3 de marzo de 2024

RAICES 15

 Parte 4 de: Las mentiras que nos dijimos

Fandom: Top Gun (Movies), Thunderheart (1992), Madam Secretary

ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

------------------------------------------

Capítulo 15: Estaba perdido

Resumen: 

-Hace once años, tres meses y dos semanas que Jake se fue de esta casa -empieza Pete.
-Once años, tres meses y una semana, seis días y catorce horas. -lo corrige Tom.
El hombre no se amedrenta ante las miradas asombradas de la familia.
-Te fuiste a las diez de la noche de aquel sábado. -aclara mirándolo directamente a los ojos.
Pete le dedica una sonrisa triste a su esposo. La fijación de Ice por medir el tiempo de ausencia de su hijo exactamente siempre lo conmueve.
 

University City, San Diego, sábado 16 de noviembre de 2019

Pete despierta despacio. El dolor es una molestia leve y constante en el fondo de su mente. Manejable. ¿Qué hora será? Probablemente temprano. Está acostumbrado a despertar temprano, sin importar dolor o cansancio. Además, anoche cayó redondo antes de las ocho. Gira la cabeza despacio: Tom y Sarah aún duermen, ella acurrucada con la espalda protegida por el cuerpo más grande de su esposo. Lucen adorables.

Pero no puede quedarse contemplándoles, su cuerpo demanda que vaya al baño YA.

Empieza a moverse muy despacio hacia el borde de la cama. Baja las piernas. Ahora la parte difícil: erguirse. Aprieta los labios y empieza a levantarse usando el brazo derecho como apoyo. Cuando termina de sentarse, el dolor ha pasado de leve a severo y siente algunas gotas de sudor en la frente. Se permite unos segundos para recuperar el aliento antes de ponerse de pie. Por suerte, sus caderas y piernas no recibieron daño significativo.

Llega al baño, se ocupa de sus necesidades y, mientras se lava las manos, se mira en el espejo. Las marcas de su aventura en Sajá-Yakutia van pasando de rojo a morado, pero aún lucen horribles. No puede menos que suspirar. Si. Ya no puede caer y rebotar. Es hora de dejar este tipo de retos a la nueva generación. Aceptará la promoción y se quedará quieto. Después de todo, tiene el Mustang y Sam ha estado hablando de tener un bebé (ya era hora), les vendrá bien tener un abuelo en la retaguardia. Eso lo mantendrá entretenido hasta que nombren a Ice Secretario de la Marina, se casen (en agosto, para que Patrick Benjamin no los opaque, tremenda razón para elegir fecha) y se tenga que mudar a DC para ser un hermoso marido trofeo.

Alguna vez pensó que tendría suerte si vivía hasta los treinta. Solo quería ser aviador como su padre y… Estaban en la Guerra Fría, la idea de morir en una batalla aérea no era descabellada entonces. Le parecía justo: morir como un héroe y restaurar el honor del apellido Mitchell.  Pero entonces encontró a Goose y Carole, nació Bradley, encontró a Ice, perdió a Goose… y ya no pudo darse el lujo de morir. Han pasado más de treinta años, ha sido padre cuatro veces, tiene una casa y una puta cartera de inversiones.

Será contralmirante -Ice quiere que le den una promoción, así que tendrá una promoción-, y, lo más importante, ahora que Jake ha regresado podrá casarse con su esposo.

Le guiña el ojo a su reflejo.

-No lo has hecho mal, Maverick -y sonríe.

Los chillidos histéricos de su hija cortan sus divagaciones.

Sin detenerse a pensar que solo lleva unos pantalones de dormir sale al corredor, donde encuentra a Sam, apenas vestida con una camiseta larga -debe ser de Elia-, descalza y dando brincos mientras alterna entre llamar a la puerta de Sean y contemplar su móvil.

No parece molesta, sino asombrada y feliz.

-¿Qué pasa?

-Del otro lado del pasillo, Ice y Sarah se asoman también.

-¿Sam? ¿Qué ha pasado?

Ella los mira exultante de alegría y agita su teléfono.

-¡Tom Cruise salió del armario! -vuelve a aporrear la puerta de su hermano menor- ¡Sean! ¡Despierta! Me debes cincuenta dólares.

En lo que los hombres intercambian miradas confundidas, Bradley asoma su cabeza despeinada.

-Te daré cien dólares si te callas, Sam.

Ella lo mira altanera.

-No te metas, que no se me ha olvidado que estabas de acuerdo con Sean. Al menos sunkaku tuvo el valor de apostar a sus ideas.

-Por favor, -trata de mediar Sarah con tono conciliador- no repitamos la debacle Wachowski.

-¿Qué es todo este alboroto? -Jake tiene la voz pastosa, pero los ojos alerta- ¿Qué hay con las Wachowski?

Pete resopla molesto. Ver las ojeras de Jake le hace perder la paciencia.

-Has despertado a tus hermanos. -le reclama con voz dura- Acaban de jugarse la vida, es su primera noche en casa y tú los despiertas a las seis de la mañana por un chisme de internet. ¿A quién le importa si Tom Cruise es gay?

Sam se queda muy quieta. Toda su burbujeante alegría ha desaparecido al notar las marcas en el pecho de su padre.

-¿Ellos se jugaron la vida? -se gira, sus ojos van de Bradley a Jake con expresión acusadora- ¿Qué estaban haciendo ustedes dos? ¿Cómo dejaron que Mavpá acabara así?

Jake levanta las manos en actitud defensiva.

-¡A mí no me mires! Fue Rooster el que…

-Ya está bien. -la voz de Ice corta el aire como un látigo- Sam, sabes perfectamente que tenemos un trabajo peligroso. Mav hizo lo que tenía que hacer. Tus hermanos no estaban ahí para cuidarlo. Los tres tenían una misión, e hicieron lo que fuera necesario para completarla. Si te vas a quejar con alguien, quéjate con el comandante que planeó la misión.

Pero ella no se deja amedrentar.

-Ese comandante eres tu, ¿no?

Él se yergue y endurece el rostro. En un segundo deja de ser un padre adormilado para adquirir toda la prestancia del Comandante de la Flota del Pacífico.

-Si.

Es solo una palabra, pero no es posible ignorar todo su peso. Es una admisión de responsabilidad, también un reto.

Sam aprieta los labios y le sostiene la mirada por unos segundos. Al fin cede, aparta los ojos, suspira.

-Tienes razón, Mavpá. Sean puede pagarme mis cincuenta dólares en el desayuno. -va hacia su puerta- Tratemos de dormir un poco más. -y entra a su cuarto.

Bradley, Jake, Tom, Sarah y Pete intercambian miradas confundidas. ¿Y ahora?

-Iná, -Jake la mira tímido- ¿qué es la debacle Wachowski?

Bradley se pone rojo.

-¡Uh! Creo que regreso a la cama. -dice apresurado y desaparece.

Los dos padres sueltan risitas burlonas. Sarah tuerce los ojos, y se aparta de Ice para cruzar el corredor.

-Tom, ponle más ungüento a Pete. -ordena sin mirarlo.

El tono imperativo con que se deshace de sus esposos cambia a ternura absoluta cuando se dirige a Jake.

-Te cuento adentro, ¿si? -lo empuja suavemente hacia el interior de su habitación- Seguro aún estás cansado.

La puerta de Jake se cierra con un click. Tom y Pete se miran desorientados.

-Realmente necesitas más ungüento. -le tiende la mano- Ven acá.

Finalmente, la familia se reúne para desayunar a eso de las diez de la mañana.

-No puedo creerlo. -gruñe Sean tecleando furioso en su móvil- O sea, es… Tom Cruise.

-muestra la pantalla a su hermana- Listo, tu nueva mochila de picnic para dos personas con aislamiento térmico, y compartimiento para botella de vino llegará en tres días.

-Gracias, hermanito. -asiente Sam con sonrisa de superioridad- Es un placer verte honrar tu palabra.

-Déjame ver eso. -Jake se inclina por encima del hombro de su hermano menor para ver su teléfono- Está linda. ¿Hay en otro color?

 

Sean sacude la cabeza.

-Era mejor cuando estabas en negación respecto a Brig. Te paso el link, ¿vale?

-Gracias. -Jake le estrecha el hombro de modo afectuoso y va a la cocina a ayudar a su madre.

-Ya que estamos en lo de links, -Bradley pone con cuidado el pan tostado en la mesa- parece que twitter y tiktok colapsaron esta mañana por culpa de Cruise. Ni Beyoncé había logrado eso.

-Todavía creo que este alboroto es ridículo. -opina Mav mientras se sienta muy despacio, Ice le pone un cojín en la espalda- Gracias, amor.

En la cocina, Jake casi se corta un dedo de la sorpresa. Nunca había visto una muestra de afecto tan casual entre ambos. Tiene sentido: cuando se fue, Kazansky y su padre ocultaban su relación incluso dentro de la casa. Ahora que toda la familia sabe, pueden actuar con libertad aquí.

Pete sigue hablando mientras pone jalea en una tostada, ajeno a las reflexiones de su hijo.

-O sea, Cruise no es el primer actor en salir del armario. Todo el mundo sabe de Jodie Foster. Este muchacho que hizo de Ice en “Top Gun”, Glen Powell, es bi, ¿no? Y Lavanda Cox…

-Laverne Cox, Mavpá -le rectifica Sam con tono cansado.

-Ajá, ella. Es una mujer trans que actúa y produce. Eso es mucho más importante, ¿no? Y ese muchacho, el flaquito que toca violín en “Academia Sombrilla”…

-¿Elliot Page? -pregunta Sean.

-Si…

-¡¿Elliot Page es gay?!

Se hace silencio absoluto, todos los ojos fijos en Sean. Sam mira a su hermano mayor con expresión victoriosa.

-Me debes cincuenta dólares.

Bradley le da una palmada en la cabeza a Sean.

-¿Acaso vives debajo de una piedra? Elliot Page es un hombre trans.

-¡Ey!

-Sin violencia física. -exige Sarah- Ya les dije que no quiero otra debacle Wachowski.

-Es que mi hermanito es tan hetero…

-¡Sam!

Terminan de sentarse a desayunar intercambiando comentarios burlones y chismes de farándula. Es como siempre cuando logran reunirse. Excepto que no lo es. Ice nota la expresión concentrada de Jake, que está callado y mira de un lado a otro, siguiendo los diálogos discontinuos y cargados de referencias de la familia como quien empieza a ver una serie de TV en la séptima temporada. Sus ojos tienen el brillo melancólico de la añoranza por el tiempo perdido. Le parte el alma.

Aprovecha una breve ventana en la que Brad, Sam y Sean no pueden hablar porque tienen la boca llena.

-Entonces, Jake, ¿cuál es tu filme favorito de Cruise?

Su hijo pestañea un par de veces, claramente sorprendido por la pregunta directa.

-Pues… -arruga la frente, reflexivo- “Valkiria”.

¡Oh! Eso es interesante, piensa Tom.

-¿La de los militares alemanes tratando de matar a Hitler? Eres tan predecible hermano. -se burla Sam.

-A ti solo te gusta “Rock of the Ages” porque se la pasa sin camisa -la acusa sin ocultar su desagrado.

-Si, bueno, al menos yo no miento sobre mi deseo -dice desdeñosa.

Jake no responde a la provocación, sino que baja los ojos,  endurece el rostro, y se mete en la boca algo que empieza a masticar automáticamente. Sam no sabe que es asexual, nadie en la familia lo sabe. Creen que sus comentarios son mentiras puritanas porque no pueden imaginarse a alguien honesta y sanamente desinteresado en el sexo. Levanta la mirada y se encuentra con los ojos grises de Iceman. No hay desdén o burla en ellos, solo curiosidad. Como si le importara saber…

Detiene esa línea de pensamiento. Una cosa es aceptar a la pareja de su padre y otra, muy distinta, empezar a pensar que lo quiere. Kazansky no lo quiere, nunca lo quiso. ¿Cómo lo va a querer, si es el hijo de Rachel Seresin? Su padre amaba a Rachel. Él es la evidencia de que hubo alguien en la vida de Pete Mitchell tan o más importante que Kazansky. El almirante sólo lo protege porque ama a su padre. No hay nada más.

Ice mira a su hijo mayor y alza una ceja, imperioso.

-Pues a mi me gusta más “Tropic Thunder”. -dice Bradley- Apenas se le puede reconocer con todo ese maquillaje.

Sean asiente con fuerza y se apresura a tragar para dar su opinión.

-Es el segundo personaje más repugnante que ha hecho.

Pete mira a sus hijos intrigado.

-¿Cuál es su personaje más repugnante?

-Frank T.J. Mackey -afirma Sean.

-Vincent -dice Brad.

-Ajá. -su padre ve con diversión cómo ambos se sorprenden, pero no deja que el asunto progrese- Cuando dejen la Marina, pueden hacerse youtubers para monetizar sus opiniones, pero ya fue suficiente de suspirar por Cruise por hoy. -se levanta lentamente- Tendremos reunión familiar en el solarium.

Tom también se levanta enseguida para acompañarlo. Jake los ve irse con la boca abierta. De nuevo lo toma por sorpresa el modo casual y relajado en que expresan su relación.

-Bradley, Sam, les toca limpiar -instruye Sarah.

Una hora después, se han reunido en el solarium. La habitación no ha cambiado mucho en la última década. El único elemento novedoso significativo es un minibar rodante en una esquina. Sarah pide ayuda a sus hijos para mover los muebles, de modo que los dos sofás quedan frente a frente y dos butacones de la habitación a cada lado. Los asientos forman un círculo irregular con una de las mesas bajas en el centro.

Tom pone una carpeta con algunos documentos en la mesa y se sienta en uno de los sofás, con sus cónyuges a cada lado.

Sam y Sean se sientan en el segundo sofá, más pequeño.

Bradley y Jake ocupan cada uno una butaca.

-Hace once años, tres meses y dos semanas que Jake se fue de esta casa -empieza Pete.

-Once años, tres meses y una semana, seis días y catorce horas. -lo corrige Tom.

El hombre no se amedrenta ante las miradas asombradas de la familia.

-Te fuiste a las diez de la noche de aquel sábado. -aclara mirándolo directamente a los ojos.

Pete le dedica una sonrisa triste a su esposo. La fijación de Ice por medir justamente el tiempo de ausencia de su hijo siempre lo conmueve. Hace un par de respiraciones largas para recuperar el control.

-Como decía, Jake se fue porque no podíamos decirle quién era la persona que lo gestó.

Jake siente como la simple elección del verbo hace que toda la rabia regrese.

-No querían. -dice entre dientes- Y no digas que me gestó como si fuera una incubadora. ¡Mi madre es una persona!

Le sorprende la mirada conmovida que le dedica Iceman. Su padre solo niega con la cabeza.

-No podíamos, Jake. La identidad de Rachel Seresin es algo que hemos protegido por décadas. Había vidas en juego. Primero Ray Seresin, luego Nick, -al oír el nombre de su padre biológico, Brad hace un ruido de sorpresa- Cougar, Slider, yo, Carole y Sarah nos sumamos al secreto. Pero el guardián principal, el primero que conoció a Rachel Seresin, fue Tom.

Gira un poco la cabeza para darle una mirada de apoyo y le da una palmada suave en el muslo para animarlo.

-Creo que lo más fácil es empezar por el principio. -comienza Ice- Mi nombre no es…

Se detiene, porque eso no es cierto. Su nombre sí es Thomas Kazansky. Es el que eligió, el que responde a su identidad y sueños. Tiene que formularlo mejor.

-Cuando nací no me nombraron Thomas Kazansky. Ese nombre lo tomé a los diecisiete años, antes de unirme a la Marina. Tampoco nací el 31 de agosto de 1960 en Chicago, sino el 17 de marzo de ese año en Los Ángeles. Mis padres tenían veinte años cuando nacimos mi hermano y yo. Ella se llamaba Karin Kowalsky. Mi padre era un hombre de la tribu Sioux Oglala, llamado Samuel Seresin.

-¿Seresin? -repite Jake.

Hay un breve intercambio de miradas confundidas y curiosas entre su prole. Tom les ignora y sigue.

-Mi padre era alcohólico, era el modo en que lidiaba con su dolor. Años más tarde supe que lo habían sacado de la reserva donde nació a los cinco años para educarlo en una escuela interna. Nunca más supo de su propia familia. Mi madre… supongo que pensó que era romántico al principio, pero cuando llegamos mi hermano y yo… Bueno. Nada te hace más pragmático que dos bebés llorando de hambre. Se divorciaron cuando yo tenía cinco años. Mi madre se casó de nuevo. Aún así mi padre se mantuvo cerca, trató de enseñarnos lo poco que recordaba de su propia cultura. Aquello, por supuesto, no le agradó a mi madre y a mi padrastro. Nos llenaron la cabeza de mierda racista. Supongo que ver a tus propios hijos avergonzarse de ti no ayuda cuando tienes depresión crónica. Así que acabó quitándose la vida cuando yo tenía siete años.

-Lo siento, Icepá -susurra Sean.

Él le da una mirada afectuosa y gira la cabeza hacia Sarah. Ella toma la palabra.

-Una de las razones por las que Samuel Seresin sufría era que lo habían separado de su hermano gemelo, Sean. Sean se enamoró de una joven de su tribu que conoció en su escuela interna, escaparon juntos, se casaron, hicieron una vida más o menos estable en el sur de Chicago. Yo nací allí, en 1970. Mi padre era organizador sindical, se enfrentaba a la mafia y al gobierno por los derechos obreros. Un día, cuando salían de una tienda de comestibles con mi madre, los acribillaron a balazos a los dos. Yo tenía cinco años.

-¿Entonces ustedes son…?

-Técnicamente primos, sí -y sus ojos son firmes al responderle a Jake.

-Genéticamente somos medio hermanos -agrega Ice, porque ya que van a hacer esto, quiere dejar todo en claro a cada paso. -Pero no supimos de nuestra existencia mutua hasta noviembre de 1990.

-¡Un momento! -interrumpe Sam- Ustedes se conocieron en julio de 1990 en New York. Conocemos esa historia. Ice y Mav se pelearon, se fueron cada uno por su lado, Ice te conoció a ti, iná, Mav conoció a… -se detiene, porque la improbabilidad es digna de una telenovela- ¿otra Seresin más?

-Esa historia es mentira. Ice y yo estamos juntos desde noviembre de 1988. Jamás le he sido infiel. Esa semana en New York la pasamos juntos, en una habitación de hotel.

-Pero entonces, ¿con quién estabas tu, mamá?

Sarah traga en seco.

-Me encontró en Central Park en la tarde del 12 de julio de 1990. Dijo que su nombre era Ken, como el novio de Barbie. Me engañó, me drogó, se metió en mi apartamento y me violó. Diez años después supe que su nombre era Troy Manning, teniente de la Marina. Fue condenado por ocho cargos de violación, y otros delitos relacionados con drogas. Los únicos que la policía pudo probar después que pasó por lo menos quince años cazando mujeres en todos los puertos del mundo.

Sam suelta un gemido, se cubre la cara con las manos y empieza a llorar. Sean le pasa un brazo por encima de los hombros. 

-¿Dónde está? -pregunta Jake con rabia.

-Muerto -responde Ice.

Su hija levanta la cara, asombrada. Sus otros tres hijos lo miran con igual sorpresa. El tono de orgullo con que dijo la palabra no deja lugar a dudas sobre su responsabilidad en el hecho. Brad recuerda con repentina claridad aquella vez en Hawái, cuando la policía fue a buscar a Mavpá por la muerte del dueño de un bar que habían visitado. Ice tenía la misma expresión de satisfacción feroz.

-Bien -dice Jake.

Ice lo mira complacido, como si hubiera esperado exactamente esa respuesta. Entonces el joven cae en cuenta de algo.

-Pero si ustedes estaban juntos, ¿de dónde salí yo? ¿Hay otra Seresin perdida por ahí?

Y no le extrañaría con lo que acaban de escuchar. ¿Cuántos familiares extraviados hay por culpa de las políticas racistas del gobierno norteamericanao?

-Ya les dije que cuando nací mi apellido era Seresin. Soy uno de dos gemelos. -para, traga en seco, intenta volver a empezar- Cuando nacimos…

Pero de nuevo siente un nudo en la garganta que le impide hablar. Inclina la cabeza y cierra los ojos. Está abrumado. Soñó muchas veces que sabían la verdad, pero nunca el momento exacto en que les decía. Se da cuenta de que no sabe cómo articularlo. Siente la mano de Pete en su muslo y lo mira.

-¿Quieres que lo diga yo? -le propone con voz gentil.

Si, quiere, pero es su deber ¿no? Fue él quien los metió en este enredo. Niega y trata de encontrar una alternativa. Tal vez…

Toma la carpeta de la mesa y saca la foto que ya conocen: Rachel lista para su fiesta de graduación.

-Esa foto no fue la única de ese día.

Saca otra: en esta los dos hermanos están juntos, espalda contra espalda, con los brazos cruzados sobre el pecho y cabezas ladeadas para mirar a la cámara con expresiones igualmente desafiantes. Su pelo rubio oscuro y largo contrasta con la corta melena de Ray, casi amarilla brillante y más rizada. Se vistieron en combinación: él llevaba camisa azul claro de lino, un jersey rojo y pantalones blancos de pata de elefante; Ray una camisa similar, pero jersey blanco y pantalones rojos. 


 -Ice -la voz de Jake tiembla- ¿desde cuando conoces a Rachel Seresin?

-De cierta manera, desde que nació. Pero ese -señala con el índice a la figura masculina de la imagen- no soy yo. Ese es Ray Seresin. Lo conociste en Allen, ahora puedes comprender por qué no te dejó verlo.

Si, Jake comprende ahora por qué Walter y Ray insistieron en que solo podía hablar con Ray.

Sam mira la foto con intensidad mientras se pasa los dedos por su largo cabello.

-¿Eran trillizos entonces? -pero enseguida niega con la cabeza- No, has estado diciendo que tenías un hermano.

-No, -confirma Ice- somos gemelos. Una semana después de que tomamos esa foto, me fui con Ray, supuestamente de acampada. En realidad viajamos a San Diego. Por el camino me había cortado el pelo, y tirado toda mi documentación. Asumí el nombre de Thomas Kazansky, un niño que había muerto con su familia en 1961 en un accidente de auto. Y me uní a la Marina.

Ahí está, lo dijo. Se echa hacia atrás en el sofá con un suspiro de alivio. Siente como Sarah y Pete toman cada una de sus manos y las estrechan.

Bradley frunce el entrecejo. 

-Eso no tiene sentido -dice.

Pero al mismo tiempo Jake suelta un gemido, porque las piezas se están ordenando en su mente y todo cobra sentido. Un sentido horrible y hermoso. Toma las fotos y las sostiene en posición vertical a la altura del rostro de Ice. 

-Eres tu. -gime- Tu eres, literalmente, mi papá.

-No entiendo ¿Entonces no eres hijo de Mavpá? -pregunta Sean desconcertado.

-¡No! -Sam acaba de comprender también. -Jake es hijo de Mavpá y Icepá, porque Icepá es trans.

-Tu no conocías a Rachel. -concluye Jake al borde de las lágrimas- Tú eras Rachel.

Ice se encoge un poco. Hace una mueca culpable.

-Nadie me ha llamado Rachel en más de cuarenta años. Excepto tú, claro. Ha sido extraño competir por tu amor conmigo mismo.

Bradley hace un ruido de asombro.

-Claro que no -niega Sean vehemente. -Yo soy hijo de iná y Icepá. 

-No, no lo eres -le responde Jake, cuyos ojos vuelven a estudiar al trío tratando de encajar la nueva información en sus recuerdos- Iná tiene los ojos pardos y Ice, azules. Tu tienes los ojos verdes como yo… como Mavpá.

Mav asiente con expresión orgullosa. Sean va a decir algo más, pero su madre lo hace callar con un gesto.

-Nos estamos adelantando, Ice, ¿puedes seguir?

Ahora que lo más difícil pasó, Ice descubre que es increíblemente fácil seguir contando la verdad.

-Acceder a hormonas masculinas en el mercado negro es difícil, especialmente si estás en un portaviones por el mundo. Supongo que estiré demasiado las dosis. En fin, que en septiembre de 1990 me di cuenta de que estaba embarazado. No podía explicárselo a la Marina, por supuesto, así que me quemé el brazo con agua caliente para conseguir unas semanas de baja médica.

-¿¡Te quemaste a propósito!? -la voz de Jake es varios decibeles más alta de lo habitual.

Su gestante lo mira con superioridad.

-Un riesgo perfectamente calculado, te lo aseguro. -hace varias flexiones con su mano izquierda- No hubo daño permanente ¿ves?

Bradley arruga la frente, pensativo.

-Recuerdo eso. Estaba molesto contigo, ¿no?

La cara de Ice se suaviza.

-¿Recuerdas por qué?

-¡Oh! Si. -sonríe ante el recuerdo- No podías salir a jugar porque tus quemaduras podrían infectarse. Además, las vendas no eran tan divertidas como un yeso porque no podía dibujar en ellas.

Bradley se encoge un poco cuando cinco pares de ojos lo miran incrédulos.

-Tenía seis años. ¿Okay? Mav me dejaba dibujar penes en sus yesos. Ese era mi estándar.

El aludido se da una palmada en la cara.

-Tu madre me advirtió que un día me arrepentiría de eso.

-Carole nos advirtió de muchas cosas -asiente Sarah.

Jake se ha hundido en su butaca, admirado y escandalizado por lo que acaba de oír.

-No puedo creer que te quemaras un brazo por mi.

Aunque eso es lo que siempre quiso, ¿no? Encontrar a su mamá y preguntarle si lo quería. Ahí está. No es una mamá, es un papá, pero lo quiso sin reservas enseguida. Lo quiso tanto que no dudó en herirse para protegerlo cuando él no era más que una bola de células. 

Ice retoma su relato y, aunque es consciente de que toda su prole le escucha con atención, en realidad solo está hablando con una persona: Jake. 

-No podía tenerte en ningún lugar donde quedara un rastro de papel que nos conectara. Quería que vivieras una vida lo más normal posible y, si podía, conservar mi carrera en la Marina. Ray, mi hermano gemelo, había regresado a vivir en la reserva Oglala unos años antes. Sabía que allí podría tenerte sin que el gobierno federal se enterase. Llegué en noviembre. No puedes imaginar la cara de Ray cuando le dije que iba a ser tío. Fue entonces que conocí a Sarah. 

-Entonces tampoco es cierto que yo nací en Chicago.

-No. -confirma Sarah mirando a Sam con ternura- Yo huí de New York en agosto, sin saber que estaba embarazada. Llegué a Pine Ridge con mi título de enfermera y comadrona bajo el brazo. Contaba con eso para abrirme paso. En cuanto dije que era Sarah Seresin, hija de Sean Seresin, me cosieron a preguntas, pero también me ofrecieron agua y el sandwich más rico que recuerdo haber comido. Una hora después apareció este hombre alto, de ojos azules y cabello rubio largo peinado en dos trenzas. Ray Seresin. Él me llevó a su casa. Así supe de los gemelos Samuel y Sean, de toda la historia familiar que me habían negado.

-Para que Mav pudiera estar en el parto, pusimos una demanda de paternidad a nombre de Rachel Seresin a través del Consejo Tribal. Lo devolvieron en marzo de 1991.

-Fue entonces hicieron las fotos.

Mav hace una mueca, recordar que obtuvo esas fotos en contra de la voluntad de Ice no le hace feliz.

-Si. También nos casamos en una ceremonia sioux. Aunque no tuviera valor legal. En 1991 y como aviadores de la Marina, era todo a lo que podíamos aspirar.

Jake saca del espaldar de su butaca un sobre que mantuvo oculto. Extrae la foto de “Mis dos amores”, que ni siquiera le ha enseñado a Brig, y la pone en la mesa, junto a las de la graduación.

Ice suelta un gemido doloroso, cruza sus antebrazos sobre su pecho en actitud defensiva y se retrae en el sofá.

Bradley, Sam y Sean se inclinan para verla de cerca.

-¿Quién es ese?

-Soy yo cuando tenía un día de nacido. Sobre el pecho de mi papá.

¡Oh! Se siente bien decirlo en voz alta. No es como lo soñó todos estos años. Es aún mejor. Mira fijamente a sus ojos y dice.

-Gracias.

Pero la palabra sólo incomoda a Ice. ¿Cómo puede su niño agradecerle nada? 

-Traté, de verdad que traté de mantenerme lejos los primeros años. Quería darte la oportunidad de tener una niñez normal con Pete, Carole y Bradley. Solo me encontraba con Sarah cuando venía a tierra.

-Y te estabas secando como un tronco cortado. -le regaña ella- Te hicieron comandante en 1993 porque te habías vuelto un obsesivo.

-Tenía experiencia en canalizar mis sentimientos de modo productivo. -admite Ice con una mueca.

Bradley piensa que es un comentario deprimente, pero lo comprende. Azul le ha contado de lo difícil que fue crecer con las expectativas de ser el heredero perfecto de una dinastía endeble y la creciente consciencia de que no era un hombre, en el sentido tradicional de la palabra. La disforia, los problemas de autoestima, y la desconfianza crónica son algunos de los problemas de salud mental que le acompañan. Le permiten gobernar con éxito, pero también hacen su vida sentimental muy difícil. Vista así, la famosa frialdad calculadora de Tom “Iceman” Kazansky adquiere una connotación trágica.

-Fueron dos años muy largos -admite Pete-, pero sabía que tenía que darte tiempo para reconciliarte con todo lo que había pasado.

-Por dos años fingimos que Tom y yo no queríamos formalizar nuestra relación, aunque teníamos una hija. Éramos la comidilla de la Marina: la pareja que primero tuvo un bebé y luego se enamoró.

-Alguna gente incluso tenía el valor de compararme con mi amigo Mitchell, que había decidido  asentarse al tener un hijo -recuerda Ice sarcástico.

-Solo que entonces Metcalf lo invitó a Top Gun y se aprobó la DADT. Siempre supe que Ice quería ascender y nunca dudé de su capacidad para hacerlo. Pero sabía que esa aura de bohemio no lo llevaría más allá del grado de capitán. En el fin de semana de los caídos de 1993…

-En la noche del 23 de mayo -le corrige Tom.

-En serio, Icepá, ¡para ya con las fechas! -se queja Sean- Rompes el ritmo de la narración.

Ice gruñe, pero asiente. Pete le dedica una sonrisa entre tierna y exasperada.

-Dos cosas ocurrieron ese fin de semana. En Texas, Carole se dio cuenta de que, si algo le pasaba, Bradley sería devuelto a la familia Abbot. -mira a su hijo mayor- La única solución era casarse conmigo y convertirme en tu padre legal. Por eso te adopté. 

-Y fue maravilloso ver la cara de mi primo Chad cuando le dije que no regresaría a ser su saco de boxeo en la jodida Fredericksburg, Texas. Es el único buen recuerdo de un día horrible.

-¡Oh! ¿Ese es el chico al que tiré al suelo el día del funeral? -los ojos de Sam brillan feroces al recordarlo.

-¡¿Que hiciste qué?!

Tom, Bradley, Jake y Sam intercambian miradas de miedo. Nunca le dijeron a Sarah lo que había pasado en el patio. 

-Nada importante, amor, te lo aseguro. Simplemente tuvieron un intercambio de ideas un poco enérgico.

Sarah lo mira con ojos entrecerrados.

-Tu y yo hablaremos de esto más tarde. -advierte a su esposo- Sigue Pete.

El moreno suelta un suspiro de alivio, la ira de Sarah es de temer, y continua.

-Entre Sarah y yo, por fin habíamos convencido a Tom de que viniera a San Diego ese fin de semana de 1993. Fue la primera vez que te vio desde que te dejó en la reserva, cuando tenías dos semanas de nacido.

Ice cierra los ojos, sobrepasado por el recuerdo. Han pasado más de veinticinco años, pero la intensidad de sus sentimientos cuando vio por fin a Jake sigue intacta. Tuvo que apelar a todo su autocontrol para mantenerse en el personaje. Ser el amante secreto de Mav era fácil, era algo que sabía ser. Pero ver a su hijo al alcance de la mano y no poder expresar su amor, para eso no estaba preparado. Aún no está seguro de si esos primeros tres días fueron maravillosos u horribles. 

-Fuimos a la playa y, mientras él jugaba con ustedes dos en el agua, Sarah me confesó que se había enamorado de Tom. -la mira con ternura- Se que esperabas que yo estallara de celos, que te recriminara por tratar de quitarme a mi hombre, pero, honestamente, es imposible conocer al verdadero Tom y no enamorarse. ¿Verdad?

Sarah asiente con los ojos húmedos. Sean tuerce los ojos.

-Mavpá, corta la cursilería. Me vas a dar diabetes.

Su padre le dedica una mirada burlona, pero retoma la narración.

-Pensé que, por amor, debía hacer lo que corresponde a una buena pareja militar: no ser un obstáculo en los planes de ascenso de mi compañero y, siempre que pudiera, mover los mecanismos en su favor. Así que en la noche del 23 de mayo de 1993 les dije que tenían que casarse y tener otro bebé.

Aún antes de que su prole estalle, Ice se cubre la cara con las manos. El plan de Mav para catapultarlo a la viril respetabilidad de los altos mandos siempre le pareció cínico y peligroso. Pero su esposo creció entre casas de acogida y fue víctima de abuso sexual en la primera adolescencia, claro que consideraba el sexo una herramienta legítima para ascender en la vida.

-Espera, ¿qué?

-Esta si que no la vi venir.

-¿Me tuvieron como parte de un plan político?

-Pero, ¿pensé que se amaban?

Sarah les hace callar con un gesto. Su rostro es duro y decidido. Está orgullosa del amor que comparte con estos dos hombres y no permitirá que la hagan sentir vergüenza por sus decisiones.

-Era una ecuación simple: yo amaba a Tom, Pete amaba a Tom, Tom quería ser almirante. Un estilo de vida de acuerdo a los valores tradicionales era imprescindible para su ascenso. Eso significaba esposa e hijos legítimos. Entre Pete y yo podíamos proveer eso. -mira directamente a Sean- No vales menos porque fueras un bebé planificado, al contrario.

-Si, Sean, tú no tuviste que compartir la cuna, como Sam y yo.

Eso hace salir al más pequeño de su estupor.

-¿Compartir la cuna?

Pete mira a su hijo, curioso.

-¿Recuerdas eso?

Jake hace una mueca.

-Tengo recuerdos difusos de nuestra vida antes de esta casa, pero si, recuerdo dormir abrazado a Sam. Era reconfortante.

-En la casa de la Base de Miramar no había mucho espacio. -confirma- Cuando Sarah estaba en la zona se quedaba con nosotros y.. bueno, la cuna era grande, tenía sentido. Respecto a ti Sean, no fuiste una obligación. Hacer crecer la familia era políticamente conveniente, pero estoy seguro de que habría ocurrido de cualquier manera. -toma la mano de Sarah y la besa con cariño.

Sus tres hijos observan el gesto con sorpresa.

-¡Oh! -dice Bradley, que comprende de pronto muchas cosas.

-Mav y yo estábamos enamorados de Tom. -explica ella- Él me dijo que tenía sentido ver si podíamos enamorarnos mutuamente. Hasta ahora nos va bien.

-Si. -confirma él- Tienes al mejor piloto.

Tom hace un ruidito molesto.

-No lo estropees, Mitchell.

Jake se les queda mirando. No está seguro de qué debe sentir ahora.

¿Sorpresa?

¿Alivio?

¿Felicidad?

¿Vergüenza?

-Papá -los dos hombres se giran a verlo, así que aclara- Icepá. Creo que te debo una disculpa.

-No…

-Si. Te dije aquí mismo que eras un monstruo que me había robado de los brazos de mi madre, que no tenías derecho a opinar sobre mi vida. Tu me lo diste todo y yo… -siente un nudo en la garganta y los ojos húmedos, pero se obliga a hablar por encima del dolor- Yo estaba tan obsesionado con ser normal que no podía apreciar tu amor.

-No, tú tenías razón. Yo acepté el plan porque quería ser almirante. Soy un egoísta que quería tenerlo todo: carrera, esposa, amante, bebés. Cuando nació Sean nos dimos cuenta de que no habíamos pensado en ti, pero era demasiado tarde. Esta casa y esta familia son ¿como la llamaste? una parodia de sueño suburbano. Yo no…

-¡Basta! -le interrumpe Sam- ¿Cómo puedes decir tantas cosas horribles de ti mismo? Esta familia es un sueño, es maravillosa. Jake simplemente era demasiado obtuso e impaciente para apreciarlo, pero Brad, Sean y yo nunca dudamos de que fueras un padre maravilloso.

-Lo fuiste para mí también. Estaba molesto contigo porque me sentía traicionado, porque te quería como un padre y de repente eras lo que se interponía entre Rachel y yo. Aún cuando me fui, aun cuando me obligué a odiarte, nunca dejé de ser tu hijo. Soy, en todo lo que cuenta, el hijo de Maverick y Iceman. Toda la Marina lo sabe, -mira a Bradley- ¿no es así?

-Si.

Sean recuerda el rumor y se cubre la cara con las manos de la vergüenza.

-No puedo creer que eso sea verdad.

Pete suelta una risita divertida. Ice los observa sin comprender.

-¿A qué se refieren?

Bradley decide explicarles.

-Hay una teoría de la conspiración sobre Jake. Que no tiene familia conocida porque salió de un laboratorio secreto de la Marina donde mezclaron los genes de ustedes dos.

-Y no poder decir nunca nada -gimotea Sean.

-Por cierto, la teoría de que Ice es el gemelo de un activista indígena al que la CIA mató en los ochenta también es medio cierta. El activista era Ray, y la CIA trató de matarlo… ¿cuántas veces, amor?

Tom se encoge de hombros.

-Dejó de contar después de la docena. Suponemos que simplemente se dieron por vencidos.

A su hermano le parecía gracioso y halagador. Tratar de matar a un verdadero vidente es muy difícil. Intentarlo sin reconocer su capacidad de precognición es inútil. Walter lo encontraba molesto, y otra evidencia de la maldad inherente del Estado.

-Todavía tengo una pregunta. Ustedes… Quiero decir, comprendo que no quisieran decirme cuando tenía diecisiete. No era… Si, tenías razón Icepá, era un niño y no podía manejar la verdad. Pero, ¿planeaban decirme alguna vez?

Tom, Pete y Sarah intercambian miradas incómodas.

-Teníamos la idea de decirte cuando te graduaras. -responde Mav- Tendrías veintiuno. Pero mandaste ese mensaje, de que tenías “que hacer algo antes de regresar” y…

-En realidad, te lo dije un par de veces cuando eras pequeño. -admite Iceman- Durante los meses de la crisis. Aunque no vale, claro, porque no lo recuerdas.

Ah, si, crisis es un término mucho más amable que colapso de llanto y celos al descubrir que eras adoptado.

-¡Oh! ¿Entonces no fue un sueño?

Ice pestañea asombrado.

-¿Recuerdas algo de eso?

-Recuerdo una noche durante esos meses de crisis en que te tocaba dormirme. La luz estaba apagada. Te quitaste la parte de arriba del piyama y me pegaste contra tu pecho. Nos envolviste en una manta suavecita. Era como estar en un capullo. Recuerdo tu piel áspera -mira la foto de su pecho tatuado y comprende que sentía las cicatrices de la brutal mastectomía-, y que me cantabas una canción de cuna en lakota. Me relajó. Luego me hablaste, me pedías perdón por irte y me prometiste que un día estaríamos juntos.

Levanta la mirada. Iceman lo está mirando con ojos arrasados de lágrimas. Tiene las manos en las rodillas, tan tensas que los nudillos están perdiendo el color. Se da cuenta de que debe haber sido una tortura verlo crecer y no tocarlo tanto como quería, como merecía. ¿Cuándo empezó a considerarse demasiado grande para dejarse abrazar por sus tres kuŋkákepi? Pero aún antes, el respetable Kazansky debía evitar cualquier comportamiento sospechoso. Se siente tan, pero tan avergonzado. Este hombre le dio todo, no dudó en mentir, en herirse, en reprimir sus propios sentimientos para que él fuera feliz, para que tuviera una oportunidad en esa normalidad de mierda que tanto ansiaba.

Se levanta, rodea la mesa de café, se sienta en ella justo delante de Iceman.

-¿Quieres abrazarme, papá?

El almirante es incapaz de hablar, solo aprieta los labios, asiente, abre los brazos.

Jake se alza un poco para poder alcanzarlo, pero el hombre lo toma por sorpresa al agarrarlo y levantarlo en peso. ¡Uh! ¿Parece que todavía va al gimnasio cada día? Jake queda a horcajadas sobre sus muslos y pega su torso al de Iceman. Siente sus manos grandes en la espalda, estrujando su camiseta de modo convulsivo. El cuerpo que lo estrecha se sacude rítmicamente. Tarda un poco en comprender que son sollozos. No dice nada, solo hunde la cara en el hueco entre el hombro y el cuello y siente. ¡Oh! Es ese olor. El olor que creía perdido.


ÍNDICE: http://palabraspulsares.blogspot.com/p/las-mentiras-que-nos-dijimos-4-raices.html

No hay comentarios.: