¿Qué es un fanfic?

Fanfiction (lit. ficción de fans), relatos de ficción escritos por fans de una película, novela, programa de TV, trabajo literario o dramático, donde se utilizan los personajes y situaciones del original y se desarrollan nuevos papeles para estos personajes. El slash es un género de fanfiction de temática homosexual. El término "slash" suele quedar reservado para las relaciones entre hombres; para las mujeres se emplea femslash, f/f slash o femmeslash. Aclarado el asunto: ¡Empieza el viaje!

Advertencia contra el Copirigth

Todos los personajes reconocidos públicamente son propiedad de sus respectivos autores. Los personajes originales e historias son propiedad la autora. No se genera ningún beneficio económico por este trabajo, ni piensa por un instante en los derechos de autor.

23 septiembre, 2008

EN BUSCA DE UN SUEÑO 22

Un pacto

"Its always a rainy day without you
Im a prisoner of love inside you -
Im falling apart all around you"
One Year of Love, John Deacon de Queen

Minas Tirith, Año 2 de la Cuarta Edad del Sol

Ecthelion y Geniev permanecieron en silencio, mirando por la ventana las calles de Gondor, el caótico movimiento de los ciudadanos, tan útil para ocultarse.

El quejido del campesino desde su lecho les hizo reaccionar. Geniev se movió tan rápido que Ecthelion no alcanzó a verle, se dijo que debía estudiar un poco más las crónicas de los días antiguos para no quedarse con cara de tonto cada vez que el príncipe sacara sus cualidades a flote.

–No te muevas Barahir, o dolerá más. Debemos vendarte, creo que tengo lo necesario en mi arcón.
En lo que buscaba vendas y tijeras en el baúl, Ecthelion se sentó junto a su amigo.
–¿Estás bien?
–Si. –contuvo un gesto de incomodidad– Aunque el mundo aún da algunas vueltas, en cuanto me faje deseo ir a tomar aire.
–Temo que eso no será posible, dice Geniev que deberás guardar reposo por una semana, al menos.
–¡¿Una semana?! –ya el otro estaba a su lado con lo necesario para la operación de vendaje– Geniev, no puedo faltar siete días a clase sin dar explicaciones.
–Y yo no puedo hacer que una costilla humana sane sin reposo. Ecthelion, ayúdame a levantarle para vendarlo, y tú no hagas ninguna fuerza.

Por un rato solo se oyeron el roce de la tela contra el cuerpo del muchacho y sus eventuales quejidos. Cuando hubieron terminado Geniev se le enfrentó.

–Ahora escúchame Barahir, no se qué razones tendrás para ocultar lo de hoy, pero para que vuelvas a sostener una espada deberás pasarte una semana en cama o sentado. Todas las soluciones que busquemos pasan por esa condición ¿De acuerdo?
El otro fue a replicar, pero un vistazo a los ojos del príncipe le advirtió sobre la cautela. Suspiró.

–De acuerdo.
–No sé ustedes guerreros, –intervino el otro rubio– pero yo pienso mejor con la barriga llena, y hace rato empezó la hora del almuerzo.
Los otros dos sonrieron ante el comentario. Geniev asintió.
–Lleva razón el pequeño intrigante. Propongo que bajemos y traigamos algo para este herido de guerra.
–No. Baja tu solo Geniev, Barahir y yo tenemos cosas que hablar y... tampoco conviene que me vean sin él.

El medio elfo asintió en silencio, volvió a anudarse el cabello, se echó una túnica de grandes bolsillos por encima y salió. Ecthelion puso el seguro a la puerta y volvió a sentarse junto a su amigo, pero no sabía bien por dónde empezar, así que empezó a trazar dibujos en la manta.

–Creo que le debemos dejar tranquilo a Geniev, –empezó el herido– ha demostrado ser un caballero cumplido.
–Si, lo ha demostrado. –confirmó, pero no levantó los ojos.
–Lo menos que podemos hacer es guardar silencio, porque el príncipe me ha salvado la vida. ¿Sabes? A partir de ahora tendrá en mí a un fiel servidor.
–No lo dudo.
–¿Y tú?
–¿Yo? Mmmm.
–Oye ¿Qué te pasa? Te estoy diciendo que debemos dejar de vigilar a Geniev, que no me importa lo que creas, porque para mi es un caballero, que me importa un pepino hijo de quién. Contestas con monosílabos, no discutes. Te pasa algo.
–Es que...
–¡Ecthelion hijo de Igram! Escupe lo que sea.
–Es sobre Geniev. Mientras dormías, me dijo que sabía que lo estábamos vigilando –el espanto de Barahir fue tremendo– y que no le importaba, que deseaba que fuéramos amigos aunque nuestras intenciones iniciales no fueran... honestas.

La risa de burla interrumpió el entrecortado discurso del joven.

–¿Amigos? ¿Tú y yo amigos del chico de la casa Telcontar? Pero de veras que es un niño. No sabe nada de jerarquías. Te dije que no podía aspirar al trono, ahí tienes una buena razón.
–¿!Quieres callarte?! No he terminado. Geniev no es un niño sino un medio elfo, pero el Rey desea que alterne con personas de su misma edad en términos humanos.
–¿Medio elfo? ¿Quieres decir... orejas puntiagudas?
–Si orejas puntiagudas, tremenda fuerza, y larga vida. Tiene treinta y cinco años, así que no podrás acusarlo de no saber del mundo. Podría ser nuestro padre ¿entiendes? Pero desea ser nuestro amigo y yo... Yoquiero aceptar.

Barahir se detuvo a pensar: Geniev no era humano, Geniev le triplicaba la edad, Geniev había dejado que Ecthelion y él jugasen a vigilarlo, Geniev le había salvado, Geniev le apreciaba lo suficiente para proponerle su ¿amistad? Ser amigo de un príncipe es algo bueno, sin dudas, pero implica responsabilidades.

–Oye, yo soy un campesino, tú mismo lo haz dicho, hace un año apenas sabía usar los cubiertos. No sé cómo podría gustarle a Geniev.
–¡Por favor! No se trata de que se enamore de ti.
–No digas esas cosas, hemos llegado a la conclusión de que...
–Ni lo menciones. En cierto momento creí que me saltaría encima y le grité que se fuera al lecho de Elessar.
–¿Eso hiciste? –Barahir lo contempla con una mezcla de admiración y espanto– ¿Y no te golpeó?
–No, –el medio elfo aparece tras Ecthelion– le expliqué llanamente que ninguno de ustedes dos me interesa en ese sentido.
–¡Maldición! Que susto me haz dado Geniev.
El aludido se encogió de hombros. –Es que no me acostumbro a caminar haciendo ruidos por ahí.
Luego extendió sobre la cama un pañuelo, empezó a sacar de sus bolsillos diversos alimentos y los fue depositando allí para que los rubios comieran.
–Esto fue todo lo que pude tomar sin llamar la atención.
Tomó la silla de la mesita y se sentó a los pies de la cama, por unos instantes los miró.
–Tengo una idea. –cuatro ojos lo miraron sin entender– Una idea para justificar la ausencia de Barahir esta semana.
–¿Si? Bueno, después de ponerme esa costilla en su lugar espero de ti cualquier cosa.
–Podemos decir que fuiste a ver a tu madre.
–¿Sin permiso de Hamras?
–El está fuera, no regresará hasta mañana, ya lo averigüé.
–¿De dónde sacaremos un motivo tan fuerte que hiciera a Barahir partir sin esperarle?
–De Palacio, exactamente del Senescal. Vas a partir con urgencia porque Faramir desea que decidas, junto a tu madre, si aceptar un préstamo para cubrir las hipotecas que se vencen este otoño.
El rostro de Barahir se tornó gris al oír hablar de hipotecas, pero intentó salir del paso con lógica.
–Es muy complicado, Hamras deseará pruebas.
–Una carta lo suficientemente ambigua, donde se insinúe mucho y solo quede claro que estarás ausente una semana. Eso debe ser suficiente.
–Aún no tenemos esa carta y habría que entregarla por medios oficiales.
–¿Olvidas con quién hablas?
–No lo olvido, tampoco olvido dónde, pero sin camisa y en tu lecho conservo la dignidad. No dejaré que el Senescal me cubra las ausencias a clase por congraciarse contigo. Sin contar con que esa historia del préstamo podría sonarle a insinuación. Ni hablar.

Entonces Geniev volvió a usar su voz de guerrero, esa voz que salía cuando su paciencia estaba al límite y desagradaba terriblemente a Ecthelion.

–No me gusta que hables así de Faramir, él nunca haría nada por congraciarse con mi padre. –respiró hondo y fue hasta la mesa– Propongo esto porque la suya es la única autoridad que forzaría a Hamras a tragarse las preguntas y también –regresó y le extendió pergamino lacrado– porque es parcialmente cierto.
Barahir alcanzó el mensaje con manos temblorosas, su nerviosismo era tal que no alcanzaba a abrirlo.
–¡Dame acá! –estalló al fin Ecthelion, rompió el lacre y extendió la carta.
Ambos la leyeron y quedaron atónitos.
–Maravilloso –dijo al fin el que estaba sentado.
–No puedo aceptar.
–¡¿Cómo que no puedes aceptar?!
–No me grites Ecthelion. Sino entiendes por qué no, es que nada sabes del honor.
–¿Qué yo no se nada del honor? Esta ofensa no tengo que soportarla.
El hijo de Igram se levantó para abandonar el lugar, pero Geniev le retuvo.
–Tú no sales de aquí hasta que todo se aclare. –se volvió hacia el de la cama– No veré cómo un vástago de buena familia pierde su heredad por tozudez, así que exijo una explicación.
–No estoy en venta.
–Vamos, crees que quiero comprarte. Te lo repito Barahir, no me gustan los rubios, tengo uno mucho más bello que tu en casa.
–Pretenderé que nunca oí tales palabras que implican ofensa a mi Rey.
Geniev se le acercó.
–No puedes escudarte en una frase para esto. –agitó la carta frente a su rostro– Es una carta del Senescal proponiéndote una salida para episodios como el de hoy. No lo hace por mi o por ti, lo hace por las buenas familias que perdieron demasiado en esta guerra. Tú carta es similar a la destinada a varias decenas de personas y Faramir tuvo la cortesía de enviarte un duplicado de la de tu madre porque, legalmente, eres quien debe tomar la decisión.
–No. Esas deudas son nuestras, sacaremos adelante esa tierra nosotros mismos.
–El banco te vencerá.
–Ecthelion hizo las cuentas, podemos lograrlo.
–Ecthelion hizo cuentas sin pensar en enfermedades, ventiscas, inundaciones. A ti y a muchos más se les acabó el crédito, eso es obra de los bancos. Si algo falla en los siguientes cuatro años lo vas a perder todo. ¿Entiendes? Todo.
Barahir levantó los ojos y se enfrentó con los pozos negros.
–No puede ser.
La respuesta se le antojó a Ecthelion extraña, Geniev contestó con una tristeza demasiado profunda.
–No tienes idea de cuán rápido se puede perder todo. –suspiró– Mira Barahir, no eres responsable de las deudas de tu padre, pero puedes ser responsable de salvar la tierra para tus hijos. Entiende que no es humillante recibir ayuda del estado, el estado solo les está retribuyendo los sacrificios de la guerra, y los que faltan. Faramir no te daría algo que no merecieras, aunque fueses Elendil en persona.

TBC…

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