¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

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17 junio, 2012

EN BUSCA DE UN SUEÑO 32

De la ley y otros demonios
 
Tirith Osto, Año 1997 de la Cuarta Edad del Sol
 
Eothain terminó de archivar el último de los expedientes y suspiró. Sus pensamientos vagaron, libres de la tediosa tarea de reunir, clasificar, ordenar alfabéticamente, sub-ordenar cronológicamente y levantar registros. Miró el reloj, inseguro entre la posibilidad de telefonear a Theódred o salir a comer solo.
 
No. Debía estar a mitad del entrenamiento y las llamadas a destiempo siempre ponían ansioso a Theódred. Recordar eso le puso de un humor sombrío, por lo que caminó aprisa hacia su cubículo, deseoso de abandonar el Edificio Principal de Archivos y Antigüedades de la Casa del Saber de Ithilien y ver el cielo. Mientras avanzaba entre estantes y gentes cargadas de documentos, el joven se sacó la máscara con filtro de aire y el gorro de plástico que cubría su cabeza, también los ganchos que le mantenían enrollado el pelo sobre la coronilla. La trenza rubia se desplegó hasta el nacimiento de sus nalgas.
 
El alivio de respirar directamente y dejar de cargar el peso de su larga cabellera fue notable, por lo que se permitió una leve sonrisa. Después de todo, cada persona tiene sus manías y las su compañero eran pocas considerando... ¡No! Se regañó a si mismo. Theódred no le tenía lástima. Si empezaba a valorar sus gestos a través de la lástima acabaría su relación.
 
Además, el pasado no tiene las palabras del futuro -dicen los viejos-, lo que Theódred y él tenían ahora se debía a su propio esfuerzo, a que era jodidamente bueno en la cama y fuera de ella. Su novio era uno de los dos jugadores de football más prometedores de Arda. En un año, al terminar sus estudios, los clubes se disputarían el contrato de los mejores delanteros de la década como huargos hambrientos un venado y entonces...
 
Eothain nunca imaginaba su vida con Theódred más allá de ese punto. Le atacaba un miedo supersticioso, irracional. No había muchas ciudades en Arda con laboratorios de restauración de documentos, al menos no tantas como las que tenían buenos clubes de football. Además, podía llegar una oferta desde el extranjero y él no podría irse, no por otros cinco años, al menos. Como siempre, el joven decidió dejar de lado el asunto. "El viento puede soplar, pero la montaña no se inclina" repitió un par de veces para serenarse.
 
Salió del edificio decidido a buscar su almuerzo en algún sitio discreto, pero un hombre se detuvo a su lado y le tomó del brazo.
–Queremos hablar contigo –le susurró en khuzdul una voz dura.
Eothain sintió que el corazón se le aceleraba y asintió débilmente. No le pasó por la mente intentar alejarse, ¿para qué?
–¡Taxi! –llamó su captor, y un auto azul con rayones se detuvo en la acera.
 
Abordaron en silencio.
 
Imladris, Año 2 de la Cuarta Edad del Sol
 
-Elladan, ¿un pase?
El elfo moreno alza los ojos para enfrentarse a Glorfindel, que le ofrece una espada roma.
-¿No te agotan lo suficiente tus pacientes? -inquiere jovial al tiempo que se levanta para aceptar el reto.
El rubio niega suavemente, con expresión de leve nostalgia.
-Es otro tipo de cansancio. A ti tampoco te agota el despacho, al parecer.
 
El Señor asiente. Aunque bendice la paz que disfrutan desde hace poco, el tedio de las minucias legales le calienta la sangre lentamente. Es por eso que, cada dos o tres jornadas, viene al campo de entrenamiento y se esfuerza con el más reciente grupo de reclutas, ese con al cual la instrucción se enfoca en desarrollar la resistencia a partir del agotamiento extremo. Luego se sientan bajo los árboles, comparten la bota de vino, el pan, el linimiento para las magulladuras, las bromas.
 
Y el Soberano siente la cabeza más clara.
 
Alguna que otra vez, incluso, su esposo Ellohir o su prometido Amroth -así les considera en su mente y les llama en la intimidad- bajan también desde la Casa Grande y practican esgrima contra el Señor ante la muchachada, que grita, toma partido y comenta las técnicas y las trampas. A Elladan le gusta eso:
 
Ha crecido junto a su esposo. Enfrentarse a Ellohir es enfrentarse a si mismo, buscar grietas en la estilizada técnica que le mantuvo con vida por mil quinientos años. Adelantar una finta o resistir un revés de su gemelo provoca la misma tensión dulce de cuando hacen el amor o danzan: un juego de entregas y complicidad.
 
En cambio, Amroth es un misterio. Aunque recibió entrenamiento como Guardia del Reino del Bosqueverde -cuyas técnicas y rutinas son más o menos conocidas en todos los dominios de los eldars-, ahora que combate sin reglas y con una mano de menos, Amroth se hace escurridizo y cauto, dado a ataques laterales y estocadas de engaño en las que desvía la fuerza de su oponente. Elladan reconoce las huellas del viaje agónico desde el Mar de Rhun hasta el reino de Thranduil: su prometido combate sin estilo ni honor, como un niño que quiere sobrevivir y a fuerza aprendió a ocultar sus muchos miedos y sacar el máximo a las escasas fuerzas. Y es bueno (Elladan lo sabe porque en cada combate le cuesta más la victoria), bueno para combatir  y para saber cuándo rendirse.
 
Con Amroth, cruzar espadas es como cortejar: un juego de seducción y descubrimientos.
 
-¿Listo?
La voz de Glorfindel le regresa de sus fantasías bélico-afectivas. Debe concentrarse, porque están solos y se ve que su maestro se quiere sacar el calor de la sangre.
-Listo.
 
Empiezan con amagos y ataques laterales. Elladan sabe que Glorfindel está midiendo fuerzas al tiempo que se calienta. Debe observar a su maestro ahora, ¿alguna vez llegó a derrotarlo? Pero el gemelo no puede pensar mucho en cómo desarmar al vencedor del balrog, pronto se ve apabullado por la andanada de golpes que le caen en caótica sucesión de arriba, por la derecha y la izquierda sin que pueda descifrar su orden. Así que retrocede dos pasos para equilibrarse.
 
El rubio sonríe con maldad y avanza. Elladan mantiene una defensa tan torpe que, por primera vez desde que se convirtiera en soldado de fortuna para el Ejército de Fornost, debe retroceder en la dirección que su maestro le impone.
 
-¿Ya fijaste la fecha?
Lo incongruente del tema descoloca al moreno y deja pasar un golpe.
-¡Maestro!
-Eso es por no pensar mientras combates.
Glorfindel vuelve al ataque discordante e insiste.
-¿Y bien?
Elladan toma aire entre parada y parada.
-Amroth quiere que sea entre el Día de la Victoria de Anar [Solsticio de Invierno, 21 de diciembre] y el Día de la Llegada de Yavanna [Equinoccio de Primavera, 21 de marzo]. Porque es de buen augurio casarse poco antes de las siembras.
-¿Su Señoría practicará rituales de fertilidad en los campos arados?
 
Elladan sabe que se ha sonrojado, y eso que el tono de Glorfindel es de burla evidente. Es que la sola mención de una fiesta como la del Fuego de Mayo que involucre a sus esposos le provoca sentimientos encontrados. Prefiere no contestar y su maestro vuelve a ser serio.
 
-¿Una boda blanca entonces, el río helado y un hoyo abierto por espada para derramar la sangre en el torrente?
El gemelo niega.
-Tiene que ser después del deshielo, o la familia no podrá estar presente.
Glorfindel asiente. Es razonable que los gemelos quieran  compartir la ceremonia con quienes les apoyaron por tanto tiempo. Y, desde luego, invitar al Clan de Maedros es demostrar que Amroth les importa, que Feanor estaba equivocado con ellos.
 
Ahora Elladan inicia un ataque impetuoso, trata de que el rubio retroceda y acorralarlo. Glorfindel mantiene la sangre fría, pero apoya un pie en cierta zona de grava suelta y se desequilibra. El moreno cree llegada su oportunidad, levanta la espada para el golpe de gracia y sonríe.
 
Un arma se interpone a la de Elladan de la nada y la expresión de Glorfindel se torna socarrona. Avanza y marca dos veces a su contrincante con la ayuda de Erestor.
 
-¡Maestro! -se queja el discípulo ante la inesperada intervención.
-Eso es para que aprendas a mirar alrededor. ¿Qué? -se burla al notar que Elladan está indeciso sobre la continuación de la justa- ¿No puedes con dos viejitos?
El hijo mayor de Elrond gira y queda frente a la pareja.
-Listo.
Intercambian nuevas fintas antes de volver a hablar.
-Entonces, ¿una boda verde? -insiste Glorfindel.
Pero ahora Elladan tuerce el gesto: no le agrada hablar del asunto frente al Primer Consejero.
-Verde, si, y discreta. Solo para la familia.
-La boda de un soberano nunca es discreta -advierte Erestor entre dientes mientras intenta forzar la guardia por arriba.
 
Elladan traba el golpe y usa de apoyo de su segundo atacante para saltar, con lo que el golpe de Glorfindel destinado a su vientre solo corta el aire. Retrocede, recompone la guardia y ataca.
 
-Será discreta: una vieja costumbre de eldars, celebrada entre eldars, con testigos eldars -y en su tono hay desafío.
-Muy discretos tus testigos -repone Erestor-: los soberanos de tres reinos. Sabes que al reconocer la boda reconocerán la ley.
-¿Y? -es evidente que el gemelo no ve el sentido de la acusación.
-Que el Consejo aprobó reconocer el valor de la Ley Antigua dentro de los límites del valle, si alguien considera que pretendes extenderla, podríamos tener que discutirlo de nuevo.
Elladan endurece la mirada y devuelve un golpe con especial fuerza. ¿Qué vio Glorfindel en este elfo atravesado?
-¿Me amenazas, Consejero? -y pone especial énfasis en el cargo.
Erestor esquiva con gracia la finta y resopla.
-Es mi deber advertirte del sendero que tomas, mi Señor -y casi escupe el título.
-¿Advertirme de que ahora votarás en contra?
Pero el moreno no se deja provocar.
-Mi voto es secreto, pero te recuerdo que la Ley Antigua fue reconocida como base de tu enlace para no dejar al Valle sin soberanos. Eso es muy distinto a reinstaurar su valor en toda Arda. Habrá quienes no quieran llegar tan lejos.
 
Elladan se detiene a mitad del gesto y Erestor marca su vientre -con lo que gana el combate-, pero el gemelo no siente el dolor ni da importancia al hecho. ¿Esos perros del Consejo planean...?
 
-Yo... -se calla. Es que tiene un remolino en la cabeza y no soporta la idea de balbucear frente a Erestor.
 
¿Dónde están? Le han hecho adentrarse en el Parque, un bosque artificial lleno de trampas y caminos engañosos donde se entrena a la Guardia. No hay nadie cerca, lo sabe porque el tamaño de las sombras indica que es hora del almuerzo; lo siente porque ser cauto se ha hecho parte de su naturaleza. De hecho están solos. ¿Por qué hablan de esto aquí y no en el despacho?
 
Tirith Osto, Año 1997 de la Cuarta Edad del Sol
 
Eothain no dijo nada mientras el auto tomaba el túnel para pasar a la orilla norte del Anduin y torcía al este, en busca del empobrecido Distrito Trece. Ya sabía que de nada valdría tratar de razonar con estos. Se detuvieron en el parqueo subterráneo de uno de los tantos edificios de vivienda de la zona obrera y lo llevaron al elevador. Mejor eso que las escaleras, se dijo. Salieron en el quinto piso, y recorrieron un par de metros antes de entrar a uno de los apartamentos.
 
La sala estaba casi vacía: una pantalla gigante, una mesa con cajas de pizza y comida china, varias sillas y un teléfono era más de lo que necesitaba una oficina ilegal de apuestas. Pero el local parecía estar lleno, porque el volumen de la TV permitía que se oyeran los comentarios del narrador del juego de football, los gritos de la hinchada en el estadio de Rhovanion y hasta las interjecciones u ofensas ocasionales de los equipos contendientes. El joven reparó en que antes de abrir la puerta no había sentido ruido alguno, y la comprensión de que el local tenía un excelente aislamiento le provocó un breve momento de temor.
 
"No van a golpearme" se tranquilizó a si mismo "porque no quieren que Theódred sepa."
 
En la sala había dos hombres, con la pinta repugnante de los woses, ocupados con un libro de cuentas, y un enano pelirrojo que se volvió hacia los tres recién llegados con gran alegría.
 
–¡Eothain, muchacho, cuánto tiempo sin verte! Pasa, pasa.
 
Los dos tipos que le había traído empujaron al joven dentro y cerraron la puerta. La voz del narrador era imposible de superar, por lo que el hombrecito les indicó por señas que le siguieran. Avanzaron por el pasillo hasta el baño. Uno de los tipos se quedó fuera.
 
–Bueno, aquí podremos conversar –dijo el pelirrojo tras sentarse trabajosamente sobre la tapa del inodoro. –¿Cómo has estado, chico?
–Bien, gracias por preguntar.
–¿Y los estudios?
Eothain sintió que un trago amargo le subía por la garganta, pero reprimió la sensación con habilidad.
–Bien, gracias.
El otro sonrió con la mitad de la boca y su diente de oro resplandeció bajo la luz artificial.
–Tu madre tiene ganas de verte. Le he dicho que, si se mantiene limpia hasta el Día de Arda, tal vez te pague un viaje a casa. ¿No tienes ganas de ver nuestro hogar?
 
El joven mantuvo su expresión cuidadosamente vacía. Los dos sabían que él no tenía ningún deseo de regresar a esa cueva apestosa en los niveles inferiores de la Montaña Solitaria. ¿Hogar? Tal vez lo había sido antes de que su padre muriera, pero todo lo que Eothain podía recordar eran los golpes, el hambre y la oscuridad que le regalaba su padrastro Dori, bajo la mirada alcohólica y extraviada de su madre. Era una suerte que el tipo fuera un khazâd chapado a la antigua en todos los sentidos porque, de haber querido, el enano lo habría metido en su cama a la semana de aparecer por la cueva.
 
Mirado en retrospectiva, tal vez habría sido mejor ¿no?, el repugnante y rechoncho marido de su madre tenía la mano suelta, pero no permitía que nadie más tocara a su familia. Si a Dori le hubiera interesado el cuerpo de su hijastro con la misma fuerza que le interesaba el de su esposa… muchas cosas habrían sido diferentes en su adolescencia.
 
Eothain permaneció en silencio el tiempo suficiente como para que Dori comprendiera que no le interesaba fingir interés por los detalles de la enésima recuperación de su madre. Así que el anfitrión pasó a otro tema.
 
–¿Y los gemelos?
Mejor sería decir, el verdadero tema.
–Bien.
–Me han dicho que uno de ellos está un poco triste. ¿No los mantienes contentos?
El joven chasqueó los labios. Si, había notado al mayor un poco ajeno, como si la mitad del tiempo mirara su vida desde fuera, pero no podía sacarle de sus malos humores así como así.
–No es mi responsabilidad tener contento a Théoden, es mi cuñado –recalcó.
–Son gemelos –desestimó el enano–, ¿no se supone que les gusten las mismas cosas?
–Les gusta el football, el cine sentimental, la comida baja en grasa, la música tradicional; les gustan muchas cosas a ambos, Dori, pero yo solo le gusto a Theódred.
El enano sonrió burlón.
–Y te llena de orgullo llevarte el mismo hombre a la cama desde hace casi dos años, ¿verdad? Qué vida tan linda y limpia tienes ahora. Como el cristal soplado de Erebor ¿cierto? –Dori se adelantó y atrapo entre sus dedos regordetes la barbilla del joven–. Creo que empiezas a olvidarte de nuevo de tu pasado, hijito. Por ejemplo:
El khazâd sacó de un bolsillo un fajo de papeles que le tendió. Eothain los fue leyendo con creciente inquietud.
–Qué cara se ha vuelto la atención hospitalaria, ¿verdad? Este gobierno nos llevará a la ruina porque nadie podrá pagar sus cuentas de salud, ¿no te parece? Quiero decir, ¿a quién se le ocurre que debemos probar la filiación de un menor para poder darle cobertura médica? Se lo he dicho a mis gentes: nada de votar por quien no quiere a los inmigrantes, todos esos discursos de proteger nuestra cultura solo son excusas para vigilarnos. Ahora mismo, un niño juega en la lluvia, se enferma, y si no puedes explicar quiénes son su padre y su madre ¡olvídate de ir al hospital! Y en las consultas privadas te comprueban la tarjeta de crédito antes de ponerte la mano en el pecho, una desvergüenza total.
–¿Ya regresó a clases? –le interrumpió el muchacho con voz estrangulada.
–Si, si. No fue nada grave. Solo una semana en la clínica y un poco de rehabilitación. Pero es muy inteligente, ya se puso al día con las tareas. Claro, el gasto fue tremendo por lo que te explico, quien único te atiende ahora sin preguntar dónde están los padres es el sector privado. Este Adanedhel Arthedain, con su cuento de defender a la infancia, ¡solo cierra puertas! No pensarás votar por él de nuevo, ¿cierto?
 
Pero la mente de Eothain está muy lejos de los avatares políticos del Primer Ministro. Por los Valar, ¿cómo va a salir de esta trampa? Una cosa sabe, no podrá pensar nada medianamente razonable con el parloteo incesante de su padrastro. Tiene que salir de ahí, alejarse, buscar un lugar tranquilo donde pueda llorar, maldecir, repensarse.
 
Se pone de pie.
 
–Tengo que regresar, o notaran mi falta. ¿Qué quieres?
 
Dori ya no sonríe. Está sentado en el inodoro, pero su rostro sus gestos tienen una parsimonia que enerva al rubio. Dori es conciente de su poder: de que el joven ante él está completamente aterrorizado. Dori no tiene que erguirse para imponer respeto, y lo sabe.
 
–Quiero que tu cuñado siga jugando, ¿acaso es algo demasiado complicado? Es hasta patriótico: yo cuido que tu deshonra no se conozca y tú mantienes felices a dos estrellas de la selección nacional de fútbol.
Eothain asiente. Parece fácil, si, pero sabe que pronto no podrá cumplir su parte del trato.
–Bien. Puedes irte hijo, –el enano se levanta y alza la tapa del retrete– yo todavía tengo que hacer algo por aquí.
 
El "puedes irte" funciona como un código de activación al matón que estuvo con ellos todo el tiempo. El hombre toma por el hombro al rubio estudiante de restauración y lo saca al infierno sonoro del corredor, luego al claustrofóbico edificio y lo deja delante de un restaurante de la zona de la universidad donde suele almorzar.
 
El joven entra sin mirar mucho, absorto en las posibles salidas al chantaje de Dori y no se fija en el ruido del local hasta que un grito lo hace regresar a la realidad.
 
–¡Amor! – Theódred viene hacia él con los brazos abiertos, los ojos alegres, los mechones de pelo rubio escapando de una trenza bastante descuidada. –Te traje con el pensamiento.
Eothain no tiene que fingir la sonrisa, porque el abrazo de oso de su pareja le quita el aire.
–Cariño –se queja.
–Lo siento, lo siento –se disculpa juguetón el futbolista y lo toma de la mano para guiarle. –Ven, apenas empezamos a comer.
–¿Empezamos…?
 
El joven sospecha de qué se trata, aunque guarda la esperanza de que todavía pueda tener un almuerzo tranquilo. Después de todo, si Theódred está ahí con su gemelo ¿no es plural? Pero sus ilusiones se evaporan al doblar el recodo y encontrarse a los veintidós integrantes de los Guerreros del Puente, el equipo de fútbol de la Casa del Saber de Ithilien.
 
Los jóvenes están apretujados alrededor de una mesa, y ocupados en servirse un poco de cada fuente dispuesta. Eothain pestañea, hay tantas bandejas y jarras que pareciera han pedido cada uno de los platos del menú.
 
–¡Miren! –exclama Theódred para llamar la atención del grupo. –Ahora si que estamos completos. Haz espacio, hermano.
 
La mesa es redonda, y alrededor tiene un banco de la misma forma, ambas estructuras están unidas por debajo, de modo que se debe pasar por sobre el banco para sentarse a comer. Eothain ya está incómodo: La mesa debe estar diseñada para unas dieciséis o dieciocho personas, así que ya están bastante apiñados y con él serán veintitrés. Además, la perspectiva de tener que seguir la charla ligera de los jugadores de la universidad –comentarios técnicos sobre el entrenamiento y sueños de grandes victorias– no le seduce tras el encuentro con Dori. Él quiere silencio para pensar, ¿es mucho pedir a los Valar?
 
–Ven –la voz de Theoden lo emplaza.
Acepta con una sonrisa divertida la mano que le tiende su cuñado para ayudarle a cruzar.
–No soy una chica ¿recuerdas? –le dice al oído, porque no quiere competir con el jaleo de media docena de conversaciones simultáneas.
 
Justo en ese momento Theódred se sienta y con el gesto lo empuja sobre su gemelo. Eothain engulle la oreja y, por puro instinto, la muerde. Siente entre sus manos como la piel de Theoden se calienta de golpe y un par de brazos le agarran. Eothain está a punto de dejarse ir, solo que los aplausos y silbidos alrededor le hacen reaccionar. Se aparta y busca el rostro de su pareja con temor, pero Theódred no lo mira a él, sino que se esfuerza por hacer callar al equipo.
 
–¿Quieren que nos echen antes de almorzar? –se queja.
–Es que no sabíamos que fueras taaaan tradicional, jefe –se ríe el pelirrojo Karel.
El rubio pone los ojos en blanco.
–Están tan obsesionados con el sexo que confunden un choque con un beso, ¡degenerados! Mañana van a correr el doble y todo el mundo a un prostíbulo el sábado. No quiero que se consuelen pensando en MI prometido.
 
Imladris, Año 2 de la Cuarta Edad del Sol
 
Glorfindel y Erestor no dicen nada, solo esperan mirándole a los ojos. Conoce esa mirada: esto es un examen. Elladan asiente, acepta el reto. Bien, si tuvieron esta charla larga y dolorosa –en el sentido literal del término– para jugar ahora a las miradas, significa que los hechos están a la vista, solo debe unir las piezas en su mente. De acuerdo, si, puede hacer eso. Paso a paso, como cuando Glorfindel les llevaba a buscar rastros por el bosque y debían construir una historia.
 
¿Dónde están? Le han hecho adentrarse en el Parque, no hay nadie cerca, porque quieren que esto sea solo para sus oídos, no para su esposo o su prometido. Hablaron de la boda, ¿cierto?, de la fecha, del ritual y de los invitados. Es de la boda, ¿pero no deben saberlo sus esposos? No, espera, el Consejo podría volver a reunirse si creyeran que sus pretensiones son muy grandes, porque aceptar una invitación es aceptar la ceremonia, y aceptar la ceremonia es aceptar la ley. Los invitados, el problema son los invitados. "Muy discretos tus testigos" dijo Erector "los soberanos de tres reinos." Si, bueno, es el Señor del Valle, ¿quiénes van a ser sus parientes? Veamos: el Consejo resuma adoración por la abuela, Lady Galadriel podría decretar mañana mismo que cada elfo debe comer carne y aprobarían los diseños de una chiquera en menos de un día. No, el problema no es Bosque Dorado. ¿Halladad? Saben que está casado con la hermana de su prometido, y parte importante de su política interna es el regreso de muchas de las costumbres antiguas. Están revisando toda su legislación ahora mismo para expurgar las contaminaciones de tanto roce con mortales y enanos. Es probable que, a la larga, los sindar recuperen aún más leyes antiguas y pongan en un aprieto a los otros reinos élficos. No, Bosque Verde tampoco es el problema. Solo queda…
 
–¡Es mi hijo! –y la deducción se ve confirmada por la mirada culpable de Glorfindel y levemente incómoda de Erestor. –¿Están locos? No puedo casarme sin mi hijo.
–Ya no es un niño, Elladan –le recuerda el vencedor del balrog. –Hace décadas que dejó de ponerse cáscaras de papa sobre las orejas para fingirse un elfito.
–Es mi hijo –repite el Señor del Valle con fiereza. –Fue amamantado por Elrohir, le enseñé a andar y cabalgar…
Pero la voz del Primer Consejero le interrumpe.
–Nunca fue tu hijo ante la Ley, ni siquiera se asentó Estel como su nombre legal. Nos esforzamos mucho porque no olvidara su legado, porque aceptara ir a reclamar el derecho de su linaje de sangre. Es Aragorn, hijo de Arathorn, fue coronado rey Elessar Telcontar, el heredero verdadero y único de Isildur y soberano de los reinos gemelos de Gondor y Arnor. Es el Rey de los Hombres.
 
Elladan traga en seco. Sabe que los argumentos son válidos. Sabe, incluso, que los enemigos de Estel en Gondor podrían usar esta boda en su contra.
 
–Lo educaste para Rey, Elladan –le recuerda Glorfindel.
–Lo hice –admite con los dientes apretados.
–Y si es un buen Rey entenderá que no puede venir ausentarse de Gondor de nuevo, esta vez para celebrar un incesto.
 
Elladan mira a Erestor con rabia. Nadie como él para escoger las palabras más desagradables. Pero no responde, ¿qué va a decir? Da un par de pasos para alejarse de ellos y mira el cielo.
 
Es una mierda ser soberano, fue lo que pensó al comprender que amaba a su hermano. Uno no puede amar a su gemelo y detentar un señorío. Elrohir le hizo verlo de otra manera: solo al gobernar un señorío puedes ponerte por encima de la ley, incluso permitirte amar a tu hermano. Persistió por eso, porque tenía la esperanza de que las cosas serían mejores si alcanzaba su cuota de poder. Buscaron y obtuvieron poder en la corte de Fornost y en las comunidades nómadas del Reino Perdido, poder suficiente para que sus actos no fueran cuestionados, siempre que la discreción marcara sus acciones.
 
Ahora no se esconde, y es porque nadie le disputa el poder en el Valle. Esta es una parte del poder que por herencia le corresponde: ser Señor del Valle y rescribir la Ley. Es posible que llegue a gobernar Bosque Dorado, si los abuelos se aburren algún día de tal belleza, no lo sabe. Además, él o alguno de sus hijos serán la elección natural para ejercer la regencia de Arnor, pero esto solo es así porque Aragorn es Rey en el sur. Será regente porque Aragorn ha crecido para redimir a su estirpe, para ser Rey. No puede tenerle en su boda porque lo educó bien.
 
Los Valar aman la ironía.
 
Elladan vuelve a mirar a los dos elfos con rostro ya controlado, impasible. Ese es el tipo de expresión que se cultiva y aprecia entre los Primeros Nacidos, aunque él nunca ha comprendido bien para qué sirve, excepto para complicar las relaciones.
 
–Ha sido una práctica muy agradable, Primer Consejero, Sanador Mayor. Ahora, si me permiten, debo escribir una carta a mi hermana.
 
Continuará…
 
Anexos:
 
Incesto entre gemelos (trad de Wiki en inglés http://en.wikipedia.org/wiki/Incest_between_twins)
 
El incesto entre gemelos, también conocido  como "twincest" (inglés), es una subclase de incesto entre hermanos e incluye relaciones heterosexuales y homosexuales. Aunque en la cultura moderna de Europa Occidental este comportamiento se considera tabú y es muy raro, el incesto entre gemelos es un elemento común en las mitologías indoeuropeas, de Indonesia y Oceanía, y hay algunas sociedades en las cuales la prohibición sobre el mismo está limitada o el fenómeno es parcialmente aceptado.
 
En la sociedad de Bali
 
En la cultura tradicional de Bali era común que dos gemelos de distinto sexo se casaran entre si, ya que se asumía que habían tenido sexo en el útero. La explicación antropológica usual de esta costumbre está basada en explicaciones de los conflictos entre descendencia y afinidad en la sociedad balinesa. El incesto entre gemelos era un elemento común en la mitología de Bali -numerosos mitos de la creación del sudeste asiático presentan en papel preponderante una pareja de gemelos o hermanos. En una de las historias más comunes, el hermano se casa con su hermana y ella concibe un hijo, pero al descubrir que son hermanos, son forzados a separarse. Como en muchas otras mitologías, las deidades de Bali frecuentemente se casan con sus hermanos sin ninguno de los problemas que enfrentan las parejas incestuosas humanas.
 
Incesto en el folclor (trad de Wiki en inglés http://en.wikipedia.org/wiki/Incest_in_folklore)
 
Islandia
 
En el folclor de Islandia un argumento común incluye un hermano y una hermana que conciben (ilegalmente) un bebé. Inmediatamente deben escapar de la justicia al irse a vivir a un valle remoto. Allí tienen varios hijos más. El varón tiene habilidades mágicas que usa para dirigir a los viajeros en dirección al valle o lejos del mismo, según decida. La pareja de hermanos siempre tiene una hija y cualquier cantidad de hijos. Eventualmente el padre permite que un joven (usualmente en busca de una oveja perdida) entre al valle y le pide que se case con la hija y de a él y su hermana-esposa un funeral civilizado tras su muerte.
 
Bretaña / Irlanda
 
En la antigua saga irlandesa "Tochmarc Étaíne", Eochaid Airem, el rey de Irlanda, es engañado para dormir con su hija, a la cual confunde con su madre Étaín. La hija de su unión será la madre del legendario rey Conaire Mor.
 
En algunas versiones de la leyenda británica medieval del Rey Arturo, Arturo accidentalmente engendra un hijo con su media hermana Morgana en una noche de lujuria ciega, y, cuando oye en una profecía que traerá la destrucción de la Mesa Redonda, intenta matar al niño. El niño sobrevive y se llama Mordred, su último némesis.
 
Endogamia (trad de wiki en inglés http://en.wikipedia.org/wiki/Incest)
 
El incesto que resulta en descendencia es una forma de endogamia cercana (reproducción entre dos personas con ancestro común). La endogamia lleva a una mayor probabilidad de defectos congénitos porque incrementa la proporción de cigotos homocigóticos, en particular de alelos recesivos perjudiciales, que producen desordenes. Como tales alelos son raros en las poblaciones, es improbable que dos cónyuges sin parentesco sean ambos portadores heterocigóticos. Sin embargo, como los parientes cercanos comparten una gran parte de sus alelos, la probabilidad de que cualquier alelo recesivo perjudicial presente en el ancestro común sea heredado de ambos padres se incrementa dramáticamente con respecto a las parejas exogámicas. Contrario a la creencia común, la endogamia no altera por si misma la frecuencia de los alelos, sino que incrementa la proporción relativa entre homocigóticos y heterocigóticos. Sin embargo, como la mayor proporción de homocigóticos recesivos perjudiciales expone a los  alelos a la selección natural, a la larga su frecuencia disminuye más rápido en la población endogámica. A corto plazo, la reproducción incestuosa debe producir aumento de los abortos espontáneos, muertes perinatales y descendencia con defectos de nacimiento. También puede haber otros efectos perjudiciales además de los causados por enfermedades recesivas, como el hecho de que un sistema inmune similar puede ser más vulnerable a enfermedades infecciosas.
 
Un estudio de 29 nacimientos resultantes de incestos entre hermanos o padre-hija encontró que 20 tenían anormalidades congénitas, incluyendo cuatro directamente atribuibles a alelos autosómicos recesivos.