¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

20 julio, 2010

DE LEYES Y VENGANZAS 30

Se solicita un cantante

Aclaración: Se muy bien que el Blaise Zabinny de JK Rowling es de piel oscura, pero ya lo presenté con color vampírico y seguiré adelante.

You must remember this
A kiss is still a kiss, a sigh is just a sigh
The fundamental things apply
As time goes by…
"As Time Goes By", Louis Armstrong


Al llegar a las puertas del edificio, Percy no pudo contener cierto nerviosismo. Había elegido con cuidado sus palabras por teléfono y Blaise –con esa voz aniñada que te dejaba dudando sobre su género biológico– aceptó verle esa misma tarde para coordinar unas sesiones de grabación y recibir los papeles de autorizo. Todo normal, profesional, racional ¿no? Entonces ¿por qué estos nervios al ver acercarse al portero?

“No te apresures” recordó la voz de Charlie en su cabeza “Estás dolido por lo de Penélope, debes tomar tiempo para decidir tus próximas acciones.” Si, si, claro, calma. No podía ponerse a explorar su sexualidad con menores de edad. ¿Qué diría Charlie? Respiró con fuerza y encaró al portero.

–Al apartamento 4, para ver al señor Zabini.
El hombre lo estudio por unos minutos. Percy se fijó en el nombre grabado sobre su corazón, Bateson, también en sus ojos verde turbio, inquisitivos y malvados. Finalmente la puerta –de cristales azulados con diseños de flores de lis en estilo art decó en nevado– se abrió.
–El elevador está allá –señaló Bateson al corredor de la izquierda. –El cuatro es el apartamento de la izquierda.

Percy avanzó despacio, pensando en la frase “el apartamento de la izquierda” en lo que manipulaba los controles. ¿Solo tenían dos viviendas por piso? Las puertas se abrieron a un corredor de color beige, con amplios ventanales y solo dos puertas. ¿De qué tamaño eran esas casas?

Apenas tocó el timbre con forma de flor de lis y la puerta se abrió. Blaise le sonreía con timidez, su rostro pálido arrebolado contrastaba con el cabello oscuro y rizado.

–El portero me advirtió que subías –explicó. –Pasa.

Cruzaron el recibidor y avanzaron por un corredor. El apartamento estaba decorado al estilo de los años cuarenta. Todo era muy elegante y antiguo, acorde con la conversación que sostuvieran y lo que esperaba de un pupilo de Malfoy, pero el pelirrojo percibía todo ese lujo vagamente.

Percy estaba prendido de la figura andrógina de Blaise. La ropa de segunda mano de la audición había desaparecido y ahora llevaba jeans ajustados a la cadera y una camiseta blanca de mangas largas y torso corto, de modo que la pálida piel del vientre gritaba su belleza en cada paso. Blaise era tanto más bello porque no parecía estar ostentando su cuerpo. El muchacho se movía despacio, contoneando las caderas como una mujercita delgada y elegante. Pero no era, no podía ser confundido con una mujer, porque sus hombros eran angulosos bajo la delgada tela de la camiseta y la espalda era dura, sin pizca de grasa y con leves líneas de músculos –huellas, dedujo, de un entrenamiento estable, aunque no excesivo.

Se detuvieron literalmente al final, en el balcón del fondo de la vivienda. Allí esperaba un servicio de te de plata con la infusión humeante, leche, pastas y galletas. El sol llegaba indirectamente merced de un toldo con flores de lis y el ruido de la calle apenas molestaba en esta fachada trasera del edificio, que se abría a un parque desierto.

–Siéntese –invitó el jovencito.
Percy le obedeció y, en lo que su anfitrión servía el te, sacó los modelos de su bolsa-bandolera. Los puso en la mesa, al otro lado de la tetera.
–Es necesario que su tutor los firme para seguir adelante con las grabaciones.
–¿Azúcar?
Ante el asentimiento, Blaise empujó en su dirección la azucarera.

El silencio mientras tomaban te y galletas no era incómodo, descubrió el pelirrojo con asombro. Blaise actuaba como si estuviera solo: miraba hacia el parque mientras masticaba una galleta y tomaba sorbitos de te. Percy aprovechó para contemplarlo despacio y confirmar la belleza pura, casi innatural, del adolescente: La clave estaba, confirmó, en la falta de rasgos masculinos. Era como si Blaise  no hubiera pasado por la pubertad, por lo que sus rasgos afilados tenían una tersura andrógina que congeniaba con sus andares y sus uñas arregladas con esmalte transparente.

–¿Te interesaría cantar en una fiesta privada?
El muchacho giró el rostro y entrecerró los ojos.
–¿Qué tipo de fiesta?
–Es el cumpleaños de cuñado y queremos… –Percy se detuvo y pensó que este era el momento en que en verdad probaría que se había reconciliado con Charlie y consigo mismo. –Mi hermano quiere que un cantante interprete canciones rumanas tradicionales  durante la fiesta, porque su pareja es de allá.
Esperaba alguna reacción, ¿escándalo, asombro, curiosidad?, pero Blaise permaneció quieto. Solo sus ojos oscuros, verdaderamente negros, se movieron del rostro de su interlocutor a un punto de la pared y luego  quedaron ocultos por sus largas pestañas rizadas.
–¿Pagan en efectivo?
Esto parecía un imperativo entre los intereses del moreno.
–Si lo deseas… –la verdad es que era la última pregunta que esperaba. –¿Cincuenta libras la ahora te parece bien? –el jovencito asintió– ¿Entonces, el 10 de mayo en la tarde?
–Si vienes por mi… –solicitó Blaise con las mejillas arreboladas de vergüenza y Percy recordó cómo habían trabado amistad.
–Claro. No deseo que te pierdas en el camino.
Entonces recordó algo más de la conversación de ese día, dio un vistazo a su reloj.
–Son las cinco, ¿tal vez sea mejor que me valla?
Blaise se puso aún más rojo, si eso era posible.
–Es que tendría que explicarte cómo te conocí y no se supone que saliera de casa…
“Yo tampoco te dejaría salir de casa, ni vestirte” se descubrió pensando Percy, pero enseguida desechó tal idea. 
–De acuerdo. Te veré más adelante en la semana con las partituras.
–De acuerdo.

Regresaron a la puerta del apartamento despacio. Estaban contagiados de esa felicidad pueril de los niños que ocultan un secreto a sus mayores –aunque sea un pequeño secreto– y reían con risas alegres, cómplices. Antes de mover el cerrojo, el moreno miró a los ojos del otro con repentina seriedad.

–Puedes besarme. No se lo diré a nadie.
Percy supo que decía la verdad, pero no era eso lo que le impedía besar lo labios carnosos y rosados del chico. No podía besar a nadie –hombre o mujer– tan pronto.
–Tal vez en la fiesta podamos charlar más –la mirada de Blaise se apagó, y él se apresuró a ofrecer un compromiso–, y volveremos a discutir lo del beso.

TBC…

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