El evento social del año en la TV (III)
Calm voices give whispered
instructions and hands
flutter
in the streetlight
hiding animal faces
that glisten
with swollen
red tongues.
Quietly,
they devour
each other.
“Embrace”, Viggo Mortensen
Por un momento, fue difícil mirar a las pantallas sintonizadas con Arda Visión: la imagen subía y bajaba por el veloz avance de camarógrafo, y apenas podía verse la espalda de Langbardur Esgaroth, que corría con sus taconazos hacia la limosina Meara De Luxe del Príncipe G.
Al llegar a la acera, la lente se enfocó en la puerta trasera, que ya abría un agente de seguridad.
Primero salió un hombre vestido como los guardianes del Bosque de Lorien. Antes de que alguien pudiera reconocerle, se giró para ayudar a emerger a una persona totalmente vestida de gris, y no hizo falta más información.
La cámara regresó al rostro Langbardur, la periodista no pudo contener un leve temblor en su voz:
-Querida teleaudiencia, estamos transmitiendo a ustedes, en vivo, la llegada de su Alteza Real el Príncipe Geniev Telcontar Trandulion, Hermano Mayor del Rey de Arda, Regente de Rivendel y Lord Protector de Harad, a la fiesta de compromiso del Príncipe John Vorondion, Hijo de la Senescal del Reino, y la joven Ivana Vladimirovich Fedorov –ella giró hacia el auto y se inclinó en profunda reverencia. –Su Señoría.
Como manda la tradición en Arda, la pantalla no mostró el rostro del Príncipe, sino su cuerpo, del cuello para abajo.
Un edicto, emitido a mediados del siglo XIX, prohibía cualquier imagen de su cara sin autorización expresa de su Alteza. Todos lo sabían, y lo tomaban con calma, como una de las singularidades de su patria. De todos modos, el Príncipe G era casi una leyenda, nadie estaba en verdad interesado en conocer su rostro, sino sus posiciones políticas.
Entonces ocurrió lo inesperado: Primero, el Meara De Luxe se fue, dejando el porche completamente visible, luego la pareja más esperada de la noche se giró hacía la calle y la figura de gris hizo un gesto de invitación.
Quien primero reaccionó fue la corresponsal del semanario Sin Lluvia o sin Sol. Saltó la valla, se detuvo a unos respetuosos cinco metros y accionó su cámara. Como ningún guardia le detuvo, el resto comprendió que ¡el Príncipe G estaba posando por primera vez desde la invención de la fotografía! A partir de ese momento, la luz de cientos de flash detuvo a la penumbra del crepúsculo.
Tras casi tres minutos, G hizo una señal de despedida, y se volvió hacia Langbardur Esgaroth y las pantallas de TV de medio mundo. El encuadre era perfecto, y la rubia estaba segura de que la teleaudiencia se había duplicado ¿o triplicado?
-Su Señoría –repitió.
-Buenas tardes, Langbardur –dijo el joven con acento fuerte, norteño. –Un gusto conocerte al fin.
-Lo mismo digo. ¡No! Quiero decir, es un honor conocerle y poder… eh… filmarle.
-Si bueno, creo que ya está un poco ridículo eso de esconderse de las cámaras. En Arda tenemos libertad de prensa, como no se cansa de repetir el director de esa emisora republicanista, ¿cómo se llama tu emisora favorita Igor?
-AMHW, Radio Dagorland –repuso el aludido con voz un poco cortada.
-Si, esa misma. Y, dígame, Srta. Esgaroth, ¿ya llegó todo el mundo?
Ahora fue el turno de la periodista para quedarse cortada. ¿El príncipe le pedía información a ella?
-Si, si, acabo de saludar a Ivana y al matrimonio Fedorov. Solo faltaba Igor, pero ya veo que nos lo trae usted.
G hizo un mohín divertido.
-Decidí robármelo. ¿Verdad que le queda bien el traje de galadhrim?
-Le queda perfecto –asegura la periodista. -¿Te sientes cómodo con ese traje, Igor?
El joven la miró con asombro, ¿qué se suponía que respondiese a pregunta tan idiota?
-Yo no me pongo nada que no me guste, querida. No soy un niño.
-¿Viste cuánta pasión? –interrumpió el Príncipe. –De los nueve amantes que he tenido, a este es al que mejor le queda el Anillo de Rúmil.
-Si usted lo dice, Alteza –asintió ella.
-Bueno, vamos entrando, ya sabes que la fiesta no puede empezar sin nosotros.
Ella repitió la reverencia.
-Por supuesto.
La cámara siguió a la pareja hasta que las puertas de la Casa de los Senescales se cerraron.
-Hoy han visto ustedes historia, mis televidentes, porque a Aiya Arda, donde todo se sabe, no podía perdérselo, ni dejar que ustedes se lo perdieran. Buenas noches.
Continuará
No hay comentarios.:
Publicar un comentario