23 de abril de 2007

EN BUSCA DE UN SUEÑO 2

En la Biblioteca

El texto estaba escrito en pulcros caracteres. La antigua iluminación aún conservaba algo de su esplendor y el oro relumbraba, tenue, en las zonas de la página que no eran tocadas directamente por la luz de la lamparita. El joven se inclinó y entrecerró los párpados, feliz. Estuvo a punto de adelantar una mano para tocarlo, pero el carraspeo de la encargada le recordó las estrictas medidas de control que debía respetar, so pena de no ser admitido nuevamente.

Con un hilo de voz repitió las dulces palabras a la vez que las copiaba en su bloc de notas:

Se quedó allí un instante
y la voz de él fue como un encantamiento,
y el destino cayó sobre Tinúviel
y centelleando se abandonó a sus brazos.
Mientras Beren la miraba a los ojos
entre las sombras de los cabellos
vio brillar allí en un espejo
la luz temblorosa de las estrellas.
Tinúviel la belleza élfica,
doncella inmortal de sabiduría élfica
lo envolvió con una sombría cabellera
y brazos de plata resplandeciente.

Larga fue la ruta que les trazó el destino
sobre montañas pedregosas, grises y frías,
por habitaciones de hierro y puertas de sombra
y florestas nocturnas sin mañana.
Los mares que separan se extendieron entre ellos
y sin embargo al fin de nuevo se encontraron
y en el bosque cantando sin tristeza
desaparecieron hace ya muchos años.


El muchacho se alejó entonces y la encargada se apresuró a devolver el pergamino a su archivo. El le dedicó una leve reverencia y se encaminó a la sala de lectura, donde esperaban sus libros y notas.

Ya sentado, empezó a sacar diversas hojas de papel de un file y las puso sobre la superficie de madera pulida. Cada una tenía anotaciones diversas de su puño y letra, algunas eran largas parrafadas con notas laterales, otras escasas líneas. Agregó el fragmento de poema que copiara y se sumió en la meditación.

Cada cierto tiempo hacía nuevos comentarios en una nueva hoja con una letra apresurada, apenas legible. Las notas eran redactadas con premura, como su la mano no pudiera seguir el ritmo de su pensamiento.

Estuvo así unos veinte minutos, hasta que la llegada de otra persona desvió su atención.
–Buenas tardes, gran estudioso de los arcanos saberes.
Con un gesto entre fastidiado y divertido, el joven levantó los ojos y sonrió.
–Buenas tardes, mercenario de las aulas.
El recién llegado hizo un mohín despectivo y se sentó a su lado. Miró superficialmente los documentos extendidos.
–¿Y eso?
–Nada, aprovechaba el tiempo mientras esperaba que llegases a estudiar –repuso el otro con descuido y devolvió los materiales a su carpeta.
–¿Otra de tus locas teorías?
–Tal vez. ¿Por qué te demoraste tanto?
El segundo bufó mientras empezaba a sacar libros, libretas y plumas de su bolsa.
–Imagínate, el primo Gorland llegó a la ciudad y mi madre me arrastró al aeropuerto para recibirle. Te hablé de él…
–No puedo recordar a todos tus parientes.
–Pues deberías, también serán tus parientes dentro de poco.
–Que mi hermana se case con tu primo no significa que… –se detuvo en seco, como si algo le golpeara. ¿Dijiste Gorland, el millonario?
–Si, ese mismo. Mamá andaba como una gallina a su alrededor, creo que quiere sacarle dinero para la boda.
–¿Cómo le caíste?
–No tengo idea. Aparenta unos treinta años, pero su rostro es inescrutable. Mamá no se cansó de repetir que estudio Letras Clásicas en la Casa del Saber de Ithilien –se encogió de hombros–, pareció interesarle.
La expresión del primero se tornó meditabunda.
–No me extrañaría.
–¿De qué hablas?
–Gorland es uno de los mayores benefactores de la escuela y su colección particular de armas y joyas del Período de Transición es conocida internacionalmente. ¿Dices que treinta años?
–Más o menos…
–Lo imaginaba mayor.
Una sonrisa maquiavélica apareció en los labios del segundo.
–¿Quieres ir a su casa?
–¿Bromeas? No hay que ser pariente tuyo para saber que la mansión de Gorland está dentro del Círculo, jamás me dejarían pasar.
–No te pregunté donde vivía, sino si querías conocerlo.
El primero hizo una mueca.
–Bueno si, quiero conocerlo. He oído que es uno de los pocos hombres que lee quenya y avarin de corrido.
–¿Que lee qué?
–¡Olvídalo! Quise decir que sabe mucho del Período Clásico.
–Entonces vamos.
El segundo empezó a recoger sus materiales y se puso en pie.
–¿A dónde? –preguntó el otro sin entender.
–A conocerlo, ¡tonto! Me invitó a cenar esta noche y me dejó un Pase. En realidad no pensaba ir, pero ya que te interesa –consultó su reloj. Si tomamos la carretera ahora llegaremos a las puertas del Círculo quince minutos antes de las seis –le sonrió y sacudió su hombro. ¡Muévete!

El otro se colgó la mochila del hombro y le siguió hacia la salida de la sala de lectura. Bajaron la escalinata del gran edificio que cobijaba la biblioteca a paso ligero y se encaminaron hacia el auto deportivo del segundo. Cuando ya se sentaban, el primero se volvió asaltado por una duda repentina.

–¡Espera! Te ha dado un pase, pero somos dos.
El otro le guiñó un ojo, divertido.
–¿Sabes? Gorland será muy rico, pero necesita espejuelos. Me ha dado un Pase doble, sospecho que alguno de sus invitados se quedará sin cenar hoy.

Arrancaron a toda velocidad.

TBC…

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 2

LA FIESTA

Después de la ceremonia oficial hubo una gran comida para los invitados en el palacio, como su número desbordaba cualquier previsión se habilitaron varias salas además del Salón del Trono. En la mesa del Rey solo fueron admitidos los miembros de la Comunidad del Anillo, Eomer –el joven Rey de Rohan–, su hermana Éowyn y el joven Senescal Faramir: Aragorn no deseaba intrigantes cerca. La conversación fue animada, esa noche llovió bebida y nevó comida, como dicen los Hobbits.

–… pero no pueden marcharse aún– explicaba Trancos a Merry y Pippin–, ni los caminos son totalmente seguros, ni está todo arreglado en Gondor. Deseo especialistas en la yerba de pipa.

Mientras hablaba Aragorn no dejaba de mirar a su alrededor, por un instante lamentó estar tan alerta, pues no pudo dejar de ver una repentina tristeza en los ojos de Legolas. El elfo llevaba mucho tiempo tratando de contener la inquietud, pero su resistencia no podía ser infinita, se levantó.

–Con tu permiso Elessar –una mirada furiosa de Trancos le hizo rectificar– Aragorn, me voy a buscar un árbol, tu vino se me ha subido a la cabeza y necesito aire.

–Elfo tonto –refunfuñó Gimli– irse a buscar hierba con tan hermosas paredes que admirar.

Pero Legolas ni siquiera respondió a la afable provocación y dejó los altos salones del palacio en silencio. Ya en una de las terrazas respiró hondo y tomó asiento –más bien se dejó caer– sobre el césped. Permaneció quieto, con esa mezcla de sueño y vigilia que parece un trance a ojos de los mortales. No se movió cuando se apagaron las voces de la fiesta, ni cuando los mozos de la cocina recogieron las mesas, tampoco cuando los pasos furtivos de un hombre –inaudibles para aquel que no fuera un elfo– se detuvieron a su espalda.

Unas manos fuertes se posaron en sus hombros

–¿No piensas dormir?

–Los elfos no dormimos tanto como los mortales.

–Como te quejaste del vino…

El hombre optó por sentarse a su lado, pero no contempló el paisaje de la ciudad blanca, sino que intentó alcanzar la fina franja del mar, que se adivinaba con las primeras luces de la aurora.

–Bien que podrías estar cansado, han sido duros los últimos tiempos.

–Para recuperarme solo necesitaba a la tierra. Debes encargarte en serio de aumentar los jardines, si tu plan se cumple.

–No es “mi plan” Legolas. Se trata de mi deber como Rey y mi honor como Hombre.

–Deber, honor, son palabras vacías en boca de los mortales que se traicionan a sí mismos. Esa ceremonia no será más que un acuerdo entre grandes señores.

Aragorn apretó los puños y habló entre dientes por temor a que los gritos de dolor se le escapasen ¿por qué era tan cruel?

–Cierto. Uno de los problemas de ser Rey es que se reducen las posibilidades de casarse por amor, y es casi una indecencia amar a cualquiera.

–¿¡Cualquiera!? ¡Soy un príncipe!

Le miró por primera vez a los ojos y estrechó sus manos con una fuerza que solo un elfo resistiría.

–Por favor Legolas, precisamente porque eres Príncipe sabes los deberes que trae una corona. No hagas esto más difícil.

–¡Es que no sé cómo podría ser más retorcido Aragorn! Elrond desea sellar una alianza entre el mayor de los dúnadan y los Primeros Nacidos. Tú debes casarte con una Dama para satisfacer a tus nobles, que desean pequeños príncipes herederos y peones para nuevas alianzas matrimoniales, donde tampoco estará garantizado el amor. ¿Dónde queda Arwen en toda esta historia? Tendrá que renunciar a la inmortalidad por ti y ni siquiera se aman.

–Arwen, Arwen, Arwen. ¿Por qué la mencionas tanto?

–Porque es una víctima.

–¡Víctima! No es la única, si pienso en la última vez que nos vimos… creo que ni siquiera sabe qué ocurre a su alrededor. ¿Qué hay de ti?

–Yo elegí, sobreviviré.

–¿Crees que no sé que los elfos pueden morir de tristeza? Deseo que te quedes en Gondor. Arwen no importa, tampoco los nobles, podremos tenerlos felices con bien poco. Tu no eres el heredero del Bosque Negro, así que puedes permanecer en calidad de Embajador y…

–Para que seamos dos los elfos cubiertos de vergüenza. No majestad, nosotros no podemos vivir de esa manera. Una vez que presente mis respetos a Elrond me iré. Es mejor conservar un bello recuerdo de nuestro amor.

Amanecía, un rayo de sol alcanzó la terraza y se reflejó en la dorada cabellera de Legolas y él levantó la vista hacia el norte.

–Ya están a tres jornadas de aquí, casi puedo oírlos.

–¿Sólo nos quedan tres días entonces? –le mordisqueó la oreja– Ven, vamos adentro.

Los dientes del mortal provocaron un agradable cosquilleo en las venas del rubio, se sintió desfallecer tan solo de imaginar los brazos del Rey alrededor de su cuerpo. Casi se sentía capaz de entregarse por completo –desde que descubrieran sus sentimientos en la Batalla de Cuernavilla no habían intercambiado más que miradas, los besos y caricias hicieron su aparición en la marcha de regreso desde la Puerta Negra hasta Gondor– ganas no le faltaban al joven Príncipe, pero algo en su cabeza gritaba “Peligro”.

Aragorn estaba inquieto, aunque la fiesta había durado casi hasta la mañana alguien podía verlos y sabía que ambos tenían enemigos, no deseaba que nada empañara el regreso de Legolas al Bosque, si es que debía partir. Tal vez por eso no se le entregaba por completo, ¿temía crear un lazo imperecedero?

Legolas seguía mirando el cielo, que pasaba con celeridad del gris perlado al azul. El Rey se levantó y pasó sus manos por debajo de los brazos del elfo.

–Si quieres saber cómo es el cielo, mírate los ojos en el espejo de la recámara –volvió a insistir– Vamos. Alguien podría vernos.

Esa última frase pareció sacar a Legolas de su ensueño.

–Ay, es cierto. No pueden vernos. –se levantó de un salto y fingió despreocupación –Ven, Rey de los Hombres, te enseñaré algunas cosas para entretener a la Reina.

TBC..

DE LEYES Y VENGANZAS 2

PRIMER ACERCAMIENTO

Las siguientes semanas fueron muy tensas para Harry, a cada momento esperaba ver a Sirius en la puerta para llevarle lejos de Little Surrey. No estaba muy seguro de a dónde, pero se imaginaba un sitio parecido a la casa de Ron: cálido, lleno de fotos de sus padres, y del misterioso Remus. Se dedicó a estudiar a sus tíos: notó que su nerviosismo aumentaba y trataban de cambiar su relación con él. Bernon estaba irritable, pero se contenía y no le golpeaba. La tía Petunia le prohibió limpiar los baños y cortar el césped. Dudley gritó cuando le mudaron del hueco bajo las escaleras al cuarto de juguetes, un trastero donde se amontonaba lo que el gordo rompía y, ¡para colmo! Bernon le dijo que no podía golpear a Harry bajo pena de hambre.

La señal definitiva vino el primero de julio, cuando en el buzón aparecieron dos cartas de la Corte de Menores de su Majestad, una para Bernon Dursley y otra para Harry Potter. Al recoger el correo esa mañana Harry contempló el sobre -era azul y ancho- intrigado. Entró a la cocina en una nube, entregó las cartas a su tío y se dispuso a leer la suya, pero Dudley fue más rápido y se la arrancó.

-¡Harry robó una carta! -era evidente que deseaba que lo golpearan de nuevo.

La reacción de Bernon no pudo ser más clara para Harry, ni más extraña para Dudley: el hombre miró el sobre y lo devolvió al chico con una mirada de puro odio. Harry no dijo nada, tan solo terminó de rasgar el sobre y, antes de leer, miró a su tío de nuevo.

-También hay uno para usted. -dijo y se sumergió en la lectura.

Señor Harry Potter:

El señor Sirius Black ha iniciado los procedimientos para reclamar su custodia, hasta este momento otorgada a Bernon y Petunia Dursley. Como parte de estos recursos ha solicitado a la corte una entrevista controlada con usted, el próximo 15 de julio. Para aceptar o negar este encuentro por favor, llame a nuestras oficinas dentro de las veinticuatro horas posteriores a recibo de su carta.

Atentamente
Susan Bones
Oficina de Coordinación de la Corte de Menores de su Majestad

Y abajo seguían la dirección y los teléfonos. No perdió tiempo, se escurrió a la puerta y ganó la calle. Sabía que en el centro comercial Bernon no podría tocarle un cabello, por los agentes de seguridad. Llevaba la carta bien apretada y el corazón palpitante. Al doblar la esquina miró hacia atrás, le extrañó que ni su tío ni Dudley le persiguieran, pero siguió con el plan.

Todo fue bastante fácil, gracias a la tarjeta de Mione. Susan resultó ser una mujer de voz amable que le explicó todos los detalles y le deseó suerte. Harry colgó, satisfecho, y volteó para enfrentarse a la terrible humanidad de su tío.

-¿A quién llamabas? -siseó.
-A la Oficina de Coordinación de la Corte de Menores de su Majestad. -respondió el chico con la seguridad que le daban el sitio.
El hombre rechinó los dientes y Harry se preguntó si sería capaz de golpearle en público. Nunca tuvo que averiguar, pues Petunia intervino.
-Bernon, cariño, el chico tiene derecho a llamar a quien quiera. -Harry la miró sorprendido. Ella extendió la mano y lo obligó a caminar a su lado- Vamos, debes comprarte ropa nueva para esa entrevista.

Y se llevó al sorprendido Harry Potter a la tienda, ¡de compras!

El 15 de julio se demoró cantidad. Esa mañana Harry se vistió con su traje nuevo, guardo la foto en lo más hondo de sus bolsillos y montó en el auto de los Dursley. El cielo era brillante y él supo, muy adentro, que ya nada sería igual.

El edificio de la corte era grande y gris. Susan le había explicado por donde era la entrevista, así que se lanzó con paso seguro por el dédalo de galerías, apenas seguido por sus resoplantes tíos. Al doblar la que calculaba era la última esquina se detuvo en seco: allí, al final del pasillo, estaban Remus y Sirius, hablando bajito. También estaba un oficial y una mujer de corta melena rubia que se acercó.

-Hola, soy Susan Bones.
-Mucho gusto, yo soy Harry Potter.
Susan lo miró atentamente, así como a su ropa. Iba a decir algo más, pero fue interrumpida por los tíos, que llegaban en ese momento.
-¿Dónde se metió...?
Petunia se detuvo a unos pasos, pero al ver a Sirius se acercó a Harry y lo abrazó.
-Ese tipo mató a mi hermana ¿y le permiten reclamar a mi sobrino?
Pero el chico se separó de ella bruscamente.
-Retiraron todos los cargos tía, lo dijeron en la TV.
Ella gruñó su molestia, pero no dijo nada más, ni intentó volver a tocarlo. Susan condujo a Harry dentro de una oficina con una mesa ancha y dos sillas, le hizo sentarse.
-Ahora vendrá Sirius. Creo que lo entendiste por teléfono todo, pero te repito que esta reunión no te obliga a nada. Yo estaré allí -señaló una sillita en el fondo- y si deseas algo o quieres terminar, me llamas. ¿De acuerdo?
El asintió y Susan fue a llamar al hombre de la TV. Sirius se sentó frente a él, Susan fue a su rincón y...

-Hola -empezó el mayor.
-Hola -respondió Harry todo nervioso.
-¿Sabes quién soy?
-Sirius Black -dijo el chico con una sonrisa-, tú estabas en el hospital con mi mamá cuando nací, y vienes a buscarme.
El hombre lo miró divertido.
-¿Cómo sabes esas cosas?
Harry se revolvió un poco en el asiento.
-Lo del hospital es un secreto, solo se lo diré al Juez, si pregunta. Lo otro dijiste en la TV. ¿Ya tienes casa? -disparó.
Sirius lo miró extrañado y él temió haberse apresurado mucho.
-Si -había cautela en su voz- renté un apartamento. ¿Te parece bien?
-Por mi... casa, apartamento, hotel, cualquier cosa sirve.
-No Harry, cualquier cosa no. El juez tiene que decidir si es mejor que vivas con los Dursley o conmigo, no te puedo llevar a un trailer.
-Pero yo hablaré con el Juez -explicó Harry esperanzado- y le diré que quiero ir a vivir contigo.
-A veces, no sabemos qué es en realidad lo mejor para nosotros, eso ocurre mucho cuando somos pequeños, pero también le pasa a las personas grandes. Por eso vamos ante los jueces, que son gente sabia, para que nos ayuden. ¿Entiendes?
La alarma se disparó en su mente.
-¿Y cómo el juez sabrá...?
-En el juicio, no tardará mucho, lo prometo.
-¡Pero el juez puede equivocarse! -dijo Harry lleno de miedo, no se dio cuenta de que había alzado la voz- Puede equivocarse y ¡me voy a quedar solo se nuevo!

El pánico lo golpeó, de repente Harry se dio cuenta de que esas semanas habían sido bellas por la esperanza de que Sirius lo sacara de su miserable vida con los Dursley. Si el juez lo alejaba, Harry no se sentía con fuerzas para retomar su antigua rutina. Empezó a gritar y estiró los brazos en un vano intento por tocar al hombre.

-No quiero ¿entiendes? No quiero volver a cortar el césped, a fregar la loza, a ser el saco de boxeo de Dudley. Llévame Sirius, por favor, sácame de aquí.

Susan, que no había perdido una palabra, se levantó de su sillita y le abrazó. Sirius se quedó estático, mirando con ojos impotentes la escena.

-Ya está bien Harry -dijo la mujer con voz dulce- Sirius siempre va a estar cerca, aunque el juez diga que vivirás con los Dursley él te ira a visitar, y te mandará postales de Navidad. No llores pequeño, no llores.
-¡El me tiene asco Susan, no quiere tocarme! -reclamó el niño entre hipidos.
-No mi corazón, lo que pasa es que no puede tocarte, es la ley.
-Yo quiero que me toque, solo estrecharle la mano. ¿Es que a nadie le importa lo que yo siento?
-Vamos a hacer algo, pequeño. Ahora Sirius va a levantar su mano y la va a acercar -volteó hacia el hombre- Vamos Sirius, hazlo.
-¿Estás segura? -ella asintió y él la obedeció.
-Y ahora tú vas a extender la mano también. -tomó la mano del chico, estiró sus dedos y la puso a la altura de la del hombre, de modo que las palmas y las puntas de los dedos se rozaban- ¿Sientes el cariño de Sirius a través de su palma?
Harry asintió despacito.
-Bien, ahora Sirius también siente tu cariño. Ya sabes que no te tiene asco, lo que pasa es que él sabe que el juez no se va a equivocar.
El niño asintió, bastante convencido, pero siguió rozando la otra palma de su mano como si en ello le fuera la vida, hasta que Susan apartó el brazo.
-Debes confiar en nosotros Harry. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.
-Y ahora Sirius va a salir, pero lo verás cuando se reúnan ante el juez. ¿Entiendes?
Harry aceptó reticente y Sirius abandonó la estancia. Susan se quedó mirando fijamente al chico.
-¿Deseas una soda? Voy a buscarla, no salgas de aquí.

Susan lo dejó solo, y se demoró bastante, al rato Harry sintió unas voces discutiendo fuera, reconoció la aguda voz de Petunia y la serena de Susan. Al cabo, la rubia entró, con un vaso de refresco y una gran sonrisa.

-Bueno, acabo de arreglar algo mi niño. ¿Quieres ir a quedarte con tu amiga Hermione hasta que termine el juicio?
El chico se quedó sin palabras ante aquello.
-¿Cómo sabes...? -pero ella sonrió pícara.
-Es un secreto, solo se lo diré al Juez, si pregunta.
El sonrió y sacudió la cabeza, alegre.

Al salir, los Dursley estaban en un rincón, molestos. Harry se pegó a Susan, temeroso de que lo halasen. Al final de la galería estaban Remus y Sirius, sonrientes. Harry les dijo adiós con la mano y siguió andando, con el corazón ligero.

Susan lo llevó en un auto de la Corte a la casa de su amiga, por el camino la explicó que la vista oral del juicio estaba fijada para una semana después. Allí estarían sus tíos, y Sirius, con sus abogados, y también Harry, junto a ella, y todos, por turno, le explicarían al Juez Albus Dumbledore lo que pensaban y luego él emitiría una sentencia.

-¿Y si el juez no le cree a mis tíos, ni confía en Sirius? -indagó preocupado el chico.
-Eso es poco probable Harry, porque Sirius ha demostrado que te quiere mucho todos estos años, aunque tú no lo sepas. Además, le vas a contar al Juez cómo es tu vida en casa de los Dursley, por qué tienes miedo de volver allí.
-No me creerá. -afirmó el niño, pero Susan le obligó a mirarle.
-¿Por qué no iba a creerte?
-Una vez escribí todo lo que me pasaba en casa y la maestra dijo que me lo había inventado, que dejara de imitar a Dickens, y me reprobó en escritura.

Susan curvó las cejas, pero en vez de comentar sobre la actitud de la maestra acarició el revuelto cabello de Harry. Ya estaban ante la casa de los Granger, un matrimonio de dentistas muy ordenados y cariñosos. Hermione salió corriendo para abrir la puertezuela y abrazar a su amigo.

-¡Harry, que bueno verte! -lo jaló fuera del vehículo y empezó a hablar de modo atropellado por la emoción- Hace poco llamaron de la Corte de Menores diciendo que había un problema con tus tíos y que necesitabas un sitio para quedarte. Mi papá no lo pensó y dijo que la habitación de invitados es para ti. ¿Verdad que mi papi es genial? Oye, estás muy elegante, esa ropa es de tu talla. -ya estaban en la salita- Dime, dime. ¿A tus tíos los arrolló un auto? ¿Escapaste con ese hombre, Sirius? ¿Metiste a Dudley en tu alacena?

Harry empezó a reír ante la avalancha de preguntas y los saltitos de emoción de su amiga, Susan la miraba reflexiva.

-Mione -pidió Harry- si no te detienes no podré contestar.
-¡Es verdad! Pero es que es tan emocionante que hayas dejado esa casa.

Estuvo a punto de soltarle todas sus aventuras, pero los padres de su amiguita llegaron con un servicio de té y le pareció más prudente esperar. Los adultos hicieron las presentaciones y Susan explicó que Harry se quedaría bajo la custodia temporal de los Granger hasta el final del juicio.

-Será necesario que lleven al chico de compras, porque nada más tiene ese trajecito, los gastos me los reflejan acá -pasó un talonario de cheques a los anfitriones- y la Corte se los reembolsará. -consultó el reloj- Creo que es mejor si van ahora, porque mañana la prensa les montará guardia.
-¿La prensa? -Harry y su amiga parpadearon de emoción.
-Claro, Sirius es famoso, y ya deben saber que se inició el proceso por tu custodia. -le miró fijo, su tono fue terminante- No hables con ellos Harry, aunque sean muy amables. ¿De acuerdo?
-De acuerdo.

Entonces los Granger propusieron a los niños que subieran a ver la habitación mientras ellos conversaban con Susan. Harry y Mione corrieron por las escaleras y al fin el trigueño pudo contarle a su amiga sus aventuras. Al rato los llamaron, Susan ya se había marchado, y partieron raudos a un centro comercial para el segundo día de compras de Harry en su vida.

TBC...

EN BUSCA DE UN SUEÑO 1

PRÓLOGO
Lo que dice la Enciclopedia

“La mecánica, como todas las demás ciencias naturales,
establece sus postulados como resultado de
una generalización de los datos experimentales”
Curso de Física General, tomo 1, primera parte, S. Frish y A. Timoreva.


ARDA

Introducción:

La República Federativa de Arda es un estado insular y multicultural ubicado al norte del Océano Atlántico. Ciudad más importante, Tirithosto (La Ciudad Vigilante), capital administrativa Osgiliath.

Arda fue desconocida para Europa hasta el siglo X, cuando navegantes celtas irlandeses llegaron a su costa nororiental. Antes de ese “descubrimiento” ya estaba poblada por tres culturas que convivían de modo más o menos pacífico. Su posición geográfica avanzada en el mar convirtió a la isla en escala obligada para las expediciones pesqueras de toda Europa y, tras el descubrimiento de América, para las flotas coloniales de Europa del norte. Arda pasó de la monarquía a la república en 1810, pero no alcanzó la estabilidad política hasta 1860. La Constitución ha sido revisada varias veces, la actual fue aprobada en 1961.

Durante las Guerras Mundiales esta nación permaneció neutral, y ese rasgo de su política exterior ha sido constante durante el siglo XX, tanto en la ONU como en otros foros internacionales. Es, como Groenlandia, estado asociado de la Unión Europea.

Fiesta Nacional: 17 de junio, comienzo de la Cuarta Edad del Sol y de la puesta en vigor de la Constitución de 1961.

Divisiones administrativas de Arda:

Regiones:

1. Gondor, capital Osgiliath
2. Arnor, capital Fornost
3. Rohan, capital Edoras
4. Angmar, capital Nueva Minas Ithil
5. Forlindon, capital Puerto Gris
6. Rhovanion, capital Espagaroth
7. Tierras de Hierro, capital Montaña Solitaria
8. Rhun, capital Villanzar
9. Harad, capital Nurmen

Ciudad Autónoma: Tirithosto (La Ciudad Vigilante)

Historia:

La prehistoria de Arda es rica en leyendas que explican el origen de los pueblos que la habitan. Llamadas usualmente las Edades de las Estrellas y de los Árboles, parecen coincidir con la invención del calendario y la agricultura, respectivamente. La llegada a la isla se ubica al principio de la Primera Edad del Sol, como conclusión de un viaje desde el oeste, que marca el inicio de lo que historiadores y arqueólogos llaman Período Clásico (este abarca la primera, Segunda y Tercera edad del Sol). Esa leyenda coincide con los rastros arqueológicos que documentan un antiguo tráfico marítimo desde la costa oriental de América, luego abandonado. Esto explicaría la ignorancia en que vivieron los ardences de toda tierra exterior durante dos mil años: demasiado lejos de la patria original de occidente, e ignorantes de la relativa cercanía de Irlanda y Gran Bretaña, al noreste.

El Período Clásico está signado por interminables guerras entre las etnias de Arda: elfos, edain, enanos, haradrim y orcos. Cada facción peleaba y cambiaba sus alianzas sistemáticamente, pero los orcos y haradrim –afincados en el extremo sur oriental- eran enemigos de los otros tres grupos. Los edain estaban muy fraccionados, algunas de sus tribus apoyaron a los orcos. Elfos y enanos peleaban entre si, pero no dudaban en forjar breves tratados de colaboración militar si sus fronteras eran presionadas. Ejemplo elocuente de ello fue la Batalla de los Cinco Ejércitos.

El final de la Tercera Edad del Sol –y del Periódo Clásico- llega con la guerra por el control de la zona central de la isla llamada Guerra del Anillo. El Rey de los Orcos, Saurón, sería muerto en el curso de esta conflagración y sus súbditos asesinados sin piedad en un genocidio que se extendió unos quinientos años más. Para cuando los primeros cronistas extranjeros llegaron –en 1005- ya no quedaba ningún representante vivo de esa cultura.

La Caída de Saurón abre el Período de Transición, entre el año 4 y el 200 d.C. Elessar I, rey vencedor de la Guerra del Anillo, saquea sistemáticamente las tierras órquicas en beneficio del reino doble de Gondor y Arnor, de modo que adquiere gran protagonismo entre los reyes locales. Su hijo Eldarión I continúa esta senda hasta el 200, cuando sus hijos vuelven a dividir el reino, pero ambas dinastías estarán siempre muy vinculadas y, a la larga, la familia Telcontar dominará casi la mitad de la isla.

El Período Cortesano ocupa los siguientes siete siglos, desde el 200 al 900. Las monarquías fuedales de Gondor, Arnor y Rohan, gobernadas por la nobleza militar edain, adquieren gran estabilidad. Los haradrim organizan una federación que gobierna a las tribus por medio de un Consejo, los enanos tiene ciudades estado y los elfos se concentran en las regiones de Ithilien y Forlindon. Hay gran movimiento comercial. De esa etapa datan los primeros mapas de toda la isla, la primera unificación monetaria y de pesos y medidas.

Es entonces que se fija la preponderancia del legado cultural élfico, con la fundación de las universidades de Ithilien y Forlindon. Allí se escriben las primeras gramáticas de cada idioma conocido, se escriben y/o traducen las leyendas y poesías y se organiza el primer intento de poner en orden la historia de Arda tras más de mil años de existencia documentada. A fines del siglo X, Arda tenía tres reinos, diez ciudades estado, un basto territorio tribal-federativo, fronteras bien definidas, cinco idiomas, tres universidades y una cultura floreciente. Es entonces que llega un elemento externo a desestabilizar el delicado equilibrio de poder.

En el 905 d.C. es reportado un barco irlandés en la costa oriental de las Tierras de Hierro. El encuentro fortuito de estos pescadores con la gran isla despertó la curiosidad de toda Europa. Comienza así el Período de Descubrimiento y Conversión (905-1200), durante el que Arda y Europa se reconocen y la isla pasa a ocupar el ya eterno protagonismo en las rutas comerciales marítimas.

El cristianismo llegó en el 1005, de mano de unos monjes franciscanos. La doctrina fue rechazada por edains, enanos y elfos, todos horrorizados ante la idea de un solo Dios con un solo Hijo que no tenía Esposa y perseguía la sodomia. En cambio, se extendió pronto entre los haradrim, única etnia monoteísta de Arda. Solo el monje capuchino Félix logró convertir a gran cantidad de personas en las ciudades estados del litoral nororiental. Probablemente por eso el príncipe Galion Telcontar lo torturó y mató en 1120. Félix fue luego canonizado (1201) y elevado a la dignidad de Santo Patrón de Arda (1340).

A mediados del siglo XII la violencia religiosa en las zonas fronterizas entre Gondor y Harad provoca numerosas represiones del ejército. La colonia élfica de Ithilien –con rango autónomo y responsable de la universidad- merma su población de manera alarmante. En 1200 la escuela cierra con la partida de los últimos profesores, no reabre hasta 1202.

Al final del Período el cristianismo tiene gran difusión en la zona sur oriental, pero no es actor fundamental en la política de la región. Ni siquiera los gobiernos haradrim permitieron el establecimiento de órdenes monacales o militares, estructuras judiciales paralelas u otros intentos de los sacerdotes de capitalizarse como representantes de un poder comparable al del gobierno.

Entre 1200 y 1545, los Telcontar unifican sus estados. Se llama convencionalmente Período de Expansión a la repartición, bajo la égida de monarquías fuertes, de zonas hasta ese momento independientes, o nominalmente desiertas. Fue, sin dudas, una maniobra para salir al paso al intento eclesiástico de atraer inmigrantes de Inglaterra e Irlanda para esos mismos territorios. En tres siglos la región de Rhovanion es íntegramente parcelada y asignada a agricultores, el Mar de Rhun se militariza y las Colinas de Hierro ceden parte de sus prerrogativas políticas a cambio de la explotación exclusiva de Moria. La evolución de monarquías feudales a absolutistas permite dictar fuertes leyes contra la migración, esas legislaciones contra la Invasión Bretona definen una actitud todavía persistente en los ardences: la xenofobia, construida en oposición a la pertenencia a la isla como universo cultural integrado.

Todo este plan político-económico multiplica la movilidad de los ardences y, para la segunda mitad del XVI, el antiguo carácter cantonal de las etnias se ha perdido. Hay enanos en Angmar (norte), Moria (centro) y las Colinas de Hierro (este); gente de Rohan en Forlindon (noreste), Rhovanion (centro) y Rhun (costa oriental); gondorianos en Espagaroth (noreste), Rhun (costa oriental) y la Meseta de Gorgoroth (sur-centro).

Para resolver los problemas administrativos que genera la incongruencia entre un sistema legal preparado para unidades humanas de composición étnica más o menos homogénea y una realidad atomizada, se potencian Consejos de Gobierno comunales. Esta medida aumenta la gobernabilidad, pero debilita a la nobleza militar-cortesana por su carácter democrático. La crisis llega en 1597, cuando Eldarion VI –gobernante de Gondor, Ithilien, Moria y el sur de Rhovanion- anuncia su conversión al cristianismo y asunción del voto de castidad. Muere en 1603 sin dejar herederos.

El lapso entre 1603 y 1698 se conoce como Período de la República Noble: El vacío del trono da oportunidad a elementos democráticos dentro de la nobleza para ensayar una organización republicana como propagan los franceses. Por suerte para el pueblo raso, la maquinaria estatal funciona ajena a las estériles discusiones de duques y condes, gracias a la estructura de los Consejos de Gobierno, que sobrevive por decisión expresa del Príncipe G del Telcontar.

El siglo XVIII fue violento en Arda. La llamaron Primera Guerra de Unificación, pero fueron una serie de pequeñas y constantes conquistas que arrebataron territorio a la inestable República de Gondor. Los reyes de Arnor alegaban que la República no mantenía la paz en este o aquel territorio y enviaba a su ejército a restablecer el orden. Gondor, desangrada por luchas internas por el poder, no es capaz de oponer resistencia política, mucho menos militar. Para 1793 solo le quedan a la República las regiones de Ithilien y el valle de Tirithosto. El gobierno se disuelve en 1796 bajo las presiones del ejército de Arnor, acampado en el extremo occidental del antiguo campo de Pelennor.

Pero los antiguos ciudadanos –acostumbrados a siglos de autodeterminación- no se rinden tan fácilmente a la corona. Sigue un período de tensas negociaciones, hasta que en 1810 nace Nueva Númenor, monarquía constitucional que engloba las regiones de Angmar, Forlindon, Arnor, Rhovanion, Gondor y Rhun. Durante cuarenta años, esa forma híbrida de gobierno convive con las ciudades estado de los enanos, la monarquía absolutista de Rohan y una república cristiana en Harad.

En 1850, un episodio de violencia religiosa en la frontera Harad con Rohan -en las alturas de Emuynnuid- es tomado como pretexto por el ejército cristiano para atacar al pequeño reino de los caballos. Rohan pide ayuda a Nueva Númenor y comienza la Segunda Guerra de Unificación. Los haradrim capitulan cinco años después, pero el ejército de edains y enanos no se detiene hasta forzar su ingreso a una república laica con capital en Tirithosto y cuya lengua oficial será el oestron.

Este tercer proyecto republicano se llamó Gran Gondor y fue inaugurado en 1860. Aunque la región de Harad entró a ese organismo político en calidad subalterna, el desarrollo que logró la isla unificada también se volcó allí. Gran Gondor apartó la novedad del voto universal para todos los mayores de 18 años. Esta ley electoral dividió la fuerzas políticas de los haradrim independentistas, cuando sus esposas, madres e hijas fueron beneficiadas por “el invasor”. Arda gozó de estabilidad política y bonanza económica hasta 1958, cuando una rebelión de sureños –hombres y mujeres- pusieron en jaque al país exigiendo igualdad de derechos, respeto a sus tradiciones, representación equitativa en el gobierno, igualdad de salarios, leyes antidiscriminación y otras reivindicaciones. La crisis fue tal, que se convocó una Asamblea Constituyente en menos de seis meses y en 1961 se aprobaba la nueva Carta Magna por voto popular.

Esta cuarta experiencia es la primera radicalmente democrática. Recupera el nombre de la isla y divide la administración en nueve regiones federadas. La República Federativa de Arda tiene su capital en Osgiliath, donde el gobierno central controla el ejército y la política exterior, se reconocen cuatro idiomas oficiales y la igualdad de todos los ciudadanos sin distinguir etnia, género, edad o identidad sexual.

En la actualidad, Arda es un país de economía heterogénea, pero con importantes intervenciones estatales, gran diversidad cultural, muy poca criminalidad y bajísimo flujo de migración. La frase que recibe al viajero, y que todo niño puede repetir en inglés, francés, español y chino, les llena de orgullo: “Esto es Arda. No es Europa, pero tampoco es América”.

TBC…

EL SEGUNDO REGRESO DEL REY 1

LA CORONACION

Aragorn se miró una vez más al espejo. Sabía que fuera esperaban los dignatarios de Gondor, los soldados sobrevivientes a la batalla de la Puerta Negra, los embajadores y representantes de reinos de hombres y enanos, incluso le esperaban sus compañeros de la Comunidad del Anillo, pero decidió que esperasen un poco más.

“Después de todo, la mayoría de ellos espera al Rey de los Hombres” no pudo evitar cierta tristeza en su mirada “para muchos esto no es más que un cambio político. Elessar I ha recuperado el trono de sus ancestros y habrá que tejer nuevas alianzas en la Corte…”

Sus pensamientos se basaban en los días pasados desde la caída de Saurón. Mientras estuvo en peligro la Tierra Media todos se concentraron en la Guerra, pero en cuanto Frodo y Sam llegaron a las Casas de Curación desde el Monte del Destino, comprendieron que la restauración de la dinastía era cuestión de tiempo. Las voces se tornaron empalagosas, las sonrisas falsas. En cuanto Faramir estuvo recuperado empezó a colaborar con él, también Lególas y Gimli tenían experiencia en ordenamientos y gobierno, pero pronto le abandonarían. No pudo contener la melancolía.

“Salir a esta coronación es empezar a quedarme solo”

Tocaron a la puerta, los golpes fueron suaves y breves, pero le sobresaltaron, aún quedaba mucho del montarás en él.

–Adelante

–Perdón Majestad, pero el señor Frodo me pidió que le informara que ya todos están listos y le esperan, si usted me entiende.

–Para ti sigo siendo Trancos, Sam, el mismo Trancos que fumaba en penumbras dentro del Poney Pisador.

–Oh señor, ha pasado tanto tiempo desde entonces. Ya no somos los mismos, pero supongo que todo ha sido para bien.

–Tienes razón Sam, debemos creer que todo ha sido para bien. Un momento, sólo necesito tomar aire antes de zambullirme en esa ceremonia.

Volvió a mirarse brevemente, le pareció ver a un hombre enmascarado de felicidad. Se encogió de hombros.

–Adelante.

Y salió de la mano del jardinero Samsagaz Gamyi hacia su destino. Caminaron juntos hasta la entrada de la gran explanada en el primer nivel, donde Sam soltó su mano y se escurrió para mezclarse con la multitud.

Aragorn siguió caminando lentamente hasta un círculo sagrado marcado en el centro de la plaza. Desde la Puerta se adelantaron entonces Faramir y Húrin de las Llaves, y sólo ellos, aunque cuatro hombres iban detrás luciendo el yelmo de cimera alta y la armadura de la ciudadela, y transportaban un gran cofre de lehethron negro con guarniciones de plata.

El cofre es grande, pero no parece pesar. Ligero como los cadáveres de los niños muertos en la batalla de Cuernavilla. ¡Tan pocos inviernos vistos! Murieron los hombres de Rohan, y los de Gondor, murieron al fin los hombres de la Montaña, que te esperaban desde los tiempos de Isildur.

Estás ahí, en el centro del círculo sagrado: esperas la culminación de tu destino, pero no logro verte como un Rey. Ahora se que mis años de vida y guerra en el Reino del Bosque fueron años de espera.

Te esperaba.

Al encontrarse con Aragorn en el centro del círculo, Faramir se arrodilló ante él y dijo:

—El último Senescal de Góndor solicita licencia para renunciar a su mandato. —Y le tendió una vara blanca; pero Aragorn tomó la vara y se la devolvió, diciendo:

—Tu mandato no ha terminado, y tuyo será y de tus herederos mientras mi estirpe no se haya extinguido. ¡Cumple ahora tus obligaciones!

Entonces Faramir se levantó y habló con voz clara:

—¡Hombres de Góndor, escuchad ahora al Senescal del Reino! He aquí que alguien ha venido por fin a reivindicar derechos de realeza. Ved aquí a Aragorn hijo de Arathorn, jefe de los Dúnedain de Arnor, Capitán del Ejército del Oeste, portador de la Estrella del Norte, el que empuña la Espada que fue forjada de nuevo, aquel cuyas manos traen la curación, Piedra de Elfo, Elessar de la estirpe de Valandil hijo de Isildur, hijo de Elendil de Númenor. ¿Lo queréis por Rey y deseáis que entre en la ciudad y habite entre vosotros?

Y el Ejército todo y el pueblo entero gritaron “Sí” con una sola voz.

¿Cómo negarse a tu mandato, a tu fuerza en el combate, a tu belleza? ¿Cómo pude callar mi admiración tanto tiempo?

Durante treinta años te vi entrar y salir de mi bosque, en ocasiones te acompañé. La mayoría de las veces te dábamos hospitalidad. Siempre llegabas cansado y sucio, pero al siguiente amanecer estabas fresco: la sangre élfica se imponía en ti. Charlábamos mucho, mucho… Caminábamos por los senderos que había inventado para proteger mi soledad.

Nunca te dije que eran sendas para dos.

—Hombres de Góndor, –continuó Faramir– los sabios versados en las tradiciones dicen que la costumbre de antaño era que el Rey recibiese la corona de manos de su padre, antes que él muriera; y si esto no era posible, él mismo iba a buscarla a la tumba del padre; no obstante, puesto que en este caso el ceremonial ha de ser diferente, e invocando mi autoridad de Senescal, he traído hoy aquí de Rath Diñen la corona de Earnur, el último Rey, que vivió en la época de nuestros antepasados remotos.

Entonces los guardias se adelantaron, y Faramir abrió el cofre, y levantó una corona antigua. Tenía la forma de los yelmos de los Guardias de la Ciudadela, pero era más espléndida y enteramente blanca, y las alas laterales de perlas y de plata imitaban las alas de un ave marina, pues aquél era el emblema de los Reyes venidos de los Mares; y tenía engarzadas siete gemas de diamante, y alta en el centro brillaba una sola gema cuya luz se alzaba como una llama.

La llama de tus ojos se me rebeló con mayor fuerza al llegar a Rivendel para el Concilio. La noche anterior te vi esquivo con Arwen, y me asusté. Acostumbrado a la idea de que no merecías menos que a Estrella de la Tarde, la posibilidad de que otra persona la alejase de tu corazón me parecía remota.

Esa noche me pediste caminar por los alrededores de la cascada. Intuí que ese camino era solo para dos, pero nada me preparó para tus palabras.

–¿Te parezco viejo Legolas?

Tuve que guardar silencio unos minutos, tales eran mi asombro y mi ignorancia.

–No lo sé. Conozco muy poco a los humanos para juzgar. Tu pelo tiene hilos de plata, pero tu rostro se mantiene firme… ¿Cuántos años tiene ese hombre de Gondor, Boromir?

–Unos cuarenta, supongo.

–Cuando te conocí lucías un poco más joven que él. Desde entonces han surgido esos mechones canosos, y tus ojos... no son solo perspicaces, también hay en ellos algo severo. ¿Qué edad tienes en realidad?

–Ochenta y siete.

No pude evitar sonreír. –A esa edad no me dejaban salir del Palacio solo… Y tú haz llegado hasta Harad, en verdad los hombres son distintos.

–Legolas, siento que el último camino está ante mí y temo recorrerlo en soledad. Si llego solo a esa meta ya nunca más estaré acompañado.

Aragorn tomó la corona en sus manos, y levantándola en alto, dijo:

—Et Earello Endorenna utúlien. Sinome maruvan ar Híldinyar tenn'Ambarmetta!

Eran las palabras que había pronunciado Elendil al llegar a los Mares en alas del viento: «Del Gran Mar he llegado a la Tierra Media. Y ésta será mi morada, y la de mis descendientes, hasta el fin del mundo.»

No comprendí tus palabras hasta el día siguiente, cuando el Concilio rebeló el peligro del Anillo y tu filiación con la remota Númenor.

Estaba prisionero entre mi calidad de Príncipe y la de mensajero. Mi padre hubiese preferido que Halladad asistiera, pero mi hermano mayor estaba demasiado ocupado en mantener a raya a las cristuras de Suaron. Se suponía que mi cometido era buscar consejo, pero… A ti te seguiría hasta Mordor, hasta el fin del mundo.

Entonces, ante el asombro de casi todos, en lugar de ponerse la corona en la cabeza, Aragorn se la devolvió a Faramir, diciendo:

—Gracias a los esfuerzos y al valor de muchos entraré ahora en posesión de mi heredad. En prueba de gratitud quisiera que fuese el Portador del Anillo quien me trajera la corona, y Mithrandir quien me la pusiera, si lo desea: porque él ha sido el alma de todo cuanto hemos realizado, y esta victoria es en verdad su victoria.

Entonces Frodo se adelantó y tomó la corona de manos de Faramir y se la llevó a Gandalf; y Aragorn se arrodilló en el suelo y Gandalf le puso en la cabeza la Corona Blanca, y dijo:

— ¡En este instante se inician los días del Rey, y ojalá sean venturosos mientras perduren los tronos de los Valar!

Eres Rey amigo Aragorn, haz llegado a tu meta. Estuve a tu lado en ese último camino, ¿significa que no viajaré a Valinor junto a mi padre? Valinor no me parece tan deseable al contemplar tu rostro.

En Cuernavilla dijiste “Me quedaré con ellos”, tuve que meditar para poder decir “Y yo contigo”.

La noche antes de partir hacia El Sagrario te acercaste despacio y tomaste mi mano. Allí estuvimos hasta el amanecer, de pie y tomados de la mano, contemplando los fuegos de tu ciudad que pedía ayuda. Traté de no pensar.

Ante la entrada del Paso de la Montaña, buscando al Ejército de los Muertos, Gimli, acostumbrado a los profundos aposentos de Erebor, dudó. Yo no tardé en entrar: solo quería seguirte.

Marchamos hacia la Puerta Negra como antes Gil–Galad e Isildur. En las noches intenté pedir consejo a las estrellas, pero jamás me dejaste solo. Finjimos chequear las guardias una y otra vez. Era un silencio lleno de culpa el nuestro, un silencio donde surgían las siluetas de Elrond, Arwen, Eowyn, Thranduil.

La última noche me obligaste a detener el paso, caíste de rodillas, sostenías mi mano para que no huyera. No deseaba tus palabras, la certeza me impediría escapar.

–No es a ella a quien amo, pero seré Rey y me debo al honor.

Y cuando Aragorn volvió a levantarse, todos lo contemplaron en profundo silencio, porque era como si se revelara ante ellos por primera vez. Alto como los Reyes de los Mares de la antigüedad, se alzaba por encima de todos los de alrededor; entrado en años parecía, y al mismo tiempo en la flor de la virilidad; y la frente era asiento de sabiduría, y las manos fuertes tenían el poder de curar; y estaba envuelto en una luz. Entonces Faramir gritó:

—¡He aquí el Rey!

Y de pronto sonaron al unísono todas las trompetas; y el Rey Elessar avanzó hasta la barrera, y Húrin de las Llaves la levantó; y en medio de la música de las arpas y las violas y las flautas y el canto de las voces claras, el Rey atravesó las calles cubiertas de flores, y llegó a la ciudadela y entró; y el estandarte del Árbol y las Estrellas fue desplegado en la torre más alta, y así comenzó el reinado del Rey Elessar, que inspiró tantas canciones.

TBC...

DE LEYES Y VENGANZAS 1

UN FANTASMA DEL PASADO

Ante la puerta del penal había un movimiento inusitado. Azkaban era considerada la cárcel de mayor seguridad en Gran Bretaña, a sus celdas solo iban a parar los más violentos y los más escurridizos, por la misma razón, casi nunca salían para contar cómo era, y menos a los periodistas. Pero esa tarde de junio sería diferente: los reporteros de casi todo el mundo estaban ahí para transmitir, en vivo, la caminata hacia la libertad de Sirius Black, el primer británico en salir vivo y exculpado de Azkaban en cincuenta años.

Black, encerrado diez años atrás por el supuesto asesinato de catorce personas, había retado al gobierno desde el primer día, afirmando su inocencia. Nueve años y dos semanas después ganaba su caso y una indemnización de diez millones de euros. Ahora los reporteros esperaban ansiosos, deseosos de que el apuesto ex-carcelerio les concediera unas palabras antes de abordar al auto donde le esperaba Remus Lupin, su abogado.

-¡Ahí viene! -gritó una chica de la CNN golpeando a su camarógrafo.

Los lentes giraron hacia la callecita. En efecto, caminando con natural elegancia venía un hombre de unos treinta años, con cabello negro hasta los hombros y ojos azul cobalto, debía medir un metro ochenta y su espalda parecía poderosa bajo el modesto traje negro. En cuanto estuvo al alcance de la voz, los corresponsales empezaron a vociferar sus preguntas, a cual más alto que el de al lado. Black los ignoró hasta que estuvo cerca del auto, entonces giró y les hizo callar con un gesto imperioso.

-Muchas gracias a todos por estar aquí esta tarde, pero no deseo responder a sus preguntas, algunas -y clavó los ojos en la chica de la CNN- han sido muy indiscretas. Mi declaración será breve, pero no será la última. -el hombre se detuvo un momento, y los camarógrafos aprovecharon para enfocar su rostro en close-up- He demostrado, en el juicio, que deseo regirme por las leyes de mi nación, aunque estas leyes sean imperfectas. De ahora en adelante debo rehacer mi vida, recuperar estos casi diez años. Me he trazado un plan, que por ahora mantendré en privado, pero espero que todo esté en orden para septiembre. -Black miró a las cámaras fijamente, como si deseara transmitir un mensaje a cierta persona especial- Voy a recuperar a mi familia.

Y sin una palabra más entró al auto y se perdió en la carretera que llevaba a Londres.

Las declaraciones y los comentarios acerca del polémico caso fueron noticia en todos los noticieros vespertinos de Occidente y los matutinos del Lejano Oriente; en el Medio Oriente se intercaló con las noticias de los coches bombas, y luego la noticia fue retransmitida una y otra vez, de modo que pronto todo el mundo con TV, periódico, radio o internet, supo que el dúo Black-Lupin iba a desatar otro juicio, esta vez por el acceso de Sirius a los restos de su familia. Los reporteros explicaban que, entre las sanciones que le impusieran, estaba la restricción de acercamiento a los menores de edad que hubiesen tenido contacto con él o sus supuestas víctimas. Pero, ¿dónde estaban ahora esos niños?, ¿le interesaba pelear por todos? Dos incógnitas, más que suficiente para que los cronistas desempolvaran toneladas de archivos.

Mientras, en una casita de Little Surrey, al oeste de Londres, una familia desayunaba con el noticiario de la mañana encendido. Los Dursley eran una familia muy normal, compuesta por Bernon, un hombre grueso y rubio, de ojillos pequeños, Petunia, de cabellera roja, largo cuello, cara caballuna y grandes ojos verdes, su hijo Dudley, gordo rubio y ojiverde por herencia y... su sobrino, un chiquillo escuálido, de revuelta cabellera negra y brillantes ojos verdes -como Petunia- llamado Harry Potter. Los dos chicos tenían once años y recién comenzaban sus vacaciones de sexto grado. Los Dursley -papá, mamá y nené- miraban la TV, mientras Harry servía el desayuno. Eso era lo usual, ya que Petunia y Bernon opinaban que su sobrino debía colaborar en las laboras hogareñas, en agradecimiento a que lo habían acogido tras la muerte de sus padres en un choque de autos, cuando él tenía un año.

Justo cuando el chico pasaba los huevos con jamón de la sartén al plato, comenzaron a transmitir el reportaje sobre Black. Harry no miró la pantalla, en general no le interesaba la TV, pero escuchó claramente el comentario de su tío.

-Si aún tuviéramos la horca, ese tipo no habría salido ahora, ¡y con una compensación!

Le extrañó que Bernon se alterara tanto, pero supuso que era por la envidia que le daban los millones. Empezó a caminar hacia la mesa y, la pantalla calló en su campo visual, se quedó estático, porque el hombre estaba mirándole a él, y las palabras cayeron como golpes: “...espero que todo esté en orden para septiembre. Voy a recuperar a mi familia.”

Harry se quedó con los labios entreabiertos y los ojos clavados en la pantalla. ¡¿Estaba vivo?! Un ruido le hizo mirar hacia abajo, a sus pies estaban los huevos con jamón, revueltos con los restos del plato. Levantó la vista para enfrentarse a su frenético tío, su cara roja y la vena que latía en la frente no eran alentadoras.

-¡Chiquillo maldito!

Harry se quedó quieto, esperando la andanada. Luego, en algún momento -¿horas o minutos después?-, su tío se cansó de golpearlo y lo empujó al hueco bajo las escaleras, su habitación. El niño no dijo nada durante el castigo, porque era la confirmación que deseaba. Su tío estaba molesto por algo más que el plato roto, estaba molesto por la excarcelación de Sirius Black.

Cuando los pasos apresurados y el ruido de la puerta le confirmaron que estaba solo se giró sobre la cama y metió la mano entre las tablas de la pared. Sus dedos delgados y mañosos extrajeron una vieja fotografía, la única posesión de valor que Harry tenía en el mundo. El niño dejó la foto sobre su catre y se sacó la camisa despacio, para chequear sus heridas. Tras comprobar que nada era demasiado grave -solo algunos moretones en el hombro, un corte sobre el ombligo y el labio partido- se puso a estudiar con cuidado el retrato.

En el papel estaban detenidas cinco personas: un hombre de revuelta cabellera negra y ojos color avellana, con gafas; una mujer pelirroja de brillantes ojos verdes; un joven delgado, de cabello castaño y ojos color miel; y otro de pelo negro, pero lacio y largo hasta los hombros, con iris azul cobalto. Todos miraban a la cámara muy felices y señalaban a un bebé pequeñito, casi invisible entre las mantas y los brazos de la chica. Harry había robado la foto de unos álbumes que su tía estaba quemando, cuando tenía apenas seis años. Fue un gesto providencial, pues así había conocido a sus padres. Sabía que eran sus padres porque en reverso estaba escrito: “Nuestro Harry, siete días. 1985”.

El chico sabía que el hombre de ojos color miel estaba vivo, le veía al menos dos veces al día, en la escuela, pero nunca se hablaban. El verse de lejos y sonreír era suficiente, era el secreto de Harry. Por otro lado, siempre creyó que el tipo de ojos azules -¿Sirius Black habían dicho?- estaba muerto, que tal vez iba en el auto con sus padres. Pero ahora Black salía de la cárcel, con diez millones de euros en el bolsillo y le hablaba por la TV. ¿Sería real?

Harry suspiró y deseó intensamente poder hablar con Ron y Hermione, sus amigos, pero ahora estaba encerrado bajo llave. Tal vez, si en la mañana le mandaban a hacer las compras, pudiera ir hasta un teléfono público. Esa idea le dio ánimos y repitió bajito el código que Hermione le obsequiara tres semanas atrás.

-¡Y este es nuestro regalo de fin de curso! -dijo la chica de revueltos rizos castaños extendiendo un sobre a su amigo.

A su lado, Ron le miraba expectante. Harry rasgó el sobre y sacó una tarjetica con largas instrucciones escritas en letra pequeñísima. Los miró sin entender.

-Es una tarjeta telefónica pre-pagada -explicó su amigo pelirrojo- Fue idea de Mione, y la pagamos entre los dos. Como tus tíos no te dejan hablar por teléfono puedes ir al centro comercial y usarla para hablarnos durante el verano.
-Si -continuó ella- Ahora tú te aprendes el código y nosotros la guardamos, no sea que ellos te la encuentren. Cuando se esté acabando la volveremos a recargar.
El chico los miró incrédulo, ¿ellos deseaban tanto mantener el contacto?
-¿Y cuando empiecen las clases? -indagó temeroso.
Imaginaba que sus amigos ya no quisieran saber de él en septiembre, pues ambos irían a una secundaria privada, en el centro de Londres, igual que su primo Dudley, pero a él sus tíos jamás le pagarían algo así, por lo que Harry continuaría estudios en una secundaria pública, no muy lejos de la casa.

-¿Se lo decimos Ron? -preguntó Mione pícara y el chico asintió vigorosamente. -Pues, en septiembre... ¡Mis padres me regalarán un celular! -la castaña saltaba- Nos podrás llamar en la hora del almuerzo y podremos planear encuentros para mantener nuestro círculo de estudios.
-Pero Hermione... ¡Harry no necesita estudiar más! No temas compañero, puedes llamarnos para salir al cine, igual aceptaremos.
-Yo...

El ojiverde no estaba muy seguro de qué decir. En su vida solo dos personas le habían demostrado afecto, y eran esos dos amigos que, creyó, le dejarían atrás ahora que la primaria terminaba. Hermione pareció entender lo que le atascaba la lengua porque lo abrazó suavemente.

-¿Creíste que te dejaríamos Harry? Somos el Trío Dorado, ¿recuerdas? Inseparables.

Harry asintió y dejó que las lágrimas corrieran libremente, Ron se unió al abrazo y estuvieron muy quietos hasta que un claxon les sacó de la intimidad.

-¡Ya voy Remus! -gritó Ron, quien tomó su mochila y corrió hacia el auto detenido en la entrada de la escuela.

Harry y Hermione se quedaron mirando y, por primera vez en seis años, el chico se atrevió a saludar con un gesto al circunspecto chofer de los Weasley, el hombre de ojos y pelo color miel. Remus sonrió un poco más y devolvió el gesto.

En la penumbra de la habitación bajo la escalera, Harry sonrió y habló bajito, pero seguro.

-Ya se los nombres de toda mi familia -deslizó un dedo por la superficie de su foto- James, Lily, Remus y Sirius. ¿Saben papá y mamá? Sirius no está muerto, y va a venir a buscarme. Me lo dijo, será en septiembre, solo faltan tres meses. Deja que Ron y Mione lo sepan.

TBC...

26 de enero de 2007

SECRETOS DE FAMILIA 2

CUANDO Y COMO

El pasillo era color verde manzana, estaba un poco iluminado y olía a limpio. Tomas se esforzó por contener los latidos desbocados de su corazón, aunque nadie pudiera oírlo, le parecía francamente vergonzoso perder el control de semejante manera. Vamos, había hecho cosas peores que mirar en un pensadero ajeno, pero nunca se lo había hecho a sus padres. No pudo seguir pensando en la ética, una figura se acercaba por la galería.

A pesar de la penumbra reconoció los brillantes ojos verdes y la revuelta cabellera negra. No era de extrañar que fuera él, al fin y al cabo era su recuerdo ¿no? Pasó a su lado con paso elástico, el que usaba para enmascarar el cansancio cuando sus reservas estaban casi agotadas. Lo siguió. Caminaron por galerías verdes y limpias por largo rato, Tomas estaba desorientado, pero Potter parecía muy seguro de su camino. Durante la persecución, el chico no dejó de reparar en el duro contraste que generaba aquel hombre, su túnica resumando sangre –¿ajena o propia?–, sus zapatos enfangados, todo el oliendo a polvo, sudor y dolor, con los asépticos pasillos de San Mungo.

A cada rato se cruzaban con medimagos y enfermeras, heridos en camillas y personas que esperaban noticias de sus seres queridos. Sin embargo, Potter no se detenía, su mirada imperiosa y decidida era suficiente para que admiradores y subordinados se guardaran las felicitaciones y agradecimientos. Por los comentarios que captaba, dedujo que hacia unas doce horas que Voldemort había muerto. La batalla había sido cruenta, pues los mortifagos desplegaron a partir de ese momento el valor de la desesperación. Potter no estaba herido, “un ángel le cuida las espaldas” susurró un viejo auror tras su paso, y el chico sonrió orgulloso. Al fin llegaron hasta una galería desierta, en lo más profundo del edificio. Varios aurores montaban guardia, a mitad de la misma, ante una puerta de color azul, un hombre de cabellos castaños muy cortos fumaba y lanzaba miradas inquietas a los lados.

–Aquí no se fuma, Pravus. –fue el saludo de Harry.

El hombre soltó el pitillo como si le quemara y levantó unos ojos negros y asustados hacia el otro. De cerca, a Tomas le pereció que tenía unos 21 años y poca paciencia.

–Al fin llegas jefe. Fred estaba preocupado por ti.
–Si, bueno, debía asegurarme de que todos estuviera en orden en el campo. –su tono se tornó inquieto– ¿Y Remus?
–Lo hirieron durante la pelea en la Malfoy Manor, Fred lo mandó a descansar.
Potter asintió despacio.
–¿Entonces Fred está a cargo?
–Si jefe, pero ha ido al baño, yo vigilo la puerta mientras él vuelve.

Pareció que diría algo más, pero un grito se filtró desde la puerta. Tomas dio un respingo, sabía que todas las habitaciones de San Mungo estaban insonorizadas. ¿Qué clase de grito podría llegar hasta ellos? Notó que su padre estaba apretaba los puños de manera especial, pero su rostro era una máscara impenetrable. Pravus rió.

–Si que la está pasando dura ese bastardo ¿no? Lo encontramos encadenado en una de su propias mazmorras, casi irreconocible, sangre por todos lados jefe, de veras. Parece que el Lord se divirtió con él antes de ir a pelear y...

El puño de Potter se clavó en la pared a escasos centímetros de su sien, Pravus calló, presa del miedo cerval que provocaban aquellos ojos inyectados de sangre. Tomas jadeó. ¿Por qué los otros aurores ni intervenían? Pravus estaba muy cerca de la muerte, muy cerca. Harry acercó su rostro peligrosamente, sus palabras fueron apenas audibles para el desconocido testigo.

–O te callas, o Fred se queda sin teniente ¿de acuerdo? –el otro asintió, tembloroso.

Harry mantuvo el contacto visual y le dejó ver un poco de horror en sus pupilas... Tomas conocía el método, aunque su padre solo le mostraba bellos recuerdos de los sitios que visitaba por su trabajo. Por suerte, una mano grande se posó en el hombro de Potter y lo hizo girar. Pravus no desperdició la ocasión y salió corriendo pasillo abajo. El otro lo miró y suspiro brevemente, se enfrentó al responsable de la escapada.

–Al fin llegas, Fred, pero me has quitado la diversión.
–No es divertido torturar aurores tan flojos Harry.
–Es divertido cortar lenguas. – y cambió de tema bruscamente– ¿Cómo fue todo?
–Todo como lo planeamos excepto...
–Ya Pravus me contó –cortó Harry, pero Tomas notó que lo hacía para ahorrar al tío Fred la incomodidad.
–Lo trajimos a toda velocidad, tiene bastante fiebre, delira, los medimagos dicen que está vivo por tozudo.

El hombre asintió y se dedicó a mover los pies, nervioso. Tomas también conocía ese gesto, así estaba cuando esperaba que el Sombrero Seleccionador decidía a qué casa enviarlo. Deseó abrazarlo, decirle que todo saldría bien, pero era inútil, por supuesto. Era imprescindible que su padre sufriera, apretara los puños y moviera los pies, maldijera una y mil veces a Voldemort y todos sus antepasados. Fred lo miraba en silencio, con expresión solidaria y agotada. Pasaron así varios minutos, Potter en confusas murmuraciones, Fred en fraterno silencio. Tomas se impacientaba ya, pero la puerta se abrió y un agotado medimago se dirigió a ellos. El hombre tenía círculos negros bajo los ojos y la varita le pendía de una mano laxa, casi muerta, ni siquiera había desvanecido la sangre que la manchaba la túnica. Pareció reaccionar a medias al reconocer al ojiverde.

–¿Señor Potter? –su intento por cuadrarse falló.
–Deje los formalismos –respondió Harry con un gesto, él también falló en ocultar su ansiedad– ¿Cómo está?

El mago habló despacio y con seguridad. Tomas tuvo la impresión de que ese sanador –cuarenta años, pelo ya gris y ojos empañados de sueño– leía muy bien en el corazón de su padre y, por eso mismo, no se molestaba en que le miraran mientras hablaba.

–Estable, y eso es un logro, considerando cómo lo trajeron. Tenía varias costillas rotas; los músculos de brazos y espalda dañados por permanecer esposado a la pared; deshidratación severa, por lo menos lleva tres días sin agua; numerosas heridas superficiales, de latigazos y garras, por las que perdió sangre y ganó infecciones. Lo peor es el agotamiento general, orgánico y mágico. Supongo que pugnó por mantenerse conciente mientras lo torturaban y luego uso conjuros sencillos para retrasar el daño, confiando en vuestra ayuda, pero ustedes –y no crea que lo culpo– se demoraron bastante en dar con Malfoy. Ya le dije al señor Weasley que está vivo de pura tozudez.

Harry asintió, sus ojos vagaron por las paredes a su alrededor, como buscando algo. Tomas lo miraba asombrado. ¡Se suponía que el controlado era Draco! Su estómago estaba a punto de colapsar ante tal lista de heridas y él... El medimago mantuvo sus ojos clavados en el hombre, al cabo, Potter levantó los ojos y suspiró audiblemente.

–Ahora dígame lo peor.
El chico tragó en seco. ¿Lo peor? El medimago tomó aire y continuó, pero esta vez evitaba de manera manifiesta cruzar miradas con el otro.
–Lo violaron, repetidas veces, sus genitales y su ano están destrozados. Hemos aislado semen de, por lo menos, cinco personas, el último ataque fue hace cuatro días.
–Cuatro días... –repitió su padre– estuvieron con él hasta que la batalla se puso dura de veras. Eso significa que eran de la plana mayor. –el rojo de sus ojos se acentuó– Pero no habrá daños permanentes ¿verdad?
–Bueno... Si y no –parecía temeroso de la reacción que iba a provocar– En cuanto a las lesiones, creemos que se recuperará. Es un hombre joven y sano, su magia es débil ahora, pero en cuanto descanse volverá a protegerle. Del daño psicológico es más difícil hablar, solo el tiempo dirá. Debe recibir mucho apoyo ahora, señor Potter, mucho. Usted debe recordar que estuvo indefenso y solo, su autoestima ha sufrido grandes golpes en estas semanas. Para el señor Malfoy, es imprescindible el apoyo incondicional de ustedes de ahora en lo adelante.
–¡Pero deje ya de dorarme la píldora, hombre! –estalló el otro– ¿Se cree que soy una bestia? Jamás le recordaré a Malfoy lo de esta semana, si él quiere olvidar, por mi perfecto. ¡Perfecto para todos! ¿Verdad Fred? –el pelirrojo asintió enérgicamente– Si usted cree que es mejor, le aplico obliviate a cada mago y bruja involucrado en el asunto.
–No bastará con eso señor Potter, trato de decirle que... –el hombre tomó aire, no parecía saber qué palabras usar– Como estábamos advertidos de que Malfoy llegaría en muy malas condiciones, aplicamos antes que todo un hechizo de diagnóstico general, para evitar agravar alguna herida mágica durante las curas primarias. Se le reveló un complicado encantamiento en el bajo vientre, eso es lo que ha hecho descender sus niveles de magia hasta el punto de colapso: protege un feto de casi tres semanas. Malfoy está vivo por eso: por tozudo y porque está embarazado.

Las luces perdieron intensidad bruscamente, Potter retrocedió como golpeado por una fuerza terrible. Trastavilló hasta que su espalda se apoyó en la pared y empezó a caer a lo largo de la misma. El control que demostrara hasta el momento se evaporó por ensalmo. Para Tomas era imposible ahora escuchar a los otros dos hombres: estaba forzado a percibir el entorno como su padre y este tenía los ojos nublados, el cuerpo recorrido por violentos espasmos. Volteó hacia el medimago y Fred Weasley, cuyos movimientos ralentizados denotaban preocupación, Fred se inclinó ante Harry y le sacudió levemente. Al no obtener respuesta, apuntó la varita a su sien.

¡No! Si le aplicaba un desmanius él sería expulsado del pensadero. Maldijo de nuevo su imposibilidad de interactuar dentro de esta visión. Por suerte, la varita cerca de su rostro hizo reaccionar al hombre. Las luces volvieron a su grado normal y las personas a moverse usualmente. Las verdes pupilas se aclararon con visible esfuerzo.

–Estoy bien. –afirmó, pero Fred le miró desconfiado– ¡Te digo que estoy bien! –le apartó para ponerse en pie y se enfrentó al medimago, su tono fue amenazante– Ni una palabra de esto a nadie. ¿Entiende? Advierta a su personal que no habrá visitas a esta galería, no se emitirán informes para la dirección del hospital, nadie enviará cartas a parientes, ni escribirá en sus diarios hasta que el Ministerio decida cómo manejar el estado del señor Malfoy. Puede informarles, también, que me encargaré personalmente de desgraciar la vida del infeliz que deje filtrar algo y sabrán cómo logré matar a Lord Voldemort. –el hombre solo atinó a mover la cabeza en gesto de aceptación, demasiado intimidado por los violentos cambios de Potter como para argumentar– Perfecto. –se dirigió al pelirrojo– Vamos Fred.

Los hombres echaron a andar pasillo abajo, dejando al pasmado sanador con una clara expresión de asombro. Harry aún le soltó una advertencia por encima del hombro.

–Y procure que el bebé sobreviva.

Continuará...

SECRETOS DE FAMILIA 1

RAZONES

1


Como cada mañana, Tomas despertó con el sonido de su padre en las escaleras. Los pasos tenían una separación regular porque su padre estaba calmado, no había ninguna reunión inesperada, ni llamadas desde el ministerio. Los escalones crujían suavemente, como si cantaran. Tomas se movió un poco y pensó que lo único que realmente extrañaba del hogar eran esos pasos marcando el comienzo de su día.

En su escuela la comida era mejor, más variada y rápida. Estaba seguro de la hora para acostarse y la de despertar. Podía hacerse una idea de lo que ocurriría al día siguiente. Ninguna de esas cosas era posible en su hogar, cálido, pero desbordante de parientes, funcionarios, visitantes y objetos de origen desconocido que no se pueden tocar, aunque estén en medio de la mesa del comedor. En casa de Tomas, o al menos para él, lo único seguro era que su padre haría crujir los escalones al subir a despertarlo.

La puerta se abrió sin ruido y una revuelta cabellera negra apareció en la habitación. Tomas se quedó quieto, simulando un sueño ligero. Deseaba sentirle cerca, que le tocara el hombro o la cabeza para desperezarlo. Era solo una representación, ambos lo sabían, pero jugaban ese juego desde hacía años. Era un buen indicador acerca del humor con que había amanecido y la agenda que le esperaba.

–¿Estás despierto? –dio un par de pasos hasta el lecho y fijó sus brillantes ojos verdes en las cobijas revueltas, suspiró–. Sé que estás despierto. Anda, levántate mi niño, el desayuno está casi listo.

Como si de una señal se tratara, Tomas se sentó en el lecho, su padre le dio un beso leve y empezó a vestirlo. El chico se dejaba poner las ropas mientras escudriñaba el rostro paterno.

–No dormiste mucho ¿verdad? –levantó un brazo para pasar la camiseta.
–No, me faltaban tres informes por leer. –alcanzó la faja y se la empezó a ajustar.
–¿Tu secretaria no debió darle prisa a los de cada departamento? –expulsó el aire para que las cintas alcanzaran la medida justa.
–Los informes se remitieron desde diversos países –fue hasta el armario y tomó un conjunto de camisa y pantalón azul marino–, mi secretaria no podía meterles prisa.
–Pues es una lástima –se apoyó en los codos para poder alzar las caderas–, ahora mi papá tiene ojeras el día de su cumpleaños.
–Eso se arregla con un poco de glamour –le cerró el pantalón con un giro de muñecas–, lo que me fastidia es tener que pasar el día rodeado de gente.
–Entiendo –el chico se abotonó la camisa mientras el hombre le ponía las medias–, pero no me parece que hagas demasiado por cambiarlo.
Su padre lo miró sorprendido por tal agudeza, meditó su respuesta un poco.
–Supongo que no quiero herirlos, la mayoría de los que vienen se sienten en deuda, creen que les salvé la vida y todas esas cosas. –rehuyó la mirada del chico para anudar los cordones de sus zapatos.
Tomas se estiró hasta la silla al lado de su cama y tomó la túnica negra que usaba para estar en casa. En cuanto se la hubo puesto su padre le arregló un poco su negra y lacia cabellera.
–¿Listo para el desayuno? –Tomas asintió, el hombre lo alzó y transportó a la silla de ruedas que hacía guardia junto a la cama, luego avanzó hasta la puerta y la mantuvo abierta para que el chico pasara.

Salieron al segundo descanso de unas largas escaleras. Desde allí se podía sentir la carrera de varias personas desde el piso superior a por la comida, el repiquetear del fuego y el choque de los cuchillos en la cocina, un nivel más abajo. Tomas y su padre se miraron, gris pálido frente a verde esmeralda, sonrieron con complicidad y se acercaron a los escalones. Entonces el mayor sacó de su bolsillo una varita de madera, apuntó a la silla y susurró:

–Wuingardiun leviosa.

La silla, y Tomas con ella, se elevó varios centímetros en el aire, luego empezó a descender las escaleras, guiada por el hombre, hasta que llegaron al recibidor, el padre susurró entonces:

–Finite incantarem. –las ruedas volvieron a tocar el suelo.

Tomas manipuló su plataforma para acercarse a la cocina, se detuvo, volteó hacia su padre y lo miró con intensidad. El hombre estaba seguro de que deseaba preguntar algo y se agachó para quedar a su altura. Pero justo entonces un par de personas rubias e idénticas desembocaron por las escaleras con gritos y risas.

–¡El que llegue primero a la cocina tendrá doble chocolate!

El instante estaba roto, el chico hizo girar su sillita y llegó por amplio margen a la cocina delante de sus hermanos Joshua y Louis.

2

La cocina era cálida, estaba animada por el olor de la leche, el café, el chocolate, el pan y miles de cosas más. En la meseta, un hombre rubio, de pelo casi blanco, troceaba frutas con rapidez hipnotizante. No levantó la vista cuando Tomas entró, seguido de su padre y de los gemelos.

–Al fin aparecen –dijo por todo saludo. Hizo levitar varios tazones hasta la mesa ubicada en un lateral de la cocina.

Los gemelos intentaron tomar una rebanada de pan cuando la fuente les pasaba por el lado, pero una sola mirada de los fríos y grises ojos del cocinero les detuvo.

–Al menos hoy, compórtense. ¿Ya felicitaron a papá por su cumpleaños?

Joshua haló el pelo de su gemelo y le reprendió.

–¡Te dije que era hoy, tonto!
–¡Eso dolió! Tú dijiste que era ayer.
–¡No es cierto! Dije que era hoy, antes de dormirnos.
–Entonces fue ayer.
–No. Porque nos dormimos a las 12:30, o sea, hoy.
–Cállense los dos y feliciten a papá de una vez. –exigió Tomas ya fuera de sus casillas.

Se dirigió a su lugar en la mesa sin mirarles, pero sentía sobre su espalda el peso de la mirada de los dos adultos. Los gemelos suspendieron su falsa pelea, besaron al cumpleañero y tomaron asiento. El desayuno transcurrió con un silencio inusual, Joshua y Louis echaban miradas temerosas a su hermano y comían aprisa, los adultos repartían alimentos y conversaban con la mirada, Tomas trató de concentrarse en su chocolate y sus tostadas. Estaba un poco avergonzado por su exabrupto, pero concluyó que no venía nada mal un poco de silencio en la mesa.

Al cabo de media hora, los niños dejaron la cocina: los gemelos al jardín y Tomas a la biblioteca. Los padres quedaron solos, sus semblantes llenos de preocupación. El de pelo negro empezó a recoger los platos y con un suspiro los sumergió en el fregadero.

–Qué carácter ¿no? –comentó el rubio con falso desinterés en la voz.
–Si –admitió el otro.
–A veces me pregunto si, estando en la escuela…
–Imposible –le interrumpió el otro–, nos habrían avisado.
–¿Tu me vas a decir que todo lo que ocurre en la escuela lo saben los profesores? –el sarcasmo en su voz era evidente.
–Quiero creerlo. –hubo unos minutos de pesado silencio– También quiero que te acerques a Tomas, pronto va a preguntar por qué no lo tocas ni para el “buenos días”.
–Es… –el rubio se quedó dudando, en busca de un término que nunca llegó. Dejó caer la cabeza– Tengo miedo.
El de ojos verdes dejó la loza y volteó.
–¿¡Miedo!?
–Si Harry, miedo. Hasta hace poco podía controlarlo, pero desde que regresó de la escuela… ¡Es idéntico! Este curso solo sirvió para que aumentaran su parecido, de mi solo le quedan el color de los ojos y esa manera de levantar la ceja que tanto te gusta.
Harry se acercó al rubio y lo abrazó por atrás, el otro dejó caer la cabeza y la apoyó en el hombro.
–Draco –trató de razonar Harry–, tan solo es un chico de diez y seis años con mal humor matutino.
–Lo se. –dijo bajito el rubio.
–Sus reacciones y gustos son responsabilidad tuya y mía. Tú y yo somos sus padres –recalcó.
Draco solo asintió una vez más y le sonrió.
–No deseaba estropearte el cumpleaños, amor. –pero el ojiverde hizo un gesto para restarle importancia al asunto.
–Ustedes no pueden estropearme nada. ¡Fregado me tiene el Ministerio con esa maldita fiesta protocolar! –y fingió apartar algo muy terrible de si.
El rubio recuperó el aplomo ante su teatral gesto y se burló
–Claro, porque a ti te molestan todos esos carísimos regalos.
–Yo me gané mi regalo hace rato ¡tonto! Consiste en un dragón maravilloso, y tres hijos: un Raveclaw, un Slythering y un Gryffindor.
–De acuerdo, ahora vete a trabajar para poder alimentar a tus maravillosos y hambrientos hijos. ¡Es increíble cómo comen los adolescentes!

Harry le dio un beso leve en los labios y se fue a la chimenea del salón, tomó al paso una carpeta con diversos pergaminos y un puñado de polvos flu.

–¡Ministerio de Magia! –fue lo último que escuchó su esposo.

3

Tomas deshizo su hechizo espía, dejó caer los brazos y cerró los ojos. Las lágrimas corrieron libremente por su rostro, no hubo más sonido en la biblioteca que su trabajosa respiración. Diez minutos después se limpió los ojos y se irguió de nuevo. Empezó a buscar por la biblioteca la última clave del misterio que lo atormentaba desde hacía diez años.

Desde que entrara a la escuela primaria, Tomas descubrió que no era un niño normal. No se trataba de que sus padres fueran ambos hombres, ni de que uno fuera Ministro de Magia y el otro un aristócrata de interminable abolengo. Era él, era su cuerpo. Aunque en la familia nadie lo comentara, el espacio público era otra cosa. Los niños son sinceros y curiosos, en especial cuando ven por primera vez una silla de ruedas.

Cuando le preguntaron, él explicó lo que le habían contado: papá Draco había enfermado cuando estaba embarazado y las piernas de Tomas no se formaron bien. Pero una interminable cadena de porqués surgió ante sus ojos, porqués que ni siquiera hubiese imaginado. Intentó evacuar dudas con sus padres, pero salieron a colación temas extraños como guerra, tortura y embarazo de alto riesgo. Todo era tan chocante que prefirió guardarse aquellos datos y no dar más explicaciones en el aula. Eso no significaba, por supuesto, olvidar esas vagas definiciones, renunciar a profundizar por su cuenta en todo lo dicho, o borrar de sí las miradas de dolor que se le escapaban a su padre rubio mientras papá Harry le explicaba el asunto del hospital y las semanas de inconsciencia.

Con los años, Tomas reconstruyó poco a poco el violento escenario de su concepción y descubrió extrañas incoherencias en su historia, la historia que estaba escrita en libros y periódicos, la historia de la caída del Señor Oscuro.

Para empezar, si papá Harry estaba al mando de la Orden del Fénix y papá Draco infiltrado entre los mortifagos. ¿Cuándo se había embarazado su padre?

Luego, Draco había sido delatado en su papel de espía por la traidora Ginny Weasley, torturado y abandonado en las mazmorras de su propia mansión por varios días, hasta que un grupo de aurores al mando de Remus Lupin lo rescatara. ¿Cuántos embarazos resisten esos traumatismos?

Al ser llevado a San Mungo, Draco había sido estabilizado de manera más o menos rápida, pero no aceptó las visitas de Potter hasta una semana después, todos los intentos anteriores para verle fueron impedidos por un Malfoy histérico, que no dudo en lanzar objetos o atentar contra su vida.

Por último, los gemelos habían surgido de manera espontánea en el cuerpo de Potter, como un milagro de la magia. Los medimagos habían explicado que era lógico, teniendo en cuenta el gran poder de El Salvador y la sangre veela de los Malfoy. Entonces, ¿por qué Tomas había nacido de Draco?

Por supuesto, casi ninguno de esos datos era de dominio público, pero Tomas había sido paciente y jugado bien sus cartas. Como hijo del Ministro, eran pocas las puertas que se le cerraban, como heredero de una cuantiosa fortuna, podía invertir bastante en sus investigaciones y entrevistas. Apenas en enero, tras ocho años de pesquisas, la atroz verdad tomó forma ante sus ojos y le resultó tan clara que tuvo que reírse de sí mismo y de toda la comunidad mágica. Él: primogénito de Harry Potter “El chico que vivió” y Draco Malfoy “El más bello y rico del planeta”, heredero de una gran fortuna en bienes y oro, mejor expediente de Howgarts desde 1789, en resumen, el tullido Tomas Potter, era un bastardo.

Y no un bastardo común, sino el producto de una refinada venganza proyectada en el seno del movimiento mortifago contra sus padres. La idea surgía con tan solo un poco de psicología –pensaba con amargura mientras registraba los estantes de la biblioteca– con fijarse en la dificultad eterna del rubio para interactuar con él y su manía de mirarlo insistentemente, con el miedo agazapado en el fondo de los ojos. La conversación de la cocina, que espiara lleno de remordimientos y curiosidad, le había dejado claro, además, que ese hombre –¿su padre?– era poseedor de una personalidad arrolladora, de modo que tras diez y seis años Draco aún le temía a su imagen, aunque fuera, en realidad, la imagen de su hijo.

Pero a Tomas no le bastaba con eso, él deseaba saber su nombre, darle una forma al fantasma que visitaba su hogar a través suyo y destruirlo, arrancarlo de la memoria de sus padres, darse la oportunidad de ser distinto. Por eso ahora buscaba el pensadero de Potter, seguro de que los recuerdos relativos a su nacimiento le revelarían el secreto.

Halló la alta copa oculta tras unos libros falsos con la contraseña de siempre “Travesura realizada”. Puso el objeto en su mesa de estudios y respiró. No dudó un instante en meterse: hacía tiempo que no guardaba rencor a sus padres por haberle ocultado la información, tampoco mantenía reservas éticas en su búsqueda. Hasta donde sabía, el mecanismo le llevaría al recuerdo deseado si mantenía clara en su mente la fecha. De entrar sin guía, llegaría al peor recuerdo allí almacenado y no deseaba encontrarse con Voldemort, los tíos muggles de Harry o la muerte de Sirius. Confiando en sus fuerzas, se inclinó y dejó a sus ojos vagar en la siempre fluyente materia gris.


Continuará...