¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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30 abril, 2013

EN BUSCA DE UN SUEÑO 37

El evento social del año en TV (I)
 
"…los gajes de los trajes de la fama…"
Joaquín Sabina
 
Lady Finduilas Vorondion se asomó al local de la fiesta. Ya todo estaba listo y los primeros invitados debían llegar en –consultó su reloj- diez minutos. Dio un par de pasos dentro y contempló el escenario con satisfacción.
 
El gran salón hexagonal de la Casa de los Senescales no lucía tan limpio y nuevo desde hacía cincuenta años, y eso se debía, en parte, al dinero de los Fedorov, que no habían discutido ni una sola de las facturas de la restauración –Finduilas dudaba que se hubieran atrevido. La Senescal no pudo evitar sonreír a solas, ella estaba dispuesta a pagarlo, pero si la familia de la novia insistía… Además, no eran más que unos muertos de hambre que huyeron de los bolcheviques, aupados solo veinte años atrás por el boom turístico. Ni siquiera usaban nombres nacionales, pero iban a entrar en la cúpula del país. Casar a Ivana con su John era la mejor inversión que harían en sus vidas, porque el inútil de Igor… ¡Debía dejar que pagaran la boda íntegra! Pero no, era mejor dejar correr eso. Pagar el 50% era lo correcto, ella también ganaba al asegurar que John no quedará al garete, es tan débil ese hijo suyo…
 
Finduilas baja los cuatro escalones que dan acceso al salón de baile y mira con ojo crítico la disposición de los asientos y entremeses para la noche, que será larga.
 
De acuerdo a la vieja usanza, la comida está dispuesta a lo largo de las paredes, dentro de contenedores térmicos que mantendrán los alimentos a temperatura agradable. De allí cada cual puede tomar lo que desee. En aras de la privacidad, los sirvientes solo entraron para disponer el buffet y luego fueron enviados a sus casas.
 
Esa es una regla de oro en cualquier reunión con G: debe haber la menor cantidad de extraños posibles y todas las personas invitadas deben saber el sentido del término discreción.
 
Hay mesas por supuesto, para comer, charlar o descansar del baile. Pequeñas, para seis u ocho comensales, dispuestas en paralelo a cinco de las paredes del local. Cualquiera de los asientos permite admirar la belleza del baile sin interrumpirlo. En cada esquina hay una amplia dotación de cojines ricamente recamados. De acuerdo a la tradición, la gente joven o soltera debía usar esos asientos móviles, que facilitan la interacción, mientras que las personas mayores ocuparían sus mesas excepto para los bailes protocolares.
 
Cuatro escalones descendentes conducen al área de baile, un hexágono de pulido mármol blanco, que podría albergar a un centenar de parejas en círculo, como dicen que bailan los jóvenes en Cuba en sus internados. En todo caso, este es el salón de bailes privado más grande de la ciudad, lo sabe porque está prohibido hacer uno mayor.
 
En la pared norte se ha dispuesto la mesa de honor: allí se ubicarán el Príncipe G, ella misma, su hijo John, Ivana, sus dos padres, el Primer Ministro y su esposa, el embajador ruso y su esposa. Al repasar la lista, Lady Finduilas no pudo evitar una mueca: hay una docena de sillas por orden expresa de G, pero no sabe quiénes son esas dos personas que lo acompañarán, además de Midhiel, que no cuenta porque es la sombra de G.
 
-Señora.
Ella se vuelve, el mayordomo está en la puerta, sostiene en una mano la lista de invitados y tiene una expresión inquieta.
-Dígame, Jaime.
-Allá fuera es un circo, los fotógrafos flanquean la alfombra y se desbordan por la acera. El Jefe de la Guardia de la Ciudadela teme que interrumpan el paso de los autos y compliquen la  seguridad.
Finduilas suspira, entre molesta y divertida.
-Esto no es América, que el Jefe de la Guardia de la Ciudadela recuerde a esos gacetilleros que no pueden tirarse delante de un auto, o serán arrestados por afrentas a la corona. Además, revele la lista de invitados, para que se tranquilicen un poco.
Jaime se inclina y desaparece.
 
Finduilas da una última mirada alrededor y asiente satisfecha. ¿Qué importa a quién traiga G? Es su prerrogativa, después de todo. Y el hombre, aunque no la quiere, nunca estropearía una reunión tan importante. Casi segura de que todo saldrá bien, la Senescal acaricia el borde de su escote, respira hondo y sale de la estancia. Debe encontrar a su hermana Lothiriel, para recibir juntas en la puerta a los invitados más nobles.
 
-Aquí están las rositas de maíz –anunció Anariel, dejó la fuente en la mesita y se acomodó en el sofá, entre su esposo y su hijo.
Pásame un poco en este plato, hijito, pidió Eala.
-Con gusto señora –respondió Aranwe.
 
Aralqua estrechó la mano de su novio y sonrió. ¡Estaba tan feliz de que Aranwe hubiera aceptado ver la transmisión de la entrada a la Fiesta de Presentación de Ivana en su casa! Definitivamente, habían dejado atrás el equívoco del puñetazo a Gaedheal de Tolfalas. Además, Aranwe estaba ahí con el permiso expreso de su padre, lo que significaba que el señor Lómendil también aprobaba su comportamiento, aunque, se lo había dicho por las claras, no era partidario de resolver la xenofobia con violencia.
 
Si, tener a su novio para ver la televisión en casa era lo más genial y romántico que le había pasado en la vida. Fue a decir algo, pero la emocionada voz de su madre le cortó.
 
-Ya empieza, ya empieza.
 
En efecto, el rostro de Langbardur Esgaroth llenó la pantalla y la más popular periodista de la farándula de Arda saludó con su pelo tieso de laca y su sonrisa de dientes perfectos.
 
-¡Buenas noches, Arda! Hoy, la sala del programa más popular e informado de la televisión dejó el estudio. Estamos ante la Casa de los Senescales, uno de los recintos más honorables y antiguos de la ciudad de Tirith Osto, para transmitirles, en vivo, en directo, en exclusiva de Arda Visión, la llegada de los invitados a la Fiesta de Compromiso del Príncipe John Vorondion e Ivana Vladimirovich Fedorov. Este es el evento social del año, así que Aiya Arda, donde todo se sabe, no podía perdérselo, ni dejar que ustedes se lo perdieran.
"Estamos por señal abierta y cable para toda Arda y vía satélite para el mundo. En Estados Unidos nos ven a través de la CNN, hello America. En Rusia nuestra señal es transmitida por cable, dobrideña –Langbardur se puso una mano detrás de la oreja y asintió, volvió a mirar a la cámara. –La sala de transmisión me confirma que TVE, TeleAmazonas, O Globo, Televisa y BBC han entrado en cadena por exigencia de sus audiencias. ¡No me quiero imaginar desde cuántos países verán la boda! Claro, si hay boda –la conductora rió su propio chiste.
"Debo aclarar, para el público extranjero y para alguna que otra persona despistada dentro de las fronteras, que hoy Ivana Vladimirovich Fedorov pasará su última y más exigente prueba para casarse con el bello, rico, inteligente, fiel y lánguido príncipe John Vorondion. Como ella es plebeya, y él uno de los cuatro candidatos a recibir el título de Senescal del Reino de Gondor y Arnor, su boda es asunto de Estado. Es por eso que su Señoría el Príncipe G de Telcontar nos honra con su presencia en la ciudad desde hace seis semanas.
 
Ante esa mención, Fred Williams se removió incómodo. Anariel le dio un besito para tranquilizarlo y siguieron la explicación de la chismosa más famosa del país.
 
-Bueno, ya se imaginan de qué va la cosa, ¿verdad? Como máxima autoridad para los asuntos de la nobleza de nuestro país, el Príncipe G ha juzgado el carácter de la pareja y dirá esta noche si son aptos para unir sus vidas. Todo el baile, durante el cual Ivana, sus padres y su hermano alternarán con la más granada sociedad de Arda, pondrá a prueba su entereza, educación, sangre fría, patriotismo y elegancia. No es un secreto que algunas personas consideran herético que un descendiente de Faramir se case con una muchacha que creció en los valores de la fe cristiana ortodoxa rusa, a lo que tendrá que renunciar para su matrimonio, por cierto.
De nuevo Langbardur Esgaroth se detuvo para escuchar lo que le decían por el intercomunicador oculto en la oreja.
-¡Dulces Valar! Me dicen que la Casa del Senescal ha liberado ya la lista de invitados, ¡qué amable es la Senescal Finduilas Vorondion! Sabremos algunos de los nombres por adelantado.
Una mano se asomó a la pantalla y pasó varias hojas de papel a la rubia.
-Muy bien, tenemos, por supuesto, al joven e impetuoso Gaedheal, próximo Príncipe de Tolfalas. Me pregunto si se habrá maquillado el puñetazo que le dieron hace unos días en la escuela o lo lucirá como prueba de su espíritu belicoso –la conductora sonrió pícara- la familia Lómendil siempre genera pasiones tormentosas. Donde quiera que estés, Aranwe Lómendil, felicidades por tener dos pretendientes tan atractivos. Si, me han oído bien, los dos, porque ese pelirrojo no tiene calma ni partes feas. ¡Ya les contaré el próximo viernes!
 
En la sala de los Williams, los dos adolescentes estaban rojos como tomates. La abuela sonreía, divertida, y Anariel había estallado en carcajadas.
 
-Con que no tienes calma ni partes feas. ¡Por Yavanna, Vána y Nessa! Eso si que es guardar las formas. ¿No te parece divertido, Fred?
Pero Fred tenía el rostro congestionado de la rabia, y eso congeló la risa de su esposa.
-¿Qué pasa?
-¡No han dicho su nombre! –reclamó el hombre. -¿Acaso Aralqua no merece ser mencionado por esa cotillona pretenciosa?
-¡Papá! – Aralqua sintió que su bochorno llegaba a grados infinitos. ¿Su padre quería que dieran más detalles en la TV? ¡Lo estaban transmitiendo en los Estados Unidos!
-Calma, Fred, calma. Esa mujer quiere garantizar público para su próximo programa. Recuerda que ningún medio de prensa ha revelado nuestro nombre, será su primicia. Además, es mejor así. Recuerda que tu familia aún no lo sabe, y no creo que les agrade enterarse de que tu hijo es gay a través de una presentadora de televisión cotillona y pretenciosa.
Williams apretó los labios, pero aceptó las razones de su mujer.
-¿Podemos volver al programa? –rogó Aranwe. –Mi papá debe estar al llegar.
-¡Claro, hijo! –Anariel se apresuró a subir el volumen del aparato. –Discúlpanos. 
 
Volvieron a concentrarse en la pantalla. Al parecer, Langbardur Esgaroth había terminado de comentar la chismografía básica de la lista de invitados. Ahora señalaba a la puerta de la mansión, unos quince metros por delante de ella.
 
-Las princesas Finduilas y Lothiriel Vorondion se han presentado en la puerta. Eso significa que ya está a punto de llegar el primer invitado de la noche.
La conductora se volvió y señaló a su derecha.
-¡Si! Vean cómo se acerca el auto de nuestro honorable Primer Ministro Adanedhel Arthedain. ¿Con cuál de sus esposas vendrá? He oído decir que su hija mayor tiene sarampión. ¿Habrá aprovechado todo el gabinete para que sus vástagos se inmunicen?
 
Este comentario si produjo risas en toda la familia.
 
Aparte de los problemas políticos del gobierno, y de las notorias contradicciones entre una membresía construida a base de pactos entre partidos, académicos y revistas ligeras bromeaban por igual en que el único punto de coincidencia allí era el apoyo al aumento de la natalidad en el Primer Mundo, a partir del ejemplo personal. Entre ministros, voceros y asesores, tenían un promedio de tres hijos por persona. Adanedhel Arthedain estaba esperando a su quinto bebé. Él mismo había acuñado dos frases burlescas sobre su equipo: "nuestro gobierno sesiona en una guardería" y "lo dejaremos porque no podemos mantener a nuestras familias con estos salarios".
 
La pantalla se llenó con la defensa del auto –una limosina marca Meara de color negro- y los hombres que la rodearon en cuanto se detuvo. Un guardia de imponente aspecto abrió la puerta y la casi calva cabeza de Arthedain fue visible. Hubo aplausos, vítores y flashazos de cámaras.
 
El Primer Ministro salió, saludó al público, se inclinó hacia el auto y ayudó a salir a una mujer joven, de cabello azul peinado en una elaborada cebolla, que vestía un ajustado traje verde mar.
 
-Parece que nuestro Jefe de Gobierno está decidido a bailar esta noche –opinó la conductora. –No, un momento, alguien más está saliendo del auto. ¡Esto es tremendo! Tenemos que preguntarle.
 
La cámara se acercó rápidamente al auto y Langbardur Esgaroth apareció al lado del premier.
 
-Señor Primer Ministro, es un placer verle en tan buena compañía.
Adanedhel Arthedain pasó un brazo por detrás de cada acompañante y sonrió a la rubia.
-La mejor compañía del mundo, Langbardur, además de mis bebés, claro.
-Sin embargo, usted no suele asistir a reuniones que incluyan dignatarios extranjeros con sus dos cónyuges. Alguna vez, el vocero del gobierno dijo que no quería equívocos que empañaran nuestras relaciones internacionales.
 
En su casa, Williams sonrió divertido ante la elegante metáfora de la periodista. ¿Tal vez no era tan cabeza hueca como parecía?
 
Lo cierto es que la mayoría de los extranjeros –él incluido- no sabían cómo tratar a un hombre transexual gay que ya iba por su tercer embarazo. En cualquier otro país del mundo, sería material de debate para siquiatras, organizaciones pro-LGBT y medios amarillistas, no parte de la alta política nacional.
 
Se asumía que el joven y prometedor senador se había casado con él (¿o ella?)  en 1982 porque pertenecía a uno de los clanes más poderosos del país y quería, como cualquier hijo de braceros del norte, asegurarse la permanencia entre la élite, acabara como acabara su carrera política. Eso duró hasta que, perdiendo la sangre fría que lo había hecho famoso, el entonces candidato a embajador en la ONU la emprendió a golpes con un adversario que se burló de Belegund. La frase "Eres tan ambicioso que te has casado con una loca que no soporta su propio cuerpo" la pagó el bocazas con cuatro dientes y una costilla. Perdieron el puesto en la ONU, pero Belegund y Adanedhel Arthedain fueron elegidos pareja del año en 1983.
 
Para que quedara claro que lo de ellos si era amor y tradición, en 1984 se habían casado con la niñera de su primogénito. Krasnaya era una vegana radical que, se decía, había inclinado a su esposo a prestar más atención al movimiento ecologista. La fórmula había rendido frutos y los votos verdes habían supuesto la diferencia para que Adanedhel Arthedain ganara las elecciones de 1994.
 
El premier se inclinó un poco para responder a la interrogante.
-Langbardur, esta no es una cita oficial, venimos a la fiesta de compromiso de John e Ivana, y a rendir honor al Príncipe G. Mis cónyuges y yo tenemos mucha satisfacción de haber recibido una invitación expresa de su Alteza. Es cierto que a veces Belegund, que tiene gran delicadeza y sabe que somos un país especial, prefiere quedarse en casa para evitar roces, pero hoy, te repito, honramos las tradiciones de Arda. Esta noche sería un sacrilegio disimular quiénes somos, cómo amamos, qué nos hace singulares. Un saludo a todas las personas que nos ven.
-Muchas gracias, Primer Ministro.
 
La cámara les siguió mientras cruzaban la alfombra roja hacia la puerta.
 
Anariel pensó que era la mejor manera de empezar el evento social del año: el flemático Adanedhel, robusto y calvo, la chispeante Krasnaya, con su pelo azul, y el elegante Belegund, luciendo los cinco meses de su tercer embarazo, abrazados y sonrientes. La familia perfecta que debía tener un Primer Ministro, sin importar su filiación política. Imagen icónica de la diversidad sexual de la cual Arda estaba tan orgullosa y mostraba al mundo –vía satélite, en vivo y en directo.
 
-¿No son bellos? –interrogó Langbardur a la cámara. –Bueno, belleza va a sobrar esta noche. Ya llegan los autos del resto del gabinete de gobierno.
 
Aranwe decidió aprovechar ese momento para excusarse, pues seguro su padre no saldría hasta que los doce ministros desfilaran por la alfombra roja.
-Mamá, ¿a qué se refería esa locutora con lo de "la familia Lómendil siempre genera pasiones tormentosas"? –preguntó Aralqua en cuanto sintió cerrarse la puerta del baño.
 
Anariel y Eala intercambiaron miradas. La anciana hizo un leve gesto de negación, y la mujer apretó los labios.
 
-Eso se lo tienes que preguntar a tu novio, hijo.
-¿Por qué, si parece que toda Arda lo sabe?
-Porque a ti te tiene que interesar, en primer lugar, la versión de los Lómendil, y solo después lo que la prensa diga sobre ellos dos.
-¿Es malo? ¿El señor Aldaben estuvo preso o algo así?
Anariel suspiró, insegura de cuál era la respuesta, pero Fred vino en su ayuda.
-Es una historia triste, Aralqua, y privada. Yo creo que tu madre tiene razón, debes oír primero lo que Aranwe tenga que decir al respecto.
-¿Respecto a qué? –demandó el rubio desde la galería.
Aralqua bajó los ojos, avergonzado, pero Eala lo sacó del enredo.
-El hijo de mi nossëhíni sigue convencido de que no te gusta su pelo rojo. ¿Puedes, por favor, hacer una declaración ante testigos sobre tu parecer?
Aranwe sonrió, se acercó a besar a su novio y se puso la mano derecha sobre el corazón.
-Juro ante ustedes, mis testigos, y ante los testigos mayores, Manwë, Rey de los Vientos y Varda, Reina de las Estrellas, que amo el pelo rojo de Aralqua Williams como parte de él, a quien no cambiaré, porque entonces no lo amaría sinceramente. Si miento ahora o falto luego a mi palabra, que Mandos me castigue. ¿Satisfecho?
El pelirrojo asintió, con las mejillas casi del color del pelo.
-Y justo a tiempo, creo que ese es el auto en que se fue tu padre.
 
Dentro de la limosina, Yordan se pasó la mano por el pelo con cuidado y comprobó su traje. No, nada estaba fuera de lugar, aunque el diseño de la guayabera se le antojaba anacrónico y poco glamoroso.

-Tranquilo, luces espectacular –susurró su acompañante.
-Fácil para ti decirlo –y le dio un beso breve. –Pero esta norma de usar ropa típica me pone incómodo. En mi país, solo usan camisas semejantes los intérpretes de música campesina y los guardaespaldas.
El otro rió, divertido.
-Es mejor que usar falda ¿no? –y señaló su propio atuendo:
Una túnica que caía hasta las rodillas, ajustada por cinturón y tahalí, como accesorios un collar de eslabones y una espada corta de utilería. El pelo estaba ordenado en tres trenzas rematadas con cintas de cuero negro.
-A ti te sienta.
-Claro, para todos ustedes, extranjeros, los ardenses somos gays vegetarianos adoradores de los elfos –repuso divertido. –No importa cómo vayamos vestidos, incluso es mejor que vayamos vestidos "exóticamente".
-Para mi es mejor que no vayas vestido en absoluto –le cortó Yordan.
-Cuidado, supermodelo, que no podemos llegar a la Casa de los Senescales con la artillería cargada.
 
El rubio río y volvió a mirar afuera. El auto ya doblaba para entrar a una calle estrecha con las aceras colmadas por una multitud armada de cámaras.
 
-Hay más periodistas que en una entrega de Oscar –comentó.
-Es comprensible, pues no solo artistas vienen hoy a la fiesta –respondió el otro en lo que se enderezaba.
 
Al fin se detuvieron. Yordan esperó a que les abrieran la puerta y respiró hondo, con la misma inquietud y miedo de siempre antes del inicio de un desfile o acto social.
 
Esto no se trataba solo de una cita con los parientes del novio. Janice había pagado 20 grandes por la invitación, ya que ser aceptado allí le catapultaba automáticamente a lo más VIP de Arda. Que se ligara a un hombre que había sido invitado por su sangre era, sin dudas, una señal de Yemayá de que esta vez iba por buen camino. O una coincidencia maravillosa y predecible, considerando dónde vivía el rubio –en opinión de su muy materialista representante.
 
En todo caso, ahora tendría buena compañía cuando chocase con el embajador. Que no era poco para él.
 
La puerta se abrió, Yordan se deslizó fuera y saludó. Sintió la mano de su acompañante en la cintura y una sonrisa firme le suavizó los rasgos.
 
Langbardur Esgaroth y un camarógrafo se materializaron a su lado.
 
–Bienvenido, honorable Aldaben Lómendil, Señor del Cauce de Plata –dijo con una leve reverencia. –Qué gusto verte, Yordan –se volvió hacia la cámara. –Estimado público, acaban de observar la llegada de uno de los mejores narradores de nuestra lengua y uno de los modelo más atractivos del mundo. Y no lo digo yo –guiñó un ojo en gesto pícaro–, sino las encuestas. Honorable Lómendil del Cauce de Plata, ¿son usted y el señor Oliva, amigos?
 
Yordan se tensó ante la pregunta, aunque –entrenado como estaba para lucir impasible- no lo dejó traslucir. Sabían que la harían, y era una suerte que, por razones protocolares, la periodista estuviera forzada a interpelar a Aldaben –porque era un noble ardense 15 años mayor que él. Menos mal, porque Yordan no se sentía cómodo en su precario ardense para hablar de sentimientos.
 
-No Langbardur, ¡qué idea tan despistada! Ocurre que Yordan ha hecho que el sol toque mi corazón después de ocho años. Ahora somos amantes. Lo estoy convenciendo para que consienta ser mi novio. ¿Crees que tengo oportunidad?
La periodista rió divertida, pero no se comprometió.
-Honorable Lómendil, le deseo suerte en ese reto y también les deseo que disfruten la fiesta.
 
Ella se hizo un lado y la pareja avanzó hacia la puerta de la Casa de los Senescales.
 
En la sala de los Williams, Aranwe se había quedado de una pieza.
–¿Pasa algo, amor? –Aralqua le sacudió el hombro, preocupado.
–Creo que… creo que mi padre planea casarse con ese muchacho.
 
Continuará…
 
Notas
 
Male pregnancy / Embarazo Masculino
 
Male pregnancy is the incubation of one or more embryos or fetuses by male members of any species. In nearly all heterogamous animal species, offspring are ordinarily carried by the female until birth, but in fish of the Syngnathidae family (pipefish and seahorses), males perform this function.[1] By some definitions of male identity, human men have done so in certain instances, and male humans incubating fetuses are a recurring theme in speculative fiction.
 
Transgender people
 
Some female-to-male transgender people can become pregnant, while still identifying as men. This is possible for individuals who still have functioning ovaries and a uterus. For example, Matt Rice, a transgender man, bore a son named Blake in October 1999 following random sperm donations from three cisgender male friends during a relationship with transgender writer Patrick Califia.
 
Thomas Beatie, another transgender man, has borne three children. He chose to become pregnant because his wife Nancy was infertile, doing so with cryogenic donated sperm and a syringe, at home. Thomas wrote an article about the experience in The Advocate. The Washington Post further broadened the story on March 25 when blogger Emil Steiner called Beatie the first "legally" pregnant man on record, in reference to certain states' and federal legal recognition of Beatie as a man.
 
In 2010, Guinness World Records recognized Beatie as the world's "First Married Man to Give Birth." Beatie gave birth to a girl named Susan Juliette Beatie on June 29, 2008. Barbara Walters announced Beatie's second pregnancy on The View, and Beatie gave birth to a boy named Austin Alexander Beatie on June 9, 2009. Beatie gave birth to his third child, a boy named Jensen James Beatie, on July 25, 2010. Beatie has since had a phalloplasty to create an artificial penis and is also considering a hysterectomy.
 
Yuval Topper, an Israeli transgender man, gave birth to a child on December 28, 2011.
 
Richard Guzzo, a Canadian man, gave birth to a succession of children in the years 2001, 2004, 2007 and most recently became the first trans identified male to give birth to natural twins in June 2011. Although Richard previously identified as a transgender male, new medical evidence suggests that Richard may actually have an intersex condition, CAH.