17 de junio de 2024

Felices juntos 01

San Diego, 2016. Mav, cásate con nosotros

-Mav -dice suavemente, como quien se acerca a un animal herido-, Mav, amor, esto es un malentendido. ¿Sí? Jake y yo no vamos a dejarte.

Maverick le responde con una risa amarga, incrédula.

-No digas tonterías, Bradley. Claro que me dejarán. Esta relación siempre tuvo fecha de caducidad. En cuatro semanas les darán sus nuevas asignaciones, en algún portaaviones al otro lado del mundo.

-Mucha gente tiene relaciones a distancia -riposta Jake.

--------------------------------------------

Fandom: Top Gun (Movies)

Relaciones: Bradley "Rooster" Bradshaw / Pete "Maverick" Mitchell / Jake "Hangman" Seresin

Personajes: Pete "Maverick" Mitchell, Jake "Hangman" Seresin, Bradley "Rooster" Bradshaw

Etiquetas Adicionales: Mpreg implícito, Relaciones Alfa/Beta/Omega 

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html

--------------------------------------------


 -¿Mav? -llama Bradley desde la puerta.

-¡Salgo en un momento! -responde Mitchell desde el interior de la casa.

Bradley asiente para si mismo y chequea la hora, tienen tiempo de sobra para llegar al restaurante. Se habría quedado allí si no fuera por el sonido de cristal roto y el “¡Diablos!” seguido por una inconfundible exclamación de dolor.

-¿¡Mav!?

Guiado por el sonido, Bradley corre hacia el baño adjunto a la habitación principal. En efecto, se encuentra a Maverick sentado en el inodoro, poniéndose una curita en el muslo mientras sostiene una jeringa desechable entre los labios. Delante suyo hay restos de un frasco de cristal que contenía un líquido de color azul oscuro. Enfrente, en la hermosa meseta de mármol del baño, hay una cajita con varios pomos llenos del mismo líquido azul del suelo y otros accesorios.

Bradley apenas lee la etiqueta y siente que una tristeza infinita le quita el aliento. La expresión sorprendida y culpable de Maverick parece confirmar que… No, no puede ser.

-¿Qué?... ¿Qué pasó?

-¿Qué parece? Soy un torpe y dejé caer una ampolleta. ¡Maldición! Esta cosa es cara.

Maverick pone la jeringa en la basura, se levanta para subirse los pantalones, camina con cuidado hacia la puerta del baño y mira desde allí el suelo manchado. Hace una mueca.

-Limpiaré eso después, o llegaremos tarde.

-Mav. -Bradley se felicita a si mismo por la calma con que habla- ¿Qué son esas inyecciones?

El capitán parece sorprendido por un momento, pero sus ojos verdes vuelven a ser afables enseguida. Se dirige a su cama para tomar el saco. Se mira en el espejo para dar un par de retoques a su pelo.

-Vamos Brad -dice mirándole a través del espejo-, sabes perfectamente bien que son anticonceptivos.

Rooster abre y cierra la boca un par de veces, anonadado.

-Pero… ¿por qué?

Ahora Maverick se gira hacia él con cara molesta y responde con tono fastidiado, como quien explica algo evidente.

-Porque no puedo permitirme salir embarazado, Bradley ¿has visto cómo vivo? -camina hacia la sala y su amante lo sigue cada vez más confundido- Sería bastante problemático si pariera un pequeño Bradshaw, pero ¿un Seresin? La familia de Jake es rica. Tienen dinero viejo, poder, podrían destruir mi carrera si me niego a entregarles el bebé.

-¿Por qué dices eso? Jake no dejaría que nadie se llevara a su hijo.

-Pero Jake no va a estar aquí, ¿verdad?

Bradley pestañea, cada vez más confundido. Es evidente que están hablando de cosas muy diferentes. Necesita un momento para ordenar sus pensamientos, pero Maverick tiene otras ideas.

-Mira -dice con tono cansado mientras se pone los zapatos-, pretende que no viste nada. ¿Sí? Sólo nos quedan cuatro semanas y no pienso estropearlas. Vamos, que se hace tarde para el restaurante.

-¿Cómo que nos quedan cuatro semanas?

La voz de Jake les sorprende a ambos. Debió aburrirse de esperar en el auto y vino a ver qué los demoraba.

El rubio está apoyado en la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho y pose casual, pero Pete y Bradley ya lo conocen lo suficiente para saber que es una pantalla: Jake está muy molesto. Clava sus ojos verdes en Maverick con dureza.

-Vamos, Pete, dime por qué quieres tirarme, tirarnos -hace un gesto señalando a Bradley y a sí mismo-, dentro de un mes. ¿Es que no somos material para una relación a largo plazo?

Mitchell lo mira con ojos asustados y da un paso atrás. Su cara hace una danza extraña, mientras varias emociones aparecen y desaparecen de sus rasgos y ojos. Finalmente saca el pecho y los mira decidido.

-Hay un límite a lo que voy a soportar. No me van a culpar de que terminemos. No… -cierra los ojos, suspira, cuando los vuelve a mirar es evidente que lucha por contener las lágrimas- No tienen que fingir que quieren seguir conmigo, pero no hagas eso, Jake, no me hieras por gusto.

-¿Herirte?

-¿Dejarte? 

Se miran desconcertados. Jake aparta rápidamente los ojos y se concentra en los patrones del suelo, desesperado por ocultar su dolor. Creyó que lo había logrado, que con Pete y Bradley al fin podría tener una familia de verdad. No la que dejó atrás en Texas, fría y miserable, sino una como la que le contaba Rooster, amable y cálida. Es verdad que no son lo más convencional del mundo: dos alfas y un omega, en lugar de un trío perfecto de alfa, beta, omega. Si, Pete es… algo mayor que ellos, pero se aman ¿no?

Después de la Misión y la adrenalina, Bradley y él -que han estado encontrándose y separándose de manera irregular por más de cinco años- comprendieron que Pete era lo que les faltaba para alcanzar el balance: un omega dulce y enérgico, aviador como ellos. Lo cortejaron por un mes, llevan cuatro viviendo casi juntos -Jake y Bradley siguen en la vieja casa de Bradshaw por pura formalidad- y hoy iban a… Ahora resulta ser que Pete nunca creyó en ellos. Se le cierra la garganta de la rabia. De ellos tres, Maverick es de quien último esperó que se tomara su relación a la ligera.

La mano del rubio va al bolsillo de su saco y Bradley sonríe con tristeza al recordar qué tiene ahí. Tenían planes para esta noche, pero es evidente que la vida decidió otra cosa.

Vuelve a mirar a Maverick, que se ha parapetado detrás de uno de los butacones de la sala. Los está mirando con expresión calculadora y algo de miedo, como si temiera… ¿Ser atacado?

-Mav -dice suavemente, como quien se acerca a un animal herido-, Mav, amor, esto es un malentendido. ¿Sí? Jake y yo no vamos a dejarte.

Maverick le responde con una risa amarga, incrédula.

-No digas tonterías, Bradley. Claro que me dejarán. Esta relación siempre tuvo fecha de caducidad. En cuatro semanas les darán sus nuevas asignaciones, en algún portaaviones al otro lado del mundo.

-Mucha gente tiene relaciones a distancia -riposta Jake.

-Si, seguro. Me dirán que llamarán cada semana, pero después de tres o cuatro semanas se olvidarán de la llamada semanal. Me empezarán a llamar cada quince días, y luego cada tres, cuatro semanas. Las conversaciones serán cada vez más cortas, más formales. Cuando se acerque la fecha de atracar me dirán que no hace falta que vaya a recibirles porque tienen planes con los amigos de la escuadra. Llegarán aquí dos días antes de que termine la estancia en tierra, para decirme que conocieron a alguien, que es joven y comparten…

No considera necesario terminar la idea, solo se encoge de hombros.

-¡No! ¡No! ¿Cómo puedes pensar que nosotros…? Queremos un futuro contigo, Mav, una familia. -ante la expresión incrédula del omega, se gira hacia su compañero- ¡Bradley, dile!

Pero Rooster no se apresura a hacer declaraciones que, es evidente, Pete no creerá. Mentalmente maldice por enésima vez a todos los amantes anteriores de Pete, empezando por Charlotte Blackwood, la alfa que casi le hace perder sus alas en 1987.

Jake y él actuaron con lo que creyeron transparencia y claridad, pero olvidaron los maltratos que su amante ha sufrido durante décadas, primero en las casas de acogida, luego en la Marina. Un omega piloto, rodeado de alfas deseosos de “ponerlo en su lugar”. Ice protegió a su amigo lo mejor que pudo de los oficiales superiores, pero no pudo salvaguardar igual su corazón.

 ¿Cuántas veces habrá visto Pete este ciclo? Una misión, un romance durante el descanso obligatorio, una ruptura cuando regresan al servicio activo. Él mismo se fue, ¿no?

De repente las ampolletas de líquido azul adquieren sentido.

-¿Es por eso que te inyectas anticonceptivos a escondidas? -pregunta con voz herida.

-¡¿Tu qué?! -Jake se pone rojo y las manos le empiezan a temblar. Bradley le pone una mano en el hombro y lo obliga a mirarlo.

-Jake, ¡Jake! Tiene miedo, Jake. ¡Cálmate!

-Es mi cuerpo, es mi decisión -y la manera en que lo enuncia, dura, lenta, les dice que no es la primera vez que tiene que defender su cuerpo de…

Jake mira a Pete con los ojos muy abiertos, toda su rabia se ha evaporado para dejar una confusión atemorizada.

-Pero hablamos de esto. Nos sentamos en esta sala y… hablamos de dejar de usar anticonceptivos.

Ahora es Pete quien los mira sorprendido.

-No.

-Si. -confirma Bradley- Hace cinco semanas. Te dijimos que nuestros últimos análisis de sangre habían regresado limpios, que queríamos dejar de usar preservativos. Tu estabas ahí -señala el sofá-, con los pies encima de mis muslos. Lo pensaste un poco y dijiste que estaba bien. Jake y yo hemos estado esperando que nos digas que estás embarazado por dos semanas.

Pete mira al mueble, sus ojos se nublan un poco mientras recuerda, luego se vuelve hacia los alfas de nuevo.

-No, no fue así. Ustedes me dijeron que querían dejar de usar preservativos porque estaban limpios. Está bien, yo se que a los alfas les gusta la fantasía de ver cómo el semen se escurre del coño de su omega.

-Eso es asqueroso -interrumpe Jake con la nariz arrugada.

-Pues bien que lo disfrutaste últimamente -repone Mav acusador.

-¡Porque creí que estábamos haciendo un bebé! -repone el rubio levantando los brazos.

-¿Un bebé? ¿Estás jodido de la cabeza? ¡Tengo casi sesenta!

-Tienes cincuenta y cinco -le corta Bradley-, con un cuerpo que ya quisieran muchos con veinte años menos.

-Eso no importa. Nadie quiere tener un bebé conmigo.

-Nosotros queremos.

Pete los mira alternativamente, traga en seco, algo como esperanza se agita en su corazón, pero lo ignora. Es el mayor entre los tres, tiene que ser la voz de la razón.

-Está bien tener una aventura, pero dos oficiales prometedores como ustedes no pueden casarse conmigo. No soy conveniente, ¿entienden? Soy un capitán omega, problemático y sin valor político ahora que Ice… -contiene un sollozo, eso todavía duele mucho- Además, sería un desastre como papá. ¡Tu lo sabes, Bradley!

Él niega lentamente con la cabeza.

-Creo que serías el mejor papá del mundo.

-Especialmente porque cualquier bebé que creemos tendrá como ochenta por ciento de probabilidades de querer volar -agrega Jake.

-Si, tu no… tu no harás lo que hizo mi madre, Pete.

-¡Oh, Brad! -Pete cruza la sala en tres zancadas y lo abraza.

Eso fue duro. Una de las conversaciones más difíciles entre ambos: la razón verdadera por la que Pete había retirado la aplicación de Bradley de la Academia. Hubo muchos gritos, llantos, pedidos mutuos de perdón. Jake estaba ahí para mediar, evitó que se fueran a los golpes en cierto punto. Pete comprendió ese día que esos dos venían en paquete, que ese cosquilleo que sentía al escuchar el acento tejano de Hangman tenía relación directa con la innegable tensión que se establecía entre Rooster y él cada vez que estaban en la misma habitación.

Mav aspira con fuerza el aroma de su cuello y siente que la ternura lo embarga.

-No. -murmura el oído de Brad- Yo nunca le haría eso a mi prole -se aparta con dolor de su amante- Probablemente por eso nadie se queda conmigo, no tengo suficiente instinto paternal.

-Eso es una mierda, y lo sabes. -escupe Jake- Estás buscando excusas.

-Los estoy protegiendo, Jake. -Pete da un paso atrás de nuevo, se abraza a si mismo- Yo soy un lastre, y es mejor que me dejen ir ahora a que se den cuenta dentro de cinco o diez años.

-¡Tú no eres un lastre! ¿Cómo puedes decir eso?¡Eres una persona maravillosa! Eres valiente, inteligente, generoso, decidido. Eres todo lo que hemos añorado por años y no te vamos a dejar ir.

-Ustedes no lo harán. -niega Mav con voz triste, definitiva- La Marina lo hará. El permiso se acaba en cuatro semanas. Ustedes se irán y yo, yo me quedaré aquí. Siempre es así. Al menos ahora tengo mi hangar en el desierto -concluye sarcástico.

Jake siente que el corazón se le rompe. Mira a Bradley con ojos implorantes, desesperados. Rooster aprieta los labios, asiente, se vuelve decidido hacia Pete.

-No, no será así. No es público aún, pero el Departamento de Defensa quiere mantener a las Dagas como escuadra permanente. Nos van a estacionar en Isla Norte.

Mav pestañea, confundido.

-Aún si nos mandaran a un portaviones al otro lado del mundo -continúa Jake-, Bradley y yo no nos daremos por vencidos. -saca del bolsillo del saco el regalo que planeaban darle en el restaurante y lo pone en la mesa de café, frente a Pete.

-¿Qué…?

Maverick observa con sorpresa mal disimulada la cajita de terciopelo negro en forma de diamante. No puede ser. Esto no puede estar pasando.

Lleva quince años convenciéndose de que esto era imposible. Bradley descubrió lo que había hecho, rompió con él. Esa cosita hermosa y poco convencional que apenas surgía entre ellos -un alfa recién saliendo de la adolescencia, tímido, fascinado por un omega maduro, oscilando entre el rol paternal y el fraterno- murió antes de nacer. Bradley es el único alfa con quien Pete llegó a tener algo similar a una vida estable.

Su violenta partida lo dejó devastado, al punto que Sarah, Ron y Tom tuvieron que llevarlo a su casa. Fue la estabilidad del trío lo que le permitió remontar lentamente la depresión. Hasta hacerlo medianamente funcional. Después, Ice lo mandó a Irak, al mando de la primera escuadra de la historia de la Marina con tres aviadores omegas. La responsabilidad no le dejó suicidarse.

La última maquinación del almirante Iceman Kazansky fue reunirlos, y Pete nunca podrá agradecerle lo suficiente a su amigo. Pero desde el primer día en que se dio cuenta de que estaba siendo cortejado tuvo la certeza de que esta era su última oportunidad. No le importó la certeza de que su terminaría en cinco meses. Es así como funciona, ¿no? Nadie se queda con él, todos… se van… sus padres, Nick, Carole, Charlie, Tom, Bradley mismo.

Esta es su vida.

¿O era?

Porque la cajita está ahí, en la mesa del café. No tiene que abrirla para saber que contiene tres anillos. Una promesa de matrimonio. ¿Podría ser que…?

-No, no llores amor -implora Jake.

Se toca la cara, sorprendido. Siente sus mejillas húmedas.

-No entiendo -balbucea.

Da un paso atrás, sus piernas chocan con algo, tantea con la mano, reconoce el sofá, se deja caer.

-No es… -trata de controlar la respiración, que se le ha convertido en jadeos nerviosos- Yo no… Tu dijiste que nunca nadie…

-Lo dije -asiente Bradley, que se arrodilla a su lado y le pasa los brazos por la cintura- Era un niño herido y dije mucha cosas falsas de las que me arrepentí pronto. Perdóname, por favor, Pete, y acéptame.

-Y acéptame a mi para mantenerlo a él en línea -pide Jake hincado a su otro lado, mientras le toma las manos y se las besa.

Pete sonríe sin dejar de llorar.

-Cuando lo pones así, tienes un argumento muy sólido, Seresin.

Jake toma la cajita y la abre. Pete contiene el aliento, los anillos son hermosos y discretos, con las piedras empotradas en la circunferencia, para que no rocen o se enganchen con nada. El destello de su anillo es de un tono que oscila entre rosa y naranja. Si, sus chicos no le darían un diamante color omega, demasiado predecible. Este es un zafiro padparadscha.

-¿Cómo…?.

-Hablaste de esa piedra cuando te pregunté por primera vez si te casarías conmigo.

-Tenías ocho años, Brad. Lo dije para ponerte una meta imposible y que me dejaras tranquilo.

-Pues ya sabes que soy persistente. Solo necesitaba un novio con plata para lograrlo.

-¡Ah! ¿Porque eso soy ahora? ¿El novio con plata?

Bradley se inclina para darle un beso breve.

-También eres lindo.

Pete le acaricia la mandíbula con el pulgar.

-Y tienes otras… habilidades.

El rubio se sonroja, sonríe, carraspea.

-¿Te gustan los otros dos anillos?

Pete toma las sortijas de sus alfas. El azul tradicional tiene esta vez un tono profundo, con casi invisibles líneas de oro. El lapislázuli es una opción de cierto modo sorprendente.

-¿Así que fueron por los clásicos?

Jake se encoge de hombros.

-Puedes sacar al chico de Texas, pero no a Texas del chico.

Pete acaricia las superficies pulidas y reconoce el metal.

-¿Ustedes robaron un pedazo de avión?

Ahora es Bradley el que luce una sonrisa taimada. 

-Técnicamente lo trajimos desde territorio enemigo, así que podemos quedarnos con unos remaches. Al menos Ciclón aceptó el argumento.

-¿Simpson? ¿Tan deseoso está Beau de librarse de mí que te dejó robar propiedad de la Marina? ¿Quién eres y qué hiciste con mi Bradley?

-¿Qué hiciste tú?, querrás decir. Tu me, bueno -extiende una mano hacia Jake-, nos completas.

Pete les da una sonrisa tímida, suspira.

-Vale, acepto, seré vuestro omega.

-Una sabia decisión, señor Mitchell -afirma sonriente Jake y se deja caer hacia atrás en el suelo.

-Bueno, es muy tarde para el restaurante, ¿pedimos pizza? -propone Bradley.

-No.

Lo terminante de la negación hace que ambos alfas lo miren sorprendido.

-Tengo que vigilar mi dieta, estamos tratando de hacer un bebé, ¿no?

Bradley se masajea el puente de la nariz.

-Ya se a dónde va esto -gime.

Jake da un par de palmadas.

-Teniente Bradshaw, la cocina le espera.

-Vale -se levanta del suelo y se dirige al interior de la casa-, pero ambos me van a pagar por esto.

-Serás recompensado larga y placenteramente -ronronea Pete con su voz más seductora.

ÍNDICE: https://palabraspulsares.blogspot.com/p/felices-juntos.html

No hay comentarios.: