¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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08 septiembre, 2013

EN BUSCA DE UN SUEÑO 38

El evento social del año entre telones y en TV
 
 "Qué problema hay con andar en cueros,
quiero decir...
con el alma en cueros, pero
qué problema hay por ser sincero
y parecerte a lo que sientes en verdad."
En cueros, Duo Buena Fe
 
El Círculo Sagrado
 
G apagó la radio: el comentario sobre la naturaleza obsoleta de la nobleza era irritante, cuando menos. ¿Por qué Igor se empeñaba en escuchar esa estúpida emisora republicanista? Dio varias vueltas por la habitación en lo que se frotaba el cabello con una toalla y terminó ante el traje para la fiesta de la noche.
 
Está recién bañado y desnudo, con el grado exacto de humedad en la piel. Habitualmente, este es un "momento perfecto" de su día: después del sexo y antes del trabajo, pero...
 
Un suspiro escapa de los labios oscuros y delgados del Príncipe: la visión del traje le recuerda que lo de esta noche no es simple "trabajo" -destituye a este, intriga con aquella, financia lo otro- sino el último eslabón de su regreso al mundo. Aunque no lo siente como un regreso, más bien es el ingreso al Nuevo Mundo, el mundo de las imágenes digitales.
 
Un mundo donde no se puede escapar de las cámaras, donde las imágenes incluso pueden matarte: que le pregunten sino a Lady D. [1]
 
G lo sospechaba, y las terribles circunstancias que llevaron a la muerte de la princesa convencieron al resto de la corte de que su aprensión frente a las nuevas tecnologías no era pura resistencia. Ya no se puede hurtar el rostro, detener a las cámaras con miedo o dinero. Las miradas indiscretas de todo el mundo están sobre la gente VIP, y sus vidas, que eran privadas merced del oro, ahora son un circo donde elegantes especialistas en "la alta sociedad" cobran por compartir las intimidades de quienes, antes de la "democracia" y los "reality shows", eran algo sagrado, incuestionable.
 
No regresar estaba descartado: Las espaciadas visitas a la ciudad son parte de la leyenda que rodea al linaje de los G de Telcontar. Consiste en una aparición cada quince o veinte años, un matrimonio arreglado, el retiro y posterior anuncio del nacimiento del nuevo Príncipe.
 
Al cabo, una de sus pesadillas recurrentes le dio la respuesta: la casa maldita de adolescentes de rostro velado, brazos amables y piernas complacientes. Fue precisamente el rostro velado de su pubertad, lo que le permitió regresar de adulto y vengarse.
 
Pasó días en Rivendel dando vueltas a la visión -detestable por todo lo demás-, consciente de que esta vez no era solo un asunto freudiano. Hasta que Midhiel reconoció el paralelo entre el poder que le daba el velo en el sueño, y el miedo a que su rostro fuera capturado por las cámaras de la prensa. G casi se cae de la risa ante lo sencillo de la idea: sus acciones en Minas Tirith podrán ser seguidas, publicadas y comentadas, pero los reporteros no tendrían ningún rostro que mostrar.
 
Claro, tras la idea llegó la primera pregunta, ¿alguna vez se cubrieron el rostro en público las etnias edain, rohirrim o élficas? Ahí hubo que acudir a Eärcaraxë Delagua. Resultó que el pelirrojo recordaba (¿habría algo que ese no recordara?) el relato de cierto príncipe extremadamente celoso y desagradable de Beleriand, que cubría a su esposa de la cabeza a los pies al salir de sus habitaciones.
 
Entonces Midhiel y su equipo reconstruyeron la leyenda con algo de sentido práctico. El resultado estaba ante él, listo para ser usado en la fiesta de presentación de Ivana.
 
G volvió a pensar que se habían lucido: el color negro reglamentario de toda su ropa formal está matizado por bordados en rojo y oro. El tacto de la tela es agradable, suave y no demasiado cálido -ya es casi es primavera. Capucha y máscara están perfectamente integradas. El espacio de los ojos es amplio y el borde ha sido cuidadosamente bordado con delicada seda blanca, de modo que la luz se concentre allí. Por detrás, una abertura discreta deja salir la trenza, su mítica trenza negra.
 
Pero, a pesar de que se ha probado el conjunto varias veces, y de que la idea fuera suya, G no acaba de estar feliz con la opción. Le recuerda esa época en que miraba el mundo desde una ventana.
 
En realidad es solo una figuración, claro. Esto no se parece en nada a los días en que no tenía más nombre que "Hermoso" y era una propiedad más de la casa maldita de adolescentes de rostro velado, brazos amables y piernas complacientes. Fue obligado a estar ahí, a hacer... lo que hacía. Nada de su vida pudo elegir en ese tiempo que le pareció eterno.
 
Nada sabía de la eternidad entonces.
 
Ahora se cubre el rostro para proteger su intimidad, no porque sea un pedazo de carne de gran valor. Ahora el velo es una herramienta de su poder, de su voluntad.
 
Ahora él decide cuándo, dónde, cómo, si habrá dolor, cosquillas, lágrimas de placer, brevedad.
 
Esa ventana, ese edificio donde lo aprisionaron, ya no existen (regresó a quemar el lugar personalmente). La gente que abusó de aquel niño desvalido ni siquiera está en la listas de muertos del más cuidadoso archivo. Ninguna persona viva puede levantar el dedo en su dirección. Así que nadie comprende su miedo.
 
Tampoco él va a revelarlo.
 
Ahora hacen fiestas en su honor y todas estas personitas se inclinan, se sorprenden de su vasto conocimiento, que es poder casi en estado puro. ¡Y sienten envidia! Bien, ese era el plan ¿no?
 
G acaricia la tela del traje despacio y sonríe con tristeza. Ha cumplido, pero desde hace mucho comprendió la trampa suprema del poder: la soledad.
 
Ahora él decide, pero sus amantes nunca son valiosos por sí mismos. Cada uno apenas retazo de ese magnífico recuerdo, un fragmento que se deteriora casi ante sus ojos. Después de un tiempo, incluso esa versión incompleta le hastía. Está condenado a reiniciar la búsqueda una y otra vez.
 
G hunde el rostro en la tela y aspira el aroma suave de lissuin con que Midhiel perfuma toda la ropa de la casa. ¿Quiere llorar? Si, quiere, pero no va a permitírselo. No puede dejar que se le irriten los ojos justo antes del baile.
 
Solo respira hondo y se aparta del maniquí al tiempo que recompone su expresión.
 
Igor no percibe nada cuando sale del baño, con una toalla alrededor de las caderas y otra en la cabeza. Ya está acostumbrado al nudismo de G, así que no se detiene demasiado en la visión de su cuerpo, fibroso y deseable, pero de acceso estrictamente controlado.
 
–Ya casi es la hora –comenta el joven mientras se sienta en el borde de la cama para empezar a ponerse las medias.
 
A G se le detiene el corazón por un instante. Esa voz…
 
¡No! Se fuerza a regresar a la realidad. Es Igor quien le da la espalda con descuido, nadie más importante, nadie más querido.
 
Puede que esta vez el parecido sea tremendo –inquietante a ratos–, pero es parte del juego ¿no? Su amante es un jovencito tierno y vulnerable, su vida nada tiene que ver con la de ellos. Y debe trabajar porque siga así. En lo que definitivamente Igor si se parece a el otro es en su curiosidad. Es mejor deleitarse enseñándole a amar mientras evita que sepa más de lo debido, antes que dejarle explorar por su cuenta.
 
Hay cosas que jóvenes tan inocentes no deberían saber nunca. Hay cosas que él mismo no debería saber, pero ya no puede borrar de su interior. 
 
Sabe, por ejemplo, que de la muerte no hay regreso.
 
Y como lo sabe y está vivo para contarlo –para arrastrar por la tierra este cuerpo suyo, vacío de dulzura, cargado de memoria y amargura–, respira hondo y controla la voz, el temblor breve de las manos.
 
-Ya casi, en efecto.
Toma el calzón interior, de blanco inmaculado, y lo ajusta.
-¿Príncipe?
 
Midhiel está en la puerta, él la autoriza a pasar con un gesto mientras ignora deliberadamente el ruido incómodo de Igor. En esto es el joven quien tiene que aprender: Midhiel es  su asistente de cámara, el pudor sobra.
 
Ella le ayuda a vestirse desde hace mucho, jamás hubo tensión sexual, o un gesto equívoco. Jamás la irrespetó cuando era joven e impulsivo. Ahora es imposible.
 
La morena ajusta cordones, nudos y lazos, alinea las costuras de medias y calzas, dobla  los bordes de las mangas y, finalmente, pone el corset en su lugar, con la presión exacta para marcar torso y cintura sin hacerle perder el aliento.
 
G se sienta y ella le calza las ya tradicionales zapatillas de suela delgada. El negro brillante del cuero bien lustrado le satisface sobremanera.
 
Midhiel gira el asiento, de modo que el Príncipe queda frente al espejo del tocador, y comienza a alinear los potes y lápices para el maquillaje.
 
G mira a Igor  a través del espejo. El muchacho camina sin  rumbo mientras se acomoda los cordones del cuello de la blusa. Luego regresa a la cama, para tomar la túnica y empezar a cerrar los botones con dedos lentos, cuidadosos. Ya no hay nerviosismo en su amante, solo una fría y firme determinación.
 
G sonríe, doblemente satisfecho.
 
Primero, porque el traje ardense que le mandó a hacer sienta mucho mejor a la figura de su amante que cualquier variación del esmoquin, por muy antigua que sea.
 
Como hermano de la prometida, se suponía que asistiera a la fiesta vestido como un caballero ruso de la década de 1800, pero su familia no aseguró la calidad del traje o la fecha de entrega. Todo el mundo sabe que los Fedorov preferían que Igor desapareciera del mapa, pues bien, el jovencito ruso que todo esperan no aparecerá.
 
G baja los párpados para que Midhiel le resalte los ojos, y sonríe un poco. La segunda razón para estar contento es que Igor ya se hizo a la idea de que llegará al evento social del año como protagonista, no para hacer de pariente incómodo -como había planeado la insufrible de Ivana.
 
Casi puede imaginar la reacción de los Fedorov al ver a su hijo del brazo de G, y una fría satisfacción anticipada le suaviza los rasgos. Si: esta será la prueba final para Ivana, enterarse junto al resto del mundo de que su hermano le ha ganado la mano y se metió en la cama del mismísimo del Príncipe G de Telcontar.
 
El moreno abre los ojos y evalúa el resultado. Sus rasgos están un poco envejecidos gracias a las sutiles líneas de expresión que Midhiel ha dibujado. Los ojos resaltan, enmarcados en pestañas perfectamente delineadas con máscara de color violeta. Los labios pintados de rosa parecen más delgados aún. Si, casi se cree él mismo se cree que tiene treinta y cinco.
 
-Sigo sin entender por qué te maquillas para lucir viejo.
 
Midhiel se envara, está claro que el modo en que este joven se dirige al Señor es "impertinente" a sus ojos. No importa que sea su amante, nadie sin noble sangre puede dirigirse a G de esa manera.
Pero el príncipe solo mira a Igor a través de su reflejo en el tocador y le sonríe.
 
-Mi edad es un asunto personal, querido.
El joven bufa, y G casi se pierde de nuevo las evocaciones que la frente arrugada despierta. Pero su voluntad se impone.
-Ven tu ahora –ordena mientras se levanta para tomar los últimos accesorios de su traje. –Quiero que Midhiel te haga lucir más joven.
Igor le mira extrañado, pero obedece.
-Quieres decir, más joven que mi hermana –aclara antes de que la rubia comience a extender la base de maquillaje sobre sus mejillas.
 
G no despega los labios, solo le dedica una sonrisa discreta antes de concentrarse en los complicados cierres de su túnica. ¡Oh! Igor es el amante más divertido que ha tenido en mucho tiempo.  
 
Una vez que todo el maquillaje está a punto, Midhiel fija con cuidado la capucha y cierra el velo.
 
Ya en el recibidor, mientras esperan a que la asistente ajuste los últimos detalles de su propio traje, G vuelve a mirarse en un espejo de cuerpo entero.
 
La luz oscilante de las lámparas es cálida y suave, y la figura de Igor a su lado es imponente, casi heroica -si no fuera porque ningún héroe de Arda llevó el pelo tan corto. Viste el traje de gala de los soldados galadhrim: gris y dorado, con botas altas negras de tacón bajo y ancho.
 
Sus trajes difieren en color y texturas, pero los bordados son idénticos, para que no quede duda de que la complementariedad fue premeditada.
 
Entonces algo encaja en la mente de G y comprende la razón de su incomodidad general: luce delicado y frágil junto a este joven soldado de Bosque Dorado.
 
-¿Te parezco femenino? -pregunta sin preámbulos.
Igor arruga la frente, extrañado, y G tiene que morderse los labios para no sonreír por lo familiar del gesto.
-¿Puede un hombre como tu lucir débil? -y G sabe que ha cambiado la palabra para dejar en claro que comprendió el sentido de su inquietud. Luego Igor suaviza el rostro y agrega -Espero recordaras poner un juego de cuchillos en algún pliegue de tu ropa, para defenderme de mi hermana.
 
G sonríe y casi va a responder, pero los pasos de Midhiel le hacen cambiar de idea.
 
Van en agradable silencio hasta la salida del Círculo, donde Bill espera con el Meara dorado de las grandes ocasiones.
 
-¿Listo para entrar al cielo de Arda, Igor Vladimirovich Fedorov? -bromea G cuando ya el auto ha fijado rumbo al Sector 1.
-No -y la claridad de la palabra hace que G lo mire con asombro, hace mucho que nadie le sorprende.
 
Igor ignora las intensas miradas que llegan a través del espejo desde la cabina y se concentra en su amante: toma la barbilla del Príncipe entre sus dedos y le mira directamente a los ojos.
 
-Listo para seguirte.
 
Residencia de los Fedorov
 
-Ya no podemos esperar más, Ivana.
 
La joven asintió, apagó el televisor y se puso en pie. Levantó con las manos la falda, que caía desde el plexo solar, para no pisar los bajos del vestido y avanzó despacio. Se detuvo ante la mujer vestida de morado.
 
-¿Crees que mi andadura es lo suficientemente natural?
-Creo que si, además, Jhon es un excelente bailarín. Tu estás preciosa, nadie tendrá nada que reprocharnos.
Ivana miró a su madre con rabia. ¿Cómo podía intentar siquiera minimizar la ausencia de Igor?
-Esto es un desastre, pero Igor me las va a pagar.
 
Con gesto decidido, Ivana se dirigió al elevador. Su rabia era tanta que no fue consciente de que, por primera vez, no titubeaba dentro del traje de Natasha Rostova que había encargado para la fiesta.
 
Olga si lo vio, y pensó que eso era lo único bueno que les diera su hijo en los últimos seis meses.
 
Vladimir Ivanovich Fedorov las esperaba en el parqueo. El traje de tres piezas, con bastón y sombrero de copa, le quedaba perfecto. Su figura de caballero de 1810, apoyado en una limusina último modelo, era anacrónica y divertida.
 
-Justo a tiempo -saludó- y abrió la puerta para que su hija y esposa abordaran.
 
Ya en la calle, Ivana cerró los ojos y se concentró para buscar calma interior. La ausencia de su hermano no estropearía su fiesta. No podía permitirlo. Después de todo, Igor no era importante, nunca lo había sido. Era Ivana quien se casaría con el hijo de la Senescal, ¿no?
 
Su hermano, después de tanto dinero invertido y oportunidades a la puerta, solo estaba a punto de recibir un título que lo declararía como políglota inútil. No tenía un buen empleo, o un amante prometedor -eso habría calmado un poco los resabios de sus padres-. Igor solo había servido para algo al presentarla con Boris, quien a su vez le había presentado a Jhon.
 
"Este es mi único primo heterosexual", había bromeado Boris aquel día en el campamento, y eso le permitió enfocarse. Ella siempre sabía qué hacer, después de definir el objetivo.
 
Tres años después, ella estaba a punto de casarse con uno de los mejores candidatos a la Silla de los Senescales, mientras que su hermano compartía apartamento con la oveja negra de la familia de los Senescales, y se había quedado sin novio por culpa de una becaria de Utah -Ivana aún sentía la rabia de aquello subirle la presión.
 
Tras repasar mentalmente las razones por las cuales Igor no era nada más que una espina en su costado, Ivana sintió relajarse los músculos de la espalda. Inspiró y expiró profundamente. Abrió los  ojos y miró a sus padres con expresión decidida.
 
-Diremos que está muy ocupado... preparando un examen -y sonrió.
Los Fedorov asintieron. Semejante desplante ofendería muchísimo a Lady Finduilas Vorondion: sería el fin de la vida social de Igor.
-No creo que a él le moleste -le advirtió su padre.
Ivana hizo una mueca.
-Ya me encargaré de molestarlo después -prometió.
 
La perspectiva de planear una venganza contra su hermano iluminó el rostro de Ivana. Fue esa sonrisa, depredadora y sensual, la que capturaron las cámaras cuando descendió del auto ante el palacete de los Senescales.
 
La ubicua Langbardur Esgaroth se materializó a su lado.
-¡Y aquí está la penúltima llegada de la noche! Saludos, Señorita Ivana Vladimirovich Fedorov.
-Buenas noches, Arda -Ivana hizo una leve reverencia ante la cámara, sin inclinar la cabeza. -Espero  que estén disfrutando el desfile.
-Sin dudas -asintió la rubia Langbardur-, tu sabes que Aiya Arda no se pierde nada. Nuestras cámaras mostraron al mundo la llegada de las ciento cuarenta y cuatro personas más aristocráticas, o políticamente más significativas del momento en Arda. Allá dentro te espera el Ejército del Oeste, aunque tendrás el formidable apoyo de tu familia, por cierto ¿dónde está tu hermano?
 
Ivana estuvo a punto de decirlo, que él era un mal hermano, un egoísta, pero se contuvo. Una cosa era enemistar a Igor con Lady Finduilas y otra ser humillada por televisión ante todo el planeta. Ajustó con cuidado sus facciones para que dijeran "se algo que tu no" y respondió con una frase casual cargada de amenazas.
 
-Querida, ¿acaso soy la guardiana de mi hermano? No te preocupes por él.
Langbardur asintió -entendiera o no, tenía que fingir que estaba al tanto de todo- y la despidió con un gesto.
-Bueno, pasa y acomódate. Ya solo falta por llegar su Alteza Real.
 
Los Fedorov avanzaron por la alfombra roja, seguidos de los vitores y los destellos de las cámaras.
 
La conductora se giró y habló directamente a la cámara de ArdaTV.
 
-La noche casi termina acá afuera. Solo estamos esperando la llegada de su Alteza Real, el Príncipe G de Telcontar, quien dirá si la bella Ivana deberá abandonar la religión de sus ancestros para enlazarse a Jhon Vorondion, segundo hijo de la Senescal Lady Finduilas. Les recuerdo que en el interior de la Sala de Fiestas no hay cámaras, y todo transcurrirá en la más estricta discreción. Mañana temprano, la Casa de los Senescales emitirá una nota de prensa con el resultado de la fiesta.
 
La mujer se llevó la mano al audífono tras la oreja y asintió.
 
-Me informan que el auto de su Alteza Real ha sido avistado. Hagamos un rápido repaso a lo que ha ocurrido esta noche, antes de rendirle respeto.
Les recuerdo que recibimos al Primer Ministro, ¡con sus dos esposas!; el simpático Gaedheal, próximo Príncipe de Tolfalas; los gemelos Theoden y Theodred, con el bello Eothain, que nunca se sabe de cuál de los dos es novio; los embajadores de Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Cuba; a Boris Vorondion, la oveja negra de la Familia de los Senescales, con  Alcar, heredero del Condado de Tarannon y su exótica esposa Silvia; la heredera del Trono Perdido de Harad, toda enjoyada y con un chaperón llegado desde el Vaticano, el atractivo hermano Gustav;  Gilraen "La Bella" Valdran, con su esposo; y a mi autor favorito: el honorable Aldaben Lómendil, Señor del Cauce de Plata, junto al más bello modelo que pisa justo ahora la isla, Yordan Oliva.
Bueno, este es el momento que espera todo el gremio desde hace quince años, ya se ve el Meara De Luxe que trae al Príncipe G. ¡Vamos a verlo!
 
TBC...
 
Nota:
 
[1] Lady D, Diana de Gales, murió en 1997, pero he adelantado el hecho un año por razones dramáticas, total, esto es un universo alternativo.

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