30 de abril de 2007

SECRETOS DE FAMILIA 14

Adaptándose 2

¿Por qué si el mundo es uno
todo es desigual?
Emperador Wen, Dinastía Wei (220-264)


Lunes

Adrian Ross Duncan salió de la catedral de San Pedro y entrecerró los ojos para adaptarse a la radiante mañana de Exeter. En Londres estaba nublado y su viaje del Ministerio a la sureña ciudad, vía flu, no le había preparado para esto. Se recostó a la pared frontal del gran edificio y extrajo su agenda, en lo que decidía si tomar un bus o un taxi. Tras revisar el resumen de la mujer que debía visitar optó por el taxi: viajes cómodos para conversaciones amargas, era una de sus divisas.

Por suerte, la catedral era uno de los centros turísticos en la cuenca del río Exe, y no tardó en hallar un auto. Se bajó a dos cuadras de su destino y caminó despacio, fingiendo observar las ruinas del castillo Rougemont, pero en realidad sus pequeños ojos negros estaban fijos en la casa de los Smith, que se alzaba en medio de un modesto jardín sembrado de tejos. Adrian arrugó la nariz al reconocer los árboles: tenía la esperanza de que el informe sobre ellos fuera exagerado, pero no. Reconoció también los complejos dibujos en el marco de la puerta, debían costar un dineral esas inútiles señales espantabrujas. ¿Y las flores de ajo en los balcones superiores? Patético.

No percibió plata en el perímetro, al menos no deseaban torturar al chico. No deseaban torturarlo concientemente, rectificó de inmediato, si no, ¿por qué estaba él ahí? Satisfecho con su inspección externa, el mago decidió pasar a la segunda parte de la misión, así que atravesó el jardín, subió los tres escalones y tocó el timbre.

La puerta (de tejo y grabada con conjuros medievales contra el demonio) fue abierta casi de inmediato por una mujer de treinta y tantos, de cabello castaño y alegres ojos azules.
–¿Si?
–Busco a Marcia Smith.
Ella asintió y se giró al interior de la casa.
–¡Marcia! Te busca un modelo de la Play Girl –volteó de nuevo a mirarle. –¿Te asusté? No te preocupes, me gusta asustar a los alumnos de Marcia.
–Yo no…
–Hazlo pasar Julia –ordenó una mujer desde lo alto de las escaleras.

Julia se hizo a un lado y movió la mano en gesto de invitación. Adrian se adentró en el vestíbulo y sus ojos chocaron con la dueña de la casa. Marcia Smith era rubia, de cabello corto y rostro ovalado, llevaba una camisa ancha a cuadros y unos pantalones de franela marrón que le quitaban años a su figura, pero no lograban disfrazar su naturaleza dominante.

–¿Qué desea?
–Vengo a hablar de su hijo.
–¿Le pasó algo a Alex? –se adelantó Julia.
–No –le tranquilizó el mago. –Es una reunión de rutina que tenemos con todos los padres de nuestros internos.
La señora Smith hizo una mueca de desagrado, pero mantuvo la compostura ante su vecina.
–Julia ¿podrías?...
–¡Por supuesto!

La castaña tomó su abrigo y se dirigió a la puerta. Ya solos, la anfitriona caminó en silencio a través de una puerta a la derecha, el mago la siguió, y se encontró en una salita cálida, llena de fotos y acuarelas de tema lacustre. Como el silencio se mantenía, decidió sentarse. Marcia, sin despegar los labios, se fue hasta un minibar en el fondo de la estancia y se sirvió una dosis de vodka. Adrian tomó nota mental del detalle.

–¿Algo de tomar?
–Coñac, por favor.
La mujer le tendió la copa y se sentó en un sofá de color rojo vino. Suspiró y se encaró al mago con rostro decidido.
–¿Cuándo regresa?
El no supo a qué se refería –¿Perdón?
–Alex, usted viene por Alex. No se adaptó ¿verdad? –percibió claramente el tono de contenida satisfacción en su voz. –Solo dígame dónde tengo que recogerlo. Aún puedo arreglar su matrícula en la secundaria de aquí.
–Un momento señora Smith, apenas es lunes. No hubo tiempo para que su hijo se las arreglara para ser expulsado de Hogwarts.
La expresión en su rostro cambió, y el cambio no alegró a Adrian. Ahora ella le contemplaba con desconfianza.
–¿Qué quiere entonces?
–Comencemos por el principio –propuso él en su tono más profesional. –Mi nombre es Duncan, Adrian Ross Duncan, trabajo en la Oficina de Atención a Licántropos, estoy aquí porque en los exámenes médicos que se le practicaron a su hijo ayer salieron a relucir algunas informaciones digamos, inquietantes, y queremos asegurarnos de que el ambiente donde crece Alex es saludable, en todos los aspecto posibles.
–¿Usted es algún tipo de mago de servicios sociales? –inquirió ella sin ocultar su desprecio.
–Solo hay un tipo de magos, señora Smith, –repuso Duncan en tono seco– y tenemos distintos empleos, como todo el mundo. Ahora, si me permite –sacó del interior de su chaqueta la agenda. –Debo hacerle algunas preguntas de rutina. Usted es Marcia Smith, Lennon de soltera, profesora de perspectiva de la Escuela de Arte y Diseño de Exeter.
–Si.
–Está casada desde hace quince años con Alan Smith, profesor de economía política de la Universidad de Exeter.
–Si.
–Tienen solo un hijo, Alexander Smith, nacido el 27 de mayo de 2009.
–Si.
–A Alexander Smith se le diagnosticó Licantropía por contagio la madrugada del 12 de agosto de 2014, en los bosques de Bedale, al norte de Yorkshire.
–Si –respondió ella claramente irritada. –¿A dónde quiere llegar con todo eso?
–Paciencia, Sra. Smith, paciencia. Tras el trágico accidente en que Alex fue mordido, el Ministerio de Magia ofreció a su familia atención médica, consultas con un sicomago, y la posibilidad de que su hijo interactuara con otros niños como él, magos y/o licántropos, a partir de su incorporación a la escuela primaria. Ustedes solo aceptaron la ayuda médica inmediata, pero se negaron a que un sicomago evaluara la evolución de Alex y lo enviaron a la escuela muggle. El Ministerio respetó su derecho a elegir la mejor educación para su vástago, hasta ahora.

Duncan levantó los ojos de su agenda y se enfocó en Marcia. La mujer tenía el mentón levantado y los ojos fríos, el "hasta ahora" la había puesto en guardia. El unió las yemas de sus dedos y trató de mantener un tono amable, aunque estaba seguro de que la cosa no iba a mejorar.

–¿Puede usted explicar, Sra. Smith, el severo cuadro de desnutrición que detectó el medimago de la escuela en Alexander Smith, las numerosas cicatrices en su torso, vientre y extremidades y su falta de autoestima? Porque esos elementos llevaron al Alfa de la Manada de Hogwarts, Max Kruger, a comunicarse con la Oficina del Atención a Licántropos ayer en la tarde.
–¿Alfa? –inquirió ella.
Adrian alzó las cejas, exasperado. ¿Eso era lo único que la había llamado la atención?
–Si, el líder de la manada…
–¿Permiten que se organicen como animales en la escuela? –le interrumpió la mujer con voz ultrajada. –Si llego a imaginar…
–¡Usted no está en posición de reclamar sobre la política de asociaciones en Hogwarts o en el Mundo Mágico! –le interrumpió a su vez el mago. –Kruger puede presentar un recurso por incapacidad familiar y su Alex no regresará a Exeter hasta los 21. En ese caso, usted tendrá que inventar una buena historia para sus vecinos. ¿Tal vez que la esquizofrenia se complicó y lo mantendrán internado por tiempo indefinido? –se alegró al ver su expresión espantada. –Si, sabemos cómo justificó sus ausencias mensuales a la escuela.
–Usted no puede quitarme a Alex –repuso ella con acento duro.
–¿No?
–No. Soy su madre, lo cuidé, lo alimenté, le ayudé a controlar al lobo en su interior. Inventé excusas en la escuela, curé sus heridas tras cada transformación. Use mis mejores conocimientos y todo lo hice pensando en él, en que no dejara de ser humano. ¿Quiénes son ustedes para venir a reclamar?
–Todavía no explica su estado –advirtió Adrian, no iba a permitir que ella desviara la discusión al plano sentimental.
–Su estado es normal –afirmó la mujer con seguridad. –Los niños con licantropía tienen problemas en la asimilación de nutrientes…
–¿Según qué fuentes?
–Lockhart, Gilderoy Lockhart.
¡Valla! Las cosas empezaban a tener sentido…
–¿Puedo preguntar quién le dijo que Paseos con los hombres lobo, era una bibliografía actualizada y confiable?
Ella lo miró escandalizada.
–¡Su ficha! El hombre es Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, y Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, sus libros se siguen reeditando tras veinte años…
–Sra. Smith, usted no solo consultó un libro anticuado, sino lleno de falsedades. Y lo sabría de haber aceptado la ayuda del Ministerio. Me temo que es usted responsable de maltrato infantil por desconocimiento.

Marcia tenía los ojos desenfocados y el rostro flojo. Toda su fuerza había desaparecido. Empezó a balbucear razones sin orden.

–Pero ellos… Ese hombre vestido de negro me dijo que Alex sería parte de la manada… Yo no podía permitirlo… Alex es un niño… Un niño ¿entiende?... Yo no podía dejar que se mezclara con esas bestias…

Las mejillas se le pusieron rojas y gruesas lágrimas empezaron a caer por los costados de su nariz. Bajó la cabeza y trató de controlar el llanto. Adrian no la apuró. Mientras la mujer recuperaba el control de si misma, él tomó largas notas en su agenda.

–Discúlpeme –logró decir ella tras sus buenos diez minutos. –No se qué…
–En efecto, la clave aquí es que usted no sabe –contestó Duncan con voz fría.

No sentía ni pizca de simpatía por esta muggle presuntuosa y no iba a fingir lo contrario. Todo ese drama no le engañaba: ella temía la magia y había hecho todo lo posible para mantener a Alex fuera de ese mundo. Desnutrir y estropear sicológicamente a su hijo le había parecido a Marcia Smith un costo aceptable para mantenerlo cerca de ella, con una vida "normal". ¡Deseaba retorcerle el cuello!

–A partir de ahora, las cosas van a cambiar, Sra. Smith. Nos ocuparemos de proporcionarle bibliografía actualizada sobre la condición de Alex, usted y su esposo recibirán otra visita una semana antes de las vacaciones de Navidad. Si la evaluación de la sicóloga asignada no es satisfactoria para el Consejo Licano, Alex esperará el año 2021 en su escuela o en Taunton, y su custodia hasta la mayoría de edad será llevada a juicio. ¿Entiende?
–¡No! Espere, Alex me quiere, ¿es que eso no cuenta?
–Alex la quiere porque no conoce nada más que sus torturas sicológicas disfrazadas de protección. Le advierto, recibirá un hijo muy cambiado en diciembre, un hijo que sabrá que no está solo. Ahora me retiro, no se preocupe, puedo hallar la puerta.

Adrian se levantó y caminó hasta la puerta que comunicaba la salita con el recibidor.

–Los libros le llegarán esta semana. Buen día, Sra. Smith.

Marcia lo vio marchar desde su sofá. No reaccionó hasta que sintió cerrarse la puerta de la calle. Entonces fue al barcito y se sirvió una escalofriante dosis de vodka.

–Alex es mío –susurró para si mientras paladeaba la ardiente bebida. Tiró el vaso contra la pared. –MIO.

Martes

Draco se levantó del tocador y caminó despacio a la cama, Harry lo esperaba allí, mientras terminaba de leer un informe a la luz de la lámpara de mesa. En cuanto empezó a desatar la cinta de su bata para subir al lecho, su esposo dejó el documento y se metió entre las mantas. Le dedicó una sonrisa reconfortante y abrió los brazos, a la espera.

El rubio buscó cobijo en silencio, se dejó inundar por el aroma a lluvia fresca de su pareja y trató de relajarse. Harry le besó la nuca y acarició su hombro, despacio, era un roce fraternal, de apoyo, y Draco agradeció a los dioses que Harry entendiera su falta de deseo. Aunque tal vez se tratara de que él tampoco tuviera deseo, después de todo, la visita al medimago no había sido una experiencia buena para ninguno de los dos.

Se mordió con suavidad el labio inferior mientras sentía a Harry abrirse la camisa del pijama. El contacto de su espalda con el duro pecho del otro le produjo un escalofrío que luego remitió, en la medida que el flujo mágico entre sus cuerpos se estabilizaba. Se revolvió, pero eso solo aumentó la sensación quemante en su piel.

–Solo un poco más –le tranquilizó Harry.
–Para… –la voz de Draco era casi un ruego.
Pero el abrazo del moreno dejó de ser tierno para impedirle el movimiento. Draco sintió que alguien arrancaba la piel de su espalda y dejaba caer agua a presión sobre la herida. Gimió.
–Ssss, ya casi mi dragón. Piensa en el bebé.

El bebé, si, el bebé. Draco se aferró a la idea para mantener la cordura. La transmisión controlada de magia no era agradable, pero su bebé, el retoño que por fin le iba a dar a Harry, necesitaba de la magia pura y sana de su otro padre. Ambos lo sabían desde el principio, pero habían preferido esperar a que el doctor Tackeray lo confirmara: el núcleo mágico de Draco estaba demasiado dañado para suministrar la magia suplementaria al feto.

La transferencia mágica era un fenómeno espontáneo, derivado de la magia remanente de los conjuros y la interacción –física o espiritual– entre los seres mágicos. Solo las entidades más poderosas eran capaces de controlar su flujo y donarlo a voluntad. Por suerte, Harry estaba entre esas personas. Si, se repitió Draco como un mantra, tenía suerte de que su esposo pudiera asumir el reto de transferir magia de este modo sin matarse en el proceso. Después de todo, solo se conocía otro método para alcanzar tazas de movimiento de esa intensidad: sexo.

¿Cuándo se había vuelto su relación tan enferma? Prefería esta tortura a tener sexo cada 48 horas. ¡Por la sangre del Dragón de Arturo!

La sensación quemante se detuvo, Draco sintió que flotaba en una niebla acogedora, tibia, segura. Era la magia de Harry envolviendo su propio núcleo, asegurando su vida y la del pequeño. También sintió algo húmedo dejar un rastro en su mejilla y un cuerpo suave que limpiaba la huella.

–No llores corazón.
Pero Draco no intentó siquiera obedecerle.

Aún sin mirarlo podía notar la leve excitación de su pareja, la imagen de un mago capaz de donar magia y excitarse, en vez de quedar exhausto, lo llenó de orgullo y frustración. ¿En qué se había convertido? Se giró un poco y besó los carnosos labios de Harry.

–¿No quieres…?
El moreno lo detuvo al poner un dedo sobre sus labios. Su rostro repentinamente serio.
–Hemos hablado de esto ya, no tendrás sexo por obligación, ¿recuerdas?
–Pero tu…
Harry sacudió la cabeza, restándole importancia al asunto.
–Para mi es suficiente estar a tu lado.
Draco tocó el pene semirrecto, que saltó como un resorte. El moreno gimió, pero apartó la mano con firmeza y trató de usar la lógica.
–Haz recibido suficiente magia por ahora, mañana si quieres…

Eran las palabras equivocadas, lo supo enseguida. Draco estaba tan herido que no intentó enmascarar sus expresiones. Fue solo un instante durante el cual se soltó de su abrazo y dejó escapar un leve gruñido. Harry quedó paralizado por un largo momento y reaccionó cuando la voz del rubio llegó hasta él. Obviamente, estaba usando toda su compostura y la voz era fría, servicial.

–Lamento haberlo molestado a mi señor. Ahora que la transferencia está echa, ¿puedo dormir?

No esperó a que Harry abriera la boca, solo giró hacia el otro lado de la cama y se tapó la cabeza con ¡todas las mantas!

El moreno se le quedó viendo, asombrado del giro que habían tomado los acontecimientos. ¿Ahora era su culpa? Apenas a media tarde habían escrito a sus hijos contándoles que la mudada estaba completa y que la visita al medimago no había traído sorpresas. Tackeray era el mejor especialista en embarazos masculinos de Gran Bretaña, pero ni él podía borrar los problemas médicos de Draco, así que había orientado reposo, pociones nutritivas, comidas sin condimentos y transferencias mágicas regulares. Toda su vida había trabajado para que Draco no se sintiera presionado por su "contrato matrimonial", para que fuera libre de desearle o rechazarle a voluntad y ahora que todo eso debía dar frutos…

–Draco –silencio. –Draco –intentó por segunda vez.
Bueno, tal vez debía usar la técnica de "hablarle al muro hasta que se conmueva".
–Amor, discúlpame ¿si? No quise insinuar que solo me desearas por el bebé. Estamos en una relación de igualdad, ¿recuerdas? Y eso significa que lo hacemos todo de mutuo acuerdo. Solo porque yo me… –¿por qué era tan complicado decir eso? Carraspeó. –Solo porque me sonroje no tienes que saltar a mi cuello.

Esperó, pero lo único que salió de debajo de las mantas fue un ruido. Era un ruido bastante largo. ¿Tal vez fuera una respuesta?

–¿Dijiste algo?
Otro gruñido, más corto. Seguro que ese era para quejarse. ¡Qué tozudo podía ser!
–No te entiendo –admitió con su voz más dulce.
–Dije –contestó el rubio exasperado en lo que sacaba la cabeza de su capullo. –"Esta bien Griffindor tonto, deja de jugar al colmenero y ven a darme calor".
Harry no estaba seguro de que eso fuera una ofensa…
–¿Colmenero?
Draco bufó y puso los ojos en blanco.
–Es un ejercicio de humor marca Malfoy –explicó. –Ni siquiera intentes entenderlo, Ministro. Ahora ven –y señaló con ademán imperioso el interior de su capullo de cobertores.

Harry se metió entre las mantas y se dejó abrazar. Sabía que el rubio deseaba aprovechar los meses antes de que la panza le impidiera envolverlo con sus brazos y piernas. Aspiró el olor a lilas de Draco y cantó la canción del oso que roba un panal de miel para una cría que los cazadores dejaron si madre, pero las abejas no le creen, y el lleva entonces el viejo tronco donde viven las abejas a la entrada de su cueva. En la estrofa de las abejas ponderando la belleza del osito, el moreno notó que su esposo estaba dormido. Sonrió: casi veinte años y Draco nunca llegaba despierto al final de esa canción.

Bueno, por suerte había cosas que no cambiaban.

TBC…

EN BUSCA DE UN SUEÑO 14

Un examen oral de inesperados frutos

Igor abrió los ojos de golpe y contuvo las ganas de sobarse la pierna donde Boris le había pateado.

-Cinco de noviembre del año cinco de la Cuarta Edad del Sol, profesor.

Michael Eranion -Lord Michael de Oro a sus espaldas- le miró a los ojos sin pestañear y acarició su larga barba de color castaño claro.

-Es una afirmación interesante -concedió al fin y caminó de regreso al frente del aula.

El cuerpo del viejo profesor proyectó una sombra rechoncha al meterse en el campo del proyector, y las últimas líneas de la famosa "Carta de Ecthelion a Barahir con motivo de la boda del primero", se deformaron sobre su espalda.

El profesor Eranion llegó al frente y giró con un brillo divertido en sus ojos azules.

-Y dígame, señor Fedorov, ¿cómo ha llegado usted a esa certeza que eludió a los historiadores en los últimos seiscientos años?

Igor tragó en seco. No podía decir que, antes de la patada de Boris, soñaba sostener la carta original entre sus manos, pero tampoco dejaría que Lord Oro lo humillara. Se puso de pie.

-Mis argumentos son tres: el valor sobrenatural concedido a los números en la cultura edain, la fecha probable del fin de la segunda cosecha y el estado de las comunicaciones en el interior de Gondor en esa época.

Por primera vez, deseó que el viejo le cortara para burlarse de sus ridículos métodos y espantosas teorías, pero, para su horror, Michael Eranion se sentó tras la mesa y movió la mano, invitándole a continuar.

El jove carraspeó para ganar tiempo, y repasó sus posibles opciones. ¿Por qué confiar en lo que leyera en una expriencia onírica? El no era fanático de Freud, pero... ¿En verdad su teoría era mejor que las mil y una que intentaban fechar la famosa "Carta..."? Personalmente, Igor no consideraba esa fecha importante, pero las personas tienen una insaciable curiosidad por las vidas ajenas y, si se trata de personajes históricos... ¿Acaso dejaba de ser chismografía porque se refiriera a la vida personal de dos hombres muertos casi veinte siglos atrás? A Igor le parecía que no, que todavía estaban profanando la intimidad de alguien.

Los dedos del profesor tamborilearon sobre el pesado buró de madera oscura. Igor tomó aire y comenzó su exposición.

-Primer argumento: el valor místico de las cifras.

"Ecthelion hijo de Igram era un hombre supersticioso. No lo sabemos solo porque fuera usual en su época, sino por documentos y crónicas que lo mencionan. Si los narradores lo resaltan como elemento distintivo, debemos suponer que superaba los estándares de la época. A principios de la Cuarta Edad, la mayoría de las supersticiones entre las clases elevadas de los edains y eldars se basaban en la numerología. De hecho, algunos documentos sobrevivientes revelan que, aun en temas tan pedestres como informes de grano, el Asistente del Senescal insertaba combinaciones numerológicas elementales para el buen augurio. De ello se deduce que, en una carta donde se jugaba tanto, no dejaría de incluir algún conjuro de ese tipo.

"¿Qué sabemos de esas supersticiones relativas al poder de los números? Varias sobreviven entre nosotros: el tres es nuestro número sagrado, como en muchas otras culturas; el nueve (tres veces tres) se considera de pésimo augurio; y los números primos menores de veinte (1, 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17 y 19) formaban la combinación misteriosa de nueve elementos indivisibles. "Por tanto, cualquier deducción respecto a la "Carta..." debe considerar que, en una zona tan obviamente matemática como la fecha, sería imperdonable no insertar un conjuro mumerológico relativo al 3, donde no puede aparecer el 9 y es probable que una, o varias de las cifras, sean primas.

Igor hizo un alto para tomar aire. Tampoco esta vez el profesor Eranion se burló, sino que se puso de pie y escribió en el pizarrón:

ELEMENTOS DEDUCTIVOS DEL PRIMER ARGUMENTO

Invocación al 3 --> Asunto sagrado

Protección frente al 9 --> Evitar malos augurios

Uso de cifras primas --> Invocación al poder, la fuerza, la indivisibilidad


Los alumnos le vieron sintetizar la tesis con asombro. ¿Se estaba tomando la atropellada exposición de Fedorov en serio? Bueno, una cosa se sabía en esa aula: lo que Eranion ponía en la pizarra era para copiarlo.

Dividido entre el miedo y el orgullo, Igor atacó la segunda parte de su loca teoría.

-Segundo argumento: la fecha probable del fin de la segunda cosecha.

"El clima suave de Ithilien permitía una segunda siembra entre junio y julio, era el grano del verano, y se cortaba entre septiembre y octubre. Esta cosecha, más que depender de su madurez, dependía del clima, pues las primeras tormentas podían estropear el trabajo de meses. A eso se refiere Ecthelion cuando dice "estoy convencido de que la ausencia de noticias se debe a tu muy ocupado tiempo". Sin embargo, esa es solo una de las tantas provocaciones ocultas en el texto. Ecthelion no pone "la espera de la cosecha debe tenerte tenso", sino "la cosecha de la cebada de verano te debe mantener en actividad". O sea, ya pasaron septiembre y octubre, el poco grano que se sembró en la segunda vuelta ya fue cortado y viaja a los silos, pero tu no haz escrito.

"Eso nos sitúa la carta en un margen de cuatro a cinco semanas, porque este era el momento en que todo señor se ocupaba de poner al día su correspondencia: tras la cosecha de verano y antes de que las primeras heladas volvieran imposibles los caminos para el correo regular. No podemos olvidar que Ecthelion estaba tratando de provocar a su amante, y, para que su carta no pudiera ser fácilmente desestimada, debía esperar a que el correo desde Ithilien del Sur llegara, de modo que pudiera acusar al otro de abandono, pero no tanto como para que otros mensajes comunicaran la noticia de su boda, o la ira de Barahir sería difícil de orientar.

Igor se detuvo. Alguien, probablemente Boris, le puso un vaso de papel con agua entre las manos y lo bebió de un trago. Resopló y vio como el profesor escribía:

ELEMENTOS DEDUCTIVOS DEL SEGUNDO ARGUMENTO

Margen entre el fin de la cosecha de verano y el invierno --> cinco semanas

Tiempo de viaje del correo de I.S. a M.T --> diez a doce días


A medida que veía las palabras aparecer en la negra superficie del pizarrón, una extraña seguridad se adueñaba del joven. ¿Estaría soñando? Si de veras lograba construir una teoría plausible –ni en sus más locos sueños esperaba saber la fecha exacta– podría pasar a recoger su permiso para los archivos en menos de una semana, ¡e incluso le darían las gracias por investigar para la Universidad!

Igor tomó aire y siguió adelante.

–Tercer argumento: el estado de las comunicaciones en el interior de Gondor.

"No podemos saber a estas alturas si ese compromiso surgió de su rabia por la huida de Barahir o de las intrigas de Imrahil el Medio Elfo. El caso es que entre agosto y noviembre ya Ecthelion había comprendido que no deseaba casarse con Lothíriel de Dol Amroth.

¿Qué hacer? Llamar a Barahir para que lo rescate, pero sin perder la dignidad. El siempre fue el maquiavélico de la pareja, sabe que con muy poco su amante regresará y le pondrá en tal "apuro" que tendrá que renunciar a la boda.

El objetivo queda develado: Ecthelion no escribió esa carta para restregarle en la cara a su amante una boda que no desea, al contrario, él espera que el iracundo Barahir regrese a Minas Tirith y le reclame su comportamiento. Por eso, y porque después de todo lo quería, tenía que darle oportunidad de llegar antes de que se celebrara la boda. Detengámonos en la fecha: "La unión tendrá lugar el día siguiente a la Fiesta de la Nevada, durante la puesta de sol." Para los gondorianos de entonces, como los de ahora, casarse en invierno era un sacrilegio. La Fiesta de la Nevada era el inicio oficial de la estación oscura, y un enlace con la última luz del sol de otoño era lo más escandaloso que se podía imaginar. Esa fecha era prerrogativa del novio, y se fijó en el límite de lo posible, lo cual nos revela a un hombre total y absolutamente renuente.

Por eso finge desdén y escribe "Si decides venir, tus habitaciones en palacio estarán listas", pero le dice la fecha y hora exactas. Con mayor razón, debía estar seguro de que la nota llegaría a tiempo para que el jinete remontara la cuenca del río Poros, tomara el transporte fluvial Palargir-Osgiliath, y cruzara el Pelennor. Esa que describo no es la ruta más rápida, pero si la más segura y accesible.

Si, estaba el sistema de comunicaciones militares por tierra. Las postas trazaban una línea casi recta entre los ríos Sirith y Erui y disponían de un puente de balsas directamente desde Lossarnach a Pelennor. Pero ese camino no podía hacerse sin escolta y sin el sello real, sello que Barahir había devuelto a Legolas antes de dejar la ciudad, en gesto de renuncia a su cargo de escudero.

Otros argumentan que podía ir a caballo hasta Osgiliath por la orilla sur del Anduin y tomar uno de los tantos transportes que cruzaban de Ithilien a Pelennor. Quienes así piensan olvidan que la Carretera de Harad distaba mucho de ser una zona segura en el quinto año del reino de Elessar I. No había puestos de recambio de caballos, ni pueblos, ni granjas, en cambio los orcos y sureños merodeadores siempre podían disfrutar de un exquisito plato de carne edain.

Esas dos rutas implicaban más demoras que beneficios por los trámites que implicaban y las personas que, indefectiblemente, tendrían que acompañarlo. Por la ruta principal Barahir podía viajar solo sin temor, y apenas perdía dos días de marcha respecto a la ruta más eficiente, o sea, tenía entre trece y catorce días de viaje.

Tampoco esta vez Eranion dijo nada. Sino que asintió gravemente y volvió a escribir en el pizarrón:

ELEMENTOS DEDUCTIVOS DEL TERCER ARGUMENTO

Fecha de la Boda --> Ultimo día posible del año (21 al 22 de diciembre)

Ruta más segura y eficiente de viaje --> 13 o 14 días


Con creciente asombro, los alumnos le vieron buscar entre sus diapositivas. El texto de la carta fue sustituido por un calendario ilustrado del tercer trimestre del año.

–Fedorov, venga acá.

Igor se adelantó despacio, sentía como sus compañeros de aula lo miraban con admiración y miedo. El también tenía miedo… ¿no estaría soñando todavía? Ya frente al estrado, Lord Michael de Oro puso el marcador en su mano y señaló al gráfico.

–Solo queda hacer el resumen.

Igor tragó saliva. ¿Por qué tanta amabilidad? Si, faltaba el resumen, el triunfo o el desprestigio total. Se encogió de hombros, al fin y al cabo, la suya era la teoría 1001 respecto a la desgraciada carta.

–Ese año el invierno llegó pronto, la primera nevada se reportó el 15 de diciembre en Bree y la tormenta llegó a Minas Tirith el 19. Barahir llegó al puerto de Osgiliath esa tarde, tras veinte días de azarosa navegación, por el viento en contra y la oscuridad asociada a las nubes bajas. Eso significa que montó en Pelargir el 30 de noviembre. A caballo, desde allí hasta el punto más lejano de la cuenca del Poros, se tardaba unos cuatro días. Pongamos que Barahir tardó veinticuatro horas en salir de su hacienda, o sea, la carta estaba en sus manos el 24 de noviembre.

Igor marcó el tercer jalón en su repaso de la ruta del mensaje y se detuvo. Sintió que, a su espalda, el resto del aula contenía el aliento junto a él. ¿Eso era lo que había visto el profesor Eranion? No, no podía derrumbarse así. El estaba seguro de que… ¿seguro? ¡Solo era un sueño! Pero un buen sueño…

Piensa Igor, piensa. Este es el hueco donde todos cayeron antes que tú. Las fechas en disputa difieren a partir de aquí, pero solo tú pensaste que el maricón de Ecthelion trataría de enredar a su marido con números… ¿Números? ¿Números primos? Antes mencioné el cinco y el once… El conocía los mecanismos de transporte de correo ¿no? ¡Si! Tiene que ser eso.

–A partir de este punto, nuestro análisis debe tener en cuenta el sistema de distribución de correo real, que el mismo Ecthelion prescribiera en su viaje como secretario de Geniev, un par de años antes. Las cartas se ordenaban en bolsas por distritos que eran reunidas en pacas regionales. Cada día salía correo regular para cada región del reino, en la cabecera regional las pacas eran repartidas por distrito y allí entregadas a mensajeros especializados. Todo este personal tenía días de descanso y distancias mínimas que recorrer en cada jornada.

Igual que se asumió que Barahir tomaría la ruta potencialmente más rápida, muchos asumen que la carta debió ser enviada por mensajeros alados, que tardarían unos diez días en alcanzar la granja en Ithilien del Sur. Eso no tendría sentido, si Ecthelion necesitaba que Barahir se sintiera ofendido por su desprecio no podía enviarle un mensajero personal, sino que debía confiar en el correo ordinario. Por supuesto, confiar no significa dejar al descuido.

¿Cómo ocuparse de algo que se entrega a un engranaje ciego? Con supersticiones. Ese era el tipo de cosa que se le daba a Ecthelion, calcular supuestos días de buen augurio para las estaciones del viaje de su llamada de auxilio.

Si la carta llegó a Barahir el 24 es porque salió de Pelagir hacia el Poros el 20, porque llegó de Minas Tirith el 19, atención sobre este número primo, porque salió de la Ciudad Blanca entre el 7 y el 8, nunca el 9, y fue empacada entre el 6 y 7 de noviembre. Para estar en la Casa de los Misiones el 6 al amanecer, y asegurar así su inclusión en la paca del 7, tenía que haber sido escrita y sellada la noche antes, a más tardar. Sabemos que el día 2de noviembre Ecthelion tuvo una gran pelea con su prometida y el 3 viajó a la colonia élfica de Ithilien. El nunca habría escrito algo de tal importancia un día 4, por lo que nos queda…

Igor trazó un círculo de yeso alrededor del elusivo 5 y giró a enfrentar a su auditorio.

En realidad, él mismo no estaba seguro de qué esperaba, pero, ciertamente, no era ver el salón lleno. Obviamente, en algún momento la noticia de su teoría –la 1001 sobre la Carta de Ecthelion a Barahir– había corrido por la escuela y ahora alumnos de varias facultades y casi todos los años estaban tomando notas y contemplándole en silencio.

Hubo un batir de palmas en el fondo, por entre las cabezas de los alumnos conocidos y desconocidos, Igor logró ver una figura morena y delgada que se acercaba. Vestía de negro.

"Por los Valar"

Deseaba correr, huir muy lejos, donde la vergüenza de hacer el ridículo frente a él no le alcanzara. Eso deseaba, pero no lo hizo. Igor permaneció firme, en pie, tratando de controlar su respiración –que ya no estaba agitada por la alocución– y de mantener sus ojos firmes.

La figura se abrió paso entre la multitud y llegó al estrado, dejó de aplaudir y le dedicó una mirada apreciativa.

"Como si tazara algo que piensa comprar" pensó Igor con rabia.

–Ha sido una demostración excelente, señor Igor Sergueievich, conmovedora.
–Alteza…
–¡Silencio! –ordenó el Príncipe Telcontar con voz baja y dura. –No soporto cuando la gente empieza a quitarse méritos. Es hipocresía o estupidez y ninguna de las dos cosas me agrada –se volvió hacia el profesor. –¿Dónde tengo que firmar?
–¿Firmar? –repitió Eranion desconcertado.
–Pero qué cabeza tan distraída la de usted, curunir Eranion. Hay una orden por ahí, creo que es de 1814 o 1820, se asignarán quinientos arani al que deduzca acertadamente la fecha de esa carta –se volvió a mirar a Igor con rapidez. –Se que eso no es mucho, pero hace casi 200 años era una pequeña fortuna.
–Yo no…
–Ya se que no lo hizo por el dinero –le cortó el Príncipe. –Pero no quiero que nadie me acuse de apropiarme de los fondos de la Escuela –sonrió al profesor, era una sonrisa lobuna, cruel. –Cuando tenga listo el documento me contacta ¿si? Y de paso les doy por fin el original.
Hubo gemidos de asombro en el aula.
–¿El original? –balbuceó Igor inseguro. Si el original existía entonces para qué…
El Príncipe se miró la punta de su brillante zapato de charol y metió su pulgar por debajo del segundo botón de la camisa.
–Empezó como una apuesta: Yo dije que la Casa del Saber no merecía otra copia íntegra solo para dejarla quemar en el primer accidente, algún chupatintas dijo que no necesitaban el documento para saber su fecha, yo dije "¿de veras?". Cien años después nadie daba con el día, pensé que no ponían suficiente esfuerza y se me ocurrió lo de los 500 reyes. Bueno, al final no hizo falta. Me alegro.

El Príncipe se volvió al público y sonrió, pero Igor, que estaba cerca, pudo ver que, como de costumbre, la risa no le llegaba a los ojos.

–Ha sido un placer compartir con ustedes este momento histórico. La clase ha terminado.

Los jóvenes se marcharon en apretados corros, pareció que Eranion quería quedarse, pero una mirada le advirtió que la orden también se aplicaba a él. En pocos minutos solo quedaron Igor, Boris y el Príncipe.

–Hola primo –saludó el Telcontar al Vorondion. –¿Crees que podamos comer juntos?

TBC…

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 14

BELLA, BELLA NOTTE

Aragorn esperaba. Había sentido apagarse los ruidos del palacio y notado el cambio de guardia en su galería. Estaba seguro de que el Príncipe iría a verlo. Unos pasos suaves se detuvieron frente a su puerta.

"Pisadas de elfo, solo ellos pueden moverse así, pero este desea que ser oído por mi"

La puerta se abrió sin ruido, apenas el espacio suficiente para que Hoja Verde pasara.

–¡Hasta que se durmieron! –fue todo lo que pudo decir al entrar y enseguida los labios de Rey le callaron.

Caminaron hasta el lecho sin separa su bocas, lentamente. Ya sentados, la necesidad de respirar se hizo urgente.

–Se supone que vine a reclamarte por tu actitud en la cena.

–¿Y tu padre le reclamó a ese marinero por ofenderme?

–Tú empezaste con esa referencia al duelo.

–Es verdad. –admite en tono resignado, Aragorn abre su camisa y hecha atrás la cabeza para dejar expuesta la garganta– ¡Castígueme mi amor por retar a uno que lo llamó asesino!

El otro empieza a besarle el cuello, sus manos acarician los hombros y el pecho del hombre. Aragorn se dedica mientras a las ropas de su elfo, desea desnudar esa piel alabastrina y siempre fresca. Los abrazos van subiendo de intensidad hasta que pierden el equilibrio y se desploman: el hombre sobre el elfo. El mortal aprovecha la breve pausa para lanzar lejos su camisa y besuquear el cuello de su pareja. Legolas no se queda quieto: de un leve empujón invierte las posiciones y ataca los pezones del hombre, a la vez que se deshace de su propia camisa. Habla en los intervalos de sus chupetones.

–Debiste contenerte... por tu culpa... tendremos a ese latoso... en la partida... y tendremos que... contabilizar los trofeos... ¿Entiendes?

Con un hábil juego de manos el Rey toma la parte superior del pantalón del elfo y tira: el Príncipe cae a su lado, definitivamente desnudo. Su mano alcanza la dureza del inmortal.

–Perdone su Alteza a este mortal desesperado, pero juro que la idea del reto no se me ocurrió hasta que lo vi saltar para ir con nosotros.

Legolas se arquea de placer, mientras el Rey le acaricia, todas las miradas despectivas de Gondor se vuelven un juego.

–El mortal ha sido perdonado, pero deberá cumplir una penitencia.

Con movimientos espasmódicos desata las cintas que sujetan el pantalón del hombre, e, imitando su juego de manos, logra desnudarlo por completo y dejarle tendido. Pone los brazos de Elessar en cruz.

–No te muevas, –posa un dedo en sus labios– y no quiero oír ni un ruidito. ¿Claro?

Aragorn asiente, feliz de que Legolas asuma un rol activo en su relación. Después de todo, no se casó con una tierna doncella.

El Príncipe lame lentamente el torso de su esposo, le divierte sobremanera escuchar los suspiros contenidos del mortal y cómo el ritmo de su respiración se agita. ¿Tal vez fue muy exigente al prohibirle el sonido? Se detiene un poco en el ombligo, es una de las dos cicatrices que comparten.

Siempre le ha fascinado el asunto de las marcas que conservan los humanos tras una buena refriega. Bueno, su hombre no era material de estudio para ello, pues la sangre élfica le salvaba de tales recuerdos. Era algo para preguntar después.

Se dedica ahora a los muslos. Los vellos tienen gran densidad en la zona, pero se desprenden muy fácil del hombre para quedar en la lengua del elfo. Se atraganta, empieza a toser, tiene al fin que apartarse y ponerse una mano en el pecho, la tos sube de intensidad hasta que el Rey no se contiene y estalla en carcajadas.

–¿De qué te ríes?

–Es que he tenido una idea de lo más graciosa...

–¿De veras?... No sé cómo... esto es lo más, quiero decir, lo menos romántico...

–Lo sé amor, lo sé –Aragorn tiene lágrimas de risa– Te cuento: Se me ocurrió de repente que, cuando pida tu mano a Thranduil, él contestará "¡Imposible!" muy indignado. Entonces yo debo fingir inocencia ¿no? y pedir a su Élfica Majestad razones que impidan nuestra relación. El Rey podrá enumerar tradiciones y leyes, pero el argumento absoluto llegará al decir: "... y por peludo. Si Aragorn, se de muy buena fuente que si un elfo y un hombre se aman, el inmortal puede morir asfixiado con un vello de su amante. ¡Mi hijo no morirá de manera tan indigna!" ¿Te lo imaginas?

–Aragorn... lo que acabas de decir es de una insolencia ¡absoluta!

–Pero si tú también te estás riendo.

Legolas toma un almohadón y golpea al hombre.

–¡No es cierto!

El mortal se arma de igual manera y riposta.

–Sí te estás riendo. Te ríes de un chiste sobre tu padre.

–¡Calla! –nuevo almohadazo.

–Ahora sí. Le contaré todo a Thranduil y te va a desterrar.

El intercambio de golpes ya no se detiene.

–¿Tu crees? Acaso te mande a cortar la cabeza.

Corren por toda la habitación, desnudos y risueños.

–Oh, no. Yo soy el Rey de los Hombres. Tú serás desterrado de todos los reinos élficos y deberé darte asilo en Gondor.

–Puede que Ferebrim me busque allá.

–¿Y cómo va a vivir?

–Tal vez consiga empleo en Umbar.

–Tienes razón, se le nota la tendencia a codiciar lo ajeno.

Detienen la persecución, sus cuerpos, iluminados por el fuego de la chimenea, comparten el tono rojizo–dorado de las llamas. Han quedado muy cerca, las respiraciones son irregulares, sus ojos brillan.

–¿Sabes? Tengo una idea más divertida que la anterior.

El rubio enarca las cejas con fingida inquietud.

–¿Incluye a Lord Elrond?

–No. –la sonrisa pícara reaparece– Solo estamos tú y yo.

–Mmmm... Interesante.

–Propongo que terminemos lo que interrumpió tu tos. Quiero ser tuyo esta noche.

–De acuerdo, pero tengo una condición.

–Dime.

–Te voy a acariciar los muslos solo con las manos.

El Rey de Gondor se pega con fuerza al cuerpo de su amado y le lame el lóbulo de la oreja. Susurra las últimas palabras coherentes de la noche.

–Estoy en tus manos, esta vez tú tomas todas las decisiones.

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El tiempo pasó de prisa, ambos terminaron exhaustos y felices. Legolas permaneció despierto, acariciando los oscuros cabellos de Aragorn, quien se durmió abrazado a él. Había sido maravilloso reencontrarse con aquel cuerpo que sentía ya como complemento del suyo.

–Ya no nos separaremos de nuevo.

El hombre lo escuchó entre sueños y esbozó una leve sonrisa.

–Legolas, te amo. –dijo bajito, y estrechó un poco el abrazo.

Entonces el Príncipe escuchó los movimientos del cambio de guardia: el amanecer se acercaba. Suavemente apartó las manos para levantarse, debía llegar a su habitación antes de que los pasillos se animaran. Al ponerse en pie algo similar a un golpe lo lanzó de regreso, la habitación empezó a dar vueltas.

El choque contra la cama despertó al Rey de golpe, halló a Legolas desnudo y tendido de través, con las manos cubriéndole el rostro.

–¿Qué ocurre?

–No lo sé. Me estaba levantando y... todo empezó a dar vueltas.

–Estás sudando frío.

Entonces Hoja Verde sintió que toda su vida se le agolpaba en la garganta.

–¡Llévame al baño! Por los Valar, tengo que llegar.

Pero el hombre sabía que el elfo no podría hacerlo por sus pies, así que lo tomó en brazos y alcanzó la habitación vecina. El muy digno Príncipe Consorte se inclinó y empezó a devolver comida mientras su cuerpo era recorrido por fuertes temblores. Su esposo tuvo que sostenerle la cabeza para que no chocara con el servicio.

Largos minutos en los que no es escucharon más que arqueadas, y susurros de amor con los que el hombre intentaba calmarle.

–¿Ya? –un leve asentimiento– No hables, te llevaré a la cama.

Una vez allí Aragorn lo arropó y fue a buscar algo en su equipaje, volvió con un baso de agua y un puñado de hierbas.

–Mastica esto –ordenó, el amante había dejado paso al sanador.

Cuando los colores volvieron al rostro de Legolas la tensión de su rostro disminuyó un poco y le presentó una escudilla.

–Ahora escupe y toma agua.

El elfo lo hizo todo sin rechistar, las fuerzas estaban volviendo, y sin ellas no podría escurrirse y pretender que había dormido en su recámara. Notó que su esposo estudiaba las hojas medio maceradas y sonreía. Necesitaba respuestas, y pronto, o toda la discreción mostrada frente a su padre y el resto del castillo habría sido inútil.

–¿Qué me pasa? ¿Reacciones secundarias por haber tomado a un hombre?

–Más bien reacciones secundarias tras haber sido tomado por un hombre, mi querido Príncipe. Reconozco que, sin tu confesión de ayer, esto habría sido un acertijo sin solución para mí.

–No entiendo.

–Entiendes, pero te niegas a aceptarlo. Hace veintisiete días de nuestra noche de bodas, y ya tienes los primeros síntomas. Vaya premura que tiene mi inmortal.

–No puede ser... –a la mente de Legolas vino la conversación de pocas noche atrás, Halladad le había recomendado esperar unos años, a que hubiera paz, a que lo aceptaran en Gondor, y...–No puede ser tan pronto. ¡Ahora no es el momento!

–¡Cálmate! Yo también creo que es muy pronto, mas ahora el heredero está en camino. ¿Qué vamos a hacer?

Pero la rabia de Legolas necesitaba salir.

–Es fácil para ti, no eres el que se pasará el próximo año encerrado en el palacio de Gondor mientras su esposo defiende las fronteras. ¡La guerra aún no termina y yo con panza como una mujer!

–¡Si me lo hubieras advertido entonces, habríamos tomado medidas!

Ahora casi grita

–¿Me estas culpando? ¿Insinúas que te mentí?

Aragorn se detuvo en seco, el elfo estaba perdiendo el control por el asombro, pero él no podía dejarse llevar. Respiró hondo.

–No, es responsabilidad de ambos, un hijo de los dos. Ahora no hay tiempo mi amor, sé que debes alcanzar tu habitación y pretender que dormiste allí. ¿Puedes caminar?

Legolas dio unos pasos apoyado en el hombre, al principio vacilaba, luego las fuerzas volvieron por completo.

–Me voy –el Príncipe se sentía un tanto avergonzado por su exabrupto– Yo… no se por qué me alteré tanto.

–Yo sí, es el bebé –estrecha la mano de su esposo para darle ánimos–, te va a cambiar bastante. Mira Legolas, no es el momento, pero hay muchas cosas que no debieron ocurrir y ocurrieron, si nos amamos podremos hacerle frente también a esto. ¿De acuerdo?

–Hablaremos durante la cacería, haré que mi hermano aparte a Ferebrim.

El Rey asiente, aunque una parte importante de los servidores sean leales a los hermanos, en el Bosque siempre habrá menos oídos que en el Palacio, y el heredero de Gondor creciendo dentro del Príncipe de Mirkwood, sí que es un asunto escandaloso. Casi va a abrir la puerta cuando recuerda la temeridad de su esposo.

–Te lo advierto, si te acercas a algún orco menos de cinco metros, te amarró a mi espalda.

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Halladad llegó a las habitaciones de su hermano para bajar juntos a desayunar. Deseaba verle, deseaba violentamente estar a su lado desde que comprendiera que no compartirían la inmortalidad en el bosque de su infancia, que ni siquiera podrían reencontrarse en Valinor. Legolas había resultado más arrojado y decidido de lo que todos esperaban, eso lo llenaba de alivio, pero, a la vez, de melancolía.

Ya frente a la puerta de la tan conocida habitación, justo antes de tocar, le pareció escuchar un sollozo. Afinó el oído, pero ahora brotaba un silencio anormal de la puerta, quién quiera que llorase se había callado al escucharle llegar, y sabía quién estaba ahí dentro. Entró sin anunciarse.

–¿Legolas? –encontró al príncipe desnudo, sentado frente a la casi apagada chimenea, el traje de montar hecho un bulto a su lado, se precipitó a abrazarle– ¿Hermanito?

–Papá tenía razón Halladad... No debí salir de aquí nunca.

–¿De qué hablas? ¿Papá estuvo aquí?

–No. Yo tampoco estuve esta noche aquí. No estoy aquí ahora.

–Hablas palabras sin sentido. –le sacude por los hombros– ¡Responde! ¿Qué pasó? ¿Aragorn y tú discutieron?

–Algo...

–Ahora mismo voy a verle, prefiero que te quedes aquí con Ferebrim a que marches a Gondor para que te haga trizas el alma.

Pero Legolas le retiene.

–Fue mi culpa, todo es mi culpa. No debí salir de nuestro Mirkwood, ni marchar en la Comunidad, ni casarme con un hombre sin decirle todo sobre mi.

–¿El no entendió lo de tu fertilidad?

–Oh, si. Entendió bastante bien, y ahora debe estar muy feliz. Soy yo el que está prisionero de su cuerpo, soy yo quien ya lleva al heredero de Isildur por no haber tomado precauciones en la noche de bodas.

–¡¿Ya?!

Halladad se queda de piedra, esperaba que el temperamento vehemente del hombre hubiese provocado alguna pelea tonta, pero... En verdad este embarazo viene a trastornar los delicados planes que habían esbozado durante esos días, en las pocas horas en que Ferebrim no les asediaba. Por las breves palabras de Hoja Verde, su hermano dedujo que el descubrimiento se había producido antes de que Legolas hablara de sus inquietudes sobre los habitantes de la Ciudad Blanca.

–¿Qué te dijo?

–Dijo que él también lo considera apresurado, pero que ya está en camino y habrá que hacerle frente. Que hablaríamos fuera del palacio, si logras mantener a Ferebrim a raya.

–Eso es razonable. ¿Entonces por qué no te has vestido, por qué lloras?

–No lo sé. Me quité la ropa y tomé estas, entonces vi los carbones rojizos entre las cenizas y me dio una tristeza tremenda. De repente estaba llorando y deseaba que Saurón nos devorase a todos.

–¡Vamos! –comprende al fin el mayor– Se trata de unos de esos cambios de humor que le dan a los gestantes. –Legolas lo mira sin entender– Quiero decir que no hay razón para llorar, sino que lo deseas porque es uno de los tantos síntomas del embarazo: cambios violentos del humor sin razón aparente.

–¿Entonces?

–Verás que después de un buen desayuno no queda ni rastro de tu depresión. Anda, te ayudo a vestirte.

Le hizo levantar y empezó a ponerle las ropas como cuando era solo un pequeño de cien años. La rutina cargada de antiguos significados pareció tranquilizar al joven elfo. Para cuando se colgó las flechas a la espalda parecía casi feliz.

Cuando van a abrir la puerta Halladad recuerda la temeridad de su hermano, y las posibles implicaciones en su estado actual.

–Te lo advierto ahora Legolas, si te veo demasiado cerca de los orcos...

Pero el Príncipe Consorte le interrumpe, su voz tiene el tono reposado y firme de siempre.

–Te recuerdo que no soy un padre soltero. Ya mi esposo me advirtió que, si me acercaba más de cinco metros a un orco vivo, me ataría a su espalda. ¿Satisfecho?

–Si, y agrego que, cuando se canse de cargarte, yo tomaré su lugar. –incluye una última amenaza en tono malicioso– Y luego tendrías que explicarle a Papá por qué trajiste menos trofeos que un hombre.

TBC...

DE LEYES Y VENGANZAS 14

Química

Draco dudó ante la puerta. El timbre estaba a escasos centímetros –casi suplicaba ser usado–, pero no se decidía. Para ser honestos todo el viaje, desde la Mansión Malfoy hasta la casa Black–Lupin–Potter, había sido una gran duda.

No se trataba de que Harry Potter / Salvador le atrajera de forma violenta –podía, simplemente, sepultar eso–, sino de Black. Ir a la casa de Sirius Black y ser reconocido en ella no acababa de parecerle agradable. Bueno, tampoco era su asunto ¿cierto? Sino de Lucius, Tía Bella y el resto de ellos. Cosa del pasado, algo que varios muertos habían zanjado cuando él tenía tres años y Potter uno.

Las palabras de su padre volvieron: "Haz tu vida confiando en tus fuerzas y tus sueños. Déjanos atrás si es necesario, pero vive". ¿Cuánto le había costado a Lucius esa frase de consuelo y aliento? Mucho. El padre que él conocía era un hombre celosísimo del legado familiar y las buenas apariencias, sin embargo, cuando la crisis se había presentado, Lord Lucius Tiberius Dante Malfoy –Vigésimo Sexto Conde de Slytering, miembro de la Orden de Calatrava y católico a la vieja usanza– había mandado todo al diablo por la salvación de su único hijo. Oh, sí: su padre le quería. Aunque tardó diez y seis años en demostrarlo y Draco necesitó ese mismo tiempo, más doce meses, para reconocerlo.

Si visitar a Harry Potter clasificaba como un pecado a los ojos de sus ancestros, decidió, era el menor de su ya larga lista.

Oprimió el timbre y esperó. Se oyeron pasos presurosos y la puerta giró poco después para revelar a un Harry Potter vestido con pulóver azul y negros pantalones de deporte, su pelo estaba húmedo y pegado en mechones que caían sobre la frente, ¡iba descalzo!

–¡Eres tú! –saludó el moreno con demasiada energía.

Se apartó en un gesto que invitaba a entrar y gritó hacia el interior de la casa mientras cerraba la puerta.

–Ron, ¡saca tu cabeza de la maldita nevera! Malfoy ya llegó.

Draco permaneció quieto, impactado por el liberal comportamiento de su anfitrión. Se fijó en un pelirrojo que se acercaba a ellos desde el fondo de la casa y se detuvo junto a la escalera, negligentemente apoyado en la baranda. Llevaba puesto un albornoz verde y sandalias, un ligero sonrojo adornaba sus mejillas pecosas y fruncía los labios alrededor de una pajuela color rosa inserta en una caja de jugo de pera.

–Harry, ¿dónde están tus modales? –comentó con voz demasiado feliz–. Primero debes preguntarle si desea tomar algo.

Dio una larga chupada a su bebida, ignorando el impaciente rostro de Potter.

–No. Primero debo arrastrarte fuera de la cocina para que hagas algo en nuestro proyecto de química.

–Yo hice algo. –repuso Ron, concentrado en la lista de nutrientes de la caja.

–¡Sin duda! –el sarcasmo en la voz del otro era notable, para diversión de Draco.

El rubio les observaba un tanto intrigado, la familiaridad entre esos dos era patente. ¿Serían pareja? La pregunta le generó una inusitada repulsión. Harry continuaba su diatriba.

–Ayudaste al embrollar las notas y proponer que buscáramos ayuda. Pero yo gestioné la ayuda y estaría correctamente vestido de no ser por tu idea del yacuzi.

"¿Tú idea del yacuzi?" Definitivamente sonaban como pareja. Nada para estropear el humor como una mala sesión de sexo.

–Harry –suspiró Ron. –Te estas volviendo tan aburrido como Mione.

–¿¡Aburrido como Mione!? ¡Esto es el colmo! Te recuerdo que Hermione, TU NOVIA, regresa en cuatro días y le prometiste tener el proyecto listo para entonces.

–Ya lo se, pero es algo que nos supera –algo en la calma que destilaba el pelirrojo molestaba a Draco. –Se lo explicaré y ya. ¿Te parece?

–No me parece –los dientes de Potter casi rechinaron. –No me parece en absoluto.

Draco tuvo la certeza de que era hora de intervenir, la cara de su anfitrión indicaba que estaba a escasos centímetros del límite. Dio un paso adelante.

–Potter, no creo que esta charla nos sea útil.

El moreno lo miró asombrado. ¡Había olvidado su presencia! Draco se sintió terriblemente indiscreto y miserable a la vez. Dedujo que ese tipo de discusiones eran cotidianas, y –solo reparar en el hecho era en verdad extraño– ¿por qué Potter deseaba recibirle "correctamente vestido"? La respuesta más obvia era halagadora, pero decidió enfocarse sobre cosas más urgentes.

–¿Podemos ver tus apuntes?

El aludido enrojeció de golpe, pero Draco fue lo suficientemente gentil para ignorarlo. Luego asintió y tomó por una puerta a la derecha del recibidor, hacia la biblioteca. Ron les siguió sin decir palabra.

Ya en la amplia estancia, tomaron asiento ante una mesa cubierta de libros y revistas científicas. Algunos volúmenes tenían el sello de Hogwarts, pero un número importante estaba encuadernado en rojo y oro, como los libros que se alineaban a su alrededor. Draco examinó los títulos de pasada y resopló: esa biblioteca estaba muy bien surtida. La voz de Harry lo apartó de su breve éxtasis bibliográfico.

–Este es el Proyecto –empujó varias hojas impresas en su dirección–, tal y como lo entregó el profesor. La mayoría de los materiales de consulta indicados está aquí –hizo un gesto hacia los tomos y boletines esparcidos–, y estas son nuestras notas –señaló unas hojas amarillas desparramadas a su alrededor.

¿Nuestras? Una mirada superficial revelaba la misma escritura –ancha y un poco inclinada a la izquierda– en todos los manuscritos visibles. Draco contuvo la sonrisa y comenzó a leer las indicaciones del Proyecto. Sentía los verdes ojos clavados sobre su cuerpo con la misma intensidad de aquel sábado en el Soho.

Cuando empezaba a hojear las notas, sintió un solapado bostezo frente a él. Harry fue a sacudir a Ron, casi dormido, pero la mano del visitante en su brazo lo impidió. Fue un intercambio rápido y eficiente de miradas:

"Déjalo dormir, así no estorba."

Harry protestó "También es su trabajo"

"¡Por favor!" las cejas de Draco se arquearon burlonas "¿Acaso va a aportar algo a partir de AHORA?"

El moreno se encogió de hombros con resignación y el rubio regresó a las notas. Ninguno de los dos se asombró siquiera un poco de que su muda conversación fluyera, como si sus lazos comunes fueran estrechos y antiguos.

Al fin, Draco dio por terminada la lectura. Sus ojos plata se enfocaron en el joven de ojos verdes a un costado de la mesa.

–Ahora dime, ¿cuál es, exactamente, tu problema con el proyecto?

Harry se rascó la cabeza un instante antes de responder.

–No tengo un hilo conductor. Todos estos materiales recogen experimentos, leyes y avances diversos, pero no logro hallar una línea lo suficientemente interesante como para enfocar todo a través de ella. Si seguimos así, solo podremos acumular fechas y nombres.

El otro asintió y se masajeó el entrecejo, sopesó despacio sus siguientes palabras.
–¿Te gustaría hablar de la química y los sentimientos?

Los ojos de Potter brillaban de curiosidad.

–Explícate –demandó.

Pasaron alrededor de dos horas en la biblioteca. Draco se sentía cómodo hablando de química, y Harry era un estudiante atento. Su buena memoria le permitía recordar referencias en este o aquel volumen, allí donde el rubio solo tenía sus sólidos conocimientos de química experimental y su vida –que se guardó muy bien. Para cuando el sol se ponía, ya las notas del ojiverde se habían duplicado, pero ahora en orden, a su lado los textos de referencia estaban perfectamente apilados, con pulcros marcadores de papel en cada página que planeaba citar.

Harry dejó caer la pluma y lanzó un suspiro de alivio. Todo su cuerpo parecía gritar "Al fin salí de esta". Draco lo miró comprensivo: la presión de los proyectos escolares era excesiva a menudo en Hogwarts, en especial en quinto y séptimo año. El de la cicatriz abrió los ojos y retomó un tema que había salido a flote en mitad de la explicación.

–Entonces, ¿todo lo que sentimos es física y química? ¿Pequeñas descargas eléctricas y moléculas diversas excitando las neuronas?

Draco torció el gesto ante la inquieta simplificación.

–Eso es tan cierto y tan tonto como decir que estamos rodeados de vacío. Por supuesto, funcionamos como una gran máquina electroquímica autorregulada, pero somos más que eso. De otra manera, Oscar Wilde y William Shakespeare no tendrían sentido.

Pero Harry no dejaba de estar preocupado.

–Si el amor es un número específico de reacciones en mi cerebro y mis hormonas, ¿no puede alguien falsificarlo?

–Para eso falta mucho Potter. Apenas comenzamos a entender los principios básicos del funcionamiento neuronal, manipularlos de modo certero llevará, cuando menos, varias décadas. La humanidad tiene retos más urgentes –concluyó casi para si.

El alumno asintió, pero la inquietud seguía agazapada en el fondo de sus ojos verdes.

–¿Tienes e.mail?

Draco parpadeó ante el brusco cambio de tema.

–Es que me gustaría enviarte el trabajo en uno o dos días, para que me des tu opinión sobre la redacción final. Todo es tan asombroso que temo perder el control y hacer un texto de ciencia ficción.

–De acuerdo –extrajo una tarjeta del bolsillo interior de su chaqueta–, aquí tienes.

Harry adelantó la mano para tomar el cartoncito y sus dedos se rozaron. Por alguna razón desconocida, ambos quedaron estáticos, concentrados en las sensaciones derivadas de la breve zona de sus cuerpos en contacto. Ninguno se atrevió a moverse o siquiera hablar. Estaban impactados por la intensidad de tan tenue vínculo, pero la magia fue rota por unos libros que Ron apartó con estrépito en medio de su sueño.

Se esforzaron por mirar a otro sitio y tosieron de manera artificial, tratando de recuperar la compostura.

–Creo que debo irme –aventuró Draco.

–Come algo antes, no debes manejar hambriento.

Malfoy aceptó, agradecido por el pretexto para prolongar su estancia, y ambos se dirigieron a la cocina.

Harry sacó de la nevera un par de recipientes de comida congelada y, camino al microondas, encendió el pequeño TV en que Remus seguía las noticias de la mañana. Draco tomó asiento en una banqueta alta, descargó su peso sobre la barra que hacía las veces de mesa para comidas rápidas y se concentró en el aparato. Aún de espaldas, Harry pudo reconocer los diálogos: Enma Thompson, Danny de Vito y Arnold Swasheneger discutían por el control del laboratorio.

–Me gusta ese filme –dijo por encima del hombro en lo que programaba el microondas.

–¿Mmm? –Draco no hilaba el argumento todavía.

–Se llama "Junior" –se sentó en la banqueta a su lado–, y es una excelente comedia. Dany de Vito y Swacheneger son dos científicos que desarrollan un nuevo medicamento para la fertilidad, pero, justo al borde de lograrlo, pierden los fondos y el laboratorio porque la universidad que los patrocina prefiere las investigaciones sobre óvulos de Enma Thompson, que es tremenda despistada. Como están en quiebra, de Vito propone el plan desesperado de embarazar a Arnold por tres o cuatro meses, para probar la efectividad del medicamento. Le roba un óvulo a ella – de hecho un óvulo DE ELLA– y lo implanta en el torso de Arnold. La cosa termina de complicarse cuando él se niega a detener el experimento, alegando que es su hijo. Para colmo se enamora de la inglesa, que no se da cuenta de nada hasta después de la mitad. Te digo, ¡es tremendo!

Draco le observó curioso.
–¿Vas mucho al cine?
Se sonrojó ante la inquisitiva mirada.
–Antes si, ahora prefiero alquilar los filmes y verlos en casa. No me gustan las multitudes. ¿Y tú?
Draco negó en silencio, pero sus ojos estaban de nuevo atentos a la pantalla. Harry no pareció ofenderse por ello, se dedicó a servir la comida.
–A propósito, ¿es eso posible?
–¿Qué cosa? –el rubio estaba enfocado en cómo tomar sus alimentos sin dejar de ver la creciente panza de Arnold.
–Lo que ocurre en la película, que un hombre se embarace.
–¿Piensas tener un bebé?

La pregunta había surgido para ganar tiempo y ocultar su propia sorpresa, pero, en cuanto terminó de hablar, supo que sus palabras habían sido MUY erradas. El rostro del moreno se tornó pétreo en apenas unos instantes, su respuesta fue fría y cortante.

–No creo.

Y se dedicó a su comida en un silencio tenso. Draco estaba francamente incómodo, se negaba a que todo acabase de tal manera.

–Creo que es cuestión de tiempo.

Harry levantó la cara lleno de asombro, se olvidó de cerrar la boca y el tenedor quedó a escasos centímetros, con un trocito de carne escurriendo salsa. Draco ignoró todo eso y continuó.

–En principio, el filme lo plantea correctamente: solo debes conseguir un estimulante bioquímico que induzca al organismo a hacer una función determinada, la píldora anticonceptiva nace de esa raíz. Solo es cuestión de interés, tiempo y dinero, pero imagino que pocas instituciones patrocinarían semejante idea.
–Pero –Harry no había encontrado su voz aún, solo un balbuceante sustituto–... el cuerpo masculino... ¿dónde iría el...? y... ¡¿Hablas en serio?!
–Tu preguntaste –se encogió de hombros y pinchó una papa.
–Era un chiste –admitió consternado.
–¡Oh! Mmm, ¿lo siento? –pero su expresión no tenía nada que ver con la leve disculpa, siguió hablado del tema con reposada frialdad. –El asunto es el mismo, más o menos, que el que te preocupaba allá arriba: nuestra naturaleza bioquímica. A nivel genético hombres y mujeres somos casi iguales, excepto por el par de cromosomas XX o XY. Ese par de paquetes de información define la formación de los órganos reproductivos y unos cuantos caracteres secundarios, pero la capacidad reproductiva puede estropearse en cualquier punto del camino, por malformaciones congénitas o accidentes durante la gestación y la vida del individuo. ¿Me sigues?

Harry asintió despacio y hablo tentativamente.

–¿Hablas de los hermafroditas?
–Esa es la versión tremendista del asunto –admitió–, pero también hablo de eso. Mira: por un lado se sabe que el organismo es susceptible a los estímulos de diverso tipo para desencadenar capacidades que, por diversas razones, no suceden espontáneamente y generan deterioro en la calidad de vida del individuo, por ejemplo, la insulina inyectable para los diabéticos. Por otro, recientes investigaciones demuestran cada día que las diferencias orgánicas entre los sexos son responsabilidad de –enumeró con sus dedos–: uno, los paquetes de información genética que activan las hormonas y otros estimulantes bioquímicos; dos, los roles de género impuestos por la cultura. De los roles de género la ciencia no tiene nada que decir, pero de las reacciones bioquímicas del organismo, si.

Draco se detuvo para tomar un vaso de agua y estudió a su interlocutor. Los ojos de Potter estaban pendientes de cada gesto suyo. Retomó su explicación.

–Durante el proyecto de la píldora anticonceptiva, la idea fue por ese camino, pero el objetivo era inhibir, no estimular. Los anticonceptivos hormonales engañan al organismo, sustituyen el ciclo de ovulación por otros procesos similares que "confunden" a los centros endocrinos de la mujer. De ahí que sea posible, en teoría, elaborar una droga que induzca a un organismo masculino a tolerar, temporalmente, los órganos necesarios para llevar un bebé en su interior. Por supuesto, la fecundación sería en probeta y el alumbramiento quirúrgico. ¿Satisfecho?

–Si y no.
Draco alzó una ceja, instándolo a explicarse y el moreno habló con reticencia, como si temiera decir un disparate.
–Primero dijiste que era cuestión de tiempo, ahora que es posible en teoría. ¿No te contradices?

–En absoluto, solo soy cauteloso. Te digo, ese esquema sobre el embarazo masculino es evidente para cualquier bioquímico o especialista en fertilidad un poquito soñador. El problema básico es que nadie puede, aún, plantearlo como proyecto de desarrollo. ¡Las razones políticas son obvias! Pero, además, con este mundo superpoblado ¿para qué queremos más bebés? Es como lo de sintetizar el amor. Hay que mejorar el acceso de todos al agua y la energía antes de enlatar sentimientos.

–Entiendo –el joven de la cicatriz parecía repentinamente abatido.
El joven Malfoy hechó un vistazo a su reloj y decidió que había tentado bastante a la suerte. Se levantó.
–Debo irme.

Su anfitrión pareció salir de un sueño al conjuro de su voz. Caminaron hasta el recibidor en silencio y Draco se demoró unos minutos en acomodarse el abrigo y la bufanda, fuera podía escucharse el viento frío de las frescas noches primaverales. Cuando cerraba el último botón escuchó una llave girar en la cerradura de la puerta principal y supo que su suerte se había agotado. Giró a tiempo para que sus ojos y los del recién llegado coincidieran desde el primer instante.

Sirius Black permaneció estático en la puerta, contemplando al pequeño clon de Lucius Malfoy cuya mirada, mucho más cálida de lo que jamás sería la del Conde, le recordaba infinitamente a su hermano Rabastan.

TBC...

SECRETOS DE FAMILIA 13

Adaptándose

"Embarco en una balsa
y atravieso el río torrentoso;
la balsa corta la corriente
entre la espuma de las olas"
Emperador Wu, Dinastía Han (206 a.C. al 220 d.C.)


Domingo

No soltó la mano que le impedía perder el paso mientras dejaba atrás escaleras y galerías. Ignoraba la razón, pero, desde que John le sostuviera en la orilla del lago, sabía que todo estaría bien mientras lo siguiera. No era una sensación cómoda, porque no era humana. Desde que el moreno pusiera sus manos en él, el lobo estaba despertando y eso le molestaba. Razonó que, al fin y al cabo, era un Griffindor ¿no? y solo estaba siguiendo a su compañero de casa. La idea tranquilizó su conciencia: el lobo no seguía a otro lobo, era Alex quien seguía a su guía en ese laberíntico castillo. Estaba seguro de que, por su cuenta, no llegaría al comedor a tiempo para desayunar.

Murron Carlyle, su tercer compañero de habitación, se fue a sentar con un chico mayor. Tal vez fuera su primo, en el mundo mágico todos eran primos y solo los imbéciles como él sobraban.

Vio con envidia que John se servía una buena ración de jamón, salchichas y huevos. Se le hizo la boca agua, pero se forzó a tomar cereales, leche y mermelada. Parapetado tras una jarra observó con cuidado a Murron, mientras las palabras de la noche anterior se repetían en su cabeza, así como el gesto fastidiado de John al tener que explicar semejante tontería.

–¿Sabes Alex? Esa película de la que hablas, como muchas, deforma la historia. William Wallace era poderoso, entre otras cosas, porque estaba casado con un mago llamado Murron Carlyle. Cuando los ingleses intentaron dominar Escocia, empezaron a organizar quemas de hechiceros, como hacían en el sur. Esa fue la razón para que Wallace se rebelara y muchos hombres de las Highlands le siguieran: el ataque a los magos y brujas que convivían con ellos. Para los magos, Murron es, sin duda, un nombre de varón. ¿Entiendes?

Si, había entendido. Seguro que tras semejante papelazo Lupin no lo querría cerca, excepto para lo estrictamente necesario. El lobo se rebeló en su interior ¿tal vez fuera por el desayuno de cereales?, daba lo mismo. Trató de entretenerse en Murron.

Observó de nuevo aquel cuerpo achaparrado y su cabello castaño, escaso y corto. En lo que llenaba su cuchara de avena y se obligaba a tragar, el joven Smith decidió que no era visible la herencia de la valiente –"el", rectificó- el valiente Murron del siglo XIII en este chico. "Pero el hábito no hace al monje" reflexionó. Sabía lo suficiente de apariencias engañosas.

Un carraspeo a su lado le hizo reaccionar. Lupin le miraba entre preocupado e incrédulo. ¿Acaso había hecho el ridículo sin siquiera notarlo? Tragó con fuerza, la avena le supo peor que nunca.

–¿Qué es eso? –preguntó el moreno señalando casi con asco su plato.
–Mi desayuno…
John pestañeó, parecía desorientado.
–¿Y la carne? –preguntó.
–¿Qué carne? –solo al escuchar las palabras, se dio cuenta de cuán idiota sonaba.
John sonrió con superioridad y se inclinó hacia su oído.
–La carne de tu desayuno, lobito –el aliento le acarició el lóbulo de la oreja y Alex se sintió mareado.
–Yo…

No pudo seguir hablando. El bocado de avena era una piedra que su estómago se negaba a procesar. Se dobló sobre si mismo y cerró lo ojos para apartar la nausea. ¡Tantos olores! Pero uno estaba cerca y era apetitoso. A ciegas, Alex tomó la salchicha frita y tragó con dos mordiscos la carne salada y suave, el calor se extendió desde su barriga hasta las uñas de los dedos.

Abrió los ojos despacio y descubrió que estaba apoyando la cabeza en el borde de la mesa. Su plato de cereales había desaparecido para dejar paso a una colección de carnes similar a la de John. Nadie, ni siquiera el mismo John, parecía haber notado su vahído. El moreno masticaba con calma un muslo de conejo.

–¿Vas a desayunar, o no?
Giró hacia la derecha para encontrar a un lobo mayor, que le contemplaba impaciente. Estudió el plato con miedo y bajó los ojos.
–Mamá dice que los cereales son mejores en la mañana.
–En los humanos, tal vez –admitió despectivo. –Pero tú eres un lobo.
Eso rebeló a Alex. Llevaba seis años luchando con su bestia para que ahora este…
–¡Yo no…!
Antes de completar al protesta, la voz sedosa volvió a surgir junto a su oreja, tan deliciosa que apenas puso atención a las palabras.
–¿Sabes quién está frente a ti? –negó despacio. –¿Lo hueles?
Esa pregunta no la podía contestar Alexander, pero el lobo lanzó sus sentidos y sintió el aroma acre y duro del jefe.
–Alfa –articuló transido de un miedo súbito.
–Mi nombre es Kruger –asintió el lobo mayor–, Max Kruger. Ahora desayuna tus proteínas, cachorro, que no quiero bajos de peso en mi manada.

Lunes

Despertó luchando por una bocanada de aire fresco para apartarse de la pesadilla. Giró y extendió el brazo, palpó la superficie de la mesa de noche en busca del amuleto. En cuanto sus yemas rozaron el rugoso borde, la sensación de asfixia empezó a remitir. Cerró los ojos y se esforzó por borrar el sueño de su parte consciente. Debía guardarlo, hasta consultar con la Profesora Lonbotton si se trataba de una verdadera señal, si, pero muy hondo, donde no afectara su vida cotidiana.

Las imágenes perdieron nitidez en la medida que el hechizo de la vieja piedra le liberaba. Muy despacio… ya casi… solo esa última mancha… ¡Libre!

Ya separado de la visión por el grueso muro del olvido, pudo echar un vistazo alrededor: nadie se había levantado, era demasiado temprano incluso para los Ravenclaw. Sin embargo, George era conciente de que el sueño no regresaría, así que tiró las cobijas a un lado y bajó a la sala común: aún debía revisar las tareas de verano de Zoe en Adivinación, diseñar un plan de lectura complementarias para Dafne y Alex (todo parecía indicar que iban a adoptar al cachorro) y escribirle a su padre.

Dos horas después, Tomas y Wiliam bajaron de sus habitaciones y los tres se dirigieron al Gran Comedor. Por el camino, el mayor les comentó de su inquietud acerca de los ataques mortifagos de la semana anterior. Estaba preocupado por Eli, y también por Dafne.

–De hecho, Dafne es un blanco más fácil que tu novio –opinó Wiliam.
–Louis, Fabian y Zoe no pueden cuidar de ella todo el tiempo –coincidió George. ¬–En las circunstancias actuales, habría preferido que le ubicaran en Griffindor.

Tomas también se daba cuenta, estaba lamentando la mirada asesina que le lanzara antes de que la niña se pusiera el Sombrero pero es que… Mejor dejar eso, ya no había marcha atrás.

–Lo mejor será reunirnos lo más pronto posible –decidió. –George, coteja los horarios y escoge el local. Wiliam, tu primo va a estar ocupado con Alex y Dafne, ¿cuánto tiempo necesitas para levantar los horóscopos nuevos?
El aludido pestañeó y se pasó las yemas de los dedos por el labio superior.
–Dos semanas.
–De acuerdo.

Ya estaban ante las grandes puertas. William hizo un comentario vacuo acerca de una niña de tercer año de Huplepuff y los otros dos le siguieron la charla.

El día de George fue aburrido hasta que llegó la clase de Historia de la Magia. Al mayor de los Weasley le gustaban las charlas del profesor Stewart, era un Ravenclaw que no había olvidado como narrar historias, pero este semestre, además, disfrutaba por adelantado el hecho de compartir banco con su prima Zoe Tonks.

Sin embargo, cuando dobló el recodo para llegar al aula, los hados le recordaron que ningún bien llega sin un mal. Parkinson, Flint y Brocklehurst estaban ahí, esperando para incordiar a los Griffindor que pasaban en dirección a los invernaderos. En fin, si el trago iba a ser amargo… George tomó aire y se dirigió con paso firme a la puerta, pero el brazo peludo de Amanda Flint se cruzó en su camino.

–Mira lo que trajo el viento, ¡un petirrojo! –se burló.

George se reservó la idea de que el mote era muy poco llamativo, limitó la reacción a girar sobre sus talones y construir una sonrisa forzada. Su método de defensa con estos idiotas era sencillo: agotamiento.

–Un petirrojo sumergido en alcohol –susurró con su típico ronquido Aldoux.
Los tres se le quedaron viendo, a la espera de respuesta, pero George les devolvió una mirada de interrogación.
–Tú eres un petirrojo sumergido en alcohol –repitió Amanda despacio.
George bostezó, se rascó la punta de la nariz y miró la hora.
Lo de mirarse mutuamente se tornó aburrido a los tres minutos. Por fin, Aldoux perdió la paciencia y sacó su varita.
–Oye, cretino, ¿acaso te comió el cerebro la lunática de Adivinación?
George pareció reparar en él de repente, pero enseguida sus ojos se fijaron en algo a sus espaldas, sonrió. Aldoux casi se orina al reconocer la voz de su profesor de historia.
–El lenguaje, señor Brocklehurst, el lenguaje. ¿No sabe usted que el colegio es algo más que notas de clase y proyectos en la biblioteca?

Los tres amigotes giraron y levantaron los rostros hasta encontrar los divertidos ojos azules del gigantesco profe Ackerley.

–Nosotros… –comenzó Amanda.
–¡Nosotros podemos explicarlo! –casi gritó Mark.
–No lo dudo –asintió Ackerley. –Pueden explicarle a su Jefa de Casa cómo perdieron cinco puntos por bloquear la puerta de mi clase, cinco por ofender a un compañero de estudios y diez por difamar a una profesora.
–¡Son veinte! –graznó horrorizado Aldoux.
Stewart Ackerley no lo honró con una respuesta. Solo dijo una palabra casi dulce.
–Adentro.

El profesor les siguió, fue hacia la parte frontal del aula saludando con la mano a los pocos que no había visto en los días anteriores y acomodó sus notas en la mesa. En la primera fila, ya George había pasado a Zoe su ensayo de Adivinación con las correcciones y tenía papel y pluma listos para anotar cada palabra.

Al notar como su primo se inclinaba hacia delante y entreabría lo labios, la muchacha no pudo contener la risa.
–Te gusta –le susurró al oído.
George asintió, abstraído con la rutina de papeles de Stewart.
–Es un buen profesor.
–Te gustaría también si fuera conserje –siguió Zoe.
El pelirrojo se volvió hacia ella con expresión escandalizada.
–¿Estás loca? El es… ¡tiene edad para ser mi padre!
–Todavía no haz negado que te guste –hizo notar la de largas trenzas en tono casual.
George se mordió los labios, sacudió la pluma y abrió la boca, pero el tradicional carraspeo de Ackerley le hizo cambiar de idea.

Al final de clase, Zoe se tomó el trabajo de mirar las notas de su primo. Tal como suponía: garabatos, acrósticos con sus dos nombres, espirales, un ojo azul y otro verde… Las mismas estupideces que quería pintar ella estando cerca de Tomas. Faltaba ver si George era más persistente que ella misma, porque el amor verdadero es persistente.

Martes

Eli entró al salón de duelo con paso raudo, ya casi era hora de la clase y quería intercambiar algunas palabras con Tomas antes. Movió la cabeza a un lado y otro, hasta que localizó al grupo de su prometido en la esquina de la derecha. Mientras avanzaba pensó que eso de "prometido" sonaba muy bien, demasiado bien para durar.

A su paso, varios estudiantes volvieron el rostro. Las miradas de deseo que siempre provocaba ahora tenían un tono de frustración que le atemorizaba. Cuando Tomas se cansara de él… Mejor no pensar en eso.

La primera en notar que se acercaba fue Zoe, la chica le saludó con un simple gesto de cabeza y tocó el hombro de su primo mayor, que estaba de rostro a la pared, ajustándose el traje de entrenamiento. Tomas giró con una mueca de fastidio, pero al reconocerle sonrió ampliamente.

–¡Ahí estás! –le abrazó y besó sus labios brevemente. –Ya temía que hubieras elegido el quidditch este año.

Eli hizo un gesto con los hombros. Cada curso le ofrecían el puesto de golpeador de Griffindor, pero eso de pasársela sobre una escoba no acababa de convencerle. Había aprobado los dos semestres vuelo con el mínimo en primer año y ¡gracias! En lugar de responder, tomó aire y sacó de su bolsillo un recorte de la Luthen Hill Telegraph.

–Me lo ha mandado un amigo.

Tomas entrelazó su mano derecha con la de Eli antes de empezar a leer, pero apenas reconoció el titular: "El regreso de los fantasmas de McNair House", el amoroso gesto se transformó en un férreo agarre. Fue la única reacción, su rostro permaneció impasible mientras devoraba el relato de las apresuradas construcciones en la escarpada colina, cuya antigua mansión había sido reducida a cenizas veinte años atrás. Nada se sabía de la empresa responsable, ni del objetivo del inmueble, tan solo que había obreros de día y férreas medidas de seguridad en la noche. El redactor se aprovechaba de ello para especular de lo lindo y tirar uno que otro dardo a la otra familia "misteriosa" de la localidad: los Snape.

Ante el prolongado silencio del moreno, Zoe, Fabian, Arthur, Louis y Joshua empezaron a mirarle con inquietud. Tomas no les hizo caso, al terminar la lectura se limitó a doblar con cuidado el papel y guardarlo en el bolsillo del pantalón.

–Hablaremos después –dijo a sus primos y hermanos.

Josh se mordió los labios, pero había reconocido el mismo tono de aquella tarde de agosto, cuando sus padres y Tomas pelearan por el dossier de Corazón de Bruja. Asintió de mala gana.

Tomas se volvió hacia su novio, dijo "gracias" y lo besó con fuerza. Elihaj abrió mucho lo ojos, al notar que sus miembros se aflojaban, al placer del beso se impuso el miedo. Quiso separarse, pero Tomas sostenía su cabeza con fuerza.

"No te resistas" escuchó dentro de su cabeza.
¿Qué no se resistiera, ¡estaba loco!?
"Me haces daño…"
"¿Quién te dio ese recorte? ¡Dímelo y terminará!"
"Ya te lo dije…"
"Tu no tienes amigos en Luther Hill" negó Tomas con dureza "Necesito ver tus recuerdos Eli"
¿Sus recuerdos? El pánico se apoderó del chico, intentó mover los brazos para golpearlo (sabía que el equilibrio de su novio era precario), pero las extremidades le pesaban como troncos de árbol.
"Si me obligas a buscar, veré lo que no quieres que vea. Solo dime cuándo llegó la carta a tus manos. Solo ese recuerdo Eli"
Se le estaban acabando las fuerzas. Aunque le doliera, la voz de Tomas era lógica. Dejo que las imágenes le inundaran:

Estaba en una galería, regresaba de la biblioteca a la torre de Griffindor cuando vio al ave posarse en la punta de una armadura y extender la pata…

"Esto es ridículo." desestimó Tomas "El correo nocturno llega a Hogwarts a través de los dormitorios o la oficina del director."
"Pero…"
"¡Quiero la verdad!"
La frase resonó con tal fuerza en su interior que se sintió mareado. Las formas de su recuerdo giraron y perdieron nitidez.

La lechuza empezó a crecer y acercarse. Tomas retrocedió a la pared de la galería. De pronto el ave era una persona encapuchada y su pata era un brazo, cuya mano sostenía una varita a la altura del cuello del Elihaj.

–Ni una palabra putito sangre sucia. ¿Ya el tullido te marcó?
El joven negó con la cabeza, por sus mejillas bajaban lágrimas silenciosas.
–Bien…
La mano derecha del atacante se coló por debajo de la camisa y pellizcó sus pezones. El castaño gimió y trató de retroceder, pero tenía la espalda contra la pared.
–¿Creíste que te ibas a librar de mi? Tienes una deuda.
–Tengo, tengo dinero –jadeo Eli.
–Si, el dinero del tullido, que es el dinero del Griffindor mestizo, que es el dinero del Malfoy traidor. ¿Sabes qué? –su mano bajó hasta los testículos y los apretó por encima del pantalón. –No me interesa ese oro, me interesas tú.
–Por favor… –sollozó el muchacho.
–Debieron mandarte a Hupplepuf, ¿lo sabes sangre sucia? No tienes pizca de valor.
–Por favor, aquí no.
Algo como una carcajada escapó de la capucha.
–Veo que te pones razonable, pero no tengo tiempo ahora –liberó reticente la entrepierna de Eli. –Te veré en el paseo a Hogsmeade. ¿Claro?
La varita se hundió un milímetro en su piel y Eli afirmó con fuerza.
–Bien. Como esos adornos en el pecho te obligarán a jugar al mago virginal por un par de días, te voy a ayudar.
Sacó de debajo de su capa un sobre y lo puso en las manos de Eli.
–Esto tendrá al tullido y sus mascotas jugando a los detectives –se alejó poco a poco de Eli, sin apartar sus ojos azul claro de los de su víctima.
Cuando estuvo a unos cinco metros susurró —¡Obliviate!

Se apartaron del beso con violencia. Eli contuvo la arcada y se dobló, se dejó empujar contra el banco que estaba junto a la pared del salón y se cubrió el rostro con las manos. Normalizó su aliento despacio y venció a sus rebeldes lágrimas. Podía sentir a Tomas a sus pies, esperando.

Su novio parecía cansado. Fuera lo que fuera que usara, el procedimiento había drenado sus fuerzas. Elihaj no se tomó el trabajo de ocultar sus sentimientos, en sus orbes casi violetas se podían leer dolor y asombro, vergüenza y miedo. Los ojos grises de su pareja eran, sin embargo, ilegibles.

–Lo siento –dijo Tomas bajito e intentó tomarle una mano.
Eli la retiró con violencia y sintió a su lado un bufido.
Volteó el rostro para descubrir a Zoe, cuya mirada asesina desplazó por un instante sus propios temores.
–¿Y a ti qué te pasa? –le reclamó Tomas.
–Nos miran –siseó ella. –Nos miran porque este te empujo cuando le dabas un beso veela.
–"Este" tiene nombre, y lo usarás –le advirtió Tomas antes de que su novio aclarara lo que realmente pasaba. –¿Entendido?

Ella asintió en silencio, pero suavisó su expresión. Tomas quiso dedicar su atención a su novio de nuevo, pero la llegada de Snape le cambio los planes.

Cuando Eli notó que el director apenas llegaba, comprendió que el extraño método de intrusión mental de Tomas distorsionaba la percepción del tiempo. Suspiró y trató de prestar atención a las palabras que el profesor Snape dirigía a los alumnos de tercero que pretendían ingresar.

Desde que asumiera la dirección del colegio, diez años atrás, había dejado la cátedra de Defensa contra las Artes Oscuras por falta de tiempo. Muchos creyeron que declinar el puesto que anhelara por más de quince años volvería a amargarle, pero no fue así. En su lugar se volcó a desarrollar el Club de Duelo, lleno de nefastos precedentes desde los años setenta del siglo XX. Todos reconocieron lo acertado de su elección: el Duelo era un espacio para entregar a los jóvenes mucha de su experiencia ganada como mortifago, gozaba de la ventaja de la voluntariedad de sus alumnos y el Consejo Escolar no había reglamentado casi nada al respecto. Para los estudiantes que deseaban ser aurores era un paso casi obligatorio y, en general, para los que deseaban mantenerse en forma sin que esto implicara soltar la varita.

En resumen: era su coto particular.

Entretenido en el desarrollo de las pruebas, el joven no notó que la mano de Tomas volvía a buscarle. Los delgados y pequeños dedos le acariciaron el dorso y luego se tendieron sobre su extremidad muy suavemente. La mano era suave y cálida. Eli bajó los ojos y su encontró con una amorosa mirada gris que le dejó pasmado.

–Lo siento –repitió Tomas. –Era necesario.
El castaño sacudió la cabeza.
–¿No podías esperar?
Tomas apretó su mano con afecto.
–Nos están observando amor, ¿entiendes?

Eli contuvo las ganas de salir huyendo. Estaban en Hogwarts, el lugar más seguro de Gran Bretaña, a menos que la traición lo entregara. ¿Había… mortifagos de nuevo en la escuela? El no se consideraba un estratega, pero sabía que un castillo tan grande como Hogwarts era espacio ideal para las celadas. Tomas había comprendido de inmediato que el recorte sobre McNair House era una provocación y, tal vez, una pista falsa. Así que actuó como de él se esperaba. A la vez, obtuvo el verdadero mensaje a la vista de todos, ahorrándoles el riesgo de una reunión adicional.

Todo eso estaba muy bien, pero no se sentía mejor. Tomas había visto a ese hombre tocarlo mientras lloraba, le había llamado putito y cobarde, y él solo lloraba. ¡Merlín! Que vergüenza. Tuvo que luchar con las lágrimas por segunda vez.

Miércoles

La profesora Delacour terminó de entregar los deberes de verano calificados y se dirigió a su podio. Su voz baja y serena, apenas sin acento tras más de veinte años en Inglaterra, llenó el aula.

–Este año hablaremos de las transformaciones de seres vivos. Estas transformaciones se agrupan básicamente en tres clasificaciones: de una especie a otra, de las maldiciones bestiales y de los animagos –los rumores llenaron el salón y captó los nombres de Sirius Black, Harry Potter, Severus Snape, Peter Pettigrew y, ¡por supuesto!, Minerva McGonagall.

Fleur contuvo el mohín de dolor al recordar a la antigua cabeza de Griffindor y, con una floritura de su varita, el desglose temático del curso apareció en la pizarra. Giró para quedar frente a sus alumnos y enseguida localizó al foco de ruido. No podía ser de otra manera ¿verdad? Arthur, Louis y Joshua estaban en su banco de la derecha y levantaban la cabeza, orgullosos porque sus padres y abuelos habían empujado las fronteras de lo conocido en este tema. Apretó los labios, mientras decidía a cuál bajarle los humos primero.

–Señor Potter, ¿puede ser víctima un animago de una maldición bestial?

Louis se le quedó mirando en silencio por un segundo, apretó los labios y los ojos le brillaron, húmedos. La profesora paladeó el silencio repentino de la clase y esperó, con los ojos fijos en los de rubio. Tras casi una eternidad, el muchacho asintió con gesto exagerado y la voz le salió ronca.

–Si, los animagos son todos vulnerables a la corpus transmuto, que los transforma involuntariamente en su forma animal –en la medida que hablaba, su voz recuperó seguridad. –Aunque esa es fácil de bloquear, hay otros hechizos más específicos que dependen del animal del oponente.
La profesora asintió levemente.
–Seis puntos para Griffindor, por su respuesta demorada –disparó su siguiente dardo antes de que Joshua pudiera protestar. –Señor Malfoy, ¿cuáles son los riesgos mayores para un animago víctima de una o varias maldiciones bestiales?
Para sorpresa de la mujer, el otro gemelo se levantó despacio y la voz le salió casi tan rajada como la de Josh. Habló sin levantar la vista, con sus verdes ojos fijos en el pupitre.
–El daño a nivel interno es imposible de predecir. Comoquiera que la transformación en animal obliga a modificar todos los órganos, consume una gran cantidad de magia. En el caso de las transformaciones impuestas, este consumo aumenta. Al tratar de revertir el proceso, el medimago deberá enfrentarse a órganos, o sistemas de órganos, a medio camino entre lo humano y lo animal, cuya incompatibilidad causa la mayoría de las víctimas mortales en este tipo de hechizos. Si la víctima sobrevive, estará condenado a un uso muy regulado de su magia, ya que corre el peligro de agotar su fuente y ser víctima de sus incompatibilidades físicas internas remanentes.
–Quince puntos para Slytherin –aprobó ella, formuló la última pregunta casi con desgana. –Señor Weasley, ¿hay otro tipo de hechizo que produzca daños similares a las maldiciones bestiales?

Para terminar de sumergirla en la incertidumbre, Arthur se levantó sin demora, en sus ojos brillantes pudo notar que estaba dispuesto a recuperar los puntos de Potter. Lo que fuera que afectaba a los hermanos, no lo habían compartido con su mejor amigo.

–Las transformaciones animagas incompletas producen daños similares a las de las maldiciones bestiales, profesora. Es por eso que, como la desaparición, solo se permite practicarla a los mayores de edad con un núcleo mágico fuerte. La capacidad de animago no depende solo del poder, profesora, se considera sobre todo una prueba de autocontrol interno y disciplina.
Pareció que diría algo más, pero la Delacour le cortó con un gesto seco.
–Nueve puntos para Griffindor, señor Weasley –levantó la cabeza y se dirigió a toda la clase. –Aunque empezaremos transformando ratones en ratas, me pareció correcto advertirles de los peligros a que se exponen los que se adentran en el mundo de la transformación de seres vivos. Espero que las explicaciones de sus compañeros hallan sido suficiente –hizo un gesto y apareció la tarea en el pizarrón. –Quiero seis cuartillas sobre los obstáculos a superar durante la transformación de seres de distinta especie pero igual orden. Los que quieran comenzar la preparación para convertirse en animagos al terminar el colegio, deben llenar las solicitudes disponibles en el buzón de su sala común y entregarla en mi despecho antes del 15 de septiembre. Hemos terminado.

El ruido de los muchachos al salir era bastante, pero Fleur logró hacerse oír por encima del arrastrar de sillas y choque de libros y libretas.

–Señor Malfoy.

El muchacho ya se alejaba de la mano de su hermano, al escucharla dejó su mochila en brazos del otro y regresó. Ella arrugó el ceño ante la advertencia de que su alumno no quería pasar más tiempo del necesario allí, pero no dijo nada. El rubio se detuvo ante ella, con labios apretados, ojos bajos y brazos a los lados del cuerpo. "Esta esperando que continúe mi paliza" comprendió. Pero, ¿por qué estaban los chicos de Draco y Harry tan perturbados?

–Señor Malfoy, me llama la atención el tono emocional que noté en su respuesta.
Louis asintió levemente, pero no dijo una palabra. Fleur comprendió que no obtendría respuesta y trató de seguir adelante.
–Es usted un alumno racional, Malfoy, un ejemplo para los pequeños de su casa, pero ha comenzado el año exaltado. ¿Puedo saber a qué se debe?
–No pasa nada –afirmó Louis.
Ella comprendió, de golpe, que no lograría nada más en el corto tiempo antes de que llegaran los otros alumnos.
–Entonces voy a asumir que usted y su hermano tomaron demasiado chocolate esta mañana. Puede retirarse.

El se dio media vuelta y casi corrió a la salida. Joshua le esperaba en la puerta, con rostro inexpresivo. Louis tomó su mochila, se la colgó a la espalda y pasó el brazo por sobre los hombros de su gemelo. El Griffindor parecía abatido.

Ahí había gato –o veela- encerrado.

TBC…

EN BUSCA DE UN SUEÑO 13

Las Señales (II)

Igor pensó, incómodo, que los sueños debían ser, cuando menos, originales. De nuevo estaba en la ruinosa biblioteca. ¿De nuevo? No recordaba cuándo, pero tenía la certeza de que ya antes… Se apresuró a leer el pergamino, estaba ajado, como si alguien lo hubiera estrujado y alisado varias veces. También se notaba el paso del tiempo… Estaba redactado en antiguo sindarín, los trazos de irreprochable caligrafía, no fueron difíciles de descifrar. Una vez más sintió que su frente empapada de un sudor frío y que los latidos del corazón se ralentizaban.

Noviembre 5. Año cinco de la Quinta Edad del Sol
Minas Tirith, Gondor.
De Ecthelion hijo de Igram
A Barahir hijo de Bertonin

Querido amigo:

Hace tres meses de tu inesperada partida y aún no haz escrito una línea. Comprendemos que la cosecha de la cebada de verano te debe mantener en actividad, pero es una falta de delicadeza que ni una nota dedicaras al Rey, o alguno de los que te acogieron en la selecta familia de la corte.

¡Halla paz! Si envío este mensaje es porque estoy convencido de que la ausencia de noticias se debe a tu muy ocupado tiempo, y no a que nos apartaras de tu corazón. Por ello, y ante la insistencia de Geniev, te informo de mi próximo enlace.

Si, he seguido tu consejo y los detalles ya se ultiman.

Legolas se sorprendió un poco, pero ni el Rey ni Faramir se tomaron el asunto a la ligera y trabajan para que este invierno pase a la historia de Gondor.

Al principio dudé en lo extenderte la invitación, pero el Príncipe opina que la amistad debe mantenerse y esta noticia, que debe llenarte de satisfacción, se tornaría amargo trago si te llegara por otros medios.

La unión tendrá lugar el día siguiente a la Fiesta de la Nevada, durante la puesta de sol. Si decides venir, tus habitaciones en palacio estarán listas.

Salud y Paz


Por los Valar, ¡no otra vez! Dejo caer la hoja, horrorizado.

Al tocar el suelo, el objeto resonó y se rompió en mil pedazos que –en contra de toda lógica– rebotaron con gran fuerza. Casi se diría que las brillantes esquirlas de acerado papel iban a su encuentro.

Se cubrió los ojos para evitar ser herido…

TBC…

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 13

SE HACEN APUESTAS

El Rey se despidió de los medianos y entró a su habitación. Bueno, si no podía verlo hasta la cena, era mejor descansar. No quería que Thranduil se burlase de sus ojeras. Empezó a zafar sus ropas y se dirigió al baño. Sin dudas la hospitalidad de Mirkwood era exquisita: la tina de agua estaba tibia y recibió su cuerpo con dulzura.

Escuchó la puerta y pasos en la recámara: los sirvientes dejaron luces y alimentos ligeros. Se fueron.

Dio por terminado el baño y, envuelto en una toalla, regresó a donde sus ropas y equipajes. Más por costumbre que por sentirse amenazado inspeccionó la habitación. Sus ojos se quedaron fijos en la cama: Legolas estaba echado allí, al descuido, con la cara más divertida de la historia.

–Es la segunda vez que te encuentro desprevenido.

El hombre se siente un poco tonto.

–Oí los pasos desde allá, pensé que se trataba solo de sirvientes.

El elfo se plantó frente a él y tomó la toalla que Aragorn dejara caer por el asombro. Le miró a los ojos.

–¿Creíste que perdería esta oportunidad?

–Yo... me dijeron que no te vería hasta la cena y me pareció incorrecto romper el protocolo.

–Este es mi palacio, que no se te olvide. Siéntate.

Trancos obedeció, la seguridad que exhalaba Legolas apartaba sus escasos temores. El elfo fue hasta la puerta, se asomó, dijo unas palabras, volvió a cerrar y se le unió en la cama.

–Tenemos una hora para hablar.

Pero lo que sintió fueron los cálidos labios del Rey sobre los suyos.

–Esposo mío –murmuraba Aragorn mientras estrujaba a su blanca criatura– te extrañé tanto, ¡tanto! Tan solo cuatro semanas de casados y ya me salvaste la vida.

–Lo sé, me asusté mucho ¿sabes? El sonido de la respiración de esos wuargos es... Olvidemos eso, ya estás aquí. Mi padre estará molesto en cuanto le informen de tu llegada, ya era suficiente para él con el Rey de Espagaroth.

–Debimos traer a Eomer.

Ríen juntos, para el Rey no pasa desapercibido que la risa de Legolas es franca, ligera.

–Estas muy relajado mi herven.

–El bosque, mi gente, el apoyo de mi hermano, todo eso ayuda. Aquí solo debo fingir un poquito ¡y andar con estos fastidiosos guantes!

–Después de la boda de Halladad no tendrás que fingir en absoluto. –acaricia las mejillas del rubio– Pediré tu mano a Thranduil. No soy un más que un mortal, mitad dúnadain y mitad elfo, pero ofrezco un reino. ¿Crees que será suficiente?

El príncipe niega.

–Mi padre desprecia a los humanos, así de simple. Te pedirá algún reto imposible, pero entre Elrond y Halladad entrará en razón. Se jugó todas las cartas con Ferebrim, pero ha llegado tarde.

–¿Ferebrim?

–Es un teleri de Lindon, primo lejano. Lleva tres días cortejándome. –se recuesta en los almohadones y deja colgar los pies en el borde de la cama, es delicioso descansar en la cama de tu esposo–, cuando llegaste competíamos en esgrima.

–¿Y es bueno?

–¡Por favor! Perdió el aliento en un duelo de exhibición, no podría vencer a Frodo en un combate real. Si todos los de Lindon son así...

–¿Será que en la batalla de Fornost murieron todos los valientes? –se burla Trancos mientras se acomoda a su lado.

–Será... Imagino que no ha sido tan atrevido por voluntad propia, mi padre lo instigó a que definiera su posición antes de tu llegada. Lo escogió para mí entre todos los primos por varias razones evidentes.

–¿Si? Cuéntame, a ver si aprovechamos esas razones a nuestro favor.

–Ferebrim se quedaría en Mirkwood si que enlazara conmigo. En los Puertos Grises es uno más entre los descendientes de Círdan, aquí sería esposo del Segundo Príncipe. Es ambicioso, pero maleable, y bello: el tipo de pariente que le gusta a mi padre.

–Entiendo.

Se quedan callados un rato, hasta que el hombre tiene una idea.

–Puedo retarle a duelo y borrarlo del mapa.

–¿Y qué razón darás? No sabe que estamos unidos. Es mejor olvidarlo y pensar en nosotros.

Legolas gira y le besa. Aragorn estrecha su torso, pero el príncipe se retira a tiempo.

–¡No! No tenemos tiempo ahora, la cena será pronto. Debo contarte algo más.

–¿Bueno o malo?

–Tiene muchas implicaciones. –se sienta y trata de concentrarse, desea encontrar las palabras justas– Mi amor: yo sé que un Rey no se casa por sí mismo, se casa por su pueblo. Me diste una tremenda prueba de amor al enlazarte conmigo, pero al volver a Gondor tendremos que enfrentar al Consejo de Nobles y...

Aragorn no lo deja terminar, de un salto se levanta y libera su furia con amplias zancadas que estremecen la habitación. Al fin se detiene ante su pareja, lívido de furia.

–¿Tú lo oíste?

El rostro de Legolas muestra una incomprensión absoluta.

–¿Oír? ¿Qué?

–Si no lo oíste de Faramir se te ocurrió, pero te advierto que no voy a tomar ese camino, mi corazón y mi cuerpo son para ti ¿entiendes?

–¿De que hablas herven?

–¡De una Segunda Consorte que me de un heredero! Faramir me lo advirtió: dijo que los viejos intrigantes del Consejo propondrían una bajeza de ese tipo, pero ¡de quien último lo esperé fue de ti!

Legolas no puede evitar sonreír ante la furia de su esposo.

–Cálmate amor, hablaremos de algo radicalmente distinto. Por favor, ven a sentarte. –el Rey vuelve a regañadientes junto al elfo, que le pasa un brazo por sobre los hombros– Conozco el recurso legal de la Segunda Consorte, sí, pero yo también me opongo. –Aragorn deja escapar un suspiro– Iba a decir que, cuando el Consejo pregunte por heredero, contestarás que tu hijo puede llegar en cualquier momento.

–¿En cualquier momento? ¿De dónde?

El Príncipe toma una mano del Rey y la coloca en su vientre.

–De aquí.

Una oscura idea aparece en la mente del hombre, pero la desecha: es imposible.

–Ahora soy yo quien no entiende.

–Si que lo entiendes, Rey de los Hombres, no por gusto te criaste entre los elfos. Tú sabes qué es un Elegido.

–¿Tú...?

–Sí.

–¿Tú me darás...?

–Todos los hijos que el amor nos de.

–¿Mis hijos van a nacer de tu cuerpo?

–Nuestros hijos. –rectifica Legolas, tenía razón en posponer esa charla: al Rey le estaba costando captar la idea, ahora mira el vientre de su esposo como hipnotizado.

–Los Valar son demasiado generosos conmigo... –se vuelve a los profundo ojos azules– Pellízcame.

–¿Perdón?

–Que me pellizques. Tal vez aún atravieso los Campos Gladios o, peor, estoy en Rohan. Acaso sueño que nuestro último problema se resuelve.

El elfo le retuerce la oreja divertido.

–¡Ay!

–¿Satisfecho?

–Si. Parece que todo es verdad. –ríe con una risa de hombre libre, ligero– ¡Mi querido, mi amado elfo, soy el hombre más absolutamente feliz de la Tierra Media!

Legolas alcanza a oír dos toques cortos en la puerta y empieza a levantarse.

–Aragorn, ya es hora de separarnos, debo ir a prepararme para la cena. Vístete y pide al sirviente de la puerta que te conduzca al comedor de fiestas.

–¿Te veré allí?

–Por supuesto: te sentarás entre Lord Elrond y los gemelos, frente a mí. Pero nada de familiaridades excesivas ¿eh? Debemos comportarnos y soportar a Ferebrim.

–De acuerdo. ¿Me das un último beso?

Un largo, profundo, dulce, apasionado choque de sus bocas.

–Mortal desesperado –susurra Legolas, al fin libre, mientras corre a la puerta.

–No. Mortal enamorado

–Pero mortal, hasta pronto.

La cena transcurrió pacíficamente. Thranduil podía despreciar a los humanos, desconfiar de los enanos y desconocer a los hobbits, pero de su mesa y su trato nadie podría quejarse. Como Legolas y Gimli ya habían narrado los pormenores de su parte en la Guerra del Anillo, la conversación se centró en la naturaleza de los Medianos y el viaje de Frodo y Sam. Aragorn se las arregló para mantenerse fuera de los diálogos y estudiar el ambiente. Le habían presentado a todos los primos de Lindon, pero el único que atrajo su interés fue Ferebrim.

¿Un teleri le habían dicho? Si, un elfo marinero de pelo negro y perfil arrogante. Dos terceras partes de la cena las gastó con una actitud entre intrigada y despectiva hacia los habitantes de La Comarca. El resto del tiempo lanzaba miradas lujuriosas al Príncipe.

Sin pedirle opinión ni una vez a Ferebrim, Legolas sostuvo una conversación ligera con su hermano y Maërys sobre las maneras de presentar las fresas con crema. Luego comentó con los gemelos las distintas recetas para hornear nueces. Lo ignoraba tanto que daba risa.

Cuando ya tomaban el postre, el menor de los príncipes se inclinó hacia el heredero para susurrarle algo con mirada pícara. Halladad puso cara de recordar algo fundamental y se puso de pie llamando la atención de todos.

–Queridos invitados, por favor, escuchen. Como todos saben, en tres días seré un elfo prisionero, prisionero de esta belleza a mi lado, pero prisionero. –Halladad hablaba dando un especial énfasis a las palabras, como si el vino le hubiera afectado, pero todos reconocían en su acento parte de la diversión, porque ningún elfo se marea con media botella de vino– Y también es de público conocimiento que en el último año estuve privado de la complicidad de Hoja Verde para ciertos, ¡ejem!, menesteres. Antes de su partida, cuando era un elfito, –ante tal insinuación Legolas bajó los ojos avergonzado– nuestra mayor diversión era cazar orcos y arañas, para que los "visitantes inesperados" –y se inclinó levemente hacia Gimli– no se escudaran en ellas para interrumpir las fiestas al aire libre. Es en memoria de todo eso que pasaré los próximos dos días de caza con mi famoso hermanito, que ya recuperó los colores con la buena comida del hogar. Por supuesto, todos los primos pueden acompañarnos. ¡Frodo mató a Saurón, pero dejó orcos para todos!

Unos breves aplausos cerraron la singular invitación, tanto Merry como Pippin recordaron el último discurso de Bilbo en su cumpleaños ciento once. ¡La calidad y el tema eran muy diferentes! Legolas se levantó cuando las palmas se detuvieron, el semblante cómicamente preocupado.

–Halladad, no debemos limitar la invitación a los parientes. Antes de dejar Gondor prometí a Elessar una cacería en honor de Gloin y Bilbo. Aquí tienes la partida lista majestad. ¿Aceptas?

Contrariando el protocolo Aragorn permaneció sentado para contestar. Temía que, de mirar a Legolas de frente, su amor sería declarado a todos.

–Por supuesto amigo, un Rey no deja de cumplir su palabra.

–No dejaremos que nuestro hermano se vaya a divertir solito. –intervino Ellohir.

–Las delicias del enlace serán tanto más dulces comparadas con el combate. –completó Elladan.

–Pues ya somos cinco, –aceptó Halladad– y de mis primos ¿Quién va?

Los de Lindon miraban sus platos y servilletas confusos. Algunos aún se quejaban por lo bajo de la crueldad de Thranduil y ahora estos muchachos...Habían viajado para descansar. ¿No?

–¡Yo iré! –el salto repentino del teleri pareció alegrar al Rey del Bosque– No me perdería por nada el espectáculo de ver al bello Legolas transformado en una belleza asesina.

Aragorn sintió que la sangre le hervía, pero se contuvo. Una idea tomó forma dentro de él. Se mantuvo sentado, su voz sonó casual mientras jugaba con un cuchillo.

–Uno asesina a sus iguales Ferebrim, los orcos son una plaga. Y hace falta buen aliento para dar cuenta de ellos.

Un silencio incómodo se posó en la mesa y el de Lindon le miró con asombro. Ese hombre ni siquiera levantaba la vista para hablarle. ¿Cómo se atrevía a burlarse del incidente de la tarde?

–Si el Rey de los Hombres tiene aliento para ello, cualquier elfo puede doblarle la marca.

Entonces Elessar se levantó y clavó sus ojos en el inmortal, los iris grises brillaban de furia. Gimli y los hobbits lo contemplaban con asombro, pues nunca le habían visto así fuera del combate. Elrond y sus gemelos mal contenían la risa: esa no era la peor mirada de Estel y Ferebrim temblaba como una hoja. La familia real intentaba mantener expresiones neutrales.

–Eso fue un reto en toda la regla, Ferebrim de los Puertos Grises. Debes regresar a la Fortaleza con el doble de trofeos que este mortal: Rey de Gondor y Arnor, descendiente de Melian la Maia, Beren el Señor de Dorthonion, Tar–Minyatur, fundador de Númenor e Isildur, que cabalgó junto a Gid–Galad en la Ultima Alianza –su rostro se suavizó de repente, al notar el regocijo en los ojos de Legolas– Veremos qué opina luego nuestro anfitrión Thranduil de tu valor y el mío. ¿De acuerdo?

Ferebrim no pudo menos que asentir.

–Bien, entonces me retiro a descansar, los mortales lo necesitamos. –se volvió hacia el Rey Elfo con una leve reverencia– Ha sido un placer su mesa Majestad, como siempre.

Los pasos del hombre resonaron en el salón aún silencioso. Los primos de Lindon miraban a Ferebrim con algo de pena. Todos eran concientes de que el Rey de Gondor no había estado presente en el duelo y empezaban a sospechar que había en aquel reto algo más que una lidia entre razas. Pero se guardaron sus comentarios para otro sitio, no en balde habían crecido en una corte aislada del resto de la Tierra Media durante más de dos mil años, donde todo se arreglaba con intrigas y decretos.

El silencio fue roto por uno de los príncipes: Legolas miró burlón a Ferebrim y soltó una risita de circunstancia, nadie habría podido decir si de lástima o alegría. Su hermano, Maërys y los gemelos hicieron eco, para ellos era evidente la razón de hilaridad: Aragorn se las había arreglado para casi deshonrar el pretendiente de su Príncipe en dos horas.

–Mortal desesperado– susurró, y Ferebrim alcanzó a oírle.

Sin dudas sería una cacería interesante.

TBC...