro cubierto por un velo, pero le gustan sus ojos verdes y atentos. La manera en que estudia cuidadosamente el espacio y a Pete antes de entrar revela inteligencia y algún tipo de entrenamiento -formal o por imitación- sobre amenazas. Tampoco ha vuelto a hablarle, pero si le habla a la prisionera de la celda de al lado.

Tal vez sea paranoia, pero no cree que sea casual que escuche esas conversaciones.

Tres días después de la gran revelación, como lo está llamando en su mente, vienen a buscarlo dos alfas armados. Cuando sale, nota que el área omega está vacía. Solo la omega líder está parada delante de una puerta verde. Finge no prestar atención al detalle.

Lo llevan a través de una serie de galerías nuevas hasta que el pasillo se abre al cielo. Se detiene, asombrado, pero lo empujan con el cañón de uno de los AK-47 y sigue caminando hacia la luz. Resulta ser literalmente eso, una apertura en la pared de la montaña por donde entran la luz del sol y el aire fresco. Se deja caer de rodillas y deja escapar un par de lágrimas rebeldes. Esto fue idea de Tom, está seguro.

Es tan bello sentir la luz sobre su piel, incluso su costado duele un poco menos.

Suspira, se abre con dedos torpes la camisa para dejar la mayor cantidad de piel expuesta y, casualmente, roza la malla que cierra la ventana y convierte el acantilado mortal en un hermoso solárium. Reconoce el metal al tacto: acero y cobre.

No podía ser tan fácil.

Cuatro días después lo llevan a la sala de transmisión para hacer un video de prueba de vida. Transmite un mensaje corto, “FRDY”. Ice, y acaso alguno de los inútiles del Pentágono, entenderán que sus sesiones de sol cada cuarenta y ocho horas le ayudarán a recuperarse, pero no servirán a la Marina para localizarlo. La rejilla funciona como una jaula de Faraday y cubre los espacios donde la pared de la montaña no es lo suficientemente gruesa para bloquear la señal de su transmisor subcutáneo.

Al final de la segunda semana, el dolor casi a desaparecido y empieza una rutina de ejercicios de modo cauteloso. No puede darse el lujo de ir demasiado lejos y volver a dañar su cuerpo. Cuando los alfas vienen a “visitar” a la prisionera de la celda de al lado, se concentra en sus flexiones y bloquea los gritos de dolor con su propia respiración entrecortada.

Sabe que le dejan oír los sonidos de la tortura a propósito. No pueden dañar su cuerpo si quieren el rescate. Eso no significa, por supuesto, que no traten de “darle una lección” por proxi. Cabrones. También escucha a la omega líder cuando va a curar la prisionera. Habla en pastú e inglés. La prisionera nunca responde. No tiene idea si para mantener algo de dignidad, por agotamiento o porque, tiembla al pensarlo, es incapaz de hablar.

En el video de la tercera semana les pasa un mensaje sobre su estimado de la distancia entre el sitio de su captura y la montaña. Si no pueden localizarlo exactamente, la menos que informen a las tropas de la ISAF del área para que no lo mate el fuego amigo cuando corra en su dirección. Entre los paseos al solárium y a la sala de transmisiones ya sabe bastante del complejo. Solo tiene dos obstáculos para escapar: zapatos y la cadena que lo ata a la pared.

Por supuesto que lo mantienen descalzo. Son talibanes, no idiotas. Precisamente porque no son idiotas las galerías están excepcionalmente limpias, pues también le niegan calzado al resto de omegas y no podrían servirles si se cortaran los pies caminando por el complejo. La estrategia es permitirles libre movimiento dentro del complejo, pero hacer casi imposible que bajen de la montaña. Pete ha localizado el armario donde ponen el calzado que no está en uso. Son muchos pares de botas y no aspira a recuperar las suyas, pero no importa, porque están organizadas por talla. Solo agarrará unas que le queden bien.

La cadena es la parte que aún no ve cómo resolver. La clave está en la omega líder. No cree que pueda sorprenderla cuando le trae comida. Para empezar, siempre se detiene a buena distancia del alcance máximo que le permite la cadena y empuja la bandeja con un bastón. Tampoco tiene la certeza de que lleve la llave encima en esos momentos. Por otro lado, la líder ha dejado caer demasiada información casual para que sea involuntaria. La hora del cambio de guardia, el nombre de los alfas que vienen a torturar a la omega en la celda de al lado, la cantidad de infantes bajo su responsabilidad.

No tiene modo de saber es si ella quiere ayudarlo o está tratando de ganarse su confianza para chivarse con los talibanes. Después de todo, hay omegas que apoyan al califato y su horrible interpretación de la ley islámica. Tiene que pensarlo un poco más. Se enfoca en seguir su rutina de ejercicios para recuperar la fuerza en el lado izquierdo del cuerpo.

Cuando se cumplan cuatro semanas de su captura, Maverick se da cuenta de que algo está funcionando mal con su cuerpo: sus pechos están sensibles, su abdomen se siente ligeramente hinchado, como si estuviera en pico del metaestro, la comida, que hasta ahora consumió sin prestarle demasiada atención, le resulta repulsiva y esta es la décima vez que orina en el día. ¿Podría ser alguna enfermedad o que el estrés por fin le está pasando factura?

Se sienta y medita sobre el asunto, repasando con cuidado los eventos de las últimas cuatro semanas y las reacciones de su organismo. Entonces cae en cuenta de que…. ¡mierda!

Lleva casi treinta días en esta montaña, aun contando con las demoras inducidas por el accidente y el estrés de su secuestro, debería estar a mitad de su anestro, sintiéndose relajado y limpio, desinteresado por su apariencia y durmiendo como un bendito. En cambio, está hinchado como si su celo acabara de terminar y sus sueños son inquietos, llenos de manos que vagan por sus muslos y labios que se prenden de su coño.

Se da cuenta de que nunca sintió los calambres característicos del diestro. Desde que dobló la curva de los cuarenta puede sentir como cada dos meses su útero se descama para eliminar el revestimiento y todo se reorganiza para el siguiente ciclo. Hannah, la omega de Merlín, le mandó unas pastillas que hacen maravillas para controlar esos calambres. No que sea una sensación paralizante, pero no rechaza nada que lo ayude a estar cien por cien concentrado en el avión y su escuadra.

¿Por qué no tuvo los calambres del diestro y no siente ahora la relajación característica del anestro?

Sentado con las piernas cruzadas de espaldas a la puerta de su celda, Maverick cuenta con los dedos. Una sospecha empieza a tomar forma en su mente y no puede… Hace las cuentas una y otra vez, con desesperación casi febril. Treinta días desde su captura, su último celo fue quince días antes. Su ciclo estral es como un reloj atómico, siempre lo ha sido desde que se presentó a los doce años. Ni la desnutrición de sus años en hogares de acogida y universitarios, ni el estrés de la escuela de vuelo lo cambiaron. Ni siquiera cuando perdió a Nick o a Bradley si ciclo se inmutó.

¿Entonces por qué ahora?

Pero no puede ser. John siempre usa preservativos. Excepto que…

Pidieron permiso común para disfrutar del estro sin interrupciones. Su amante actuó como si fuera un gran paso en su relación. Lo invitó a comer fuera, o sea, fueron a buscar hamburguesas, y luego a un motel a media hora de la base. Allí John le tenía una sorpresa: su beta Owen había viajado desde DC, donde trabaja para el Departamento de Estado. Pete pensó que ya iba siendo hora de cortar esta relación, porque Fox parecía demasiado entusiasmado y hasta habló de que fuera a pasar Acción de Gracias con su familia a Vermont. Pero no iba a negarse a tener sexo durante su celo con una pareja tan atractiva. John es bueno en la cama, resulta que Owen no se le queda atrás.

Lo cierto es que Pete no recuerda con claridad los dos últimos días de su estro. Esas cuarenta y ocho horas son habitualmente las más intensas y fértiles del ciclo.

Un ciclo que no siguió el patrón que debería después de esos días de innegable sexo de calidad superior: quince días de metaestro, cuando se desarrolla el revestimiento uterino y ocurre la ovulación, quince días de diestro, cuando los calambres indican la degeneración del cuerpo lúteo, quince días de anestro, cuando el deseo sexual se reduce casi a cero.

Han pasado cuarenta y cinco días. Su cuerpo debería estar comenzando la semana de proestro: con la vagina apretada y húmeda, emitiendo feromonas para atraer alfas y betas con interés en su próximo celo. En cambio, apenas puede olerse a sí mismo y, lo más importante, nunca tuvo las contracciones que anuncian la reabsorción del óvulo y el endometrio.

Pete siente como el terror le sube desde el vientre hasta la garganta como una ola fría, paralizante. Está embarazado.

Luego viene la rabia, caliente, arrasadora, que tiñe las paredes de piedra gris de su cárcel de rojo. La mera idea de que John y Owen se atrevieran a… “No es de Bradley” es lo único que puede pensar. “No es de Bradley” es el único argumento que necesita para saber que esto es inaceptable. “No es de Bradley” no solo porque Bradley no lo ama, sino porque él nunca lo traicionaría así.

¿Cómo planeaba John evitar que se diera cuenta? ¡Ah! Claro, le iba a decir que tomara las píldoras para el dolor del diestro antes de que empezaran los calambres. Los supresores químicos obligatorios de la Marina enmascararían el cambio en su olor y ninguno de sus pollitos, ni el paranoico David Shawn, ni el curioso Ron Kovic, ni la observadora Shannon Christie lo notarían, aunque pasan la mayor parte del día juntos en la base.

Después ya sería demasiado tarde.

Finalmente llega la calma, suave, ligera como una brisa de primavera. No puede esperar por los inútiles del Pentágono.

Esa tarde, cuando la omega líder viene a dejar la cena, le habla en pastú.

-Mi nombre es Pete, y me tengo que ir de aquí. ¿Me ayudas?

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NOTAS:

El Centro Médico Regional Landstuhl (LRMC), también conocido como Hospital Landstuhl, es un puesto del ejército estadounidense en Landstuhl, Alemania.

Ciclo estral:

La idea básica de todo universo A/B/O es que nuestra especie, la homo sapiens, no tiene ciclo menstruales, sino ciclos estrales. Todas las especies de mamíferos comparten el mismo sistema reproductivo. Sin embargo, los animales que tienen ciclos estrales reabsorben el endometrio si no se produce la concepción durante ese ciclo. Los mamíferos que tienen ciclos menstruales eliminan el endometrio a través de la menstruación. Las personas (homo sapiens), las musarañas elefante (las 16 especies del orden Macroscelidea) y algunas otras especies tienen ciclos menstruales. La gran mayoría de los mamíferos tienen ciclos estrales (andar sangrando por ahí no es útil).

El celo refiere al periodo del ciclo estral llamado “estrus”. La palabra “estrus” viene del latín oestrus 'tábano', 'locura', 'inspiración poética', y este del griego οἶστρος oîstros. Igualmente, “celo” viene del latín zelus 'ardor, celo', y este del griego ζῆλος zêlos, derivado de ζεῖν zeîn 'hervir'. Algunas especies de animales con ciclos estrales presentan manifestaciones externas inconfundibles de receptividad durante su estro, por ejemplo, genitales hinchados y coloridos, cambios de comportamiento o llamadas de apareamiento.

Ciclo estral: Proestro - Estro (celo) - Metaestro - Diestro - Anestro

Ciclo gestacional: Proestro - Estro (celo) - Ovulación - Implantación - Gestación - Parto

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