Capítulo 10. San Diego, 20 de junio de 2016: Felices juntos
Pete levanta la cara, le responde a Bradley con tono falsamente escandalizado y ojos juguetones.
-Teniente comandante Bradshaw, ¿pretende usted satisfacer su lujuria conmigo?
-Es Bradshaw-Mitchell, sepa usted y -levanta a Pete en sus brazos, el omega suelta un ligero chillido de sorpresa- no es lujuria, es amor.
Se aparta de la pared, gira, mira a su otro esposo por encima del hombro.
-¿Jake?
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Fandom: Top Gun (Movies)
Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw / Pete "Maverick" Mitchell / Jake "Hangman" Seresin
Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw
Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega
ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html
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Ahora
La única luz viene de la chimenea. No que necesiten calefacción en junio en California, pero La Hacienda es tan ridículamente lujosa que tienen un fuego holográfico y luces estratégicamente instaladas para simularlo.
La luz dorada tiñe los cuerpos de un halo fantasmal, etéreo.
Solo se escuchan sus jadeos y el sonido de piel contra piel.
Bradley está sentado con la espalda apoyada en el cabecero de la cama, respira con dificultad por el esfuerzo, gruñe. Sus manos están en las caderas de Pete, guían sus movimientos oscilantes mientras lo cabalga.
El omega tiene las manos apoyadas en los hombros de su esposo, los ojos vidriosos. Se muerde el labio superior y deja escapar gemidos agudos, mitad placer y mitad demanda. Tiene el torso cubierto de un sudor ligero, perfumado. Su olor característico a cuero y mar inunda toda la habitación. Tira la cabeza hacia atrás y disfruta intensamente el segundo par de manos que lo acarician.
Jake está de rodillas detrás del omega. Su erección es casi dolorosa mientras espera su turno. Sus manos vagan por el cuello, espalda y pecho de Pete. Sus ojos clavados en el otro alfa, dilatados por el deseo.
-Jake -Pete tira un brazo hacia atrás, dedos extendidos.
El rubio se apresura a estrechar la mano.
-Aquí estoy, amor.
Le besa entre los omóplatos. Lame el sudor agridulce de su excitación.
-Ven… Entra en mi…
-Después, amor -le promete- No queremos hacerte daño. -Cruza una mirada orgullosa con Bradley. Su omega está tan perdido en el placer que se ha olvidado de que no pueden penetrarlo al mismo tiempo, como si fueran un alfa y un beta.
-No, no… Ahora… Por detrás…
-¿Por detrás?
Jake no puede evitar sonar sorprendido y desconcertado. ¿Pete está hablando de sexo anal? Eso es…
Jake no se considera un puritano, ni de lejos, pero el sexo anal con un omega es uno de los pocos tabúes que lo hace reaccionar. Las personas omegas no tienen próstata, por lo que no pueden sentir placer derivado de la penetración anal. El recto beta tiene próstata, glándulas lubricantes y un sistema muscular controlable de modo consciente. Está diseñado para el coito. El cuerpo omega es diferente. Solo la vagina está realmente hecha para ser penetrada. Pero por mucho tiempo el sexo anal fue el único método anticonceptivo natural disponible, así que la práctica tiene una relación intrincada con la violencia sexual dentro del matrimonio. Después de todo, mucha gente supone que ser omega implica estar siempre disponible para satisfacer los deseos sexuales de tus cónyuges.
Todavía hoy, en el léxico popular cada acto lleva un verbo diferente. No es lo mismo “estar” con un omega que “usar” un omega. A Jake jamás se le ocurriría proponerle tener sexo anal a Pete. Por la cara estupefacta de Bradley, su esposo piensa más o menos lo mismo.
-Pete, eso no…
-¡Eso si! -los corta- Es mi noche de bodas ¿no? -guía la mano de Jake hacia su trasero- Los quiero a los dos, como debe ser.
El alfa roza con la punta de los dedos el agujero y se sorprende al notar una protuberancia emergiendo del cuerpo del omega. Sorprendido, tantea con más atención.
-¡Trinidad bendita! ¿Cuándo te pusiste ese dildo, Pete?
El omega lo mira por encima del hombro con sorna.
-Antes de salir para la ceremonia. -ignora la interjección de asombro de Bradley- Quería estar bien preparado. -vuelve a mirar al alfa de ojos marrones- Brad, ¿no quieres sentir a nuestro esposo dentro de mi? -al mismo tiempo que hace un movimiento oscilante y contrae la vagina.
Abrumado por las sensaciones, Bradley es incapaz de articular palabra. Solo emite un sonido inarticulado, un gruñido que podría ser lo mismo afirmación que sometimiento.
-Jake -repite Pete-, por favor.
Antes
La noche en que le propusieron matrimonio a Pete, durmieron apilados en su cama. Estaban demasiado agotados por la discusión como para hacer otra cosa que abrazarse. En la mañana, los alfas despertaron para encontrar que Pete ya estaba de regreso de su habitual carrera matutina y salía del baño con una toalla anudada a la cintura y el rostro ceñudo.
-Ah, ya despertaron.
-Ey, hermoso. -cómo Jake podía tener voz seductora apenas despierto era uno de los más profundos misterios del universo- ¿Quieres quemar un poco más de calorías?
-No.
La seriedad de la respuesta hizo que los dos alfas intercambiaran miradas de temor. ¿Acaso no habían resuelto ya eso?
-Pete… -empezó a decir Bradley, pero el omega lo hizo callar con un gesto.
-Antes de seguir con -trazó una vaga elipse con su índice derecho entre la cama y él mismo- esto, tenemos que hablar seriamente.
-¿No fuimos lo suficientemente serios para ti anoche? -se quejó Jake sin disimular su irritación.
Pete se mordió los labios y asintió.
-Si, lo fueron. Así que les debo -se detuvo, respiró profundo, bajó los ojos-, les debo la verdad, no la versión de mí que circula públicamente. Si después aún quieren que yo… que nosotros duremos un poco más, estará bien. Ustedes son adultos, después de todo.
-Estás empezando a asustarme -admitió Bradley.
Pete no le respondió. Se sentó en el extremo de la cama, agarró el borde del cobertor con la punta de los dedos.
-Solo quédense ahí hasta el final, ¿si? -y empezó a hablar con los ojos clavados en la pared.
Lo que siguió no fue fácil. Jake sabía que la vida de Pete había sido dura antes de encontrar a su padre, pero no tenía idea de las horribles peripecias que podía contener la vida de un huérfano omega y bocón en los años sesenta y setenta. No que la Marina hubiera sido mucho más generosa con su amado, pero al menos había comidas regulares y cama segura. Bradley tenía cierta idea de los abusos y acosos que sufrió mientras se convertía en el mejor aviador de su generación -acaso del siglo XX-, pero esa mañana comprendió que había recibido siempre las versiones descafeinadas. Primero porque era un niño. Luego porque su resentimiento contra Pete lo excluyó del pequeño círculo que sabía la verdad.
A su lado, Jake empalideció y se encogió lentamente, como si cada bofetada, cada ofensa, cada decepción o traición, lo golpease físicamente. Su respiración se hizo ruidosa e irregular. Bradley le pasó un brazo por encima de los hombros y lo apretó contra su cuello al tiempo que se obligaba a emitir un aroma calmante. De nada serviría que a Jake le diera un frenesí. ¿Con quién iba a pelear? El truco funcionó a medias: Jake pudo controlar su respiración y se limitó a llorar en silencio.
Al final, llegó la historia que habían intuido la noche anterior: una pareja que trató de forzarlo a mantener un embarazo no deseado, un aborto, casi una década de relaciones monógamas tras la traumática experiencia.
-Así que no sé si todavía soy fértil. -concluyó mientras se limpiaba las mejillas húmedas con las palmas de las manos- Estaba usando los anticonceptivos para sentirme seguro, pero en realidad… Así que no puedo prometerles…
Al fin volteó la cara hacia ellos. Sus ojos verdes teñidos de miedo y vergüenza. Porque creía, honestamente, que todo su sufrimiento lo haría menos valioso, menos deseable, menos digno.
Jake tomó una inspiración profunda y se separó de Bradley. Gateó por la cama esta quedar frente al omega, extendió una mano con la palma vuelta hacia arriba.
-¿Puedo? -le preguntó muy suavemente.
Pete lo contempló confundido, ojos yendo de la mano a su rostro.
-No entiendo…
-¡Por la Trinidad, Pete! -lo cortó Jake- Solo déjanos abrazarte. Déjanos ser tus alfas de una maldita vez.
Pero Pete todavía no se movió. Miró dubitativo a Bradley, quien solo sonrió a hizo un leve asentimiento con la cabeza. Solo entonces tomó la mano de Jake, que enseguida tiró y lo arrastró hacia el centro de la cama. Lo hicieron acostarse, se tendieron cada uno a un lado, armaron un capullo protector con almohadas y mantas, lo besaron hasta que sus labios estuvieron rojos y no pudo más que exudar feromonas olorosas a satisfacción y empezó a salirle un ronroneo satisfecho del centro del pecho.
-Hum, nunca pensé que me convertiría en este tipo de alfa -dijo Jake bajito, su tono a medio camino entre diversión y asombro.
-¿Qué tipo de alfa? -preguntó Pete con voz amodorrada.
-El que le pide matrimonio a su omega lo más rápido posible. Como en, cásate con nosotros en el próximo solsticio, Pete.
Bradley sintió la tensión repentina del cuerpo bajo sus dedos y sintió miedo. Ahora sí que se pasó, pensó. Nos echará de la casa y estará en un portaaviones al otro lado del mundo en menos de veinticuatro horas. Trató de buscar los ojos de Jake, pero su novio tenía la mirada clavada en Pete. Sus ojos verdes sinceros y expectantes.
-¿Bradley? -inquirió Pete sin moverse, buscando confirmación.
Quiso llorar, porque la voz de su omega era tan temerosa y al mismo tiempo tan esperanzada. Pero no podía dejarse arrastrar por el pasado ahora. Este era el momento, comprendió, el momento en que Hangman los arrastraba a ambos hacia el futuro. Se torció para poner la cabeza en el pecho de su amado. Los dedos de Pete se metieron enseguida entre su cabello, moviéndose de modo aleatorio. Al fin todo era perfecto. Así que no pudo hacer otra cosa que repetir lo dicho veinticuatro años antes, porque seguía siendo cierto.
-Quiero que seas mi esposo, Pete Mitchell.
La mano en su cráneo se detuvo en seco. El aroma del omega era una mezcla compleja de sentimientos. Bajo su mejilla, Bradley podía sentir lo mismo que Jake bajo la palma de su mano posada casualmente en la cintura de Pete: los músculos tensos, el pulso rápido. Su amante era un animal acorralado y listo a saltar. Al fin, Maverick exhaló muy lentamente.
-Es en serio. -y el tono meditabundo de la frase apenas murmurada les hizo comprender que no hablaba con ellos dos, sino consigo mismo. -No entiendo -admitió con voz más alta-, el mundo no funciona…
-El mundo puede irse a la mierda. -lo cortó Bradley- Has salvado al mundo, ¿cuántas veces ya? El puto mundo te la debe, Pete.
-Soy… -volvió a empezar.
-El omega más maravilloso del mundo. -le interrumpió Jake- Soy el mejor, y quiero lo mejor. -le delineó la mandíbula con el índice- Tu, Pete Mitchell, eres el mejor. Ni siquiera tus enemigos lo dudan. Déjanos ser tus alfas en brillante armadura.
Bradley soltó un bufido risueño. Dejó un beso húmedo en el vientre plano, bien delineado, del omega.
-Déjate amar, Pete, por favor. -rogó y le besó el esternón- No nos daremos por vencidos.
-Ustedes querrán una familia y yo…
-Ciento once mil quinientos ochenta y nueve -le cortó, porque ya sabía por dónde iba y Bradley habían hecho la tarea.
-¿Ciento once mil qué? -preguntó Pete, desorientado.
-Hay ciento once mil quinientos ochenta y nueve menores de edad disponibles para adopción en este país, más del cincuenta por ciento omegas. Jake y yo hemos hablado del asunto.
-Hay demasiados Seresin en este mundo -apostilló el otro alfa sin ocultar su desdén.
-Así que, si tu no quieres, o si no es seguro para ti, hay otras maneras -terminó Bradley.
-Me expulsaron del clan. -dijo al fin, con dolor- Bradley, eres el mayor, no puedes decir que te casarás con el omega que te clavó un puñal en la espalda. El clan ha avanzado, es importante ahora. Casarte conmigo pondría en peligro el legado de Viper y Ice. No lo van a permitir.
Eso si que hizo a Bradley tragar en seco. ¿En serio eso era lo que Pete creía del resto del clan? ¿Tanto lo había herido? ¿Cómo podría pagarle a este hombre maravilloso todo el dolor que su arrebato adolescente había causado?
Al otro lado de la cama, la expresión de “te lo dije” de Jake era inconfundible. Si, se lo había advertido, pero él siempre ha sido bastante bueno en ignorar las cosas que duelen. Imaginar que la expulsión de Pete no había sido gran cosa para el omega fue parte de su arsenal de justificaciones para seguir adelante todos estos años. Se convenció de que Pete simplemente era capaz de cuidar de si mismo. Además, Ice nunca dejó de protegerlo, ¡todo el mundo lo sabía!
Está claro que, en esto, como en muchas otras cosas, se equivocó. Irónico cómo creer que alguien es más fuerte de lo que es en realidad puede hacerles daño. Se apartó para poder mirarlo a los ojos.
-Pete, amor, claro que el clan te quiere de vuelta. Eres el mejor aviador del siglo XX, cualquier clan militar te querría en sus filas. Solo mi testarudez y tu dignidad se interpusieron en tu regreso. Espero que me perdones por lo que te hice, por quitarte a tu familia en venganza. Pero te juro, Pete, no hay escenario en que acepte asumir mi rol con el clan si ustedes no están a mi lado.
Pete los miró alternativamente, expresión desconcertada e incrédula. Abría y cerraba la boca sin poder articular ningún sonido. Se había quedado sin argumentos.
-Así que, Capitán Pete Maverick Mitchell, queremos casarnos contigo en el próximo solsticio de verano. Hablo por mí, y por mi amado Bradley, cuando te juro que nos harías los alfas más felices y afortunados del mundo. ¿Aceptas?
Pete frunció los labios, miró al techo, suspiró.
-Supongo que si me niego solo seguirán insistiendo.
Ahora
Jake mira a Pete, que le sostiene la mirada. Detuvo el movimiento de las caderas, simplemente está empalado en la barra de carne y espera. Mira a Bradley, totalmente ido entre las feromonas omega que saturan la atmósfera de la habitación y la profunda satisfacción que siempre le produce estar dentro de Pete.
-Supongo que si me niego solo seguirás insistiendo.
La aceptación le gana una sonrisa ladeada y un asentimiento de cabeza. Con dedos temblorosos palpa el objeto enterrado en el trasero del omega y busca un punto de agarre. La parte que sobresale es pequeña, por eso no limitó a Pete, que pasó cuatro horas con eso dentro, y ni Bradley ni Jake la notaron mientras lo desnudaban. Para compensar, la superficie es irregular, permite un agarre firme apenas con la punta de los dedos. Es una muestra más del agudo pensamiento estratégico de Maverick, que quería que Jake…
La idea lo golpea como un puñetazo: Pete lo ha hecho especialmente para él.
Durante estos meses su relación se ha estabilizado, con modos definidos de actuar en la calle, en el aire, en la casa, en la cama. Tiene un vínculo basado en el respeto mutuo, y Jake piensa que en eso no se diferencian mucho de otros millones de relaciones heterosexuales. Excepto en la cama. Son un omega y dos alfas, así que la cópula simultánea -que el cine ha romantizado, y presenta como algo inherentemente sencillo y natural, cuando está lejos de serlo sin causar dolor al omega- es algo físicamente imposible para ellos.
En la cama, Bradley y Jake toman turnos penetrando a Pete. Es menos intenso, pero sus sesiones amorosas duran bastante más del promedio. Cosa que satisface sobremanera al omega.
Si están los tres juntos, Jake siempre es el segundo dentro de Pete. No sabe muy bien por qué.
En realidad, si lo sabe, solo que ya no se toma el trabajo de pensar en ello.
Antes
Jake descubrió este un pequeño cine de arte en el centro de San Diego. El local ofrece comida elaborada por estudiantes de culinaria, para aumentar sus entradas. Es una experiencia inusual, comer nivel chef mientras ves un filme vintage.
Bradley conoce perfectamente las preferencias de Pete en cine y marcó de inmediato en agenda la proyección especial de “La firma”, un drama sobre la lucha por hacer lo correcto en medio de leyes mediocres. Esta será su primera cita de diciembre.
A Pete le encantaron el local, el filme y el menú. Se pasó la proyección alimentando con los dedos a los dos alfas. Un gesto atrevido para el espacio público, que hizo sonrojar a Hangman y henchir de orgullo a Rooster.
Más tarde, en el parqueo, se besaron recostados al capó del Bronco, como adolescentes. Durante todo el viaje de regreso estuvieron sonrientes, relajados por la mezcla perfecta de sus feromonas. Pete con cada mano en el muslo de uno de los alfas. Una conversación fácil sobre los méritos del filme y la calidad de la comida.
Maverick vive en una de esas casitas que el Departamento de Defensa hace en serie para su personal sin familia. Solo tiene espacio de parqueo para un auto, pero él ha empezado a dejar su moto al costado, para que la camioneta de Bradley o el auto de Jake no se tengan que quedar en la acera cuando vienen a visitarlo.
Bradley apaga el motor y se vuelve hacia el omega.
-Aquí estamos -lo mira con ojos encendidos de deseo.
Desde la tercera cita, sus salidas terminan con una buena sesión de besos. Se pasan hasta media hora acariciándose por encima de la ropa hasta que el omega los detiene -hay algo profundamente excitante en obedecer este tipo de órdenes, en probarle que son confiables- y se sale de la cabina. Bradley y Jake lo ven caminar hasta la puerta, borracho de lujuria, decir adiós con la mano y desaparecer dentro de su casa.
Pero hoy Pete no le pone la mano en la nuca para atraerlo hacia su rostro. Sino que se pasa la lengua por el labio superior y dice, titubeante.
-¿Ustedes querrían… entrar a tomarse un café?
Al otro lado de la cabina, Jake se tensa como un alambre. Le hace un gesto alentador a su novio. Pero Bradley duda. Tantos años de espera lo han hecho cauteloso.
-La cosa es, Pete, que es muy tarde. Si tomamos café ahora, no vamos a poder dormir.
La expresión del omega pasa de la inseguridad a la diversión.
-Ese es el plan Rooster, si estás dispuesto a bajarte de tu percha, claro.
Bradley no responde con palabras. Un gruñido victorioso le sale del centro del pecho y atrapa los labios de Pete en un beso posesivo mientras extiende una mano para alcanzar a Jake al otro lado de la cabina.
-Para -Pete pone las manos en sus hombros y lo aparta- Estoy muy viejo para hacerlo en el asiento de una camioneta.
-Tú no eres viejo. -refuta Bradley mientras abre con dedos torpes la puerta del Bronco y salta fuera- Tu eres vino bien añejado. -le tiende la mano para ayudarlo a bajar, un gesto absolutamente ceremonial que hace a Pete sonrojarse hasta las orejas.
Jake agarra la bolsa de viaje que mantienen siempre en la parte trasera de la cabina, toma las llaves que Brad olvidó en la consola, se baja, cierra y los alcanza en el portal. Pete mira con sorpresa el paquete entre sus manos.
-Un poco atrevido imaginar que necesitarían eso hoy, ¿no?
A lo que el alfa responde con expresión ufana.
-Cuando se corteja a un omega como tu, hay que estar preparado.
Y le suelta la bolsa a Bradley para agarrar a Pete por la cintura, pegarlo a su cuerpo, besarle el cuello y los labios. Se detiene cuando lo siente tensarse.
-Alguien puede vernos -musita como excusa el omega para escurrirse de entre sus brazos, sacar las llaves y abrir la puerta.
Dentro, Pete hace un gesto vago hacia la derecha.
-El baño de visitantes está allí. Los espero en el cuarto.
Los alfas están tan aturdidos por toda la situación que tardan un momento en comprender la sugerencia. ¿Baño? ¡Oh! Comieron en la calle, llevan rato sin orinar. Baño, claro. Lo último que quieren es que su primera noche con Pete se estropee por mal aliento o una micción involuntaria. Corren al baño. El espacio es pequeño, pero elegante. En el lavamanos hay dos cepillos de dientes con lacitos de regalo. Un cepillo es color avellana y tiene una etiqueta con un gallo. El segundo es verde y en la etiqueta hay una horca color amarillo neón.
No pueden evitar la risa.
Se desnudan, hacen sus necesidades y lavan entre caricias y sonrisas. Cuando ya están a punto de salir, Jake no puede contenerse y toma entre sus dedos la erección de Bradley. El alfa la aparta la mano con fuerza.
-Es para Pete.
De repente la expresión de Bradley pasa de relajada a amenazante. Acorrala a Jake contra la pared, apoya las manos a ambos lados de su cabeza.
-No vamos a pelear delante de él, Seresin. -le dice con voz dura- Guárdate tu competitividad para las maniobras aéreas.
Jake alza las cejas, asombrado por la agresividad repentina.
-¿No debería ser él quien…?
-¡No! -hay un brillo desesperado en sus ojos marrones- Yo primero.
Jake no le responde porque comprende que su novio tiene la cordura colgando de un hilo. Lleva más de veinte años deseando a Pete. Aún hay días en que despierta entre sus brazos y le pregunta, incrédulo, si de verdad lo están cortejando o fue un sueño. Cualquiera con ojos para ver sabe que Bradley Bradshaw tiene una naturaleza inherentemente violenta, que su contención legendaria es una habilidad cuidosamente cultivada para permitirle actuar civilizadamente.
Pero esta noche Bradley no tiene la capacidad mental para ser cortés. No va a pelear con Jake, pero su percepción se ha cerrado ante la perspectiva de, por fin, tener a Pete Mitchell, el omega al que ama desde que tenía ocho años. Hoy el lado posesivo, casi feral, del alfa sale a flote. Jake sabe que su novio no lo ama menos por eso. Incluso podría argumentarse que esta brutal honestidad es una prueba de amor. Porque Bradley no quiere luchar contra Jake, solo quiere dejar claro el orden.
¿Puede aceptarlo?
Jake piensa que, de cierta manera, el asunto podría reducirse a quién llegó antes a la vida de quién. Pete llegó antes a la vida de Bradley. Evitan mencionarlo, pero el hecho es que el omega lo vio nacer. Rooster ya amaba a Maverick cuando llegó a los brazos de Hangman. Él no sabía quién era, pero si se dio cuenta de que Bradley estaba acompañado por una sombra, que había alguien contra quien comparaba cada uno de sus gestos. No le importó porque siempre parecía ganar esa competencia.
En retrospectiva, podía haber deducido la identidad del omega que tenía entre sus dedos el corazón de su amante. Pero le había prometido a Bradley, así que se esforzó en no pensarlo.
Jake ama a Pete, pero no carga con décadas de añoranza y dolor. Si, decide, dejará que Bradley le guíe en la conquista del cuerpo de Pete, como antes le guío en la conquista de su corazón.
Le pone una mano en la mejilla.
-Tu primero -asiente, y se adelanta a darle un beso corto en los labios.
La tensión desaparece de los hombros del alfa.
Pete los espera totalmente desnudo. Bradley casi salta sobre él. Marca a Pete con su sudor, su saliva y cuando por fin lo penetra permanece atento a las más mínimas reacciones del omega.
-¿Estás bien, cariño?
-¿Te gusta así?
-¿Esto está bien?
Habría sido la imagen perfecta para promover la monogamia -horror de horrores- si no fuera porque, al mismo tiempo que es atento y considerado con Pete, Bradley mantiene una constante alerta sobre su entorno, o sea, sobre Jake.
Con gruñidos y gestos, Bradley hizo que se sentara en el cabecero con las piernas cruzadas y le puso una almohada encima. Pete tiene la cabeza apoyada allí. De modo que Pete está respirando el aroma de Jake, rozando con sus dedos los muslos de Jake, exponiendo sus más mínimas expresiones en primer plano para Jake, pero no ha tocado su erección. Cuando Pete suelta un sonido especialmente positivo, cuando se sacude de placer, Bradley mira al otro alfa con una extraña mezcla de orgullo y desafío. ¿Ves cómo lo hago gozar? Parece decir.
Jake tarda un poco en comprender esta preocupación hasta que recuerda una de las confesiones de aquel fin de semana en Austin, “La Trinidad sabe que lo intenté. Después de todo, crecí en un clan militar. Sabía lo que se esperaba de mí.” ¡Oh! Claro. Bradley ha estado con omegas antes, pero sabe que Jake jamás sintió interés por el género opuesto antes de la Misión. Pete es su primer omega (si las cosas salen bien, será el único), así que su compañero quiere asegurarse de que está tomando notas.
Bradley al fin se corre con un estertor y se apresura a salirse de Pete, dedos alrededor del condón. El omega hace un ruidito de protesta.
-¿Quieres más cariño? -ríe Bradley y le da un besito en el pecho sudoroso.
-Jake -el omega alza los brazos para agarrarle la cara- Por favor, no me dejes colgado.
-Tus deseos son órdenes -responde vehemente.
Bradley mantiene el control durante la segunda cópula. Le pone el condón a Jake, ayuda a Pete a sentarse a horcajadas sobre su erección, guía las manos del alfa hacia el lugar perfecto en la cintura donde puede ayudarle al omega a cabalgar sin quitarle el control. Ocurre naturalmente, no hay un enfrentamiento, es simplemente que Bradley sabe cómo satisfacer a un omega y quiere asegurarse de que Jake no la cague ahora.
Nunca revisaron esos roles.
Cuando dejaron de usar preservativos, Jake se encontró disfrutando especialmente por el hecho de entrar en Pete después de Bradley. No solo era la suavidad que proporcionaba la lubricación extra de un canal donde ya el otro alfa había dejado su semilla. Era la idea. La idea de sumergirse tanto en Bradley como en Pete, de estar rodeado de ambos mientras envestía las caderas del omega y sentía las manos del alfa por todo su cuerpo.
Siempre pensó que era lo más cerca que estaría jamás de la cópula simultánea ideal.
Ahora
Esta noche, por única vez, Pete lo ofrece acercase al sueño, al ideal de la normalidad que la sociedad ha martillado en sus cabezas. Él mismo lo dijo, ¿no? Quiere una única cúpula “como debe ser”.
Decidido, Jake pone una mano en la parte baja de la espalda de Pete y lo empuja suavemente, haciendo que se incline sobre Bradley. Luego separa sus nalgas y tira muy despacio del consolador. Pete hace un ruido inarticulado y tensa los músculos, empujando el objeto fuera de si. Se sacude cuando el juguete empieza a moverse.
Bradley lo estrecha y le da un beso en la frente.
-Eres maravilloso -susurra y luego le da un beso para ahogar el sollozo que le provoca la salida definitiva del dildo.
Jake tira el objeto a un lado y observa, perplejo, cómo el ano de su esposo se queda ligeramente abierto y goteando. Se parece un poco al coño del omega hacia el final del celo -Pete es exigente en sus días habituales, durante el celo es simplemente insaciable-, cuando han copulado tantas veces que ya sus labios se quedan exangües, dejando ver la vagina de la que escurre semen y lubricante.
-Me estoy haciendo viejo aquí, Seresin.
¡Oh! Cuando dice su apellido es porque está definitivamente al límite. El alfa se mueve sobre sus rodillas para pegarse a sus esposos y guía su erección hacia el virgen canal.
Es…
-¡Oh! -exhalan al mismo tiempo Pete y Jake.
Un temblor sacude el torso del omega.
-¿Estás bien? -pregunta Bradley sin ocultar su inquietud. Claro que acepta en principio cualquier cosa que sus esposos imaginen, pero no dolor.
-Si… -jadea Pete- Es solo… inusual.
-¿Quieres que pare? ¿Quieres que me salga?
-¡No! Sigue.
Jake suelta un gruñido y sigue entrando lentamente en Pete. Cuando siente la presión inusual alrededor de todo su pene, apoya la barbilla en el hombro derecho de Pete, pone una mano en su pecho y la otra en el hombro de Bradley.
-¿Y ahora?
El omega tiene la respiración entrecortada y el sudor le empieza a correr por la frente. Su olor ha cambiado un poco, está definitivamente excitado, pero hay una insinuación de incomodidad.
-Ahora ustedes se mueven dentro de mi alternativamente y yo tengo la mejor cogida de mi vida. -indica con voz estrangulada- Al menos eso prometía el libro. -pero hay una leve vacilación en su tono.
-¡Uh! ¿Conque consultaste bibliografía? -Jake no puede evitar el tono burlón- ¿Qué clasificación tiene ese librito en el sistema de la biblioteca del congreso? ¿XXX dale duro?
Sus esposos no pueden contener la risa y eso alivia la tensión. El aroma de Pete se estabiliza. Bradley le da una mirada de aprobación.
-Bueno, teniente comandante Seresin, el vicealmirante Mitchell nos dio nuestras órdenes. Vamos allá.
-Es Mitchell-Bradshaw -aclara el omega con un chasquido de labios.
Es lo último coherente que dice en largo rato, porque Bradley se mueve y la presión adicional que genera el miembro de Jake es… El omega solo puede tirar la cabeza hacia atrás y aullar.
Antes
Jake insistió en que atendieran la preocupación de Pete sobre su fertilidad antes que todo.
Annia, la mayor de Ice, Slider y Sarah, es médico y les recomendó una clínica discreta en San Diego, especializada en salud reproductiva para uniones queer. Un lugar donde no harían preguntas sobre la configuración inusual de su relación. Porque hay mucha información seudocientífica y prejuicios dentro de la comunidad médica alrededor de las uniones no heterosexuales. Lo último que necesitaban era que les atendieran en un sitio donde juzgaran su matrimonio en lugar de darles toda la ayuda disponible.
Uno de los mitos más persistentes es que solo la unión alfa, beta, omega puede producir un embarazo natural. Falso. Desde mediados de los sesenta quedó científicamente comprobado que lo necesario para fertilizar un óvulo es semen de dos donantes diferentes, alfas o betas. La configuración química de cada plasma seminal debe ser lo suficientemente distinta como para provocar una serie de reacciones en cadena, así es como la naturaleza previene la reproducción incestuosa. Es la sustancia resultante de estas reacciones lo que abre la cubierta del óvulo fértil y permite la fecundación.
Los atendió una doctora beta muy amable. Les mandó una serie de análisis básicos, y escuchó con atención y sonrisa comprensiva sus preocupaciones sobre la edad de Pete y el uso de anticonceptivos químicos.
-Esas inyecciones no son un problema. -dijo- Están diseñadas para tener un ciclo de vida de veinticuatro a cuarenta y ocho horas, por eso se deben administrar diariamente. Tu sistema las procesará en menos de una semana, Pete. Respecto a tu edad. Por lo que me dices tus ciclos no han cambiado.
-No -confirmó el omega.
-Entonces no hay síntomas de climaterio. Las razones por las que la vida fértil de las personas es más larga, o más corta, aún son un misterio para la ciencia. Se especula que, además de los factores genéticos, el estilo de vida impacta. Tu eres un omega extremadamente sano, Pete. Tu cuerpo tiene índices de desempeño correspondientes a los de una persona menor de cuarenta años. Los exámenes de Jake y Bradley muestran conteos de esperma de buen nivel. Eso significa que, en principio, ustedes tres no necesitan ayuda externa para empezar un embarazo.
Pete tenía cada mano entrelazada con una de las manos de sus novios, y se la apretó convulsivamente.
-¿En serio? -preguntó con voz esperanzada.
-En serio. Eso no garantiza que te quedes embarazado en tu próximo celo, por supuesto. Dense tres ciclos de margen. Si para entonces no ha ocurrido nada, haremos investigaciones más específicas.
Tres ciclos son aproximadamente cuatro meses y medio. Solo han pasado diez semanas desde que dejaron de usar anticonceptivos, todo parece indicar que… Pero no hablan de eso porque Pete no habla de eso y han decidido, tácitamente, que, si él no inicia la conversación, ellos tampoco lo harán. Después de todo, podría ser solo estrés. Es innegable que las últimas diez semanas han sido frenéticas. Tenían que planear la boda - Penny los amenazó con muertes lentas y dolorosas sino hacían la fiesta en el Hard Deck-, aceptar sus promociones -Bradley y Jake a tenientes comandantes, Pete a contralmirante-, entrenar con las Dagas y renovar la vieja casa Bradshaw -es la primera vez que Bradley ve lo que puede hacer el dinero de la herencia Seresin.
La boda fue un éxito. En parte gracias al largo y convulso historial militar de Maverick, las lista de invitaciones se convirtió en una bizarra mezcla entre reunión familiar y evento de reencuentro para varias generaciones y ramas del Departamento de Defensa y la comunidad de inteligencia. A pesar de que solo anunciaron el evento con dos meses y medio de antelación, la gran mayoría de las personas confirmó asistencia.
El bar se desbordó. Después de las partes obligatorias de los discursos y el primer baile (“Can´t Help Falling in Love” por Elvis Presley, los clásicos son clásicos por algo), todo el mundo empezó a bailar y una parte de la celebración se extendió naturalmente a la playa.
No se quedaron hasta muy tarde. En cuanto Pete dio señales de estar agotado, se apresuraron a realizar el ritual del último baile (“All of Me”, porque debemos reconocer que no hay perfección, sino aceptación) y lanzar del ramo antes de irse. Sorpresivamente, el callado Bob dio un salto digno de Michael Jordan y lo agarró. Inmediatamente se giró hacia Natasha con gesto decidido y… digamos que esta boda no será recordada solo por la pasión de Mav, Rooster y Hangman.
Pete se duerme en el viaje de veinticinco minutos entre el bar y Rancho Valencia, donde pasarán su luna de miel. Ese fue el regalo de la Corona Británica, que nunca ha olvidado su rol en el rescate de la Princesa Meghan. Los precios del exclusivo resort dejaron sin aliento a Bradley. Jake, criado en la opulencia, solo puso cara melancólica. Pete se encogió de hombros y dijo algo sobre cosas que debes aceptar sin cuestionarte.
Mientras el omega respira suavemente con la cabeza apoyada en el pecho de Bradley, el alfa estira una mano para estrechar los dedos de Jake, afectuoso. Los dos alfas se miran, felices. Este es el inicio del resto de sus vidas.
El auto se detiene. Jake sacude suavemente el hombro del omega.
-Pete, amor, despierta.
Pete mueve un poco la cabeza, se aparta de Bradley, pestañea varias veces y se frota el rostro con las palmas de las manos para espantar la modorra.
-¿Ya llegamos?
-Si.
Jake sale del auto y le tiende una mano a su esposo para ayudarlo a salir. Bradley les sigue. Ve por primera vez el entorno y contiene el aliento.
Los postes de alumbrado público permiten ver un camino de tierra que se pierde entre los árboles y nada más. La ilusión de aislamiento es casi perfecta. Aunque Rancho Valencia no está muy lejos de la ciudad, la cuidadosa disposición de arboledas y caminos estrechos genera un entorno privado, perfecto para una escapada de fin de semana o una luna de miel.
Frente a ellos hay un muro con una puerta de acceso de madera elegantemente tallada. Del otro lado está la residencia donde se quedarán esta semana, La Hacienda. De acuerdo con la descripción de la web, es una magnífica casa de adobe estilo siglo XIX, pero con las comodidades del XXI. Los más de cuatrocientos metros contienen sala de estar, oficina, tres suites independientes, cada una con un baño privado de lujo, una cocina completa y bien surtida -para que no tengan que salir a nada-, piscina y yacusi. Todas las habitaciones tienen chimeneas de leña -meramente decorativas en junio-. A Bradley se le quedó grabado un detalle: “bañeras profundas”. Su imaginación vuela desbocada por esa sugerencia.
-¿Vamos? -dice y mueve la barbilla hacia la casona.
Pete toma de la mano a sus esposos y avanza con paso decidido hacia la entrada de La Hacienda.
Un caminito de lozas se abre a un patio rodeado de nomeolvides y galanes de noche, que mantienen perfumada el área. A la derecha una fuente emite un susurro leve, arrullador. Del otro lado está la puerta principal.
Ninguno de los tres presta atención a la elegante decoración de la casa. Se fijarán en los muebles de madera y detalles de diseño coloridos mañana, o acaso pasado mañana. El control que mantuvieron durante la ceremonia desaparece en cuanto la puerta se cierra a sus espaldas. Son una confusión de brazos y bocas. Son seis pies que se luchan por mantener el equilibrio contra la pared. No lo logran. Caen al suelo junto ahí mismo y evitan una contusión o moretón de puro milagro.
-¿Por dónde…?
-A la derecha, después de la cocina -responde Jake con un jadeo, mientras lucha por abrirle la camisa a Pete.
El omega se levanta de un salto. Sus ojos tienen un brillo entre divertido y calculador que lo hace aún más deseable. De repente suelta una risa pícara y sale corriendo. El aroma agridulce que deja atrás excita y confunde a sus esposos, así que tardan unos segundos en reaccionar, levantarse torpemente y echar a correr tras él.
Cuando llegan al dormitorio, ven sus bolsas, traídas por el servicio en la tarde, pero no a Mav.
Se miran, confundidos.
-¿Pete? -llama Bradley.
No hay respuesta. Vuelven a barrer la habitación con los ojos. Es grande, pero no hay muchos muebles. El espacio está dominado por una cama espaciosa, que serviría lo mismo para las diversas combinaciones del sexo que para acomodar un matrimonio y una pareja de nenes en una noche familiar.
-¿El baño?
Siguiendo la sugerencia de Jake, retroceden hacia el cuarto de baño, unos metros antes en la galería. El interior es lujoso, con un tocador de mármol gris pizarra cuyos bordes redondeados y altura no pueden ser casuales. La bañadera es una pieza gigantesca de mármol blanco, ancha y profunda, definitivamente decadente. Pero su esposo no está sumergido a medias en agua tibia y olorosa. Tampoco está en los otros dos espacios separados para ducha e inodoro.
Cuando ya los dos alfas empiezan a temer que algo horrible y confuso ha ocurrido, sienten el sonido de otro inodoro que se descarga.
¿Qué diablos?
Salen al pasillo. A la derecha hay otra puerta, su ornamentación es más discreta, pero tiene el mismo color verde de la entrada al baño principal. No se fijaron en ella al pasar porque está antes de la puerta del dormitorio. Seguramente es un tocador que corresponde a la cocina.
-¿Mav? -vuelve a llamar Bradley.
-Salgo en un momento -responde el omega, pero su voz suena tensa, entrecortada.
-¿Estás bien?
Un objeto de cristal cae al suelo con estrépito.
-Si, Jake, estoy bien. -y esta vez lo dice con tono duro, fastidiado- No soy una muñeca de porcelana.
Los esposos intercambian miradas de sorpresa y desconcierto. ¿A qué se debe el repentino cambio de humor? En el interior del tocador suena una alarma. Y luego…
-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
-Pete, por favor…
Bradley no llega a terminar la frase. La puerta se abre. Pete está despeinado, pálido, con ojos temerosos. Extiende una mano con la palma abierta hacia arriba. Sostiene un rectángulo blanco del ancho de un dedo y menos de diez centímetros de largo. Por el centro le corre una hendidura y en los extremos dice, en letra muy pequeña, “blanco – negativo” y “azul -positivo”. La hendidura está teñida de azul casi hasta la mitad.
-¿Eso es…? -jadea Jake.
-Si -confirma con voz llorosa.
-¿Amor…? -Bradley se apresura a abrazarlo, pega la cara de su esposo en el hueco de su cuello y trata de calmarlo con su esencia- Pete, no llores, corazón. Hay opciones si no quieres…
El omega le da un empujón que lo lanza contra la pared contraria.
-¿¡Cómo puedes decirme eso!?
-Vamos a calmarnos.
-¿Calmarnos? -Pete se vuelve hacia Jake con ojos brillantes de furia- ¿Ahora tu también me vas a decir que debo abortar?
Bradley suelta un gruñido, claramente ofendido por la implicación. Jake lucha por mantener el pánico a raya, pero esto se está saliendo de control rápidamente.
-Por supuesto que no te vamos a decir lo que debes o no hacer, Pete. -y se felicita porque su voz no tiembla- Somos tus esposos, te apoyaremos en cualquier decisión que tomes. -le da una mirada imperativa a Bradley- ¿Cierto?
-Por supuesto. Es solo que…
-¿Qué? -demanda Pete radiando disgusto.
-Que no has querido hablar de esto aunque notamos los síntomas desde hace semanas. Y ahora nos presentas la prueba de embarazo todo lloroso. Yo creí…
-Nosotros creímos -interviene Jake-, que habías cambiado de idea. No estás en absoluto obligado a gestar a nuestra prole, Pete. Es tu cuerpo, es tu decisión.
-Oh -la expresión del omega pasa del enojo a la sorpresa en segundos. Se limpia las mejillas con el dorso de la mano- Supongo que… -suspira- Volví a saltar a conclusiones.
Bradley bufa.
-Brad -advierte Jake.
-¿Qué? ¿Tengo que soportar violencia física también? Pete, no puedes seguir asumiendo lo peor de nosotros. Esto es un matrimonio, no un elaborado complot para encarcelarte. Te amamos.
-Yo sé, yo sé que me aman. Ese es el problema.
-¿Perdón? -Jake está perdido ahora.
-Ustedes dos son jóvenes, son idealistas, creen que el amor es más fuerte que los prejuicios. Si yo quiero algo ustedes… salen a hacerlo sin pensar en el resto del mundo. No soporto ver cómo ponen en peligro sus carreras por mí. Sigo esperando el momento en que se darán cuenta de que mi coño no vale tanto.
-Ay, amor -gime Bradley y abre los brazos.
Pete lo detiene con un gesto.
-Tomé le prueba de embarazo porque pensé que sería un lindo regalo de bodas, pero mientras esperaba me puse a pensar que debo tener ya cuatro semanas. No habrá modo de ocultar que esto -señala vagamente su bajo vientre- empezó antes de que nos casáramos. -se abraza a si mismo, avergonzado.
-¿Y qué? Estamos en el siglo XXI, Pete. -la voz de Bradley refleja el cansancio de quien no entiende a qué se debe todo este espaviento- Toda la gente que nos importa sabe que estábamos viviendo juntos y que la boda fue una formalidad, una celebración.
Pero Jake contiene el aliento porque recuerda que hay un aspecto de sus vidas en que la fecha de concepción importa.
-¿Estabas pensando en mi herencia?
El omega hace un gesto de asentimiento mínimo.
-Lo siento de verdad, pero tengo la edad que tengo, Jake. No puedo prometerte que habrá una próxima vez.
-No Pete, ¡no! -se apresura a envolverlo entre sus brazos- Soy yo quien te debe una disculpa. No te lo conté porque quisiera…
-¿De qué están hablando ustedes dos?
-¿No recuerdas los términos del testamento, Bradley? Si tengo un hijo antes de los cuarenta años, la asignación de un millón de dólares anuales del conglomerado se extendería hasta que cumpla dieciocho años. Si no, me liquidarán mi parte de la herencia dentro de nueve años. Pero tiene que ser legítimo, o sea, concebido dentro del matrimonio. -besa la frente de su esposo- Yo no quiero ese dinero, Pete. No quiero que nuestra prole lleve el apellido Seresin o esté atada a mi familia. No les quiero cerca de ti ni de nuestros bebés.
-¿De verdad? -pregunta el omega con voz todavía ansiosa.
-De verdad, amor. Ya tengo más dinero del que vamos a necesitar el resto de nuestras vidas. Y mis hermanas no podrán revertir los cambios que les obligué a incorporar en la empresa. Crear una familia con ustedes dos, hacer avanzar el clan, ser el nuevo Maverick, eso es lo que quiero para mi futuro.
-El nuevo Maverick, ¿eh? -Pete no puede contener la sonrisa.
-Bueno, no nos casamos con él por su modestia -comenta Bradley mientras se suma al abrazo- Entonces, ¿es oficial? -y desliza una mano hacia el vientre del omega.
-Si. Vamos a tener uno o dos bebés en ocho meses.
-¿Dos? -Jake alza las cejas, asombrado. ¿Cómo puede Pete saber eso?
-Las probabilidades de embarazos múltiples aumentan un cincuenta por ciento si los dos espermas son del mismo género. Además, hay antecedentes de gemelos en mi familia.
-Entonces tenemos que celebrar doblemente.
Pete levanta la cara, le responde a Bradley con tono falsamente escandalizado y ojos juguetones.
-Teniente comandante Bradshaw, ¿pretende usted satisfacer su lujuria conmigo?
-Es Bradshaw-Mitchell, sepa usted y -levanta a Pete en sus brazos, el omega suelta un ligero chillido de sorpresa- no es lujuria, es amor.
Se aparta de la pared, gira, mira a su otro esposo por encima del hombro.
-¿Jake?
El alfa parpadea. ¿De verdad quiere hacer esta parte del ritual? Es absolutamente ridículo que el alfa cruce el dintel con su omega en brazos y el beta a sus espaldas. La heterosexualidad incluye las praxis más bizarras y retrógradas.
-Puedo caminar hasta la habitación nupcial perfectamente con mis propios pies.
Bradley tuerce los ojos.
-Y Pete también puede. Además, tienes una tonelada de dinero, no seré tu proveedor. Pero te has unido a nuestro clan. Tu fuiste quien hizo que hablara con Pete. Estamos aquí gracias a ti. Déjame darte esto. Déjame ser tu alfa en brillante armadura por unos minutos.
Jake ladea la cabeza, cuando lo pone así.
-Okey.
Se sube a la ancha espalda, cruza las piernas alrededor de su cintura para estabilizarse.
-Adelante, mi alfa, llévanos al lecho nupcial y celebremos… -las risas burlonas interrumpen su ridícula arenga- Vale, solo camina que quiero cogerme a mi esposo.
Ahora
Bradley y Jake nunca pensaron que podrían aplicar su capacidad de coordinación en la cama con Pete, pero aquí están. Entran y salen a compás de su esposo, la habitual sensación de la presión alrededor de sus miembros se multiplica esta vez al sentirse mutuamente a través del cuerpo que los acoge. Es casi abrumador, y deben recurrir a toda su voluntad para no derramarse en los primeros minutos. El omega se agita entre ambos, totalmente incoherente por el placer. Solo emite gañidos agudos, que tomarían como señal alarma si no fuera porque Pete tiene la mano derecha como una garra en el hombro de Bradley y el brazo izquierdo curvado hacia atrás, dedos extendidos y uñas clavadas en la espalda de Jake.
Es Pete quien se corre primero. Lo anuncia con un aullido especialmente intenso. Inmediatamente sus brazos caen laxos a los lados de su cuerpo y apoya la frente sobre un hombro de Bradley. Los alfas se miran y aumentan la velocidad de sus embestidas resoplando y gruñendo. Bradley se derrama en el coño del omega y sentir las contracciones de su miembro lanza a Jake al precipicio.
Poco a poco regresan a la realidad.
Jake se ocupa de Pete. El omega gimotea un poco cuando le limpia los restos de semen y lubricante del trasero, pero no parece haber sufrido ningún daño significativo. Bradley tira a un lado las sábanas manchadas y acondiciona la cama para dormir. Como de costumbre, se ponen a cada lado de Pete. El omega se mueve hasta quedar con la espalda pegada al pecho de Jake y la frente apoyada en el cuello de Bradley.
-Si -murmura, chasquea los labios y empieza a mover las manos-, es mío.
Sus esposos intercambian miradas confusas. ¿A qué se refiere?
Pete por fin encuentra lo que buscaba. Tira de una mano de cada esposo y las lleva a su vientre.
-Lo tengo, al fin. -anuncia con voz amodorrada- No lo voy a perder.
-¿Un bebé?
-No seas tonto, Brad. Tengo un triángulo perfecto.
FIN
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