¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

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07 julio, 2010

EN BUSCA DE UN SUEÑO 26

26 Y la noticia del día es…

Tirith Osto, Año 1997 de la Cuarta Edad del Sol
Igor regresó a casa todavía conmocionado por su nuevo y sorprendente empleo. Cuando sus compañeros llegaron, estaba frente al televisor, tratando de sacarse el asombro con las noticias de un presentador cuyas duras facciones veía por primera vez.

Silvia y los gemelos siguieron por el corredor hacia sus cuartos. Alcar y Eothain llevaron una caja de herramientas y materiales al extremo de la sala que hacia las veces de taller. Boris se dejó caer junto a Igor, y contempló extrañado la pantalla.

–¿Qué canal es ese?
–CHS –Igor tomó el control para evitar que Boris se pusiera a buscar fútbol. 
–¿Es extranjero? No entiendo mucho –inquirió Eothain.
–Es el Canal de Harad del Sur –explicó Igor sin prestarles atención, claramente interesado en lo que fuera que le pasaba a la Reina de Belleza de Umbar.

Si, en efecto, el locutor hablaba en haradrim, solo que era una lengua tan poco usada en la casa que no la habían reconocido de golpe. Boris, Eothain y Alcar miraron a Igor extrañados e inseguros de qué decir. Por un rato predominó la voz del desconocido presentador:

–... Y en las nacionales: El gobierno federal anula una deuda entre Harad y Brasil de casi dos siglos de antigüedad.
En un gesto de liberalidad que poco respeta los aprietos económicos que exige a sus ciudadanos, el gobierno central anuló este jueves una deuda de Brasil de más de dos siglos de antigüedad, correspondiente a un valor actual de 10 millones de dólares (unos 17,2 millones de aranis). La decisión fue confirmada por el primer ministro, Adanedhel Arthedain, tras un almuerzo con el presidente brasileño, Fernando Henrique Cardoso.
La deuda databa de 1800 y representaba un derecho de paso exigido por aquel entonces por la República Cristiana de Harad a todos los barcos que navegaban por delante del castillo de Kronborg para cruzar el estrecho de Khand. Este tipo impuesto fue eliminado en las cuencas del Atlántico y el Mediterráneo en 1810, en negociaciones entre las potencias internacionales del momento, a las que asistieron representantes de la República Cristiana de Harad y Nueva Númenor. Se acordó que cada nación que renunciaba a tal práctica tenía que recibir una compensación por parte de las principales diez naciones marítimas en términos de una cantidad única. Sólo Brasil no había satisfecho dicha cantidad hasta la fecha.
El Ministro de Finanzas, honorable Maggot Pelargir, insistía en que Brasil pagase lo que debía a los haradrims, pero el jefe del gobierno ha preferido cerrar el caso. "Declaro oficialmente que anulamos nuestra exigencia", señaló Arthedain a la salida del almuerzo
con Henrique Cardoso, citado por la agencia AFP. El primer ministro precisó que Arda y Brasil son "actualmente partidarios de la supresión de las barreras aduaneras para aprovechar totalmente la globalización".
Fernando Henrique Cardoso terminó este domingo una visita de Estado de dos días en Arda, la primera de un presidente de Brasil desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la República Cristiana de Harad y el Imperio de Brasil, en 1822.


Sin dudas la noticia era interesante –teniendo en cuenta las tensiones del gobierno minoritario de Arthedain–, pero ellos estaban acostumbrados a ver el noticiero de las ocho en ArdaVisión, en oestron, por cierto.

Boris fue el primero en reaccionar.
–¿Y esa locura de mirar las noticias de los cristianos? –y trató de quitarle el control del TV a Igor.
El rubio apartó la mano con rapidez. –Estoy practicando el idioma.
Esa era una razón sorprendente, cuando menos. ¿Planeaba Igor irse a trabajar en el sur? Alcar dio voz a la inquietud de los otros tres, pero a modo de chiste, para aminorar la tensión.
–¿Conseguiste trabajo de gerente en una empresa de camiones de basura?

Eothain y Boris rieron, pero Igor les miró molesto y los otros tres se quedaron extrañados.

¿Qué otra razón sería verosímil? Aunque Igor estudiaba idiomas, era ridículo que le dedicara al haradrim horas de TV. Lo suyo era la Cuarta Edad, los bellos elfos y el misterioso Geniev ¿no? Nadie que no fuera cristiano –o que padeciera complejo de culpa y se dedicara a la lucha por sus derechos– tenía que aprender el idioma del sur. Los sureños tenían que aprender oestron, porque habían perdido la Segunda Guerra de Unificación, por muchas leyes de discriminación positiva que obtuvieran tras la Rebelión de 1958. “Mala suerte beatos, eso pasa cuando matas rohirrims”, se burlaban los niños edains cuando estudiaban la conquista de Nurmen y la abdicación de Lemev XXVIII. Ahora enseñaban su idioma en las escuelas de todo el país, pero fuera de Harad y Rhun solo eran buenos para sacar la basura, fregar los platos, dirigir la mafia y... todo lo que implicaba ser ciudadanos de segunda categoría. Eso eran los descendientes de los guerreros de Harad y los Corsarios de Umbar. ¿Y la minoría que había logrado ascender, colarse en las universidades, fundar empresas, hacer política, ser invitada a las recepciones del Ejército del Oeste? Esa minoría estaba en el juego del poder, no lo cambiaba.

El silencio en la sala era ahora desagradable, pero la charla dio un giro inesperado.
–¿Cuál es el menú? –preguntó Silvia al regresar de su habitación ya sin el uniforme. 
–¿Menú? –repitió el rubio extrañado.
–¡Yo te diré! –gritó Theódred desde la cocina. –Pizza congelada y... jugo de naranja.
El gemelo de pelo largo salió de la cocina y se acercó al grupo con expresión intrigada.
–¿Acaso se te olvidó que debías cocinar?
Igor le miró extrañado y luego hizo un gesto de sorpresa.
–¿Igor? –la voz de Alcar ahora sonaba inquieta.
Pero el rubio se repuso sin demora.
–¿Creen que voy a cocinar para ustedes ahora que soy –carraspeó para darse importancia– el Secretario de su Señoría Gorland Telcontar Thrandulion, Hermano Mayor del Heredero de los Telcontar, Príncipe de Mirkwood y Rivendel, Señor de Anfalas, Protector de Harad, Señor de los Puertos de la Tierra Media y Bienhechor de Moria? Nos vamos a comer a la calle. ¡Elijan el lugar!

Un valle en el lado occidental de las Montañas Nubladas

Mardil se dirigió despacio al patio central del complejo. Del otro lado del edificio que ocultaba la explanada se oía el ruido de descarga de las provisiones, pero él no estaba muy entusiasmado: la llegada de los abastecimientos desde Rauros solo le iba a recordar a Lindir. El jaleo con Hai le había dejado muy cansado, física y emocionalmente, como para ayudar en la descarga de los abastecimientos y la posterior carga de los productos que enviarían al mercado esa semana. Tras ponderarlo unos instantes, el joven moreno dio un suspiro y dobló la esquina del edificio con resignación.

–Que los Valar decidan...

Tal como previera, el patio era un hervidero de acción. No solo se trataba de gente encargada de la estiba, sino de perros ladrando, pequeñines oteando desde las esquinas, relinchos alterados desde las caballerizas por el ruido. Fastidiado, Mardil sacudió la cabeza y dio un rodeo para alcanzar la puerta del almacén principal, a fin de ponerse a las órdenes de Eärcaraxë. Era preferible reventar de cansancio, acaso así dormiría sin sueños más tarde.

Al acercarse a la plataforma desde donde se controlaba la estiba, notó que Eärcaraxë lucía excitado. Eso era extraño. Primero porque los camiones de provisiones no eran novedad ni alegría para él. Segundo porque el pelirrojo era famoso por su inconmovible semblante, tan bello como hierático –la verdad sea dicha, tras una juventud como la de Eärcaraxë Delagua, era difícil hallar emoción en una colonia agrícola montañesa, razón por la cual había pedido a su Señoría la residencia permanente en este rincón de las Montañas Nubladas. Ahora su expresión tampoco era elocuente, pero Mardil le conocía tiempo ha. Algo más que conservas de tomate y aspirinas había llegado. 

Mardil se detuvo ante la puerta de la oficina, esperando que el pelirrojo contramaestre le orientara:
–Te esperan en la Casa Grande.
El moreno pestañeó desorientado.
–¿Cómo?
Eärcaraxë no era paciente, en especial con sus subalternos. Levantó sus ojos azul oscuro ya teñidos de enfado y reformuló la orden.
–Bolg Osgiliath te espera en la Casa Grande –y añadió para acabar de intrigar al joven. –No le estropees el buen día al viejo con tu lengua.
Bueno, esto era para escribir en el periódico, Eärcaraxë Delagua preocupado por alguien.

En lo que se acercaba al complejo habitacional de la comunidad, Mardil trató de poner en orden sus sentimientos. Tras la partida de Lindir, había dejado la habitación que compartían, seguro de que su pareja no regresaría hasta cumplir la palabra dada a Su Señoría. Pero ello había hecho tensas sus relaciones con el viejo Bolg, cuya satisfacción cuando solicitaron una habitación común solo era comparable con el honor dispensado por Su Señoría al elegir a Lindir para acompañarle al sur. Si se hubieran separado en buenos términos, Mardil se habría animado a decirle a Bolg que ambos lo habían discutido ya: la Comunidad crecía por primera vez tras casi dos siglos, pero el espacio no, de ahí que decidieran ceder su departamento hasta que se reunieran. ¿Acaso iba a estar menos solo en tres habitaciones?

Pero no, Lindir se había llevado sus bártulos de vuelta a la casita de Bolg la noche antes de partir, tras una pelea a gritos donde ambos dijeran cosas feas, de las que no tuvieron oportunidad de perdonarse... Con ese panorama, entregar el apartamento e irse a vivir como soltero parecía decir “He renunciado a mis votos. Estoy disponible”, pero ¿quién se atreve a piropear al yerno de Bolg Osgiliath, guardaespaldas de Su Señoría y domador de wuargos? El mismo Mardil no tenía valor para ir donde el viejo y narrar su arrepentimiento, y Bolg –el muchacho no lograba saber si por enfado o discreción– le evitaba.

Bueno, lo que fuera que había llegado del sur había hecho que el viejo cambiara de idea. ¿Acaso su esposo había enviado un paquete o algún detalle que indicaba su deseo de arreglar las cosas? Esta idea alivió un poco la tensión dentro de Mardil y le permitió sonreír levemente al cruzar el umbral de la Casa Grande y divisar la imponente figura de Blog. Avanzó hacia él sin mirar nada más, y por eso casi saltó al sentir que tomaban su brazo izquierdo y le obligaban a detener la marcha y girarse. No apartó al atrevido de un manotazo porque reconoció el toque.

–¡Dulce Elbereth! ¡Qué susto me haz dado, Lindir! –solo entonces reparó en lo ilógico de la situación. –¿¡Lindir!? Pero ¿qué…?, ¿tu no…?, ¿ha pasado algo?
Lindir lo contempló con expresión crítica, Mardil recordó la aventura con Hai y bajó los ojos, avergonzado. Sus ropas estaban sucias de trajín, seguro apestaba a sangre y sudor.
–No sabía que llegabas –se disculpó. –Hai ha tenido su camada hace menos de una hora y Eärcaraxë me ha mandado subir a la Casa Grande sin explicaciones. Pensé que tenía que estibar algo de la colección privada de Su Señoría, no que…

Se calló, porque al menos podía darse cuenta de que balbuceaba. Lindir seguía callado, mirándole con sus intensos ojos lavanda. No había enfado en sus ojos, lo cual tranquilizó a Mardil, pero tampoco alegría.

–Espero un hijo.

Mardil se desmayó.

TBC… 
Notas
Noticia original de la deuda brasilera “Dinamarca anula una deuda brasileña de más de dos siglos de antigüedad” en Rebelion.org (15-09-2007): URL: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56180.

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